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NotaPublicado: Vie Jul 27, 2007 12:49 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Mientras… en la Llanura de Anorien

La actividad del acantonamiento era frenética, la llegada de uno de los eoreds de guardia en las fronteras de Gondor con las noticias de que cualquier barco, caravana u hombre con la insignia de Dol Amroth era detenido en el puerto o confinado en campamentos vigilados daba a entender que Minas Tirith consideraba a ese reino como enemigo o al menos poco de fiar. En la tienda de Eomer y delante de un mapa inmenso estaban discutiendo tres personas… el hijo de Eomer que ya empezaba a participar en sus primeras campañas, Baldor que ponía su experiencia en enseñar al joven y Eomer que hasta hacia poco y haciendo como que miraba un paso entre montañas se sonreía viendo como su cada vez más apreciado y experimentado pariente le inculcaba a su hijo los principios y costumbre de los Rohirrim en campaña.
_Mi señor… carta de Dama Éowyn.
Eomer la cogió de un vuelo y rápidamente fue leyendo aquel pergamino. Su cara se fue ensombreciendo.
_Baldor, noticias desde Emyn Arnen. Faramir esta intranquilo porque el consejero de Elessar Duramtor le ha hecho enviar la mitad de su tropa a Minas Tirith, mi hermana me pide ayuda, voy a coger 1000 jinetes y acudiré a reforzar Emyn Arnen.
_Mi señor, dadle esa oportunidad a vuestro hijo, con Faramir a su lado aprenderá y estará bien.
_Y que me aconsejas tú que haga yo….
_Coja 5.000 jinetes, vadee el Entagüas y vaya hasta los Rauros y de allí vaya bajando, yo con los 4.000 restantes me posicionare en Cair Andros y tendré a la vista Minas Tirith y alrededores. Y yo iría al tanto con los mensajeros que vengan de Pelargir.
_Baldor, sé que no es tu intención, pero te estás convirtiendo en un serio candidato a la corona.
_Mi señor… si eso os parece me entristecéis el corazón y me obligareis a buscar la muerte en el campo de batalla.
_No, querido amigo, no tomes unas palabras dichas con el mayor de los respetos como un reproche. Heraldo da las órdenes pertinentes para que los Rohirrim cabalguemos de nuevo hacia el olvido o la gloria.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Vie Jul 27, 2007 3:18 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
“Esto puede costarme la vida” pensó Tarcernar mientras observaba al guardia de Pelargir desangrándose en el suelo. Pero no había marcha atrás; aquella era una situación delicada, debía entregarle el pergamino a Gwirdyon y Esdaleon antes de que fuera demasiado tarde. Además, no quería llevarlo encima mucho más tiempo, pues había comprobado como éste turbaba hasta la mente del guerrero más noble.

Tarcernar comenzó a despojarse de sus ropas con el fin de intercambiársela con las del guardia; “así no tendré más contratiempos” En apenas cinco minutos estaba listo.

Salió del callejón y avanzó calle abajo en busca de Duramtor y compañía. Tras doblar un par de calles en dirección a la salida este de la ciudad los vio a lo lejos. Aminoró la marcha y los siguió sin perderlos de vista, hasta que éstos llegaron al campamento de Duramtor y entraron en una de las tiendas.
Tarcernar dudó un momento. Se habría adelantado hasta Duramtor y le habría explicado la situación de no ser por el sueño que Imdralis le contó en confidencia antes de partir.
- Ojala estuvierais aquí mi Señor- susurró lamentando la inesperada partida de Imdralis.

Al cabo de unos minutos, el grupo salía de la tienda, a excepción de Enumanus, y se dirigían al lugar donde los caballos descansaban. Un grupo de guardias vigilaban a unos metros de ellos. Esdaleon caminaba en círculo mostrándose cada vez más irritado.

- Gwirdyon- murmuró con voz sibilante- comprenderás que no me voy a quedar de brazos cruzados mientras el ridículo ese de Duramtor me chulea. ¿Desde cuando Faramir toma estas decisiones tan extrañas?

- Por supuesto que no nos vamos a quedar aquí parados- contestó la semielfa en voz baja- además, todo aquí en Pelargir huele muy raro; los barcos de Dol Amroth retenidos en el puerto es algo que no alcanzo a entender; después nuestra detención; primero nos iban a llevar a los calabozos y luego cambian de opinión…no se, me da que Duramtor no es trigo limpio.
- Pero al fin y al cabo nos quiere llevar a Minas Tirith, ¿no iríamos más seguros con él y sus soldados?- preguntó Walo.
Gwirdyon se acercó al viejo y se arrimó a su oído con la intención de contestarle en voz muy baja.
- ¿Y entregarle un pergamino falso al Rey Elessar?- Walo resopló dándose cuenta de que había sugerido una tontería.
- Enumanus tarda mucho- dijo Isilya mirando preocupada hacia la tienda.
- Esa es otra- dijo Esdaleon- ¿Para qué narices querrá hablar con Enumanus?
- Eso es precisamente lo que más me ha mosqueado- contestó Gwirdyon- ¿no somos acaso Esdaleon y yo los responsables de la misión? Además, que precisamente quiera hablar con alguien que antes era....

En aquel momento vieron salir a Duramtor de la tienda y alejarse hacia otro extremo del campamento; Enumanus no iba con él.
- Ya no puedo esperar más- dijo Isilya poniéndose de pie de un salto- mi corazón me dice que algo no va bien.- la elfa tomó su arco y caminó decidida hacia los guardias que los custodiaban a unos metros de ellos. Gwirdyon corrió hacia ella y la agarró del brazo.
-No pierdas la compostura ahora, al final del viaje- le dijo- necesitamos un plan para sacar a Enumanus de allí.
- Y largarnos de aquí de una vez- añadió Esdaleon.

Al otro lado del campamento, escondido entre unos matorrales, Tarcernar intentaba comprender qué había pasado; habían llevado al grupo a los establos mientras Duramtor se quedaba en la tienda con uno de los hombres de la compañía. “Quizás sea ese tal Esdaleon” pensó.
Minutos más tarde, Duramtor había salido él solo, dejando al otro hombre dentro con dos guardias. Tarcernar meditó unos segundos y se decidió. Entraría en la tienda y hablaría con él. “Además, si es Esdaleon entonces podré entregarle el pergamino”

Dentro de la tienda Enumanus yacía en el suelo amordazado; de esa manera nadie podía escuchar los gritos de dolor que los golpes de aquellos dos matones le estaban produciendo.

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Vie Jul 27, 2007 11:14 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Tarcenar dudó unos segundos más, se miró el uniforme de guerrero gondoriano que vestía y se dio cuenta de que lo llevaba manchado de la sangre del soldado que lo llevaba antes. Eran manchas difíciles de disimular. Respiró hondo. "Si ese que parece estar al mando ha salido, quizá yo no disponga de mucho tiempo para estar ahí dentro y cumplir lo que se me encomendó. " Pensó Tarcenar en segundos. Se acercó a la puerta de la tienda y separó las dos telas con decisión. Avanzó un paso y se encontró a Enumanus amordazado en el suelo y dos enormes hombres con uniforme de Gondor. Enumanus le miró asustado, pues ya había recibido suficientes golpes de dos y uno más suponía aumentar el sufrimiento.

- ¿Habéis terminado ya con éste? - Preguntó Tarcenar intentando guardar la calma. Reconoció a Enumanus a pesar de los moratones y la inflamación de su cara a causa de los golpes. Era el hombre que acompañaba a la extraña que llevaba una capa negra. Lo había visto en la Compañía cuando bajaban del barco. No sabía su nombre, pero algo le decía que debía sacarle de allí como fuera. Ante su pregunta los dos matones se volvieron e interrumpieron lo que estaban haciendo. Miraron a Tarcenar de arriba a abajo.
- Y tú, ¿dónde te has metido? Vas lleno de sangre - Preguntó uno de ellos.
- Nah, uno, que se empeñaba en pasar por donde no debía. No me quedó más remedio que enseñarle modales. - Contestó Tarcenar.
- Durantor nos dijo que lo matáramos, pero es muy resistente. - Contestó el otro.
- Ahí fuera parece que hay una revuelta. Durantor me ha dicho que viniera a buscaros. Yo me encargaré de éste. Ya he calentado con el anterior y vengo con ganas de sangre. - Dijo Tarcenar intentando coleguear con los soldados. Enumanus le miró aterrorizado.
- Bien. Si ocurre algo y no lo evitamos por estar aquí, lo que Durantor nos haga puede ser peor que lo que le hemos hecho a este desgraciado. Ja, ja, ja, ja - Dijo el más grande de los dos soldados. Dio un golpe en el hombro al otro, a modo de señal y los dos salieron de la tienda.

Tarcenar se quedó a solas con Enumanus. Lo miró de arriba a abajo sin saber muy bien qué hacer. Al final decidió quitarle la mordaza.
- ¡Maldito seas, aunque consigas matarme nunca moriré como un traidor! - Rugió Enumanus en la lengua de los orcos.

Tarcenar se sobresaltó y entonces creyó que de verdad se trataba de un enemigo de Elessar a quien los soldados de Gondor estaban dando un escarmiento. Dio un paso atrás. En ese momento las puertas de la tienda se abrieron de par en par y un Esdaleon colérico se tiró al cuello de Tarcenar. El soldado de Dol Anroth lo miró con ojos desorbitados e intentó separar las manos del semielfo que cada vez apretaban más su cuello. Como pudo consiguió subir una pierna y colocarla entre los dos cuerpos y apoyando la espalda en la pared, con todas las fuerzas que le quedaba, hizo palanca con la pierna y consiguió separar a Esdaleon lo justo para repirar y evitar su siguiente embate.
- Espera, - gritó Tarcenar- Tú eres Esdaeon, verdad?
El semielfo le miró fuera de sí.
- ¿Estabas a punto de matar a mi amigo? No responderé a tu pregunta porque no vas a vivir para que te sea útil la respuesta. - Y dicho esto se abalanzó sobre Tarcenar y comenzó a golpearle con los puños hasta hacerle sangrar por la nariz y la boca. Enumanus exhalaba frases en lengua negra y mordía sus ataduras con los dientes para desatarse, ahora que tenía la boca libre.
- Im...dra...lis - susurró Tarcenar con las pocas fuerzas que le quedaban mientras aguantaba los golpes de Esdaleon. El semielfo se paró en seco al escuchar ese nombre.
- ¿Qué sabes de él? - Esdaleon le propinó un golpe más fuerte todavía que casi lo dejó sin sentido - ¡Contesta!

En ese momento llegó Isilya a la puerta de la tienda y tensó su arco apuntando a Tarcenar. Miró a Enumanus y su corazón se rompió al ver el estado en el que se encontraba.

- ¿Qué le has hecho a Enumanus? - Preguntó la elfa muy airada. Apuntó hacia una de las piernas de Tarcenar y disparó certeramente en el muslo. Tarcenar aulló de dolor. Se acababa de dar cuenta de que todo era un malentendido, pero podía costarle la vida. Entonces decidió contar lo poco que sabía por si eso servía para salvarle la vida.

- Soy Tarcenar... vine al frente de las tropas de Dol Amroth, al mando de ... Imdralis. - El dolor en la rodilla se le hizo tan insoportable que no pudo seguir hablando. Esdaleon le soltó e Isilya bajó el arco y se acercó para auxiliarle. Mientras tanto Enumanus ya había conseguido desatarse las manos y recobraba el aliento con normalidad.
- Tenemos que salir de aquí lo antes posible - Dijo Isilya a Esdaleon.- Lo llevaremos con nosotros. No podemos permanecer aquí ni un segundo más.

Esdaleon cogió a Tarcenar y se lo echó al hombro. Isilya ayudó a Enumanus a levantarse, pero apenas podía tenerse en pie. La elfa se volvió y miró a Esdaleon. No podía cargar sola con el humano, y el semielfo bastante tenía con llevar a Tarcenar, que no pesaba poco precisamente. Entonces escucharon pasos que se acercaban. Isilya ayudó rápidamente a Enumanus a echarse en el suelo y Esdaleon dejó también en el suelo a Tarcenar. La elfa y el semielfo prepararon sus armas. Esdaleon se colocó a un lado de la puerta e Isilya, frente a ella, tensó el arco con una flecha.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Sab Jul 28, 2007 1:02 pm 
Viajero Asíduo
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Registrado: Dom May 13, 2007 7:15 pm
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Ubicación: Donde se necesite algo de amor (Sevilla)
Edaleon, Isilya, Enumanus y Tarcenar, se añadieron con disimulo a la comitiva que salía de Pelargir hasta Minas Tirith. Walo mi con gesto de dolor al pobre Enumanus y hablo un rato con él. Duramtor no se enteraba de nada ya que presidía la comitiva al frente y había muchos soldados desde el principio de la comitiva hasta el final donde estaban situados nuestros queridos amigos.

Mientras Imdralis y Meord sobrevolaban los cielos. Imdralis veía como de repente el águila giraba en seco y se volvía hacia atrás, apuntado directamente a la comitiva de Duramtor.

- ¡¿Pero qué hace monseñor?! - dijo Imdralis a Varan

- Mi misión consiste en no... ¡Nada! ¡No puedo permitir que unos hombres tan heridos caminen hasta Minas Tirith en esas condiciones y a pie, por muy malos o retorcidos que sean!- y diciendo esto Meord, el águila bajo en picado.

Los guardias vieron como el águila se acercaba como una flecha y corrieron despavoridos, Isilya viendo que se dirigía hacia ellos cogió su arco y disparó al águila. Entonces un rayo de luz el cual no tenía color cegó a todos y Meord cogió sin que nadie lo pudiese notar, como el aire que silva entre las rocas, a Enumanus y a Tarcenar y los subió al águila y elevó el vuelo a tal altura que ya solo se les veía como un punto en el dulce y tranquilo cielo.


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NotaPublicado: Sab Jul 28, 2007 11:59 pm 
Arquero del Rey
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Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Hacía unas horas en el campamento de Duramtor, Gwirdyon despues de explicar su plan a Walo, consiguió junto con Tuliere, acercarse lo suficiente a los caballos para poder ir agrupando las monturas de cada uno del grupo. Una vez hecho le hizo una señal al anciano para que se dirigiera a la tienda donde minutos antes habían entrado Isilya y Esdaleon para ver que le ocurría a Enumanus.

Walo esperó a que dos guardias entraran y asomó con cuidado su cabeza por la entrada. En el suelo, cuatro hombres de Durantor estaban sin sentido, otro que parecía magullado y que sostenía Esdaleon le miraba atónito.

- Venga Walo, entra de una vez - susurró el semielfo.
- Y este quien es? - preguntó señalando a Tarcenar.
- Aún no lo sabemos, que haces aquí por qué no estás con Gwirdyon?.

El anciano los miró y empezó a explicarles el plan de la semielfa al rato un grito se oyó en el exterior.
- Han escapado, los prisioneros han huido con sus caballos.
Gwiryon y Tuliere a lo lejos, cabalgaban sujetando al grupo de caballos por sus riendas, que los seguian veloces.
- Perseguidlos, que no escapen! - se oyó gritar a Duramtor

De la tienda de éste, Esdaleon, Isilya, Walo, Enumanus y Tarcenar, salieron con las ropas de los soldados que habían dejado sin sentido y se unieron a la numerosa comitiva que encabezaba Duramtor.
Dispuestos a perseguir a pie a los prisioneros huidos.


Ahora, mientras el águila cogía altura, Enumanus empezaba a entender que estaba pasando.
- Tarcenar, tienes el pergamino? preguntó gritando.
Éste asintió con cara de pánico.
- dámelo si quieres conservar tu vida, corres peligro si lo llevas demasiado tiempo contigo
Tarcenar pareció no entender que quería decir, sostenido en el aire por una de las garras del aguila, se llevó la mano al pecho y sacó el pergamino paraentregárselo al humano.
- Gracias - sonrió Enumanus - sueltame de una vez, maldito aguilucho - dijo con desprecio.
el aguila sorprendido al oir la lengua oscura entre sus garras, soltó al humano mientras daba un grito de repulsa.
-Pero que haces? - preguntó Varan a la vez que empezaba a tronar.
Se asomó y vió como el humano caia desde considerable altura para estrellarse contra el suelo.
- Recógelo ahora mismo -ordenó insolentemente.
El aguila entonces cayó en picado, para pasar suavemente justo por debajo de Enumanus que ya se creia muerto .
Al golpear sobre el lomo del ave, vio la cara estupefacta de Imdralis y un extraño anciano.
Entonces aprovechando que pasaban sobre rio Anduin, y que la altura ya no era tanta, saltó para perderse en el agua del rio.
El aguila, entonces habiendo cumplido la orden del istar y a la vez deshecho de la oscura compañia, volvio a remontar el vuelo, perdiendose en el cielo, llevando consigo a Meord, Imdralis y un desmayado Tarcenar que no había podido resistir la impresion del viaje.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Mié Ago 01, 2007 10:39 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Jul 29, 2007 4:38 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Esdaleon, Walo e Isilya no daban crédito a todo lo que había ocurrido en cuestión de segundos; Primero una enorme águila montada por Imdralis y un anciano habían agarrado a Enumanus y Tarcernar y los habían sacado volando de entre los soldados.
- ¡Es Imdralis!- dijo Esdaleon ahogando un grito. Eso significaba que por fin habían encontrado el pergamino.
Cuando el águila soltó a Enumanus haciéndole caer en picado para volver a recogerlo en el último momento, Isilya casi se desmaya del susto.
El humano volvió a saltar entonces esta vez más decidido.
- No se ve nada con los árboles- dijo Walo que había intentado seguir la trayectoria de su amigo.
- En aquella dirección solo está el río- contestó Isilya- ¡Esdal! tenemos que ir a por él
- Ya lo se- respondió el semielfo irritado; estaba tanteando la forma de escapar de aquel pelotón de soldados que seguía a unos prisioneros invisibles.

A un gesto de Esdaleon, Walo, Isilya comenzaron a aminorar la marcha hasta quedar los últimos del grupo. Esperaron pacientemente la ocasión, y cuando ésta se presentó, se desviaron rápidamente hacia un hueco entre los árboles que quedaba a la derecha del camino.
- Adiós Duramtor de pacotilla- se burló Walo mientras observaba a todo el Pelotón alejarse hacia el Norte.
- Me pregunto donde estarán Gwirdyon y Tuliere- dijo Esdaleon- la última vez que la vimos agarraban las riendas de cinco caballos mientras eran perseguidas por los soldados.
- Han debido de desviarse ellas también- comentó Isilya- lo que no se es a qué altura del camino pueden haberse quedado.
- Bueno no hablemos más y vamos a buscarlos antes de que Duramtor se de cuenta de que delante de ellos no cabalga ningún fugitivo.
- ¿Y que pasa con el pergamino? Se supone que lo tiene Imdralis- preguntó Walo.
- Ya lo se amigo- contestó Esdaleon- pero como comprenderás no nos vamos a poner a perseguir a un águila; ya lo pensaremos luego, cuando estemos todos. ¡Vamos!

Los tres compañeros comenzaron a caminar despacio por la dirección por la que habían venido. No iban por el camino, sino por el lado derecho, ocultándose entre los árboles.

A una milla escasa de allí, una mano se agarraba desesperada a unos juncos del río; por fin había alcanzado la orilla. Dio un impulso y salió del agua. Tosió. Se llevó la mano al bolsillo y suspiró aliviado; ahí estaba el pergamino intacto. El agua no había dañado el papel.

- ¿De qué material estás hecho?- preguntó con extrañeza.

Enumanus miró a su alrededor; delante de él, la ribera del río se extendía de norte a sur cubierta por juncos, nenúfares y otras plantas acuáticas; detrás de él, espesas hileras de álamos y robles le impedían divisar el camino. La luz anaranjada del sol se reflejaba en el agua e inundaba todo el paisaje de los tonos ocres propios de un atardecer.
Todo estaba en silencio salvo el ruido de los insectos y de alguno que otro ave. Abrumado por aquella tranquilidad, cerró los ojos un instante e intentó poner orden en su cabeza; se preguntaba si Esdaleon y los demás le habrían visto caer y vendrían a buscarle. A lo mejor era Duramtor el que le había visto y podría ser él al que apareciera de un momento a otro de entre los árboles. Enumanus se estremeció ante esa idea.

- No voy a quedarme aquí esperando- dijo poniéndose de pie. Al hacerlo notó que tenía todo el cuerpo dolorido y magullado, y entonces recordó la tremenda paliza que le habían dado aquellos matones hacia apenas un rato.



