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NotaPublicado: Mar Mar 11, 2008 5:12 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Esdal, llevo todo el día preguntándome qué hacemos aquí. - Dijo Gwirdyon sentada sobre una roca al lado del lugar donde llevaban dos noches acampados. - Ya hemos terminado nuestra misión, ¿no deberíamos volver a Rivendel y dejar este asunto del concilio para los magos y los hombres?
- Apenas quedan tres días para la celebración del concilio. - Esdaleon se puso en guardia, pues escuchó ruidos extraños en unos matorrales cercanos al lugar en el que se encontraban. La semielfa hizo lo propio y se colocó con sigilo al otro lado del matorral. Apenas un yelmo había asomado unos centímetros cuando se encontró dos espadas apuntando a su pecho. El caballero de Rohan levantó las manos en señal de buena fe y salió completamente al descubierto.
- ¡Saludos! ¿Vosotros sois la dama Gwirdyon y el caballero Esdaleon, no es cierto?
- Vaya, mi fama me precede - dijo Esdaleon muy ufano. - ¿Quién te envía?, ¡contesta!
- Mira Esdal, lleva el león rampante en el escudo, viene de Rohan.
- Ciertamente, dama Gwirdyon, me envía mi señor Baldor. Les ruego me acompañen hasta el interior del bosque de Fangorn.
- ¿Baldor? ¡Ese viejo zorro! - Exclamó Esdaleon. - ¿Se puede saber qué quiere?
- Mi señor se reserva el derecho de darles la sorpresa, así que por el bien de mi cabeza es mejor que no diga nada.
- Ja, ja, ja, ja. ¡Si no me lo dices seré yo quien te la arranque! - Contestó Esdaleon en tono fanfarrón.
- Vamos, te acompañaremos. - Contestó la semielfa, y en unos minutos habían recogido sus pertenencias y seguían al guardia de Rohan hacia lo más profundo del bosque de Fangorn, ignorando la grata sorpresa que les esperaba allí.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mar Mar 11, 2008 5:17 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Ehruam e Isilya se adentraron finalmente en el Bosque de Fangorn. Caminaban lo más rápido que sus pies se lo permitían, a pesar de las nudosas raíces que les dificultaban el paso y a pesar también de lo agotados que se encontraban.

El Paso del Cuerno Rojo había sido más duro de lo que ellos habían esperado y les había dejado exhaustos y sin apenas fuerzas. Además, y por desgracia, habían perdido al caballo de Ehruam en uno de los traicioneros acantilados de Caradhras.


-¿Se puede saber dónde están los Ents?- preguntó al cabo de varias horas el beórnida visiblemente crispado. La oscura y sofocante atmosfera que se respiraba en el bosque le había terminado de desanimar por completo- empiezo a pensar que no ha sido buena idea tomar este camino…

-No te preocupes Ehruam, estarán todos cerca del extremo sur- contestó Isilya con voz cansada, como si no tuviera ganas de hablar- Por las fechas en las que estamos, el Concilio debe estar a punto de celebrarse así que démonos prisa o no llegaremos a tiempo.

-¿Llegar a tiempo?-Ehruam se cruzó de brazos delante de la elfa y la miró contrariado- ¿Desde cuándo te interesa a ti ese Concilio? Creía que estabas buscando a Inzil.

-A esa reunión van a ir Señores de Gondor y de Rohan, y muchos más representantes de otros pueblos. Quizás alguien pudiera decirme algo, alguna noticia que…

-¿Y de verdad crees que te van a prestar atención?-le interrumpió el beórnida irritado- ¿qué importancia le van a dar a un niño perdido frente a la amenaza a la que todos los pueblos libres se enfrentan?

-Ya lo sé, pero es que desde que salimos de Bree no he encontrado ningún rastro, ningún indicio, nada que me haga mantener la esperanza y…- Isilya rompió a llorar de pronto, como si llevara días conteniéndose- …y para colmo tampoco sé nada de Aurë, la única que podría ayudarme desde las alturas…

Ehruam, abochornado por la situación que él mismo había provocado, se acercó a ella con la intención de consolarla-Tienes razón, dada nuestra situación lo mejor que podemos hacer es ir al lugar del Concilio. Perdóname Isilya, no quería hacerte llorar- El beórnida quiso entonces secar las lágrimas de ella pero sus manos temblaron al notar el tacto suave y frío de su rostro.

Isilya le miró un momento, sorprendida por el gesto y enseguida se volvió hacia su caballo.
-Venga, vámonos-dijo.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Mié Mar 12, 2008 2:39 am 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
-BAAAALDOOOOR

El atribulado humano que se encontraba a 300 metros dejó ir una caja que al estrellarse contra el suelo sonó a vajilla pisoteada por un Olifante.

Una vez repuesto del sobresalto se acercó a su Majestad Elessar, Soberano de los Reinos reunidos, piedra de elfo, Aragorn para amigos especiales, y aquel lo era...

-Aragorn, diablos acabo de romper el regalo de cierta ...

-No te preocupes, ya te enviaremos todo esto a Medussel, de momento llama a tus hombres que marchamos mañana para Fangor. Te casas alli, varias personas no me perdonarian el que no estubieran presentes. ademas olvidate de lo que te dije... ¿tus hombres son buenos?

-Si te contestara como a mi rey te diria que estan entrenados por mi, si fueras un extraño te mandaria a paseo. A Aragorn le digo que pongo cada dia mi vida en sus manos.

-Esta bien tomate el dia libre, descansa, habla con la que sera tu mujer, acaricia a Felarof, pero mañana teneis que estar listos para la cabalgada de vuestra vida... en cuatro dias a partir de mañana quiero estar en Fangor

Sin tiempo a pensar y confiando en su amigo, al dia siguiente partia la corte con una escolta regia, la caballeria de dos reinos flanqueaban al, por aquel entonces monarca mas poderoso de la TM.

Cuatro dias mas tarde la comitiva avistaba las copas del fantastico bosque.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Dom Mar 23, 2008 4:44 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Caminaron durante un largo trecho siguiendo al soldado de Rohán, cuando Esdaleon escuchó ruidos cerca de allí. Sacó su espada sin pensarlo dos veces y apartando al rohir a un lado se plantó en medio del camino.
- ¡Alto ahí! -Gritó, espada en ristre-.
- Mira quién está aquí, si es el valiente caballero. No nos habíamos visto desde que nos dejásteis abandonados en Rivendel -Contestó Ibal en tono agrio-.
- Saludos, enano -Dijo Esdaleon bajando la guardia y recogiendo su espada. El soldado rohir se acercó al lugar y miró a los recién llegados, un enano, un elfo y un niño también elfo.
- ¡Hola Inzil! -exclamó Gwirdyon, mientras se agachaba y abría los brazos para que le niño se abalanzara sobre ellos, como así ocurrió-. Me alegro mucho de ver que estáis enteros, y me alegro mucho más de ver al niño. ¿Dónde está Isilya?
- Eso, ¿dónde está mi mamá?
- Encontramos a Inzil en una cueva -explicó Erztum-, lo habían secuestrado una banda de la que conseguimos escapar, pero no sabemos si todavía nos siguen.
- No, no os siguen -Tronó una voz detrás de ellos-. Yo me encargué personalmente de que no siguieran a nadie más después de sacar de sus mentes todo lo que quería saber.
- Saludos, Magnus -dijo la semielfa mudando la expresión de alegría por otra más seria-. Parece que vamos llegando todos al lugar acordado.
- Eso parece -añadió Esdaleon con cara de pocos amigos tras ver al Maia-. Supongo que ha llegado la hora del gran concilio.
- El Concilio es dentro de dos días, ahora es la hora de encontrarnos con mi señor Baldor -apostilló el soldado rohir, que aunque nadie se había dado cuenta de él, había seguido toda la escena sin perder detalle-.
- Asuntos de humanos -dijo Magnus entre dientes. Esdaleon le miró con furia y echó su mano a la empuñadura de su espada-. No te molestes en desenvainarla, no voy a luchar contra tí. Recuerda las palabras del Señor de Rivendel, no debemos enfrentarnos, al menos hasta que todo esto termine.
- Cuando llegue el momento, te haré morder el polvo, no te quepa duda -contestó Esdaleon retando a Magnus y volvió a tapar la espada con su capa.

Los siete se pusieron en camino hacia el lugar de Fangorn en el que tendría lugar el gran acontecimiento.

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NotaPublicado: Dom Mar 23, 2008 9:29 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
En un claro del gran bosque…
Los dos amigos sentados en lo que podría definirse como la cabecera de una mesa enorme en forma de C, pero con las puntas casi cerradas, era enorme y en ese momento unos 400 hombres bebían, comían y lanzaban hurras y vivas hacia los dos hombres quienes entre risas y saludos comentaban entre ambos la reunión que habían tenido con el buen y amigable Barbol.
-Bueno querido Baldor, ya tienes el permiso del Gran Pastor de Arboles para pasar una luna en lo profundo del bosque.
-Ya, ¿sabes que nunca lo vi? Era muy joven para ser de la guardia de Théoden cuando fueron de Cuernavilla a Orthanc hace 30 años y luego entre mis heridas y mi anterior matrimonio no me aleje mucho de Meduseld.
-Ya no importa ahora, después de la ceremonia y en algún momento durante la comida os vais por el camino que os dijo y él os llevará a lo más profundo de Fangorn y tendréis una luna sin que nadie os moleste.
Y la fiesta continuó
En otro lugar del Bosque…
La mujer que se encontraba en el centro del círculo era engalanada con gasas, rasos y flores probando el traje y los ornamentos que el día siguiente luciría en la gran ceremonia que tendría lugar y que la uniría de por vida con el tercer Rohir más poderoso de la Tierra Media.
Fuera del circulo, y pasándolo en grande estaban la Reina Arwen y tres de sus damas de compañía.
-Uhte, al fin tu padre no pasara frio por la noche.
La joven, poniéndose roja como la cimera del casco de su padre se echó a reír.
-Ya era hora, mi señora… es muy grande el amor que mis padres se dieron el uno al otro, pero ya es hora que deje de estar solo.
La Reina en un momento dado se levantó y fue a ver a la novia. Dando su aprobación decidió que ya era hora de que Narwin descansara, por lo que en un instante las costureras y ayudantes la despojaron de la ropa y adornos y pudo darse un baño, luego, ya con una túnica y una copa de hidromiel hablaron todas de lo que las mujeres hablan siempre el día antes de la ceremonia desde el principio de las edades en cualquier Universo o Realidad.
Y así llegó el día.

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NotaPublicado: Mar Mar 25, 2008 11:21 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Ehuram e Isilya apresuraron el paso cuando empezaron a oir voces y gritos, aunque agotados no pudieron evitar acabar corriendo entre los árboles presos de una emoción que no podían entender. Al poco, empezaron a encontrarse con hombres de rohan que atareados iban de un lado para otro.
Ehuram agarró a uno de ellos para detenerlo y éste sorprendido por tal afrenta se revolvió.
- He conocido a orcos con mejores modales - le espetó enojado - si no fuera por la celebración no dudaria en desenvainar mi espada.
El beórnida fuera de si lo agarró por el pescuezo empujándolo contra un árbol.
- Mira, he recorrido un largo camino hasta este bosque y ahora solo quiero saber donde se hará el concilio. No se nada de fiestas - sacó un cuchillo y se lo mostró desafiante - aunque si quieres,¿podemos montarnos una tú y yo?
- No será necesario Ehuram - se oyó.
Magnus apareció de entre los árboles de repente.
- Tú, nos enviaste a este lugar, quiero respuestas - contestó el beórnida dejando que el rohirrim se fuera con su amor propio un poco por los suelos.
- Las respuestas que tu deseas no soy yo quien ha de dártelas, pero tú Isilya... - Magnús sonrió - si me sigues tendrás una grata sorpresa.
La elfa que hasta entonces se había mantenido al margen sorprendida por la reacción de su compañero, se adelantó, su rostro se iluminó y no pudo evitar una sonrisa.
- ¿Están aquí? ¿Enumanus y Inzil están en Fangorn? - preguntó con ansiedad.
Magnus no contestó. Se limitó a darse la vuelta y echar a andar.
Isilya corrió tras al igual que Ehuram.
Frente a ellos apareció una gran esplanada rodeada de árboles y llena de gente que iba de un lado a otro entre largas mesas y hermosas orlas que parecían caer de los cielos llenas de flores multicolor.
- ¿Esto es el concilio? - alcanzó a preguntar el beórnida.
- No amigo, esto es mi boda.
Baldor, envuelto en su verde capa les observaba, sentado en un tocón algo apartado del jaleo de los preparativos, sonriente y uniformado como solo puede estar un mariscal de la Marca el dia más importante de su vida.
- Bienvenidos. - continuó, levantándose para acercarse a ellos.

