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NotaPublicado: Sab Jul 05, 2008 8:25 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
La tarde estaba a punto de caer cuando Gasteizo se llevó la mano a la cabeza. Sus rizos habían amortiguado parte del golpe, pero aún así llevaba un buen chichón. Miró a ambos lados e intentó hacerse una composición del lugar. La humedad le acariciaba la piel y le erizaba el vello. Se restregó los brazos e hizo un conato de incorporación. Las cuerdas que atenazaban sus tobillos le impidieron ponerse en pie.
- Vaya, qué torpe ha sido quien me haya atado. Me ha dejado con las manos libres y puedo desatarme yo solo -pensó en voz alta.
- Quizá lo haya hecho a propósito -contestó una voz que provenía del fondo de la cueva en la que se encontraba el hobbit, el cual estaba haciendo todo lo que podía por deshacer el nudo gordiano sin conseguirlo. Se oyó una risa estentórea que retumbó en toda la estancia y un escalofrío recorrió la espalda de Gasteizo.
- ¿Q... qu... quié... -balbuceó el hobbit, sudaba a pesar de la baja temperatura de la cueva y sus manos se movían cada vez con más torpeza.
- Me habían dicho que los hobbits érais divertidos, pero no me imaginaba que tanto -contestó la voz que cada vez se escuchaba a menor distancia y con mayor claridad. Se escuchó un restallido y seguidamente un grito de dolor proveniente de la garganta de Gasteizo ocupó toda la caverna. Se oyó una risa y el látigo volvió a golpear al hobbit, esta vez en las piernas, haciéndolo caer de espaldas, dando con su cabeza en el suelo. El hobbit no pudo reprimir las lágrimas y algún que otro fluido corporal que se hizo incontrolable debido a la presión.

Se escucharon pasos que se alejaban y dejaron a Gasteizo sumido en la soledad y el miedo durante un par de horas. Durante ese tiempo la mente del joven trabajó a gran velocidad para intentar dar un sentido a cosas que no lo tenían.

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NotaPublicado: Dom Jul 06, 2008 3:21 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Esseamal dejó de atender a Waykim, ya que esta se encontraba bastante mejor. Ella defendió a los trillizos pues les tenía aprecio –una al castigarla le hizo madurar de repente y al otro… sacudió la cabeza queriendo alejar los pensamientos que tenia. Sin dudar respondió a Histel .-será mejor que vayamos a buscarlo, estar inactiva no me va bien, no quiero acostumbrarme a esto.- guiñó un ojo y sonrió a la trilliza que apenas conocía .-tal vez solo se haya alejado y no sepa volver.- trató de aliviar el mal trago que le veía pasar por su ausencia.

Atrás habían quedado celebraciones de dolor, ahora – esperanzados- se unían para recobrar la actividad normal de la aldea, la abuela Dürsel repasó mentalmente lo acaecido en el poblado los últimos meses. Le alegraba la aparición de los trillizos ¡¡¡cómo no!!!... Aunque esperaba que no hubiese más problemas. .-Qué será ahora de la aldea.- Un dolor agudo en su pecho, el brazo derecho se agarrotó y desplomada cayo…

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Mar Jul 08, 2008 10:20 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
...al suelo. Todos los que se encontraban a su alrededor acudieron a ayudarla. Estaba pálida y no respondía ante los cachetes que alguien le daba en la cara. Rána se hizo paso entre los que se agolpaban en el comedor de su casa y se deshizo de la mayoría, echándolos de allí para que no estorbaran. Le indicó a una mujer que le trajera unas cuantas hierbas. Machacó éstas en un almirez y le puso la mixtura sobre la frente a la moribunda. Acompañó esta operación de un masaje en el pecho durante un rato que pareció eterno y al fin, la buena mujer respiró entrecortadamente. Uno de los hombres la agarró en brazos a la orden de Rána y la llevó a un cuarto aparte, donde había una preciosa cama, la de la istarë.

Allí permanecieron en silencio, ajenas a lo que acontecía fuera de las cuatro paredes de la alcoba. Después de un rato, Dürsel despertó y sacó fuerzas de donde no las había, para hablarle a Rána.
- Tienes que continuar tú sola, Rána, vieja amiga.
- ¡Chis! Descansa -le susuró la alquimista-, ya tendremos tiempo de solucionarlo entre las dos.
- Me parece que la aldea va a necesitar otra panadera -dijo tosiendo-. Yo estoy marchita. Ya sabes que yo necesitaba llevar una vida tranquila y austera.
- Debes reponer fuerzas.
- Rána -interrumpió- no voy a salir de ésta. Los gemelos te necesitan. Enedwaith te necesita y sin ellos...
El corazón de la señora Dürsel, que con esmero había alegrado el paladar de todos los habitantes de Rynvörlan durante años, se paró para siempre.
- ¡Dürsel! -sollozó la istarë y la asió de la mano. Cerró sus ojos con cuidado y lloró.
Después de un rato de indecisión salió en busca de los trillizos dispuesta a salvar Enedwaith.

Cerca de allí, más tropas venidas desde el Sur pisoteaban Enedwaith, aproximándose cada vez más a la aldea, seguidas por un contingente enrome de gente dispuesta a repoblar esas tierrs que no estaban del todo deshabitadas.

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NotaPublicado: Dom Jul 13, 2008 11:49 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Las dos horas sumido en la oscuridad permitieron al hobbit poner en orden sus recuerdos y, sobre todo, sus ideas. Había huido de las cuevas justo cuando los dos asesinos masacraban a todos los que allí se alojaban, casi media aldea, en su afán por salvar el pellejo, sus cortas piernas le habían llevado por la orilla, río abajo, hacia el mar, alejándose de Rynvorlän. Se refugió en una cabaña presuntamente abandonada y, por lo que pudo ver dentro de ella, estaba o había estado habitada por alguien de tamaño mucho mayor al suyo. Había visto un cuenco de grandes dimensiones, incluso para un humano, si lo comparamos con un cuenco hobbit, que prefieren los cuencos pequeños porque así pueden llenarlo muchas veces. La cabaña constaba de una sola habitación y Gasteizo había descubierto una trampilla en una de las esquinas. Levantó la tapa y su último recuerdo se remontaba a unas horas antes, en que se encontró cautivo, atado de pies pero no de manos, privado de luz, de alimento y de abrigo, y una voz desquiciante, a la que habían seguido unos latigazos, le habían infligido un intenso dolor del que ya se había recuperado, pero podía notar, por el tacto, las marcas que habían dejado en sus velludas piernas. Lo ocurrido entre el descubrimiento de la trampilla y su posterior cautiverio se había convertido en un vacío en su cabeza producto del golpe que le habían dado y que le había hecho perder el sentido.
"- Si no me equivoco -pensó en susurros-, me encuentro justo debajo de la cabaña, así que este lugar es un sótano. Pero no entiendo, entonces, cómo su voz sonaba tan lejana, si la cabaña era tan peq..."
- ¡Cállate, maldito gusano! -sus pensamientos se vieron interrumpidos por una voz distinta a la anterior y que sonaba justo al lado suyo. Gasteizo levantó la cabeza intentando vislumbrar en la oscuridad algún indicio de movimiento que le pudiera dar alguna pista de la localización del otro inquilino-. Llevo mucho tiempo aquí y nunca he visto a nadie salir con vida de este sitio. Tú llevarás el mismo destino que los demás.
- ¿Quién eres? -en un alarde de valentía, Gasteizo consiguió juntar todas las sílabas para construir una frase.
- ¿Qué más da eso? No vas a tener oportunidad de recordarme -contestó su compañero de habitación.
- ¿Y cómo es que tú todavía sigues vivo? -preguntó el hobbit usando sus escasas fuerzas en conseguir información- ¿es que tú no les sirves para sus propósitos?
- Ja, ja, ja, ja -se rió extentóreamente- ¡si ni siquiera saben que yo estoy aquí! Yo me aprovecho de los restos. Es fácil conseguir comida fresca en este sitio.
- ¿Comida? Pero si no me han traído nada de comer... -contestó Gasteizo ingenuamente.
- Ja, ja, ja, ja, -volvió a reírse- Tenía razón Globbúrz, eres un kuduk muy divertido. Nunca he comido carne fresca de hobbit...
- ¿Qué has dicho? -Gasteizo abrió los ojos por la sorpresa, no porque pudiera ver mejor- ¿me has llamado "kuduk"? ¿Dónde has oído eso antes?
- ¿Bromeas? ¿Crees que conocería esa palabra si no fuera un hobbit de la Comarca? -respondió con altanería.
- ¿Y dejarías que alguien de tu raza y de tu tierra sucumbiera a manos de ese... lo que sea? -preguntó Gasteizo intentando engatusarle.
- Es un Olog-hai, uno de los pocos que huyeron a las tierras del este durante la guerra del anillo y cuando ésta terminó volvió a estas tierras -contestó el recién descubierto hobbit de la Comarca-. Caza hombres, elfos, enanos, lo que pilla, los trae aquí abajo, juega un tiempo con ellos y luego los mata y se los come, y yo me como los restos y a veces alguna buena parte, depende de lo grande que sea y de lo lleno que esté Globbúrz.
- ¿Y no te gustaría vivir en un sitio mejor y disfrutar de las maravillosas comidas hobbits de la comarca? -A Gasteizo se le hacía la boca agua mientras formulaba la pregunta-. Yo soy un hobbit muy influyente y puedo conseguirte una buena posición en la Comarca si me ayudas a salir de aquí.

Gasteizo intentó parecer lo más seguro posible de sí mismo, a pesar de la situación, y su idea de camelar al paisano parecía surtir efecto.
- ¿Cuánto tiempo hace que no tomas el te de las cuatro con sus galletitas de manteca, la mermelada de arándanos sobre pan de centeno, un buen chocolate calentito y...
- ¡Basta, para ya! -el hobbit inquilino no pudo aguantar más-. Te ayudaré, pero a cambio tienes que prometerme que podré volver a la Comarca y comeré todos los días caliente y siete veces al día.
- Te lo prometo -dijo Gasteizo con voz queda. Cuántas veces había soñado él con eso, a sabiendas de que había renunciado a ello cuando decidió irse a correr aventuras con Histhel, y ahora daría cualquier cosa por merendar una sola vez en su casa agujero de la comarca-. Ayúdame a deshacerme de las ataduras de los pies y, si me acompañas, tendrás lo prometido.
- Ya... el caso es que yo nunca he conseguido deshacer ese nudo... Venga Mullog, piensa, piensa -el recién conocido hobbit se golpeaba la frente para ayudarse a pensar.
"- ¿Mullog? Vaya, ese nombre me resulta familiar, creo haberlo oído antes" -pensó Gasteizo.

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NotaPublicado: Mar Jul 15, 2008 11:17 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
El primer rayo de luz de la mañana cayó sobre el rostro de Moss-Eguirta Fraouit. Su herida purulenta cicatrizaba como la cola arrancada a una lagartija. Su expresión ya no denotaba dolor. Sonreía.

Su padre permanecía en un rincón, encadenado como él, aunque con la mirada perdida, intentando evadirse quizás del encierro. De pronto reparó en su hijo.
- ¿Por qué sonríes si te han capturado?
- Por la certeza de nuestra cercana libertad.
- ¿Y cómo estás tan seguro? -apenas terminó de pronunciar estas palabras cuando tres soldados entraron en el granero de Rynvörlan donde se encontraban.
- Por esto -dijo a la par que se giraba sobre sí mismo y lanzaba algo desde su mano hacia los guardias.

Los soldados apenas notaron nada cuando una especie de aguijones traspasaron la piel. Uno de ellos se dio un manotazo en el lugar, como quien aplasta un insecto molesto. Pero por su sangre ya circulaba la destrucción. Los tres hombres comenzaron a echar espuma por la boca, sus ojos enrojecieron. dos de ellos cayeron por los suelos y se retorcieron durante unos segundos. El tercero permaneció erguido trastabillando entre los escasos objetos que allí había. Después de un momento, todo pareció cesar, aunque estaban vivos.
- Ya está. Ordénales lo que quieras, padre, el seregón ha hecho su efecto; yo debo seguir concentrado curándome.

En la desembocadura del Gwathló, Ardealthal y Gorion aguardaban la llegada de un barco que les llevaría a las mismísimas entrañas de los reinos del Sur en una misión secreta.
- Espero que por lo menos podamos cumplir nuestro objetivo -dijo el elfo interrumpiendo el sereno sonido del oleaje.
- Y que regresemos para contarlo -añadió Ardealthal.

En la aldea, la istarë había reunido a los hermanos en torno al cuerpo de su madre. histhel y Cirus lloraban. Grinsel nunca había sido muy ducha en sus demostraciones de dolor pero sentía igual la pérdida.
- Sé que no es ni por asomo el mejor momento, pero no queda más remedio. Tengo que contaros algo que cambiará el curso de la historia de todo Enedwaith y vosotros tres tenéis parte en ese cambio.

Los trillizos unieron sus manos esperando a que Rána continuara hablando.

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NotaPublicado: Vie Jul 18, 2008 12:18 am 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Gasteizo seguía atado y a oscuras, pero una pequeña esperanza, causada por su fortuito encuentro con Mullog, le había devuelto las ganas de seguir luchando para salir de aquel sótano. Hacía un rato que no se escuchaba nada, ni siquiera el ruido de las ratas corriendo cerca de él. Pasó una hora, minutos que al hobbit le pareció una eternidad. Entonces se escucharon ruidos de pisadas. Gasteizo se acurrucó como pudo en un rincón, pues la presencia del Olog-Hai le incomodaba bastante, sobre todo la parte en que le martirizaba. Una tenue luz se acercó hasta él. Gasteizo estaba asustado. La luz se fue haciendo cada vez más grande hasta quedarse a un metro escaso de su cara. Mullog había vuelto con algunas herramientas y una lámpara de aceite para ver en la oscuridad. La luz, aunque débil, dañaba las pupilas del hobbit atado y no le permitía enfocar con claridad la cara de su compañero de fatigas. Mullog dejó la lamparita en el suelo y se acercó a Gasteizo hasta estar a su altura. Lo miró desde arriba con aires de superioridad. El hobbit prisionero se puso en pie para demostrarle que no le tenía miedo. Tenía los pies atados, pero eso no le impedía incorporarse. Mullog miró a Gasteizo a los ojos. Gasteizo vio por primera vez la cara de Mullog y sintió tanto miedo como por el Olog-hai. Mullog tenia una sonrisa de oreja a oreja que denotaba una gran insalud psíquica. Portaba una daga en la mano. La acercó al cuello de Gasteizo.
- ¿Quieres comprobar lo afilado que está su filo? -preguntó Mullog, mirando golosamente la daga.
- No... no es necesario, me fío de ti -contestó Gasteizo intentando disimular su miedo.
- Podría matarte ahora mismo y hacerme pasar por ti en La Comarca. Quitarte las ropas que llevas puestas e incluso hacerme una peluca con tu pelo, este rizado y frondoso pelo -amenazó Mullog a la vez que le tocaba el pelo con la mano. Gasteizo no se atrevió a moverse-, ¿qué te parece la idea?

Gasteizo tragó saliva. La jugada no había salido como él esperaba. Más bien se habia tirado un farol y su contrario lo estaba usando en su contra.

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NotaPublicado: Mar Jul 22, 2008 4:41 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Mientras tanto, en la aldea nadie sospechó de lo que parecía un mero traslado de prisioneros. Moss-Eguirta seguía con dificultad a su algo rechoncho padre, flanqueado y falsamente encadenado por dos guardias a los lados y otro más detrás que, desprovistos de voluntad gracias a una de las más recónditas propiedades del seregón, obedecían a los malévolos sureños.

