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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 11:54 am 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
.-Es un momento crucial.- pensaron en un segundo todos los reunidos en el centro del poblado... Cirus, que iba camino de casa de la señora Dürsel, los Aksanvákvet que llevaron la mano muy despacio a sus espadas (que habían dejado dentro), Grömdal que a causa de su imsomnio daba alguna vuelta por la plaza, y Rána que dudaba si avisar a Histel, o enfrentarse a tan increíble coincidencia...por momentos la tensión subia, no se oía ni el mínimo sonido.
En ese silencio...

La buena señora Dürsel mientras había curado a Waykim, despues de darle leche con miel, y hierbaLuisa para calmarla, la empezó a interrogar, pero Waykim solo se limitó a llorar, la anciana la acostó, dejó que Vinga la atendiese, cogió su chal, y salió a la plaza.- Esperemos que no sea tarde.-pensó.

Esseamal junto con Voronda, que encontró de camino vieron cómo se acercaban los Aksanvákvet , ambas se miraron .-puede ser una tragedía.- soltaron al unísono...

.-Al fín nos encontramos Cirus.- Grömdal espada en mano, fue quien primero habló...
En ese instante Beoren entró en la plaza...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Lun Abr 14, 2008 6:16 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
- ¡Un balrog, un balrog está merodeando por el bosque!

Todos se volvieron hacia el beórnida. Los soldados se pusieron en guardia. Los Aksanvákvet, después de mirarse unos a otros, sin pronunciar una sola palabra sabían que ése no era el momento para su lucha pues otra mucho más feroz, y de inciertos resultados, asomaba desde la espesura. A un gesto de uno de ellos se desperdigaron en todas las direcciones del pueblo para avisar a sus habitantes del terrible ser que se acercaba hacia allí. Los mismos soldados comenzaron a alertar a las gentes de que no salieran de sus casas.

Un joven tropezó de bruces con Lembillo que había salido a fumar a escondidas, ya que sabía que Fehn no vería con buenos ojos su acción.
- ¿Adónde vas con tanta prisa? -dijo con resolución el aprendiz.
- ¡Un balrog, han visto un balrog por las inmediaciones! -contestó asustado.
Lembillo tosió desaforadamente por el humo tragado de repente.
- Yo aviso en la posada, tranquilo, ¡cof, cof!. Sigue llamando a todas las puertas. ¡Cof, cof, cof!
- ¡Los hombres se están reuniendo en la plaza! -replicó el lugareño, mientras se alejaba de allí hacia un grupo de casas que se encontraban en una colina.

Lembillo fue directo a la campana de la barra de la taberna de la posada y comenzó a tintinearla avisando a todos. El tabernero salió con cara de mal humor y un palo grueso en la mano, con ánimos de estrellarlo en el cráneo del que creyó un gamberro hasta que al salir del todo de la bruma del despertar, agarró con mucha más fuerza ese mismo palo para protegerse de la bestia que describía Lembillo.

Un momento después, todos los huéspedes, es decir, los dunlendinos, Ardealthal y Fehn, un bardo de paso, una montaraz encapuchada y un hobbit con un gran gorro que le tapaba casi todo el rostro, junto con el tabernero y su palo, rodeaban al granuja que, sin dejar de tocar la campana, advertía de la peligrosidad de la bestia como si estuviera vendiendo algún potingue de feéricas propiedades.

- Tiene madera de chamarilero -susurró Fehn al oído de Ardealthal.
- No es momento de chascarrillos. Creo que sabes de qué balrog se trata, ¿no?
- El que nos atacó en casa de aquella istar, supongo.
- No es una bestia que abunde mucho en número... afortunadamente.
- ¡Una bestia así podría destruir la aldea por completo! ¡Debemos actuar! ¿Quién me sigue? -interrumpió Wulfa.

Los dunlendinos se acercaron algo más hacia ella, lo que incomodó a Ardealthal, aunque sabía que sólo significaba que la apoyaban. El bardo, completamente borracho, se cayó al suelo al levantar la mano para apuntarse a la expedición. La montaraz y el hobbit asintieron sin abrir la boca y todos salieron camino de la plaza.

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Sadrac en el horno (Robert Silverberg)


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NotaPublicado: Mié Abr 16, 2008 11:17 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- ¡Mamá, mamá! -gritaba un niño asustado ante el revuelo que se había armado en la aldea. Beoren acababa de llegar, todavía exhausto, por la carrera, y miraba el caos en que se había convertido aquella tranquila tierra con ojos tristes.
"El pasado todavía está dando sus últimos coletazos" -rumió para sí mismo.
La gente corría de aquí para allá y la bestia cada vez estaba más cerca. Grömdal, que estaba escondido tras la sombra de una casa, agarró del brazo a Storem cuando éste pasó por su lado. El fornido muchacho se paró en seco y le costó no estamparle el puño en la cara a su amigo, porque al ver un uniforme de Gondor no le reconoció.
- Shhhh -le ordenó silencio Grömdal-. No grites ni digas nada, sólo escucha -Storem asintió con la cabeza-. Esta es nuestra oportunidad para librarnos de los soldados de Rohan. Debemos aprovechar que están dispersos para cogerles desprevenidos, uno por uno y acabar con ellos.
- Sí, pero te olvidas de que nosotros también estamos dispersos -replicó Storem.
- Pero todavía utilizáis los reclamos yaltar, ¿no es así? -preguntó el del uniforme gondoriano, y el otro asintió-, entonces bastará con hacerlo sonar un par de veces para que todos estén alertas.
- Pero, con el jaleo que se ha organizado y esa bestia amenazando la seguridad de todos los hogares -apostilló Storem-, ¿de verdad crees que van a estar atentos a la llamada de los yaltar?
- Quizá a esa no, pero si la primera que escuchan es la de mi cuerno y, seguidamente, la de los yaltar, sí que se enterarán todos los que tienen que enterarse.
- Bien, esa sí me parece una buena idea.
De pronto el suelo retumbó y una criatura recién sacada de los abismos más terroríficos se plantó en medio de la plaza. Parecía como si buscara algo. Escrutó cada rincón con la mirada mientras la gente seguía resguardándose en sus casas, cerrando puertas y ventanas.

Cerca de allí, Beorem había ido en busca de Rána, y en seguida la encontró. Se encontraba durmiendo en el pajar donde horas antes Twokwén y Vinga se habían demostrado su pasión y afecto, y en el mismo donde Cain y Beoren habían luchado a muerte hasta que el enano perdió algo más que la pelea. Beorem abrió la puerta de la hera de par en par y Rána se sobresaltó. No se había enterado de nada.
- Rápido, tienes que salir de aquí -le ordenó Beoren-. Un balrog anda suelto y está en la aldea.
"Ese balrog..., seguro que es Escheron... y si ha llegado hasta aquí, es porque aqúi también está el cazarecompensas ese de mala muerte que persigue a Histhel..." pensaba Rána.
La istar se levantó, se puso sus ropas, un día más, y fue a enfrentarse cara a cara a él.

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NotaPublicado: Vie Abr 18, 2008 1:37 am 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Cirus no había hecho ningún ademán de desenvainar la espada, y nadie supo si tenia intención de hacerlo, si iba a dejarse inmolar o sencillamente estaba paralizado de miedo... en ese momento todo el poblado empezó a correr de un lado a otro.
Simplemente desapareció de la plaza. Unas calles mas hacia el interior, el joven descubrió que su camino se cruzaba con una conocida.

-Hola Rána... ¿vas a buscarlo?
La istar, mirándole con curiosidad...

-Si esplendido guerrero.

-Si no te importa te acompaño, dos conocidos pueden pararlo mejor que uno.

-¿Hubieras luchado con él?

-¿Y que mi hermana me odiara el doble por matarlo?, no, primero hubiera intentado hablar y en caso necesario ...

-Comprendo, tu desaparición en esas circunstancias no hubiera sido tan traumática para Histhel.

-Rána, nos siguen...

-Lo se, un pequeño hobbit y....

-Ella

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Vie Abr 18, 2008 2:46 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Una meliflua niña de grandes ojos y mejillas rubicundas tiró de pronto de la sobrevesta de uno de los soldados que, en formación, aguardaban en la plaza la llegada de la bestia.
- ¡Está ahí! ¡Está hecho de fuego! -dijo señalando una de las calles para que el atónito hombre, que le prestaba la más pura de las atenciones, tuviera toda la información.
-¡Rápido, vete a tu casa, niña! ¡Mi capitán, es por allí! -marcó con la espada el soldado.
-¡Vamos! -gritó Wriham con vehemencia, pese a haberse puesto un pañuelo con una fívula, para sujetar el brazo roto.
En ese momento, haciéndose paso desde la dirección señalada, el balrog avanzaba empujando las paredes de adobe. Algunas cedían, derrumbándose los tejados de las mismas. Un rugido terrible silenció cualquier otro sonido.
Los soldados estaban dispuestos en el centro de la plaza. Detrás de ellos, Storem, Grömdal y Twokwén no veían a los rohirrim como el enemigo a quien tenían que rendir tributos y pagar diezmos, sino como una ayuda contra un insalvable contrincante. Detrás de ellos, el resto de los Aksanvákvet y hombres del pueblo iban llegando en un continuo goteo. Las jóvenes sin hijos también estaban allí con alguna arma en la mano. De pronto, una quietud inmensa y un silencio aterrador se hicieron con el protagonismo de la situación. Vinga asió de la mano a Twokwén, con fuerza. Un sudor frío corría por las frentes de la mayor parte de los hombres.
Storem se volvió y vio tras él a los elfos que vivían en el bosque cercano. Un momento después, un grupo de dunlendinos de quienes no tenía conocimiento, también se había congregado detrás. La tensión era agotadora con un monstruo inmóvil mirándolos a todos.
De pronto, de la nada apareció el bardo borracho de la posada cantando con una botella espirituosa en la mano por en medio.
- ¡Salud, compadres! -gritó alzando la botella hacia todos.
Fue lo último que dijo en vida. A su espalda, de un enorme y sanguinario zarpazo, el balrog lo arrebató del suelo y se lo llevó a la boca, dando cuenta del pobre beodo en unos pocos mordiscos.
Antes de que el líquido de la botella del bardo terminara de regar la tierra, una lluvia de flechas dunlendinas ímpactó sobre la bestia a las órdenes de Wulfa. Unos instantes después estallaban en llamas y desaparecían bajo la incandescente piel del balrog.
- ¡Parece invencible! -dijeron algunas voces.

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NotaPublicado: Vie Abr 18, 2008 5:17 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
- Rána, nos siguen...
- Lo se, un pequeño hobbit y....
- Ella -contestó Rána volviéndose hacia la montaraz y el hobbit. Beoren, que había ido a buscarla al pajar y la había despertado, seguía a su lado mirando la situación con el ceño fruncido. En ese momento Histhel y Gasteizo habían llegado a su altura.
- ¡Rána! -exclamó la montaraz con alegría-. ¡Cuánto me alegro de que estés bien! Hay una bestia abominable en el centro del pueblo que ha matado a un pobre bardo, y lo peor es que parece indestructible...

Rána se estremeció al escuchar aquello. Siempre había mantenido a su mascota en el más absoluto secreto y ahora se sentía enteramente responsable de lo ocurrido. "¿Cómo haré para librarles de él sin involucrarme en el asunto ni parecer culpable?" -se preguntó la istar a sí misma. Mientras todas estas disquisiciones atravesaban su mente, Cirus se había dado cuenta de la presencia de su hermana y se las había arreglado para desaparecer de la escena sin ser visto por ésta.
- ¡Rápido, Histhel, es necesario que te escondas! -le instó la istar-. Hay soldados de Rohan por todas partes, incluso algún que otro cazarrecompensas que vendería a su madre por dinero.

Aún no había terminado de decir eso cuando Histhel ya había desaparecido. Una vez más el reencuentro entre los dos hermanos se había pospuesto para otro momento. Entonces apareció de nuevo Cirus, quien no se había alejado mucho de allí.
- Es necesario desalojar la plaza del pueblo. El Balrog se quedará quieto, nadie saldrá herido. Él sólo busca a alguien en concreto, pero si ve alboroto o gente gritando, se asustará y reaccionará atacando a todo el mundo -le dijo Rána-. Cirus, te pido que lleves a toda esa gente a un lugar seguro, pero con tranquilidad... ¿harás eso por mí?
- Creo que no tienes ni idea de cómo es la bestia que hay a unos metros de aquí. Es una criatura del averno. No me acercaría a ella por nada, pero ayudaré a desalojar a la gente.
- Yo también -añadió Beoren.
Los tres, el beórnida, la istar y el humano se dirigieron hacia la plaza. Tres razas unidas hacia un mismo objetivo. Cuando llegaron allí, el espectáculo era dantesco. El balrog estaba a punto de cargar su ira contra todos cuando un pequeño pájaro negro, un cuervo, revoloteó a su alrededor. La bestia lo miró con curiosidad. Momento que aprovecharon los soldados de Rohan para cargar contra él.
- ¡No! -gritó Rána-. ¡Dejadle! -la istar se interpuso entre el balrog y los soldados. La bestia miró al cuervo y vio a Rána y se tranquilizó por unos segundos.
- ¡No podéis entrometeros en asuntos que superan a vuestro entendimiento y menos aún intentar solucionarlos con métodos que son ineficaces para criaturas de otro tiempo! -bramó Rána con una voz que jamás nadie había escuchado, pero que imponía mucho temor y respeto a la vez-. ¡Marchad de aquí y guardaos de intentar frenar a una bestia que pertenece al pasado, pues saldréis extremadamente perjudicados en vuestra gesta!
Los soldados de Rohan, firmes en su posición, no hicieron caso de las palabras de la istar. El resto de los que estaban por allí congregados sí se dispersaron y se escondieron en sus casas. Bueno, todos no, Ardealthal, Fehn y Lembillo, acompañados de Wulfa y los Dunlendinos no se amedrentaron y siguieron en sus puestos, tras los soldados de Rohan, y mezclados con todos ellos, los Aksanvákvet. Beoren se convirtió en plantígrado por propia voluntad con el fin de poder defender mejor a su amiga. El Balrog rugió cuando vio a Ardealthal y a Fehn. Rána también los descubrió.
- ¡Quieto ahí! -Rugió Rána volviéndose hacia la bestia y enfrentándose a ella-. No puedes pasar de aquí. -Rána dio una patada en el suelo para señalar un lugar-. ¡No perteneces ni a las tinieblas ni al mundo regado por la luz del sol, pero no puedes dañar a quiénes yo protejo! ¡Te ordeno que abandones este lugar y te refugies en las simas de tus antepasados! Yo te crié lejos del mal que persigue a los de tu raza, y te enseñé las maravillas del mundo libre, pero tu naturaleza maligna se ha apoderado de ti, por lo que no puedes seguir pisando la faz de Arda! ¡Márchate!
Una gran bola de luz rodeó a Rána, quien envestida de todo el poder que siempre le había acompañado, se había transformado, pues sus cabellos ahora eran albos y sus vestiduras habían mutado de color, ya no eran marrones sino blancas, impolutas, sin mácula. Todos los allí presentes observaban, cegados por la luz, sobrecogidos, sin terminar de creer que lo que veían era cierto. Beoren, a cuatro patas, reconoció el tremendo poder que la istar había descubierto para los allí presentes. La bestia recogió su látigo ignífugo y voló hacia las montañas, abandonando aquella aldea, tal como Rána le había ordenado. Donde habían estado sus huellas, tan sólo quedaban rastros quemados en el suelo, como si dos hogueras del mismo tamaño hubieran ardido en ese lugar.