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Cada brazo tiene su arco,
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NotaPublicado: Lun Mar 31, 2008 1:59 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
Mensajes: 274
Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
-¿Baldor? ¿Boda?- fue lo único que acertó a decir Isilya mitad desconcertada y mitad maravillada de ver a Baldor en mitad de todo aquello- pero a nosotros nos dijeron que aquí…
-Sí, sí, el Concilio- le interrumpió el rohir sin dejar de sonreír- será dentro de dos o tres días, presumo. Pero antes aquí he de casarme yo, así me lo he propuesto y así será. De momento todo está saliendo según lo previsto. ¡Vamos elfa quita esa cara de asombro y felicítame al menos!

Isilya se abrazó a Baldor, mientras Ehruam no perdía detalle de nada. En realidad él sí que estaba atónito por todo lo que estaba ocurriendo.
-Me alegro mucho por ti, aunque cuando Magnus me dijo que tenía una sorpresa, creía que era otra cosa- dijo Isilya.
-Y creías bien- afirmó Baldor- mira, por ahí viene tu sorpresa.

A varios metros de ellos aparecieron Gwirdyon, Esdaleon, Ibal y Erztum, quienes al verlos se detuvieron en seco, todos ellos sonrientes. Erztum volvió la cabeza hacia atrás como si buscara algo.
-Vamos, muchacho ven- dijo- aquí está lo que te prometimos el señor enano y yo.
De entre los árboles apareció Inzil, algo abrumado, pues todos los presentes tenían puestos sus ojos en él, expectantes por el reencuentro. Casi no le dio tiempo a reaccionar cuando Isilya ahogó un grito y se abalanzó corriendo hacia él.
-¡¡Inzil!!- La elfa lloraba de alegría mientras cosía a besos al pequeño-¡ay mi niño, pero que flaco estás!
-Eh, eh señorita elfa- replicó Ibal- no será porque nosotros no lo hemos alimentado bien, ¡Si siempre le dábamos la ración más grande!
-Muy a tu pesar, maese enano- se burló Erztum.
-¡Repite eso elfo!- gruñó el enano.
Todos se echaron a reír, menos Inzil quien finalmente, después de la primera impresión que le había dado todo aquello, se echó a llorar.

-¿Dónde está Enumanus?- se atrevió a preguntar Ehruam al cabo de unos minutos en los que, tras las risas, todos se habían quedado en silencio.
-Esperaba que lo hubierais encontrado vosotros- le contestó Gwirdyon- pero veo que no es así y eso me apena y me preocupa por partes iguales.
- Pero… ¿es que nadie sabe nada de él?- preguntó Isilya – hijo, él fue a rescatarte ¿nunca le llegaste a ver? ¿Cómo escapaste entonces?
-Le rescatamos nosotros- contestó Ibal señalando también a Erztum.
-Sí pero… alguien lo intentó antes que vosotros- interrumpió Inzil hablando despacio, como intentando recordar.
-Vaya, veo que hay mucho que contar-dijo Ehruam.
-Bueno, yo también estoy deseoso de saber dónde está Enumanus- reconoció Baldor- a decir verdad me apenaría bastante que él faltara a mi boda. Pero ahora hagamos una cosa; vamos al campamento, debéis estar todos hambrientos y cansados; allí podremos escuchar todo lo que tengáis que contarnos.

Todos se mostraron de acuerdo con el rohir y le siguieron hacia las tiendas.

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NotaPublicado: Mar Abr 01, 2008 8:28 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
A varios kilometros de allí, en las alturas, un enorme águila surcaba los cielos en dirección a Fangorn. Sobre él, Imdralis principe heredero de Dol Amroth, volvía a agradecer la inestimable ayuda al majestuoso ave. Sentado a su lado con aire sombrio, permanecía Enumanus doliendose de su brazo izquierdo a la vez que observaba en silencio como el Anduin se perdia a lo lejos.
- No pienses más en ello – dijo el elfo con tono tranquilizador – hiciste lo que pudiste y nadie puede reprocharte nada.
- Le fallé Imdralis, prometí a Isilya que recuperaría a su hijo y no ha sido así. Deben de estar ocultos en algún lugar ahí abajo.
- ¿Y qué podias hacer?, si no fuera por Aurë que vino a buscar mi ayuda y que pudiste abrirte paso en la salida de la cueva, ahora estarias muerto.
Enumanus volvió a dolerse de su brazo, como si éste quisiera dar testimonio de las palabras del elfo.
- Tienes razón, en mi locura de retirar las rocas que me impedían salir, la herida se abrió y, en la oscuridad de la gruta apenas podía darme cuenta de la sangre que perdia lenta pero irremediablemente.
- Y no sólo eso, llevabas casi dos dias allí dentro cuando te encontré sin sentido. En ese tiempo no debías haber comido ni bebido apenas nada… Pudiste haber retrocedido y llegar hasta Rivendel, donde te habrían ayudado…
- Ya hemos hablado de eso, amigo Imdralis. No me llevo muy bien con los elfos y necio de mi. Creí que podía solucionarlo yo solo. – contestó agriamente el humano.
- Sí. Tambien podías morir tu solo. – concluyó el elfo poniéndole la mano sobre su hombro.


Continuaron el viaje en silencio hasta tener a la vista su destino, atravesaron el bosque de los Ents de norte a sur y empezaron a ver a lo lejos, humanos, elfos y enanos que iban y venían, entrando y saliendo de entre los árboles.
Aurë, que hasta entonces había permanecido sobre el hombro derecho de Enumanus descansando de su largo viaje en busca de ayuda, pareció despertar y en un rápido batir de alas se lanzó al vacio.
- Parece que hemos llegado. – dijo Imdralis sonriente.
El águila empezó a descender hasta tomar tierra pasado el Entaguas ante el asombro de los allí presentes. Enumanus bajó de un salto y al ver que Imdralis le seguía se detuvo sorprendido.
-¿Te quedas? - le preguntó.
- Claro, vengo en representación de mi padre al Concilio. – dicho esto se despidió del ave y éste una vez estuvieron lo suficientemente lejos, abrió sus alas y emprendió el vuelo perdiendose en las alturas.

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NotaPublicado: Jue Abr 03, 2008 2:39 am 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Una vez llegados a la tienda principal de Baldor este pilló a Isilya por el brazo y cuchicheandole al oido le ofreció una tiendecita que estaba un poco alejada del barullo para que se pusiera al día con su hijo. Esta se lo agradeció y con Izil de la mano se dirigió al lugar indicado.

- Gwirdyon, si no estas muy cansada te recomendaria que te unieses a las damas que estan a dos claros de aqui siguiendo esa senda.

La medio elfa miró a su amigo como escrutando sus intenciones, y de pronto este le giñó el ojo. Cayendo de golpe en que era la noche de despedida de ambos entendió que era hora de dejar a los hombres con sus historias y de hacer compañia a la novia y cotillear un rato.

Cuando pensaban que no vendria nadie mas Enumanus e Indralist hicieron su entrada por un lado y reuniendose con Esdaleon, Ibal, Erztum, y Ehruam todos se alegraron de verse de nuevo juntos y en momento tan especial excepto Enumanus y Ehruam que quedaron pronto frente a frente. Por fin se dirian lo que guardaba cada uno.

-Maese- Enumanus le dirigió el primero la palabra- comprendo que tenemos que hablar, pero tambien estamos en medio de una celebración gozosa, ya no nos moveremos de aqui y yo le doy mi palabra de que no me iré, ¿le parece bien dejar las explicaciones para pasado mañana?.

Ehuram comprendiendo que no tenia nada que perder esperando , estubo de acuerdo y ambos se unieron a los gritos, vivas y libaciones varias en una mesa preparada para ellos a la que sin darse cuenta nadie se sentó un Montaraz conocido como Trancos.

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NotaPublicado: Jue Abr 03, 2008 8:55 pm 
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
No tardaron en traerles algo de comer junto con una bandeja llena de pintas de cerveza que, coronadas por un montecito de blanca espuma que empezaba a deslizarse por el borde de tan valorado recipiente, despertó una gran avación en la mesa rectangular.
Enumanus se sentó entre Esdaleon y Imdralis en uno de los lados más anchos, éste último no cesaba de hacerle preguntas a Ertzum que estaba frente a él, sobre su familia y lugar de origen. A la derecha del elfo, Ibal con aire incómodo intentaba agarrar una de las pintas que estaban en el centro de la mesa sin tener que levantarse
– Podían haberme puesto un cojín para alcanzar - masculló entre risas. – A su lado Ehuram con aire distraido, como si aquello no tuviera nada que ver con él, echaba de cuando en cuando miradas furtivas al hombre del parche en el ojo. – Sí – se decía a si mismo – es el anillo, el que le regalé a Gemkel y que jamás se desprendería de él si no fuera por … - tragó saliva emocionado y se llevo la jarra a la boca.
A su derecha, en uno de los extremos de la mesa, un desconocido encapuchado fumaba ociosamente llevandose a los labios la larga y estrecha boquilla de una diminuta pipa.
– Señor, es un honor compartir mesa con vos – dijo en voz baja Esdaleon que al momento supo quien era el inesperado invitado. Los demás, más atentos a la bebida, la comida y a sus propios asuntos, aún no se había preocupado por su identidad.
Un silla quedaba vacía en el otro extremo y Imdralis rápidamente preguntó para quien sería.
- Para quien va a ser – respondió Ertzum – para nuestro anfitrión. Maese Baldor, Mariscal de la Marca y futuro hombre casado – todos rieron – En cuanto halla atendido a Isilya y a su hijo vendrá a despedirse de su soltería en nuestra compañía.
Enumanus se levantó de golpe derramando su cerveza – ¿Isilya? – preguntó fuera de si - ¿Su hijo, Inzil está aquí?
Ertzum observó a los otros divertido – claro, ¿no lo sabia? – dudó un momento – Nadie le ha explicado… - apenas pudo continuar. Apartando la silla aparatosamente Enumanus se disponía a ir en su busca cuando el desconocido se levantó y lo llamó.
- Detente Enumanus – al alzarse la capucha le cayó sobre los hombros dejando al descubierto su identidad – todas tus preguntas podran contestarlas tus nuevos amigos. Inzil está bien, aunque necesita descanso y estar a solas con su madre y ella - sonrió – tambien está deseosa de volver a verte.
Dicho esto volvió a la mesa donde Ertzum aún asombrado por tan ilustre compañía, se dispuso a contar toda la historia del rescate del pequeño elfo.

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NotaPublicado: Vie Abr 04, 2008 3:12 pm 
Maestro Narrador
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-Muchas gracias Baldor- dijo Isilya mientras contemplaba la pequeña pero confortable tienda que el rohir había mandado preparar para ella y su hijo- una vez más te has portado muy bien conmigo.

Baldor sonrió modestamente e Inzil tiró de la capa de su madre como si tuviera prisa. –Vamos mamá que te quiero contar todas mis aventuras-dijo con ansiedad.
-Y yo estoy deseando escucharlas-contestó la elfa sonriendo-anda, espérame dentro que ahora mismo voy.

En ese momento, un soldado de Rohan se acercó a ellos, le habló a Baldor brevemente al oído y volvió a marcharse. El rohir soltó una carcajada de alegría.

-¿Qué ocurre?- preguntó Isilya intrigada.
-Ocurre que ya puedes dormir tranquila pues Enumanus está aquí, sano y salvo al parecer-contestó- Ahora ya no puedo estar más contento, salvo cuando me reúna con todos los hombres y juntos choquemos nuestras jarras llenas.
-¿Dormir? ¡Pero yo no quiero dormir!- se quejó Isilya mirando a todos lados nerviosa.-Quiero verle ¿dónde está?- Baldor la sujetó por los hombros para que se tranquilizara.

-Verás….es tradición que la noche de antes de la boda, hombres y mujeres celebren por separado la despedida de la soltería de ambos cónyuges- explicó Baldor intentando hacer entender a la elfa- pero no te preocupes porque a partir de mañana…
-¡Tienes razón!- interrumpió la elfa dándose un manotazo en la frente- perdóname Baldor, me ha podido el entusiasmo pero entiendo que ahora no sea el momento de encontrarme con él. ¡Venga! ya te he entretenido bastante, será mejor que te marches ya, o los demás hombres se impacientarán.

Y dándose un abrazo se despidieron; Baldor se perdió rápidamente entre los árboles e Isilya entró en la tienda.
-Bueno Inzil, a ver esas cosas que me tenías que contar…
Pero el niño se había quedado profundamente dormido a la luz de una tenue vela. La elfa sonrió, le besó la frente y le arropó con varias pieles. Después apagó la vela y se quedó sentada a su lado, en la oscuridad.


Al cabo de un rato, mientras Isilya reflexionaba sobre todo lo que había ocurrido, le llegaron al oído unas voces lejanas, que entonaban canciones acompañadas de música.
Su curiosidad innata le llevó a deslizarse silenciosamente fuera de la tienda y siguió el sonido por el bosque hasta que al cabo de unos minutos divisó unas luces en un claro.