- Entonces definitivamente Duramtor es un traidor en la corte del Rey ¿no?- preguntó Walo que estaba atando cabos.
- Claro que lo es. Gwirdyon lo notó desde el principio y yo también- dijo Esdaleon- además mandó matar a Enumanus, vete a saber por qué-
- Porque quizá le conociera- contestó Isilya- ¡ay! pobre Enumanus, siempre se lleva todos los golpes, espero que esté bien.


A unos metros de ellos, al otro lado del camino Gwirdyon espiaba entre los arbustos. Durante la persecución se había lanzado de su caballo y había permanecido oculta entre los matorrales hasta perder a los soldados de vista. Ahora observaba a los tres personajes a lo lejos; vestían el uniforme de los guardias de Duramtor y parecía que estaban buscando a algo o alguien.
- Me están buscando- susurró la semielfa. Se agachó para no ser vista, sacó su arco en silencio y apuntó.

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Última edición por Isilya el Jue Ago 02, 2007 12:27 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Jul 31, 2007 11:43 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
Entonces uno de los soldados de Duramtor pareció sacarse algo de debajo de su capa y se lo llevó a la boca.
- No se como puedes llevar todas esas botellas hay metidas - dijo Esdaleon al anciano mientras le señalaba la barriga con su espada.
Walo tomó un largo trago y le ofreció al semielfo para que bebiera.
- No me tientes, no me tientes - sonrió - ahora tenemos trabajo que hacer, por aquí cerca debe de haber caido Enumanus.
Gwirdyon lo reconoció enseguida - ¿Walo? - se dijo, miró a su alrededor por si había alguien más con ellos y al ver que estaban solos, salio de su escondite.
- Eh! - gritó - aquí!
Esdaleon al reconocerla, salio corriendo a su encuentro y Walo por poco no se ahoga con el licor en su gaznate. Isilya preocupada miraba el ancho rio preguntándose si Enumanus habría sobrevivido.
- ¿Y Tuliere? - preguntó el semielfo - ¿y los caballos?
- Ahora mismo debe estar volviendo locos a los hombres de Duramtor, siguió adelante con los caballos mientras yo me quedaba oculta entre la maleza - contestó Gwirdyon - los mantendrá distraidos hasta que acaben muertos de cansancio.
Isilya llegó hasta ella con cara lastimosa - ¿viste como caia Enumanus? - preguntó.
Todos se miraron preocupados, si no se equivocaban estaban en el lugar donde cayó Enumanus, se dirigieron a la orilla en silencio y observaron el rio.

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NotaPublicado: Jue Ago 02, 2007 12:58 am 
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El río arrastraba una aguas bravas y rápidas. Vieron cómo las olas se deshacían al chocar contra unas rocas que había casi en el centro del cauce del río. Miraron al centro del río y siguieron la dirección de las aguas hasta donde se perdían en el horizonte. Nada, ni rastro de Enumanus. Isilya se puso más y más nerviosa conforme pasaban los segundos. Gwirdyon se dio cuenta y le puso una mano en un hombro. Isilya no aguantó más la presión y se echó a llorar.

- Todavía no se había recuperado de la pierna rota y le dieron esa tremenda paliza. - Isilya intentó no perder la compostura. Esdaleon la miraba con ternura. Walo también lloraba por solidaridad.- Y ahora que casi estábamos a punto de conseguirlo... No pudieron con él los orcos, ni el elfo de pelo negro, ni los huargos, y este maldito río...
- No pienses en lo peor, Isilya - Le dijo Gwirdyon, abrazándola contra su pecho. - Lo buscaremos y no pararemos hasta encontrarlo.
Isilya se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano. Walo se sonó la nariz. Esdaleon siguió rastreando la zona en busca de pistas.


En la orilla del río, detrás de unos juncos, Enumanus observaba sigilosamente a un soldado de Gondor que estaba de espaldas a él. Arrastraba las riendas de varios caballos y caminaba con cuidado para no ser descubierto. Cuando estuvo lo suficientemente cerca Enumanus se le acercó por detrás y con fuerza le agarró del cuello pasando una mano de atrás hacia adelante, preparándose para romperle el cuello con un brusco giro del cuello. El atacado, que era muy alto y esbelto, y ducho en la batalla, se vio venir el ataque por sorpresa y antes de que Enumanus le terminase de colocar la mano en el cuello ya le había cogido por el brazo, y aprovechando su fuerza, le hizo caer hacia delante golpeándose con fuerza la espalda. Enumanus cayó al suelo y entonces atacante y atacado, que en ese momento habían intercambiado sus papeles, se miraron a la cara y se reconocieron.
- Qué manía habéis cogido todos hoy de disfrazaros de gondorianos. - Dijo Enumanus visiblemente dolorido. El golpe en la espalda no había hecho sino aumentar el dolor que sentía en todo el cuerpo. Intentó levantarse, pero el dolor en las articulaciones y en la pierna que seguía rota era tan intenso que no pudo moverse de donde estaba.
- Lo siento, Enumanus. Yo no podía saber que eras tú. Sólo sentí que alguien me atacaba. Tuviste suerte de que no te clavara una espada hacia atrás. - Dijo Tuilere a Enumanus, e intentó ayudarle a levantarse, para fue imposible. Al final hizo acopio de todas sus fuerzas y se levantó. Tuilere le ayudó a montarse en un caballo de los que portaba.

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NotaPublicado: Jue Ago 02, 2007 10:37 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Instantes después dos jinetes y una montura vacía cabalgaban hacia el sur siguiendo el Anduin.
- ¿Y los demás? - preguntó Enumanus mientras montaba su caballo al lado de Tuliere.
- Ahora vamos a su encuentro, deben estar buscándote - aclaró la elfa - dejé los otros tres caballos al noroeste del camino de Gondor, si siguen su rastro tardaran en encontrarlos y estan en direccion opuesta a nosotros.
El humano asintió dolorido mientras tocaba con su mano derecha el bolsillo donde llevaba el pergamino.
- Tendremos que arreglarnos con tres caballos - dijo.

Lejos de allí, Duramtor se había detenido y observaba como por el cielo a gran altura un enorme águila desaparecía hacia el oeste. Había decidido que perseguir a los fugados a pie mientras ellos iban a caballo, no tenía sentido.
- Señor, un enorme águila ha embestido nuestra formación llevándose a dos de nuestros hombres en sus garras, además algunos han desaparecido, seguramente horrorizados por el ataque. - el soldado espero inmóvil a que su superior le diera las ordenes oportunas.
Duramtor maldeció en voz baja mientras sonreia palpandose el pecho donde guardaba el pergamino. La misión no ha sido del todo un fracaso, pensó.
- Que diez hombres persigan a los huidos, tienen orden de acabar con sus vidas. - señaló un pequeño claro entre árboles donde podian disfrutar de su sombra - envia un mensajero al campamento, que recojan y partan de inmediato, el resto del grupo les esperaremos aquí, volvemos a Minas Tirith.
- Como ordene, señor - el soldado saludó y corrio a disponer de sus ordenes a la tropa.

- Aquí no está - dijo Esdaleon dando la espalda al rio - o la corriente se lo ha llevado rio abajo o está en la otra orilla.
- Imdralis iba en el águila con otra persona - pensó Gwirdyon en voz alta - aún tiene el pergamino, vete a saber que influencia habrá tenido en él.
Se sentó sobre una roca apesadumbrada, la misión tan cerca del final se había complicado demasiado. El pergamino no estaba en su poder, habían perdido a un mienbro del grupo y un traidor en la propia Corte del rey Elessar y amigo de Faramir, les perseguía. Un sollozo se le escapó de su garganta. Los demás al verla tan afligida después de haber sido la más entera del grupo se sintieron consternados.
Esdaleon sacó su espada y separándose del grupo empezó a dar mandobles para deshogar su ira, en cierto modo él tambien había fracasado, y se sentía culpable por haberle fallado a Gwirdyon.
Walo, estirado boca abajo sobre la hierba a orillas del Anduin, vertía una de sus botellas al rio, - donde estes, espero que puedas bebertelo Enumanus - decía a modo de despedida.
Isilya se había distanciado del grupo, caminaba rio arriba obsevando a su alrededor - Esto no puede acabar así - se decia a si misma.
Entonces a lo lejos entre los arboles vio dos jinetes y un caballo vacio que se aproximaban al galope.
- ¡Alguien viene! - gritó - ¡Escondámonos!

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NotaPublicado: Vie Ago 03, 2007 12:11 am 
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Tuilere detuvo en seco su caballo y los otros dos caballos se detuvieron a la vez.

- He visto movimiento.- susurró a enumanus.- Será mejor que te quedes aquí.- le entregó las riendas del caballo, desmontó y siguió a pie.

Los fujitivos la vvieron acercarse a paso seguro pero no la reconocieron. Isilya tensó su arco y disparó apuntando a la cabeza del intruso. TUilere tuvo el tiempo seguro de tropezar y caer al suelo justo antes de que la flecha pasara por encima de ella. Asusada miró por donde había pasado la flecha y miró su procedencia. Desenganchó el pie de la rama con la que había tropezado y se puso en pie justo a tiempo de esquivar otra flecha. la Flecha se clavó en el suelo. La elfa cogió la flecha y la examinó. La reconoció de imediato como una flecha de las que siempre llevaba Isilya para casos de emergencia. Sabía que tan solo tenía dos de esas flechas, y ya abía lanzado la anterior que se había clavado en un árbol.

ENtre las malezas Esdaleon daba ordenes rapidas y concisas para atacar.

Tuilere, ostentosa, sacóp una botella de wisky de debajo de su capa y suspiró bien alto para uqe se la oyera:

- qué lastima no tener a nadie con quien compartir esta bebida... por ejemplo.. un anciano insoportable, una elfa curandera o una medio elfa paraoica... yo que sé.

- jajajaja... grwindyon, te ha lamado paranoica.- rió walo a mas no poder entre los manojos.

- TOma viejo!- dijo tuilere lanzando la botella en direccion de la voz. El viejo salió de su escondite para recogerla antes de que cayera al suelo y se rompiera.

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NotaPublicado: Vie Ago 03, 2007 2:16 am 
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- Tienes que afinar esa puntería, elfa de ojos grises - Dijo Tuilere abrazando a Isilya.- Mira lo que me he encontrado por el camino. Te traigo un regalito.

Isilya descubrió a Enumanus tirado como un fardo sobre uno de los caballos y su corazón dio un vuelco. La alegría volvió a inundar su corazón y un rayo de esperanza iluminó aquel momento. Esdaleon se volvió al escuchar voces y se acercó corriendo al encuentro de Tuilere y Enumanus. Gwirdyon y Walo también reían de alegría. Con Imdralis a lomo del águila, sabían que estaban todos vivos y enteros. El whisky que portaba Tuilere corrió de mano en mano y de boca en boca para celebrar el reecuentro. Walo se acercó a Enumanus, una vez que éste fue ayudado para bajar del caballo, y le pasó un brazo por el hombro.
- Por un momento pensé que no tendría a nadie con quien compartir las botellas de licor. - Dijo Walo.
- Eso sí que hubiera sido una tragedia, amigo Walo. - Enumanus dio un abrazo al viejo, de quien se había encariñado.

Esdaleon los miró a todos y entonces dijo en un tono bajo.
- Sabemos que Durantor es un traidor, y a estas alturas seguirá con nuestra búsqueda, pues sabe que le hemos descubierto. Puesto que tenemos tres caballos, propongo que montemos dos en cada uno y saldamos de aquí lo más rápido posible, camino de Minas Tirith.
- Pero Imdralis todavía tiene el pergamino. Hay que recuperarlo como sea.- Dijo Gwirdyon.
- No, ya no lo tiene él. - Contestó Enumanus con una sonrisa triunfadora. Todos le miraron estupefactos. Esdaleon miró a la semielfa con sorpresa. Durante todo el camino habían evitado que el humano se hiciera con el pergamino, pues no confiaban en él, y ahora que lo portaba desde no se sabía cuándo, apenas apreciaban cambios en él.
- Entonces no hay motivo para seguir aquí. Además, está anocheciendo. Por fin este día tan largo se está acabando. - Dijo Esdaleon.- Vayámonos de aquí cuanto antes.
- Dejé otros tres caballos al noroeste del camino de Gondor para que siguieran su rastro. Están en dirección opuesta a la nuestra, lo que nos hará ganar un poco de tiempo. - Informó Tuilere. Los demás sonrieron y alabaron su estrategia.
- Entonces,...- Partició Isilya que hasta ese momento se había dedicado a mirar las heridas de Enumanus y a comprobar el estado de su pierna todavía convaleciente- sigamos adelante.
Se repartieron dos en cada caballo. Enumanus e Isilya cabalgaban juntos un corcel negro, Gwirdyon y Tuilere en otro caballo blanco y Esdaleon y el viejo Walo cerraban el grupo en otro caballo marrón con manchas blancas.

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NotaPublicado: Vie Ago 03, 2007 12:04 pm 
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- Poco a poco nos vamos alejando del río- comentó Walo que marchaba junto con Esdaleon encabezando ahora el grupo.
- Claro, el camino sigue más o menos recto hacia el Norte- respondió el semielfo- de todas formas, una vez nos encontremos con los caballos tomaremos otra vía más discreta.

Mientras Esdaleon hablaba, los seis compañeros se adentraron en una zona boscosa, donde el camino se veía interrumpido aquí y allá por viejos robles.
- Tienen que estar por aquí cerca- dijo Tuliere mirando a un lado y a otro pensativa.
- Id más despacio- ordenó Gwirdyon al resto mientras afinaba la vista y el oido en busca de alguna pista que le indicara el paradero exacto de los caballos.

El sol se había puesto hacía rato y la luz comenzaba a escasear. El caballo de Isilya y Enumanus caminaba en último lugar. La elfa no había parado de hablar desde que se montaran en el caballo. Se giraba una y otra vez hacia Enumanus para preguntarle por ésta o aquella herida, o para felicitarle por haber conseguido el pergamino. Lo último que le interesaba a Isilya en aquellos momentos eran los caballos perdidos.

- Es increible que el pergamino no te afecte- comentó Isilya por enésima vez.
- Quizás haga falta tenerlo más tiempo para que comience a influenciar negativamente a su portador- contestó el humano modéstamente.
- ¡Tonterías! si no te afecta pues no te afecta y punto- exclamó la elfa- eso es que tú eres una persona especial.
Enumanus se rió. Los halagos de Isilya eran de agradecer aunque no estaba seguro de sentirse especial ante el pergamino. Metió la mano en su regazo y lo tocó mientras recordaba como éste había afectado negativamente a Esdaleon, Gwirdyon, incluso a Walo. Ante estos recuerdos, el humano comenzó a sentirse incómodo por tener que llevarlo encima.

- ¡Allí están!- exclamó Tuliere señalando a un claro entre los árboles.

Los tres caballos, dos grises y uno blanco, pastaban tranquilamente como si la cosa no fuera con ellos. Los seis compañeros se acercaron a ellos y se bajaron de sus monturas.
- Bien, estamos todos vivos, tenemos los seis caballos, tenemos el pergamino y estamos cada vez más cerca de Minas Tirith- dijo Esdaleon que se sentía realmente satisfecho por como se iba resolviendo todo poco a poco.
- Solo hay una pequeña pega- añadió Walo- está anocheciendo, ¿Qué vamos a hacer?
- Aquí no podemos acampar, es una locura, no debemos tentar a la suerte- dijo Gwirdyon.
- Por otro lado, seis caballos a galope en el silencio de la noche también me parece insensato- comentó Isilya- mas aún cuando Duramtor y sus hombres nos están buscando.
- No galoparemos, avanzaremos lentamente por la parte izquierda del camino- resolvió Esdaleon- quiza paremos a dormir de madrugada, pero de momento tenemos que alejarnos de aquí.

Todos estuvieron de acuerdo y montaron un caballo cada uno. Salieron del camino, por el lado izquierdo tal como Esdaleon había propuesto y comenzaron a caminar entre los árboles perdiéndose en la noche.

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NotaPublicado: Dom Ago 05, 2007 10:46 pm 
Arquero del Rey
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Esdaleon encabezaba la comitiva que, oculta bajo las sombras de la noche, avanzaba despacio y en silencio a lomos de sus caballos hacia Minas Tirith. Walo y Gwirdyon le seguían mientras que Isilya y Enumanus con Tuliere tras ellos cerraban el grupo. Entre los árboles apenas apreciaban ver nada pues las nubes ocultaban la Luna y la luz de las estrellas.
- Amenaza a lluvia – comentó Walo observando el oscuro cielo.
Los demás miraron hacia arriba y asintieron sumidos en sus pensamientos, Enumanus, todavía dolorido por los golpes recibidos durante la jornada, llevaba largo rato sin decir palabra. Isilya empezaba a sentirse incomoda ante su silencio, preguntándose si el pergamino empezaba a hacer mella en la voluntad de su compañero de viaje.
Entonces, sus ojos se entre cruzaron durante unos segundos justo antes de que el humano espoleara su caballo para llegar hasta el de Gwirdyon. La elfa intuyó que algo iba a ocurrir, que afectaria a la misión, pues los ojos que acababa de ver, parecían tristes y distantes.
- Gwirdyon… - susurró mientras se llevaba la mano al bolsillo – a ti se te encomendó entregar el pergamino y creo que eres tú quien debe llevarlo – dicho esto tendió su mano ofreciendoselo con aire solemne.
- ¿A que viene esto? – preguntó la semielfa, a la vez que cogía con su mano derecha el manuscrito.
El rostro de Enumanus se ensombreció.
-Hoy han intentado matarme, Duramtor me conoce y eso es algo que no debo permitir, por mi seguridad y la de quien me rodea. – se dio una palmada en la pierna que se rompió semanas atrás – estoy magullado pero Isilya dice que no tengo nada que sea grave, además la pierna resiste… - sonrió.
La elfa apareció de repente al lado del humano.
-¿Qué quieres decir con eso? – preguntó sobresaltada.
- Si todo va bien mañana al anochecer ya habreis llegado a Minas Tirith – intentó explicarse – Duramtor sabe hacia donde nos dirigimos pero el tener el pergamino debe haberle hecho perder interés en nosotros, cuando descubra que es falso intentará por todos los medios que no lleguemos a nuestro destino, además.- Enumanus bajó la cara y apretó los puños – tengo una cuenta pendiente con él.
gwirdyon entornó los ojos y lo miró enfadada.
- Así que en el fondo lo único que te mueve, es tu orgullo de macho mancillado por unos rufianes que querían matarte a golpes, ¿verdad? –dijo casi gritando la semielfa.
- Tienes el pergamino y una misión que cumplir, Esdaleon y Walo deben protegerte para que eso ocurra – miró a Isilya – Ella…, debe encontrar a su hijo y Tuliere – dudó a ver sonreir picaronamente a la elfa que les seguía, escuchando con interes la conversación – Tuliere os será más útil a vosotros que a mi.
Se acercó a Gwirdyon hasta que los dos caballos se tocaron uno al otro y la agarró de la muñeca derecha.
-No necesito tu ayuda pero sí tu comprensión. – le dijo.
La semielfa miró a los ojos suplicantes del humano y despues a los de Isilya que incrédula a lo que estaba apunto de ocurrir, hacía esfuerzos para no empezar a gritar.
Gwirdyon bajó la cabeza, como avergonzada – es cierto, nada te obliga a quedarte y nuestra misión será más fácil si logras retrasar a Duramtor.
Enumanus se irguió, los ojos le brillaban y una gran sonrisa apareció en su rostro.
-¿Quién habla de retrasar a nadie?- dijo fanfarroneando.
-¡Espera! – gritó Esdaleon antes de que el humano diera media vuelta con su caballo – No creas que te vas a llevar toda la gloria… - le dijo señalandolo con la espada.
- La gloria es para los heroes, - contestó Enumanus guiñándole un ojo a Isilya que lo miraba sin saber que decir – Nos veremos en Minas Tirith dentro de dos dias como mucho, no os bebais toda la cerveza, que aún hay mucho que celebrar.
Dicho esto, espoleó a su caballo para desaparecer entre los árboles y la oscuridad de la noche, los demás se detuvieron un instante mirándose en silencio.
-No le ocurrirá nada, - dijo Walo que se había mantenido callado durante todo ese tiempo – tenemos un pergamino que entregar.
Y lentamente prosiguieron su camino hacia el norte.

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NotaPublicado: Lun Ago 06, 2007 8:06 am 
Señor de las Palabras
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- Isilya...- susurró Tuilere un tanto apenada por la marcha de aquel buen compañero de aventura.- Isilya... ¿no te apena un poco que enumanus se marche así por así?

