Identificarse | Registrarse


Todos los horarios son UTC + 1 hora


Fecha actual Mié Ago 12, 2020 7:35 am





Nuevo tema Este tema está cerrado, no puede editar mensajes o enviar nuevas respuestas  [ 79 mensajes ]  Ir a página 1, 2  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Parma Laurefinweva
NotaPublicado: Mié Jul 04, 2007 12:36 am 
Maestro Narrador
Maestro Narrador
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Nov 24, 2006 5:27 pm
Mensajes: 242
Ubicación: Ora aquí, ora allá, ora acullá...
La noche estaba muriendo ya, en companía deel alcohol Laurefinwë y sus amigos estaban sentados cantando y comiendo en el Salón Común.
La tranquilidad de la puerta de la Posada fue rota por un encapuchado que entró sin golpear, se acercó a Manteecona y le entregó un libro:

- ¿Para mí?-dijo Mantecona sorprendido
- I parma ná Laurefinwen
- ¡Ah! En seguida se lo doy.

El encapuchado se dio vuelta y se fue con paso rápido.

Cebadilla en el Salón y le entregó el libro al Elfo:

- Un encapuchado lo trajo para usted.

Todos se inclinaron sobre Laurefinwë y el liibro con curiosidad:

- ¿Qué es?- preguntó Llumdelest
- Un libro- Laurefiiinwë lo abrió-, viejísimo y... en Vanyarin...

_________________
En todo hay una fisura,
por allí siempre entra la Luz.

Leonard Cohen


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Jul 08, 2007 1:19 am 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
- Uhm... Ya se que es un libro - contestó Llumdelest algo molesta -. Pero que esté escrito en vanyarin... eso sí es extraño.
- No creas... - dijo Laurefinwë, quien ya había empezado a ojear el libro.
- ¡Bah! Un libro siempre es extraño - dijo alguien entre la multitud.
- Y más uno tan viejo - contestó otro.
- ¿Y no visteis quien lo ha traído? Todo encapuchado...
- Yo lo vi de refilón... Parecía tener prisa...
- Seguro que era un elfo... Con lo raros que son...
Con estas palabras, los parroquianos que habían presenciado la escena se echaron a reir. Continuaron charlando y bromeando alegremente entre pintas de cerveza, mientras Llumdelest pensaba qué hacía un libro en tan pésimas condiciones y, encima, en un idioma que apenas se había hablado en esa parte del mundo, al menos, desde hacía milenios. A no ser que Laurefinwë hubiese equivocado las palabras ahí escritas, cosa que la humana dudaba. Por cierto que el elfo estaba tan ensimismado en la lectura que ni siquiera se había percatado del cruel chiste que había contado alguien en el salón sobre los elfos. La mujer se extrañó aún más por el comportamiento de Laurefinwë, pues en condiciones normales habría saltado furibundo contra aquel graciosillo.
Acercó una silla al elfo y se sentó a horcajadas en ella apoyando los brazos cruzados sobre el respaldo.

- Bueno... es posible que se hubiese quedado en esta parte del mundo, con las venidas de los Noldor durante la Primera Edad... O quizá fuese un regalo a los Númenóreanos y que luego, tras el hundimiento, ellos trajeran a la Tierra Media...
Llumdelest esperó que el elfo le contestara, pero éste sólo la había mirado de reojo unos instantes y siguió leyendo, o haciendo que leía. Cada vez que pasaba la página, la mujer sentía un sobrecogimiento al sentir cómo las delicadas hojas se quejaban. Tenía ganas de quitarle de las manos aquel libro a Laurefinwë, ojearlo ella misma y, aunque no entendiese los caracteres que en él se dibujaron, al menos estaría a salvo de aquellas manos tan poco cuidadosas.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Jul 08, 2007 5:08 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Al entrar en la posada se vió inmerso en un ambiente de risas y bromas de las que unicamente entendió
- Seguro que era un elfo... Con lo raros que son...
Miro con cara de malas pulgas al graciosillo, pero, entre que aun iba encapuchado y que estaba cansado y se fue directo a ver al posadero el graciosete se libró de un tiron de orejas minimo...
Se quitó la capucha y debajo de la capa se apreciaba una armadura de combate usada por los jinetes de la marca, sin rangos ni distintivos, la capa tambien era de rohir pero de color neutro, podia ser de cualquier eored.
Mantecona, con su habitual sonrisa, y buen humor fue a dar la bienvenida al último de los parroquianos y al verle la cara se le transformó la suya al reconocer al individuo que estaba delante.
Este le hizo una seña indicandole que ni una palabra, que lo tratara como alguien normal.
Tras arreglar el acomodo del caballo y el suyo propio y asearse del polvo del camino el hombre, con una pinta en la mano recorrió con la vista la posada y sus ojos se cruzaron con los de una conocida, la cual sin dar a entender que lo habia reconocido dejó pasar un rato hablando con un elfo, al parecer de un libro.
Al rato la muchacha se levantó y fué a pedir mas bebida, se puso como al azar a su lado
-¿que demonios hace el cap...-
-Te equivocas- la cortó -solo soy un rohir sin nada que hacer.- y siguio bebiendo.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Jul 08, 2007 10:56 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Laurefinwë miró de soslayo a LLumdelest que conversaba en la barra con un recien llegado. Parecía dudar mientras sus manos sujetaban el libro, miró a su alrededor inquieto y lo cerró lentamente. Después sin querer llamar demasiado la atención se levantó para dirigirse hacia la puerta.
- Eh! Laurefinwë, ¿te vas a la cama a leer? - se oyó entre risas.
El elfo ni siquiera se volvió, bajó la cabeza y continuó atravesando la sala por entre las mesas.
Llumdelest que se había percatado del comentario buscó al elfo con la mirada hasta encontrarlo abriendo la puerta del Poney para salir.
- Discúlpame un momento - dijo la auriga a su acompañante.
Éste con una pinta en la mano y los labios perfilados de espuma blanca asintió con la cabeza. Acto seguido Llumdelest caminaba con prisas tras Laurefinwë que ya había abandonado el salón.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Lun Sep 10, 2007 6:45 pm, editado 2 veces en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Jul 08, 2007 11:11 pm 
Este Huésped puede elegir título
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
- Qué prisas le han entrado de repente. -Dijo el rohir en voz baja mientras le daba un repaso al fondo de su jarra de cerveza. Miró hacia una de las ventanas que estaban al lado de la puerta y vio cómo el cielo se oscurecía por momentos. Movió la cabeza de uno a otro lado en señal de desaprobación y se volvió de nuevo hacia la barra. - Mantecona, otra cerveza.

El orondo posadero no llegó a oír la petición del rohir y desatendió su comanda. Siguió con su trabajo de una a otra mesa y de uno a otro lado de la barra. El rohir comenzó a impacientarse y se levantó de su taburete de madera. Hizo ademán de pedir otra jarra, pero entonces bajó la mano.

- Bueno, ya he bebido bastante por hoy. -Dijo en voz baja.

_________________
"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 12:52 am 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Tras decidir que el nivel de alcohol en sangre estaba en su punto justo y mirando la llave que le daba acceso al habitáculo cómodo pero modesto, hizo lo que la costumbre le dictaba...

Ajustándose la capucha salió a la fresca noche con intención de ir a los establos. Antes de entrar en ellos vio luz en una ventana entreabierta y vio la figura del elfo que atraía la atención de su conocida, de momento no podía definir como amigo a nadie, bueno casi a nadie. Su único amigo en aquel momento le había olfateado y le reclamaba con un alegre relincho.
Entro en el establo y acercándose al compañero de aventuras, le acarició, le habló y tras pasar un rato comprobando que tanto la cama, la comida y el agua eran las adecuadas se despidió de el deseándole buenas noches.

Al salir y mirar la ventana vio que ya no había luz. En cambio notó como algo se movía rápido bajando la escalera que daba acceso a aquella ala del edificio. En aquel momento la Luna cuasi llena iluminó la pared tras salir de una nube, la figura se escabulló cual raposa pero no antes de que el jinete, entrenado desde la infancia a reconocer todo lo que pasaba a su alrededor comprendiera que llevaba una bolsa en una mano y una daga en la otra.

Ya iba a lanzarse imprudentemente a ver que había sucedido en aquel cubículo cuando....

-Hola extranjero, bonita noche ¿verdad?

-It..., elfa de los demonios, más bajo.

-Baldor, que haces lejos de la guardia de Medussel?

-Me temo que lo mismo que tu lejos de Lorien, tendrás que ser tú la que entre en la habitación es la de uno de tu raza, mientras yo aviso al posadero y demás. Todos saben que un elfo nunca ataca a otro, pero la mayoria no me conoce.-Dicho esto, el jinete se dirigió a la posada dejando sola a la elfa mas alegre, alocada y traviesa que había conocido en su vida

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 10:39 pm 
Amigo de las Palabras
Amigo de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Nov 28, 2004 11:10 pm
Mensajes: 144
Ubicación: La Posada del Poney Pisador
- ¿Qué entre en la habitación?

Baldor se había alejado a toda prisa sin darle muchas explicaciones de lo que pasaba, sólo que entrara en una habitación pero... ¿Cual de ellas? Pensando en ello estaba mientras entraba por la puerta principal a la posada y cruzaba por el pasillo hacia el piso superior, cuando alguien chocó contra ella.
- ¡Señorita Ithilien! Menos mal que es usted.
- ¿Qué pasa Nob?
- Un...una figura, no pude verlo bien – decía Nob respirando con dificultad -, golpeó al señor Mantecona y de poco no me da a mi también...
- ¿A Mantecona? – pregunto la elfa preocupada – Y a tí. ¿Estás bien?
- Sí, sí, no se preocupe: soy un hobbit incansable.
- Bueno - sonrió Ithilien – Pero deberías descansar. ¿A dónde ibas con tanto descontrol?
- Esa figura salió de la habitación del señor Laurefinwë, yo tengo que avisar a los demás y...
- No te preocupes, Nob; yo iré arriba, a ver si Laurefinwë está bien – dijo la elfa que salió corriendo hacia la habitación.

Ahora lo entendía todo, eso es lo que Baldor quería decirle. Ithilien subió las escaleras de dos en dos hasta que llegó a la habitación del elfo. Allí se sorprendió, pues encontró a Laurefinwë en el suelo sin sentido. El impulso de la elfa fue mirar si aún estaba vivo, por suerte respiraba.
- ¡Laurefinwë! ¡Contesta! – le chilló Ithilien, mientras el elfo recuperaba la conciencia - ¿Qué te ha pasado?
- ¡Por Eru, mi cabeza! Me golpearon por la espalda, yo... no lo vi venir Ithilien. A todo esto...¿Y el libro? - se asustó el elfo, levantándose de improviso.
- ¿Libro? A ver, ¿puedes explicarme que pasa aquí?
- Hace un rato, un encapuchado le dio a Mantecona un paquete a mi nombre, un... un libro... No se quien me lo ha mandado...Y ahora de repente me atacan y... me lo roban. – terminó de decir Laurefinwe al comprobar que el libro no estaba por ningún lado.
- ¡Uf, que lio! Me voy un día de la posada y lo que me pierdo. Tu quédate aquí y descansa, yo iré a ver si encuentro mas información del encapuchado.

Ithilien bajó las escaleras y allí se cruzó de nuevo con Baldor.
- ¿Lo has encontrado, Baldor?
- Nada, se ha esfumado. Y haz el favor de no decir mi nombre en voz alta.
- Vale, lo siento. Voy a buscar a Llumdelest. El elfo fue atacado en su habitación, por suerte esta bien, un pequeño dolor de cabeza. ¿Podrías echarle un vistazo?
- Claro, no hay problema. Ten cuidado elfa alocada
- Descuida.- le dijo la elfa sonriendo.

Ithilien miró por toda la posada. No había rastro de la auriga, aunque Mantecona parecía estar bien, ocupado en explicar lo sucedido a los huéspedes. Ithilien no prestó atención al Salón, y decidió buscar a su amiga por las calles de Bree.
Todo estaba en silencio y sumido en la oscuridad, menos algunas sombras que daba el brillo de la luna. La elfa anduvo un buen trecho hasta que cansada de caminar en vano, se apoyo en un árbol.
- A saber donde estará Llumdelest. Ahora que la necesitaba... - dijo en voz alta.
- Muy imprudente de tu parte... – Ithilien sintió cómo le apoyaban el filo de una daga en el cuello.

_________________
"Para el mundo no eres nadie, pero tal vez para alguien eres el mundo."


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Jul 09, 2007 11:59 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Después de disculparse ante su amigo rohir, Llumdelest fue detrás de Laurefinwë. La mujer no intentó pasar desapercibida, mas el elfo estaba tan ensimismado en sus pensamientos que ni siquiera se percató de que lo estaban siguiendo. El corredor de la posada que conducía a las habitaciones superiores no tenía muchos escondrijos, salvo algunas columnas que sobresalían en las paredes y alguna puerta abierta.
Cuando Llumdelest llegó al final de las escaleras que conducían al piso donde el elfo tenía su habitación, vio cómo la puerta del habitáculo de Laurefinwë se cerraba. Ella se acercó, hasta estar tan cerca que podía escuchar los movimientos del elfo al otro lado. Sin embargo, cuando estaba a punto de llamar a la puerta, decidió que no valía la pena; aquel asunto no le incumbía en absoluto, y Laurefinwë no le había dado muestras de querer compartirlo con ella. Así pues, con la cabeza gacha, Llumdelest bajó las escaleras y se encaminó al Salón Común.
Pensaba charlar un rato con el eorlinga, pero parecía que él se había esfumado. Al final, aburrida por el panorama, decidió marcharse a su escondrijo, en el bosque de Chet.

Salió por la puerta que daba al patio de la posada, en dirección a los establos. Ahí encontró a Dicap, entre unos cuantos caballos más, que parecía aburrirse.
La mujer lo saludó, y ya estaba a punto de asegurar la silla cuando se percató que una figura estaba apoyada en el alféizar de una de las ventanas superiores del establo. Llumdelest terminó de poner la silla, disimulando mientras estaba atenta a los movimientos de aquel ser que, como una flecha, saltó por la ventana hacia la calle.
- Esto me huele mal... - susurró la mujer - Y no me refiero a los excrementos.
Dejó a Dicap, quien soltó un relincho de desaprovación, y salió por la arcada. Bordeó la posada hasta llegar a la calle contigua ocultándose entre las sombras, pero no vio nada. La aldea estaba silenciosa a esas horas de la noche.
Llumdelest fue inspeccionando las diferentes esquinas, encaminándose cada vez más al sur. Se situaba cuanto podía hacia el Este, pues intuía que en aquella dirección se había escabullido aquel ser. Ya prácticamente había llegado a la puerta Sur de la aldea, cuando le pareció oir algo. Una voz proveniente de alguna calle al Oeste de su posición.
Perdió el interés por lo que estaba haciendo y se dirigió hacia el centro de la aldea. Esta ve lo oyó claro:
- A saber donde estará Llumdelest. Ahora que la necesitaba...
"Ithilien..." pensó la mujer, mientras sonreía. Se acercó a un árbol, dentro de una plaza, donde podía ver la silueta de la elfa apoyada en el tronco.
Pero, a medida que se acercaba, oyó otra voz, pero esta vez en un susurro.
- Muy imprudente de tu parte...
Un objeto de metal brilló a la luz de la luna, sobre el cuello de la elfa. Llumdelest se dio prisa.