El peligro había pasado. Y ahora llegaba el desenlace. Los Aksanvákvet habían rodeado a los soldados rohir, aprovechando la exhibición de poder de Rána. Ardealthal, alejándose del resto de su compañía, se había metido dentro de la aldea en busca de Histhel. Gasteizo y la montaraz lo habían visto todo desde la ventana de una casa.

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NotaPublicado: Vie Abr 18, 2008 6:08 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Al mismo tiempo que casi se encuentran ambos hermanos, la señora Dürsel sin resuello, y enfadada había llegado a la plaza. Lo había visto casi todo. Sabía de esos seres, aunque nunca hubiese podido ver uno. Ni quería. .- A mis años, pasarme esto a mis años.- murmuraba para sí.-

Tras ella Waykim cojeando -Vinga la había dejado sola- al oír el alboroto y ver el fuego había escapado, sin importarle su tobillo. Encontró a sus hermanas, y aguantando el dolor se unió a ellas. En la plaza se tropezaban con algunos vecinos que se marchabana sus casas, no querían ver lo que pasara entre los dos ejércitos, eran un pueblo pacífico, solo aspiraban a que esas luchas no les llegase a ellos, haciéndoles ningún daño...aunque sus simpatías estaban con los Aksanvákvet, pero si las cosas se torcían no querían represalias. Al final unas pocas personas quedaban para ver lo que pasaba, aunque tampoco querían una batalla campal...y seguían atemorizados por lo sucedido...y esperando ver qué hacia ahora "esa" istar.

Rána, Cirus, Beoren, Voronda, Esseamal, Vinga, Storem, Grömdal, Waykim, Twokwén... y la señora Dürsel miraban hacia los Aksanvákvet, estos...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Vie Abr 18, 2008 6:51 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Cirus, separándose de los demás reflexionaba en la esquina de una calle mirando la plaza, observando como los Aksanvákvet tenían en su mano acabar con toda la patrulla rohirrim .
Sopesaba en esas décimas de segundo sus opciones... con su primo, su hermana y habiéndose ganado la animadversión de alguno de los jinetes su probabilidad de supervivencia en la próxima media hora era bastante escasa.
Entonces ¿descubría quien era en realidad salvando a la patrulla, evitando mas derramamiento de sangre y anulándose a si mismo?.
Al final se decidió y sacando del saquito que llevaba siempre sujeto a su cinto cogió el collar de oro con la placa que el señor del Oeste le había entregado cuando fue traspasado del eored de caza a las fuerzas especiales. Esa placa le daba poder sobre cualquier patrulla... y salvarles la vida valía la pena.

Iba a salir a la plaza cuando la punta de una espada se apoyó en su cintura.

-Quieto primito... tu y yo vamos a terminar la conversación de antes.

Grömdal, aun que con una sonrisa en sus labios dejaba traslucir en sus ojos el odio enfermizo que tenia a su primo.

-Grömdal, dame 5 minutos y seré todo tuyo, déjame que pare una lucha inútil.

-Por mi que mueran todos esos rohirrim, solo me importas tu.

-¿Tanto me odias por conocer tu secreto?, ¿no te basta con que haya cargado durante todos estos años con el odio de mi hermana?

-Tus motivos tendrás y si mueres el secreto estará seguro.

- Mis motivos, el amor que tenia por mi hermana me cegó los ojos y me hizo creer que tu cambiarías.

-Menos cháchara y encomiendate a tus antepasados.

Cirus tragó saliva y ya iba a dar lo que el creía su último paso sobre Arda y al mismo tiempo gritar basta para parar la inminente pelea cuando....

-¿Es verdad lo que he oído Grömdal? ¿Es posible que sea cierto lo que mi corazón grita a voces con cada latido?

-Histhel... tu...

Aprovechando que su primo quedó descolocado tras la aparición de su hermana, Cirus saltó al centro de la plaza y manteniendo en alto la placa...

-Alto hombres y elfos esta lucha sera inútil, Jinetes de la marca, por el poder que Baldor Mariscal del folde Oeste me otorga con este ordenamiento os ordeno que regreséis a Rohan. Elfos, no tengo poder sobre vosotros pero pensad un poco y esta batalla la veréis como una perdida absurda de vidas. Cazarecompensas, cesad en el empeño... jamas encontrareis a la que buscáis puesto que jamas abandonó el amparo de nuestro señor Baldor y ya ha cumplido su papel, que era sacar a la luz a los personajes que estamos aquí. Histhel soporta unos minutos mas la angustia, dentro de poco todo quedará aclarado. Rána, dado que te has dado a conocer solicito seas juez de lo que en unos minutos ...

Cirus no pudo continuar ya que su primo sintiendo descubierto su supuesto secreto se lanzó como un león furioso sobre él y lo atravesó con su espada. Las mujeres chillaron ante tamaña felonía y tres jinetes que estaban cerca se lanzaron sobre el Gondoriano deteniendole antes de asestar el golpe final.

Rána se acercó al herido, le examinó y moviendo su cabeza en sentido negativo pidió a los Aksanvákvet que con cuidado llevaran a Cirus a casa de la señora Dürsel y al atacante a la casa del pueblo.
Media hora después la istaré, salia de la habitación del herido.

Por un par de centimetros pero se salvará.- Miró a Histehl, la que tras unos segundos bajó la vista.-Propongo que descansemos como podamos y mañana empezaremos a desentrañar todo este entuerto.

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NotaPublicado: Dom Abr 20, 2008 10:48 am 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Al oir a Cirus, y sorprendidos por el ataque que sufrió, decidieron dispersarse, los Aksanvákvet, quedando a las puertas de la casa del pueblo custodiando a Grömdal. Este solo lamentaba no haber podido rematarle .-si descubre el secreto estoy perdido...maldito Cirus, maldito, maldito!!!! .- se decía paseando a grandes zancadas nerviosas por la estancía.

Histel entró a ver a su hermano, pero este dormia. Sigilosa buscó un pequeño taburete, y se sentó a la espera.
Rána miró alrededor, las mujeres estaban preparando algo de cena para todos...pero un Mediano en el que no había reparado antes lo miraba todo con ojos muy tristes, desde el rinconcito donde estaba, en una esquina de la cocina, entre asustado, y el asombro por lo vivido procuraba pasar desapercibido...sin dejar de mirar de hito en hito hacia la alcoba donde estaban los hermanos . .-Supongo que esperarás a Histel...o no??? soy Rána, no te procupes... .-dijo en voz baja, llegándose a Gasteizo, con tono amable...

.-Waykim cómo va ese tobillo??.- Preguntó la señora Dürsel, intentando romper la tensión que se sentía en el ambiente. Todos miraron hacia el pequeño banco que tenía la anciana junto al fuego, para los casos de curas, aunque no eran muchos, el sitio era respetado por todo el mundo... Estaba vacio.

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Última edición por Celebwën el Dom Abr 20, 2008 1:56 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Abr 20, 2008 10:58 am 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
De vuelta en la posada, Ardealthal estaba furioso. Quienes debían pagarle por conseguir que la montaraz se dirigiera hacia esa aldea en concreto, estaban tan ocupados en su propia y encarnizada lucha de rivalidades que, cuando él se acercó a reclamar su recompensa, no le hicieron demasiado caso. Ahora estaba sentado en su cama de lana con una belleza que le acariciaba y le abrazaba desde atrás, apoyándole sus turgencias sobre la espalda.
- Mañana saldarás las cuentas, Peluchico. Ven aquí conmigo. Te haré olvidar los problemas durante un buen rato.
- Tienes razón. Los soldados de Rohim no podían hacer nada y su dirigente estaba demasiado ocupado y con el brazo roto. Con la luz del sol me dirigiré a exigir mi pago.

En otra habitación Fehn le preguntaba a Lembillo sobre el posible futuro de ambos.
- ¿Dónde está el granero que guarda escondidas las botellas de elixir?
- Al otro lado de la aldea. Pero no te lo diré mientras Ardealthal siga con nosotros.
- ¿Por qué? Es mi amigo.
- No me fío de él. No es del gremio -respondió sin más, Lembillo.
- De acuerdo, tienes razón -añadió Fehn, que no quería enturbiar su relación con Lembillo mientras éste tuviera la sartén por el mango.

Una vez Ardealthal se hubo dormido, Wulfa salió con sigilo del cuarto. Se dirigió a las dos habitaciones ocupadas por sus hombres.
- ¿Está todo preparado? -dijo con una voz que resultaba firme pese a ser sólo un susurro.
- Sí, mi señora -contestó uno de ellos.
- En marcha, entonces -respondió bajando por las escaleras-. Tiene que ser como la operación de un médico, precisa y con la mínima sangre derramada posible.

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NotaPublicado: Lun Abr 21, 2008 1:28 am 
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Rána miró alrededor, las mujeres estaban preparando algo de cena para todos, pero un Mediano en el que no había reparado antes lo miraba todo con ojos muy tristes, desde el rinconcito donde estaba, en una esquina de la cocina, entre el susto y el asombro por lo vivido procuraba pasar desapercibido...sin dejar de mirar de hito en hito hacia la alcoba donde estaban los hermanos.
-Supongo que esperarás a Histel...o no??? soy Rána, no te procupes... -dijo en voz baja, llegándose a Gasteizo, con tono amable...

- Cuidado, retírense de aquí -dijo una mujer que tenía mucha prisa y portaba un cubo con agua caliente-. Si no van a ayudar, mejor que no estorben.
Gasteizo miró a Rána asustado. Su rostro expresaba una total indefensión. Rána le miró y se apiadó de él. Histhel no estaba cerca y el hobbit había acabado escondido en aquella cocina arrastrado por la multitud que se había refugiado en esa casa presa de pánico al observar el atentado del soldado gondoriano contra el rohir. Aquello podía desembocar en una guerra entre dos pueblos que mantenían unas alianzas comunes, pero tan frágiles, a la vez, como el cabello de una mujer.
- Ven, pequeño -Rána le tendió la mano al hobbit que temblaba como la hoja de un árbol-. Te ayudaré a salir de aquí.
Gasteizo hizo ademán de aceptar su ayuda, pero entonces la templanza volvió a ocupar una parte de su mente y de su corazón y con voz firme contestó:
- Ya pasó el tiempo de tener miedo -el hobbit se irguió y levantó la cabeza despejando todo temor-, ahora hay que ser valiente y ayudar a mi socia. Agradezco tu ofrecimiento, y no lo rechazo, pues entre iguales las fuerzas se doblan y los resultados mejoran.
- Me das miedo -contestó Rána-, ya hablas igual que Histhel...
- Sí, la oráculos... -contestó el hobbit sonriendo.
Salieron de aquella cocina y dejaron atrás el trajín de ir y venir de mujeres que hacían lo que podían por asistir al herido. Histhel seguía sentada en el taburete velando la cama de su recién encontrado hermano.
- Bueno Gasteizo -dijo Rána-, me alegra ver que Histhel cuenta con un socio tan bueno como tú. Ahora ya debo abandonar esta aldea. Mi cometido aquí ha terminado.

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NotaPublicado: Lun Abr 21, 2008 3:52 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
.-Oh no, nada de eso !!!! .- Exclamó con vehemencia Gasteizo,revelando en su mirada por breves segundos su indefensión.- Antes de ser herido Cirus pidió que fueras juez, y....- guardó silencio, mirándola tímidamente,recordando su actuación delante del Balrog, y su poder.
La istar sonrió al Mediano..-Es muy valiente, y tiene razón, me pueden necesitar aún, supongo que puedo retrasar mi marcha, durante algún tiempo.-pensó meditando pros y contras de quedarse.
.-Me decías...??demos un paseo, ahí dentro de momento nada hacemos, un poco de aire fresco no nos vendrá mal, y así me cuentas mejor....-respondió Rána con suavidad, animándole con una mirada de sincero interés.

Entre tanto un niño entró en casa de la señora Dürsel, sin darse nadie cuenta llegó al lado de Histel, le susurró algo al oido, esta maquinalmente entregó un objeto, el niño como entró se fue, sin ser visto por nadie...

La anciana entre murmullos se preguntaba aún por Waykim.

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NotaPublicado: Lun Abr 21, 2008 8:56 pm 
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En el bosque cercano, una pequeña comunidad de elfos se había instalado en las copas de los árboles como Rivendel, pues de allí era su procedencia, no hacía mucho tiempo si lo medimos como lo miden los elfos. El poblado era próspero y constituían el amparo de la aldea cercana, donde la panadera Dursel, sus trillizos y el resto de los habitantes sobrevivían cada nuevo día.

Gorion había salido a por uno de los ingredientes secretos de sus maravillosas lembas. Volvía feliz por la resolución del encuentro con el balrog en el que solamente un bardo forastero había perecido. Más teniendo en cuenta la voracidad y peligrosidad de un ser de otra época como ése.

De pronto se dio cuenta de que no oía a nadie cuando ya estaba muy cerca de su hogar. Eso le produjo un nudo en el estómago que no le auguraba nada bueno. Subió a gran velocidad entre las ramas y ante sus ojos se abrió la tragedia. Toda su familia y sus amigos estaban muertos en el gran comedor comunal. Algunos ni siquiera se habían movido de sus asientos antes de ser ensartados por flechas. Otros presentaban algún signo de lucha pero algunos estaban decapitados. Gorion no podía creer que eso le estuviera pasando.

Corrió por todas las copas en busca de algún superviviente, con la mano en su espada por si acaso. De pronto oyó un quejido. Se quedó inmóvil y volvió a oirlo. Venía de una despensa.
- ¿Quién anda ahí? -dijo, con una voz que no salió tan firme de su boca como él había pretendido emitirla.
- ¿Gorion? -oyó, con una voz sin fuelle.
Abrió la puerta y se encontró con Malak, su amigo, su hermano con los ojos vidriosos y algo de sangre en algunos puntos de sus vaporosos ropajes.
- Una medio orca. Ha sido una medio orca, con un grupo de dunlendinos.
- Te pondrás bien -le dijo Gorion al moribundo Malak, aun sabiendo que no era verdad, mientras lo asía entre sus brazos.
- Cuídate, Gorion. Y cuida de los humanos de la aldea -logró decir mientras su último hálito de vida le abandonaba.
- Así lo haré -contestó al aire Gorion, a quien nadie podía escucharle ya.

