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NotaPublicado: Vie Jul 06, 2007 11:02 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Gwirdyon montada a caballo se acercó a Enumanus molesta, éste la miró esperándo algún reproche de ella. Estaba palido y hacía dias que no se afeitaba, parecía un muerto viviente.
- Espero que la tonteria de anoche no haga que nos retrases - le dijo.
El humano sin mirarla montó en su caballo gris y intentando que no se notase el terrible mareo que le había producido semejante acción se encaró con la semielfa.
- Te hecho una carrera - le dijo sonriendo.
Espoleo su caballo y mientras mil agujas se clavaban en su pierna herida y la cabeza le parecía a estallar, salió disparado tras Esdaleon que ya había partido sin esperar a nadie.
- Será orgulloso... - susurró Gwydion dispuesta a alcanzarle.
No tardaron en galopar todos juntos.
Esdaleon, Enumanus, Gwirdyon, Isilya y el viejo Walo cerrando el grupo.
Enumanus apretaba los dientes sin dejar de azuzar su montura, tenía un extraño brillo en los ojos, aquella noche despues de mucho, mucho tiempo no había tenido pesadillas.

Lejos de allí en el campamento que los hombres de Duramtor habían levantado en la frontera con Rohan, dos gondorianos entraban en la tienda de su capitan.
- Señor, anoche encontramos rastros de huargos más al norte cerca del paso de Erech. Los seguimos y alcanzamos a dos orcos con los que nos enfrentamos.
- Pudisteis interrogarles? - dijo Duramtor con interes.
- Uno murió en la lucha, el otro mal herido apenas dijo nada - el soldado parecía recordar - dijo algo sobre un grupo prisionero en manos de un humano? No acabamos de entender a que se refería.
Duramtor parecía preocupado, sin duda el hecho de encontrar huargos y orcos tan cerca de la frontera no era normal, pero aún menos el hecho de que hicieran prisioneros y en direccion a Erech.
- Dijo si buscaban algo o alguien? - preguntó.
- No - contestó el soldado sin dudar - habló de una mision pero no dijo nada en concreto.
- Está bien podeis retiraros - concluyó Duramtor.
Empezó a caminar por el interior de la tienda intentando sacar algo de sentido a las palabras del soldado.
Sin duda algo o alguien iba hacia Dol Amroth por el camino de Erech, desgraciadamente ellos solo tenian permiso para llegar hasta la frontera.

Salió al exterior, frente a el se extendía la enorme pradera de Rohan.
- Que diez hombres se queden aquí de guardia - gritó - los demas volvemos a Minas Tirith.
Algo me dice que tendremos una sorpresa por el sur - pensó.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Sab Jul 07, 2007 11:29 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
El sol estaba en lo más alto en las praderas de Dol Amroth. El olor a salitre de la costa de Belfalas se mezclaba con el fresco olor a hierba del valle de los dos ríos. Se trataba de un paisaje peculiar, pues en pocos kilómetros montaña, valle y playa se entremezclaban formando una argamasa georgráfica en completa armonía. La torre, puerto y ciudad de Dol Amroth era una de las cinco grandes urbes de Gondor. Era la ciudad principal en el feudo de Belfalas, y estaba gobernada por los príncipes de Dol Amroth, cuyos estandartes eran azules y lucían un barco blanco y un cisne plateado. Imdralis y su padre seguían encerrados en la biblioteca personal del muchacho, lugar que durante su adolescencia le había servido de refugio y santuario. El príncipe Imrahil mostraba un semblante serio, y sus manos se movían con nerviosismo a medido que avanzaba lo que Imdralis le relataba. Había estado todo el rato de pie, pero al final se sentó en una de los sillones que había en aquella estancia y se tapó la cara con las manos afligido. Miró a su hijo absorto y se volvió a levantar del sillón. Se acercó a Imdralis, que seguía sentado y colocó sus manos sobre los hombros de su hijo y asintió con la cabeza. Imdralis derramó un par de lágrimas y se levantó con el porte de un auténtico caballero. De repente parecía más alto que antes, o quizá su padre parecía más pequeño. Salieron de la biblioteca y se dirigieron al salón del trono. Imdralis se sentó al lado de su padre, en el sillón que en tiempos perteneció a su madre, hasta que ésta murió. Imrahil mandó llamar a su alto mando militar. El capitán de las tropas tardó unos minutos en aparecer por el salón.
- Se avecinan malos tiempos para el Reino Unificado, ahora más que nunca debemos estar unidos y mostrar lealtad a Gondor. Mi hijo Imdralis ha llegado de Rohan donde una tropa de orcos a asaltado la ciudad de Cuernavilla. Y no sólo eso, sino que los territorios de Rhûm y Harâd están preparando un golpe de estado. Han conseguido aliarse con los orcos que quedan libres en los territorios colindantes y los están reuniendo en el este, junto con varias cuadrillas de Uruks. - Imrahil se levantó del trono.- Como Príncipe de Dol Amroth ordeno que parte de las tropas que estén disponibles en este momento se dirijan hacia Minas Tirith y otra parte hacia Rohan, pues también allí necesitan ayuda. Ordenan en el puerto que preparen un barco lo antes posible para trasladar a mi hijo hacia Minas Tirith. Y Prepara un grupo de soldados expertos que marchen hacia Erech para buscar al resto de la compañia que se encarga de esta misión. Eso es todo. ¡Marcha!

El capitán de las topas se cuadró frente a su príncipe y luego dio media vuelta y salió por las puertas de roble con paso firme.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Sab Jul 07, 2007 1:52 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
- Qué ocurre que hay tanto alboroto estos ultimos dos días?- preguntó una elfa de cortos cabellos que llacía en la arena descansando a un soldado que pasaba corriendo. El soldado la miró de abajo a arriba y sentenció:

- EL príncipe Imdralis ha vuelto.

A la elfa le dio un vuelco en el corazón. Hacía mucho tiempo, hablando con Imdralis este le había contado de donde venía, y después de vengar la muerte de la familia de Lassemalinë, Tuilere, había cabalgado con el viento hasta su hogar esperando un día que regresará. Había llegado hacía tan solo tres día, y la noticia de que su amado se encotnraba allí, le removió el alma y la llenó de alegría.

- Después de todo,- murmuró pro lobajo poniendose en pie.- cabalgar sin descanzo hasta aqui ha valido la pena.

Corrió a la posada donde se alojaba para cambiarse de ropa, se puso el mejor vestido que había comprado hacía tan solo unas horas a una mujer de la ciudad, y montó en su yegua.

Imdralis está aqui...- pensaba muientras cabalgaba veloz hacia el castillo.

Cuando llegó allí, unos guardias le impidieron el paso.

- Quien va.- preguntaron.

La elfa contestó:

- Mi nombre es Tuilere, soy conocida del principe Imdralis y tengo un mensaje para él.

Los guardias se miraron y contestaron:

- Lo sentimos pero nadie puede pasar.

A los pocos segundos se encontrabann disctiendo los guardias y la elfa voz en grito sin reparar en la gente que los observaba. El alboroto crecía a su alrededor y pronto llegó hasta dentro del castillo.

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NotaPublicado: Dom Jul 08, 2007 5:54 pm 
Viajero Asíduo
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Registrado: Dom May 13, 2007 7:15 pm
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Ubicación: Donde se necesite algo de amor (Sevilla)
Imdralis estaba sentado junto a su padre, pero con su permiso se ausentó para poder dar un paseo. Caminó por su palacio. Pronto subio a la torre donde se encontraban sus aposentos y se maravilló observando que todo estaba en su sitio. Miro a su alrededor, abrió su armario y de allí saco su mas preciada prenda. Era una túnica de color blanco con bordes celestes y con emblemas de Dol Amroth, una tunica que era perfecta tanto para gala como para el combate. También abrió su bolsa, ya que todo lo que traia lo dejaron los sirvientes alli cuando se bañó, y de ella sacó sus dos libros misteriosos. Los ojeo un poco y de nuevo los volvió a meter en la bolsa. Entonces pensó que debia preparar las cosas para partir; puso su ropa, bolsa, espada, daga y el pergamino en orden.
Sintió preocupación por sus amigos y desprecio a si mismo pues el estaba en un hermoso palacio y sus amigos seguro que pasando desgracias y penurias. Entonces llamo a 5 hombres de confianza y les ordeno buscarlos, dandoles unas largas instrucciones.

Llegó la mañana e Imdralis se preparó y por precaucion metió el pergamino en una bolsita echa de una aleacion de metales extraños solo conocido en esos lares. Cuando tubo todo preparado siseo unas oraciones en privado y partio, a mucho pesar, con mas de 1500 hombres de toda Belfast que con orgullo caminaban hacia la batalla. De esos hombres solo 500 eran originarios de Dol Amroth, eso si... esos 500 hombres eran de los mejores guerreros jamas conocidos. La mitad de los hombres partieron en barco y la otra mitad a pie. Imdralis decidio ir por tierra porque no deseaba pasar por Pelargir, una ciudad que en sus viajes no le habia tratado muy bien.

En esos momentos Tuilere intento acceder a la zona donde estaban los guerreros, pero los guerreros cansados la metieron en una celda.

Así pues partió Imdralis, apodado por algunos de la corte como el extraño , ya que no era un guerrero impávido como su hermano o su hermana sino mas bien un joven pero gran sabio que a la gente poco atraia en tiempos de guerra. Vestia la orgullosa tunica que tanto le gustaba y la mismisima armadura de su padre. Junto a el partió Ergond (su nombre significa solo piedra llamado asi por su caracter fiero y musculoso). El unico gran guerrero que no partia con exepcion de rey era el hermano de Imdralis pues a el se le encomendó cuidar de la ciudadela.


Lejos de allí los amigos de Imdralis se llevarón una gran sorpresa cuando se toparon con 5 hombres de Dol Amroth los cuales les reconocieron enseguida y les dieron provisiones y una carta de Imdralis.

Carta:

Queridos amigos si leeis esta carta ante todo pediros disculpas por marcharme tan repentinamente, nose que podré haceros para recompensaros pero mientras tanto estos 5 hombres: Agar, Gelgir, Idhar, Encared y Ulost os acompañaran hasta donde vosotros digais, podeis ir a mi querida Dol Amroth o daros prisa para alcanzarme por las praderas hasta Minas Tirith. Intentaré retrasar el paso tanto como me sea posible.

Un abrazo Imdralis.



La carta estaba surcada por destintes que claramente estaban producidos por lagrimas de Imdralis.


P.D: LA HISTORIA ESTA FENOMENAL!!!, siento haberme ausentado tanto. Espero que mi intervención os haya gustado.


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NotaPublicado: Dom Jul 08, 2007 6:49 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Ubicación: Aquí y allá
Esdaleon examino la carta varias veces pensando en las posibilidades.
- Podremos usar uno de los barcos de Dol Amroth?- Pregunto Gwyrdion.
- Desde luego.- contesto uno de los soldados- Os dispondremos el mas rapido-
Gwyrdion miro al resto del grupo buscando alguna propuesta mejor, ninguno objeto nada ante la evidente idea de ir en barco para alcanzar a Imdralis, asi tendrian mas posibilidades de llegar incluso antes que el.
- En barco iremos entonces.- Dijo Esdaleon con una mano sobre el hombro de Gwyrdion, todos estaban casi extasiados al ver que despues de todo la mision iva marchando en su direccion.
- Es seguro que el pergamino siga en manos de Imdralis?- Pregunto Isilya.- Por si acaso mandare a Aure a vigilarle, si pasa algo tratara de quitarselo y traernoslo de vuelta, pero me preocupa que el pergamino le haga algo.-
- Es una buena idea y un riesgo que debemos correr ante las opciones que tenemos.- Contesto Esdaleon.
- Venga no perdamos mas el tiempo, debemos estar en Dol Amroth ya mismo.- Contesto Gwyrdion.
Los cinco soldados deol Dol Amroth guiaron a los companheros que, ya exaustos por la aventura veian el final de este peligroso viaje asomarse por el horizonte, sentian una sensacion mezcla del miedo y la emocion a dar un paso mas y a alzar las espadas con bravura por un final digno de escribirse, cantarse, y contarse de generacion en generacion.

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Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 8:04 am 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
mientras tanto, tuilere daba vueltas refunfuñando en su celda.

De pronto vino un guardia con llaves en las manos y abriendo la celda dijo:

- ya puedes largarte.

La elfa malhumorada masculló algo por lo bajo y salió del castillo siguiendo al guardia. Una vez fuera, él estaba por marcharse cuando ella le preguntó:

- Y el principe Imdralis?

- Se ha marchado, ayer.

A tuilere se le llenaron los ojos de lágrimas. Pensó un momenton, no creía que pudiera ya alcanzarlo, decidió que esperaría su regreso tumbada en la arena.

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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 12:08 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
- Estoy completamente agotado- murmuró Walo mientras atravesaban las murallas de Dol Amroth.
Se habían bajado de sus caballos y ahora caminaban, tras los cinco caballeros que Imdralis había enviado al grupo.
- Yo también me siento agotado amigo- le dijo Enumanus- ha sido un viaje agotador, sobre todo en estos últimos días.
El humano se había mostrado reservado con el resto del grupo en estos últimos días, salvo quizá con Walo, quien le ofrecía su amistad desinteresadamente, sin importarle nada de lo que había pasado. Isilya le observaba todo el tiempo, pero manteniendo las distancias, esperando que su ánimo mejorara con el paso de los días.

La hermosa ciudad se alzaba imponente frente a ellos. Hacía apenas una hora que había amanecido y una luz ocre y rojiza bañaba los muros blancos de las casas. Aquella visión tan hermosa estaba coronada por la gran torre de vigilancia de Dol Amroth; y justo debajo de ésta, se encontraba la fortaleza del Príncipe, hacia donde el grupo se dirigía.
La entrada al palacio estaba rodeada por un amplio patio adornado con jardines y varias fuentes. No se veía movimiento alguno, tan solo guardias que vigilaban aquí y allá.
Cuando llegaron a las puertas del palacio se detuvieron.

- El Príncipe Imrahil os recibirá tan pronto como le sea posible- dijo Gelgir, que era el cabecilla de los cinco soldados- está ultimando órdenes a los soldados.
- No te preocupes caballero- dijo Esdaleon - esperaremos aquí en el patio.
- De acuerdo- contestó Gelgir- Idhar, lleva a sus caballos a los establos.

Idhar se inclinó y seguidamente tomó las riendas de los cinco caballos del grupo y se alejó de allí. El resto de los caballeros se adentró en palacio dejando al grupo solo en aquel enorme patio.

- Es una torre impresionante- dijo Esdaleon maravillado, levantando la cabeza hacia el cielo.
Gwirdyon comenzó a andar rodeándola, y cuando se había alejado un buen trozo le hizo un gesto a Isilya para que se acercara.
La elfa la siguió y ambas dieron la vuelta a la torre hasta encontrar lo que Gwirdyon buscaba: el Mar.
Un enorme muro se alzaba rodeando la ciudad protegiendo así la costa de Dol Amroth de la fuerza del mar y del viento.
- Hacía tanto tiempo que no lo veía- dijo Gwirdyon mirando absorta el horizonte.
Isilya tragó saliva pero no dijo nada; era la primera vez que veía el mar abierto. A esa hora estaba tranquilo y el suave sonido de las olas se mezclaba con el clamor de las gaviotas que sobrevolaban la torre.
Las dos mujeres se quedaron asomadas en el muro un buen rato hasta que el resto del grupo se acercó.

- ¡Gwirdyon!- exclamó Walo refunfuñando- le he propuesto a Esdaleon que, ya que Imdralis está llevando el pergamino a Minas Tirith, nosotros podríamos descansar por fin, y quedarnos aquí de vacaciones, aunque no me ha hecho caso, ¿tú que dices?

La semielfa resopló; durante unos instantes había olvidado el pergamino, maravillada con la belleza del paisaje, pero ahora le volvió a invadir la preocupación de nuevo.

- No podemos Walo. Esdaleon y yo debemos alcanzar a Imdralis antes de que llegue a Minas Tirith. No he malgastado años de mi vida en esta causa y no he pasado innumerables peligros, para que a última hora esta misión que me fue encomendada a la cumpla otro mientras yo me quedo tomando el sol en la playa- la voz de la semielfa sonó firme y tajante.

- Gwirdyon tiene razón- añadió Esdaleon- no obstante, y llegados a este punto, el que se quiera quedar aquí puede hacerlo libremente.

Se hizo un momento de silencio en el grupo; aquella posibilidad no la habían tomado muy en serio hasta ahora.
Isilya, que no había dejado de observar el mar, se volvió hacia Gwirdyon.
- Yo os voy a acompañar, sin dudarlo- dijo.
Esdaleon miró a su amigo Walo esperando su respuesta.
- Está bien Esdal- dijo el viejo resoplando- ya habrá otro momento para las vacaciones, supongo.

La pareja de semielfos miró entonces a Enumanus esperando su respuesta. El humano titubeó; podría quedarse en aquella ciudad y comenzar una nueva vida o podría terminar aquella misión junto a ellos y demostrar su honradez hasta el final.
- Ven con nosotros, por favor- dijo Isilya cogiéndole del brazo.
Enumanus observó a la elfa y seguidamente miró a Gwirdyon y Esdaleon.
- Han pasado muchas cosas Enumanus- dijo la semielfa- pero a pesar de todo nos has sido de gran ayuda. Me gustaría que todos los que estamos aquí llegáramos a Minas Tirith juntos.
Enumanus asintió con la cabeza, e intentó esbozar una sonrisa; en cierto modo aquellas palabras le parecieron conciliadoras.