Se acercó sigilosamente entre la maleza y observó maravillada todo lo que allí acontecía. En aquel circulo, un numeroso grupo de mujeres reía y bailaba alborozaba.
Sobre las ramas de los árboles colgaban las luces doradas de las antorchas que iluminaban todo el claro. A un lado, Isilya pudo ver y escuchar con deleite el sonido claro de las arpas y las flautas, y las hermosas voces que acompañaban a los instrumentos. En el centro, las más animadas bailaban descalzas sobre la hierba, y al otro lado del círculo varias sillas de madera labrada se disponían en fila bajo la copa del árbol más grande. En una de ellas la elfa reconoció a la Reina Arwen, sonriente aunque más sosegada que el resto de sus compañeras. A unos metros de ella, Gwirdyon hablaba animada con una hermosa mujer, mientras bebían en copas de plata. De repente la mujer giró la cabeza hacia la elfa y le sonrió.

-Hola, tú debes de ser Isilya- dijo-ven, acércate.
Isilya se sonrojó, pues tan ensimismada había estado observando la fiesta que no había reparado en ocultarse, o al menos presentarse en condiciones y no acechando entre los arbustos como si de una chiquilla se tratase.

Se adentró despacio en el claro bajo la atenta mirada de algunas féminas, y después de hacer una reverencia a la Reina, se acercó a Gwirdyon y a la mujer.
-Creía que ya no vendrías- dijo la semielfa sonriendo y ofreciéndole una copa a su amiga- mira, esta es Narwin, la futura esposa de Baldor.
-Saludos Narwin- dijo Isilya- ahora veo cuanto de afortunado es Baldor.
La mujer le agradeció el cumplido y las tres chocaron sus copas alegremente, mientras el sonido de la música y las voces de júbilo se elevaban por encima del espeso bosque hasta altas horas de la madrugada.

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NotaPublicado: Dom Abr 06, 2008 2:53 am 
Mariscal del Folde Oeste
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El silencio reinaba en el bosque de Fangor, momentos antes de amanecer.

Cuando los primeros rayos de la alborada incidieron en el inmenso claro que los propios Ents se habian encargado de acondicionar dejaron ver una explosión de color y los ruiseñores trinaron su sinfonia matutina.

En el claro se veian dispuestas 4 filas de bancos con un pasillo inmenso entre ellos, al fondo una tarima forrada de verde con dos alturas. En la mas alta estaban dos tronos con las armas de Eomer y su esposa.

Una hora despues de amanecido los cuernos de Rohan llamaban a congregación, y lentamente 6 filas empezaron a entrar en el claro, las dos de la izquierda, los notables de Rohan, las doncellas y los amigos del novio y la novia que residian en Rohan

Las dos de la derecha El grupo de Gondor al completo. Flanqueados por las partes externas con guardias armados de banderas y pendones. Una vez sentados o en su lugar, sonó de nuevo el cuerno con la llamada del Rey de Rohan el cual acompañado de su esposa y de punta en verde andubo hasta la tarima saludando a los presentes, solo arrugó un poco el ceño al ver a una semi elfa en primera linea cuyos recuerdos le pusieron algo nervioso.

Sentados ya en su sitial, hicieron sonar por tercera vez el cuerno y dos jinetes hicieron su entrada en la gran avenida central, al paso de las monturas todos vieron al novio, cuya coraza con el sol dorado relucia, su capa recien estrenada con el caballo rampante y su estandarte como Mariscal del Folde Oeste. El otro vestia de negro y plata con el arbol en su pecho y el estandarte negro con el arbol y las siete estrellas. Llegados pues a la tarima, ambos desmontaron al mismo tiempo. El Rey Elessar se retiró a un rincón pues iba a celebrarse una de las primeras ceremonias.

Baldor poniendose enfrente de Felaroff le hizo una simple pregunta.

-Conoces a la dama con la que quiero desposarme, ¿la tomas como tu jinete?.

El meara miró a su compañero y amigo y relinchando sacudió la cabeza con un si que hizo que todo el claro reventara en aplausos.

-Pues ves a buscarla.-El caballo con una calma impresionante y marcando cada paso salió del claro.

Baldor girandose hacia su Rey e incando la rodilla en la alfombra de flores que cubria el camino...

-Mi señor... cuando gusteis.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Dom Abr 06, 2008 4:14 am 
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Ya hacía un rato que Felarof había ido a buscar a Narwin y ni la montura ni la novia volvían hasta el lugar donde se iba a celebrar la ceremonia. Baldor, impaciente, miraba a todos lados, los invitados empezaban a cuchichear entre ellos. Elessar, de pie junto a Baldor, metido en su papel de padrino del novio, le puso una mano en el hombro y le sonrió a la vez que le hacía una mueca simpática para quitarle importancia al asunto. La reina Arwen, al ver que su esposo le daba ánimos a Baldor, se dirigió a algunas de las invitadas a la fiesta de la noche anterior.
- Id a buscar a la novia -Puso una mano sobre el antebrazo de la semielfa que se acababa de levantar al escuchar la orden.- Averigua qué es lo que ocurre, con discreción, como siempre -La semielfa asintió con la cabeza.

Un grupo de cuatro mujeres, entre ellas Isilya y Gwirdyon se dirigieron hacia la tienda en la que se alojaba la novia. Encontraron allí a Felarof, que esperaba. La puerta estaba adornada con guirnaldas de flores alrededor de todo el marco y unos centros de nardos y violetas flanqueaban la entrada. Una de las mujeres abrió la puerta con cuidado y cuando pudieron penetrar en el interior, descubrieron a Narwin sentada en una silla, callada, seria, mirando al infinito.
- ¿Qué te pasa? -Preguntó Isilya preocupada. Se acercó hasta la novia y se agachó para ponerse a su altura, pues estaba sentada-, todos te estamos esperando.
- No... no... puedo -dijo Narwin entre sollozos-. No estoy preparada... Me falta...
- ¿Qué, qué te falta Narwin? -Dijo Gwirdyon.
- Pues... me falta... algo azul, algo prestado, algo nuevo, algo viejo... -Narwin se agobiaba cada vez más a medida que iba nombrando las cosas que le faltaban-, y no tengo ninguna de esas cosas...
- Bueno -Se aventuró a decir Isilya-, yo te presto este colgante. Me lo regaló Enumanus hace un tiempo. Y me gustaría recuperarlo cuando termine la ceremonia.
La elfa se quitó el colgante y lo pasó por el cuello de la novia. No era de ningún metal noble, sino de cuero, pero en aquel momento era lo único que se le ocurrió.
- Y yo...-Dijo otra de las mujeres-, te regalo este pañuelo azul. Es de algodón, ¡y está limpio!
Narwin sonrió ante el último comentario y aceptó con gusto el pañuelo. Lo recogió, lo dobló y lo guardó en su manga.
- Bien... Falta algo nuevo y algo viejo -Apostilló Isilya.
- Yo... -Dijo otra de las mujeres que habían ido a buscar a la novia-, le regalo estos pendientes. Están sin estrenar, pues mi esposo, que es experto en fabricar joyas, los ha hecho expresamente para vos.
Narwin recogió emocionada los pendientes de plata con gemas engarzadas en ellos.
- Y yo te presto ésto -Gwirdyon sacó de entre sus refajos una pequeña daga con inscripciones élficas en su mango-: Fue forjada en Lindon durante la primera Edad y fue pasando de generación en generación hasta que llegó a Cirdan. A su muerte, sus objetos personales fueron repartidos entre familiares y amigos muy allegados. Esta daga en concreto fue a parar a manos de Celeborn, quien la llevó hasta Rivendel en una de sus visitas a Elrond, quien me la entregó a mí, pues pertenece a la familia de mi madre. Siempre la llevo encima para sentirme de cerca a mis antepasados. Encontrarás pocos objetos tan viejos como éste.

La semielfa hizo entrega de la daga a Narwin, quien la miró ensimismada. Entonces una gran sonrisa en su rostro apartó todo signo de tristeza y preocupación. Colgó la daga de su cinturón, en un lugar visible y se levantó con decisión.
- Ahora sí estoy lista. Vayamos pues a celebrar mi boda -Narwin salió la primera y las cuatro mujeres le siguieron.

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NotaPublicado: Dom Abr 06, 2008 10:13 pm 
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Al poco volvieron las cuatro damas a ocupar sus asientos bajo la mirada llena de curiosidad de los allí presentes. Gwirdyon hizo un gesto casi imperceptible al rey de Rohan que, sonriendo satisfecho, pidió con un gesto que todos se levantaran.
El lugar se llenó de un murmullo que iba creciendo a la vez que la excitación de Baldor conforme aumentaba la espera. Entonces, el relinche de Felarof se oyó tras la entrada del recinto y Baldor al volverse pudo ver a su amado meara, acercándose con aire indolente montado por su pronta esposa. La estampa parecía sacada de las más bellas historias escritas.
El silencio se iba adueñando del lugar conforme Narwin sobre Felarof atravesaba el recinto dirigiéndose lentamente hacia el rohir que los observaba ensimismado. Todos, fueran extraños o conocidos, parecían maravillados a su paso apareciendo en su rostro una sonrisa de aprobación.
Al llegar hasta el emocionado Baldor, éste la ayudó a desmontar con cuidado y al sentir los dos el leve contacto de sus manos, sus corazones parecieron estallar de alegría dentro de su cuerpo.
El cuerno volvió a sonar por cuarta vez y los aplausos y vítores de los asistentes dieron partida a la ceremonia.
Felarof de pie a la derecha de Narwin permanecía impasible consciente de la importancia de lo que iba a ocurrir.

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Cada brazo tiene su arco,
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NotaPublicado: Lun Abr 07, 2008 11:38 pm 
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Éomer oficiaba la boda por ser el jefe de la casa de Baldor. Miró al frente y vio un montón de caras conocidas que no por eso le causaron alegría, sino más bien malos recuerdos. Miró a Elessar y esperó a que su Majestad diera el visto bueno para comenzar la ceremonia. El consentimiento del monarca no se hizo de rogar. Los dos novios se miraron a los ojos y sonrieron, como si de repente se hubiesen quedado solos en el recinto y nadie más respirara el mismo aire. Los hijos de Baldor, sentados en la primera fila, lloraban de emoción y de gozo a la vez. Unas cuatro filas atrás, más o menos, Isilya intentaba explicarle a su hijo Inzil los ritos de una boda rohir, pero tampoco podía hacerlo porque ella misma desconocía los detalles.
- Shhhh, calla hijo -Isilya le mandó callar-, luego preguntaremos para qué sirve eso, pero ahora tenemos que estar atentos para enterarnos de lo que hacen.
Al lado, Erztum e Ibal, que les había tocado sentarse uno al lado del otro, no perdían detalle de las guapísimas damas que acompañaban a la reina Arwen. Sus ojos no daban abasto para tanta belleza. Tan descarados eran que hasta Isilya se sintió ofendida porque habían dejado de prestarle atenciones. Enumanus, junto con Imdralis miraba la situación y reía. Esdaleon tampoco había perdido detalle de las damas de honor y de compañía de la reina e incluso había contactado con la mirada con alguna de ellas.
- Ahora van a comenzar con el intercambio de promesas -dijo alguien en voz baja, pero lo suficiente alta como para que lo oyeran todos los de alrededor-, este es un momento precioso.
Los novios se colocaron uno frente al otro y se tomaron de las manos. Entonces Baldor se dispuso a hablar cuando...

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NotaPublicado: Mié Abr 09, 2008 4:06 pm 
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Los novios se colocaron uno frente al otro y se tomaron de las manos. Entonces Baldor se dispuso a hablar cuando de pronto varios soldados, que se encontraban al final de la estancia, se retiraron del lugar tan sigilosamente como les fue posible.

No obstante algunos invitados se revolvieron en sus asientos y giraron la cabeza con curiosidad para ver qué es lo que ocurría. Sin embargo, tanto los novios como los padrinos obviaron aquel detalle y siguieron con la ceremonia, y enseguida todos los murmullos se silenciaron.

Eomer se levantó de su asiento y bendiciendo, primero en rohírrico y después en la Lengua Común, volvió a coger las manos de Baldor y Narwin y las unió. Al momento, el Rey Elessar y la Reina Arwen se acercaron a los novios y les entregaron dos anillos de oro que sellarían aquella unión. Antes de que ninguno hablara, las damas de la reina comenzaron a entonar un canto, cuyas voces celestiales dejaron al público mudo y maravillado.

En aquel momento solo los que tenían el oído más fino pudieron escuchar cómo algunos de los guardias que se habían retirado minutos antes habían vuelto, pero para no interrumpir se habían quedado atrás del todo, casi entre los árboles. Junto a ellos alguien permanecía de pie envuelto en una gran capa grisácea.