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NotaPublicado: Mié Abr 23, 2008 1:21 pm 
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Apuntando el amanecer, a unas millas en dirección a las montañas, en una cueva, una cincuentena de hombre mantenía una reunión que hubiera interesado a muchos de los actores de la acción de los últimos días.
-Gizmo, ¿qué hacemos? Llevamos aquí 2 días y el jefe no aparece, claro que bien mirado siempre lo vemos disfrazado y podría estar entre nosotros.
El murmullo de aprobación se iba haciendo más y más elocuente.
-Silencio- bramó más que gritó el individuo que, subido a la roca se erigía como dirigente de la reunión, estamos aquí porque el jefe está desconcertado, llevamos ya casi un año detrás de esa fugitiva y cuando llegamos donde pensamos que está nos llegan noticias de que se encuentra en otra parte, mientras nuestros auténticos negocios se ven disminuidos.
En aquél momento un joven llegó casi sin aliento y acercándose a Gizmo estuvo dándole noticias al oído durante 10 minutos mientras el rostro del hombre pasaba por todos los colores hasta quedar en el ceniciento.
-Camaradas, algo esta pasando en la aldea que hay cerca de aquí, anoche hubo escaramuzas entre Rohirrim, elfos, un balrog y gente de la aldea , según me comentan hubo un muerto humano, el balrog se fue, un Rohir quedó malherido por un gondoriano y este esta preso en la casa del pueblo.
-Y a nosotros que nos va ni nos viene ese gondoriano?.
-Ceporro, son órdenes del jefe. Esta noche iremos y le sacaremos de la prisión.
Otro mensajero entró corriendo y le entregó un pergamino....
-Mas incógnitas... dos espías, rápido... - se adelantaron dos figuras embozadas – Id al bosque de los susurros y buscad una columna de dunlendinos con una medio orca a la cabeza y seguidlos. Informad como siempre...
Tras esa última interrupción y después de la salida de los seleccionados se continuó con la planificación del ataque.

En el ínterin
En la habitación donde reposaba Cirus se empezaba a colar un rayo de sol y su hermana mantenía la misma postura con una de las manos del herido entre las suyas. Gasteizo se mantenía en silencio en uno de los rincones y el herido tras pasar una noche tranquilo gracias a los brebajes de Rána, empezó a removerse y a sufrir los primeros asaltos de la fiebre y a hablar de forma inconexa.
- Hola primo, ¿quieres limo.... ?¿que te ocurre, porque pones esa cara? ¿quienes son esos? ... No.... el niño noooooooooooo.
Histhel con ojos como platos miraba a Cirus como si lo viera por primera vez. En ese momento la istäre entró con otra ración de la medicina ...
-Me lo temía, la calentura le hace decir cosas que nunca diría estando bien. Muchacha, no juzgues por lo que dice ahora, puede estar teniendo una pesadilla,como puede recordar el pasado.
La mujer lloraba en silencio mientras en su interior una pared de ira y desprecio se derrumbaba, sintiéndose por primera vez como un gusano, sin fuerzas para mirar al hombre al que mas odiaba hasta ese momento, algunos datos recogidos en su inconsciente empezaban a tener sentido.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
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Última edición por Baldor el Jue Abr 24, 2008 12:40 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mié Abr 23, 2008 4:01 pm 
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Gorion bajó de la arboleda con mandíbulas apretadas, el carcaj lleno de flechas, y un par de dagas de más, recogidas de sus amigos fallecidos. Los ojos arrasados en lágrimas silenciosas que él dejaba correr libres, sin querer limpiarlas, aunque le nublaran casi la vista. Así le encontraron Fehn y Lembillo, que regresaban de la taberna cercana, donde habían ido a esconderse cuando vieron al balrog. Venían discutiendo que no eran cobardes, solo prudentes...cuando supieron de la matanza -Gorion les explicó con ira mal disimulada lo sucedido- les faltó tiempo para recoger sus armas y marchar con él. .- Les vengaremos, te lo aseguro, lo sabrán todos los Elfos...sean del Reino que sean!!!.- Fehn adelantándose unos pasos buscó entre su camisola, encontró el colgante que guardaba, lo levantó por encima de su cabeza y...

Waykim esperaba oculta entre unos arbustos cerca de la cárcel donde estaba Grömdal. Era noche cerrada ya, y estaba frío.- Venga, no puedes tardar tanto.- pensaba, mientras se frotaba el tobillo que seguía hinchado, pero no le dolía, ya ni lo sentía. Unos Rohirrim custodiaban el lugar, alertas , pero "confiados" que sería una noche tranquila...que tras lo ocurrido nadie querría tener más sobresaltos.

Un chiquillo pasó corriendo delante de ellos y se perdió en la oscuridad. Cuando llegó a destino quien le esperaba se levantó dando vuelta a la cabaña que no había dejado de cuidar. Empezó a tocar el silbato, descubrió entonces que pendiente de la fina cadena que le sujetaba colgaba una hermosa daga ... que se apresuró a guardar.

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NotaPublicado: Vie Abr 25, 2008 1:05 am 
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La noche estaba oscura y cerrada. Cirus no se había movido en todo el día, tampoco se lo hubieran permitido, pues hubiera sido perjudicial para la curación de su herida; Rána ya había recogido sus escasas pertenencias consistentes en una bolsita con hierbas varias que llevaba atada en el interior de su túnica marrón, y se disponía a descansar antes de emprender el viaje de vuelta a su casa junto con Beoren que también había decidido regresar. Gasteizo había intentado convencerla de que se quedara por activa y por pasiva, pero no lo había conseguido.
- En serio, pequeño -le había dicho Rána al hobbit unas horas antes-, mi papel aquí ya ha concluido. No tengo nada más que hacer en esta aldea y tampoco quiero llevarme algún golpe que no me corresponda, ni siquiera por error.
- Pero... yo te voy a echar de menos... -se sinceró Gasteizo-. Histhel está ahora muy preocupada por su hermano, y de repente ni se acuerda de que yo estoy aquí también.
- Eso es verdad. Me he dado cuenta de eso que dices -ratificó Rána las palabras del hobbit-. Cree que eres tan valiente y resoluto que no necesitas que ella esté pendiente de tí en todo momento. Y no se da cuenta de que sólo eres un hobbit indefenso e ingenuo que necesita la protección de todo enano, elfo, persona ú orco, para poder dar un paso después del siguiente.
- ¡No! ¡De eso nada! -reacconó Gasteizo- ¡Por supuesto que soy valiente! ¡Y resoluto! ¡Y no necesito que Histhel me contemple, porque ya casi soy un hobbit adulto con capacidad para tomar decisiones importantes!
- Vaya, va a resultar que yo estaba equivocada contigo -reconoció Rána-, y ahora debo marcharme. Pero, primero debo dormir y descansar, mañana nos espera un dia muy duro, eso si la noche no se convierte en un preludio del día de mañana...


P.D.: ¡400!

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NotaPublicado: Sab Abr 26, 2008 8:12 pm 
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Wulfa saboreaba su victoria con el agua que salpicaba sobre la negra piel de su cara. Bajaba río abajo hasta la desembocadura y ya estaba alcanzando el delta junto a sus esbirros. Sólo un herido, por un maldito elfo que era lo último que había hecho en vida. Malak se llamaba. No había quedado nadie vivo, pensó mientras disfrutaba de la velocidad de los rápidos. Su parte estaba hecha y ahora tenía que cobrar y desaparecer para que comenzase lo que los que la habían contratado tenían en mente y llamaban con un eufemismo: repoblación.

De pronto, el río pareció desgajarse en dos. La amplitud del horizonte sólo se veía emborronada por un surtido de embarcaciones cuyos ocupantes lucían unos lujosos turbantes. La medio orca sonrió.

Mientras tanto, en los montes cercanos a Rynvorlän, un par de espías volvían apresuradamente a su asentamiento.
- ¡Alto! -oyeron de pronto.
- Somos nosotros, imbécil -le contestó uno de los espías al guardia que estaba apostado en un recodo del camino.- Déjanos llegar cuanto antes hasta Gizmo. Tenemos noticias para él.
Cuando hubieron llegado hasta la tienda principal, presentaron sus respetos.
- Sabemos que los dunlendinos, después de asesinar a todos los elfos del bosque contiguo a la aldea han recogido sus canoas y se han ido. Dudo que río arriba.
- No parece plausible, no -dijo Gizmo, mesándose la perilla.

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Última edición por Peluchico el Dom May 11, 2008 8:16 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Sab Abr 26, 2008 11:55 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Histhel no se había movido de la habitación desde el día anterior, cuando Cirus fue herido de gravedad con una espada que su primo Grömdal le clavó en el vientre. Desde entonces, no había dejado de estar pendiente del más mínimo movimiento de su hermano, pues esperaba que su boca se volviera a abrir de nuevo y dejara salir nuevos datos, como ya lo había hecho horas antes. Cirus y Histhel se parecían tanto físicamente, que nadie hubiera podido decir quién era quién, pues los dos llevaban el pelo de la misma largura, a no ser porque todos los que habían presenciado el desafortunado encuentro sabían que Cirus era quien estaba herido.

- No debes... Ella sufrirá... mucho... -dijo Cirus de repente, moviendo la cabeza a un lado y a otro como queriendo escapar de un horrible sueño.
- ¿Qué? -preguntó Histhel rápidamente-. ¿Quién no debe hacer qué? ¿Quién es ella, y por qué sufrirá?

Rána ya se disponía a ir a dormir, tal como le había dicho a Gasteizo, cuando al escuchar voces en la habitación del enfermo, entró para interesarse por su estado. Histhel estaba sobre él, zarandeándole e insistiéndole en que le diera respuestas, pero Cirus había vuelto a su estado anterior. Rána se acercó a Histhel y la acomodó de nuevo en la silla al lado de la cama.
- Así no vas a conseguir que hable -le dijo la istar-, y además no vas a dejar que se recupere correctamente.
- ¿Y cómo puedo conseguir que diga todo lo que sabe? -Histhel miró a su amiga con ojos suplicantes-. ¿Tú me puedes ayudar?
Rána suspiró y miró al suelo.
- Tú sabes que mi poder es muy limitado. Tan sólo puedo comunicarme con los animales. No puedo entrar en la mente de Cirus y tampoco puedo obligarle a hablar -contestó Rána apesadumbrada. Entonces a Histhel se le encendieron los ojos de entusiasmo, pues una gran idea se le acababa de ocurrir.
- Hay un animal en esta aldea que conoce a Cirus desde hace doce años. Su perro. Y seguramente él estaba presente el día que se llevaron a mi hijo, pues ese perro llegó a la casa para defender al niño. Si te comunicaras con su perro, ¿podrías averiguar lo que ocurrió en realidad? -preguntó Histhel. Rána levantó la vista y la miró perpleja.
- Los perros gozan de buena memoria y son fieles a sus amos. Si su testimonio sirve para librar a Cirus de alguna culpa, el perro me lo contará todo. Lo intentaré, pero eso será mañana, hoy quiero descansar -Y Rána se despidió de Histhel con un abrazo y se fue hacia sus dependencias con la intención de descansar esa noche.

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NotaPublicado: Dom Abr 27, 2008 12:28 pm 
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En la cabaña todos dormian, había quíen tenía el sueño lígero, quíen profundo, pero todos dormian...o eso parecía...Una figura encapuchada, pisando leve, pero firme, conociendo bíen el lugar entró en la habitación del herido. Tocando en el hombro de Histhel esta abre la boca, que es tapada con presteza, delicadamente.- me enteré que estaba herido, no he podido llegar antes es grave...???.- murmuró sentándose en el suelo, la espalda contra la cama, ojos alertas en la entrada, en tensión constante.- Solo estaré unos minutos, se lo que has pasado por mí, ya está bien!!! es hora que salga todo a la luz, quería asegurarme que no es nada grave.- indicó cabeceándo hacia la cama.- Histhel, cogida por sorpresa no se lo podía creer...

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NotaPublicado: Dom Abr 27, 2008 11:00 pm 
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En la cueva Gizmo repasaba unos planos de la zona cuando el sonido de un grupo de caballos le hizo ponerse alerta, aunque el que los guardias no dieran el alto ya le indicaba de quien se trataba y que llegaba con estandartes desplegados.

Silencio, y al cabo de unos minutos un numeroso grupo de jinetes entraba en la gruta y hacia un pasillo, la figura que entró la última acaparó la atención de los 200 hombres que en aquel instante llenaban la estancia.

Gizmo se adelantó y poniendo la rodilla en tierra desenvainó la espada y se la presentó por la empuñadura al ...

-Mi señor Mariscal, bienvenido... lo que temíamos se ha producido, han asesinado a los elfos del bosque.

-Wulfa, maldita zorra, los Haradrim no han intervenido, como es natural...

-No mi señor

-Esta bien descansad un par de horas, dad de beber a los caballos y comed algo. ¡Grinsel!

Uno de los jinetes se acercó.

-Te acercaras a la casa de la señora Dürsel y hablaras con Histhel, lleva el ungüento para ese cabezota de Cirus, ya ya, es tu hermano, es valiente pero cabezota y estúpido y tu primo podría haberse estado quieto, ahora que estamos aquí medio eored de caza y medio batallón de Gondor gracias al chivatazo de esa istarë saca a relucir un problema familiar y la emprende con el pobre Cirus dejando a los dos grupos sin jefes.

Una hora mas tarde una figura encapuchada, pisando leve, pero firme, conociendo bien el lugar entró en la habitación del herido. Tocando en el hombro de Histhel esta abre la boca, que es tapada con presteza, delicadamente.- me enteré que estaba herido, no he podido llegar antes es grave...???.- murmuró sentándose en el suelo, la espalda contra la cama, ojos alertas en la entrada, en tensión constante.- Solo estaré unos minutos, se lo que has pasado por mí, ya está bien!!! es hora que salga todo a la luz, quería asegurarme que no es nada grave.- indicó cabeceando hacia la cama.- Histhel, cogida por sorpresa no se lo podía creer...