- Esto no se cura -le dijo a su padre cuando se alejaban del pueblo hacia el bosque, en un momento en que nadie les miraba- ni con las técnicas de concentración que aprendí de ti.
- Tiene mala pinta, en verdad -contestó casi con malicia Moss-Yamal-. Por cierto, ¿de dónde sacaste los aguijones?
- Los llevaba escondidos en una falsa piel del talón, hecha con un mejunje que me enseñó a fabricar una especie de bruja anciana hace mucho tiempo. Siempre vienen bien -añadió buscando la aprobación de su padre, que hizo caso omiso.

Los soldados tenían la mirada en un punto del horizonte, sin fijarla en nada en concreto.

- ¡Suicidaos! -les encomió el padre y se quedó mirando fíjamente cómo cumplían la orden, deleitándose en los detalles de la sangre fluir hasta el suelo, seguida de los cuerpos sin vida de tres valerosos soldados.

Moss-Eguirta Fraouit vomitó la cena antes de echar a correr tras su padre, que no le había esperado.

En el mar, un intrépido montaraz y un elfo lleno de sabiduría divisaban la costa desde un barco pequeño en el que les habían recogido seis hombres, habituados a trabajar en silencio y en secreto. El barco viró en dirección Sur.

Los trillizos en la aldea seguían hablando con la istarë, pero ahora tenían un propósito, una razón por la que seguir unidos. Se sentían fuertes. Pero en todos ellos había un punto flaco que podía dar al traste con su fin y su don. Cirus no podía dejar de pensar en esa chiquilla dispuesta a matar por él, Grinsel seguía teniendo su secreto inconfesable a buen recaudo y a Histhel le atenazaba los pies envueltos en cuero su pasado junto a Grömdal y la desaparición de su hijo.

Entonces llegó un soldado hasta el mismísimo Mariscal Baldor con la noticia: un enorme contingente de fuerzas enemigas se aproximaba desde el Sur.

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NotaPublicado: Vie Jul 25, 2008 2:06 am 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- ¿Qué te parece la idea? -preguntó Mullog. Gasteizo tragó saliva. La jugada no había salido como él esperaba. Más bien se había tirado un farol y su contrario lo estaba usando en su contra.
- Pues... no me parece una buena idea... creo que puedes tener ideas mejores -contestó Gasteizo divagando, con la intención de ganar tiempo.
- Tienes razón -concluyó Mullog, apartando el cuchillo de la garganta de Gasteizo-, puedo conseguir mucho más de ti si sigues vivo que si te mato ahora mismo, quizá más adelante...

Gasteizo tragó saliva de nuevo. Parecía que en vez de un problema ahora tenía dos. Al menos ahora tenía luz que iluminaba la estancia y le permitió hacerse una idea rápida de las dimensiones del escondrijo y de dónde podría haber una posible salida. Sus ojos, ávidos de información útil, escudriñaron cada centímetro de la cueva hasta memorizar todos los metros cuadrados y cómo escapar de allí.

- ¿Qué haces? ¿Qué miras? -preguntó Mullog mirando ferozmente a Gasteizo.
- Pues... todo. Llevo tanto tiempo a oscuras que todo es nuevo para mí... -contestó Gasteizo en un arrebato de sinceridad.
- Ya... claro... ¡Pues no mires tanto! -y le dio un empujón que lo tiró al suelo. Gasteizo cayó de espaldas y cuando se iba a incorporar de nuevo, descubrió un saliente de la roca que ofrecía un filo semejante al de una daga o un arma blanca. No se acercó a él para no levantar sospechas y se puso en pie. Mullog lo miró con desdén-. ¿Y tú dices que eres un hobbit importante en la Comarca? ¡Ja! Estoy seguro de que no eres nadie.

A Gasteizo esas palabras le dolieron más que los latigazos infligidos por el Olog-Hai. Angustiado y avergonzado de sí mismo se refugió en un rincón. Mullog lo miró y se rió ostentosamente. Luego dio media vuelta y se fue, olvidando la lámpara de aceite que seguía iluminando la estancia. Ese detalle no pasó desapercibido para Gasteizo, quien esperó pacientemente a que los pasos del hobbit se perdieran en la distancia para buscar el saliente de la piedra. Lo encontró en seguida. Comenzó la ardua tarea de rozar la cuerda a un lado y a otro para desgastarla. Sus manos estaban libres y la única manera de deshacer ese nudo gordiano era cortando la cuerda. Le llevó un tiempo, pero lo consiguió. Justo cuando consiguió liberarse apareció el Olog-Hai de nuevo. Estaba enfurecido, pues había visto la luz de la lámpara de aceite y acudió para ver qué ocurría. Gasteizo se acurrucó en su rincón y simuló seguir atado. El Olog-Hai dio una patada al hobbit y luego otra a la lámpara, que se apagó al derramarse todo el aceite. Luego salió en busca de Mullog.

Gasteizo vio vía libre para salir de allí. Sólo necesitaba saber por dónde estaba la salida.

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NotaPublicado: Mar Jul 29, 2008 4:47 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Ardealthal, Gorion y los hombres que les acompañaban desembarcaron en una zona peligrosa, una costa abrupta en la que podían haber acabado con los huesos quebrados. Sin embargo, gracias a la habilidad naviera de uno de ellos pareció que atracaran en una balsa de aceite. Después de un momento de organización todos emprendieron la marcha ligeros de equipaje pues debían llegar a tiempo para su misión. Les restaba un largo trecho hasta una especie de islote del que el montaraz no sabía nada más.

En Rynvörlan nadie podía dormir. Una nueva amenaza se desplegaba en el horizonte. El Mariscal Baldor tenía mucha tarea por delante para administrar de una manera eficaz todas las fuerzas de las que disponían. No dejaba de pensar en la suerte que pudieran correr mientras tanto sus hombres de confianza a los que había enviado al Sur por vía fluvial.

En éstas, otro soldado se presentó ante él. Portaba unas noticias que no sabía cómo tomar. las huestes Estelingas se dirigían hacia allí desde el Este de Enedwaith. Y cuando el Mariscal Baldor aún rumiaba esa información, otro soldado más le abrumó con otra historia, en principio, más alagüeña. Gondor enviaba sus tropas para defender parte de su territorio. Ya no hacía tanta falta, por tanto, la presencia de Rohan allí y quizás pudiera acabar ese ciclo lunar de regreso a su morada.

- Convoca a todos los capitanes -le dijo a uno de sus ayudantes personales- y diles que se den prisa, que hay que combatir al enemigo de manera eficiente.

Mientras tanto, los hermanos se encontraban en una era, donde habían ido a despejarse después de la intensa conversación con Rána.
- ¡Observad! -exclamó Histhel pisando con fuerza sobre tierra húmeda.

Cuando retiró el pie y se quedó mirando ella misma la huella, sus hermanos obedecieron con poco entusiasmo al principio, para quedarse absortos poco después.
- Es un mapa de Enedwaith -dijo sorprendido Cirus.
- Las dos tiras no solamente simbolizaban... -y se mordió la lengua Grinsel al ver que podía herir a su hermana.
- Pero estas divisiones -interrumpió Cirus, que se dio cuenta e intentó cambiar de tema- no son del pasado... ni tampoco del presente.
- Exacto -parsimonió Histhel.

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NotaPublicado: Mié Jul 30, 2008 9:42 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Después de recibir todo el cúmulo de noticias, repasar las fuerzas que estaban aun bajo su supuesto mando y ver el terreno sobre el que se celebraría el resto de la campaña, a Baldor le vino un bajón y casi se durmió sentado en unos sacos, en esos momentos algo le vino a su memoria desde su lejana ya adolescencia, si los rohirrim eran la mejor caballería ligera, los elfos eran la mejor infantería ligera, para ataques rápidos y de largo alcance con sus arcos... y sus enemigos solían ser mas como infantería pesada, con armaduras, escudos y espadas.

En su cabeza repasó las tácticas que su maestro y padre le enseñó... Una colina escarpada (los olifantes casi no escalan), el sol a la espalda de sus fuerzas, (si el enemigo miraba hacia sus posiciones serian deslumbrados) y en caso de lanzarse al ataque siempre tendrían la ligereza y la pendiente a su favor... poco a poco una sonrisa pícara se insinuó en su demacrado rostro.


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NotaPublicado: Jue Jul 31, 2008 7:13 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Así que envió a sus tropas hacia la colina que se encontraba hacia el Este, en cuyas cuevas habían perecido muchos de los habitantes de Rynvörlan, víctimas del acero de unos despiadados asesinos del Sur. Y después de hacer esto, se reunió con las mujeres y niños de la aldea para encargarles un trabajo crucial.

En el Sur, un montaraz y un elfo se ponían en manos de un hombre y su invento volador.
- ¿Qué diantres es esto? -preguntó Ardealthal- parece el esqueleto de un dragón.
- Calla, Peluchico, y déjale explicarse -apuntó Gorion, mucho más paciente que el recorrebosques.
- Esto es lo que yo llamo las alas para hombres, aunque supongo que también servirán para los elfos -dijo guiñándole un ojo a Gorion.
- ¿Y los demás no vienen con nosotros? -añadió Ardealthal.
- No, tienen miedo a las alturas y no es su parte de la misión. Foniur se encargó de traernos en barco, Prael se ha encargado de traer hasta aquí este enorme peso -dijo señalando todos los bártulos y enseres- yo debo enseñaros a manjar estos armatostes y vosotros tenéis que llegar hasta allí- comentó señalando una porción de tierra que formaba lo que desde allí parecía un estuario.
- Pero con esto ¿vamos a poder volar, Landaindo? Parezco en verdad un rámalóke -rió Gorion moviendo sus brazos y con ellos una estructura de un material ligero que le había colocado Landaindo.
- Mejor de lo que pensáis, mis queridos rufianes.
- ¿Y no tienes una para ti? -inquirió Ardealthal- No veo más que dos.
- Yo me quedaré en tierra, por si necesitáis ayuda.

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NotaPublicado: Jue Ago 07, 2008 6:51 pm 
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En medio de la oscuridad, Gasteizo tentó las rocas de la pared desnuda para guiarse hacia la salida que habiá vislumbrado un rato antes en presencia de Mullog. Sus pies tocaron el aceite caliente recién derramado de la lámpara y sintió quemazón en la planta, pero afortunadamente pudo reprimir cualquier exclamación de dolor. A duras penas pudo avanzar, pues la oscuridad era absoluta, pero sintió en la cara una ligera brisa, una corriente de aire, lo que le notificó que se encontraba cerca de la tan ansiada libertad. Entonces escuchó unos gritos lastimeros, puso atención y reconoció la voz de Mullog, al parecer el Olog-Hai le había dado alcance y algo más. Cerró los ojos como si así pudiese evitar seguir escuchándolos y continuó palpaldo la pared en busca de un camino que le sacara de allí. No había caminado mucho cuando vio una suave luminosidad al fondo de lo que se conformaba como un túnel. Las ganas de salir de aquel lugar putrefacto le impulsaron a aumentar el ritmo y, casi corriendo, alcanzó el final y salió a lo que parecía la entrada de una cueva vista desde dentro. Entonces sintió humedad en sus pies. El agua le llegaba hasta los tobillos. Para un hobbit no es una sensación agradable, pues la mayoría no saben nadar, y Gasteizo no era una excepción. Volvió a escuchar la voz de Mullog seguido de un grito infernal proveniente de la garganta del Olog-Hai. Habían descubierto su huída. Razón de más para seguir corriendo. Tropezó con algo en el fondo y cayó de bruces. El agua le salpicó la cara y pudo ver cómo pequeñas babosas poblaban todo el pantano en el que estaba metido hasta las rodillas. Escuchó pasos y el ruido de algo grande que se arrastraba.
- Ellos han sido más listos que yo -pensó Gasteizo en voz alta-, han cogido una barca. Tendré qué buscar un sitio donde esconderme.

Pero la tarea no era fácil. No tardó en ver una luz al fondo proveniente de un lucero, y una barca en la que viajaban el Olog-Hai y un malogrado Mullog que había pagado con creces su descuido. Gasteizo se sintió acorralado. Si le volvían a atrapar, en el mejor de los casos le matarían, y en el peor, le torturarían hasta matarlo. Su respiración se hizo cada vez más pesada. La barca cada vez estaba más cerca.

Mientras tanto, en un recodo del túnel, una forma parecida a la humana esperaba escondida en las sombras. Cuando Gasteizo llegó a su altura alargó su brazo y tiró del hobbit hacia sí mismo a la vez que le tapaba la boca con la otra mano para que no gritara por el susto. Gasteizo se sintió atrapado y mordió la mano de la criatura, pero no consiguió zafarse. La barca con el Olog-Hai y Mullog pasaron de largo y no le vieron. Gasteizo no supo si le habían salvado la vida o se encontraba en un peligro todavía peor que el anterior.

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- ¿Por qué... morder? -dijo la figura que todavía le asía con firmeza. Su voz le pareció incongruente con el terrible ser que Gasteizo esperaba encontrarse, ya que era joven y agradable.
- Yo, yo... lo siento -contestó el hobbit intentando volverse para ver a su nuevo captor.
- Ellos... malos, mucho malos -pronunció torpemente un chico que apenas se podía saber si era humano o no, bajo una pátina mugrienta que lo embadurnaba por completo-. Tener atrapado a mí, pero yo ir y ellos no saben dónde estar yo -dijo gesticulando para ayudarse en el discurso. Su cara le resultó familiar a Gasteizo, a pesar de que por cualquier hobbit es bien sabido que los humanos son todos iguales.

En el Sur, dos engendros voladores acababan de aterrizar no tan bien como esperaban, especialmente Ardealthal.
- Odio lo hábiles y gráciles que sois los elfos -refunfuñaba el montaraz, quitándose pequeñas ramas del pelo, con las que se había topado durante el descenso. Su cara estaba decorada de arañazos.
- Es nuestra naturaleza. Por cierto, me gustan las elfas -comentó no sin cierto recochineo Gorion, pues sabía que los hombres asimilan ciertas cualidades con el género femenino y, por tanto, consideran invertidos a la mayor parte de los de orejas apuntadas.

Escondieron los artefactos voladores y respiraron profundamente por no haberse descalabrado la cabeza durante la experiencia. El estuario tenía una isla central a la que habían llegado por el aire. Ahora tenían que cauterizar una herida abierta en el seno de Enedwaith, pero un montón de guardias los rodearon antes de que les diera tiempo a toser.

Al Sur de la aldea, montones de soldados aguardaban en una colina las órdenes del Mariscal Baldor. Otros, esperaban ocultos cerca de los hoyos practicados para dar caza a los olifantes. Se respiraba con dificultad debido al enorme calor del día, lo que favorecía a los sureños, más acostumbrados a un clima como ése.

Los Aksanvákvet se encontraban enfrentados al hijo del alcalde y sus seguidores que, casualidades de la vida, eran exactamente los mismos que, fruto de la superstición, detestaban que en Rynvörlan hubiera unos trillizos.
- Esa conjunción de los iguales sólo nos traerá la desgracia -decía uno con la cara roja de ira.
- Están malditos -profería otro.
- Tenemos que echarlos del pueblo; ya ha habido bastante sufrimiento -se oyó también.

Ajenos a la conversación, las gemelas y su hermano, que era como un calco de las mismas, parecían volver a entenderse.

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NotaPublicado: Lun Ago 11, 2008 4:09 pm 
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El cielo se volvió de color morado y el sol desapareció tras unas nubes durante unos segundos. Los pocos habitantes de Rynvorlan que habían sobrevivido a la Escaramuza que llevaba el mismo nombre que su aldea se asustaron y miraron con miedo a los trillizos. Waykim y su hermana mayor Esseamal se había acercado a ellos y Grömdal también. Los tres hermanos no estaban solos
- Apartáos de ellos, solo traen problemas -dijo amenazanta un hombre de la aldea antiguo amigo del padre de Esseamal y Waykim.
- No le escuches, sólo teme lo que no conoce -intercedió Rána-. Este no es momento para dividirnos por cuestiones banales. Un grupo numeroso de hombres del sur se acerca hacia estas tierras. Vienen con la intención de quedarse, pues creen que la avanzadilla que mandaron hace días cumplió su misión y vienen a conquista este territorio para repoblarlo de nuevo.

