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 Asunto: La última esperanza
NotaPublicado: Dom Mar 19, 2006 3:54 am 
Forero Compulsivo
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Registrado: Mar Ago 23, 2005 11:36 pm
Mensajes: 176
Ubicación: La barra, El Poney Pisador, Bree
“¿Estáis bien? ¿Dónde estáis? ¿Pero qué...?” Dijo Iowen antes de que todo se disolviera en una profunda oscuridad...

Abrió los ojos y miró a su alrededor mientras un dolor de mil demonios atenazaba su cabeza y hacía que viera borrosa la estancia en la que se encontraba. Cuando empezó a vislumbrarla, descubrió que se encontraba en una celda pequeña y maloliente, con paredes de piedra y una puerta de hierro. Iowen se encontraba en un rincón acurrucada en el suelo. Estaba tan aturdida al principio que no recordaba por qué se encontraba allí, pero al rato escenas confusas empezaron a bailar por su mente...

Frío. Oscuridad. Sus amigos y compañeros de viaje corriendo. Miedo a algo contra lo que las armas eran inútiles y que se les acercaba. Y de repente, oscuridad.

Un gran chasquido la sacó de su ensimismamiento. Alguien estaba abriendo la puerta. Iowen se llevó la mano derecha al sitio donde debía estar su espada, pero no la encontró. Se puso de pie mientras los goznes de hierro chirriaban. Una figura oscura entró en la celda. Entonces...

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¡Aiya a todos los que leáis esto! Tenía muchas ganas de empezar un nuevo cuento, pero tengo muchas más de que vosotros lo continuéis :wink:

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"Eagles! The eagles are coming!"


Última edición por Iowen el Dom Mar 19, 2006 8:43 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Mar 19, 2006 6:29 pm 
Maestro del Poney
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
... una voz seca y grave habló:

- ¡¡Levántate, sucia ladrona!!

A duras penas, pues el frío entumecía los huesos de Iowen, la prisionera se levantó, más por curiosidad que por miedo, pues mellaba más en su ánimo el no saber por qué se encontraba en ese agujero inmundo que permanecer en él por el resto de su vida. Carraspeó, como para empezar a decir algo, pero la voz atronadora de la oscura silueta volvió a interrumpirla.

- ¡No se te ocurra decir palabra alguna! Se supone... - de repente su voz cambió, para suavizarse un poco hasta convertirse en un susurro - se supone que yo no debería estar aquí... bueno... se suponen muchas cosas más, como que vos tampoco debierais estar aquí... así que más vale que confiéis en mí y no digáis nada hasta que la luz del sol brille de nuevo sobre nuestras cabezas. - Y, acto y seguido, arrojó un bulto cerca de Iowen. - Poneos esto y seguidme, ¡Rápido!!

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Dom Mar 19, 2006 10:09 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Iowen, confundida, no replicó. Cojió el bulto, y comprobó que era ropa: una túnica con capucha (una gran capucha); parecia mínimamente limpia aunque le venia un poco grande, pero era confortable y abrigada. La elfa se la puso agradecida, capucha incluida, pues tenia frio; le dirigió una tímida sonrisa de agradecimiento al extraño, que éste pareció ignorar, y acto seguido se dispuso a seguirle.

Quien, o qué, era aquel individuo Iowen no podia adivinarlo. Lo único que podia hacer era seguirle y esperar. Más de una vez se sintió tentada en decir algo, pero la rudez primaria de aquel ser y el lugar donde se encontraban le sugirieron ser prudente.

Estuvieron recorriendo pasadizos durante un buen rato. Cuando Iowen pensaba que se haría de día mientras daban tumbos por aquel lugar, salieron al exterior; y aún era de noche. Continuaron caminando en silencio un buen rato...