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NotaPublicado: Mar Abr 29, 2008 12:08 am 
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Histhel todavía no había tenido oportunidad de recuperar un ritmo normal de respiración, cuando su hermana Grinsel, le explicó que sabía de la existencia de un ungüento que curaría con rapidez la herida de Cirus.
- Tal como te lo digo. Es un ungüento con muchas propiedades, preparado expresamente por los brujos del este para curar las heridas de los soldados en las batallas -explicó Grinsel a su hermana-. Pero hay un pequeño problema.
- ¿Cuál? -preguntó Histhel sobresaltada y curiosa a la vez.
- Lo tiene guardado mamá. Ella ni siquiera sabe que lo tiene, pero será casi imposible encontrarlo en la despensa sin antes despertarla a ella -aclaró Grinsel.
- ¿Por qué no quieres que se entere mamá? Después de todo este tiempo desaparecida, ¿no crees que se alegrará de verte y de saber que estás bien?
- No, hermanita, no son así las cosas -explicó Grinsel-. Por el momento nadie puede saber nada de mi presencia. Hay demasiadas cosas en juego como para echarlo todo a perder por dejarnos llevar por los sentimentalismos.
- Cómo has cambiado, Grinsel... Antes te preocupabas por tu familia, y ahora...
- No tengo apenas tiempo para discutir esas cosas, intenta conseguir el ungüento y aplícaselo a Cirus cuanto antes. Ahora me tengo que ir.
- ¡Espera! -le instó a pararse Histhel muy nerviosa- No puedes volver a desaparecer otra vez, no después de lo que he sufrido y he hecho para encontrarte...
- Lo sé, hermanita, y te lo agradezco, no deberías haber corrido tantos riesgos por mí...
- Pero, ¡tu cabeza tiene precio! ¡Hay cazarrecompensas que quieren atraparte para cobrar el premio de tu captura!
- Eso no es así exactamente, digamos que lo de poner precio a mi cabeza fue un cebo para que alguien me encontrara y me llevara a un sitio seguro. Ya unos cazarrecompensas me encontraron y se llevaron la recompensa. El resto no se habrá enterado todavía, pero ya no hay presa, así que no hay premio. Me voy.
- ¡No!, ¿cómo descubriré cuál es el bote que contiene el ungüento? -Histhel agarró a su hermana del borde de la capa de llevaba- Mamá tiene cientos de botes distintos
- Pregúntale a Rána, ella lo sabe, ella ayudó a prepararlo en su día... Adiós... -Histhel sintió cómo el borde de la capa de su hermana se escapaba entre sus dedos, así como su esperanza de que algún día Grinsel le explicara qué ocurría y su corazón se desgarró en varios trozos, porque en alguna parte de su mente algo le decía que todo el esfuerzo y los peligros que había corrido realmente no tenían ningún sentido, así como la manera en que su hermano había arriesgado su vida por ellas dos. Un enorme muro se abrió entre Histhel y Grinsel. La hermana por la que llevaba tanto tiempo suspirando Histhel, ahora se alejaba sin remordimientos dejándola sola con la duda de pensar si no se había equivocado al creerla inocente.

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Última edición por Gwirdyon el Mar Abr 29, 2008 6:49 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mar Abr 29, 2008 1:13 pm 
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Una vez enviada la muchacha a casa de su madre, Baldor pasó al siguiente punto de su agenda mental.

-Gizmo, diez hombres, cinco de cada formación, iréis al poblado con este documento- Se lo entregó -y se lo dais a los que guardan a Grömdal y lo traéis a mi presencia, y que los rohirrim de esa patrulla vengan con ellos.

Con el saludo típico salió el hombre a cumplir las ordenes. Con un suspiro de cansancio el recién nombrado Mariscal extrajo la carta que la anciana Murgana le envió hacia unos meses explicándole los extraños movimientos que los Haradrim realizaban, haciendo batidas de exploración del territorio y poniéndose en contacto con la tribu dunlendina en la frontera.

Gizmo envió la patrulla diligentemente a cumplir las ordenes recibidas y una vez realizado su pensamiento volvió a pensar en el joven Mariscal. hacia solo un año y medio que tras salvar de nuevo a Gondor de ser arrasado por la traición de Duramtor y al mismo tiempo Erkenbrand marchó al encuentro de sus padres tras una fructífera vida, y Baldor, capitán de la guardia por aquel entonces, volvió a demostrar su valía en el campo de batalla con un arrojo que hacia que sus hombres le siguieran al infierno si el les indicaba el camino fue recompensado con el titulo. Desde entonces, en la paz demostró una tolerancia y comprensión igual o superior a su valentía en combate, no se recordaba una injusticia suya, incluso se rumoreaba que alguna sanción había sido pasada por alto por no estar seguro de que se sancionaba al culpable verdadero.

En el poblado, un rato después la patrulla enviada hacia la entrada en columna de dos, un rohir y un gondoriano cabalgando estribo con estribo y deteniéndose en la plaza fue recibida por Wriham al cual entregaron las ordenes...
Diez minutos después las dos patrullas mas el alicaído Grömdal cogían el camino de regreso.
Tres cuartos de hora mas tarde el gondoriano estaba frente al Jefe Rohir.

-¿Y bien? ¿Tanto odias a tu primo que hace que olvides las ordenes de Elessar?

-A ti no tengo que darte explicaciones de mis acciones Rohir del demonio

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NotaPublicado: Mar Abr 29, 2008 11:18 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Wulfa alcanzó una escalerilla para subir al barco principal de la flota de trescientos hombres. Cuando estaba arriba, el mismo capitán, un formidable armario de mandobles que atendía al curioso nombre de Mosseguirtafraouit, dejó en manos de otro el timón para atenderla. Ésta le metió la lengua en la boca como una avispa el aguijón sobre la piel de un infortunado. Pero él, en vez de dolor, experimentó una sensación que le impidió matarla, como tenía previsto hasta ese momento. El alboroto de sus hombres, que pisaban la cubierta rítmicamente y gritaban soeces comentarios cesó cuando Mosseguirtafraouit, sin apartar las manos de los glúteos de la felina, ordenó triunfante la ascensión río arriba de barcas repletas de hombres, arrastradas por caballos desde las orillas.

La ira inicial tornó en tristeza cuando Gorion, Fehn y Lembillo recorrieron todo el asentamiento deshabitado a la fuerza. Reunieron todos los cuerpos de los elfos traicionados y los subieron en unas carretas. El cuerpo de Malak estaba mutilado. Aquello conmovió especialmente a Fehn, que no estaba acostumbrado a tanta atrocidad. Sus torturadores no habían tenido ni un ápice de piedad. Gorion estaba tembloroso y con la cara desencajada. En un silencio incómodo azuzaron a los caballos blancos y se dirigieron hacia el Gwatló.

En la orilla del mismo, un tiempo indeterminado después, se había reunido toda la aldea que, con caras de tristeza, miraban a Gorion cumplir cada uno de los ritos que debían hacerse. Primero intentó comprar canoas para todos sus seres queridos, pero el pueblo entero se las cedió por tantos servicios que los elfos les habían prestado en el pasado. Después las soltó de sus amarres y se quedó observando como desaparecían río abajo con un lastimero canto que puso la piel de gallina a los congregados. Los antiguos teleri acostumbraban a dejar en manos del mar los cuerpos de sus familiares mientras sus fëas se dirigían a Mandos.

Fehn y Lembillo permanecieron detrás del elfo en todo momento. Ardealthal se unió a la comitiva. Cuando todo acabó, Gorion miró al chamarilero y su despabilado aprendiz y se sintió reconfortado con el abrazo que le brindaron. Luego se volvió hacia Ardealthal y no logró mitigar el odio con el que sus ojos atravesaron al montaraz, aunque sabía que él no había tenido nada que ver, y consiguió que se sintiera intimidado. Después reunió fuerzas para hablar.
- Gracias por ayudarme en estos momentos tan difíciles.
Fehn y Lembillo asintieron. Ardealthal, que había permanecido algo apartado, sin embargo, no pudo contener su voz:
- Tenemos que vengar esta afrenta.
- ¿Cómo dices? -dijo Fehn en una retórica pregunta.
- Han sido los dunlendinos como tú bien has dicho, Gorion. Pero yo te puedo decir más. -Y mirando al suelo de los alrededores del puerto fluvial añadió- Han sido, no cabe duda, Wulfa y sus secuaces. Sus pisadas que se adentran en el bosque están borradas en parte por las que regresan hacia aquí. Además, he podido comprobar que mi misión de buscar a la mujer no tiene sentido ya, y no creo que consiga cobrar mis honorarios.
- Partamos, entonces -dijo Gorion, con más entereza que la que había demostrado hasta ese momento.

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Última edición por Peluchico el Dom May 04, 2008 10:24 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mié Abr 30, 2008 9:29 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim quería acercarse al preso, al sentir los caballos más que verlos, decidió esperar, y seguirles, buscando su oportunidad. No iba sola, y de vez en cuando palpaba la pequeña arma que llevaba en su mano. Guardada entre las sombras de una noche que acababa, pues los rayos del sol doraban ya las montañas, de una rápida mirada vió como sus acompañantes esperaban. .- Solo un poco más .- rezó para sí.- en la primera oportunidad... .- Entró en la cueva, calculó que era mejor ir gateando.

Gizmo al oír esa respuesta puso su espada en el cuello de Grömdal. Miró a su Jefe, este negó y el arma volvió a su sitio. .- Hablarás entonces delante de Elessar, cuando mis soldados te hayan enseñado de nuevo a acatar órdenes, no has dejado de ser soldado, parece que lo has olvidado, ellos te lo recordarán!!!.- Indicó su salida, y dos le custodiaron hacia fuera... era un pasadizo estrecho, con escasa luz. Una menuda figura se trabó en su camino, levantando el brazo asestó una certera herida. Repitió el gesto con habilidad, bajando levemente el brazo, hiriendo de nuevo... Sin levantarse salió de la gruta. Tras ella se oyeron voces, algunos hombres salieron, águilas de grandes alas fueron por ellos.

Desde el camino unos asombrados ojos veían el ataque...

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NotaPublicado: Mié Abr 30, 2008 11:10 pm 
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-Todos dentro.

La orden era imperativa y los hombres la cumplieron por instinto arrastrando con ellos a Grömdal, el cual aun respiraba pero las dos heridas eran fatales, lo recostaron encima de una mesa, Baldor con una seña indicó a un par de sus hombres que estuvieran con él por si decía algo.

-¿Alguna de ellas tiene la cabeza blanca?

-Si mi señor...

-Vale todos dentro y no salgáis, conozco a esa águila

Despojándose del casco para que se le viera bien salió a la explanada delante de la cueva, inmediatamente los grandes señores del Cielo fijaron sus ojos en la solitaria figura, esta, cuando estuvo segura de que le veían, cruzó sus brazos en en pecho y realizó una impecable inclinación de respeto, la mas grande inició un planeo y se posó a unos metros inclinando también su blanca cabeza

-Hola Nessornë, estos ojos se alegran de verte de nuevo

-Baldor, solo unos pocos saben el modo de parar el ataque de nuestra especie cuando se ha dado la señal con el silbato.

El hombre presintió algo en los arboles a su izquierda y mirando de reojo vio a una jovencita que se escondía entre ellos cojeando.

-¿Os han llamado con el silbato? entonces tiene también la daga.

-Si claro, sabes que los une una cadena irrompible.

-Creo que ya se quien a sido, allí a tu derecha.

-Tienes una vista que no despreciaría uno de nosotros.

-Nessornë se que cuando iniciáis uno de esos ataques tiene que haber un vencido o morir todos vosotros...- Sacando su espada Baldor puso una de sus rodillas en tierra y dejando esta en el suelo...- Me rindo

El águila lanzó un grito hacia sus congéneres y estos deshicieron la formación de combate.

-Levántate Baldor, recoje tu espada, nunca te has rendido y esta vez tampoco lo has hecho... has parado una matanza inútil.

-Nessornë veo complacido que tu hija empieza a parecerse a ti tanto en belleza como en agilidad.

Nessornë cloqueó de alegría y llamó a una de las formas que revoloteaban encima de ellos, la cual se apresuró a posarse junto a su progenitora...

-Aiya Nessawen...- Baldor saludó a la recién llegada con una reverencia que no hubiera desestimado ni el mismísimo Elessar.

-Tío Baldor... Que alegría.

-Querida Nessawen ¿puedes ir por detrás de los arboles de mi izquierda y no dejar que se escape la que se esconde allí?

El guiño de su "sobrina" fue todo lo que necesitaba.

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NotaPublicado: Jue May 01, 2008 10:35 am 
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La chiquilla se vio llena de sangre, la daga aún en su mano, y el silbato al cuello. Daba por hecho que Cirus estaba muerto, y ahora estaba vengado…podría morir…pero ¡¡¡le quedaban tantas cosas!!!. No se dio cuenta del águila que en segundos la cogió en sus garras y la puso delante de Baldor…Grinsel que llegaba en ese momento no se atrevió a moverse, eran hermosas e imponentes esas águilas vistas de cerca. Reparó en que una posaba una jovencita delante del Mariscal…se parecía mucho a una amiga suya…

Amanecía cuando a la cabaña de la señora Dürse llegaron Esseamal y Voronda, alertadas por la falta de la menor de sus hermanas, encontraron a la anciana levantada, atendiendo al herido, que se reponía por momentos, y a Histel, que seguía junto a él. .-Hace dos días que no la he visto.- respondió casi enfadada.- No tarda tanto tiempo en hacer alguna travesura, temo por ella.- las miró reprochándoles su descuido.- deberíais buscarla.- concluyó rezongando por lo bajo sobre la falta de atención en general. Lavando a Cirus, este recuperando la conciencia miró alrededor.- Waykim..???.- preguntó.- cómo está su tobillo???.- Una mueca dibujó su cara con media sonrisa, exausto se quedó dormido.
La mayor de las hermanas se acercó a Histel con un tazón de leche, que pasó a tomar a la cocina, más por desentumecer las piernas, que por ganas, pero las atenciones que Cirus tenía no podían ser mejores. Ella nada más podía hacer, se decía. Las dos hermanas empezaron a enumerar los sitios donde podría estar Waykim, y qué llevaría con ella, en caso de necesitar ayuda. Histel buscó instintivamente su daga.- No, no puede ser...esto yo...la tenía...seguro que está por aquí....- posó el tazón y levantó sillas, miró en rincones, sin parar de hablar.
Rána entró con Gasteizo...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Jue May 01, 2008 3:28 pm 
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Tras encontrar el ungüento, aplicárselo a su hermano y explicarle un par de cosas a Histel, mas para tranquilizarla y que no hiciera ninguna estupidez, Grinsel se despidió de ella, atusó la cabellera de Cirus con cariño, naturalmente el herido ni enterarse, y emprendió el camino de retorno donde estaba el acantonamiento de Baldor. A punto de llegar se extrañó que unas enormes águilas volaran por encima. un momento después y tras oír dos alaridos de muerte vio con los ojos como platos a una chiquilla, manchada de sangre que huía cojeando hacia el bosquecillo cercano, cuando algunos soldados salieron en si persecución las enormes aves se lanzaron en picado contra ellos, antes de llegar los soldados retrocedieron a la cueva, las águilas regresaron a su vuelo de patrulla... un poco después vio aparecer a Baldor sin el característico casco y realizar un saludo, rauda como el rayo una de las aves, un esplendido ejemplar con la cabeza completamente blanca y se posó delante del hombre. Tras hablar unos minutos observó lo que nunca creyó ver, un rohir rindiendo su espada, tras eso los componentes del escuadrón aéreo parecieron relajarse, tras levantarse y recoger su acero Baldor quedó de nuevo de pie y un poco más tarde una versión más pequeña que la ya posada se unió a ellos.
Un ratito después la pequeña remontó el vuelo y dos minutos después el grito de la chiquilla y la aparición de esta siendo llevada suave pero enérgicamente por el ave todo fue uno

-Mi señor, no le hagáis daño, solo es una niña ofuscada.

