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NotaPublicado: Mié Sep 05, 2007 9:26 pm 
Arquero del Rey
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Enumanus se volvió hacia Walo con cara de circunstancias.
- ¿No hay más flechas? - preguntó.
El anciano se encogió de hombros y mirando de un lado a otro levantó las palmas de las manos a modo de respuesta.
- A mí solo me quedan dos - dijo Isilya, esperando encontrar una solución al dilema.
Enumanus observó la batalla, la carga de los eorlingas y de la caballería de Dol Amroth causaba estragos en las filas enemigas, dejando tras ella un rastro de muerte.
- Es hora de unirse a los demás - dijo colgándose el arco en su espalda.
Walo recogió del suelo una espada corta que algún soldado habría perdido y la alzó apuntando al cielo.
- ¡A LA BATALLA FINAL! - gritó.
Dicho esto los tres amigos corrieron sin pensárselo dos veces hacia la puerta y una vez salieron de la ciudad quedaron boquiabiertos ante lo que se abría a sus ojos.
Centenares de cadáveres la mayoría del enemigo se esparcían como una macabra alfombra teñida de rojo y negro.
- Enumanus - dijo Isilya - ten guárdala por si la necesitas.
El humano tomó en silencio la flecha que le ofrecía la elfa y la introdujo en su vacio carcaj.
- Mantengámonos juntos, seguidme - gritó Walo echando a correr hacia el fragor de la batalla.
Espada en mano los tres corrieron hacia la estela de muerte que había dejado la carga de caballería hasta adentrase en el tumulto de soldados que luchaban.
Les faltó tiempo para decir nada cuando ya estaban repartiendo mandobles y esquivando lanzas y espadas, casi espalda contra espalda.
Los orcos, viéndose acorralados eran aun más peligrosos pues no veían otra escapatoria que luchar hasta la muerte.
De repente un caballo eorlinga sin jinete pasó cerca de ellos y Isilya consiguió agarrarlo por las riendas para después saltar ágilmente sobre su grupa.
- ¿Walo! - gritó - ¡aquí! - El anciano al verla extendió su brazo y se dejó levantar hasta montar tras ella. El caballo se alzó sobre sus patas traseras para abalanzarse después sobre el enemigo.
- ¡Enumanus, síguenos - gritó la elfa.
Con un gritó de júbilo, el humano se lanzó a la carrera tras el caballo, repartiendo mandobles a todo enemigo que se le cruzaba por el camino hasta que una figura entre el caos le llamó la atención.
Se detuvo en seco, olvidándose de sus compañeros que se lanzaban a caballo hasta las tropas enemigas rivalizando con los curtidos eorlingas y hombres de Gondor en su ferocidad en la batalla.
Enumanus pareció olvidarse de todo lo que le rodeaba, clavó su espada en el cuerpo sin vida de un orco que tenía a sus pies y se descolgó el arco de su espalda.
- Es él- se dijo a sí mismo - aún vive.
A unos cincuenta metros, Drum-Zarak, quien hace décadas le instó a que matara los compañeros de Slironeë, se abría paso entre los hombres de Gondor, que eran incapaces de hacerles frente. Colocó su flecha y apuntó lentamente ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Tensó su arco, apuntó y sonrió maliciosamente.
- ¡Enumanuuuuus! - oyó gritar a Isilya haciéndole volver la cabeza justo cuando disparaba, un orco caía a su lado con el cuello atravesado por la flecha de la elfa que cabalgaba hacia él, arco en mano.
Entonces volvió su atención a su presa. Drum-Zarak había recibido el impacto de la flecha pero en la coraza que le protegía el pecho. Dándose cuenta del impacto buscó a su atacante y rio a carcajadas al ver a Enumanus mientras un orco caía sin vida a sus pies. Con un grito aterrador se lanzó alzando su enorme hacha en busca del traidor que había intentado quitarle la vida.

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Cada brazo tiene su arco,
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NotaPublicado: Jue Sep 06, 2007 1:20 am 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Poco a poco el ruido de las armas fue acallándose, dejando paso a los lamentos y quejidos de los heridos. Aun quedaban restos de resistencia que eran eliminados sin compasión. En el centro del campo de batalla se fueron dando cita los diferentes actores de la macabra función que estaba terminando, Gwirdyon, Esdaleon, Walo, Baldor que se sostenía por su caballo en pie y Elessar.
-Donde esta Isilya, Enumanus, Tuilere e Imdralis?- preguntó Walo.
-Aun deben estar limpiando los últimos restos del enemigo, Imdralis seguro que pasa revista a sus escuadrones-dijo Gwirdyon antes de ponerse pálida y caer redonda de cansancio y pérdida de sangre.
Elessar rápidamente comprobó la gravedad de la herida y ya iba a pedir que llevaran a los heridos a la casa de curación que luego pasaría él cuando Gwirdyon le pidió que la dejara entrar a pie a la ciudad.
En esto que tras clarearse un punto de resistencia vieron a Enumanus peleando con uno de los jefes Orcos que portaba un hacha enorme...
En ese momento el Orco lanzó un golpe a la cabeza del humano el cual esquivándolo lanzó una estocada que hizo volar el arma de las manos de su oponente, el cual desenvainó la espada que portaba al cinto, se lanzó contra su contrincante y tras un cruce de los aceros envió una estocada imparable... todos creyeron que Enumanus estaba acabado cuando de pronto se puso de costado, la espada le entró por un lado y salió por el contrario mientras el decapitaba al orco... al caer este al suelo Enumanus le escupió. Rápidamente acudieron dos cirujanos a ver su herida, enseguida se le unieron los compañeros... increíblemente había usado una técnica muy peligrosa pero que si salía bien era mortal para el contrario. Se había dejado atravesar pero la espada simplemente pasó entre los músculos del pecho y las costillas sin tocar nada vital, es mas con una venda ya estaba en pie.
En aquellos momentos los diferentes cuernos dieron la noticia del fin de la resistencia... se había ganado la batalla y todos los que podían mantenerse en pie se dirigieron a la ciudad, mientras los supervivientes recogían los cuerpos de sus caídos y heridos y apilaban los de los enemigos al final del campo.

Post de Tuilere:La batalla ya había acabado. Tan solo un campo sembrado de cadáveres y regado en sangre quedaba tras los victoriosos que entraban en la ciudad. A la cabeza iba el rey Elessar, seguido por Esdaleon, Walo, Isilya, Enumanus, Meord y Baldor. Los gritos victoriosos de los soldados retumbaban en la ciudad de piedra, pero entre todo ese jubilo, Isilya lloraba en silencio. Esdaleon miraba constantemente hacia atrás, esperando ver surgir de la multitud a Tuilere. Al no verla, frenó el paso y se mezcló entre lo soldados para volver al rato preocupado.