Todos escuchaban a Rána con fervor. Aunque era más extraña que ningún otro ser que conocían, también eran conscientes de su tremendo poder y sabiduría. Se estremecieron al escuchar la palabra "repoblar" y un continuo murmullo se fue apoderando de la plaza de la aldea.

- Entonces, ¡tendremos que defendernos! -gritó un miembro de los Aksanvákvet, que por un momento había dejado apartada su discusión con el hijo del alcalde y se disponía a menesteres de más alta importancia. Todos vitorearon su grito de guerra y los ánimos se volvieron a caldear. Entonces llegaron corriendo Fehn y Lembillo, que le seguía jadeando.

- ¡Les hemos visto! -dijo Fehn con el corazón en un puño y casi sin respiración-. Son cientos y vienen armados. Tardarán unas pocas horas en llegar hasta aquí. Vienen muy cargados, como si se mudaran o algo así.
- ¿A quién habéis visto? -preguntó Grömdal extrañado.
- A los hombres del sur -contestó Lembillo.
- Nadie me ha dado noticias de eso. Me resulta muy raro que Gondor no haya contado conmigo para esta ocasicón... Dime muchacho, ¿traen olifantes?
- Pues... creo que no.

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NotaPublicado: Mar Ago 12, 2008 6:38 am 
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El hecho de escapar de la influencia de Sauron no significó para el olog-hai llenar su corazón de bondad. Muy al contrario, vivió todos estos años sembrando el mal allá por donde sus zarpas le llevaran. Cuando conoció al hobbit Mullog lo retuvo junto a él, primero con engaños y luego por la fuerza, hasta que a éste se le agotaron las ganas de huir y vio en la compañía del troll su única forma de existir.

Así permanecieron unos años hasta que la llamada de la naturaleza provocó en el inmenso y cruel ser un impulso, un instinto que provenía de entre los más atávicos componentes que el mago maligno utilizó en la creación de estos astutos trolls: unas intensas ganas de procrear.

Como ningún otro olog-hai sobrevivió a la batalla tras la cual el gran Elessar fuera coronado rey, nunca tuvo con quién compartir el reclamo de la reproducción así que sublimó esta situación azotando a Mollug y martirizándolo con sus colmillos y su nauseabundo aliento.

Mullog, por su parte, sabía que si intentaba huir de nuevo sus huesos acabarían triturados por la ira del monstruo allá donde le encontrase, pues había comprobado tanto la perseverancia como el puño de éste. Así que, un día que vagaba en busca de alimento para la manutención de ambos vio una cría de humano, un niño descuidado del ojo de sus mayores al que desató de un par de tiras de cuero y se lo llevó dispuesto a cocinarlo para aplacar al troll. Pero cuando éste lo vio llegar con el niño lleno de mocos enloqueció de júbilo y lloró por primera y única vez en su vida. Lo agarró en brazos con un cuidado extremo y decidió ayunar.

Los rudimentarios cuidados que el olog-hai proporcionaba al niño no encontraban demasiado consuelo en el ser arisco y con resquemor en que se fue tornando Mullog, que pagaba su impotencia en la piel del humano cada vez que la ausencia del troll se lo permitía. El niño, avispado como era, aprendió a vivir entre la semioscuridad y los recovecos de las cuevas, donde se perdía durante días. Así es como pudo evitar que Gasteizo fuese atrapado por el olog-hai y el desquiciado hobbit Mullog.

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NotaPublicado: Sab Ago 23, 2008 8:08 pm 
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- Pues no... creo que no traen olifantes -contestó Fehn dubitativo. En ese momento se acordó de algo. Se volvió hacia Lembillo y le insto a darse prisa-. ¡Vámonos, tenemos mucho trabajo!
Los dos chamarileros cruzaron la plaza corriendo y se perdieron por la calle de enmedio, la más ancha bajo las miradas extrañadas de los allí presentes que ya les conocían por anteriores hazañas. Rána iba de un lado para otro hablando con unos y con otros, organizando a las personas siguiendo un plan que sólo ella conocía en su cabeza y los Aksanvákvet, habían hecho acopio de todas las armas que habían podido reunir y se disponían a preparar junto con Grömdal una serie de trampas con la intención de frenar el paso de los enemigos. Los tres hermanos, guerreros todos ellos, habían desaparecido y con ellos Waykim, que no había querido alejarse de Cirus ahora que lo había vuelto a encontrar. En la plaza era todo un ir y venir de gente que se preparaba para lo que se les venía encima.
- Esos dos muchachos han dicho que se acercaban cientos de ellos, y la istari dijo que venían a repoblar, ¿no es así, Rána? -preguntó uno de los Aksanvákvet a la maga.
- Si, así es, creen que los que llegaron antes con los olifantes han hecho su trabajo y han dejado vacías estas tierras, y vienen con la intención de asentarse aquí -repitió Rána.
- Entonces -continuó el joven que le había preguntado-, lo que tenemos que hacer es dejar que se confíen y que crean que las cosas han ocurrido como ellos esperan. De ese modo los podremos coger por sorpresa y atacarles desde todos los flancos, y es muy importante que todos estemos bien escondidos y no dejemos ningún rastro de seguir viviendo aquí.
- Es un buen plan -dijo el hijo del alcalde, que también se había unido a la reunión-. En estos momentos pongo mi puesto a vuestra disposición, pues veo que tenéis más conocimientos que yo acerca de cómo defender a las gentes de esta aldea. Mi padre murió encerrado en su torre y yo no pienso tener el mismo fin.
Todos formaron un bloque común y se pusieron bajo las órdenes de Grömdal, que fue elegido por los Aksenvákvet como nuevo jefe en funciones, pues los anteriores habían perecido y Histhel, que había retomado el mando del grupo pocas horas antes, estaba desaparecida.

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NotaPublicado: Lun Ago 25, 2008 11:11 pm 
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En ese mismo instante, Ardealthal y su amigo el elfo Gorion se daban prisa por concluir su misión antes del amanecer, momento en el que los artefactos voladores podían ser descubiertos fácilmente en mitad del cielo durante el viaje de regreso. Como habían aterrizado en el interior de la fortaleza del estuario, ningún guardia que observara las tranquilas aguas del río se percató de que por el aire se les habían colado dos intrusos y, por supuesto, no vieron tampoco su sigilo y su facilidad para aorientarse en lugares desconocidos. Sólo así se explica que dos simples seres pudieran atravesar todas las defensas de un, hasta entonces inexpugnable lugar, como un cuchillo caliente corta la mantequilla. Un momento después, los dos mercenarios que atravesaron el aire se encontraban escondidos bajo la cama del mismísimo señor que dominaba las tierras del Sur, aguardando el momento propicio.

Mucho más al Norte, en la región de Enedwaith dos hombres taimados y llenos de malas intenciones tuvieron que esquivar varias flechas antes de poder darse a conocer entre los suyos. Cuando por fin se identificaron, se apresuraron a llevarles ante la presencia de quien estaba al mando del nuevo ejército del Sur.
- ¡Los dos Fraouit ante mis ojos! -soltó con un falso júbilo envenenado de una mixtura de deseos oscuros, el anfitrión.
- Las cosas no salieron como esperábamos, mi señor -respondió Moss-Yamal.- Algún espía debió avisarles de nuestra llegada. Nuestros olifantes cayeron en desgracia bajo sus armas desde el primer momento.
- Y nuestros barcos fueron presa de una trampa -añadió Moss-Eguirta, con la mano sobre su herida, que no terminaba de curar pese al aspecto riptiliano de su poseedor.
- No son más que excusas de quienes planifican mal las batallas.
Padre e hijo agacharon sus cabezas avergonzados. Nadie había sobrevivido de entre quienes estaban bajo su mando. Hasta ese momento no habían sido conscientes del deshonor que este hecho suponía.
El instante de silencio incómodo y que era percibido por los Fraouit como interminable, fue interrumpido por un soldado que anunció la palpable proximidad a Rynvörlan.

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Última edición por Peluchico el Mié Sep 24, 2008 10:43 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Ago 28, 2008 4:32 pm 
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Ya hacía un rato que la barca que transportaba a Mullog y Globbúrz, el Olog-Hai, había pasado de largo dejando atrás a Gasteizo y su apresor, una figura de su mismo tamaño pero mucho más escurridiza, que se desplazaba de igual manera de pie que a cuatro patas. La barca había seguido canal abajo, en la oscuridad durante varias decenas de metros. Globbúrz mostraba su nerviosismo mirando hacia uno y otro lado sin encontrar al mediano por más que escudriñaba con sus ojos entornados.
- Quizá el cachorro lo haya encontrado y esté dando buena cuenta de él -dijo Mullog, comentario que le costó tal golpe de parte del Olog-hai que se cayó literalmente fuera de la barca y tuvo que sujetarse en el borde para volver a subir.
Mientras tanto, Gasteizo y lo que quiera que fuera lo que le acompañaba, se habían alejado hacia el interior de la cueva, y ya apenas si se podía escuchar el ruido del agua.
"Nunca hubiera imaginado que bajo esa cabaña hubiera tantos pasadizos y tan largos" -pensó Gasteizo. El "cachorro", como lo había denominado Mullog, le llevaba ventaja, pues se movía con suma facilidad en ese medio, que aunque no era hostil, ofrecía muy poca visibilidad a la poco entrenada visión del hobbit.
- Más, más -dijo el pequeño, instando con un gesto de la mano a Gasteizo para que se diera prisa-. Pronto gran bola de fuego.
Gasteizo aceleró el paso todo lo que pudo, pero no entendió lo que parecía una recomendación.
- ¿Qué bola de fuego? -se preguntó a sí mismo el hobbit en voz baja, pensando que no le habría escuchado.
- Arriba -el pequeño señaló al techo de la caverna- gran bola, fuego, sale y todo ¡bum!
- Ahora sí que no entiendo nada de nada -se dijo mientras se rascaba la cabeza-, espero que al menos él sepa dónde vamos.
Tras unos minutos en la oscuridad, se vio un punto de luz al fondo del pasadizo.
- Shhh, deberíamos escondernos -susurró el mediano-, pueden ser ellos, ¡nos descubrirán!
- Es fuera -contestó lacónicamente su acompañante.
- ¿Quieres decir que esa es la salida? ¡Pues vayamos allí cuanto antes!
- ¡No, no! -berreó el pequeño- ¡gran bola de fuego fuera!
"Vaya, vaya... -rumió Gasteizo-, la gran bola de fuego debe de ser el sol, y por alguna razón no soporta su luz".
- Tengo una idea -propuso el hobbit-, yo te cubriré con mi capa y podremos salir al exterior. Vamos...
- ¡No, no! -chillaba el pequeño completamente asustado-¡Globbúrz decir no fuera, peligro!
- Sí, tienes razón -Gasteizo vio una manera de convencer al pequeño- Globbúrz dice que fuera, de día, hay peligro, pero si te proteges con mi capa, que es especial, no te pasará nada.

El pequeño le miró asustado, pero al final accedió. Globbúrz había sido su único maestro, pero el trato que había recibido de él no había sido tan bueno como para guardarle lealtad. Así que aprovechó la oportunidad que Gasteizo le brindaba para escapar de allí protegido con su capa especial.

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NotaPublicado: Dom Ago 31, 2008 5:04 pm 
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El barco de la mañana volvía a hacer su aparición, barriendo con sus rayos las malas intenciones de los seres de la oscuridad. Un enorme contingente de gentes, obligadas por las circunstancias o las exigencias de sus dirigentes, habían partido desde el Sur muchos días antes con la esperanza de encontrar una nueva y más próspera vida.
- ¡Serni, ven aquí con tu madre! -prorrumpió con estruendo Gilnärne en el silencio del pesado y polvoriento camino.
El pequeño hacía rato que no escuchaba las sensatas indicaciones de su progenitora. El chaval tiraba piedras a unos pájaros que las esquivaban sin especial dificultad. La vida les había tratado mal arrebatándoles al padre de la criatura. Abocados a la desesperación, vieron enseguida una salida en el viaje hacia el Norte. Formaban parte de la gran caravana de gentes tostadas por la estrella del día. Según tenían entendido la mayor parte de los nuevos colonos, había un territorio deshabitado donde el frescor permite dormir por las noches, dispuesto a que gentes llegadas desde donde fuese lo ocuparan. Todo el mundo despidió a los exploradores montados en sus olifantes y unos días después a los barcos que navegaron hacia el Agua Gris. Iban a allanar el terreno y limpiarlo de alimañas, según habían podido averiguar. Nada ponía los pelos más de punta a Gilnärne que encontrarse en un lugar remoto con un huargo o alguna criatura de las que le nombraban en las historias de hoguera cercanas a la hora del sueño.
- ¡Poblado a la vista! -oyó la mujer de pronto. Su destino les salía al encuentro. Su primo Moss-Eguirta, un militar de alto rango perteneciente a la rama más influyente de su familia, le había advertido de la existencia de una aldea deshabitada llamada Rynvörlan, a orillas del río Agua Gris.

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Última edición por Peluchico el Mié Sep 24, 2008 10:40 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Sep 14, 2008 3:25 pm 
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Justo salieron a la superficie Gasteizo y el pequeño cuando la luz del sol se nubló y unas nubes dieron paso a la lluvia. La capa que el hobbit le había prestado a su "secuestrador" le estaba dando un gran servicio resguardándole de la lluvia. Gasteizo, sin embargo, echaba de menos su capa, pues en momentos como este es cuando más la necesitaba. Se alejaron unos metros al norte. orientados por el pequeño, que se movía como un animal asustado. Consiguieron llegar hasta el hueco de un árbol y allí se protegieron de la lluvia. Gasteizo se fijó en el rostro de su acompañante.
- Vaya, la lluvia está deshaciendo la capa de mugre que llevas en la piel -el hobbit le restregó la mejilla con el dedo- cuando amaine, te llevaré hasta un río para que te bañes y te quites todo eso que llevas encima.
El pequeño le miró aterido, pues la humedad le estaba dejando helado. Gasteizo lo miraba.
- Así que eres un humano... me pregunto qué hace un niño en una cueva como esa acompañado de un Olog-Hai y un hobbit deshauciado -Gasteizo se rascó la cabezota mientras seguía ensimismado en sus pensamientos.
Vieron pasar una gacela corriendo hacia el este, parecía asustada, como si algo la persiguiera. Se escondieron en el hueco el árbol y esperaron a que lo que fuera que perseguía al animal pasara de largo. No tuvieron que esperar mucho. En unos segundos un huargo solitario pasó por delante de la abertura del árbol, pero no les vio debido a la lluvia y a que su atención estaba centrada en el rumiante.
- Se parecía a Hoesf, era mi huargo. Lo mataron unos cazadores hace unos meses.
Gasteizo le miró con pena, aquello no hacía sino completar la escena: un niño abandonado con una bestia, un hobbit desalmado y un huargo como mascota. No puedo reprimirse y abrazó al niño contra él para darle calor.
- Tenemos que salir de aquí o nos congelaremos -decidió el de La Comarca.