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Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


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NotaPublicado: Jue Mar 30, 2006 3:39 pm 
Narrador Empedernido
Narrador Empedernido
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 3:29 pm
Mensajes: 265
Ubicación: La biblioteca del Poney Pisador
En el mismo instante en que Iowen abría los ojos, no muy lejos de ella, hallándose subyugado, maniatado y en una pared excelso, el hombre cuyos ojos abiertos no delataban consciencia, cuyos músculos tensos resumaban la vorágine de un psique atormentado, volvía a este lado del discernimiento gracias a la intromisión de una mujer.
(Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr...)
El parpadeo, imperceptible para su reanimadora, delató su vuelta del transmundo. Él vomitó, pero ella, que seguía observando el descenso desde la puerta del torreón, no redujo un ápice su atracción por él, aun cuando la plasta biliosa se estampó contra el suelo mampuesto, salpicando los bajos de su clámide. No le quitaba ojo y, conforme la luz de la antorcha le iba lamiendo la piel ascendiendo por su obvio cuerpo, el yugo trocó en un oscuro deseo que apenas la cubrió el lapso que tardaron las cadenas en terminar de desenroscarse, depositándolo.
Él, que en su retorno apenas había distinguido el chirriante aullido que había supuesto su descenso, fue consciente de todo, sin ser consciente de que era consciente, aun cuando en su metaconsciencia persistió la secuencia.
Ella contaba con eso; él la siguió, y se apuró la cuenta atrás para la salida de la Oscuridad mental, llevada a su término en el mismo momento en el que, abandonando los pasadizos, salieron a la luz de la noche de aquél lugar.

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NotaPublicado: Sab Abr 15, 2006 7:31 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
Él, consiguió desasirse de las tinieblas de su mente y de su alrededor, para encontrarse con un panorama que ya le era conocido. Tantas veces había subido a la Torre, pero en función de victimario y no de víctima, que la situación inversa le causó una suerte de.....ansiedad.

¿Era aquello un desafío? ¿Sabía ella porque estaban ahí?

No le quedaba opción. Ya no podía seguir a esta mujer corriendo por la tortuosa escalera de los Desposeídos. El olor de su miseria lo estaba poniendo furioso, y ella con su mudez insoportable, lo estaba enloqueciendo.

Apuró el paso, y en el recodo que llevaba a las mazmorras de la segunda torre, la cogió firmemente por el brazo, obligándola a mirarlo a los ojos.

En el cruce de las miradas, Gerendor fue el perdedor. Los ojos de aquella...¿mujer?, lo desconcertaron y el alma se le escapó tras ellos.

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Sab Abr 15, 2006 8:08 pm 
Forero Compulsivo
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Registrado: Mié Jul 28, 2004 10:19 am
Mensajes: 173
En el corazon de Iowen seguia latiendo con fuerza la pregunta de dónde se hallaba.
Algo habia cambiado.
El silencio que asediaba sus sentidos con el vacio mas desconcertante habia desaparecido tras la celda. pequeños ventanucos se abrían aqui y alla, algo rotos en algunos sitios, y unos debiles rayos de luz iluminaban antorchas apagadas, ajadas por el tiempo...
alguna telaraña... y algo por el suelo. No queria preguntarse qué eran esos pequeños bultos con los que tropezaban y arañaban los bajos de sus vestiduras.
El aire, tambien distinto: una brisa fresca rozaba sus mejillas cuando pasaba cerca de algun ventanuco, una brisa de sal...
la inquietud volvio a su corazon; debia proseguir una rapida huida, pero, ¿ una huida hacia donde?

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"no os apresureis a la hora de dar muerte o juicio, pues ni el mas sabio puede discernir entre esos términos"

"No hables, si lo que tienes que decir, no es mas bello que el silencio" Proverbio árabe


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NotaPublicado: Vie Abr 21, 2006 3:46 pm 
Guardián de los Cielos
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 12:41 pm
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Ubicación: Las montañas nubladas
Le dolió recordar cómo había visto caer uno a uno a sus compañeros. Las sombras que surgieron del bosque no eran humanas, de eso estaba segura. Raghor era un buen vigía y hubiera percibido el rumor de las pisadas de cualquier hombre o bestia que se hubiera acercado al fuego. La batalla había sido corta. Demasiado corta. Apenas sí tuvieron tiempo de desenvainar las espadas o tensar los arcos antes de que las sombras encapuchadas les atravesaran con aquellas extrañas espadas sin filo que despedían una luz blanquecina. Impotente intentó recordar si había visto a Mathros caer. Una punzada en el corazón se unió al dolor de la herida en la cabeza mientras volvía a la realidad.