En aquel momento, un guardia les llamó desde el patio.
- El Príncipe Imrahil reclama vuestra presencia en palacio.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 1:26 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Han pasado muchas cosas Enumanus- dijo la semielfa- pero a pesar de todo nos has sido de gran ayuda. Me gustaría que todos los que estamos aquí llegáramos a Minas Tirith juntos.

Aquellas palabras se repitieron una y otra vez en la cabeza de Gwirdyon mientras acompañaban al guardia que les llevaba en presencia del rey Imrahil. No alcanzaba a recordar todos los acontecimientos acaecidos en las últimas semanas, pero sí recordaba el momento de júbilo que sintió hacía poquitas horas cuando, después de librarse de los huargos gracias a la treta de Esdaleon, vieron aparecer a los cinco soldados con el emblema de Dol Amroth en sus ropajes.

Recordó aquel día en que Imdralis se cuadró frente a Esdaleon y le hizo una reverencia a ella misma allá en el camino del sur, tras salir de Tharbad. Entonces vio el barco blanco con el cisne bordados en su peto, y sintió alegría al verle. Pero la sensación del día anterior fue mucho más que alegría. Cuando parecía que todo estaba perdido, yendo cuesta abajo, vio aparecer cinco petos iguales, con los cinco barquitos blancos y los cinco cisnes, formando una hilera horizontal y dirigiéndose hacia ellos con paso firme. Aquello era mucho más que lo que veían. Aquello significaba que Imdralis estaba bien, y que el pergamino estaba en buenas manos. Aquello significaba que, a pesar de la enorme responsabilidad que la misión exigía, Imdralis no se había olvidado de sus amigos; aunque a alguno de ellos lo siguiera considerando un traidor por desconocimiento. Significaba que los cinco que quedaban en ese momento habían ocupado un huequecito en el corazón del muchacho y había dispuesto a sus mejores hombres para salvaguardar sus vidas. Gwirdyon se sintió muy orgullosa de aquel muchacho, que ya no era tal, pues se había convertido en todo un guerrero.

Gwirdyon miró a Esdaleon emocionada y el caballero le guiñó un ojo. Walo observó a los cinco soldados con detenimiento y no dijo palabra. Isilya también los miró y sonrió abiertamente, algo en su corazón le decía que iban por el buen camino. Quiso compartir ese momento con Enumanus y se volvió hacia él y le tendió una mano a través de las riendas del caballo. Enumanus la miró asustado, pues los soldados de Dol Amroth y los de cualquier otro sitio no gozaban de su simpatía. Se dejó llevar y estiró su mano hasta que sus dedos rozaron los de la elfa de cabellos oscuros. Entonces sintió cierto alivio y su corazón se aceleró más todavía.

Aquel había sido un gran momento para recordar. Luego, Esdaleon leyó en voz alta la carta de Imdralis, ¡que llevaba el sello del rey! Gwirdyon recordó a Imdralis unas semanas antes enterrando su armadura en un gesto de humildad para ganarse la confianza de Esdaleon, y ahora escribía cartas y las lacraba con el sello real. ¡Cuánto habían cambiado las cosas!

- Gwirdyon, ¿estás bien? - La voz de isilya le hizo volver a la realidad. La semielfa se estremeció asustada, pues aún seguía absorta en sus recuerdos.
- S...i... - Balbuceó. - Estaba pensando en otra cosa.
- Claro, eso no lo dudo. Desde luego aquí no estabas. - Respondió Isilya y se echó a reir.

Al momento llegaron a la sala del trono. Imrahil se levantó de su sillón y se acercó hasta el grupo de los cinco. Todos ellos a excepción de Enumanus le hicieron una reverencia.

- No, no hagáis eso. Las reverencias son para las ceremonias. Ahora estamos entre amigos. - Contestó Imrahil invitándoles a sentarse a su mesa con un gesto de la mano.
- Gracias por honrarnos con su amistad - dijo Esdaleon.- Es un gran honor para nosotros ser considerados en tan gran estima.
- Ya veo que habéis pasado mucho tiempo con mi hijo. Sólo él es capaz de hablar así. - Todos rieron la broma de Imrahil.- Bromas aparte, Imdralis me ha puesto al corriente de la situación, que considero de extrema gravedad. Ya he puesto en camino a 1500 hombres para que vayan a defender Rohán y Gondor. Mi hijo ha partido con ellos.
- ¡Eso no puede ser! - Exclamó Gwirdyon saltándose todos los protocolos.
- Ya empezamos a liarla. No hay como meter a Gwirdyon en un castillo para que nos busque problemas con la realeza donde quiera que va. -Le dijo Walo a Enumanus en voz baja.
-Pues sí que puede ser. Mi hijo se ha empeñado en llegar a Minas Tirith lo antes posible y no ha habido manera de hacerle cambiar de opinión.
- Es cierto que hay que llegar allí cuanto antes, pero no podemos dejar a Imdralis solo. Ese pergamino produce unos efectos negativos sobre quien lo porta y es imprescindible que Imdralis no esté solo para poderle defender de sí mismo. - Explicó Gwirdyon. - Créame, es capaz de sacar lo peor de cada uno.
- Lo único que puedo hacer es dar orden de retrasar su salida todo lo posible para que podáis alcanzarle, pero no garantizo nada.

Entonces un soldado interrumpió en la sala y se dirigió al rey para trasladarle un mensaje urgente.
- Metedle en el calabozo. Que esté allí unas horas hasta que se le pase el berrinche. Luego dejadla ir. - Contestó el Príncipe dando instrucciones al soldado. Cuando éste se fue, el príncipe se dirigió al grupo con una sonrisa en la cara.
- ¿Ocurre algo? -Preguntó Isilya.
- Pues que mi hijo acaba de llegar y ya ha aparecido una elfa diciendo que lo anda buscando porque dice ser su novia, o algo así. Este chico, desde luego ha cambiado mucho. - Inrahil soltó una sonora carcajada. Gwirdyon miró a Enumanus con los ojos muy abiertos y con disimulo pronunció el nombre de Tuilere para que el humano la entendiera. Enumanus asintió con la cabeza. La semielfa sonrió picaronamente.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


Última edición por Gwirdyon el Mar Jul 10, 2007 11:47 am, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 1:38 pm 
Viajero Asíduo
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Ubicación: Donde se necesite algo de amor (Sevilla)
Nada le gustaba a Imdralis el papel que ahora llevaba en esta aventura... el no queria ser un guerrero, no queria llevar armadura, no queria mandar un ejercito, no queria usar sellos reales, solo queria humildad, amor comprension, cariño y aprender de Arda tanto como su vida le permitiese. Pero ahora se veia convertido en un capitan de los ejercitos de Belfalas... su destino lo habia atrapado... lo maldecia constantemente y le asaltaban los recuerdos intensos sobre sus amigos y si estarían bien o no...

- Acampemos aqui- dijo Imdralis a sus hombres- descansaremos un poco y al alba partiremos de nuevo.

Cuando todos, menos los que hacian guardia, dormian Imdralis cogio uno de los dos libros que llevaba, el libro oscuro, y comenzo a leer como si de un ritual se tratase marcandose perdiodicamente en el pecho un simbolo con el cuchillo. Cuando hubo terminado estaba muy devil, había perdido mucha sangre. Ese libro era el libro oscuro de los elfos corruptos, de los poco elfos de calleron en la corrupcion de Melkor, bajo la luz de las estrellas, uno de ellos se convirtio en un gran "hechizero" que bajo la mano de Melkor aprendio muchos secretos oscuros los cuales escribió en el libro negro. Imdralis se grababa algunos de los simbolos oscuros para demostrar asi verdadera fe en Iluvatar, pues cuando se los marcaba a la hora cogia un cuchillo y se rasgaba la piel hasta que hubiesen desaparecido. Era un metodo que aprendio en sus viajes a las profundidades del Bosque Negro.
Terminó el rito leyendo algunas de las paginas del libro blanco, nadie sabe quien lo escribió algunos dicen que los mismisimos valar lo mandaron hacer, y callendo rendido de bruces al suelo.

Cuando amaneció Imdralis se sentía mucho mas energico y dijo a sus hombres, cuando todos estaban reunidos:



- Amigos, hermanos, queridos todos. Escuchad mis palabras, hoy haremos otro dia hacia Minas Tirith, no partiremos con prisa, pues debemos llegar frescos alli, pero tampoco nos pararemos demasiado. Agradezcamosle a Iluvatar este grandioso dia que hoy nos ofreze- y mirando al cielo, el cual radiaba de belleza, recito un antiguo cantico elfico a los Valar- HOMBRES DE BELFALAS SEGUIDME, PUES NUESTRO AMADO REY ELESSAR NOS NECESITA Y LOS HOMBRES JUSTOS NUNCA OLVIDAN A SU REY. ¡¡¡¡¡EN MARCHA!!!.


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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 3:04 pm 
Señor de las Palabras
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El ejército enemigo marchaba ya camino a Gondor, haciéndo temblar el suelo bajo sus pies. Un millar de orcos, huargos, y seres de corazón oscuro, marchaban en estampida creándo una barrera de kilómetros de distancia en el horizonte. Gritos de jubilo e histeria se oían entre las filas de negras armaduras.

- HAREMOS ALTO PARA DESCANSAR AL CAER LA NOCHE.- Se alzó una voz pro encima de todas las demás. Los soldados dijeros a una:

- Sí.



Mientras tanto lejos de allí, la brisa del mar soplaba y una elfa descansaba tumbada en la arena. Cerró los ojos y se puso a dormir un rato.


Dentro del palacio, Gwrindyon, Esdaleon, Isilya, Enumanus y Walo, comparecían en reunion ante el rey.

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NotaPublicado: Mar Jul 10, 2007 12:14 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
Decidieron declinar la invitación del rey a quedarse en palacio hasta que el barco que había de llevarles hasta Minas Tirith estuviera dispuesto.
- Señor, no estamos acostumbrados a tanto lujo, una simple posada donde sirvan buena comida y bebida es suficiente para nosotros. - dijo Esdaleon cortésmente.
- bien, si es vuestro deseo...- replicó Imrahil - conozco una pasado el puerto cerca de la playa. Su nombre es "El bosque marino", allí sereis bien atendidos - les observó de arriba a abajo y continuó - pero no marchareis sin antes asearos y hayais tomado un buen baño.
Se miraron entre ellos, la verdad, ofrecían un aspecto bastante lamentable.

Había pasado el mediodía cuando el grupo paseaba en direccion a la posada, por el camino del puerto. Gwirdyon y Isilya caminaban maravilladas por la belleza del lugar, los demás, se habían retrasado sospechosamente y caminaban tras ellas.
La semielfa se volvió para ver a Esdaleon que sonreia picaronamente. Las dos se detuvieron.
- No solo el lugar es hermoso! - exclamó Walo riendose a la par de sus compañeros.
Ellas sonrieron sintiendose alagadas, sin duda el baño y saber que pronto llegarian a destino había relajado los animos.
- mirad debe ser allí - dijo Enumans señalando una casa a un centenar de metros.
La posada era un pequeño edificio solitario construido sobre un pequeño acantilado que daba al mar. La mitad llena de grandes ventanales era precisamente la que estaba sobre el agua.
Al entrar la decoración les sorprendio aún más. Todo estaba pintado de azul de diferntes tonos y gamas, los pilares parecian troncos de arboles que se abrian en ramas al llegar al alto techo.
Se sentaron cerca de un gran ventanal que daba al mar,la brisa y el olor a salitre les dio la bienvenida.
- Aqui estaremos estupendamente - dijo Isilya, aquel dia su cara relucia de alegria.
Les sirvió un joven elfo que sin duda estaba esperandolos.
- Espero que todo sea de su agrado -dijo - no cabe decir que todo está pagado - les guiño el ojo y empezó a tomar nota.

Comieron y bebieron a más no poder, Imraihl tenía razón en que el servicio seria exquisito.
La posada era un ir y venir de elfos, marinos, pescadores, mercaderes y otras gentes del lugar, que al verles la curiosidad llenaba sus ojos.
Esdaleon y walo se unieron a cantar al oir alguna cancion de los demás clientes para despues reirse de lo mal que lo hacían.
- Tu no cantas Enumanus? - preguntó Isilya.
- Como no sea una cancion oscura.. - contestó Esdaleon
- Jajaja - rió Walo.
Enumanus los miró serio y se levantó, tomó un trago largo de cerveza y cogió aire concentrándose.
-Cerca del mar hay un bosque marino
donde los elfos visten de azul.
De azul van entre los pinos,
entre los robles y el abedul.

Ese turquesa marino que el mar inspiró.
Para soñar con poder regresar
de donde nunca debieron marchar.

Tal vez alguna noche podras verlos partir.
En silenciosa procesión,
guiados por la Luna allá en horizonte...


Acabó de golpe sentandose rojo de verguenza, en la sala lo miraron para despues aplaudirle.
- Vaya! Acabas de inventartelo? - preguntó la semielfa.
- No, me lo enseñó un elfo...
- Perdonad señor - le interrumpio el joven que les había servido - esta canción... - titubeó un segundo - era de mi padre.
Todos en la mesa callaron mirando a Enumanus, éste bajó la mirada sombrio.
- Tu padre? - preguntó - como se llamaba?.
- Slironëe, murió siendo yo niño, fue apresado por un grupo de orcos cerca del bosque negro años despues de la guerra del anillo.
Enumanus tragó saliva y miró a aquel joven de pie junto a él, sin duda hacía mucho tiempo que no habá escuchado aquella cancion y necesitaba respuestas.
Se levantó y mirando a los demás.
- Disculpadme - dijo con voz lacónica.
agarró suavemente al joven elfo por el hombro y se lo llevó a un lugar apartado del gentio.
- Ja! - dijo Esdaleon - ahora le contará como lo mató con sus propias manos.
- No te pases Esdal. - replicó Isilya
- A lo mejor le pide perdón - continuó Walo.
Sentados en un rincón el humanos parecía conversar tranquilamente con el elfo, este escuchaba con atención todo lo que el extraño le explicaba.
- Me parece que lo que está haciendo es perdonarse a si mismo - dijo Gwirdyon tomando un trago de cerveza.
La tarde transcurrió tranquila entre risas mientras de cuando en cuando observaban las rezcciones del elfo y el humano.

Entonces se levantaron y se fundieron en un abrazo, el joven parexcía enormemente emocionado. Enumanus se despidio de él y volvió a la mesa.
Todos esperaban que contara lo que había ocurrido.
- Tal vez deba contarle quien eres de verdad - dijo Esdaleon levantandose desafiante.
- Ni se te ocurra -Enumanus se alzó poniendose la mano enla empuñadura de su espada.
- Es que siempre teneis que acabar discutiendo vosotros dos - dijo Walo molesto.
- Amigos mios! - se oyó un agudo grito desde la puerta.
tuliere acababa de entrar y al verlos gritó corriendo hacia ellos como loca. saltó sobre Esdaleon y le abrazó besandole aparatosamente, al soltarle se dirigió a Enumanus. Este se sentó poniendo las manos delante de él.
- Me alegra verte Tuliere - dijo riendo.
al sentirse rechazada la elfa se volvió hacia los demás y empezó a repartir besos y achuchones.
- He! A mi me has besado en la frente - dijo Walo
- Cosas de la edad - se disculpó Tuliere.

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cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Dom Sep 09, 2007 3:10 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mar Jul 10, 2007 12:22 pm 
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Isilya abrió los ojos de par en par. Cuando Tuilere se fue lo pasó muy mal, pues se habían hecho muy amigas, y vio cómo sufrió la elfa de cabellos cortos con la muerte de la familia de Lassemalinë. Le pareció un poco precipitada su marcha, pero luego comprendió que en ese momento era lo que debía hacer. Tuilere e Isilya se fundieron en un abrazo. Gwirdyon esperaba impaciente su turno para abrazar a la recién llegada. Muchas cosas habían ocurrido en su ausencia y no sabía si tendrían tiempo suficiente para relatárselas todas. Por fin Tuilere reparó en la semilefa y le dedicó una de sus sonrisas más expresivas. De repente fue como si el sol se hubiera colado dentro de la posada y los iluminara a todos.

Enumanus miraba a todos con cierto reparo. Continuamente le estaban recordando parte de su pasado. Hacía un momento el altercado con Esdaleon, y antes, en el palacio de Imrahil, sus pensamientos también le habían jugado una mala pasada. Por lo que él podía recordar, Imdralis había desaparecido justo antes de la aparición del orco que secuestró a parte del grupo. Y justo antes de su desaparición, Esdaleon le había descubierto al grupo como un traidor. El humano había estado atando cabos, y la idea que Imdralis podía seguir teniendo de él era la de un enemigo. Y si había puesto al corriente a su padre de todo lo sucedido, también le habría puesto al corriente de su supuesta traición. Todas estas ideas bullían en su cabeza y le hacían tanto daño como las pesadillas que hasta hacía bien poco había tenido todas las noches. Enumanus había estado mirando de reojo a Imrahil, como si esperara que de un momento a otro mandara aparecer unos guardias que le apresaran. Su mirada era la de una fiera enjaulada. Isilya se dio cuenta del nerviosismo de Enumanus y le pasó la mano sobre el dorso de la suya para calmarle. Enumanus se había estremeció al notar su tacto.