- Lo... siento, pero - Ithilien había cogido el brazo de su atacante, como para mostrar alguna resistencia y evitar que éste la degollara; a pesar del miedo, la elfa permaneció con la sangre fría - No tengo dinero.
- ¿Qué dinero? Vamos, ¿dónde está? - dijo él brúscamente, pues parecía un hombre; un viajero, y bastante despreocupado por su higiene personal.
- ¿El qué? - se sorprendió Ithilien, aunque podía imaginar lo que buscaba aquel tipo.
- No te hagas la listilla conmigo - susurró el hombre nerviosamente entre dientes -. ¿Dónde está?
- Le digo, señor, que no se de qué me habla... - Ithilien empezaba a sentir náuseas por el olor.
- Con que no, ¿eh? "La elfa lo cogerá... Sólo tienes que esperar a que se reúna contigo" dijeron...
- Hay muchas elfas, señor... creo que se ha...
- ¿Equivocado? No lo creo - el hombre apoyó aún más la daga en el cuello, de forma controlada para no degollar en el acto a la elfa, pero sí para hacerle suficiente daño -. No soy estúpido, y conozco tus trucos: piensas venderlo por tu cuenta, y quedarte tú con los beneficios...
- Uhm... buena idea - dijo alguien más -. Pero me pregunto si tú conoces mis trucos.
El hombre se sorprendió. Miró de reojo y, a tan sólo dos pasos, vio a un pequeño ser.
- Suéltala, o será peor - ordenó Llumdelest.
El hombre escupió a los pies de la mujer, sonrió maliciosamente y dijo:
- ¿"Trucos"? ¿Qué vas a hacer? ¿Un ramo de flores de la nada, maldito enano?
La mujer respiró resignada; ¿porqué siempre la confundían con un enano? Aprovechando la oscuridad de la sombre del árbol y de unos edificios, dio un paso adelante, aunque de una manera tal que el gesto pasó desapercibido para el hombre.
- Para empezar, no soy un enano - el extraño se dio cuenta de que la tenía más cerca, no sabía cómo - Y segundo...
Sucedió todo demasiado rápido. Llumdelest hizo ademán de golpear con el pomo de la espada con la mano izquierda la sien del hombre, pero éste, creyendo que la mujer no sabía lo que hacía y que tenía las de ganar, trató de clavarle la daga en el hombro derecho, dejando el cuello de Ithilien libre.
Sin embargo, Llumdelest atrasó el movimiento del brazo izquierdo, adelantó el derecho para bloquear la daga con la falcata y, cuando el hombre, con un doloroso alarido, dejó caer su arma por mano herida, se encontró, esta vez sí, con el pomo de la espada golpeándole los morros.
Ithilien logró zafarse del hombre, y no se estuvo quieta. Cuando Llumdelest se retiró un paso, rápidamente le dio una patada en la entrepierna al hombre, quien se agacho al sentir nuevamente dolor, y no previno la siguiente patada de Ithilien, golpeándole la nuca y dejándolo inconsciente.
- Y segundo... - terminó Llumdelest - quien avisa no es traidor.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Última edición por Llumdelest el Mié May 07, 2008 9:39 am, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mar Jul 10, 2007 8:45 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Una vez dejada a Ithilien con el encargo de ver a Laurefinwë, Baldor, con paso rápido pero no tanto como para llamar la atención se dirigió a lo que entre risas se conocía como despacho de Mantecona. Una vez allí se asomó al interior pero no había nadie. Al fondo del pasillo un quejido sordo hizo que la mano se fuera como el rayo a la empuñadura de la espada, pero pensándolo mejor extrajo la daga charadrio de su funda y con un silencio absoluto se acercó al lugar de donde partieron los sonidos. Al llegar y dar un vistazo guardó el arma en su sitio y saliendo a la luz contempló como un hobitt, Nob, al que un pequeño reguero de sangre le recorría la frente intentaba despertar al Posadero.
-Nob, ¿qué demonios ha pasado?
-Por favor señor, sea bueno con Nob y ayúdeme a despertar a maese Cebadilla
-Si vale pero ¿qué ha pasado?
-estábamos comprobando que las puertas traseras estuvieran cerradas como es costumbre en toda buena posada que se precie cuando una sombra a golpeado a Maese Mantecona y después me ha intentado golpear a mi pero como soy ágil solo me ha rozado
- Nob ve al cuarto de Laurefinwë y dile a Ithilien lo que ha pasado, yo iré ahora mismo cuando termine de vendar el chichón a tu amo.
El hobitt partió raudo y Mantecona, gracias al vendaje y a una copa de licor ya se encontraba en disposición de atender sus obligaciones.
Una vez curado el posadero el Rohir tomó la dirección del aposento del elfo, oyendo ruido en el patio encontró a Ithilien. Tras intercambiar noticias y marchar la elfa a buscar a la auriga se dirigió a ver a Laurefinwë al que encontró solo y apesadumbrado.
-Hola maese elfo ¿puedo pasar?
Laurefinwë miró sobresaltado a la puerta y al ver de quien se trataba se calmó un poco y le hizo un gesto para que entrara.
-Creo que ha perdido algo ¿no es cierto?
-¿y que puede importarle eso a un jinete de la marca?
-A un jinete nada, pero a un amigo si
El elfo puso cara de circunstancias y mirando fijamente a su visitante se llevó un dedo a los labios reclamando silencio fue a la puerta y mirando si alguien escuchaba la cerró.
Ambos se miraron unos instantes y luego de repente se abrazaron sonriendo.
-Me ha costado, Baldor, pero te he reconocido por la cicatriz. ¿Por qué te has afeitado y llevas esas ropas?
-Cosas. ¿Me explicas qué demonios pasa aquí?
-Me han robado un libro que me han dado un rato antes de que tu entraras, no tengo ni idea de quién me lo manda ni quien me lo ha quitado.
-Bueno, la elfa que ha estado antes está mirando fuera a ver si encuentra algo. Esperemos y mientras toma un trago que debe dolerte todo.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Jul 12, 2007 8:29 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
- No... no está muerto... - dijo Ithilien, sin mucha convicción - ¿Verdad?
Llumdelest se agachó cautelósamente y tomó la mano del hombre. El pulso era constante y calmado; además, respiraba con bastante normalidad, a pesar de la nariz rota y sangrante.
- Sigue vivo aunque - contestó la auriga, mientras buscaba con la mirada algún trapo -, si no se soluciona el corte de la otra mano, puede morir desangrado.
Giró boca arriba al individuo, pues se había quedado de bruces. Se arrancó un trozo de su especie de túnica (cosa que le dolió profundamente, pues no quería estropearla más de lo que estaba ya) y enrolló con ella la zona herida. Ithilien, haciendo de tripas corazón al agacharse, inmovilizó la mano temporalmente, asegurando unos palitos alrededor del vendaje, sujetándolos con una de las muñequeras de cuero de la auriga. Había faltado poco para que el golpe de falcata de Llumdelest hubiese separado la mano del brazo definitivamente.
Entre las dos registraron al hombre y les pareció que no tenía más heridas críticas, pero le quitaron otra daga y un cuchillo ocultos, y que guardó Llumdelest, junto con la primera daga. No obstante, a parte del aspecto descuidado, no podían decir mucho más sobre él.

- ¿Qué hacemos ahora? - preguntó Ithilien - Con él, quiero decir.
- Sinceramente, lo tiraría a una tina llena de jabón en el acto - dijo Llumdelest, lo que causó una suave risa a la elfa -. Me parece que podríamos atarlo y llevarlo ante las autoridades... Por cierto - la mujer recordó de pronto y se giró de cara a su amiga -, ¿estás bien?
- Creo que sí... - dijo Ithilien, pasándose una mano por la garganta; parecía no tener ningún rasguño - Aunque llevarlo a las autoridades no me parece lo más correcto...
- Ah, ¿no? - se sorprendió la humana - Te recuerdo que estaba a punto de matarte...
- Uhm... no exactamente... Creo que se confundió de persona.
- Razón de más, si está buscando a alguien para liquidarle, ¿no crees? - mas la expresión en la cara de Ithilien le mostraba que no estaba tan convencida.
- Buscaba... a una elfa que había robado un libro; y justamente a Laurefinwë...
- ¡¿Le han robado el libro a Laurefinwë?! - exclamó Llumdelest de pronto - ¿Cuando? ¿Cuanto hace de eso?
Ithilien se sorprendió por la reacción de la humana.
- Pues... hace como una media hora que salí del Poney para buscarte por si tú sabías algo al respecto...
- Entonces hay que llevarlo a la posada. Y cuanto antes mejor.
- ¿Pero cómo lo llevamos?
- Haciendo un gran sacrificio - suspiró Llumdelest, refiriéndose al olor.
Soltó el látigo de su cinturón, incorporó al individuo con la ayuda de Ithilien y pasó el cuero alrededor del cuerpo del hombre como si fuera una cuerda. La elfa se aseguró que la mano herida la tuviese en una posición elevada a fin de frenar la hemorragia.
Como no tenían más material, lo fueron arrastrando tirando de las sucias ropas que llevaba puestas hasta la posada.

- ¿Cómo sabías tú lo del libro? - preguntó Ithilien cuando ya llevaban unos minutos de camino.
- Alguien lo trajo mientras charlábamos en el Salón Común; nos quedamos todos bastante sorprendidos, y el elfo no menos que el resto: el libro, Ithilien, estaba escrito en vanyarin, según Laurefinwë.
- Eso no es posible - dijo Ithilien, deteniéndose de golpe, con lo que Llumdelest notó el peso de más y casi cae de morros.
- No te pares así, Ithilien, que casi me la doy, caray... - le regañó la humana; ambos volvieron a reanudar la marcha - Pero lo que te decía, según el elfo está en vanyarin y, por el aspecto de la cubierta, las hojas... El libro es muy viejo. Además, dudo que Laurefinwë haya olvidado por completo uno de sus idiomas maternos.
>> Intenté sacarle alguna información, pero vi a Baldor y me levanté a saludarle. Al poco, Laurefinwë se fue a su habitación sin decir nada a nadie. Le seguí, mas estaba tan pensativo que no me vio (o ignoró verme); se encerró en su habitación, e iba a entrar, pero me lo pensé mejor y volví al Salón. Total que Baldor tampoco estaba.
- Había ido a los establos...
- ¡Los establos! - exclamó Llumdelest deteniéndose esta vez ella, aunque esta vez les vino bien para tomar un descanso; estaban a unos metros de la posada - Se me había olvidado: cuando estaba arreglando a Dicap para marcharnos, vi a alguien saltar por una de las ventanas superiores del establo a la calle. Salí en seguida a perseguirle, pero cuando llegué a la calle, ya no lo vi. Estuve buscándole un rato, cuando te oí.
- ¡Baldor vio a alguien escabullirse por la puerta de la posada que da al patio! Quizá sea el mismo que le ha robado el libro a Laurefinwë y que atacó a Mantecona.
- ¿A Mantecona? Ay pobre... - se lamentó Llumdelest por la suerte del posadero; demasiadas cosas en tan poco tiempo - De todas maneras, cada vez me doy cuenta de que hicimos bien en capturar a éste tio. Por cierto, vayamos por la puerta del patio, o por la principal llamaremos demasiado la atención.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Última edición por Llumdelest el Dom Jul 29, 2007 6:50 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Jul 16, 2007 10:10 am 
Este Huésped puede elegir título
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Ithilien y Llumdelest cargaron unos metros más con el hombre, que cada vez presentaba un aspecto más desastrado. Cuando llegaron a la puerta que daba al patio, y por la que se accedía directamente al pasillo que llevaba a las escaleras del piso superior, comenzaron a caer una gotas gordas de lluvia.
- ¡Ay! Me ha dado en el ojo - Se quejó ithilien.
- Sólo es agua. No se te ocurra soltar a este tío para secarte el ojo. Aguanta un poquito. - Contestó Llumdelest.
- ¿Y cómo vamos a abrir la puerta si no lo soltamos? Recuerda que desde aquí se abre para afuera. Si estuviéramos dentro sólo tendríamos que empujarla...
- Está bien, vamos a apoyarlo en la pared y así aprovechamos para descansar y abrir la puerta. - Sugirió Llumdelest.

Las dos se aproximaron con el individuo hasta la pared más cercana. Llumdelest se agachó para depositar las piernas de éste en el suelo e ithilien hizo lo propio para apoyar su cabeza y espalda en la pared, pero con tan poco cuidado que el hombre se golpeó el cráneo contra la pared cuando la elfa lo soltó.
- Chica, ¡ten cuidado! - Dijo Llumdelest - Le necesitamos vivo para interrogarle.
- Fue sin querer. Además, se lo merecía. - Contestó Ithilien riéndose.- bueno ahora, abrimos la puerta y la mantenemos abierta poniendo un tope o algo debajo para que no se cierre mientras volvemos a buscar a... esto.
- Bien, busquemos el tope antes. Mejor, busca tú el tope y yo me quedo vigilando a este tipejo, no sea que se despierte y nos de alguna otra sorpresa.

Ithilien abrió la puerta, la cual chirrió, ya que no se usaba muy a menudo y no la habían engrasado en mucho tiempo. El interior del pasillo estaba oscuro. Tras caminar un metro escaso, a un lado la pared izquierda daba a uno de los tabiques de la habitación de Mantecona. A mano derecha, una bifurcación del pasillo se dirigía hacia el almacén. Y unos metros más adelante, otra bifurcación dividía el pasillo en dos, a la derecha las escaleras que llevaban a las habitaciones y a la izquierda el largo pasillo que llevaba hasta el salón común.

Nob solía tener siempre la posada muy limpia y ordenada, pues Mantecona odiaba el desorden, y le obligaba a barrerla y fregarla a diario. Ithilien miró por el suelo, aprovechando la escasa luz que entraba por la puerta, pues la tormenta que se avecinaba había escondido la luna casi llena tras unos nubarrones. No encontró nada que le pudiera servir como tope, así que caminó unos metros y se adentró hacia el almacén.

- Je, je. Aquí sí que hay cosas interesantes. - Dijo en voz baja para sí misma.

Se agachó y recogió del suelo un trozo de madera de la usada para hacer barriles que tenía forma de cuña. Salió deprisa de la estancia, pues había comenzado a llover y se acordó de que Llumdelest y el tipo que habían apresado seguían fuera. Apareció unos segundos después con actitud triunfante y le enseñó la cuña a Llumdelest.
- Me ha costado encontrar algo, pero ya está. - Dijo Ithilien contenta. Llumdelest la miró seria mientras aguantaba al hombre como podia, que con el frío de las gotas de lluvia sobre la cara comenzaba a despertarse. En cuanto la elfa calzó la puerta, volvió a cargar con el humano y entre las dos lo metieron dentro.

- Podemos llevarlo al almacén, -sugirió Ithilien.- Es un sitio alejado del salon comun y de las habitaciones. Si grita no le oirán.
- ¿Y por qué tendría que gritar? - Preguntó Llumdelest.
- ¿No vamos a interrogarle? - Contestó la elfa y le guiñó un ojo a su amiga. El aúriga sonrió picaronamente y soltó una carcajada.

_________________
"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


Última edición por Gwirdyon el Dom Jul 22, 2007 10:20 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Jul 16, 2007 8:36 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Ithilien y Llumdelest arrastraron al hombre al interior cálido y seco de la posada. Bajaron poco a poco por las escaleras del almacén, iluminado por una única lámpara. Dejaron al individuo en el suelo, contra la pared, al lado de unos barriles.
- ¿Y ahora qué? - preguntó Ithilien - Aún está inconsciente...
- Así podemos aprovechar para atarle mejor. Ayúdame - dijo la auriga cogiendo unas cuerdas y una tabla.
- ¿Para qué es la tabla? - volvió a preguntar la elfa, agarrando la mano herida del hombre, la derecha.
- Ahora verás - y Llumdelest puso la tabla sobre dos barriles, a modo de mesa, y aseguró la mano izquierda del hombre con un extremo de la cuerda, atándola bien a la madera, y fue enrollando el brazo con la soga hasta llegar a la otra mano.
Ithilien iba a terminar de sujetar el brazo derecho, cuando se percató del aspecto malsano que tenía la mano.
- Aún le sangra... Necesita un vendaje nuevo.
- Ve a buscar material para curarle entonces. De paso, avisa a Mantecona, a Laurefinwë, o a alguien - le indicó Llumdelest.
- Pero no puedo dejarte sóla con éste. Aún no está del todo sujeto.
- No temas, yo me encargaré. Pero no tardes mucho. ¡Ah! Trae agua y jabón si puedes - dijo la auriga riendo, mientras aseguraba la otra mano, aunque más cuidadosamente, al otro lado de la tabla.

Ithilien marchó riendo también, dejando a la humana con su agresor. Por su parte, Llumdelest ató con otra cuerda la tabla a un par de barriles que, aunque por separado no eran demasiado pesados, los dos juntos servirían para impedir que el desconocido se levantara. Ahora que estaba tan cerca de él, y a pesar de la poca luz que ofrecía la pequeña llamita de la lámpara, la mujer se sorprendió al comprobar que el hombre parecía no haber alcanzado siquiera los 30 años, aunque parecía haber tenido una vida muy sufrida.
Justo terminaba de apretar el nudo cuando el individuo empezó a mover lentamente la cabeza, entre débiles gruñidos.
- Buenos noches - dijo Llumdelest, de forma cantarina.
- ¿Qué...? ¿Dónde...? - al principio, el hombre pareció confundido, pero al poco se percató de que estaba maniatado y, furioso, empezó a forcejear - ¡Soltadme, malditos hijos de pu...!
- ¡Eh! Sin insultar... - dijo Llumdelest, colocándose enfrente suyo.
- ¿Quien eres tú? - el hombre la miró fíjamente, hasta que la reconoció en la penumbra de la estancia - ¡Eres tú! Pero no eres un enano...
- Gran observación.
- ¡¿Y qué importa?! ¡Suéltame! ¡Quítame esto, zorra! - volvió a gritar, tratando brusca e inutilmente zafarse de las cuerdas.
- Si sigues así, te harás daño.
- ¡Las cuerdas ya me aprietan, por muy quieto que esté!
- Ya bueno, pero digo que la mano se pondrá peor.
- ¿De qué mierda me estás hablando? ¡¿Qué mano?!
- Vaya con Ithilien... No sabía que las elfas golpearan tan fuerte...
- ¿Elfas? ¡Ah sí! ¿Dónde está?
- ¿Quién?
- Sí... ¡Vosotros teneis el libro!
- ¿Libro? Ya veo...
- ¡Sí! ¡¿Dónde está?! Lo tenía la elfa. ¿Dónde lo habeis dejado? ¡¿Eres tú la elfa?! ¡Tú lo...! - Llumdelest, harta de tanto grito sin sentido, no lo dejó terminar, metiéndole la punta de la vaina de la espada en la boca.
- Yo no soy elfa, ni enano. Pero dime, ¿te refieres al libro que le han entregado esta noche a un amigo mio, sin que éste subiera porqué, y que, más tarde, alguien le robó?

Al oír esto, el hombre se calmó un poco, con lo que Llumdelest retiró la vaina de entre sus dientes; al fin, aquel individuo pareció comprender que se había equivocado en verdad de elfa. Sin embargo, no dijo nada, y se quedó mirando con el entrecejo fruncido a la mujer.
- Te he dado una orden.
- ¿Una orden? ¡Ja! - el individuo escupió como lo había hecho antes, y sonrió maliciosamente - ¿Quien te crees para darme órdenes?
- ¿Alguien que te tiene a su merced? Me parece que no estás en condiciones para chulearte.
El hombre rió descaradamente. Llumdelest sonreía resignada. De improviso, apoyó un pie sobre el barril derecho. Detestaba lo que iba a hacer, pero pensó que, con los tipos duros, mano dura; o pie en ese caso.
- Antes preguntaste que de qué mano te hablaba, ¿recuerdas? Que no sabías a qué me refería. A ver si así... - dicho esto, apretó suavemente sobre la mano herida, hasta que el hombre empezó a gemir, y a gritar - ¿Recuerdas ahora?
- ¡Maldita furcia! ¡PARA!
- ¿Así por las buenas? - Llumdelest apretó un poco más, y paró de nuevo - Vamos, seguro que tienes una bonita historia que contar.
- Está bien... ¡Para ya! - la mujer retiró su pie derecho de la mano - ¿Qué quieres saber?
- De momento, tu nombre estaría bien.

El hombre la miró extrañado, e iba a decir algo cuando entraron Ithilien y Baldor, la primera con una caja de madera y una lámpara, y el segundo con un par de cubos de agua.
- ¡Mira Ithilien! Ya se ha despertado nuestro "bello durmiente" - dijo la humana sonriente, mas la elfa frunció el entrecejo; aún tenía muy vivo el recuerdo del cuchillo apretando su cuello.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Jul 19, 2007 12:50 pm 
Montaraz nómada
Montaraz nómada
Avatar de Usuario

Registrado: Lun Jul 16, 2007 3:30 pm
Mensajes: 10
Ubicación: En la posada mas agradable de toda la Tierra Media
el viejo Varan estaba mareado, mmm... cuando se mareaba no llovía y eso le fastidiaba un montón... "Y luego pretendo llamarme Meord (lluvia fina) gggg, soy tonto por haber bebido tantas pintas... sabiendo que me sientan mal" pensó el Istar. Normalmente nada lo mareaba pero ese día no se sentía muy animado y por ello se mareó con facilidad. No sabía muy bien donde iba y de repente abrió una puerta y los vio. Eran 2 mujeres, una elfa que reconoció con facilidad, un hombre bastante extraño, la cara y la corporación de ese hombre le traía recuerdos pero debido a su mareo no los interpretó muy bien, y entonces... vio a un hombre atado, sangrando en un brazo. De repente se sobresaltó y se le pasó el mareo como si de nada se tratase y esbozó una gran sonrisa.

