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NotaPublicado: Lun May 28, 2007 11:37 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Apena pasaron unas horas cuando la posada se llenó de gritos.
-Fuego, fuego.
El pasillo del primer piso estaba en llamas haciendo imposible salir por las habitaciones a los clientes que allí se alojaban.
Esdaleon entreabrió la puerta. Las llamas y el humo asomaron por la rendija de golpe y cerró.
- Por aquí es imposible. dijo a Imladris que lo miraba mientras cargaba a Walo a su espalda.
- Y las chicas, estan enfrente.
Esdaleon al ver las intenciones de Imdralis, se plantó frente a la puerta.
-Si abres las llamas entraran y entonces no tendremos escapatoria.
Walo levantó la cabeza medio dormido.
-Bueno, a ver si os decidis que así no hay quien duerma.
El elfo y el semi-elfo se miraron. Había que actuar rápido las chicas ya se las arreglarían.
- Venga, a la ventana. Señaló Esdaleon.
Se asomaron y vieron como iba llenandose la calle de gente, la mayoria para disfrutar del espectaculo.
Las llamas ya salian por la ventana de la habitación contigua así que había que saltar.
-Solo es un primer piso. Que van a ser, 3 o 4 metros? dijo Esdaleon volviendose a mirar a Imdralis.
Este habia puesto a Walo de pie y intentaba explicarle lo que ocurria.
- Fuego? que hay fuego, donde?. Dijo y miró a Esdaleon.
- Es que uno no os puede dejar solos o que?
Cogió sus cosas se dirigió hacia la ventana y sin decir nada saltó.
Esdaleon se asomó corriendo para ver como su compañero se levantaba sacudiendose el polvo.
- Venga Imdralis, nosotros no vamos a ser menos.
Apoyó sus manos en el alfeizer de la ventana cuando una flecha se clavó entre los dedos de su mano izquierda.
Dio un salto para atras empujando a Imdralis.
-Pero que haces. Preguntó sujetandole para que no cayera.
-Una flecha, me acaban de disparar. Tartamudeaba mirandose la mano izquierda para ver si estaba entera.
Imdralis observó protegiendose contra la pared. En efecto alguien le había disparado a Esdaleon.
-Tenemos que salir. -Dijo Imdralis, el humo ya empezaba a entrar bajo la puerta y por las rendijas de las paredes- aquí dentro nos vamos a asar.
- Vamos sigueme.
Cogió carrerilla y saltó al vacio.
- Espera! Grito Esdaleon.
Se asomó a la ventana y sintió un golpe seco.
Retrocedió.
Una flecha le habia atravesado limpiamente el hombro. Se llevó la mano a la herida como no creiendose lo que ocurria, entonces se agachó. Despues del impacto se habia quedado de pie frente a la ventana dando un blanco perfecto a su enemigo.
Caminó en cuclillas hacía la cama. Empezó a toser, podia soportar el dolor del brazo pero dentro de poco el humo haria que se asfixiara.
-Salta Esdaleon. Gritaban Imdralis y Walo desde la calle.
El semi-elfo miró la ventana, la tercera flecha seria mortal. Pensó.
-Salta. Volvieron a gritar.
Esperó indeciso, la habitacion se habia convertido en una ratonera.
Entonces con un gran crujido, la puerta se vino abajo.
Una figura envuelta en una capa negra y empapada entró, corrió hacia Esdaleon agachandose ante él.
- Que haces, porque no saltas? le miró.
Enumanus, con la cara oculta tras un pañuelo que iba goteando agua lo observó y vio la flecha clavada en su hombro.
- Que demonios está pasando.
Lo levantó, le partío la flecha por los dos costados que sobresalía y cuando se dirigian hacia la ventana, el suelo cedio bajo sus pies.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 12:31 am 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
- Bueno ya está hecho el torniquete, ahora solo debes guardar reposo.

Isliya terminó por fin con el último herido. Se le había hecho tarde y sabía que le quedaban sólo unas pocas horas para dormir, lo cual era un fastidio, pues estaba tremendamente agotada.

Salió de la casa de enfermos y caminó silenciosa calle abajo. La luna brillaba bien alta por encima de las murallas y la brisa traía un leve aroma a humo, ¿A humo? La elfa miró en todas las direcciones intentando averiguar de donde venía el olor.
Comenzó a correr, y al llegar a una plaza vio a varios aldeanos corriendo todos en la misma dirección.
- ¡Fuego, fuego! ¡La posada está en llamas!- gritaban.

¿Qué especie de broma era esta? Cuando Isilya llegó, la posada parecía una inmensa bola de fuego, ni siquiera se distinguían las ventanas del piso de arriba. La muchedumbre se agolpaba alrededor; algunos ayudando a aquellos huéspedes que habían logrado escapar.

- ¡¡Isilya!! ¡Aquí!

Isilya miró a un lado y distinguió a Tuliere y Gwirdyon de entre la gente. El fuego había alertado a Tuliere y habían conseguido saltar por la ventana a tiempo. Ambas estaban magulladas y negras como el carbón.

- Por Eru ¿Estáis bien?- dijo Isilya corriendo hacia ellas.
- Más o menos- le contestó Gwirdyon. – pero no sabemos nada de Walo, Imdralis y Esdaleon.
- ¡Pues vayamos rápido!- exclamó la elfa.

Las tres chicas se abrieron paso entre la gente y doblaron la esquina del edificio. Allí encontraron a Walo e Imdralis tirados en el suelo entre unos barriles.
-Salta Esdaleon- gritaban al unísono.
- ¡¡¡Imdralis!!!- gritó Tuliere.- ¡Estás bien!
- Cuidado mi Tuliere ¡agachaos! Están disparando flechas!!
- ¿¡Qué!? Flechas, ¿quién? ¿de donde? Y ¿Por qué no salta Esd…

Gwirdyon no pudo terminar la frase pues justo es ese momento un enorme estruendo paralizó a los cinco; las llamas se elevaron por encima del tejado, y el suelo de la posada cedió al calor, derribándose por completo el edificio.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 2:38 am 
Maestro Narrador
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
Mensajes: 207
Ubicación: Aquí y allá
Estaba consciente, había soportado los golpes sin desmallarse, todo el cuerpo le dolía, estaba totalmente aprisionado, empezó moviendo todos sus miembros y salvo el hombre en el que le dispararo todo estaba en orden salvo por el intenso dolor que sentía en todo el cuerpo, su garganta le escocía terriblemente y le faltaba oxígeno, tendría que salir de entre los escombros para buscarlo, pensó en ceder, en dejarlo así, en morir pacificamente y no sufrir nunca más, pero recordó una promesa, prometió ayudar a Gwirdyon a terminar su misiós, no poía morir. Puso todos los músculos en tensión y trató de evantar la gruesa capa de escombros quele cubría, pero ésta no cedió, volvió a intentarlo con más fuerza, entonces los escombros comenzaron a moeverse sobre él, volvió a intentar levantarse y una vez más los esombros se movieron, esta vez con más violencia, pero alguien en el exterior se había percatado y Esdaleon empezó a notar como el peso que le aprisionaba cedía hasta que finalmente consiguió levantar el tabló que le cubría y que, en cierto modo, le protegió, entonces pudo llenar sus agonizantes pulmones, se arrastró como pudo para alejarse de los escombros y se quedó tirado un rato que a él le pareció indefinido mirándo las estrellas, entonces alguien cojió su mano, decía algo pero no le entendía, miró su rostro femenino pero tampoco lo reconoció.
- Esdal, contestamé, ¿estás bien? ¿me olles?.- Gritaba Gwirdyon mientras su compañero la miraba con incertidumbre.
Isilya e Imdralis sacaron también a Enumanus de los escombros, tenía una pierna rota y las costillas no tenían buen aspecto, pero estaba vivo, Tuilere estaba totalmente conmocionada ante el espectáculo y Walo se desmalló.
- ¿Gwirdyon?.- Preguntó Esdalcomenzando a recordar aquel rostro.
- Si, Esdal,soy yo, ¿necesitas algo?.-
- Agua.-

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Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 7:30 am 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Tuilere corrió en busca de agua, pero no logró encontrar. Una mujer se acercó al grupo con un gran jarrón lleno de agua y se lo entregó a Esdaleon, quien bebió ávidamente.

- Gra... gracias...- dijo Esdaleon. La mujer desapareció entre la multitud.

- Debemos marcharnos.- dijo Tuilere.- Tengo un muy mal presentimiento. Debemos marcharnos antes de que nos terminen de matar...

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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 4:13 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Gwirdyon no pudo terminar la frase pues justo es ese momento un enorme estruendo paralizó a los cinco; las llamas se elevaron por encima del tejado, y el suelo de la posada cedió al calor, derribándose por completo el edificio.

Esdaleon se arrastró como pudo para alejarse de los escombros y se quedó tirado un rato que a él le pareció indefinido mirando las estrellas, entonces alguien cogió su mano, decía algo pero no le entendía, miró su rostro femenino pero tampoco lo reconoció.

Aquellos segundos de espera se le hicieron eternos a la semielfa. De repente al ver a Esdaleon tumbado en el suelo, sin apenas poder reaccionar, se dio cuenta de que no era invencible. Ya había vivido situaciones parecidas anteriormente, cuando la no-muerte de Tuilere, o su propia lesión del hombro, pero Esdal siempre había sido para ella el puntal sobre el que se apoyaba, y en aquel instante cayó en la cuenta de que él también podía desplomarse. Una sensación de ahogo invadió a Gwirdyon, pues se dio cuenta de que su misión pendía de un hilo. Necesitaba la protección de Esdaleon para llevar el pergamino a su destino, y en esos momentos era Esdaleon quien necesitaba la protección de los demás. Nunca se le hubiera ocurrido pensar que aquel medio elfo fuerte y brabucón, de fuerza casi inagotable, pudiera ser vulnerable como los demás.


- Esdal, contéstame, ¿estás bien? ¿me oyes?.- Gritaba Gwirdyon mientras su compañero la miraba con incertidumbre.
Al final el caballero reaccionó y lo primero que hizo fue pedir agua. Tuilere salió presta en su busca, pero no encontró. Finalmente una de las mujeres que atendían a los heridos se acercó con una jarra de agua y tal como vino desapareció pocos segundos después.

- ¡Por fin abres los ojos! -Dijo Walo, y se limpió restos de escombros de la ropa - ¡Hay que ver la que hemos armado!
- ¡Calla Walo! -Le recriminó Tuilere- a ver si la gente va a creer que hemos sido nosotros.
Una figura conocida se acercó al grupo, y una mano se apoyó en el hombro de Imdralis.
- Parece que vuestra estancia en Isengard viene cargada de malos presagios -Dijo Lassemalinë acompañado de su esposa.- Lo mejor será que os vayáis de aquí cuanto antes.
El elfo ayudó a Gwirdyon e Isilya a levantar a Enumanus, pero en seguida tuvieron que desistir, puesto que su pierna rota no aguantaba su peso.
- Me temo que no podrá ir muy lejos con esa pierna. Lo mejor será llevarlo en unas parigüelas hasta una cama. Por desgracia, después del ataque de los orcos ya no quedan camas libres. -Aventuró Lassemalinë.
- Podemos buscarle un sitio en el establo, y con paja y unas tablas seguro que se le puede hacer una camilla improvisada -Añadió de repente la mujer del elfo. Isilya la miró interesada.
- ¡Muchas gracias!, y así aprovecharemos para sacarle la flecha a Esdaleon y curarle ese brazo. -Dijo Isilya emocionada.- Mucho me temo que con estos dos guerreros heridos estamos más a merced del enemigo que antes.
Gwirdyon e Isilya ayudaron a Tuilere y Walo a llevar a Enumanus fuera de la posada incendiada. Imdralis y Lassemalinë ofrecieron sus hombros a Esdaleon para que se apoyara en ellos para caminar, pues ambos tenían una altura parecida a la del semielfo. La gente se empezaba a dispersar, pues ya no salía humo y al parecer no había habido ningún otro herido. El dueño de la posada, desvalido, se acurrucaba en un rincón, mirando los restos de lo que hasta hacía pocas horas había sido su negocio y medio de vida.
- Disculpa, ¿cómo te llamas? -Preguntó Tuilere a la esposa de Lassemalinë. - No hemos empezado con buen pie, así que a lo mejor podemos comenzar ahora de nuevo.
- Dirina. Y tú eres Tuilere. Lo sé. - Dirina le dirigió una mirada llena de orgullo.- Os ayudaremos con vuestros amigos y luego os marcharéis, y no volveréis por aquí nunca más. Sobre todo tú. Aléjate de mi marido.

Tuilere dio un respingo. Las palabras de Dirina le habían ofendido.
- Será bruja...- Susurró Tuilere. - Pues no fue Lassemalinë quien me dio la bienvenida en la torre y luego me entero de que está casado.
- Olvídate de esos dos. - contestó Imdralis mirándola a los ojos.- Por Eru, qué bellos son tus ojos, podría ver la inmensidad del infinito en ellos.
Entonces tropezó y Enumanus se bandeó, golpeándose la cabeza contra un tocón que había en medio del camino.
- Por todos los Balrogs, ¿es que no podéis dejarlo por unos momentos? - Gritó Enumanus enfurecido. Isilya y Gwirdyon se miraron y se echaron a reir.
El pueblo destrozado tenía una imagen más dantesca todavía con la humareda del incendio de la posada. La gente tosía por la calle debido al gas tóxico.
- Me preguntó qué o quién habrá causado este incidente.- Dijo Isilya.- Esto no parece hecho por los orcos con los que luchamos antes. Es mucho más elaborado. Los orcos hubieran entrado en la posada y lo hubiesen destrozado todo.
- Si, yo también llevo un rato preguntándomelo. - Contestó Gwirdyon.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 4:44 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Cuando llegaron por fin al establo, tendieron a esdaleon y enumanus en la paja e isilya y Gwrindyon se encargaron de curarlos.

- Voy a ver si los caballos se encuentran bien.- dijo Tuilere al ver que no habían animales en el establo.- Deben estar sueltos por la ciudad... Espero encontrarlos.

La elfa desapareció al doblar una esquina. Isilya y Gwrindyon se afanaron en curar a los dos heridos. Walo se ofreció a ir en busca de alcohol para las heridas y (como no) para sus gargantas y tambien se marchó. Lassemaline y su mujer se marcharon acusando tener que hacer cosas.

Cuando por fin habían acabado de curar a Esdaleon y enumanus, oyeron un gran gritería de una multitud. Salieron fuera a comprovar qué ocurría.

Una gran cantidad de gente rodeaba a Tuilere, que llevaba los caballos sujetos por las riendas (los que había comprado y el de Imladris, que había encontrado suelto por la ciudad también). Frente a ella yacía muerta, con la espada de Tuilere clavada en el pecho, la mujer de Lassemalinë y a su lado se encontraban sus dos hijos decapitados.

- Yo no he sido...- lloriqueaba Tuilere. Pero la gente no la escuchaba y se acercaban peligrosamente.- Lo juro, yo no he sido... :'(

La elfa al verse complétamente rodeada cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar desconsoladamente.

- Yo no he sido, yo no he sido.- repetía. Un fuerte golpe en la cabeza le llegó antes de que nadie pudiera evitarlo. Luego otro y otro...


PD: Yo no he sido, os lo juro. Os recuerdo que mi espada no la tenía yo en mi poder, sino que estaba en la tienda de los orcos.

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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 9:58 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Minutos antes Lassemalinë volvia con su familia a su hogar despues de haber acompañado un trecho a Gwirdyon y compañia al establo.
- Disculpame querida pero tengo algo que hacer. Dijo Lassemalinë, parandose de repente.
- Donde vas? Preguntó su esposa desconfiada.
El elfo puso cara de preocupación.
-Debo cerciorarme que no volveran a atacarnos. - voy a hablar con la guardia de la ciudad.
La besó dulcemente en los labios y se agachó para abrazar a sus dos hijos.
- Ahora vuelvo, protejed a vuestra madre.
Acto seguido salió corriendo calle abajo hacía un de las entradas de la ciudad.
Dirina y sus hijos se disponían a seguir su camino cuando un elfo alto de cabellos negros que le caian sobre los hombros se le acercó.
-Disculpadme, quien he visto despidiendose de vos no estaba hace poco en compañia del grupo de la posada incendiada? Preguntó con interes.
-Sí, es mi esposo, Lassemalinë.
El elfo observó la calle vacía.
-Si no le importa tengo un objeto que les pertenece y me gustaria que vos se lo entregarais.
De entre los pliegues de su capa sacó la espada de Tuliere y se la mostró.
- Espero que tengan una gran sorpresa cuando la vean.
Los gritos duraron pocos segundos hasta que el extraño personaje salió corriendo del callejon perdiendose en la ciudad.