- Pobre Imrahil, - Interrumpió Isilya, haciendo volver a Enumanus de sus pensamientos.- Estaba deseando celebrar la vuelta de su hijo y le hemos dejado con las ganas. Incluso había ordenado preparar las mesas para nosotros. Pero eso sí, cuando se ha ofrecido a darnos cualquier cosas que necesitáramos, yo no he perdido el tiempo.
- No, casi tenemos que sacarte a rastras de la farmacia - exclamó Esdaleon.
- Si, es cierto, - Apoyó Gwirdyon, - cuando hemos entrado a buscarte tenías cara de extasiada.
- ¿Y qué había dentro? - Preguntó Tuilere intrigada- ¡Cuenta, cuenta!
- Cuando la doncella me ha acompañado hasta la apoteka, no me imaginaba ni en sueños lo que iba a encontrar allí. - Isilya tomó un trago para continuar con la historia.- cuando traspasé la puerta, mis ojos grises se perdieron entre tantos y tantos botes de hierbas medicinales que durante años, primero Imrahil y luego Imdralis, habían estado guardando con sumo cuidado y esmero.
- Ja ja, apuesto a que estaba todo ordenado alfabéticamente - Bromeó Esdaleon.- Como si lo viera.
- Pues sí, lo estaba. -Continuó Isilya.- Os juro que mi corazón dio un vuelco. Podía pasarme toda la vida allí, mirando botes y tarros y recetas copiadas en pergaminos y perfectamente ordenadas alfabéticamente. Aquello era como un paraíso.
- El bueno de Imdralis, además de culto es ordenado y metódico. - Dijo Enumanus. Todos le miraron y sonrieron. Levantaron sus jarras y las unieron en el centro de la mesa.
-¡POR IMDRALIS!- Brindaron todos y bebieron a la salud de su amigo.
- ¿Y pudiste coger todo lo que quisiste? - Preguntó Gwirdyon.
- Si, claro. Todo estaba al alcance de mi mano, y podía disponer libremente de todas las plantas que quisiera. La doncella me preparó unos saquitos de cuero para que colocara en su interior los puñados de hierbas y los pudiera conservar mejor.

- Estoy rememorando la carita de Isilya en la farmacia y era igualita a la tuya en la sala de armas. - Dijo Gwirdyon señalando a Esdaleon.- Parecías un niño en un puesto de juguetes.

Todos rieron, excepto Esdaleon, que se sintió avergonzado. Enumanus se levantó y se dirigió a la barra para pedir más pan. Walo también se levantó para pedir más cerveza. En ese momento Walo se dirigió a él.

- Vamos, amigo, me debes unas cuantas copas a cuenta de las botellitas que tomaste prestadas el otro día de mi bolsa.
- Walo, dime una cosa - contestó Enumanus - ¿por qué a pesar de todo lo que dijo Esdaleon de mí, y a pesar de la fe ciega que tienes en él, me defendiste y has demostrado siempre confiar en mí?
- Pues,... - Walo se encogió de hombros e hizo una mueca.- No sé. No tengo recuerdos, mi memoria se borró hace mucho tiempo, y desde entonces he tenido que sobrevivir guiándome por mi instinto. No recuerdo si alguien es de fiar o no, mi instinto me dice si lo es o no lo es. Y mi instinto me dijo desde el primer momento que podía confiar en tí. Anda, vamos a por unas cervezas.

Enumanus sonrió y le pasó el brazo por el hombro a Walo. Era la primera vez en su vida que tenía un amigo de verdad. Aquella sensación le sumergió en una especie de burbuja, aislándole de toda la amargura a la que estaba acostumbrado. En ese momento comenzó a entender un montón de cosas que antes no comprendía. Encontró sentido a la extraña atracción que Isilya demostraba tener hacia él, y a la aversión que Gwirdyon nunca había ocultado hacia su persona. Walo e Isilya se dejaban llevar por sus impulsos y por su instinto. Esdaleon y Gwirdyon sólo veían lo que creían ver. Y aún así, con métodos distintos, todos ellos habían sobrevivido a acontecimientos históricos desastrosos. Empezó a valorar mucho más a aquel anciano a quien todo le daba igual mientras hubiera buena cerveza por medio, y se juró a sí mismo que no permitiría que nada malo le ocurriera a su recién descubierto amigo. Ambos volvieron a la mesa con el pan y la cerveza.

- Tuilere, estás muy callada, nosotros no hemos parado de hablar y tú apenas nos has contado nada de lo que te ocurrió desde que nos dejaste. Queremos saber qué ocurrió con Lassemalinë y qué has hecho en todo este tiempo. - Le dijo Isilya y le sonrió. Tuilere cambió el rostro alegre por otro más sombrío. La tristeza volvió a su rostro y se quedó muda, pues no sabía por donde empezar.
- No importa, ya nos lo contarás mientras vamos en el barco. - Contestó Gwirdyon, intentando hacer ese momento un poco menos tenso.

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Última edición por Gwirdyon el Mié Jul 11, 2007 11:51 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Jul 10, 2007 5:20 pm 
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Esdaleon, muy entretenido con la comida, no hacia mucho caso a la charla que se llevaba en la mesa, en unas horas estarian en el barco camino a Minas Tirith, y dios sabe cuantas cabezas rodaran despues. Una batalla, no se habia parado a pensar en ello todabia, no era seguro pero el sabia que ocurriria, su espada le aporataba esa sensacion de peligro, de deber ponerse en guardia ante un ataque, como en cada uno de sus combates. Hacia muchos anhos que no participaba en una batalla, recordaba como la drelanina le bailaba por todo el cuerpo al compas de los gritos de guerra y de agonia.
- Que piensas?- Pregunto Walo sacandole de su esimismamiento.
- Nada.- Contesto Esdaleon volviendo a ponerse manos a la obra con la comida.
- Jojojo, pobre Esdaleon, lleva tanto tiempo sin una mujer que empieza a imaginar cosas raras.- Rio Walo, Esdaleon no hizo caso aunque oyo las risas de los demas.
- Bueno Esdaleon y que pensabas? nos lo puedes describir? era con alguna de por aqui?- Comenzo a bromear Isilya.
- No tien gracia.- Contesto Esdal serio y todos dejaron de reirse reprimiendo todas las bromas que se les habia ocurrido.
Una vez terminaron de comer decidieron ir al puerto a ver los barcos y a esperar que el suyo estubiese listo, ahora todos estaban nerviosos, sabian lo que iva a pasar, y sabian que eso suponia la posibilidad de sucumbir ante alguna arma enemiga, podia ser que fuera la ultima vez que estubieran juntos, era una presion dificil de afrontar incluso para los mas experimentados. Pero Esdaleon no sentia eso, despues de anhos ansiando la muerte le perdio el miedo, lo unico que sentia era una especie de tension en todo el cuerpo, como una especie de ansiedad por que llegase el momento cuanto antes. Por otro lado le preocupaban sus amigos, no sabia si ellos estarian tan preparados.
Pronto cruzaron unas cuantas calles y se encontraron con el mar, lo cual a Gwyrdion la dejo extasiada, que salio corriendo hasta la orilla.
- Mira quien es la ninha ahora- Dijo Esdaleon para Isilya que se reia ante la ironia.
Mas a la derecha se encontraban los barcos, de todo tipo, desde pequenhos pesqueros hasta enorme barcos de combate, pero la grana mayoria habian partido ya. Entonces aparecio un guardia a lo lejos Indicandoles que se acerquen.
- Venid, os llevare hasta vuestro barco.- Dijo el soldado y tos le siguieron por el puerto.

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Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Mar Jul 10, 2007 11:34 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
El atardecer sorprendió a Duramtor cruzando junto con sus hombres las puertas de Minas Tirith. En el patio con claros rasgos de ansiedad, Faramir le esperaba. Desmontó y despues de sacudirse el polvo del camino se saludaron efusivamente.
- Veo que no estais todos los que partisteis - preguntó con extrañeza.
Duramtor observó como sus hombres una vez a pie llevaban sus caballos a los establos.
- Dejé unos diez en la frontera - empezó a andar hacia la ciudad y Faramir le siguió - encontramos orcos cerca del paso de Erech. Montaban huargos, crei que desaparecieron en la última guerra...
- ¿Pudiste averiguar que se traen entre manos?
Duramtor observó a su acompañante como meditando sus palabras.
- Exactamente no lo se. - acabó diciendo.
El semblante de Faramir parecia preocupado.
- Al poco de tu marcha recibimos un mensaje de Rohan, parece ser que un ejercito de orcos, trolls y demás alimañas se está reagrupando en el norte. Esperan un ataque inminente.
- Imposible - exclamó - los orcos que encontramos no pertenecian a ningún ejercito. Lo que me extraña es la posición de Dol Amroht en este asunto.
Un guardia se acercó corriendo a Faramir y despues de saludar le entregó un papel enrollado. Éste lo abrió y lo leyó detenidamente. con un gesto hizo que le guardia les dejara. Parecía contrariado.
- ¿A que te refieres con lo de Dol Amroht? - preguntó mientras enrollaba el papel.
- Los orcos parecían campar a su gusto entre Erech y el camino de Rohan, además tengo mis sospechas de que algo oscuro se ha adentrado en ese reino.
Faramir levantó el papel enrollado mostrándoselo.
- Acaba de llegar de nuestros centinelas al sur. Un pequeño ejercito viene de Dol Amroht hacia aquí con claras intenciones de lucha, tambien se acerca uno de sus barcos de guerra por el rio.
Duramtor pareció sonreir.
- ¿Crees que? - dudó - ¿Acaso sospechas de la lealtad de Mirhail a Gondor?
-Tu los has dicho, esto solo corrobora tus sospechas, una sombra cubre el trono de Dol Amroth y tal vez Minas Tirith deberá enfrentarse a u ataque por dos frentes, el norte y el sur.
Se detuvo alarmado, metiendose el pergamino en sus bolsillo.
- Debemos avisar a Elessar, hay que estar preparados! - dicho esto empezó a correr hacia palacio.

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NotaPublicado: Mié Jul 11, 2007 1:22 pm 
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Registrado: Jue Mar 08, 2007 10:53 pm
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- Venid, os llevare hasta vuestro barco.- Dijo el soldado y todos le siguieron por el puerto. Pronto llegaron a un majestuoso barco de grandes velas, sin embargo era más pequeño que el resto.

-Este no es un barco de combate -dijo Gwirdyon.
-Efectivamente -le respondió el soldado- este es el barco más rápido del reino, asi podreis llegar lo antes posible a Minas Tirith, ya que el rey Imrahil quiere cumplir vuestro deseo.
-Estupendo, partamos cuanto antes -gritó Esdaleon.

El grupo sonrió y empezó a subir por la pasarela del barco aexcepción de Walo

-Walo ¿que haces? -preguntó el semielfo- si piensas beberte una última cerveza antes de salir vas listo.
-N.. no, no es eso -contestó el anciano.
-¿Entonces que te pasa? -preguntó Gwirdyon nerviosa, pues queria partir cuanto antes.
-Es que... ¿estais seguros de que ese barco es seguro?¿y si se hunde? yo no se nadar, ademas, seguro que me mareo. -dijo Walo cabizbajo
-No tienes de que preocuparte amigo -dijo Enumanus- seguro que Isilya tiene algo para ese mareo -esta le miro y nego con la cabeza- y... tranquilo estos barcos son muy seguros ¿me equivoco? -preguntó al soldado que les guió el cual lo afirmó.


Todo el grupo empezó a intentar convencer al viejo para que subiera, el cual al final por miedo a que se enfadaran por hacerles perder el tiempo, subio temeroso al barco.
Al poco el barco soltó amarras, antes incluso que el resto de barcos de combate y se dirigió en dirección a Minas Tirith. Aun no sabian el tiempo que tardarian en llegar, todo dependia de si el viento les era favorable o no.
Esdaleon que andaba nervioso de un lado a otro del barco meditabundo, se acercó a la semielfa para hablar con ella


-¿que se supone que es lo primero que haremos cuando lleguemos a Minas Tirith? -la semielfa que miraba el agua desde la borda se giró para responderle.
-Pues en el supuesto de que llegaramos antes que Imdralis, deberemos informarles del peligro al que estan expuestos, aunque a estas alturas no me extrañaria nada que ya sepan el peligro que les acecha... no se, todo se vera cuando lleguemos, pero espero que sea pronto, por que aunque no desee entrar en combate, ojala no lleguemos demasiado tarde.

Ambos se quedaron callados mirando el mar, sin duda preocupados por lo que se avecinaba.

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NotaPublicado: Mié Jul 11, 2007 1:36 pm 
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
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Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Tuilere corría de popa a proa emocionada.

Esdaleon y Gwirdyon la miraban pasar una y optra vez, y cuando no pudieron más dijeron a unísono:

- Estate quieta! no marees tanto!

Walo sí que estaba mareado, apoyado en la barandilla, con los ojos cerrados murmurába:

- Ay, Erü... Aaaaaaaaaaaay...

Isilya miraba fascinada como el viento Empujabna la barcaza y Tuilere hacía caso omido a las palabras de los dos semielfos y seguía corriendo emocionada.

- Nunca había viajado antes en barco. - explicó emocionada cuando al fin pudo tranqulizarse.

El =cielo estaba claro, el viento soplaba con fuerza y la barca navegába rápidamente seguida por unas cyuantas gaviotas que parecían despedirlos con sus risas.

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NotaPublicado: Mié Jul 11, 2007 4:41 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Tuilere se tranquilizó durante apenas unos minutos y luego volvió de nuevo a moverse de un lado para otro. Walo acabó vomitando asomado a la proa y Esdaleon le animó como pudo e intentó frenar sus impulsos de querer volver a tierra. Isilya buscó entre sus hierbas alguna que sirviera para frenar el ímpetu de Tuilere, pero no encontró nada. Al final se dio por vencida y probó otro método para hacer que la elfa se estuviera quieta.

- Tuilere, cuéntanos que hiciste cuando te fuiste con Lassemalinë a venga a su familia.
- Sufrí mucho. - Dijo la elfa parándose al instante.- Lassemalinë no se atrevía a mirarme a los ojos, pues tenía tanto odio y resentimiento que cada vez que lo intentaba se volvía loco de ira. Estuvimos cabalgando durante varios días, fuimos hacia el este.
- ¿Por qué seguísteis ese camino? - Preguntó Gwirdyon.
- Porque era el único sitio por el que podían haber escapado los orcos. Recordé que cuando me secuestraron en Isengard me llevaron hacia allí, y pensé que cuando abandonaran la ciudad seguirían ese mismo camino. Y, por cierto, Gwirdyon, aún recuerdo cómo Walo y tú me salvásteis la vida.
- En realidad fue Aurë, el espíritu amigo de Isilya reencarnado en lechuza, quien te salvó la vida. -Puntualizó Gwirdyon.- pero la idea fue mía, eso no lo niego.

Tuilere sonrió e hizo un par de volteretas laterales. Luego volvió donde estaba el resto y continuó contando.
- Pasaron varios días, como iba diciendo, cuando nos encontramos con el campamento de orcos. Lassemalinë estaba muy afectado. Me costaba comunicarme con él, pues cada vez estaba más ido, y el hecho de tener a los posibles asesinos de su familia cerca agravaba más la situación. -Tuilere hizo un alto para coger aire y respirar profundamente, pues la emoción había hecho mella en su integridad. Isilya, que estaba sentada en la orilla del barco, le cogió una mano para ayudarle moralmente. Tuilere asintió con la cabeza para darle a entender que ya podía continuar.

- Vamos, lo estás haciendo muy bien, - Le animó Isilya. Esdaeon resopló y miró hacia el mar. Enumanus escuchaba con atención, pero no participaba, se mantenía al margen. Walo hacía lo que podía para mantenerse en pie y enterarse de lo que contaba Tuilere.
- Decidimos seguirlos. Tuve que convencer a Lasse de que atacarles a las bravas solo nos pondría en peligro, pues nosotros sólo éramos dos y ellos eran muchos más. Sólo el orco gigante valía como cinco de nosotros. Sentí una gran opresión en el pecho cuando le vi a lo lejos, pues recordaba el día en que intentó matarme, aunque él creía que lo había conseguido. -Tuilere comenzó a reírse sola mientras los demás le miraban extrañados.- Teníais que haber visto la cara que puso cuando me vio de nuevo. Se creía que yo era un maia porqe había sobrevivido a la muerte y había vuelto de Mandos para vengarme de él. Su cara de terror era un poema.

Todos se rieron al imaginarse la escena. No podían imaginarse al enorme orco teniendo miedo de Tuilere. Aunque la elfa daba más miedo que muchos orcos.

- Lassemalinë no pudo esperar al momento adecuado, y se encaró con los orcos si pensárselo dos veces. Tenía tanta rabia contenido que mató a tres de ellos en la primera embestida. Luego también recibió de ellos. Yo le ayudé con mi espada, y finamente apareció el gigante. Cuando me vio se quedó blanco. Luego se armó de coraje y me atacó. Pero en la lucha cuerpo a cuerpo pocos hay mejores que yo, y éste no lo era.

- Eso es cierto, - Contestó Esdaleon.- Recuerdo el día que os paresaron los orcos a Walo y a ti, que Gwirdyon y yo os salvamos, y tú solita podías con cinco orcos mientra Walo estaba escondido tras una rocas.