No sabía cuanto tiempo podría aguantar el paso de su predecesor. A él poco parecía importarle la respiración jadeante de la elfa, continuaba el ritmo apremiante de la marcha sin ceder un segundo.

A los pocos minutos, que a Iowen le parecieron horas, el brillo de una antorcha aparecio tras un recodo. Un hombre encapuchado del que solo se veía una barbilla mal afeitada sostenía la luz.

- Rápido, los caballos esperan.- fueron sus únicas palabras.

- ¿Caballos?- se atrevió a preguntar Iowen - Pero ¿donde me lleváis? No puedo irme a ningún lado sin mis compañeros...

- ¿tus compañeros? ¿acaso no viste por quienes fuisteis atacados? con un poco de suerte todos murieron. El que sobrevive a un ataque de los espectros se vuelve como ellos. Por eso tenemos que darnos prisa. La herida de tu cabeza es pequeña. Quizás aún estemos a tiempo. - Contestó el hombre encapuchado mientras la cogió del brazo para guiarla en la oscuridad.

- Adios Matrhos, has hecho un buen trabajo.- Iowen vió como su liberador se daba media vuelta y desaparecía en las sombras.

El hombre encapuchado apagó la antorcha, la tomó de la mano y con paso firme continuaron caminando entre las sombras...

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GRRRRRRRRR Como pille al gracioso que puso un petardo en mi nido...


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NotaPublicado: Dom May 07, 2006 10:09 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
"Mejor muertos..." se repetía Iowen "¿qué pasó para que estén mejor muertos?". No sabia siquiera por donde la llevaba este nuevo individuo. "Y Mathros..." ¿porque no le habia dicho nada? ¿Ni tan siquiera unas palabras de despedida? ¿Qué demonios habia pasado? Les habian atacado, de eso estaba segura. ¿Pero cómo y qué?

Mientras se hacía estas reflexiones, llegaron a un claro donde les esperaba otra persona con tres caballos. Iowen ni se dio cuenta que habían llegado tan pendiente de sus pensamientos y de una extraña sensación de mareo y frio. Le dolia la cabeza.

Aquellos hombres se dijeron unas cuantas palabras y montaron en sus respectivos corceles.
- ¿A qué esperas? - susurró uno.
Iowen intentó montar en el animal, pero al colocarse encima de la silla se tambaleó un poco. El mismo hombre la sujetó para impedir que cayera.
- ¿Está bien? - preguntó el otro
- Debemos darnos prisa; la herida empeora. ¿Puedes aguantar?
- Sí... No os preocupeis... - e intentó preguntar Iowen - ¿Me podeis decir que ha pasado...? - Pero el hombre la chitó, y empezaron a trotar. Iowen instó a su caballo a seguirles.
- Hay que ser rápidos ahora. La noche no es segura. A la mañana descansaremos un poco y almorzaremos; entonces podremos hablar. - y acto seguido arreó a su caballo y se pusieron al galope.


PD:
Silon escribió:
Él vomitó, pero ella, que seguía observando el descenso desde la puerta del torreón, no redujo un ápice su atracción por él, aun cuando la plasta biliosa se estampó contra el suelo mampuesto, salpicando los bajos de su clámide.
Que asquito me ha dado ese trozo hijo xD

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NotaPublicado: Mié May 31, 2006 5:57 pm 
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Registrado: Mar Ago 23, 2005 11:36 pm
Mensajes: 176
Ubicación: La barra, El Poney Pisador, Bree
Cada vez más mareada, Iowen cabalgó toda la noche junto a su guía. Su vista se volvía cada vez más nebulosa y no sabía cuanto podría aguantar. El dolor del hambre la atenazaba además, no recordaba cuándo había sido su última comida y estaba sedienta.