- Tuliere! gritó Imdralis.
La elfa venía corriendo perseguida por la multitud recibiendo en su magullado cuerpo más de una pedrada.
-Imdralis, ayudame!
Al llegar a su altura se colocó tras él y éste plantó cara a los perseguidores.
- Dejadla en paz, si ha robado algo lo devolverá y en paces.
-Es una asesina. Se oyó decir desde la multitud.
-Mentira, yo los encontré muertos.
A Tuilere le caian las lagrimas a borbotones mientras se abrazaba a Imdralis apartandose de las miradas de quien la acusaba.
- Dejadla! Se oyó una voz rasgada de dolor.
La multitud se giró y poco a poco fue abriendo camino a Lassemalinë, que con la cara descompuesta de dolor llevaba sobre su caballo los cadaveres mutilados de su familia.
Se detuvo ante la pareja. Imladris no salia de su asombro y Tuliere rompió a llorar más fuerte todavia.
-Yo no he sido Lasse.
El elfo no la miró, extendió la mano y le tendio su espada.
Tuilere dudó un instante pero al final la cogió.
-Yo no... Lassemalinë la interrumpió.
-No, tu no puedes haber sido. Puedes robar, engañar, jugar con los corazones de los hombres, pero matar mujeres y niños....
Lassemaliné bajó la cabeza y intentó aguantar sus lagrimas. Así sin mirar a nadie siguió caminando hacia su hogar donde daria el último adios a su familia.
- Lasse... Susurró Tuilere.
Un silencio sepulcral y hiriente se adueñó de la calle mientras poco a poco cabizbaja y ensombrecida, la multitud fue disolviendose.
Imdralis con Tuliere abrazada miró hacia el establo. Allí estaban Gwirdyon, Isilya, Walo y Esdaleon. Lo habian visto todo.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mar May 29, 2007 11:01 pm 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Jue Mar 08, 2007 10:53 pm
Mensajes: 98
Ubicación: Ya ni lo se
El grupo vio como Imdralis abrazaba protectoramente a Tuilere despues de que los aldeanos se fueran. La elfa no dejaba de llorar y repetia continuamente que ella no habia sido. El grupo se acercó a ellos dos a excepción de Enumanus que no podia andar

-Tranquila Tuilere, sabemos que tu no harias tal cosa -comenzó a decir Isilya para tranquilizarla- y ya has visto que la gente tambien se ha quedado conforme con la palabra de Lassemalinë, no tienes de que preocuparte, sin embargo ahora se nos presenta otro problema, alguien intenta acabar de nosotros aunque de una forma más sutil que el simple ataque de un ejercito orco.

Todos de miraron con cara de preocupación, todo a su alrdedor parecia estar en contra del grupo y estaban bajo un constante peligro, en las ultimas horas habian intentado atacarles de diversas formas: primero el ataque del ejercito orco, posteriormente el incendio a la posada, y ahora esa especie de conspiracion contra un miembro del grupo

-¿Quien se ha podido encargar de utilizar la espada de Tuilere para acabar personalmente a unos inocentes? -preguntó Gwirdyon- sin duda nuestro enemigo conoce a Tuilere y las personas de su alrededor, pero lo más preocupante es que su arma se quedó en el campamento orco...
-Si conoce a Tuilere... ¿estamos hablando de un traidor? -preguntó Esdaleon.
-No, no puede haber sido nadie del grupo, estabamos todos juntos...
-¿Pero quien ha podido intentar atentar contra mi? -gritó Tuilere entre sollozos- no tiene sentido, ¿que quieren conseguir con eso?

-Walo no estaba cuando sucedió el asesinato -dijo Enumanus desde donde estaba- dijo que iba a por alcohol, pero yo no he visto que haya vuelto con él.
-Por que cuando oi el griterio de la gente volví a ver que sucedia -replicó Walo muy nervioso
-No digas tonterias -le gritó Esdaleon a Enumanus- Walo no es un traidor, jamas haria eso, ademas...
-¡Callaos! -chilló Gwirdyon- Enumanus te pediria que no nos dijeras tus deducciones, pues desconoces mucho sobre nosotros.
-Yo solo digo lo que creo más razonable
-Debemos abandonar esta ciudad cuanto antes, no solo la estamos poniendo en peligro, si no que parece que el enemigo lo tiene más facil para atacarnos -continuo diciendo la semielfa- el peligro no esta dentro del grupo, si no fuera de él, intentemos no separarnos para evitar más problemas, los aldeanos ya no nos quieren en la ciudad asi que hemos de partir cuanto antes.



El grupo se metió en la cuadra, donde Isilya intentaba curar a Esdaleon y Enumanus como podia. Todos estaban muy preocupados y callados, pensando en sus problemas, parecia que de un momento a otro les volverian a atacar, y esta vez no estaban en condiciones para afrontarlo

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NotaPublicado: Mié May 30, 2007 12:48 am 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Mientras fuera de la cuadra el sol apuntaba al mediodía, dentro los siete compañeros seguían silenciosos, preocupados y lo que es peor: sin un plan inmediato.
Aunque todos intentaban descansar, en la medida de lo posible, ninguno lo conseguía. Ni siquiera Walo, que era de sueño fácil, pudo dormir; Estaba apoyado en la pared junto a Gwirdyon repasando los terribles sucesos que habían ocurrido; sin duda serían difíciles de olvidar.
En el lado opuesto, estaba Imdralis sentado. Abrazaba a Tuliere, que tenía la cabeza hundida en su regazo. El caballero le acariciaba con ternura sus cabellos castaños y le susurraba al oído palabras de aliento.

Isilya se ocupaba de los dos enfermos; A Esdaleon le desinfectó el hombro con un líquido de color oscuro y después le vendó la zona.

- Suerte que al menos ha sido el hombro izquierdo. Bueno ya está, ahora intenta tenerlo en reposo en la medida de lo posible, pronto se te pasará el dolor- le dijo.
Esdaleon sonrió a la elfa; en realidad estaba tan preocupado que el hombro ni siquiera le dolía.
- La que debe reposar eres tú, Isil. No has dormido en toda la noche y tus ojeras dan miedo- dicho esto el guerrero se levantó y se sentó junto a Gwirdyon.


La semielfa había sacado el mapa y lo ojeaba nerviosa.
- Tranquila Gwird, debemos mantener la cabeza fría y buscar la ruta que menos imagine el enemigo.- le intentó consolar Esdaleon.
- Sí, lo se, pero ahora mismo estoy bloqueada; ¡todos los caminos me parecen tan obvios! Suerte que al menos tenemos caballos.- La semielfa dio un suspiro y apoyó la cabeza contra la pared. Esdaleon le tomó la mano y se la apretó fuerte.
- Mientras yo siga vivo todo saldrá bien; tú confía en mí.

Entretanto, Isilya se ocupaba de Enumanus; tenía la tibia rota y la elfa le puso algo parecido a una escayola. También le hizo tomar un calmante a base de hierbas para paliar el intenso dolor y que poco a poco le comenzaba a hacer efecto.
- Te lo agradezco de verdad- murmuró Enumanus.
- Oye, ¿Ya no vas a venir con nosotros?- le susurró Isilya algo decepcionada.

Enumanus no contestó. Desde luego lo de su pierna había sido un imprevisto y suponía un obstáculo para sus planes. Realmente no sabía qué hacer.
La elfa no insistió. Cerró un instante los ojos y todo su cuerpo pareció agradecérselo. El cansancio le venció por fin y se dejó caer sobre el hombro de Enumanus quedándose dormida.

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NotaPublicado: Mié May 30, 2007 5:18 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Enumanus, recostado contra la pared miraba a Imdralis y Tuilere. La elfa se había quedado dormida en el regazo del caballero, que seguía mesando sus cabellos una y otra vez a modo de terapia relajante. La pierna rota de Enumanus había reducido considerablemente su tamaño y no le infligía tanto dolor como horas antes.

Siguió observando y miró a Isilya, que también se había quedado dormida apoyada en su hombro. Hacía mucho tiempo que nadie mostraba estar tan confiado con él, y sintió un escalofrío ante esa repentina sensación. La miró con detenimiento, y le pareció la elfa más bella que había visto jamás. Recordó los cuidados con que había curado su pierna y algo en su interior se revolvió. También hacía mucho tiempo que nadie le trataba con cariño. Más bien estaba acostumbrado a los golpes y las malas maneras. La suavidad y dulzura de la elfa de cabellos negros le habían llevado a pensar en la peregrina idea de que quizá él también podría tener la oportunidad de disfrutar de sensaciones que siempre había creído vetadas para un monstruo como el que él se consideraba a sí mismo. Pero, no, cuando Isilya conociera al verdadero Enumanus le odiaría como todos con quienes se había encontrado a lo largo de su horrible vida. Cerró los ojos como si así quisiera acabar con sus pensamientos y los volvió a abrir.

Su mirada se centró en Esdaleon. Estaba sentado frente a él, con el torso desnudo para facilitar el vendaje del hombro, y aprovechaba los escasos momentos de tranquilidad para dormitar y recuperar fuerzas. Enumanus pensó que en otras condiciones hubiera sido una buena oportunidad para acabar con él, pero ahora su pierna no le permitía levantarse, y aunque el medioelfo no pudiera defenderse como antes, seguro que se despertaba antes de que él se pusiera en pie. Luego miró a Gwirdyon, dormida también, con la cabeza apoyada en el hombro derecho de Esdaleon y el mapa entre las manos. Enumanus giró la cabeza noventa grados y se encontró a Walo en un rincón, hecho un ovillo profundamente dormido. Por unos segundos le envidió. Él no era capaz de dormir con esa tranquilidad, pues continuamente las pesadillas acudían a su mente. Luego recordó que años antes había conocido a Walo en otras circunstancias muy diferentes. ¡Qué extraño que el viejo no se acordara de aquéllo!

Enumanus cerró los ojos por unos instantes y sintió cómo el silencio le acariciaba las sienes y le proporcionaba unos momentos de relax. Sí, realmente hacía tiempo que no se sentía así de vivo. Cuando volvió a abrir los ojos se asustó, pues se encontró el rostro demacrado de Lassemalinë a un palmo de su cara.


- Acabo de dar sepultura a mi mujer y mis dos hijos, uno de ellos recién nacido. - A la voz de Lassemalinë todos despertaron y se incorporaron rápidamente.- He visto mucha gente extraña por los alrededores y temo que la masacre continúe. Tenéis que iros de aquí.
- Lasse... - Dijo Tuilere con un hilo de voz.- Ven con nosotros, estarás más seguro.
Imdralis miró a Lassemalinë con recelo. Le había costado mucho esfuerzo que Tuilere acabara en sus brazos y no estaba dispuesto a dar a Lasse una oportunidad de reconquistarla. El elfo se dio cuenta y los miró con tristeza.
- Gracias Tuilere, en estos momentos mi corazón está tan roto como mi vida. Lo único que le daba sentido a mis días ha desaparecido. Ya no tengo nada por lo que luchar. -Respondió Lassemalinë con lágrimas en los ojos.
- Entonces lucha por una buena causa. - Participó Gwirdyon.- Eres un buen arquero, y tu familia merecen que vengues sus muertes. Ven con nosotros. No te podemos ofrecer ningún tipo de seguridad, pues ya ves que las desgracias nos persiguen, ni un motivo por el que seguir viviendo, pero sí te podemos ofrecer una causa justa por la que morir.

Isilya miró a la semielfa con sorpresa. ¿De qué diantres estaba hablando? Enumanus también le miró sorprendido. Tserleg le encargó que retrasara al grupo, pero aún no sabía qué se traían entre manos y parecía ser que Gwirdyon tenía la respuesta.

- Aunque mi corazón teme que tu cercanía a mi amada Tuilere suponga su lejanía de mi lado, mi deber como guerrero y mi lealtad a mi rey, y por tanto a mi señora Gwirdyon, me obligan a aceptar tu compañía en este grupo, y a ofrecer todo lo que esté en mi mano para ayudarte, como tu hiciste en su día con nosotros. - Contestó también Imdralis. Esdaleon le miró con respeto e hizo un gesto de aprobación con la cabeza.
- Supongo que ya no hay nada que me ate a estas tierras, y os vendrá bien un guía para salir de aquí. - Lassemalinë esbozó una tímida sonrisa cargada de dolor. - Os acompañaré. Id preparando a los caballos, yo iré a por todas las provisiones que pueda recoger.
Todos se dispusieron a salir del establo, Tuilere se dirigió hacia los caballos. Lassemalinë se dirigió discretamente hacia Imdralis y le puso una mano en el hombro para que le atendiera.

- Realmente la quieres, eres capaz de dejarme el camino libre si crees que eso puede hacerla feliz. -Lassemalinë ofreció su mano a Imdralis.- Puedes estar tranquilo por mi parte. El recuerdo de mi familia es difícil de olvidar, y su muerte ha hecho que la sensatez entre en mi cabeza de una vez. Espero que alguna vez ella sea capaz de responder de igual manera a la devoción que tú le tienes, pero no te hagas muchas ilusiones, es una cabeza loca.

Dicho esto, Lassemalinë se fue a por provisiones. Los demás revisaron sus armas y se prepararon para partir.

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NotaPublicado: Mié May 30, 2007 5:38 pm 
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Imladris se acercó a Tuilere y la vió poniéndole las riendas a un caballo especialmente hermoso que no paraba de encabritarse. Sorprendido lo miró y exclamó:

- Pero si es mi caballo!

- Lo encontré en la ciudad...- dijo pasandole las riendas la elfa. Enumanus miró de reojo.

Tuilere Montó a Noche por primera vez y le dio unas palmadas en el cuello.

- Bien pequeña... bien...- le susurró al oido. Volvió a desmontar y bajó la cabeza de su nueva yegua.- Pequeña, que bonita que eres...- susurró. Rebuscó algo en su bolsillo.- Tengo algo para tí.- Le dijo y sacó una aguja fina de metal.- Tranquila, no te va a doler.- dijo cuando Noche se sacudió un poco al ver el metal.- Cogó la oreja de la yegua y la perforó, luego se quitó uno de sus aros y se lo puso al animal.- Ya está, ya vamos a juego.- Sacó de un bolsillo de su bolso un terrón de azucar y se lo dió a la yegua mientras la palmeaba.- Bien... muy bien pequeña. A partir de hoy solo me harás caso a mi y a nadie más.

La yegua bufó como si lo hubiese entendido y besuqueó la cara de la elfa.

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NotaPublicado: Jue May 31, 2007 1:12 pm 
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Despertó.
Estaba tumbado en el suelo boca abajo, una gruesas y maloliente pasta de color oscuro le cubría parte de su espalda. El escozor era insoportable.
Quiso moverse pero una punzada de dolor le recorrió todo el cuerpo.
-No te muevas, - dijo Tserleg - acaban de coserte la herida.
Enumanus cerró los ojos intentando recordar lo que le había ocurrido. La voz del medio Uruk-hai volvió a oirse, esta vez con un tono mas solemne.
-Mañana buscarás a quien te hizo esto y le matarás.
Tserleg observó el suelo, el rastro de sangre que iba de la entrada hasta enumanus empezaba a secarse.
-Recuerda – dijo – bajo la sombra de Sauron no hay sitio para el honor. Aquí reina el miedo y la fuerza. Trolls, orcos, trasgos, uruk-hais…, no esperes de ellos mas que odio y desprecio. Eres un humano siervo de Mordor, si quieres sobrevivir deberás ser más cruel y despiadado que quienes te rodean.
Caminó hasta la salida de la tienda y se volvió antes de irse.
-No olvides nunca lo que te he dicho. Ahora descansa.
Enumanus abrió los ojos, estiró su brazo con una mueca de dolor y agarró su espada, se la trajo junto a él y se durmió.

Al dia siguiente en el campamento, un grupo de orcos desayunaba alegremente alrededor de una hoguera, hablaban y reian cuando la mayoría cayó al ver quien se acercaba.
Tserleg se paró ante ellos y los miró seriamente.
-El humano aún vive – dijo.
El orco más corpulento se adelanto apartando a los demás.
-Que importa, tarde o temprano tendrá lo que se merece.
En ese momento una flecha se le clavó en la pierna derecha haciendolo caer de rodillas. Todos se volvieron para ver en la lejanía, entre las tiendas, hogueras y demás orcos, la figura de Enumanus que encorvado de dolor se dirigía hacia ellos.
Se apartaron, Enumanus tensó otra flecha y sintió como se le abría la herida, disparó.
El orco había conseguido levantarse ayudandose de su espada, cuando recibió el impacto en la otra pierna, se tambaleó y con un grito blandio su espada ante él.
Enumanus volvió a disparar, esta vez el blando fue el hombro derecho del orco. Su espalda no paraba de sangrar y empezaba amarearse. Se detuvo a escasos metros apoyándose en su arco, cogió aliento.
-Vamos, escoria humana te estoy esperando. Gritó el orco levantando los brazos.
Enumanus lo miró, empezó a notar como le temblaban las piernas, se pasó la mano por encima de su trasero y la sacó empapada en sangre. Dio un par de pasos con el arco como bastón, Tserleg no se había movido de donde estaba y lo miró espectante.
Soltó el arco y se irguió a la vez que sacaba su espada, entonces con un grito inacabable corrió derecho al orco que no se esperaba la embestida.
No hubo tiempo para la espadas, los dos cuerpos chocaron y cayeron uno al lado del otro, el orco reia burlandose, hasta que sintió la hoja del cuchillo de Enumanus en la garganta. Tosio escupiendo sangre y intentó agarrar al humano con sus manos. No consiguió más que le acabara de cortar el pescuezo como quien decapita a una gallina.
Allí sentado sobre el orco todos le miraron, la herida de la espalda se le había abierto completamente y la carne desnuda y ensangrentada latía al mismo compas que su respiración.
-Muere cobarde. – se oyó decirse a si mismo.

Enumanus despertó, Isilya y los demás estaban cargando los caballos para partir. Esdaleon vio que se había despertado.
- Gwirdyon, que hacemos con él. –preguntó.