- ¿Qué ocurre?- le preguntó Gwirdyon.- Es hora de festejos, no de pesares.

- No encuentro a nuestra elfa revoltosa...

- A Tuilere?- preguntó Gwirdyon mirando ella también entre la multitud.- Es verdad, la última vez que la vi se batía contra orcos acompañada por ese elfo promiscuo.

Isilya gimoteo de pronto.

- Que ocurre Isilya?- preguntó Gwirdyon.- No seas tonta, no te preocupes, es hora de ser feliz. Si es por tu hijo pronto lo veras y si es por Tuilere... seguro que esta emborrachándose ya en algún lugar.

Isilya volvió a gimotear y susurró:

- No... Tuilere y Lassemalinë... han caído en batalla. Yo los vi morir... :'(

La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los amigos, quitándoles las ganas de festejos. Por fin Esdaleon exclamó:

- Voy en busca de sus cuerpos! merecen un entierro digno!

- No te preocupes.- hablo alguien a su espalda.- Ya los recogimos nosotros.- Era Imdralis que, apoyando una mano en el hombro de Walo dijo:- llevaba algo entre las ropas.- Sacó la botella de whisky que la elfa siempre llevara encima, como siempre llena y una nota que rezaba "Para mi buen amigo Walo. Espero que brindemos después de esta victoria algún día en la posada. Siento haberte llamado tantas veces viejo cascarrabias, pero ahora he de marcharme."

Walo leyó la nota, destapó la botella y exclamó:

- Un trago por los caídos!- bebió y paso la botella como ya era costumbre en el grupo.

- Parece... que se iba a marchar de todos modos después de la batalla...- suspiró Isilya.- echaremos de menos sus chillidos y saltitos de niña pequeña...

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Última edición por Baldor el Vie Sep 07, 2007 1:07 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Sep 06, 2007 10:30 am 
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
- Parece... que se iba a marchar de todos modos después de la batalla...- suspiró Isilya.- echaremos de menos sus chillidos y saltitos de niña pequeña...
Gwirdyon se acercó a la elfa y ambas se abrazaron.
- Mucho se pierde en las guerras- dijo Baldor suspirando- no son pocas las mujeres de Rohan que hoy han enviudado.
Todos asintieron y se quedaron unos minutos en silencio, con la mirada triste y ausente, intentando digerir lo ocurrido.
- Venga, vayamos a las casas de curación- dijo Esdaleon al fin.
Ninguno de ellos había salido indemne de la batalla; Baldor caminaba con cierta dificultad debido a una profunda herida en la pierna, Gwirdyon cada vez perdía más sangre de su antebrazo y a Enumanus, sencillamente le habían atravesado con una espada.
Walo e Isilya tenían magulladuras y cortes por todo el cuerpo, y a la elfa se le había resentido bastante su pie. Quizá el más entero era Esdaleon, o al menos eso aparentaba.

Cuando llegaron a las casas de curación el espectáculo era sobrecogedor; cientos de soldados malheridos se amontonaban en las camillas y las enfermeras no daban abasto corriendo de un sitio a otro. Una de ellas reconoció al grupo y les hizo un gesto para que les siguiera hacia una estancia aparte para ellos.

- ¿Qué va a pasar ahora Esdal?- preguntó Walo mientras se recostaba sobre una de las camillas.
Esdaleon no le contestó; estaba ausente mirando por una de las ventanas; la canción de Lirenim había cesado en sus oídos.
- Hoy es un día de luto y funerales, Walo- dijo Gwirdyon mientras una enfermera curaba su brazo- mañana o pasado llegarán las celebraciones por la victoria; así se hace siempre.
Walo se encogió de hombros y echó un trago a su botella.
Isilya se acercó cojeando a la camilla de Enumanus y le dio un fuerte pellizco en el brazo.
- ¡Ay!- el humano la miró confundido.
- Te lo mereces por bruto- dijo la elfa airada- ¿Cómo has dejado que ese orco te haga semejante escabechina?
- Bueno- Enumanus se rascó la cabeza- es cierto que ha sido muy arriesgado pero al final me ha salido bien ¿no me ves? Si casi me ha dolido más tu pellizco…
-Sí… claro- Isilya suavizó el tono y sonrió.

Al cabo de un rato, cuando prácticamente todos habían sido ya atendidos, una enfermera entró en la estancia.
- ¿Isilya?- preguntó.
- Soy yo- contestó la elfa levantando la mano como si estuviera en la escuela.
- Alguien ha venido a verla- y dicho eso se apartó de la puerta dejando entrar a un niño, que al ver a tanta gente se quedó vacilando unos instantes en el umbral.

El grupo le miró sorprendido; se trataba evidentemente de Inzil, el hijo de la elfa. Todos sabían que ella ya se había reencontrado con él en la intimidad, justo antes de la batalla, pero ninguno le había visto todavía en persona.
De lo que no cabía duda es de que se trataban de madre e hijo, pues el parecido con Isilya era más que evidente. Tenía los cabellos oscuros, algo ensortijados; la piel clara excepto las mejillas, que estaban sonrosadas, y la misma mirada gris y melancólica.
Llevaba puesta una cota de malla gondoriana, pues a sus diez años, iba camino de convertirse en soldado en el futuro.
Se acercó lentamente a su madre y le dio un tímido beso en la mejilla. No se dijeron nada; tal vez era demasiado pronto para que Inzil aceptara aquella situación, o quizá simplemente sobraban las palabras.
Isilya le correspondió con un abrazo e intentó aguantar las lágrimas; demasiadas emociones para un solo día.

Todos se enternecieron con aquella imagen y sintieron por fin algo de alegría en el corazón.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Vie Sep 07, 2007 8:54 am 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Allí estaban los dos, madre e hijo, abrazados mientras los demás los miraban llenos de emoción. Enumanus se incorporó en su camilla olvidándose del dolor y los miró con inusitado interés.
- El hijo de Isilya... - se dijo a sí mismo. Aquella muestra de cariño tan espontanea le recordó sus años de crio con cierta amargura. Nunca había pensado hasta entonces en sus padres, en quienes fueron y cuál fue su destino. Se sintió extraño, aquel torbellino de emociones que empezaba a experimentar le hicieron cerrar los ojos y no querer despertar de aquella aventura que tanto le había dado.
- Enumanus, ¿te encuentras bien? - se oyó a Walo que le preguntaba preocupado.
El humano abrió el ojo que no tenía cubierto por el parche y vio a los demás que le miraban sorprendidos.
- A ver si ahora te vas a echar a llorar - bromeo Esdaleon.
Iba a responder cuando una figura entró en silencio en la sala.
Todos se volvieron al ver la cara de Enumanus. El rey Elessar acababa de entrar.