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NotaPublicado: Mié Sep 17, 2008 1:56 pm 
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El olor horrible del ocupante de la enorme cama chocaba con el lujo de ésta y del resto de la estancia. Cuando despertó se llevó una gran sorpresa. Miró a través del escaso espacio que le permitía la mordaza. Intentó moverse y no pudo, y sólo entonces, se concentró en los dos rostros sonrientes que le observaban como si se tratase de un animal de feria.
- Por fin despierta nuestra alimaña favorita -dijo Ardealthal con un desprecio aderezado de sorna.
- Eso parece.
El de Harad trataba de darle forma a la situación en su cabeza, que bullía obnubilada por la rareza de la misma y por un narcótico que los mercenarios le habían hecho inhalar mientras dormía. Los mercenarios oyeron un ruido y se alarmaron, pero después de unos momentos comprobaron que se trataba de una falsa alarma. La cara del preso parecía decirles que le desataran o quizás que les partiese un rayo.
- Te preguntarás qué pintamos aquí, ¿no es cierto? -dijo rompiendo el silencio el montaraz.
Las ataduras se tensaron por el impulso en vano que dio el sureño. Ardealthal prosiguió en su explicación:
- Tú y tus aliados habéis enviado a Enedwaith varios contingentes de soldados para que eliminen a las gentes que allí moran, con la intención de "repoblar" el lugar.
- Mandaste matar a mi familia, maldita sabandija -añadió Gorion, con una actitud más humana que élfica, mientras cerraba el puño y contenía su ira.
- Pues bien. Venimos a advertirte que ya no tienes ni barcos ni olifantes y que, ese punto estratégico para el comercio en el que se ha convertido Rynvörlan, también resistirá tu último ataque ya que el ejército de Gondor y algunos otros aliados se dirigen en estos momentos hacia allí. Podríamos acabar con tu estrategia de un plumazo -añadió pasando un dedo por su cuello de lado a lado, pero puedes ver nuestra buena voluntad de solucionar las cosas pacíficamente. Venimos a recomendarte que depongas tu actitud.
Dichas estas palabras, los dos cazarrecompensas recogieron sus bártulos y salieron sigilosamente de allí en dirección hacia el lugar donde habían dejado sus artefactos voladores. pero cuando llegaron allí, unos soldados estaban examinando aquello que no entendían a saber para qué servía así que tuvieron que improvisar una salida alternativa de los estuarios.
- ¿Sabes nadar? -preguntó Ardealthal a Gorion.
- Los peces me envidian -respondió el elfo.
Los dos sabían qué hacer: llegar hasta el muro y saltar al agua para cruzar desde el islote del estuario hasta tierra firme. Pero todo el lugar quedó plagado de soldados en cuanto un cuerno sonó en lo alto de una torre. El señor del estuario había dado la voz de alarma cuando alguien del servicio entró en sus aposentos. Los mercenarios, levantaron los brazos después de tirar al suelo sus armas.

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Última edición por Peluchico el Mié Sep 24, 2008 10:38 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Sep 23, 2008 5:12 pm 
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- Mamá, ¿es ésta la nueva tierra? -preguntó Serni a su madre.
- Sí, hijo -contestó Gilnärne con lágrimas en los ojos de la emoción, pues acababa de descubrir que todo lo que le habían contado era cierto. Se encontraban ante un territorio vacío, que ofrecía una gran cantidad de recursos para comenzar una vida mejor que la que hasta ahora habían llevado-. Ven aquí, hijo, ayúdame a llevar el fardo.
Serni se acercó hasta su madre y le ayudó a cargar con su fardo además del que ya llevaba encima. En tan sólo dos fardos se resumían las escasas pertenencias que les habían dejado llevar: uno por persona. La brisa acarició sus rostros y Gilnärne no se pudo reprimir por más tiempo. Se echó a llorar, pues nunca había sentido la brisa en su cara a esas horas del día. No había necesidad de cubrirse la cabeza para que la arena no les dañase los ojos ni se metiera en sus orificios nasales y el suelo no quemaba al pisarlo.
- ¿Dónde está el tío Moss? -preguntó Serni-. Dijo que estaría aquí para enseñarnos la nueva tierra.
- No lo sé, hijo, estará por ahí ocupado.
Como Serni y Gilnärne, cientos de caras tostadas miraron hacia la nueva tierra y sus rostros se humedecieron de lágrimas de alegría al pisar por fin un territorio en el que esperaban alcanzar una vida digna como les habían prometido. Hizo falta poco tiempo para que el ambiente se llenara de risas y vítores por haber llegado al lugar elegido. Todos se apresuraron a llegar allí lo antes posible y caminaron hacia la aldea maravillosa llamada Rynvörlan, a orillas de Agua Gris.

Encaramado a un árbol, Caop vigilaba sin poder dar crédito a lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban. Se mantuvo agarrado a la rama, no por miedo, sino porque se quedó sin capacidad de reacción. Esperaba ver aparecer un ejército de guerreros de quienes defenderse y en su lugar había llegado un centenar de pobres insensatos que huían de su pueblo para dar una vida mejor a sus hijos y se iban a encontrar con la muerte en esa aldea. Algo en la cabeza de Caop se revolvió, así como sus tripas, y en cuanto pudo bajó del árbol, y escondiéndose corrió todo lo que pudo para llegar a Rynvörlan antes que los recién llegados.

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NotaPublicado: Mié Sep 24, 2008 7:30 pm 
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En la aldea no pilló desprevenido a nadie el anuncio de un ejército proveniente del Sur. Todos estaban preparados para impedir las embestidas de quienes querían apoderarse de las tierras donde habían nacido. Una gota de sudor frío recorrió la frente del Mariscal Baldor. Solía ocurrirle antes de toda batalla.
De la nada surgió Caop sin resuello. Todos le miraron extrañados, pues tenía los ojos fuera de sí. Con su escaso aliento decía que pararan la lucha que todavía no había comenzado. Un hombre de cierto rango se apresuró a sujetarlo para interrogarle por sus aparentemente desquiciadas palabras. Cuando por fin aclararon el entuerto, todos se relajaron. Vieron llegar a unas gentes en carromatos humildes o incluso andando. La imagen les conmovió por un momento. Justo el necesario para que les cogiera por sorpresa un ataque desde el Oeste.
Todo estaba preparado para pelear en un ángulo que resultó ser el equivocado. La colina sobre la que se habían situado la mayor parte de los soldados de Rohan se antojaba inútil ahora. Como una enorme y devastadora ola, los endrinos salpicaron de muerte Rynvörlan.
El propio Mariscal tuvo que arrebatarle una flecha a la manga de su gambesón. Tuvo que reaccionar en una fracción minúscula de tiempo y ordenar una retirada preventiva hacia el interior de la aldea. Eso podía retrasar lo que parecía inevitable.

Mientras tanto, asomado al río en los estuarios de Umbar, el señor de los Haradrim recordaba cómo había sido hecho prisionero recientemente y pensaba la manera de hacer pagar a sus captores tal afrenta. El jefe de su guardia personal ya había servido de comida a las bestias. Era feo como el sobaco de un tocino y nunca se había dado cuenta de la ineficacia de su nariz, así que desprendía un nauseabundo aroma propio de una cochiquera. Pero también era inteligente.
Sus triquiñuelas no daban todos los frutos que le hubiese gustado. Había enviado a su propio hermano y al hijo de éste a una misión que parecía fracasar según unas fuentes que no eran del todo fiables. Por otro lado, se las había ingeniado para que su hermano se desposara con una Numenoreana Negra para tener a esta etnia contenta en su parcela de poder. Él mismo se había casado con la hija del máximo representante de los Corsarios de Umbar y se había acostado con Wulfa, la hija del jefe de los Dunlendinos, con el fin de tener contenta a la heredera de ese pueblo, que tenía fama de servir a cualquier hombre o elfo que ostentara algún cargo. Las estrategias debían seguirse a todos los niveles y cubrir todos los flancos y él, como la belleza de ébano, hacía lo que hiciese falta para conseguirlo.

En la región de Enedwaith, el atronador sonido de cascos de caballo aplacó el chirrido continuo del acero de las espadas. Los Gondorianos hicieron su aparición.

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NotaPublicado: Jue Oct 02, 2008 12:45 pm 
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En cuestión de minutos la plaza de Rynvörlan había pasado de estar deshabitada a estar llena de gentes de distintas procedencias. Los recién llegados en la "caravana de la esperanza", como se habían autodenominado, no sabían qúé hacer ni dónde refugiarse cuando los Gondorianos, junto con los Rohirrim que todavía quedaban en pie, ayudados por los Aksanvákvet, que salían de sus escondrijos como si de lagartijas se tratara, se enfrentaron a los endrinos que habían atacado desde el frente inesperado. Aquello no era lo que les habían prometido. Las gentes de los carromatos esperaban llegar a una tierra vacía, llena de recursos, lista para vivir en ella, la tierra prometida. En su lugar se habían encontrado un campo de batalla, un lugar por el que todos luchaban y todos querían repartirse su trozo del pastel. En medio, tanto los aldeanos de Rynvörlan, como los recién llegados, pagaban con sus inocentes vidas por la ambición y los deseos de poder de los que lo detentan en otras tierras.

Tras el encuentro con el huargo, Gasteizo y el cachorro humano habían continuado su camino en busca de agua donde lavarse. Gasteizo sabía que cerca de la aldea había un río, pues él mismo había disfrutado de su corriente cuando Hinsel y él, unos días antes habían ido a visitar a su amiga Rána. Tan solo habían pasado un par de semanas desde que la situación perdiera el control y al hobbit le parecía toda una vida. En su aldea las semanas pasaban rápido. Una celebración tras otra y ya estaban de nuevo en las fiestas de Yule. Su inocencia se había perdido en el camino, así como su optimismo y ganas de aventuras. Ahora se sentía cansado, desanimado, incluso agobiado, con un niño a su lado que le había ¿secuestrado? ¿salvado? No lo tenía muy claro.

- ¡Agua! -exclamó el muchacho. No era la primera vez que veía agua, pues en la cueva donde vivía también había una zona inundada por la que se deslizaban en barca, pero sí era la primera vez que veía agua limpia en plena luz del día-. ¿Buena?
- Sí, sí, buena, puedes lavarte con ella, y quitarte esa capa de mugre que cubre todo tu cuerpo.
- ¿Quitar capa? ¡No, con capa sol no daño! -gritó el niño completamente asustado. Gasteizo recordó cómo había conseguido convencer al niño para salir de la cueva.
- Ya... Tengo una idea, esperaremos a que se vaya el sol y entonces podrás bañarte sin la capa y secarte con ella. Ahora vamos a buscar comida. ¿Sabes cazar?
- ¡Comida! Grön sabe cazar
- ¿Grön? ¿´Quién es Grön?
- Grön -el niño se señaló a sí mismo con el dedo. Gasteizo le miró y sonrió.
- Tú Grön, yo Gasteizo.

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NotaPublicado: Jue Oct 02, 2008 6:19 pm 
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Mientras algunas chicas de los Aksanvákvet luchaban codo con codo para defender su territorio, otras prestaron ayuda a los recién llegados, llevándolos hacia la casa de Rána. Debían huir rápido, pues no se sabía cuánto podrían resistir, ya que los del Sur parecían imparables. Los puestos defensivos iban cayendo uno a uno, junto con las esperanzas de los menos optimistas.
En un momento indeterminado de la batalla sonaron unos cuernos que quedaron mudos ante el estrépito de los gritos y los choques de las espadas blandidas pero que, sin duda, marcó un antes y un después en la lucha: eran los Esterlingas, aquel pueblo casi olvidado que parecía resurgir de las cenizas para salvar Rynvörlan. Y a la cabeza iba un hombre fortachón y barrigudo, de pelo moreno y largo y nariz colorada: Mendrugo, el Hombre Salvaje. A partir de ahí, lo que podría haber sido una gran guerra no tuvo ni el apelativo de escaramuza, por el que sería conocido el anterior conflicto librado en la zona.
Los de Gondor, que habían decidido mantenerse al mando del Mariscal Baldor, que estaba al tanto de la situación desde antes de que ellos llegaran, se apresuraron a hacer rehenes. Éstos no opusieron resistencia, pues conocían el honor de los del Norte que les impedía soluciones demasiado expeditivas. Con más respeto del que se merece ninguna persona que trate de arrebatar el sustento a alguien necesitado, los prisioneros fueron conducidos hasta la élite militar formada por el Mariscal Baldor, el jefe de los Gondorianos, el de los Esterlingas y Mendrugo, así como unos cuantos hombres de confianza de cada uno de ellos. Baldor reconoció las caras de los Fraouit entre ellos.

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NotaPublicado: Jue Oct 02, 2008 7:03 pm 
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Un oficial Rohir, vestido con el uniforme de la guardia, se acercó al Mariscal y tras saludar a toda la mesa entregó un pergamino a su señor y dió un paso atras mientras este lo leia y se ponia del color de la ceniza.

La lista de muertos era inmensa pero lo que mas le impresionaba era la cantidad de civiles muertos en defensa de sus tierras. Unas tierras, recordó, que tanto Gondor como Rohan veian como una valiosa contribución a la defensa de sus fronteras. En su mente, desde la masacre de la gruta, bullia una idea que desde la llegada de la caravana de colonos iba tomando mas y mas cuerpo...

Pero eso podia esperar, ahora tenia que solucionar el problema de los prisoneros, mas precisamente, los jefes.


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NotaPublicado: Lun Oct 13, 2008 10:08 am 
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Mientras el mariscal Baldor se disponía a interrogar a los Fraouit, supervivientes de la última batalla acontecida en la aldea, un hombre igual de poderoso se dirigía con paso firme a hacer lo propio con sus dos prisioneros, Ardealthal y Gorion.
El corredor tenía vistas al exterior y éste disfrutaba de la visión de las pocas tierras que no habían sucumbido a la sequía. Aún recordaba las historias que sus mayores le contaban sobre las selvas de Harad, que bordeaban el desierto. Ahora la arena había ganado terreno sin freno y el único reducto de vida se cernía en torno al río.
Oficialmente el terreno pertenecía a Gondor, aunque disponía de la suficiente autonomía como para sentirse el dueño de todo el lugar. A él no le gustaba el término de Harondor y seguía llamando a esas tierras, que sentía como propias, Harad.
Según le habían dicho los prisioneros en un primer interrogatorio, sus dos primeras expediciones habían sido repelidas. Había puesto al frente de las mismas a hombres en los que no confiaba: los Fraouit. Moss-Yamal y él siempre habían estado enfrentados en el poder. Tenía la esperanza de que tanto él como su hijo Moss-Eguirta sucumbieran a las flechas de los elfos que apoyaban a los humanos de Enedwaith. Se disponía a saber algo más de su paradero. Pero antes de eso recordó a su hermano, al frente de la expedición militar que, desde un flanco debía acercarse a Rynvörlan para pillar desprevenida a la resistencia cuando vieran a civiles desarmados acercarse hasta allí. Había enviado como cebo a todos los miembros de la rama familar de los Fraouit que había logrado convencer.