- Disculpen señores creo que me equivoque de habitación, aun así les recomiendo ponerle...- el viejo Istar miro en su bolsa y sacó algunas hojas amarillentas muy extrañas- en la herida esto... después de que lo laven claro...- dijo el viejo tirándole la hoja al hombre y haciendo ademán de irse.

- Espera, espera, viejo...- dijo Llumdelest, la mujer humana.- ¿Cómo os llamais?

- Meord, lluvia fina, pero... creo que me voy ya- dijo el viejo intentando irse.

(el viejo siempre utiliza el nombre de Meord porque el otro revela su identidad como Istar y él prefiere mantenerse en la humildad de un viejo que no en el orgullo de un Mago)

- No... yo creo que no...- dijo Llumdelest

P.D: Bueno os hablaré de mi personaje: es un viejo humilde, conocido como el Istar de las leyendas (por la cantidad de leyendas y sucesos que se sabe) es simple, simpatico y a veces puede ser que se le vaya algo la olla hablando de sus historias, aunque... eso es solo lo que parece... Ah! nunca utiliza la violencia aunque su habilidad para dominar las esencias de Arda es muy potente, tambien resaltar que por todos o casitodos los lados que va, a no ser que este mareado, esta lloviendo unas veces a cantaros y otras con una lluvia tan fina que no parece lluvia de ahí lo de Meord, lluvia fina.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Sab Jul 21, 2007 11:32 pm 
Amigo de las Palabras
Amigo de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Nov 28, 2004 11:10 pm
Mensajes: 144
Ubicación: La Posada del Poney Pisador
Ithilien se acercó con cautela a limpiarle la herida al hombre mientras éste la miraba con recelo.
- ¡Oye estúpida! Ten más cuidado – le chilló el hombre con fuerza.
- ¡Eh tú, apestoso! No te pases con ellas o te tiro los cubos de agua.
- Tranquilo Baldor – dijo Llumdelest tranquilizando al rohir para, luego, encararse al extraño –. Te he preguntado tu nombre. ¿A que esperas?

El hombre fulminó con la mirada a Llumdelest y maldijo una y otra vez en voz baja, hasta que respiró hondo y se mantuvo callado unos minutos.
- Ya que estás tan interesada – dijo con resignación -, mi nombre es Taeron. ¿Contenta?
- En parte. ¿Qué sabes del libro?
- ¡Ja, ja! No pienso contestar ninguna pregunta más. Así que déjame en paz mujer de mier...

Sin pensárselo dos veces, Ithilien se situó con rapidez por detrás y le puso el filo de su daga en el cuello.
- Vaya, ahora estamos al revés, me da ganas de clavártela en el cuello, pero antes vas a responder las preguntas. ¿Vale guapo? No tenemos toda la noche – le susurró Ithilien al oído a Taeron.

Llumdelest no pudo disimular una risa y Baldor se quedó perplejo ante la reacción de la elfa, no se la imaginaba así.
- Mierda de elfa... – Taeron habló con sorna - Déjame adivinar: o digo lo que queréis o me matarás. ¿Verdad?
- Tú lo has dicho, estuviste a punto de hacerlo conmigo. ¿Para que tener piedad de ti? – Ithilien se dio la vuelta y se puso cara a cara con Taeron - Bien, explícanos porqué me atacaste y qué andas buscando por estas tierras.

Taeron se quedó mirando a la elfa, quien no parecía ir con bromas. Miró a Llumdelest y a Baldor. Desconocía las intenciones del hombre de los cubos, pero tenía bien presente el dolor que le produjo la mujer; a pesar de las amenazas, no creía que la elfa aquella fuera capaz de matarle, aunque tampoco estaba del todo convencido. Eso si, pero con los otros dos no estaba tan seguro, por lo que, resignado, desembuchó.
- Te confundí, te pareces mucho a la elfa que ando buscando. El grupo al que yo pertenezco, lleva tiempo buscando un libro de gran importancia – Taeron suspiró y continuó –. Lo malo es que me han traicionado.
- ¿Quién? – preguntó Baldor
- ¡La puñetera elfa, cojones! - gritó Taeron, mas luego tranquilizó el tono - Me dijeron “La elfa lo cogerá... Sólo tienes que esperar a que se reúna contigo". El lugar era en la posada.
- ¿Que nos puedes decir de la elfa? – le interrogó Llumdelest.
- No se casi nada de ella. Vino una vez a nuestro grupo, también quiere el libro. Nos dijo: “Tranquilos, será mandado a la posada, yo me encargare de todo” y mira cómo me encuentro – dijo escupiendo
- ¿Eso es todo? – preguntó Ithilien
- De mi boca no va a salir más información. Si quieres clava esa daga y hazme ya el favor de acabar.

El grupo se miró, estaban más perdidos que en un principio. Guardaron silencio, esperando encontrar alguna solución, hasta que el silencio fue roto...
- Ejem. Aún sigo por aquí señores – dijo una voz en la puerta.
- Nos habíamos olvidado de maese Meord – saltó Llumdelest
- Normal, me suele ocurrir a veces. Por cierto, joven elfa... – Meord se dirigió a Ithilien.
- ¿Sí?
- ¿Por casualidad vos estabais esta tarde por la posada?
- No señor, estuve viajando todo el día. Llegué hace poco y me encontré con esto.
- Que raro, cuando vine esta tarde me crucé con una elfa, y hace un rato me la volví a encontrar. Se le cayó una bolsa al suelo, me agaché y se la di. Aun así llevaba un atuendo parecido al de usted y esa mochila que lleva en la espalda.
- Pero...pero...¡Eso es imposible!
- ¿Lo veis? – rió Taeron – Por eso te ataqué, elfa.
- Eso sí – Meord sacó un objeto -. Esto también se le cayó.

Taeron abrió los ojos de par en par y sino llega a ser porque estaba atado hubiese atacado a aquel hombre.
- ¡Dame eso! ¡Ahora mismo, viejo!

Llumdelest le dio un pequeño golpe con el revés de la mano y Taeron quedó inconsciente.
- Se mantendrá un rato callado - la auriga se acercó a Meord–. Bien, usted y yo tenemos que hablar.

_________________
"Para el mundo no eres nadie, pero tal vez para alguien eres el mundo."


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Jul 22, 2007 11:05 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Poco antes en el salón común, Enumanus escuchaba con falso interés como maese Mantecona había sido atacado vilmente y a traición, en su propia casa.
No es que no le importara, sino que ya había perdido la cuenta de la veces que, de boca del posadero, oia la terrible historia, así que bebió un largo trago de cerveza para reconocer en silencio que tampoco recordaba las pintas que se había tomado. Entonces asintió con un gesto cuando Mantecona agachaba la cabeza para señalar de nuevo, el lugar exacto donde había recibido el golpe.
Un murmullo de desaprovación llenaba en ese momento toda la estancia haciendose sentir al querido Cebadilla, reconfortado en su dolor.
- Nob, ¿puedes decirme cuanto te debo? - preguntó el humano con barba y un parche en el ojo izquierdo a la vez que buscaba con la mirada a algún conocido.
Hacía pocos dias que había vuelto a Bree después de una larga y esclarecedora aventura y hasta aquella noche no se había pasado por el Poney para tomarse unas cervezas.
Se sorprendió de que Walo no estuviera. Tenía ganas de hablar con aquel anciano, aunque tenía el presentimiento de que tarde o temprano alguien aparecería.
Pagó a Nob en silencio y decidió irse a dormir, al dia siguiente tenía que madrugar ya que en su taller esperaban pedidos de semanas atrás para entregar
Además, ahora despues de casi toda su vida, ya no tenía pesadillas.
Se despidió educadamente con una sonrisa fruto del alcohol ingerido y caminó hacia la puerta.
Al salir al pasillo dudó un instante. - Si voy por la puerta trasera me ahorro un par de calles - dedujo. Así que torció hacia su izquierda para doblar a la derecha encarando todo el largo pasillo que atravesaba la planta baja del edificio.
Al llegar ante la puerta del comedor privado de la posada, oyó un grito que venía del fondo del corredor.
- ¡Dame eso! ¡Ahora mismo, viejo!
Se detuvo sorprendido, miró hacia atrás por si había alguien más pero no había nadie.
-¡Que demonios! - se dijo asi mismo. Tenía ganas de ir a dormir, pero no podía dejar que nadie robara a un pobre anciano y aún menos en el Poney.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Jul 23, 2007 12:28 pm 
Montaraz nómada
Montaraz nómada
Avatar de Usuario

Registrado: Lun Jul 16, 2007 3:30 pm
Mensajes: 10
Ubicación: En la posada mas agradable de toda la Tierra Media
[gandalf] El viejo Meord se acercó al hombre, ya inconsciente, se agachó y le miró de tal manera que parecía que le estuviese penetrando en su mente, como una daga penetra en el vientre de un animal.

- Es un colgante de clan - dijo el mago observando todavía al hombre agachado.- y conozco de que clan... pero ... creo que eso deberíamos hablarlo en otro momento...

- No, viejo, lo hablaremos ahora- dijo Llumdelest cabreada.

- Bueno no creo... porque antes tengo unas cosillas que hacer pero dentro de dos semanas me podréis ver en las quebradas blancas, solo claro si queréis nueva información.

- Me resultas familiar...- dijo Baldor mirando a Meord detenidamente.

- Claro que sí, y tú a mí Baldor- dijo el mago y entonces Baldor se sobresaltó... como sabría el viejo eso... se preguntaba.

Entonces comenzó a llover monstruosamente y sin darse cuenta el mago desapareció.

Al cabo de unos instantes, Baldor, reaccionando se encaro con las dos chicas y...

- Lo siento pero el anciano ese me ha puesto nervioso. Todo vuestro, voy a que me de un poco el aire.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Jul 25, 2007 3:35 pm 
Este Huésped puede elegir título
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
En el salón, Mantecona estaba sirviendo las últimas cervezas, pues se acercaba la hora de cerrar aquella sala. Se aproximaban las dos de la mañana y el posadero y su ayudante hobbit debían descansar para estar frescos al día siguiente y atender a los clientes como llevaba haciendo desde tiempos inmemoriales.
- Lo siento, caballero, ya no se sirven más cervezas. Además, esta noche ha sido muy movidita, y si no le importa, tanto a Nob como a mí nos gustaría irnos a descansar lo antes posible. ¿Le he contado que alguien me ha atacado esta noche y me ha hecho un tremendo chichón en la cabeza? - Dijo Mantecona al extraño desconocido, que hizo un gesto con la mano y se separó de la barra. Recogió sus cosas y se fue del salón camino de las habitaciones. En unos pocos minutos todos los clientes habían abandonado el salón y se habían ido a sus casas o a sus respectivas dependencias. El salón, como todas las noches, presentaba un aspecto desolador. Mantecona se dispuso a ordenar las sillas y las mesas.

- Nob, será necesario preparar barriles nuevos de cerveza para mañana. Mejor que los repongamos ahora, pues sólo Eru sabe lo que nos deparará el día de mañána. - Nob miró a Mantecona con desgana, pues después de haber sido golpeado por un extraño y el agotamiento de un duro día de trabajo no le apetecía en absoluto tener que cargar con los barriles de cerveza. - ¡Venga, holgazán de pies lanudos! ¡muévete, ve al almacén y trae un par de barriles!

Nob arrastró sus pies peludos por el pasillo que conectaba el salón con el almacén, y de pronto vio una sombra en la puerta del lugar donde guardaban los aprovisionamientos. Le era familiar, pues minutos antes le había estado sirviendo cerveza.
- Maese Enumanus, ¿se ha perdido? ¿Puedo ayudarle en algo? - Preguntó Nob muy solícito.
- Esto... pues... - Enumanus no sabía si decir que había oído los gritos de un anciano en el interior del almacén o ignorar el tema y salir por la puerta trasera.

De repente un gran estruendo se escuchó en el interior del almacén. Enumanus y Nob se miraron intrigados. Posteriormente se escuchó una gran tromba de agua que caía del cielo.
- Vaya, -dijo Enumanus- creo que esperaré a que escampe antes de volver a casa.