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NotaPublicado: Vie Sep 07, 2007 3:04 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Aragorn, desde hacía años conocido como el Rey Elessar, acompañado de dos de sus guardias personales había hecho una entrada discreta, como todo lo relacionado con él, pues no quería quitar protagonismo a los heridos, gracias a los cuales, junto con los que habían perdido la vida en el campo de batalla, ahora podían vivir en una nueva Arda libre. Elessar hizo una señal a sus guardas para que le esperaran en la entrada y se quitó su capa, dejó su cetro, pues, como decía él, no es oro todo lo que reluce ni toda la gente errante anda perdida. Se acercó con cuidado a las camas de los heridos y los saludó personalmente uno por uno. Cuando llegó a la estancia donde estaban los malogrados miembros de la compañía, éstos se encontraban charlando entre ellos. Walo fue el primero en verle, y no se inmutó. Esdaleón seguía hablando con Enumanus y tampoco se enteraron, pues Elessar había entrado en la estancia con mucho sigilo. Isilya miró hacia la puerta y le vio, se quedó callada y seria y se incorporó en la cama.

- No es necesario que te levantes. Necesitas descansar. - Contestó Piedra de Elfo y se dirigió directamente hasta donde estaba Gwirdyon. La semielfa estaba medio dormida. Elessar miró su herida y al ver que estaba curando bien dio media vuelta y fue a ver a Enumanus.

- Casi te parten en dos, - le dijo con voz amable.
- Mereció la pena. - Contestó Enumanus.
- No, no le merecio, casi te pierdo. Menudo susto me diste! - Gritó Isilya enfadada.- Huy, perdón rey. No quería interrumplir.

Walo, Esdaleon, Enumanus y el propio Elessar se rieron de la inocencia de Isilya. Momentos después el rey abandonó la estancia y volvió a ocuparse de sus asuntos.

Al momento Gwirdyon abrió los ojos y miró a todos lados. Todos la miraron y se rieron.
- ¿Que ocurre? - Preguntó la semielfa confundida.- yo no encuentro la gracia por ningún lado.
- Pues que acaba de venir el mismísimo Rey a Elessar a arroparte, y ni siquiera te has dignado en saludarle. - Contestó Walo.
- ¿En serio? - Preguntó Gwirdyon. - ¿Es guapo, verdad?
- Sí... - Contestó Isilya mirando a Enumanus de reojo.
- Recuerdo cuando ayer le entregué el pergamino, que parece que fue hace un año, y me miró fijamente con esos ojos profundos y llenos de sabiduría - Rememoraba la semielfa con nostalgia.
- ¡Y casi no lo sueltas! - Le recriminó Esdaleon.
- Es que en ese momento, sentí una atracción muy fuerte hacia aquel trozo de papel. Fue una sensación de poder que no había experimentado nunca. Como si me sintiera capaz de luchar sola contra todos los orcos...
- Los efectos del pergamino... - Dijo Enumanus.
-... y gracias a que Elessar te lo arrancó de las manos y justo después de leerlo, lo guardó a buen recaudo en una caja de metal. - Apuntó Isilya.
- ¿Qué habrá sido del pergamino? - Se preguntó Gwirdyon en voz alta.- Ahora ya no tiene ninguna validez. ¿Seguirá teniendo el mismo efecto que antes de la guerra?
-...¿ Y habremos ganado por tener el pergamino en nuestro poder? - Se escuchó una voz de repente desde el quicio de la puerta.
- ¡Elessar! - gritó Gwirdyon sorprendida.
- Ja, ja, ja. - No te asustes. No he venido a regañarte. Pero no debéis hablar de ese pergamino ni volverlo a nombrar jamás. Cumplió su misión y gracias a las firmas que en él había se pudo identificar a los firmantes del pacto y acabar con las traiciones. Ahora ya sabemos claramente quiénes han sido los que intentaban asaltar el poder del Reino Reunido, y serán ajusticiados severamente, con la pena máxima. En cuanto al pergamino, obtuvo esas cualidades de manos de los istari azules, y sólo ellos pueden retirárselo. Los hemos mandado buscar, pero están desaparecidos. Nadie sabe nada de ellos desde hace mucho tiempo.

- Entonces ya se ha acabado la historia del pergamino, - Dijo Walo. - Ya puedo volver a la posada de Bree y beber la cerveza de Mantecona.
Todos rieron la ocurrencia de Walo, menos Gwirdyon, que se quedó seria y como ausente.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Vie Sep 07, 2007 4:13 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
En una sala aparte, el silencio sepulcral solo era roto esporádicamente por algún gemido, tos o suspiro. En decenas de camillas ordenadas y cubiertos por sus capas se encontraban los jinetes que tras ser curados para evitar el desangramiento solo esperaban reunirse con sus antepasados. Cumpliendo con la tradición de que ningún Rohir se encuentra solo con la señora de la guadaña un compañero estaba al lado de cada uno.
Baldor se asomó a esa sala y cojeando, con la flecha aun en su muslo, recorrió lentamente las filas de aquellos cuyo destino era retornar a Rohan sobre su escudo.
Al terminar y para que los sanadores no le dieran mas la lata les dejó que le extrajeran la dichosa flecha.
Recién terminaban cuando Elessar hizo su entrada en aquella sala. También recorrió las diversas filas de camillas, dando la mano tanto a tendidos como a los acompañantes. Al llegar a Baldor y cuando estaba a punto de levantarse con la herida aun abierta, le mandó quedarse quieto y mirando la herida se hizo traer hojas de Athelas, las trituró con sus manos y dejo caer el jugo en la herida, él mismo la vendó y…
-Descansa amigo mío que mañana será el día de llorar a nuestros muertos y enviarlos a su última morada.