Todos rieron, se imaginaban que esa había sido la reacción del viejo, y no les extrañó en absoluto ni les pareció exagerada la descripción de Esdaleon.

- Bueno, ¿y qué pasó cuando te vio aquel mamük? - Preguntó Esdaleon intrigado.
- Pues que se mojó los pantalones. - Tuilere se echó a reir y todos le siguieron.- Tras atacarme un par de veces, su miedo a pensar que podía ser un ainu poderoso, le jugó una mala pasada y acabó con mi acero atravesado en su garganta. Parecía un pincho de carne.
- ¿Y qué ha pasado con Lasse?
- Volvió a Isengard a reconstruir su casa. Recuperó la cordura y hace pocos días, cuando lo dejé, estaba bien, pero ya no es el mismo elfo del que yo me enamoré. Ahora ya no tiene ilusión por nada. Yo comencé a echar de menos a Imdralis, cada vez más y me vine hasta Dol Amroth para buscarle, pues sabía que tarde o temprano volvería aquí.
- Y has vuelto a embarcarte de nuevo en la misma aventura que dejaste cuando te marchaste. -Dijo Gwirdyon.
- Sí, ¡y me encanta! -Tulere se puso a dar saltos de alegría y a abrazarlos a todos una y otra vez. Esdaleon y Enumanus se miraron y parecieron tener la misma idea a la vez. La cogieron uno de los brazos y otro de las piernas y la lanzaron la agua. Isilya y Gwirdyon se pusieron a gritar y le lanzaron una cuerda. En unos momentos estaba de vuelta en la cubierta, totalmente empapada y mucho más relajada.

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NotaPublicado: Mié Jul 11, 2007 11:31 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Enumanus dejó de reir y observó a Isilya que con aire ausente observaba el mar apoyada a estribor. Se levantó esquivando las manos de Tuliere a punto de agarrarle las piernas para hacerlo caer y se acercó a la elfa que continuaba oteando el horizonte.
- ¿Que estás pensando?
Isilya no se atrevió a mirarle, tras él, Esdaleon gritaba intentando zafarse de Gwirdyon y Tuliere que intentaban lanzarlo por la borda.
- Pronto acabará la misión - dijo de repente - y todos tendremos que separarnos.
- No digas eso - intentó consolarla el humano - nos veremos en Bree, en la posada siempre habrá alguno de nosotros. - se volvió para ver como Tuliere, Gwirdyon y Esdaleon entre risas se perseguian de un lado a otro.
Walo acurrucado en un rincón, con la tez blanca cerraba los ojos intentando olvidar donde se encontraba.
- Al menos encontrarás a Walo - rio Enumanus - si sobrevive...
Isilya rio y su cara se iluminó de repente, en verdad que todos de una manera u otra se habían cogido cariño.
Enumanus la observó sorprendido, entonces se sintió elevado por los aires para ser lanzado al mar.
- Que demonios!!
Cogió la cuerda que colgaba del barco y subió a cubierta empapado.
- Quien ha sido? - preguntó entre risas.
La travesia prometía ser de lo más movida.

Lejos de allí, Duramtor salía satisfecho de la reunión con Elessar. Entre él y Faramir habían conseguido convencer al rey para que le dejara llegar con unos cuantos hombres hasta el ejercito que se acercaba por tierra desde Dol Amroth.
El barco no seria ningún problema pues Elessar habia dado orden de que le cerraran el paso hasta saber cuales eran sus verdaderas intenciones.
- Partiré en breve - contestó Duramtor con firmeza.

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NotaPublicado: Jue Jul 12, 2007 4:31 pm 
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Los seis compañeros se pasaron el resto de la tarde jugando como niños en la cubierta del barco. Ninguno se libró de ser lanzado por la borda y acabar empapado; nunca se habían reído tanto juntos, desde que se conocieran. Aunque el futuro inmediato fuera de lo más incierto, aquellos momentos de diversión, que tanto se merecían, les sirvió para liberar tensiones y relajar el ánimo.

Al fin el sol comenzó a esconderse detrás de ellos. Gwirdyon y Esdaleon se sentaron en un rincón a contemplar el ocaso mientras compartían confidencias en voz baja. Aquellos dos semielfos que se conocieron en día en Bree de una forma un tanto aparatosa, se habían convertido ahora en uña y carne. La complicidad entre ellos se palpaba desde lejos.

Walo se acercó a ellos al cabo de un rato con unas cuantas botellas de licor entre sus manos.
- ¿Interrumpo?- preguntó.
- Pues claro que no petardo- dijo Esdaleon sonriendo a su amigo- anda siéntate con nosotros.

El viejo aceptó la invitación y se sentó seguido de Enumanus, que aquel día se sentía feliz, como hacía mucho que no se encontraba.
- ¿No pensarás beberte de nuevo todo mi alcohol?- preguntó Walo abarcando todas sus botellas con sus brazos.
- No tranquilo- respondió el humano riéndose- el otro día aprendí bien la lección; esta vez solo quiero un par de tragos.
Walo le pasó una botella y los cuatro brindaron y bebieron.


- Isilya veo que ya te llevas muy bien con Gwirdyon- dijo Tuliere, que se encontraba junto con la elfa a unos metros del resto. Isilya sonrió.
- Bueno han pasado muchas cosas desde aquella ridícula pelea en la posada de Isengard- dijo sonrojándose al recordar los mechones de pelo que se llevó la semielfa entre sus manos.
- Entonces, ¿significa que ya les has contado a todos tu razón de este viaje?- preguntó Tuliere con curiosidad.
La cara de Isilya se ensombreció de repente; miró al resto de sus compañeros y se sorprendió al ver que todos estaban callados escuchando.

- Quizá sea hora de que lo compartas con nosotros- dijo Gwirdyon, desde su posición - y de paso te vendrá bien para desahogarte.

Las dos elfas se sentaron junto al resto e Isilya suspiró.
- Bueno todo empezó hace unos diez años más o menos- comenzó la elfa- conocí a un hombre en Minas Tirith. Era un capitán que gozaba de mucho prestigio y reconocimiento en la ciudad. Con él tuve un hijo, llamado Inzil…

- ¡Qué me dices!- exclamó Tuliere sorprendida, aunque no menos que el resto.

Isilya sonrió a la elfa y le puso su mano en el hombro.
- Déjame terminar por favor- le dijo con voz suave; se aclaró la garganta y continuó- Bueno, el caso es que al poco de nacer el niño, él y yo nos separamos; él no era lo que yo esperaba y además echaba de menos el bosque. Él, por supuesto quería quedarse en Minas Tirith participando en las guerras con el deseo de convertir a nuestro hijo en un soldado de provecho en el futuro. Evidentemente, ahí fue donde empezaron los problemas, pues yo quería regresar al Bosque Verde con Inzil pero él no me lo permitió.

- ¿Y te marchaste sola sin más?- preguntó Gwirdyon.

- No, no me marché. Me quedé para disgusto suyo, pues para esas alturas no quería ni verme; me veía como una amenaza para sus planes de educación del niño, y además le crispaba tener que abrirme todos los días la puerta de su casa para ver a Inzil. Al cabo de poco tiempo se casó y entonces, cansado de aquella extraña situación, cometió un acto horrible.

- ¿Qué hizo?- preguntó Enumanus expectante y sorprendido por aquella historia que hasta ahora había guardado su amiga.

- Incendió su propia casa para acusarme a mí luego; prendió fuego estando su familia dentro, incluido nuestro hijo- la elfa apretó los puños aguantando la rabia- Aún recuerdo el clamor de la gente gritando alborotada en la calle mientras los guardias me sacaban esposada de mi casa.
No obstante Eru quiso castigarle, pues su esposa murió en el incendio que él mismo provocó, pero afortunadamente Inzil salió ileso y no le pasó nada. Por desgracia todo el mundo creyó su versión de los hechos y yo acusada de asesinato y condenada al destierro…hasta hoy.

Todos se quedaron callados durante unos minutos digiriendo la historia que Isilya les había contado de golpe.

- Con esa acusación te podrían haber condenado a muerte- dijo Esdaleon al fin, rompiendo el silencio.
- Cierto- contestó Isilya- pero al no haber pruebas determinantes el Rey no quiso arriesgarse a cometer un infortunio. No en vano goza el Rey Elessar de fama de hombre justo y noble.

- Que callado te lo tenías Isilya, con lo buena que eres con nosotros, y lo mal que te trató el destino en aquellos momentos- dijo Walo. La historia de la elfa mezclada con el licor le había puesto melancólico.

Isilya desvió su mirada hacia el hombro de Gwirdyon y recordó la horrible historia que les había contado a medias; después miró a Tuliere, que recientemente había vivido una amarga experiencia, y por último se estremeció imaginándose el tremendo pasado de Enumanus.

- Bueno, a veces la vida es así con las personas- dijo- pero no hay que olvidar que nunca es tarde para empezar de cero.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Jue Jul 12, 2007 9:08 pm 
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- Eso!- gritó tuilere alzando una botella.- bebamos porque la vida sigue y sigue pase lo que pase!!

Todos brindaron.

EN eso, el barco comenzó a moverse un poco brusco. EL cielo se oscureció en tan solo unos minutos se puso negro cubierto con nubarrones y fuertes vientos zarrandeaban las olas.

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NotaPublicado: Jue Jul 12, 2007 11:50 pm 
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El capitan del barco se les acercó.
- Más vale que despejen la cubierta, el aire huele a lluvia y el cielo amenaza a tempestad - observó a Walo con preocupación - denle algo para dormir, la noche se adivina bastante complicada.
Isilya asintió y empezó a rebuscar entre sus cosas, los demás se levantaron y empezaron a bajar por la escotilla hacia un amplio compartimento que hacía tanto de sala como de comedor.
- Aún nos quedan unos dos dias de viaje si no ha ningún contratiempo - aclaró Gwirdyon.
Esdaleon mientras, tumbaba a Walo en un amplio sofá, estaba bastante mal, pues ni siquiera tenia ganas de echar un trago.
Isilya en un rincón preparaba con habilidad un perfumado brebaje para dormir al anciano.
Enumanus, se acercó a su espalda con cuidado de no molestar.
- ¿Así que tienes un hijo? - preguntó sin saber que cara poner.
- Sí.
El humano la observó con curiosidad, - Isilya era una madre - se dijo a si mismo. Sonreia estupidamente. Nunca había conocido a una madre, pensó. La verdad el concepto de madre para él era completamente desconocido, había oido hablar del amor, de la pasión, de la ternura de una madre por sus hijos. Pero él no creció precisamente entre una familia, Tserleg fue lo máximo que tuvo como padre. Por eso sentía tanta curiosidad por conocer, por saber, que era lo que hacía que una madre fuera tan especial.
- ¿Te importa? - le dijo Isilya mientras intentaba pasar por su lado sin derramar el liquido de la taza.
- Lo siento... - balbuceó Enumanus.
La elfa le sonrió y se dirigió hacia Walo que tumbado en el sofá, no movía ni una pestaña.
- Como siga así, tendremos que volver a tierra - comentó Esdaleon preocupado por su amigo.
El barco empezó a balancearse con más fuerza a la vez que el repiqueteo de la lluvia llenaba la sala.
La tormenta se les echaba encima.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Vie Jul 13, 2007 5:23 pm 
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La tormenta se les echaba encima. Walo había conseguido relajarse gracias al brevaje que le había preparado Isilya. Esdaleon se había sentado en un rincón y afilaba su daga con esmero. Miraba fijamente el filo de su arma a la luz y luego corregía cualquier imperfección. Enumanus lo observaba desde una silla, sentado a la mesa con Isilya y Gwirdyon. Tuilere, agotada después de tanta agitación, se había quedado dormida en el suelo.

- Dime Isilya, - Comenzó a hablar Gwirdyon, deshaciendo el silencio que se había hecho en torno a los truenos que caían a cada momento y hacían estremecer todo el barco.- ¿qué fue de tu hijo cuando tú te marchaste?

Isilya levantó la cabeza sorprendida. No se esperaba una pregunta tan directa ni tan personal de parte de la semielfa. Pareció algo molesta y Enumanus se dio cuenta.
- Gwirdyon, no es asunto tuyo. - Contestó el humano.- Si no nos ha contado más acerca de ese asunto por el momento, es porque no quiere hacerlo...
- Déjalo, Enumanus. - Respondió Isilya.- He callado durante todo este tiempo, dejando que desconfiárais de mí, y ahora que he comenzado a abrir mi corazón hacia vosotros, creo que debo seguir haciéndolo.

Gwirdyon sonrió a la elfa y le tomó una mano y la puso entre las suyas. Enumanus las miró y se sintió incómodo.
- Cuando me obligaron a marchar de Minas Tirith, Elessar concedió a mi hijo la oportunidad de estudiar en la escuela de soldados de su propia guardia, pues su padre fue ingresado en un centro de curación y no había nadie más que pudiera hacerse cargo de él. Aunque no había pruebas que indicaran que yo causara el incendio, todo apuntaba a que yo había sido la culpable, por lo tanto no podían permitir que el niño se criara conmigo, y como medida de seguridad, me condenaron al destierro. Mi hijo era muy pequeño cuando esto ocurrió, así que seguramente habrá crecido sin saber quiénes son su padre o su madre.

Enumanus apretó los puños. Esa historia era tan parecida a la suya propia, pero con la diferencia de que el hijo de Isilya no se había criado entre orcos, sino a la sombra de un rey justo y soberano. ¡Qué vidas tan parecidas y tan diferentes a la vez!

- ¿Y qué hay de tí? - Preguntó Enumanus.- Isilya y yo ya hemos contado nuestras inmundicias. Pero de tí sólo sabemos que Tserleg te cogió prisionera y te mutiló un brazo, y poco más.

Gwirdyon bebió de una de las botellas de Walo. se recostó en la silla y suspieró mirando al techo de la sala.

- Yo era escasamente una adolescente cuando me enamoré perdidamente de un soldado de las filas de Dénethor II, Senescal de Gondor. Todo el mundo se ha enamorado alguna vez, no es necesario que entre en detalles - Relató Gwirdyon. Isilya asintió con la cabeza. Enumanus bajó el rostro para no contestar.- Yo dejé mi casa y mi vida feliz al lado del mar, y me fui con aquel soldado que había conquistado mi corazón. Me juró amor eterno...

Gwirdyon hipó aguantando las lágrimas. Agarró la botella de licor con las dos manos y bebió un trago largo.
-... aún está grabado en un árbol, que casi le cuesta la vida cuando un ent lo atacó por hacer aquéllo. - la elfa y el humano se rieron.- Denethor II escuchó un sueño que su hijo Boromir tuvo acerca de lo que iba a acontecer en esta tierra nuestra, y quiso adelantarse a los acontecimientos. Envió un destacamento de soldados a Isengard para controlar los movimientos de Saruman. Mi amado fue uno de esos soldados enviados.

- ¿y qué pasó? - Preguntó Isilya intrigada.
- Que no volví a verle jamás. Cayó en las garras de Tserleg. Por aquel entonces el semiorco no era apenas conocido, pues no se sabía nada de los experimentos que llevaba a cabo Saruman. Muchos soldados desaparecieron de esa misma manera y luego fueron encontrados sus cuerpos tirados por ahí. Todos llevaban la misma marca, pues a esa bestia inmunda le gustaba marcar a sus presas como si de trofeos se tratara.
- ¿Y cómo sabes que tu amado acabó así? - Preguntó Isilya.
- Porque para entonces yo ya pertenecía al cuerpo de élite de los soldados de Dénethor. Me enviaron junto con catorce soldado más a la misma zona para averiguar qué habia pasado con los anteriores. Así fue como descubrí el cadáver de ... él. Entonces me apresaron a mí también.
Y allí fue donde escuché tu nombre por primera vez, Enumanus.
Tú eras un niño e ibas al lado de Tserleg como si de tu padre se tratara. Por tus rasgos era obvio que no eras su hijo, pero te trataba mucho mejor de lo que los orcos tratan a los suyos.

Enumanus cerró los ojos y apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos.
- Afortunadamente mi formación militar gondoriana me permitió escapar de allí. Conseguí sobrevivir a la guerra del anillo, a pesar de haber luchado en el ejército de Gondor, y Elessar me concedió un puesto relevante en la política interior del Reino Reunido tras su coronación. Fui enviada como infiltrada, años más tarde, en el gobierno de Harâd, y así es como el pergamino llegó a mis manos. Me acusaron de traidora y tuve que huir para salvar la vida.
- Sé lo que se siente cuando te acusan de algo que no has hecho - Dijo Isilya.
- Yo también - Confidenció Enumanus.

Gwirdyon volvió a beber de la botella.
- Tserleg también supo sobrevivir a la derrota de su amo Saruman, y ofreció sus servicios a Harâd, quienes no dudaron en llamarle para encargarle mi captura. El caso es que consiguió capturarme. Fue entonces cuando llegó a arrancarme un brazo con sus propias manos para hacerme confesar dónde estaba el pergamino. Pero no consiguió lo que buscaba, pues el famoso papel no estaba en mi poder en aquellos momentos.
- ¿Y cómo conseguiste escapar estando herida? - Preguntó Enumanus.
- Con ayuda. No lo hice sola. En las filas de Tserleg también había orcos infiltrados, a quienes Gondor había ofrecido ayudas personales a cambio de ciertos favores. Y cuando los infiltrados se enteraron de mi captura, fingieron un contrasecuestro por parte de otras tribus de la región de Rhûn. Tenía bastante sentido, pues también ellas estaban comprometidas en el pergamino.
- Eso era, infiltrados. - Repitió Enumanus para sus adentros.
- Consiguieron llevarme hasta la entrada del bosque verde, donde elfos amigos míos hicieron lo que pudieron para poder recolocar mi brazo en su sitio, que colgaba del hombro totalmente desgarrado. En cuanto me recuperé un poco, me fui de allí, y por orden de Faramir, busqué a Esdaleon en Bree para que me ayudara a llevar a cabo mi misión.
- Que ahora es nuestra misión - Corrigió Isilya.
- Sí, que ahora es nuestra.