_________________
"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Jul 25, 2007 11:41 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
- La posada está cerrada. Maese Mantecona se va a dormir y una vez yo haya repuesto los barriles vacios y barrido el salón, todos deberían estar en su casa o en su cama - dijo Nob esperando el asentimiento del humano.
- Tienes razón - contestó Enumanus - de hecho ya me hubiera ido si no fuera...
Observó la puerta del almacen que se habría lentamente, Nob sorprendido y un tanto acobardado por el ataque que había sufrido, se echó hacia atrás.
- ¡Quien anda ahí! -consiguió decir.
Baldor salía de espaldas al pasillo, no se había percatado de que Enumanus y Nob estaban tras él, así que al oir el grito del asistente se sobresaltó.
- Por Eru, que son esos gritos - dijo volviendose y cerrando la puerta con un golpe de su trasero.
Nob, al ver de quien se trataba, pareció tranquilizarse.
- Con vos quería hablar - dijo, señalandolo con el dedo - antes de que todos se fueran un extraño con la insignia de la Marca dejó un mensaje para usted.
Rebuscó en sus bolsillos y le entregó al rohirrim un pequeño rollo de papel que este se apresuró a leer.
- Vaya, vaya... - miró de soslayo al humano - asuntos importantes me reclaman, despedios por mi de las damas, he de partir raudo como el viento.
Acto seguido le dio una palmadita en el hombro a Enumanus y despareció por la puerta que daba al patio.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Mar Sep 11, 2007 8:56 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Sab Jul 28, 2007 7:46 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
En un lugar a unas millas de Bree, por el camino verde, un jinete galopaba a todo lo que su caballo podía cuando de pronto descubrió en lontananza una formación rocosa, la cual tenía grabada en la memoria. Poco a poco aflojó la marcha de su montura hasta ir al paso. A su derecha una derivación del camino conducía hasta el afloramiento. El jinete lo tomó y lentamente se acercó a una pequeña explanada al pie de la fortificación natural. Cuando detuvo su corcel cuatro figuras se hicieron visibles , de ellas solo una llevaba un arco montado con una flecha pero apuntando al suelo, el jinete lo reconoció en seguida, era el más diestro de los cuatro con ese tipo de arma.
Cuando estuvieron al alcance de la voz…
- Maese Baldor es un honor que seáis vos el que ha venido a traernos nuestros salvoconductos, y ya hemos comprobado que venís solo.
- Aquí traigo vuestros papeles, decidme donde esta ella.
- Tranquilo jefe, primero los papeles.
Baldor metió la mano en una bolsa impermeable que llevaba a la cintura y con tranquilidad sacó cuatro cilindros, de uno de ellos sacó un pergamino y se lo arrojó al cabecilla, este miró el sello y luego lo desplegó leyéndolo.
- Perfecto, con esto quedamos limpios, ahora dadme el resto y podréis recoger a la dama que está arriba.
La cara de Baldor no cambió pero sus ojos dejaron ir un destello acerado mientras con la derecha y con gestos ensayados mil y una vez lanzaba los dardos, primero al arquero, el cual cayó con el dardo alojado en su cerebro través de uno de sus ojos. Otro ni se enteró de que atravesándole la garganta le seccionaban la espina dorsal y el tercero con el corazón atravesado dejaba la Tierra Media y una vida de crímenes el último de los cuales había costado la vida de 5 guardias y el rapto de una joven doncella de la corte de Eomer.
Aun no tocaba el suelo el último de los cuerpos cuando, ya desenvainada Calmacil, se lanzaba al galope sobre el cuarto y último desertor de la guardia, el cual aun llevaba la capa y la ropa con la señal de la marca, lo cual lo señalaba como el entregante de la nota en la posada… tal fue la rapidez de los hechos que solo tenía medio desenvainada la espada cuando una furia desatada le cayó encima siendo decapitado.
- Demasiado compasivo he sido con vosotros - pensó Baldor al ver a los cuatro en el suelo. Descabalgó y subiendo un caminito de unos cien metros llegó a la cima… el espectáculo que contempló, aun temiéndolo le hizo mudar el semblante. Se soltó la capa y dulcemente, como temiendo hacer más daño a aquel cuerpecito inocente lo envolvió en ella, la depositó en un hueco que parecía hecho a la medida y cubriéndola de piedras la dejó en la paz y soledad de aquel que a partir de entonces sería su monumento funerario.
Al terminar y bajar a la explanada se detuvo delante de su último contrincante y cogiendo el pergamino lo volvió a poner en su bolsa.
- Si la hubiera encontrado viva os hubiera dado entierro a los cuatro, pero creo que los carroñeros en este caso también tienen derecho a comer, lo único que lamento es que se van a envenenar con vosotros.
Dando la espalda a aquel cuadro dantesco volvió a subir a su montura y ya, con más calma retornó a la posada, rogando a Eru que ninguno de los amigos que había dejado de forma tan imprevista hubiera sufrido daño.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Última edición por Baldor el Sab Jul 28, 2007 10:32 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Sab Jul 28, 2007 10:22 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Cuando se fue Baldor, Ithilien aprovechó de mala gana el hecho de que Taeron estuviese inconsciente para terminar de curarle la herida. Mientras, Llumdelest permanecía agachada enfrente del individuo. "¿Qué podría contener ese libro para que un personaje como éste quiera apoderarse de él?", pensaba; "¿Y a qué órden se refería el tal "Lluvia Dorada"?". Llumdelest había visto el colgante, pero no le sonaba de nada; quizá no era del todo extraño, cuando apenas hacía unos pocos años que había llegado a Eriador.
La elfa ordenó la pequeña caja de madera que había traído, se enjuagó las manos en uno de los cubos, cogió su mochila, y se encaminó hacia la salida sin decir nada. Hasta que no oyó cómo se habría la puerta, Llumdelest no se dio cuenta de lo que hacía su amiga.
- Esto, Ithilien... ¿Ya te vas? - se giró la humana desde el suelo, un tanto sorprendida por el comportamiento de la elfa.
- Sí, ya he terminado. Buenas noches - contestó ella sécamente.
- Pero... - Llumdelest se levantó de un salto, justo para evitar que la elfa cerrara la puerta tras de sí - ¿Pero qué te pasa, Ithilien?
- Estoy cansada por el viaje, nada más. Será mejor que os deje solos - dijo la elfa con tono agrio -. Quizá consigas algo más de información.
- Comprendo que estés cansada pero... - Llumdelest impidió nuevamente que Ithilien cerrara la puerta, poniendo el pie como cuña - ¿Qué te pasa? Estabas... bien hace un rato, y de repente...
Ithilien miró a los ojos de la humana, quien no parecía comprender el cambio de humor en ella.
- Entiendo que no estés cómoda con este tío; casi te mata... Y supongo que tener que curarle la mano no te ha gustado, pero nadie te pidió que lo hicieras... - Ithilien dirigió a Llumdelest una furiosa mirada, y la mujer agachó la cabeza avergonzada - Vale, lo siento... siento el comentario... Pero no entiendo porqué, justo ahora, te comportas así; después de haber arrastrado al tipo este hasta aquí.
Ithilien apartó la mirada, pero dejó de hacer fuerza en la puerta. Ambas féminas permanecieron en silencio unos instantes, hasta que la elfa se decidió.
- No es por Taeron en sí, Llum... Es... yo que se...
- Pues si tu no lo sabes... - dijo la humana con un amago de sonrisa.
- ¿Cómo te sentirías si descubrieras a alguien que puede estar haciéndose pasar por tí? - dijo Ithilien de repente.
- Pues... Mal... supongo... - Llumdelest abrió los ojos, entendiendo al fin - ¿Estás así por la ladrona, la que mencionaron el viejo y Taeron?
Ithilien asintió.
- Por la ladrona, y por la orden.
- ¿La orden? Uhm... Nunca había visto esa insignia... ¿Quienes se supone que son? - preguntó Llumdelest.
- ¿No conoces la Orden? - se sorprendió Ithilien.
- No... Pero... ¿Pero me puedes decir algo en claro? Os habeis alterado, tanto tú como el viejo, Baldor, y Taeron. ¿Qué está sucendiendo, Ithilien? - inquirió Llumdelest.
- No lo se, ni siquiera puedo imaginarlo. Pero será mejor que vigiles esta noche a Taeron. Ya hablaremos mañana, ¿vale? - dijo con una sonrisa cansada la elfa.
- ¿Cómo que ya hablaremos mañana? - dijo levantando la voz Llumdelest - ¿¿Y que es eso de que vigile a Taeron??
- Parece que eres la única a la que le cae bien - dijo riendo pesadamente Ithilien -. Además, ¿quien mejor que la pequeña pero matona mujer auriga para controlar a los rufianes? ¡Buenas noches! - e Ithilien se dispuso a subir por las escaleras.
- No te cachondees, Ithilien. ¡Eh! - trató de frenarla Llumdelest - Pues... ¡Buenas noches!
- ¿Se puede saber que son esos gritos a estas horas? - dijo alguien, asomándose por la esquina del corredor.
- ¡Eso digo yo! - prosiguió Nob - ¡Señorita Ithilien, estas no son horas...!
- Buenas noches, Enumanus. Buenas noches para tí también, Nob. ¡Y perdón por los gritos! - dijo Ithilien, y desapareció al fin por el rellano de la escalera.
- Cojona... - susurró Llumdelest mientras observaba desde la puerta del almacén cómo la elfa se enfilaba hacia el piso superior; bajó la vista y descubrió que Nob y otro hombre la estaban mirando - ¿Qué?
- ¿"Qué"? - contestó el hombre; pocas veces había hablado la mujer con él, pero sabía que se trataba de Enumanus, un habitante de Bree, y cliente de la posada.
- Señorita Llumdelest, no quisiera ser grosero, ¿pero qué está haciendo en el almacén? - inquirió Nob.
- ¿Yo? Pues... Trabajo - dijo la mujer -. Por cierto Nob, ¿hay mantas o algo parecido aquí?
- Están en la estantería de la derecha - dijo el hobbit, dispuesto a acercarse.
- ¡No! - gritó Llumdelest, y el pobre muchacho se quedó casi petrificado - No, mejor no, Nob. Ya busco yo. Estarás cansado; ve a dormir - trató de suavizar la mujer, con una sonrisa.
- Pero tengo - dijo Nob tímidamente, pero resuelto - que cerrar la puerta...
- Tranquilo, está cerrada. Ya nos encargamos Ithilien y yo - dijo Llumdelest, comprobando que la puerta que daba al patio estaba asegurada -. Pero sí harías bien en cerrar la que conduce a las habitaciones superiores, como la del resto de habitaciones de la planta principal.
Y, sin dar más explicaciones, Llumdelest les deseó a ambos buenas noches y cerró la puerta del almacén, quedándose ella dentro con Taeron, visiblemente dormido ahora.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Jul 29, 2007 1:18 am 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Nob miró a Enumanus con resignación.
- Esta Llumdelest..., espero que sepa bien lo que hace - se en cogió de hombros y dándose la vuelta se dirigió a cerrar las puertas que le había indicado la auriga - más vale que se vaya maese Enumanus, como le dije antes, la posada está cerrada.
El humano observó la puerta, le habían pedido que se despidiera de las dos damas y aunque una había desaparecido pasillo arriba, la otra aún estaba en el almacén.
- Me parece querido Nob, que esta noche no la dormiré en mi cómoda cama - dijo señalando con la mano el almacén.
El hobbit asintió con la cabeza y se marchó a cumplir con la tarea encomendada.
Entonces Enumanus golpeó dos veces antes de abrir la puerta, lo hizo despacio hasta que sus goznes no dieron para más. Ante él, la auriga arrodillada junto a unos cubos de agua intentaba quitar la ropa a un hombre atado a unas tablas.
- Espero no interrumpir - dijo disimulando su sorpresa - el hombre que salió hace un rato me dijo que me despidiera de vos y de la otra dama - se apoyó en el marco de la puerta sin dejar de observar la escena - recibió un mensaje y tuvo que irse sin mas.
Llumdelest, frunció el ceño contrariada.
- Vaya - replicó - ¿te apetece pasar un rato fregando un cuerpo maloliente? Eres Enumanus ¿no?
- Ja, ja - rió acercándose para arrodillarse a su lado, de un tirón sacó una bota del hombre insconciente y la lanzó a un rincón - Y tú debes ser Llumdelest ¿no? - contestó mientras sacaba la otra bota - bonita manera de conocernos.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Dom Jul 29, 2007 1:59 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mar Jul 31, 2007 6:04 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
- En principio, no pensaba hacer esto ahora - dijo Llumdelest -, pero dado el "perfume" que desprende...
- Piensas pasar la noche aquí, ¿no? - preguntó Enumanus.
- Que remedio... Más que nada por vigilar a éste y, ahora, con la tromba que cae mejor quedarse bajo techo. ¿Y tú?
- Lo mismo, me parece. Además, el hecho de la agresión de Mantecona, la del elfo, y ahora "esto" - dijo Enumanus refiriéndose a Taeron -, hace que me pregunte qué ha pasado.
- Si te lo preguntas a ti mismo, a no ser que tengas el don de la clarividencia o algo así, no se si te podrás responder. ¿Dijo algo Laurefinwë?
- No. Sólo entró junto con Baldor al Salón, pidió una pinta y, como Mantecona tardó en servírsela, el posadero se excusó en que le habían golpeado (explicándo otra vez cómo). El elfo sólo respondió que a él también lo habían agredido. Pero no dijo más.
- Típico del elfo de las bien puestas nalgas - rió Llumdelest -. Bien, maese Enumanus, las cosas hay que saberlas desde el principio; aunque el verdadero inicio de esta historia lo desconozco, te contaré cuanto sé.

Mientras intentaban quitarle la chaqueta a Taeron, Llumdelest le narró lo sucedido aquella noche a Enumanus. Aunque desconfiaba un poco del hombre, no encontró ningún mal en contarle cómo había llegado un viejo libro a las manos de Laurefinwë para después ser robado por una elfa que se parecía mucho a Ithilien, y que luego Taeron confundió.
- ¿Y porqué lo teneis aquí? - se sorpendió Enumanus.
- Para sacarle información. Es la única fuente de la que disponemos.
Llumdelest se levantó con la chaqueta de Taeron en las manos. Estaba sucia de algo parecido a barro, y apestaba. La registró, pero en sus bolsillos sólo había un par de guantes, y la tiró a un rincón.
- Pero también teneis a Laurefinwë. Él sabrá algo, ¿no?
- Supongo, pero... ¿Que estás haciendo? - dijo Llumdelest algo cohibida al comprobar lo que Enumanus se disponía a hacer.
- Quitarle los pantalones - respondió éste.
- Creo que no hará falta. Huelelo ahora.
- ¿¿Cómo que lo huela?? - exclamó el tuerto.
- Es la ropa lo que está sucia. Bueno, él tampoco está muy limpio que digamos, pero era la chaqueta.
- En todo caso, los pantalones también están sucios - y, con un último tirón, los pantalones de Taeron cedieron.
- ¿Lleva calz...? - intentó decir Llumdelest, cuando sintió sobre su cara una tela sucia y maloliente.
- Sí, lleva calzones. Y tranquila, no se los voy a quitar - reía Enumanus al comprobar dónde había ido a parar la prenda -. Tenías razón, es la ropa. El pobre desgraciado se habría caído sobre un charco.
Llumdelest se quitó con repugnancia los pantalones de la cabeza, y los tiró al mismo rincón que la chaqueta. Después de enjuagarse la cara y las manos con el agua enjabonada de uno de los cubos, se quedó mirando a Taeron. Era más delgado de lo que había pensado, o mejor dicho, mal alimentado; a pesar de todo, se lo veía bastante atlético, quizá por su "profesión". Se aproximó con uno de los cubos, un trapo y una manta, cubriendo con ella las piernas fibrosas y ligeramente velludas del durmiente.
Mientras limpiaba la sangre de los morros de Taeron, Enumanus arrastraba las botas de éste hacia el rincón de la ropa sucia.
- ¿Vas a lavarlo ahora?
- Sólo la sangre. Uhm... registra el pantalón, por si acaso - dijo la mujer.
"Ya empezamos con las órdenes...", pensó Enumanus cogiendo los pantalones del suelo. Si en algo era conocida aquella mujer, era por sus aires de mandamás, aunque parecía hacerlo de manera inconsciente y, no obstante, no eran tan descabellado lo que pedía.
- Nada - dijo Enumanus -, aunque encontré un cuchillo en la caña de la bota, y una pequeña bolsa atada al cinturón. Sólo contiene dinero.
- Bien - respondió Llumdelest.
Mientras seguía inspeccionando el pantalón, Enumanus escuchó un doloroso crujido que hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
- ¿Qué haces?
- Poner las cosas en su sitio - dijo la mujer -. Creo que le rompí el tabique. Mejor aprovechar ahora que está dormido, aunque mañana le dolerá bastante la nariz.
- Ah... Bueno, no hay nada más. ¿Que hacemos ahora?
- ¿Dormir?
Llumdelest cogió otra manta y se la puso a Taeron alrededor de los hombros. Luego cogió un par de mantas más para ella y se echó a un lado.
- Buena idea - dijo Enumanus, imitándola, pero en otro rincón de la estancia.
Llumdelest se mantuvo en un pesado duermevela. Oía la respiración de los dos hombres, aunque le parecía que Enumanus tampoco dormía completamente. Sin embargo, Taeron balbuceaba algo en sueños, agitándose devilmente de vez en cuando.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mar Jul 31, 2007 11:33 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Pasaron las horas lentamente, Enumanus, después de darse la vuelta varias veces, se quedó dormido preguntándose por qué no se habría ido a su casa donde le esperaba su mullida cama.
Llumdelest, tardó más en dormirse, poco a poco fue obsesionándose con los extraños balbuceos que le oia decir a Taeron, pero no conseguía entender nada. Incluso se levantó y estuvo durante un rato con la oreja frente a su cara para así poder descifrar lo que decía pero el cansancio y el sueño le hacían imposible poder concentrarse y acababa con los ojos cerrados dormitando.
Al final decidió que al dia siguiente cuando lo interrogaran, saldrían de dudas.
Los tres parecían dormir plácidamente cuando la puerta fue abriendose lentamente, la luz del corredor entró en el almacén dibujando una alargada sombra en el suelo hasta los pies desnudos de Taeron.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Jue Ago 02, 2007 9:52 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Ago 01, 2007 5:19 pm 
Maestro Narrador
Maestro Narrador
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Apenas unas pocas luces iluminaban la aldea de Bree cuando Baldor se aproximaba por el camino. Estaba amaneciendo y la lluvia aún no había cesado. Estaba calado hasta los huesos y se encontraba algo cansado. Aun así, quería llegar lo antes posible a la Posada, pues tenía el presentimiento de que algo malo podría estar ocurriendo o a punto de ocurrir.

De pronto en una curva del camino, cuando solo quedaban unos metros hasta la Puerta Sur de la aldea, una figura se cruzó en su camino. Apenas se veía nada debido a la espesa cortina de agua, y aunque Baldor, intentó frenar rápidamente con su caballo, no pudo evitar atropellar a aquel extraño.

El individuo rodó por el fango, atropellado, y Baldor salió despedido del caballo.
- ¡Alto!- gritó el rohir desenvainando su espada. Durante aquel día habían ocurrido sucesos demasiado extraños como para no desconfiar de un extraño.
La figura se levantó lentamente del suelo; se echó atrás la capucha de su capa dejando ver el rostro pálido de una elfa.
Baldor frunció el ceño y se acercó para verla mejor.
- ¡Te conozco!- exclamó- te he visto en varias ocasiones en la posada de Mantecona, tu eres…
- Isilya- contestó la elfa molesta- y tú eres Baldor si no me equivoco. Pensaba que servías en Rohan…
- Y sirvo a Rohan, ahora y siempre, pero ahora mis pasos me han llevado hasta aquí- dijo Baldor envainando la espada y ayudando a Isilya a levantarse- y ahora bien ¿qué hace una elfa por los caminos a estas horas?
- Pues…- la elfa miró al rohir sin saber si contárselo o no- está bien, vengo de Entibo y me dirijo a la Posada de Mantecona. Allí quiero buscar a alguien. ¿Y qué hay de ti? ¿De donde vienes o a dónde vas?
- No se si podré contarte todo lo que ha ocurrido en el día de hoy; además, éste no es el lugar adecuado- dijo Baldor mirando a sus alrededores- de todas formas yo también voy a la Posada, así que puedes venir conmigo en mi caballo.

La elfa asintió agradecida y ambos entraron en Bree. Tras recorrer un par de silenciosas calles, se detuvieron delante del Poney.
- ¿Isilya a quien quieres buscar aquí?- preguntó Baldor con curiosidad- algo importante tiene que ser para que vengas a estas horas.
- Algo horrible más bien- contestó Isilya con gesto de enfado- una huésped habitual de esta posada ha matado a un hombre esta tarde en la aldea de Entibo. Era un conocido mío; era algo extraño y sombrío pero buena persona al fin y al cabo. Parece ser que la asesina le quería robar algo, aunque no se qué puede ser.
Baldor se rascó la cabeza; algo le decía que todos aquellos sucesos estaban relacionados.
- ¿Quién ese huésped Isilya?- preguntó con curiosidad.
- Ithilien- contestó la elfa con tristeza- quizá te parezca inverosímil pero es cierto; varios vecinos la vieron, incluso yo misma la estuve persiguiendo pero huyó. No se que motivo puede haberla llevado a cometer semejante infortunio pero las cosas no pueden quedarse así.
- ¡Espera, espera!- exclamó Baldor comprendiéndolo todo- no tengo tiempo de explicártelo todo ahora, pero estás equivocada.
- ¿Qué dices? ¿Crees que estoy ciega?- dijo Isilya contrariada.
- Ven conmigo, tengo un mal presentimiento- contestó Baldor agarrando a Isilya del brazo y dirigiéndose a los establos.

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


Última edición por Isilya el Jue Ago 02, 2007 11:56 am, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Ago 01, 2007 7:59 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
[OFF Topic]En primer lugar, la noche tiene unas 12 horas, más o menos, y se supone que cuando Baldor abandona la posada, son las 2 de la madrugada. Aunque no lo menciona con claridad, sí dice que recorrió unas millas (1 milla = 1'6 km); al menos, me parece que estaría como una hora, si no más, sólo para llegar hasta donde llegó, y luego necesitará el mismo tiempo (o incluso más, dado el tiempo lluvioso, con lo que el camino será más complicado para el caballo) para volver a la posada; a parte, el tiempo que estuviese con los maleantes. Eso sería un total de... ¿más o menos 3 horas? Con lo que es probable que volviese al amanecer, o poco antes; pero decir Era bien entrada la madrugada suena muy ambiguo y, sobretodo, parece que Baldor sólo ha estado ausente unos minutos.
Quizá sea una tontería, pero si no se hace avanzar las horas en el relato (y, sobretodo, si no se tiene en cuenta la hora y el día en que sucede esto o aquello), al final parece que todo ocurre al mismo tiempo o, peor, no se sabe cuando ocurre.
Perdona Isilya por este mensaje, pero tanto me puedo referir a ti como al resto de participantes. Iba a postear yo a continuación, pero es que no me queda claro al final cuando se supone que te encuentras a Baldor; y, aunque no lo parezca, unas pocas horas son una gran diferencia.