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NotaPublicado: Vie Jun 01, 2007 12:17 am 
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- ¡Al fin despiertas! vamos espabila que estamos a punto de partir- dijo Isilya cogiendole del brazo para levantarlo.
- Basta, basta yo puedo solo- gruñó Enumanus que no quería parecer una carga.
- ¿Al final vienes?- preguntó Walo, aunque en el fondo le trajera sin cuidado.

Enumanus no contestó; miró a Gwirdyon y Esdaleon que le miraban de forma hostil, mientras hablaban en voz baja.
Isilya se percató de la situación y se puso nerviosa ante la posibilidad partir sin Enumanus, dejándole tirado en Isengard expuesto al enemigo.
La elfa se acercó a Gwirdyon, la cogió del brazo y la alejó unos metros ddel grupo.


- Gwirdyon, ¿qué pensáis hacer con él?

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Última edición por Isilya el Vie Jun 01, 2007 12:51 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Jun 01, 2007 1:04 am 
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Ante la pregunta de Isilya a Gwirdyon le vinieron a la cabeza unas cuantas respuestas, pero no se decantó por ninguna. Miró a Enumanus sentado en el suelo, con la pierna cubierta con esa pasta que la elfa curandera le había colocado para mantenerla inmóvil, y dudó de que fuera tan peligroso como lo había considerado hasta el momento. Enumanus le miró a los ojos y luego bajó la mirada.

- No podemos dejarle aquí. Estoy segura de que puede defenderse solo aún con la pierna rota, y que los orcos no suponen ninguna amenaza para él, pero aún así, no pienso abandonarle. -Contestó Gwirdyon a Isilya.- Pero sigo sin fiarme de él.

Isilya hizo un mohín ante el último comentario de la semielfa, pues ella cada vez confiaba más en Enumanus y la contínua falta de confianza de Gwirdyon hacia el herido y hacia ella misma estaban haciendo mella en su autoestima.

- ¿Es que no confías nunca en nadie? - Le preguntó Isilya a gritos, pues Gwyrdion ya se habia alejado unos metros. La semielfa se volvió muy seria y se acercó a la elfa.
- Si, una vez confié. Puse mi vida en manos de quien no debía y casi me costó morir. No sólo perdí un brazo, sino la confianza en todo ser viviente. Los elfos hicieron lo que pudieron para curar mi brazo, pero mi alma está rota y no tiene amalgama que la cure. -Gwirdyon miró a Isilya fijamente. - No quiero volver a exponerme. Y más aún sabiendo que Enumanus ha estado relacionado con Tserleg.
- ¿entonces, por qué quieres llevarlo con nosotros? -Preguntó isilya desconcertada.
- Porque cuanto más cerca esté de nosotros mejor le podré vigilar. -Contestó la semielfa
- Entiendo, lo mismo que hiciste conmigo no? - Le inquirió la elfa.
- Sí, y así tuviste oportunidad de demostrarme que yo estaba equivocada. -Isilya bajó la mirada uno segundos, luego levantó la cabeza de nuevo y sonrió.
- Bien, su pierna no le impedirá montar a caballo. -Isilya se dirigió hacia el resto del grupo y cogió su caballo por las riendas. Gwirdyon hizo lo mismo.

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NotaPublicado: Vie Jun 01, 2007 12:53 pm 
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Esdaleon, que había escuchado la conversación entre las dos chicas, se mostró conforme con la decisión; sabía que era mejor tenerlo en el grupo y no perderle de vista. Se acercó a Enumanus y le ayudó a subirse al caballo.
El humano por su parte no dijo nada. Sabía que Gwirdyon y Esdaleon no le quitarían el ojo de encima pero al menos estaba en el grupo, tal como él se había propuesto.


- Bien, ¿Estamos todos listos?- preguntó Imdralis.

Todos asintieron, e inmediatamente se pusieron en marcha. Lassemalinë miró hacia atrás y observó la aldea por última vez, “Adiós Isengard, adiós para siempre” susurró con tristeza.

- Y bien ¿Qué disparatado camino tomaremos?- preguntó Walo irónico.
- Cabalgaremos hacia el Oeste bordeando las montañas Blancas hasta llegar a Helm- dijo Esdaleon mirando al horizonte- es necesario llegar pronto a las montañas; allí nos será más fácil escondernos.-
- ¿Ese es el camino más seguro?- preguntó Tuliere.
- Ningún camino lo es, incluso quizás tengamos que modificar nuestra ruta cada dos por tres para despistar al enemigo- contestó Gwirdyon.
- Sugiero que cabalguemos por el Folde Oeste hasta habernos alejado lo suficiente de Isengard, y después giremos al sur hacia las Montañas- aportó Lassemalinë que conocía bien las tierras de alrededor- si todo va bien este trayecto no debe llevarnos más de un día-
- Pues no se hable más, ¡En marcha!- ordenó Esdaleon.

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NotaPublicado: Vie Jun 01, 2007 12:53 pm 
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Faltaban pocas horas para amanecer cuando se dirigian a caballo hacia la salida de Isengard.
Las calles vacías de la ciudad aun reflejaban la lucha contra los orcos y notaban aunque no podian verlos, como desde las ventanas, ojos indiscretos observaban con alivio su marcha.
- Pasará un tiempo hasta que volvamos a ser bienvenidos - susurró Imdralis mirando a Tuliere que montaba a su lado.
Esta asintió con la cabeza y frenó a su caballo hasta colocarse entre Imdralis y Isilya que iba delante de Enumanus.
Lassemalinë encabezaba el grupo junto con Gwirdyon a la vez que Esdaleon lo cerraba por detras con Walo.
Así la compañia abandonó Isengard mientras los rayos del Sol aparecían por el este.

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NotaPublicado: Vie Jun 01, 2007 3:24 pm 
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Apenas habían cabalgado una hora cuando ya no se veía Isengard. Se dirigían hacia el folde oeste, como había propuesto Esdaleon.

- Qué paisaje tan bonito, - exclamó Tuilere acariciendo la crin de Noche.- Hacía días que no viajábamos por una zona tan hermosa.
- El Folde Oeste es imprevisible. -Contestó Lassemalinë.- Abarca desde el río Isen hasta la frontera occidental del Folde.
- Y tan imprevisible, cerca de aquí se dio lugar la batalla del Abismo de Helm, no es así? - Preguntó Isilya.
- Así es, - Respondió Imdralis, - Te refieres a la batalla de Cuernavilla. En la que los rohirrim, aprovechando el Abismo de Helm como fuerte defensivo y bajo las órdenes del Rey Théoden derrotaron a las fuerzas de Saruman. De poco le sirvieron los Uruk-Hai contra los guerreros a caballo.
- Pues no le servirían de mucho, - dijo Gwirdyon,- pero sentó las bases de una nueva especie de guerreros. Porque Tserleg era medio Uruk-Hai medio humano. Y esa bestia que os atacó en Isengard, sólo Eru sabe lo que era, y puede que ni él.
Callaron durante unos minutos y siguieron cabalgando. Pero en seguida volvieron a romper el silencio.
- Y, ¿quién manda en esta zona? -Preguntó Tuilere, con curiosidad.
- Pues el Mariscal de la Marca Oeste. -Contestó Lassemalinë.
- ¿Y cómo se llama? Es por saberlo, por si tenemos que pedirle ayuda. -Participó Gwirdyon.
- Su nombre es Erkenbrand-contestó Lassemalinë.- es un Hombre de Rohan, señor del Folde Oeste y de Cuernavilla, afamado guerrero.
- ¿Qué hizo para ser tan afamado? - Preguntó Esdaleon.
- Pues, -contestó Lasse -comandó los ejércitos de Rohan en la Segunda Batalla de los Vados del Isen. Reagrupó a sus fuerzas después de la batalla y retornó al Abismo de Helm a tiempo de completar la derrota de las huestes de Saruman en la Batalla de Cuernavilla. Tras el funeral de Théoden, cuando Éomer reorganizó el reino, fue nombrado Mariscal de la Marca Oeste.
- Caray, qué lección de historia. - Dijo Walo y bostezó. -Supongo que no tendremos que cabalgar por esas montañas de ahí, ¿verdad?
- Esas montañas son las Ered Nimrais, también conocidas como Montañas Blancas, y si queremos llegar Minas Tirith tendremos que seguirlas, al menos durante parte del trayecto.
- Entonces, -dijo Esdaleon, - ¿esas montañas ya no pertenecen al reino de Rohán?
- Efectivamente, esta cadena montañosa pertenece a Gondor. Y sirve de frontera entre los dos reinos. - Explicó Lasse.- De hecho, durante la tercera edad, estas montañas se convirtieron en lugar de emplazamiento de varios refugios de los Rohirrim y de los Hombres de Gondor.
- ¿Fue en estas montañas en las que el rey Elessar invocó a los espectros, no es así? -Preguntó expectante Tuilere.
- Así es, pues los Senderos de los Muertos atraviesan estas montañas.- Contestó una vez más Lasse. Tuilere hizo un gesto de repugnancia.- No temas, aquella deuda ya quedó saldada y los muertos están donde tienen que estar.

Siguieron cabalgando un rato más. De repente Esdaleon dio un grito y estuvo a punto de perder el equilibrio sobre el caballo. Todos pararon inmediatamente. Walo, que estaba a su lado, lo sujetaba con una mano como podía mientras hacía lo imposible por sostenerse a sí mismo. Isilya dio la vuelta con su corcel y se acercó hasta Esdaleon, que se retorcía de dolor. Enumanus se quedó junto con Lassemalinë e Imdralis en la cabeza de la compañía. Tuilere y Gwirdyon también se acercaron para ver qué ocurría. Cuando llegaron estas dos últimas Walo e Isilya habían ayudado a Esdaleon a bajar del caballo y lo habían sentado en el suelo e Isilya le estaba retirando el vendaje para comprobar el estado de la herida.
- ¿Qué te ocurre? - Le preguntó Tuilere.- Creí que tu herida estaba curando bien.
- Y así era. -Contestó Isilya.- La infección había remitido y no había calentura. No entiendo esta reacción. De repente su hombro se ha vuelto a inflamar y le arde esa zona.
Gwirdyon acercó su mano al lugar de la herida y Esdaleon hizo una mueca de dolor. Gwirdyon la retiró y la acercó a la cara del herido y le acarició.
- Pobre Esdaleon, has estado haciéndote el valiente para que yo no me preocupara, y resulta que estás mucho peor de lo que todos creíamos. Debemos encontrar algo que te cure. -concluyó Gwirdyon. Miró a Isilya y le preguntó.- ¿qué necesita?
Isilya se encogió de hombros. No tenía idea de qué le ocurría al guerrero. Tuilere abandonó el lugar y volvió al lado de su caballo y de Imdralis. Isilya también se acercó hasta su caballo para buscar su bolsa de medicinas. Gwirdyon se arrodilló al lado de Esdaleon para poder ver más de cerca la herida infectada. Por debajo de la morena piel vió como si algo se moviera torpemente.
- ¡Ven Isilya, creo que he visto algo! -Gritó Gwirdyon.
Isilya cogió su bolsa y corrió al lado de la semielfa. Se arrodilló y miró al punto del hombro que Gwirdyon le señalaba.
- Por Eru, pensé que esto no era más que una leyenda. Así que existen de verdad. -Levantó la cabeza y miró a Esdaleon con cara de preocupación. - Esdal, esto sí que te va a doler de verdad. ¡Walo, tráeme una botella de alcohol! No, si al final tendré que ir yo a buscarla.

Isilya se levantó y se dirigió hacia Tuilere. Gwirdyon se quedó pendiente de Esdaleon. Le acarició el pelo para relajarlo y le hizo mimos para consolarle, pues el dolor del hombro se le hacía insoportable. Esdaleon le miraba con angustia, pero no se quejaba. Él era un macho, no temía a nada, y mucho menos al dolor, aunque los mimos de una mano femenina siempre eran bien recibidos. Isilya volvió con una botella de alcohol entre las manos. Le dió de beber un buen trago a Esdaleon y esperó unos segundos a que hiciera efecto. Entonces de dentro de su bota sacó un cuchillo corvo y bien afilado. Gwirdyon la miró asustada.

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NotaPublicado: Vie Jun 01, 2007 5:29 pm 
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Isilya cortó la carne de Esdaleon y algo asomó del agujero. TUilere que estaba demaciado cerca recibió un escupitajod e sangre del "animal". Un hedor indescriptible provenía de la herida. La elfa se desmayó de la impreción.

CUando despertó, la operación de esdaleon había acabado y este se encontraba reposando sobre unas mantas, completamente dormido. Las vendas estaban manchadas en sangre, pero parecía que pronto se curaría. Grwindyon estaba sentada a su lado sugetandole la mano cariñosamente e Isilya había encerrado en una botella vacía de wisky la criatura que antes habitaba el cuerpo de Esdaleon.

Walo vomitaba sin parar en un rincón murmurando cosas como ""Qué asco", "nunca había visto algo tan..." y "a quien se lo cuente, no se lo cree"... Imladris se encontraba cocinando con ayuda de Lassemalinë y Enumanus no estaba a la vista.

Tuilere se incorporó y se acercó a Isilya.

- Qué es eso que le sacastes?- preguntó todavía un poco mareada.

- Luego os lo explico, cuando Esdaleon se encuentre mejor.

TUilere miró alrededor y preguntó:

- Por sierto, donde está Enumanus?

- Lo mandé a buscar agua.- contestó Isilya.- La herida habrá que lavarla en cuanto llegue.

- ah...

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NotaPublicado: Dom Jun 03, 2007 3:08 am 
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Imdralis y Lassemalinë habían terminado prácticamente de asar un conejo que habían cazado por el camino y se acercaban al grupo. Enumanus seguía sin aparecer.

- Isilya, ¿cómo se te ocurrió mandar a Enumanus a por agua? Apenas puede sostenerse en pie. -Le recriminó Gwirdyon.- Aunque use ese palo como bastón no es suficiente para aguantar su peso. Será mejor que alguien vaya a buscarle.
- Iré yo.- Se ofreció Imdralis. Cogió su arco y su espada y se dirigió al camino que había tomado Enumanus.

Isilya se acercó a Esdaleon y le puso la mano en la frente para comprobar que la fiebre iba remitiendo. Tuilere se había acercado a Lassemalinë y le ayudaba a despedazar el conejo asado. Gwirdyon y Walo miraban el bicho que estaba encerrado en la botella de whisky y que antes había estado en el interior del brazo de Esdaleon.

- ¿Qué crees que es esto? - Preguntó la semielfa al anciano.
- Un gusano gordo. Podríamos asarlo también. -Contestó Walo. Gwirdyon le miró con cara de repugnancia. Luego se levantó y llevó el bote con el bicho hasta donde estaba Isilya.
- oye, no nos has explicado qué es esto. -Inquirió Gwirdyon con la botella en la mano.
- Eso, ¿qué es lo que estaba metido en mi hombro? -preguntó Esdaleon despertándose poco a poco. Gwirdyon le acarició la cara y sonrió. Tuilere también le acaricio el pelo e Isilya comprobó el estado de su herida. Luego tomó la botella de wisky en sus manos y miró detenidamente al bicho.
- En una ocasión, escuché decir a un Dunledino que cierta tribu de la zona del Rhûn utilizaba larvas de una especie antropófaga. Las colocaban en las puntas de las flechas y cuando llegaban a su objetivo y no le mataban en el acto, sabían que tarde o temprano termnaría cayendo. Las puntas de flecha se introducen en la carne y las larvas se sueltan y crecen en el interior del humano. Se alimentan por un tiempo de la carne que tienen a su alrededor, unas semanas o así, hasta que deciden incrustarse en su sistema nervioso y acabar con el anfitrión. Por suerte a este lo hemos cogido a tiempo. ¡qué feo es! -Isilya lo apartó de su vista. Walo se apartó de la vista de Isilya. Gwirdyon apartó la vista del bicho y miró a Esdaleon.- Así que cuando le dispararon en la posada de Isengard, alguien usó esa técnica. Vaya, nuestro enemigo es cada vez más sofisticado.

- Vamos, que ese bicho era peor que tú. -Dijo Gwirdyon riéndose. Esdaleon sonrió sin muchas ganas y volvió a cerrar los ojos.
- Será mejor dejarle descansar. Dentro de un rato estará recuperado del todo.- Apuntó Isilya. Gwirdyon colocó bien la manta sobre Esdaleon para que no cogiera frío y lo miró con ternura. Su vulnerabilidad le hacía más humano.

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NotaPublicado: Dom Jun 03, 2007 7:48 pm 
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Tuliere observó a Imladris como se marchaba en busca de Enumanus, despues de lo ocurrido en Isengard había estado muy pendiente de ella pues la muerte de la familia de Lassemalinë la había afectado demasiado.
Le siguió con la mirada hasta que desapareció entre los árboles.
- Qué esperas de él? - dijo Lassemalinë a sus espaldas.
Se volvió pero no se atrevió a mirarle a los ojos.
- No has de sentirte culpable de nada. Lo nuestro no tenia razón de ser, lo sabes. - el elfo le puso la mano tendida bajo su barbilla y se la levantó dulcemente.
Ella le miró, aún tenía en su recuerdo lo acontecido el dia anterior y los ojos le brillaban a punto de estallar en lágrimas.
Le abrazó.
-Oh! Lasse cuanto lo siento... - Lassemalinë apretó los dientes.
- Les encontraremos Tuliere, y cuando lo hagamos les haremos pagar caro lo que hicieron.
Se separaron mirandose como quien se hace un juramento el uno al otro.
- Sí, es verdad alguien va a pagar por todo el mal que te han hecho. - contestó Tuliere.
Salió corriendo en busca de su caballo y de un salto lo montó.
- Que haces! estas loca.
- Tu los has dicho, no yo - espoleó a su caballo y salió al galope mientras todos la llamaban.
- Tuliere! - gritaron.
La elfa se perdió en el horizonte.
- Me vengaré. - se oyó mientras desaparecía.