Isilya volvió la cabeza con disimulo para poder enterarse de algo. Pero, para su sorpresa, sus ojos fueron a dar con los de Enumanus, que estaba sentado varias filas detrás de ella. Desde que él llegara la noche anterior no habían tenido ninguna ocasión para hablar, tan solo se habían visto de lejos aquella misma mañana en medio de todo el ajetreo de la boda. La elfa, en un arranque de descaro le guiñó un ojo y le sonrió.

-¿Mamá estabas ligando?- interrumpió Inzil, que estaba atento a todo menos a la ceremonia.
El niño se ganó un capón como única respuesta, y Gwirdyon se volvió inmediatamente hacia Isilya y la miró con gravedad propinándole un disimulado codazo.
-¿se puede saber qué os pasa a vosotros dos?- susurró.
-No, nada. Estaba mirando a los guardias….-murmuró la elfa- parece ser que ha llegado un invitado de última hora.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 1:21 am 
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Pero no sólo Isilya se había dado cuenta de la llegada del infiltrado en la ceremonia. Esdaleon se había puesto tenso y, pese a la exquisita educación que había recibido en Rivendel, no pudo refrenar sus impulsos y se levantó como una centella y, con paso firme y rápido, se acercó hasta el lugar. Éomer, que vigilaba todo desde su lugar privilegiado, desde el cual oficiaba la ceremonia, cerró los ojos como si viese venir algo horrible. Suspiró y cabeceó con resignación.
- No aprenderán nunca... -Dijo el monarca rohir para sí mismo, y continuó con la celebración.
Cuando Esdaleon llegó hasta donde estaba el extraño se dio cuenta de que había dejado su espada en la entrada, pues en la celebración no estaban permitidas las armas. Así que se acercó hasta él en actitud defensiva y contando sólo con sus puños. El encapuchado bajó su capucha y dejó ver unos hermosos cuernos de cabra.
- Salud, amigo -Le dijo el maia mientras daba un último chupetón a su pipa, por eso de que no se podía fumar durante la ceremonia-. ¿Eres amigo del novio o de la novia?
- Pues... -Esdaleon se relajó de la postura tan tensa que había adquirido y sonrió-, ¡del novio, por supuesto!
- Estupendo, yo también. Creo que tengo un sitio guardado por ahí. ¿Me acompañas?
- Sí -Contestó Esdaleon lacónicamente.

Y ambos recorrieron el camino hacia los asientos. Cuando el novio vio aparecer en la fiesta al caprino, que se hacía llamar Akerbeltz, , su corazón se llenó de gozo, pues era alguien por quien sentía un gran respeto y cariño a la vez. Eomer también respiró con tranquilidad cuando vio volver a Esdaleon sin que hubiera habido que sofocar ningún fuego.

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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 5:59 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Baldor, concentrándose en la mujer que tenia ante él y olvidando todo lo demás dijo los votos matrimoniales en Rohir:

Aunque hablara todas las lenguas de Arda,
si me falta amor sería
como bronce que resuena
o campana que retiñe.
Aunque repartiera todo lo que poseo
e incluso sacrificara mi cuerpo,
pero para recibir alabanzas y sin tener el amor,
de nada me sirve.
El amor es paciente y muestra comprensión.
El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla.
No actúa con bajeza ni busca su propio interés,
no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
No se alegra de lo injusto,
sino que se goza de la verdad.
Perdura a pesar de todo, lo cree todo,
lo espera todo y lo soporta todo.
De noche, amada, amarra tu corazón al mío
y que ellos en el sueño derroten las tinieblas
como un doble tambor combatiendo en el bosque
contra el espeso muro de las hojas mojadas.
Nocturna travesía, brasa negra del sueño
interceptando el hilo de las uvas terrestres
con la puntualidad de un meara descabellado
que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.
Por eso, amor, amárrame el movimiento puro,
a la tenacidad que en tu pecho golpea
con las alas de un cisne sumergido,
para que a las preguntas estrelladas del cielo
responda nuestro sueño con una sola llave,
con una sola puerta cerrada por la sombra.


Narwin mirándole con un brillo en sus ojos le respondió:

¿Cómo te amo a ti? Déjame contarte las maneras.
Yo te amo a ti a lo largo ancho y alto
Mi alma puede alcanzarte, cuando te siento fuera de mi vista
Por el fin de ser y gracia ideal.
Yo te amo a ti al nivel de cada día
El mayor descanso necesario, por el sol y la luz de las velas.
Yo te amo a ti libremente, como los hombres se esfuerzan por lo correcto;
Yo te amo a ti puramente, como ellos vuelven de la alabanza.
Yo te amo con una pasión lista para usar
En mis viejas penas, y con la fe de mi infancia.
Yo te amo a ti con un amor que parece perderse
Con mis santos perdidos, -- Yo te amo a ti con la respiración,
La sonrisa, las lágrimas, de toda mi vida! -- y, si Eru lo elige,
Yo te amaré a ti mejor después de morir.


Tras unos momentos de emoción se pusieron los anillos y Eomer dando fe de lo acontecido ante él les exhortó:

Cuando por fin se encuentran dos almas,
Que durante tanto tiempo se han buscado una a otra entre el gentío,
Cuando advierten que son parejas,
Que se comprenden y corresponden,
En una palabra, que son semejantes,
surge entonces para siempre una unión vehemente y pura como ellas mismas,
una unión que comienza en la tierra y perdura en el cielo.
Esa unión es amor,
amor auténtico, como en verdad muy pocos hombres pueden concebir,
amor que es una religión,
Que deifica al ser amado cuya vida emana
Del fervor y de la pasión y para el que los sacrificios
Más grandes son los gozos más dulces.

Amar es querer la felicidad del otro.
El amor jamás es acoso, es alegría, libertad, fuerza.
Y es el amor el que mata la angustia.
Allí donde falta el amor, nace el miedo y el aburrimiento.
El amor es arrebato, el amor es entusiasmo, el amor es riesgo.
No aman y no son amados, aquellos que quieren ocultar ó esconder sus sentimientos.
El amor es generosidad, el amor es entrega, el amor es intercambio.
Quien da mucho, recibe mucho a fin de cuentas
Porque nosotros poseemos aquello que damos.
Amar no es dañar al otro, dominarlo, sino acompañarlo en su camino y ayudarlo.
Saber aceptar al otro tal como es
Alegrarse de la felicidad que logre.

Amarlo en su totalidad, porque él es lealtad y belleza, defectos y cualidades. He aquí las condiciones del amor.
Porque el amor existe en virtud de la indulgencia, del perdón y del respeto al otro.


Dirigiéndose a los presentes declaró que la ceremonia había terminado y que podían pasar al claro contiguo a celebrar el banquete.
Los hurras, y demás vítores ahogaron lo que se dijeron en un abrazo cuatro personas que desde ese momento eran una familia.

PD: los votos y discursos están adaptados de poemas de amor y otros, mas quisiera yo ser Pablo Neruda

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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 9:28 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Todos los allí presentes empezaron a dirigirse al claro donde iba a celebrase el banquete. Gwirdyon entonces esperó de pie a que sus compañeros se reagrupasen de nuevo. Ibal, Ertzum, Isilya e Inzil ya estaban junto a ella y Imladris, Esdaleon y Ehuram fueron los siguientes en unirse al grupo.
A unos metros de allí Baldor y su flamante esposa intentaban despedirse de Eomer y Elessar que , parecían competir a ver quien deseaba más buenaventura a los recien casados.
Enumanus se acercaba esquivando los invitados que se dirigian hambrientos al banquete. Intentaba no perder de vista a la semielfa y compañía cuando chocó sin querer con una persona bajo una tunica que corria hacia el altar.
-Perdonad - le dijo caballerosamente.
Al volverse la reconoció en seguida. - ¿Llumdelest? ¿Tambien has venido a la boda? - preguntó sorprendido.
-¡Claró! - sonrió - y no solo yo - exclamó la auriga señalando al fondo.
Enumanus levantó la vista y tal como imaginaba allí estaban Ithilien, Nenime, Baranduin, y muchos otros conocidos de la posada.
- Nadie del poney se ha perdido esta boda, un Mariscal de la Marca no se casa cada dia, además ¿quien se iba a perder tan exquisitos manjares, por no decir de la bebida? - Llumdelest le guiño el ojo.
- Tienes razón, espero que nos veamos mas tarde.
- Yo tambien, bueno, voy a felicitar a la novia y al novio.
Dicho estó siguió su camino esquivando la gente que iba y venia.
- ¿Estamos todos? - casi gritó Gwirdyon al ver llegar a Enumanus.
- Siiiii - oyó por respuesta.
- Entonces a comer. - todos rieron satisfechos y alegres.

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NotaPublicado: Lun Abr 14, 2008 12:17 am 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Dos horas tardaron los recién casados en saludar a todos los amigos, conocidos y desconocidos que les daban la mano, les abrazaban y besaban. Aguantaron dándose fuerzas mutuamente con las miradas que cada momento se enviaban uno al otro.
Finalmente y acompañados de las dos parejas de Reyes hicieron entrada en el claro del Banquete. Desde hacía un buen rato la gente disfrutaba ya de los buenos caldos, cervezas y buenas viandas.
Mientras se encaminaban a la mesa preparada para ellos volvían a saludar… Baldor se fijó en una mesa un poco apartada donde una figura encapuchada se deleitaba con una jarra de fresca cerveza que el Mariscal sabía bien de donde procedía. Dando un apretón en la mano a su esposa le pidió permiso para ir a saludarlo.
Se acercó y sentándose en uno de los bancos…
-Agradezco tu presencia en lo que vale, se que estas muy ocupado.
-Sabes que nunca digo no a un Banquete.
-Si necesitas algo, pídeselo a cualquiera de los que sirven la comida y no tardaran en traértelo.
-Tranquilo, con cerveza del Poney está todo bien.
-Pues pásalo bien Aker.
Reuniéndose otra vez con Narwin comieron frugalmente, los nervios y la excitación bloqueaba sus estómagos.
Tras un buen rato, y viendo que la gente ya estaba atenta mas a los que estaban a su lado, como era costumbre iniciaban el tiempo de bailes y saraos los dos recién casados, una vez todos despistados, se despidieron de los hijos de Baldor, los dos reyes y reinas y cuando nadie se fijaba en ellos, menos el ensotanado que les hizo un brindis solitario, se deslizaron por un camino que les llevó ante un imponente Ent, el cual al verlos llegar se alzó y bajando las ramas los acogió y dado que ya estaba todo hablado los condujo al centro del bosque donde unos árboles se habían enramado formando una cabaña natural, con un prado de hierba verde en cuyo centro corría reposadamente un pequeño riachuelo que remansaba un poco formando una pequeña poza de un metro de hondo. Una vez solos la pareja habló por fin del futuro y así poco a poco llegó la noche….
Solo ellos saben que sucedió esa noche, lo único que se sabe es que dos corazones se fundieron en uno y cuando salieron eran tres.
Dos días mas tarde empezaba el concilio de la 4ª edad y ya nadie se acordaba de los banquetes de los días anteriores.

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NotaPublicado: Lun Abr 14, 2008 1:40 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Poco a poco el bosque viejo fue vaciandose de visitantes conforme se acercaba la hora del Concilio. Poco rastro quedaba ya en Fangorn de la celebración de la boda y su correspondiente fiesta.
Enumanus aprovechó el tiempo para pasear con Isilya y Inzil por los alrededores del lugar, parecía evitar encontrarse con Ehuram, mas éste a escondidas no lo perdía de vista.
-¿Desde que Baldor se fue pareces tenso, Enumanus? - le preguntó la bella elfa – desapareces de repente y solo te dejas ver si estas a mi lado.
El humano caminaba a su izquierda en silencio agitando una de sus flechas arriba y abajo haciendola zumbar.
- No es nada, solo que estoy poniendo en claro mis pensamientos. –contestó distraido.
- ¿Es por el beórnida no? ¿Crees que no me he dado cuenta? – se detuvo para sentarse sobre un tronco caido y lo miró preocupada – quedaste con él para hablar sobre su amigo, ¿Cómo se llamaba?
- Gemkel – contestó Enumanus de mala gana, de pie frente a ella.
Inzil llegaba en ese momento corriendo por entre los árboles acompañado de Ertzum, se detuvieron para coger aliento ante ellos y con un - ¡A que no me coges! – volvieron a desparecer entre risas y gritos.
- Parece que se han hecho buenos amigos – sonrió Enumanus.
- Sí, el elfo y el enano, Ibal, saben tratar a los crios.
Se miraron en silencio y él se sentó a su lado despues de dejar su arco apoyado en un árbol.
-Solo te pido que confies en mi, sabes mucho sobre mi pasado pero no todo y hay cosas que no entenderías.
-¡Ja! – rio – no te autocompadezcas ahora, más de uno sabe sobre ti muchas cosas y a más de uno le importan o no. Resuelve lo que tengas pendiente con Ehuram o te perseguirá toda la vida.
Isilya se volvió hacia él, estaban sentados muy cerca el uno del otro, tal vez demasiado. Se miraron a los ojos fijamente bajo la luz que se filtraba entre las hojas de los árboles.
- Cogiste un arco de mi casa – exclamó Enumanus riendo sin dejar de mirarla.
- Tal vez era para mi – contestó Isilya agarrándolo por el cuello de la camisa.
Siguieron mirandose sonriendo los dos hasta que el crujido de unas pisadas les llamó la atención. Ehuram con aire serio se apareció de repente frente a los dos.
- Tenemos que hablar – dijo.