La elfa miró a Tuilere y forzó una sonrisa:

- No tanto como a ti, me parece.- Tuilere sonrió.- Se que lo volveremos a ver pronto, sano y salvo.

- Sano no sé... la verdad...- rió Tuilere.

- Bueno, pero volverá a estar con nosotros y nos tomaremos unas buenas rondas en la mejor posada de toda la tierra media.

Tuilere sacó su botellita de güisky.

- ¡Brindemos por el regreso de enumanus!- levantó la botella en alto. Isilya preguntó sorprendida:

- ¿Esa no es la misma botella de siempre? ¿Cómo es posible que bebamos lo que bebamos siempre la saques de debajo de tu capa llena?

Tuilere le guiñó un ojo y dijo:

- Es un secreto.

Walo, que había escuchado toda la conversación dijo entocnes con tono picaresco:

- A saber con QUE la llena de nuevo.

Tuilere le lanzó la botella al viejo y le dijo:

- Pruebalo y dinoslo tú. jajaja

- Shhh. Silencio.- Ordenó Gwrindyon.- Oigo voces.

Todos se mantuvieron en silencio y aminoraron más aún el paso para no hacer ningún ruido.

- Huelo a humo.- Susurró Isilya.- Parece una hoguera no muy lejos de aquí.

- Yo diría que más bien demaciado cerca.- Sentenció Gwrndyon. La semielfa miró tras sus espadas y una cara de horror se le dibujó. ALguien corría con una antorcha entre los árbolesacercándoseles. tras el corrian varios más. Espolearon sus caballos para huir, pero de pronto una ráfaga de flechas calló sobre ellos. Cada uno se cubrió como pudo y con lo que pudo para evitar ser alcansado.

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Última edición por Tuilere el Mar Ago 07, 2007 2:12 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Ago 06, 2007 12:50 pm 
Maestro Narrador
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Desafortunadamente los cinco caballos relincharon asustados a causa del fuego y las flechas y salieron huyendo por el bosque hacia el Norte.

- Están por aquí cerca- dijo una voz señalando el lugar donde había escuchado a los caballos- ¡avanzad con cautela!
Aquella voz era la del cabecilla de aquel grupo. Se trataba ni más ni menos de la compañía que Duramtor había ordenado a buscarlos.

- Gwirdyon ¿estás bien?- dijo Esdaleon moviendo los brazos tanteando en la oscuridad. Los cinco compañeros habían saltado de los caballos para ocultarse entre la maleza.
- Sí. Estoy aquí- la mano de la semielfa se posó en el hombro del guerrero- ¿y los demás?
- Shhhh hablad más bajo- murmuró Tuliere mientras gateaba por el suelo arrastrando consigo a Walo. El viejo tenía la cara y las manos completamente magulladas pues había caído entre unas zarzas.
- ¿Dónde está Isilya?- preguntó Esdaleon.
- Aquí- balbuceó la elfa a unos metros del resto. En seguida distinguieron sus ropajes grises de entre la oscuridad y se acercaron a ella; tenía una flecha clavada en el pie izquierdo.
- Isilya aguanta un momento- dijo Esdaleon. Acto seguido le sacó la flecha de un tirón, lo más rápido posible. La elfa hizo un gesto de dolor pero no dijo nada.
- Esdal no hay tiempo, las antorchas vienen hacia aquí- farfulló Gwirdyon nerviosa- no sabemos cuantos son.
El semielfo miró a su alrededor; la zona en la que se encontraban estaba rodeada de grandes robles y un espeso sotobosque; endrinos, acebos y brezos crecían de forma salvaje.
- No nos queda otra- dijo- ¡Escondámonos!

Isilya rodó como pudo hasta unos matorrales cercanos mientras los demás hacían lo propio, en los de alrededor. Observó a los soldados acercarse; eran diez. La elfa era consciente de que mucho no podría hacer, dado el estado de su pie, así que tomó su arco en silencio y apuntó desde su escondite.

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NotaPublicado: Lun Ago 06, 2007 1:48 pm 
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Enumanus cabalgaba en silencio sin tener ni idea del follón en que dejaba a sus compañeros. Tras varias horas de montar y alejarse se vió en lo alto de un mirador desde el cual veía un buen trozo de la Marca. Recordando los quebraderos de cabeza de Eomer se sonrió por un momento, aunque en seguida la seriedad y preocupación ensombrecieron su rostro. En lontananza vió una columna de polvo, signo de que miles de jinetes estaban en marcha. Bastante mas cerca vió un grupo de unos 100 jinetes. A punto de escurrir el bulto e intentar llegar a su destino se fijó en que las enseñas desplegadas mostraban el caballo blanco, insignia de la marca, el fondo marrón delataba que era uno de los eoreds de guardia en la frontera, una idea se le pasó por la cabeza y ni corto ni perezoso se lánzo en busca de aquellos jinetes.
Poco despues y procurando que vieran que era un jinete solo se acercó y deteniendose en medio de la planicie con los brazos medio alzados, indicando que no tenia intenciones agresivas esperó a que llegaran a su altura.

PD al estar enumanus de vacaciones sus aventuras separado del grupo intentare llevarlas a buen puerto un servidor, espero estar a la altura de tan gran humano. :.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Jue Ago 09, 2007 5:58 pm 
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Isilya rodó como pudo hasta unos matorrales cercanos mientras los demás hacían lo propio, en los de alrededor. Observó a los soldados acercarse; eran diez. La elfa era consciente de que mucho no podría hacer, dado el estado de su pie, así que tomó su arco en silencio y apuntó desde su escondite. A unos seis metros de ella, hacia el este, distinguía echada en el suelo, las formas del cuerpo de Esdaleon, rezagado tras un tronco de árbol rodeado de vegetación. El semielfo no llevaba arco así que su defensa debía ser cuerpo a cuerpo y en silencio. Walo se había dejado rodar hasta Tuilere y ambos estaban agazapados en la orilla del río en un saliente que los cubría por completo. El anciano se había apostillado tras una roca y se había cargado los bolsillos con grandes piedras capaces de romper los más duros cráneos. Al oeste de Isilya, como a unos quince metros, Gwirdyon se había subido a lo alto de un árbol, y esperaba en silencio con su arco preparado.

Aurë ululó a modo de saludo y en lo alto, con la luz de las antorchas que portaban los soldados enviados por Durantor, vieron a una enorme águila cruzar el cielo. Sobre ella tres figuras vigilaban desde arriba. Entonces comenzó a llover. Era una lluvia fina y constante que apagó las antorchas de los soldados y los dejó a merced de la oscuridad y en igualdad de condiciones que los cinco de la Compañía. A los pocos segundos el águila siguió su camino y la lluvia cesó, pero las antorchas estaban mojadas y no podían volver a encenderlas hasta que se secaran. Los soldados avanzaron torpemente en la oscuridad divididos en grupos.

Isilya notó un preocupante pinchazo en el tobillo atravesado y se temió que quizá luego no pudiera volver a ponerse en pie. Pero en esos momentos la prioridad residía en salvar la vida y burlar la guardia de esos diez hombres que habían sido enviados a buscarles, o acabar con todos ellos. De repente se escuchó el ulular de una lechuza. La elfa de cabellos negros se sobresaltó, pues sabía que su amiga maiar con cuerpo de ave le estaba avisando de un peligro muy cercano. Cerró los ojos y se dejó llevar por su instinto, como le habían enseñado los istari azules del sur, hacía ya unos años. No había mucha diferencia entre estar con los ojos abiertos o cerrados, pues la noche estaba tan cerrada que apenas se distinguía nada.

Una brisa de aire acarició la nariz de la elfa y le trajo el olor del soldado que se encontraba inmediatamente detrás de ella. Isilya rodó sobre sí misma y disparó su arco. El gondoriano ni siquiera profirió un suspiro. Cayó al suelo desplomado y nadie lo oyó. Tan sólo la elfa de ojos grises notó su mano rozando su cuerpo mientras caía al suelo. En aquel momento echó mucho de menos a Enumanus.


"Si él estuviera aquí, hubiera dicho, ya sólo quedan nueve", pensó Isilya, y nuevamente tomó posición de ataque. De repente escuchó un grito sordo y otro soldado cayó a medio metro de ella con la cabeza abierta por detrás por un enorme pedrusco. Isilya decidió no moverse del sitio, pues, con un sólo pie disponible, era más fácil pasar desapercibida si no hacía ruido que si intentaba escapar.


Tuilere le hizo unas señas a Walo con la mano izquierda. Delante de ellos, en la orilla del río, tres guardias pasaban en fila mirando sin ver nada. Un segundo después una piedra del tamaño de una manzana salió disparada de la mano de Walo y aterrizó en la cabeza del que cerraba la fila. Cayó fulminado. Su compañero inmediatamente posterior se volvió para ver qué le había rozado y una flecha lanzado por la elfa se clavó en el centro de su frente. El último de los tres soldados ya había avanzado lo suficiente como para no enterarse de lo que ocurría a sus espaldas.


Esdaleon seguía escondido tras el árbol, haciendo gala del sigilo que había heredado de su parte elfa, esperando a que llegara el soldado que había conseguido escapar de la buena puntería de Walo. Cuando estuvo a su altura, salió de su escondite y con un movimiento rápido, como cuando había atacado a Enumanus en el barco para seguir su broma, enganchó al soldado por detrás y le retorció el cuello sin darle tiempo ni a respirar. Tras ver el camino despejado, se acercó con cuidado hasta donde se encontraba Isilya. La elfa seguía con los ojos cerrados, guiándose por su instinto y el ruido apenas perceptible de los pasos de Esdaleon le hicieron ponerse en guardia. Su lechuza volvió a ulular, pero esta vez era un ruido muy distinto. De esta manera la elfa supo que quien se acercaba era un amigo.

Gwirdyon vio cómo se acercaban otros tres soldados. Si sus conocimientos no le fallaban lo normal es que los diez soldados fueran en una distribución de tres, tres, dos y dos y cada equipo por un punto cardinal. Así que hacia el oeste había llegado el grupo de tres, eso denotaba que esperaban encontrar algo por allí. La semielfa disparó su arco y el que cerraba la fila de tres cayó con el cuello atravesado por una flecha. Esta vez los otros dos sí se dieron cuenta del ataque y se volvieron. Gwirdyon soltó el arco y sacó su espada a la vez que saltaba del árbol sobre los dos soldados. Éstos cayeron al suelo y la semielfa aprovechó para acabar con unon de ellos. El otro se recuperó en seguida y la atacó por la espalda. Gwirdyon sintió un enorme golpe en la espalda que casi la hizo caer hacia delante. Apoyó sus dos manos en el suelo y con un impulso levantó las dos piernas a la vez que estampaba una sonora coz en la cara del soldado que caía de espaldas contra un árbol. Al momento aparecieron los otros dos soldados que quedaban. Junto con ellos aparecieron Tuilere y Esdaleon que no tardaron nada en deshacerse de ellos.

Aurë ululó de nuevo para celebrar la victoria de sus amigos. Isilya intentó levantarse y su pie no resistió el esfuerzo. Un grito amargo salió de su garganta y sus compañeros pensaron que algo o alguien la atacaba, así que corrieron hasta el lugar donde Esdaleon les había dicho que se encontraba.
- No puedo mover el pie herido. - Dijo Isilya mirando hacia sus compañeros con las lágrimas a punto de brotar de sus ojos.
- Pensamos que te estaban atacando. Nos has asustado. - Le recriminó Esdaleon. Con decisión y firmeza la cogió con los dos brazos y la levantó del suelo.- Por cierto, ¿dónde está Walo?
- Walo estaba conmigo en la orilla del río - Dijo Tuilere. - Con lo cobarde que es, seguramente seguirá allí.

Todos rieron a costa del anciano y se dirigieron a la orilla del río. Allí se encontraron a Walo tirando piedras y con unos cuantos animales pequeños muertos a su lado.
- No sabía que tenía tan buena puntería hasta hoy. Así que he decidido sacarle partido. Mirad, he cazado una liebre y dos conejos. - Walo enseñó sus trofeos y todos celebraron aquel pequeño triunfo.

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NotaPublicado: Lun Ago 13, 2007 9:51 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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- ¿Qué tal si aprovechamos para cenar algo?- Preguntó Walo levantando las recientemente cazadas piezas.
- No podemos encender una hoguera Walo, ahora mismo no sabemos cuantos más nos persiguen y encender un fuego en medio de esta oscuridad es como gritar ''estamos aquiiii''.- Le dijo su amigo Esdaleon dandole unas palmaditas en la espalda de consuelo, este otro bajo la cabeza dsilusionado.- Pero no te preocupes, para que veas que soy generoso descansaremos 10 minutos.-
Walo mostró una sonrisa burlona ante el sarcasmo de Esdaleon pero todos se mostraron de acuerdo con la idea de pararse un rato, aunque solo fuera el tiempo suficiente para ayudar a Isilya a vendarse el pie, a lo cual estaban Gwirdyon y Tuilere. Isilya se quejaba por lo bajo y maldecia al desgraciado que le habia atravesado el pie, Esdaleon y Walo se acercaron al grupo.
-Esperaba llegar mañana a Minas Tirith pero con Isilya con un pie desangrandose y sin los caballos la cosa se ha puesto muy fea.- Dijo Esdaleon con la mano tras la cabeza.
- Pues alguien deberia ir a buscarlos.- Dijo Giwrdyon que acababa de terminar de vendar el pie de Isilya.-
-ahora mismo voy.- Dijo Tuilere levanténdose de un tirón y comenzando a caminar como si supiera donde se encontraban los caballos exactamente.
- Anda ve con ella, no vaya a perderse.- Le dijo Gwirdyon a Esdal, el cual, con resignacion, ovedeció y salio tras la elfa.

Unos minutos después Tuilere y Esdaleon se mantenían en total silencio esperando alguna señal por parte de los caballos, no podían haberse ido muy lejos en tan poco tiempo, probablemente dejaron de correr en cuanto vieron que el peligro no les perseguía, pronto oyeron el relinchra de los caballos y al seguirlo se encontraron con dos de ellos.
- Vaya vaya, asique huyendo del peligro eh covardes?.- Decía Tuilere mientras les cogía de las riendas.
- Bueno, ya solon queda encontrar otros cuatro.- Decía Esdaleon cuando apareció otro de los caballos de entre los arboles.- Bueno, pues tres.- Se corrigió el semielfo.

Gwirdyon ayudaba a Isilya a caminar para ir acostumbrando el pie y hacer que la sangre corriera de forma normal, Gwirdyon tubo que coser la herida siguiendo las instrucciones de Isilya y la había vendado, pero el dolor seguía siendo bastante agudo. Pronto aparecieron Esdaleon seguido por Tuilere con los seis caballos.
- Bueno, será mejor que partamos ya.- Dijo Gwirdyon cogiendo el caballo de Iisliya para acercárselo.
- Pero si acabamos de parar.- Dijo Walo quejándose.
- Caunto antes salgamos antes podremos descansar en Minas Tirith, cuando lleguemos con el pergamino nos darán todas las comodidades del mundo, ya lo veras.- Le consoló Esdal mientras ayudaba a Iislya a subirse a su caballo.
Pronto todos estubieron motados y dispuestos a seguir la marcha camino a la cada vez más cercana Minas Tirith.

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Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Mar Ago 14, 2007 1:41 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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El jefe del grupo de jinetes se detuvo delante de aquel humano y el resto de hombres siguiendo la costumbre lo rodeó apuntándole con las lanzas.
-¿Qué deseas forastero?
-Vengo a informar a tu señor de ciertos acontecimientos que interesaran a toda la Marca.
-En estos momentos mi señor Eomer está ocupado pero si me acompañas puedo llevarte a la presencia del jefe de su guardia, es el que encabeza esa columna de polvo.
-Llévame ante él
Dejando a su segundo a cargo de seguir patrullando el Rohir escogió a tres secciones de 10 hombres cada una y cortando camino por medio de la planicie se dirigió en línea recta hacia el grueso de los jinetes.
Baldor viendo venir a aquel grupo y recordando quien era aquel jinete tuerto mandó detener la marcha y aprovechar para descansar hasta el día siguiente tanto hombres como caballo. A la vez que quedaba montado el campamento llegaban los jinetes. Baldor, cubierto de polvo esperó delante de una tienda especialmente grande, acompañaron al hombre delante de él…
-Hola, te conozco eres uno de los 7 que estuvisteis hace unos días en el Sagrario.
- Mi nombre es Enumanus y creo que deberíamos hablar.
-Pasa - apartándose un poco dejó que el forastero penetrara en la tienda, la cual en su centro tenía una mesa enorme con un mapa de la zona.
-Tú dirás, Enumanus soy todo oídos.
-Te supongo enterado del revuelo que recorre la Tierra Media. Antiguos enemigos están formando una federación y están a punto de lanzarse a la conquista del Reino Reunido y te digo que te supongo enterado ya que has reunido a los eored aunque veo pocos jinetes.
-Jajajaja- Baldor empezó a reír, Enumanus lo miró con cara de extrañeza-¿Tu que harías si de pronto 9.000 jinetes se presentaran en los límites de tu propiedad?
-Evidentemente mosquearme muchísimo y prepararme para un ataque, ¿pero has dicho 9.000? aquí veo 4.000 como mucho.
Baldor miró a aquel hombre y algo, quizás su larga experiencia tratando seres. Para su raza empezaba a ser ya un hombre maduro. Ese algo le dijo que confiara en Enumanus.
-Son 5.000 más 4.000 que están con mi señor Eomer. Ya estábamos enterados gracias a la mujer de Faramir, nuestra dama Eowin, por eso nos encuentras preparados, pero cautos.
-Acertáis en estar precavidos y no fiaros, el consejero de Elessar es el principal instigador de la revuelta que se aproxima y lo peor es que tiene al Rey engañado. Y no sabemos cómo llegar hasta él y entregarle un pergamino que lo pondría en guardia.
-¿Serviría una carta de Faramir o en su defecto de su esposa?
-Creo que sí.
-¿tenias algún plan cuando te encontramos?
-Creo que ya lo he llevado a cabo.
- ¿Te unirías a un grupo reducido, un eored de la guardia? Una vez al año le presentamos nuestro respeto y se acerca el tiempo. Ir unas semanas antes no creo que alarme a los federados ni a su jefe. Acompáñanos y entra en Minas Tirith bajo nuestra enseña.
Enumanus se lo pensó y miró a aquel hombre de mediana estatura, ya maduro, con un semblante franco, mirada sincera y tomó una decisión que a él mismo extrañó…
-Cuenta conmigo
-Haral-llamó Baldor a uno de los guardias.
-¿Si, mi señor?
-Trae ropa de la guardia para nuestro huésped, y algo de comer, reúne dos eored y prepáralos para una visita a Minas Tirith, después envía un mensajero a nuestro señor y que se reúna con vosotros, que se acerque a la frontera, pero no tanto como para llamar la atención y que espere la luz de la Almenara.
Tras un rato en el que Enumanus comió y bebió llegó el momento de ponerse el uniforme, se lo pensó y decidió ponerse solo la capa verde con ribetes encima de su ropa.
Media hora después dos centenares de jinetes estaban listos para la marcha, Baldor se puso a la cabeza con Enumanus a su lado, al que habían prestado un meara fresco para que pudiera seguir la marcha.
Baldor echó un vistazo al campamento, a sus hombres y alzando la mano con el puño cerrado ordenó
-EEEEEEEN MAAAAARCHAAAAAAAAAAA.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Mié Ago 15, 2007 8:12 pm 
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Los guardias vieron como el águila se acercaba como una flecha y corrieron despavoridos, Isilya viendo que se dirigía hacia ellos cogió su arco y disparó al águila. Entonces un rayo de luz el cual no tenía color cegó a todos y Meord cogió sin que nadie lo pudiese notar, como el aire que silva entre las rocas, a Enumanus y a Tarcenar y los subió al águila y elevó el vuelo a tal altura que ya solo se les veía como un punto en el dulce y tranquilo cielo. Mientras el águila cogía altura, Enumanus empezaba a entender que estaba pasando. Entonces aprovechando que pasaban sobre rio Anduin, y que la altura ya no era tanta, saltó para perderse en el agua del rio.

El aguila, volvio a remontar el vuelo, perdiendose en el cielo, llevando consigo a Meord, Imdralis y un desmayado Tarcenar que no había podido resistir la impresion del viaje.


- Sé que vuestra intención es buena, Meord -dijo Imdralis- pero no deberíamos haber llevado con nosotros a los heridos, pues no hacen sino entorpecer nuestro viaje y obligarnos a desviar nuestro destino.