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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2007 12:45 am 
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Lassemalinë se llevó las manos a la cabeza y cayó de rodillas en el suelo, abatido por la rabia y la tristeza.
Walo y Esdaleon que estaban sentados uno al lado del otro, observaban estupefactos como se alejaba Tuliere. Sencillamente no se podían creer que su compañera de fatigas se marchaba, quizá para siempre.


- Volverá ¿verdad?, ¿eh Lasse?- preguntó Walo algo nervioso, temiéndose la respuesta.
- No lo creo, Walo- contestó Lassemalinë cabizbajo, las lágrimas le rodaban por las mejillas.- la conozco bien y se lo cabezona que es-
- ¡Pero ella sola no tiene nada que hacer!- exclamó Isilya consternada – Gwirdyon ¿iremos a buscarla?
- Me temo que no podemos hacer nada Isilya, - contestó la semielfa con voz queda- ha sido su decisión y aunque quisiéramos quizás no conseguiríamos alcanzarla, eso y además del peligro al que nos expondríamos-

Gwirdyon intentaba permanecer entera, pero sus ojos vidriosos le traicionaban. Nunca quiso involucrar a nadie en la misión; intentó evitar por todos los medios que personas ajenas a su cometido se pusiesen en peligro, pero no lo había logrado. Primero, la familia de Lassemalinë, y ahora Tuliere, que cabalgaba hacia su perdición.
La semielfa se sentó en una roca y hundió su cabeza entre las rodillas. Isilya se acercó y le puso la mano en el hombro.
Un melancólico silencio se apoderó de los cinco, roto solamente por el silbido del viento, que soplaba del este. En el cielo se acumulaban cada vez más nubes traídas por la ventisca, y el sol se había ocultado tras ellas hacía rato.




- Ya estamos aquí.

Todos levantaron la cabeza sobresaltados. Habían permanecido poco más de media hora completamente mudos, pensativos, ajenos al paso del tiempo. Imdralis y Enumanus estaban de vuelta, éste último portando un pequeño recipiente con agua.

- ¿Qué os pasa? Parece que hayáis visto a un espectro- preguntó el humano estupefacto
- ¿Dónde está Tuliere?- preguntó Imdralis casi a la vez.

Todos bajaron la cabeza, excepto Lassemalinë, que le miró a los ojos completamente afligido.

- He dicho que donde está Tuliere- repitió algo nervioso.

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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2007 5:34 pm 
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- Olvidalo, se ha ido a vengar a la familia de Lassemaline.- Contestó Esdal impasible.
Lasse que seguía absorto ante lo sucedido cogio sus cosas una a una despacito pensando en lo ocurrido, ensilló a su caballo y lo montó.
- Me voy con ella, no puedo permitir que lleve ella a cabo mi propia venganza sola.- Dijo Lassemaline mirando al grupo desde su caballo.
Todos se quedaron calados mirándole sin saber que decirle hasta que Esdaleon rompió el silencio haciendo un pequeño esfuerzo para levantarse que se reflejó en su rostro.
- Date prisa elfo, ya sabes por donde se ha ido, cuando termineis con lo vuestro no tardeis en enviarnos noticias.-
- Yo también voy.- Dijo Imdralis preparando corriendo sus cosas cuando Esdaleon le agarró con fuerza del brazo.
- Tu te quedas con nosotros, Tuilere se ha ido sin siquiera despedirse de ti, lo cual quiere decir que estar con tigo no es su prioridad, además, necesito tu ayuda para defender al grupo hasta que se me cure el hombro.
Imdralis se quedó callado mirando al suelo, Lasse salió a galope sobre su caballo, el grupo quedó en silencio hasta que desapareció en el horizonte, entonces Imdralis cayó de rodllas al suelo maldiciendo y tratando de disimular las lágrimas.
- De la derrota se aprende mucho joven caballero.- Dijo Esdal y le dejó solo para que Isilya se acercara a ayudarle.
- Comenzamos a tenerlo muy mal.- Dijo Gwirdyon acercándose a Esdal.
- Tenemos que partir ya mismo de nuevo, la herida queme atravesaba el hombro se ha cerrado, en dos días estaré como nuevo.
Esdal montó sobre su caballo y habló con voz imponente para que todos le oigan.
- Hoy hemos perdido casi un dia entero de viaje asique nos toca correr, Imdralis, deja de llorar, hay montones de mujeres en este mundo, ya encontrarás la tuya, Gwirdyon guianos.

La brisa acaricia las ramas de los árboles tocándo una melancólica melodía iluminada por los tímidos rayos de sol que escapan de la barrera de nubes que oculta el cielo azul, Isengard a la espalda, en frente las montañas, un grupo de de cinco miembros apenados por la pérdida sew dirigen a la dentada sierra de montañas que se imponen como orgullosos guerreros en medio del camino a los que debes derrotar si quieres pasar, el tamborileo de los casco de los caballos denuncia su prisa, cada vez queda menos tiempo, y una nube oscura les persigue de cerca sin que ni siquiera ellos lo sepan.

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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2007 10:12 pm 
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Todos estaban montados en sus caballos, el sol les daba en la cara y nadie queria decir las palabras de despedida. Walo estaba triste, y sobre todo, preocupado: Lassemaline les abandonaba, tenia una razón justificada, pero la ida de Tuilere no la veia razonable, sin duda habia sido una decisión producida por su espiritu impulsivo, por que ella bien sabia la importancia de la misión, y sin embargo les habia dejado para vengar a un viejo amigo.
Isilya lloraba por la perdida de su amiga, pues habia sido la persona en la que se habia apoyado en todo momento, e Imdralis estaba tan apenado que tenia la cabeza agachada, y sentia más rabia que otra cosa


-Amigos -comenzó a decir Lassemaline- no dire que conoceros me haya resultado gratificante, pues facilmente os podria culpar de la muerte de mi familia, sin embargo comprendo la importancia de vuestra misión y de veras querria ayudaros en vuestra empresa, pues en cierto modo seria como vengar a mi familia, pero la partida de Tuilere me obliga a no dejar que cargue ella sola con la culpa, espero que lo entendais.
Esdaleon situó su caballo al lado del suyo y le posó la mano sobre el hombro del elfo
-Ve Lassemaline, entendemos tu marcha, haz lo que creas correcto, pues nadie aqui tiene derecho a retenerte ni ha hacerte cambiar de idea, sigue a Tuilere y cuida de ella, podria hacer alguna insensatez.
El elfo hizo un gesto de despedida a todos, tiró de las riendas del caballó y cabalgó en persecución de la elfa.
Tras un breve silencio, alguien habló

-Esto no me gusta, no me gusta nada -dijo Walo tristemente- Dos heridos, dos se van... ¿y si el enemigo les coje? seria peligroso, podria decirles por donde vamos.
-Deberia preocuparte el riesgo que corren -le recriminó Gwirdyon, a lo que Walo cayó dandose cuenta de su falta de tacto.
-Bueno, dejemos de perder el tiempo, -Intervino Esdaleon- quienes nos han abandonado no querian retrasar nuestra marcha, asi que lo mejor será continuar. Deberemos darnos prisa, pues el enemigo seguro que no se ha parado para descansar, ni para despedirse de quienes les dejan. asi que ¡andando! -Gritó.


El grupo comenzó a marchar, llendo más deprisa que de costumbre, pues sentian miedo de un ataque e intentaban alejarse lo más posible del enemigo, incluso cuando calló la noche siguieron cabalgando hasta bien entrada la noche, no pararon hasta que Enumanus les dijo que la oscuridad hacia demasiado dificil la marcha, y ademas el trote del caballo le estaba produciendo terribles dolores en la pierna, y aunque Esdaleon no dijo nada, el tambien sentia el hombro muy dolorido asi que se detuvieron.
Walo bajó del caballo malamente debido al sueño que tenia y se tiró en el suelo quedandose dormido sin importarle lo que hicieran sus compañeros, sin embargo para el fue como un parpadeo, pues alguien le despertó diciendole que debia hacer la guardia

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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2007 11:29 pm 
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- Qué fastidio -se quejó Walo- apenas me habéis dejado dormir.
- Lo siento amigo pero es tu turno, después tienes que despertar a Gwirdyon.- le contestó Isilya bostezando.

Isilya se hizo un ovillo y se quedó encogida intentandose proteger del viento con su capa.

- ¿Cuándo es mi turno?- le susurró Enumanus que estaba tendido a su lado.
- bueno... tú no vas a hacer guardia, de momento- le contestó la elfa en voz baja.

La elfa se sintió incómoda, pues ésa había sido decisión de Esdaleon y Giwirdyon, no suya.

- No os fiais de mí ¿verdad? Menudo viaje más hostil me queda- Enumanus se mostró molesto.
- No te lo tomes así, dales tiempo a que te cojan confianza. Además conmigo sí puedes contar; yo no te tengo ningún recelo sino más bien al contrario, me pareces un hombre muy valiente, aunque enigmático, pero eso te hace encantador- Isilya se mordió la lengua un poco avergonzada. Era inusual en ella esa conducta atrevida y un tanto descarada.

- Vaya, pues tu actitud hacia mí me parece aun más sorprendente- replicó el humano aparentando indiferencia.
- Bueno, no se que clase de vida tan solitaria habrás llevado para que te extrañe tanto que alguien te coja cariño. Solo quería ser tu amiga, hala ya está, buenas noches- la elfa se tumbó boca arriba tapándose la cabeza con la capa


Enumanus se quedó mirándola; el último gesto de Isilya había sido de lo más infantil pero le había hecho gracia. Desde luego que no estaba acostumbrado a que alguien le regalara su amistad y su cariño de esa manera y sin hacerle preguntas.
Se recostó y cerró los ojos, quedándose pronto dormido.


El viejo, ajeno a la conversación, vigilaba apoyado en el tronco de un fresno mirando a la nada y parpadeando como un búho.
El cielo estaba completamente nublado privándoles de la escasa luz de luna. Además era difícil distinguir algún sonido cercano pues el fuerte viento, que no había parado de soplar en todo el día, se llevaba cualquier indicio de sonido sospechoso.
Walo levantó la cabeza y distinguió a Aurë, la lechuza de Isilya, entre las ramas.

- Si tan lista eres podrías hacer guardia tú, bola de plumas- murmuró en voz baja, y siguió mirando en la oscuridad.

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Última edición por Isilya el Lun Jun 04, 2007 11:34 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2007 11:31 pm 
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La Luna asomó por entre las nubes iluminando el improvisado campamento.
Enumanus los observó con interés.
- Por qué confiará en mi? se preguntó mirando a Isilya.
Empezaba a lamentarse de las ultimas decisiones que había tomado.
Entrar en la posada en busca de Esdaleon, no regresar a Bree cuando tuvo oportunidad de hacerlo, aceptar el encargo de Tserleg, no matarlo esa misma noche...
Poco a poco iba dandole vueltas a sus pensamientos hasta que se quedó dormido.

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Última edición por enumanus el Mar Jun 05, 2007 12:05 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2007 11:47 pm 
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NotaPublicado: Mar Jun 05, 2007 11:56 pm 
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Aurë ululó y Walo se despertó de repente. Se había dormido durante su guardia. Miró a todos los lados para ver si alguien se había dado cuenta y vio que todos dormían plácidamente. Ni siquiera Esdaleon se había inmutado con el sonido de la lechuza, pues las medicinas que Isilya le proporcionaba para calmar el dolor de la herida le provocaban un efecto somnífero. Walo escuchó cómo algo se arrastraba por el suelo cerca de él. Se levantó de un salto y corrió hasta acurrucarse al lado de Esdaleon. Éste se despertó porque Walo no midió bien la distancia y acabó encima de él.

- Pero Walo, ¿qué haces? -Susurró Esdaleon al viejo.- Me has dado un susto de muerte
- Oí un ruido, como un siseo. -Se justificó el viejo. - Me asustó. Ya sabes que no estoy para estos trotes. Voy a despertar ya a la elfa pelirroja y que siga ella con la guardia.

Ni corto ni perezoso, que ya era raro esto último, Walo se puso en pie con dificultad y se acercó a despertar a Gwirdyon. Cuando iba a colocar su mano sobre le hombro de la semielfa, ésta abrió los ojos y le agarró de la muñeca. El viejo se asustó y lanzó un grito que despertó al resto. Esdaleon se tapo la cabeza con la manta. Isilya se levantó de un salto arco en mano e Imdralis hizo lo mismo pero con la espada. Enumanus miró a todos y luego volvió a dormirse.

- Walo, ¿es que quieres matarme de un susto? -Le recriminó Gwirdyon. - Duérmete de una vez y deja de hacer ruidos.

El viejo se acostó de mala gana y se durmió en segundos. La noche transcurrió tranquila y sin más sobresaltos. Por la mañana siguiente el sol estaba despuntando entre las nubes y las montañas Blancas se veía en toda su majestuosidad. Recogieron el campamento y prepararon los caballos. les esperaba otro día de camino por el folde oeste hasta llegar al río. Por ahora no había rastros de su enemigo, pero la tranquilidad de la mañana les hizo sospechar que aquello no duraría mucho.

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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2007 12:36 pm 
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Emprendieron la marcha en silencio, aunque habían descansado toda la noche, aún no se habían recuperado de la cabalgata del dia anterior.
Imdralis se adelantó para explorar el camino, Gwirdyon y Walo encabezaban el grupo seguidos de Isilya y Enumanus, detras de éstos iba vigilante Esdaleon.
- Como fue? - se atrevió a decir Isilya.
- Qué? - Enumanus la miró distraido.
- Sí, bueno - dudó la elfa - dijiste que habías sido esclavo de Tserleg y..., no es por interrogarte ni nada, ya me entiendes. A veces es bueno explicar las cosas, ya sabes... - Isilya lo miró espectante.
- Duro, fue duro.
- Y como... - Enumanus la interumpió.
- Me gusta tu pelo - sonrió - y tu arco, los arcos son mi especialidad. me dejas verlo? - Tendió la mano hacía ella y esta sin saber que decir se lo entregó.
Con un rápido gesto sacó una flecha de su carcaj y la apuntó.
- Enumanus! - gritó Esdaleon a la vez que espoleaba su caballo poniendose entre los dos.
El humano bajó el arco sonriendo y se lo devolvió a Isilya.
- Solo lo estaba probando. - dijo.
Esdaleon lo miró furioso.
- Otra broma como esta y te juro que te dejamos en el camino atado a un árbol, no me fio de ti Enumanus. - Replicó mientras frenaba a su caballo para volver a su sitio.
El humano lo miró con ironía - no te fias? si hubiera querido ya estarias muerto - pensó.
Isilya lo miraba con descofianza, a que venía ese gesto. se preguntaba.
- Tienes que destensar un poco el cordel, tu brazo trabaja demasiado cuando apuntas, perderás potencia pero ganarás en rapidez y puntería.
La elfa observó su arco con curiosidad y despues a Enumanus.
- Gracias por tu consejo, en cuanto pueda lo haré.
En aquel instante regresaba Imdralis de su inspección, el grupo se detuvo a su paso.
- Orcos - dijo - hay pisadas de orcos más adelante, puede que sean entre 20 y 30. Un grupo numeroso.
Gwirdyon pareció decepcionada.
- Los tenemos delante y no sabemos quien, o cuantos pueden seguirnos.
El grupo permaneció en silencio.
- Que hacemos? preguntó Isilya.
- Saben hacia donde vamos y nos estan esperando - Enumanus se acercó a Gwirdyon - el enemigo sabe más sobre tu mision que algunos de nosotros.
- Tú no has de saber nada! - Interrumpió Esdaleon.
Imdralis dandose cuenta de que la cosa podia ir a peor se interpuso entre los dos.
- No es hora de pelearnos - dijo - los orcos no entraran mucho más en el Folde Oeste, aunque sean tiempos de paz, los Rohirrim siguen patrullando y si es anosotros a quienes buscan no pueden arriesgarse a luchar contra los hombres de Rohan.
- Que quieres decir - preguntó Walo.
- Lo más seguro es que cuando encuentren un buen lugar para emboscarnos lo harán, tal vez lo hayan encontrado ya.
- Además como tambien nos siguen... - dedujo Isilya - estamos entre dos fuegos.
Todos se miraron preguntándose que hacer.

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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2007 6:06 pm 
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El sol brillaba alto sobre sus cabezas, y una incómoda tranquilidad reinaba en el ambiente.

- Lo que está claro es que quedarnos aquí parados no nos ayuda en absoluto- dijo Esdaleon impacientándose- sigamos por donde sea pero hagámoslo rápido.
- Tampoco es que tengamos muchas opciones- replicó Enumanus.
- Bueno a ver, estamos al pie de las montañas, y tal como pintan las cosas lo mejor será partir hacia el Abismo de Helm; es el único lugar seguro del que estamos más cerca- aportó Gwirdyon señalando el mapa que había sacado.