La marcha duró hasta que el sol estuvo alto en el cielo. Habían estado cabalgando durante horas bajo una alta arboleda por la cual se filtraban los rayos de sol. Cuando llegaron a lo que parecía la orilla de un pequeño riachuelo que atravesaba el bosque, el encapuchado acompañante se paró en seco de repente, estudió el paraje en el que se encontraban rápidamente con la vista e hizo una seña con la mano a Iowen para que se parara. Ambos bajaron de sus monturas y dejaron que los caballos descansaran y bebieran del riachuelo. El extraño sacó de una de las alforjas que llevaba su caballo un recipiente de barro con un corcho tapando la boca. A continuación lo destapó, lo llenó de agua del riachuelo y se lo dio a Iowen para que bebiera. Ella miró intensamente a su acompañante, al cual no le había visto aún el rostro, y sin poder contener las palabras en su boca, le dijo:

- ¿Podemos hablar ya? ¿Puedes decirme que hacía Mathros allí?¿Qué era aquel lugar en el que estaba encerrada? ¿Y quién eres?

El extraño quedó en silencio unos momentos. Fue entonces cuando se quitó la capucha...

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NotaPublicado: Jue Jun 01, 2006 4:57 pm 
Amigo de las Palabras
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Registrado: Mar May 23, 2006 7:01 pm
Mensajes: 132
Ubicación: Reino del Bosque, Estancias Élficas del Bosque Negro
-No soy digno de decirte mi nombre, pues mi nombre se perdió una vez en la oscuridad y es allí donde vivo para encontrarlo. - dijo - Te diré que soy un montaraz y que unos bandidos, a los que seguíamos te habían encerrado en un poblado abandonado, un lugar que una vez el río Aguada Gris inundó.

-Pensaba que eran Nâzgul los que nos habían atacado, - contestó Iowen - pero ¿y Mathros? ¿Dónde está?

-¿Quién es Mathros? - preguntó el montaraz.

-Uno de mis amigos, era un hombre.

-Entonces, siento decirte que está muerto. Nadie sobrevivió al ataque. Lo siento.

Los ojos de Iowen se humedecieron. Su corazón no fue capaz de aguantar lo que había oído. Mathros había muerto, aquella persona que cuidó de ella no estaba, era una sensación que le causaba dolor, pues no podía superarlo.

Entonces apareció otro jinete y con muestras de pánico dijo dificilmente - Nos siguen, esos bandidos se han dado cuenta de que hemos librado a la chica, debemos partir ya.

-Debemos irnos Iowen, debemos ir a Rivendel, allí estarás a salvo, con los tuyos - aclaró el montaraz.

Iowen se dijo para sí misma - Se fuerte, llorando la pérdida de Mathros no conseguirás nada, ahora hay que irse.

Con dificultad se montó en el caballo y se desapareció por el bosque con los otros dos jinetes. Pero al instante recordó que vio a Mathros, vivo, aunque no le había dicho nada, ni siquiera una despedida, pero al menos estaba vivo y eso era lo que le importaba, entonces la cara de tristeza de Iowen se alumbró de una pizca de felicidad, pero aun así seguía triste por saber que sus amigos no estaban con ella...

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Eala Eärendel engla beorohtast, ofter middangeard monnum sended.


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NotaPublicado: Jue Jul 27, 2006 3:40 pm 
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Registrado: Mar Ago 23, 2005 11:36 pm
Mensajes: 176
Ubicación: La barra, El Poney Pisador, Bree
Caminaron en silencio durante un largo trecho. Hacia mitad de la tarde unos espesos nubarrones comenzaron a aparecer en el cielo y cuando el sol se puso en el oeste gruesas gotas de agua empezaron a caer sobre los viajeros. Buscaron cobijo bajo un árbol especialmente grande, para tomar una frugal comida y luego continuar con la marcha, pues el peligro les pisaba los talones. Algo menos cansados, reemprendieron el viaje bajo la arboleda.

