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NotaPublicado: Lun May 19, 2008 1:51 pm 
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Preparándose para la batalla, Ardealthal, que ahora estaba bajo las órdenes de Cirus, al que conocía desde que ambos se alistaron en el ejército de Rohan aunque finalmente el montaraz vio que no era esa su vida, se fijó por primera vez en su asombroso parecido con Grinsel, la mujer que había estado persiguiendo durante tanto tiempo.
- Cirus ¿eres pariente de las gentes de Rynvorlän?
- Soy oriundo de la aldea, sí, Peluchico.
- Te pareces a alguien a quien he estado persiguiendo últimamente.
- Lo sé, yo mismo os envié a cercarla por estos lares ¿recuerdas?
Ardealthal, avergonzado por su mala memoria, asintió.
- Tienes razón. Nos mandaste no hacerle ningún daño, bajo pena de tortura, a los montaraces más fieles al reino de Rohan -dijo recordando al fin Ardealthal.- Pero después me enteré de que había estado persiguiendo a la mujer equivocada.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Tú también seguiste a Histhel? -respondió Cirus- Mis hermanas han causado un gran revuelo en Gondor y Rohan.
- ¿Son hermanas tuyas? Ahora entiendo el parecido.
- Desde luego, parecéis tres gotas de rocío -intervino Gorion, que había permanecido callado hasta ese instante.- Por cierto, Peluchico, ¿por qué te alistaste en el ejército de Rohan, siendo más normal por tu procedencia hacerlo en el de Gondor?
La pregunta fue respondida con una gran carcajada de Cirus y Ardealthal, el cuál respondió con un simple:
- Mejor que te lo cuente Cirus -dijo señalando al rohirrim, que hacía señales de negación con el dedo índice.

Mientras tanto, Histhel y Gasteizo habían ido a parar a otro regimiento, donde podían quejarse a gusto de la falta de comodidad.
- Menudo rollo esto de esperar y vigilar -dijo el hobbit interrumpiendo el silencio.
- Es una de las labores más tediosas aunque encomiables de una guerra. Detectar al enemigo una fracción de tiempo antes puede ser decisivo en una batalla, socio. Grandes contiendas han cambiado de rumbo seguidas de la certera vista de un vigía.
- Ya estás en plan oráculos -dijo sonriendo Gasteizo que llevaba un rato mirando las pisadas de ambos en el suelo. De pronto se fijó con más detenimiento en las de la montaraz y frunció el ceño. Cuando iba a abrir la boca para decirle algo a la mujer, se oyó de pronto un cuerno atronador que anunciaba la llegada del enemigo.

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"La redundancia es la mayor fuente de supervivencia"
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NotaPublicado: Jue May 22, 2008 3:05 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Uno de los secuaces de Mosseguirtafraouit había hecho sonar el cuerno que avisaba de su llegada al resto de barcas que habían llegado hasta allí tiradas por los caballos a lo largo del río.
- Ja, ja, ja, ja -rió el dunlendino que había soplado el cuerno-. Este sonido desmoralizará a ese grupo de insensatos que se empeñan en defender estas tierras.
- O les avisará de que hemos llegado, imbécil -contestó Mosseguirtafraouit mirando a su incauto subordinado con severidad.

Baldor y sus soldados habían estado muy ocupados durante toda la noche colocando unas fuertes cadenas de una orilla a otra del río en un recodo del mismo donde se hacía más estrecho, con la intención de impedir el paso de los caballos enemigos y con ellos las barcazas y los dunlendinos que iban a bordo de ellas, para evitar que llegasen hasta la aldea. Ya hacía un rato que habían terminado de colocarlas e incluso se habían molestado en taparlas con ramas y arbustos la parte de las cadenas que estaban sobre tierra en la orilla, para que no las descubrieran antes de tiempo, cuando escucharon el retumbar de un cuerno que les avisaba de la llegada del grueso de las fuerzas marítimas enemigas. Esa era la señal que esperaban escuchar de un momento a otro, la señal que les daría pie a Cirus, Ardealthal, Gorion y unos quince soldados de Rohán, para correr río abajo, a favor de la corriente desde la orilla, y unos metros más allá de donde se había parado la última barca, desenterrar del fondo del río, otras cadenas igual de gruesas y un poco más largas, debido a la mayor anchura del cauce, que habían colocado en la misma noche para sitiar al enemigo en esa zona del río.

Gizmo y cinco soldados más se habían quedado en la parte alta del río junto a Baldor. Fehn, Lembillo y unos veinte soldados más junto con un grupo de los aldeanos que se habían quedado en el pueblo se habían quedado rezagados tras uno de los muros de contención que habían construido con piedras, a modo de trinchera, en la parte central del río, a la espera de que los recién llegados comenzaran a desembarcar, para darles la bienvenida que les tenían reservada.

En la aldea, Twokwén, Storem y Caop habían preparado sus espadas y tensado sus arcos. Alguno, como era el caso de Caop, no había usado una espada jamás, y la miraba con temor y fascinación a la vez.
- No te enamores de ella -dijo Storem con sorna-, procura no mantenerla así de brillante durante mucho tiempo. Cuanto antes la manches de negra sangre, más tiempo permanecerás con vida.

Mientras tanto, Waykim había aprovechado un descuido de un soldado y se había hecho con un casco que le protegía la cabeza, a la vez que ocultaba su identidad, y una espada que pesaba más que ella. Se ató una vaina a la cintura y guardó el arma blanca dentro de ella. El peso de la hoja de metal le desequilibraba hasta el punto de tener que andar casi de lado para no golpearse la rodilla con la espada en cada paso. Estuvo a punto de abandonar y huir de allí para esconderse, pero algo la hizo cambiar de opinión.

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Última edición por Gwirdyon el Sab May 24, 2008 1:09 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue May 22, 2008 9:05 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim estuvo a punto de abandonar y huir de allí para esconderse, pero algo la hizo cambiar de opinión. Pese a que todo le quedaba grande, ya que apenas podía caminar, el ambiente tenso, pensar que se quedaría en la retaguardia atendiendo heridos, sin participar en la lucha hizo que se agrupara con el grueso de los soldados, que entre lo atareados que estaban y el sonar del cuerno, no se dieron cuenta de ella. Escondida entre ellos buscó la manera de bruñir su espada, tal como veía hacer a algún soldado, para no llamar la atención, colocándose alejada del Mariscal, pero sin dejar de ver a los suyos en cuanto podía.
Tenía la impresión de que jugaría un papel importante, y estaba aterrada.-pero no me iré.- se repetía.
Entonces...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Vie May 23, 2008 7:27 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Entonces, el último de los barcos sobrepasó la línea de la cadena que debía cortar la retirada. Los navegantes vieron de pronto cómo, de la nada, aparecía una lluvia de flechas ardientes. Muchas de ellas impactaban en la cubierta de las embarcaciones. Era la señal para que Ardealthal y Gorion, junto a Cirus y sus soldados tiraran con todas sus fuerzas de la enorme y resistente cadena, que yacía en el fondo del río, aunque atada en la otra orilla en un punto estratégico.
Cuando la hubieron colocado, bien sujeta alrededor de una enorme roca, se dispusieron a defender la posición para que la cadena siguiera allí dispuesta todo el tiempo posible.
Los Haradrim que azuzaban a los caballos decidieron entonces regresar sobre sus pasos para ver lo que ocurría en su retaguardia.
Pronto verían que su suerte no era nada halagüeña, muertos por entrenadas espadas, no sin antes llevarse por delante a tres de los soldados de Rohan.

Al ver la trampa demasiado tarde, Moss-Eguirta Fraouit ordenó el desembarco en la playa que formaba la orilla. Los barcos viraron chocando algunos entre sí. El caos se adueñó de muchos de los hombres del Sur. Pero Los cuatro primeros lograron atracar pronto en la planicie donde, agazapados entre la maleza se encontraban un buen número de soldados de Rohán, con el mismísmo Mariscal Baldor al frente.

Histhel y el pequeño hobbit se encontraban en la orilla del río contraria a la playa, que tenía un angosto acceso, pero no por ello debía descuidarse, no fueran a huir por ahí los Endrinos, como también llamaban algunos a los Haradrim. Gasteizo encendía flechas en una hoguera sin parar mientras los soldados con buena vista y mejor pulso salpicaban de fuego los barcos.
En un momento de respiro, el mediano se dirigió a Histhel lleno de intriga:
- Lo que he visto en tus huellas...
- ¡Chis! A lo que estamos. Y no me preguntes más sobre ese tema -contestó de manera nada cordial.
- ¡A ver, vosotros dos! -interrumpió el militar que estaba al mando- ¡Basta de cháchara! ¡Son nuestras vidas las que están en juego!
Fue lo último que dijo, pues la punta de una flecha apareció de pronto junto a su nuez desde atrás del cuello, salpicando la cara del hobbit, que nunca había visto la crudeza de la muerte desde la primera fila.

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Última edición por Peluchico el Mar Jun 03, 2008 10:18 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie May 23, 2008 8:09 pm 
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Mientras se desarrollaba la lucha, las flechas con fuego, espadas…
En el Ínterin :

El calor sofocante del camino hacía mella en la señora Dürsel, que flanqueada por Esseamal y Voronda se dirigían a casa de la istar, donde se encontrarían a salvo de cualquier ataque exterior.
Cuando llegaron tras descansar lo mínimo para reponer fuerzas, mientras de lejos escuchaban que la batalla empezaba, la señora Dürsel confiándo en su sentido práctico buscó vendas para socorrer en caso de necesidad a los heridos, también bebida, ya que estarían sedientos, comida, ya que deberían reponer fuerzas .- O no, mejor preparo cataplasmas para las heridas .- murmuró para sí, dando en ese momento órdenes a las chicas para mantenerlas ocupadas, ya que estaban murmurando entre ellas qué sucedía fuera. Obedeciendo comenzaron a improvisar un dispensario para los que comenzaban a llegar.

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Sab May 24, 2008 11:41 am 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Beoren tenía todo dispuesto gracias al ave de Rána que, con un papel en el pico, había volado hasta allí así que, cuando la señora Dürsel fue a la cocina a por hierbas para los ungüentos, encontró al beórnida detrás de un gran manojo verde que llevaba en los brazos.
- Esto le hará falta -dijo él.
- Menos mal que está en todo, señor Beoren, si no, no hubiéramos podido entrar en esta inexpugnable casa rodeada de trampas.

En la playa del embarcadero de Rynvorlän se libraba una batalla en ese momento. Los hombres de Rohan, que luchaban en ella no recordaban una lucha tan cruenta. La sangre de los enemigos era roja: sangre de hombre como la que circulaba por sus propias venas. No podían sino seguir derramándola para que no fuese la suya propia la que tiñera la orilla del río. Acostumbrados como estaban a que el líquido de la vida de sus enemigos fuese negro y pestilente, se veían abocados a pensar que la falta de entendimiento o el ansia de poder de algunos, conducía al resto a esta situación.

Mientras, los hombres de Gondor bajaban por la margen izquierda del río, al encuentro del resto de Haradrim responsables de los caballos que remontaban a los barcos por el río, que pudieran haber dejado vivos Cirus, Ardealthal y Gorion.

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NotaPublicado: Sab May 24, 2008 12:54 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
La lucha era encarnizada en la playa. Unos y otros caían heridos o muertos, el pequeño ejercito de Haradrim era quíen llevaba peor parte.
Mosseguirtafraouit ordenó -al ver la emboscada- a la mitad de sus hombres buscar la salida, evitando en lo posible la derrota que intuía, pensando en dar vuelta a la situación.- Los demás replegaos, a cubierto!!!!!.- gritó refugiándose de la salva de flechas incendiarias que les llovían.
Los que llevaban los caballos esquivando a Cirus, Ardealthal y Gorion tropezaron con más hombres de Gondor y alguno de Rohan, librando una lucha de espadas que asustó a los caballos sembrando aún más caos. Unos y otros estaban sorprendidos, no creían que luchaban contra humanos.

Una veintena de hombres Haradrim trató de bordear la playa, subiendo por el acantilado pero…

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Dom May 25, 2008 11:15 pm 
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En el sur de Arda, en la región de Harâd, unos haradrim se reúnen dentro de una tienda a las afueras de un poblado en medio del desierto.
- A estas alturas Mosseguirtafraouit ya habrá terminado la primera fase de la repoblación, acabar con esas dos aldeas que se interponen en nuestros planes -dijo uno de ellos que parecía llevar la voz cantante-. No quería echar mano de los olifantes, pero puesto que hace cinco días que no recibo noticias de Wulfa, he mandado una expedición con unos cuantos de nuestros animales para dejarlo todo plano. Hace cuatro días que salieron, tardarán otros tres en llegar allí.
- Es un plan muy ambicioso -contestó el otro de los tres que estaban reunidos-, pero por fin podremos salir de estas asquerosas tierras.
- Además, ese territorio no pertenece a nadie, así que lo reclamaremos para nosotros y nos podremos independizar.
- ¿Qué dices de reclamar? -contestó el que parecía el jefe con un tono de voz muy alto- ocuparemos ese territorio y punto.

Estaba anocheciendo y hacía frío. La lucha seguía en la orilla del río, las fuerzas enemigas habían sido fuertemente demacradas y los heridos rohirrim se contaban por decenas. La noche dificultaría la pelea, pero ninguno de los dos bandos querría dejarlo para el amanecer...