Todos miraron el mapa con interés; no parecía estar muy lejos. Imdralis puso su dedo sobre él, señalando el punto en el que se encontraban, y comenzó a moverlo mientras hablaba:

- El Abismo de Helm se encuentra encastrado en el fondo de una garganta rodeado de altos riscos. Para llegar a la entrada de dicha garganta tenemos que desviarnos a la derecha y seguir el curso de este río, la Corriente del Bajo como lo llaman aquí. Él nos llevará directamente a la fortaleza.
- ¿Y a qué distancia estamos de la entrada de ese desfiladero?- preguntó Isilya.
- Mmmm no lo se con exactitud, pero si galopamos rápido podríamos alcanzar la montaña antes de que el sol se esconda- contestó Imdralis.
- El problema es que no podremos ser tan rápidos como quisiéramos; seis caballos veloces galopando juntos me parece llamar demasiado la atención, aunque los orcos sean de oído torpe. Tendremos que ir con cautela – aportó Gwirdyon.
- Pero no demasiada, que no hay que olvidar que el peligro también lo tenemos detrás de nosotros.- dijo Esdaleon suspirando- en fin, no hablemos más, sigamos.

Los seis compañeros reanudaron la marcha. Las faldas de las montañas estaban cada vez más cerca. A su derecha fluía el riachuelo y a ambos lados del camino crecían grandes sauces y abedules; la tarde se presentaba aparentemente tranquila.
Marchaban a trote ligero, con cuidado de no armar demasiado alboroto. Pero al cabo de una media hora, se relajaron, pues el peligro no parecía tan inminente. No obstante, Imdralis marchaba vigilante a la cabeza del grupo; pero los demás detrás de él, comenzaron a charlar alegremente.


- Que pena visitar Rohan en estas circunstancias, me perece un reino precioso y con un pasado honorable- dijo Gwirdyon nostálgica.
Hacía mucho tiempo que la semielfa no vivía serena, disfrutando de las pequeñas cosas de la vida. Deseó por un momento que la misión no existiera, que nadie los persiguiera, y que todo aquello no fuera más que una feliz excursión entre amigos.
- Yo estoy deseando ver el Abismo de Helm- continuó Isilya- tiene que ser impresionante.
- Con que tengan una taberna pequeñita me conformo- añadió Walo- y comida también, que parece que aquí nadie se acuerda de comer.
- No podemos detenernos Walo, lo siento- dijo Esdaleon- Yo también estoy deseando llegar.
- ¿Y tú Enumanus? ¿Tselerg te llevó alguna vez de excursión al Abismo?- preguntó Isilya burlona, vengándose por el incidente del arco.
- Muy graciosa - respondió éste con fastidio.

-¡Eh! Parad- siseó Imdralis dirigiéndose hacia ellos- ¡escuchad! Alguien viene hacia aquí, he oído pasos, lejos, por delante de nosotros-

El grupo se detuvo en seco y afinó el oído.

- ¡Cierto, alguien viene!- exclamó Isilya.
- ¿Qué hacemos? – preguntó Walo nervioso.
- Salgamos del camino y ocultémonos en la maleza- dijo Gwirdyon bajándose del caballo.
- ¿Y los caballos? ¿Cómo vamos a ocultarlos?- preguntó Imdralis.
- Bueno, si nos ocultamos bien entre los árboles y rezamos para que ningún caballo relinche todo irá bien.- respondió Esdaleon.

Ninguno quedó muy convencido con la idea, pero no tenían otra alternativa; se adentraron rápidamente a la izquierda, entre los sauces, y caminaron tierra adentro hasta perder de vista el camino. Entonces se detuvieron.

- Bien, uno o dos de nosotros, debería volver y vigilar- propuso Esdaleon.
- De acuerdo - contestó Gwirdyon- ¿Quién va?

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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2007 9:10 pm 
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- No será necesario movernos - dijo Isilya.
Sobre ella revoloteo Aurë hasta posarse sobre su hombro izquierdo, entonces acercó lentamente sus labios a la lechuza y le susurró algo imperceptible. A instante el ave alzó el vuelo hacía el camino.
- Podemos fiarnos de ese pájaro? preguntó Walo.
- Su nombre es Aurë, y se merece un respeto, su ayuda nos será beneficiosa, si alguien se acerca sabremos de quien se trata.
Aguardaron en silencio la llegada de Aurë, Walo sujetaba los caballos escepto el de Enumanus que montado en él observaba el camino con dificultad.
- Si hemos de salir corriendo prefiero estar a caballo, con esta pierna no iria muy lejos - dijo como explicación.
Esdaleon y Imdralis se habian adelantado un par de metros y ocultos entre la maleza esperaban blandiendo sus espadas.
Gwirdion y Isilya esperaban recostadas en el tronco de un árbol.
- Todavía no confias en él? - dijo Isilya señalando con la mirada a Enumanus.
- No lo se, aún hay muchas preguntas por responder - miró a la elfa - en ti tampoco confio. - dijo con una pequeña sonrisa.
- Lo se, debe ser muy importante lo que debes de llevar a cabo para tener que ser tan precabida. - contestó Isilya.
Esdaleon las vio juntas y se preguntó de que estarían hablando, luego observó a Enumanus que sobre su caballo intentaba sin conseguirlo poder ver algo.
- Silencio, callaros! - dijo Imdralis medio en susurro.
Tras ellos en el sentido contrario del camino se oian el rumor de la maleza como se movía.
Apenas tuvieron tiempo de reaccionar, pues estaban atentos al camino y no a sus espaldas.
Tres enormes orcos aparecieron de repente con sus negras espadas arrollandolo todo.
El caballo de Enumanus se encabritó lanzandolo por los suelos para salir a galope en direccion al camino, no sinantes llevarse por delante a Walo que soltó las riendas de los demas caballos que empezaron a moverse de un lado para otro entorpeciendo la carga de los orcos.
- Gwirdon -gritó Esdaleon mientras corria hacia ella - aquí.
Un orco se plantó ante las dos mujeres y levantó su arma, para acabar cayendo de rodillas atravesado por la espada del medioelfo.
- Vienen más por el camino! gritó Imdralis.
Media docena de orcos se acercaban corriendo hacia ellos, el más rezagado llevaba colgando de la mano una red con Aurë en su interior.
Mientras Gwirdyon y Isilya asestaban un golpe mortal al segundo de los orcos cada una con su espada.
- Rendios! - se oyó - el tercer orco había agarrado a Enumanus por el cuello con su antebrazo y lo apretaba sobre su pecho ahogándolo.
- Hay que largarse, - gritó Imdralis sin darse cuenta de la situación en que se encontraban - vienen todavia más.

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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2007 11:23 pm 
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En un momento el grupo se vio rodeado por una veintena de orcos, Imdralis, Isilya, Gwirdyon y Esdal formaron un círculo en cuyo centro estaba Walo acurrucado bocabajo con las manos sobre la cabeza.
- Rendios.- Repitió el orco que tenía prisionero a Enumanus.- O me cargo a vuestro amigo.
- Matalo, me da igual, no me voy a rendir ante un atajo de inútiles.- Contestó Esdal friamente empuñando la espada larga con la mano derecha ya que el brazo izquierdo no lo tenía para peripecias.
El orco levantó su espada contra el peño de Enumanus enfurecido cuando una de las flechas de Isilya le atravesó el craneo, momentyo que Enumanus aprovechó para liberarse de su agresor y arrastrarse hasta su arco. En un momento el círculo se deshizo y todos comenzaron a luchar desesperadamente en tan desigual combate.
Gwirdyon se lanzó a por uno que le lanzó un corte lateral que ella esquivó agachándose y aprovechando para atravesarle el pecho, y antes de darse cuenta ya estaba luchando contra otros dos mientras que Enumanus e Isilya desde el centro respaldaba a todo el grupo lanzando una lluvia de flechas contra todo lo que se movía.
Esdal junto con Imdralis se lanzó a la zona que más enemigos albergaba, comenzaron a luchar y a bañar sus espadas de sangre, Esdal derribó a tres en un momento y contó con el apoyo de Imdralis cuando se vio rodeado. En uno de los enfrentamientos dio con el orco que tenía a la laechuza de Isilya cuya red cortó lebarndo al rapaz que fue directo a sacarle los ojos con las garras a su secuestrador, pero todabía quedaban más orcos.
Enumanus e Iislya hicieron un buen trabajo apoyando a los demás, gracias a Eru no se les empezaron a agotar las flechas hasta que los orcos comenzaron a huir, fue una pelea larga y agotadora, pero ninguno resultó herido a excepció de Imdralis que recibió un pequeño corte en el pecho pero no tenía muy mal aspecto por suerte. Una vez se fueron todos los orcos Isilya y Enumanus se pusieron a recuperar sus flechas y los demás aprovecharon para darse un suspiro.
- ¿Estais todos bien?.- Preguntó Esdaleon limpiando su espada, y ante las respuesta afirmativa de los demás siguió hablando.- Será mejor que vayamos a por los caballos, no andarán muy lejos

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NotaPublicado: Jue Jun 07, 2007 12:52 pm 
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Ubicación: Girona
Enumanus se quedó por un momento solo mientras los demás traian los caballos. Cojeando de orco en orco iba arrancando las flechas con cuidado de no romperlas.
- Vaya, vaya - se dijo.
Uno de los orcos que yacía en el suelo, aunque herido de muerte aún estaba vivo. Se arrodilló a su lado y miró a su alrededor.Estaba solo.
- Que buscais? - preguntó en la lengua negra de Mordor.
El orco abrió los ojos sorprendido.
- Contesta inútil! - lo zarandeó y un hilo de oscura sangre apareció por su boca.
- La semielfa...., el pergamino no debe llegar... - los ojos del orco advirtieron a Enumanus que alguien se acercaba.
-Contesta! cuantos soys! - preguntó el humano esta vez en lengua común.
Walo y Esdaleon volvían con tres caballos, y vieron a Enumanus gritando al orco.
- Maldito seas - siguió gritando y sacando su cuchillo lo degolló.
Isilya y Imdralis aparecieron corriendo.
- Que ocurre? preguntó la elfa.
- Bah! Nada - dijo Esdaleon en tono despectivo - Enumanus quería interrogar a uno que quedaba vivo y no a conseguido sacarle ni una palabra.
- Aquí está el resto de los caballos - Gwirdyon apareció de repente y viendo la cara de sus compañeros intuyó que ocurría algo, miró a Esdaleon que ya montaba.
- Me he perdido alguna cosa? le preguntó.
Enumanus estaba de pie mirandola con curiosidad, se le acercó mientras los demás subían a sus caballos.
- Intenté sacarle información - dijo señalando al orco degollado - peró no funcionó.
Gwirdyon miró al orco mientras Isilya se acercó sobre su caballo, le tendió las riendas de los dos que llevaba amablemente a la semielfa.
- Ten Gwirdyon, mejor que nos vayamos lo antes posible.

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NotaPublicado: Jue Jun 07, 2007 2:28 pm 
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- Gracias Isilya. -Respondío la semielfa.

Gwirdyon tomó las riendas que le tendía Isilya y miró de reojo a Enumanus. Montó en su caballo y esperó a que todos estuvieran preparados para reiniciar la marcha. Imdralis junto con Isilya iban en cabeza, Enumanus, que ya podía subir al caballo sin ayuda, iba detrás y cerraban el grupo Walo y Esdaleon. Gwirdyon se acercó a Enumanus y cuando estuvo a su altura le preguntó en un tono violento:

- ¿Que crees que estás haciendo? Sé que hablas la lengua de los orcos. Tserleg hablaba contigo en esa lengua. Puede que tú no lo recuerdes, pero a mí no se me olvida. -Gwirdyon le miró amenazadormente.- ¿qué te dijo el orco antes de que llegáramos?

Enumanus la miró y sonrió con desdén.
- Nada, se murió antes de que pudiera hablar. Ya sabes, orco bueno, orco muerto.
- No juegues conmigo. A Esdaleon le podrás engañar. Incluso a Isilya le puedes hacer creer que eres incluso bueno, pero a mí no. Debí acabar contigo cuando eras un niño y Tserleg te adiestraba. - Enumanus la miró con ojos sorprendidos. Gwirdyon le devolvió la mirada y sonrió.- Quién sabe, quizás ahora me sirvas de utilidad.

Y dicho esto se colocó detrás del caballo del Enumanus.

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NotaPublicado: Jue Jun 07, 2007 4:23 pm 
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- Ahora que hemos acabado con unos cuantos orcos, debemos aprovechar para apresurarnos y alcanzar cuanto antes el Abismo de Helm.- dijo Imdralis.

Todos estuvieron de acuerdo y se apresuraron.
Enumanus se había quedado pensativo con las palabras de la semielfa. ¿Qué había querido decir con “serle de utilidad”? También recordó las últimas palabras del orco, e intentó atar cabos en su mente.


¡Eh!! ¡Enumanus!- le llamó Isilya- No has oído a Imdralis, no te quedes quieto como un pasmarote ¡que nos vamos!
El humano reaccionó y azuzó su caballo poniéndose a la altura del resto. Isilya se acercó un momento a él con ganas de charla.
- Que susto he pasado, pobre Aurë. Me siento culpable por haberla mandado a vigilar el camino- se lamentó la elfa.
- Bueno, al final hemos escapado bien, incluida tu lechuza- respondió Enumanus, sin prestarle demasiada atención, pues aún le daba vueltas a las palabras del orco.
- Ya, bueno, y también me preocupé por ti –continuó Isilya intentando captar la atención del humano- cuando el orco te atrapó ¡creí que acabaría contigo!
Enumanus la miró serio, - no es tan fácil matarme.- respondió a secas.
- Vale, vale don valiente, pero no estés tan tenso - le dijo Isilya sonriendo - anda verás cuando lleguemos al Abismo; allí podremos descansar y relajarnos-

Dicho esto la elfa volvió a la cabeza del grupo, junto a Imdralis.
- Ya nos hemos incorporado al camino- exclamó Esdaleon- deprisa no hay tiempo que perder.
Todos espolearon sus caballos y comenzaron a galopar veloces.


Al cabo de una hora y media sin descanso, el camino describió una curva cerrada y al tomarla, Imdralis e Isilya frenaron en seco, haciendo al los demás parar también.
Delante de ellos la montaña formaba un estrecho y profundo cañón; era la entrada al Abismo de Helm.


- ¡Al fin hemos llegado!- exclamó Walo contento- ¿dónde está el castillo ese o como se llame?
- No, Walo, aún no hemos llegado –dijo Gwirdyon- Este es el desfiladero que lleva a la fortaleza, pero aún queda un poquito más.

El viejo miró a la semielfa decepcionado; tenía una sed tremenda.
Los seis compañeros se adentraron despacio entre la montaña. Las paredes de ésta eran completamente verticales y escarpadas, y a esa hora de la tarde la luz iluminaba cada vez menos aquel lugar.


- Imdralis, ¿crees que llegaremos a Cuernavilla antes del anochecer?- preguntó Esdaleon.
- Pues no lo creo -contestó este- podemos hacer dos cosas; o pasar la noche aquí en el desfiladero, o cabalgar hasta llegar a la fortaleza, aunque sea de madrugada.
- Yo no quiero dormir otra vez en el suelo- se quejó Walo.
- Pero cabalgar de noche tampoco es seguro- respondió Gwirdyon, tanteando la situación.
- ¿y te parece seguro dormir aquí, entre esta ratonera?- replicó Enumanus.

Gwirdyon le lanzó una mirada desafiante.
Esdaleon miró a Gwirdyon y la notó incómoda, al parecer por la presencia de Enumanus.


- Bueno, de todas formas aún no ha anochecido- dijo, intentando poner paz- podemos seguir hasta que caiga la noche, y entonces decidiremos qué hacer.

Gwirdyon y Esdaleon intercambiaron una mirada de complicidad y éste le sonrió. Los demás se mostraron de acuerdo con la decisión.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Jue Jun 07, 2007 11:16 pm 
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En el cielo la Luna presidia el silencioso tintineo de las estrellas.
El grupo había continuado el camino mientras oscurecia hasta encontrar un estrecho sendero rodeado de grandes rocas que acababa en una pequeña esplanada a pie de las escarpadas paredes.
-Aquí acamparemos - dijo Esdaleon - hay una sola entrada y será facil de guardar.
Empezaron a descargar los caballos, Walo se separó del grupo y empezó a recoger las pocas ramas que conseguía ver en el suelo.
- Nada de fuego Walo, esta noche debemos estar más ocultos y vigilantes que nunca. - Gwirdyon miró a Enumanus que ya se habia sentado recostando su espalda en la pared. Parecia distraido mientras retocaba una y otra vez su arco.
- Pareces nervioso - dijo Isilya sentandose a su lado.
Enumanus dejó el arco en el suelo y la miró con cara de preocupación.
- Te acuerdas de lo que me dijiste esta mañana? lo de explicar las cosas para que no te quemen por dentro o algo asi? - hablaba en voz baja como si no quisiera que los demás le escucharan.
Isilya asintió con la cabeza, tenía la impresion de que iba a enterarse de algo que no le iba a gustar en absoluto.
Enumanus la miró en silencio como buscando las palabras adecuadas, entonces alguien los llamó.
- He vosotros! No os creais que vais a salvaros de hacer guardia - gritó Walo con los brazos en jarras - Primero yo y Esdaleon, despues Isilya y Gwirdyon y la última Imdralis y Enumanus, que os parece?
- No - dijo Gwirdyon - la primera la haré yo con Enumanus.
Todos la miraron sorprendidos, el humano bajó la cabeza y resopló. Isilya al ver su reacción puso la mano sobre su pierna casi sin darse cuenta.
- Que ocurre entre tú y Gwirdyon? - preguntó preocupada.
Enumanus levantó la cabeza quedandose mirando el cielo.
- Esta noche puede que lo sepa. contestó.
- Bueno - se oyó otra vez a Walo - pues la segunda guardia para mi y Esdaleon, la tercera, los que quedan.
- Venga a dormir - dijo Esdaleon sin dejar de mirar a Gwirdyon.
- Que debe estar tramando? se preguntó mientras se tumbaba en el suelo junto a Walo.