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NotaPublicado: Vie Sep 07, 2007 9:25 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
La noche se hizo larga y silenciosa, pues cada uno en su interior se despedía de algún ser querido o conocido. Ese silencio, a veces roto por un llanto, o un triste suspiro, era a su modo una ofrenda, un homenaje a los que ya no estaban en el mundo de los vivos.
Enumanus durmió de un tirón preso del cansancio y debido a las medicinas que le habían dado para el dolor.
Cuando despertó, los demás aún dormían. Los observó alzando su cabeza, Esdaleon, Walo, Gwirdyon, Isilya..., todos descansaban en sus literas escepto Inzil, el hijo de la elfa. Volvió su cabeza buscándolo y se encontró su cara por encima de la camilla observándole con curiosidad.
- Hola - le dijo.
El crio siguió mirándole sin decir nada, Enumanus empezaba a sentirse incómodo cuando le señaló con el dedo su rostro.
-¿Te falta un ojo? preguntó sin cambiar la expresión de su cara.
El humano sonrió, nunca nadie le había preguntado por su ojo, y claro la curiosidad de un niño no entendía de modales.
- ¿Quieres verlo? - contestó haciendo intención de levantarse el parche.
- ¡No te atreveras! - casi gritó Isilya desde su camilla.
Los dos la miraron como si aquello no fuera con ella.
- Cosas peores debe haber visto, además, solo bromeaba. - contestó Enumanus, entonces simuló levantarse el parche de golpe - ¡Buuuu! - gritó, haciendo que el crio saliera corriendo hacia su madre.
- ¡Ja,ja! Aún le falta mucho para ser un buen guerrero. - rió sonoramente.
Los demás despertaron preguntándose que ocurría.

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NotaPublicado: Vie Sep 07, 2007 10:19 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Justo cuando el primer rayo de sol asomó por el horizonte, el sonido triste y lloroso de un cuerno se elevó por encima de Gondor llamando a la ceremonia. Inmediatamente un grupo de tambores empezó a marcar un ritmo de marcha lento y monotono. Por la puerta principal empezó a salir una procesión de camillas con un cuerpo en cada una cubierto con la bandera negra y el arbol blanco bordado y lentamente se acercaron a los terrenos de incineración y poco a poco fueron dando el último adios a los caidos, mientras al fondo a lo lejos se quemaban los cuerpos de los enemigos caidos.
En el rincón del Jardin del recuerdo tres humanos tres semielfos y una elfa, en silencio observaban como en dos agujeros en el suelo eran colocados con todo respeto los cuerpos de Tuilere y su amigo. Antes de cubrirlos se les puso a cada uno su espada, arco, carcaj con flechas y el escudo. Se les terminó de cubrir con tierra y un escudo de piedra.
Tras un rato en silencio recordando cada uno a la alegre y pizpireta elfa, ayudandese entre todos se acercaron a la casa donde de momento viviria Isilya e Inzil y sentados alrededor de la mesa empezaron a pasarse la pequeña botellita...

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NotaPublicado: Sab Sep 08, 2007 6:06 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
- Bueno Isilya…te quejarás de casa ¿eh?- dijo Gwirdyon mirando a su alrededor.
La elfa estaba de pie, explorando con curiosidad cada rincón del que sería su nuevo hogar por un tiempo.
- Baldor, te agradezco que me hayas ayudado con todo esto- le dijo al rohir- para mí es muy importante.
- No hay nada que agradecer- respondió éste con una sonrisa.
- ¡Y yo que pensaba que te vendrías con nosotros a Bree!- exclamó Walo mientras bebía.
- Bueno, aún no puedo, es demasiado pronto- contestó Isilya algo triste- no puedo separar a Inzil de todas las cosas con las que se ha criado así de golpe. No al menos hasta que pase un tiempo y se acostumbre…bueno más bien a que se acostumbre a mí.

Todos asintieron comprendiendo su situación. En realidad a ninguno le apetecía hablar de sus planes inmediatos pues aún sus cabezas no aceptaban que aquella aventura había terminado.
La interminable botella de Walo empezó a pasar de mano en mano una y otra vez, de manera que al cabo de un rato, el grupo se vio enfrascado en una animada tertulia en la que cada uno recordaba anécdotas divertidas, o desastrosas, del viaje. Desde los incidentes ocurridos en la posada del Poney, al comienzo de la aventura, pasando por los tumularios de Tharbad, la muerte de Tselerg, la lucha en Isengard…

-…la lata que disteis en Rohan- añadió Baldor con ironía.
- Ufff mejor esa parte nos la saltamos- respondió Esdaleon mientras miraba a Gwirdyon con cara de circunstancias.
- Vale, reconozco que la lié un poquito…¡pero la culpa fue del pergamino!- respondió la semielfa algo sofocada.
- ¿Y os acordáis de la posada El Bosque Marino, en Dol Amroth?- prosiguió Enumanus.
- Ah era preciosa, bueno todo lo que había en Dol Amroth era bonito, lástima que nos quedáramos poco tiempo allí- respondió Isilya.
En seguida, Esdaleon y Walo empezaron a entonar aquella ridícula canción que un día cantaran en aquella posada y que tantas risas había provocado entre los oyentes.

- Señores se ha hecho tarde- dijo Baldor al cabo de un rato- casi ha anochecido ya. Yo he de volver al palacio. Mañana el Rey piensa celebrar un banquete, a modo de despedida, así que nos veremos allí pues.
- Pues si, ya mañana será otro día -dijo Gwirdyon mientras se despedía de Isilya.
Todos comenzaron a marcharse, pero Isilya se adelantó a Enumanus y le agarró del brazo antes de que saliera por la puerta.
- Dime Isilya.
- Pues, te iba a preguntar si…te querías quedar esta noche conmigo.
- ¿…Eh?- fue lo único que alcanzó a responder el humano.
- Pues eso, que te quedes a cenar y a dormir si quieres- dijo Isilya riéndose- no me mires con esa cara. Además, ya se lo he dicho a Inzil y le ha encantado la idea, no se porque pero le has causado admiración, será el parche…
Los dos se rieron, pero en seguida se quedaron callados.

- Así que ya pronto te irás- dijo Isilya rompiendo aquel incómodo silencio .
- Bueno…sí, ya lo sabes- respondió el humano mirando al suelo- pero seguro que algún día nos volvemos a ver en Bree.
- Claro.
Enumanus comenzó a caminar hacia la mesa con la intención de volver a sentarse pero Isilya continuó hablando.
- Bueno, pues ya que te vas a ir, quería darte antes una cosa.
El humano se dio la vuelta intrigado e Isilya se le acercó despacio como si no estuviera segura de lo que iba a hacer. Miró a Enumanus a los ojos y entonces le besó tímidamente en los labios.
- Eso era.
El humano sonrió entre nervioso y sorprendido, y le correspondió con otro beso, esta vez más intenso.
- ¡Mama tengo hambre!- exclamó Inzil desde la puerta de una de las habitaciones, ajeno a lo que estaba pasando.
- ¡Claro!- Isilya sonrió a Enumanus- voy a preparar la cena.