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NotaPublicado: Mar May 27, 2008 12:59 pm 
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Una veintena de hombres Haradrim trató de bordear la playa, subiendo por el acantilado pero un buen número de pedruscos de aristas cortantes laceraron sus cráneos, lanzados por los aldeanos de Rynvolän. Desde los barcos, los Sureños lanzaban flechas que acabaron con algunos de los oriundos del lugar que, con valor y honor, dieron sus vidas por un pedazo de tierra.

Mientras, en la otra orilla, las cosas se empezaron a poner dífíciles para los de Rohan, Histhel y Gasteizo. Todos los tripulantes de uno de los barcos habían logrado ascender hasta tierra firme por el único lugar accesible: el mismo que ellos habían utilizado unas horas antes para situarse en ese lado del río.

El hobbit, que tenía la cara perdida de la sangre cuarteada del capataz muerto de una flecha en el cuello se ufanaba en demostrar su utilidad en combate, así que, con una daga a modo de espada, se abalanzó sobre uno de ellos antes que nadie del regimiento se diera cuenta de que la seguridad de la compañía estaba puesta en entredicho. La montaraz optó por una de sus estrategias propias del gremio: la sorpresa. Esperó a que los Rohirrim reaccionaran y se entablara una batalla de espadas para que sus flechas comenzaran a convertir en coladores los petos de los Haradrim.

La lucha se tornó del lado de los Sureños que, con la fortuna de su parte, lograron arrebatar vidas con cierta soltura. Gasteizo lograba escabullirse gracias a su corta estatura pero, aún así, se llevó un corte limpio de espada en uno de sus hombros.

Viendo que la lucha estaba perdida, Histhel agarró el cabo de una fina pero resistente cuerda manufacturada en Rohan a una de sus mejor equilibradas flechas. La lanzó al otro lado del río y tras comprobar que había hecho blanco en un árbol y que aguantaba bien su peso, agarró su manta y la usó para deslizarse por la cuerda.
- ¡Gasteizo, agárrate a mí! -gritó mientras pasaba cerca del mediano que, anonadado tardó un instante en reaccionar y apunto estuvo de no lograr asir de la pierna a la mujer.

Con el fragor de la batalla a sus pies, mientras se deslizaban hacia la esperanza, los dos temían por lo que hallarían al otro lado. Cuando estaban muy cerca del final de la cuerda, Histhel soltó la manta para no estamparse contra el árbol, lo que pilló de improviso al hobbit, que rodó de mala manera por el suelo. la mujer, con dotes de acrobacia, logró un aterrizaje más benevolente con su anatomía.

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NotaPublicado: Mié May 28, 2008 5:22 pm 
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- ¡Puff! Nos ha ido muy justo. Gracias a ese pobre soldado que cortó la cuerda en el otro extremo justo antes de que el hombre del sur lograra cruzar y alcanzarnos -exclamó Gasteizo-. Por un momento pensé que nos iban a ensartar en las flechas como pinchos de carne. ¿Dónde aprendiste ese truco?
- Mi hermano, me lo enseñó hace muchos años -contestó Histhel sofocada al tiempo que recogía la cuerda y la volvía a guardar con premura para salir de allí lo antes posible-. ¡Vamos, hay que salir de aquí cuanto antes!

En casa de Rána, la señora Dürsel, Esseamal y Voronda, con la ayuda de Beoren, habían restaurado las trampas que rodeaban la hacienda y habían devuelto la protección que tenía semanas antes de la llegada de Histhel y el mediano a su casa por primera vez. Un cuervo negro llegó volando hasta la ventana. Rána lo vio y se acercó. El cuervo, como ya había hecho otras veces, se posó sobre su hombro y graznó varias veces. Rána, que entendía todo lo que el cuervo le contaba, se asustó de las noticias y se echó las manos a la cabeza. La señora Dürsel la vio y se acercó a ella para ver qué le ocurría.
- ¿Te pasa algo, querida Rána? -preguntó la anciana.
- Los Haradrim están atacando desde la costa y un grupo de Mûmakiles han sido vistos avanzando hacia Enedwaith -Rána movió la cabeza en señal de desaprobación-. No sé qué cuáles son sus propósitos, pero no hay manera de parar a esas bestias.
- ¿Mûmakiles? ¿Qué son? -preguntó Voronda.
- Olifantes -contestó Rána.
- ¡Ah! El mediano que iba con Histhel me habló alguna vez de esos animales, muy grandes, y feroces, con enormes cuernos y una nariz gigantesca, así como una trompa... -añadió la señora Dürsel.

Rána había hecho pequeñas bolsitas con hierbas distintas y las había guardado en diferentes compartimentos internos de su capa. Estaba dispuesta a salir cuando Esseamal la paró.
- ¿Dónde vas?
- Soy el único ser que puede comunicarse con los animales, quizá pueda parar a esas bestias o al menos convencerlas para que se vuelvan por donde han venido -contestó la istar mientras apartaba la mano de Esseamal que le impedía el paso.
- Pues yo voy contigo, mi hermana y la señora Dürsel ya están a salvo. Te vendrá bien un poco de compañía -contestó Esseamal con resolución.
- Bien, volvamos pues a la aldea, pero... -la istar se calló un momento pues no quería seguir hablando en presencia de las otras dos mujeres-, antes tenemos que ir a buscar algo.
- Bien -Esseamal miró a su hermana y a la anciana y comprendió el silencio de Rána-, iremos donde sea necesario.

La mayor de las cuatro hermanas y la istar se dirigieron a la señora Dürsel y a Voronda. Las convencieron para que se quedaran en la casa para prestar asilo a los soldados que consiguieran llegar hasta allí, pese a que sería imposible por las trampas que rodeaban la propiedad, pero el argumento las convenció para quedarse en la casa.

Salieron de nuevo al camino, tras sortear todas las trampas y antes de coger de nuevo el camino hacia la aldea, Rána volvió la cabeza y miró hacia las montañas. Cerró los ojos durante unos instantes y se concentró.
Esseamal la miró extrañada. La istar abrió los ojos de nuevo, dos lágrimas se escurrían por sus ojos.
- Y ahora a esperar unos minutos -añadió la istarë.
- ¿Esperar, qué? -preguntó Esseamal como respuesta. a lo lejos se escuchó un ligero aleteo que fue creciendo en intensidad y frecuencia a medida que pasaban los segundos. Un escalofrío recorrió las espaldas de las dos mujeres cuando el que en tiempos era un pequeño balrog se acercó volando como una bestia de tamaño descomunal. Esseamal ahogó un grito, pues la sorpresa y el miedo la habían dejado muda. El animal se posó en el suelo levantando una gran ola de polvo y causando un estruendo al apoyar las zarpas en el terreno. Se doblegó ante Rána y la istarë sonrió ante él.
- Sabía que a pesar de nuestra brusca separación, podría contar con tu ayuda para defenderme, Escheron. Sólo una bestia de tu tamaño y tu fuerza podría equilibrar el combate contra los Mûmakiles. Ve hacia allí y protege a los trillizos, ya sabes lo importantes que son -dijo Rána a su antigua mascota. El balrog asintió con la cabeza y extendió sus alas a la vez que se elevaba verticalmente. Unos segundos después había desaparecido de nuevo.
- Bien, ya podemos continuar nuestro camino -le comunicó Rána a Esseamal, quien todavía no se había recuperado de las varias sorpresas.

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NotaPublicado: Mié May 28, 2008 8:32 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
La trinchera que habían improvisado una veintena de soldados junto a la inestimable ayuda de Fehn y su aprendiz de embaucador Lembillo hacía tiempo que había sido rebasada, no sin antes llevarse los Sureños la sorpresa de ciertas botellas de elixir con mecha encendida, que caían como una lluvia a su alrededor mientras desembarcaban. Los que sobrevivieron a las explosiones, y a las propiedades del crecepelo, se dispusieron a perseguir a los causantes de tantas bajas entre sus filas que, lógicamente, se replegaron hacia una posición más favorable.
- Como vuelva el balrog estamos apañados -se lamentó Lembillo mientras se guardaba la última de las botellas en la pechera- además no sé de qué vamos a vivir si no tenemos elixir.
- De momento procura que no te mate ninguno de estos Endrinos -recomendó Fehn con más juicio.
- ¡A ver, dos voluntarios! -espetó un militar- ¡Necesito a dos voluntarios que lleven a este herido hasta las cuevas o donde sea.
Fehn y Lembillo se miraron y se ofrecieron como un relámpago, en vistas de que las luchas sin cuartel no eran lo suyo.

Unas horas más tarde, los chamarileros hacían del lamento su segunda profesión mientras portaban en una improvisada camilla, con paso lastimero, a un soldado herido en una pierna hacia la casa de Rána, después de comprobar en las cuevas que allí no cabía ni una fívula de vestido élfico.

De pronto, el cielo perdió su tono celeste tintándose de una mixtura jaspeada de grises. Vieron cómo hasta la vegetación sentía un peligro acuciante, marchitándose como si le faltase agua. Al fondo del paisaje una especie de luz negra y rojiza, como de rescoldos mal apagados, se desplazó hacia el trío de hombres.
- ¡Roargh! -pronunció una voz cavernosa.
- Sí... sí. Yo no quiero hacerte daño -respondió nada convincente Fehn a Escheron, mientras éste y Lembillo dejaban al herido en el suelo.
Rió estertóreamente el balrog, que había partido de casa de Rána hacia el Sur, al encuentro con los Olifantes. Lembillo sacó la botella de su pechera y se la enseñó al monstruo con el brazo en alto. Escheron había doblado su tamaño desde el último encuentro en la aldea, apenas dos días antes.
- ¿Recuerdas lo que escuece? -amenazó el chaval, desafiante.
El ser de otra Edad volvió a reir, comprendiendo el significado de las palabras del chico.
- ¡Pues compuébalo! -gritó el muchacho y se la lanzó a la boca.
La botella explotó con el calor que desprendía el balrog y mientras aún humeaba, tosió un poco antes de reir de nuevo.
Y en éstas levantó el vuelo alejándose de allí, pues tenía una misión más importante que cumplir por una amiga, ante la perpleja mirada de los hombres.

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NotaPublicado: Mié May 28, 2008 10:45 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Lloraba. De sus cansados ojos manaba un pequeño riachuelo que dejaba regueros por su cara lampiña enrojecida por la sangre de amigos y enemigos. La batalla se le iba de las manos si no utilizaba su última arma.
Nunca, en toda su existencia como guerrero se había visto en tal circunstancia, el corazón se le encogía de pena tanto por sus hombres como los enemigos, el valor de ambas partes estaba siendo antológico, ni se daba ni se pedía cuartel y los muertos eran ya un número escalofriante.
Al final y con hondo pesar hizo la llamada. Sus hombres, conscientes de lo que podía venírseles encima redoblaron los esfuerzos para abrir hueco con las huestes contrarias, Mosseguirtafraouit también llamó a los suyos para reunificar líneas y lanzar el ataque final y pasar el bosque haciéndose con la playa.
Durante unos minutos pareció que el silencio se adueñaba del espacio de lucha, solo roto por algún gemido de los heridos. De repente el cuerno rohir sonó vibrante y de los arboles apareció un grupo de jinetes con un alazán al frente. Corveteó sobre las patas traseras y su compañero acudió presto a montarlo.
Los enemigos se agruparon aun mas sabiendo lo que se les venía encima. En la otra orilla los aldeanos y restos de las tropas elevaron su moral y cuando Baldor; con rabia y pesar, hizo la señal que temían la mayoría de contrincantes, todos supieron que empezaba el principio del fin de lo que la historia conocería como la escaramuza de Rynvorlän.


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NotaPublicado: Jue May 29, 2008 10:14 pm 
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Acostumbrado a nadar en las costas del Sur hasta en la misma Umbar, en muchas ocasiones por puro y refrescante placer, y en otras como entrenamiento Mosseguirtafraouit, aprovechando la confusión trémula de la batalla, se lanzó al agua y se sumergió, dejándose llevar por la corriente. Sólo tuvo que deslizarse hasta los carrizos y juncos para conseguir un tubo con el que respirar bajo la superficie, antes de dejar atrás los barcos y las cadenas que los atoraban, en esa curva del río. Aprovechó la espesura de la vegetación para salir del río por el meandro transformado en un pequeño humedal que había algo más abajo, donde los mosquitos sólo eran un mal menor. Sabía que la embestida estaba perdida con los barcos y tenía que informar a sus hermanos que venían con Olifantes hacia la maldita aldea rebelde. Consideraba que era mejor traicionar a unos cuantos soldados abandonándolos a su suerte, si con ello se ganaba la guerra, que perecer con supuesto honor de manera inútil.