Baldor la miró sorprendido y miró a la ensangrentada figura que ya estaba casi enfrente de él, en ese momento uno de los soldados de la cueva asomándose intentaba llamar la atención de su jefe.

-Acércate sin miedo... el ataque ha terminado.-El jinete se acercó y le dijo algo al oído, tras despedirlo Baldor miro de otra manera a la muchacha- ¿Me das el arma y el silbato?, no son ningún juguete.

La muchacha, habiéndose hecho a la idea de haber matado a un hombre y que estaba muerta, entregó sin pensárselo los dos objetos.

- Grinsel llévatela a tus aposentos y adecéntala un poco… y tranquilizaos las dos, me informan de que el hombre al que has herido se salvará, las heridas son muy graves pero no mortales al fin y al cabo.
Las dos mujeres desaparecieron en una cueva lateral.

-Nessornë, estos objetos son vuestros, los entregáis a quien os parece que harán mejor servicio, aquí las tienes.

-Baldor al devolverlas demuestras que eres digno de tenerlas.

-No amiga, es mejor que no, dentro de poco puede haber una batalla y sería posible que en un acto reflejo hiciera uso de alguna de las dos, no, de tu raza son y tuyas han de ser.

Y en un momento se acercó y metió el doble objeto en la pequeña faltriquera que llevaba en uno de sus costados el águila.

-Adiós amiga.

-Hasta la vista…

Y tras despegar, reunirse con sus compañeros y dar una vuelta sobre el campo desaparecieron por el horizonte.

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NotaPublicado: Sab May 03, 2008 8:51 am 
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Grinsel acompañó a Waykim hasta una gruta lateral, donde un pequeño manantial lavó la sangre de la chiquilla, y el cansancio de la mayor por unos momentos de calma.
.- Como has podido hacerlo!!!.- murmuró con un leve deje de asombro, .-entre el ejercito del mismísimo….- levantó su cara, en sus ojos una gran tristeza.
.-Me da lo mismo, estaré muerta en nada, pero sabes – levantó la barbilla con orgullo.- al menos no queda libre de haber matado a tú hermano.- Se sentó en una piedra y dejó salir la tensión que tanto tiempo había acumulado, tirando al riachuelo con furia piedrecitas, llorando en silencio.

Rána extrañada de ver a Histhel buscando y rebuscando la cogió del brazo.- para un minuto, explícame lo que está pasando, llevas dos días sin separarte del lado de tú hermano, y ahora levantas la casa.- ella apenas pudo mirarla .- No se donde puede estar, pero no lo perdí, de eso estoy segura, es…es….-seguía buscando, la istarë la sujetó por el brazo.- Histhel el silbato...y la daga...te refieres...???.- La montaraz asintió sin dejar de buscar. Esseamal miró a su hermana y volviéndose hacia ellas trató de calmar la tensión .- Escuchad se quién los puede tener, lo que no se es donde está, pero los tiene ella.- Rána las miró expectante, Histhel buscaba y miraba, Voronda con delicadeza hizo que se sentara..- Waykim es la responsable, es a ella a quién hay que encontrar!!!.-
.- Imposible !!!, no la he visto, ni ha estado cerca de mí, pero si apenas la conozco... oooh nooo!!.- recuerdo que un niño, el vecino vuestro - miró a Esseamal -me pidió el silbato, alguien que se había caido en el acantilado, y necesitaba ayuda con las águilas... .-Bien misterio aclarado, vayamos a su casa, nos lo devuelve y ya…tranquila, quédate con tú hermano, volveremos ahora.- Indicó la salida a las hermanas y salieron las tres.
Gasteizo desde su rincón se acercó a la muchacha.

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Sab May 03, 2008 4:05 pm 
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Las águilas desaparecieron, por un momento Baldor se mantuvo en la misma posición con la sonrisa clavada en la cara, de pronto y como si despertara de un largo sueño su rostro quedo serio, con una cara que no presagiaba nada bueno, dio media vuelta y a grandes zancadas regresó a la cueva. Fuera del alcance de la vista de sus hombres descargó su frustración con tremendo puñetazo en la pared, por suerte los guantes reforzados impidieron que se rompiera los huesos de la mano. Una vez más tranquilo entró en la cueva seguido por la mirada de uno de los centinelas.
-¿Cómo se encuentra? – preguntó a uno de los sanadores.
-Las heridas están en puntos vitales pero inconscientemente los golpes se dieron algo desviados, por milímetros no afectan a órganos vitales.
-¿Resistiría un traslado?
- si se le venda bien y le dejamos descansar un par de horas, si.
-Háganlo. – Girándose a uno de los hombres de Gondor- Capitán Burka, escoja dos hombres y que con uno de los carros lo lleven a Minas Tirith.
-A sus órdenes, Mariscal.
Una vez tomadas esas decisiones y tomando aire profundamente…
-Ahora a ver qué hacemos con la jovencita.
Llegándose a la entrada de la segunda cueva…
-Grinsel ¿puedes salir un momento?
Un momento más tarde salió la joven con cara de haber llorado…
-¿Mi señor?
-¿Como está nuestra “invitada”?
La joven agradeció mentalmente la delicadeza de aquel hombre de no llamar prisionera ni asesina a la chiquilla.
-Como quiere que esté, anímicamente se considera un muerto viviente, para ella sencillamente a matado al asesino de su primer amor.
-¿Cómo? A comprendo, nuestra jovencita está enamorada de Cirus y se pensaba que Grömdal lo había matado y se vengó… por suerte ninguno de los dos ha muerto. Grinsel, lo que voy a hacer va en contra de todos los códigos de justicia pero… esa muchacha ya va a sufrir bastante con tener que vivir pensando que casi mata a un hombre.
La joven miró a aquel hombre que tenia ante ella, dueño de vidas y haciendas, lo más sencillo para él sería hacer ejecutar a la muchacha y olvidarse. De pronto le pareció que soñaba, ¿le había guiñado el ojo?
-Bien, vamos allá.
Adentrándose en la cueva entraron en la estancia iluminada por las antorchas, en el centro y sentada en una roca estaba Waykim cubierta con una piel. Baldor iba a hablar cuando se puso del color de la grana y se dio media vuelta.
La muchacha al verlo entrar pensó que iban a ejecutarla sumariamente y poniéndose de pie dejó caer la piel que la cubría, como buena aldeana sabía lo que valía una buena piel y que la ropa podía usarla otra persona y se ofrecía al puñal o la espada con su cuerpo desnudo.
-Cúbrete, por favor.- mirando a Grinsel esperó que esta le dijera con un gesto que ya estaba y girándose comprobó que volvía a estar cubierta, sentada y con cara de no entender nada.
-Señorita, comprendo sus motivos, naturalmente no apruebo sus acciones, pero gracias sean dadas a Eru, ninguno de los dos hombres entregara sus almas de momento.- El rostro de la chica dejó entrever alegría, naturalmente no se había creído o no había escuchado cuando había dicho antes que no moriría nadie.- Naturalmente sus acciones no pueden dejarse sin castigo.
Sacándose una vara de la bota se la entregó a Grinsel.
-Por los poderes que mi rango me otorgan te condeno a veinte golpes en las posaderas.
Girándose a Grinsel…
-Ejecutaras tú la sentencia. Cuando yo salga de la estancia te sugiero que la ates a uno de los soportes de las antorchas y le des 20 varazos, claro que si decides usar otra cosa es asunto tuyo.- Y le guiñó por segunda vez el ojo.-Una vez ejecutada la sentencia no se volverá a hablar de ello siempre que no se repita.
Dando media vuelta salió de la cueva.

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NotaPublicado: Dom May 04, 2008 10:42 am 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Fuera, la guardia personal acababa de dejar paso a un soldado de la tropa con la cara sofocada.
- Respira, soldado. Y después dime la nueva -pronunció con vehemencia.
- Están ascendiendo. Están llegando por el río.
- ¿Quiénes?
- Haradrim. Más de doscientos. Trescientos quizá.
- Retírate, soldado. Vuelve a tu formación. Necesitaremos a todos los hombres disponibles. Rápido, tenemos mucho que organizar. Avisad a todos los hombres que ocupen algún cargo; debo darles instrucciones. La precisión es una virtud en estas... batallas.

Aguas abajo, una estertórea risa sucedió a un segundo de tensión en el río Gwatló cuando unas canoas aparecieron de pronto, descendiendo en silencio. Mosseguirtafraouit se mofó de los elfos muertos que éstas trasladaban hacia el mar.
- Esto confirma un trabajo bien hecho, Wulfa -dijo con su mellada sonrisa.
- Yo siempre cumplo... como tú -contestó con una de sus miradas más sucias, lo que provocó un murmullo en los hombres.

En la orilla opuesta a los hombres que azuzaban a los caballos para subir las embarcaciones río arriba, un elfo y tres humanos observaban.
- Ahí está esa dunlendina criminal -balbuceó Gorion levantándose de su escondite.
- ¡Alto! Conozco a mi amante pero no las fuerzas de este enemigo proviniente de Harath -dijo Ardealthal tirando del hombro del elfo hacia abajo.- Tengo otra idea que creo que puede funcionar. Lembillo, regresa a la aldea y pon sobre aviso a los soldados de Gondor y Rohan. Un enemigo de verdad apaciguará esas luchas internas ridículas que desata la inactividad. Fehn, relájate que te veo tenso. No te preocupes, no vas a tener que hacer gran cosa, aunque sí que es importante. Sigue vigilando y subiendo poco a poco por el río. Gorion, acompáñame.

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"La redundancia es la mayor fuente de supervivencia"
Sadrac en el horno (Robert Silverberg)


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NotaPublicado: Dom May 04, 2008 5:58 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Lembillo cerca ya del poblado encontró a Voronda, Esseamal, y Rána . Sin decidirse a cual de las tres debería preguntar por los Capitanes de los dos bandos rivales, seguía caminando cuando escuchó el murmullo de extrañeza de las hermanas.- Ni saludó.- comentaba la menor- él retrocedió y algo ruborizado preguntó.- Busco los soldados de Gondor y Rohan, donde están???.- quién pregunta por ellos, y para qué.- le cortó Rána evaluándolo con una mirada.- A unos metros una enorme águila de cabeza blanca posó en tierra sus garras. Sus acompañantes retrocedieron asombradas.- No temáis, ahora vuelvo.- La vieron recoger algo con una leve sonrisa. Tras hablar con las aves, estas levantaron el vuelo, tan silenciosas como llegaron. Lembillo no dejó asomar su temor, con voz firme explicó la situación en el río. La istarë pensaba rápidamente, su decisión obedecida al instante. .- Volvemos al pueblo, nos dividiremos, Essamal conmigo, tú Voronda con él, quiero a todos en la plaza lo más pronto posible, si os preguntan que es decisión.
Cuando se separaron Rána miró los ojos de Esseamal .- Tú hermana está bien, pero será castigada por un delito de sangre, nada grave…para lo que pudo ser, vivirá con su propia penitencia. Grinsel está con ella, a salvo las dos.- concluyó quedando la mujer boquiabierta..-Rána apuró el paso. La humana balbuceaba.-no, pero…no…no…hablas de Waykim???...un delito…no…solo es traviesa.- negaba incrédula. Llegaron a la primera casa, una severa mirada de Rána la hizo callar.

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Lun May 05, 2008 3:25 am 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Una vez las dos mujeres quedaron a solas Grinsel se acercó a la muchacha , la cual temblaba de pies a cabeza, no por el castigo que le iba a ser suministrado sino al darse cuenta que la muerte se alejaba, aunque ni por asomo se esperaba las palabras de su verdugo.

-Waykim , el castigo impuesto por el Mariscal es solo físico, dentro de unos días lo olvidaras, dentro de poco habrá una batalla, tu has estado a punto de arrebatar una vida, tu castigo moral sera, al termino de ella arrebatarle a la muerte todas las presas que te sea posible, vivir el horror de un campo de batalla y cuidar de los heridos. Y ahora...

Waykim fue despojada de la piel que la cubría y cinco minutos después veinte verdugones salpicaban la fina piel de sus posaderas, un poco después, y con la daga desinfectada en la llama de la antorcha Grinsel hizo pequeñas incisiones dejando correr la sangre y que no se agrumara, lo que facilitaría el curado y rebajaría los síntomas del dolor.

Waykim no gritó, no lloró y no protestó, de una forma traumática las travesuras de la infancia fueron borradas al darse cuenta que dejaba de ser una niña y era tratada como una adulta.

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NotaPublicado: Mar May 06, 2008 11:36 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Algunos corsarios de Umbar subían entre la multitud de pequeñas embarcaciones que transportaban a los haradrim. Los horrendos medio orcos y esbeltos dunlendinos que acompañaban a Wulfa no perdían detalle de la conversación que ésta se llevaba con Mosseguirtafraouit, el capitán.
- Vas a ser mi reina, gatita negra.
- Eso será si me dejo -respondió con picardía y un ronroneo burlón, Wulfa.
- Se me asignó repoblar esta zona pero había un inconveniente: esos malditos elfos que no se mueren nunca si no les ayudamos con el filo de una espada ¡ja, ja, ja, ja!
- Eres perverso.
- De eso se trata -respondió el pirata con mala baba-. Voy a instalarme aquí y cuando todo esté listo, exigiré la independencia de la colonia. No necesito de una tierra madre que me controle y me agarre de eso que tanto te gusta.
- Sí, eso déjamelo a mí- -dijo la hembra, en una lasciva mirada de soslayo hacia los bajos fondos.- Pero querrán su parte del botín. Ellos te han financiado los barcos, los víveres y todo lo demás. ¿No provocarás una especie de guerra civil?
- Que se prueben. Les venceremos si osan quitarnos lo que nos pertenece por conquista -soltó famélico de sangre en una enfervorecida escalada de egocentrismo.
- ¿Qué son aquellas luces? -dijo Wulfa señalando río arriba.
- Parece que llegamos ya a la aldea.
- Se me ha hecho muy corto el camino -contestó extrañada.