Otra cosa, para quienes estén interesados en participar en el PL, podeis pasaros por el chat para preguntar dudas, o usad los Mensajes Privados. Sé que los Cuentos inconclusos son libres, donde cada uno puede aportar su granito de arena, pero sólo es un consejo, pues hay algunos participantes que intentaban seguir una trama en el relato (para terminar un pasaje de unos pocos posts, por ejemplo; no necesariamente un final concreto de la historia) y que esa trama se viera truncada por la participación de otro huésped, sin que éste lo supiera ni lo hiciera con mala intención; supongo que más de uno ya sabe a lo que me refiero. Pero os repito: es sólo un consejo ;)[/OFF Topic]

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Ago 02, 2007 5:21 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Bob había entrado en el almacén nada más los gallos empezaron a cantarle al nuevo día para llenar la alacena de la cocina. Sin embargo, a penas había dado unos pasos cuando, para su sorpresa, alguien lo cogió por detrás tapándole la boca. Entonces se percató de los bultos esparcidos por el suelo del almacén y, sobretodo, en la pared del fondo.
- Tranquilo, muchacho. Soy yo - dijo Enumanus; Bob pareció tranquilizarse, pero aún se aferraba al brazo del hombre, por lo que éste no lo soltó -. Se que esto es algo extraño, pero no temas - dijo Enumanus; el hobbit asintió, como haciendo que comprendía -. Ahora te soltaré, y no grites, por favor.
Enumanus dejó libre a Bob, quien se apartó de un salto; pero no emitió sonido alguno. Se quedó parado observando todo a su alrededor mientras Enumanus se levantaba y cerraba la puerta.
- ¿Pero qué ha pasado aquí? - preguntó el hobbit alarmado pero sin alzar la voz - ¿Que es todo esto?
- Es largo de contar, Bob...
- ¿Qué hora es? - dijo de pronto Llumdelest mientras se despereaba - ¡Oh! Buenos días.
- Buenos días, Llum.
- Buenos días, señorita Llumdelest. Y está a punto de salir el sol.
- ¡Bob! ¿Qué haces aquí? - preguntó la mujer.
- Lo mismo podría preguntarle a usted - contestó el hobbit, claramente molesto, cruzándose de brazos.
- Uhm. Has dicho que está saliendo el sol, ¿no? ¿Puedes hacernos un favor? - dijo Llumdelest, levantándose de un salto.
- Cla... claro, pero...
- Ve a por Ithilien, que venga aquí. Y Baldor, si ha llegado ya. Y... - Llumdelest recogió la ropa sucia de Taeron - Será mejor que te deshagas de esto.
- ¡Cielo bendito! ¿Pero que es?
- Quémalo; está sucio y huele demasiado mal. Luego ve a por Ithilien y te lo explicaremos.

La débil luz se colaba por unos pequeños tragaluces en el almacén, pero no era suficiente para iluminar la estancia al completo. Sin embargo, Taeron podía adivinar que había un par de figuras delante suyo. El agua le chorreaba por la cara y los cabellos. Sólo llevaba los calzones, y le dolía la mano y la nariz. No hacía precisamente calor a primera hora de la mañana, a pesar de estar en un sitio resguardado, y temblaba de frío, sobretodo ahora que estaba todo empapado.
- ¡Buenos días! - dijo una alegre voz que le resultó familiar.
Taeron sacudió la cabeza, hasta que sus oscuros cabellos le dejaron ver con más claridad a un ser menudo con un cubo.
- Grrr eres tú... Bonita manera de despertar a la gente - dijo malhumorado -. ¿Dónde está mi ropa?
- Gracias. Y tu ropa estará ardiendo, pero no te preocupes: no te vamos a dejar en paños menores.
- Tanta amabilidad me sorprende... - dijo Taeron sarcásticamente, mas alguien le arrojó más agua - ¡Maldita sea! ¡Ya basta!
- No maldigas tanto - esta vez, fue la voz de un hombre; Taeron se quedó mirando y vio a otra figura, más alta que la mujer, con otro cubo en las manos -, y deberías estar agradecido que cayeras en manos de Llumdelest e Ithilien - dijo señalando con un gesto de cabeza a la mujer menuda y a otra persona al lado de la puerta -. Si hubiera sido por mi, te habría colgado de un árbol.
- Je... Cuanta amenaza - y en seguida se arrepintió de lo que había dicho, pues Llumdelest le arrojó más agua - ¡¿Pero se puede saber quien os ha ordenado hacer esto?!
- Ha sido idea mia - dijo Llumdelest con tono alegre -, ¿verdad que soy genial? Además, ya te hacía falta un baño.
- Yo no tengo la culpa de que me tiraran a un estercolero...
- ¡Anda! Por eso olías tan mal... - Llumdelest le hizo una señal a Enumanus y éste terminó de arrojarle el agua que quedaba en el cubo, con lo que Taeron maldijo de nuevo - Vamos, no te pases. Ya hemos terminado; sólo era para quitarte los restos de jabón.
"¿Jabón?", pensó Taeron; entonces fue cuando se dio cuenta de que ya no apestaba. Alzó la vista y vio cómo la mujer y la persona del fondo intercambiaban unas palabras. No estaba seguro del todo, pero le pareció que la tal Ithilien era la elfa de anoche, la que había confundido con la ladrona.
Mientras la auriga le tapaba el cuerpo con unas toallas y comprobaba que la mano herida no estaba empapada, entró alguien en el almacén, aún más pequeño que Llumdelest, cargado con un fardo de ropa.
Bob, después que la mujer, Ithilien y Enumanus le contaran lo que había pasado, accedió a ayudarles, aunque no de buena gana; era demasiado desconfiado con la gente, y le daba la impresión que Taeron era de la peor calaña.


PD: mi anterior post era un OFF Topic, así que no vale :P

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Sab Ago 04, 2007 10:11 am 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Mojado, ensangrentado tanto de la sangre del rufián al que había decapitado como de la suya propia al caer del caballo, dolorido, confuso… así llegó Baldor al establo con una elfa a la grupa de su caballo. Una elfa que estaba convencida de que Ithilien era una asesina.
-Baja, hemos llegado. Con tu permiso dame unos minutos, debo encargarme de mi amiguito.
La elfa, aunque con el ceño fruncido, dejó entrever una sonrisa. Como a casi todo elfo se le alegraba el corazón cuando veía que un humano era amable con un animal, aunque de este en particular se lo esperaba. Si, lo conocía, no solo de la posada sino de una aventurilla anterior, lo vio en la corte de Eomer y después a la cabeza de la carga de los Rohirrim en la batalla de… pero bueno, eso es otra historia.
Unos minutos más tarde tras quitarle los arreos a Felaróf, secarlo con paja, llenarle el pesebre con comida fresca y agua limpia y hacerle y recibir las carantoñas del joven meara se volvió a la muchacha que pacientemente esperaba.
-Isilya, estoy cansado, mojado de pies a cabeza, me muero por un baño y 24 horas de sueño, o sea que perdóname si soy brusco… ¿Cuándo ocurrió ese asesinato?
- Pues a las 6 de la tarde de ayer pero te aseguro que es ella, la conocemos de verla estos últimos años en la posada y por los alrededores.
- Creo que sé lo que ha pasado. Tú, claro no lo sabes pero hay otra persona que es casi una copia exacta de Ithilien y precisamente esta noche ha actuado en la posada.
- Si hombre, porque tu lo digas me voy a tragar ese cuento.
Baldor se puso muy serio, poca gente lo había visto así y de los que lo hicieron, pocos podían contarlo.
-Elfa…- Isilya se dio cuenta que estaba a punto de cruzar una línea invisible de no retorno –espero que haya sido por cansancio, ya que por experiencia al haber vivido donde lo hiciste sabrás que un Rohir nunca miente. Por esta vez pase y ya que por lo visto no me crees vamos al almacén de esta posada, quizás a alguno de los que están allí les creas.
Baldor, llevando detrás a Isilya, iba pensando en cómo entrar por la puerta de servicio del patio cuando esta se abrió y un hobitt salió encaminándose a los establos.
-Nob, gracias a Eru que has salido.
-¿Quién es ust…? Maese Baldor ¿qué le ha sucedido?, como es que viene usted de semejante guisa?
-Una larga historia, voy para dentro con esta amiga, después solucionare el asunto con tu patrón.
Nob se quedó mirando a la pareja que rápidamente se introdujo en la posada.
El jinete, derrotado por el cansancio, la mojadura, los golpes y la noticia que le dijo la elfa que le seguía se apoyaba en la pared avanzando a trompicones hasta encontrarse delante de la puerta del almacén, la puerta estaba solo ajustada aunque parecía cerrada, por eso al apoyarse en la manilla para abrirla esta cedió y el rohir se dio el enésimo porrazo bajando los escalones de golpe.
Al espabilarse un poco vio como un humano con el ojo tapado y lo que de momento le pareció el hobitt mas alto que nunca viera le estaban apuntando con unas espadas bastante puntiagudas
-¿Quién demonios eres?- le espetó el hombre tuerto
En ese momento a Baldor se le aclararon las ideas…
-Llumdelest, ¿Enumanus? … leñe parad que soy yo.
-BALDOR- los dos personajes soltaron el nombre a dúo- ¿Qué ha pasado? ¿De dónde sales con esta pinta?.
-Ya os lo contaré… aquí traigo a alguien que conoces muy bien Enumanus… Llumdelest tenemos problemas y de los gordos, ¿Dónde está Ithilien?. Bob gracias al cielo que estas aquí. ¿Puedes prepararme agua caliente para el baño?
Y dicho esto Baldor se quedó dormido en el suelo.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Ago 05, 2007 11:23 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Llumdelest e Ithilien se acercaron hasta Baldor y arrastrándolo suavemente entre las dos consiguieron arrinconarlo junto a la pared para después ponerle como cojín un mullido saco de harina.
- Está agotado - dijo la auriga mirando a su compañera.
Mientras, Enumanus, sorprendido por las palabras del rohir, dirigió su mirada hacia la puerta, donde la silueta de una bella elfa le miraba con sorpresa.
- ¿Isilya? - preguntó a la vez que dejaba en el suelo el cubo vacío de agua.
Las otras dos mujeres se volvieron para ver a la recien llegada que, con timidez entró en el almacén,
Antes de que su acompañante cayera rendido, Isilya ya había visto a Enumanus en el interior de la estancia y aún no se había recuperado de la sorpresa.
- ¿Y tú quien eres? - preguntó Ithilien.
La elfa desvió su mirada de Enumanus hacia quien le preguntaba y entonces al ver quien era sacó su espada amenazadoramente.
- ¡Tú! - gritó- demuéstrame que no estuviste en Entibo, ¡asesina!
- Espera! - gritó Enumanus antes de que Bob, que había vuelto para ver si necesitaban de él, golpeara con una jarra vacía la cabeza de la elfa haciéndole perder el conocimiento.
- Vaya, ahora tenemos a dos bellas durmientes - rio Taeron a carcajadas.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mar Ago 07, 2007 5:43 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Isilya había caído al suelo inconsciente, mientras Taeron se partía de risa por su ocurrencia literaria. Ithilien se agachó junto a ella para comprobar su estado. Llumdelest cerró rápidamente la puerta y dio un empujón a Bob para que entrara del todo. El pobre hobbit, entre lo que acababa de hacer, la brusquedad de la auriga, y las acusadoras miradas que le dirigían ella, Ithilien y, sobretodo, Enumanus, empezó a temblar.
- Lo... lo siento... So... sólo me... me acerqué por... por si necesitaban... algo más y... El grito... y la espada... Y el señor Baldor en el suelo...
- ¿Pero que acaso no sabes quien es? - preguntó Enumanus seriamente.
- Yo so... sólo la he visto algunas veces... Trabajo en la caballeriza principalmente, y sólo conozco a los que se pasan por ahí... o los que vienen por la mañana...
- Es una huésped del Poney - dijo Llumdelest -; y una bastante conocida, aunque no sea muy asidua al Salón.
- Yo... ¡Creí que iba a atacar a la señorita Ithilien! - gritó Bob, con la cara roja y los puños cerrados - ¡No pretendo hacer daño a nadie!
- Está bien, Bob... - trató de calmarle Enumanus con tono suave.
- ¡Lo siento, pero no quería...!
- ¡Mi valiente Bob! - estalló de pronto Ithilien abrazando de pronto al hobbit, que se ruborizó aún más, y le dio dos besos en cada mejilla - ¡Gracias! ¡Gracias por preocuparte de mi! Pero no tenías porqué temer; aunque esta señorita intentara hacerme daño, Llumdelest y Enumanus están aquí. ¡Y yo también se defenderme, si hace falta! - dijo la elfa radiante y apretujando a Bob - Pero gracias; gracias, Bob.
Llumdelest rió para sí, mientras Enumanus, sonriente, se agachaba junto a Isilya.
- Sólo está inconsciente, menos mal - dijo el hombre.
- Sí, únicamente tiene un chichón por el golpe - respondió Ithilien -. ¿Pero quien es?
- Se llama Isilya, y es una elfa silvana. La conozco, y debe tener una buena razón para actuar así.
- Ha mencionado algo sobre un asesinato, y que tú, Ithilien, eres la culpable... - dijo Llumdelest con los brazos cruzados, después de comprobar el estado de Baldor, quien dormía como un bendito; la auriga lo había arropado con una manta.
Nadie dijo nada; hasta Taeron observaba atento la escena. Ithilien aflojó los brazos que rodeaban a Bob, y apartó la mirada; su tez empalideció al oir estas palabras en boca de su amiga. Este gesto no pasó desapercibido por Llumdelest, quien dejó caer los brazos a los lados, boquiabierta.
- Ithilien... Tú... No... No lo has hecho...
- ¡Por supuesto que no! - chilló de repente Ithilien, sorprendiendo a todos; incluso Baldor pareció dar un ligero respingo entre sueños.
La elfa apartó a Bob a un lado, se levantó y, ocultando su cara entre las manos, se fue a un rincón del almacén. Llumdelest dudaba si debía hablar con ella ahora, pero resolvió en mandar a Bob a hacer un recado.
- Bob... Ve a despertar a Laurefinwë, y luego trae algo para comer - dijo señalando con un movimiento de cabeza a Taeron.
- Sí, ahora mismo... - contestó Bob, pero no podía dejar de mirar de reojo a Ithilien; no podía creer que la elfa hubiese matado a nadie.
- Bob - dijo Llumdelest, agarrando suavemente del hombro del hobbit -, sobretodo despierta a Laurefinwë - el muchacho asintió y marchó por la puerta en dirección al piso superior.
- Será mejor que vaya yo también - dijo Enumanus.
- Te lo agradecería. Esto es algo... delicado - dijo Llumdelest; el hombre asintió y fue detrás de Bob.

Después de ver que Isilya seguía inmóvil, pero viva, la mujer se acercó a Ithilien. Pero no hizo falta que dijera nada.
- ¿Recuerdas lo que hablamos anoche? - empezó la elfa.
- Sí.
- ¿Y que te pregunté que cómo te sentirías si alguien estuviera haciéndose pasar por tí? - la mujer asintió - No es sólo una ladrona, Llum - a la elfa le costaba cada vez más controlarse -. ¡Es una asesina! ¿Cómo... como puedo ir hacia ningún lado ahora? - balbuceó Ithilien.
- Lo se, Ithilien... Lo siento... - y, acto seguido, Llumdelest abrazó a la elfa.
- No podemos dejarla así... Libre, haciendo lo que le venga en gana a mi nombre.
- ¿Y cómo pensais pararla? - preguntó Taeron de repente; ambas féminas se giraron, y se sorprendieron al ver el rostro serio del hombre, aún envuelto en las toallas como se lo había dejado Llumdelest.
- ¿Qué sabes de ella, Taeron? - preguntó en tono grave, pero amable, la mujer.
- Ya os conté cuanto sabía anoche.
- ¿También sobre el... clan? - preguntó de nuevo la auriga.
Taeron se quedó mirandola fíjamente, pensando si era conveniente hablarle de eso, o hacer que no sabía nada. Miró a la elfa, quien permanecía de pie junto a la auriga, visiblemente apesadumbrada. "Ya saben algo; es sólo cuestión de tiempo que se enteren de todo", pensó Taeron, "Quizá... podrían resultar útiles, ayudándome a recuperar el libro".

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Ago 20, 2007 11:22 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Enumanus siguió al hobbit fuera del almacén hasta llegar a pie de las escaleras, entonces se detuvo y observó el largo y ancho pasillo que llevaba al salón común.
- Bob, si no te importa voy un momento al salón - dijo señalándo a su espalda con el pulgar derecho por encima del hombro.
- Como quiera maese Enumanus, una vez despierte a Laurefinwë, bajaremos al almacen - dicho esto, empezó a subir las escaleras.
El humano lo miró inmóvil durante un instante y después empezó a caminar hablando solo.
- Isilya...¡Que demonios hace aquí! - se rascó la cabellera con fuerza - después de lo de Minas Tirith creia que....
Al entrar en el salón aún estaba vacio, Mantecona empezaba a quitar las sillas de encima de las mesas pues pronto se llenaria el lugar de clientes en busca de un buen desayuno, así que se sentó frente a la barra y esperó a que le atendieran.
Al momento maese Cebadilla se le acercó fregándose las manos con un trapo a cuadros y le sonrió.
- Madruga mucho, hem...., ¿Enumanus si no me equivoco? - frunció las cejas observándolo con divertida curiosidad.
- Cierto sí, bien me iría para despertarme tomar algo fuerte, que tal una copa de ese licor que reluce a la luz del amanecer - dijo señalando una botella que parecía brillar en la estantería.
- ¿A estas horas de la mañana?
Enumanus se encogió de hombros sonriendo.
- Por que no... - Y le guiñó un ojo.
Por su cabeza solo pensaba en que iba a decirle a la elfa en cuanto despertara del desafortunado golpe, se bebió la copa de un trago.
- Otra más, por favor maese Mantecona. - Aquella situación le hacía tener la garganta seca.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Ago 22, 2007 9:30 pm 
Maestro Narrador
Maestro Narrador
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Isilya comenzó a abrir los ojos lentamente y se encontró a sí misma tumbada boca arriba, con la cabeza apoyada sobre un pequeño saco.
La cabeza le daba vueltas, pero a pesar del mareo percibió las voces claras de dos mujeres. “¿Qué narices ha pasado?” pensó.
Decidió no moverse de su posición y se quedó mirando al techo intentando recordar lo ocurrido.
Poco a poco la vista de la elfa se fue aclarando; miró a su derecha y se encontró a Baldor, que yacía junto a ella. Al principio pensó que a él también le habrían golpeado pero unos leves ronquidos le hicieron comprender que en realidad estaba dormido.
A su izquierda, a unos metros de ella, un hombre semidesnudo y atado escuchaba a las dos mujeres con interés. Éstas mantenían una agitada conversación y una de ellas parecía más afectada. “¡Llumdelest e Ithilien!”Al ver el rostro de la elfa sinda Isilya recordó todo de golpe; el asesinato del hombre de Entibo, el encuentro con Baldor, Enumanus, Ithilien y….un tremendo golpe.

- ¡Esto es de locos!- La elfa se incorporó de pronto llevándose las manos a la cabeza.