Meord se rió con grandes carcajadas. Se volvió hacia Imdralis y le miró fijamente a los ojos.
- ¿Nuestro destino, dices? ¿Acaso el tuyo está ligado al mío? - preguntó en voz serena pero profunda.
- Supongo que en este momento de la historia se han unido, y asi me gustaría que siguieran, al menos, por un tiempo.-contestó Imdralis humildemente.
- ¡No seas desagradecido! Acepta lo que el destino te ofrece y no le fuerces a cumplir sus deseos, sino que has de ser tu quien acepte los deseos del destino. Ahora nuestros caminos circulan por las mismas vías, pero quizá dentro de un segundo se separan. Bastaría con que el águila diera media vuelta para que tú cayeras y nuestros destinos se separaran.
- Lo he entendido Meord. No volveré a desear aquello que no está a mi alcance.
- Bien, entonces, propongo que descansemos un poco antes de seguir adelante. Tendré que curarle las heridas a este pobre hombre, antes de que se muera desangrado.

El águila recaló en una roca saliente en el cañón de una montaña y Meord e Imdralis bajaron de su montura. Con cuidado ayudaron a bajar a Tercenar y lo introdujeron en la gruta que hacía las veces de refugio de montaraces. El soldado de Dol Amroth con ropajes de soldado gondoriano se había desmayado hacía rato a causa del dolor que le causaba la flecha clavada en la pierna y la paliza infligida por Esdaleon. Meord sacó unas hierbas del bolsillo interno de su capa e hizo una mezcla con ellas. Tras darle de beber el elixir que salió de dichas hierbas a Tarcenar, éste se despertó a los pocos segundos. Imdralis respiró profundamente. Había abandonado la misión y la había dejado en manos de aquel hombre que a punto había estado de morir por ello.

- Mi... se... ñor Imdra...lis - balbuceó Tercenar - le he fa...lla...do.
- No, fiel Tercenar. Cumpliste con tu deber, eres un buen soldado.
Meord se había metido al fondo de la gruta y había encontrado un buen sitio donde acomodarse.
- Podemos pasar la noche aquí. Esta gruta nos cobijará de frío de la noche. Mañana por la mañana podremos seguir nuestro camino. -Meord se atusó la barba y se dispuso para dormir.
- ¡No! - gritó de repente Tercenar mientras se sentaba en el suelo- Yo debía entregarle el pergamino a un tal Esdaleon y me lo arrebató el otro hombre herido. Hay que recuperarlo y entregárselo a su dueño.
- Uhm, ahora entiendo por qué Enumanus se lanzó al río. -Murmuró Imdralis. -Bien, Meord, tus hierbas han hecho su efecto y Tercenar ya se ha recuperado.
- Me alegro mucho -asintió Meord con la cabeza.
- He pensado, - Imdralis alzó la mirada hacia el Istar- que debo volver para cumplir mi destino. He de comandar mis tropas y si esto acaba bien, entonces dedicaré mi vida a estudiar Arda, pero si no cumplo con mi deber ahora, posiblemente no quede nada de Arda que estudiar.
- Bien, entonces, subamos al águila lo antes posible y vayamos hacia Minas Tirith.

Meord se levantó dejando un charco bajo su sombra. Imdralis ayudó a Tercenar a levantarse y a subir de nuevo a lomos del águila. El animal abrió sus potentes alas y comenzó a sobrevolar de nuevo el acantilado.
Cuando llevaban unos minutos volando, vieron unas columnas de humo a lo lejos.

- Por Eru, ¿Qué están haciendo esos insensatos? ¡Están quemando el bosque! No puedo permitirlo. - Meord se comunicó mentalmente con el águila y ésta planeó hacia el bosque donde se había visto la humareda. Cuando estuvo a la altura, bajó en picado y Meord levantó los brazos haciendo caer una gran tormenta. El agua cayó a raudales y los fuegos se apagaron. Después, Imdralis, Tercenar y el istar volvieron a retomar su camino.

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NotaPublicado: Jue Ago 16, 2007 5:50 pm 
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Más de tres horas llevaban cabalgando los cinco jinetes cuando el cielo comenzó a clarearse por el Este. Gwirdyon miró de reojo a sus compañeros desde su caballo; Walo no había parado de quejarse en todo el camino, pues estaba cansado, hambriento y mojado por la lluvia que había caído hasta hacía un rato.
El rostro de Tuliere, que cabalgaba cerrando el grupo, también reflejaba signos de cansancio, aunque ella no se quejaba. Entonces se dio cuenta de que ella misma también estaba exhausta; ¿desde cuando no descansaban? “Desde la travesía en barco quizás…”
La semielfa se giró hacia Isilya para preguntarle por su pie y entonces se dio cuenta de que la elfa estaba dando cabezadas en el caballo. Se había bebido uno de sus brebajes calmantes para el dolor y ahora estaba comprobando lo efectivos que éstos eran.
- ¡Isilya!- exclamó agarrándola del brazo justo cuando estaba a punto de caerse.

El grito de Gwirdyon alertó a Esdaleon que marchaba delante ajeno a todo.
- ¿Qué pasa?- preguntó haciendo frenar a su caballo.
- Pues pasa que necesitamos descansar, aunque solo sea un rato- contestó Gwirdyon bajándose del caballo.
Esdaleon miró a sus compañeros y suspiró resignado - está bien, solo un rato- dijo- lo justo para reponer fuerzas.

Los cincos compañeros salieron del camino con los caballos y buscaron algún recodo donde reposar tranquilos.
- Aquí mismo está bien- señaló Esdaleon a un pequeño claro rodeado de espesos árboles.
Todos se sentaron en la hierba, excepto Tuliere, que prefirió quedarse de guardia y explorar los alrededores, gesto que los demás agradecieron.
Walo e Isilya se esparramaron en el suelo quedándose dormidos casi en el acto.
Gwirdyon sacó algo para comer de su mochila mientras Esdaleon ojeaba el mapa.
- ¿Crees que Duramtor mandará más hombres a buscarnos, Esdal?- preguntó la semielfa.
- No lo se, podemos esperarnos cualquier cosa, aunque él cree que tiene el pergamino, así que quizá ya no se moleste más en nosotros.- contestó el semielfo.
- Sí, pero cuando llegue a Minas Tirith y descubra que es un pergamino falso…
- Bueno- dijo Esdaleon pensativo- esperemos que Imdralis llegue antes que él y le informe de todo lo ocurrido al Rey. Así tendrá su merecido el tal Duramtor ese.
- ¡Eso! y entonces el Rey permitirá de una vez pasar a los soldados de Dol Amroth que tiene retenidos en Pelargir.- Gwirdyon puso de pronto cara de preocupación- ¿Crees que los ejércitos de Khand y Harad habrán atacado ya? Si así fuera sería nefasto que los ejércitos del sur de Gondor aún no estén en la ciudad….¿Y Rohan, crees que vendrá a auxiliar a Gondor, Esdal?
- No puedo contestarte a nada de eso- dijo Esdaleon sonriendo y poniendo su mano en el hombro de la semielfa, que parecía cada vez más inquieta- estamos aquí en mitad de nada y en medio de todo, con el pergamino en nuestro poder y sin saber nada de nadie. Por eso quiero llegar cuanto antes- el semielfo miró a Walo e Isilya- y más ahora que somos menos y tenemos que cargar con un viejo cascarrabias y una elfa drogada.

Gwirdyon le lanzó una mirada al guerrero reprochándole su sarcasmo.
- Vale, vale ya me callo- dijo éste.
Esdaleon dejó de hablar y siguió estudiando el mapa, ahora que el alba permitía más visibilidad.

Gwirdyon se quedó meditando todo aquello; ella también estaba ansiosa por llegar de una vez a Minas Tirith.

- ¿Crees que veremos a Enumanus allí?- dijo de pronto, acordándose de él.
- Tampoco lo se Gwird- respondió el guerrero sin levantar la vista del mapa- pero seguro que sí.
- Pu-pues más vale que no- balbuceó Isilya con los ojos medio cerrados y con dificultades para hablar con claridad- porque cuando le vea le pienzo partir la otrra pierna, ¡ezo por marcharze zin depedirse de mí commo es debido!
La pareja de semielfos rió al ver el lamentable estado que le había producido el calmante a la elfa.
- A eso se le llama probar tu propia medicina- dijo Gwirdyon entre risas.

De pronto un leve sonido de ramas enfrente de ellos les hizo ponerse en guardia.
- ¡Esdal soy yo!- exclamó Tuliere apareciendo de entre los matorrales.
- ¿Qué pasa?- respondió éste sobresaltado- ¿acaso viene alguien?
- No, nada de eso, al menos de momento- dijo la elfa- pero he visto un río a una milla de aquí, que atraviesa el camino.

Esdaleon extendió el mapa en la hierba y Gwirdyon y Tuliere se acercaron para verlo mejor.
- Es el río Erui, ¡Vaya! si que hemos adelantado- exclamó la semielfa satisfecha.
- Lo que has visto Tuliere, son los cruces del Erui. Este río es un afluente del Anduin y nos indica que estamos a punto de adentrarnos en la región de Lossarnach.
- ¿Entonces estamos ya cerca Esdal?- preguntó Walo, que se había despertado.
- Muy cerca- respondió el semielfo- teniendo en cuenta que está amaneciendo, y si no paramos en todo el día, podríamos llegar a Minas Tirith al anochecer.

Todos se miraron entusiasmados y comenzaron a recoger sus cosas rápidamente. Tuliere se acercó de nuevo a Esdaleon.
- He visto una aldea o poblado al otro lado del río- dijo la elfa- también un puesto de guardia en el vado…lo digo porque es posible que allí nos retengan el paso.

Esdaleon y Gwirdyon se miraron; evidentemente, la región de Lossarnach era una región habitada, y más aún en las cercanías del río.
- Bueno, tal y como están las cosas de confusas, nos conviene pasar desapercibidos- dijo la semielfa pensativa- así que ya podemos ir pensando en la manera de pasar sin que nos vean.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Vie Ago 17, 2007 12:41 am 
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Pensativos, los cinco componentes del grupo rumiaban la manera de pasar cuando Aurë, bajó de las alturas y ululando alegremente fue a posarse en el hombro de Isilya, la cual aun estaba medio dormida. Al ver que su amiga no le hacía mucho caso acercó su pico a la orejita de la elfa y ...
-HUHUUHUUHUHUHHHUUU
Isilya se puso de pie de un salto, y tal fue el susto que pasaron varios segundos hasta que el pie le dolió más que la sorpresa.
-Aurë, ¿qué manera de atraer mi atención es esa?.
El ave se acicaló por un instante y después empezó a lanzar ujus al oído de la elfa.
La cara de esta fue cambiando de color...
- Gwirdyon, Esdaleon, Tuilere, Walo... creo que la suerte se vuelve en nuestro favor, a unas 5 millas, viniendo hacia aquí hay una columna rohir y mi amiga ha distinguido a Enumanus con ellos, no tiene pinta de ir prisionero.
Gwirdyon estaba seria... aun recordaba los acontecimientos en la corte pero pensándolo bien si pudieran unirse a esos jinetes podrían llegar más seguros a Minas Tirith.
Walo pensó en que seguramente llevarían cerveza o vino para el camino.
Esdaleon imaginó que una ocasión así tenía que ser aprovechada.
Tuilere, con su alegría innata solo pensó que cuantos más fueran más se reirían e Isilya sencillamente se desmayo del dolor.

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NotaPublicado: Vie Ago 17, 2007 11:31 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Isilya se desmayó del dolor. Tuilere la miró y acudió a atenderla. Gwirdyon que estaba echada entre ella y Esdaleon le dio cachetitos en la mejilla para despertarla.

- Esa herida va a acabar infectándose. Seguro que la flecha que le clavaron tenía el mismo veneno que el que le encontramos a Tuilere. No me extrañaría nada que Durantor estuviera relacionado con Tserleg y su sucesor. - Anticipó la semielfa.
- Si es como dices, -contestó Esdaleon - sólo hay una persona que puede proporcionarle el antídoto que necesita: Enumanus.
- Cierto, - dijo Gwirdyon - razón de más para unirnos a esa columna rohir que se acerca a cinco millas. Deberíamos estar preparados para su encuentro.
- Mírad las pintas que llevamos, - dijo Tuilere de repente - estamos hechos unos zorros, deberíamos adecentarnos para dar la bienvenida a los soldaditos de Rohán, jijiji.

Gwirdyon miró a Esdaleon y le hizo un gesto mohíno con la cara. Walo dejó de escuchar y se volvió a entregar a los brazos de morfeo.

- Quizá Tuilere tenga razón, si Enumanus acompaña esa compañía, estará infiltrado entre ellos y nosotros también deberíamos cambiar nuestros ropajes para pasar desapercibidos, pues aunque cinco soldados vestidos con el uniforme de Gondor, que acompañan a una columna rohir, no es sospechoso, sí es poco usual. - Explicó Esdaleon.

- Bien, cuando llegue el momento veremos lo que se puede hacer, mientras tanto, yo sugiero que descansemos lo que podamos y recuperemos todas las fuerzas que nos sea posible, pues nos espera lo peor, la recta final. - Sentenció Gwirdyon.

Tuilere se sentó al lado de los dos semielfos que se habían quedado medio adormilados uno junto al otro. Los miró y sonrió. Luego miró a Isilya que dormía más tranquila, pues los efectos de los calmantes habían comenzado.

- Esdal, Gwird, - susurró Tuilere. Los dos semielfos abrieron los ojos y la miraron con cara de pocos amigos.
- ¿Has oído algún ruido? - Preguntó Esdaleon.
- No, estaba recordando aquel día en la posada en que tú me pisaste y yo te robé la bolsa del dinero. Luego os conocisteis Gwirdyon y tú, y Tserleg se cruzó en nuestro camino...
- Yo diría más bien que nosotros nos cruzamos en el suyo.- Contestó Walo que ya no dormía.- Con lo tranquilo que yo vivía en esa posada hasta que llegó Gwirdyon y nos lió la vida a todos. Quién me iba a decir a mí que nos iban a pasar tantas cosas juntos. yo era un viejo borracho que no aspiraba a más que a beber toda la cerveza posible, y ahora, aquí me tenéis.
- Sigues siendo un borracho que ahora aspira a beber lo que sea posible,- contestó Tuilere, y los cuatro rieron.- pero además ahora eres un guerrero.

- Bueno, un guerrero con sueño, me vuelvo a dormir. - Walo se dio medio vuelta y siguió durmiendo.

- Y tú, Esdaleon, ¿qué hacías antes de meterte en esta misión? Preguntó Tuilere inquisitiva.
- Mataba Haradrims en los bosques de Ithilien. Hasta que Faramir me acogió bajo su tutela y me enseñó mucho de lo que sé hoy día. Yo decidí empezar de tcero, pero un día Faramir volvió a meterse en mi vida por vía de Gwirdyon, a quien le encargó que me buscara para que la protegiese.
- ¿Y tú Gwirdyon, qué eras antes de que te encomendaran esta misión? - Le preguntó Esdaleon pasándole la patata caliente.
- Pues era una semielfa enamorada de un elfo hasta que decidí seguir los pasos de mi amado, y me alisté en las filas de Gondor. Me tocó luchar en las grandes guerras del anillo y cuando todo aquello terminó, decidí cambiar de vida y empezar también de cero, y me hice espía, y ahora soy una traidora para unos y una presa para otros, pero ante todo soy fiel a Elessar y una guerrera.
- Y una neurótica y desconfiada, - le contestó Tuilere.
- Y tú eras una ladrona de posadas - le dijo Gwirdyon a Tuilere.- No hacías más que meterte en líos. Y ahora...
- Ahora sigue metiéndose en líos. No te acuerdas de cuando la cogieron los orcos del camino, o cuando la secuestraron los tumularios mientras hacía guardia? - Dijo Esdaleon.
- Sí, y gracias a Isilya, que apareció de la nada con su lechuza, pudimos salir airosos de allí. ¿Y te acuerdas cuando robó los caballos en Isengard y la persiguieron por toda la ciudad y tuvimos que pelearnos para defenderla... - Aportó Gwirdyon.
- O cuando aquella bestia de tres metros la agarró y Walo y tú la hicisteis pasar por muerta para poderla salvar... - Dijo Esdaleon.
- Mientras vosotros luchábais contra los orcos metálicos o lo que fueran.- Aportó Gwirdyon.- Y allí conocimos a Enumanus y a Lassemalinë.
- Sí, y luego tuve que separarme, para luchar por mi cuenta y vengar la muerte de la familia de Lassemalinë. - Dijo Tuilere, y su rostro se entristeció de repente.- Empiezo a creer que aunque fue aquella bestia de tres metros y un elfo de pelo largo negro que escapó, quienes mataron a la mujer de Lasse y a sus hijos, fue realmente Durantor quien estaba detrás de todo eso. Así que tengo un buen motivo para seguir con esta lucha.

Esdaleon y Gwirdyon se incorporaron de repente al oír lo del elfo de pelo largo negro.
- ¿El mismo elfo que provocó el incendio en la posada de Isengard, donde Enumanus se rompió la pierna y yo casi pierdo un brazo?
- No te preocupes Tuilere, porque ese elfo recibió su merecido. - Dijo Gwirdyon.
- ¿Qué quieres decir? - Preguntó la elfa.
- Pues que también nos siguió a nosotros hasta Rohan, e intentó matar a Enumanus en el castillo de Éomer. Pero Enumanus, con la ayuda de Walo, mató a aquel elfo oscuro.

Tuilere los miró con un brillo inusual en los ojos. Una sonrisa asomó a sus labios y un rayo de esperanza se vio en su rostro.
- Entonces sólo queda Durantor, y la muerte de la familia de Lasse estará vengada. Por una vez en mi vida podré cumplir una promesa. - Dijo Tuilere.
- Bien por tí. Será mejor que descansemos. Pronto llegarán los soldados de Rohan. - Dijo finalmente Esdaleon. Los dos semielfos se volvieron a recostar y cerraron los ojos. Tuilere se quedó haciendo la guardia.

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NotaPublicado: Sab Ago 18, 2007 1:11 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Tuilere caminaba pensativa de un extremo al otro del improvisado campamento. La conversación le había traido recuerdos olvidados a su despistada mente.

Trepó rápidamente a un árbol y se recostó en la rama más alta. ¿Qué había sido de su vida? No siempre había sido una ladrona... o por lo menos eso creía.

- Ladrona..;. oportunista... vaya miseria de vida.- suspiró.- nunca he hecho nada que lleve honor a mi familia...- sacó su invaciable botella de wisky y bebió un trago.- en realidad tampoco tengo familia.- Miró entre el follaje y observó al grupo.- Ellos son mi unica familia, pero una vez se acabe esta misión ya no estaremos más juntos.- Bebió otro trago y se quedó mirando pensativa la botella. Recordó el día que ganó a las cartas aquella botella a un hombre misterioso y borracho.- Solo una botella de wisky...- rió entre dientes. Era lo ultimo que le quedaba a aquel hombre en una larga noche de apuestas en el poney pisador. Y ella la había ganado. Estaba llena. Era muy pequeña, pensó cuando la tuvo en su mano, y se bebiósu contenido de un trago, la volvió a cerrar y estaba a punto de tirarla cuando comprobó sorprendida que la botella seguía llena. Desde ese día nunca se había separado de ella. Bebió otro trago y la guardó bajo su capa.- Menos mal que es inrompible.- suspiró y se quedó dormida.



- Donde está esa elfa lianta?- preguntó histerica Grwindyon que acababa de despertarse por el revuelto en el campamento.

- Ya te hemos dichoq ue no lo sabemos. se suponia que haria la guardia y que leugo nos despertaría, per cuando nos hemos despertado ya no estaba.

- Dios, la compañía ya debe de haberse alejado. Madre mia.- suspiró Grwindyon.- Da igual, partiremos sin ella.- Dijo esto y comenzó a recoger.

EN ese momenton se oyó el ruido de una rama romperse y de follaje moviendose y cayó sobre ella una elfa chillando.

- Ay madre! Que golpe!- lloriqueaba Tuilere. AL ver a Grwindyon bajo ella, se levantó de un salto y se disculpó- lo siento mucho, la rama en la que dormia parece haberse quebrado.- le tendió la mano y la ayudó a levantarse.

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NotaPublicado: Sab Ago 18, 2007 1:29 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
La avanzadilla de la columna, 20 jinetes bien armados, ya tenia a la vista el vado del rio Erui y se disponia a dar media vuelta para avisar cuando del bosquecillo que se encontraba a su derecha se oyeron ruidos de ramas rotas y de alguna que otra exclamación malsonante, con cuidado y cubriendose unos a otros aquellos hombres se internaron entre los primeros árboles y de pronto, en un claro vieron los cinco soldados de Gondor mas extraños que se hubieran echado a la cara. En ese momento una soldado dejaba ir una maldición y se lamentaba de que la compañia ya habria pasado. Con los arcos preparados pero sin amenazar a nadie, los 20 aparecieron rodeando el claro y el jefe de ellos preguntó:
-¿Nos esperabais a nosotros?

