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 Asunto: Las Colinas tienen Orcos (The Hills have Orcs)
NotaPublicado: Dom Sep 10, 2006 1:20 pm 
Maestro del Poney
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Se encontraba Tilion, el Timonel de la Luna, más conocido en Bree por el extraño nombre de Akerbeltz, en su periplo mensual alrededor del mundo, fondeado en alguna parte a miles de millas sobre el suelo de Eriador, añorando la oscura cerveza de Mantecona, cuyo olor era capaz de detectar a esa altura, y dicho sea de paso, el motivo principal por el cual bajó de la Luna hace ya bastantes años, cuando de pronto, detectó, por el rabillo del ojo, un tumulto en las calles de Bree.

Afinó más la vista, y con ayuda de las artes en la talla de cristales que en Valmar aprendiera, distinguió cerca de la famosa Posada, un rifi rafe con oscuras criaturas que hacía tiempo habían sucumbido, pero sin embargo, habían roto la Cintura de Mantecona aprovechando una relajación en la vigilancia. Se maldijo en silencio, pero no le dio mayor importancia, confiaba en sus muchachos de la Compañía lo suficiente como para no intervenir. No obstante, aquella intromisión en su aburrida tarea mensual de desplegar las velas lunares, fue bienvenida, y se dispuso a contemplar los acontecimientos poniéndose cómodo en la punta de la proa, desde donde, ayudado por la "magia" de sus cristales, tenía una visión preferente sobre todo lo que estaba a punto de acontecer.

Siguió con la vista, divertido, a aquellas indignadas criaturas oscuras que habían sido despachadas de Bree, y vio cómo se internaban en los humedales de Moscagua, para atravesarlos y perderse entre los recovecos de las colinas al norte de Amon Sul.

Cuando los perdió de vista, se quedó mirando fijamente mientras pensaba que si no quería perderse detalle, necesitaría la ayuda de un viejo amigo, amante de los fiordos...

Mientras tanto...

_________________
«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Dom Sep 10, 2006 3:04 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
"Compañía del Poney... Compañía del Poney" se repetía Llumdelest enfurruñada mientras limpiaba a Adamas de sangre negra frente la chimenea de la posada. "Bonito título..." pensó sarcásticamente.

Desde hacía días habían incurrido en la posada un grupo de orcos, al parecer, provenientes de las montañas. En principio parecían inofensivos; sólo querían descansar. Pero poco a poco, a lo largo de los días, el ambiente de la posada se empezó a caldear.
Esa noche, el grupo de orcos había sido bastante numeroso en comparación a las otras veces. Los huéspedes, para variar, se mostraron incómodos ante la visita y los que estaban atentos a los movimientos de los recién llegados parecía que intentaban matar a cada orco con la mirada.
Llumdelest, quien había convivido con orcos durante unos dos años, pensó que los parroquianos exageraban. Pese a ser belicosos y crueles, los orcos podían (es más, así lo hacen por decirlo de alguna manera) vivir en sociedad. Ella misma se había animado a charlar un poco con uno de ellos.

Mantecona pasó a su lado con el entrecejo fruncido.
-¿Se puede saber qué demonios hacen los enviados? - dijo enfadado.
- Deberían haber informado, o algo - le contestó la mujer.

De pronto, dos de los orcos empezaron a “discutir físicamente” entre ellos. Nob, intentando mantener su propia calma, se acercó y les invitó amablemente a salir de la posada, cosa que causó la risa de todo el horrendo grupo; el pobre hobbit se sonrojó y parecío más pequeño aún.
- ¿Están sordos? - exclamó una elfa vestida de negro, toda airada - Fuera todos.
- Sólo somos humildes viajeros, señorita... - le respondió aquel con quien estaba Llumdelest hablando.
- Déjales mujer - intentó apaciguar el ambiente la auriga, y obviando la mirada asesina de cuantos huéspedes atentos, incluida la elfa, seguían el conflicto - Que se vayan esos dos que se pelean, el resto no tiene culpa...
- ¡Si expulsan a Kor y a Muk es como si nos expulsaran al resto! - se encaramó el que parecía ser el jefe de la cuadrilla y poniéndose serio de repente- ¡Por tan solo un par de puñetazos!
El vozarrón del jefe hizo que el resto de sus secuaces se animaran, y algunos empezaron a romper las sillas. Pero lo peor fue la reacción del resto de huéspedes.