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NotaPublicado: Dom Sep 09, 2007 12:21 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Gwirdyon se despidió de Isilya y fue junto con Esdaleon, Walo y Baldor. Enumanus estuvo un rato dentro de la casa, seguramente hablando con la elfa y al cabo de un rato salió con una sonrisa de oreja a oreja. Esdaleon miró a Walo y le hizo un gesto picarón refiriéndose al humano. Walo le dio un codazo a su amigo señalando a la semielfa. Esdaleon le hizo un gesto para que se estuviera quieto. Baldor controlaba toda la situación con el rabillo del ojo y sonrió sin decir nada.

- Parece que poco a poco nos vamos separando. - Dijo Gwirdyon. - El primero en irse fue Imdralis, en cuanto se encontró bien, él y Meord abandonaron las casas de curación y las armas y se fueron a estudiar Arda. Ahora le ha tocado el turno de rehacer su vida a Isilya. Enumanus vuelve a Bree, y yo aún no sé qué hacer con mi vida. Esta misión era mi objetivo primoridal, he vivido por y para ella y ahora que todo ha terminado, no sé qué hacer a partir de ahora.

Esdaleon miró a la semielfa sorprendido. No esperaba una confesión de ese tipo. Enumanus se unió al grupo en unos momentos y Walo le dio una palmadita en la espalda. En el rostro de Enumanus se veía que las lágrimas habían surcado sus mejillas. Comenzaron a andar. Gwirdyon se acercó a Enumanus y lo apartó un poco del resto para decirle algo.

- Hay algo tuyo que tengo desde hace mucho tiempo... - comenzó a decir la semielfa cuando el humano la interrumpió.
- ¿Algo mío? - Contestó Enumanus sobresaltado. Gwirdyon rebuscó entre sus ropajes y sacó un papel con los bordes quemados y doblado en varias partes. Se lo ofreció a Enumanus.
- Encontré esto en la celda de Rohan, cuando Eomer nos encerró a Esdaleon y a mí por alborotadores. Por esto supe que eras un traidor y que Tserleg te había encargado personalmente la misión de acabar con nosotros. - Explicó Gwirdyon. Enumanus la miraba con los ojos desorbitados.- Pero lo descubrí tarde, cuando ya te habías cambiado de bando.

Enumanus abrió el papel y lo miró sorprendido.
-¡Pero...! - Exclamó estupefacto. - Si yo mismo quemé este papel en la pira de Tserleg cuando lo descubrí... Ahora lo entiendo todo. El elfo oscuro me seguía y lo recogió justo después de abandonar yo aquel lugar. Entonces pensó que yo le había matado y por eso me consideraron un traidor. Ahora tiene sentido el ataque en la posada de Isengard, en la cárcel de Meduseld, y el ataque de Durantor en Pelargir. Y yo sin enterarme y tenía a todos los enemigos detrás de mí!

Gwirdyon sonrió y apuntó.
- Si yo hubiera entregado este papel a Elessar, ahora podrían juzgarte por delito de alta traición. Pero este es mi regalo de despedida. Haz con él lo que te plazca, aunque yo te recomiendo que lo quemes de una vez.

Enumanus dobló el papel con cuidado y se lo guardó en el interior de sus ropas.
- Eso haré, pero cuando esté de vuelta en mi casa de Bree. - Enumanus la miró profundamente a los ojos - Gracias, dama Gwirdyon. Gracias por todo lo que esta aventura ha supuesto para mí. Encontraros en mi camino me ha dado la oportunidad de empezar de cero.

Gwirdyon sonrió y bajó la mirada.
- Eso debería hacer yo también, pero no sé cómo.

En esos momentos llegaron de vuelta al palacio del rey Elessar donde pasarían la noche. Al día siguiente cada uno tomaría rumbo a su destino.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Dom Sep 09, 2007 2:18 pm 
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Esdaleon se encontraba en su cama, le habían dado una habitación solo para él, pero a pesar del cansancio no podría dormir, no esta noche, demasiadas cosas en un solo día, todavía tenía que asimilarlas así que se vistió y salió a dar una vuelta por Minas Tirith.
Era de noche y había una gran tranquilidad en la ciudad así que era un buen momento para pensar, además llovía ligeramente, lo cual ayudaba a limpiar los campos de sangre y evitar así su olor, Esdaleon caminaba despacio por la ciudadela observando los edificios rememorando toda la historia de aquella cuidad, lo que le llevó a recordar la historia de los hombres, lo que le llevó a pensar en la historia de la Tierra Media, todas sus batallas, la sangre que se había derramado en siglos anteriores por hombres y elfos para hacer de este un mundo mejor, hombres que mueren felices de haber dado su vida por la comodidad de futuras generaciones, Esdaleon luchaba por esos hombres, porque no se pierda aquello por lo que ellos lucharon y murieron, tras la batalla siempre entendía mejor a estos hombres, tras el esfuerzo que le hacía agotarse y aun así seguir luchando hasta el final, hasta que el último enemigo caiga, hasta dar la vida si es necesario por la causa que sea. Hoy había luchado por Minas Tirith, y eso le hacía recordar todos los que lucharon anteriormente por esa ciudad, y eso le empujaba a amar todas y cada una de las cosas que tenía la ciudad, desde el más pequeño insecto hasta el propio rey, le hacía estar dispuesto a morir por cada sonrisa que se dibujaba en los rostros de cualquier hombre o mujer, elfo o elfa.
Tras mucho tiempo pensando por su arrepentimiento tras la oleada de muertes que provocó el Ithilien Esdaleon comenzaba a entender al fin que un guerrero no tiene que amar la lucha para combatir, no tiene que disfrutar con la muerte del enemigo para ser un buen guerrero, si no tener una causa por encima de todos los enemigos que se le crucen, la de Esdaleon era hacer de este un mundo mejor, al fin comprendió y dejó escapar una sonrisa de adolescente enamorado ante su descubrimiento tras la larga búsqueda, ahora sabía que luchaba por aquellos que no pueden defenderse, para hacer felices a los amigos protegiéndoles, no por la mera satisfacción de fastidiar al enemigo, recordó todas las grandes batallas y sabía que eso era lo que empujaba las espadas de los grandes héroes, ese mismo amor por los demás es lo que empujó a Glorfindel a batir a un balrog, a Fingolfin a plantar cara al mismo Morgoth y a Elendil e Isildur a combatir contra Sauron y a él mismo al matar al dragón de las montañas grises, porque incluso en los combates más desigualados hay esperanza, una esperanza que depende más de tu motivo para empuñar la espada tu maestría al manejarla.
Ahora lo entendía todo, y se alegró de haber elegido la vida inmortal para ser un gran guerrero, ahora sabía que eso no dependía de su fama si no se su pasión, ahora podría empezar de cero