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NotaPublicado: Jue Abr 24, 2008 3:35 pm 
Maestro Narrador
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Isilya se soltó de Enumanus y se levantó del tronco sorprendida de ver a Ehruam; parecía como si les hubiera estado siguiendo. El beórnida estaba de pie frente a ellos cruzado de brazos y con cara de pocos amigos. Enumanus por su parte, permaneció sentado y suspiró resignado pues sabía que ya no podía demorar por más tiempo aquel asunto.
-Esta bien- dijo con calma- ¿por donde quieres empezar?
-Pues puedes empezar contándome que hace en tu dedo el anillo que le regalé a Gemkel -la voz de Ehruam denotaba una furia que cada vez le costaba más contener.
Enumanus alzó la vista e hizo el amago de contestar, pero la mirada fija que Isilya tenía puesta en él le amilanó.

-¿Es que no vas a responderme? ¿Qué le hiciste a Gemkel? ¡habla!- bramó el beórnida a la vez que desenvainaba su espada.
-¡No!- la elfa se adelantó y se detuvo frente a él- ¡Ehruam basta! Dijiste que querías respuestas, así que guarda la espada pues no vas a solucionar nada con ella en la mano.
El beórnida la miró un tanto molesto, pero se contuvo de hacerle ningún comentario y lentamente volvió a envainar la espada.
-Isilya será mejor que nos dejes solos-habló Enumanus desde su posición.
La elfa se acercó hasta él y con un discreto movimiento le acarició la mano.
-Búscame luego..si quieres-dijo antes de marcharse de allí.



Mientras tanto, en las afueras de Fangorn, Gwirdyon observaba de pie y en silencio la Torre de Isengard.

-Me pregunto si Nolmo seguirá allí encerrado-dijo sabiendo quién se le había acercado por detrás- y también me pregunto dónde estará Magnus.
-Psss y ¿para qué quieres saberlo? por mí como si se encierra con ese Nolmo y no sale nunca más-respondió Esdaleon con su habitual tono sarcástico.
-Solo quería preguntarle por los detalles del Concilio, que por cierto se celebra dentro de unas cuantas horas...
-Ja-río el semielfo interrumpiendo a su compañera- ¿ahora te interesa el Concilio? pero si hace dos días querías marcharte de aquí y no te importaba nada de eso.
-Será que la boda de Baldor y el reencuentro de tantos amigos me ha puesto de mejor humor- Gwirdyon dio la espalda a la Torre y comenzó a caminar de vuelta al Bosque-vamos Esdal no me digas que no tienes curiosidad por saber de qué se va a hablar.
-Curiosidad puede -el semielfo adelantó a su compañera mientras realizaba unos extravagantes movimientos con su espada- pero es que ya me veo lo que va a pasar.
-¿y qué va a pasar?
-Pues que solicitarán mi ayuda, como siempre- alardeó Esdaleon en un tono que casi convence a la semielfa- ¿dónde encontrarán si no a un guerrero tan curtido y preparado? y claro, el bueno de Esdaleon no tendrá más remedio que aceptar aun a sabiendas de que me meteré en líos como siempre. Y tú ándate con ojo Gwirdyon pues a lo mejor también te miran a tí, ¿sabes por qué?
-¿Por qué Esdal?- la semielfa a duras penas podía contener la risa.
-Pues porque desde que andas conmigo has mejorado mucho como guerrera, aunque aún te quede mucho para igualarme, claro.
-Claro Esdal claro, que tonterías pregunto.

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NotaPublicado: Jue Abr 24, 2008 8:33 pm 
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Habían pasado dos días desde la célebre boda de Baldor y Narwin, los recién casados seguían de luna de hidromiel perdidos entre los bosques de Fangorn, y el alborozo y la alegría por la tan esperada unión habían dado paso a la preocupación y el desasosiego que el Concilio producía a quienes se encargaban de su preparación. Se veían seres de todas las razas corriendo de un lado para otro asegurándose de que todo estuviera a punto para la hora de comienzo.

No había sido fácil convencer a los árboles de Fangorn para que les prestaran ese terreno durante el tiempo necesario para la preparación y puesta en escena del Concilio, pues de todos es conocida la animadversión que los Ucornos sienten por cualquier criatura, y los ents se habían visto en una difícil situación para garantizar la seguridad de los asistentes al Concilio, ya que no siempre podían calmar la ira de los Ucornos hacia cualquiera que se acercara a escasos metros de uno de ellos. Desde la Batalla de Isengard, durante la guerra del Anillo, su odio hacia cualquier humano, orco o criatura que caminase a dos patas se había acrecentado hasta límites inadmisibles.

- Mira, Ibal, ese árbol está tan retorcido que parece que se ha hecho un nudo consigo mismo, ja, ja, ja, ja -bromeó Inzil refiriéndose a un Ucorno que había a dos metros de él. De repente una de las raíces del milenario árbol se arrancó del suelo y en un movimiento rápido se dirigió con fuerza hacia la cabeza del muchacho con la clara intención de derribarlo de un golpe. Erztum que andaba justo detrás del niño se abalanzó sobre él tirándolo al suelo en el mismo instante en que la rama rozaba ligeramente los últimos pelillos de su cogote sin lastimarle.
- Cuidado con lo que dices, muchacho -le reprendió Ibal mientras les ayudaba a levantarse-. Procura mantenerte alejado de estos árboles tan retorcidos, como tú los llamas.
- Ibal, ¿por qué no talas ese árbol con tu hacha? Es un árbol muy peligroso y puede hacer daño a alguien más -preguntó Inzil.
- Si valoras en algo tu vida -respondió el enano- no vuelvas a hacer un comentario como ese en un sitio como éste. Antes de que yo levantara en alto mi hacha, las ramas de estos árboles me agarrarían por las cuatro extremidades y tirarían de ellas hasta hacerme pedazos.

Inzil se asustó mucho de las palabras de Ibal y corrió al amparo de Erztum. El elfo con un gesto corroboró lo que le había dicho el enano y el niño se echó a llorar.
- ¡¿Qué le habéis hecho a mi niño?! -preguntó Isilya gritando. Justo pasaba por allí cuando vio a Inzil llorando a moco tendido. Abrió los brazos para acoger al chico y miró con dureza al enano y al elfo-. Inzil no llora sin razón, es un elfo muy valiente, algo gordo le habéis hecho y cuando me entere os voy a dar lo que os merecéis -y dicho esto se dio media vuelta con el niño apoyando la cabeza en su regazo. Erztum miró a Ibal y resopló.
- Prefiero la ira del Ucorno a la de Isilya -dijo el enano.
- Pues yo prefiero a Isilya, sobre todo cuando está enfadada, ja, ja, ja, ja -Erztum rió y los dos se alejaron de allí.


Mientras en las afueras de Isengard...
- ¡Eh! ¡Vosotros dos! -bramó una voz desde lo alto de la torre de isengard. Esdaleon y Gwirdyon miraron para arriba y vieron que la ventana por la que tiempo atrás Imdralis había conseguido introducirse dentro de la torre para mirar los libros secretos que en ella había, y que después de salir de la torre había cerrado de nuevo, estaba abierta de par en par y un rostro conocido se asomaba por ella.
- Ja, ja, ja, ja -se rió Esdaleon sin poderlo evitar-, ¿se puede saber cómo has llegado hasta ahí?
- Pues fácil -contestó el inquilino del piso superior de la torre-, la puerta estaba abierta, afuera hacía calor, dentro se estaba fresquito y entré a echarme una siesta. Y ahora al abrir la ventana, para airear la estancia, os encuentro justo ahí debajo.
- ¡No me lo puedo creer! -exclamó Gwirdyon-, yo creía que estabas en Bree acabando con la reserva de cervezas de Mantecona.
- De vuelta desde Rivendel hacia Bree, pasé por la posada abandonada, pero los barriles de cerveza seguían intactos, para suerte mía, ja, ja, ja, ja y allí sí que acabé con toda la reserva que quedaba... -el anciano se tambaleó tanto que a punto estuvo de caer por la ventana- pero no os preocupéis, que cumplí con mi deber, je, je, y luego, como la cerveza del Poney Pisador ya la conocía, me acerqué hasta la Perca Dorada y... sí, amigos, en verdad tiene fama de ser la mejor de la cuaderna del Este, mucho mejor que la de la posada de Delagua...
- ¿Es que también probaste esa cerveza? -preguntó Esdaleon asombrado.
- Ja, ja, ja, y no sólo probé la cerveza, sino también la hierba para pipa y alguna que otra de las bondades de ciertas hobbitinas, ja, ja, ja, ja -contestó el anciano.
- ¡Baja aquí ahora mismo, Walo! -le ordenó Esdaleon-, ¡maldito viejo borracho mujeriego! ¡Te voy a dar una paliza! Nosotros preocupados por tí, y mientras tú vivías a cuerpo de rey... Cuando te agarre vas a volver a perder la memoria... pero del golpe que te voy a dar...
- Ja, ja, ja, ja -fue la respuesta de Walo hacia Esdaleon. En ese momento una voz conocida se dejó oír tras el semielfo guerrero.
- ¿No creéis que este no es momento para andar de juerga por estos alrededores? El gran Concilio va a comenzar, estúpidos moradores de esta tierra... -Magnus no pudo terminar de decir su frase, pues Esdaleon ya había desenvainado su espada y en un rápido movimiento le había encajado una patada en el pecho que había empujado hacia atrás a Magnus. La enorme altura del istar negro era una desventaja para Esdaleon, que también era muy alto y fuerte, pero no tanto como Magnus, lo cual le provocó un retroceso también a él y a punto estuvo de perder el equilibrio y caer al suelo al volver a colocar los dos pies en tierra firme. Gwirdyon se había alejado como por un resorte y esperaba a un lado, preparada para salir en defensa de su amigo, pero manteniéndose al margen, pues sabía que ese era un asunto pendiente entre los dos desde hacía ya tiempo.

Walo, disimuladamente, había vuelto las hojas de la ventana y se había escondido en su interior, donde se estaba atrincherando con los libros más grandes y pesados que había encontrado con la intención de tirárselos a la cabeza al ofensor de su buen amigo.

Magnus se irguió tras recuperarse del dolor del golpe infligido por Esdaleon, y se deshizo de su capa para tener mayor libertad de movimiento. Esdaleon hizo lo mismo y dejó al descubierto una camiseta oscura ajustada que dejaba entrever su musculado tórax. Los dos estaban preparados, aquello era algo más que una simple cuestión de honor.