Esdaleon había estado escuchando todo desde el rincón y no había dicho palabra. Tuilere se despertó con un vaivén del barco y abrió los ojos desorientada.
- ¿Ya hemos llegado? -Preguntó medio dormida.
- No, todavía no. Sigue durmiendo. -Contestó Enumanus. Su rostro seguía impávido intentando digerir las dos historias que había escuchado en pocas horas.

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NotaPublicado: Sab Jul 14, 2007 2:06 pm 
Señor de las Palabras
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tuilere al ver el hambiente tenso preguntó:

- ocurre algo?

- no, nada sigue durmiendo.

La elfa hizo caso amido y se puso en pie y se dirigió a cubierta.

- Estás loca?? afuera no se puede ir!!!

- porqué no?

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NotaPublicado: Sab Jul 14, 2007 4:42 pm 
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Los heraldos y mensajeros del rey Elessar se acercaron muy a prisa al campamento de Dol Amroth y allí reclamaron la presencia del sumo señor del campamento y los hombres

-Saludos monseñor Imdralis- comento el heraldo- vengo en nombre de tu rey, Elessar, que pide explicaciones sobre este campamento, su destino y misión.

-Disculpad mi osadia pero... ¿a caso el rey piensa... que deseamos atacarle?- dijo Imdralis sintiendose ofendido por la llegada del herraldo- Sabed caballero que nuestra mision no es mas que llevar el mas poderoso apoyo de todo Gondor a la ciudadela para allí hacer frente al mal que en esta hora sombría despierta. ¡Parece mentira que se hayan olvidado ya la cortesía que un día mi pariente Denethor, el senescal, predicó se haya ahora olvidado!. Decidle a mi señor Elessar que no traemos más que un documento importante que entregarle, un cariñoso abrazo que darle, una portentosa reverencia que ofrecerle y un gran ejercito que servirle. Partid ahora sin mas dilación- dijo Imdralis con palabras que levantaron expectacion devido al cortés lenguaje del señor.

Partio pues los heraldos, Faramir, que se quedó impresionado de la alta sabiduria y nobleza que Imdralis tenía, y Duramtor. Al llegar a palacio a toda prisa, a una velocidad solo alcanzada por unos pocos, le contaron al rey Elessar lo sucedido y este, que era hombre de máxima sabiduría, se entristeció y maldijó por haber tratado asi a sus mas fieles y podrerosos amigos que nunca jamás en todo el tiempo que Gondor existió le fallaron.
Asi pues el rey Elessar intentando emendar lo sucedido mandó habrir las puertas para que los barcos pasasen cuando llegasen, que seria en unos dias, y mandó que se engalanase la ciudad para recivir a los amigos de Dol Amroth. Luego el Rey Elessar dandose cuenta, por su perspicacia y agudo sentido de la percepcion, de los planes de Duramtor le mando encarcelar provisionalmente hasta nueva orden directa de él.


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NotaPublicado: Dom Jul 15, 2007 11:15 am 
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Imdralis despertó sudando, la lluvia golpeaba suavemente la lona de su tienda y el candil que tenía encendido en el centro daba ramalazos de luz haciendo que las sombras cobraran vida durante unos segundos.
Se incorporó intentando recordar la mayor parte del sueño que había tenido. Sin duda no era casualidad y tenía bastante lógica respecto a los acontecimientos que debían suceder.
Frunció la frente concentrándose y cerrando los ojos.
- Duramtor... - susurró.
Ese era el nombre del traidor, sin duda había tenido una revelación. Miró a su alrededor buscando la cajita del pergamino. Tragó saliva angustiado al pensar por un instante que no estaba. Se levantó de un salto, cogió el candil y empezó a recorrer el suelo de la tienda con ansiedad.
No estaba. Se incorporó temeroso de haber fallado en su cometido, la lluvia parecía arreciar todavía más. Entonces recordó.
Salió corriendo de la tienda para verse en medio de la tormenta, empapado se dirigió hacia las afueras del campamento donde antes de irse a dormir, y oculto a los demas, hacía sus ritos y se mutilaba para provar su lealtad a Eru.
Llegó a la esplanada sin aliento, rebuscó con la mirada hacia unos árboles entre la maleza y corrió de nuevo sin fuerzas.
Al llegar un relámpago alumbró la noche y el brillo de la cajita metálica descubrió donde estaba.
La cogió con los ojos desorbitados y la acarició sin dejar de mirarla.
- La encontre!! - gritó alzándola con las dos manos obre su cabeza.
En ese instante un rayó cayó del cielo dando de pleno en la cajita.
Imdralis cayó desplomado sin sentido, vivo de milagro, a los pocos minutos sus hombres lo encontraron y lo llevaron al campamento, preguntándose como era posible haber sobrevivido.
Al amanecer la tormenta había pasado y Imdralis recobró el conocimiento, estaba tumbado en su tienda, tenia la cajita sobre su pecho y las manos le dolian a horrores. Al levantarlas las tenía completamente vendadas. Recordó la noche anterior y maldijo su suerte, el rayo habia quemado sus dos manos.

Lejos de allí Gwirdyon y compañía despertaban, Walo parecía mejorar pues ya estaba tomando un trago junto a Tuliere que despues de subir a cubierta y ver el temporal, decidió volver con los demas para quedarse doemida junto al anciano.

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NotaPublicado: Lun Jul 16, 2007 12:14 pm 
Viajero Asíduo
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Entonces vió lo que pasaba y se asustó. El pergamino seguía siendo igual de peligroso con su caja de metal que sin ella. Le estaba afectando y pronto se miró. Iba ataviado como un noble, como un regente, como un guerrero... la vida de la que había huido tanto tiempo ahora le atrapaba de nuevo.
Cogió sus ropas de cuero ajadas de mendigo, su baculo, su bolsa de viaje con sus libros y su espada. "No quiero seguir con esto, abandono" pensó Imdralis mirando sus achicharradas manos... "lo siento Erü, esto no es para mi". Habló con el segundo al mando detrás suya Tarcernar y le dió la orden de esperar junto al rio a los barcos de Dol Amroth y alli darsela a un tal Esdaleon. El Capitán vió a Imdralis muy nervioso, como oprimido por el peso del cielo. Sin decir nada le dió su caballo a Imdralis y vió como partió hacia el noroeste. La lluvia le empapaba.


- El principe Imdralis a tenido que partir- gritó Tarcernar a sus hombres- y me encomendó esperar a los barcos a la orilla del Anduin y eso haremos. Y partiremos ahora. ¡AHORA!

Los hombres asustados recogieron el pesado campamento a prisa. Tarcenar vio la caja con odio. No la toco apenas y la puso en su bolsa de viaje.

Imdralis cabalgaba lo más deprisa que su caballo le permitia. Viajaría a Pinnath Gelin (las colinas verdes) en linea recta, sin pasar por Dol Amroth, sin parar en pueblo alguno, sin hablar con nadie.


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NotaPublicado: Lun Jul 16, 2007 10:41 pm 
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El cielo comenzaba a clarear y el barco se movía cada vez menos. Tuilere dormida en un rincón se sacudía. Walo se quejaba de su estómago y de su cabeza y gwirdyon y esdaleon hablaban con Isilya. Enumanus se encontraba en cubierta mirando las olas pasar.

Tuilere de una sola vuelta salió rodando dormida chocando contra la espalda de esdaleon que se encontraba sentado en el suelo. La elfa estaba roja y parecía no haberse enterado de que había chocado contra el semielfo.

- TUilere, despierta.- le dijo Esdaleon intentando despertarla, pero la elfa ni se inmutó.

- Está muy roja,- observó Gwirdyon.- tú que opinas isilya?

Isilya se acercó a la elfa, la miró preocupada y le puso una mano en la frente. alarmada centenció:

- Está hirviendo. Tiene mucha fiebre.

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NotaPublicado: Mar Jul 17, 2007 11:31 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
-Habrá cogido una insolación - dijo Esdaleon.
Isilya la examinó, abrió sus parpados y con cuidado su boca, la elfa ni se inmutó.
- No está dormida - sentenció - ha perdido el sentido.
Gwirdyon la miró con preocupación, la noche anterior Tuliere había salido a cubierta en plena tormenta y al volver no había dado muestras de encontrarse mal, pensó.
- Necesito examinarla mejor, ¿Gwirdyon puedes acercar la lampara? voy a quitarle la ropa.
La semielfa asintio rapidamente sujetó la lámpara sobre el cuerpo sin sentido de Tuliere.
- Nosotros tambien podemos ayudar - se oyó desde atrás-
Esdaleon y Walo, esperaban con los ojos como platos a que empezara el reconocimiento. Isilya los miró algo enojada.
- Mejor subís a cubierta y preguntais cuanto tardaremos en llegar a puerto y no se os ocurra volver.
El semielfo y el anciano tardaron unos segundos en reaccionar, despues se volvieron para desaparecer por las escaleras.
- ¿Crees que es grave? - preguntó Gwirdyon preocupada mientras ayudaba a la elfa a quitarle la camisa a Tuliere.
- No lo se seguro, pero me parece que ha sido envenenada, algo lento pero efectivo, el rojo de la piel es por tomar demasiado el sol, eso seguro. Pero la fiebre y la perdida de conocimiento... Mira! - dijo sorprendida.
Gwirdyon acercó la lámpara a la espalda desnuda de la semielfa, bajo el homoplato izquierdo una pequeña cicatriz de apenas unos milimetros, había cicatrizado dejando un pequeño bulto azulado donde antes había la herida.
-¿Un dardo envenenado? - preguntó la semielfa.
- Podría ser, abrá que abrir y limpiarla, aún así no se que veneno habrán utilizado. Déjame pensar - caminó hacia su bolsa, sin prisa y con toda tranquilidad empezó a rebuscar y sacar pequeñas botellitas, bolsas y demás enseres - dame un segundo.
Gwirdyon entonces hizo un corte con su afilada daga junto al pequeño bulto, esperó unos segundos por si Tuliere se quejaba, al ver que no reaccionaba, apretó y un liquido verde oscuro salió de la herida.
- Que asco - dijo.

Mientras en cubierta, Esdaleon ya le había contado a Enumanus lo que pasaba.
- Está en buenas manos - se limitó a decir el humano.
Frente a ellos, en el horizonte empezaba a verse una linea de tierra.
- ¿Sabes donde estamos? - preguntó Walo con signos de volver a marearse.
- El capitán del barco me ha dicho que debido a la tempestad, durante la noche hemos tenido que alejarnos de la costa - Enumanus señaló la franja de tierra que asomaba en el horizonte - aquello es Tolfalas, a medio dia la rodearemos para llegar a las Bocas del Anduin, hacia el anochecer.
Los res miraron ensimismados hacia el norte, a ese paso llegarian a Minas Tirith al anochecer del dia siguiente, pensaron.
- Eh! - se oyó - Tuliere a despertado - Gwirdyon asomaba por la escotilla sonriendo haciendoles un gesto para que bajasen.

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NotaPublicado: Mié Jul 18, 2007 12:34 am 
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- Primero que subamos, ahora que bajemos, - se quejó Walo- nunca están conformes.
- Venga amigo, - Esdaleon le pasó la mano por el hombro en señal de cordialidad y se puso tras él para bajar la escalera.

Cuando llegaron abajo encontraron a Tuilere con mejor color en la cara. Isilya y Gwirdyon estaban en un rincón sacando botecitos del improvisado botiquín de la elfa, los miraban a la luz de la lámpara de aceite y los volvían a dejar en su sitio.

- Hola Tuilere - dijo Esdaleon sin demasiado ímpetu- ¿qué tal estás?
La elfa de cabellos cortos saludó débilmente con la mano derecha e hizo una mueca con la cara. Walo se acercó hasta ella y la miró fijamente a los ojos.
- Seguro que se despertaba con un buen trago de whisky.

- No Walo, ni se te ocurra.- Contestó Isilya desde su rincón.- No puede beber nada que no sea agua potable, al menos hasta dentro de unas horas.
Isilya siguió junto con Gwirdyon en la difícil tarea de identificar un botecito que contuviera un antídoto para el veneno. La semielfa con el corte que había realizado con la daga había conseguido sacar el dardo y gran parte del veneno, pero aún así quedaban restos que podían causar daños en el cuerpecito de la elfa.
- ¿Qué haremos si no encontramos nada, Isilya? - preguntó Gwirdyon con tono de preocupación.
- Pues habrá que rogar a Eru para que le conceda a esta elfa el tiempo suficiente de vida hasta que encontremos algo que nos sirva. -Contestó la elfa afanada en la búsqueda del antídoto.
En ese momento Enumanus bajó la escalera y se encontró a Tuilere echada en el suelo, Gwirdyon e Isilya en un rincón mirando botecitos y Esdaleon y Walo tirados en otra parte de la sala hablando animadamente. Se lo pensó unos segundos y decidió unirse a la conversación del semielfo y su amigo el anciano. Tuilere comenzó a cerrar los ojos y en seguida se quedó dormida.

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NotaPublicado: Mié Jul 18, 2007 1:14 am 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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En el ínterin
_BALDOOOOORRRRRRRRRRR_ Eomer lanzó el grito que atravesó los aposentos del Sagrario tras leer el mensaje que le llegó de los eoreds que patrullaban la zona de las montañas blancas hasta Monte Mindolluin, por esos informes se deducía que algo gordo se preparaba e implicaría a Gondor, Dol Amroth y pillaría a Rohan en medio.
El capitán corrió al salón de audiencias encontrándose a su primo y rey paseando cual león enjaulado, rezongando y soltando tacos por lo bajo.
_Decidme mi Señor ¿en qué puedo seros útil?
_A ver, ¿cuántos jinetes puedes acantonar en tres días?
_ Si mando los heraldos ahora fácilmente podría llegar a 8.000 lanzas mi señor.
_Pero si en Pelennor fuimos 6.000 y a duras penas…
_En el periodo de Paz que hemos tenido se han cubierto las perdidas y han aumentado los efectivos hábiles para la lucha
_Envía los heraldos inmediatamente… Ya sabía yo que aquellos seis me traerían problemas… Baldor que se acantonen en la llanura de Anorien, junto al Entagüas, que cubran los Rauros, Cair Andros y las montañas blancas sin quitar ojo de Minas Tirith. Y preparados para marchar en cuanto se de la orden.
Baldor saludó con una semireverencia y un golpe de su puño sobre la coraza, dio media vuelta y saliendo lo más rápido que pudo mandó llamar a los heraldos y dándoles las órdenes los enviaron cual flechas a sus destinos.
Tras esto y ponerse los arreos de campaña, ensilló a su fiel Casco veloz y preparados esperaron, a los diez minutos Eomer con cara de estar aun enfadado monto en su caballo y poniéndose al frente emprendió la marcha a un galope corto, tras unas horas galopando y haciéndose ya de noche buscaron un lugar para acampar… descansaron lo necesario para que los caballos estuvieran frescos y emprendieron, antes de la salida del sol, otro galope tendido…
A media tarde llegaron a una explanada al lado del Entagüas donde ya se levantaban unas cientos de tiendas.
A los tres días de dar la orden 10.000 lanzas estaban en aquella explanada esperando la orden de marcha.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Mié Jul 18, 2007 4:23 pm 
Maestro Narrador
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Apenas había amanecido cuando Tarcernar y sus hombres alcanzaron por fin las bocas del Anduin.

- Acamparemos aquí hasta que lleguen los barcos- dijo Tarcernar bajándose del caballo.

Los soldados se miraron entre ellos extrañados pero acataron las órdenes de su capitán, ahora que Imdralis no estaba.
Entre todos montaron un improvisado campamento y la mayoría aprovechó para descansar y reponer fuerzas, pues la cabalgata había sido agotadora, sobre todo aquella última y tormentosa noche.

- Los barcos no deben de tardar mucho- dijo un soldado mientras miraba fijamente al horizonte.
- Quizás la tormenta de anoche les retrase- dijo otro más veterano- la bahía de Belfalas es traicionera.

Tarcernar se había retirado a descansar en su tienda; al principio se mostró preocupado por la repentina decisión de su señor, Imdralis. No entendió muy bien el motivo de la retirada de éste. Pero poco a poco el cansancio le venció por fin y se quedó dormido.

Cuando despertó era casi mediodía. Afuera se escuchaban a sus soldados comentar inquietos el retraso de los barcos. Cuando se movió para incorporarse, se descubrió a sí mismo abrazado a la caja metálica que portaba el pergamino. La cogió con las dos manos y la examinó con temor y curiosidad.
Entonces comenzó a sentir el irresistible deseo de abrir la caja y leer el misterioso pergamino.