Histhel y Gasteizo estaban en la plaza del pueblo curando heridos sin cesar. En un momento de asueto, el hobbit se dirigió a la mujer.
- Las huellas de tus pies...
- ¡Chis! Aquí no. Vamos ahí atrás -le dijo al pequeño de pies grandes, mientras indicaba una tienda donde se guardaban las vendas limpias.
Una vez estaban fuera del alcance de toda oreja ajena, la mujer preguntó a Gasteizo.
- ¿Qué ocurre con las tiras de cuero que forman mi calzado, ya que tanto insistes?
- Sí.. Eh... ¿Cómo empiezo? Ya sé que estaban donde había estado tu hijo hasta un momento antes y que por eso te las pusiste a modo de calzado. Y supongo que no aguantaría doce años el mismo cuero.
- Exacto, las fui sustituyendo por otras similares conforme se desgastaban.
- Ya. Por eso. ¿De dónde sacaste estas últimas?
Histhel sonrió al hobbit puesto que se dio cuenta de que éste no era un estúpido y se sinceró ante él.
- Soy colaboadora de los Aksanvákvet, de hecho fui una de las fundadoras, aunque dejé mi cargo a los más jóvenes, después de un tiempo.
Gasteizo abrió los ojos como flores al amanecer de un nuevo día de Tuilë porque, a esas alturas, sabía perfectamente quiénes eran y, sobretodo, porque no se esperaba una revelación semejante venida de la mujer con la que llevaba tanto tiempo compartiendo propósitos.
- Entonces, sí que forma tu huella un mapa de Enedwaith, dividido mediante fronteras, ¿no? -preguntó de manera retórica el mediano.
Histhel confirmó la sospecha con la cabeza y volvió a sus tareas de vendar heridos. Gasteizo tardó un momento en asimilar la conversación, porque aún le quedaban algunos puntos oscuros que iluminar. Después, siguió con su labor.

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NotaPublicado: Jue May 29, 2008 11:51 pm 
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La noche se acababa y los primeros rayos de Anor, como se llamaba al sol en sindarin, acariciaron las riberas del río, que mostraba sus aguas teñidas de sangre. Sangre vertida por soldados de ambos bandos que se había mezclado en el río y que había convertido su cauce en un improvisado cementerio de rohirrim y haradrim. Enfrentados de por vida, muchos de ellos habían acabado muriendo juntos, cuerpo con cuerpo, incluso unos encima de otros. El espectáculo era desolador, y la luz matinal no hacía sino exhibir las miserias humanas de aquéllos a quiénes la ambición y la violencia se les ha ido de las manos.

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- Todo ha acabado -dijo Gorion, que había llegado hasta la playa de la muerte acompañado de Ardealthal y Cirus.
- No lo creo -contestó Cirus, más versado en técnicas militares que un elfo que habita los bosques-. Me extraña que los Haradrim no hayan enviado un buen número de Olifantes para que lo arrasen todo. Deben de estar al llegar.
- ¿Olifantes? -preguntó Gorion.
- Mûmakil -le aclaró Ardealthal al elfo.
- Pero un solo múmak pordría arrasar la aldea entera -señaló Gorion-. No sé si todo el ejército de Rohan más la ayuda de los de Gondor y la aldea podremos detener a un montón de ellos.

Bastante más al Sur, una alimaña humana que atendía al sobrenombre de Mosseguirtafraouit avanzaba sin resuello al encuentro con los olifantes cuando, de repente, vio como el Sol se volvía a ocultar, a pesar de haber amanecido sólo un rato antes. Un momento después, y con el tiempo justo para esconderse entre unas rocas que parecían puestas allí a tal efecto, vio cómo una bestia horrible volaba en la misma dirección que él mismo había tomado cuando huyera del barco, ahogando en las aguas del Gwatló todas sus megalómanas esperanzas de independecia de su madre patria.

En las inmediaciones de la casa de Rána, un chamarilero, su aprendiz y un militar cojo dudaban de la memoria del primero.
- ¿Seguro que es por aquí por donde no hay trampas? -preguntó con algo de miedo Lembillo.
- Que sí. ¿O era más allá de ese árbol gibado?
- ¡Uy, no sé si fiarme yo! -replicó el militar-. Prefiero ir arrastrándome por el suelo.
Tras unos instantes más de dudas, un rugido los puso sobreaviso. Todos dejaron de discutir para mirar hacia el mismo lado, justo donde había un enorme y fiero huargo babeando.
Un momento después estaban acomodados en casa de Rána y el huargo destrozado por una trampa tronco. Bajo presión, la memoria de Fehn y las piernas de él y Lembillo habían funcionado a la perfección, afortunadamente.

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Última edición por Peluchico el Dom Jun 01, 2008 11:06 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Jun 01, 2008 9:19 am 
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Los aldeanos de Rynvolän con valor y coraje defendían sus tierras, el amanecer que parecía sería soleado, por momentos se nublaba dejando una pátina grisácea, los Haradrim que quedaban, desconcertados al desaparecer su capitán, no sabían bien que hacer, solo defendían su vida.
Moss-Eguirta Fraouit escondido tras las rocas quería salir rio abajo, pensaba traer a los Olifantes.
Waykim no supo en qué momento de la lucha bajó hasta la playa, defendió su vida sin pararse a pensar que segaba vidas: la suya o la de ellos, si tenía que morir no iba a ser por nada. En un instante quedó sola. Gorion, Ardealthal y Cirus estaban delante de ella, pero ni unos ni ella se enteraban. Miró hacia el agua, que bajaba roja de la sangre derramada en la escaramuza de Rynvolän. Algo llamó su atención, tras unas rocas: unos ropajes que no eran Gondorianos, ni Aksanvákvet, que tan bien conocía. Su espada ya estaba en su mano, la manejaba como parte de su ser, en la otra una pequeña daga que algún soldado le había dado. Agazapada rodeó por el lado izquierdo, donde unas dunas de la arena la escondían, con sus ropas marrones, llegando por detrás de Moss-Eguirta Fraouit, que miraba al cielo viendo llegar una bestia volando, que la joven no veía. Con decisión adelantó su espada en la espalda del malvado capitán,.- Ajeno eres a los nuestros... -comenzó a decir. Éste dio media vuelta, comenzando a reír al ver a Waykim, lo que la enfureció y clavó su espada con rabia en su estómago.

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Última edición por Celebwën el Mar Jun 03, 2008 12:02 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Jun 01, 2008 11:36 pm 
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El de Harad se arrodilló y, con ojos de sorpresa, miró a la joven. Se echó las manos al pecho intentando inútilmente parar el torrente de sangre que salía como los arroyos tras el deshielo.

Mientras ella se alejaba dando por concluida su misión, Moss-Eguirta Fraouit se afanaba por no perder el conocimiento e iba rememorando lo sucedido en los últimos días: su nombramiento como el responsable máximo de la incursión y repoblación de Enedwaith; su plan secesionista de Harad; su reencuentro con Wulfa, a la que tenía planeado eliminar hasta que comprobó que aún estaba enamorado de ella; la trampa de las cadenas que no vio venir y la posterior derrota de sus barcos, que no hubieran podido salvarse ni aunque estuviesen hechos de oiolairë... Eran tantas las promesas que se había hecho a sí mismo, tantos los proyectos que tenía en la cabeza y que ahora se iban a través de la herida que intentaba acotolar...

Tras un doloroso encuentro con el acero, cayó sobre las tierras de Enedwaith un terrible, pendenciero y sanguinario capitán que, por otro lado, tenía esperanzas y anhelos que, aunque equivocados, constituían la forma de pensar de muchos de los descendientes de los Numenoreanos Negros.

Mientras tanto, en una suntuosa sala palaciega de los estuarios de Umbar se libraba una lucha dialéctica caldeada, con un mapa sobre la mesa, encima del cuál una miríada de pequeñas figuritas emulaban de forma meticulosamente exquisita buena parte de la Tierra Media. Bastantes de esas miniaturas se hallaban en torno a una pequeña aldea llamada Rynvorlän.

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NotaPublicado: Lun Jun 02, 2008 1:05 pm 
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La escaramuza ya había terminado, ningún Harad quedaba con vida, Baldor, Cirus y demás jefes recorrían el extenso campo de batalla cuando llegaron a lugar solitario, protegido por unas rocas y tras ellas el cuerpo tatuado de…

-Es el jefe-todos los atalajes, insignias y tatuajes le identificaban como a tal. Baldor, como guerrero mas experimentado en luchas con los Harad le echó un vistazo, y al cabo de unos minutos, negó con la cabeza.
- Me lo temía, no es el cabecilla, ¿veis el tatuaje en su pectoral izquierdo? Lo identifica como un Fedaikin. Alguien que viste como el jefe, se le parece mucho pero dará la vida para que el verdadero escape. El autentico estará ya lejos de aquí.- Cirus, reúne a todos los oficiales y gente del pueblo, recuento de efectivos, comprobar cuantos heridos pueden volver a luchar y los que no, que sean repatriados. Huelo a batalla con Olifantes.


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NotaPublicado: Lun Jun 02, 2008 9:15 pm 
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Tras un doloroso encuentro con el acero Moss-Eguirta Fraouit cayó sobre las tierras mientras intentaba acotolar la herida que Waikym le había infligido en un descuido. Por detrás se le acercó el Fedaikin, le mantuvo entre sus brazos mientras manipulaba su herida como sólo los Numenóreanos Negros saben hacer para acelerar la cicatrización. Pudo salvarle y la sangre cesó de manar a chorro por el agujero que la espada había dejado en sus carnes. Por fortuna la fuerza de la niña no era mucha debido al cansancio de llevar todo el día la espada en alto y la profundidad de la herida apenas había dañado tejido importante y mucho menos ningún órgano vital. Moss-Eguirta Fraouit se levantó y miró a su doble, le sonrió a modo de agradecimiento y acto seguido le clavó su espada en el estómago para que cumpliera su papel hasta el final. Con las escasas fuerzas que había recuperado se alejó de allí y comenzó su marcha hacia el encuentro de los olifantes, no sin antes cambiarse sus ropas ensangrentadas por otras de algún muerto que las llevara más limpias.

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NotaPublicado: Mar Jun 03, 2008 10:50 am 
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Fehn estaba sentado en una cadiera junto a la chimenea, hablando con la señora Dürsel, la madre de los famosos trillizos que tantos quebraderos de cabeza le habían dado a su amigo Ardealthal. Hasta allí habían ido a parar buena parte de las gentes de Rynvörlan, que no cabían en la cueva que se hallaba cerca de la aldea. El fuego crepitaba y daba demasiado calor a los sanos, pero resultaba reconfortante para el herido. Fehn miraba a este último y se preguntaba a sí mismo cuál sería la razón para trasladar hasta allí a un herido, teniendo la plaza del pueblo habilitada como hospital de campaña. Entonces vio de pronto cómo, el enfermo se recolocaba la barba que se le había movido.
- Tú debes de ser la hermana que se escabulle como una lagartija por las rendijas de los adobes -le dijo tras saltar hacia el militar como un resorte- y dicho esto, agarró la falsa barba y la arrancó como se despelleja a un animal de granja.
- Sí, soy Grinsel de Rynvörlan-contestó después de unos segundos para reponerse de la sorpresa de ser descubierta-. El Mariscal Baldor no quería que estuviera en el frente de batalla.
- Eres demasiado valiosa ¿no es eso? -indagó Fehn, que no se le escapaba una y estaba versado en los juegos dialécticos que aseguran el pan a un embaucador y farsante como él.
- Prefiero no hablar de ello.
- Según tenía entendido por tu hermana Histhel, a la que por poco apresamos, confundiéndola contigo -añadió el chamarilero tergiversando los acontecimientos para quedar mejor parado- tú habías partido de Rynvörlan.
- Pues ya ves que no -dijo haciendo un gesto en el que dejó al descubierto uno de sus fibrosos y musculadamente andróginos brazos.

Mientras, al Sur de la aldea, los soldados de Rohan, junto a los intrépidos Ardealthal y Gorion, cavaban sin parar unos enormes agujeros para crear las trampas para los olifantes. Algunos de los agujeros tenían que ser enormes, para que cayeran las bestias dentro, pero no tenían tiempo para hacer muchos de ese modo así que decidieron cavar otros más pequeños en los que poner estacas para que, al pisarlos, se clavaran éstas en sus patas y no pudieran seguir avanzando.

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NotaPublicado: Mié Jun 04, 2008 12:33 am 
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Arriba en las cuevas donde se habían refugiado los aldeanos de Rynvorlän, el ambiente se había caldeado bastante. El reducido grupo de los Aksanvákvet había tenido tiempo para reunificarse e incrementarse con algunos de los refugiados. En realidad todos luchaban contra el mismo enemigo, con lo cual no tenía sentido un grupo que se rebelara contra lo establecido, pero en ese momento había venido bien que hubiera gente preparada para la lucha. Vinga se había visto en la tesitura de dejar de lado sus dudas e indecisiones e integrarse por completo en el grupo revolucionario con el objetivo de poder ofrecer resistencia a lo que se les venía encima. Abandonaron las cuevas y se dirigieron hacia donde estaban Baldor, Ardealthal, Gorion y Cirus para ayudarles con las trampas contra los mumakil.

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NotaPublicado: Mié Jun 04, 2008 10:52 pm 
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Tras un doloroso encuentro con el acero Moss-Eguirta Fraouit cayó sobre las tierras mientras intentaba acotar la herida que Waikym le había infligido en un descuido. Mientras la chiquilla gateaba alejándose del lugar aterrada por lo que vio. Su prioridad era escapar con vida, pero el agotamiento, la tensión y la lucha pudieron con ella. Desvanecida en la arena sus pardos ropajes la camuflaban, con su cuerpo escondía las manchas de sangre. El herido solo se preocupó de salvarse y no la buscó.
Un soldado de Rohan tropezó con ella, soltó una imprecación y mirando de cerca descubrió a la chiquilla que el Mariscal había perdonado la vida. Creyéndola herida buscó manera de llevarla con los heridos, pero...