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NotaPublicado: Dom Ago 19, 2007 7:54 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Minas Tirith se alzaba majestuosa y arrogante a lo lejos en el horizonte, mientras Duramtor la observaba con aire satisfecho seguro de que la misión que le habían encomendado había sido un éxito.
Los soldados que dejó atrás no tardarían en acabar con los prisioneros fugados y lo más importante, el pergamino nunca llegaría a manos del Rey Elessar.
Así, cabalgaba solo, regocijándose en sus pensamientos, convencido de que como había dado ordenes al resto de sus hombres para que se quedaran atrás, eso le daría la libertad y privacidad suficiente para empezar a urdir el segundo paso que daría pie a la inminente batalla.

Lejos de allí al otro lado del Anduin, cerca de Hennet Annun, un ejercito se arremolinaba como un enjambre de abejas, creciendo cada vez más en número, esperando el momento de cruzar el rio.
- La tropa se impacienta - se oia decir a uno de sus cabecillas - se ha corrido la voz de que miles de jinetes se acercan desde Rohan hacia el sur.
- Hay que esperar la señal, no falta mucho - respondió un gran orco con firmeza - mañana cumple el plazo.
Los demás asintieron mientras miraban un mapa de la zona, con Minas Tirith envuelta en un circulo negro.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Dom Ago 19, 2007 9:25 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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-ENUMANUS
Los cuatro amigos conscientes quedaron de una pieza al ver a su amigo con la capa de los Rohirrim y al frente de un grupo de ellos.
Gwirdyon se abalanzó sobre el humano y golpeándole el pecho con los puños cerrados y casi en un ataque de desesperación lo insultaba llamándolo de todo.
-¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué llevas la capa de la guardia de Rohan?
-Es algo largo de contar pero en definitiva buscando refuerzos, y al parecer llegamos a tiempo para vosotros.
-Enumanus- Esdaleon le interpeló- ¿quieres decir que tenemos ayuda?
-Si me seguís lo veréis, a propósito que hace Isilya que está tan pálida?
Tuilere remoloneo un poco para llamar la atención del joven y le soltó:
-Esta envenenada por una flecha… ¿le das un vasito de tu sangre?
Enumanus se puso más pálido que la enferma pero suspirando pidió un pequeño cuenco y con la punta de la daga se hizo una incisión en la palma y en poco tiempo se lleno el recipiente.
-Dadle un sorbo y se repondrá en seguida, según decís hace poco que fue herida. Mientras los demás recoged las cosas que nos esperan un par de eoreds para entrar en Gondor y llegar a Minas Tirith.
Cinco minutos más tarde Isilya se despertó y lo primero que vio fue la cara de Enumanus, el cual al ver que reaccionaba se levantó y mirando a uno de los jinetes le dio la instrucción de que montaran todos que se reunían con el resto.
Quince minutos después los 25 jinetes llegaban a un bosquecillo y Enumanus con sus manos imitó el canto de un torzal picoamarillo, siendo contestado por el del pinzón colacorta. Medio minuto después salía del bosque unos 200 jinetes, de estos, una vez frente a frente se destacó uno con un penacho rojo en la cimera. Solo se le distinguía del resto por ese aditamento.
-Vaya Enumanus, veo que has encontrado 5 compañeros.
-Nos esperaban.
El jinete miró a Esdaleon y a Gwirdyon que parecían los más despiertos, Isilya continuaba medio adormilada pero con más color en su rostro, el viejo dormía de puro agotamiento y la pequeña elfa que les acompañaba era desconocida para él
-Nos volvemos a ver, Gwirdyon y Esdaleon – y se quitó el casco. Los dos elfos reconocieron la faz de Baldor.- ¿vais a acompañarnos?
-Seriamos locos suicidas si no aceptáramos vuestra invitación. Pero que pueden pintar 5 guerreros de Gondor en un eored de Rohan?
-Tenemos vestidos para las damas y corazas y capas para los demás. Enumanus, ya conoces donde están, llévalos y que escojan , a 50 metros dentro del bosque hay un pequeño estanque, podéis asearos y cambiaros descansaremos una hora. Luego partiremos, espero llegar a Minas Tirith antes del anochecer. Coge también un poco de comida y algo de cerveza y reponed fuerzas.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Lun Ago 20, 2007 11:36 pm 
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El eored compuesto por 200 soldados encabezado por Baldor, esperaban en formación. Los otros 20 que acompañaban a Enumanus también. Gwirdyon, IsiLya y Tuilere se encontraban tras una arboleda a la orilla de un estanque, donde les habían dejado unos cuantos trajes de damas. Tuilere miraba los vestidos ensimismada, pues hacía mucho tiempo que había tenido que rasgar el suyo para poder caminar y echaba de menos vestir de una manera decente. A Gwirdyon no le hacía ninguna gracia tener que llevar esas vestimentas tan cursis, su estilo se decantaba más por la ropa de batalla. isilya se había ido despertando y en ese momento intentaba asimilar lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

- Gwirdyon, ¿son imaginaciones mías o he visto a Enumanus? - Preguntó isilya un poco ofuscada.
- No son imaginaciones tuyas. Él te salvó la vida. Ahora mismo está tras estos árboles al mando de 20 soldados de Rohán.
- ¿Enumanus? ¿qué hace con los soldados de Rohan? Pero si se había ido por su cuenta... no entiendo nada - Respondió Isilya todavía algo aturdida
- Vamos a vestirnos cuanto antes, y luego habláis - Dijo la semielfa.

Tuilere ya había escogido su vestido. Uno negro largo, con mangas de organdi que llegaban hasta sus rodillas, con escote en barco y pasamanería por todo el ribete. Estaba preciosa. Gwirdyon e Isilya la miraron asombradas, la transformación que habían visto en Tuilere no la hubieran imaginado jamás.

- ¿Qué os pasa? ¿no os gusta este vestido? - Preguntó Tuilere al ver la cara de sorpresa de las otras dos.
- Sí, es que... estás tan guapa... - dijo Isilya.
Tuilere se echó a reir.
- Bien, entonces os ayudaré a vosotras a vestiros.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mar Ago 21, 2007 12:50 pm 
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Los jinetes aprovecharon el poco tiempo que tenían de descanso para reponer fuerzas. Pronto, grandes jarras de cerveza y hogazas de pan fueron pasando de mano en mano; Walo maravillado, esperaba su turno.

- ¿Por qué no te vistes primero y luego comes?- dijo Esdaleon mientras escogía una coraza a su medida.
- Porque lo primero es lo primero- respondió el viejo mirando de reojo las armaduras- además, ¿por qué me tengo que vestir de guerrero? Como si yo fuera a luchar…
- Se supone que no debemos llamar la atención…¡ay! si no durmieras tanto te enterarías de las cosas cuando se dicen y no habría que explicártelas después- Esdaleon resopló algo fastidiado; últimamente su amigo estaba más protestón que nunca.

Rebuscó entre los ropajes y escogió una coraza que parecía hecha a su medida. Se puso también unos brazaletes de cuero, una capa verde con ribetes dorados y un casco.
- ¡Estas irreconocible!- exclamó Walo maravillado.
Esdaleon se sintió satisfecho; con un pie en Minas Tirith y una formación de soldados rohirrim nada podría pararle; por fin su espada iba a trabajar de verdad. Se levantó y fue en busca de una merecida jarra de cerveza.

Walo se quedó donde estaba con un plato lleno de comida y tres jarras vacías a su alrededor. Enumanus se acercó riéndose; la estampa que pintaba su amigo entre todos aquellos curtidos guerreros era poco menos que cómica pero sobre todo insólita.

- ¿Cómo lo has hecho?- preguntó el viejo por fin- me refiero a todo esto de los rohirrim.
- Si quieres que te diga la verdad no lo tenía planeado- respondió el humano pensativo- ha sido un poco de astucia y suerte.
- Pues no lo has podido hacer mejor amigo. Así es como quería llegar yo a Minas Tirith: rodeado de soldados que se encarguen del trabajo sucio- Walo se incorporó y abrió mucho los ojos- ¡Aunque no creas que soy un inútil! Cuando te marchaste, nos atacaron los hombres de Duramtor, y tenías que haberme visto como le partí a uno el cráneo… ¡con una piedra!
- Bueno no creo que seas un inútil, ¡sino más bien un vago gruñón!- Enumanus y Walo se echaron a reír y brindaron por aquel reencuentro.


A unos metros, bosque adentro, las tres chicas también charlaban y reían animadamente. Tuliere estaba encantada con su nueva imagen; realmente parecía una princesa. Isilya estaba metida en el estanque hasta el cuello; el agua fresca la estaba terminando de espabilar del todo. Y Gwirdyon resignada, buscaba entre los vestidos alguno de su gusto.
- Si no digo que sean feos- dijo- pero vamos a una batalla no a una fiesta.
- Bueno, pues cuando estemos en mitad de la batalla ¡Nos los quitamos!- dijo Tuliere bromeando- veras que cara se les queda a los Haradrim…
Gwirdyon e Isilya se miraron y se rieron. La elfa salió del agua, cogió un vestido y se lo dio a la semielfa.
- Este es el tuyo -dijo- no te quejes y pruébatelo.

Gwirdyon se encogió de hombros y se lo puso. Era color verde esmeralda con cuello y mangas de fina pedrería. Isilya se acercó y le acicaló el cabello. Su larga melena cobriza, que caía caprichosamente por sus hombros, resaltaba con el color del vestido.
- ¡Vaya!- exclamó Tuliere boquiabierta- Esdaleon se va a caer del caballo cuando te vea.
- ¡Calla!- le increpó la semielfa poniéndose colorada.

En ese momento se escuchó el sonido de un cuerno al otro lado de la arboleda.
- ¡Ay, ya nos llaman!- dijo Isilya mientras buscaba nerviosa un traje para ella. Escogió un bonito vestido color escarlata y se lo puso rápidamente.
- Venga vamos- ordenó Gwirdyon. Entre ella y Tuliere ayudaron a la elfa a levantarse y se fueron de aquel lugar.

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Mié Ago 22, 2007 11:21 am 
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Por fin las mujeres llegaron con sus trajes nuevos, Esdaleon las observó pero no prestó demasiada atención, no era un amante de la moda precisamente, sin embargo ellas si que mostrarón cierto aire de dibersión cuando despues de un rato al lado de ellas se dieron cuenta de que no era un soldado cualquiera.
- Anda, si es Esdaleon.- Reaccionó Tuilere después de un rato mirando su rostro medio oculto por el casco, los demás rieron, a lo que Esdal respondió con un resoplo de resignación.
Seguidamente un Rohir les trajo caballos más fuertes y más descansado que los que montaron anteriormente. Enseguida montaron y se colocaron junto a Baldor y Enumanus que marchaban a la cabeza, al rato, tras el canto de un cuerno, toda la columna marchaba en dirección a Minas Tirith.

- Oye Esdal, es posible que en unos dias no volvamos a vernos nunca más.- Comenzó a hablar Gwirdyon mientras cavalgaban.- ¿No crees que ya es hora de que me cuentes algo acerca de ese dragón al que mataste y de Lirenim?-
Esdaleon quedó momentaneamente en silencio, con la mirada perdida tratando de recordary a la vez intentando olvidarlo, pero tras un rato comenzó a Hablar.
- Yo era muy joven, apenas tendría unos treinta años cuando solía ir con mi padre y sus amigos montaracesa cazar orcos, su comitiva era famosa y muy temida por los trasgos y demas criaturas que abundaban por las montañas nubladas, Aprendí mucho aquellos días. El caso esque el mejor amigo de mi padre tenía una hija, Lirenim, era muy hermosa y una mujer encantadora, es la clase de persona con la que se disfruta hablando de lo que sea, y esta vez nos acompañaba porque apenas había salido de Esgaroth, su tierra natal, y quería que la llevasemos a ver Riveldel, todo iva bien pero en las montañas nubladas uno de los nuestros fue comprado por los trasgos a cambio de la informacion de por donde cruzaríamos (nunca cruzabamos por el mismo camino dos veces) y sufrimos una terrible emboscada atacados por miles de ellos, la derrota fue inevitable, y a mi se me enconmendó proteger a Lirenim, asique huimos y huimos seguidpos en todo momento por los trasgos, y por miedo de llevarlos a Esgaroth himos hacia las montañas grises y nos ocultamos en una caverna que, sorprendentemente, estaba vacía, y allí nos ocultamos durante un par de semanas hasta que descubrimos porqué la caverna estaba vacía, en ella vivia un viejo dragón que estubo tanto tiempo dormido que cayó en el olvido, pero por accidente y por desgracia lo despertamos, no pude hacer nada cuando deboró a Lirenim, pero tras una larga batalla y empujado por la ira de su caída acabé con el dragón, pero este me irió gravemente, asique me fui y estube bagando moribundo durante dias hasta llegar al Bosque Negro donde los elfos me salvaron de una muerte próxima y me llevaron de vuelta a Rivendel, más tarde decidí prestar mi servicio a Gondor por pura desolación y para evitar la depresión de pensar en el pasado, asique luché contra los haradrims con los montaraces de Ithilien, al principio intentaba engañarme a mi mismo, pero terminé encontrando placentero el asesinato, yo ya era una bala perdida cuando Faramir me metió en sus filas tras la Guerra del Anillo, al tiempo me enseñó muchas cosas y terminé convirtiendome en capitán de Gondor y después fuí a Bree a descansar de lo mividos que habían sido los años anteriores.- Terminó de hablar, Gwirdyon permanecía callada, no se imaginaba esa historia.
Definitivamente mientras cavalgaban empezaron a ver Minas Tirith tras el horizonte.

_________________
Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Mié Ago 22, 2007 2:00 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Una vez puestos en marcha, Baldor comprobó que los seis añadidos a la compañía se habían emparejado como si tuvieran que explicarse bastante.
Esdaleon y Gwirdion mantenían durante todo el camino una conversación que fijándose bien era un monologo de Esdal como si le narrara una historia a Gwirdion que le resultaba triste.
El viejo se emparejó con la elfa risueña y se pasaron el viaje pasándose una botellita que, por más que se fijaba, siempre era la misma y siempre estaba llena.
Durante el trayecto llegaron a los vados donde la guardia de Gondor tenía un puesto que servía mas para vigilar que no se introdujeran maleantes que otra cosa.
-Buendía capitán- dijo Baldor al jefe del puesto tras hacer parar al grueso de sus tropas fuera del alcance de las flechas tanto de las de los guardias como de las de ellos, para demostrar que no era una incursión y adelantarse el con un par de hombres con los estandartes desplegados-Venimos a hacer nuestra visita anual a su majestad.
-Buenos días. Os conozco, Podéis pasar.
-Gracias.
Y levantando el brazo lo bajó dos veces con la mano extendida y los eoreds avanzaron al paso cruzando el vado y la aldea adyacente. Caminaron al paso unos kilómetros y cuando ya estaban lejos de la mirada del puesto Baldor ordeno un galope sostenido, siendo como era el mediodía calculó que antes del anochecer estaría en las puertas de minas Tirith.
La otra pareja, una elfa y su nuevo amigo Enumanus cabalgaban juntos pero como si ella estuviera enfadada y el avergonzado. A medida que pasaba el tiempo empezaron a intercambiar comentarios, Enumanus cambio la cara de vergüenza por otra de alivio y la Elfa poco a poco sonrió y al final reía de vez en cuando. Lo que se dijeron Baldor no lo oyó.
El sol empezó a declinar y Minas Tirith asomó en el horizonte haciéndose cada vez más grande.
Al final estaban ante las puertas enormes y Baldor adelantándose se colocó delante de ellas y alzando la voz...
-PASO A LA GUARDIA DEL REY EOMER QUE VIENE A PRESENTAR SUS RESPETOS AL SOBERANO DEL REINO REUNIDO ELESSAR.
Inmediatamente las puertas se abrieron y la compañía avanzó al trote hasta el séptimo circulo donde pusieron los caballos en los enormes establos, los acicalaron, limpiaron, y pusieron agua y comida como era costumbre de este pueblo con sus, más que monturas, amigos.

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NotaPublicado: Dom Ago 26, 2007 2:58 am 
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REFRITO DE POSTS

Anochecía cuando en el salón del trono un miembro de la guardia real se dirigió hacia Faramir para susurrarle algo al oído, éste miró a Duramtor que esperaba de pie impaciente el poder continuar con su relato y después se acercó al Rey Elessar que le observaba con curiosidad por saber el porqué de la interrupción.
- Señor, acaba de llegar la comitiva de Rohan, son un grupo numeroso..., -dudó un instante - extrañamente esta vez les acompañan tres damas. Muy hermosas, por cierto.
- Vaya - contestó contrariado - mal momento para recepciones. Aunque si las sospechas de Duramtor son ciertas, bien nos vendría el consejo y la ayuda del pueblo de Rohan - Faramir asintió - Mañana a primera hora los recibiré, pues deben de estar agotados de tan largo viaje. Cuida de que sean atendidos como se merecen.
Dicho esto Faramir se irguió y dando una reverencia se dispuso a seguir la orden - Como deseéis mi señor - se oyó decir antes de abandonar la estancia.
Elessar observó a Duramtor en silencio unos segundos.
- Y bien, podéis continuar.
El capitán que aún ni siquiera se había podido refrescar ni cambiar de ropa, pues tal era la urgencia por que le recibiera su rey, se dispuso a continuar su explicación.
- Como decía, debemos guardarnos de Dol Amroth, aunque los barcos estan detenidos en Pelargir, sé que tropas se dirigen hacia aquí por tierra atravesando Lebennin. Además..., - se detuvo para coger aliento a la vez que la expresión de su cara se ensombreció - en la ciudad portuaria conseguí detener un grupo de cinco espías asesinos, conseguí interrogar a uno de ellos, y tenían orden de acabar con vuestra vida. Pude acabar con este último pero los otros cuatro consiguieron escapar y di orden a mis hombres de que los persiguieran hasta apresarlos o matarlos.
Observó la reacción de su rey que le miraba impasible sentado en su trono.
- Por este motivo llegué solo, pues temía que ellos se me adelantaran y tuviera tiempo de avisarle mi señor. Tal vez ya estén en Minas Tirith conspirando o aún no hayan llegado, el hecho de que mis hombres tampoco den señales de vida también me preocupa. Por vuestra seguridad deberíais abandonar la ciudad.
- ¿Insinúas que huya y me esconda como un conejo asustado?
Duramtor se hincó de rodillas de repente, casi teatralmente y miró a los ojos a su rey.
- No señor, sugiero que vos deberíais partir en persona a Dol Amroth para aclarar este asunto, los ánimos en Pelargir están bastante caldeados y vuestra presencia de paso pondría las cosas en su sitio. Nadie puede negarse a los designios de su rey. Esta misma noche seria un buen momento para partir, el enemigo no se espera que abandonéis Minas Tirith y con un grupo de sus mas leales y valiosos guerreros no tendríais problema alguno...
Duramtor bajó la cabeza mirando de reojo la reacción de Elessar, que lentamente se mesaba la barba intentando decidir sobre la propuesta que le habían ofrecido.
- Mañana tengo una recepción... - se le oyó susurrar - no puedo hacer este desplante a los hombres de la Marca.
- ¿Acaso la corona le pesa demasiado a Aragorn el montaraz que libró la Tierra Media del dominio de Sauron? - dijo Duramtor de repente. Elessar se levantó de golpe furioso.
- ¡Podría hacerte encerrar por tu insolencia! - gritó, y se dejó caer sobre el trono - aún así tal vez tengas razón, puede que necesite volver a cabalgar en la noche sin las ataduras de un reino.
Duramtor sonreía para sus adentros.
- Llamaré a Faramir y le pondré al corriente, él puede encargarse de la recepción.
- ¡No! - gritó Duramtor, para volver a poner cara de preocupación - perdonad mi osadía, pero el tiempo apremia y cuanto más pronto partáis antes estaréis de vuelta, yo iré a buscar a Faramir y le pondré al corriente de vuestra decisión.
Elessar observó al capitán aún de rodillas, había algo en él que le resultaba extraño y a la vez conocido, como la sensación que durante semanas sentía que le aplastaba el alma, como una oscuridad que empezaba a envolverle sin saber su procedencia.
- Está bien - dijo al fin - parto de inmediato, convocaré a mis hombres de confianza y partiré de incógnito para no alarmar la ciudad.
Duramtor se irguió satisfecho - señor, vuestra sabiduría es digna del rey de Gondor, con vuestro permiso iré al encuentro de Faramir.
Sin dudarlo hizo una reverencia y salió del Salón del trono dirigiéndose hacia los niveles inferiores.