- Mi señor, ¿cuánto tiempo más esperaremos aquí?- dijo de repente un soldado que se había asomado a la tienda de improviso.
Tarcernar se sobresaltó - Hasta que lleguen los barcos, ¿o es que no entiendes mis órdenes?- contestó bruscamente.
El soldado le miró con extrañeza, pues Tarcernar siempre había sido un hombre afable, aun con los soldados que tenía a su cargo.

- ¿Es que no me has oído? ¡¡Lárgate!!- le gritó poniendo su mano en la empuñadura de la espada.

El soldado se fue contrariado y Tarcernar resopló agobiado y sorprendido por su inusual actitud. “No hay tiempo” se dijo a sí mismo; entonces se giró, tomó la caja cuidadosamente y la abrió.




- ¿Otra vez se ha quedado frita?- se quejó Walo- ¿No será que lo único que tiene es resaca y punto?
- No Walo, no es eso- contestó Gwirdyon acercándose a Tuliere y poniéndole la mano en la frente- la fiebre le ha bajado pero aún tiene un poco. Habrá que esperar a ver qué pasa.
- No solo esperar; hay que llegar a tierra cuánto antes- dijo Isilya desde el rincón donde se encontraba. Había vaciado su mochila por completo y estaba rodeada de botes y saquitos de hierbas. Su rostro mostraba preocupación.
- Vaya…no me digas que no tienes el antídoto necesario- dijo Esdaleon rascándose la cabeza.
- Tú lo has dicho- le contestó la elfa.

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NotaPublicado: Jue Jul 19, 2007 11:57 am 
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Todo estaba tranquilo, se oía el viento susurrar entra las ramas. Tenue caía la lluvia y rápida como la hoja de un elfo, solo pequeños tintineos se percibían ahora en Pinnath Gelin (colinas verdes).
Imdralis estuvo 2 días cabalgando velozmente sin para sin parar. El caballo al llegar a Pinnath Gelin calló exhausto y a las pocas horas moría. Imdralis lloró sobre su cadáver y se lo encomendó a Oromë. Imdralis caminó un poco por las verdes colinas y entonces observo una figura. Esta llevaba una capa blanca pero que ahora totalmente gris era. Portaba un Báculo marrón con formas sinuosas y extrañas, además llevaba un sombrero. Imdralis recordó entonces las viejas historias de su castillo de un tal Gandalf, un mago… Imdralis se acercó al viejo, no le veía la cara pero entonces le saludo cortésmente.

-Salud monseñor, ¿Puedo preguntaros algo?- dijo Imdralis mirando con curiosidad la figura.
-Ya lo habéis echo, así que… os permito otra pregunta –dijo el viejo con perspicacia y levantando un poco la figura.
-¿Quién sois?
-Mmm… quien soy… no se… puedo ser muchas cosas… pueden llamarme de muchas formas… pero si a quien buscas es a Gandalf te he de informar que ya no se encuentra en este mundo- le dijo el viejo de improviso a Imdralis, el cual se echó hacia atrás algo desilusionado.
-Siento haberle molestado- Imdralis se sentó a su lado con la cabeza agachada.- paso los peores momentos de toda mi vida.
-¿Por qué los abandonastes, por qué huyes de esa forma abandonando a su suerte a tus amigos, por qué el sabio Imdralis de Isengard, amigo de los Ents no le planta cara al mundo y le enseña de que está echo la pasta de los eruditos, tan marginados en estas eras?- comentó el mago levantando su sombrero y dejando al descubierto su rostro. Estaba surcado por algunas arrugas y signos de vejez, pero a la vez de sabiduría, amor y nobleza.
-Como sabéis… ¿¡Sois un mago!?- preguntó Imdralis poniéndose en pie
-No, no… no me llames mago… no soy nada de eso… soy un amigo, un amigo del hombre que viene enviado de Aman hace muchas eras para mediar y ayudar en los asuntos de los hombres- dijo con paz la figura misteriosa- Soy un amigo Imdralis hijo de Imrahil de Dol Amroth, renegado erudito de Gondor. Se acabó ya tu huida pues yo te acompañaré a Minas Tirith y allí plantarás cara a tu destino.
-Señor… decidme vuestro nombre para alabaros
-No necesito de tus alabanzas alaba a Erü como llevas haciendo tanto tiempo porque el te escucha. Llamadme Meord, por ahora…
-¿Meord?
-Significa lluvia fina- dijo mirando al cielo, estaba lloviendo una lluvia finísima. Entonces Imdralis rió y ayudó a levantarse a Meord.- Pero antes…- Meord se acercó a la bolsa de Imdralis y cogió sus libros, de repente estos comenzaron a arder e Imdralis se tiró al suelo desconsolado, observando atónito lo que Meord hacia. -No creas que por flagelarte tienes mas fe en los dioses o eres superior a alguien. La flagelación en algo inventado por el hombre y no por Erü. ¡Olvida esos malditos rituales!

Así Imdralis comprendió su mala acción y se lo agradeció a Meord. Mucho tiempo estuvo esperando que el viejo terminase de descansar bajo la lluvia, de lo cual hay que resaltar que su ropa no estaba… ¡mojada! solo su cara. Cuando Imdralis iba a comenzar la caminata Meord le paró de repente.

-¿Pretendes que vallamos a pie?- dijo Meord
-Si… es el único medio que tenemos- contestó Imdralis
-No lo creo…- Meord silbó y de repente una gran águila apareció y se postro ante Meord.
-Ya se quien eres… poco se ha escrito sobre ti… pero de lo poco algo se… tu eres… el viejo Istar de las leyendas, el contador de historias… Varan- dijo mirando al mago con los ojos muy abiertos.
-Ea… si bueno… pero… no se lo digas a nadie… tú llámame Meord y estate calladito que estas mas guapo…- gruñó el mago entre dientes y luego esbozó una sonrisa.

Entonces partieron encima del águila, pero la lluvia fina seguía persiguiéndolos. Imdralis permanecía todavía de piedra mirando al mago.


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NotaPublicado: Jue Jul 19, 2007 1:12 pm 
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Mientras en el barco, Enumanus se dirigió hacia Isilya que con resignación iba guardando sus cosas en la bolsa.
- qué dices, ¿que la han envenenado?
-Sí - contestó entregándole la punta del dardo - encontré esto clavado en su espalda.
El humano miró la fina aguja con interés y la olió. dudó uno segundos y la dejó sobre la mesa.
- Se llama "Mordedura de Sauron", se usa para cazar grandes bestias.
- ¿Tiene cura? - preguntó Esdaleon que se había acercado junto con Walo a la mesa.
- Si te refieres a un antídoto. No, no exactamente.
- ¿Entonces va a morir? - preguntó Isilya preocupada.
Enumanus cogió una pequeña copa de la mesa y se dirigió hacia Tuliere.
- La "Mordedura de Sauron" es mortal, pero nunca había visto que se utilizara contra humanos o elfos, además la untábamos en puntas de lanza y flechas, en un dardo la cantidad de veneno es poquísima.
Se remangó la manga izquierda y se hizo un corte en el antebrazo.
- comíamos la carne cruda de los animales que matábamos envenenados, eso nos hacía inmunes, supongo.
Poco a poco el hiliyo de sangre iba llenando la pequeña copa, ante la mirada espectante de los demás.
- ¿Me ayudas, Gwirdyon? - preguntó haciendo ademán de incorporar a la elfa, que seguía dormida.
- No harás que empeore... - dijo Esdaleon desconfiado.
- Peor no puede estar - contestó el humano mientras hacía beber a Tuliere de la copa.
- Puaj! Que asco - consiguió decir Walo antes de caer desmayado.
- Vaya hombre... - Isilya corrió a socorrer al anciano, que con ayuda de Esdaleon lo acurrucaron en un estrecho camastro hasta que despertara.
- Ahora solo queda esperar - concluyó Enumanus - si mejora, es que la sangre funciona.
Una voz se oyó desde cubierta, - Acabamos de pasar las bocas del Anduin, suban y verán la belleza del rio - dijo el capitán al grupo.

Mientras, Tardenar se palpaba el pecho buscando el pergamino que llevaba oculto en su bolsillo. Aún no se había atrevido a leerlo, tal vez más tarde cuando llegaran a puerto.
El resto del ejercito se dirigía hacia el norte atravesando el rio Sirith mientras él con una docena de hombres cambiaban de rumbo hacia el sur hacia Pelargir, al encuentro del barco con los compañeros del Principe Imdralis.

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Cada brazo tiene su arco,
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NotaPublicado: Jue Jul 19, 2007 4:45 pm 
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Todos subieron en estampida hacia cubierta, excepto Tuliere y Walo, que yacían en diferentes camastros.

Una vez arriba, todos se quedaron mudos contemplando la grandeza del Anduin. La desembocadura del río formaba un gran delta, y su abertura era tan ancha que apenas se veía la orilla. La luz del sol proyectaba hermosos destellos en el agua y cientos de gaviotas lo sobrevolaban a aquella hora.

- Es precioso- dijo Gwirdyon maravillada.
- En una hora aproximadamente nos habremos adentrado en el delta- dijo el capitán acercándose a ella y a Esdaleon- ¿Qué tienen pensado hacer, desembarcar en tierra o continuar río arriba hasta Minas Tirith?

Los dos semielfos se miraron un momento algo dudosos. De momento no tenían noticias de Imdralis y el pergamino; no sabían si le habrían adelantado ya, o por el contrario, éste se encontraba cabalgando por delante de ellos.
- Seguiremos en el barco- contestó Esdaleon- de momento no tenemos mejores opciones.
El capitán asintió y se retiró.
En ese momento Walo salió gateando de las escaleras para dirigirse a la barandilla a vomitar. Viajar en barco no era lo suyo. Para colmo, la escena de la sangre en la copa había sido demasiado para él; definitivamente lo estaba pasando realmente mal.
- Pobre Walo, aún le quedan unas cuantas millas que recorrer aquí metido- dijo Enumanus.
- Ahora mismo le prepararé algo- comentó Isilya- dado su estado, es preferible mantenerlo sedado, así no se enterará de nada, y de camino voy a ver como evoluciona Tuliere.

Antes de dirigirse hacia las escaleras se paró delante de Enumanus y observó un momento su brazo. El humano sonrió.
- No estarás pensando en curarme este pequeño corte, ¡si no es nada!
- Pues sí que lo había pensado- dijo Isilya con voz traviesa- es que desde que has mejorado de tu pierna veo ya no necesitas de mis atenciones, y la verdad... es que echo de menos tener que cuidarte.
Enumanus se rió nervioso -Si que necesito tus atenciones- murmuró con un hilo de voz.
Isilya le sonrió con dulzura y acarició su minúscula herida. En ese momento Tuliere salió por su propio pie del camarote; tenía mejor aspecto y parecía bien despierta.
- Hombre, Tuliere, bienvenida al mundo de los vivos- dijo Esdaleon con sorna.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó ella.

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NotaPublicado: Jue Jul 19, 2007 11:00 pm 
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Lejos de allí, dos grandes ajárcitos marchaban en dirección a una ciudad que poco o nada sabía de la conspiración que se cocía. Caminaban a paso seguro pero lento, sin apresurar demaciado el paso, pero sin descansar.

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NotaPublicado: Vie Jul 20, 2007 1:14 am 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Hombre, Tuliere, bienvenida al mundo de los vivos- dijo Esdaleon con sorna.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó ella.
- Pues muchas cosas, pero creo que eres tú quién debe contarnos cómo llegó hasta la parte posterior de tu hombro un dardo envenenado llamado "mordedura de Saurón". -Contestó Isilya. Tuilere puso cara de extrañeza. Había estado en tantas situaciones de peligro últimamente que lo podía haber adquirido en cualquier de ellas.
- Pues, no sé... -La elfa se mesó los cabellos cortos y se sentó en el suelo de la cubierta. - En el este, al otro lado del Anduin, Lassemalinë y yo tuvimos un altercado con unos orcos. Lasse no sufrió ningún rasguño, y yo, aparentemente, tampoco, pero pudo ser que me lanzaran el dardo en ese rifi rafe.

Esdaleon la miró unos segundos. Luego se volvió hacia Enumanus.
- Oye, si los orcos que vienen utilizan esos dardos como armas, no podríamos estar inmunizados como lo estás tú, o como lo están ellos? - Y señaló al pequeño corte que Enumanus llevaba en la mano.
- Ahhhhh, nooooo, de eso nada, que queréis chuparme la sangre, vampiros. - Contestó El hombre dando unos pasos hacia atrás.
- Eso que dice Esdaleon tiene bastante sentido. Si nosotros nos inmunizamos contra ese veneno, al menos si nos disparan, pueden creer que estamos muertos y entonces cogerlos por sorpresa
- Si me parece un plan fantástico... - Contestó Enumanus - Pero no me gusta nada la idea de tener que quitarme parte de mi preciada snagre, y encima para cuatro personas... no, no, me niego!

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Vie Jul 20, 2007 1:41 am 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Jue Mar 08, 2007 10:53 pm
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Ubicación: Ya ni lo se
Enumanus se negaba en redondo a "donar" su sangre. Gwirdyon, junto a Esdaleon, fue a intentar convencerle de ello, cuando el semielfo oyó una voz debil y dolorida que hizo que se girara y sejara a Gwirdyon con el hombre

-Es...daleon, Esdaleon, ¿donde estas?-el semielfo se giró y vio a Walo tirado en la cubierta con un aspecto realmente lamentable. Se acercó para ver que le pasaba.
-Dime amigo, ¿que te pasa?, desde luego da pena verte.
-Esdaleon... creo que de esta no salgo, estoy... estoy muy mal... creo que ha llegado mi hora -dijo el anciano con voz de mortecina.
-Pero que chorradas dices, anda que, cualquiera diria que a pesar del mareo te has ventilado tres botellas de wiski -se rio el semielfo
-No...no, esta vez estoy bien cuerdo, lo unico que lamento es morir sin saber nada de mi pasado, por eso quiero que hagas algo por mi.
-Diiiiiiime -dijo el semielfo aburrido
-Pero tienes que jurarme que lo haras, te guste o no -dijo el viejo violentamente cojiendo a Esdaleon del brazo.
-!Vale vale!, pero dime el qué -respondió el semielfo
-Apunta que no quiero volver a repetirtelo, bien... a ver, quiero: que tu y Enumanus hagais las paces, no quiero que mis dos unicos amigos se llevan mal entre ellos, ¿vale?
-Pero si y hemos hecho las paces, ya no desconfio de el... tanto como antes -le recriminó Esdaleon.
-Vale, pero igualmente quiero que hagais las paces. Otra cosa, quiero que me enterreis con todas las botellas de wiski que podais, nunca se sabe si en el más alla habrá posadas donde beber, y por ultimo... ¡¡venga mi muerte Esdaleon!! -volvió a cojer al semielfo por el brazo haciendole hasta daño.
-¿pero que dices?, si nadie es responsable de que te vayas a morir, ¿a quien piensas culpar por morirte a causa del mareo?
-Pues a Gwirdyon, ella fue la que me sacó de mi querida y bienamada posada -refunfuñó Walo
-Bueno... visto asi... pero el que realmente insistió para que vinieras fui yo, asi que no la culpes a ella -le respondió Esdaleon.
-Ah, pues entonces matate a ti mismo, si me da lo igual la verdad, la cuestion es que vengues mi muerte.
-¿sabes? creo que ya te encuentras mejor, no estas palido, y no pareces que estes mareado, estas de pie hablandome tranquilmente -señaló el semielfo, pues Walo realmente no parecia que estuviera en su lecho de muerte como le habia querido hacer creer.


Walo miró a su alrededor contrariado, parecia no haberse dado cuenta de su mejoria

-Tienes razón, parece que al final no voy a morirme... bueno de todas formas no olvides lo que te he dicho, asi no tengo que repetirtelo la proxima vez que vea la muerte cara a cara -tras decir esto, Walo se dirigió hacia el camarote, probablmente a por de beber.

Esdaleon se quedó sorprendido ante la reaccion del anciano cuando recordó lo que estaba haciendo antes de que captara su atención. Vió como Gwirdyon seguia intentando convencer a Enumanus y como Isilya se habia unido al acoso

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NotaPublicado: Vie Jul 20, 2007 12:02 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Lun Jul 16, 2007 3:30 pm
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Ubicación: En la posada mas agradable de toda la Tierra Media
La noche estaba muy fría, la luna era pálida como la piel de una bella elfa de antaño a la cual los rayos del sol nunca tuvieron el placer de tocar. La lluvia les acosaba, esta vez era estruendosa y tormentosa, el agua se precipitaba errante por las mejillas de Imdralis que la notaba gélida y gris como todo lo que a la vista de Imdralis se extendía. No alcanzaba a ver el suelo, tampoco tenía demasiados anhelos de verlo pues tan relajante y purificadora le parecía esta lluvia; le daba igual que lloviese mucho, que fuese muy estruendosa, nada le importaba ahora.

- Imdralis, pararemos aquí. En Tarnost descansarás unas horas y yo atenderé unos asuntos que tengo que he de solucionar.- dijo despertando a Imdralis de ese semi-sueño en el que estaba sumergido.

Imdralis observo que las nubes estaban desapareciendo, pero seguía lloviendo una lluvia muy fina que casi no percibía. Aterrizaron cerca del río Ringló y el águila, nada más bajarnos de ella, volvió a volar alta y noble como ninguna otra. Caminaron tranquilamente por la pradera hasta ver Tarnost, una importante localidad de la zona. Imdralis se separó de Meord a la entrada de la misma y buscó alguna posada donde asentarse. El pueblo estaba hoy algo ajetreado e Imdralis estaba atosigado por la multitud de personas que corrían agitadamente por el mercado. Imdralis estaba como ido, como si no tuviese ilusión por vivir, aunque ahora siempre que se acordaba del mago se le subía el ánimo bastante.