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NotaPublicado: Vie Abr 25, 2008 10:09 pm 
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Mientras, Ehuram viendo que Enumanus no tenía intención de levantarse, se había sentado en una pequeña roca que asomaba entre las raices de un viejo roble que ergía a pocos metros frente al humano. Éste esperó a que la elfa desapareciera entre los árboles, para empezar a hablar.
-Tienes razón, este anillo no es mio – dijo quitándoselo y arrojándoselo al beórnida – Gemkel me lo dio con una condición, si alguna vez te encontrara, te lo devolviera. – Ehuram lo cogió al vuelo y después de observarlo detenidamente yfrotárselo en sus ropas se lo puso. Abrió la boca para decir algo pero Enumanus lo interrumpió como si supiera lo que iba a preguntar.
-Gemkel murió – dijo amargamente – ni siquiera alcanzó a llegar a Fangorn, hará ya cerca de 6 o 7 años.
Ehuram ni se inmutó, se limitó a mirarle fijamente mientras se llevaba la mano al puño de su espada.
- Dime, ¿cómo se yo que no fuiste tú quien lo mato? Cuentamelo todo y si no creo tu historia tandrás que vértelas con mi espada. – Enumanus sonrió levemente.
- Hace mucho tiempo logré escapar de un campamento de orcos. Su jefe, un medio Uruk-Hay llamado Tserleg no me tenía en gran estima y juró matarme. Vagé perdido durante meses sabiéndome perseguido, ocultándome por el dia y moviéndome en la oscuridad de la noche. Sí, estuve mucho tiempo asi… - Enumanus parecía absorto en sus pensamientos como si se hubiese trasladado en el tiempo para revivir sus pasado - Aquel amanecer estaba buscando un buen lugar para dormir cuando encontré a Gemkel desayunando cerca del camino. Estaba sentado frente a una pequeña hoguera junto a su carromato y bebía una taza de algo humeante que desprendía muy buen olor. Yo, hacía tiempo que no me llevaba algo decente al estómago y oculto entre la maleza dudaba en ir o no a su encuentro. Fue entonces cuando, tal vez por cansancio o por despiste, no se…. Escuché un ruido tras de mi y apenas tuve tiempo de volverme cuando algo pesado y contundente me golpeó en la cabeza , tan fuerte que me lanzó fuera de mi escondite cayendo a la vista del beórnida. – Respiró hondo llevándose la mano al rostro sobre el parche que le cubría el ojo. - Tendido en el suelo apenas pude reaccionar, sentí como si la cabeza fuera mi corazón a punto de estallar, bum, bum. Me ardía la cara y no veia del lado izquierdo. – ¡Vas a morir Enumanus! – alcancé a oir mientras me daba la vuelta para levantarme, entonces vi a Gemkel corriendo hacia mi, espada en mano, gritando como un poseso. – Con un rápido gesto se quitó el parche y se lo lanzó a Ehuram que no pudo reprimir un gesto de sorpresa al verle la cara. - ¿Lo reconoces? – preguntó Enumanus.
El beórnida examinó el trozo de cuero para ver en la parte posterior escrito al fuego el nombre de su amigo. – Gemkel – susurró – sí, es el parche que llevó durante la guerra. – Se levantó y se acercó para dárselo en mano sin dejar de mirarle. Enumanus se puso de nuevo el parche y le agarró la mano antes de que fuera a sentarse. – Nadie escepto tú me ha visto sin el parche, confio en tu discreción. – Ehuram asintió. Una vez sentado Enumanus continuó su relato.
- Perdí el conocimiento. Cuando desperté me encontraba tumbado en el carromato de Gemkel, sujeto con cuerdas para no rodar y con la cabeza completamente vendada. Habían pasado ocho dias en los que no dejó de cuidarme, cuando le pregunté por mi atacante abrió un cesto de mimbre y sacó la cabeza deforme de un orco. – Ahora que ya la has visto puedo deshacerme de ella. – recuerdo que dijo y la lanzó al borde del camino. Los dias siguientes me explico que me golperon con una enorme maza y que había tenido suerte en moverme lo suficiente para que no me diera de pleno y abrirme la cabeza, el arma me dio de refilón lo suficiente para perder el ojo. – Se ajustó el parche con cuidado mientras intentaba sonreir - Me regaló su parche, dijo que yo lo necesitaba más que él y era cierto, si no te fijabas ni siquiera te dabas cuenta de que era tuerto, incluso parpadeaba y era capaz de llorar aunque no viera nada con él.
Ehuram empezó a impacientarse y se levantó incómodo. – Bueno, ¿pero como murió entonces?
Lejos de allí, a las puertas de Isengard, Esdaleon blandía su espada frente a Magnus desafiante. Éste se había incorporado y se sacudía el polvo de su túnica. – Esta vez vas a pagar cara tu osadía , estúpido semielfo. – Alzó su diestra mientras murmuraba extrañas palabras, algo luminoso empezó a formarse en su mano pero Esdaleon no tenía intención de esperar y de un mandoble cortó la mano del Istari haciendo que cayera al suelo ante la mirada perpleja de Gwirdyon.
Magnus gritó desgarradoramente y cayó de rodillas haciendose un ovillo. Esdaleon miró a la semielfa como si no tuviera la culpa de lo sucedido. – Iba a hacerme un sortilegio, o un encantamiento… - se encogió de hombros – no lo podia permitir. – se excusó.

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NotaPublicado: Vie May 02, 2008 6:29 pm 
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Mientras tanto Isilya e Inzil seguían caminando por el bosque. La elfa trataba de explicar a su hijo de una manera menos agresiva quiénes eran los Ucornos.
-Lo mejor es dejarles tranquilos y ellos te dejaran tranquilos a tí- decía- así que ya sabes, nada de colgarte de sus ramas o hacer cabañas en ellos, como hacías en los bosques de Bree.
Inzil asintió más que escarmentado mirando al suelo y sin apenas levantar la vista hacia los árboles. -¿Y dónde iremos ahora mamá? yo quiero aventuras...pero no aquí en este bosque.

Isilya le miró y sonrió. Muy lejano en el tiempo debía estar su secuestro en la mente del niño como para que tuviera ganas de volver a vivir hazañas por el mundo. Sin duda, el periodo que pasó con Ibal y Erztum había sido más que beneficioso para él.
-Quiero viajar de un sitio a otro-volvió a insistir el niño entusiasmado-¡con la casa a cuestas como los montaraces!
-Ya...como los caracoles querrás decir-refunfuñó la elfa- no, si menuda familia tan peculiar formamos tú y yo.

Aceleró entonces el paso y se detuvo entre dos grandes árboles con la cabeza inclinada, como si tratara de escuchar algo. Inzil se le acercó y le imitó.
-Ahora hijo, se silencioso como tú sabes- y dicho esto Isilya se agachó y pasando entre unos enmarañados matorrales, se detuvo delante de un gran seto. Inzil hizo lo propio, y apartando unas pocas ramitas que le dificultaban la vista, distinguió a unos diez metros de allí a Enumanus y Ehruam quienes parecían mantener una conversación.
-¿por qué espiamos?-preguntó entre susurros.
-No espiamos hijo, solo vigilamos por si acaso.


Entretanto, en otro lugar del bosque, y cerca de los lindes de éste, Erztum e Ibal caminaban a paso ligero entre bromas y risas. De repente, un grito desgarrador les dejó mudos. Ambos se miraron y comenzaron a correr hacia el lugar de donde había venido el quejido; cuando llegaron se quedaron estupefactos con la escena.

-¿Gwirdyon qué ha pasado?-exclamó Erztum corriendo hacia ella.
La semielfa no podía dejar de mirar con los ojos desencajados a la mano inerte de Magnus que estaba tirada en el suelo. Mientras, Esdaleon se le justificaba una y otra vez.
-No me ha quedado otra opción- dijo con voz firme aunque algo inquieto, pues no sabía que es lo que iba a pasar ahora.
El Istar, que estaba tendido en el suelo retorciéndose de dolor, levantó entonces la cabeza y miró al semielfo con un profundo odio.
-Esto no va a quedar así.

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NotaPublicado: Lun May 05, 2008 11:28 pm 
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Esdaleon al oirle se volvió hacia Gwirdyon encogiéndose de hombros, - ¿ves? - dijo - si antes no podía ni verme, imaginate ahora.
La semielfa frunció el ceño bastante indignada aunque pareció escapársele una leve sonrisa de sus labios. - Es que sois como niños, como niños muy peligrosos. - Dicho esto agarró a su compañero por el brazo ante los ojos perplejos de Ertzum e Ibal y lo casi arrastró hasta el istar que arrodillado, seguía gimiendo envolviéndose el muñón con su capa para que dejara de sangrar.
- ¡Pídele disculpas ahora mismo! - exigió al semielfo plantándolo frente a Magnus.
Esdaleon no se creia qué estaba ocurriendo, se quedó inmóvil observando la figura que sollozaba ante él y que de repente empezó a reir sarcásticamente. Al principio muy flojo hasta acabar en carcajadas encogido en el suelo. - Así que esto es lo que desearías hacerme, maldito semielfo, escoria de la tierra media. – Empezó a decir mientras se alzaba. El brazo lo tenía intacto y no aparentaba herida alguna, mas aún, parecía mucho más grande y fuerte que antes. – ¿Y si fueras tú quien no tuviera mano?
Esdaleon dio un salto hacia atrás al ver como de su brazo empezaba a chorrear sangre, se lo llevó a su camisa para tapárselo y vio que no tenía mano. Entonces en una digna muestra de coraje, desenvainó su espada con la izquierda y se abalanzó gritando salpicándose de su propia sangre su enardecido rostro. Fue entonces cuando Gwirdyon volvió a agarrarle del brazo. - ¿Qué haces?¿Te pasa algo? - Oyó decirle. Se volvió y allí estaba la semielfa, frente a él mirándolo preocupada, junto a Ertzum y el enano.
-¿Estás bien? – volvió a preguntarle.
Esdaleon se observó a si mismo con espanto, no había sangre por ningún lado y su diestra estaba intacta. Entonces alzó la vista y allí estaba Magnus, mirándole desafiante con una mueca en forma de sonrisa en su rostro. Todos habían sido presa de una alucinación – pensó apretando los dientes – Maldito mago….

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NotaPublicado: Dom May 11, 2008 11:50 am 
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- Por suerte para todos -dijo Magnus- no es tan fácil acabar conmigo como tú crees.
Walo había abierto la ventana de la torre de nuevo, pues el peligro había pasado y se disponía a bajar cuando fue descubierto por el istar.
- ¡Maldito viejo! ¿Otra vez tú? -exclamó Magnus-. Creí verte muerto en aquella posada.
- Pues ya ves que mala hierba nunca muere -replicó Walo, y volvió a cerrar la ventana para protegerse de la mirada del istar.
Esdaleon miró a Magnus, pues parecía hasta divertido con la situación. En ese momento apareció Nolmo y el istar enmudeció de repente.
- Me alegro de que ya estéis aquí, todos -y miró hacia la torre donde él también había estado encerrado largo tiempo-. Acompañadme, el concilio está a punto de comenzar. Todos los demás han llegado ya y se están acomodando.
Gwirdyon miró a Esdaleon y luego miró a la torre donde minutos antes Walo se había asomado por la ventana. ¿Sería eso también una alucinación? Ya no estaba segura de lo que era verdad y de lo que no, pues como Esdaleon, ella también había visto sangrar a Magnus y también había creído ver lo mismo que el semielfo. ¿De qué más cosas podría ser capaz aquel ser tan enigmático? Caminaron entre los árboles y llegaron hasta lo que se podía considerar el corazón del bosque. El espectáculo era sobrecogedor.
- Es increíble, ¿cómo habrán convencido a los árboles para construir todo esto aquí? -preguntó Gwirdyon en voz baja a Esdaleon.
- Porque en estos momentos este es el lugar más seguro de toda la Tierra Media -se escuchó una voz justo detrás de ellos. Gwirdyon se sobresaltó, pues habían escuchado lo que ella había dicho en voz baja.
- En este lugar no hay secretos. Todos deberéis ser honestos y sinceros, pues todo se sabrá. No hay lugar para las mentiras y las traiciones -explicó un anciano de barba blanca que siguió caminando hasta el centro del semicírculo. Dos filas de asientos cuidadosamente tallados en madera con exquisitas filigranas limitaban el aforo. Una mesa de mármol del más puro estaba situada en el centro y varias lámparas de aceite estratégicamente situadas proporcionaban luz a la estancia, puesto que la espesura de los árboles apenas dejaban entrar la luz del sol. Entonces comenzaron a llegar todos los invitados al Concilio.