- Guau!!!! Que grande que es Minas Tirith! nunca lo habría pensado!!!- Exclamó Tuilere impresionada.- ¿¿¿Podremos ir de compras??? ¿Podremos?- preguntó a Gwirdyon emocionada.

- Lo primero es lo primero, luego ya veremos.

La comitiva paró a descansar en la posada más grande. Como la vez anterior, las tres mujeres durmieron juntas, en cambio, los hombres tuvieron una habitación para cada dos.

- ¡¡¡Wiiiii!!! ¡¡¡Una camita!!!! ¡¡¡Por fin!!!!- Exclamó Tuilere dejándose caer en la cama cuan larga era.

- ¡Tuilere, por favor, no seas cría!- exclamó Gwirdyon.

- ¡Calla!- dijo la elfa y le tiró un almohadón a la cara iniciando una guerra de almohadas que duró un buen rato. Cuando ya se cansaron de todo eso, Tuilere dijo:- Voy a salir a tomarme una birra- y bajó a la taberna dejando solas a Isilya y Gwirdyon.

En la taberna, se sentó en la barra y comenzó a beber. De pronto vio entrar a un hombre que reconoció al instante: Duramtor. Duramtor se acercó a una mesa donde bebía un hombre de aspecto fiero y se sentó junto a él. La elfa pudo oír la conversación con su fino oído.

- Sospecho que ya han llegado, deben de alojarse en alguna posada, búscalos, ya sabes el resto. Quiero que también averigües acerca de los soldados que han llegado hoy, había tres damas con ellos, según he oído. Averigua si saben algo. Cuando encuentres a la compañía, mátalos. Que no quede ni uno solo vivo. Ya he destruido el pergamino, Elessar no sabrá nunca lo ocurrido. Partirá esta misma noche a Dol Amroth

- Entendido jefe.

Cuando la conversación acabó y Duramtor se marchó, Tuilere subió corriendo a la habitación de las chicas para contarles lo que acababa de oír, pero estas habían salido a ver la ciudad.


Lo que Duramtor desconocía, por ser una tradición entre el soberano y Baldor desde que éste una vez salvara al Rey de una emboscada, es que, siempre, aunque estuviera cansado, o tuviera otros planes, tenían una reunión privada sin reglas cortesanas Precisamente en ese momento, estaban los dos amigos, Baldor y Elessar, sentados en una mesa con dos jarras de cerveza.
Antes de partir hacia su particular audiencia, Baldor habló con Faramir.
-Mi señor, ha llegado a mi conocimiento que el Consejero Duramtor dejó vuestro ejército reducido a la mínima expresión.
-¿Mi mujer ya ha hablado con Éomer?
-Nada tiene de extraño, le adora pero también os ama a vos y la ciudad que está bajo vuestra responsabilidad...
-Preocupado estoy porque mis hombres ociosos están aquí y la ciudad desamparada quedó.
-No os preocupéis, 1000 jinetes están allí al mando del hijo de mi señor.
-Baldor, no sabes la alegría que me das, no entiendo los planes de Duramtor, extraños me parecen.
- Y tan extraños. La prueba de su traición la lleva una de las elfas que me acompañaron, solo que el rey leyera el escrito...
- ¿Que escrito es, mi buen Baldor? – El rey asomó por el fondo del corredor.
- Majestad, vos sabéis que sin pruebas, un rohir no acusara a nadie y en estos momentos no las tengo.
- Pasad los dos a mi aposento. ¿Dónde está esa prueba?
- La lleva una elfa llamada Gwirdyon a la que da escolta un elfo llamado Esdaleon.
- ¿así que la prueba de la traición de Duramtor ya ha llegado? ¿Veo por vuestras caras que creíais que el vencedor de la guerra del anillo se la dejaría dar con queso por un consejero?... Grima ya me enseñó lo que podía esperar de un consejero demasiado "leal". Supongo que estarán en la Posada... Faramir puedes ir en un salto y habla con Esdaleon que es conocido tuyo y dile que venga con Gwirdyon.
Faramir salió raudo a cumplir las órdenes y mientras Baldor le enseñó la carta de Éowyn a Elessar que le respondió dándole un abrazo a Baldor...
- Pero bueno... solo con esto ya hay suficiente como para recelar. ¡CALAR!
Un guardia real que a simple vista parecía el rey entró en la sala.
-Calar, toma mis ropas de viaje y parte con la escolta habitual como si fuera a Dol Amroth pasando por Pelargir, y una vez allí das libertad a barcos y soldados... ten este pergamino con las ordenes por escrito.
Rápidamente se organizó la caravana y partió por la puerta Este.
Duramtor viendo y creyendo que el monarca le dejaba las manos libres en Minas Tirith reía a carcajadas.
-Bueno ahora a encargarnos de esos 5 y de los jinetes entrometidos.
Mientras tanto en su estancia personal los dos hombres esperan el regreso de Faramir con la pareja de Elfos y el pergamino.



Duramtor caminaba satisfecho entre las sombras de las sinuosas calles en dirección a su alojamiento. Meditaba distraído el próximo paso a seguir cuando, al doblar una esquina, tropezó con Faramir.
- Faramir - dijo sorprendido.
-Duramtor, creía que aún estabas con el rey - preguntó extrañado - ahora me dirigía a verle. Fingió Faramir.
- Suerte que te encontré antes, su Majestad Elessar estaba cansado y decidió que lo mejor era dejar el resto de las explicaciones para mañana - apoyó su mano sobre el hombro de Faramir - parece que no está muy bien, algo le afecta y ensombrece su corazón, ¿tal vez tú sepas el por qué de su ausente actitud?
- En verdad no lo se, y me preocupa, lleva semanas con altibajos, oteando el horizonte como si esperase que ocurriera algo.
- La traición de Dol Amroth le ha afectado más de lo que creemos - dijo Duramtor colocándose entre su acompañante y la pared para ocultarse en la penumbra. Aprovechó que Faramir se despistó un momento para colarse entre las sombras y desaparecer de su vista por unos instantes. Se echó la capucha sobre la cabeza para no ser reconocido y con sigilo caminó hacia las damas.


A lo lejos, dos bellas damas, una elfa y una semielfa paseaban con aire distraído observando las luces de la ciudad, seguramente en dirección a la posada más cercana.
- No soporto ir vestida así - inquiría Gwirdyon.
- Venga, cuando lleguemos a la posada vamos a causar sensación, también tenemos que divertirnos un poco, digo yo. - replicó riendo Isilya.
- Mientras no acabemos en una pelea... - contestó resignada la semielfa.
Al otro lado de la calle Duramtor las observaba con recelo mientras Faramir se alejaba sin verlas.
- Son ellas, están aquí. - dijo con rabia.


En la mente de Duramtor se pasearon mil ideas de un tirón, pensó en ir a por refuerzos para reducirlas pero Faramir estaba demasiado cerca y pediría alguna explicación, eso podría causarle problemas con el semielfo, del cual sabía que era capitán de Gondor o algo así, así que se decidió a hacerlo él mismo para luego huir, a fin de cuentas, eran dos damas desarmadas, poco podrían hacer si les pillaba por sorpresa.

Isilya miraba entusiasmada cada piedra de la ciudad y constantemente tiraba de la manga de Gwirdyon, estaba que iba a estallar de alegría cuando notó un ensombrecimiento en la mirada de Gwirdyon que le indicaba silencio con la mano mientras seguía con la mirada una sombra que se acercaba entre las sombras.

Esdaleon estaba en su habitación meditando acerca del peligro que podría correr en la ciudad si el tal Duramtor había llegado ya, lo primero que quería haber hecho era entregar el pergamino a Elessar sin más, pero Gwirdyon, Isilya y Tuilere habían desaparecido. -¿En qué estarían pensando? - Se preguntaba. Y Walo dormía profundamente en la cama de al lado tapado hasta arriba, de Enumanus no sabía nada pero supuso que estaría con Isilya.
Miraba atentamente el filo de su espada cuando oyó el revuelo de cinco soldados bajo su ventana, se puso en guardia y cogió su emblema de capitán de Gondor.

La enigmática figura salto de entre las sombras desde sus espaldas pero Gwirdyon estaba preparada y detuvo la mano que empuñaba una daga en busca de su corazón, Gwirdyon pudo ver la cara de Duramtor tras la capucha, que al ver que la gente prestaba atención a la pelea se soltó y huyó corriendo a empujones con todo el que estuviera en medio, entre la multitud apareció Faramir para poner orden cuando se quedó pensativo al ver a Gwirdyon que también le miraba, Faramir no daba crédito.
- Gwird.. Gwirdyon?- Preguntó asombrado mientras se acercaba a la semielfa.

Cinco soldados abrieron la puerta de Esdaleon e irrumpieron rodeándole, este nada hizo, tan solo mostrar en alto su emblema de capitán.
- Soltar vuestras armas de inmediato, os lo ordena un capitán.- Dijo Esdaleon, los cinco soldados vacilaron, no se esperaban aquello, pero sabían cuales eran las órdenes de Duramtor.
- Señor, nos han enviado para acabar con su vida, no se de dónde ha sacado ese emblema pero se le considera un enemigo peligroso de Gondor y de nuestro rey Elessar.
Esdaleon le miró serio, no quería matar a ninguno de esos soldados, así que aprovechando la confusión retiró uno de los soldados de un golpe y saltó por la ventana. Estaba seguro de que los soldados no se fijarían en Walo, y así fue. Los cinco soldados salieron a la carrera tras Esdaleon que huía hábilmente por entre los puestos de la ciudad, cuando de pronto se quedó paralizado al encontrarse de frente con Gwirdyon, Isilya y Faramir en medio de la ciudad.

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NotaPublicado: Lun Ago 27, 2007 11:14 am 
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El semielfo frenó en seco delante de ellos. Había conseguido despistar a los soldados escabulléndose entre unos callejones. Después de la primera impresión, reaccionó y se acercó a Faramir.

- Mi señor- dijo inclinándose ante él.
- Levántate mi buen amigo, no hay tiempo para formalismos- respondió Faramir tomándole por el hombro- es de vital urgencia que tú y Gwirdyon vengais conmigo a ver al Rey. Una vez en su estancia podremos hablar tranquilamente de todo lo que haga falta. Baldor ya se encuentra allí.
Esdaleon asintió satisfecho, -me alegro entonces de haberos encontrado en esta hora- dijo- cinco soldados me estaban persiguiendo a muerte. Ignoro el motivo, aunque lo sospecho.
- Duramtor….-murmuró Gwirdyon- él mismo me ha atacado hace unos minutos.
- Entonces Walo también corre peligro- respondió el semielfo rascándose la cabeza- le dejé dormido en la posada.
- Yo podría ir a buscarle- dijo Isilya hablando por primera vez- y también a Tuliere y Enumanus.
- Vaya, veo que no venís solos- dijo Faramir volviéndose hacia Gwirdyon.
- Así es- respondió la semielfa- ahora mismo cinco compañeros, además de Baldor son conocedores de la misión. Nos han ayudado fielmente y por tanto corren el mismo peligro que nosotros.
- Razón de más para no perder el tiempo- dijo Faramir con voz apresurada- vayamos rápido ante él Rey. En cuanto a ti, elfa, cuando encuentres a vuestros amigos dirigíos al séptimo nivel, al palacio. Yo mismo saldré a recibiros si es necesario.

Isilya asintió haciendo una reverencia y Esdaleon y Gwirdyon se despidieron de ella. Un instante después habían desaparecido junto a Faramir por las calles de la ciudad, dejando a la elfa sola.



Mientras todo esto ocurría, Tuliere buscaba como una loca a sus dos compañeras por todas las estancias de la posada.
- Seguro que se han ido a ligar sin mí.
Finalmente se acercó al dormitorio de Esdaleon y Walo y entró si llamar.
- ¡Walo! ¡Por fin encuentro a alguien!- exclamó tirándose encima del viejo, que dormía profundamente.
- ¡Maldita sea! ¡Qué forma de despertar a un anciano es esta! ¿Qué te pasa?
- Pues me pasa que no encuentro a nadie- respondió la elfa- ni Gwirdyon ni Isilya, y tampoco Baldor ni Enumanus están en su habitación, y por lo que veo tampoco está Esdaleon. Y precisamente tengo que decirles algo muy importante.
- Vaya- Walo miró a su alrededor extrañado. Cuando se quedó dormido su amigo estaba con él- ¿Qué les tenías que decir?

Walo no había terminado de preguntar cuando la puerta del cuarto se vino abajo levantando una nube de polvo. Tras ella dos soldados corpulentos entraron armados con sus espadas. Uno de ellos era el soldado de aspecto fiero que Tuliere había visto hacia un rato hablando con Duramtor.

- Esto es lo que quería deciros a todos- dijo Tuliere poniéndose en guardia.
- ¿Estos son?- preguntó uno de los soldados.
- Son dos de ellos. No te fíes de sus apariencias; son peligrosos asesinos.
Inmediatamente los dos hombres se abalanzaron sobre Tuliere, que como pudo, les enfrentó con su espada. La elfa, aunque inferior en tamaño y fuerza, aprovechaba su agilidad y rapidez para evitar los golpes.
Walo miraba la escena asustado. Tuliere no conseguiría reducirlos sola. De pronto, y armándose de valor, se escurrió por un lado de la cama, sin llamar la atención y se colocó detrás de uno de los soldados. Con todas sus fuerzas estrelló en la cabeza de éste la botella de Whisky más grande que tenía, haciéndole caer al suelo aturdido.
Tuliere aprovechó ese momento de confusión para propinarle una patada en la cara al otro soldado.
- Walo ¡salta por la ventana!- exclamó.
- ¿¡Qué!?
- ¡Que saltes!
El viejo se acercó a la ventana y se apoyó en el alféizar. No había mucha altura hasta el suelo pero aún así al viejo no le apetecía nada saltar.
- ¿por qué siempre tenemos que salir de las posadas por la ventana?
- ¡Calla y salta!
Tuliere se abalanzó hacia la ventana. No había tiempo; los soldados se estaban levantando. Estaban aturdidos pero no habían perdido la consciencia.
La elfa agarró a Walo del brazo y ambos se precipitaron al vacío, cayendo sobre un montón de sacos de harina.
- ¡Que no escapen!- exclamó uno de los soldados acercándose a la ventana.
Tuliere y Walo, que habían resultado ilesos, se levantaron rápidamente y salieron corriendo calle abajo perdiéndose en la oscuridad.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Lun Ago 27, 2007 1:06 pm 
Señor de las Palabras
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Tuilere y Walo corrian lo más rápido que podían preguntandose donde podían estar los demás. EN ese presiso instante, Isilya entraba en la posada esperando encontrar dentro a los que faltaban, pero al subir las escaleras chocó de lleno contra los esbirros de dumrator.

- Disculpe.- se escusó y se deslizo entre ellos para seguir su camino. Los soldados tardaron en reaccionar y exclamaron a la vez:

- Es ella!- corrienron tras isilya que al verlos no atinaba a nada.- Quedas detenida por inflirgir una orden de destierro!- exclamaron al unisono. Isilya corrió y entró en el cuarto de Esdaleon y Walo, la ventana estaba rota. La elfa sin pensarselo siquiera, saltó al vació callendo ella tambien sobre los sacos de harina y salió corriendo en direccion al palacio asustada.

En la otra punta de la ciudad, Tuilere y Walo descansaban en un callejon oscuro cuando de pronto paso alguien que reconocieron al instante.

- Enumanus!- Corrieron tras él.

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NotaPublicado: Lun Ago 27, 2007 10:47 pm 
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Horas antes cuando Baldor se excusó diciendo que otros menesteres requerían de su atención, Enumanus creyó ver en los ojos del rohir un halo de misterio que parecía divertirle. Se despidieron cortésmente y al quedarse solo, el arquero se sintió desconcertado.
Duramtor había desaparecido y empezaba a preguntarse si acompañar al grupo hasta Minas Tirith, en lugar de buscar al traidor gondoriano para acabar con él, había sido la decisión correcta.
Dejó su carcaj en el suelo y agachándose empezó a examinar sus flechas.
Al dia siguiente - pensó - la misión habría acabado y entonces volvería a Bree donde la tranquilidad de su taller, sus arcos y flechas y la cerveza de Mantecona le estaban esperando.
- El hijo de Isilya.. - exclamó, acordándose de la historia que la elfa les había contado. Miró a su alrededor preguntándose donde podría estar el crio y se levantó, colgándose de nuevo el carcaj en bandolera.
- La cara que pondría si le dijera que lo he encontrado - se dijo a si mismo sonriendo.
Dicho esto empezó a caminar perdiéndose entre las calles y los gondorianos, que atareados con sus asuntos, apenas se interesaban por el extraño con parche en el ojo.

Pasó el tiempo y llegó a la conclusión de que se había perdido, no sabía exactamente en que nivel se encontraba, tanto subir y bajar de un lado a otro lo habia desorientado por completo.
Intentaba encontrar algo que le sirviera de guia, cuando escuchó su nombre.
- ¡Enumanus! - oyó, dándose la vuelta par descubrir a Walo y Tuliere que corrían hacia él alarmados.
Al alcanzarle se pararon en seco y la elfa empezó a hablar y gesticular sin siquiera tomar aliento, Walo se recostó sobre una pared y sacándose una botella de su bolsillo empezó a engullir su contenido hasta dejarla vacía. Tuliere parecía tener un ataque de nervios y Enumanus apenas conseguia entender nada de lo que chapurreaba. La cogió por la cintura con un brazo y se la llevó contra su cuerpo a la vez que con la otra mano le tapaba la boca.
- ¿Quieres calmarte? - le dijo en tono severo - A ver Walo, ¿qué demonios pasa?
Tuliere golpeaba el pecho de Enumanus con sus puños mientras este escuchaba la explicación de Walo. Una vez calmada la elfa la soltó y está le propinó un patada en la espinilla que hizó gritar de dolor al humano.
- Hay que ser más galante con las mujeres, ¡palurdo! - le espetó poniendo lo brazos en jarras.
Este la miró con cara de no saber a que venía la reprimenda.
- Venga ahora no os peleeis vosotros, que bastante tenemos ya con Duramtor - intentó calmar los animos el anciano sin poder evitar una mueca burlesca - Hay que buscar a los demás, no sabemos si corren peligro.
- ¡Seguidme! - gritó la elfa echando a correr.
Walo resopló mirando al humano que le contestó con una palmadita en el hombro.
- Vaya viajecito, ¿he? - y salieron tras ella.

Mientras, Isilya había conseguido despistar a sus perseguidores, aunque el vestido que llevaba la entorpecía a la hora de correr y se maldecía por haber dejado sus armas en la posada.
Decidió dar un rodeo y con un poco de suerte no encontrar a nadie en su habitación para tener el tiempo justo de cambiarse y recoger sus cosas
- Igual Tuliere aparece por allí - se dijo a si misma.

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cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Lun Sep 03, 2007 9:15 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mié Ago 29, 2007 1:01 pm 
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- Debemos buscar a los demás.- Susurró Tuilere preocupada. - No podemos quedarnos aqui solos en medio de la nada.

- TIenes razón- dijo walo intranquilo.- no tendrás algo de beber?

Tuilere rebuscó en sus ropas y descubri'alarmada que no llevaba ni so botella de wisky ni sus armas.

- Lo siento walo, me lo he dejado todo en la posada.

- Tal vez deberíamos volver y esperarlos alli.- refleccionó enumanus.

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NotaPublicado: Mié Ago 29, 2007 1:27 pm 
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-He, vosotros tres...- la voz salia de un lugar oscuro, cuando Enumanus, Tuilere y Walo se giraron con el corazón a 120 y un nudo en la garganta se destacaron 5 sombras en las que al darles la luz reconocieron a 5 de los jinetes que habian ido con ellos.- Supongo que nos conoceis.¿podeis seguirnos?, tenemos orden de nuestro señor Baldor de llevaros a la corte.
-Y nuestros tres compañeros?
-Hay dos grupos mas buscandolos con la orden de salvaguardar sus vidas a cualquier precio. Seguidnos por favor.
Enumanus, moviendo la cabeza se medio sonrió...
-Este puñetero Baldor... Sabia que algo estaba tramando.
En la habitación del Rey, Baldor le comunicaba la última ordén que habia dado a sus jinetes...
-Mi señor, me he tomado la libertad de emplazar un grupo de jinetes en las Almenaras para lanzar la señal ancestral al menor sintoma de ataque... solo deberemos resistir unas 5 o 6 horas y tendreis aqui a todo jinete que pueda montar y portar un arma.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Vie Ago 31, 2007 12:55 pm 
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EN EL INTERIN

Meord, Imdralis y Tercenar habían recalado unos minutos dentro de una cueva para descansar. Allí Meord ayudó a Tercenar a recuperarse de sus heridas.