En la orilla contraria a los caballos que tiraban de las barcas, Ardealthal, Gorion y Fehn habían conseguido atrapar un montón de insectos de luz en unas mallas que el montaraz sacó de un bolsillo de plastón, que llevaba oculto entre los pliegues de su ropa. Ahora estaba allí Fehn azuzando a los bichos con un palo para que revolotearan y desprendieran más luz.
- Creo que han picado -se dijo a sí mismo en voz alta.- Aquí tenéis nuestro falso embarcadero para ganar tiempo.
El chamarilero sonrió al comprobar cómo los pequeños barcos aminoraban la marcha con la intención de ocultar su presencia.

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NotaPublicado: Mié May 07, 2008 1:59 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Entre tanto ir ir venir de gente, soldados de uno y otro reino y razas distintas, el ambiente en la aldea se había vuelto muy tenso. Los habitantes comenzaban a desconfiar de todo aquel que se acercaba por los alrededores y las tareas que hasta ese momento eran cotidianas se tornaban arriesgadas e incluso peligrosas. Histhel había decidido sacar a su hermano de su propia casa por miedo a sufrir un ataque en la aldea.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? -preguntó un perdido Gasteizo a Histhel, que se encontraba en la cocina de la casa, mientras su madre, la señora Dürsel ayudaba a Cirus a alimentarse- ya hemos encontrado a Grinsel y nadie te persigue, pero no entiendo qué seguimos haciendo aquí. Este sitio no me gusta, me siento asustado la mayor parte del tiempo.
- Gasteizo,... -Histhel miró al hobbit con aire alicaído- llevo doce años odiando a mi hermano por creerle culpable de la desaparición de mi hijo, y justo ahora que está herido grave me entero de que el culpable fue otro. Acabo de recuperar a mi hermano...
- Y acabas de perder a tu hermana... -contestó Gasteizo lacónicamente mientras miraba unas tortitas recién hechas con adoración.
- ¿Qué quieres decir con eso? -replicó Histhel airada.
- Pues que después de lo que hemos sufrido para despistar a los que perseguían a Grinsel para que no la encontraran, ella nos ha encontrado a nosotros y nos ha ignorado completamente...
- Seguro que tiene sus razones... mi hermana no nos abandonaría jamás si no tuviera una buena razón para ello.

De repente se abrió la puerta de la habitación de Cirus y la señora Dürsel apareció sonriente en el dintel.
- Se lo ha comido todo -dijo orgullosa- incluso hemos tenido una pequeña conversación. Se está recuperando.

Histhel saltó de la cocina a la puerta de la habitación de Cirus con intención de entrar, pero su madre le tapaba el paso.
- Déjame pasar, madre, tengo que hablar con mi hermano...
- De eso nada, está descansando... y sé que tú le vas a agobiar a preguntas. Luego le verás -y dicho esto cerró la puerta tras de sí y se aseguró de dejarla bien cerrada para que nadie molestara el sueño de su hijo.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mié May 07, 2008 3:59 pm 
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El grupo de oficiales de ambos grupos de asalto formaban un círculo alrededor del mapa de la región buscando el lugar más adecuado para hacer que los embarcados hicieran pie a tierra y presentaran batalla de manera ordinaria, para todos ellos, atacarlos en los barcos seria casi un asesinato.


Baldor fue el que señaló lo obvio, existía una curva en el rio que, girando a la izquierda tenía en ese lado un acantilado de unos 25 metros de pared lisa y a la derecha una playa de grava lo suficientemente ancha como para servir de arena de combate, los arboles les cubrirían hasta que
desembarcaran todos.

-Gizmo toma 4 hombres y cierra el río con las cadenas en la parte alta un poco apartado de la curva para que entren todos los navíos y por la baja ponlas de manera que los barcos pasen sin problemas, esperáis en el bosque y cuando cruce el último las levantáis para que no puedan retroceder… tienen que quedar allí y allí se combatirá.

Cuando los cinco partieron a cumplir la orden Baldor ordenó descansar a todos, a la velocidad que subían la batalla seria al día siguiente.

Cogiendo a tres hombres de su guardia decidió a última hora ir a ver a Cirus. Sin correr tardaron una hora en llegar.

Una vez en la plaza del pueblo, la gente se asomaba poco a poco a las puertas de sus casas, todos reconocían los pendones al aire de las lanzas pero el que se llevaba todas las miradas era el hombre que encabezaba la fila de hermosos animales, el sol dorado de su pecho revelaba a todos que era alguien de la casa de Eomer, la capa verde con ribetes dorados gritaba a los cuatro vientos Meduseld, y la cimera roja aun decía mas… Jefe de la guardia, y su pendón verde con el alazán blanco… El Mariscal ha llegado.

El precioso Meara, blanco como la nieve se mantenía firme mientras su jinete miraba a su alrededor.

Baldor descabalgó de un salto y dejando su caballo quieto en el lugar donde estaba, se acercó a la casa más cercana y agachándose delante de una preciosa niña rubia…

-¿Conoces a Cirus?

-Si-fue la respuesta en voz baja.

-¿Sabes dónde está ahora?

La chiquilla levantando la manita señaló una preciosa casita al final de la plaza.

Levantándose, acariciando la rubia cabellera y dirigiéndose a los padres…

-Reúnan a los niños y llévenlos a las grutas que hay a una hora de aquí, al menos allí estarán a salvo, va a haber baile mañana.

El padre lo entendió y la madre tapándose la boca apagó en su interior el grito y la angustia que le nació en el pecho.

El grupo de jinetes encabezados por el caballo blanco marchó tras el hombre que andando por el centro de la calle se acercó a la casita.

Llamó y un poco después una mujer le abrió la puerta.

-¿Histhel? Te traigo una carta de Grinsel y me gustaría ver a tu hermano.

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NotaPublicado: Mié May 07, 2008 10:45 pm 
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Fehn corrió hacia el pueblo como si un huargo le fuera mordiendo el trasero. Atrás habían quedado las mallas repletas de insectos de luz.
De pronto, un golpe tremendo en el rostro hizo que cayera al suelo aturdido.
- ¿Quién eres? ¡Contesta! -retumbó una voz en su cabeza. Aunque pronto pudo ver que se trataba de un soldado de Rohan. Tragó saliva y dijo:
- Soy Fehn, chamarilero y montaraz.
- No tienes pinta de dunedain del norte.
- No montaraz como hombre del norte, descendiente de los Edain, sino montaraz en sentido amplio de la palabra. Una persona del monte, un rústico hombre dedicado a la supervivencia entre las matas; un individuo capaz de amar la naturaleza y servirse de ella en su justa medida...
- ¡Basta de charlatanería! Sigue por ese camino hacia la aldea más cercana. Allí sigue las instrucciones que te darán, además de algún arma para que defiendas este territorio de una invasión. ¡Vamos, largo de aquí!

Fehn, nervioso como estaba, no cayó en la cuenta de decirle al que seguro era un vigía, que él mismo había retrasado, con una sencilla estratagema, la llegada de los Haradrim. Pero hizo caso de las recomendaciones que acababan de hacerle.

Mientras tanto, una avanzadilla de marineros del sur habían pisoteado con rabia las mallas de insectos que Ardealthal había ideado. La noticia enfureció a Mosseguirtafraouit, que decidió tomar el mando directamente de toda la situación dejando de lado por un momento a Wulfa, la cual, escurrió el bulto y desembarcó con sus hombres, pues no se fiaba ni de los arrebatos del de Harad, ni de las argucias de los aldeanos del lugar.
- Aquí estamos más seguros. Han podido preparar alguna trampa para los barcos más adelante.
Permanecieron allí un rato y la suspicacia de Wulfa, que temía por lo que se hallaba en el agua, no se extendió a su propia presencia en tierra, lo que sirvió para que Ardealthal se presentara ante ella sin previo aviso.
- Hola, Wulfa. ¿Dónde te habías metido? -dijo en un tono que delataba que estaba al tanto de la matanza de los elfos.
- Paseando en la espesura con mis hombres -afirmó con despotismo.
- Me has defraudado. Esos elfos no merecían morir. ¿por qué lo hiciste? ¿qué precio tiene tu honradez?
- ¿Cómo te atreves a juzgarme? Eres un montaraz, un mercenario que se vende por unas monedas.
- Pero siempre por una causa justa. Capturo a alguien perseguido por la ley.
- Las leyes las hacen quienes tienen la sartén por el mango, para sus propios intereses -contestó altivamente la única medio orca con quien Eru había sabido combinar bien los ingredientes de sus padres, para dotarla de una belleza extraordinaria.
- Tengo que retarte, y no sólo por la recompensa que con seguridad recibiré por tu cabeza, sino por el honor mancillado por el amor que aun ahora siento por ti, que con tu oscura sangre debo limpiar.
Los tres dunlendinos y los dos medio orcos agarraron sus empuñaduras, pero con un gesto sutil de Wulfa, volvieron a soltarlas.
- Esto sólo me concierne a mí.
Y dicho esto, desenvainó su espada y apuntó a la cara de uno más entre sus amantes; uno que la quería.

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Histhel saltó de la cocina a la puerta de la habitación de Cirus con intención de entrar, pero su madre le tapaba el paso.
- Déjame pasar, madre, tengo que hablar con mi hermano...
- De eso nada, está descansando... y sé que tú le vas a agobiar a preguntas. Luego le verás -y dicho esto cerró la puerta tras de sí y se aseguró de dejarla bien cerrada para que nadie molestara el sueño de su hijo.
Los golpes en la puerta no alarmaron a los habitantes, ya que seguramente serian vecinos de la aldea… Sin otra cosa que hacer Histhel la abrió y se encontró al soldado mas impecablemente vestido que viera en su vida
- ¿Histhel? Te traigo una carta de Grinsel y me gustaría ver a tu hermano.
- ¿Quién eres, cómo sabes mi nombre y qué te da derecho a molestar a alguien herido?
- A) Soy Baldor, Mariscal del Folde Oeste de la marca, B) sé tu nombre porque los tres hermanos sois como gotas de agua y eras la única que no conocía y C), y si es posible, me gustaría hablar con Cirus, que es uno de mis mejores hombres en las fuerzas especiales.
En eso salió una señora de uno de los cuartos que había escuchado parte de la conversación
- A) encantada de conocerle mi señor, B) con Histhel podrá hablar lo que quiera y C) Cirus acaba de dormirse o sea que no creo que pueda hablar con él, aunque en su zurrón llevaba esto.
Un sobre de tela impermeable le fue entregado y él a su vez entregó la carta a Histhel, invitaron a pasar a la cocina a Baldor y le pusieron un té de hierbas y unos dulces bajo la mirada desilusionada de Gasteizo. Baldor como quien no quiere la cosa y sin mirar empujó el plato hacia el triste hobbit el cual abrió los ojos con un destello de alegría siendo quizás el único que no supo ver que aquel gesto fue intencionado.
Mientras Baldor estudiaba los papeles, Histhel leía:
“Querida hermana:
Lamento haberme ido tan deprisa sin contarte nada, pero para tu seguridad era lo mejor.
Estate tranquila, nadie puede hacerme daño, estoy bajo la protección de la tercera fuerza más poderosa de la marca, a la cual he ayudado a llevar a cabo unos asuntillos de los que pronto, y por desgracia tendrás cumplida cuenta.
En estos momentos mi señor me ha encargado la disciplina de cierta pequeña revoltosa, la cual se ha metido en un buen lío por su mala cabeza y por un enamoramiento tonto hacia Cirus, el cual no tiene la culpa de nada. Hasta que todo pase estará a mi cuidado por lo que diles a sus hermanas que espero que las travesuras cesen.
Para que todo llegue a buen término no puedo descubrir más cosas, solo que sigues teniendo el amor y el apoyo de tu hermana que te quiere.
Grinsel”
En esto Baldor, que leía un viejo documento, dio un respingo y se encaró a la muchacha, que en ese momento tenía los ojos semillorosos.
- Creo que esto le concierne Madame -le dio el papel y al leerlo ella saltó del asiento…
- ¿Con que esto es lo que temía mi primo de mi hermano? ¿Por qué el muy zoquete no me dijo nada y aguantó mi odio todos estos años?
- Porque no me hubieras creído nunca con el odio tapándote oídos y ojos -todos se giraron hacia la puerta de la habitación donde un pálido Cirus, con todo el abdomen vendado y cubierto por la capa reglamentaria, se apoyaba en el hombro de su madre.
- Mi señor -intentó hacer el saludo, pero Baldor que ya estaba levantado, lo cogió y, sustituyendo a la madre, lo sentó en la silla. Llamaron entonces a la puerta y Lembillo entró como una exhalación.
- ¡Los barcos, vienen en los barcos, mañana estarán aquí!
Baldor cogió al exaltado chamarilero y les dijo a los dos hermanos que podían hablar, pero sin cansarse, sobre todo Cirus. También les dijo que el otro asunto, el del niño desaparecido, se resolvería en unos días, y que estuvieran tranquilos, pues uno de los culpables iba camino de Gondor bastante maltrecho. Se despidió de los dos y, montando en Felaróf, partieron todos al galope, mientras Rána miraba la nube de polvo y suspiraba por el dolor que en el mañana esparciría la violencia.