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NotaPublicado: Vie Jun 08, 2007 2:16 pm 
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Tal como habían acordado, Enumanus y Gwirdyon se dispusieron para comenzar la primera guardia. Esdaleon se acercó a la semielfa y la apartó un poco del humano.

- ¿Qué estás tramando? -Le preguntó el caballero agarrándola del brazo.
- Suéltame. -La semielfa le esquivó bruscamente.- No estoy tramando nada. Vete a descansar.
- No. No podré pegar ojo pensando que estás a solas con la persona en la que menos confías del grupo. Estaré echado, pero con un ojo abierto por si acaso.
Gwirdyon se dio media vuelta. Isilya miró a Enumanus y le sonrió. Enumanus le devolvió la mirada pero no la sonrisa. Walo ya estaba durmiendo. Imdralis daba vueltas de aquí para allá muy nervioso.
- ¿Ocurre algo, Imdralis? -Le preguntó Enumanus.
- No lo sé, tengo el presentimiento de que algo o alguien nos vigila.
- Será Aurë. -Contestó Isilya riéndose. La lechuza ululó al escuchar su nombre. Imdralis se quedó un poco más tranquilo y se recostó al lado entre Esdaleon y Walo. Enumanus apoyó su espalda en un árbol y se echó mano a la pierna. Le dolía. Gwirdyon se acercó sigilosamente y se plantó delante de él.
-
-Sha! Snaga! -Dijo la semielfa en voz baja pero lo suficientemente alta como para que el humano lo oyera. Enumanus levantó la cabeza asustado y echó la mano a su espada. Gwirdyon paró su mano antes de que pudiera desenvainar.
- Tranquilo, veo que vas haciendo memoria. ¿No es así como te llamaba Tserleg cuando eras niño?
- Sí. Le gustaba llamarme esclavo en la lengua oscura. - Contestó Enumanus sin mirarle a los ojos.
- A mí también me llamó así durante un tiempo. - Confesó Gwirdyon.- Pero no me trató tan bien como a tí. Yo nunca fui nada más para él que un ratoncito con el que divertirse mientras le arrrancaba la piel. ¿Quieres ver mis cicatrices?
Enumanus la miró a los ojos y sonrió irónicamente.
- Vaya, al final me vas a dar pena. No, guárdalas para tí. O mejor, enséñaselas a Esdaleon, que seguro que le hace ilusión verlas.
Gwirdyon se sentó al lado de Enumanus y sacó una daga que tenía guardada en la bota, se la ajustó en el cinturón sin que lo viera el humano. No volvieron a decir nada en un buen rato. Aurë ululó de nuevo y los dos se sobresaltaron.
- ¡Maldito pajarraco! -Enumanus preparó su arco para disparar a la lechuza.
- ¿Y luego qué le dirás a Isilya para consolarla? ¿que se te escapó la flecha? - Dijo Gwirdyon en tono irónico para provocar a Enumanus. El humano bajó el arco y guardó la flecha. Resopló y se volvió a recostar.
- ¿Por qué vamos a Minas Tirith? -Preguntó finalmente a la semielfa.
- No te incumbe. Pregúntale a tus amigos los orcos por qué nos persiguen y ellos te darán la respuesta a las dos preguntas. - Contestó Gwirdyon.- Eso sí, procura que no te vuelva a ver hablando con ningún orco, porque entonces yo misma te rebanaré el pescuezo.
Enumanus se rió. Miró a la semielfa e hizo un gesto despectivo.
- Sha, dug - dijo Enumanus en lengua negra. Gwirdyon ni siquiera se volvió para mirarlo.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Jun 09, 2007 9:24 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Jun 08, 2007 11:33 pm 
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La observó de reojo, estaba sentada practicamente a su lado mirando concentrada al frente como si pudiera atravesar la pared de roca con sus ojos.
Enumanus se sentía incómodo, no le gustaba que le amenazaran y menos aún que intentaran utilizarle. Gwirdyon era astuta e intel.ligente, creia tener todas las piezas y al ir encajandolas iba haciendose una idea de como reaccionar ante las diferentes situaciones en que se encontraba.
Observó a los demás, Walo y Imdralis dormían a piena suelta, Esdaleon e Isilya al menos lo parecía. Cada uno tenía sus diferentes motivos para no estarlo. La desconfianza, la curiosidad, el miedo...
Se levantó despacio colgandose el carcaj a la espalda y agarrando su arco.
- Donde crees que vas? - preguntó Gwirdyon con insolencia.
Enumanus se agachó hasta tener su cara frente a la de la semielfa.
- Por qué no me lo preguntas en la lengua oscura? - contestó en un susurro.
La sonrió y se alejó de ella en silencio.
- Espera! casi gritó Gwirdyon mientras se levantaba.
Enumanus no le hizo caso, atravesó la esplanada iluminado bajo la Luna hasta llegar a los caballos.
La semielfa lo alcanzó cuando estaba ensillando el suyo.
- No voy a dejar que te vayas - le dijo, a la vez que le puso la punta de su daga en su espalda a la altura de los riñones - deja la silla en el suelo.
Enumanus no se movió, miró hacia el grupo que aparentemente dormia y le pareció ver como se movian los bultos de Esdaleon y Isilya.
- Solo voy a decirtelo una vez - susurró sin darse la vuelta - a tus espaldas arriba a la izquierda, entre las rocas hay alguien armado con un arco. Vi el destello de la punta de su flecha a la luz de la Luna cuando me levanté.
La presión de la daga en la espalda del humano cedió levemente.
- Deja de pincharme y metete entre los caballos, despacio, como si hablaras conmigo - Enumanus siguió atando su silla - y no mires hacia arrriba.
Gwirdyon no sabía que hacer, si lo obedecía y era falso tendría el camino libre para escapar, si no alguien del grupo sería blanco de las flechas del enemigo.
Bajó la daga, se acercó lentamente al caballo de Enumanus y lo rodeó hasta desaparecer entre los demás.
- No te muevas! - le dijo a la semielfa que apenas podía verse entre los animales.
Enumanus retrocedió lentamente llevándose su caballo por las riendas, se volvió bajo la mirada entre sorprendida y desconfiada de Gwirdyon y empezó a caminar hacia la salida del campamento como quien hubiera decidido abandonar el grupo.
Bajó la cabeza mirando de reojo el lugar donde creia haber visto el arquero, Gwirdyon no sabía que hacer, acaso la estaban engañando?.
Cuando ya se acercaba al comienzo del sendero, Esdaleon saltó como un rayo para plantarse ante él espada en mano.
- Donde crees que vas traidor? dijo amenazante.
Enumanus se detuvo - vaya espectaculo que le estaban ofreciendo a quien les acechaba - pensó.
- Dos veces me han llamado traidor desde que estoy con vosotros, ya va siendo hora de que os haga tragar esa palabra - soltó al caballo dejando caer su arco y su carcaj, para sacar su espada frente al semielfo.
- Ja! Te llamaré traidor tantas veces como sea necesario - fanfarroneo Esdaleon.
Los demas se habian despertado para ver como poco a poco los dos adversarios se iban acercando al centro de la esplanada enfrentando sus espadas.
Imladris, Walo y Isilya se levantaron y corrieron hacia ellos para pararse ante un gesto de los dos. La cosa iba en serio.
Imdralis miró a Isilya.
- Donde está Gwirdyon? - le preguntó.

La semielfa, aprovechando la distraccion, se habia escurrido entre las sombras y saliendo del sendero, espada en mano escaló la roca escarpada por donde Enumanus creyó ver al arquero.

No tardó en localizarlo entre un saliente que daba a la esplanada, estaba acurrucado observando como Enumanus y Esdaleon luchaban entre ellos a golpes de espada.
Se acercó despacio hasta tenerlo a su alcance.
Abajo, Enumanus en el suelo intentaba esquivar rodando los ataques del semielfo que había conseguido derribarlo.
- Ahora vas ha decirnos todo lo que sabes - dijo Esdaleon poniendo la punta de su espada frente el gaznate del humano.
Un grito hizo volverse de repente a los contendientes, un orco caia desde lo alto de la pared en donde Gwirdyon saludaba a sus compañeros.
- Lo maté Enumanus! gritó.
Esdaleon se volvió hacia el humano que sentado en el suelo, se acariciaba la pierna con una mueca de dolor en la cara.
- Me ayudas a levantarme? - dijo tendiendole la mano a Esdaleon.

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NotaPublicado: Sab Jun 09, 2007 10:24 am 
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Esdaleon miró dudoso la mano que le tendía Enumanus. Dudó durante unos segundos. El humano seguía sentado en el suelo, desarmado. Finalmente Esdaleon lo agarró de la muñeca y le ayudó a incorporarse. Al poner los dos pies en el suelo Enumanus soltó una mueca de dolor, pues la pierna empezaba a dolerle cada vez más, pero no dijo nada. Se apoyó en la pierna sana y se agachó para recoger su arco y su carcaj. Entonces perdio el equilibrio y cayó al suelo lastimándose la cara.

- Pero, ¿qué te ocurre? -Preguntó Isilya preocupada.
- La pierna. La he forzado mucho últimamente y ya apenas puedo apoyarme en ella. - Dijo mientras usaba su arco a modo de cayado.
- Debes llevarla inmóvil al menos un par de semanas más. Apenas llevas unos días con ella. - Isilya miró a Enumanus a los ojos. - Es cierto, la estás forzando demasiado. Ahora descansa.
- Nos toca a nosotros la siguiente guardia. -Dijo Esdaleon dirigiéndose a Walo.
- ¿Ha bajado ya Gwirdyon? -Preguntó Imdralis, que nuevamente estaba en estado de nerviosismo.
- No, aún no. -Contestó Enumanus. - Tranquilízate un poco. El peligro ya ha pasado.
Esdaleon le miró desconfiado. ¿Cómo sabía que no había más arqueros allá arriba?
- Bien, todos a descansar. Si en dos minutos no vuelve Gwirdyon iré a buscarla. - Se dio media vuelta y se dirigió a Imdralis que estaba a su espalda.- Permanecerás despierta con nosotros hasta que baje Gwirdyon por si tengo que ir en su búsqueda.
- ¿Es que no estoy yo haciendo la guardia contigo? -Preguntó Walo ofendido.
- Precisamente por eso. -Contestó Esdaleon.
Isilya sonrió tímidamente y Enumanus le devolvió la sonrisa. La elfa le había proporcionado algo para el dolor de la pierna y en esos momentos estaba recostada a su lado dispuesta a descansar.

Pasaron dos minutos y Esdaleon se preparó para subir a buscar a la semielfa. Le dio instrucciones a Imdralis de no perder de vista a Enumanus y a Walo que vigilara los caballos. Estaba dirigiéndose a la explanada cuando oyó una voz conocida.
- ¿Dónde vas? No es prudente abandonar el campamento de noche. -Dijo Gwirdyon apareciendo por el lado contrario por el que se había ido.
- ¿De dónde sales? -Contestó Esdaleon enfadado.
- Estuve merodeando por los alrededores en busca de algún otro orco. Pero no había más. Desde arriba se nos ve demasiado bien, y con esta luna llena sobre nuestras cabezas no hacen falta más indicaciones para saber dónde estamos.
- Pensé que te había pasado algo. -Dijo Esdaleon con el mismo tono.- No me gustó cómo me utilizásteis para entretener al orco mientras subías y te exponías a que te cogiera cualquier otro. Fue una insensatez por tu parte.
- Esdal, tú te plantaste delante de Enumanus espada en mano. Eso no estaba preparado. Tú mismo te ofreciste como entretenimiento para el arquero. Y gracias a eso el peligro fue menor para mí, pues le cogí desprevenido. Pero me quedé sin saber a quién iban dirigidas sus flechas, si a mí o a Enumanus. Pues a estas alturas también deben de considerarlo un traidor ya.
Esdaleon hizo una mueca a modo de sonrisa. Giró sobre sus talones y empezó a caminar de vuelta al campamento. Cuando volvieron Walo estaba dormido e Imdralis vigilaba a Enumanus que también dormiía debido a la hierba que le había proporcionado Isilya.
- Mira, todos duermen como si no tuvieran nada que temer. A veces me gustaría ser como ellos. -Dijo Gwirdyon en tono nostálgico.
- Para eso estamos nosotros. Para evitar que tengan que temer nada.- Respondió Esdaleon. Se acercó a Imdralis y le hizo un gesto para que se fuera a descansar. Gwirdyon se recostó en el suelo y se tapó con una manta. Esdaleon se sentó a su lado y la rodeó con un brazo. Les esperaba una noche muy larga.

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NotaPublicado: Sab Jun 09, 2007 1:00 pm 
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Esdaleon permaneció pensativo unos minutos. Enumanus le tenía completamente desconcertado, y la actitud de Gwirdyon esa noche tampoco le había gustado. La semielfa siempre le había mantenido al tanto de todo lo que aconteciera en el grupo, pero esta vez había prescindido de él.
La miró. A pesar del peligro que habían pasado, Gwirdyon dormía plácidamente con una expresión dulce en su rostro. Esdaleon sonrió y comenzó a acariciarle su pelo cobrizo.“Mi misión es protegerte, y lo haré hasta el final” se dijo a si mismo.

Pasaron dos horas y nada ocurrió. Esdaleon seguía de guardia, atento a cualquier movimiento que pudiera sentir entre las rocas. Le parecía extraño que tan sólo un orco les espiara; debía haber más por las montañas.
De pronto un ruido detrás de él le alertó. Se giró rápidamente, espada en mano.
- Eh ¡tranquilo!
Era Isilya, que se había acercado gateando hacia el guerrero.
- Hace rato teníamos que haberte relevado Imdralis y yo ¿por qué no nos has avisado?- preguntó la elfa en voz baja.
- No te preocupes, esta noche no tengo ningún sueño. Aprovechad y descansad.- le respondió Esdaleon.
- Vaya pues ya somos dos los que no podemos pegar ojo- Isilya se sentó al lado del guerrero.
- La verdad que lo del arquero orco ha sido una sorpresa- comentó éste.
- Bueno, no es solo el orco lo que nos tiene desvelados esta noche a ti y a mí.- contestó la elfa.
Esdaleon la miró sorprendido y sonrió al comprender lo que quería decir.
- Ya, tú también te quedaste despierta intentando escuchar la conversación entre Gwird y Enumanus ¿no es cierto?- dijo.
- Pues sí y fue en vano, hablaban demasiado bajo, aun para mi oído- contestó la elfa decepcionada.
Esdaleon guardó silencio y miró hacia las rocas altas que los rodeaban: ningún movimiento.
- Parecemos dos niños pequeños intentando escuchar conversaciones de mayores eh Esdal?- continuó Isilya.
- Ya, la diferencia es que aquí todos somos adultos- contestó éste, haciéndose notar que estaba algo molesto.
- Bueno, no te preocupes hombre. Probablemente Gwirdyon quisiera interrogarle o algo así. A ver si os convencéis de un a vez de que Enumanus está de nuestra parte. Yo no le creo capaz de hacernos daño.- dijo la elfa convencida de sus palabras.

Esdaleon miró a Isilya y se encogió de hombros sin saber que contestar. Los dos continuaron haciendo guardia, hasta que por fin la noche pasó sin que nada más ocurriera.
Cuando el sol estaba a punto de despuntar en el este, Esdaleon se levantó.

-Isilya, despertemos a los demás- dijo- recojamos el campamento y larguémonos de aquí; tenemos que llegar a Cuernavilla lo más pronto posible-

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NotaPublicado: Sab Jun 09, 2007 11:56 pm 
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Había revuelo aquella mañana en el campamento. Durante la noche llegó un grupo de Olog –hais trayendo con ellos a cuatro prisioneros; tres hombres dunedain fuertes y orgullosos, que rivalizaban con la altivez y belleza de un elfo de rubios cabellos.
Drum-zarak el cabecilla del grupo captor, comía vorázmente rodeado de los suyos. Frente a él Tserleg lo observaba sentado.
-Nos atacaron viniendo hacia aquí – dijo sin dejar de masticar – mataron a seis de los nuestros antes de hacerles huir.
- Y los prisioneros? – preguntó Tserleg.
-El elfo creo que es su jefe, los demás…. – se levantó de repente – humanos! A las armas – gritó.
Los demás Olog-hais se alzaron sin saber exactamente qué ocurría.
Tserleg lo miró divertido a la vez que le indicaba que se sentara.
-Tranquilízate, es mi esclavo.
Enumanus cruzaba arrogante el campamento con su arco apoyado en el hombro, llevaba colgado de su cinto un par de conejos.
-Va armado – replicó Drum-zarak.
-Sí, yo le enseñé – Tserleg percibió la desconfianza del Olog-hai - es siervo de Sauron.
-Puedes demostrarlo? – sonrió Drum-zarak con malicia.