- He pensado, - Imdralis alzó la mirada hacia el Istar- que debo volver para cumplir mi destino. He de comandar mis tropas y si esto acaba bien, entonces dedicaré mi vida a estudiar Arda, pero si no cumplo con mi deber ahora, posiblemente no quede nada de Arda que estudiar.

Los tres volvieron a montar en el águila y tras vislumbrar un fuego que fue rápidamente apagado por la lluvia de Meord, retomaron su camino. Ya había oscurecido cuando seguían volando rumbo a Minas Tirirh. No había luna esa noche, así que la oscuridad era absoluta. Aún así pudieron vislumbrar unas columnas de cientos e incluso miles de soldados que se acercaban a la ciudad. Imdralis reconoció en seguida el estandarte de Rohan y se estremeció al ver la formación desde arriba.

- Meord, mis tropas también se dirigen hacia aquí, pero no las veo. Creo que en estos momentos sería de gran utilidad averiguar de cuántos efectivos se componen las tropas enemigas. ¿Podríamos dar la vuelta e ir hasta el otro lado del Anduin? Algo me dice que vendrán por allí. - Dijo Imdralis.

Meord no respondió, permaneció callado unos instantes, el águila giró la cabeza y le miró, luego asintió y dio media vuelta. Tardaron unas horas en sobrevolar el río Anduin. Alli, cerca de Hennet Annun, vieron un ejercito que se arremolinaba como un enjambre de abejas, creciendo cada vez más en número, esperando el momento de cruzar el rio.

- Esto va a ser el final de Arda, tal como la conocemos si no hacemos algo para evitarlo, mi señor Imdralis - Dijo Tercenar. - Debemos avisar cuanto antes de lo que se avecina.

- Tienes razón, pero necesitaremos toda la ayuda que nos sea posible. Meord, ya sé que jamás debería pedirte que te involucrases en algo así, pero ¿sería posible contar con tu ayuda y con la de los istari azules del sur? - Preguntó Imdralis acongojado.

Meord no contestó. Se limitó a mirar al cielo. De repente una gran tormenta comenzó a caer en el otro lado del Anduin. Una tormenta de granizo, con rayos y truenos como nunca se había visto en ningún sitio. Los orcos que allí estaban reunidos maldijeron y se tapaban con sus escudos. No se movían del sitio, pues tenían orden de esperar el momento, pero los gordos granizos empezaban a hacer mella en su ánimo y los airaban cada vez más.

- Os llevaremos a Tercenar y a tí con vuestras tropas y luego el águila y yo seguiremos nuestro camino. - Sentenció Meord. Imdralis le miró un tanto decepcionado.

- Bien, supongo que nunca debí haberte pedido que tomaras partido. Si es así como tienen que ser las cosas, yo también acepto el destino que me ha sido encomendado. Dile al águila que nos lleve hasta mis tropas.

- Mi señor Imdralis, alguien debería ir a Minas Tirith para avisar de lo que se está preparando a otro lado del río. En estos momentos ya estarán en camino. Sugiero que me dejen a mí en Pelargir con su ejército, pues ya sé cuáles son sus instrucciones, y marche usted en representación de su padre, príncipe de Dol Amroth, hasta Minas Tirith y les ponga al corriente de la que se avecina. - Sugirió Tercenar.

Imdralis le miró a los ojos y asintió con la cabeza.
- Que así sea.

El águila necesitó descansar un rato para recuperar fuerzas, pues llevaba varias horas seguidas sin parar de volar. Ya casi amanecía cuando emprendieron el vuelo de vuelta hasta el puerto de Pelargir, donde las tropas, al igual que los barcos seguían parados por orden de Elessar. Llegaron bien avanzada la mañana. El águila aterrizó en un lugar discreto y Tercenar bajó de ella. Tras caminar unos minutos se reencontró con sus tropas. Allí entre un caluroso recibimiento, les informó de la situación.

Meord e Imdralis ya volaban de nuevo rumbo a Minas Tirith.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Lun Sep 03, 2007 12:56 pm 
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-MATADLES
La voz de Duramtor hizo que los cinco espadachines rodearan A Esdaleon y Gwirdyon contando con la ayuda de 4 soldados más que por allí pasaban. A todo esto Gwirdyon se llevó la mano al pecho como si estuviera asustada pero sencillamente comprobó que la bolsita con el pergamino continuaba en su sitio.
Faramir, algo descolocado intentó parar la lucha pero…
-A él también, es un traidor a la corona.
Pronto Esdaleon y Faramir dieron cuenta de un par de los secuaces de Duramtor y esto lo aprovechó Gwirdyon para hacerse con una de las espadas y ayudar a sus compañeros en el combate, los tres, espalda con espalda.
-¿Podemos unirnos?- los 10 Rohirrim habían encontrado al resto de la compañía, ya que con ellos iba Isilya, tras recorrer media Minas Tirith. Duramtor, viendo el cariz que tomaba el asunto se desvaneció en la oscuridad de un callejón, rápidamente los tres rufianes que quedaban fueron reducidos y los cuatro soldados normales rápidamente depusieron las armas.
Uno de los Rohirrim lanzó una señal, un cohete verde, a lo que respondió otro rojo desde otra parte de la ciudad. 10 minutos después los dos grupos se reunieron y los seis amigos quedaron alucinados al encontrarse de pronto en la plaza del árbol blanco.
Poco después y tras andar por medio palacio los seis estaban delante de Elessar, el cual recibió al fin el pergamino de manos de Gwirdyon, al leerlo se le transmuto la cara y mirando a Baldor, que estaba en un rincón, le hizo una seña y el jefe de los jinetes se asomó a una ventana y levantando un farol lo agitó un par de veces. A los dos minutos las Almenaras brillaban con el fuego de las señales y en un lejano lugar 9.000 jinetes pasaron del trote al galope, en 5 horas se presentarían en Pelennor.
Mientras, a unos kilómetros de Minas Tirith, en la ciudad portuaria de Pelargir, una columna llegaba a la puerta y la guardia pensando que era el Rey hizo paso franco, esta llegó a los cuarteles y el enviado de Piedra de Elfo llamó al jefe de la guarnición.
-¿Se puede saber qué demonios pasa aquí y quien dio esas órdenes?
- Son órdenes del rey transmitidas por Duramtor.
-Duramtor es un traidor y aquí tienes órdenes escritas de puño y letra de nuestro señor Elessar. Paso libre para nuestros aliados de Dol Amroth.
Tras leer las ordenes y reconocer la firma y sello real el comandante de Pelargir, acompañado de la columna recién llegada, fue al puerto dando orden de que dejaran desembarcar las fuerzas, tras ello se dirige al campo donde está el grueso del ejército con su recién llegado general Tercenar.
Tras una reunión de urgencia y dos horas más tarde la columna emprendió la marcha hacia Minas Tirith.
La ciudad de los 7 niveles se estaba convirtiendo en un enorme imán al que eran atraídos sin remisión tres ejércitos.
Elessar hablando con los seis compañeros se enteraba de sus aventuras cuando uno de los guardias anunció una visita y por la puerta apareció el séptimo, el príncipe Imdralis.
Todos se arremolinaron a su alrededor y se interesaron por sus aventuras, mientras el Rey y Baldor hablaban y miraban a Isilya.
Al rato el rey con cara seria…
-Isilya, acércate.
La elfa se puso pálida y poco a poco se acercó al monarca…
-¿No te había desterrado?
-Si majestad, yo solo quería saber algo de mi hijo y me iré.
El rey volvió a mirar a Baldor y a Isilya
-Bueno, no corre prisa, mira, la verdad es que hubo una persona que siempre defendió tu inocencia, pero al ser demasiado joven nadie le hizo caso, y entre ellos me incluyo, ruego me perdones, pero según ciertas averiguaciones de aquí nuestro amigo, señalando a Baldor, tus suegros al parecer metieron cizaña para desacreditarte y quedarse con todo, poco les duro la alegría, un año más tarde un accidente se llevo la vida de ambos.
-¿Y mi hijo?
-Tranquila, todo a su tiempo-El rey se dirigió a los demás- Damas y caballeros, su atención por favor.-Todos miraron- Durante muchos años se ha estado produciendo una injusticia con una de ustedes y en este momento se va a reparar-Cogió un pergamino y escribiendo en él lo firmó y lo sello.
-Dama Isilya, por el presente decreto queda abolido vuestro destierro, y mientras terminamos unos asuntos, alguien, en la calle de los herreros, está impaciente por abrazarla, nos os damos permiso para abandonar el palacio.
-Isilya-Baldor la llamó-fuera hay unos Rohirrim, dirígete a los dos que llevan la cimera verde y que te acompañen.
Ella se le acercó y le dio un beso dándole las gracias.
Abandonó rápidamente el palacio mientras los demás se arremolinaban ante un mapa de la zona, Enumanus como quien no quiere la cosa se puso al lado de Baldor y en voz baja le agradeció todo lo que había hecho por la elfa.
Durante todo este trajín Duramtor llegó al campamento de los conjurados y llamando a todos los jefes los puso en pie de guerra y se pusieron en marcha en línea recta a Minas Tirith.
Pasó el tiempo y cuando se acercaba el Mediodía se detectó una señal, inmediatamente las tropas acuarteladas en la Ciudad salieron a campo abierto y formaron en orden de combate, Unos cuernos dieron aviso que por el flanco derecho el ejército de Dol Amroth se unió a los gondorianos. Al rato, ni hecho a propósito los Rohirrim hacían su aparición en el flanco izquierdo, Baldor y sus jinetes se reunieron con ellos tras desear suerte a todos sus amigos…
Media hora más tarde hizo su aparición el ejército conjurado con Duramtor a la cabeza…
El escenario estaba a punto, los ejércitos en sus puestos, el silencio se mascaba.
¿Quién daría el primer paso?

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Última edición por Baldor el Mar Sep 04, 2007 12:29 am, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Lun Sep 03, 2007 9:21 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
- ¿Donde está Esdaleon? - preguntó Walo asomándose peligrosamente por entre las almenaras de la primera muralla.
- Ten cuidado no vayas a caerte - contestó Enumanus que, agarrándole de un pie evitaba que cayera al otro lado del muro.
- Donde va a estar, en primera linea junto a Elessar, Faramir y Gwirdyon - se oyó decir a Isilya que con el arco tensado no paraba de apuntar de un lado a otro de la enorme mancha oscura de miles de estandartes negros, orcos y demás calaña que se habían congregado frente a la ciudad - son muchos - concluyó diciendo presa del los nervios.
Sus acompañantes asintieron en silencio, Enumanus la miró con aire preocupado.
- Esto no va a ser como en Isengard - extendió el brazo por encima de Walo para acariciar el cabello de Isilya. Esta permaneció inmóvil unos segundos antes volver su cara para mirarlo.
- ¿No les ocurrirá nada verdad?
- Esdaleon sabe cuidarse solo, por eso me he quedado aquí para no estobar. Pobre del orco que se cruce en su camino - espetó Walo mientras abria una botella y se la llevaba a la boca - ¿alguien quiere un trago?
- ¿Mira! - interrumpió Isilya - ¿aquella no es Tuliere?
Por entre los rohirrim una bella elfa con aire feroz se abría paso montada en su caballo, al llegar a la altura de Baldor, éste la saludó con una sonrisa y la invitó a su lado.
- ¿No deberiamos estar ahí abajo con nuestros amigos? dijo Walo, volviendose a asomar peligrosamente al vacio.
- Todo a su tiempo, anciano, - contestó Enumanus - lo nuestro son los arcos y no podemos dejar sin protección la ciudad mientras se libra la batalla en el llano.
Pasaban los minutos lentamente y el sol empezaba a hacer mella en los dos ejercitos enfrentados.
Elessar entonces junto a Faramir y Esdaleon, se adelantó unos metros y esperó a que Baldor y Imdralis estuvieran a su lado. Volvió la cabeza hacia la semielfa, y con la mirada buscó sobre las murallas al resto del grupo que con su ayuda habían conseguido llevar el pergamino a su persona.
- ¡Hey! ¡Aragorn nos ha mirado! - gritó Walo sorprendido.
- Un poco más de respeto - le soltó Enumanus - ahora es su majestad Elessar.
En aquel instante, el grupo encabezado por su rey, empezó a adelantarse hacia las tropas enemigas. A los pocos segundos, un trio del que Duramtor formaba parte, cabalgaba hacia ellos.
- Van a parlamentar - se dijo a si misma Gwirdyon mientras apretaba con fuerza su espada.
Sentía al resto del grupo a sus espaldas, pero no se atrevía a volverse. como si al hacerlo se convirtiera en una despedida.
- Pronto nos tomaremos unas cervezas en el pony - susurró.

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NotaPublicado: Lun Sep 03, 2007 11:53 pm 
Maestro Narrador
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Esdaleon se encontraba junto al mísmisimo Rey Elessar, lo cual le hacía sentir tremendamente honrado, se moría de ganas por demostrar su valía en combate.
Se vio como una avanzadilla encabezada por Duramtor se acercaba para parlamentar, asique el rey Elessar pidió la compañía de Faramir y Baldor y de Gwirdyon y Esdaleon como antiguos portadores del pergamino y como testigos de la traición de Duramtor. Los cuatro cabalgaron hacia el grupo que se había parado a una distancia preventiva de los arcos de las murallas de Gondor, la conversación fue muy corta, apenas habrió la boca Duramtor cuando Elessar desenvainó a Anduril y le cortó la cabeza como castigo de su traición, el espectáculo de la espada silvando en el aire y cortando limpiamente el cuello del enemigo atravesando las anillas de la cota de malla como si de papel se tratara fue digno de ver, de pronto Esdaleon miró su espada con una discreta sonrisa, como tratando de consolarla ante la humillación reciente. los que acompañaban a Duramtor se quedaron acongojados sin saber que hacer, Elessar habló.
- podeis morir ahora o dentro de un rato en el campo de batalla junto al resto de vuestros soldados.- Dijo solemne y todos ellos huyeron en direccion a la negra masa que formaba el ejército orco y Elessar y los suyos volvieron hacia los muros de Minas Tirith.
Esta vez el rey no quiso cometer el mismo error que Denethor cometió en el pasado de dejar a todo el ejército tras las murallas a la espera de que los orcos derribaran las puertas quemaran las casas y atacaran a las familias de los soldados que morían en combate y dispuso a la mayor parte del ejército fuera de las murallas dejando tan solo a los arqueros tras ellas. Baldor se encargó de comandar el ejercito Rohir e Imdralis del de Dol Amrod mientras el dirigiría su ejército desde la primera linea de combate, a Esdaleon como capitán de Gondor le correspondió su propio regimiento al igual que a Faramir, cullo batallón era de mayor tamaño, pero recibiría la ayuda de Gwirdyon que se encontraba junto a él.
Pronto el ejército ortco comenzó a abanzar hacia ellos, se veían en sus filas toda clase de soldados, desde pequeños orcos hasta enormes trols envueltos en una robusta armadura, algunos sitieron miedo ante la enorme abalancha de enemigos que se avecinaba, pero Elessar hablo una vez más ante el choque.
- Una vez más me encuentro al frente de la batalla luchando no por mi, ni por mi corona, ni tan solo por las piedras que componen esta grandiosa ciudad, si no por sus gentes, que son nuestras familias y nuestros amigos, aquellos que nos hacen sentir bien por combatir aquí y ahora, merece la pena morir por la sonrisa de cada niño que habita en la ciudad y por las oportunidades que les rendimos a todos ellos en el futuro si no les dejamos morir ahora, merece la pena morir por hacer de este un mundo mejor sin la maldad que ahora amenaza.- Terminó de hablar mientras el ejercito seguía abanzando.
Cuando el ejército estubo al alcance de las catapultas el rey dio una señal y un soldado levantó una vandera verde, entonces las catapultad de Minas Tirith comenzaron a lanzar una oleada de enormes rocar contra el enemigo, pero este respondió con otra lluvia de rocas que bajó más la moral que causar estragos.- Resistir hombre de Gondor, lo mejor está por llegar.- Gritó Esdaleon a la multitud.
Cuando el ejercito enemigo estubo más cerca Elessar dio otra señal y otro soldado levantó una bandera azul y na nube de flechas salió tras las murallas, se enfretó a otra nube procedente del ejército orco y cayeron sobre este a la vez que los soldados que protegían Minas Tirith elevaron sus escudos sobre sus cabezas bajo un cielo ewn el que el solo se ocultaba tras una capa constante de flechas, dardos y piedras.
Depronto Elessar dio otra señal y y ambas banderas bajaron haciendo que la nube de proyectiles procedentes de las morallas cesaran, Esdaleon sonrió, ahora llegaba la carga. Elesar gritó- ¡CABALLERIA!.- los capitanes repitieron la orden y pronto los caballos comenzaron a trotar, cada vez más rápido y más rápido hasta que el galope fue tan raudo que no se distinguía las hierbas del suelo, tras la caballería echó a correr tras ellos, Esdaleon desenfundó su espada y colgó su escudo tras la espalda por si caía del caballo ya que por su experiencia sabía que era mejor contar con un escudo antes que un arma secundaria cunado se trataba de la batalla. Setía como la adrelanina bailaba por todo su cuerpo como su fuera a salir a chorros por cualquier parte de sus brazos, el ejercito se acercaba y se acercaba y de pronyo no había marcha atrás, montones de orcos caía bajo los cascos de los caballos gondorianos y rohirrim y de la caballería pesada de Dol Amrod mientras Esdaleon escuchaba como una extraña y trsite canción salida de una voz femenina zumbaba en sus oidos, reconoció esa voz, era la de Lirenim, que cantaba mientras su espada bajaba y subía con una tremenda energía, de pronto se sintió como si nada en el mundo poudiera detenerle.
No muy lejos de allí Elessar hacía huir a los orcos y crear el caos entre ellos al ver con terror la espada de reyes, y más allá Faramir y Gwirdyon luchaban fieramente manteniendo a raya a los orcos, pero pronto una gruesa fila de Trols llegó al frente, entonces la batalla comenzó a hacerse más dura para el bando de la luz.
Esdaleon se vió frente a un enorme Trol que lo derribó de su caballo, pero hacía falta mucho más para tumbarle, asique volvió a levantarse, cogió su escudo con el brazo izquierdo y cargó contra el trol, empezó atacandó contra sus tobillos aprovechando la lentitud de éste mientra el atacaba a otros soldados de su regimiento, le cortó varias articulaciones haciéndole caer, lo que vaqrios lanceros aprovecharon para atravesar su garganta cos sus lanzas.- ¿Lo veis?.- Gritó Esdaleon.- No permitais que el miedo os venzca, son ellos los que han de temernos.- Y dicho esto siguió lanzando espadazos a diestro y siniestro mientras paraba lluvias de golpes con su escudo, entonces recordó a la vez que la canción de Lirenim vailaba en sus oidos la frase que invocó en su lucha contra el dragón y recitó para sus adentros.- sea mi al ma mi espada.- Recitó mientras clavava su espada en el costado de un trol.- Sea mi amor mi armadura.- Y su escudo paró el golpe de otro.- Y sea mi ira el viento que me empuja a la batalla.- Terminó gritando mientras cargaba contra otro.
El batallón de Faramir luchaba con eficacia contra la fila de trols, había que eliminrlos cuanto antes, Gwirdyon lichaba fieramente con su espada creando admiración entre los soldados que la rodeaban y terror en los ojos de sus enemigos, entonces Faramir se dio cuenta de un serio problema, los trols secundados por cientos de orcos había abierto una brecha en el ejercito y habían llegado a las puertas de Minas Tirith, Elessar ya se encontraba en primera fila combatiendo por cerrar esa bracha al igual que Baldor desde el otro lado. Esdaleon también se percató a corrió con sus soldados a cerrarla cuanto antes, Minas TRirith estaba bien protejida desde dentro, eso les daba una gran oportunidad a Enumanus y los demas de mostrar lo que valen, pero no podían permitir que sus batallones quedaran separados, pues eso les hacía bulnerables.
Esdaleon veía omo muchos soldados caían ante la furia de los orcos, algunos de esos hombres bajo su mando, pero ahora no podía pararse a lamentarse, si no luchar más y más para evitar las bajas amigas y propiciar las enemigas, notaba como la sangre empapaba su espada y como el sudor caía por su frente mientras la rabia hacia presa de él y le hacía combatir sin temor ni cansancio, pero la batalla acababa de comenzar.