Ithilien y Llumdelest se dieron la vuelta sobresaltadas y la auriga se acercó a Isilya.
- Te hemos quitado las armas así que no intentes atacar a Ithilien de nuevo-dijo con voz firme.
La elfa miró resignada a Llumdelest y volvió a tumbarse de nuevo. La mujer se inclinó a su lado y le examinó la cabeza.
- Bueno, solo es un chichón, se te pasará pronto. Soy Llumdelest ¿me reconoces verdad?- preguntó en un tono más suave.
- Claro que sí….y a ella también.

Ithilien había permanecido callada, confiando en que su amiga hiciera entrar en razón a la elfa.
- Bueno, antes de que digas nada, Ithilien no ha matado a nadie- dijo Llumdelest- Todo ha sido una desafortunada confusión, pero de eso hablaremos más tarde cuando llegue Enumanus con Laurefinwë.

Isilya se quedó callada. Las palabras de la mujer le parecían sinceras. Incluso Baldor le había contado algo parecido.“Y él no sería capaz de encubrir un acto así” pensó; tampoco Enumanus…¿¡Enumanus!? ¿Qué pintaba él en medio de todo aquello? "Siempre aparece cuando menos me lo espero, y por supuesto desaparece del mismo modo".

- ¿Quién… me ha golpeado?- preguntó saliendo de sus pensamientos.
- ¡JA! Ni te lo imaginas- exclamó Taeron con sorna, quien aquella confusa situación parecía divertirle. Ithilien le propinó un puntapié para hacerlo callar.
- Ha sido Bob, pero ¡no se lo tengas en cuenta!- respondió Llumdelest aguantando la risa recordando el apuro que había pasado el pobre hobbit.


Mientras tanto, en el salón, Enumanus vaciaba de un trago la quinta copa de licor. Cuando se disponía a pedir una más Bob entró en la sala a trompicones.
- ¡Maese Enumanus!- exclamó acercándose donde el hombre se encontraba- Laurefinwë no está en su habitación.
- ¿Cómo? Vaya…lo que faltaba- Enumanus dejó unas monedas en la barra y se quedó un momento pensativo.
- ¿Qué vamos a hacer?- preguntó el hobbit agitado.
- Tranquilo Bob, tu prepara algo para desayunar tal y como te ordenó Llumdelest. Yo voy a volver al almacén.
El hobbit asintió y dando media vuelta, se marchó apresurado hacia la cocina.

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Vie Ago 24, 2007 1:09 am 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
- Ithilien, no le pegues... - dijo Llumdelest, en tono suave de reproche; la elfa se encogió de hombros, pero Taeron miró a la mujer sorprendido.
- No me digas que ahora eres tú el “guardián” bueno... - se rió el hombre.
- No juegues conmigo – dijo la auriga riendo también, pero dirijiéndole una mirada fría a Taeron, a quien le quedó claro el aviso y agachó la cabeza, aún con unas taimadas risitas -. ¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! El clan.
Llumdelest se puso de cuclillas delante de Taeron, dispuesta a escuchar su versión. Éste suspiró, y se quedó pensativo unos instantes.
- Abreviaré un poco, pues la historia es algo larga, y no hay tiempo que perder; aunque, dada mi situación, no se si eso importará mucho. Aún así, hay cosas que no os podré decir, lo siento – dijo Taeron, alzando las cejas como disculpándose -. Veamos... Durante generaciones, un grupo de dúnedain han protegido un secreto, que se encontraba en un libro.
- El que han robado... - dijo Llumdelest.
- Exacto. Hace apenas un mes, nos enteramos de la muerte del último custodio; pero, al buscar entre sus pertenencias, el libro no estaba. Temimos que hubiese sido robado, pero descubrimos que unos de los nuestros lo habían cogido. Fuimos a reunirnos con ellos, pero llegamos tarde.
- ¿Qué pasó? - preguntó Isilya; había optado escuchar la historia.
- Ellos se nos adelantaron.
- Lhuig Acharn? – murmuró Ithilien, aunque todos pudieron oirla; Taeron asintió -. No pensaba que estuviesen interesados en ello.
- Los Sierpe de la Venganza persiguen el secreto desde que se enteraron de su existencia. Y antes de que pregunteis qué secreto, no os lo puedo decir; así que no me interrumpais al respecto.
>> Bien... Los Serpientes los masacraron y se llevaron el libro; o eso pensamos puesto que no lo encontramos. Sin embargo, una elfa, Calenchenniel, llegó hasta nosotros; yo no la vi en persona, nada más que de lejos (por lo que te confundí con ella) - aclaró de nuevo Taeron refiriéndose a Ithilien; por su parte, Isilya empezó a atar cabos y se dio cuenta que Baldor y los demás tenían razón, aunque no creyera demasiado en aquel hombre maniatado -, pero dijo a los nuestros que era una superviviente y que sabía dónde estaba el libro. Nos dijo que los Serpientes se reunieron en Bree, y que ella lo recuperaría. Y sí, parece que lo consiguió; pero, obviamente, nos engañó y huyó con el objeto.
- ¿Has terminado? - preguntó Llumdelest después que el hombre permaneciera en silencio; Taeron asintió nuevamente con seriedad - Bien; gracias por la información.
- ¿Y vosotras os lo creeis? - dijo Isilya, atónita.
- Por mi parte, sí – le contestó Ithilien tajante -. Los Serpientes de la Venganza son un clan muy antiguo, desde antes que los Númenóreanos se asentaran en la Tierra Media.
- Si Ithilien conoce el clan, me parece que podemos fiarnos de Taeron – dijo Llumdelest.
- Pues lo lamento, pero después de todo yo... No puedo... Mi amigo fue asesinado...
- Por curiosidad elfa, ¿cómo se llamaba tu amigo? - preguntó Taeron a Isilya, con suspicacia.

Sin embargo, la elfa no pudo contestarle, pues Enumanus entró de repente en la estancia.
- Tenemos un problema – dijo cerrando la puerta tras de sí.
- ¿Y Laurefinwë? - preguntó Ithilien.
- De eso se trata... Él no...
- Déjame adivinar Enumanus – le interrumpió Llumdelest, aún agachada delante de Taeron -. Laurefinwë no está.
- Pues, según Bob, no.
Ithilien se quedó con cara de sorpresa, aunque en verdad no le caía de nuevo, al igual que a Llumdelest. La mujer se levantó con el rostro sombrío y le indicó a Ithilien que fuera al establo.
- Enumanus, vigila a Taeron, y que coma algo si le apetece. Me parece que tendremos que fiarnos de él y que pronto nos tendrá que ayudar.
- ¿A dónde vais? - preguntó Isilya alarmada.
- ¡A cargarme a un elfo! - gritó enfurecida Llumdelest, mientras corría por el corredor hasta llegar a las escaleras, a la par que Ithilien se encaminaba hacia el establo, dejando a Isilya junto Enumanus y Taeron.

Llumdelest abrió la puerta de la habitación de Laurefinwë. En efecto: él no estaba ahí. Miró a su alrededor; no habían señales de forcejeo, por lo que era muy probable que el elfo hubiese salido por su propia voluntad. Parecía haber cogido sus armas, pues no veía ni el arco ni el carcaj, ni su espada.
Llumdelest se acercó a la cama. Aunque estaba hecha, podía apreciar cómo la colcha tenía varias arrugas, señal que alguien se había acostado y, al parecer, sin descalzarse. Es más, justo debajo de la ventana, abierta de par en par, había partículas de tierra, como formando una huella; parecía que el elfo se había arrodillado para luego levantarse sobre la cama.
La mujer se paró a observar la ventana, y se percató de que en el marco y el alfeizar también había restos de barro. Además, al incorporarse sobre la cama ella también, lo más cuidadosamente que pudo, descubrió la marca de una mano ligeramente manchada de polvo u hollín; una mano grande de varón y de dedos largos, sobretodo el anular, lo que denotaba que su propietario podía ser músico. Sin duda, Laurefinwë había saltado desde su ventana hasta el patio.
- Lo sabía... Se ha ido él sólo a recuperar el libro – dijo en voz alta Llumdelest, golpeando el marco de la ventana con fastídio.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Ago 27, 2007 11:14 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Mientras en el almacén, Taeron observaba divertido a la pareja que se había quedado custodiándole, no hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que entre la elfa y el humano había habido alguna historia de la que no querían hablar precisamente.
La estancia de repente se llenó de un silencio incómodo y las miradas de reojo entre Enumanus y Isilya eran constantes.
Una patada en el costado hizo que desapareciera de la cara la sonrisa idiota de Taeron.
- ¿Que ves que sea tan gracioso? - le espetó Enumanus.
- Oye, que yo no tengo la culpa de que no os hableis.
- ¡Sí que nos hablamos! - casi gritó Isilya de repente - lo que pasa es que...
En ese instante, Baldor pareció despertar y la elfa se le acercó agachándose para ver como estaba, buscó con la mirada a Enumanus pero este ya le había dado la espalda.
El humano recogía un fardo de ropa que había en el suelo y se lo lanzó a Taeron.
- Voy a desatarte para que te vistas, luego iremos al salón y allí desayunaremos comodamente, si intentas algo te mato aquí mismo, ¿entendido?
- Llumdelest no dijo que salieramos del almacen - replicó Isilya desde el suelo mientras ayudaba a Baldor a incorporarse.
Enumanus la miró a los ojos entonces y su cara fria y severa se relajó, los ojos le brillaron un instante y sonrió.
- Lo se, pero no vamos a quedarnos encerrados aquí toda la vida ¿no?- su voz sonó más relajada como si disfrutara hablando con la elfa - mejor que ayudes a Baldor, a él tambien le irá bien un buen desayuno - dicho esto empujó a Taeron que apenas podia abrocharse la camisa y con los pantalones hasta las rodillas dió un salto hasta la puerta.
- Espera, mis botas... - gritó.
- Ya vendrás a buscarlas mas tarde - dicho esto, Enumanus abrió la puerta y desapareció arrastrando a Taeron con él.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Mié Ago 29, 2007 10:49 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mar Ago 28, 2007 11:46 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
El Rohir tenía en aquel momento una banda de trolls aporreando todos los arboles del bosque Negro a la vez en su cabeza. Miró a su derecha y entre niebla vio una cara de alguien que en teoría conocía, no sabía bien de cuándo pero lo que si notaba es que le hablaba.
-Baldor, Baldor... despierta, ayúdame un poco y sostente que tenemos que llegar al comedor.
Al jinete en ese momento le urgía otra cosa.
-Perdonadme Dama pero ¿sería posible pasar un momento por el Baño?, necesito lavarme.
Tambaleándose aun con la ayuda de la elfa consiguió llegar a la habitación de las tinas.
-Isilya ¿puedes esperarte unos minutos aquí fuera?- y sin mirar si la elfa le hacía caso cerró la puerta se quitó la ropa que llevaba sucia y maloliente y empezó a coger cubos de agua y a lanzárselos por la cabeza.
Una vez limpio vio en un banquito unas toallas preparadas y sin más pillo una y se secó enrollándosela como una túnica.
Salió del baño y se dio de bruces con la elfa que lo miraba entre asombrada y divertida.
-Venga Baldor, que así no puedes ir a desayunar.
Ya despierto el jinete se dirigió a su habitación donde Bob, había llevado sus cosas la noche de su llegada y se puso su atuendo, el que le señalaba como el tercer hombre en el escalafón de la Marca, salió y recogiendo a Isilya que le esperaba fuera entraron en el salón común donde ya estaban los demás a punto de tomar un suculento desayuno.
-Buenos días a todos… ¿Hay algo a lo que un Rohir con hambre de Licántropo pueda darle un bocado?

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Ago 30, 2007 10:46 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Después de toparse con Isilya y un Baldor medio desnudo (por lo que prefirió no preguntar...), la elfa le indicó a Llumdelest que Enumanus había arrastrado a Taeron hasta el Salón para almorzar. Alarmada, la mujer descendió a saltos las escaleras, y de poco se llevó por delante a Ithilien, quien había ido del establo al almacén para informar que el caballo de Laurefinwë tampoco estaba. Juntas se encaminaron al Salón hasta la mesa en que Enumanus y un hambriento Taeron devoraban sendos platos de huevos fritos con salchichas y spam.
- ¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí, Enumanus? - inquirió la mujer seriamente, aunque Ithilien tampoco hacía cara afable.
- Ha fido él - señaló Taeron, con la boca llena de pan y yema de huevo; en efecto, el joven parecía haber sido sacado a las rastras del cuarto, pues aún llevaba la camisa que le había traído Bob a medio abotonar; aunque no parecía para nada molesto.
- Tenía hambre - dijo Enumanus sin darle demasiada importancia - y, puesto que debía vigilarlo, me lo traje conmigo.
- Se supone que Bob estaba haciéndole el desayuno - dijo Ithilien.
- Y ahora se lo está comiendo - respondió Enumanus -. Pero dejémoslo estar. ¿Qué habéis descubierto de vuestro querido elfo?
- Se ha largado - dijo Llumdelest, permaneciendo de pie.
- Su caballo tampoco estaba en el establo - prosiguió Ithilien.
- Supongo - continuó la mujer, a la vez que alcanzaba un trozo de pan con jamón que Nob transportaba hacia la cocina en una bandeja, sin que el hobbit se enterara - que habrá decidido largarse a buscar el libro.
- Pero... Es... ¡¿Está loco acaso?! - exclamó de golpe Taeron, con un matiz lívido en el rostro - ¿Quieren que lo maten?
- Tranquilo... - trató de calmarle Enumanus, apretándole fuertemente el hombro; Taeron, quien se había incorporado del taburete, volvió a tomar asiento.
- Sí - Llumdelest engulló el trozo de pan con jamón; eran las sobras de algún tiquismiquis, pues ella lo encontró un bocado exquisito, aunque bien podría tratarse por el hambre que tenía -, Laurefinwë está loco.
- Debeis daros prisa si quereis encontrarlo vivo - dijo Taeron, más sereno.
- Lo sabemos, por eso había pensado en salir de inmediato a buscarlo. Pero dado que estás herido y que, ahora, estáis almorzando, saldremos Ithilien y yo para hallar al menos su rastro. Cuando lo encontremos, Ithilien volverá a por vosotros, o a por quienes queráis ir. ¿Vale? - dijo Llumdelest; Taeron asintió seriamente, mientras Enumanus alzaba los hombros como resignándose - Baldor e Isilya están más o menos frescos y se dirigen hacia aquí. Ella es curandera, Taeron; que te mire la mano.

Dicho esto, Llumdelest e Ithilien salieron de la posada hacia el establo, hasta donde se suponía debía descansar Morisil, el caballo de Laurefinwë. Por suerte, aún era temprano y parecía que cualquier rastro dejado durante la noche no se había alterado demasiado. Poco tardó Llumdelest en encontrar las pisadas del caballo del elfo, tan seguras y ligeras como las de su propio dueño; pero para sorpresa de las féminas no se dirigían hacia el sur, sino hacia el norte, siguiendo el camino que llevaba a la colina de Bree.
- Claro... - decía Llumdelest a lomos de Dicap - Por eso por la noche perdí de vista a la elfa; podría haber escalado la colina.
- Bueno... - respondió Ithilien, detrás de la mujer y casi aferrada a ella, impidiendo que cayera - Pero no te arrimes tanto al suelo, o caerás.
- Si no me agacho no podré ver bien las huellas - contestó Llumdelest incorporándose de nuevo en la silla mientras Dicap subía ya por la cuesta -. Sin embargo parece que no tienen pérdida: se dirigen al bosque de Chet.
Después de trepar por el camino, llegaron hasta la arboleda, adentrándose en ella. Llumdelest conocía bastante bien aquel bosque lo cual, pensó, le daría bastante ventaja. Sin embargo, cuando llevaban unos 20 minutos de camino, las huellas de los cascos desaparecieron. Descendieron de Dicap y retrocedieron hasta que las encontraron de nuevo.
Pareció que Morisil se había parado, y era evidente que el elfo había desmontado, pues luego parecía que el caballo se había marchado más aligerado, pero Llumdelest no veía sus huellas por sitio alguno. Oteó por sobre el lugar donde terminaban las huellas del caballo y vio una rama más baja que las demás justo encima de ellas. Con una sonrisa y apoyándose sobre el lomo de Dicap, Llumdelest trepó hasta ella, para descubrir unas pequeñas partículas de barro. "Que listo eres, elfito de las bien puestas nalgas".
- Creo que he encontrado su rastro, Ithilien. Regresa con Dicap a la posada y trae a los demás.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Última edición por Llumdelest el Sab Sep 12, 2009 5:31 pm, editado 2 veces en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Sep 10, 2007 7:38 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
La elfa subió ágilmente a lomos del caballo y salió al galope hacia la posada, Llumdelest entonces, observó como se alejaban durante unos segundos y después, espada en mano avanzó unos metros para cerciorarse de que el rastro era fiable.
Mientras en la posada, Taeron comía despreocupadamente sentado entre Baldor y Enumanus. Al otro lado de la mesa, Isilya los miraba de uno a uno con aire divertido.
- Pareceis animales hambrientos - dijo.
- ¿Acaso no lo somos? - contestó el rohir alzando un trozo de salchicha con el tenedor antes de metersela en la boca.
- Ja, ja - rio la elfa.
El suculento desayuno les había relajado lo suficiente para olvidar por unos instantes el motivo por el que estaban allí reunidos.
- ¿Y tú hijo Isilya, viene contigo? - preguntó Enumanus sin alzar la vista del plato.
La elfa puso los codos sobre la mesa apoyando la cara en sus manos para mirarle sonriente.
- A veces pregunta por ti.
El humano levantó la mirada distraido para encontrarse con los ojos de Isilya que lo miraba fijamente, permanecieron en silencio cuando Ithillien entró de repente en el salón.
- !Llumdelest ha encontrado el rastro! - casi gritó.
- Vaya, ahora que se ponía interesante... - bromeó Taeron .

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Sep 12, 2007 2:51 pm 
Este Huésped puede elegir título
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Calenchenniel paró de golpe, pues la herida que llevaba en la costilla le producía un dolor insoportable. Casi no podía ni respirar, pues una de las costillas se había astillado y le producía una presión horrorosa en los pulmones. Se echó mano al costado derecho e intentó respirar todo lo fuerte que sus fuerzas y su condición física se lo permitía.
- "... parece que tendré que buscar ayuda... esto retrasará mis planes... pero no puedo seguir adelante si no me colocan esta costilla en su sitio de nuevo..." - Pensó la elfa.
Miró a todos los lados del bosque , por si acaso, pues ya había tenido suficientes sorpresas por esa noche. Matar a un hombre y atacar a otros tres no era lo acordado en el plan. Tan sólo tenía que recoger el libro y llevarlo de vuelta. Pero las cosas se habían complicado un poco. Calenchenniel se apoyó en el tronco de un árbol y un cuervo graznó. La elfa se sobresaltó y sintió un pinchazo tan agudo en el pecho que se desmayó de dolor.