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NotaPublicado: Jue Oct 16, 2008 9:13 pm 
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- Grön -dijo el niño señalándose a sí mismo para luego señalar con el dedo a hobbit-, Gassicho.
- No, Gas... te...i...zo....zo
- Gas-te-i-zo-zo -repitió el niño-, Gasteizozo.
- Ja, ja, ja, ja -rió el hobbit, y se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no reía así-. Gasteizo.
- Gasteizo -y repitió el gesto que su maestro había hecho con las manos.
- Muy bien. Y ahora, dime... qué vamos a ca... -el hobbit no pudo terminar la frase, pues Grön ya había lanzado una piedra con tan buena puntería que le había acertado a un conejo en toda la frente-...zar?
- Comida -señaló el niño dirigiéndose hacia la liebre. Una vez que la agarró por las orejas, le dio media vuelta a su cabeza con un rápido movimiento de muñeca, con lo que le rompió el cuello y le dio una muerte instantánea.
- ¡Ichh! -exclamó Gasteizo ante la habilidad del niño- Veo que estás acostumbrado a valerte por ti mismo.
- Gasteizo hacer calor y comida hacer crip crip y nosotros comer.
- Vale -contestó el hobbit y tradujo mentalmente lo que el niño le estaba dando a entender-, quieres que haga una hoguera para asar el conejo y comérnoslo. Sería una buena idea si no fuera porque la hoguera delataría nuestra posición a Mullog y esa bestia que me torturó.
- Tú hacer calor -insistió el niño ofreciéndole la liebre que acababa de despellejar con una habilidad propia del mejor montaraz-, comida buena con calor.
Gasteizo miró el animal despellejado y miró a Grön y un escalofrío recorrió su espalda.
- Bien, yo hacer calor y tú enseñar a Gasteizo cómo pelar conejo -el hobbit acabó hablando como el niño. Grön le miró extrañado y le empujó hacia una pared de roca que había a escasos metros de allí.
- Aquí calor bueno. Viento no hablar. Comida buena con calor.
Gasteizo aprendía a marchas agigantadas con el niño, pues era un auténtico superviviente. Le obedeció y preparó una hoguera con los palos que Grön ya había recogido. La pared era lo suficiente alta como taparles y el viento corría hacia la dirección de la pared, con lo cual el humo chocaría contra la roca y no serían descubiertos. En unos minutos la hoguera crepitaba y Gasteizo buscaba un palo con el que ensartar la liebre. Cuando por fin encontró uno, descubrió que Grön ya había clavado el animal cazado en algo que no alcanzó a adivinar a primera vista, por lo que se acercó para cerciorarse.
- Esto... ¡es una flecha! ¿De dónde la has sacado? -Gasteizo miró al niño estupefacto. El niño señaló detrás de unos arbustos. El hobbit fue hasta allí para investigar y cuál fue su sorpresa cuando se encontró el cadáver de un haradrim que llevaba varias flechas clavadas en el cuerpo,de las cuáles dos de ellas le habían provocado heridas mortales. El hedor golpeó su nariz en cuanto estuvo a unos pocos metros de distancia y tuvo que alejarse para no vomitar. Grön, mientras tanto, sacaba las flechas del cuerpo inerte y las guardaba. Gasteizo no sabía qué pensar.

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NotaPublicado: Mar Oct 21, 2008 7:27 pm 
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Algunos de los refugiados engañados por sus propios gobernantes tuvieron que ser atendidos por los Aksanvákvet porque no paraban de tiritar, poco acostumbrados a un clima más norteño.

Esseamal y Voronda se afanaban por cubrir, a salto de mata, las necesidades que se iban presentando, pues se veían desbordadas por la situación. Hacía muy pocos días que su hermana Vinga había fallecido y no habían tenido tiempo para percatarse de su pérdida. Las circunstancias crearon un callo en su corazón porque los vivos echaban más en falta su ayuda que los muertos.

El Mariscal Baldor no había sacado nada en claro del interrogatorio hecho a los Fraouit. El padre era una víbora que no soltaría prenda bajo ninguna circunstancia, eso estaba claro, pero el rostro del hijo había cambiado de color en las últimas horas. Su herida parecía no cicatrizar bien y tuvo que ser atendido cuando se desmayó en mitad de una pregunta.

Otro interrogatorio que resultó infructuoso fue el acometido por el morador de los Estuarios de Umbar. De los prisioneros, el hombre parecía perro viejo, astuto y marrullero, del que no se podía sacar ninguna verdad fidedigna; el elfo se afanaba por proferir todo tipo de interjecciones lacerantes, fruto por lo que había deducido, de la ira que sentía por los que habían exterminado a su familia y a su pueblo entero, enviados por quien ahora los tenía a él, y a su amigo y compañero de fatigas, Ardealthal Gelideon.

Las respuestas que habían salido de boca de los del Norte se habían conseguido al aire libre, con el fin de poder echar cubos de agua sobre los prisioneros, com ouna muestra coercitiva más. Fue ese momento en el que el Señor de de Umbar estaba distraído martirizando gustosamente su gaznate con alguna bebida espirituosa, el que una flecha usó para cruzar entre los guardias y clavarse en la frente de éste.

Los soldados tardaron en reaccionar ante tan inesperado acontecimiento. Pero antes de que se organizaran, una enorme masa de músculos que atendía al nombre de Prael, comenzó a repartir mamporros a los que era difícil sobrevivir. Otras flechas fueron eliminando a algún que otro militar, que no salían de su asombro ante una emboscada impuesta en su propia guarida. Era Foniur, el mismo que había matado al infame mandatario el que lanzaba sin cesar las puntas en todas direcciones. Para terminar de sembrar la incertidumbre, un extraño dragón sobrevoló el cielo, lanzando una cuerda: era Landaindo, en el centro de un artefacto mucho mayor que los que habían utilizado los infortunados prisioneros.
Prael arrancó las ataduras de Gorion y Ardealthal y convidó a éstos a que agarraran el cabo de su salvación. No hizo falta nada para que le tomaran la palabra.
- ¡Pensé que ya no veníais! -soltó con algo de falsa petulancia Ardealthal.
- ¡Eso teníamos que haber hecho! -respondió con premura Landaindo, demasiado ocupado como para imprimir un tono de broma a su interlocución.

Un instante después Foniur también se les unió. Landaindo movió algunas piezas y engranajes del monstruo metálico y se elevaron mucho más, dejando a los agonizantes soldados estupefactos ante la artimaña norteña que los había conducido al desastre.

Pero pronto una de las flechas de los escasos soldados, que habían quedado en Umbar para servir a su Señor durante la campaña en Enedwaith, se encajó en una rueda dentada, lo que impidió que Landaindo pudiera pilotar correctamente. El resto de la travesía fue algo tenso, aunque el experto e ingenioso hombre logró llevarlos hasta el barco.

Allí, cayeron sobre la cubierta de manera nada elegante y el metal del artefacto rechinó como los dientes de un huargo hambriento. Empezaban a tranquilizarse cuando vieron que Prael no se levantaba. Estaba boca abajo. Le dieron la vuelta y vieron con horror que tenía una enorme herida por la que había salido mucha sangre. Ardealthal intentó taponar la herida con sus propias ropas, pues el gigantón había arriesgado su vida por él y por Gorion, pero fue en vano.

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NotaPublicado: Mié Oct 22, 2008 4:56 pm 
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Voronda se acercó a un pequeño niño que había llegado en la caravana y mostraba signos de tener mucho frío, pues tiritaba y le castañeteaban los dientes. Lo arropó con una manta y le preguntó por sus padres. El niño la miró con sus enormes ojos negros y luego bajó la mirada al suelo a modo de respuesta.
- Ya no están -contestó con la voz entrecortada todavía por el frío-, mi madre murió en el camino, estaba enferma y nadie pudo ayudarle, pues no podíamos parar. Mi padre está ahí, es el que está en el suelo con una flecha clavada en un ojo.
La segunda de las cuatro hermanas se sintió muy pequeña en ese momento. Aquel niño había visto morir a sus padres y todo por una promesa irreal que les habían hecho quienes gobernaban las tierras en las que vivían. Intentó controlar su ira, pero le resultaba muy difícil. Abrazó al niño y le dijo que fuera con los demás hacia el interior de la aldea.

Esseamal hacía lo que podía para contener a los heridos. El camino había sido muy largo y fatigoso, y algunos presentaban cuadros peligrosos de deshidratación, heridas infectadas y síntomas de desfallecimiento por inanición, pues apenas habían comido nada.
- ¿Por qué no llevaron comida consigo? -preguntó La mayor de las cuatro hermanas a una mujer aparentemente vieja, pero que debía de tener su edad.
- Sólo un fardo por persona. La poca comida que pude llevar se la di a mi hijo.
- ¿Y qué lleva en el fardo? -preguntó Esseamal.
- Semillas. Nos dijeron que en esta tierra podríamos sembrar y traje todas las semillas que había guardadas en el cofre general.
Esseamal miró a toda aquella gente e intentó imaginar cómo era su vida en el lugar donde antes vivían y comprendió sus ansias por viajar hacia una tierra mejor.
- Estas tierras fueron asoladas durante las inundaciones de la segunda edad -comenzó a narrar Esseamal mientras vendaba la pierna de la mujer, que había perdido bastante sangre-, los elfos de la aldea vecina ayudaron a nuestros antepasados a devolverle la vida a estas tierras y convertirlas de nuevo en fértiles.
- ¿Y dónde están esos elfos?
- Fueron...-Esseamal levantó la cabeza y miró directamente a los ojos de la mujer- Fueron asesinados por orden de vuestros gobernantes. Querían matarnos a todos para que este territorio quedara limpio y vosotros lo repoblárais.
- y sabiendo todo eso -la mujer levantó la cabeza de Esseamal empujando su barbilla hacia arriba con la mano-, aún así nos estáis ayudando. Nosotros no sabíamos nada. Nos dijeron que estas tierras estaban inhóspitas. Si hubiéramos conocido la verdad nunca lo hubiéramos permitido.
- ¿En serio? ¿Hubierais preferido seguir en vuestro desierto, sin comida para vuestros hijos antes que venir aquí a quitarnos lo que es nuestro? -Esseamal se levantó muy airada- No seas hipócrita. No vengas ahora con el cuento de que vosotros no tenéis la culpa. ¿Acaso crees que las cosas pasan porque sí? ¿Que estáis tocados por el halo de los Valar y por eso estas tierras han estado reservadas para vuestra llegada?

Las palabras de Esseamal se oían a metros de distancia, y todos los que estaban alrededor de las dos mujeres pudieron escuchar la conversación. Comenzaron los murmullos, la gente se arremolinó en torno a grupos pequeños que cuchicheaban entre sí. Esseamal sintió miedo de aquel grupo de personas sin identificar. Entonces una figura emergió detrás suyo y dijo en voz bien alta, para que todos escuchasen:
- ¡Callad! Estas tierras han estado deshabitadas durante cientos de años, desde que las inundaciones que desolaron la ciudad de Tharbad hicieron que estos campos dejaran de ser fértiles. La información viaja lenta en estos tiempos, pero la reconversión de estas tierras y el establecimiento de los elfos en la aldea de al lado y el propio nacimiento de este pueblo fueron dos noticias que dieron la vuelta a la Tierra Media. Quizá no llegaron a oídos de los habitantes del lejano Harad, pero vuestros gobernantes sí estaban al tanto. Os engañaron con la falsa promesa de una tierras libres dispuestas para vosotros y vuestras familias y ¿qué habéis encontrado? -comenzaron los murmullos de nuevo- una aldea llena de gente que ha sufrido mucho, como vosotros. En los últimos días soldados enviados por vuestros jefes han asolado esta aldea dos veces y matado a nuestros hermanos, hijos, amigos. Todos hemos sufrido demasiado ya por culpa de los mismos. Es hora de unirnos y hacerles frente, y después, construir juntos un nuevo pueblo en el que haya cabida para todos. ¿Qué decís?
- ¡¡¡Síii!!! -se oyó un grito al unísono. Esseamal abrazó a quien acababa de decir tan convincentes palabras.
- Buen discurso, Storem. Bien, ¿cuál es el plan?

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NotaPublicado: Jue Oct 23, 2008 12:09 am 
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- De momento darles de comer y cuando esten repuestos quiero ver a todos los jefes en mi cuartel general y cuando digo todos es todos, gondorianos habitantes de la aldea, los del grupo de colonos y los Aksanvákvet... ¿entendido Histhel?

La joven, que desde hacia un buen rato habia estado reunida con sus hermanos y entraba por la otra parte de la plaza quedó completamente parada, y cuando reaccionó miró con renovada furia a su hermano...

- A mi no me mires, nadie sabe como lo hace pero desde que lo conozco no se le escapa una.

Una vez dadas las ordenes oportunas para que sus hombres mas frescos ayudaran a repartir comida, ropa y mantas, el hombre dió media vuelta, y tomando el camino de las grutas, pasó al lado de Esseamal y Storem, y guiñandoles un ojo Baldor continuó su camino con una sonrisa de zorro que se ha comido cinco gallinas y no le han pillado. En su cabeza bullia el plán mas maquiavelico que mente pudiera planear para dejar a todas las partes contentas... sino ya se veia con túnica de agricultor y dandole a la azada, eso en caso de que yendo mal no saliera del todo mal parado, la otra opción... bueno, mejor no pensar en ella que ya le dolia el cuello.


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NotaPublicado: Dom Oct 26, 2008 4:10 pm 
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Beoren descansaba sentado en la puerta de la casa de Rána cuando vio llegar a ésta.
- ¿Has cuidado bien de mis pertenencias? -le increpó en broma.
- Está todo en su sitio -contestó el beórnida.
- ¿Y los heridos?
- Cada vez quedan menos. Algunos de los que se van recuperando se quedan a ayudar al resto. Así que no tengo mucho trabajo y puedo dedicarme a las trampas. Además tengo un par de ayudantes -dijo, señalando la linde, donde Fehn y Lembillo luchaban contra una rama a la que había que dotar de un resorte, para que sirviera como maza punzante contra intrusos.
- Estas gentes han sufrido mucho. La aldea destruida de los elfos y la de los humanos han vivido mucho dolor.

En la enfermería de campaña, Moss-Eguirta Fraouit escondió en su axila, en un descuido de los curanderos, una especie de cuchillo del instrumental médico. Todavía tenía fuerzas, después de combatir la infección de la herida que Waykim le produjera días atrás.

La joven hablaba con el trillizo, creándose entre ellos un germen que podría dar frutos en el futuro.
- Pareces más fuerte con ese uniforme -le dijo, cambiando de una conversación trivial a otra igual de frívola.
- El gambesón es bastante grueso -le contestó con una mirada nada inocente, el militar.
- Te he visto alguna vez desnudo así que no me sorprende...
- ¿Cuándo me has visto tú desnudo? -interrogó alarmado Cirus a la joven.
- Hacia el Norte, cuando nos conocimos cerca del mar. Cuando te bañaste aproveché para... no me cambies de tema.
- ¡Ja, ja, ja! -rió algo avergonzado el hombre ante las ocurrencias de la chica, ya no tan chica a sus ojos.

Como en una cesta de víboras, una reunión de urgencia se había convocado en los Estuarios de Umbar. El enjuto y demacrado pirata que comandaba al resto de los Corsarios presidía la mesa, sentado en la ampulosa silla que un día antes era ocupada por el anterior gobernante del lugar. Pero el exceso visual del asiento no lograba rivalizar con los suntuosos y espectaculares ropajes del cetrino y bizco ser que, con una voz de mustélido sarnoso, se lamentaba sin mucho afán de la pérdida reciente. Completaban el plantel el padre de Wulfa, un medio orco de piel azabachada de mal perder; un numenoreano negro que ocultaba su rostro por un cubrecabezas de forma indefinida; y unos cuantos gobernantes del Sur de Harad, que no solían acudir a las reuniones en las que no se pudiera sacar tajada, y que habían utilizado alguna repulsiva criatura alada para llegar a tiempo. Ninguno sabía que la misión en Enedwaith había fracasado excepto el Corsario.
- Os he reunido además de para honrar la muerte de nuestro gobernante para otro asunto más -dejó que transcurriera algo de tiempo para que todos le prestaran mayor atención y prosiguió-. Mis espías y correos me han informado del resultado de la campaña en el Norte: ha sido un estrepitoso fracaso.
Algunos de los presentes se echaron las manos a la cabeza. El bizco rimbombante logró acallar las quejas y dar explicaciones.
- Los barcos de la primera partida ¿no eran de Corsarios enviados por ti? -le espetó el padre de Wulfa.
- Sí, pero capitaneados por Moss-Eguirta, el hijo de Fraouit.
El sólo nombre, al ser pronunciado, hizo que uno de los presentes temblara.
- ¿Y la siguiente, con un buen puñado de olifantes? Creo entendido que la comandaba el mismo Moss-Yamal -añadió el padre de Wulfa sin arredrarse-. ¿También fracasó? ¿Qué ocurre en esa aldea? ¿Viven trolls?
- No, pero fueron ayudados por soldados de Rohan y Gondor -contestó el numenoreano negro, que apostaba por ganar puntos ante quien se había sentado ahora en el poder.
- Falta una persona en esta reunión -dijo de pronto el Corsario-. Quiero que se averigüe el paradero de Mendrugo, el hombre salvaje.

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NotaPublicado: Lun Oct 27, 2008 4:28 pm 
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UN POCO ANTES....