Mientras Enumanus iba hacia su tienda pensando en el suculento plato del que iba a disfrutar, cuando pasó sin darse cuenta frente a los prisioneros, que sentados en el suelo y encadenados de manos y pies lo miraron boquiabiertos.
-Ayúdanos! – gritó uno de los dunedain poniendose en pie.
-Calla! No ves que es uno de ellos – le replicó su compañero desde el suelo.
Enumanus los miró con indiferencia sin parar de caminar.
-Traidor! – le gritaron.
Un orco se le acercó corriendo haciendo que se parara.
-Tserleg quiere verte – le dijo señalando el lugar donde estaba esperandole.
Al llegar ante él notó como sus acompañantes le miraban con perversa curiosidad.
-Este es Drum-zarak jefe del grupo de Olog-hais que llegaron anoche – dijo Tserleg con seriedad – tiene sus dudas ante tu lealtad hacia Sauron.
Los allí presentes rieron entre si, como si tramaran algo.
-Hemos decidido hacerte pasar una prueba para que pueda quedarme tranquilo – dijo Drum-zarak.
Todos se levantaron y empezaron a caminar hacía los limites del campamento. Poco a poco conforme avanzaban iban uniendose los demás orcos con curiosidad.
Cuando al fin pararon. Frente a ellos a una treintena de metros les esperaban los tres Dunedain custodiados por varios Olog-hais.
-Ves aquellos árboles del fondo? – preguntó Drum-zarak..
Enumanus asintió con la cabeza.
-Tienen la vaga esperanza de que si llegan hasta ellos les dejaremos escapar sanos y salvos. – cambió el tono de su voz por otro más serio – Tserleg me ha jurado por su vida que tú no dejaras que eso suceda.
Enumanus miró a Tserleg, no acababa de entender a qué venía todo eso, pero el semi Uruk-hai se limitó a mirarle en silencio.
-Soltadles! Gritó Drum-zarak.
Al instante los olog-hais que custodiaban a los dunedain bajaron sus armas y estos salieron corriendo hacía los arboles que tenian a unos cincuenta metros.
Enumanus se volvió para ver como corrian los prisioneros, sin pensarselo dos veces sacó una flecha de su carcaj apuntó y disparó.
Los tres humanos corrian separados hacia los arboles, el del centro cayó de repente atravesado por una flecha, los otros dos se miraron
sin dejar de correr, el segundo tambien cayó muerto por otro disparo, los árboles aún estaban demasiado lejos.
Sacó otra flecha y apuntó, entonces el último dunedain que quedaba con vida se detuvo para darse la vuelta y mirarlo fijamente. Enumanus dudó, aquel hombre no huia. Siguió apuntandole con el arco en tension durante unos segundos. Drum-zarak se impacientó.
-Y bien, vas a matarle o no? – le dijo.
El dunedain los observaba inmóvil, erguido y desafiante. Una flecha impactó en su pecho, pero no cayó. Una segunda flecha en la pierna izquierda le hizo incar de rodillas pero siguió erguido mirando a Enumanus. La tercera flecha le partió el corazón.
Un griterio enorme inundó el campamento al caer el último dunedain, Drum-zarak reia escandaloamente mientras Tserleg lo miraba sonriendo.
Enumanus no se sentia bien, había intervenido muchas veces en incursiones contra humanos y elfos, y había matado a más de uno pero notaba que no era como las otras veces.
-Ven y bebe con nosotros! - le dijo Drum-zarak haciendole un gesto con el brazo.
- Disculpa – le contestó Enumanus secamente – tengo que preparar mi almuerzo. –levantó los cuerpos sin vida de los conejos que llevaba colgados y se dirigió hacia su tienda.

Unas suaves manos acariciaron su rostro.
- Enumanus, despierta.
Abrió los ojos y la cara de Isilya le sonrió.
- Que tal tu pierna, aún te duele?
Aún no estaba del todo despierto y la miró desconcertado.
Desde que había dejado Bree las pesadillas y recuerdos de su pasado se habian vuelto más presentes que nunca y el despertar era un extraño ejercicio de vuelta a la realidad del presente.
Observó a Isilya como caminaba hacia Gwirdyon, el Sol que empezaba a aparecer por el este, alumbraba sus negros cabellos y daba a su figura un aura mágico.
- Vamos hay que largarse cuanto antes -oyó decir a Esdaleon.

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Registrado: Jue Mar 08, 2007 10:53 pm
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Ubicación: Ya ni lo se
Esdaleon le propinó una patada a Walo para que se derpertara, que a pesar de todo el movimiento que habia en el campamento seguia durmiendo profundamente. El viejo sin abrir los ojos apenas dirigió su mano a su mochila, sacó una botella de wiski y bebió.
Todos montaban sus caballos e iban en dirección a Cuernavilla, ya les quedaba poco para llegar y eso les tranquilizaba, una vez alli podrian descansar bastante más tranquilos. Habian pasado una mala noche (a excepción de Walo que durmió a pierna suelta) y todos estaban muy cansados, asi que nadie hablaba. Walo se acercó al semielfo para hablar con el


-Oye Esdaleon, una vez llegemos a Cuernavilla... yo podria quedarme alli, es un lugar seguro, y ademas, yo no soy importante para el enemigo. Solo entorpezco al grupo, asi que creo que me quedare alli, si, estoy decidido, puedes venir a buscarme cuando acabeis con esta misión.El semielfo que no quitaba la vista de Enumanus, le habló sin tan siquiera mirarle
-Walo ya te lo he dicho mil veces, este viaje lo haras con nosotros hasta el final, desde luego que eres una carga para el grupo, pero si no me equivoco, el enemigo sabe que personas componen el grupo, y tu precisamente no te escondes bien del enemigo, te encontrarian al segundo dia de dejarnos.
-Bah, eres un pesado, tu qué sabras, si los orcos no saben ni contar, no se darian ni cuenta de que ya no estoy con vosotros... no te importó tanto que se fuera Lassemaline. -Walo enfadado se alejaba del semielfo cuando este le contestó.
-Esta bien, quedate donde quieras, estoy harto de cargar contigo, ¿que es lo peor que puede pasar? si el enemigo te coje no sacara nada de ti, ya eres mayorcito, cuida de ti mismo, y haz lo que creas conveniente, yo ya tengo suficientes problemas.

Algunos escuchaban la conversación cuando se oyó el chillido de un pajaro; todos miraron en dirección al sonido y vieron a Aurë que se dirigia volando hacia el grupo
-Es tu mascota Isilya, parece que quiera llamar nuestra atención -dijo Enumanus.
El ave se posó en el brazo de la elfa, y esta la acarició para que se tranquilizara
-Nos esta avisando, -dijo- ha debido ver algo que no le gusta, y seguro que no me equivoco si son orcos lo que vió.
-Venia por nuestra retaguardia, asi que aun nos siguen, -comenzó a decir Gwirdyon- deben saber a donde nos dirigimos. Me temo que intenten volver a atacarnos antes de que llegemos a nuestro destino, pues una vez alli no tendran posibilidad de atacarnos.
-Démonos prisa, Cuernavilla esta ya a un tiro de piedra, alli la seguridad de los hombres de Rohan nos ampara -Dijo Imdralis.
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Izad vuestras banderas donde no brille el sol !!


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NotaPublicado: Mar Jun 12, 2007 1:51 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
Espolearon sus monturas y continuaron al galope cuando el caballo de Gwirdyon cayó hacia adelante alcanzado por una flecha, la elfa voló sobre su cabeza para caer aparatosamente y rodar unos cuantos metros.
- Gwirdyon! - gritó Imdralis que dando media vuelta cabalgó hasta ella para saltar del caballo cuando estuvo a su lado.
- Estas bien? - Imdralis gritó de dolor, una flecha seguramente destinada a la semielfa impactó en su costado derecho, cayendo sobre Gwirdyon que se disponía a levantarse.
- Allí - gritó señalando hacia las rocas antes de dejarse caer de espaldas al suelo con Imladris sangrando sobre ella.
Walo llegó con su caballo y poniendose entre ellos y las rocas esperaba con la espada en alto poder proteger a sus amigos.
- Walo baja del caballo, te van a dar - se oyó gritar a Esdaleon mientras cabalgaba hacia las rocas desde donde habían disparado. Enumanus y Isilya habían desmontado y con su arco buscaban al arquero que les atacaba.
- Viene alguien, aquí! - gritó Walo.
Por el camino al galope, un grupo de ocho jinetes se acercaba veloz, en la distancia podian distinguirse los simbolos de Rohan en sus vestiduras. Se detuvieron ante Walo observándo a los que estaban tendidos en el suelo.
- Que ocurre? - preguntó el que parecía su jefe.
- Acaban de atacarnos, alguien nos disparó desde las rocas - Gwirdyon con Imdralis apoyado en su regazo le sostenia la cabeza mientras con una mano le apretaba la herida para que no sangrara.
- Inspeccionad la zona - dijo a la tropa, indicandoles con la diestra las rocas.
Esdaleon viendo la ayuda que había llegado, se acercó con su caballo a los heridos y se dirigió a ellos sin hacer mucho caso del rohirrim.
-Como está - preguntó a la semielfa.
Gwirdyon miró a Isilya, que tambien se había acercado junto a Enumanus, su cara mostraba preocupación.
- La herida es grave, puedo hacer una primera cura pero lo mejor es que alguien con más concociemiento que yo lo trate.
- En Cuernavilla podrá recuperarse - acabó diciendo el jinete recien llegado - mi nombre es Bridgelion.
- Súbelo a mi caballo - acabó diciendo Walo.
Entre Enumanus y Esdaleon lo pusieron en su caballo y despues montaron.
- Estais a menos de una hora de camino - dijo Bridgelion - nosotros nos quedaremos para ver si encontramos a vuestro atacante.
- venga corramos - Gritó Isilya, consciente del peligro que corriia Imdralis

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mar Jun 12, 2007 2:26 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Los seis caballos que prestaban montura a lo que quedaba de la compañía, y otro meara más galoparon en línea hacia Cuernavilla. Una nube de polvo cubría su paso y el fragor de los cascos resultaba atronador. Imdralis respiraba con dificultad y sus fuerzas cada vez eran más escasas. Walo le mantenía sobre el caballo a costa de su propia seguridad, pues en más de una ocasión estuvo a punto de perder el equilibrio y caer de la montura. Antes de que pasara una hora ya pudieron ver las primeras señales de la fortaleza de Cuernavilla. La imponente fortaleza fue construida por los hombres de Gondor durante el primer milenio de la Tercera Edad, sobre el Peñón en el Abismo de Helm. Las calles estaban llenas de gente a esas horas de la mañana y todos se apartaban al escuchar el frenético ruido de los siete caballos entrando a la vez en la ciudad. Bridgelion se colocó en cabeza y fue abriendo paso a los demás. A ambos lados del camino paseantes y vendedores ambulantes se arremolinaban para ver pasar a los seis extraños sobre sus caballos. Los murmullos iban de boca en boca a medida que se acercaban al centro de la fortaleza. En unos pocos minutos llegaron a lo que parecía el palacio de un rey. En efecto, se trataba de la morada de Éomer y su recién esposada Lothíriel de Dol Amroth. Bridgelion llegó a la puerta y saludó a los guardias que la custodiaban.

- Saludos compañeros. Es necesario que nos abráis paso, pues llevamos un herido que precisa de la más urgente ayuda.
- El Rey Éomer ha dado orden de no dejar entrar a nadie. -Contestó uno de los guardias.
- Decidle que Esdaleon está aquí y reclama su atención. -Les dijo el susodicho en tono altanero.
Los guardias se miraron y se echaron a reir. Esdaleon sacó su espada y espoleó a su caballo para acercarse a la puerta. Bridgelion no le permitió continuar. Esdaleon puso una mano en el hombro del rohirrim y se abrió paso hasta los guardias.

- Si mi nombre y mi fama no son suficientes motivos como para recibir la atención de vuestro Señor Éomer, hacedle llegar al menos un mensaje. - Los guardias dejaron de reír y lo miraron atentos.
- Hablad, escuchamos.
- Decidle que Imdralis de la casa de Imrahil, Príncipe de Dol Amroth, está herido en la puerta de su palacio y necesita ayuda vital. - Dijo Esdaleon.

Los guardias lo miraron estupefactos y acto seguido abrieron las puertas de par en par y dieron un grito para que salieran a auxiliarles. Bridgelion miró a Esdaleon más sorprendido todavía que los guardias y luego se volvió para mirar a Walo, que cuidaba del herido. Ni en sueños se podía imaginar que aquel caballero al que habían socorrido por accidente era el hermano de su mismísima reina. En unos segundos aparecieron cuatro hombres vestidos con el uniforme de Rohán. Se dirigieron al caballo donde yacía todavía vivo Imdralis. Lo bajaron con rapidez y entre los cuatro lo condujeron al interior del palacio. Otros seis hombres más salieron al momento y saludaron a Bridgelion.

- Saludos, caballero. El rey Éomer nos pone a vuestra disposición. - Y acto seguido se hicieron cargo de los siete caballos. Otros dos hombres más que salieron tras ellos hicieron una señal al rohirrim para que los acompañaran dentro del palacio.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mar Jun 12, 2007 5:43 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
- Venid, podéis entrar- dijo Bridgelion, aún sorprendido-
Los cinco compañeros se miraron, y entraron en la fortaleza, detrás de Brigdelion.
Dentro, varios guardias y sirvientes miraban a los viajeros mitad sorprendidos, mitad con respeto. Parecían recién llegados de una guerra; sucios y polvorientos; Esdaleon con el hombro vendado y Enumanus cojeando.

La estancia estaba formada por un enorme pasillo con altas columnas con relieves, y al fondo un trono de madera finamente tallado que se encontraba vacío. En los laterales de la habitación, detrás de las columnas, había muchas puertas.
Bridgelion giró hacia la izquierda y abrió una de ellas.

- Por favor esperad aquí, en seguida se os traerá agua y alimento. También veo que algunos de vosotros estáis heridos, tened paciencia; el hermano de nuestra reina está grave, en cuanto se sepa algo os podremos atender como es debido.
- No te preocupes Bridgelion, muchas gracias por todo- contestó Gwirdyon.

Bridgelion se marchó dejando a los cinco en aquella habitación. Tenía una chimenea encendida en el fondo, y alrededor de ésta había varios asientos forrados con cojines de terciopelo verde y una mesa de madera en el medio.
- Espero que Imdralis se recupere de esta- dijo Esdaleon sentándose en uno de los asientos.
- Aquí le curarán bien- respondió Gwirdyon
- Menuda sorpresa que sea hermano de la esposa del rey- añadió Enumanus que todavía lo estaba asimilando.
- Como si es hermano de un troll, el caso es que está gravemente herido, y ya sois tres los lisiados.- se quejó Walo- Solo quedamos enteros Gwirdyon, Isilya y yo, y lo mío es pura suerte…-
- Bueno no seas agorero- contestó Isilya- aquí podrán curar en condiciones el hombro a Esdaleon, y a Enumanus le pondrán una escayola hecha y derecha. ¡Ay pobrecillo! Lo mucho que te tiene que estar doliendo la pierna y lo poquito que te quejas-

Enumanus se encogió de hombros; en realidad, desde la noche anterior, el dolor de la pierna se le había hecho insoportable.

Pasados unos minutos, la puerta se abrió. Dos mujeres de cabellos rubios entraron portando dos grandes bandejas llenas de comida y bebida.
- Saludos viajeros- dijo la más mayor de las dos- espero que os aproveche.
- ¿Sabéis algo de Imdralis? – preguntó Gwirdyon.
La mujer meneó la cabeza - Lo siento, pero no sabemos nada.-

Una vez que las dos sirvientas se habían marchado, Walo miró extasiado todo lo que habían traído: carne, pan tierno, frutas, queso y vino.
- Bueno, pues habrá que probar que tal es el vino de aquí- dijo llenándose la copa hasta arriba.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


Última edición por Isilya el Mar Jun 12, 2007 7:14 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mar Jun 12, 2007 5:49 pm 
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Registrado: Jue Mar 08, 2007 10:53 pm
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Ubicación: Ya ni lo se
Una figura de cabellos oscuros y túnica negra descabalgó de un caballo del mismo color, y caminó a toda prisa entre los orcos en un especie de campamento improvisado; estos ni tan siquiera le miraron, todos alli parecian nerviosos llendo de un lado a otro a las ordenes de un inmenso ser, el sustituto de Tserleg, el cual daba ordenes para marchar lo antes posible. De pronto se percató de la presencia del recien llegado

-Vaya vaya, de nuevo por aqui... -dijo la enorme ciriatura- no has tardado mucho, pero veo que traes las manos vacias... ¿me equivoco?
-Surgieron imprevistos -comenzo a decir el elfo de cabellos oscuros- habria acabado con la elfa de no ser por que se puso por medio uno de sus malditos compañeros, al menos espero que haya acabado con ese estupido.
-¿Y POR QUE RAZON NO CONTINUASTE ATACANDO?
rugió tan alto la criatura, que todo movimiento en el campamento cesó, los orcos esperaban ver como aplastaria al elfo en cualquier momento. Este sin inmutarse le dijo en un tono bastante más sereno y callado.
-Habria continuado el ataque de no ser por la llegada de ocho rohirrims, y estos marcharon con el grupo de guerreros en dirección a Cuernavilla, ya poco podia hacer.
La enorme mole rugió con tal fiereza que le asestó un manotazo a un orco lanzandole lejos del lugar
-En estos momentos deben haber llegado a la forteleza de los humanos, ahi nos son inaccesibles, no podemos atacarles abiertamente como en Isengard -Le bestia se tranquilizó y medito durante un corto periodo de tiempo- Bien... pararan alli para descansar y recoger suministros... Tiempo que aprovecharemos nosotros para adelantarnos en su camino... si, les pillaremos en las afueras de Rohan, pues sus hombres controlan todo el Folde Oeste y nos seria dificil pasar desapercibidos, pero igualmente tendremos que controlar sus movimientos... -el elfo se disponia a marchar dejando a la bestia con sus planes cuando este le llamó para que se girara- tal vez la fortaleza humana sea inaccesible para un orco... pero no para un elfo.