_________________
"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Sep 13, 2007 1:23 pm 
Maestro Narrador
Maestro Narrador
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Baldor fue el primero en levantarse de la mesa al ver a Ithilien entrar en el salón.
- ¿Dónde está?- preguntó.
- En el Bosque de Chet, parece ser que allí es donde ha ido Laurefinwë.
- ¿Y has dejado a tu amiga sola en el bosque?- dijo Taeron mostrando por primera vez preocupación por quien le tenía “prisionero”.
- ¡Por eso he venido veloz!- respondió Ithilen agobiada- ¡venga! ¿quién va a venir?
- Yo iré contigo- dijo Baldor apresurándose hacia la puerta- voy al establo a por mi caballo.
El rohir salió rápidamente de la posada e Ithilien se volvió hacia los demás mirando a Taeron fijamente.
- Uhm, creo que alguien debería quedarse aquí con Taeron- dijo.

Isilya, como quien no quiere la cosa, se levantó de la mesa. No quería quedarse con Taeron; no se fiaba demasiado de él y además le parecía un descarado. Enumanus resopló al ver que le iba a tocar a él quedarse.
- ¿Por qué me tengo que quedar yo?- se quejó.
- No es buena idea llevárnoslo maniatado y herido, Enumanus- explicó la elfa sinda- la idea es encontrar a Laurefinwë y traerlo de vuelta “sano y salvo”
- Entonces no tardaremos mucho, espero- añadió Isilya.

Enumanus se encogió de hombros resignado. – de acuerdo, pero tened cuidado- dijo.
- Igualmente- dijo Isilya sonriente, antes de salir por la puerta.

Las dos elfas salieron al exterior de la posada a esperar a que Baldor apareciera con su caballo.
- Tú puedes montar conmigo o con Baldor, como quieras- dijo Ithilien acariciando a Dicap.
Isilya asintió. Miró a la elfa y se acercó a ella titubeante.
- Te debo una disculpa, Ithilien- dijo con voz apesadumbrada- los vecinos me dijeron que tú y…bueno me costó creerlo pero no se…-
- No pasa nada Isilya- le interrumpió la elfa. Tenía la vista fija en el suelo- me temo que no vas a ser la última en acusarme.
- Te ayudaré en lo que sea Ithilien- dijo Isilya al ver a la elfa tan abatida- a limpiar tu imagen si hace falta.
- Gracias- respondió ésta intentando esbozar una sonrisa.
Justo en ese momento apareció Baldor a lomos de su caballo.
- ¿Listas?
- Sí- dijo Ithilien- ¡Vamos!

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Vie Sep 14, 2007 12:53 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
En ese momento y sin que nadie se lo esperase, el blanco corcel de Baldor, con un relincho de alegria, plantó su cabeza en el hombro de Ithilien y moviendo las orejas demostró lo contento que estaba de ver a la amiga de su jinete. Tambien miró y olisqueó a Isilya y como pidiendole perdón por el revolcón de hacia unas horas le golpeó levemente con el hocico en el pecho de la elfa, la cual acariciandole entre las orejas le dio a entender que todo estaba olvidado.
-Perdonad las dos, es un caballo joven y es bastante jugetón.
-Ni tienes que mencionarlo-dijo Isilya-con ese gesto me confirma aun mas que ithilien es inocente.Los meara son muy intuitivos con los de mi especie, aparte de vosotros, claro.
-Bueno pues montad y vamos.
Las dos elfas, como firmando la paz montaron en el mismo corcel, el de Llumdelest, y partieron raudos al bosque en busca de la misma. Llegados al lugar descabalgaron y al no ver a la auriga se extrañaron un momento hasta que mirando las ramas dedujeron que habia seguido las del elfo y decidieron seguir las de Llumdelest que eran bastante mas claras, como si ella quisiera que pudieran seguirlas.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Última edición por Baldor el Dom Sep 16, 2007 12:08 am, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Vie Sep 14, 2007 11:12 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Instantes antes cerca de allí, Laurefinwe se había acercado cautelosamente espada en mano, al cuerpo de la elfa que, sobre la maleza entre los árboles parecía estar sin vida. Al principio creyó que era Ithilien pero algo en su manera de moverse le hicieron salir de su error. Apuntó con precisión con su arco y estaba seguro de que habia acertado exactamente donde quería, por eso le extrañaba que cayera sin sentido.
Se arrodilló y dejando la espada a un lado le dio la vuelta al cuerpo, la flecha, partida por la caida continuaba clavada en el hombro izquierdo, pero no era suficiente para hacer desmayarse a la elfa.
De repente sin tener tiempo a reaccionar Calenchenniel lanzó su brazo derecho hacia él golpeándolo con el puño en la cara. Laurefinwe cayó hacia atrás cosa que dio tiempo a la elfa herida a sentarse a orcajadas sobre su pecho colocandole una daga en la garganta.
- Volvemos a vernos, elfo estupido - sonrio burlona.
Laurefinwe no se movió, estirado en el suelo boca arriba con los labios sangrando por el golpe, tenía la cabeza vuelta a un lado sintiendo la hoja afilada del arma presionándole el cuello. En aquella posición a unos cuantos metros, podía ver envuelto entre tela dentro de una mochila, el libro que estaba buscando.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mar Sep 18, 2007 8:37 am 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Baldor, Ithilien e Isilya llegaron al bosque de Chet en pocos minutos, hasta el punto en que la elfa sinda se había separado de Llumdelest. Ithilien llamó a su amiga, desmontando a Dicap y siendo imitada por Isilya; mas la humana no aparecía en su ángulo de visión. No obstante, a los tres les pareció que alguien les chistaba, pero no sabían desde donde; hasta que una piña calló sobre la cabeza de Baldor.
- ¿Quereis hacer el favor de no armar tanto escándalo? - Llumdelest ni siquiera descendió de las ramas, ni tampoco dejó que Baldor se quejara; había estado siguiendo el rastro del Laurefinwë hasta que los escuchó llegar, pero a medio camino del regreso, un alarido proveniente del camino que había dejado atrás aceleró sus pasos – Seguidme; el elfo está en apuros.
Las elfas y el rohir dejaron los caballo y salieron tras Llumdelest, siguiéndola como podían desde el suelo mientras ella se desplazaba por las copas de los árboles.

Mientras tanto, Laurefinwë se había librado temporalmente de Calenchenniel. La elfa había conseguido herirle clavándole la daga en la clavícula izquierda, de manera que ahora el elfo a penas tenía fuerza en ese lado; pero tenía el libro de nuevo en sus manos, envuelto en un trapo, aferrándolo con conciencia entre los brazos. Como pudo, logró arrastrarse hasta llegar a un roble de ancho tronco, donde se quedó sentado apoyando en él la espalda, tratando de frenar la hemorragia.
Creía que había logrado escapar de la elfa cuando ésta apareció entre la vegetación, con el rostro furibundo manchado de sangre, tanto por la suya propia devido al puñetazo de Laurefinwë para quitársela de encima como de la del elfo. Avanzaba lentamente pero con decisión, la daga fatal manchada del fluído carmesí en la mano derecha y la flecha del elfo aún clavada en el hombro, incrustada en la hombrera que había evitado que la hirieran de gravedad.
Laurefinwë sentía que había perdido demasiada sangre; tenía dificultades para respirar, faltándole el aire. No sabía dónde había dejado la espada y, aunque tenía el arco a su lado y el carcaj lleno de flechas, no podía usarlo. Se sentía impotente ante el avance de su congénere, si es que aquel ser endiablado pertenecía a los quendi.
- No tengo tiempo para juegos – dijo ella, y su susurro chirriante parecía provenir de más allá de la locura -, así que dame el libro.
- ... - fue lo único que dijo el elfo devilmente; apretaba el susodicho objeto contra su lado izquierdo, mientras con la mano derecha tanteaba el suelo, pensando en alguna solución para escapar.
- ¡¿Porqué lo proteges?! ¡Reliquia de un pueblo infame! - gritó Calenchenniel.
“Es más que eso” pensó Laurefinwë. Su contricante había llegado a tan sólo un metro de él, y el elfo pudo percatarse de que ésta sangraba a un costado.
- ¿Sabes? - empezó la elfa, al principio más calmada, mas una risa histérica se fue apoderando poco a poco de ella a medida que hablaba – Es una pena... todo esto. Yo... no quería matar – Calenchenniel sonreía como una loca, extendiendo las palmas de las manos como para resultar más convincente, sin soltar la daga; le dolían las costillas y quería terminar lo antes posible, pero reconoció que, cuanto más tardara, más dévil estaría el elfo y más fácil sería recuperar el libro -. En verdad... no quiero matarte...
Laurefinwë observó como la elfa se le acercaba, sin poder hacer nada. De pronto, sintió un fuerte tirón en su pelo.
- Eres demasiado guapo... – susurró Calenchenniel, agarrándole de los cabellos y echándole la cabeza atrás; le acariciaba las mejillas ensangrentadas con el filo de la daga, descendiéndola hasta su garganta - A pesar de ser demasiado estúpido.
El elfo se apoyaba como podía con el brazo derecho sin soltar el libro con el siniestro, aguantando el dolor, hasta que Calenchenniel lo empujó bruscamente dejándolo libre.
- Estás... loca – murmuró Laurefinwë, intentando recuperar la postura, sentado en el suelo junto al árbol.
- Sólo a veces, cuando me presionan – respondió Calenchenniel manteniéndose de espaldas al elfo, alejándose unos pasos, para luego girarse de golpe y quedarse acuclillada en el suelo -. Podría esperar largo rato hasta que murieras desangrado, aunque sería muy aburrido, ¿sabes? Pero, si me das el libro de buen grado – la elfa se acercó unos centímetros más -, me iré; y tú podrás regresar con tus amigos a aquel gallinero. Aunque habría una tercera opción... - Calenchenniel estaba a poco más de un palmo de la cabeza del elfo, quien la miraba casi sin sentido respirando pesadamente - ¡Y sería degollarte ahora mismo!
Una nube de polvo impidió a la elfa seguir gritando, pues Laurefinwë le había lanzado en toda la cara un puñado de tierra, de manera que Calenchenniel empezó a toser descontroladamente. Aprovechando esto, el elfo intentó levantarse para huir, pero a penas pudo avanzar unos metros cuando tropezó y cayó. Siguió avanzando, arrastrándose por el suelo para alejarse cuanto podía y sin soltar el libro; pero un par de puntapiés por parte de Calenchenniel a un costado lo hizo girarse, quedando boca arriba.
- Muy listo... - la elfa le puso el pie sobre el pecho, justo debajo de la clavícula herida, mientras le pisaba la mano sana, impidiendo así cualquier movimiento por parte del elfo – Se acavaron las oportunidades para tí, amor...
Calenchenniel blandió su daga en el aire, dispuesta a dar el golpe de gracia, cuando sintió un agudo pinchazo en la parte trasera de su brazo izquierdo: una flecha se le había clavado en el triceps, y otra la siguió, ensartándose en un árbol. Con un grito de rabia, la elfa se adentró como alma que lleva el diablo en la arboleda, perdiéndose entre ella.

- Laurefinwë... No te muevas – Llumdelest había descendido nada más escuchar el grito de la elfa asesina, y ahora se mantenía arrodillada junto al elfo; mantenía la mano izquierda presionando la herida del hombro tratando de frenar la hemorragia, a la vez que con la derecha le acariciaba la frente y la mejilla, limpiandole la sangre del rostro.
- Llum... - murmuró el noldo sin fuerzas, cerrando los ojos aliviado; pocas veces se había alegrado tanto de que le huviesen descubierto, aunque le resultaría muy difícil admitirlo. Sintió que la humana no estaba sola, y pronto reconoció las voces de Baldor y de otra fémina que no supo identificar; también le pareció que Ithilien estaba a su lado, y se acordó entonces – Ithilien... La... elfa.
- Tranquilo... Ithilien, sujétale el hombro – y rápidamente, la mujer se quitó el poncho, lo dobló burdamente y lo puso sobre el hombro, a fin de frenar la hemorragia.
- La... elfa...
- No hables, Laurefinwë – le ordenó suavemente Ithilien, presionando con delicadeza la prenda sobre la zona herida.
- Pero... ella... Tiene... - Llumdelest también lo mandó callar, pero el elfo negaba con la cabeza tratando de explicarse – Ojos verdes... Tiene los ojos verdes.

Dicho esto, Laurefinwë se desmayó, sin aflojar a penas el brazo que sostenía el libro. Isilya, quien había ido a buscar sin éxito a Calenchenniel acompañada de Baldor, revisó la herida del elfo y sentenció que debían llevarlo a la posada rápidamente y, entre el rohir y la auriga, idearon una rústica camilla.
Por su parte, Baldor desistió en pedir explicaciones a Llumdelest, pues la gravedad del asunto reciente y el poder ver el corpiño ligeramente ceñido y de generoso escote de la mujer, hicieron que olvidara el asunto de la piña.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Sep 20, 2007 6:22 pm 
Amigo de las Palabras
Amigo de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Dom Nov 28, 2004 11:10 pm
Mensajes: 144
Ubicación: La Posada del Poney Pisador
Galoparon lo más rápido que pudieron para llevar a Laurefinwe a la posada. Había perdido el conocimiento y deliraba con frecuencia, aunque habían cortado un poco la hemorragia, aun fluía sangre de su hombro.
Ithilien se adelanto lo más rápido que pudo antes que llegaran los demás con Laurefinwe.
Pensó en un principio entrar por la entrada principal, pero se abstuvo de hacerlo, porque formaría un gran revuelo entre los huéspedes. Así que se desvió y busco la puerta de atrás de la posada, allí, la abrió con rapidez de un golpe. Ithilien busco al posadero o al mismo hobbit, para explicarle la situación, por suerte se topo con él y estuvieron a punto de caerse los dos.

- ¡Por Eru! ¡Qué susto me ha dado señorita Ithilien! No son maneras de entrar – le dijo el posadero aguantando la bandeja.
- Lo siento, pero es urgente Mantecona. ¡ Rápido! Prepara una habitación, sabanas, trapos, lo que encuentres, Laurefinwe esta muy herido.

Mantecona abrió los ojos de par en par y a gritos llamo a Nob, este llego enseguida y el posadero le explico lo sucedido y le indico las cosas que había dicho la elfa, los dos se dispersaron, para buscarlo, mientras Ithilien soplaba intentando descansar.

- Ithilien ¿Estas bien? ¿Qué ha pasado? – le pregunto Akerbeltz que había pasado por allí y se había parado al ver a la elfa muy cansada.
- Pues...- dijo cogiendo aire. Laurefinwe esta herido, ha sangrado mucho, parece grave. Lo...lo traen Llumdelest y Baldor.
- Ya veo- dijo en tono serio- Si necesitáis algo, ya sabes donde estoy ¿Vale?
- Si, gracias Aker- dijo asintiendo con la cabeza.

Laurefinwe fue llevado a la habitación que Mantecona había preparado. Con ayuda de la mujer auriga, Ithilien e Isilya pararon la hemorragia del hombro herido, después de curarlo con diferentes ungüentos que iban preparando. En poco más de una hora de incertidumbre para los demás, se termino de curar.

- Bien, yo no podemos hacer mas, ahora depende de él salir adelante- Dijo Isilya limpiándose el sudor de la frente.

Ithilien se dirigió a la puerta abriendo a Baldor que permanecía fuera.

- Pasa – le dijo- Ya hemos curado a Laurefinwe. ¿Aun guardas el libro?
- Si- dijo sacándolo escondido en su capa.- Será mejor que lo escondamos, no vaya a ser que lo encuentre algún huésped.
- Tienes razón. Por cierto ¿Dónde están Taeron y Enumanus? –pregunto Llumdelest
- Enumanus se llevo a Taeron disimuladamente cuando terminaron de desayunar a sus aposentos – dijo Baldor- allí lo tiene vigilado.
- Bien, por favor diles que vengan, tendríamos que hablar sobre todo este asunto – dijo suspirando la auriga.

Baldor dejo el libro al cargo de Llumdelest y salió en busca de Enumanus y Taeron. Llumdelest se sentó en un rincón mirando el libro con detenimiento. Mientras que las elfas vigilaban en cada momento la evolución de Laurefinwe.

_________________
"Para el mundo no eres nadie, pero tal vez para alguien eres el mundo."


Última edición por Ithilien el Dom Sep 23, 2007 10:00 pm, editado 2 veces en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Sab Sep 22, 2007 2:03 am 
Maestro del Poney
Maestro del Poney
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
[OFFTOPIC]

Me han llegado rumores de que alguien se está inventando normas que no existen. Las normas están en este mismo hilo y son muy claras, sobre la temática, ya las sabéis, y sobre la inclusión de personajes que no son el vuestro, recuerdo que lo único que no está permitido es matar a ese personaje pero es totalmente válido incluirlo en la historia, siempre que, se haga con respeto y transfiriendo al escrito en la medida de lo posible su idiosincrasia. Así que repito, no os inventéis normas.

Un saludo

[/OFFTOPIC]

_________________
«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Sep 23, 2007 7:23 pm 
Maestro Narrador
Maestro Narrador
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Nov 24, 2006 5:27 pm
Mensajes: 242
Ubicación: Ora aquí, ora allá, ora acullá...
Habia pasado un buen rato desde que habían curado a Laurefinwë.
El Elfo no había despertado, lo que generaba preocupación entre sus salvadores:

-Ha perdido mucha sangre- decía Ithilien-, ¿sobrevivirá?.
-Ni lo dudes, yerba mala...- respondíale Llumdelest.
-Jeje... ah... ¡AH!- Ithilen ponía cara como de que se acordaba de algo- ¿Recuerdas lo que dijo antes de morir... digo de dormirse? Algo sobre ojos verdes... ojos verdes...