_________________
Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Dom Sep 09, 2007 3:40 pm 
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Enumanus se levantó en silencio, observó con tristeza a Isilya que dormía plácidamente, y se vistió.
Se inclinó para darle un beso en la mejilla a la bella elfa y salió de la habitación. Recogió su arco y su carcaj y después de tambien desperdirse de Inzil con un tímido beso, abandonó la casa con el corazón prieto.
Al dirigirse hacia la puerta vio a lo lejos a Esdaleon que paseaba distraido, cogió una flecha y una vez lo tuvo a tiro, disparó.
El semielfo apenas se sobresaltó al oir como se clavaba en la pared junto a él, aquella flecha. Buscó quien la había disparado pero no vio a nadie, al examinarla vió que llevaba un pequeño papel atada en ella, lo desplegó con curiosidad.
- Gracias - leyó en voz alta, entonces reconoció la flecha, - Enumanus... - se dijo volviendo a buscar con la mirada entre las calles.

Lejos de allí el arquero tuerto cabalgaba hacia Bree sin volver la vista, tras él, Minas Tirith iba desapareciendo en la noche. Nunca le habían gustado las despedidas.
De repente mientras se alejaba, imágenes de su pasado pasaron por su mente.

Enumanus tropezaba cayendo de bruces y derramando todo el agua que llevaba en el pequeño cubo de madera. A su alrededor los orcos que le rodeaban estallaron en carcajadas, más de uno incluso, le tiró alguna piedra después de burlarse de su aparatosa caida.
Así, quedó sentado en el suelo y rompió a llorar, las risas y burlas aumentaron entonces. Estaba agotado, tenía hambre y sobretodo se sentía solo, las lagrimas fluían como pequeños torrentes de sus ojos, dibujando relucientes lineas a través de sus mejillas, oscuras por el polvo y el hollín. Su llanto fue convirtiéndose en un amargo gemido mientras bajaba su cabeza para ver caer sobre el ennegrecido suelo las gotas de sus lágrimas, un escalofrio recorrió sus cuerpo y tembló, las risas y burlas no cesaban mezclándose con el repicar de las piedras que le lanzaban rebotando en el suelo.
De repente los orcos callaron, Enumanus a cuatro patas observó como alguien se había parado a su lado, miró hacia arriba y vio la cara seria y severa de Tserleg.
- ¿Acaso oigo a un despreciable humano llorón? – casi gritó.
Enumanus se levantó sollozando debilmente y, sorbiéndose los mocos a la vez que se secaba la cara con el antebrazo, miró al Uruk-hay con ojos vidriosos. Respiró hondo y frunciendo el ceño a la vez que sacaba pecho, dijo poniendo voz grave.
- Yo no soy un humano, soy un Uruk-hay.
Los orcos que habían estado callados, rompieron en carcajadas y aplaudieron en tono burlesco. Tserleg ni se inmutó, limitándose a observarlo con cara severa.
- Así me gusta – dijo – ahora ve, llena de nuevo el cubo y llévalo a su destino.
Enumanus se volvió y apretando los dientes para no echarse a llorar, recogió el cubo del suelo y empezó a caminar sin fijarse en nadie, con el cuerpo erguido mirando al frente e intentando no caer de nuevo.
Desde aquel dia, con apenas tres años, Enumanus aprendió a ocultar en lo más hondo de su corazón sus verdaderos sentimientos, mostrando desprecio en lugar de miedo, sustituyendo la tristeza por odio, combatiendo con orgullo la soledad…, perdiendo toda la esperanza de un futuro mejor.
Sin saber, que un dia llegaría, en que podría “ Empezar de cero”.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Mar Sep 11, 2007 8:53 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Sep 09, 2007 10:05 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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El mirador… dos figuras acodadas en la barandilla de piedra observan como un jinete se aleja en la noche…
-Otro de la compañía que se va- Elessar habló con un deje de tristeza, tenias razón amigo mío, son seres de acción, no de familia
-Poco a poco se irán todos, incluso Isilya abandonara la ciudad para olvidar.
El Rey miró a Baldor y asintiendo con la cabeza reconoció que aquel hombre de mediana edad, que muchos no mirarían dos veces era, aparte de un estratega notable, un psicólogo excelente.
Ambos dieron un trago de sus respectivas jarras y continuaron mirando las estrellas.
-¿Te irás pronto?- preguntó de improviso Elessar
-Si la pierna va tal como ahora en dos días podre cabalgar y entonces encabezare la columna de regreso.
-Antes ¿puedes decirle a Gwirdyon que necesito hablar con ella?
-Si claro
Cuando se retiró a su acuartelamiento pasó un momento por la habitación de la semielfa y le dio el recado.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Lun Sep 10, 2007 12:43 am 
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Gwirdyon estaba en su habitación a punto de acostarse cuando llamaron a la puerta. Se sobresaltó. Dio la voz de adelante y esperó expectante a que la puerta se abriera y apareciera alguien por ella.

- Siento mucho molestarle, dama Gwirdyon, tan sólo interrumpo su intimidad para decirle que el rey Elessar le espera para despachar algo con usted. - Dijo Baldor, transmitiéndole el recado que el rey le había encargado para la semielfa.

- Gracias, Baldor. - Gwirdyon se levantó de la cama y se acercó a la puerta. La abrió y se encontró a Baldor con la cabeza vuelta.
- Puedes mirar. Estoy vestida. - Dijo la semielfa al rohir.
- Gracias, no quería ser indiscreto.
- Baldor, de todos es sabido que ha llegado el momento de las despedidas, - comenzó a decir Gwirdyon - y no quiero irme de aquí sin agradecer tu inestimable ayuda. Pues la ayuda de Rohan ha sido un grandísimo apoyo en esta guerra por la libertad del reino Reunido, aunque supongo que eso ya te lo ha dicho Elessar...