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NotaPublicado: Lun May 12, 2008 11:11 pm 
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- La noche que murió Gemkel… - el sonido de un cuerno interrumpió a Enumanus haciendole levantar la vista, tras él a varios metros de distancia oculta entre la maleza Isilya dio un respingo sorprendida.
- Va a empezar el concilio – se dijo a si misma. Inzil la miraba sin saber qué pasaba exactamente – va a empezar el concilio – volvió a decir, esta vez dirigiendose a su hijo en voz baja – no temas, Gwirdyon y Esdaleon ya se encargan. Ellos haran acto de presencia por nosotros. – viendo que Inzil asentía volvió su atendión al berónida y enumanus que se disponía a continuar su historia ante la impaciencia de su oyente.
- Como decía , la noche que murió Gemkel yo apenas podía dormir. Había llovido durante el dia y hasta muy tarde no encontramos un lugar para resguardarnos nosotros y el caballo. La caverna era lo suficientemente profunda para poder hacer un fuego en su entrada y guarecernos los tres. El carromato tuvimos que dejarlo en el camino aunque podiamos verlo desde allí. ¿Quién iba a pensar que con aquella lluvia torrencial? – se detuvo un momento para observar a Ehuram, que lo miraba con interés – Estaba intranquilo y me desperté, Gemkel se había ofrecido a hacer la primera guardia y junto al fuego removia las brasas con su espada aburrido. Le dije que iba a echar un vistazo al carromato. La lluvia no cesaba, así que me envolví con la capa aún húmeda y salí corriendo. Apenas tardé nada, todo continuaba en su sitio, ni huellas, ni nada que me hiciera sospechar. – Enumanus se levantó como si se sintiera incómodo y empezó a andar lentamente de un lado a otro, como si hablara con él mismo.
- El gruñido …, recuerdo el gruñido de sorpresa de Gemkel al ser atacado a traición. Corrí i lo más rápido que pude y lo encontré luchando con el ser más vil y despiadado que conozco.
- ¡Tseleg! – le interrumpió Ehuram
- No, Tserleg no era, era otro cuya maldad no tiene parangon en toda la Tierra Media - contestó el arquero del parche, extrañado por la exclamación del beornida. Sin duda había hecho indagaciones sobre su pasado. Entonces, haciendo caso omiso, continuó su relato.
- Gemkel se había zafado de su presa y con certero golpe con su espada le golpeó en la cara así consiguió separarse de él lo suficiente para poder verlo. Su rostro cambió entonces. Ya no era el beórnida que yo había conocido amable y sonriente, estaba lleno de ira y sus ojos clamaban venganza al arremeter sin piedad contra el enemigo. No tuve tiempo de llegar. Aquel ser monstruoso lo derribó y le golpeó sin parar en el suelo hasta destrozarlo…- Enumanus hablaba de espaldas a Gemkel sin saber que estaba de caras a Isilya y su hijo que, escondidos oian claramente lo que decía. Inspiró hondo antes de continuar, al empezar a hablar de nuevo la voz le había cambiado – Me escondí, sí, me escondí entre los matorrales. No llevaba ningún arma encima y no sabía si habría alguien más. La lluvia caia sin pausa y me cubrí como pude para no ser descubierto. No se cuanto tiempo estuve así. Al levantar la vista volví a la gruta y Gemkel yacía sin vida sobre la fria roca al lado del fuego. Estabamos solos los dos.
- Maldito cobarde, ¡dejaste que lo mataran! – gritó Ehuram fuera de si - ¡Te salvó la vida! – dicho esto desenvainó su espada y se puso frente a Enumanus retándole.
Éste apenas se inmutó como si esperara la reacción del beórnida, lo miró fijamente y continuó hablando.
- ¿Que querias que hiciera? No tenía ningún arma. Cuando hubiese llegado hasta los dos, él ya estaría muerto y yo le hubiese seguido.
Ehuram bajó su espada, sabía que decia la verdad y que tenía razón. Estuvieron unos segundos en silencio sin mirarse.
-¿Sabes quien fue? Dime su nombre y buscaré venganza – dijo el beórnida solemnemente.
Enumanus volvió a sentarse sobre el tronco con aire abatido – Quien fue no importa, solo has de saber que durante mucho tiempo vino tras de mi hasta que pude acabar con él. –La cara de Ehuram se iluminó medio sonriendo se acercó al tuerto. – Entonces si pudiste acabar con ese miserable asesino , la muerte de Gemkel ya ha sido vengada. Nada le debes y yo te pido disculpas por dudar de ti. – dicho esto se estrecharon la mano.
-¡ Enumanus!¡Ehuram! – gritó Isilya saliendo de entre los árboles seguida de Inzil como si acabaran de llegar corriendo – El concilio está empezando, venid si no os lo quereis perder.
Los cuatro echaron a correr hacía la esplanada ya entonces rodeada de ents que impedían el paso a toda persona ajena.

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NotaPublicado: Jue May 22, 2008 4:59 pm 
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Ehruam, Isilya, Inzil y Enumanus se aproximaban despacio hacia la esplanada. Delante de ellos se extendía un gran claro rodeado de ents, quienes hacían las veces de guardianes y de muro, de tal manera que no se podía apreciar con claridad lo que acontecía en su interior.
Se escuchaba sin embargo, un gran alboroto de gente. Diferentes voces que hablaban en diferentes lenguas. Parecía que el Concilio aún no había comenzado oficialmente.

-Bueno, ¿qué se supone que tenemos que hacer ahora?-preguntó Ehruam mirando a los Ents con desconfianza-¿acaso tenemos nosotros permiso para entrar?
-No lo se-respondió Enumanus encogiéndose de hombros-Isilya, me parece que nos has avisado un poco tarde.

La elfa le miró y tragó saliva. Aún estaba conmovida por la historia que acababa de escuchar furtivamente. Pero a la vez, empezó a sentirse culpable por haber espiado de aquella manera; sin duda había sido más fuerte la curiosidad y el morbo de escuchar quizá alguna horrible historia de boca del hombre al que amaba en silencio.
-Me retrasé- se limitó a decir.

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NotaPublicado: Jue May 22, 2008 11:51 pm 
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Mientras el pequeño grupo formado por Isilya, Ehuram, Inzil y Enumanus intentaba vislumbrar lo que podía a través de los huecos que quedaban entre los troncos de los Ents, un grupo mucho más numeroso de invitados que habían llegado de todas las partes de Arda tomaban asiento en el hemiciclo improvisado en el centro del bosque de Fangorn.

Gwirdyon y Esdaleon estaban en la tercera fila, observando todo con detenimiento, siempre en la retaguardia por si ocurría algo. Entonces comenzó el desfile de personalidades. Reyes, príncipes y grandes dirigentes de los diferentes reinos y regiones de la Tierra Media. Aparecían por un arco realizado con varias ramas entrelazadas de dos árboles frenteados entre sí, pasaban al lado de la mesa donde estaba sentado el anciano, lugar donde ambos intercambiaban reverencias y un muchacho gondoriano acompañaba al invitado hasta su sitio, pues la ocupación de los asientos había sido cuidadosamente confeccionada para evitar posibles conflictos antes del Concilio.

Entonces apareció Amloth, llevaba una capa rojiza con el ribete verde y el escudo de su casa en el centro de la espalda. Le seguían en el desfile Magnus, Nolmo y Thinde. Esdaleon se alteró cuando vio entrar a estos tres últimos. Sus músculos se tensaron, incluida la vena del cuello. A punto estuvo de largarse de allí a no ser porque justo entonces, en el desfile, vieron a Erztum, ataviado con sus mejores galas, y junto con él, Ibâl, también vestido de príncipe enano, acorde con su rango. Un atisbo de asombro asomó en el rostro de la semielfa, pues no pensaba que sus compañeros de viaje eran personas tan importantes. El elfo y el enano les hicieron una pequeña reverencia con la cabeza desde su asiento y Gwirdyon les correspondió con una sonrisa.

- Esdal -le dijo Gwirdyon al semielfo en voz baja para que no les oyeran- ¿crees que el Concilio podría celebrarse sin nuestra presencia?
- No sólo lo creo, sino que estoy seguro de eso -contestó Esdaleon. Se levantaron con cuidado para no llamar la atención y poder huir de allí cuando el anciano del centro dio unos golpes en la mesa con una maza de oro invitando al silencio. Todos le miraron. El anciano miró hacia donde los dos semielfos se encontraban de pie. Les señaló con la mano y les invitó a que se acercaran a su lado. Gwirdyon miró a Esdaleon con cara de circunstancias, él tragó saliba y respiró hondo. Cruzaron las tres filas de asientos que les separaban del centro y se acercaron hasta el anciano que un rato antes les había llamado la atención con el altercado con Magnus.
- Quiero que se acerque también Magnus, un mago a quien admiro mucho y a la vez temo, pues su poder ha aumentado durante este viaje, debido a su encuentro con una de las reliquias -el anciano le ofreció la mano abierta hacia arriba-. Y Erztum, quien también tuvo un encuentro con otra de las reliquias. Eso os hace imprescindibles en este concilio.
- Puf, qué contenta estoy de no haberme encontrado con ninguna reliquia -susurró Gwirdyon a Esdal.
- Y nosotros de que así fuera, dama Gwirdyon -contestó el anciano, que había escuchado los susurros de la semielfa. Ella apretó los puños rabiosa y se mordió los labios para controlar la tensión-. Ya le avisé anteriormente de que aquí todo se oye y a todo el mundo se escucha.

Esdaleon se puso rojo como un tomate al escuchar esas palabras, pues un rato antes había estado observando a unas aldeanas gondorianas que trabajaban afanosas para que todo estuviera a punto, y las observaciones que sobre ellas había hecho para sí mismo habían estado un poco subidas de tono. El anciano le miró y sonrió. Le hizo un gesto de afirmación con la cabeza y Esdaleon bajó la suya avergonzado. Gwirdyon miró la escena sin entender nada.

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NotaPublicado: Dom May 25, 2008 10:52 pm 
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-Acercaos - continuó el anciano, esta vez con el semblante más serio - habeis hecho bien en asistir al Concilio pero debo pediros que abandoneis Fangorn cuanto antes.
Esdaleon y Gwirdyon se miraron extrañados, la semielfa iba a replicar pero Magnus se le adelantó.
Con un tono de voz galante y respetuosa, nada propio de él, empezó a hablar.
- Comprendo vuestra reaccion y que querais una explicación de porqué debeis partir despues de tan largo viaje. - calló un momento mirando de reojo a los allí presentes que de buen seguro se preguntaban que era lo que estaban hablando - lo que aquí se decida ya está escrito de antemano, pero vosotros dos sois la baza oculta que nadie puede predecir.
- Sois nuestra arma secreta - interrumpio el anciano.- Magnus asintió antes de continuar su charla - observad a los que os rodean, todos saben lo de las reliquias y aunque intenten disimular las querran encontrar para ellos aunque sea por un bien común. No, no os equivoqueis, no se trata de codicia ni de protagonismo, es el miedo lo que los mueve. y saben que el tenerlas o no en su poder, puede variar mucho las posibilidades de ser aniquilado por el enemigo.
Los dos semielfos escuchaban atónitos asintiendo, pues las palabras del istar tenian su lógica.
- ¿Que debemos hacer pues? - concluyó Esdaleon, ávido de actuar de una vez.
Los cuatro callaron durante unos segundos esperando una respuesta, hasta que el anciano habló.
- Volved a Bree- dijo - Pronto en el Poney alguien se pondrà en contacto con uno de los dos. No os apresureis ni perdais el sueño, pues aunque el peligro es inminente, los ojos del enemigo estan sobre vosotros intentando averiguar cuales son vuestros planes. - dicho esto se levantó y ante la sorpresa de todos proclamó que los dos semielfos debian partir.
- Amigos, debo deciros que Esdaleon y Gwirdyon deben dejarnos pues asuntos más urgentes precisan de sus servicios. - una exclamació y el sonido de gente murmurando le siguió al anuncio.
Entonces, parte de la empalizada arbórea que habian levantado lo ents se abrió dejando ver una salida del recinto justo en la parte opuesta donde Isilya y compañia esperaban entrar.
Gwirdyon y Esdaleon con aire solemne se dirigieron a ella desapareciendo despues de los ojos de los invitados.
- Y ahora dicho esto , que empiece el Concilio. - oyeron tras de si al traspasar el muro de arboles .

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NotaPublicado: Mar May 27, 2008 2:43 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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En el fondo del bosque, el amor, la comprensión, la felicidad y por qué no decirlo, el placer, tejieron una coraza que fortaleció a los dos corazones.

Un mes después y con evidencias que auguraban una nueva vida en camino, Barbol les acompañó hasta el lugar donde los compañeros equinos de ambos les esperaban. Se despidieron del anciano Ent, dándole las gracias, y tras agasajar a sus fieles amigos les montaron y regresaron a Meduseld.

Nueve meses mas tarde un mocetón de tres kilos y cuarto, con pelo negro como ala de cuervo completaba la dicha familiar aunando aun más los sentimientos de los cuatro.

Para curiosos y amantes de la Genealogía... Eomer como padrino del muchacho escogió el nombre de su tío Théoden para el neo nato.


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NotaPublicado: Jue May 29, 2008 5:49 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Ehuram entonces, aprovechando que Enumanus se había alejado del grupo junto con Inzil, buscando un hueco por donde intentar colarse entre los ents, se plantó frente a la elfa que, preocupada, observaba el tupido muro que les impedía el paso.
- Es hora de despedirse. – le dijo.
- Como ¿ya te vas?. - Contestó Isilya sorprendida mientras buscaba con la mirada al arquero y su hijo.
- Sí, nada me retiene aquí. Nada tengo que ver con el Concilio y lo que buscaba ya lo encontré. – la elfa se ruborizó pensando en que hace poco les espiaba oculta en el bosque. - ¿Ya sabes que ocurrió con tu amigo? De eso hablaste con Enumanus, ¿verdad? – el beórnida asintió cuando las risas de Inzil llamaron la atención de los dos.
A una veintena de metros Enumanus, sentado en el suelo, se frotaba dolorido las posaderas. Un ent bastante susceptible por la intromisión del humano, lo había empujado con una de sus ramas haciéndolo caer ante la mirada divertida del pequeño elfo. El arquero sintiéndose observado volvió la cara y cruzó su mirada durante unos segundos con la de Ehuram. – Se va. – pensó. Éste, alzó su mano como si supiera lo que estaba pensando y Enumanus le devolvió el gesto.
- Ya está todo dicho. –oyó Isilya susurrar al beórnida que parecía haber envejecido de repente. Sin pensarselo dos veces se acercó y le besó en la mejilla.
- Deseo que tengas un buen viaje de vuelta y que encuentres la felicidad con los tuyos, Ehuram. – el guerrero, aún sorprendido por la reacción de la elfa, se llevó la mano a uno de los bolsillos y sacó el anillo que le había dado Enumanus.
- Me gustaría que se lo devolvieras, ahora, no lo aceptaría de mi mano. Tú sabrás encontrar el momento oportuno. – le dijo guiñándole un ojo. - Ha sido un placer tenerte como compañera de viaje, un verdadero placer…
Dicho estó cogió dulcemente su mano y le puso el anillo en la palma cerrándosela después. Isilya no sabía que decir y solo cuando ya se alejaba pudo reaccionar.
- ¡Volveremos a vernos!. - Le gritó, haciendo que se volviera sin dejar de andar.
- ¡Desde luego!. - Obtuvo como respuesta.
Inzil corrió a su lado abrazándose a ella para ver como el beórnida seguía su camino, mientras que Enumanus no se había movido del lugar donde había caido, allí sentado su mente estaba en otro lugar hacía ya mucho tiempo.