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NotaPublicado: Mié Jun 04, 2008 11:18 pm 
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En los estuarios de Umbar, una pequeña élite volvió a reunirse ante el mapa de Enedwaith. Por parte de los Corsarios había un tipejo enjuto y bizco. Sus ropajes eran ampulosos aunque algo inútiles para su función práctica; más bien estaban hechos para lucir e impresionar. Representando a los Dunlendinos había un medio orco al que, sin él saberlo, le habían arrebatado una hija hacía muy poco. Encabezando a los Hombres Salvajes se encontraba un regordete y barbudo tipo al que habían engañado para estar allí y que atendía al nombre de Mendrugo. El grupo se completaba con los otros dos oriundos del lugar, además del Corsario: el hombre de Harad, al que daba grima mirar y había que tener mucho arrojo para oler sin tener nauseas, y un descenciente de los Numenoreanos Negros, de mirada esquiva, que estaba más pendiente de no ser apuñalado por uno de sus propios hombres que de la conversación que allí tenía lugar.
- Estoy harto de pagar tributos a Gondor -dijo el de Harad en un momento clave de su discurso- por eso, ante la pasividad de nuestro pueblo, que no ve cómo los diezmos cada vez son más cuantiosos y la soberbia con que se nos trata desde el reino que nos coarta y exige, he decidido por ello enviar buena parte de nuestras tropas a Enedwaith. Son unas tierras prácticamente deshabitadas y, aunque también pertenecen oficialmente a Gondor, Rohan también está interesado. Por ello, estamos eliminando un pequeño inconveniente: una aldea de elfos, que los correos me confirman que ha sido eliminada y una población humana llamada Rynvörlan que si no es neutralizada por nuestros barcos, será aplastada por nuestros númakil.
- Pero entonces, aventurarse hacia el Norte ¿qué sentido tiene? ¿no es acercarse demasiado a nuestro enemigo? -preguntó algo alterado el Corsario.
- De eso se trata, mi querido amigo -dijo de manera que dejaba clara su superioridad ante el pirata- tenemos que repoblar una zona que no está habitada y reclamar derechos. Esto provocará luchas internas entre los dos reinos que apuestan por gobernar casi toda la Tierra Media.
- ¿Por qué? -intervino el Dunlendino.
- Pura estrategia -dijo el descendiente de los Numenorenos Negros. Enedwaith es el paso perfecto entre el Norte y el Sur. Un enclave magnífico para las rutas comerciales. No está habitado porque hace tiempo los elfos arrasaron casi todos los bosques que allí había y la tierra se volvió árida; pero por algún sitio tienen que circular las mercancías ¿no? -preguntó de manera retórica.

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Última edición por Peluchico el Vie Jun 13, 2008 5:32 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Jun 05, 2008 8:16 pm 
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La plaza de Rynvorlän nunca había estado tan llena de gente. Pero no se trataba de ninguna celebración, sino más bien todo lo contrario: seguía convertida en un hospital de campaña. Histhel y Gasteizo llevaban dos días seguidos sin descansar. Ella usaba sus conocimientos en sanación para curar a los heridos que podían tener alguna posibilidad de seguir adelante y Gasteizo se había convertido en su ayudante. Sobre ellos había recaído la pesarosa responsabilidad de tener que decidir a quién ayudar antes y a quién dejar sin atender por la imposibilidad de salvar su vida. Las vendas hacia ya tiempo que se habían acabado y habían tenido que usar trozos de telas viejas para tapar los desconchón de la piel y cinturones de piel, a modo de torniquetes, para cortar las hemorragias. Histhel estaba hurgando en las entrañas de un herido, recomponiendo sus intestinos para luego coserlo en vivo con una aguja de hueso y Gasteizo le proporcionaba los utensilios que necesitaba.
- Ya no sientes aprensión cuando ves a alguien abierto en canal, Gasteizo -le dijo Histhel-, se podría decir que incluso te gusta ver estas cosas.
- Me he acostumbrado al olor de la sangre, y me gusta arrebatarle vidas a la muerte -contestó el hobbit muy orgulloso.
- Ya, pero eso no siempre es posible -comentó Histhel mientras su herido se retorcía de dolor-. Éste no sé si resistirá esta noche.

Una figura envuelta en una capa marrón apareció por la plaza. Tenía mucha prisa y miraba todo con nerviosismo. Se podía decir que era un manojo de nervios.
- ¡Histhel! -gritó la figura recién llegada acercándose hasta la mujer y provocando que se pinchara con la aguja por la sorpresa.
- ¡Ay! -gritó Histhel y se llevó el dedo a la boca. Gasteizo miró y descubrió al nuevo visitante.
- ¡Es Rána! -gritó muy contento- y detrás viene Esseamal.
- Sí, querido mediano, soy yo. No tengo mucho tiempo, unos múmakil se aproximan a la aldea, van a destruirlo todo y os matarán a todos los que estáis aquí. Debéis huir -dijo tajantemente sujetando a Histhel de los hombros con las dos manos. La mujer le miraba asustada y el herido daba el último suspiro.
- Vaya, otro que se nos ha ido -contestó Histhel a Gasteizo. El mediano le pasó la mano por los ojos y se dirigieron hacia otro herido.
- ¿Es que no me has oído? -gritó Rána que no se había movido de su sitio al lado del muerto-. He dicho que...
- ¡Ya he oído lo que has dicho! -contestó Histhel enojada-. ¡Pero no puedo sacar a esta gente de aquí, muchos de ellos ni siquiera se pueden mover! ¡Y no voy a abandonarles, son mi gente, muchos de ellos son familia mía... están así porque se han arriesgado por nosotros, han dado su vida para que nosotros sigamos vivos! ¡No puedo irme... -Histhel rompió a llorar presa de un ataque de ansiedad. Rána corrió hacia ella y la abrazó. Gasteizo las miraba y unas lágrimas asomaron a sus ojos. Se escuchó un murmullo que provenía del otro lado del hospital de campaña. Un montón de jóvenes, Aksanvákvet en su mayoría, llegaban hasta allí camino del río para ayudar a los que todavía quedaban allí.
- Vaya, parece que llegan los refuerzos -le dijo Rána a Histhel que también estaba sorprendida y a Esseamal que se le iluminaron los ojos-. Ahora sí podréis llevar a los heridos a las cuevas.

Una parte del grupo se quedó para ayudar a Histhel y Gasteizo con los heridos y otra parte siguió su camino. Rána se unió a ellos y en un par de horas llegaron a la orilla del río. Cuando vio a Baldor se lo encontró cavando un agujero profundo y estrecho.
- Una fosa muy pequeña para un hombre tan grande -comentó Rána en tono de mofa.
- ¡Maldita istarë! -contestó Baldor alegrándose de verla- siempre apareces en el mejor momento.
- Vengo a avisaros de que se acercan un grupo de...
- Múmakil -le interrumpió Ardealthal, que estaba todo sudoroso y mostraba un torso desnudo y bien musculado, detalle éste último que no pasó desapercibido para la istarë.
- ¿Cómo os habéis enterado? -preguntó Rána.
- No soy mariscal del Folde Oeste sólo por ser un buen estratega, militarmente hablando -contestó Baldor-, sino por mi capacidad para adelantarme a mis enemigos, habilidad que me ha permitido seguir con vida unos cuantos años más que la media de cualquier soldado. Encontramos un Fedaikin, con lo que sacamos dos conclusiones: la primera, que la alimaña a la que doblaba sigue viva y que muy cerca de aquí habrá un grupo de olifantes. La razón, cuando el cabecilla de un grupo decide llevar a un Fedaikin a su lado, es que sabe que es su última baza, y entonces decide jugar todas las cartas y sacar a los múmakil de paseo.
- Me has dejado sorprendida. También he de deciros que cierta mascota que yo tenía también viene de camino, pero esta vez está de nuestra parte, nos ayudará con la lucha contra esas bestias.
- ¿El balrog? -preguntó Ardealthal asustado-. ¿Otra vez esa bestia?

Rána se rió de la cara de susto del montaraz, pues sería su tercer encuentro con el monstruo. Baldor también se rió, pero miró a la istarë de reojo, como si no se fiara mucho de ella. Rána no se fiaba en absoluto de ninguno de los dos.

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Última edición por Gwirdyon el Mié Jun 11, 2008 3:21 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Jun 06, 2008 5:21 pm 
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Ardealthal se había desprendido de la mayor parte de sus ropas para poder trabajar más a gusto. Cirus no, ya que su rango le exigía cierto decoro. La lluvia sorprendió a todos cuando estaban preparando la trampa para los múmakil. Por un lado resultó refrescante para una labor tan intensa y cansina. Librarse del calor cuando ya iban hacia la época más calurosa del año y la contribución del agua al reblandecimiento de la tierra resultó altamente beneficioso. Pero por otro lado la visibilidad disminuyó, lo que dificultaba la localización del enemigo, además de hacer impracticables los fondos de los agujeros que habían hecho.

De pronto vieron volando una criatura que cayó cerca de ellos, casi en una de las zanjas.
- ¡Peluchico, es un balrog! -exclamó Gorion.
- Es el balrog -respondió éste, que no podía creer lo que veía, ya que no había aterrizado correctamente sino, más bien, de bruces.

La bestia se incorporó, agitó la cabeza repetidas veces como para despejarse y salió a la carrera en dirección Sur. Todos excepto uno estaban perplejos.
- ¡Los múmakil, los múmakil están aquí! -dijo Ardealthal, al que no le cabía duda de la escena que acababa de presenciar-. ¡Recojamos todo, rápido! ¡Están más cerca de lo que pensábamos!

Justo en ese momento, un hombre mayor de Harad que parecía al frente de la expedición de las bestias, observaba al pie de una de ellas, la más grande y fiera, cómo uno de sus hombres registraba a los dos soldados de Gondor que se habían enviado hacia el Sur para vigilar la llegada de los forasteros, cuando vio acercarse a un hombre tambaleando. No podía creerlo.
- ¡Moss, hijo mío! -dijo el viejo con tono de sorpresa y pesar-. ¡Atendedlo rápido, inútiles! -espetó a sus asistentes personales.
- Agua, agua -decía en un susuro quejicoso el asesino, fruto de la unión de un hombre de Harad con una descendiente directa de los Numeroneanos Negros.

Mucho más al frente, a varias millas de distancia, los soldados que iban sobre una plataforma colocada sobre uno de los múmakil disparaban sus flechas contra Escheron, mientras él destrozaba las entrañas de la extraña montura.

En una reunión privada en los aposentos que se le habían preparado en los estuarios de Umbar, Mendrugo, el hombre salvaje, acostumbrado a ambientes menos sofisticados, se sentó en el suelo para seguir hablando con Wulfeon, el padre de Wulfa.
- Yo no lo veo claro -dijo el asilvestrado echándose las manos a la cabeza-. Me parece que lo que quieren los de Umbar es arriesgado y muy complicado.
- Siempre podemos sacar tajada; sólo quieren que colaboremos un poco y después no nos harán pagar aranceles. Yo ya les ayudé enviando a mi propia hija a despejar el bosque donde vivían los elfos.
- ¿Eso hiciste? -respondió perplejo-. Yo solo les dejé a buen precio unas estatuas. Por cierto, ¿qué tal está tu hija, que no la veo desde que tonteaba con un amigo mío?
- Bien estará. Según dijo Lur-Un Usurpha en la reunión, la misión que le encomendé ya está cumplida. -Y después de unos instantes de pensamientos erráticos prosiguió:- Y como me has dicho que se llamaba el patán que quería meterse bajo las faldas de mi preciosa hija?
- No te lo he dicho, si no recuerdo mal -dijo rascándose el cogote-. Se trata de Ardealthal Gelideon, bastante apuesto y señorito para ser un montaraz del Norte.

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Última edición por Peluchico el Vie Jun 13, 2008 5:30 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Sab Jun 07, 2008 5:58 pm 
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La llegada de la gente de las cuevas había sido un alivio para Histhel y para Gasteizo, que habían visto incrementadas las manos con las que ayudar a los heridos. Tras el final de la escaramuza de Rynvorlän, los supervivientes habían sacado de entre los muertos a todos aquellos compañeros que tenían alguna esperanza de sobrevivir y los habían llevado al improvisado hospital de campaña en la plaza de la aldea. Tras el recuento de heridos, el número se elevaba a varias decenas, demasiados para las cuatro ocupadas manos que hasta ahora se habían hecho cargo de ellos.