Baldor se rió y asintió con la cabeza.
- Sí, eso ya me lo ha dicho. Pero si no hubiera arriesgado su vida, dama Gwirdyon, para avisar a todos los aliados de Gondor, esta guerra hubiera sido un asalto al poder y no hubiéramos podido hacer nada.

La semielfa se sonrojó y sonrió tímidamente.
- Sabes que eso no es cierto. Pues sin la ayuda de Esdaleon, Isilya, incluso el viejo Walo, nuestra siempre querida y nunca olvidada Tuilere, Imdralis, Meord, las grandes águilas, y tanta gente que ha dado la vida en esta misión, no habría sido posible la victoria.
- No ha nombrado a Enumanus, y él también jugó un gran papel en esta historia... - dijo Baldor un tanto mosqueado.
- No lo he olvidado, Amigo Baldor, su papel ha sido mucho más importante de lo que tú crees, y si no lo he nombrado antes es porque quería hacerle una mención especial. Pues fieles al reino hay muchos, pero tan fieles como él, muy pocos. - una lágrima corrió por la mejilla de Gwirdyon. Baldor acercó su mano derecha y la recogió con el dedo índice. La miró y la sorbió.
- Esta lágrima tiene más valor que las derramadas por la guerra, pues tiene su origen en el orgullo que se siente ante la amistad y el coraje. Ahora debo retirarme a Meduseld, pues Eomer tambien tiene un reino del que hacerse cargo. Que la suerte le guíe, dama Gwirdyon. - Y dicho esto cerró la puerta.

Gwirdyon tardó unos minutos en cambiarse de ropa y presentarse en la habitación que Elessar usaba para sus asuntos personales. Aragorn en persona abrió la puerta y la semielfa le hizo una reverencia.
- No, por favor. a estas alturas no son necesarias. - Contestó Aragorn invitándola a entrar con un gesto de la mano.
- Gracias. - Contestó Gwirdyon sonriendo tímidamente. Entró en la estancia y se sentó en una butaca que Elessar había preparado para ella. El rey le sirvió una copa de mirúvor y se preparó otra para él. Luego se sentó en otra butaca frente a ella.

- ¿Estás ya recuperada de tu herida? - Preguntó con aire despreocupado.
- ¿Eh?, sí... - Contestó la semielfa algo confundida. - Pero no creo que me haya mandado llamar para preguntarme por mi herida y ofrecerme una bebida. Si la reina Arwen nos viera podría llevarse una idea equivocada...
- Ja, ja, ja. Precisamente es ella quien me ha pedido que te mandara llamar. - El rey bebió de su copa y prosiguió con la explicación. - Siempre hemos confiado en tu lealtad y discreción, por ese motivo, la reina quería que tú te encargases de un asunto personal referente a nuestro hijo.

Gwirdyon casi se atragantó con la bebida. Tosió e intentó recuperar la compostura.
- ¿Un asunto personal referente al príncipe Eldarion? - Gwirdyon bajó la cabeza y sonrió. Suspiró calladamente y levantó la mirada de nuevo, encontrándose con los oscuros ojos de Elessar que la miraban fijamente.- Adelante, estoy a la entera disposición de su Majestad y de toda su familia.
Aragorn se levantó de la silla. Deambuló por la sala y se llenó la copa de nuevo de la dulce bebida. Miró por la ventana y bebió un pequeño sorbo.
- ¿Alguna vez has estado enamorada? - Le preguntó de repente. Gwirdyon dio un respingo en la silla y miró extrañada a Elessar.
- Pues... sí. Y mi amor murió a manos de Tserleg. Aquella historia se acabó.
- ¿Y si te hubieran dicho que ese ser por quien bebías los vientos no te convenía, hubieras hecho caso? - Preguntó Aragorn mirándola fijamente a los ojos llegando incluso a intimidarla.
- Supongo que no hubiera obedecido a nadie salvo a los sentimientos de mi corazón. - Contestó la semielfa con sinceridad.
- Bien, entonces te será fácil comprender la situación. Nuestro hijo se ha enamorado de una elfa de Rivendel. Tanto su madre como yo pensamos que no le conviene, pero no nos escucha. Es más, estamos sintiendo cómo poco a poco se aleja más de nuestro lado. Tu misión consistirá en hacerte amiga personal de esa elfa y averiguar qué trama y qué intenciones tiene.
Gwirdyon dejó su copa sobre una mesita y se levantó muy ofendida.
- No toméis a mal mis palabras, mi rey, pero acabo de regresar de una guerra en la que se han enfrentado casi todas las razas de esta tierra, ¿y ahora me pedís que espíe a la novia de su hijo? ¡Enviadme al exilio y al menos tendré más dignidad!

Elessar volvió a reir con grandes carcajadas. Se acercó a Gwirdyon y apoyó las manos sobre sus hombros.
- Sabía de antemano que ibas a reaccionar así. Por eso estaba preparado. He mandado enviar a Esdaleon a Rivendel con la excusa de que aprenda y se forme como un gran guerrero al amparo de los elfos, pues su misión y la tuya van parejas. Creemos que la elfa en cuestión puede tener relación con una facción de elfos oscuros que pretendían recuperar los tiempos de la oscuridad. Hasta se ha hablado de la reaparición símbolos que se creían del todo perdidos.

- Bien, empiezo a ver las cosas más claras. - Contestó Gwirdyon.
- Ve a Rivendel, conviértete en la sombra de esa elfal e investiga toda su relación con los elfos oscuros. Cuando sepas algo háznoslo saber.

Gwirdyon miró hacia la ventana. Entraba un ténue rayo de luna que iluminaba apenas el marco y el alféizar. Vio a Aulë posada en una rama.
- De acuerdo, ya encontraré el modo de comunicarme. En cuanto al otro asunto que quedaba pendiente...
Elessar se dio la vuelta y se dirigió a la estantería de libros. Eligió uno al azar y abrió una página cualquiera. Leyó para sí mismo y sonrió.
- Si, aquello sigue adelante. No pierdas tampoco de vista al viejo, ¿Walo se llama?, pues aunque no se acuerda de nada él tiene las claves en su cabeza.
- Si, el viejo Walo. - Gwirdyon sonrió sin darse cuenta de que Elessar la miraba. - Así que Esdaleon también estará en Rivendel...Pensé que se quedaría en Bree con su amigo Walo.
- Ja, ja, ja, ja - se rió Piedra de Elfo - Acompañará a Walo hasta Bree y luego marchará a Rivendel para formarse y aprender de los elfos todo lo que pueda. Es un buen guerrero y ahora que ha aprendido el verdadero sentido de la lucha ha de mejorar sus tácticas para servir mejor a Gondor y sus gentes. Él aún no lo sabe, mañana será informado de su nuevo destino.
- Como siempre, ha vuelto a hacer las cosas a su manera. - Gwirdyon se acercó a Elessar y le ofreció la mano. Elessar besó su mano. Gwirdyon enrojeció.