La sangre que teñia la espada de negro consiguió salir casi sin problemas.
- El caso es que deberían haber vuelto ya, ¿no creen? - opinó el posadero, a lo que algunos de los pocos huéspedes que quedaban asintieron.
Llumdelest envainó a Adamas y la dejó, junto con la falcata, en el paragüero.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


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NotaPublicado: Dom Sep 10, 2006 11:23 pm 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Sab Jun 14, 2003 12:51 pm
Mensajes: 101
Ubicación: Rivendel
No podía ser! Tantos años guerreando con estas criaturas para que desapareciesen sin dejar rastro!
Pensó en todo lo acontecido durante estos últimos dias....

Había estado notando unas miradas intranquilas entre los parroquianos. Nuevas caras...en Bree suelen significar invasiones al sur. Hasta un niño humano podría darse cuenta. Quizás incumplí mi deber no investigando sobre ello, pero la cerveza de Mantecona le hace a uno perder la cabeza! Pensé que quizás se tratase de alguna estúpida costumbre humana ¿A quién le importaba? Así que decidí ir a mi habitación...tras unas horas de descanso sonó mi puerta. Cuando la abrí vi a Arahisiel con un par de rasguños y cara de pocos amigos.
"Pasa" le dije.
"¿En la habitación de un Fëanoriano que ha bebido? Ni lo sueñes Feagul!" respondió
"Tenia que intentarlo" le comenté.
"Hemos tenido un ataque de unos orcos, me encontré sola con 3 y les dí un puntapié que los saqué de Bree de golpe" dijo Arahisiel un poco enojada (lo cual puede helar la sangre de los guerreros más valientes de Aman!)
Mientras me contaba todo aquello empecé a ponerme las armas... y le jure que les dariamos una lección que no podrian olvidar.


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NotaPublicado: Lun Sep 11, 2006 12:40 am 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán
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Registrado: Sab Jun 14, 2003 2:18 pm
Mensajes: 50
Ubicación: La Parra, posada de El Poney Pisador, Bree
Y allí estaba Arahísiël, en uno de los lugares a los que sólo habría acudido de ser absolutamente inevitable: la habitación de Feagul.
Llevaba varios días luchando con aquellos repelentes orcos, algo que no pensaba que volvería a encontrar, mucho menos en Bree.
Sabiendo el poder del que hacía gala el noble Feagul, procedió a contarle la historia de esta nueva pelea.

Fue a la vuelta de uno de los viajes de la elfa oscura cuando Voronwë le dio a conocer, brevemente, la existencia de un grupo de orcos que se asentaba a las afueras de Bree con la intención de "invadir" con sus apestosas maneras la posada de nuestro querido Mantecona.
- Dudo que sean una amenaza para nosotros - dijo Arahísiël.
- Ya han venido algunos por aquí buscando pelea. Mandan partidas de exploradores intentando infiltrarse entre los huéspedes.
- Pospondré mi viaje entonces, será divertido tener algo de acción después de tanto tiempo. Además, los orcos nunca fueron muy listos a la hora de pasar desapercibidos.

Y así transcurrieron un par de noches en la posada, inusualmente tranquila, en las que los habituales parecían estar esperando la tormenta que se avecinaba.

Arahísiël estaba expectante, deseando que algo pasara, algo que apaciguaría su alma por un tiempo, que acabaría por el momento con sus ganas de batalla.
Desde las sombras, allá en la parra, escudriñaba todos y cada uno de los rostros de aquellos a quienes no recordaba haber visto antes, los estudiaba e incluso hablaba con algunos seres que consideraba sospechosos.
Por supuesto había sido informada de una característica que diferenciaba a los atacantes, una marca inconfundible que los delataría no importando lo bien que hubieran aprendido a camuflarse las estúpidas criaturas.
El caso es que esos orcos en particular, tenían unas cabezas inusualmente pequeñas...