- Me alegro mucho de que estés aquí -dijo Histhel a Esseamal, mientras atendía a un muchacho joven que la miraba con un ojo cerrado y otro abierto.
- No tenía intención de quedarme aquí, Rána y yo bajábamos para avisar a los soldados de Rohan de la llegada de los olifantes, pero al verte con esa cara, y estando tan sola, me vi en la obligación de quedarme y ayudarte.
- ¿Íbais a ayudar a los soldados de Rohan? -preguntó la montaraz sorprendida-. No es eso lo que yo os enseñé cuando fundé el grupo de los Aksanvákvet.
- Los tiempos cambian. Ahora no son ellos nuestros enemigos y debemos luchar juntos para que nuestras fuerzas sean mayores...
- ¿Es que no te das cuenta de que os ayudan porque les interesa? -le interrumpió Histhel enojada-. Les interesan estas tierras, que no pertenecen a ninguno de los dos grandes reinos. Ahora lucháis contra los de Harâd, y son enemigos de todos, pero ¿qué pasará cuando esa rencilla acabe y los de Gondor también reclamen este territorio? ¿Os pondréis de nuevo de parte de Rohan porque os han ayudado en esta lucha?
- Cuando llegue ese momento ya veremos...
- ¡No! ¿Es que no comprendes que mientras tanto la gente va tomando posiciones? ¡Los Aksanvákvet no pueden ponerse de un bando o de otro según les corresponda! ¡Sólo tenemos un bando, el nuestro! -Histhel estaba ahora muy alterada y su enfermo cerró los dos ojos para hacerse el dormido y simular que no había oído nada.
- No, Histhel... -Esseamal miraba a su amiga severamente.
- Sí, ya veo que en mi ausencia os habéis ablandado mucho y ya es hora de que alguien vuelva a retomar el mando de este grupo.

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Última edición por Gwirdyon el Mié Jun 11, 2008 3:23 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Sab Jun 07, 2008 7:03 pm 
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Algo se revolvía en las tripas de Mendrugo, el Hombre Salvaje. Él mismo se consideraba un bruto y rústico individuo, salvaje con sus enemigos y sencillo en la manera de vivir. Recordaba la reunión en los estuarios de Umbar y la posterior conversación con Wulfeon, y no lograba conciliar el sueño. Iba a partir al día siguiente con el padre de Wulfa hacia sus respectivos territorios, al Noreste de donde ahora mismo se encontraban, más allá del río Agua Gris. Sin embargo, se incorporó en su cama de lana y después de un segundo de reflexión se puso su tosco calzado y decidió abandonar sus aposentos en mitad de la noche. Solicitó sus dos caballos a los guardias del lugar y le dijo al guardián que parecía estar al mando que disculpara su partida al resto de los miembros de La Mesa. Cuando llegaron con dos excelentes caballos ni siquiera esperó un instante para perderse en dirección a sus tierras, cedidas a su pueblo por los Gondorianos.

Por supuesto, para entonces, la batalla en Rynvörlan se había desatado. Cuando uno de los Olifantes que iban abriendo camino cayó en un agujero y el resto frenaron en seco, los hombres de Rohan, ayudados por los pocos soldados de Gondor que quedaban, redujeron a meras astillas la plataforma sobre la que iban subidos los Haradrim, con ellos dentro, por supuesto. Mientras, Escheron comenzaba a luchar contra su segundo contrincante, ya que el Olifante que había osado lanzarlo por los aires, yacía muerto y desangrado una milla atrás. De sus ocupantes no había quedado nada comestible por los alrededores.

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Última edición por Peluchico el Vie Jun 13, 2008 5:28 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Lun Jun 09, 2008 2:47 pm 
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Histhel había lanzado unas palabras muy duras a Esseamal, y ésta había reaccionado alejándose de su amiga y ocupándose de otro herido. Gasteizo las miraba a las dos con tristeza, sin atreverse a decir nada, pues no entendía bien de qué estaban hablando y tampoco había visto nunca a su socia comportarse de esa manera.

- Se pasa doce años fuera de aquí y luego vuelve y quiere encontrar las cosas tal como las dejó -farfullaba Esseamal entre dientes, y el herido a quien atendía escuchaba atentamente-. No tiene ni idea de lo que ha ocurrido en esta aldea en estos años, aún no sé cómo le sigo hablando después de cómo me ha tratado...
- El tiempo pasa y los tiempos cambian -contestó el herido a quien Esseamal creía dormido. Esseamal dio un respingo y le miró sorprendida-, y tu amiga lleva fuera demasiado tiempo. Quizá venga bien algo de aire fresco del exterior que ayude a ver las cosas de otra forma.
- ¿Y tú qué sabes? -le espetó Esseamal furiosa. El enfermo sonrió. Debajo de toda la capa de lodo y sangre que le cubría la cara haciéndolo casi irreconocible Esseamal descubrió esa sonrisa que siempre recordaba en sus malos momentos-. ¡Storem! ¡Eres tú! Pensé que habías muerto, esto...
- Mala hierba nunca muere -contestó Storem.

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NotaPublicado: Lun Jun 09, 2008 7:54 pm 
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El alcalde Roitakorko, enviado desde Gondor para organizar y gobernar Rynvörlan tiempo atrás, no pudo soportar ver cómo los olifantes aplastaban bajo sus enormes patas todo un pueblo. Armado con una lanza improvisada a partir de un palo de escoba se abalanzó contra uno de ellos hasta que éste lo agarró con la trompa y lo mandó a la otra punta del pueblo volando. Todos los habitantes de la aldea que lo vieron, y muchos de los soldados de Rohan y los pocos de Gondor que por allí había, así como Ardealthal y Gorion, sintieron flojear las fuerzas en su interior pues, por un lado, el alcalde era muy querido allí y les había estado dando ánimos y, por otro, comprobaron de lo que eran capaces las bestias.

Los soldados habían logrado acabar con el que había caído en la trampa gracias a las piedras que, finalmente, lo habían dejado ciego y, por último, le habían dado en la nuca, uno de sus pocos puntos débiles en esa vasta extensión de dura piel.

De pronto, otro monstruo pisó uno de los agujeros pequeños cuajado de estacas. Soltó un rugido medio barritado y comenzó a correr desesperado, cojeando. Los caballos de Rohan y los que los aldeanos se habían agenciado de los Haradrim se desbocaron muertos de miedo y algunos jinetes mordieron el polvo. Tras un momento de incertidumbre, Gorion logró asirse al múmakil, como él lo llamaba, y ascender hasta la plataforma donde le esperaba la ofensiva de nueve hombres de dientes mellados y mirada obsesiva. Hábilmente, fue sembrándolos por donde pasaba la bestia a medida que ésta avanzaba y cuando sólo quedaba uno, ese último se tiró a tierra él solo viendo que era su única oportunidad de sobrevivir, con la mala suerte de que detrás iba otra bestia, que le pegó un trompazo descomunal que lo deshizo. Gorion agarró con todas sus fuerzas su espada y a modo de descabello, como se sacrifica al ganado vacuno en época de matanza, le incrustó el filo hasta la empuñadura. El múmakil se quedó agarrotado y cayó muerto.

Mientras, los soldados, bajo la estrategia de Baldor, se enfrentaban no con muy buena fortuna a una de las bestias de mayor tamaño.
- ¡Y eso que todos los que quedan son más pequeños que en otros tiempos! - bramó el Mariscal-. Vosotros, disparad flechas incendiarias a la plataforma, hagamos que huyan de ahí como ratas. Y tú y tus hombres mantenedlo acorralado. Tal vez caiga en alguna de las trampas- continuó, dando órdenes precisas y firmes.

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NotaPublicado: Lun Jun 09, 2008 9:21 pm 
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Sudor, sangre, agua, barro. El cansancio agarrotaba la poderosa musculatura del veterano militar. La batalla ya se alargaba mucho y sobre todo el enfrentamiento con los Olifantes. Las técnicas de combate de siempre eran o ineficaces o costaban ingente cantidad de tiempo y vidas. De repente, del pasado surgió una imagen ...

Pelennor, una fila de animales furiosos en paso de carga, dos jinetes en un caballo escabulléndose por la panza de uno de los animales y dos tajos en las corvas de las patas traseras. El animal paró casi en seco y ya no se movió.

Rápidamente miró a su alrededor y vio un grupo de 15 arqueros...

-Brisco coje a tus hombres, ve al flanco de esas furias y dispara flechas de media luna a los ligamentos de las patas traseras.

Los ojos del jefe de arqueros se iluminaron y haciéndole una señal a sus hombres se dirigió a cumplir aquella orden. Nadie lo sabia pero la vida de las montañas de carne estaba sellada.


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NotaPublicado: Mar Jun 10, 2008 12:10 am 
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Pero...la batalla en Rynvölan se había desatado. El soldado que llevaba a la chiquilla la soltó con cuidado -pero sin miramientos- de nuevo en el suelo, y se afanó en matar a los Haradrim que quedaban. Waykim con el fragor, los temblores del suelo, y el griterío se descubrió empapada…estaba sola en aquel arenal cerca del río. Se levantó, trató de caminar pero se sintió desfallecer, llevaba sin comer… no recordaba, agotada volvió a caer.

La señora Dürsel pensando en los vecinos que quedaban en la batalla quiso traerlos de vuelta, y envió a algunos hombres con heridas leves, -pero que no podían ya luchar- a dar una vuelta por la playa, junto con Esseamal, ya que escuchó la discusión entre las dos amigas, pensando que al menos una dejaría de discutir, si cambiaba de lugar…

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NotaPublicado: Mié Jun 11, 2008 3:35 pm 
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- ¡Viejo zorro! -exclamó Histhel al descubrir que su buen amigo Storem estaba vivo- ¿sabes algo de Twokwén?
- No... -el joven fornido cerró los párpados y negó con la cabeza, gesto que le produjo un dolor insufrible-. Nos separamos en el río. Se metió dentro de uno de los barcos para atacarles y a mí me arrastraron hacia abajo del río. Allí nos separamos...
Esseamal miró al suelo cabizbaja, pensó en su hermana Vinga, a quien hacía tiempo que no veía y que no había venido acompañando al grupo de Aksanvákvet que habían bajado de las cuevas unas horas antes. Levantó la cabeza y buscó entre los que ayudaban a los heridos, pero no la vio. Justo entonces se acercó uno de los heridos a quien ella misma había curado en casa de Rána, que le pidió que la acompañara hasta la orilla de la playa con la intención de volver a por más heridos leves a quienes llevar hasta la casa de la istarë. Esseamal miró a Histhel y Storem, que charlaban amigablemente y pensó que le vendría bien alejarse de allí para no volver a discutir.

En las cuevas tan sólo quedaban ancianos, madres y niños. Todas las manos fuertes, incluidas las de Vinga, capaces de levantar un arco o una espada habían bajado hacia la orilla del río con la intención de ayudar a los rohirrim y a los aldeanos que valientemente habían defendido sus tierras a costa de sus vidas en la gran mayoría de las ocasiones. Las cuevas eran un buen refugio, estaban escondidos y alejados del fragor de la batalla. Pero las provisiones empezaban a escasear. Si querían alimentarse debían salir a cazar, y esa era una tarea difícil para ancianos y mujeres acompañadas de niños. Una de esas madres, ante la situación que se les avecinaba de quedarse son alimentos, propuso bajar de nuevo a la aldea para ayudar con las tareas de curar a los heridos, pero apenas pudo alejarse unos metros cuando vio una hilera de puntos negros a lo lejos que se dirigían hacia donde ellos estaban. Los jóvenes que habían bajado hasta la aldea comenzaban a subir a los heridos que podían caminar para buscarles refugio en las cuevas. La sorpresa fue mayúscula cuando las mujeres empezaron a reconocer a sus maridos, hermanos e incluso hijos entre los heridos que habían llegado hasta allí.

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NotaPublicado: Mié Jun 11, 2008 8:23 pm 
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El montaraz Ardealthal, al ver que los Olifantes se acercaban peligrosamente a las primeras casas de la aldea, después de haber chafado un buen número de graneros y otras edificaciones menores, salió corriendo hacia la Plaza Mayor, donde sabía que estaban los enfermos. Allí se encontró con una fila de camillas fabricadas a partir de restos de muebles o puertas sacadas de sus bisagras que transportaban a los enfermos en fila, como hacen las hormigas. Se sintió aliviado al ver que desalojaban el lugar por el que era probable que pisaran los Olifantes. Un barritido, que recordaba en parte al rugido de las grandes bestias que comen carne, encogió los ánimos de todos los allí presentes. Echó mano de su carcaj y cuando vio a Histhel la encomió a que siguiera sus pasos. La también montaraz sintió en su interior que debía hacerle caso, aunque primero echó una mirada a los Aksanvákvet para comprobar que se las apañaban ellos solos.
Bajaron una pequeña cuesta y, al otro lado de un campo cultivado, vieron el lomo del bicho gigante que tumbaba árboles hacia los lados para hacerse camino a través del bosque.
- Éste no ha venido por donde los demás -le dijo a la mujer.
- Y le siguen al menos otros tres más -añadió ella señalando mucho más allá del que se encontraba en primer término.
- ¡A los ojos! -gritó Ardealthal y disparó una flecha que erró, rebotando en la impenetrable piel del ultrajante ser.
Histhel tuvo mejor puntería y le atravesó uno de los ojos. El Olifante agitó brúscamente su cabeza e hizo que uno de los hombres que estaban montados sobre su plataforma, cayera desde la enorme altura que medía y se abriera la cabeza contra el suelo. Los demás prepararon sus arcos después del descubrimiento de la emboscada. pero algo le ocurría al monstruo, que no coordinaba bien sus movimientos. Empezó a tambalearse y finalmente cayó al suelo incapaz de seguir. los Haradrim saltaron a tiempo.
- ¿Qué ha ocurrido?`-preguntó Ardealthal intrigado.
- Emponzoñé la punta -contestó Histhel orgullosa y miró al montaraz que la había perseguido durante días al confundirla con su hermana gemela. Las miradas se encontraron y el tiempo pareció detenerse durante un instante. Los endrinos que se acercaban corriendo les hicieron salir de su ensimismamiento. Mataron uno a cada uno de los dos primeros con sendos flechazos certeros. Para enfrentearse al resto, tuvieron que sacar sus espadas.
Ardealthal demostró gran maestría desarmando a dos a la vez y acabando con ellos en un momento. Histhel no se quedó corta cuando le cortó la cabeza a uno de un tajo y se enzarzó con otro en una lucha difícil de seguir con la vista, en la que las espadas cambiaban de posición desenfrenadamente.
Tres más rodearon pronto al mercenario, y Histhel se deshizo pronto del maestro de la lucha que le habia tocado en suerte. Conminó con la mano a que se acercara al único que se había quedado rezagado y, mientras, sacó una daga y se la clavó entre las paletillas a uno de los que atacaban a su reciente compañero de fatigas. Ardealthal se las arregló bastante bien a partir de ese momento para controlar los embites de los otros dos. Uno murió de un corte en el cuello que hizo brotar sangre como un cerdo, bombeada rápido por la ira. El otro, herido y humillado por la precisión del estilo bélico del montaraz, pereció después de un minuto en el que Histhel se paró a observar la lucha sin perder de vista a los Olifantes que se acercaban. El rezagado ya estaba muerto, con la daga del Ardealthal en la frente. Recogieron sus armas, limpiándolas en las ropas de los muertos y salieron de allí a toda velocidad para avisar a los Rohirrim de la llegada de otros tres Olifantes más.