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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 2:52 am 
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Ubicación: Aquí y allá
Una vez el grupo terminó de comer y se llenó hasta arriba (sobre todo Walo) aparecieron las dos mujeres de antes para llevarse los platos y las bandejas.
- Vosotros dos venir con nosotras.- Dijo una de ellas dirigiendosa a Esdal y Enumanus.- Os llevaremos a que os vean.-
- ¿Cómo está Imdralis?.- Preguntó Esdal atento mientras se levantaba de su asiento.
- Le han procurado al mejor curandero que tenemos, acaban de sacarle la flacha y parece que se recuperará.- Contestó la otra mujer.
- Es posible que le hayan metido unas larbas de una especie de gusano que se come a la gente por dentro.- Recordó Walo.
- Tranquilo, la herida está limpia, si me hacen el favor de seguirme...-
- Por supuesto.- Contestó Enumanus acdercándose.
Atravesaron varios pasillos y un par de salas, Esdal estaba tan absorto en la decoración que no hubiese sido capaz de volver el solo por sus mismos ¿pasos hasta que por fin llegaron a una gran sala donde en una cama estaba Imdrais, inconsciente siendo atendido por un anciano que preparaba algo con unas raices mientras le tomaba la fiebre, y cerca de allí estaba el mismísimo rey Eomer, velando por su cuñado antes lo cual Esdaleon rápidamente se arrodilló, Enumanus al verlo vaciló, pero al fianl se unió a su compañero.
- Levantaos por favor, estamos en una enfermería no en un consejo.- Dijo acercándose.- Asique tu eres Esdaleon, me han dicho que tu conducta no ha sido muy amistosa en las puertas, pero no te preocupes, la situación lo requería.
- Lamento que la primera noticia de mi sea esa.- Contestó el guerrero.
- De hecho no, Faramir me ha hablado de ti un par de veces, me contó una vez que no se explicaba como con tu locura podías seguir vivo.- Le dijo medio sonriente, Esdal no supo si entenderlo como un insulto o un alago.- Y de ti me has dicho que te llamas Enumanus, poco más se sabe de ti, ¿podrías contarme algo al respecto?
De pronto Enumanus vaciló, si le contaba la verdad estaba muerto, Esdal entró en tensión.
- Solo soy un granjero que perdió a su familia.- Contestó Enumanus rápidamente.
Eomer le miró dubitativo pero no dijo nada, se dio media vuelta y volvió al lado de su cuñado. Entonces se acercaron dos mujeres al los guerreros para atenderles, la mujer que se encargó de Esdaleon era una elfa,, se acercói a él con una sonrisa amable y le quitó la venda on delicadeza.
- Vaya, parece que está bastante bien.- Dijo tras hecharle un vistazo.- ¿Todabia te duele?-
- Solo cuando hago esfuerzos.-
- Es normal, pero parece que ya casi está curada del todo, hechaté esto sobre la cicatriz dos veces al día y en tres días estarás como nuevo.- Dijo ella con su amable sonrisa entrgándole un frasco de un líquido extraño.
- Muchas gracias bella dama.- Dijo Esdaleon sonriendo cogiéndo el frasco.
Esdaleon e levanrtó una vez terminada la consulta, se puso la camisa y salió de la sala tras despedirse del rey Eomer al ver que la escallola que le astabanpreparando a Enumanus daba para rato.
Estaba de camino a la habitación dónde estaban sus compañeros cuando se cruzó con un elfo de cabello oscuro que le miro con una sonrisa misteriosa que le resultaba terriblemente familiar, y se puso s seguirle, sabía que e había visto pero no sabía dónde ni cuando, pero no le daba buena espina, el elfo e volvió para mirarle como evidenciándole que sabía que le seguía, entonces la mente de Esdaleon fue a parar en el momento en que estubo en aquel edificio en llamas, recordó sus ojos brillándo entre la multitud justo antes de que le disparasen, justo en ese momento entraban en un mercado, Esdal sacó su espada y hecho a correr tras él, que también corría, Esdal dió un tremendo salto para alcanzarle pero cuando llegó al sualo el elfo había desaparecido, ni rastro de él por ninguna parte.
- Debo avisar al rey.-Pensó Esdal y salió correindo de vuelta a la enfermería.

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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 1:28 pm 
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Mientras la pierna de Enumanus era atendida, éste no pudo evitar en fijarse en la flecha que le habían extraido a Imdralis. Sobre una pequeña mesa, intacta aún estaba ensangrentada.
- Perdonadme, prodriais acercarme la flecha? - preguntó a la elfa que le atendía.
Eomer, lo oyó y haciendo un gesto a la mujer para que no se moviera, se acercó a lea mesita y envolviendo la flecha en un trozo de tela se la llevó a Enumanus.
- Antes habeis dudado en inclinaros - le dijo mientras le tendía la flecha.
El herido la recogió mientras bajaba los ojos.
- No demostrar fidelidad no significa no tener buenos propósitos - continuó Eomer - puedo intuir que no dices toda la verdad, tus motivos tendrás, pero veo en tus ojos una gran nobleza envuelta entre sombras que intentas esconder.
- Señor! - gritó Esdaleon entrando de golpe en la sala - el enemigo está aquí mismo.

Minutos más tarde Gwirdyon, Isilya y Walo acompañaban al resto del grupo en la enfermería. Eomer los había mandado llamar despues de lo que le había dicho el semielfo, permaneciendo de pie frente a él .

- Esto es todo lo que puedo contarle señor. - dijo Gwirdyon.
A su pesar, puesto que Eomer se lo había pedido, le explicó todo respecto a su misión aunque estuvieran Isilya y Enumanus delante. No podía decir que no se fiaba de ellos pues tampoco tenía pruebas y no se merecían el posible castigo si no fueran ciertas sus sospechas.

- Puedo ver ese pergamino? preguntó Eomer con tono serio, pues las noticias de una posible guerra le eran muy nefastas.

La semielfa rebuscó entre sus bolsillos hasta encontrarlo, al verlo le dió un poco de vergüenza mostrarlo, pues con el paso del tiempo y las vicisitudes del camino, estaba muy estropeado, había canbiado de color e incluso parecía más pequeño. Se lo entregó co una reverencia.

Eomer lo abrió y empezó a leerlo en voz alta.
- Cuando conociste
a elfa tan bella,
que atrás deja al mar,
a la luna y
a las estrellas.
Rojo pasión sus cabellos.
Cuando me siento a su lado
me quedo como helado,
lo más simple lo más bello,
lo más bello lo más simple.

Eomer carraspeó y miró con interrogación al grupo que no salia de su asombro.
- Este no es el pergamino - dijo Gwirdyon extrañada.
Tras ellos con un hilo de voz se oyó a Imdralis.
- Ese poema es mio.

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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 5:02 pm 
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Ubicación: Aquí y allá
Esdaleon no daba crédito a lo que acababa de pasar y tampoco estaba por la labor de ponerse a pensar asique hizo lo primero que se le ocurrió, se abalanzó sobre Enumanus descargando sobre su cara un fuerte puñetazo que lo envió directo al suelo, donde no le sería facil levantarse debido a la escayola, entonces Esdaleon se puso sobre él y empezó a disparar puñetazos contra su cara uno tras otro.
- ¿Dónde lo has metido maldito gusano? se que has sido tu.- Gritó mientras le golpeaba hasta que entre dos guardias con ayuda de Gwirdyon e Isilya les separaron.
- ¿Se puede saber que te pasa?.- Le gritó Gwirdyon mientras Isilya ayudaba a Enumanus a levantarse.
- No he recorrido todo este camino ni me la he jugado para que ese traidor se lo quede, lo mataré si es necesario.- Contestó Esdal estallando de rabia.
- Yo no lo tengo, lo juro.- Dijo Enumanus limpiándose la sangre de la cara.
- ¡SE ACABÓ!.- Gritó Eomer no dispuesto a admitir este tipo de problemas en la enfermería.- Guardias, llevaros a los dos a prisión.-
- Pero si yo no he hecho nada, estoy luchando por el destino de Gondor, ese es mi trabajo.- gritó Esdal mientras se lo llebaban por la puerta.
- Ahora será mejor que me los cuentes todo con detalle, palabra por palabra, te advierto que aunque seais compañeros de mi cuñado sim estais engañando, ni vosotros ni vuestros dos amiguitos saldrán de esa celda nunca.

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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 5:52 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Gwirdyon miró a Éomer a los ojos y no pudo contener la rabia que le fluía por las venas en ese momento. La vena de la sien izquierda estaba a punto de reventarle y tenia la piel tensa y lívida. Isilya la miró y le puso una mano sobre su hombro.

- Tenéis derecho a estar enfadado con nosotros y a pedirnos cuantas explicaciones sean necesarias, más aún después de lo ocurrido. Nadie más que nosotros deseamos saber qué es lo que ha ocurrido. Por eso le ruego que nos conceda unos minutos para descansar y ordenar nuestras ideas antes de seguir dando explicaciones. - Dijo Isilya. Éomer asintió con la cabeza y a una señal una doncella les acompañó a unas dependencias cercanas para descansar.

Walo llevaba un rato que apenas se atrevía a mirar a Gwirdyon a los ojos. Finalmente juntó todas las fuerzas de las que fue capaz y se acercó a la semielfa.
- Creo que yo tengo algo que ver.
Gwirdyon e Isilya le miraron estupefactas. No podían creer que Walo fuera un traidor. Gwirdyon se abalanzó sobre el viejo y lo agarró del cuello de la camisa. Isilya tuvo que correr a separarlos para que no los llevaran a ellos también a la prisión. Una vez separados, Walo tosió y se decidió a hablar.

- Esto ocurrió el día que luchamos contra Tserleg. Esdal me hizo creer que yo había acabado con él, que me puse tan contento por haber sido útil al menos una vez, que por la noche, mientras dormíamos en aquella torre en Isengard, vacié tu mochila en busca de una botellita de alcohol. Imdralis me pilló y me asusté tanto que quizá no volví a meter todo dentro. Entonces llegó Lassemalinë y fue la excusa perfecta para que nadie se diera cuenta de nada.

Gwirdyon no dijo nada. Lo miró con la vena de la sien más abultada todavía y los ojos rojos de rabia. Isilya se temió lo peor. Walo fue reculando hasta llegar a la esquina de la pared. Una vez allí se protegió la cara con las manos. Gwirdyon se lanzó contra él sin avisar. Isilya intentó volver a separarlos, pero esta vez también hubo reparto para ella. Al final la elfa de cabellos oscuros tuvo que repartir tortas a los dos para que se estuvieran quietos. Walo lloriqueaba en un rincón. Gwirdyon estaba fuera de sí.

- ¿Quieres decir que el famoso pergamino del que nada sabíamos los demás hasta hoy puede estar perdido en la torre de Isengard desde aquella noche? - Le preguntó Isilya a Walo.
- No lo sé. -Balbuceó el viejo. - Yo miré bien para ver si faltaba algo, y no ví nada en el suelo. Quizá...
- Quizá qué?
- Pues Imdralis había escrito de nuevo su poema, y yo lo cogí para leerlo, pues me aburría, y entonces me entró la necesidad de beber alcohol, y quizá cambiara, por equivocación con las prisas, el papelito del poema de Imdralis por el pergamino. Porque recuerdo que luego volví a meter el poema del muchacho en su fardo de nuevo. - Explicó Walo con mucho esfuerzo.
- ¡Pues eso! Claro, estábamos tan preocupados por Imdralis que no se nos ocurrió pensar que podía estar en sus cosas. -Dijo Isilya exaltada por la alegría.
Llamó a la muchacha que les había acompañado hasta allí y le pidió que les llevara hasta las dependencias donde guardaban las cosas de Imdralis. La doncella se negó, pues Imdralis era miembro de la casa real y nadie podía registrar sus pertenencias a excepción de él mismo.
- Bien, en ese caso, solicitamos que nos lleves hasta él para pedirle que lo mire él. - Transmitió Isilya a la doncella.
La muchacha asintió con la cabeza y les acompañó de nuevo hasta la cama donde estaba Imdralis. Walo recordó al muchacho lo ocurrido aquella noche en la torre de Isengard, cuando lo pilló revolviendo en la mochila de Gwirdyon e Imdralis se rió. Pidió a una muchacha que le trajesen su bolsa. A los pocos minutos la bolsa llegaba a manos de Imdralis.
- Ahora desvelaremos el misterio del pergamino. -Rió Imdralis notablemente recuperado. Abrió la bolsa con cuidado y de su interior sacó un montón de pergaminos llenos de poemas. Gwirdyon e Isilya los miraron y comenzaron a leer en busca del pergamino correcto. Unos diez pergaminos más tarde, Gwirdyon empezó a gritar.
- ¡Aquí está, aquí está! ¡Lo encontré!
Walo suspiró aliviado e Imdralis se recostó de nuevo en la cama, pues ya estaba agotado.

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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 7:41 pm 
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- ¡Lo encontré, lo encontré!- exclamaba Gwirdyon una y otra vez abrazada al pergamino.
Fue tal la euforia que sentía, tras el susto, que tuvo que sentarse en una silla para no desmayarse. Aquella última media hora había sido frenética.
Isilya miró a Walo e Imdralis y los tres suspiraron aliviados, sobre todo Walo.
- Gwird, ya está, se arregló todo gracias a Eru- le dijo la elfa acercándose a ella.
Gwirdyon no dijo nada de inmediato. Cerró los ojos un momento, y al cabo de unos instantes volvió a abrirlos y suspiró.

- Desde el día en la torre aquella, Imdralis ha llevado el pergamino del Rey sin saberlo- dijo mirando la mochila con los ojos muy abiertos- y yo he estado protegiendo un…¡poema!
- Bueno, tantas veces que me habéis dicho que aligere mi equipaje de inservibles libros y demás…supongo que ahora os alegraréis de que no os haya hecho caso- dijo Imdralis sonriente.

Isilya y Gwirdyon sonrieron nerviosas ¡qué razón tenía! Walo miraba de reojo a la semielfa pero no se atrevió a abrir la boca.
- En cuanto al incidente entre Esdaleon y Enumanus - continuó Imdralis- hablaré con el Rey Eomer; le explicaremos lo que ha pasado y los liberará.


Mientras todos estos hechos ocurrían, los guardias se habían llevado a Esdaleon y Enumanus al calabozo. Éste se encontraba en la parte subterránea del palacio, bajando unas desgastadas escaleras de caracol.
Los centinelas les encerraron en una celda diferente, una enfrente de la otra, y después se marcharon, dejándoles solos.
Esdaleon se puso a dar vueltas más nervioso que nunca.

- Si no confiesas la verdad, ¡ten por seguro que te mataré! - le gritó al humano- al menos mientras estés aquí preso no podrás dárselo al enemigo ¡traidor!
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo tengo?- respondió Enumanus, completamente indignado.- ¿Por qué he tenido que ser yo y no otro?
Esdaleon se quedó mirándole fijamente. Le iba a contestar pero en ese momento un ruido en el fondo del pasillo le alertó.
- ¿Quién anda ahí?- preguntó agarrándose a los barrotes de la celda. No obtuvo respuesta.

De improvisto una figura envuelta en una capa negra se plantó entre las dos celdas, haciendo que los dos compañeros se sobresaltaran. Estaba armado con un arco.

Esdaleon se quedó mirando fijamente al extraño y enseguida reconoció sus vestimentas.
- ¡Eres tú el elfo que vi antes en los pasillos!- exclamó el guerrero- ¡y también aquella noche en Isengard! ¿Quién eres gusano?
El elfo comenzó a reírse.
- Tienes buena memoria Esdaleon- dijo con voz arrogante- sin embargo no tienes mucha suerte; que un guerrero tan afamado como tú muera de esta forma tan patética.

El elfo volvió a reírse mientras apuntaba a Esdaleon con el arco.
Enumanus miraba atónito la escena y lamentó estar desarmado. El elfo se volvió hacia el humano sin dejar de apuntar.
- No te preocupes; después me ocuparé de ti, traidor.- le dijo con desprecio.

Esdaleon retrocedió hasta topar con la pared de la celda.
- No te va a resultar fácil dar en el blanco- dijo apretando los puños.
- No te preocupes, tengo muchas flechas. No sabes la medallita que me voy a ganar con esto.
Dicho esto el elfo tensó el arco y sin pensarlo dos veces disparó. Esdaleon rodó por el suelo, logrando esquivar la primera flecha.
Pero cuando se disponía a disparar de nuevo, se oyó un ruido de pasos en el fondo del pasillo; alguien venía.
El elfo se maldijo a sí mismo, y se escabulló por el lado opuesto del pasillo perdiéndose en la oscuridad.

Segundos después aparecieron dos guardias seguidos del Rey Eomer, y tras ellos; Walo, Gwirdyon e Isilya.
- Venimos a liberaros- exclamó la elfa contenta, pues al fin todo parecía solucionarse, o eso creía ella.

Pero cuando uno de lo guardias fue a abrir la celda de Esdaleon, se percató de la flecha que estaba en el suelo, al lado de éste.
- ¿Qué ha pasado aquí? Exclamó.

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