Última edición por Baldor el Jue May 08, 2008 8:58 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue May 08, 2008 2:50 pm 
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Lembillo había llegado allí como una exhalación, y Baldor todavía estaba asimilando la información que acababa de recibir. Tras la pared principal de la casa, un joven había visto y escuchado la escena y había obrado en consecuencia.
- Te lo juro, Storem, eso es lo que vi y lo que oí -se esforzaba en explicar el joven al forzudo miembro de los Aksanvákvet-, han dicho que venían los barcos, ¿sabes lo que eso significa?
- Que se va a derramar mucha sangre -intervino Rána de repente, que había seguido al muchacho hasta la guarida en la que se encontraban en ese momento-. Mi nombre es Rána, pero creo que ya me conocéis.
- Tú eres la istar que salvó a la aldea del ataque del Balrog, y amiga de Histhel -contestó Storem-, es un honor conocerte. Mi nombre es Storem y este joven de aquí es...
- ¡Caopolican! -se apresuró a decir el susodicho- pero se me conoce como Caop.
- Y yo soy Twokwén... te ví en la plaza -Rána asintió, pues se acordaba de su cara.
- Bien, ¿ ya habéis decidido qué vais a hacer? -preguntó Rána sembrando la duda en los rostros de los recién conocidos. Caop miró a Storem sin saber qué responder. Storem se mesó la barba y cruzó sus fornidos brazos a la altura del pecho.
- Si llegan los barcos del sur, asolarán la aldea. Ese mariscal Rohir que ha llegado a casa de Histhel ha avisado a la gente para que abandonen sus casas y se resguarden en lugar seguro -Storem cogió aire por un momento y miró a Twokwén, mas éste no dijo nada-. Pero los Aksanvákvet no luchamos al lado de quienes detentan el poder a la fuerza. Debemos elegir bando. Luchamos junto a los ejércitos de Rohan y Gondor para defender la aldea de los que llegan en barcos, o luchamos contra los ejércitos unidos del lado de los que vienen a acabar con nuestras familias.
- Pues la decisión es bastante clara... -dijo Caop.
- No, no lo es, pues cualquier tipo de lucha pone en entredicho todos nuestros ideales y tiraremos por la borda todo aquello que hemos defendido durante tanto tiempo -replicó Storem. Twokwén le miró muy serio. Movió ligeramente la cabeza en señal de afirmación.
- Es más fácil de lo que creéis... -dijo Rána- pensad en lo que queréis defender y si merece la pena renunciar a vuestros ideales por salvar la vida de quienes amáis. ¿De qué sirve tener unos ideales que sirvan para defender a los inocentes si no hay inocentes que defender?
Storem miró a Twokwén con el rostro serio, luego miró a Caop y bajó la mirada. Era una decisión difícil y no tenían apenas tiempo para pensarlo.
- Debemos reunir a los Aksanvákvet y decidir. Suelta a las aves, Caop...
- No, mejor que eso, usaremos los yaltar -intervino por primera vez Twokwén en toda la conversación-. No encontraremos mejor oportunidad para darles uso.

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NotaPublicado: Jue May 08, 2008 8:56 pm 
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- Espero que sin el cuerno de Grömdal dejando paso al sonido de los yaltar todos se den cuenta de la señal -se dijo, como para sí, Storem justo antes de soplar por la oquedad del instrumento de convocatoria.
En la entrada de las cuevas donde se había refugiado la mayor parte de los habitantes de la aldea, es decir, todo aquel que no tuviera formación militar o un fuerte cuerpo para luchar con espada se hallaba Vinga, la cual oyó el sonido del silbato de llamada pero, como no había sido precedido por el inconfundible y atronador cuerno de Grömdal, pensó que se trataba de una falsa alarma. Y, como ella, el resto de los Aksanvákvet, ufanados en prepararlo todo para los insoslayables acontecimientos también pensaron que era una falacia acústica que intentaba traicionarles. El sol despertaba a un nuevo día y debían ayudar con las provisiones de todo un pueblo.

Mientras tanto, una espada bañada de oscuro fluido pestilente chorreaba sobre la hierba, matando su verde viveza. Ardealthal la soltó de su mano sin notarlo, debido a su abulia. Gorion se le acercó por detrás sin que se diera cuenta de su proximidad. Le puso una mano en el hombro en un gesto empático y pensó que era mejor no decir nada.
- La quería -consiguió pronunciar el montaraz.- No logro entender por qué una belleza así podía albergar un corazón tan corrupto.
- Su naturaleza, su parte orca controlaba sus impulsos. No podía dominar una bestia como esa -apuntilló Gorion, esquivando los cuerpos de los colaboradores de la felina, que habían ofrecido una resistencia sin parangón por esos lares, antes de sucumbir ante el preciso y certero acero del elfo.- ahora debemos llegar antes que los Haradrim y los corsarios de Umbar para ayudar a los soldados.
Y emprendiendo la carrera, el elfo salió veloz corriendo hacia la aldea que siempre había protegido. Ardealthal se volvió una vez más para ver el panorama de muerte y violencia, se recompuso de su estado, recogió su espada y siguió a Gorion a buena velocidad.

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Última edición por Peluchico el Dom May 11, 2008 7:18 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom May 11, 2008 10:29 am 
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Ardealthal había salido a la carrera siguiendo a Gorion, camino de la aldea de los hombres que siempre había sido defendida por la aldea de los elfos, que había sido arrasada por los dunlendinos comandados por Mosseguirtafraouit, que a su vez habían perdido la vida bajo el acero de Gorion y Ardealthal, que se habían descubierto como buenos guerreros. Las últimas horas habían sido decisivas para la pequeña victoria, pero tan sólo habían caído media docena de dunlendinos, pues un grupo mucho más numeroso, encabezado por Wulfa, estaba a punto de llegar en barcos, y eso era algo que los montaraces y el elfo no sabían.

Un cuervo lo había visto y escuchado todo, incluso la conversación que Mosseguirtafraouit y Wulfa habían tenido en la embarcación. El ave voló hasta las cercanías de Rynvorlän, la aldea de los trillizos, y se posó sobre una rama de un árbol que había al lado de su casa. Graznó. Rána, que ya había vuelto de su encuentro con los Aksanvákvet, se encontraba dentro preparando sus cosas para marcharse. Al escuchar el graznido dejó de hacer lo que estaba haciendo y se quedó estática, sorprendida. Se acercó a la ventana y vio al cuervo. Abrió la ventana y el avecilla, que tenía un ala herida, entró y se comunicó con ella. Rána no podía dar crédito a lo que entendía. Acaricio al cuervo y lo llevó hasta la mesa, donde le curó la herida del ala.
- He oído un ruido -dijo la señora Dürsel que se encontraba atendiendo a su hijo-, ¿eras tú, Rána?
- Señora Dürsel -Rána colocó un trapo sobre el cuervo para que la mujer no lo viese-, tienen que irse de esta casa, de esta aldea cuanto antes...
- ¿Qué ocurre? -Cirus se acercó a la puerta-, llevo demasiado tiempo fuera de circulación y nadie me cuenta nada. Madre, ya estoy recuperado y debo volver a ocuparme de los asuntos que me trajeron aquí. Habla, Rána, qué ocurre.
- Repoblación -contestó la istar-. Están a punto de llegar, por cientos, vienen de Harad, del sur, con la intención de limpiar toda esta zona y repoblarla ellos mismos y luego continuar desde aquí la reconquista de los territorios de Rohan y Gondor. Así justifican la masacre en la aldea de los elfos.
- ¿Masacre en la aldea de los elfos? -Cirus se agarró al dintel de la puerta, pues aún estaba débil-, ¿de qué estás hablando? ¿Los han matado? No, esto no puede quedarse así.

En ese momento Fehn pasó por la puerta corriendo hacia el pajar, donde Lembillo ya llevaba un rato preparando algo.

En las afueras de la aldea, en la cabaña donde el grupo de los Aksanvákvet solían reunirse, tan sólo Storem, Caop y Twokwén habían acudido tras la llamada del yaltar, el cuerno de la gran reunión. Twokwén se mostraba muy nervioso, algo raro en él, pues siempre se había caracterizado por su gran calma y control de las situaciones.
- Si el yaltar no es suficiente para movilizar a los nuestros, entonces debemos ir a buscarles a sus casas, uno por uno -decidió Twokwén-. Esta es nuestra oportunidad de luchar por nuestros ideales, por la libertad. Nos dividiremos, cada uno iremos a una zona de la aldea y sacaremos a los Aksanvákvet de sus casas, a la fuerza si es necesario.
- Pero nos descubriremos y sabrán quiénes somos -replicó Storem.
- Eso ahora no importa. Es preferible que nos descubran mientras luchamos por liberar a nuestra gente a seguir parados por miedo a que se nos vea. ¡En marcha!
Salieron de la cabaña y caminaron juntos el camino que llevaba hasta la aldea, muy callados y a paso ligero, luego se dispersaron, cada uno hacia la zona que se les había asignado.

Cirus, tras intentar convencer a su madre de que debía irse de allí sin mucho éxito, había comenzado a vestirse con ropas nuevas. Había elegido su uniforme de Rohan. Atrás habían quedado los disfraces para despistar y proteger a Grinsel. Ya se mostraba tal como era, con el uniforme del ejército que le había acogido desde hacía doce años y a quien debía total fidelidad. Rána, que había terminado de curar al ave y ya la había soltado, intentaba hacer entrar en razón a la señora Dürsel, pero se tornaba en tarea difícil.
- Debe abandonar esta aldea si quiere conservar la vida -le dijo en tono firme la istar-, van a ocurrir cosas horribles en esta zona y todos sus habitantes deben irse lo más lejos de aquí.
- ¿Y a dónde voy a ir? No conozco mucho más fuera de estos límites, no tengo parientes fuera de aquí, no tengo dónde ir
- Pueden ir a mi casa, está protegida. Beoren volvió allí hace ya unos días y con él estarán seguros. Sigan al cuervo, él les guiará y volverá para avisarme de que están a salvo -contestó Rána. A la señora Dürsel le pareció una buena solución y accedió.
- Bien, si tu casa es grande -añadió Cirus- podría albergar a toda la gente de esta aldea que todavía no ha acudido a las cuervas. Lo importante es que estén seguros y fuera del alcance de esos bárbaros.
- Lo estarán. Beoren les proporcionará la seguridad que necesitan.
- Madre -Cirus, ya completamente uniformado, se acercó a su madre y le puso las manos sobre los hombros-, ve a buscar a Esseamal, Voronda y Vinga, que ellas se encarguen de avisar al resto.
- Vinga ya partió. ¿Y la pequeña Waykim? -preguntó la madre preocupada-, prometí a su madre que me ocuparía de ella a su muerte.
- Está con Grinsel, lo dice en su nota, no te preocupes por ella, está segura. El mariscal Baldor se ocupará de su educación a partir de ahora. Vamos, debemos salir de aquí cuanto antes. Yo debo...
- ¡Cirus! -Twokwen asomó la cabeza por la puerta de la casa, que estaba abierta y vio a Cirus vestido de uniforme- ¿vuelves a la carga?
Twokwen se acercó a su amigo y lo abrazó con alegría.
- Te necesitamos más que nunca, ven con nosotros -le pidió Twokwén.
- Todos nos necesitamos ahora, pero mi sitio está al cargo de las tropas rohirrim. Tenéis mi apoyo y mi favor. Os procuraremos caballos y armas, pues sé que vuestra lucha es la misma que la nuestra en estos momentos -Twokwén asintió con la cabeza y de esa manera decidió la posición de los Aksanvákvet en el conflicto.

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Última edición por Gwirdyon el Dom May 18, 2008 9:19 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom May 11, 2008 7:19 pm 
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Un reguero de gotas de negra sangre seguía el paso de Wulfa que, herida por Ardealthal había decidido poner pies en polvorosa al ver la superioridad en el combate de espadas del montaraz. Eso sin contar con que acababa de ver cómo caían como moscas sus rudos y fuertes hombres como consecuencia de la maestría en el arte de la guerra del elfo Gorion que, con templanza y precisión, vengaba la muerte de sus congéneres. Pronto alcanzó la orilla e hizo señales para que la recogieran con un bote para trasladarla a una de las naves de los Haradrim.
- Avisad al capitán Mosseguirtafraouit de mi vuelta y de las condiciones en que me encuentro.
Y dicho esto agarró una antorcha y la acercó a su herida para cauterizarla, todo lo que el dolor le dejó, hasta el límite en el conocimiento comenzaba a huir de ella. Tras unos momentos en los que el tiempo parecía difuminar sus aristas, Mosseguirtafraouit la hizo salir de su obnuvilado estado por medio de unas palmadas en la mejilla.
- Wulfa, ¿qué te han hecho?
- Ardealthal -es todo lo que dijo antes de que sus ojos se nublaran por última vez y que vomitara un coágulo de sangre antes de exhalar su póstumo aliento.
- ¡Wulfa, Wulfa, respóndeme, te lo ordeno! -gritó el megalómano hombre de Harad y, movido por un impulso incontrolable de ira, le cortó la cabeza a un soldado de los suyos que tuvo la mala fortuna de hallarse allí cerca.

Río arriba, justo al Norte de Rynvorlän, una expedición encabezada por Rána, Esseamal, Voronda y la señora Dürsel dejaba vacía la aldea que siempre había sido su hogar para quizá no regresar jamás. Solamente un buen número de soldados y un puñado de valientes campesinos y pastores, con un par de chamarileros, y un elfo y un montaraz que acababan de llegar, la mantenían viva gracias a sus esperanzas, sin saber por cuanto tiempo. La tensión ante la proximidad de la batalla hacía correr el sudor por muchas frentes.

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NotaPublicado: Lun May 12, 2008 7:13 pm 
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La tierra situada al sur de Gwathlo, conocida como Enedwaith, que quizás incluía las Tierras Brunas, fue en otro tiempo parte de Gondor. Enedwaith quedó devastada por las grandes inundaciones de 2912 de la TE, y los pueblos que vivían allí en esa época se marcharon o murieron.

Unos cincuenta años más tarde, mucho antes de la guerra del anillo, unos cuantos elfos se aposentaron en aquellos territorios inhóspitos, con la intención de hacer brotar vida de aquellas tierras muertas. Al otro lado del río, unos humanos hacían lo mismo con igual fortuna. La creencia de que esas tierras seguían sin habitar y la discreción de sus habitantes les había garantizado cierta seguridad incluso en los tiempos de la sombra. Pero ya en la Cuarta Edad, se había tenido conocimiento de la existencia de ambos poblados, por la noticia del nacimiento de unos trillizos en una aldea del norte de la Tierra Media. Un hecho insólito que despertó la curiosidad y la reticencia de las gentes sencillas y poco instruidas que poblaban gran parte de Arda en unos tiempos en que las sombras del Anillo del Poder hacían desconfiar de todo aquéllo que se saliera de lo conocido como normal.

Y esas tierras, gracias al esfuerzo y el trabajo de sus habitantes, se habían vuelto fértiles y prósperas. Ese territorio era en esos momentos anhelado por muchos y defendido por pocos. Tan sólo los elfos, que por un pacto de honor decidieron defender a los humanos de Rynvorlän, se preocupaban de mantener a raya los límites del territorio a base de tiros de flecha y mandobles de espada.

Pero sin la presencia de los elfos y tras la huida de los habitantes de Rynvorlän, tan solo se podía esperar ya una cruenta guerra entre los grandes reinos por conseguir el control de esas tierras. Rohan, Gondor y Hârad pujarían por repoblarlos, pero conseguirlo no sería fácil, y costaría muchas vidas inocentes y no tan inocentes.

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NotaPublicado: Mar May 13, 2008 8:56 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim sola en la gruta lentamente asimilaba lo sucedido. Despues de meditarlo bien buscó a Grinsel. Al no aparecer dirigió sus pasos a Baldor...