- Ha llegado la hora de partir de nuevo. Mañana al amanecer partirás hacia Rivendel La reina Arwen y yo te damos las gracias.
- Así será. Mañana volveré a empezar de cero en una nueva misión. - Y dicho esto Gwirdyon se levantó y salió de la sala. Se despidió de Elessar inclinando ligeramente la cabeza y se dirigió de nuevo a sus dependencias.

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Última edición por Gwirdyon el Dom Oct 14, 2007 11:13 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mar Sep 11, 2007 7:22 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Gwirdyon se dirigía a su apartamento para hacer el equipaje cuando vio a Baldor tomando el aire en el banco de la placita, Intentó pasar desapercibida pero…
-¿Te vas a ir sin despedirte?.
-Tengo una nueva misión y debo irme antes de que salga el Sol.
-Ten cuidado y cuidate de las sombras.
-¿Cómo?... ¿a que te refieres?.
-Gwirdyon, no eres tonta, ninguna elfa lo es, y a quien vas a vigilar, no se, la vi una vez y tuve la sensación de que una serpiente estaba calculando el momento de atacar. Y cierra la boca, ¿te pensabas que el caso solo lo habian hablado los monarcas?, es un asunto muy serio que puede salpicar a muchos reinos y ya se ha derramado demasiada sangre, los Rohirrim no estamos aislados en la Marca. De todas formas cuidate, aprovecha la nueva oportunidad, empieza de cero y se feliz.
La semielfa miró a Baldor con ojos enojados por haberla sorprendido pero al momento cambió y echándose a reír saludó al Rohir con la mano y con un nos vemos desapareció en la oscuridad. Una hora después el galope de un caballo señalaba su salida hacia Rivendel y otra aventura.
Al rato Esdaleon pasaba en dirección al apartamento de Gwirdyon…
-No está, ha marchado a Rivendel en misión nueva.
-Entonces no me queda nada que hacer aquí.-Su respuesta lo decía todo.
-Corre, aun la alcanzaras… y por Walo no temas… llévalo contigo y con suerte en Rivendel conseguirán curarlo.- Con dificultad el jinete se puso en pié y ambos se estrecharon las manos firmando así una camaradería que duraría toda la vida.-Venga, no pierdas tiempo y empieza de cero esa vida nueva que nace en tu corazón.
Ya solo, Baldor suspiró e intento llegar a su acuartelamiento mas su pierna le fallaba y quedó quieto cogido a un árbol de la plaza cuando dos figuras corrieron hacia él.
-PADREEEE
-No chilléis, que yo no soy sordo y los vecinos querrán dormir.
-Eres un caso, no te aguantas derecho y te vas de juerga con los amigos.
Baldor rompió a reír a carcajadas al ver la cara de su hija.
-¿Qué te hace gracia?
-Nada hija, eres el retrato de tu madre, ella también se ponía así de hermosa cuando se enfadaba.
Los dos hermanos se miraron y asintiendo los dos se pusieron de acuerdo, al rato llegaron al cuarto de su padre y una vez que este estuvo sentado y vieron que no se había abierto la herida, se pusieron delante de él y la joven le dio un codazo a su hermano.
-Ejemmm
-Venga va, decid lo que lleváis tanto tiempo pensando.
-Veras padre- al fin fue la muchacha quien lo dijo- Sabemos que madre y tu os quisisteis y que tu aun la quieres y respetas su memoria cosa que te agradecemos pero creemos que no es bueno que continúes solo, te pedimos por favor que busques una mujer, que empieces de cero y que seas feliz.
Dos días después la ciudad en pleno de Gondor estaba en el campo dejando en el centro una larga avenida, todos en silencio. Un cuerno dio la señal y las puertas de la ciudad se abrieron, empezando a salir los Rohirrim en filas de 10 y columnas de 100, en el centro de cada uno de los 9 grupos iban caballos con el escudo en el lomo y su jinete tumbado en él (así cumplían la vieja tradición de retornar a la marca con el escudo (vivo) o encima de él (muerto), raro era el que un Rohir huyera de la batalla), con estandartes al viento, y atalajes brillando como el oro, Al frente un jinete con penacho rojo. Al momento la multitud empezó a vitorear a los jinetes, mientras estos continuaban, el jinete que encabezaba la columna se desvió hacia un grupo que esperaba en un lugar aislado de la muchedumbre y con cierta dificultad descabalgó, se acercó a las figuras y…
-Suerte en tu nuevo comienzo Isilya, se feliz con tu hijo, quien sabe, quizás nos veamos en otra ocasión- y fue a besarle la mano, la elfa se le lanzó al cuello y llorando…
-Tonto, Gracias por todo- y le besó en la mejilla.
Al pasar delante del hijo de Isilya le despeinó sonriéndole y el pequeño bajó los ojos sonrojándose.
La siguiente, la Reina Arwen agradeció sonriendo la reverencia y el beso en la mano.
Por último se encontraba Elessar, el cual al ir a realizar la reverencia le cogió de los hombros y lo alzó…
-No amigo mío, a partir de ahora ningún rohir bajará la cabeza ante un Rey de Gondor, por dos veces en menos de 25 años habéis salvado la corona, habéis cumplido con creces y con mucha sangre y dolor la promesa que fuera hecha hace tanto.
-Majestad, es una promesa que nos ata y nos liga y es nuestro honor cumplir con ella todas las veces que sean necesarias. Ahora que parece que la paz se ha afianzado y los obstáculos desaparecen, hago preces para que a partir de ahora todos los reinos se reconstruyan en paz y armonía, empezando de cero y olvidando las viejas rencillas.
-Que así sea amigo mío.
Baldor volvió a montar, saludo de nuevo a todos y galopando orgullosamente se colocó delante de todas sus tropas y mirando a sus hombres con mezcla de cariño y orgullo marcó el camino de retorno al hogar.

*************************************************************
Así termina esta aventura, todos los que han escrito en ella lo han hecho con cariño y con la esperanza de que disfrutarais leyéndola tanto como ellos escribiéndola.
Recordad que pase lo que pase, tanto en la vida real como en la imaginaria todo tiene solución y siempre se nos da la oportunidad de
EMPEZAR DE CERO

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Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
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