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Última edición por Peluchico el Vie Jun 13, 2008 4:22 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Jun 13, 2008 1:15 am 
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- Éste no ha venido por donde los demás -le dijo Ardealthal a la mujer.
- Y le siguen al menos otros tres más -añadió ella señalando mucho más allá del que se encontraba en primer término. Los olifantes que acababan de llegar a la aldea no pertenecían al grupo de bestias que habían atacado anteriormente. Se trataba de olifantes más pequeños de tamaño, pero más fieros, se les notaba más jóvenes e inexpertos. Los tres que quedaban todavía aparecieron por la línea del horizonte y sus ocupantes visualizaron la fila de heridos que subían hacia las cuevas.

Por otra parte, la reunión en el sur había llegado a ciertas conclusiones y las tribus aliadas habían puesto en movimiento a parte de sus efectivos y comenzaban el largo camino hacia el norte, camino de Rynvorlän.

Mendrugo, que había salido huyendo de la reunión en cuanto se enteró de lo que tramaban, alertó a su gente por medio de las palomas mensajeras y éstas comenzaron también el largo trayecto desde el este hacia la otra punta de Arda. Deberían recorrer muchas millas y varios días de viaje hasta llegar a su destino. Pero su paso por Gondor y Rohan no pasaría desapercibido para los gobernantes de dichos reinos.

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NotaPublicado: Vie Jun 13, 2008 5:12 pm 
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Casi sin resuello, Ardealthal, tras despedirse de Histhel, solicitó hablar con Baldor que se encontraba dirigiendo a sus diezmadas tropas contra dos Olifantes como los que habían matado y otro más mucho más grande, sobre el que cabían casi cuarenta personas, entre las que se encontraban Moss-Eguirta Fraouit y su padre el gran Moss-Yamal Fraouit. Le dijeron que era imposible. Entonces, dispuesto a todo con el fin de avisar a tiempo, desoyó lo que le dijo el guardián de las armas de reserva, un chaval que sería en el futuro un buen soldado y se acercó de todos modos al mariscal.
Una vez informado, decidió dividir la compañía para atender la amenaza que se cernía sobre Rynvörlan desde otro flanco, lo que se tomó desde las plataformas de los Olifantes como una pequeña victoria. Pero un momento después vieron cómo otro Olifante, que se había quedado rezagado luchando con Escheron, caía destripado. Moss-Yamal Tafraouit se revolvió en su puesto pensando optimistamente que sólo le quedaban siete bestias, sin saber que Histhel y Ardealthal habían eliminado otra de las que se acercaban por la linde del bosque.

El rugido del balrog, que devoró a los Haradrim que montaban el paquidermo, se oyó hasta en la fila de camillas que transportaban enfermos hacia las cuevas, ya abarrotadas de nuevo. Cerca de ellas se encontraban dos expertos asesinos de Harad, que habían descubierto la operación. Se escondieron en las inmediaciones y decidieron esperar la complicidad de la oscuridad nocturna para enjugar de sangre sus espadas.

Mientras en la aldea la batalla se alargaba de manera interminable, por los cielos una paloma llegó al alféizar de una ventana palaciega, emulando la situación vivida por los Magos Azules, Alatar y Pallando tiempo atrás como cuentan algunas crónicas. La institutriz de una joven de abolengo la vio y la agarró con cuidado de inmediato al ver que llevaba una nota en la pata. Un momento después, la nota llegaba a manos del padre de la joven, que se encontraba sentado sobre un lujoso sillón profusamente labrado; una obra maestra tallada por algún cincel privilegiado. Éste dejó de administrar asuntos rutinarios por un momento y se concentró en la lectura.
- Debemos ayudar a un amigo -dijo de pronto ante toda la comitiva que le acompañaba, y se dirigió a sus habitaciones dispuesto a vestirse para la guerra, no sin antes fijarse en las maravillosas esculturas que rodeaban la estancia y que eran regalo del mismo artista que había lijado personalmente cualquier imperfección de su trono.

No tardó ni lo que cuesta hacer una digestión frugal en estar listo junto a dos centenas de sus mejores soldados. Hasta donde podían llegar sus conocimientos, el territorio de Enedwaith pertenecía al rey Elessar o al menos éste último decía que era suyo; Elessar era el rey al que juró someterse tiempo atrás, junto a la mayor parte de los Hombres del Este, después de haber tenido la mala experiencia de luchar contra Gondor durante la Guerra del Anillo. Era la mayor vergüenza, el mayor deshonor que había cometido su pueblo y estaba dispuesto a subsanarlo. Era la mejor oportunidad de recobrar el orgullo Esterlinga a la par que le hacía un favor personal a su amigo Mendrugo.
Algunos, después de la Batalla de la Puerta Negra decidieron oponerse a lo inevitable y otros huyeron de allí, unos pocos pidieron clemencia y por último, algunos vieron la posibilidad de una negociación provechosa para todos. Él estaba entre los últimos. Aseguró la lealtad al Reino de Gondor de los Hombres del Este que se quedaran allí. Mientras tanto, otra paloma se acercaba al castillo del mismísimo Rey Elessar.

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NotaPublicado: Dom Jun 15, 2008 2:48 pm 
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Mientras en las cuevas reinaba la alegría por los reencuentros de familias, en la orilla del río y en el campo de batalla la situación era otra. Esseamal reconocía a varios de sus vecinos destrozados, los soldados que la acompañaban los amontonaban para después ver que se hacía con ellos. Recorrida casi toda la orilla pensaban en volver cuando distinguió en la arena una mancha granate, que desentonaba con el ocre del terreno, un bulto menudo.-no es una duna, qué extraño….- pensó mientras se acercaba, mirando un segundo hacia atrás, asegurándose donde estaban los compañeros que bajaron con ella. Cuando quitó la capa que cubría a Waykim un agudo grito salió de su garganta.- NOOO!!!!.-Al momento los soldados a su lado.- qué ocurre, qué pasa???.- alertas mirando a todos lados, cerrando un circulo en torno a ella. Esseamal se arrodilló junto a su hermana menor, y arrasada en lágrimas la llevó en brazos…
La aldea ya no tenia heridos, los más graves se los llevaron al linde del bosque, los leves de vuelta a las grutas…En la Plaza Mayor se libraba una lucha encarnizada...

Mientras tanto, otra paloma se acercaba al castillo del mismísimo Rey Elessar. Entró por la ventana que halló abierta justo en el salón del trono, el mismo Elessar al verla entrar quiso recoger el mensaje: Baldor Mariscal del Folde Oeste, junto con vecinos luchan contra Moss-Yamal Tafraouit y Olifantes , tan solo un balrog como apoyo por Rynvölan, aldea de vital situación estratégica…el Rey se dio vuelta y convocó a sus generales…

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NotaPublicado: Lun Jun 16, 2008 1:54 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
- ¡Consejero! -prorrumpió de pronto el Rey Elessar- ¿No habían desaparecido todos los balrogs?
- Por lo visto no, mi Rey.
- Curiosa... su posición en esta batalla. -Y viendo entrar a sus generales con cara de alarma siguió hablando-. Venid, sentaos por aquí. -Después de unos instantes en que todos se acomodaron, dijo:- Os he reunido porque la región de Enedwaith, regencia de Gondor desde la Guerra del Anillo, aunque abandonada desde entonces por no ser una buena tierra ni de labranza ni de nada, está siendo atacada e invadida. -Miró a su Consejero y le preguntó por una aldea llamada Rynvörlan, que aparecía en el mensaje de la paloma; después le conminó a que él mismo describiera la situación apremiante de la aldea.
- Rynvörlan es una aldea de hombres que se encuentra en la orilla de Enedwaith del Río Gris o Gwatló. Ni siquiera aparece en lo mapas pese a haber crecido bastante en población durante la última generación. Estuve allí para unos asuntos... personales hace un tiempo.
- Junto a ella había un grupo de elfos que la protegía -interrumpió el rey-, sin embargo, por la nota he de deciros que éstos han sido muertos por los dunlendinos -dijo, recordando las luchas internas de un compañero de correrías de sus tiempos de montaraz, que decía tener sangre dunlendina y que atendía al sobrenombre de Peluchico.
- Tiene un embarcadero, lo que supone tanto una vía de escape como un punto débil de fácil acceso para el enemigo -dijo uno de los generales más fuertes y de mirada sincera.
- Debemos recuperar esas tierras para nuestros protegidos. Los Rohirrim son nuestros aliados, ¡no lo olvidéis nunca! -dijo más alto de lo normal.
- Pero tampoco tenemos que dejar que nos saquen las castañas del fuego salvando parte de nuestro territorio pudiendo hacer ese trabajo nosotros mismos, especialmente si luego nos piden llegar a algún acuerdo sobre las rutas comerciales que por allí atraviesan -dijo el Consejero, más preocupado de los negocios que de salvar las vidas de los súbditos que habitaban Enedwaith.
Todos los generales asintieron con la cabeza, aunque al Rey Elessar no le había convencido el tono usado por su hombre de confianza.

Bastante lejos de allí, en las inmediaciones de la casa de la istarë Rána, Fehn ayudaba a Beoren a colocar armadijos, siguiendo las enseñanzas que el truculento Cain le había proporcionado a éste último en el arte de la trampería. Lembillo, sin embargo, se entretenía haciendo versiones en miniatura de esas mismas trampas, con el fin de cazar ratones.
- ¿Para qué haces eso? -le preguntaron el beórnida y el chamarilero.
- Tengo un plan -contestó simplemente.

Y a unas millas de allí a vista de pájaro, pero en la otra orilla del río Gwatló la alegría amarga del reencuentro de los habitantes de la aldea y de los Aksanvákvet se tornó en una angustiosa abulia, fruto de la inactividad. Ya oscurecía y se oían a lo lejos los rugidos de los olifantes y el balrog. Los asesinos esperaban con frialdad la puesta del Sol.

En la plaza, un olifante destrozaba los restos del hospital de campaña y una de las casas. Los soldados de Rohan que allí se encontraban, habían acabado con otro más hacía poco y quedaban el grande y unos similar al recién muerto, que habían soslayado las trampas que, con tanto afán, todo el mundo había preparado. Moss-Eguirta seguía tumbado en la plataforma, sujetando las entrañas para que no se le salieran por la herida que Waykim le había infligido. Su padre, al mando de la ofensiva, daba órdenes de ensaetar a diestro y siniestro y parecía estar conectado a la voluntad del olifante de algún modo, puesto que allá donde mirara él Haradrim, hacía allí se dirigía la mole destructora. De pronto, llegaron más soldados a la plaza desde su entrada occidental, la que daba al bosque. Eran los Rohirrim que habían intentado matar a los olifantes de los que Ardealthal y Histhel les informaron. Parecían aterrorizados. Gorion disparaba sus flechas a los ojos de todo olifante que se le pusiera a tiro. Ardealthal hacía lo propio, aunque nunca había sido lo suyo el tiro con arco. El Mariscal Baldor no daba crédito a lo que veía. Llevaban muchas horas resistiendo las embestidas y los colmillazos de los olifantes y, como buen estratega, veía que las fuerzas de sus hombres comenzaban a flaquear.

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NotaPublicado: Mar Jun 17, 2008 12:18 am 
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Hacía varias horas que la lucha encarnizada en la plaza del pueblo había llegado a su punto álgido, y tanto los atacantes como los atacados mostraban importantes signos de flaqueza. apenas unos olifantes se tenían en pie, el más grande de todos y tres o cuatro más pequeños que habían llegado por el otro camino, y el resto de las bestias yacían por el suelo con las vísceras fuera, aquellos que habían tenido la mala suerte de toparse con Escheron en el camino, o con flechas clavadas en los ojos, fruto de la buena puntería de los montaraces y alguno más, y otros habían caído en trampas y no habían podido salir de ellas, así que antes de que los habitantes de Rynvorlän pudieran reutilizar las bestias en su propio beneficio, los propios hombres del sur habían acabado con ellas.