Cuando iba anonadado por las calles de Tarnost vio una pequeña posada, la cual parecía realmente antigua. Entró y pidió una taza de hierbas de la zona y después de habérselas bebido pagó una habitación y durmió un rato.


Mientras Varan (Meord) paseo por la zona este de la localidad. Cuando caminaba tranquilo sin rumbo, esperando a que la persona que esperaba le reconociese, noto una mano en su hombro. La miró con tranquilidad, era una mano vieja con venas saltonas que la surcaban como surcado por ríos está Gondor.

- Aiya Amenar Istar verde, sabio mensajero de Yavanna, tormento de los orcos, látigo de los Ent, dulce punta de la hoja de un sauce.- Varan se giró y abrazó al Istar. Era un hombre viejo, con una barba marrón muy larga, ojos azules, complexión fuerte, apoyado en un báculo muy bien labrado y totalmente liso al contrario que Varan y con una espada de mango, funda y motivos verdes y relacionados con la naturaleza.
- Salud Varan, Istar de las leyendas, amigo de todos, amante de todo, aprendiz y erudito de todas las cosas de Arda y… poderoso dominador de todas las esencias- dijo apretándole de nuevo en el abrazo.
- Dime Amenar, ¿Qué nuevas traes de Haradwaith?
- Se están movilizando… y van dirigido por un poderoso caudillo uno de los pocos numeronanos negro que quedan… creo que es el ultimo de esta oscura raza.
- Vallamos a la posada para hablar, aquí hay muchos oídos.


Los magos fueron a la posada y allí mantuvieron una larga conversación. Cuando Imdralis despertó y bajo a la planta baja de la posada vio a Meord sentado solo, fumando pipa y muy pensativo.


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NotaPublicado: Vie Jul 20, 2007 10:00 pm 
Señor de las Palabras
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El barco Se acercaba ya a puerto sin saber, que habían dejado atrás una gran comitiva que los esperaba por orden de Imdralis. A medida que se acercaban a su destino, Isilya se encontraba más nerviosa, Tuilere más emocionada y los demás más alarmados en cuanto a su destino.

De pronto la nave chocó con algo bajo el agua y comenzó a hacer agua.

- Eru santo! Eru santo!- chillaba Tuilere.- QUe nos hundimos!

Todos corrían a intentar tapar el agujero en la madera, pero fue imposible y pronto la nave dormía con los peces y sus pasajeros luchaban por mantenerse a flote en las cálidas aguas.


PD: Ahí se los dejo,jjajaja... a ver como salvamso esta.

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NotaPublicado: Sab Jul 21, 2007 12:01 am 
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Tuilere se vio de repente buceando en el fondo del mar entre pececillos de colores. De repente se dio cuenta de que no necesitaba seguir guardando la respiración, pues podía coger y soltar el aire perfectamente dentro del agua. Miró a su alrededor y no vio a ninguno de sus compañeros de viaje. Sintió una gran sensación de libertad, ni siquiera dependía del aire para respirar. Un pez globo tornasolado se paró a la altura de sus ojos y se hinchó. Tuilere hizo lo propio con sus mofletes y bizcó los ojos. El pez huyó asustado. Tuilere soltó una carcajada y miles de burbujitas salieron trotando de su boca. Algunas le hicieron cosquillas en la nariz y otras acabaron explotando a medida que iban subiendo hacia la superficie.

Tuilere decidió moverse del lugar en el que se había quedado. Al principio no sabía si usar las piernas e ir andando o nadando dejándose llevar por la corriente. Decidió hacer esto último. Le resultó una experiencia de lo más liberadora. Por primera vez no tenía que pensar hacia dónde quería ir ni cuál iba a ser su siguiente paso. Simplemente se dejaba llevar y el agua le guiaba. Volvió la cabeza y... allí estaba el barco. Ese navío en el que tan buenos ratos habían pasado sus amigos y ella tirándose por la borda y volviendo a subir una y otra vez. Esa embarcación en la que se había sentido segura, aún estando enferma, porque ningún enemigo había subido a bordo y porque sus amigos estaban ahí, día y noche disponibles. Aquel barco se había acercado más a un hogar de lo que nunca se había acercado ninguno de los lugares en los que había vivido. Y como todo, también se había hecho añicos.

Giró la cintura a la izquierda y su cuerpo entero giró 90 grados en dirección al barco. Entró en su interior, apartando los restos de la nave para poderse hacer paso y entonces descubrió un brazo. Su corazón dio un vuelco. Acudió rápidamente hasta esa mano que yacía en el suelo del barco y vió a Isilya, dormida o eso parecía. A su lado, cogiéndole la mano estaba Enumanus, y unos metros más allá se definía la figura de Gwirdyon entre restos del mobiliario del barco. En la otra punta, Walo, pálido, estaba tirado sobre Esdaleon que alargaba su mano hacia la semielfa. Aquella escena rompió el corazón de Tuilere en dos. Siguió avanzando, se metió por una puerta y llegó hasta la cabina de mando. Allí estaba también el cuerpo del capitán, agarrado al timón, lo miró detenidamente, pero el capitán no parecía reaccionar. Unos metros más atrás descubrió otro cuerpo. Una elfa de pelo corto dormía plácidamente. Aquella cara le sonaba. Era...ella. Se estaba viendo a sí misma. ¿Qué quería decir eso? Los elfos al morir separaban su Rhôa de su Fëa, y ésta última regresaba a Mandos. ¿Cómo era posible que estuvieran todavía las dos juntas en el mismo habitáculo? ¿Eso quería decir que no estaba muerta?


- Parece que ya vuelve a respirar - Dijo Isilya aliviada. - ¡Qué susto nos ha dado!
- Quizá mi sangre no le haya sentado del todo bien - Dijo Enumanus, también aliviado. - Así que ya sabéis, no debéis tomarla.
- No creo que se deba a eso. Creo que el antídoto funcionó. Lo que le ha ocurrido es producto de algo que le ha hecho entrar en shock. -Puntualizó Gwirdyon.
- ¿Una alergia a algo? - preguntó Isilya.
- Es posible. - Contestó la semielfa.

Walo se acercó a la cubierta del barco y respiró aire puro. El mar estaba tranquilo y seguían navegando rumbo a su destino. Tuilere movió la cabeza y abrió los ojos.
- snngh... estáis.... vivos.... - balbuceó.
- Sí, de milagro, después del susto que nos has dado aún no sé cómo seguimos respirando. - Contestó Esdaleon burlonamente. Los demás rieron.

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NotaPublicado: Sab Jul 21, 2007 1:27 pm 
Señor de las Palabras
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- Pero... pero...- balbuceaba la elfa.- el barco se había hundido y estaba todo lleno de agua!

- Lo único lleno de agua aquí,- dijo Esdaleon,- es tu cerebro. Elfa loca.

- Pensé... que estábais muertos...- lloriqueó Tuilere.- Porqué siempre soy yo la que ve cosas que no son?

- Eso tiene fácil respuesta.- volvió a decir Esdaleon.- porque estás loca.

- Hombre... algún daño habrá sufrido tu pequeño cerebro despues de tantas emociones.- dijo Gwrindyon recordando cuando la habían matado y revivido, cuando había caido presa de los tumularios, cuando había sido envenenada...

- No estoy loca.- repuso la elfa y se encerró indignada en un rincón.

EN eso bajó el capitán para informarles:

- En aproximádamente tres horas llegaremso a puerto.

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NotaPublicado: Dom Jul 22, 2007 12:25 am 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
Poco más al norte, la orden del Rey Elessar había llenado de inquietud a los habitantes de Pelargir. Desde la noche anterior cinco navios cerraban el paso por el Anduin hacia Minas Tirith. a dos barcos de guerra procedentes de Dol Amroth que esperaban a que se les permitiera continuar su viaje. Tenían orden de que nadie fuera a tierra y desde el puerto estaban constantemente vigilados por la guardia de la ciudad.
La tripulación de ambos navíos apenas podía apaciguar la impaciencia de los cerca de 400 soldados que llevaban cada uno de los barcos, convencidos de que habían partido para ir a la guerra.
- No entendemos por qué se nos niega el paso - habían comentado casi amenazando, los generales de la tropa.
Tarcenar acababa de entrar a la ciudad portuaria y se sintió aliviado al saber que aún no había llegado el grupo de la semielfa remontando el rio.
Se hospedaron en una posada al lado del puerto y pidio permiso para visitar los dos barcos retenidos, tenía que informar de lo sucedido y de la inesperada partida de Imdralis hacia el oeste.

Mientras, Durantor se aproximaba tambien a la ciudad desde el norte por el camino de Gondor, ajeno a los acontecimientos que habian ocurrido en Pelargir.
Había tenido el presentimiento de que el pequeño ejercito que iba hacia Minas Tirith por tierra no era más que una distracción y que el verdadero peligro subía por el rio. Aún así dejó un pequeño grupo para que fuera a su encuentro para detener su avance.

No lejos de allí, el capitan del barco acababa de comunicar a Esdaleon y compañia que tardarían tres horas en llegar a Pelargir.
- Bueno, una vez allí decidiremos que hacer - dijo Gwirdyon.
- No se... - contestó Isilya con cara preocupada - ya sabes, a Walo le sienta fatal ir en barco y me da miedo de lo que puede ser capaz de hacer la elfa - dijo señalando a Tuliere.
-Ja,ja - rio Esdaleon - es verdad, igual hunde el barco para hacer realidad sus fantasias.
Enumanus observaba la orilla este del rio pensativo.
- Menos mal que se han olvidado de lo de la sangre... - suspiró aliviado.

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NotaPublicado: Dom Jul 22, 2007 1:00 pm 
Maestro Narrador
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Esdaleon miraba las olas desde la proa despreocupado de todo, tomandose la situacion casi con resignacion, llevaban demasiado tiempo sin saber absolutamente nada de como le iva a Imdralis, les estaria esperando en tierra o seguiria abanzando hacia Minas Tirith?, dificil de saber hasta la hora del desembarco, tres horas quedaban para eso, tres horas que se prometian muy largas, como cada uno de los minutos hasta saber si la amenaza de una batalla es real. Miro al resto de los companheros, Walo andaba dando tumbos por la cubierta, buscando Eru sabe que, Gwidyon estaba hablando con Isilya tranquilamente, Enumanus disimulaba por ahi tratando de hacer olvidar a todos la idea de lo de la sangre, y Tuilere estaba en una esquina con cara de cabreo, probablemente porque la habian llamado loca, varias veces, de hecho, fue el mismo Esdaleon, asique se acerco a ella despacio.
- No te enfades pequenha, solo era una broma- Dijo Esdaleon sonriente.
- El que?- Contesto ella con cara de despiste.
- Lo de que estas loca, no creo que estes loca de verdad-
- ....Ah.....- Contesto ella tras un largo silencio, como si no supiera de que estaba hablando Esdaleon.
- Es igual.- Conesto Esdaleon dandose media vuelta.
Entonces se dirigio donde estaban Iislya y Gwyrdion, donde se habia unido Walo a la conversacion.
- Coma va todo?- Pregunto Esdaleon en busca de una salida a su impaciencia.
- Estabamos habalando de como podemos sacarle la sangre a Enumanus sin que ponga mucha resistencia.- Contesto Isilya mientras los otros reian por lo bajo.
- Nos prestas tu fuerza?.- Pregunto Gwydion con una sonrisa traviesa.
- Olvidarlo, si no quiere darnos su sangre que no lo haga, es cosa suya.- Contesto Esdaleon dandose media vuelta y dirigiendose de nuevo a la proa en su soledad.
- Que mosca le ha picado a este?.- Pregunto Walo mientras veis a su amigo marcharse.

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Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Lun Jul 23, 2007 12:42 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Esdaleon se volvió y vio a Isilya, Gwirdyon y Walo que seguían hablando entre ellos.
- No entiendo por qué se niega, - dijo Gwirdyon cabeceando - arriesga su vida contra cualquier bicho para salvarnos y ahora no es capaz de darnos unas insignificantes gotitas de sangre.
- Ya, pero fíjate la cara de asustado que tenía antes cuando nos hemos acercado a él. - Respondió Isilya. - Me da penita. Nunca le había visto así, no quiero hacerle sufrir.
- ¡Isilya!, - le espetó la semielfa - estamos hablando de que él tiene en su poder el antídoto contra un arma que van a usar los enemigos contra nosotros. ¿No crees que merece la pena hacerle pasar un mal rato? además, será muy poco tiempo. Si tú le convences, será más fácil.

Esdaleon no daba crédito a lo que oía mientras escuchaba de refilón. Al final se le agotó toda la paciencia que tenía y sacó su daga. Se acercó a Enumanus con la daga escondida tras la espalda. El humano lo vio acercarse. Se incorporó y sonrió.
- Basta ya de tonterías. - Esdaleon en un rápido movimiento se colocó detrás de Enumanus y le agarró fuertemente el brazo izquierdo retorciéndolo hacia atrás. Con la otra mano rozaba su cuello con la punta de la daga. Su superioridad física era evidente, el humano no tenía nada que hacer con él. Enumanus lanzó un grito y el grupo de los tres se volvió. Isilya lanzó un grito de angustia.

- ¿Pero qué estás haciendo, Esdaleon? - Gritó Gwirdyon enfadada.
- Lo que vosotros no os habéis atrevido a hacer todavía. - Contestó Esdaleon.- No estáis tan interesados en conseguir ese antídoto, pues cogedlo. y luego volved a preocuparos de lo que de verdad importa. El aire del mar debe de haberos vuelto estúpidos a todos. Vais por ahi cuchicheando entre vosotros como hobbits adolescentes, y sin hacer nada más que perder el tiempo con naderías.

Walo se incorporó. Tenía el rostro muy serio. Sabía que su amigo Esdaleon era imprevisible, pero no se esperaba eso en aquel momento.
- Venga Esdal, deja en paz a Enumanus, que está muy asustado. - Intervino Walo sin mucho interés en resolver el conflicto.
- ¿Asustado yo? - Se defendió Enumanus. - Ya ves que no he hecho lo más mínimo para defenderme y no pienso moverme hasta que Esdaleon me suelte. Dentro de tres hora llegaremos a un puerto, y entonces nos encontraremos con la realidad. Quizá la guerra haya comenzado ya, o quizá en el tiempo que llevamos en el barco haya desaparecido todo lo que conocíamos como Arda hasta este momento. Lo que está claro es que dentro de tres horas me tendréis que soltar.
Esdaleon apartó la daga y soltó a Enumanus. Isilya miró cabizbaja a Gwirdyon y ésta a Walo. Los tres mostraban cara de vergüenza. Walo se retiró y se dirigió a la parte de abajo. Gwirdyon se acercó a Enumanus y le tendió una mano.
- Lo siento, Enumanus, fui muy egoísta y me cegué en esa idea del antídoto, y no me dí cuenta de que hay miles de personas, elfos y otras especies que corren peligro y que hay una guerra preparándose en camino. Me siento avergonzada. Creo que me voy a ir un rato abajo.

Isilya esperó para quedarse a solas con Enumanus. Se acercó a él cabizbaja y con un hilillo de voz se disculpó.
- Yo también lo siento, Enumanus. Nunca debí dejarme llevar por esos impulsos. Por un lado no quería hacerte daño, pero por otro, no veía justo que teniendo algo que nos podía ser de tanta utilidad a los demás, no quisieras compartirlo.
- Es que... me mareo cuando veo mucha sangre... propia. Y no quería que nadie lo supiera... - Confesó Enumanus.
Isilya miró a Enumanus a los ojos y le acarició la cara con el dorso de la mano. Sonrió y le dió un tímido beso en la mejilla. Enumanus bajó la mirada y sonrió.
- Bueno, pues yo también voy a prepararme para desembarcar. - Dijo Isilya - Te espero abajo.

Isilya bajó las escaleras y Enumanus se quedó solo en cubierta. A los pocos segundos volvió a aparecer Esdaleon. Se acercó a Enumanus y le puso la mano en el hombro.
- ¿He estado convincente?
- Hasta me lo he creído yo. Por un momento pensaba que me ibas a pinchar de verdad. Jaja, la treta ha funcionado, al menos me han dejado en paz. - Enumanus dio un apretón de manos a Esdaleon.
- Por un amigo, lo que sea.

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NotaPublicado: Lun Jul 23, 2007 2:42 pm 
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Enumanus y Esdaleon se quedaron conversando en cubierta. Después de tantas aventuras y desencuentros entre los dos, al fin parecía abrirse una pequeña puerta hacia una inminente amistad.

Al cabo de un rato, el capitán del barco apareció de improviso. –señor estamos entrando en el puerto de Pelargir- dijo dirigiéndose a Esdaleon.

Tan entretenidos habían estado recordando anécdotas sobre viaje que no habían reparado en el cambio que se había producido poco a poco en el paisaje. Levantaron la vista y alcanzaron a distinguir una enorme ciudad lejos, entre la neblina.

De repente Walo salió trotando del camarote seguido de Gwirdyon, Isilya y Tuliere.
- ¡Hemos llegado! ¡al fin saldré de esta prisión flotante!- gritó el viejo, quien sin duda, era el que parecía más contento.