_________________
En todo hay una fisura,
por allí siempre entra la Luz.

Leonard Cohen


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Sep 24, 2007 9:59 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Baldor salió de la habitación del herido y fue a buscar a Enumanus y a Taeron encontrándolos en una salita al lado de la sala común.
-Id los dos a la habitación de Laurefinwë, os esperan, si os preguntan por mi estaré en el establo, tengo cosas que hacer.
Sin mirar si le hacían caso continuó su camino.
Cinco minutos más tarde, habiéndose despojado de la capa y la coraza estaba limpiando los arreos de Felaróf, estando este mirándolo fijamente.
-Ya se, ya se, me salte la rutina ayer, pero ha habido jaleo.
El meara relinchó por lo bajo, como leyéndole la cartilla a su jinete, y al final riéndose de él
-Eso, tu ríete que al que han golpeado, tirado por el barro, abroncado y demás ha sido a mí.
Al cabo de un rato, sudando, miró el resultado de su trabajo, el cuero relucía como nuevo, los adornos parecían de oro, las correas estaban suaves como de seda.
-Estarás contento.-El noble animal asintió.
-Bueno, ahora que ya he despejado la mente reflexionaremos sobre lo sucedido, hay datos que me recuerdan algo y no sé qué…
-Y yo preferiría que no lo recordaras.
Al oír la voz, Baldor se dio la vuelta como una centella
-TU…-el dolor en el costado fue agudo y punzante, la oscuridad invadió su consciencia y cayó cuan largo era. El astil de la flecha estaba hundido en su costado una cuarta de su longitud. El giro rápido , ademas de la camisa de seda, vieja estratagema de los jinetes, que al enrollarse en la punta obstaculizando su inserción hacia de tampon astringente evitando la hemorragia masiva y facilitando la extracción posterior del dardo, había salvado su vida de momento.
La sombra se rió quedamente y ya iba a rematar su obra con la daga cuando unas voces que se acercaban hizo que con un juramento se escabullera de los establos dejando a un caballo medio loco relinchando e intentando llamar la atención.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Sep 27, 2007 7:16 am 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
En la nueva y temporal habitación de Laurefinwë, Llumdelest ojeaba el libro. No había duda de que era viejo y, aunque ella le atribuía entre 600 y 1000 años de antigüedad, no estaba segura. Las páginas de vitela estaban escritas en tengwar, variando la caligrafía, por lo que daba la impresión de que diferentes manos habían participado en el escrito, o una mano que hubiese estado cambiando el estilo de los caracteres a lo largo de los años. En cuanto al idioma, tampoco podía decir mucho; la auriga sabía algo de quenya, pero no demasiado, y perfectamente podría ser esta la lengua que habían usado en el libro, pero Laurefinwë había hecho mención al vanyarin y Llumdelest creyó en la posibilidad de que también ese dialecto se encontrara entre las páginas.
La humana desistió durante unos instantes, y se quedó mirando al herido. “Si huviese seguido... si no huviese dado media vuelta...”, pensaba apesadumbrada “Ahora no estaría debatiéndose así”. Contemplaba al elfo, sin dejar de sentirse culpable por lo ocurrido, cuando Ithilien le dirigió una mirada. Acto seguido, Llumdelest disimuló poniéndose a inspeccionar las tapas mientras la elfa se le acercaba.
- Ha perdido mucha sangre - dijo Ithilien, refiriéndose a Laurefinwë -, ¿sobrevivirá?
- Ni lo dudes, yerba mala...- le respondió la humana con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora, aunque ella misma apenas podía ocultar su preocupación.
La elfa le rió la gracia, pero de pronto le vino a la mente algo.
- ¿Recuerdas lo que dijo antes de morir... digo de dormirse? - Llumdelest dio un respingo mientras pensaba “Aún no está muerto”, pero dejó proseguir a su amiga - Algo sobre ojos verdes... ojos verdes...
- Que tu “doble” tiene los ojos verdes – sentenció Llumdelest -. Un nombre muy adecuado.
- ¿El de quien? - preguntó Ithilien.
- Calenchenniel – contestó la auriga con cara de circunstancias; a veces le impresionaba lo despistada que era su amiga.
- ¡Ah sí! “Ojos verdes”, claro...
- Muy adecuado, sí – dijo Isilya mientras ordenaba sus enseres como curandera.

De pronto llamaron a la puerta e Ithilien, con su efusividad habitual, se dispuso a abrir. Llumdelest iba a llamarle la atención, puesto que la elfa ni preguntó por quien llamaba; pero se calmó al ver a Enumanus y Taeron, con el brazo aún en cabestrillo y con nuevas ropas más adecuadas a su envergadura (quizá prestadas de Enumanus). Ambos hombres se afanaron en entrar a la habitación, y la elfa cerró la puerta.
Taeron preguntó por lo sucedido. Sin embargo, cuando Isilya iba a responderle, el joven se quedó mirando a Llumdelest, o mejor dicho, el libro que sostenía entre las manos, parándose de golpe, en actitud expectante.

Mientras, Baldor oía como dos personas se burlaban de él, cuando dos manos lo agarraron de los hombros, ayudándole a incorporarse. El veterano rohir se levantó tórpemente y se apoyó en uno de los pilares que sujetaban la estructura del establo. Le dolía el costado pero, después de examinarlo, le pareció que la herida no era grave.
- Con que borrachera... - dijo Baldor, mirando a los dos hombres severamente a la vez que sostenía la flecha en la mano; lo dos personajes agacharon la cabeza. El rohir los reconoció: eran dos clientes de la posada.
- Lo sentimos...
- Como le vimos ahí tirao y el caballo no paraba de relinchar, pensamos que había entrao para asustar a los animales, pero que la cogorza había hecho que se desmayara.
- Ya, ya... - Baldor estaba molesto: ¿cómo se atrevían a decir que él pretendía molestar a los caballos? Sin embargo, guardó su enojo, acarició el hocico de Félaróf para tranquilizarle y dio media vuelta, dispuesto a marcharse, harto por el aspecto que estaban tomando las cosas; además, todavía no había descansado lo suficiente - Bueno señores, muy agradecido por salvarme la vida, pero me tengo que marchar.
- De , señor.
Al principio avanzó rápido hasta salir del establo, pero poco a poco relajó su marcha a causa de la herida ligeramente sangrante; continuó caminando por el pasillo, sin forzar demasiado los pasos pero sin que disminuyera su urgencia. Debía volver a la habitación y, sobretodo, avisar a Isilya y Enumanus que una conocida rondaba por la aldea.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Lun Oct 08, 2007 1:39 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Mientras en la posada, Taeron continuaba observando el libro acercando lentamente su diestra al cinto para agarrar una de sus dagas. La expresión de su rostro cambió de repente al no encontrar nada acordándose de que aún permanecían en el almacén junto con sus botas. Miró a los allí presentes por si alguno se había dado cuenta de su gesto pero al ver que nadie estaba pendiente de él, se relajó apoyándose en la pared junto a la puerta.
Llumdelest parecía examinar con curiosidad las tapas del libro, el corazón le palpitaba deprisa pues para ella el gesto del humano no le había sido ajeno, aparentó no haber visto nada y dirigió su atención al libro con disimulo.
- ¿Ese es el libro? - preguntó Enumanus a la vez que con la mirada observaba a Isilya que de espaldas recogía sus utensilios.
- Sí - dijo secamente Llumdelest levantándose para hechar a andar hacia el otro extremo de la habitación, lo más lejos posible de Taeron.
- ¿No os habrán seguido? - preguntó éste preocupado viendo el estado en que había quedado Laeurefinwë.
- No lo se, al ver el estado del elfo vinimos tan deprisa como pudimos. sin pensar en cubrir nuestro rastro- contestó Ithillien preocupada.
- Da lo mismo, seguramente nos buscaran en la posada - replicó Llumdelest - lo mejor es irse lo antes posible.
El humano visiblemente afectado por lo sucedido y la presencia del libro agarró a la elfa colocandose tras ella y con un gesto rápido sacó un pequeño cuchillo que había ocultado entre sus ropas mientras desayunaban y se lo puso en la garganta.
- ¡Prestadme atención! - gritó - si no quereis que vuestra amiga sufra daño alguno, me entregareis el libro y dejareis que me vaya sin resistencia alguna.
Todos se quedaron quietos en silencio observando como la elfa forcejeaba sin exito para escapar del abrazo de su opresor.
- ¿Acaso estás loco? - se oyó decir a Enumanus.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Última edición por enumanus el Mié Oct 10, 2007 1:29 pm, editado 1 vez en total

Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Mié Oct 10, 2007 10:27 am 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
Avatar de Usuario

Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
Mensajes: 348
Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
- ¿Porqué siempre a mi? ¿Porqué tanto odio? - se lamentó Ithilien resignada después de forcejear con Taeron. Al menos, el hombre ya no apestaba; es más, a la elfa le pareció que su aspecto había mejorado en unas horas, a pesar de la situación en la que se encontraba en estos instantes.
- Taeron, no cometas una estupidez... - trató de apaciguarle Isilya, girándose para estar frente a él pero sin moverse de su posición.
- ¡No la cometáis vosotros! ¡Dame el libro! - ordenó el joven, encarándose a Llumdelest.
- Por favor, no grites – dijo ésta, llevándose un dedo a los labios y pensando en Laurefinwë y en no llamar demasiado la atención.
- Está bien... Pero entregármelo y dejadme marchar.

Durante unos instantes, nadie dijo nada, haciendo que la situación fuera aún más tensa.
- ¿Y a dónde piensas ir? - preguntó Enumanus.
- Lo más lejos que pueda: alejaré el libro de la región. Vosotros decidís si evitáis una masacre, que puede empezar por la pérdida de Ithilien.
La auriga apretó el puño mientras sujetaba el libro, pero Enumanus se le acercó despacio.
- Tranquila, no la matará – le susurró con una furtiva sonrisa, y luego se encaró a Taeron -. Supongamos que te damos el libro. ¿Crees que irás muy lejos, herido y sólo?
- Tengo una rehén, no lo olvides – contestó el joven sonriendo de forma taimada.
- Sí, una rehén que te dejó inconsciente... - dijo Llumdelest, mas ambos hombres le dirigieron una mirada severa y no prosiguió; en concreto, la de Enumanus parecía decirle “Deja que me encargue yo”.
Enumanus avanzó lentamente hacia Taeron, pero éste interpuso a Ithilien entre los dos, manteniendo el cuchillo en el cuello de la elfa.
- Ah... Au... - gimió Ithilien al sentir el filo sobre su piel.
- Vamos Taeron.... No fuerces la situación – dijo en voz baja Enumanus.
- No tengo nada contra ti, Enumanus, así que no te interpongas y deja que me vaya.
- De acuerdo, vete si esa es tu decisión y haz que te maten. ¿Pero qué tienes contra Ithilien?
Taeron apartó durante unos instantes la vista, mas luego volvió a posar sus ojos en Enumanus.
- No pretendo matar a nadie, ni deseo que nadie sufra, por lo que necesito vuestra ayuda.
- Y ayuda tendrás. Pero estas no son maneras...
- Taeron... No podrás huir de ellos - dijo de repente Ithilien, pero tan débilmente que sólo el joven pudo escucharle -. No podrás escapar de los Lhuig Acharn tú sólo, y herido...
- Cállate – le espetó Taeron también en voz baja, más sabía que la elfa tenía razón. Sin embargo, Ithilien se armó de valor y no le hizo caso.
- Sólo aquí estaréis seguros, tú y el libro.
- Taeron, no pretendemos robarte – dijo Llumdelest -, sino aclarar qué sucede con éste dichoso manuscrito. Ya no sólo te afecta a ti... - la mujer hizo un movimiento de cabeza hacia el lecho donde descansaba el elfo.
- No pretendo enfrentarme, sino huir.
- Pero Calenchenniel escapó – prosiguió la auriga -, y ya ves cómo dejó a Laurefinwë. Quien sabe si marchó lejos de aquí, o fue a buscar a los suyos para volver... O ha vuelto ella sólo y ahora está acechando a la salida de Bree o del mismo Poney.
- De todas maneras, Taeron, aunque huyas a tiempo, vendrán aquí; a Bree – dijo Isilya, comprendiendo el temor de sus compañeros.
- Y no esperes a que vengan en son de paz, preguntando por el libro – susurró Ithilien -. Sabes que no: entrarán en la posada, y arrasarán con todo lo que se les cruce por el camino; y si no os encuentran aquí, hurgarán por el resto de casas de toda la región, matando si hace falta - Ithilien giró la cabeza cuanto pudo, sin importarle el cuchillo, buscando los ojos del joven, y sentenció con su voz suave, pero de manera terrible -. La espada de los Lhuig Acharn ya está sobre Bree desde que el libro llegó a las manos de Laurefinwë.
- Sólo te expondrás a un peligro mayor si huyes, pero no disminuirá el riesgo de que Bree sea atacada – dijo Enumanus, aunque Taeron ni siquiera le escuchaba.
Ithilien había logrado mantener el contacto visual con los profundos ojos del joven. La elfa tragó saliva cuando terminó de hablar, expectante a que él reaccionara. Taeron apartó la vista de ella y miró al resto de personas que estaban en la habitación. Y sabía que tenían razón.
- Lo siento – susurró al oído de Ithilien, y aflojó el brazo, retirando el cuchillo del cuello.

- ¿Y qué otra solución tenéis? - inquirió después de unos minutos de pacífico silencio - ¿Enfrentaros abiertamente a ellos, aquí mismo?
- Esa sería una posibilidad – dijo Llumdelest -. Aunque... - la mujer examinó de pasada el libro otra vez – Se me está ocurriendo una cosa.

_________________
Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
(Drizzt Do'Urden)
La meua llibreta


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Jue Oct 11, 2007 9:06 pm 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
El costado le ardía, gracias a la camisa la flecha solo entró una cuarta de su longitud, al sacarla la punta quedó enredada en la camisa, en su interior haciendo de tapón.
La vista empezó a hacerle jugarretas, veía doble, mientras avanzaba por el pasillo a lo largo de la pared.
Baldor centró la mirada y afianzándose apoyado en el muro reconoció la puerta donde sus amigos debían estar reunidos y sacando las pocas fuerzas que le quedaban avanzó hasta ella y entró.
Enumanus echó mano a su espada y se detuvo a medio desenvainar, Ithilien se llevó la mano a la boca como ahogando el grito que estaba a punto de soltar, al ver la enorme mancha roja que se extendía por la camisa del que entraba, Isilya se quedó blanca como la pared enyesada, Llumdelest se levantó de un salto de la silla donde acababa de sentarse y Taeron se quedó igual.
El Jinete dando unos pocos pasos se introdujo hasta el centro de la habitación, Enumanus se abalanzó hacia el hombre tambaleante y lo sujetó para evitar que se callera.
-Lo siento-dijo Baldor- no era mi intención que asuntos privados de Rohan se interpusieran en vuestros asuntos.
Llumdelest al estar más acostumbrada a la acción fue la primera de las féminas que salió de su estupor.
-¿Pero qué dices?
-Lo siento, apreciada auriga, asuntos internos, a vosotros no os molestaran y a mi ahora tampoco.
Mientras hablaba, Isilya le miraba la herida, y mirando por la espalda de Baldor a Llumdelest con señas le informó que sería fácil sacar la punta de flecha pero que la hemorragia seria de campeonato y seguramente dejaría al herido unos cuantos días conmocionado por la pérdida de sangre.
La auriga se acercó y cogiendo a Baldor del otro brazo le indicó a Enumanus que dejara su sitio a Ithilien y que vigilara a Taeron mientras llevaban al herido a su habitación.
Una vez en ella depositaron a Baldor encima del arcón que en todas las habitaciones hacía de armario, tan largo que servía de camilla, sofá o similares, naturalmente pusieron una manta para evitar que la sangría que iba a producirse estropeara el mueble.
Isilya preparó un brebaje anestésico y unos minutos después de ingerido, el herido estaba KO. Rápidamente desgarró la camisa dejando solo un pedazo para poder tirar y sacarla de la herida con la punta de la flecha en su interior, cosa que realizó de un tirón seco. Tras extraerla la herida empezó a sangrar abundantemente por lo que aplicó un potente hemostático y tras detener la hemorragia vendó a Baldor con la ayuda de la auriga y la elfa, una vez hecho entre las tres arrastraron el arcón hasta la cama y con presteza, ya que las tres tenían experiencia en transporte de heridos, colocaron al Rohir en su cama, lo taparon y mientras las dos elfas se quedaban vigilándolo la auriga fue en busca de Mantecona.
Este entró en la habitación con su peculiar asombro cuando cosas así tenían lugar, pero al asegurarse que la vida de su huésped no corría peligro y que solo tendría que pedir al físico de Bree que viniera cada día a hacer la cura, pasó automáticamente a ser el perfecto posadero que acostumbraba a ser.
Las tres féminas regresaron a la habitación donde estaban los dos humanos y el elfo y tras informar a Enumanus que todo estaba en orden volvieron a pensar en el libro.

[OFF TOPIC]
Debido a motivos familiares durante un tiempo indeterminado me veo obligado a dejar la pluma para relatos grandes o estos posts de cuentos inconclusos.
Hasta pronto.
[FIN OFF TOPIC]

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: Dom Oct 14, 2007 9:49 pm 
Arquero del Rey
Avatar de Usuario

Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
- Esto empieza a no gustarme - dijo Enumanus observándo a las féminas con preocupación - primero encontrais al elfo medio muerto en el bosque y ahora se presenta Baldor herido de flecha... - entonces señaló a Taeron que los observaba indiferente de pie apoyado en la pared junto a la puerta - ¡Y él no nos dice todo lo que sabe!
La habitación quedó en silencio durante unos segundos mientras los allí presentes meditaban una respuesta.
- No voy a quedarme aquí encerrado con un libro esperando a que me maten, tú, ven conmigo.
Enumanus enojado por la situación agarró a Taeron por el brazo y abriendo la puerta lo empujó a fuera.
- Enumanus, ¿donde vas? - casi gritó Isilya.
- A por un par de botas y un trago. - Se le oyó decir desde el pasillo.
Llumdelest y Ithillien se miraron contrariadas y despues observaron el libro que tenía la auriga entre sus brazos.
- Mas vale que nos movamos - dijo esta.
Ithillien asintió con la cabeza.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


Arriba
 Desconectado Perfil  
 
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Este tema está cerrado, no puede editar mensajes o enviar nuevas respuestas  [ 79 mensajes ]  Ir a página 1, 2  Siguiente

Todos los horarios son UTC + 1 hora


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  
cron