En las cuevas el espectáculo era desolador y, a la vez, ofrecía un pequeño rayo de esperanza, pues aunque heridos, allí se encontraban los mejores soldados, los que habían conseguido sobrevivir. Algunos de ellos tan sólo necesitaban recuperar fuerzas para volver al campo de batalla. Un gran número de los integrantes del grupo de los Aksanvákvet se encontraba luchando codo con codo con los rohirrim, y un grupo mucho menos numeroso, apenas llegaban a media docena, se había dedicado a la clasificación y atención de los heridos.

había oscurecido y la noche, como en otras ocasiones, hacía más difícil la lucha, pues era casi imposible apuntar y disparar una flecha certera sin luz con la que guiarse. Era una oportunidad que los del Sur iban a aprovechar para avanzar en su estrategia de desgaste de las tropas enemigas. Pero algunos más avispados que otros, sabrían hacer buen uso de los escasos recursos para aprovecharse de las circunstancias.

En casa de Rána, Beorem y Fehn habían terminado de colocar todas las trampas que habían podido para proteger la casa de posibles alimañas, ya tuvieran forma humana o animal.
- ¿Dónde está Lembillo? -preguntó Fehn al beórnida. El otro se encogió de hombros dando a entender que desconocía la respuesta a su pregunta-. ¡Ya me está hartando! ¡Se ha pasado todo el día por ahí, dando vueltas e incluso ahora que es de noche sigue buscando quién sabe qué!

Lo cierto es que Lembillo había estado muy ocupado todo el día atrapando ratones con unas trampas de su invención, y su principal preocupación radicaba en que los roedores estuvieran vivos y no murieran en las trampas. Ya había atrapado unas cuantas decenas de ellos y los tenía encerrados en cajas de madera a las que cuidadosamente les había hecho unos agujeritos para asegurarse la correcta respiración de los pequeños truhanes. Aún no había terminado de maldecir Fehn cuando Lembillo apareció frente a él cargado con las cajas de madera, una en cada mano.
- Podemos marchar cuando queráis -dijo Lembillo sonriente. Fehn lo fulminó con la mirada y luego observó las cajas de madera.
- ¿Qué llevas ahí? -preguntó el chamarilero intrigado, dominado por su curiosidad. Beorem también miraba pero no necesitaba preguntar.
- ¿Qué harías si pasaras por un lugar y decenas de mosquitos se colaran por tu nariz y no te dejaran respirar? -dijo Lembillo como respuesta a la pregunta de Fehn. El chamarilero le miró perplejo.
- Pues irme de allí cuanto antes. Pero... pero... ¿qué tontería es esa? Yo te he preguntado qué es lo que...
- Vámonos ya -concluyó Beorem, quien no necesitaba más explicaciones y no quería seguir perdiendo el tiempo. Fehn apretó los labios frustrado y Lembillo salió de la casa dando saltitos con una caja colgando de cada mano.

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NotaPublicado: Mié Jun 18, 2008 12:46 am 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim inconsciente en brazos de su hermana tenia una extraña “visión” : Un cielo encapotado de nubes, ella en el acantilado como tantos días, pescando, pero esta vez no pescaba, miraba el paisaje con tranquilidad, admirando el verdor de sus prados y la belleza del lugar. No estaba sola, intuía, la presencia de alguien que le daba serenidad. Sin saber como se descubrió respondiendo a alguien que le preguntaba sobre la batalla, sobre Olifantes –que no había visto- y como ayudar a su pueblo…sin dudar ni un instante accedió .- seré tú mensajera.- se oyó decir.- pero debo saber… .-
.- Sí, solo si es necesario lo dirás, mi nombre Celebwën, Maië de Luz Plateada, enviada de los Ainur.- La chiquilla tomó conciencia de la impresión, mirando a la cara de su hermana que casi la deja caer del susto.
.-Debo ver al Mariscal, ahora!!!.- dijo débil, pero firme. Esseamal pensó que se había vuelto loca….-te llevaré cuando sepa que estás bien.- respondió esta.
.-Solo necesito algo de comer y estaré nueva, debo ver al Mariscal, es muy urgente.- replicó con determinación y serenidad. Esta vez Esseamal asintió cambiando de parecer.- Comerás y verás al Mariscal….-respondió.- si te dejan los Olifantes.- pensó para sí.

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NotaPublicado: Mié Jun 18, 2008 11:43 am 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
En su sueño onírico fruto del dolor, Waykim veaía una cara tatuada que le agitaba el corazón como una sanguijuela cuando se le echa sal. El delirio de la visión y la fiebre la hacían temblar. Por las lágrimas de su hermana se precipitaban las lágrimas sin parar mientras huía del lugar hacia las cuevas.

Mientras, Lembillo, seguido de Beorem y Fehn, se acercaba a Rynvorlän con paso seguro, los soldados de Rohan y un bastante recuperado Grömdal el gondoriano y padre del hijo de Histhel, así como Ardealthal el montaraz, Gorion el elfo y algunos aldeanos intentaban acorralar en el centro de la plaza al único olifante que quedaba. Pero el tamaño del mismo se lo ponía difícil. Las flechas de los mejores arqueros erraban al no llegar tan alto, sin embargo, las de los Haradrim hacían blanco cada vez con más asiduidad. El desánimo comenzó a correr entre las huestes del bando de los del Norte.

Entonces fue cuando más de doscientos militares emprendieron el camino hacia Enedwaith. Después de unos momentos de incertidumbre de los habitantes del lugar, vieron que el mismo señor de los Esterlingas, que había reunido a todos los Aurigas y Balchoth exiliados por no estar de acuerdo con el poder imperante durante la Tercera Edad, salía con sus mejores soldados hacia la batalla. Una nueva paloma mensajera llegó hasta Baldor. Había sido enviada para avisarle de la próxima llegada de los Esterlingas en una misión de apoyo. Al Mariscal se le saltaron las lágrimas pero al ver que uno de sus hombres se le quedaba mirando, disimuló. La unión contra el enemigo debía dar sus frutos.

Así estuvieron luchando contra la bestia mientras el diantre llamado Escheron sobrevolaba el lugar e intentaba destrozar la plataforma de los Haradrim, aunque algo le impedía hacerlo.
- ¡La oscuridad habita en ti! -gritó Moss-Yamal mirando al balrog- ¡Yo soy oscuridad!
- Padre, deja que lance algunas botellas de fuego -espetó Moss-Eguirta-. Ya me encuentro mejor. Moss-Yamal le acercó una con sus propias manos.

De pronto, las casas de alrededor empezaron a arder por culpa de las botellas inflamables, tornando el paisaje en un símil de tamaño pequeño de Mordor. El olifante destruía con su trompa cualquier defensa, lanzando soldados disparados, por doquier, y aplastando a cuanto rohirrim se le acercara.

Sin aviso previo, una figura menuda se deslizó entre los militares a gran velocidad. Sólo se veía por el reflejo de los edificios ardiendo pero Ardealthal lo reconoció: era nada más y nada menos que Lembillo, el aprendiz de chamarilero. Éste se escurrió hasta debajo de las patas del olifante y esperó el instante preciso para lanzarle unos bultos hacia la trompa. El chico, después de esta operación tuvo el tiempo justo para salir pitando de allí, puesto que la bestia pareció enloquecer de pronto. Se agitó bruscamente y se tiró al suelo, volcando su carga. La mayor parte de los haradrim consiguió ponerse en pie pronto dispuestos luchar a muerte con los militares. Pero Moss-Yamal vio que no tenían escapatoria. Ordenó la rendición, lo que revolvió más las tripas de su hijo que la propia herida que llevaba. Escheron acabó con el olifante, que exponía ahora sus zonas vulnerables y después salió de allí huyendo, en contra de unos nuevos deseos de destrucción que la cercanía al mal personificado en los Tafraouit, le habían vuelto a despertar.

Los vítores del final de la batalla inundaron la aldea. Todos se abrazaban mientras los prisioneros eran atados y conducidos a buen recaudo. Ardealthal y Gorion, aufóricos, corrieron a saludar a Lembillo, Fehn y Beorem. El aprendiz sólo les dijo un par de frases:
- Aún me ha sobrado uno de los sacos de ratones. Si lo sé no pierdo tanto tiempo cogiéndolos.

A unas millas de allí, en la entrada a las cuevas, iluminadas por los primeros rayos de luz matinal, una exhausta Esseamal transportaba a su hermana pequeña herida de gravedad, cuando algo en el ambiente le dijo que no todo andaba bien. Se acercó arrastrando los pies hasta la gruta y entre la penumbra atisbó la tragedia. Nadie en su interior seguía con vida. Dejó a su hermana recostada sobre unos víveres y andubo entre los muertos como quien hace un inventario del espanto. Muchos parecían dormidos; a otros les delataba algún reguero de sangre que seco ya, había salido de su garganta. De pronto gritó:
- ¡No! -reverberando el sonido en un eco de desolación que llenó cada recoveco del lugar.
Al fondo, los cuerpos sin vida de Twokwén y su propia hermana Vinga yacían en un abrazo de amor eterno.

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Última edición por Peluchico el Dom Jun 22, 2008 9:50 pm, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Mié Jun 18, 2008 3:41 pm 
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Esseamal, en su dolor, fue cubriendo los cuerpos con las mantas con que se tapaban en vida, en su mente intentaba dar con una explicación a aquella masacre cuando, al entrar en una de las cámaras de las grutas, encontró la explicación, 5 soldados Rohirrim heridos como estaban habían hecho frente a un destacamento de 20 haradrims armados hasta los dientes y allí estaban los 25 en la última danza de la muerte, los 5 soldados de la guardia habían vengado los asesinatos a sangre fría a cambio de sus vidas.


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NotaPublicado: Jue Jun 19, 2008 12:41 am 
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La tranquilidad había sido el detonante de los últimos días en la casa de Rána. La señora Dursel había cuidado con gran esmero de los enfermos que habían podido acoger en las estancias de la casa. Hacía días que las provisiones se habían acabado, pues alimentar a casi cuarenta bocas no era tarea fácil y más desde que los últimos animales que Beorem y los chamarileros habían cazado se habían quedado en los huesos literalmente.
- Tendremos que salir a cazar -decidió Grinsel-. No podemos seguir aquí encerrados por mucho más tiempo.
- Pero... -interrumpió su madre-, fuera hay muchos peligros.
- Si no conseguimos comida, una de dos -categorizó Grinsel-: o nos moriremos de hambre o nos comeremos unos a otros.

Unos cuantos de los heridos que ya habían recuperado fuerzas se ofrecieron para salir a conseguir alimento. Grinsel cogió su arco y su espada y se dirigió a la puerta con la intención de abandonar la casa.
- ¡Pero no puedes irte de aquí! -gritaba la señora Dursel desde el quicio de la puerta-. ¡No te trajeron a esta casa para que te pongas en peligro de nuevo!¡Eres demasiado valiosa, y lo sabes!
- No puedo seguir aquí escondida, es lo que he hecho los últimos años y no puedo seguir refugiándome mientras otros dan la cara por mí. Debo encontrar a mis hermanos y a Rána.
- No puedo retenerte en contra de tu voluntad -dijo la señora Dursel cabizbaja, con un hilillo de voz y con lágrimas rodando por sus mejillas-, sólo te ruego que no seas temeraria y ten mucho cuidado. Cuando te trajeron aquí estabas a punto de morir y nos ha costado mucho esfuerzo conseguir que te recuperases.
- Lo haré, te lo prometo. Ahora, déjame irme -dio un beso a su madre mientras ésta le miraba con tristeza-, cada minuto que pasa es una eternidad para los que están luchando para que los demás estéis protegidos.

Grinsel partió hacia la aldea, el cielo comenzaba a clarear y un nuevo día se levantaba sobre sus cabezas.

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NotaPublicado: Vie Jun 20, 2008 2:55 pm 
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En el campamento de los Rohirrim, la calma tras las contiendas con los barcos y con los olifantes había llegado en el momento más necesario. Dentro de la tienda central el Mariscal Baldor junto a sus capitanes, Grömdal el capitán de los gondorianos y único superviviente de la partida, el hijo del alcalde de Rynvörlan que actuaba en nombre de su padre fallecido hasta que se convocaran elecciones, y los hombres de confianza del propio Mariscal, es decir, Ardealthal y Gorion el elfo, discutían sobre política y estrategia militar.
- Gracias por indicarme quiénes podían encargarse de llevar al soldado que tú sabes a un lugar seguro -le dijo el Mariscal a Ardealthal de manera cómplice.
Éste se refería al hecho de que hubieran sido los poco sospechosos de confabulaciones Fehn y Lembillo los que habían trasladado a la trilliza Grinsel a casa de Rána. Y mientras Baldor se sentía tranquilo por ese aspecto, nada sospechaba de Grinsel y su impaciencia por irse de la propiedad de la istarë.