- Rána, ¿tienes un momento?

La mujer esperó a que el soldado estuviera a su lado y con una medio sonrisa en sus labios...

- Sabes que para mí eres un libro abierto Baldor, se qué vas a pedirme y sí, si ellos están de acuerdo, por mí no hay inconveniente y tu plan es típico de tí, desde hace años que te conozco sé que prefieres más la diplomacia que la fuerza bruta. Tranquílizate, toda la violencia desatada estos días era inevitable.

- Miedo me darías vieja amiga, si no fuera porque te conozco desde que tengo uso de razón.

- Menos coba jovenzuelo –la frase hizo que la boca del maduro humano dejara escapar una risita.

Aun sonriendo se despidió y tras unos cuantos pasos vio a los trillizos sentados en unas rocas a las que un árbol inmenso daba sombra y cobijo, y mas lejos y fuera del alcance de la vista de los hermanos estaba Grömdal, con su brazo en cabestrillo y mirando, no a Cirus sino a Histhel y con cara de cordero degollado, parecía imposible que tras todos los golpes, tajos y puñaladas recibidas el joven estuviera en pie, pero bueno, ya se sabe que los militares siempre esconden sorpresas, ademas tras la defensa del poblado al frente de sus hombres casi podía olvidar uno su falta, poco a poco se acercó a su posición...

- Hola capitán, como os encontráis?

- Ciertamente no como para ponerme a dar saltos de alegría pero aun estoy en pie.

- ¿Seguís odiando a vuestro primo?

La cara del gondoriano se crispó un poco, meditó unos segundos y tras relajar su semblante...

- No. Tras pensarlo detenidamente me doy cuenta de que he desperdiciado unos años valiosos echando la culpa al que seguramente menos tiene.

- Bien, me alegro de ello ya que tengo unas cuantas ideas para solucionar esto de una vez por todas y os necesito a ambos en el mismo lado y sin rencores. Mas tarde hablamos.

Y tras mirar el paisaje y ver que los hermanos se levantaban como para regresar al pueblo, también él se dirigió hacia el mismo para ver como se encontraban los civiles recién llegados.


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NotaPublicado: Dom Nov 02, 2008 10:02 pm 
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- He visto este tipo de flechas antes, y son hechas por los Haradrim. Me pregunto cómo llegó hasta aquí uno de ellos. Parece ser que durante el tiempo que he estado ausente de la aldea de Rynvörlan han ocurrido un montón de cosas, pues creí que todos habían muerto tras la batalla contra los Mûmakil -comentó Gasteizo en voz alta mientras inspeccionaba cuidadosamente la flecha. El niño saboreaba su parte del conejo asado y no se preocupaba por la procedencia de la flecha. El hobbit miró hacia el sur y vio una columnas de humo que provenían de las casas de la aldea. Al parecer, las chimeneas de las casas de los aldeanos habían sido encendidas de nuevo. Gasteizo miró al niño y le sonrió. El niño imitó su sonrisa y siguió comiendo.
- Tú comer, comida buena -dijo Grön instando al mediano a terminar la cena.
- Tienes razón. Buscaremos un lugar donde refugiarnos esta noche y mañana volveremos a la aldea. Han ocurrido muchas cosas por allí y debo reunirme con Histhel.
- ¿Familia? -preguntó el niño.
- Más o menos. Es mi socia. Pero no es de mi sangre, ni siquiera de mi raza. Es de la tuya. Ella y yo huimos porque había una orden de busca y captura contra su hermana gemela, pero la confundieron con ella, y Histhel, mi socia, quiso buscarla para avisarle y protegerle. El caso es que al final tal orden de busca y captura no era más que una tapadera de un militar de Rohan para que todos los que la perseguían pensaran que se había escapado mientras ella estaba a salvo para hacer nadie sabe qué. Es un misterio que nunca he entendido. La verdad -el niño le miraba ensimismado pues, aunque no entendía ni la mitad de lo que Gasteizo le contaba, le gustaba que lo hiciera, en ese tono, y que confiara en él esa información-, es que los tres trillizos son igual de extraños y llenos de secretos. La una por esa extraña manía de usar dos tiras de cuero en vez de unas buenas botas, la otra por tener una falsa orden de busca y captura y el otro, por haberse alistado en las filas del ejército de Rohan, poniéndose en contra, al hacerlo, de su hermana, que era la fundadora del grupo de los Aksanvákvet, que esos también tienen tela.
- ¿Tela? -repitió el niño divertido- tela.
- Sí, tela y de la buena. Se presentan como reivindicativos y luego en cuanto aparecen los malos se alían con sus enemigos a la primera de cambio. Y luego pretenden cambiar el orden subversivo de las cosas.
- Cosas -repitió de nuevo el niño.
- Y la maga, a esa no te la pierdas. Tiene como amigo a un hombre-oso asesino llamado Beoren, que mató al enano Cain con sus propias manos, y como mascota a un balrog. Está loca. A mí me cae bien la señora Dürsel, espero que se encuentre bien. Hace buenas tortitas.
- Tortitasss.
- Y luego está Waykim, una niñata que va detrás de Cirus, uno de los trillizos. Que aunque lo quiere disimular, se le nota un montón que le gusta ese mozo. Pero es otra cabeza hueca. Cuando apareció de nuevo el trillizo, después de tantos años, ella desapareció. Esta aldea es una olla de grillos.
- Grillos, je je
- Sí, pero no ha sido divertido. Hemos visto morir a mucha gente en pocos días. Llegaron en un barco y mataron a todos los elfos de la aldea de al lado menos a uno. Y luego la escaramuza de Rynvörlan, que tuvieron que luchar todos contra todos...
- Sueño -dijo el niño. Y acto seguido se recostó donde se encontraba y se echó a dormir.

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Última edición por Gwirdyon el Lun Nov 03, 2008 8:14 pm, editado 1 vez en total

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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Balc Gil-Doth miraba al padre de Wulfa en el pasillo. Éste no podía creer lo que le contaba. La hija de sus sueños, guerrera y luchadora, con una ambición más grande que la suya propia, había acabado muerta en el Norte de Enedwaith, según habían informado al bizco cetrino los espías allí enviados. En su cabeza una convección de pensamientos amenazaba con salir por los puños en forma de ira, aunque supo que debía contenerse ya que sabía que agredir al informador no era la mejor manera de planear su venganza.
- Debo partir hacia el Norte, como podrás comprender -casi escupió el padre de la belleza de ébano.
El Corsario asintió, sabiendo que ya no podía fiarse del hombre al que acaba de dar la mala noticia. Sus propios hombres habían sido derrotados en el río Gwatló, junto a Moss Eguirta-Fraouit y Wulfa. Tenía la certeza de que el padre de la chica no tardaría en querer responsabilizarle de la muerte de su vástaga.

En Rynvörlan mientras tanto habían convocado una reunión en pequeño comité, en la que se daba cabida a todas las partes implicadas. Formaban parte de ella el Mariscal Baldor; el Capitán Arvanleg, que estaba al mando de los gondorianos; el hijo del recién fallecido alcalde de la aldea; Esseamal la Aksanvákvet; un alto cargo Esterlinga; Mendrugo el Hombre Salvaje; y una mujer, Gilnärne, de los refugiados de Harad, que tenía un hijo muy curioso, de ojos vivos y corta edad llamado Serni. También estaban allí los trillizos, a los que algunos de los asistentes miraban con suspicacia.

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Última edición por Peluchico el Sab Dic 27, 2008 2:47 am, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mié Nov 12, 2008 7:40 pm 
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Apenas el sol estaba apareciendo por el horizonte cuando Grön ya se había despertado y puesto en pie. De sobras es sabido que a los hobbits no les gusta madrugar y aunque Gasteizo era una excepción en muchas cosas, ésta no era una de ellas. Grön estaba acostumbrado a huir de la luz del sol, puesto que le habían enseñado de pequeño que sus rayos eran letales, y gracias a la capa que el hobbit le había prestado, creía estar a salvo de sus efectos. Estaba agachado tras un arbusto, escondido bajo la capa, con una piedra en la mano. Un gazapo se acercó hasta donde dormitaba el mediano. Le olió la nariz, le hizo cosquillas con sus bigotes en las mejillas y finalmente mordisqueó su camisa hasta arrancarle un trozo, momento en el que Gasteizo abrió los ojos. Una piedra pasó a gran velocidad por delante de sus órbitas y aterrizó en la cabeza del conejillo matándole del certero golpe. Gasteizo se asustó, pues no le gustaba despertarse con sobresaltos. Grön le miraba sonriente.
-¡Comida! -exclamó el niño orgulloso de su hazaña matutina. Gasteizo se levantó despierto del todo y se acercó al río que estaba cerca. Justo cuando iba a coger agua para lavarse la cara se percató de unas huellas que había en la orilla.
- Interesante. Estas pisadas provienen del oeste, por la dirección del pie que las produjo, y se dirigen hacia el este, lo cual me hace pensar, por los acontecimientos ocurridos en los últimos días, que la aldea está por allí. Bien, pues ahí iremos nosotros también -concluyó Gasteizo después de su monólogo deductivo. El niño ya había hecho lo propio con el conejo y el rumiante ya colgaba de las patas traseras de una cuerda que el niño llevaba alrededor de su cintura. Al momento se pusieron en marcha.

No habían avanzado ni unos metros, cuando un huargo se plantó delante de ellos en medio del camino. Gasteizo se quedó petrificado, no se movió del sitio para no llamar su atención. El niño, sin embargo y en contra de lo que el hobbit esperaba que hiciera, se abalanzó sobre el cuello de la bestia.
- ¡Hoesferin! -exclamó el niño ilusionado a la par que abrazaba al bicho. Gasteizo no daba crédito a lo que veía. El huargo lamió la cara del niño y dejó que éste le acariciara. Cuando ambos terminaron de reconocerse, el niño se puso de nuevo en pie y miró al mediano que estaba temblando de miedo.
- No deberías acercarte a ese animal... -aconsejó Gasteizo al niño sin demasiada convicción.
- Hoesferin -dijo Grön señalando al huargo- él pequeño cuando Hoesf morir. Yo cuidar de él hasta crecer y luego irse.
- Vaya, vaya -rumió Gasteizo para sus adentros-. Lo que este niño hace con las bestias es incluso superior a lo de la maga loca.
- Venir -el niño agarró al hobbit del brazo y lo arrastró hasta que su mano rozó el hocico del huargo. El hobbit cerró los ojos completamente asustado. El huargo olió sus dedos y bajó la cabeza. Al momento apareció otro huargo más que también se acercó. El niño sonrió, Gasteizo abrió los ojos y comenzó a sollozar por el miedo. El otro huargo olió a Hoesferin, luego reconoció con el olfato también al niño y, finalmente, hizo lo mismo con el mediano, olor que le resultó más apetitoso. Hoesferin lanzó un gruñido al notar sus intenciones.
- Esto no me gusta -musitó Gasteizo.
- Hoesferin encontrar compañera -Grön se desató la cuerda que llevaba atada a la cintura y ofreció su trofeo matutino a la hembra huargo como regalo. La hembra dio buena cuenta de las entrañas del conejo y ofreció el resto a Hoesferin. Tras el festín, que duró apenas unos minutos, los dos huargos se acercaron al niño y ofrecieron sus lomos para que tanto él como Gasteizo montaran en ellos. Grön montó sobre el huargo macho con gran presteza, se notaba que estaba acostumbrado a hacerlo. Gasteizo miraba receloso a la hembra, no le gustaba montar a caballo, ni siquiera en poney, y mucho menos le apretecía montar una bestia salvaje como esa, pero decidió imitar al niño, pues hasta ahora nadie ni nada le ofrecía más seguridad que esa criatura de casi una docena de años. El niño se volvió y miró divertido al hobbit, que hacía lo posible por mantener el equilibrio y no rozar demasiado a la hembra huargo, pues temía llenarse de pulgas. En unos segundos estaban viajando por el pequeño bosque a gran velocidad.

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NotaPublicado: Sab Nov 15, 2008 11:38 am 
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Landaindo, el inventor, no podía disimular el dolor de ver alejarse por el mar la balsa ardiente con los restos de Prael. Foniur permanecía a su lado con entereza y los aventureros Gorion, el elfo, y Ardealthal, el montaraz, agacharon la cabeza al sentir la pesadumbre que se cernía en el corazón de sus nuevos compañeros de fatigas.

Estaban de nuevo en la desembocadura del río Gwatló, un lugar en el que Foniur y Landaindo se miraron a los ojos y que los dos amigos de Prael juzgaron como idóneo para el funeral.
- Él lo hubiera querido así -dijo Foniur rompiendo el silencio-. Era práctico pero de unos sentimientos exquisitos.
- Sí -consiguió vocalizar Landaindo, con cierta dificultad, mientras arrastraba algunas lágrimas desde su pómulo izquierdo hasta un trapo.
Foniur se volvió hacia el rondador de los bosques y le puso una mano en el hombro.
- Bueno, creo que nuestros destinos se separan aquí por algún tiempo. Debemos partir hacia Gondor aunque dando un pequeño rodeo por el mar, ya que allí nos espera una nueva misión -le confesó.
- Nosotros tenemos que ayudar aquí en Rynvörlan, río arriba. No sé cómo estará la situación desde que nos fuimos.
Se despidieron con efusivos abrazos prometiendo, como se suele hacer en estas ocasiones, volver a verse en un futuro lleno de felicidad y las dos parejas tomaron rumbos diferentes.

En la aldea, Serni y dos niñas de su edad zancocheaban con barro en el suelo con ayuda de un palo, jugando a las comiditas. Reían alegremente e interpretaban distintos papeles de adulto, intentando en vano engolar las voces para que resultaran graves cuando un crujido en la espesura del paisaje les sacó abruptamente de su fantasía. Se volvieron hacia la procedencia del sonido y se abrazaron en un ineficaz gesto de protección. Tras unos interminables instantes, la tensión no disminuyó nada cuando vieron aparecer unas bestias llenas de dientes sobre las que montaban dos pequeños hombres. Uno de ellos le hizo un gesto para que aguardara quieto y descendió del animal. Tras recomponer sus ropas con cierto desatino, lindante en la comicidad se acercó despacio a los chiquillos para hablarles:
- No temáis, somos amigos -dijo el pequeño hombre de pelo ensortijado.
- ¡Mirad! -gritó una de las niñas señalando los enormes pies descalzos y velludos de Gasteizo-, tras lo cuál, pusieron tierra de por medio chillando hacia la aldea.
- Asustas tú -dijo Grön, que se había bajado de la montura y compartía la visión de los renacuajos corriendo-. Pies miedo tú.
- Si sólo quería preguntarles si estábamos cerca de Rynvörlan -dijo el hobbit resignado.
- ¡Mira, casas! -añadió el chico salvaje.
- Reconozco este lugar. Hemos llegado -dijo, atando la huargo a un árbol.
El chico de ojos vivaces se sintió inquieto al comprobar que el lugar no le era desconocido.

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NotaPublicado: Mié Nov 19, 2008 12:00 am 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Cirus, en uno de los rincones del cuartel general de Baldor parecía absorto en sus pensamientos, su semblante dejaba entrever una mezcla de confusión y esperanza. Recordaba lo sucedido una hora antes, aproximadamente, cuando cansado, tras ayudar a socorrer al grupo recién llegado se retiró al granero del final del pueblo y estando acostado escuchó que la puerta se abría.
Waykim también estaba cansada pero no dejaba de darle vueltas a la conversación con Cirus en la que se le escapó su pequeño secreto. A medida que su joven naturaleza recordaba las imágenes dejaba atrás la inocencia de la niñez y se afianzaba el principio de la madurez y un sentimiento desconocido brotaba en su joven corazón. Vio como el joven se dirigía a un granero y poco a poco sus pies la llevaron al mismo lugar y sin pensarlo abrió la puerta.
Aunque deslumbrado por la luz que entraba por la puerta y que delineaba el contorno de una figura, esta era lo suficientemente conocida como para saber que ningún peligro podía esperar de ella. Lentamente la puerta se cerró y un sonido sordo delató que se había encajado el baldón que servía para bloquearla.
Cirus se incorporó hasta quedar sentado y mirando a Waykim esperando a ver por donde salía la muchacha. Sus ojos se abrieron como platos cuando vio como esta soltaba el cinto que ceñía su túnica a su esbelta cintura y luego lentamente dejaba deslizar esta al suelo dejando al descubierto todo su potencial femenino.
-Ahora estamos en paz.
Tras esas palabras dió media vuelta, recogió su túnica y tras vestirse desapareció dejando al hombre boquiabierto.
-¿Te ocurre algo?- Baldor estaba delante de él, y en sus ojos brillaba la luz de la comprensión. – Venga, primero terminemos el follón político y luego ya veremos cómo solucionamos tu futuro.