Hacía tres dias que se había quedado sin flechas, la última, atravesó el cuello de uno de los orcos que Tserleg mandó tras él, dándole suficiente tiempo para poder escapar de nuevo de sus perseguidores. Con la daga era imposible poder cazar algo contundente y no podía entretenerse a poner ninguna trampa, así que se limitó a ponerr la máxima distancia posible con los que pretendían quitarle la vida.
Llevaba todo el dia oculto en aquella caverna, dormitando y esperando que amainara lo suficiente para poder continuar su camino cuando un ruido le sobresaltó. Un humano, llevando un caballo de las riendas, acababa de aparecer en la entrada de la cueva. Su primera reacción al verlo fue ocultarse en lo más hondo temiendo por su vida, pero al ver que aquel hombre dejaba sus bártulos en el suelo y se disponía ha hacer un pequeño fuego para secarse, no lo consideró amenaza alguna.
Al poco la pequeña gruta se llenó del olor a carne asada y Enumanus, hambriento como estaba, buscaba la manera de hacerse con aquel manjar. No podía aparecer así como así y pedirle un trozo de carne a aquel desconocido. Así que buscó la manera más fácil de sorprenderlo.


Esperó impaciente a que se sentara ante el fuego para poder deslizarse hasta su espalda. Sonrió al ver que era un humano, un guerrero entrado en años, que seguramente volvía a su hogar. Sin dudar un instante, con la desesperación de aquel que arriesga su vida por un trozo de pan, saltó sobre la espalda del beórnida y se dispuso a cortarle el cuello. La víctima emitió un gruñido de sorpresa y levantandose agarró la diestra de Enumanus para girar sobre si mismo y empujarlo hacia atrás. Entonces cogiendo rapidamente su espada y dió un mandoble y rasgó la parte derecha del rostro a su atacante que, con un aullido de dolor saltó hacia atras llevándose las manos a la cara.
Gemkel entonces lo vió, bajo la luz de la hoguera. Unas manos llenas de sangre se retiraban para dejar a la vista el rostro desfigurado de su agresor. La espada le había sesgado desde la frente hasta la mejilla, llevándose por delante el ojo derecho y abriendole la carne hasta el hueso. Su asombro ante tal horror fue su perdición. Enumanus arremetió contra él lanzandose en un ataque de locura a causa del dolor y cayendo los dos sobre el suelo, lo golpeo sin parar salpicándole con su propia sangre que caia de su destrozado rostro. Así estuvo golpeandolo hasta que sin aliento, el dolor pudo más que la ira y se dejó caer sobre el cadáver de aquel desconcocido que por siempre le habria señalado el rostro.
- ¡ Enumanus! – gritó Isilya.
El arquero no la oyó, se llevaba la mano distraidamente sobre su cara con una amarga mueca de dolor recordándo lo sucedido. Los dias que tardó en recuperarse de aquella herida, el sabor de la carne asada mezclada con la sangre coagulada de su rostro y manos. El registro del carromato, los papeles y el mapa de un lugar llamado Bree. El pequeño cofre oculto lleno oro, el parche…

-¿Enumanus? – insistió Isilya acercándose al tuerto que completamente absorto continuaba sentado en el suelo.
- ¿Qué? ¿Me llamabas? – contestó al fin volivendo al presente.
- Ehuram ya se ha ido, ¿que tal si partimos nosotros tambien? – dijo la elfa sonriendole.
- Sí, vayamos a buscar los caballos.
El arquero se levantó sacudiendose los pantalones observando como el beornida desaparecía a lo lejos entre los árboles. - ¨si amigo, despues de mucho tiempo me deshice de aquel monstruo. Pero a veces su sombra se me aparece para torturarme la memoria . – susurró sin que Isilya pudiera oirle.

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NotaPublicado: Sab May 31, 2008 11:56 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Hacía unos minutos que el Concilio había comenzado y los dos semielfos se encontraban todavía al otro lado del círculo que los Ents habían formado para impedir el acceso al mismo. Esdaleon estaba furioso, no pudo contener su rabia y arremetió contra uno de los árboles, que le devolvió el golpe con creces. Tirado en el suelo, con el hombro magullado y la espalda dolorida, miraba al cielo como si esperara que algo cayera de él de un momento a otro.
- Te está bien empleado. Te has olvidado de que éstos no son árboles cualquiera -le dijo Gwirdyon divertida-. ¿Sabes una cosa? me siento rara.
- ¿Rara? -contestó el semielfo a la vez que se levantaba del suelo-. Yo te veo igual, como todos los días.
- No me refiero a mi aspecto -contestó la semielfa con un gesto mohíno-. ¿No te parece extraño estar aquí, fuera de todo, sin ninguna misión que cumplir y con la sensación de haber terminado una etapa?
- ¡Ah, te refieres a eso! Esa sensación ya la tuve cuando marchamos hacia Rivendel hace dos años. Y ahora... pues... no sé... igual, ¿no?
- Supongo que sí, que es la misma situación. Pero hace dos años no sabíamos todas las cosas que sabemos ahora.
- Es que si los que están ahí dentro -Esdaleon señaló con un dedo de la mano derecha refiriéndose al otro lado del círculo de los Ents-, supieran que sabemos la mitad de lo que sabemos, nos mandarían matar. No, nos matarían ellos mismos.
- Si, ja, ja, ja, ja -afirmó Gwirdyon-, y al pobre Walo lo torturarían hasta hacerle cantar todo lo que ha recordado.
- Sí... -respondío Esdaleon preocupado-. No me gusta este sitio, vámonos de aquí.
- Oye, los que están en el Concilio, están seguros, ¿verdad? Porque si quisieran acabar con los dirigentes de cada reino ahora sería el mejor momento...
- Eso sería imposible -se oyó una voz atronadora que provenía del Ent que había golpeado a Esdaleon un rato antes-. Primero tendrían que encontrar este lugar, que está oculto para el conocimiento gracias a unos sortilegios élficos, y luego tendrían que enfrentarse a nosotros, que formamos una barrera inexpugnable.

Gwirdyon miró al Ent y luego miró a Esdaleon.
- ¿Habéis escuchado todo lo que hemos dicho?
- Sí... -contestó el árbol lacónicamente y con mucha rapidez para lo que era costumbre entre los Ents-. No debes preocuparte. No sabéis más que nosotros, que estamos aquí desde antes de que el tiempo fuera tiempo.

Esdaleon miró al árbol con ojos escrutadores, como si quisiera descubrir en su corteza algún misterio, pero se cansó en seguida de observarlo y se dirigió hacia Gwirdyon.
- Bien, podemos hablar con tranquilidad, estos árboles son de fiar, además, estará bien que alguien sepa lo que hemos estado haciendo, así podrá contarlo para posibles historias si nosotros no vivimos lo suficiente para eso -concluyó el semielfo. Gwirdyon le miró anonadada ante las últimas palabras y negó con la cabeza en señal de no estar de acuerdo.
- Espero poder contar yo misma las cosas que me han pasado en este viaje. Pero, tienes razón, nos vendrá bien tener un confidente.
- Escucha árbol -dijo Esdaleon refiriéndose al Ent.
- Mi nombre es Lastatar... -se apresuró a decir el árbol.
- Curioso nombre, "el que escucha" -comentó Gwirdyon-.
- Escucha Lastatar -comenzó de nuevo Esdaleon-, toda esa gente importante que ahí dentro está reunida, no sabe que el tema de las reliquias del que les van a informar es mucho más peligroso de lo que creen. Pues nosotros hemos conseguido que varias de ellas no cayeran en manos equivocadas y ahora mismo están en lugares protegidos, pero hay unas cuantas, las de mayor poder, que no pertenecen a este mundo y que es mejor no toparse con ellas, pues corresponden a los asuntos de los Valar.
- No hemos puesto nuestra vida en juego varias veces a lo largo de esta misión para llegar hasta aquí y que nos dejen fuera del Concilio por considerarnos una baza útil, sino porque, y esto lo sabe el anciano, no puede arriesgarse a que alguien se entere de que varias de esas reliquias ya están localizadas y que nosotros sabemos dónde se encuentran, pues ahí dentro no se puede mentir y sólo se puede decir la verdad. Ese es el verdadero motivo por el que nos han hecho salir.
- Pero a estas alturas alguien habrá pensado ya en eso... -replicó Esdaleon a las últimas palabras que había dicho la semielfa.
- Pero también sabrán quién piensa así, pues se sabe hasta lo que se piensa -recordó Gwirdyon-. Creo que de ese Concilio van a salir más enfrentamientos que acuerdos, pues nadie es puro de corazón y todos tienen intereses ocultos. Cuando se empiece a saber lo que cada uno piensa de verdad se va a armar una gorda.
- Pues entonces, no quiero estar ahí para verlo. Volvamos a Bree -propuso Esdaleon.
- Bien, volvamos.

Se despidieron de Lastatar y comenzaron a caminar . Al poco vieron unas figuras a lo lejos, dos adultos y un niño.
- ¿No son Isilya, Enumanus e Inzil? -preguntó Gwirdyon.
- ¡Sí! -contestó Esdaleon dando saltos de alegría-. ¡Sí que son!
Los dos semielfos corrieron hacia los dos amigos y el niño y saltaron sobre sus espaldas tirándolos al suelo y abrazándolos contentos por el reencuentro.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Vie Dic 26, 2008 12:35 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
- Pero… ¿No estabais en el Concilio? – preguntó Isilya riendo mientras se sacudía de encima la hojarasca.
- Querida Isilya – contestó la semielfa pasando el brazo sobre sus hombros y apretándola cariñosamente – aún hay cosas que no debes saber, pero como buenas amigas que somos, te lo voy a contar.
Las dos se volvieron para ver como Esdaleon y Enumanus se agarraban el uno al otro para poder levantarse primero, ante la mirada divertida de Inzil.
- ¡Alto! – gritó el semielfo quedandose inmóvil bajo el cuerpo del humano – Gwirdyon tiene algo importante que decir.
Enumanus entonces volvió su atención a las dos feminas cosa que aprovechó Esdaleon para, con un golpe de cadera lanzarlo al suelo y tras ponerle la rodilla en el estómago se levantó de un salto. – ¡Gané! – gritó orgulloso.
- ¡Ba…! – exclamó Enumanus divertido - la proxima vez no me distraeras tan facilmente. - Inzil le tendió la mano y se levantó sonriendo.
- De nuevo estaban juntos otra vez. – pensó.

Se miraron en silencio durante unos segundos cuando un grito hizo volver sus cabezas. Walo, cabalgaba hacia ellos llevando en sus manos las riendas de cuatro caballos más. Al llegar, su sonrisa no le cabía en la cara. Desde lo alto de su montura, una vez se había detenido, se buscó algo en los bolsillos.
- Ah.. aquí está. ¿No pensariais volver a Bree andando? – dijo llevandose una pequeña botellita a la boca.
- Jua, jua, Walo – rio Esdaleon – baja que te de un abrazo si no quieres que te tire del caballo.
El anciano lo miró de reojo sin dejar de tragar, se separó la botellita de los labios y la alzó para mirarla mientras se relamia – jo, que regalazo el de Tuliere… - suspiró.
Entonces Esdaleon fiel a su palabra le agarró de una de las botas lanzandola hacia arriba hasta hacerle caer por el lado opuesto del corcel.
- Sobre todo que no se rompa la botella – se burló Enumanus.
- Sí, de nuevo estaban todos juntos – pensó Gwirdyon en silencio – Espero que no tengamos ningún contratiempo en el viaje de regreso. –Exclamó.
Los demas la miraron y sin saber por qué estallaron en carcajadas.

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