El grupo al completo se dirigió entonces a la proa para contemplar la entrada a Pelargir. El puerto era enorme y en aquella hora estaba repleto por decenas de barcos gondorianos. Tras el muelle, grandes casas y palacios de piedra y mármol se alzaban sobre vastos pilares, sobre el mar.
- Es una ciudad muy bonita…y muuuy grande- dijo Tuliere asombrada- ¿Gwirdyon, seguro que aquí vamos a encontrar a Imdralis?

La semielfa no le contestó. Observó con detenimiento el puerto y el resto de barcos que había atracados. Multitud de soldados y ciudadanos iban y venían a lo largo del muelle.
- Algo me huele mal- dijo- no se, noto una inquietud extraña.
- Muchos de estos barcos y soldados han venido a luchar a Minas Tirith- aportó Enumanus- es normal que se note cierto nerviosismo en el ambiente.

Isilya no se había asomado por la barandilla. Se había quedado sentada en la cubierta, y por primera vez a la elfa se le notaba indispuesta. Gwirdyon y Tuliere se dieron cuenta y se acercaron a ella.
- ¿Tú también te has mareado como Walo?- preguntó Tuliere.
- No, no es eso- contestó Isilya. Miró inquieta a Gwirdyon y ésta pareció entender lo que le ocurría.
- Ya han pasado diez años desde tu destierro- dijo la semielfa para tranquilizarla- además ahora con tanto revuelo no creo que se percate ninguna autoridad de tu presencia.-
- No obstante ándate con ojo- añadió Enumanus desde la barandilla- precisamente con tanto ajetreo en el reino supongo que tendrán controladas las entradas y salidas de las ciudades.

De pronto sintieron como echaban el ancla haciendo al barco pararse en seco. Esdaleon desenvainó su espada y, haciendo un par de rápidos movimientos con ella, se dirigió a la escalerilla.
- Por fin estamos aquí- dijo envainando la espada de nuevo- no sabéis las ganas que tenía de este momento, al fin ha llegado la hora de la verdad…quien sabe lo que nos espera, tenemos que estar preparados.-

El rostro de Esdaleon mostraba inquietud e impaciencia. Walo meditó las palabras de su amigo y suspiró; pensándolo bien casi preferiría quedarse en el barco.
Gwirdyon se plantó de un salto al lado de Esdaleon. – Ahora te necesito más que nunca Esdal- dijo con voz nerviosa- Estar tan cerca de Minas Tirith y no tener el pergamino en mis manos es algo que me angustia muchísimo-
- No te preocupes- le contestó el guerrero pasando su brazo por los hombros de la semielfa- no debemos adelantar acontecimientos.

La pareja de semielfos comenzó a bajar a tierra por la escalerilla seguida por Tuliere y Walo. Isilya titubeó un instante; recogió su capa negra y se colocó la capucha de manera que apenas se le veía el rostro.
- ¿Crees que así llamo mucho la atención?- le preguntó a Enumanus que la estaba esperando.
- Bueno…alguien con mucha imaginación puede pensar que eres un pequeño nazgul- rió el humano- no te preocupes, diremos que eres la curandera del barco y listo, anda vamos.

Apenas el grupo tomó tierra, un grupo de soldados de Gondor les cerró el paso.
- Vuestro barco, como el resto de los llegados de Dol Amroth no pueden continuar- dijo uno de los soldados- además su tripulación debe permanecer dentro de ellos hasta nueva órden.
Gwirdyon miró sorprendida a su alrededor y distinguió por primera vez varios barcos atracados cerca del suyo con el estandarte de Dol Amroth.

A unos escasos veinte metros de allí, Tarcernar contemplaba atónito la escena. “Son ellos” pensó inquieto, mientras se palpaba el lado del pecho donde guardaba el pergamino.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Mié Jul 25, 2007 10:52 am 
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- Vuestro barco, como el resto de los llegados de Dol Amroth no pueden continuar- dijo uno de los soldados- además su tripulación debe permanecer dentro de ellos hasta nueva órden.
Gwirdyon miró sorprendida a su alrededor y distinguió por primera vez varios barcos atracados cerca del suyo con el estandarte de Dol Amroth.

- ¡Eso es un disparate! - Contestó Esdaleon furioso. El guardia que se había dirigido a ellos se volvió estupefacto y con una mano en la empuñadura de su espada.- ¿Desde cuándo Gondor retiene como vulgares delincuentes a aquellos que vienen a servirle y a auxiliarle?

Gwirdyon miró a Esdaleon orgullosa y levantó la mirada hacia el soldado gondoriano. Isilya se tapó la cara con la capa y Enumanus dio un paso al frente hasta colocarse a la altura de los dos semielfos.
- Si te queda algo de dignidad debajo de ese uniforme que con tanto honor vistes, primero, cuádrate ante mí, y luego busca al oficial al mando y dile que la dama Gwirdyon quiere hablar con él. - Dijo la semielfa en un tono tan autoritario que ninguno de sus compañeros la reconocieron.
- Lo siento mucho, - dijo el soldado sin cambiar de postura - pero tengo órdenes que llegan desde el rey Elessar de no dejar pasar a ningún barco proveniente de Dol Amroth y a ninguno de sus tripulantes.
- ¿Pero es que se ha vuelto todo el mundo loco? - Interrumpió Enumanus. - Nosotros no somos los enemigos. Y te puedo asegurar que esta desconfianza que nos mostráis y esta ruptura en las relaciones entre Gondor y Dol Amroth es lo que han estado buscando desde hace tiempo nuestros enemigos para aprovecharse de nuestra debilidades y atacar con más saña.

Enumanus lanzó un grito al aire para desahogar su furia. Al lado del soldado gondoriano aparecieron cuatro más que acudieron al escuchar el grito del humano. A lo lejos una figura conocida se acercaba con paso firme. Durantor había sido avisado de la llegada del barco con el grupo dentro y varios soldados le acompañaban a modo de comitiva. Cuando estuvo a unos escasos metros de allí dio una orden al soldado gondoriano que prohibía el paso a la Compañía y éste y los otros cuatro se retiraron al momento.
- Os daría la bienvenida a Gondor, si fuérais bienvenidos aquí, aunque he de aclararos que yo me alegro mucho de veros. - Durantor soltó una sonora carcajada. Esdaleon puso la mano en su espada, la semielfa le retuvo con un discreto movimiento de su mano. - Apresad a los seis y llevadlos a los calabozos. Allí los interrogaremos como es debido.

Tarcenar habia visto toda la escena desde la orilla y no comprendía nada. De cualquier modo, decidió no descubrir su identidad ni su posesión del pergamino. Vio como los seis se acercaban, escoltados por soldados de Gondor armados. Un montón de dudas acudieron a su cabeza en unos segundos.

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NotaPublicado: Mié Jul 25, 2007 11:57 am 
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Ahora Imdralis y Meord estaban subidos en la inmensa águila, aunque el animal preferido de Meord era el Halcón noble de los nortes fríos; un ave de colores pardos pero a la vez blanquecinos como la nieve en donde vivía y ojos de profundo verde. Surcaban los verdes campos desde alturas impresionantes, siempre acompañados por una tenue lluvia.

Así pudo contar Imdralis que se llevaron 15 o 16 horas sin parar, hasta que por fin divisaron a 12 kilómetros Pelargir. Imdralis observaba como Meord le susurraba, a la portentosa ave, unas palabras que Imdralis no entendía y esta comenzó a disminuir la velocidad y a bajar hasta llegar a las mismas puertas de Pelargir donde se detuvo del todo.
Imdralis le pareció ver a Tarcenar, pero creyó que era un espejismo.

Meord llegó a la puerta y allí los guardias de Gondor le pararon.

- Detente viejo chocho, donde creéis que vais, esta es Pelargir gran puerto de Gondor, además quien es vuestro acompañante que viste ropas humildes pero con sellos de Dol Amroth.- dijo el guardia con descortesía y arrogancia.

- Dejadme pasar, por favor os lo pido guardián de Pelargir.- dijo el viejo con tranquilidad.

- Pero ¿qué decís viejo?, estáis mas chocho que Denethor en sus últimos días.- dijo el guardia riéndose.

De pronto comenzó a llover con una fuerza bestial y a caer multitud de rayos. Meord se quitó la capucha y mostró su rostro con todo su esplendor, un rostro que le dio miedo incluso a Imdralis.

- ¡¡ ¿Cómo te atreves?!!! Creéis tener el suficiente valor como para reíros de mi o del gran Denethor. ¡¡¡Callaos insolentes!!!- dijo el Istar con una voz que parecía que podría romper los muros de Pelargir, y como si esta bestial lluvia no fuese nada.- ¿¡Dónde está la cortesía de los hombres de Pelargir!? Llamad a vuestro capitán pues no pienso intercambiar ninguna palabra mas contigo, niñato del tres al cuarto sin educación y con mayor arrogancia que el mas noble de todos señores.- el joven iba a replicar cuando el viejo dijo- ¡¡¡ID ya!!!

El guardián corrió con más miedo que nunca.

Tarcenar no llego a observar a Imdralis pues en ese momento decidió descansar un rato.


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NotaPublicado: Mié Jul 25, 2007 10:53 pm 
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Ubicación: Girona
El grupo caminaba en silencio rodeado por los soldados de Pelargir como por los de Duramtor. Este, caminaba tras ellos con cara pensativa.
Le había extrañado que se entregaran tan facilmente, como si quisieran se apresados, los observó mientras atravesaban las calles. No parecían preocupados y eso le inquietaba.
- Deteneos! - gritó, sobresaltando a la guardia.
- He decidido que no ireis a los calabozos de la ciudad - miró al capitan de la guardia desafiante - tengo instalado mi campamento a las puertas de Pelargir junto al camino. Puesto que el mismo Elessar desconfía de vosotros, que sea él quien os juzge. Iremos a Minas Tirith.
El capitan lo observó sin saber que decir, entonces inclinó su cabeza lentamente.
- Si esa es vuestra decisión, yo no soy quien para debatirla. Mis hombres os acompañaran hasta el campamento y una vez allí son responsabilidad suya.

Enumanus y los demás se miraban unos a otros sin entender que pasaba, los habían arrestado, pero no les habian quitado las armas, además el cambio de ruta de repente hacia Minas Tirith, era de hecho lo que ellos querían.

- No hagais nada, esperaremos a ver que es lo que ocurre realmente. - susurró Gwirdyon, que se malfiaba del tal Duramtor.

A lo lejos, Tarcernar les seguía ocultandose entre la gente sin comprender tampoco lo que pasaba, entonces un guardia le cerró el paso con aire amenazante.
- Alto - le dijo - llevais la insignia de Dol Amroth, sin duda habeis desembarcado sin permiso, acompañadme pues debeis volver a vustro barco.
Tarcenar con una mueca se acercó al guardia y disimuladamente sacó un cuchillo y se lo clavó en el estomago, mientras con el otro brazo lo sujetaba para que no cayera.
- No vas a interumpir mi mision, mentecato - le susurró.
Se apartaron de la calle hacia un callejon y allí una vez se aseguró que nadie los veia. Dejó al sldado sentado en el suelo sin sentido mientras se desangraba.

En la puerta Imdralis empezaba a desesperar por la constante lluvia que le perseguia por donde fuera.
- Meord, por favor - suplicó - ¿puedes evitar que llueva?
En anciano le miró aún con los ojos encendidos de ira, entonces al verlo empapado bajo la lluvia que extrañamente caia a las puertas de la ciudad, su semblante cambió de repente poniendo cara de preocupado.
- Lo siento, me dejé llevar - se disculpó - pero algo ocurre ahí dentro que no me gusta nada.

Siguieron esperando a que les dejaran entrar durante un largo rato, hasta que Meord, que se había quedado postrado en cuclillas, saltó de repente.
- Rápido, hay que esconderse - cogió a Imdralis casi en volandas y saltaron tras unos carromatos que esperaban para entrar a la ciudad.
-¿ Pero que haces? dijo el elfo enfadado
- Calla y mira.

Las puertas se abrieron y un grupo de soldados salía rodeando a Esdaleon y compañía que con curiosidad observaban de un lado para otro.
- Tuliere... ¡Está viva! - casi grito el elfo.
El istar tuvo que sujetarlo para que no fuera al encuentro de sus amigos.
- Espera, esto no es normal... - Meord señáló a Duramtor - ese no es lo que parece.
- Duramtor - susurró Imdralis - lo vi en mi sueño, es un traidor. - La cara le cambió de repente.
Que había sido del pergamino, se preguntó, Tarcenar ya debía haberselo entregado, y si así fuera habría caido en manos del enemigo. Y si Tarcenar hubiese fallado en su mision.
- Maldita sea! Nunca tenía que haber partido solo con el pergamino. No me lo perdonarán nunca. Por mi culpa la misión a fracasado.
- Yo creia que el traidor era el del parche en el ojo - dijo el istar con sorna.
Enumanus. caminaba relajado al lado de Isilya, y los demás parecia como si no desconfiaran de él.
- Imdralis, mientras has estado fuera, me parece que han ocurrido muchas cosas...
El grupo de soldados sin perder tiempo, se dirigía a un pequeño campamento al este del camino de Gondor.
El sol apuntaba al mediodia.

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NotaPublicado: Jue Jul 26, 2007 11:54 am 
Montaraz nómada
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Registrado: Lun Jul 16, 2007 3:30 pm
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Ubicación: En la posada mas agradable de toda la Tierra Media
El tiempo paso y todo se tranquilizó un poco.

- Imdralis, nos vamos a Minas Tirith. Hay que ver a su majestad... que parece que esta perdiendo algo la cabeza.- dijo Varan recordando las palabras de Duramtor.

- Pero... mis amigos... son presos de guerra... Elessar...- tartamudeo Imdralis desconcertado.

- Elessar entrará en razon...

Asi partieron subidos en el protentosa aguila.
Mientras Esdaleon y los otros vieron la preciosa aguila gigante volar por los cielos. A Esdaleon le parecio ver a dos personas montadas pero no estaba seguro.


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NotaPublicado: Vie Jul 27, 2007 12:27 am 
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Al llegar al campamento, Duramtor hizo que se detuvieran frente a su tienda, entró dentro mientras la guardia continuaba rodeando al grupo que con cara de incredulos no lograba entender que ocurría.
Un soldado salió entonces y hizo gestos de que el entraran.
Uno a uno fueron pasando dentro hasta quedar alineados frente a Duramtor que les esperaba de pie sin inmutarse.
Gwirdyon, Esdaleon, Walo, Enumanus, Isilya y Tuliere esperaban impacientes a que les aclararan sus dudas.
- Bueno, somos sus prisioneros o no? - dijo Esdaleon incapaz de aguantarse.
Duramtor sonrio.
- Si eso significa que el pergamino está seguro, prefiero que seais mis prisioneros.
- Como sabes lo del perg... - Isilya dio un codazo a Tuliere haciendola callar.
Duramtor empezó a caminar de un lado para otro frente al grupo.
- No seais necios, Faramir, harto de vuestra tardanza me ha enviado para asegurarse de que al fin el pergamino llegue a su destino. Sereis escoltados por mi y mis hombres hasta Minas Tirith. - se detuvo frente a la semielfa - ¿porque el pegamino lo teneis no?
Gwirdyon tragó saliva, no podia decirle que Imdralis se lo llevó y que ahora no sabia ni si estaba vivo.
- Lo tenemos - dijo Enumanus - Isilya enseñaselo, por favor.
La elfa con lentitud rebuscó entre sus cosas hasta mostrarlo en su mano, los ojos de Duramtor brillaron al verlo y no pudo reprimir una carcajada.
- Ja, aquí está -dio dos pasos hasta Isilya y de un manotazo se lo quitó - bien, por ahora y hasta que lleguemos, estará bajo mi custodia. Orden directa de Faramir - miró de reojo a Gwirdyon que ya iba a protestar - podeis salir, partiremos en cuanto mis hombres esten listos.
- Ese pergamino es nuestro y nosotros se lo entregaremos a Faramir - dijo Esdaleon encarandose con Duramtor.
- Estoy de acuerdo, mientras, yo lo guardaré - replicó el gondoriano.
Fueron saliendo cuando una voz hizo detenerse a Enumanus.
- Tú, el de negro y barba - señaló Duramtor - quédate.
Los demás lo miraron con sorpresa y curiosidad, el humano se detuvo y alargando el brazo consiguió tocar con los dedos la mano tendida de Isilya a modo de despedida - estaré bien, tranquilos - acabó diciendo mientras se quedaba solo ante el capitan gondoriano.

Una vez fuera, el grupo fue llevado hasta el otro extremo del campamento junto a los caballos y allí insinuaron de que se quedaran aunque no eran prisioneros. Pues pronto partirian hacia el norte.

Mientras en el interior de la tienda dos enormes soldados con cara de pocos amigos sujetaban a Enumanus por los brazos.
- Vaya, vaya - sonreia Duramtor con satisfaccion - Enumanus creo que te llamas, si... he oido hablar de ti. Vas a pagar tu traicion muy cara. Llevaoslo sin que sus amigos os vean, entonces matadlo, lentamente...
El humano forcejeó sin resultado alguno.
- No se de que hablais, yo soy fiel a Elessar! - gritó.
- Por eso eres un traidor, maldito. -contestó Duramtor con los ojos encendidos de odio y el rostro envuelto en sombras.

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