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NotaPublicado: Mar Nov 25, 2008 12:50 am 
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.- No se como he podido hacerlo, pero ya está, ahora podré olvidarlo!!!.-
Waykim caminó deprisa al salir del granero, ajustandó bien su túnica en dirección al acantilado, su refugio en tantos momentos, lugar de tantos acontecimientos tan cruciales para el poblado. - Ahora empezará otra vida, no debo entrometerme, se debe a su familia, su ejercito, aún debo aprender mucho, solo le entorpeceria. Es mejor así. -
Sin darse cuenta se alejó del poblado y...

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NotaPublicado: Dom Nov 30, 2008 4:06 am 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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... Cuando se quiso dar cuenta sus pasos la habían encaminado a la casa de Rána, la cual, como si la estuviera esperando, estaba apoyada en un árbol.
- Hola muchacha, ¿qué te trae por aquí?
Waykim se paró y como despertando de un sueño enfocó sus ojos sobre la istarë y viendo la dulzura con que era observada, algo en su conciencia y corazón se derritió y abrazándose a la mujer empezó a llorar
-Bien, deshazte de la angustia, la culpabilidad y los remordimientos, que tu espíritu quede limpio de todos tus actos de violencia y cuando estés preparada dímelo y empezare tu entrenamiento como sanadora. Te aviso que serán años.
Tras escuchar las palabras su carita se iluminó y poniéndose de rodillas y escondiendo su rostro en la falda de Rána…
-Si, entréname, haz que la próxima vez que lo vea pueda ser una buena compañera, para entonces ya seré una mujer.
Indicándole su casa y que empezarían inmediatamente con su aprendizaje, ayudando a los heridos que en ella se encontraban dejó que se adelantara y con una sonrisa en su rostro pensó…
-Apreciado amigo, ya hay una en el camino, tu plan empieza a moverse.
En la lejanía, como si el Mariscal pudiera oírla, también esbozó una tímida sonrisa.


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NotaPublicado: Dom Nov 30, 2008 11:05 am 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Es conocida por la mayoría la imprevisibilidad y poca voluntad para atender a razones que tienen los huargos así que, cuando Gasteizo explicaba a Histhel, Grinsel y Cirus la aventura en la que se había visto envuelto con el mocoso, cuyas pelambreras no dejaban apenas vislumbrar un rostro de niño y menos aún bajo la capa, las bestias tomaron el establo del señor Lamandil, oriundo superviviente de la aldea y consideraron oportuno darse un festín dentro. Todos vieron con cierta adversidad el regreso del hobbit.
- ¡Malditos bichos! ¡Han acabado con mi ganado! ¡Mi salud no será la misma! -decía el hombre, disgustado, echándose la mano al pecho.- ¡Lo que no han logrado los sureños lo van a hacer dos bestias!
- ¡Haz algo, Grön! -increpó Gasteizo al niño salvaje. El corazón le dio un vuelco a Histhel al oír ese nombre. El nombre del padre de su hijo comenzaba igual y... también, más o menos, el de su hijo desaparecido Grömdalion.
- ¡Yo arreglar! -exclamó y se dirigió deprisa hacia el establo.
- ¡Yo le ayudo! -gritó Serni, justo antes de que Fehn le detuviera.
- ¡Quieto, chico! -dijo el chamarilero y montaraz de postín, reconvertido en artesano trampero, que había acudido de nuevo al pueblo en busca de material con que confeccionar sus artefactos. Lembillo sonrió al ver el arrojo del chiquillo.
Histhel corrió también hacia el establo, pero a ella, nadie la detuvo. Se acercó a la puerta por la que había entrado el salvaje y vio que éste acariciaba a uno de los huargos mientras el otro intentaba conseguir el mismo trato de favor. En el suelo, dos cabezas de ganado destripadas daban testimonio de los acontecimientos recientes.
Las bestias erizaron su ralo pelaje, levantaron sus orejas, tensaron sus mandíbulas y enseñaron una colección de dientes sin piezas melladas.
- ¡Tranquilos, amiga! -dijo el chico, consiguiendo que los huargos aplacaran sus ansias de engullir a Histhel y se convirtiean en mansas criaturas.
- Grömdalion, ¿eres tú? -se le deslizó de la boca a la montaraz.
El chico miró a la mujer de arriba a abajo, su rostro cambió muchas veces casi imperceptiblemente dejando paso a un torbellino de estados de ánimo y una miríada de imágenes y recuerdos difusos, y su boca se entreabrió.
- ¡Madre! -lanzó al aire, mientras engullía un resto informe de carne que las bestias habían dejado.

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NotaPublicado: Dom Dic 07, 2008 10:11 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim empezó su aprendizaje diario bajo la atenta mirada de la ïstaré, que con severidad y tacto le encomendaba los enfermos de peores síntomas para probarla, sin que la chiquilla pusiera mala cara o diera muestras de rechazo, asco o repugnancia. Era atenta, amable, recogia hierbas para las pociones, mostraba gran interés y una sorprendente destreza para prepararlas, siempre tenía una palabra de aliento para los enfermos. Su carita apenas sonreía.
Acababa la jornada recogiéndo la enfermería y seguia un ritual, irse al acantilado; Rána nunca la siguió, nada objetó.
Hasta que un atardecer...

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NotaPublicado: Vie Dic 19, 2008 7:46 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Hasta que un atardecer en que hacía demasiado aire para ir hasta la escarpada orilla del Agua Gris decidió quedarse en casa de Rána. Allí, cada soldado que se restablecía y podía ir hacia el campamento del mariscal Baldor por su propio pie, era celebrado como un triunfo para todos los encargados de curarlos. Y Waykim era una de las más escandalosas a la hora de hacerlo. Tanto que un día, sin querer, en uno de esos arranques de felicidad espontánea que le daban dio un respingo que acabó en un empujón a uno de los nuevos guardianes del recinto, el joven Lembillo.
- Perdón -dijo la joven, mientras se zapaba del chico que tenía, como mucho, un año menos que ella.
- Ha sido un placer -contestó con una sonrisa de oreja a oreja, el pícaro chaval.
Fehn el trampero y antiguo chamarilero, así como Beoren el hombre que se podía transformar en oso, rieron ante la verbigracia.

Los días de tranquilidad habían dado fuerzas a la comunidad entera para reconstruir la aldea. Los recién llegados desde el Sur fueron acogidos sin reticencias y se les proporcionaron cobijos que no estuvieran todos juntos, sino repartidos por el pueblo, con el fin de evitar que se formaran grupos de marginados. Los antiguos moradores de Rynvörlan se veían esperanzados por los nuevos acontecimientos y decidieron dejar atrás los desastres recientes, ayudados por el ejército.

Histhel y Grömdal pasaban juntos la mayor parte del día, conociendo a su hijo en común. Parecía que las asperezas de su relación se iban desgastando por el profundo amor que se profesaban. El chico les proporcionaba suficientes quebraderos de cabeza a los dos y los metía en los suficientes líos como para que tuvieran tiempo de discutir. Se habían instalado en la casa del horno y Grömdal hacía las veces de improvisado panadero, aprovechando los días de permiso que el perspicaz Mariscal Baldor le había concedido.

Una noche en la que el militar llevaba el rostro cubierto de harina, y el chico dormía plácidamente entre un montón de heno, pues lo prefería al cómodo jergón, la montaraz se le abalanzó y recuperó su pasión sobre la mesa de trabajo.

Ardealthal había llegado a la aldea en el momento de la tensión por el ataque de los huargos al establo unos días antes y pudo comprobar cómo se le escapaba del horizonte de su amor Histhel, la mujer a la que había perseguido y de la que, sin querer reconocerlo, se había enamorado perdidamente. Gorion se dio cuenta y se lo llevó a la medio derruida taberna del pueblo ese día y los que le siguieron. Aunque ambos tuvieron tiempo de hablar con los miembros de la mesa que se reunía todos los días, para tratar sobre la reconstrucción de Rynvörlan.

Cirus y Grinsel cada vez encontraban más huecos en sus vidas para recuperar el tiempo perdido en su relación como hermanos. Ambos seguían algo traspuestos por la conversación que mantuvieron junto a Histhel y la istäre Rána: una conversación que debe contarse más adelante.

Una noche cualquiera, Fraouit el hijo, que estaba atado junto a su padre, aprovechó un despiste de los vigilantes para estrangularlo, apretando sus manos atadas sobre el cuello. Moss-Yamal se sintió sorprendido y enojado mientras sus fuerzas fallaban ante la falta de aire, pero su rostro quedó tranquilo cuando el último hálito de vida huyó de él: adivinó cual era la estratagema de su hijo y vio que había criado un vástago a su imagen y semejanza.

Al despuntar el alba, los soldados se percataron del rostro azulado del preso y se acercaron para ver qué ocurría. Moss-Eguirta, con la fuerza bruta que proporciona un estómago bien alimentado de sangre y la coyuntura de un saliente en el terreno donde desgastar las ligaduras, se abalanzó sobre el primero quebrándole certeramente el cuello y arrebatándole la espada, cortó la vida de los otros tres antes de que pudieran dar la alarma. Vestido como uno de los soldados de Rohan, no tuvo dificultad para abandonar el pueblo camino de Harad. Nadie se dio cuenta de su desaparición hasta que fue demasiado tarde para perseguirlo. Además, el miedo se apoderó de los soldados cuando comprobaron que Moss-Yamal Fraouit parecía haber sido atacado por un vampiro que le había sorbido el fluido vital.

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NotaPublicado: Sab Dic 20, 2008 6:30 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Storem, ¿crees que esta tranquilidad será duradera en el tiempo? -preguntó Esseamal a su amado mientras le pasaba un hatillo de leña para colocarlo bajo la escalera. Estaban guardando provisiones de cara al invierno que se avecinaba.
-Eso no se puede saber nunca. La tranquilidad es muy relativa y la línea que separa la guerra de la paz tan fina como el cabello de una elfa. Sólo puedo decirte que debemos no descuidarnos y estar siempre alertas al más mínimo indicio de actividad en cualquier punto alrededor de la aldea -contestó Storem y abrazó varios fajos de leña entre sus poderosos brazos.

Un niño entró corriendo en la cabaña de la leña gritando y riendo. Se escondió tras Esseamal y tras él apareció Gröm persiguiéndole. Estaban jugando a pillarse uno a otro.
- Muchachos, marchad a jugar a otro sitio, aquí os podéis hacer daño -exclamó Storem con voz grave y profunda.
- ¡Aayy! -gritó Serni, pues se había clavado una astilla en el brazo. El trozo de madera se había incrustado con profundidad en la carne del niño y le causaba un gran dolor.
- ¡¡Ya os lo había dicho!! -rugió Storem, dejando al chaval más asustado por su voz que por el accidente-. Necesitaré algunas cosas para sacarte esa astilla y te va a doler.
- No, no duele -dijo Gröm y se acercó al chico. Puso su mano sobre el brazo del chico y miró fijamente la astilla. Apenas un segundo después la astilla salía del brazo del niño sin que nadie la tocara, como movida por unos hilos invisibles que un marionetista controlara. Cuando la astilla salió del todo al exterior la herida comenzó a manar sangre. Gróm colocó una hoja que llevaba en el bolsillo sobre la herida y la hemorragia cesó. Storem y Esseamal habían sido espectadores de excepción, junto con Serni, de lo ocurrido en la cabaña de la leña.
- ¿Cómo has hecho eso? -preguntó Esseamal.
- Es fácil. Yo curar así a mi huargo y a Mullog cuando él caer por la roca...
- ¿Quién es Mullog? -Preguntó Storem.
- Mi amigo. Él no malo, pero Globbúrz sí malo, él obligarme a secuestrar a Gasteizo y atarlo -contestó Gröm mientras jugaba con unas piedras en el suelo.
Esseamal miró a Storem. Le hizo una señal para que se quedara con los niños y salió fuera de la cabaña. Tanta prisa tenía que no vio a su vecino y se topó con él de bruces haciéndole tirar al suelo toda la carga que llevaba encima.
- ¡Hey! Un poco de cuidado. ¿Se puede saber dónde vas con tanta prisa? -preguntó el lugareño.
- Busco a Gast... al mediano. ¿Lo has visto por algún lado? -preguntó Esseamal exaltada.
- Claro, no pasa desapercibido precisamente, sobre todo si hay una tarta de manzana en el alféizar de la ventana. Ve a la vieja panadería y allí lo encontrarás. ¡Y dile de mi parte que la próxima vez que se coma una tarta de mi propiedad se las verá conmigo! -el vecino se fue refunfuñando y dio la vuelta a la esquina. Pasó por la puerta de la cabaña de la leña y siguió todo recto hacia el final de la calle.

Esseamal no tardó en llegar a la antigua panadería regentada en el pasado por la Señora Dürsel, y de la que ahora se hacía cargo su hija Histhel junto con Grömdal. Entró en la panadería y se encontró a Gasteizo comiendo un pastel con arándanos. Esseamal hizo una señal a la montaraz para que retirara todo lo que quedaba del pastel con la intención de obligar al hobbit a salir de allí. El hobbit la miró extrañado y dejó de comer al momento.
- Un hobbit inteligente sabe cuándo debe dejar de abusar de la hospitalidad de los demás. ¿En qué puedo ayudarte? -preguntó Gasteizo.
- Tenemos que hablar. De Grömdalion -dijo en voz baja y dejando al mediano con la palabra en la boca-. Vamos a mi casa.

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Pocas horas después de huir de la aldea, Moss-Eguirta aterrizó en los Estuarios de Umbar. Replegó sus alas, a las que no le había costado nada adaptarse y tomó forma humana. Cuando uno de los soldados le reconoció por los pasillos se atragantó del susto, ya que nadie había avisado de su llegada. Balc Gil-Doth disfrutaba de su trono cuando el propio Fraouit irrumpió en el salón tras apartar de un empellón a varios guardias.
- ¡Buenas tardes, Balc! Supongo que ya no esperabas verme -escupió, mientras el nuevo gobernante se reponía del susto.
- ¡Moss-Eguirta, dichosos los ojos que logran verte! -dijo manifiestamente contrariado.- Cuéntame tus viajes por el Norte.
- No tengo mucho que contar, salvo que ni era como mi padre y tú creíais ni se podía uno quedar con las tierras para no depender ni de unos ni de otros. Así que viendo que no podía cumplir allí mis planes -dijo acercándose brúscamente a Gil-Doth- he decidido darme un capricho aquí.
Y en una fracción de segundo agarró a su goberanante y le mordió en el cuello. Los guardias que allí estaban se abalanzaron sobre el joven Corsario, que se deshizo de ellos sin soltar siquiera a su presa. Después de un momento de succión próxima al paroxismo mental se sentía pleno de júbilo. Su fuerza era ahora grande, y el poder, su motivación.

