Los más antiguos cantos de los Elfos hablan de formas sombrías que recorrían las colinas de Cuiviénen y de un jinete que montaba un caballo salvaje y perseguía a los extraviados para atraparlos y comérselos. Posiblemente una artimaña de Melkor para que los elfos desconfiasen de Oromë, que recorría dichas colinas a lomos de Nahar.