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NotaPublicado: Jue May 15, 2008 2:01 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Gasteizo, el hobbit con ínfulas de aventurero, permanecía oculto en la aldea junto a Histhel, una vez que todos partieran hacia las cuevas. Por eso se sorprendió al ver por la ventana pasar a un hombre y un chico con un gran saco cada uno, sin que ninguno de los dos llevase uniforme alguno. Se acercó más a la ventana y vio que uno de ellos era aquel falso montaraz con el que coincidieron en Bree; el mismo que tiempo después se había hospedado en la misma posada, cercana al embarcadero, donde habían pasado él y Histhel la primera noche en Rynvorlän, para pasar desapercibidos.
- Nunca cambiará. Es un amigo de los chanchullos y seguirá siéndolo -dijo en voz alta para que Histhel le oyera.
- ¿A quién te refieres? -dijo la mujer acercándose a la ventana-. ¿No es el mismo...
- Sí -contestó el hobbit apresurado-. Seguro que está aprovechando la situación para saquear en casas vacías. ¡Qué energúmeno! -añadió volviéndose hacia Histhel.
Pero ella había salido de su casa natal espada en mano y se aproximaba a los otros humanos como pudo ver Gasteizo por la ventana. Cuando salió había uno de los sacos estaba rasgado por el filo de la montaraz y un buen número de botellas rodaba por el suelo.
- ¿Qué haces, insensata? -chilló Lembillo.
- ¡Devolved lo que no os pertenece! -sentenció la mujer.
- Quieto Lembillo, me temo que ha sido un malentendido. Tú debes de ser Grinsel -dijo Fehn dirigiéndose a Histhel.
- No nos veíamos desde Bree.
- Eru te guarde la memoria, bella mujer. Estas botellas de elixir crecepelo nos pertenecen a mi socio y a mí. Son el resultado de años de investigación y descubrimiento, una mixtura apropiada de plantas de diversas zonas de...
- No me cuentes milongas -le interrumpió la mujer, sin dejar de apuntar con la espada hacia Fehn-. Tienes que explicarme de dónde las has sacado, pues el día que llegásteis a la posada del embarcadero no las llevábais encima -dijo Histhel de farol.
- Eh, esto... eso tiene una respuesta que os tranquilizará a ambos -dijo mirando consecutivamente a la mujer y a Gasteizo que se había situado cerca, con un cuchillo de la cocina de Dürsel.

La explicación resultó convincente puesto que, cuando después de un rato aparecieron por allí Ardealthal y su nuevo compañero Gorion, los de los sacos y sus captores reían afablemente.
- Al fin te encuentro... Grinsel -dijo el montaraz, provocando la hilaridad de los presentes-. Ahora, conducirte hasta aquí -prosiguió, mientras señalaba en derredor suyo- ya no tiene sentido.
- Desde luego que no, Peluchico -apuntó Fehn- pues esta mujer no es Grinsel. Estuvimos acorralando a un fantasma.
- Me llamo Histhel y soy la hermana gemela de Grinsel. Y tú debes de ser...
- Ardealthal -interrumpió el montaraz, esfumándose de su recuerdo para siempre la medio orca.
- Tienes mejor presencia que aquella noche en casa de Rána, cuando el enano Cain os arrastraba a ti y a éste -dijo señalando al chamarilero- por el suelo del comedor.
Después, aprovechó para mirar los fuertes hombros del montaraz y su porte varonil.
- No me lo recuerdes. Estuve a punto de perder la cabeza. De hecho, aún estoy en deuda con un amigo a quien traicioné por mi empecinamiento -continuó, mirando a Fehn de soslayo y avergonzándose por la desventura en la que dejó a su amigo a merced del oso.

Tras explicarles a los dos nuevos contertulios todo el incidente con los sacos, se pusieron serios para hablar del contrataque a las fuerzas de Harad y decidieron buscar a los Aksanvákvet.

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Última edición por Peluchico el Vie May 16, 2008 5:58 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue May 15, 2008 3:31 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Waykim, sola en la gruta, lentamente asimilaba lo sucedido. En cuestión de días había pasado de ser una jovencita enamoradiza a una asesina a sangre fría. Por su cabeza todavía volvían los recuerdos de la sangre de Grömdal escurriendo por su mano. Su padre había sido miembro del ejército, y había visto morir a mucha gente, pues la guerra del anillo fue muy cruenta. Waykim nació unos años más tarde y no conocía de esa historia más que lo que le habían contado. De pequeña soñaba con ser soldado, como su padre, pero su madre le obligaba a quitarse esa idea de la cabeza a base de alpargatazos. La noche en que apuñaló a Grömdal sintió por unos momentos que estaba traicionando a su familia, pues Gondor y Rohan siempre habían sido aliados, y atacar a un soldado aliado estaba penado con la muerte.

Despues de meditarlo bien buscó a Grinsel. La trilliza había llevado a cabo el castigo que el mariscal le había impuesto a Waykim aunque Grinsel no creía que el castigo físico sirviera ahora de nada, pues el mal ya estaba hecho; sin embargo, destinar a la jovencita a cuidar de los heridos sí sería una buena lección para ella y de paso sería útil.

Al no aparecer Grinsel, Waykim dirigió sus pasos a Baldor... El mariscal se encontraba reunido con varios altos mandos de su ejército y no disponía de tiempo para dedicar a la adolescente. Se avecinaba una gran trifulca cerca de allí y necesitaba organizar a todos sus efectivos. Baldor miró a Waykim y cuando vió su cara de niña perdida, ordenó a uno de sus soldados que se la llevara de allí.
- Acompaña a la jovencita a un lugar apartado de aquí y dale algo de ropa con la que protegerse. Que vaya con unos cuantos más y comiencen a levantar muros de contención alrededor de esta zona -Baldor marcó una zona determinada en el mapa para que el oficial a quien estaba hablando lo viera-. Si se queja o no quiere hacerlo, deshaceros de ella, no queremos estorbos.

Waykim tembló ante esas palabras. La jovencita no vio que Baldor decía esas frases en voz alta para que ella lo oyera y que mientras lo hacía, le guiñaba un ojo al oficial. Ambos sonrieron. Waykim cambió su cara de niña perdida por la de niña asustada.

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Última edición por Gwirdyon el Jue May 15, 2008 11:15 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue May 15, 2008 4:33 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
La escuadra Haradrim avanzaba lentamente contracorriente. Los caballos piafaban, resoplaban y resbalaban por la ribera derecha. Estaban medio agotados. El capitán Mosseguirtafraouit miraba sin ver el paisaje que se desenrollaba delante de él. Pensaba y recordaba a Wulfa, algo delante de él le sacó de sus abstracciones. El río torcía bruscamente a la izquierda, con un acantilado de unos 25 metros en vertical a la izquierda y una extensión plana a la derecha, un prado con una fina capa de hierba. Si no estuviera tan abatido por la terrible pérdida que había sufrido su olfato de estratega le hubiera avisado de que en aquel sitio era el punto crucial para que le tendieran la emboscada de su vida.
Gizmo y los cinco hombres que le acompañaban pasaban el rato comiendo carne seca y bebiendo agua. Los planes de los gerifaltes se cumplían al pie de la letra.
Unas horas antes…
Baldor leyó la nota que el muchacho le entregó y tras hablar con su lugarteniente le siguió hasta un pajar a las afueras de la aldea. Cuando entró, vio caras conocidas…


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NotaPublicado: Vie May 16, 2008 10:00 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Atemorizada por las palabras oidas Waykim siguió al soldado para acatar las órdenes recibidas, más en su cabeza germinaba una idea.- cuidaré de los heridos, sí, pero lucharé en el momento que vea una oportunidad.- pensaba mientras se protegía con las ropas que encontraba aunque temblaba al resonar en sus oídos las palabras dichas por el Mariscal. Recordó a la abuela Dürsel y sus ojos se llenaron de lágrimas que trató de evitar. .- qué muro es el que deben hacer??? Donde debo ir ahora??? .- donde está Grinsel??? Debo decirle algo.- preguntó con un hilo de voz , pero segura, al primer soldado que encontró al salir ya de la cueva protegida, levantando la cara .- mira hacia el horizonte.- le indicaron. Lo que vio la estremeció de manera que allí mismo – sin ser consciente de ello- dejó atrás su niñez.

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Dom May 18, 2008 9:38 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Alejados de la aldea y de los barcos que llegaban del sur, los habitantes de Rynvorlän se habían refugiado en las cuevas. Mucho tiempo atrás, esas mismas cuevas habían servido a los elfos para refugiarse de las intensas lluvias que provocaron las inundaciones que desolaron la región de Enethwaih. Hacía casi cien años que nadie las usaba como cobijo. Los niños de la aldea, alguna vez, habían hecho excursiones hasta allí, con la certeza de los padres de que en tiempos había sido un lugar seguro, pero su uso más bien se había limitado a dar cobijo a los animales que por allí pasaban.

Varios cientos de aldeanos habían llegado hasta las cuevas, situadas a mitad de camino entre Tharbad y la aldea, como a un día de camino a buen paso. El trayecto había transcurrido sin mayores problemas que los debidos a la avanzada edad de algunos de los ancianos de Rynvorlän y que les impedía seguir el ritmo impuesto por el grupo, o algún que otro contratiempo debido al excesivo calor que hacía en esa zona. El río estaba a unos pocos cientos de metros de allí, así que no tenían dificultades para encontrar agua para beber y refrescarse.

Vinga había partido con el grupo, separándose de Twokwén. Se había visto forzada a huir hacia las montañas en un momento de indecisión y no sabía nada de sus tres hermanas ni de la señora Dürsel que había sido siempre como una madre para ellas. La tercera de las cuatro hermanas nunca se había caracterizado por su valor, por su capacidad deinciativa o incluso de decisión. Siempre protegida por sus hermanas mayores, Esseamal y Voronda, nunca había tenido que sacarse las castañas ante ninguna situación y, a diferencia de su hermana pequeña Waykim, no era tan independiente como ella. La compañía de Voronda donde quiera que fuera era una necesidad más que una costumbre.

Miró a su alrededor y sus ojos se cruzaron con las miradas asustadas de las aldeanas y de los niños. Un escalofrío la recorrió de arriba a abajo y el llanto asomó por sus ojos, pero el recuerdo de su amado Twokwén, le ayudó a controlar su angustia y sacó la fuerza interior que desconocía tener.

Algunos varones también habían huido a las cuevas, pero otros, los más valientes o inconscientes, según se mire, permanecían en la aldea, mientras que Ardealthal, Gorion, Fehn, Lembillo, Gasteizo, Histhel, se habían encontrado en el pajar con Baldor y unos cuantos soldados más.

A varios kilómetros de allí, más cerca todavía de la aldea que de las cuevas, Rána vigilaba cualquier leve movimiento de las ramas de los árboles en espera de señales que pudieran indicarle indicios de peligro. El calor sofocante del camino hacía mella en la señora Dürsel, que flanqueada por Esseamal y Voronda se dirigían a casa de la istar, donde se encontrarían a salvo de cualquier ataque exterior.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Dom May 18, 2008 10:00 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Los planes de los gerifaltes se cumplían al pie de la letra.

Unas horas antes…

Baldor leyó la nota que el muchacho le entregó y tras hablar con su lugarteniente le siguió hasta un pajar a las afueras de la aldea. Cuando entró, vio caras conocidas…

La istare Rána, conocidos nuestros, habitantes del pueblo y un montón de gente, que más tarde sabría eran Aksanvákvet, le miraban. En una esquina, de punta en blanco, uniforme completo, Cirus le hizo el saludo militar y tras responderle le hizo una seña para que se sentara.
Se encaró a la autora del mensaje.

_ Tú me citaste aquí y aquí me tienes istare.

Rána le saludó con la cabeza y abarcando con un movimiento de su brazo toda la estancia…

_ Gracias por venir Señor, el poblado esta en las cuevas pero todos estos están dispuestos a pelear y morir si es necesario, pero no pueden hacerlo con manos desnudas… ¿tenéis equipamiento de sobra?

El hombre miró uno a uno a todos los ocupantes del edificio, en todas las caras vio determinación y en algunas también miedo, pero ganaba la primera, incluso en el hobbit.

_ Está bien, tendréis armas, pero antes os explicaré el plan de ataque.
Cuando escucharon la estrategia que se pondría en marcha, casi todos exclamaron en admiraciones y gritos.
Rána se acercó a Baldor…

_ Morirán muchos.

_ Sí, mi señora, lo sé, será inevitable, por eso ellos… -Señaló al grupo el
Mariscal- …estarán en el acantilado, el mazazo lo recibiremos nosotros. Para eso entrenamos toda la vida.

_ Aun así siempre morirá uno de más. -La istare movió la cabeza y dándole dos toques cariñosos al preocupado militar le medio sonrió. Este, dando media vuelta, se dirigió al joven sentado en un rincón.

_ ¿Te ves con ánimo para encabezar a este grupo?

_ Si tu me lo ordenas lo haré pero preferiría estar con mis compañeros.

_ Cirus, no escatimo tu valor, es de todos conocidos, pero no estás recuperado, tienes la mitad de fuerzas, no, te prefiero al mando de esta gente, recuerda que no tienen experiencia en una batalla de verdad, espera un momento…
Mirando a su alrededor, buscó alguien que pudiera ser el ayudante de Cirus y tropezó con un hombre y un elfo, inmediatamente comprendió que eran los adecuados.
Gorion y Ardealthal fueron los escogidos. Media hora después y gracias a un carro todos los del pueblo tuvieron armas para todos y lentamente fueron tomando posiciones en el acantilado.

Nadie se dio cuenta de que la istare regresó al camino de su casa para ver como iban sus invitados.


Última edición por Baldor el Lun May 19, 2008 12:06 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom May 18, 2008 10:56 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Gizmo y los cinco hombres que le acompañaban pasaban el rato comiendo carne seca y bebiendo agua. Los planes de los gerifaltes se cumplían al pie de la letra.
Estaban situados sobre el río que torcía bruscamente a la izquierda, tenían delante un prado con una fina capa de hierba, confiados en estar a salvo, a sus espaldas el pequeño bosquecillo les resguardaba –pensaban que por allí no llegaría nadie –y delante vigilaban a quienes se acercaran.
Eran las órdenes que habían recibido después de que Baldor hubiese repartido armas y designado posiciones.

Mosseguirtafraouit tenia prevista una salida en caso de ver las cosas difíciles, envió una avanzadilla bordeando un bosquecillo que había vislumbrado y Wulfa le había confirmado, no eran muchos, una decena para asegurar la salida. Vieron a Gizmo y...
...los pillarían de improviso, pero antes de levantar sus espadas cayeron casi encima de ellos, atravesados con flechas o decapitados por los soldados que Baldor había dejado en la cueva con Waykim, por una vez el conocimiento de ese acantilado le permitió poder realizar su sueño de ser un soldado – aunque no era consciente de ello en ese momento-

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Tyelpëa Taurenna


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