Mendrugo se puso a recordar cuando se reunieron en pequeño comité, algo más de una semana atrás. Todos los asistentes a La Mesa pudieron comprobar las semejanzas de los trillizos. Uno de los que más recelosos se mostraron con ellos fue Taryakár, el nuevo alcalde de Rynvörlan, hijo del anterior. Su infancia, llena de relatos misteriosos y supercherías, habían minado una mente ya de por sí difícil de abrir a nuevos horizontes. La coincidencia de tres iguales, los trillizos, en un mismo lugar podía atraer la desgracia según algunos, una gran suerte según otros. ¿Quién sabía qué había de verdad en todo ello?
El hombre salvaje se encontraba en una de las tiendas donde los hombres de Rohan habían alojado a los Esterlingas que acudieron al rescate de Enedwaith, acompañado del alto cargo llamado Dul Mûl, que se encontraba en un duermevela aparente, así que mendrugo decidió seguir en sus pensamientos.
Mientras, el joven y recién nombrado capitán del ejército del Reino de Gondor, Arvanleg, también estaba en esos momentos recordando aquella reunión. Le vino a la memoria que se fijó desde el primer momento en lo que diferenciaba a los tres hermanos: sus atuendos. Mientras el hombre, Cirus y una de las chicas, Grinsel si no recordaba mal, portaban los uniformes de sus respectivos ejércitos -aunque le pareció extraño que Cirus llevase un saquete en la mano-, la otra joven llevaba las pieles raídas propias de una persona habituada al bosque y a las artes de la supervivencia. Pero lo que más le llamó la atención fue el raro modo en que se cubría los pies la montaraz: dos tiras de entretejido cuero que pasaban por su empeine y bajo sus pies de manera aparentemente sencilla. Rememoró uno de los diálogos que más le habían impactado.
- Os he reunido aquí y he invitado además a los famosos trillizos de esta aldea para aclarar ciertas dudas que sé que rondan por las cabezas de muchas de las gentes sobre las que tenéis influencia -dijo al fin el Mariscal Baldor.- Pero será mejor dejarles paso para que se expliquen por sí mismos.
- Si me permitís, debo derramarar este saco sobre la mesa -solicitó Cirus y acto seguido embadurnó de harina de su horno el tablón y sus aledaños. Algunos manotearon y parpadearon profusamente hasta que se disipó la polvareda.
- Y yo tengo que subirme a ella, pues es mi función en esta historia -se tomó la libertad de decir Histhel.- Y de un salto grácil como nunca habían visto algunos de los presentes se colocó en el centro.
- Soy entonces la encargada de contaros la historia -se oyó desde el rincón donde se había situado la tercera en discordia, Grinsel.
- ¡Capitán Arvanleg! -gritó uno de los soldados de Gondor sacando a este de su ensoñación- el Mariscal solicita su presencia.
Los recuerdos del capitán tendrían que esperar para un momento más propicio.

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NotaPublicado: Mar Ene 06, 2009 8:46 pm 
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Lo que en aquella reunión ocurrió una semana atrás había sido tan importante que ninguno de los asistentes había podido dejar de pensar en ello los días posteriores. Gilnäme, como representante de los refugiados llegados del sur, no sólo recordaba la reunión, sino el motivo que llevó a que se llevara a cabo con tanta urgencia. Diez días antes varios de los habitantes originarios de Rynvörlan atacaron sin mediación a un grupo de refugiados y les acusaron de ser los culpables de todas las desgracias que habían acechado a la aldea en las últimas semanas. El grupo de los atacantes era de lo más variopinto, pues entre ellos se encontraba uno de los jóvenes perteneciente a los Aksanvákvet, el ayudante del alcalde, un par de campesinos que habían visto perder todas sus cosechas bajo las patas de los olifantes y un padre que había perdido a todos sus hijos en la "escaramuza". Los atacados se defendieron como pudieron, pero aún así uno de ellos murió de un estacazo en la cabeza propinado por uno de los campesinos y el resto resultaron heridos, unos más graves que otros. Resultaron heridos porque los separaron a tiempo. El hijo de Gilnäme los vio y avisó a su amigo Grön, quien a su vez avisó a Histhel y Grömdal. Consiguieron poner fin a la pelea, pero no mitigar el odio y rechazo, hacia los refugiados, que estaban creciendo en el pueblo desde su llegada.

Gilnäme vio a Histhel llorar, nunca la había visto desfallecer ante ninguna dificultad, pero en esta ocasión se vino abajo. Los niños fueron obligados a irse a sus casas y los heridos recibieron las atenciones que se les pudieron dar, pues las medicinas escaseaban. Histhel se cubrió la cara con su capa y se dirigió hasta la panadería que regentaba junto con Grömdal, no miró a nadie ni levantó la cabeza del suelo hasta estar dentro de su local. Al día siguiente se convocó una reunión de urgencia, en la que estaban presentes todos los miembros de la Mesa de Rynvörlan.

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NotaPublicado: Mar Ene 13, 2009 3:02 pm 
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La reunión. El Mariscal Baldor iba hilando retazos de las conversaciones que tuvieron lugar en ella mientras Enedwaith tornaba, tomaba una forma de administrarse que sería ejemplo en el futuro. Histhel sobre la mesa pisando con sus pies que formaban un dibujo, Grinsel hablando, todos atentos,... La triple función de las tiras de cuero parecía desvanecerse en ese instante, con todas las miradas puestas en ellas y en la imagen grabada sobre la mesa. Servir como calzado era una anécdota comparada con las otras dos. Recordar al hijo perdido y recién encontrado era maravillosa. Por último, perfilar la nueva situación política de todo un territorio, con sus divisiones, sobre las que gobernar en paz y prosperidad y que todo el mundo estuviera de acuerdo en la reunión fue todo un hallazgo, una muestra de providencia, una clarificación a un problema todavía por debatir.
Todo Enedwaith pertenecía al reino de Gondor, como hasta ahora. Pero el rey Elessar dejaría que la aldea de Rynvörlan fuera la embajada en ese territorio, del Reino de Rohan, con lo que sus habitantes gozarían siempre de la protección de ambos reinos. Él extinto enclave de los elfos sería ahora ocupado por los recién llegados del Sur, siendo un barrio de Rynvörlan gozarían de los mismos derechos que el resto. Por su parte, los Hombres Salvajes tendrían libre circulación por todo el territorio, sin verse sitiados como hasta ahora y los Esterlingas podrían utilizar el río Agua Gris para sus rutas comerciales, a cambio de una pequeña cantidad.
Nadie sabía porqué dos simples listas de piel podían dar tanta información, ni cómo todos habían llegado a la conclusión de que era lo mejor que podía hacerse, pero salieron de allí satisfechos y dispuestos a recomponer el lugar.

En el Sur, en los Estuarios de Umbar alguien a quien en tiempos se le había llamado Moss-Eguirta Fraouit acumulaba poder y maldad.

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NotaPublicado: Mar Ene 20, 2009 5:03 pm 
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En la taberna, tras repetir la misma operación una y otra vez, Ardealthal decidió dejar la jarra de cerveza en la barra y no beber más, pues su capacidad para mantener el equilibrio y para vislumbrar con claridad lo que le rodeaba se había visto mermada en los últimos minutos debido a los efluvios de los vapores etílicos. Una mano fuerte se posó sobre su hombro dándole un sonoro golpe.
- Es un buen día para emborracharse, tan bueno como otro cualquiera -dijo Storem-, yo también lo haría si no fuera por...
- Calla, calla -respondió Ardealthal con voz ya gangosa y sin poder controlar la direccionalidad de su dedo indice, que casi acabó dentro del ojo de su acompañante de barra-, emborráchate hoy, porque mañana no sabemos si estaremos vivos todavía... ¡hip!
-¡Ja, ja, ja! ¿y eso me lo dice el montaraz más temerario que he conocido? -Storem retiró la jarra del alcance de Ardealthal y le ayudó a erguirse sobre sí mismo-, No bebas más, amigo, en cualquier momento sería necesario que pudieras coger tu espada y si no puedes tenerte en pie no nos serás de gran ayuda...
- ¡¡Tonterías!! ¡Hip! -le interrumpió el montaraz-, aquí ya he terminado todo lo que había venido a hacer, ahora que se apañen como puedan... me voy al sur, o al norte o.. yo qué sé dónde me voy, ¡pero me voy! Cuida de ellos y de Esseamal y de Histhel... porque ese tipo que está con ella, Gromdal, no me gusta... en fin, ésta ha sido mi última cerveza en esta aldea. Ayúdame a salir de aquí.
Tras unos minutos de silencio, Storem dijo:
- Tengo un amigo que puede conseguirte una barca, puedes usarla para viajar al sur, o al norte, o subir el Gwathló hasta su nacimiento y luego seguir por las montañas a pie...
- Gracias -contestó el montaraz y meditó su próxima frase, pues necesitaba ordenar las palabras en su cabeza-, eso haré... gracias por todo amigo... aunque no recuerde tu nombre en este momento... pero se te ve buena gente... -dijo Ardealthal tambaleándose y agarrándose a la mano que Storem le ofrecía como tabla de salvación para no estamparse contra el suelo. Como pudo salió de la taberna y se sentó en una roca que había a un lado de la puerta junto a la pared. Allí sacó su hierba para pipa y miró al cielo mientras pensaba en voz alta:
- Vine hasta aquí persiguiendo a una presa, terminé enronado en una guerra, aún no sé a qué bando defendía y ahora me voy de aquí sin saber todavía si pertenezco al bando de los que han ganado o de los perdedores. No he capturado a mi presa, ya no soy cazarrecompensas, no sé ni lo que soy ni a dónde voy. ¿Tú crees que alguien me echará de menos cuando me vaya de aquí?
Storem le miró con seriedad. No era hombre que gustara de hablar por hablar. Rumió lo que iba a decir antes de contestar.
- Yo te echaré de menos -contestó Storem-, sin tu ayuda no hubiera sido posible nada de lo que ha ocurrido al final. Estabas en el lugar adecuado en el momento correcto.
Ardealthal le miró a los ojos y sonrió tímidamente.
- Eres un buen hombre, Ardealthal -continuó Storem-, y sabes que en esta aldea siempre tendrás un sitio donde cobijarte, pues nuestra casa es y será tu casa hasta el fin de los tiempos. Ve donde quieras o donde tus pasos te lleven, pues donde quiera que vayas serán afortunados de conocerte.
El humo de la pipa subió hacia las copas de los árboles y los dos amigos se quedaron allí sentados, mirando cómo las nubes se perseguían unas a otras y los pájaros volaban en formación de uve.

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NotaPublicado: Dom Ene 25, 2009 9:23 am 
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En la gran jaula de metal en la que se habían recluido los dos huargos del muchacho salvaje, las bestias comenzaron a mostrase más inquietas de lo que era común en ellas. La maldad que había brotado en Harad se había extendido desde el Sur, reclamando su sitio en todos los rincones de La Tierra Media y avisando a sus portadores de modo subrepticio, ansiaba propagarse como una plaga.

El vampiro más poderoso desde los tiempos de Thuringwethil gobernaba ahora buena parte de Harad desde los Estuarios de Umbar, y pronto se las valdría para hacerlo sobre todo el reino. Sin embargo, sólo puedo adelantaros cómo acabamos esta pequeña historia cada uno de nosotros.

Yo, por ejemplo, me despedí de mi socia dado que el reencuentro con su hijo y esa especie de reconciliación con su primo y padre de la criatura parecía dar al traste con cualquier nueva experiencia en comñun con ella. Mi arrojo y las grandes lecciones de la vida que habían engrosado mis espaldas durante ese tiempo me aseguraban un porvenir -o así lo veía yo- como montaraz, fuera del algodonoso candor de La Comarca y su cómoda existencia.

Así pues, partí en la barca que Ardealthal, al que no conseguía llamar Peluchico por mucho que me insistiese, había decidido dirigir río arriba. Lo más curioso es que las aguas del Agua Gris no lo frenaban. Pero en esos últimos días que se narran en esta historia, los demás protagonistas de la misma también tuvieron que tomar cruciales decisiones para su futuro.

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NotaPublicado: Sab Feb 07, 2009 1:58 pm 
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Curiosa tecnología la que utilizaron los creadores de esa barca. Apenas tardamos unos días en llegar hasta el final del río, en la confluencia con el Glanduin, donde los restos de la antigua Tharbad dan la bienvenida a los viajeros perdidos que desconocen su historia y que no saben que es peligroso permanecer en su territorio. Pero no era nuestro caso, pues aunque me había convertido recientemente en un montaraz, Ardealthal tenía los suficientes conocimientos de la zona y experiencias vividas como para saber de un vistazo que aquel no era un sitio hospitalario.
Eché de menos a mi compañera de aventuras, la trilliza que me había enseñado prácticamente todo lo que sé, pero ya llevaba tiempo buscándome las habichuelas por mi cuenta gracias a su hijo y me sentía capaz de acometer esa nueva etapa de mi vida en solitario, porque aunque Ardealthal me acompañaba, o más bien era yo quien le acompañaba a él, me sentía solo, debido a su carácter huraño y retraído. Durante el viaje tuve mucho tiempo para pensar, sobre todo en los último acontecimientos, ya que los hechos se habían precipitado desde nuestra llegada a la aldea de Rymborlän, muy a pesar de sus habitantes. Pude reflexionar entre los vaivenes de la barca por el río y llegué a la conclusión de que lo que ocurrió hubiera acontecido igualmente con o sin nuestra presencia, pues ni mi socia, perdón, ex-socia, ni yo éramos conocedores de la estrategia de repoblación que estaban llevando a cabo desde las tierras del sur. Si mi entonces socia no hubiera sido perseguida por Ardealthal, o mejor dicho, si ella no hubiera tenido que hacerse pasar por su hermana para salvarle la vida, que por otra parte, tampoco estaba en peligro, pues era todo una tapadera para que quienes quiera que fueran no la encontraran, maniobras político-militares de las que sólo el mariscal Baldor tiene las respuestas, uff, me empiezo a perder en mis propios pensamientos, más adelante los ordenaré y quizá hasta escriba una historia con todos ellos... como venía diciendo pues, si no hubiéramos acabado de vuelta en la aldea natal de mi ex-socia, atrayendo con nosotros a Ardealthal, sus acompañantes, a cual más pintoresco, y sus amigos, el resultado de la "Escaramuza de Rymborlan" hubiera sido otro y muy desfavorable para la aldea. Quizá no hubiera sobrevivido nadie, o quizá sí, quizá Gröm, el niño salvaje como yo lo llamaba, hubiera seguido escondido bajo la cueva, temeroso de la luz del sol, si yo no hubiera sido apresado por él mismo... Ahora que lo pienso, fui su presa y su libertador, he hecho algo por alguien... vaya... soy un héroe...bueno, intentaré que no se note mucho cuando lo transcriba, pero quiero que todos se enteren de lo que hice, si lo supieran en la Comarca...
Y ahora recuerdo que justo antes de partir en la barca, vimos a Fehn y a Lembillo, y parecían distintos, más altos, más fuerte, más... más hombres, como suelen decir por la aldea. Su entrenamiento con Beoren los había convertido en dos hombres fuertes y a la vez temibles, pues sus pensamientos podían ser de lo más retorcidos, pero siempre los habían usado para el bien... quizá jueguen un papel importante en la historia de los sucesivos acontecimientos. Y me acordé también de Rána, la istarë más extraña que he conocido jamás, y la única; y su mascota, el Balrog,... me pareció ver algo grande y negro, más que un águila, allá en lo alto de las colinas, y por lo visto se puso las botas devorando los restos de los olifantes y a los insurrectos del sur que lograron escapar de la escaramuza. ¿Y qué sería de aquella abuela que nos acogió en su casa cuando este montaraz que tengo a mi derecha nos perseguía creyendo que Histhel era Grinsel? Por lo que tengo oído, son famosos sus elixires, tanto que incluso Waykim intentó usar uno de ellos con Cirus para conseguir que se enamorara de ella, pero no surgió efecto porque se equivocó de vaso y vació el contenido del elixir en la bebida de Lembillo, a saber qué pasaría con esos dos...

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