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NotaPublicado: Dom Jun 22, 2008 12:43 pm 
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Aunque las heridas de Waykim eran serías no eran mortales; eso sí debían ser curadas…y su hermana mayor, exhausta por todo lo pasado, no era capaz de reaccionar. Estaba sentada junto a la pareja sin dejar de llorar, liberando la tensión acumulada. La chiquilla –reptando- buscó la salida de las cuevas...

Grinsel en busca de noticias y alimentos dirigía sus pasos hacia la aldea.- aunque tarde un poco más pasaré por las cuevas, estar sin noticias me crispa .- pensaba caminando a buen ritmo…

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NotaPublicado: Lun Jun 23, 2008 11:54 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Waykim había conseguido, a duras penas, encontrar una salida de las cuevas. La luz del sol la cegó y no pudo ver con claridad lo que había a lo lejos. Tardó unos segundos en acostrumbrarse a tanta claridad. Vio una figura conocida que se acercaba hacia las cuevas a paso rápido. Waykim se quedó de pie durante un par de minutos hasta que la figura se hizo lo suficientemente grande como para reconocerla: era Grinsel.
"Vaya -pensó la menor de las cuatro hermanas-, si está viva. Creí que había muerto en aquel enfrentamiento." Grinsel siguió caminando a buen paso hasta llegar a la altura de la jovencita que tiempo atrás había estado a su recaudo.
- Me alegra ver que sigues con vida -dijo Grinsel en tono muy serio-. Pero he de decirte que desobedecer mis órdenes es algo muy estúpido que quizá hayas pagado ya con creces.

Waykim bajó la cabeza avergonzada. Le condenaron a cuidar a los heridos y ahora casi todos los que se habían refugiado en las cavernas estaban muertos, pero Grinsel no sabía nada de eso. La trilliza miró a la chiquilla y seguidamente se adentró en el interior de las cuevas para descubrir por sí misma en qué horror se habían convertido.

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NotaPublicado: Mié Jun 25, 2008 8:22 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Conforme avanzaba el día, los caídos en el frente de batalla iban siendo recogidos por otros soldados o por sus propios familiares y vecinos para ser enviados río abajo o lanzados al agadón cercano. La aldea no era más que un amasijo de escombros resecos. En poco tiempo el cielo se encapotó y comenzó una tormenta que todos agradecieron aunque les dificultara la labor. Las lágrimas se mezclaron con las gotas de lluvia en un día aciago.

El Mariscal Baldor hizo los honores en un acto en el que no faltó nadie de los que se encontraban en Rynvörlan, sin saber todavía de la desgracia acaecida en las cuevas.

Sonaron olifantes, una especie de cuerno largo hecho con el marfil de las bestias del mismo nombre, reconvertidos en instrumentos musicales. La solemnidad de la ceremonia sería recordada por todos durante largo tiempo.

Ardealthal, acudió al lado del mariscal, acompañado por Gorion. Éste estaba dando órdenes, flanqueado por Grömdal y Cirus. Por allí también estaban Lembillo y Fehn. Todos se saludaron con alegría incontenida, al ser una buena nueva el ver al resto con vida.
- Traedme al soldado que envié a casa de la istarë. Este chiquillo tan valiente os indicará el camino -dijo el mariscal señalando a Lembillo-. Pero no te escabullas que quiero darte la enhorabuena yo mismo por tu estrategia con el más grande de los olifantes -y dicho esto, frotó el cogote del muchacho, que alzó la barbilla orgulloso-. Y tú también, chamarilero; seguro que también has tenido parte en esta artimaña.
- Fue un placer, Mariscal Baldor.

Después de despedirse del mariscal, Ardealthal y Gorion decidieron proseguir su camino juntos. Fehn y Lembillo, que habían aprendido una nueva profesión, la de tramperos, pensaron que ir hacia Bree les podía conseguir dividendos durante un tiempo, proporcionando sus servicios a cuanto humano o mediano los requiriera.
- El múmakil puede utilizarse de muchas formas -comentó el elfo.
- ¿Para asustar a los huargos? -se mofó Ardealthal.
- No bromeo. Sus huesos sirven como vigas y su gruesa piel en algún tiempo fue utilizada para las tiendas de las campañas de guerra. Su carne, sin embargo, es dura como un adobe secado durante una década en las regiones del Sur.
- Aún tengo algo por hacer aquí -interumpió Ardealthal mirando a Histhel, que estaba por allí.
- Ya comprendo -contestó de manera cómplice el elfo.

Un rato después llegaron los soldados rohirrim de las cuevas, acompañados de un soldado de Rohan, Esseamal, y una bastante restablecida Waykim. Cirus notó un desazón interior al verla. Pero los rostros de los recién llegados no evocaban buenas especies.

Muchos lloraron las pérdidas. Esseamal vio a los Aksanvákvet reunidos en un rincón de la Plaza del Gran Olifante, como se conocería a partir de aquel momento por quienes vivieran allí.

Mientras tanto, tropas del Rey Elessar desde el Norte y Esterlingas desde el Este, se acercaban para ayudar. Y desde el Sur, sólo dos prisioneros sabían que, un inmenso contingente de haradrim avanzaba con intención de instalarse en aquel valle.

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NotaPublicado: Lun Jun 30, 2008 12:06 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Durante el tiempo en que la plaza mayor se convirtió en un hospital de campaña, Gasteizo había permanecido al lado de Histhel, ayudándola en la noble tarea de ayudar a los heridos. Pero tras la aparición de Esseamal, Histhel decidió retomar el liderazgo del grupo de los Aksanvákvet, grupo del que ella fue la fundadora. En ese momento, los caminos de la montaraz y el hobbit se separaron durante algún tiempo. Gasteizo siguió curando heridos, pues descubrió que era una actividad en la que se sentía útil y era reconocida su labor.

La noche en que los asesinos haradrim se colaron en las cuevas y las masacraron, el hobbit se encontraba fuera, en el monte, recogiendo hierbas para fabricar los ungüentos que había aprendido a preparar. Ni se enteró de lo que estaba ocurriendo en el interior de las cuevas mientras él se dedicaba a recolectar. A su vuelta se encontró un espectáculo tan aterrador que huyó de allí y se alejó todo lo más que pudo, hasta llegar a una cabaña, al otro lado del río, dentro de la cual se refugió. La cabaña estaba abandonada o, al menos, eso parecía. Por lo que Gasteizo pudo observar, y deducir -fruto de su rápido aprendizaje como acompañante socio de una montaraz-, la cabaña había sido ocupada por alguien de un tamaño bastante considerable, a tenor de la altura de la puerta y de las tamañas medidas de los escasos muebles que la vestían por dentro.

Inspirado por el súbito arrojo que le caracterizaba últimamente, e independizado de la enorme sombra que Histhel ejercía sobre él, Gasteizo se atrevió a investigar el interior de la cabaña. Los hobbits se caracterizan por su gran curiosidad, virtud o defecto, según se mire, del que Gasteizo siempre había carecido, pero en esta ocasión, le serviría para obtener información acerca del morador o de los moradores de la cabaña.

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NotaPublicado: Mar Jul 01, 2008 3:41 pm 
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Con los últimos retazos de luz diurna, los cuerpos de los muertos en las cuevas también abandonaron en silencio Rynvörlan, entre las lágrimas de quienes les habían querido. La noche llegó en el momento preciso para todos, que no les quedaban más fuerzas.

A la mañana siguiente, la celebración no del todo satisfactoria de una batalla ganada, se centró en la Plaza del Gran Olifante, al que habían descuartizado para aprovecharlo entero. La fiesta se localizó entre las ruinas a las que habían quedado reducidos varios de los edificios colindantes. Las viandas iban y venían por doquier. La señora Dürsel había dejado de cuidar a los enfermos de casa de Rána, a los que habían trasladado hasta la aldea para que no se perdieran el festejo, para hacer pan para todos. Fehn y Lembillo tenían un maquillado rostro de preocupación. Ambos maquinaban la manera de ganar dinero en Bree, mientras daban cuenta de sendos bocadillos de menuceles. Gorion hablaba con Grömdal, que parecía estar casi curado. Esseamal cuidaba de Waykim, que no se encontraba muy buena, y Cirus la contemplaba, mientras reía las gracias que no escuchaba, de boca de los soldados. Histhel y Ardealthal se escabulleron durante lo que le cuesta hacer la digestión a un hobbit y volvieron con la cara sofocada, hecho que no pasó desapercibida para Esseamal ni Gorion.

Histhel se aproximó a Grömdal, pisando sobre su calzado especial, que le recordaba el fatídico día de la desaparición del niño. Sus huellas mostraron como siempre, la futura distribución de un territorio. Un militar con capucha se acercó a Histhel después de llevarse de la mano a Cirus del velo que mantenía por Waykim. Era su hermana Grinsel.

Pese a todos los acontecimientos acaecidos en Rynvörlan, el hijo del alcalde y sucesor en el mando hasta que se dijera lo contrario gritö:
- ¡Ellos tienen la culpa! ¡Mirad la influencia de los trillizos! ¡Nos han traído la desgracia! ¡Apresadles! -conminó a los soldados, que miraban con perplejidad la situación.
- ¡Alto! ¡Nadie debe hacer semejante cosa! -intercedió el Mariscal Baldor-. Gracias a que están aquí los trillizos, estas tierras no se han impregnado del mal. Ellos guardan la clave para la salvación de toda Enedwaith y nadie osará lastimarlos en mi presencia.

Los Aksanvákvet, para entonces, ya estaban listos para una intervención que nunca fue necesaria. Esseamal, con una sola mirada, controló los impulsos de todos los chicos dispuestos a dejarse la vida por Cirus, Grinsel y Histhel.

Grömdal bajó la mirada, esquivando la fuerza interior de la montaraz con la que había creado una vida.
- ¿Dónde está? -dijo Histhel, con voz queda.

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NotaPublicado: Jue Jul 03, 2008 12:19 am 
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- ¿Dónde está? -volvió a preguntar Histhel sin obtener demasiado éxito en sus pesquisas-. ¿Alguien ha visto a Gasteizo?

Los más cercanos, geográficamente hablando, miraron a Histhel tras su pregunta. La montaraz miraba por todas partes, pero la ansiedad le comenzaba a nublar el sentido común. Se revolvió furiosa bajo la atenta mirada de Cirus y Grinsel. Una gran parte de la gente de la aldea, de entre aquellos pocos que habían sobrevivido, mantenían una exacervada actitud de rechazo hacia los tres hermanos nacidos el mismo día.
- Yo no le he visto en las cuevas -se aventuró a decir Waykim, quien haciendo acopio de todas sus fuerzas se había atrevido a ponerse en el bando de los trillizos, teniendo que aguantar, por ello, las miradas feroces de los más puritanos-. Quizá ha escapado y ha salvado la vida...

Mientras tanto, Gasteizo había conseguido suficientes víveres como para aguantar él sólo caminando durante varios días. Pero, ¿hacia dónde encaminaría sus pasos si ni siquiera sabía dónde se encontraba? En estas cábalas estaba el hobbit, cuando volvió a asaltarle la idea de que la huella de Histhel era algo más que una huella.

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NotaPublicado: Jue Jul 03, 2008 8:17 pm 
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Sin previo aviso, recibió un fuerte golpe en la cabeza y no supo lo que le ocurrió durante un buen rato.

Atados en un granero de Rynvörlan y custodiados por seis soldados se encontraban Moss-Eguirta Fraouit y su padre Moss-Yamal. El hijo no parecía estar muy bien. Su cerúleo rostro dejaba constancia de ello, así como los retortijones que le hacían doblarse de dolor. Su padre, lejos de apiadarse de él, le increpaba para que se comportara como un ejemplo para Harad cuando, de pronto, entraron más soldados y el mismo Mariscal Baldor, dispuesto a interrogarles.

- Nos volvemos a encontrar, Moss-Yamal Fraouit.
- Nunca me perdonaste lo de aquella novia tuya -contestó con su serpenteante voz.
- Debo darte las gracias por ello, si no, no hubiera conocido a ninguna de las mujeres que han agradado mi estancia en las alcobas -respondió dispuesto a no dejarse perturbar por las malintencionadas palabras del reo-. Ahora vamos con el tema que nos ocupa: ¿cuáles son los planes de harad para Enedwaith? Contesta, perro.

El prisionero rió durante largo rato y no lograron sacarle ninguna palabra ni siquiera regalándole una muestra de los métodos más expeditivos que Rohan consideraba dentro de lo humanitario. Su hijo Moss-Eguirta no fue interrogado, ya que se desmayó antes de que eso pudiera hacerse.

Un rato después, el Mariscal Baldor, convocó a Ardealthal y Gorion. Antes de dirigirse a ellos, hizo vaciar la tienda de campaña principal. Les explicó una misión que debían hacer, de la que estaba enterado también el reino de Gondor, que era muy importante para la región de Enedwaith. Debía llevarse a cabo en secreto y tanto Rohan como Gondor negarían haber participado si salía a la luz. Pero tenían que hacerlo dos hombres curtidos que no se dejaran amedrentar por las adversidades. Junto a Baldor, Grinsel permaneció en silencio durante toda la conversación.

Después de la reunión, Ardealthal se sentía orgulloso de ser elegido para una misión para la que ni él mismo hubiera considerado capaz pocos meses antes. Gorion, al que no le quedaba familia, decidió que vivir esa aventura era lo más sensato que podía hacer por la paz en la región en la que había vivido los últimos años.

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