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Sea mi alma mi espada mi amor mi armadura y mi ira el viento que me empuja a la batalla


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NotaPublicado: Mar Sep 04, 2007 10:14 am 
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En el otro flanco Faramir y Gwirdyon hacían lo que podían para reducir a los orcos que se encontraban a su paso. Faramir miraba a la semielfa orgulloso, pues él se había encargado de su formación y veía que sus esfuerzos habían servido para algo. La semielfa descargaba su espada sobre los brazos u otras articulaciones de los orcos, sembrando el campo de sangre y carne despedazada.
- Creía recordar que tenías un hombro herido... - le dijo Faramir en una de las ocasiones en que se cruzaron - Pero ya veo que no es así.
- Las cosas han cambiado mucho, y he recuperado las fuerzas y la ilusión para luchar -Contestó Gwirdyon mientras le segaba la cabeza a otro orco de un solo golpe.

De repente la semielfa notó un agudo dolor en el antebrazo derecho y comenzó a sangrar. Un orco le había clavado su espada y gracias a un mandoble de Faramir, otro no le cortó la cabeza.Gwirdyon se echó mano a la herida para que dejara de sangrar, pero no podía pararlo. De repente una gota de agua cayó sobre su cara. Y comenzó a llover. El agua le vino bien para refrescarse y aprovechó para rasgar la manga y dejar la herida al aire y que se limpiara. Entonces escuchó un sonido que le era familiar, se trataba de Aulë, la lechuza amiga de Isilya. El fragor de la batalla se confundía con un repentino ruido sordo que provenía del sur. Unos segundos más tarde se podían percibir con claridad el batir de cientos de alas. Faramir y Gwirdyon miraron hacia arriba y vieron a Meord sobre un águila a quien la semielfa reconoció en seguida. Se trataba de Nessornë, tras ella un centenar de grandes águilas de la Montañas Blancas se unían a la batalla.


Aulë voló hasta el hombro de Isilya y ésta le dio la bienvenida con una sonrisa.
- ¿qué haces aquí, pequeña amiga? - Preguntó la elfa.
- ¡Mirad allí! -Gritó Tuilere - Son grandes águilas. Como las que me salvaron de los tumularios el día que te encontramos, Isilya.
Walo y Enumanus miraron hacia las águilas y se quedaron estupefactos al ver el espectáculo. Enormes aves con garras afiladas escogían cuidadosamente a sus presas y los estampaban contra las rocas. Su vista les ayudaba a esquivar con maestría las flechas que se desperdiciaban contra ellas.

- ¿Necesitáis ayuda? - Preguntó un joven y apuesto elfo que se acercó a Tuilere. - Mi arco y mis flechas están a vuestra disposición.
- ¡¡Lassemalinë!! - Gritó Tuilere abrazándose a él.- ¿Cómo sabías que estábamos aquí?
- No fue difícil, a vuestro paso solo queda la destrucción, sólo había que seguirla.
Los cuatro compañeros se quedaron serios ante la respuesta. Quizá Arda estaba más segura sin ellos que con su ayuda.
- ¡Era una broma! - Les dijo Lasse al ver la cara que se les había quedado. - Tras mucho meditar, llegué a la conclusión de que mi vida no tenía sentido si no la empleaba en hacer algo útil, y si luchar se me da bien, pues éste es mi sitio.
- Una broma, dice - Dijo Walo por lo bajo - qué gracioso.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


Última edición por Gwirdyon el Mar Sep 04, 2007 3:26 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Sep 04, 2007 11:03 am 
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-Me alegro de que hayas vuelto- le dijo Tuliere a Lassemalinë- pero ahora no hay tiempo para celebrar nada, la batalla aún no ha terminado.
El elfo asintió, y ambos volvieron juntos al combate.
Enumanus, Walo e Isilya, que habían salido de la ciudad a recibir a las águilas y a Lassemalinë, decidieron que lo mejor era volver a los muros, y defender la ciudad desde allí.

Con la llegada de las Águilas, sumaban cuatro los ejércitos que luchaban contra las tropas de orcos y trolls.
Sin embargo, cuando todo parecía estar bajo control, unos tambores resonaron a lo lejos.
Una gran hueste de Variags venida de Khând y hombres del Lejano Harad irrumpió entre los muros del Rammas Echor, destrozando todo lo que encontraron a su paso.
Rápidamente, Baldor reagrupó a sus éored e Imdralis hizo lo propio con sus hombres. Tuliere y Lassemalinë también los acompañaban.
La llegada del Mago Meord había alegrado profundamente al joven príncipe de Dol Amroth, que ahora se sentía más fuerte y enérgico que nunca. La lluvia cesó de pronto e Imdralis miró al cielo en busca de su amigo, quien le saludó desde lo alto.

Sonaron los cuernos y la marea verde y azul se abalanzó sobre las nuevas tropas enemigas. Mientras tanto, Esdaleon, Gwirdyon, Faramir y el Rey junto con los soldados de Gondor, mantenían a raya a los orcos y trolls que intentaban alcanzar la puerta.
Las Águilas por su parte, capitaneadas por Nessornë y Meord atemorizaban a los orcos rompiendo sus filas y lanzándolos por los aires.

En los muros de la ciudad, cientos de arqueros lanzaban una constante lluvia de flechas. Entre ellos estaban Enumanus e Isilya, que habían vuelto a sus posiciones. Ninguno de los dos había malgastado ni una sola flecha; todas daban en el blanco con una endiablada puntería. Walo, a unos metros detrás de ellos, se hacía cargo junto a otro soldado, de una de las catapultas. Apuntaban sobre todo a las torres de asedio, que era lo más complicado de derribar por los soldados en el campo de batalla.
Pero ahora, con la llegada de los Variags, las tropas orcas se veían reforzabas y se hacía cada vez más complicado evitar que el enemigo alcanzase los muros.

- ¡Mira Enumanus!- exclamó Isilya horrorizada señalando a su derecha- ¡van a entrar en a ciudad!

Al menos tres torres de asedio habían logrado alcanzar los muros por el lado derecho de las grandes puertas.
Los dos echaron a correr y Walo salió tras ellos. Cuando llegaron al lugar, varías decenas de arqueros intentaban acabar con los orcos que habían conseguido pisar tierra. Otros tantos yacían sin vida en el suelo. La elfa y el humano comenzaron a disparar, pero cada vez eran más los orcos que escalaban por las torres y alcanzaban la ciudad.

- Isilya ahora vengo- dijo Enumanus al cabo de un rato – me llevo a Walo.
- ¿¡Qué!? ¿Pero a dónde vais?- exclamó la elfa mientras atravesaba a un orco corpulento con una flecha.
- Aguarda unos minutos y ten cuidado- respondió el humano a voces mientras se perdía con el viejo entre la multitud.

Isilya resopló y comenzó a recoger flechas del suelo, aprovechando unos instantes de calma.
Minutos más tarde volvió a aparecer Enumanus, junto con varios arqueros portando varias antorchas encendidas.
- ¿Vamos a incendiar las torres de asedio con pequeñas antorchas?- preguntó Isilya incrédula.
Enumanus apuntó y lanzó la suya contra una de las torres.
- Ahora verás- dijo sonriente- ¡Walo tu turno!
El viejo, que se había acercado sigilosamente a los muros, sacó rápidamente una botella llena de ron y la lanzó al interior de la torre.
Inmediatamente una explosión de fuego la hizo añicos y varios orcos achicharrados salieron despedidos por los aires.
Isilya reía entusiasmada ante aquella ingeniosa idea y decidió ir a cubrir a Walo, que se había acercado peligrosamente a la segunda torre.
- ¡Incendiadlas todas!- exclamó Enumanus.
Los arqueros que portaban antorchas se precipitaron junto al humano y comenzaron a lanzarlas contra las torres de asedio más cercanas, para que, segundos después, Walo rematara la faena con sus interminables botellas de licor.
- Mis pobres botellas…- era lo único que alcanzaba a decir cada vez que lanzaba una.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Mar Sep 04, 2007 8:55 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
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Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Tuilere y Lassemalinë luchaban mientras tanto, hombro con hombro chocando sus espadas contras las armas enemigas. Lassemalinë, más arquero que espadachín, no se encontraba acostumbrado a tener que vigilar su espalda, y pronto se encontró rodeado de orcos. En cambio Tuilere, acostumbrada a atacar por la espalda, peleas callejeras y escaramuzas muy violentas, se movía desordenada y caóticamente entre los orcos atravesándolos con su espada y con un puñal de unos veinte centímetros. De pronto oyó a Lasemalinë chillar tras ella. Se dio media vuelta justo a tiempo de verlo caer de rodillas, decapitado por la espalda.

Los ojos se le llenaron de lagrimas.

- Lassë...- susurró quedándose completamente paralizada. en ese instante el frío filo de una espada la atravesó de lado a lado rompiéndole el corazón. Tuilere cayó muerta, con la armadura encharcada en sangre, rodeada por la treintena de cadáveres orcos con los que había acabado. La cabeza de lassemalinë rodó hasta quedar junto al cadáver de su antigua amada.

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NotaPublicado: Mar Sep 04, 2007 11:23 pm 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
Aurë voló sobre la batalla, hasta llegar a la muralla, intentó varias veces posarse sobre el hombro de Isilya que junto a Enumanus y Walo, acababan de incendiar la tres torres que intentaban acceder a las murallas.
- Venga Isilya, volvamos sobre la puerta - dijo Enumanus corriendo entre los demás soldados mientras Walo lo seguía dando trompicones de un lado para otro.
-¡Ya voy! - le gritó a la vez que se acercaba con la mano su lechuza a la oreja para poderla oír mejor.
La cara de la elfa cambió de repente y se detuvo de golpe, intentó decir algo pero solo pudo tragar saliva, dos lagrimas recorrieron sus mejillas antes de que el anciano, se volviera para verla a lo lejos de pie y abatida.
- ¡Enumanus, para! - gritó.
Un par de metros más adelante el arquero del parche en el ojo, gruñó como si le interrumpieran y se dio la vuelta.
La elfa al verlos a los dos que la observaban, reaccionó y dejando a un lado la tristeza, corrió hacia ellos hasta pasar de largo.
- Venga, nuestros amigos nos necesitan - se le oyó decir.
Enumanus y Walo, salieron tras ella.
- Algo le pasa Enumanus, hace unos segundos me pareció verla llorar - decía el anciano mientras corría su lado.
La elfa al llegar a la muralla sobre la puerta buscó ansiosa a Gwirdyon y Esdaleon. Al verlos junto a Baldor luchando sin contemplaciones, dejando un rastro de enemigos muertos a su paso, se sintió aliviada.
- No, no deben saberlo hasta el final, cuando la victoria sea nuestra será la hora de llorar por los amigos caídos - se dijo a sí misma.
Cuando la alcanzaron, Isilya disparaba sin cesar como en si estuviera en trance, sumida en sus pensamientos.
No tardaron en unirse a ella, Enumanus disparando su arco y Walo recogiendo todas las flechas que podían volverse a utilizar.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mié Sep 05, 2007 12:58 am 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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La batalla estaba en pleno apogeo cuando Baldor mirando hacia Elessar vio que este le hacia una seña ya apalabrada. En ese momento hizo que los cuernos tocaran a retirada. Los jinetes dieron media vuelta y parecía que huían del combate. Los orcos y demás contrarios lo celebraron con gritos y parte de ellos engolosinados ante la posibilidad de un botín cuantioso se lanzó a la persecución de los jinetes en desbandada.
Esto alivió la presión del centro del ejército de Gondor.
Cuando parecía que los perseguidores iban a hacer una masacre en los eoreds, sonaron los cuernos de nuevo y a una orden los jinetes se volvieron y pillaron a los perseguidores descuadrados y sin formar, y en un furioso contraataque los jinetes pasaron por encima de los confiados asaltantes masacrando de golpe a un tercio del total de los confederados. Los que seguían atacando a las fuerzas de Gondor y Dol Amroth de pronto se vieron pillados por sorpresa y por el flanco por la carga furiosa de los Rohirrim...
Esta no había sido realizada sin costo... muchos valientes yacían en el campo y Baldor también había recibido tres heridas, una en una pierna, y dos más en el cuerpo todas ellas de flecha, la más profunda la de la pierna, las otras dos entraron poco y eran más molestas que otra cosa, pero no por ello dejó de comandar aquella carga que luego sería famosa, ya que cuando terminó al otro lado del campo de batalla esta había cambiado de cariz.
Sonaron los cuernos de nuevo, los eoreds se formaron de nuevo y desde la banda de Gondor y su aliado se les respondió.
Rompiendo las astas de las flechas para que no molestaran, Baldor, mirando a un jinete que tenía a su lado, levantó la espada y lanzando el famoso grito de batalla
-EORLINGAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSS
Comenzó otra galopada furiosa.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Última edición por Baldor el Vie Sep 07, 2007 1:38 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mié Sep 05, 2007 12:39 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
El ritmo de la batalla era frenético. A Gwirdyon apenas le daba tiempo de reaccionar a un golpe cuando ya estaba devolviendo otro. Su hombro herido comenzaba a molestarle de verdad y se temía que si su brazo fallaba, perdería algo más que una extremidad. Miró de reojo a Esdaleon que estaba a su lado luchando contra orcos que venían de uno y otro lado. Esdaleon reconoció esa mirada, la había visto antes, cuando Tserleg murió y la semielfa se hundió presa del pánico por no saber lo que pasaría entonces. Esdaleon le sonrió y le guiñó un ojo a la par que descabezaba a un orco y con su espada de doble filo le arrancaba el corazón a otro.
Entonces escucharon un cuerno que sonó cerca de allí y vieron cómo los soldados de Rohan comenzaban la retirada. A Gwirdyon se le erizaron los pelos, y un escalofrío recorrió su espalda. Si Rohan se retiraba y les daba la espalda, nunca podrían ganar aquella batalla. Necesitaban toda la ayuda posible. Esdaleon la miró preocupado y con un hábil movimiento de brazo le segó el cuello a un orco que intentaba atacarle. De repente escucharon un gran alboroto y griterío que provenía de las filas enemigas. Parecía que estaban celebrando la victoria. La semielfa miró a su alrededor y vio a Enumanus e Isilya a una distancia prudencial disparando flechas. No vio a Tuilere que solía ir cerca de ellos. Seguramente estaría luchando en otro nivel, pensó Gwirdyon. Aquellos minutos se hicieron eternos para los dos semielfos, pues seguían luchando sin descanso, pero los vítores de las filas orcas comenzaban a minar sus cansados ánimos.

De repente, volvió a sonar otro cuerno, y al momento se escucharon cientos de caballo al galope que volvían a la batalla y atacaban con más fuerza a los orcos enemigos. El corazón de Gwirdyon vio un vuelvo. Los amigos de Gondor no abandonaban a su pueblo. La carga de los Rohirrim fue implacable y sembraron la muerte y la destrucción a su paso, no sin pagar un alto precio por ello. Gwirdyon miró a Esdaleon con lágrimas en los ojos y éste le respondió matando a un orco que atacaba a la semielfa por la espalda. Los dos sonrieron y volvieron a la carga.

A lo lejos se oyó una voz amiga que gritaba con todas sus fuerzas:
- EORLINGAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSS

Y comenzó el principio del fin.

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NotaPublicado: Mié Sep 05, 2007 2:34 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Con toda la caballería lanzada al galope y ante el desconcierto de la tropa confederada viendo aquella marea que se les venía encima, por un momento la retaguardia y parte del grueso del ejército atacante no supo hacia dónde dirigir sus fuerzas y eso dio pie a los jefes Rohirrim de ver la zona débil del enemigo y con una señal, cual si de la separación de las aguas del Rhur se tratara, la carga se dividió en dos y realizando un movimiento de tenaza cercó a un buen puñado de histéricos, asustados y desventurados soldados que veían como de tener la victoria casi en la mano pasaban a ser masacrados sin remisión, no había piedad, en una carga es imposible hacer prisioneros. Cuando volvieron a formar los eoreds al final del campo, las filas confederadas habían clareado.
Las águilas se encargaron de limpiar el campo de Trolls.
Durante un momento Elessar contempló a sus tropas que de creerse abandonadas por sus más fiables aliados veían ahora que la victoria estaba a punto de sonreírles pues en la posición en que se encontraban acababan de pillar al enemigo entre dos fuegos y sabían lo que vendría ahora... ellos eran el yunque, las fuerzas Rohirrim eran el martillo y por lo que veían descargaría con toda la fuerza de un huracán,

Baldor empezaba a ver con un poco de niebla, estaba casi al límite pero en su interior recordaba la última vez que galopó por aquellos campos en son de guerra, hacia veintitantos años... y no quiso que le recogieran del suelo sino era muerto, pero se llevaría una buena escolta al infierno o donde Eru dispusiera su próxima existencia.

Hizo desplegar todos los estandartes, y con una calma glacial ordenó el paso... el trote... el galope... LA CARGA...

-MUERTE Y GLORIA.

La Suerte estaba echada

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Última edición por Baldor el Vie Sep 07, 2007 1:31 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mié Sep 05, 2007 4:53 pm 
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Ubicación: Aquí y allá
La poderosa carga de los Rohirrim abatía a los enemigos bajo los cascos de los caballos o los ensartaba en sus lanzas, de una sola carga causaron grandes estragos en el enemigo, situación que las tropas de Gondor aprovecharon para cerrar la brecha que los trolls abrieron a golpe de espada y lanza, quedaban algunas tropas del enemigo junto a las muralla ahora pero estaban solos frente al constante acoso de las flechas de las murallas, no durarían mucho, el enemigo cayó en su propia trampa, intentando dividirles quedaron divididos.
Esdaleon comenzó a notar por primera vez los efectos de la piedra que una vez Imdralis engarzó a la empuñadura de su espada, pues esta le daba una sensación cálida y fresca a la vez que le ayudaba a mantenerse en pie frente al agotamiento y a enmudecer el dolor de las heridas, su regimiento quedó bastante diezmado de combatir en primera línea, pero él se mantenía en pie dando ánimos y derribando orcos allá donde se le cruzaban, empezaba a notar el miedo en las caras de sus enemigos y el entusiasmo en las caras de los amigos, y eso solo podía significar una cosa, estaban ganado, esa idea dio más fuerzas a su espada e hinchó su pecho más todavía de esa sensación que se siente en el combate mezcla de valor, entusiasmo e ira y dejó escapar una leve sonrisa a la vez que luchaba mientras la incesante canción de Lirenim sonaba cada vez más clara en sus oídos, que dejó el tono melancólico ahora por uno más bravo y, en cierto modo, alegre. Esdaleon había perdido la noción de gran cantidad de cosas, pero si era consciente de todos los enemigos que caían uno a uno atravesados por su espada que, bañada de sangre parecía una prolongación del brazo de Esdaleon, y juntos se movían de forma letal e impulsiva contra todo enemigo que osaba acercarse, de pronto se acordó de sus amigos, Walo, Gwirdyon, Enumanus, Isilya y Tuilere, y una extraña preocupación ensombreció su ánimo y alimentó su ira.

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NotaPublicado: Mié Sep 05, 2007 5:26 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Mientras la caballería rohir hacia de las suyas la de Dol Amroth comandada por Imdralis no se quedaba atrás, aunque siendo caballería pesada sus cargas eran más cortas pero no menos eficaces.
En una de ellas mientras las tres torres de asedio caían presas de las llamas y cuando daba la orden de reagruparse, se quedó helado de la sorpresa, en medio de un treintena de orcos muertos, el cuerpo sin vida de Tuilere destacaba como con luz propia, cerca otro cuerpo sin cabeza, esta se encontraba justo al lado de la alegre elfa. Con lágrimas en los ojos ordenó a un par de sus hombres que recogieran los cadáveres y los llevaran a sitio seguro para después realizar los ritos funerarios.
Poco a poco la rabia se fue apoderando de su espíritu y reagrupando a sus tropas cargó contra el grupo que se afanaba alrededor de las murallas y de una pasada sembró en campo de muertos y los espíritus de sus enemigos de terror.
En ese momento un trueno le hizo mirar mas allá de los atacantes y la marea verde que avanzaba a pleno galope inflamó su ardor guerrero una vez mas y viendo que tenia espacio formó su caballería y...
-VENGANZA Y MUERTE...
Dos mareas, una verde y otra azul iban a terminar de una vez por todas con el miedo, el terror y el bandidaje... o eso al menos pretendían

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Última edición por Baldor el Vie Sep 07, 2007 1:22 pm, editado 1 vez en total

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