De nuevo, el montaraz se paró en seco, e hizo gestos a los demás para que también se detuvieran. Entonces Iowen se percató de que algo sucedía: a pesar de que aún estaba algo confusa, no pudo dejar de notar el silencio que reinaba, sólo roto por el sonido de la lluvia. Un frío vahído empezó a apoderarse de los tres, acompañado de una creciente sensación de inquietud. Fue cuando Iowen se dió cuenta: era aquello, lo que había matado a sus amigos, aquel mal desconocido que ahora venía a por ella.

- ¡Corred!- gritó Iowen a sus compañeros.

Empezaron la huida. A sus espaldas escuchaban ruidos extraños, que no se parecían a nada que hubieran oído antes. Con angustia, Iowen espoleó a su caballo, sintiendo el terror a través de sus venas.

Pasados unos minutos, la elfa vio algo que hizo que se detuviera. Había alguien tumbado en el suelo, alguien a quién reconoció inmediatamente. A pesar de que sentía que su perseguidor aún no había cejado en su empeño, se bajó ágilmente de su montura y corrió hacia el cuerpo, frente a la sorpresa de sus acompañantes. Cuando llegó hasta él, Iowen se arrodilló y lo abrazó, sintiéndolo frío como la muerte.

- Por favor, no, tú no, tú no...- decía entre sollozos.

Volvió a apoyar al cuerpo en el suelo, tendido boca arriba. Entonces la elfa se dio cuenta de que aún respiraba, a pesar de su rostro ceniciento...


P.D.: Puse mi nombre no con la intención de ser yo la protagonista, sino con la de que vosotros os involucréis también en la historia si lo creéis oportuno y tenéis ganas. :wink:

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NotaPublicado: Sab Ago 12, 2006 2:00 am 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
- ¡No hay tiempo...! - exclamó uno de los jinetes
- ¡Pero aún está vivo! ¡¡No lo voy a dejar aquí!! - gritó Iowen poniéndose histérica por la creciente tensión.
- Pues móntelo en el caballo y átelo a la silla... - se oyó una tercera voz algo distante.
- Buena idea - contestó Iowen, dirigiéndose al otro jinete - ¡Ayudadme! - dijo la medio elfa mientras intentaba incorporar a su amigo.
Las otras dos figuras bajaron apremiantes de sus sendas monturas y la ayudaron a levantar el cuerpo.
- ¿Y ahora que, mi señora? - quiso saber el otro jinete.
- Co... ¿como que ahora que? - pronunció Iowen un poco confusa; le había parecido que el mismo hombre había formulado la idea.
- Pues ahora, cojeis una cuerda y le atais a la silla del caballo, mejor el de la señora, que se supone que es más ligera y al animal no le estorbará tanto el peso.

Los tres se quedaron mirando alrededor, intentado localizar de donde venía esa voz. Al final, los tres se percataron de un extraño ruido, como si alguien cargara un arma (en concreto, una pequeña ballesta), y que tal sonido provenia de un árbol situado detrás de ellos; entonces vieron un cuarto caballo, negro como la noche, y un jinete montado en él que "jugaba" con un extraño objeto que hacía ese ruido. El jinete, por su estatura, parecía un enano, pero era bastante más delgado, y apenas unos centímetros más alto, y su voz, aunque ligeramente grave, no sonaba para nada tan cavernosa.
El extraño se les quedó mirando desde la penumbra.
- ¿Se puede saber que mirais? Tanta prisa que teniais... Venga, que ya se acerca.

Como niños obedientes, los dos hombres y la muchacha medio elfa subieron con esfuerzo al moribundo encima del caballo de ésta y se dispusieron a atarle. Se oyó como el cuarto jinete guardaba la pequeña ballesta, y cómo desenvainaba un arma, al parecer, una espada. Y, como una sombra, el caballo negro pasó junto a ellos hasta situarse justo enfrente.
- Ahora apremiad el paso. Voy a asegurarme que viene de verdad y, si lo hace, intentaremos despistarlo. - acto seguido se puso al galope; pero antes de desaparecer en la espesura gritó- ¡Aunque no prometo nada!


PD: Inspiration and the super auriga power! xD

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