Por fin llegó el día.
Tras un paseo por Bree y sus alrededores buscando alguna pista sobre los enemigos o su ubicación, Arahísiël volvió a El Poney Pisador. Aún era pronto y no esperaba encontrar nada inusual.
Allí estaban los huéspedes, hablando en una lengua extranjera con alguien a quien no había visto nunca. Reconociendo al intruso como uno de los enemigos, Arahísiël precedió a interrogarlo, pero no bien empezó, Voronwë apareció y lo lanzó por una ventana.
A partir de ese momento se sucedieron las "visitas" orcas, para alegría de Arahísiël, que por fin podía pelear libremente.
Arahísiël se encontraba cada vez con más enemigos, así que Swyesin se ofreció para seguirlos a su campamento y espiarlos.
Los informes llegaban rápido y esto facilitó mucho las cosas a la hora de decidir cuál sería el siguiente paso.

- Eso es lo que ha pasado, Feagul. Parece que están algo más bajo control, pero creo que deberíamos dar el golpe de gracia. A pesar de que me he divertido con esto, empiezo a estar algo molesta con la situación.
- ¡Vamos a divertirnos!

De vuelta en el Salón Común, las peleas eran cada vez más cruentas. Para colmo, los malditos orcos querían acabar con las reservas de cerveza de Mantecona. Eso ya era el colmo.
Arahísiël luchaba codo con codo con sus compañeros, disfrutando con cada muerte que producía su espada, riendo con cada golpe y con cada queja de crueldad de los orcos. Eso era lo mejor... los que habían sido expulsados y gritaban a la elfa desde lejos.


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NotaPublicado: Lun Sep 11, 2006 7:11 pm 
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Dos días atrás, mientras la nariz de uno de los indeseados visitantes se estrellaba contra la húmeda calle frente a la Posada...

El orco se encontraba tumbado boca abajo, respirando fuertemente, herido en su amor propio, si es que un orco era capaz de sentir amor para alguien, incluso hacia si mismo. Levantó un poco la vista y distinguió unas gastadas botas de piel ante sí.

- ¿What?!
- Hola, ¿puedo ayudarte? - dijo una voz desde lo alto de las botas.
- ¡No necesito la ayuda de nadie! - dijo el orco mientras a duras penas se incorporaba.
Levantó la vista para contemplar a aquella oscura figura envuelta en un pesado manto de piel, cuya altura desde el suelo parecía causar cierta aprehensión al siervo de la oscuridad. En parte gracias al aturdimiento, le pareció distinguir una cabeza enpenachada de plumas, pero su cara se recortaba contra la luna llena y no fue capaz de distinguir sus facciones. Lo único de lo que estaba seguro es que olía a rayos.

- Me llamo Slart - dijo la figura, cuando el orco se hubo incorporado, y éste es mi amigo Bartfast - añadió, señalando a un ave de lo más extraño situada sobre su hombro izquierdo. - ¡Parece que te hayan dado una paliza!
- No es asunto tuyo...
- Te equivocas, he venido porque es asunto mío. Provengo del lejano norte, donde el agua es tan sólida que pueden construirse muros con ella, y creo que podría seros de utilidad, para lograr debilitar la barrera inexpugnable de esta Posada, donde se nos niega la estancia y no somos bienvenidos...
- Hum... tú... también... uh?
- Sí.
- Uhm... no sé... a lo mejor... no, no creo que deba llevarte con los míos..
- Bueno, en ese caso, será mejor que tomemos cada uno nuestro camino, tal vez encuentre a alguien con verdadera ambición y...
- Espera... grunt... ¿que clase de poderes tienes?
- Eso... no acostumbro a revelarlo así como así... y ahora si me disculpas...
- Grrr... ¡está bien! Sígueme pero estarás calladito cuando lleguemos... si?
- Emmm.. como quieras... Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
- Flushman. Me llamo Flushman.

Y la extraña pareja se perdió por entre las callejuelas de Bree rumbo al noreste...

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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