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NotaPublicado: Lun Mar 03, 2008 10:23 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
- ¿Qué te parece? -dijo el hombre delgado y apuesto- Me sigues durante cuatro días sin cesar y luego me acusas de robarte el pescado. Algún día servirás de almuerzo a los huargos.

Dicho esto, con un solo brazo se deshizo de la llave con la que la chiquilla le apresaba, saliendo el cuchillo disparado fuera del alcance de ambos. El cuerpo de Waykim dio con el suelo.

- ¡Ja, ja, ja, ja, ja! -rió sin recato ella. ¡Me has pillado!
- No dejes tu sombra nunca hacia la presa; no hagas fuego, si no quieres una columna de humo delatora cerca; y, sobretodo, no te adelantes en el camino si vas a dejar caer tu gorro de lana, ¡ja, ja, ja! -dijo el hombre sacándolo de algún recoveco oculto en su jubón.
- ¡Ups! Me preguntaba dónde podía estar -respondió alargando el brazo la joven para arrebatárselo de unas manos a él.

A un largo trecho de allí hacia el Norte la pareja singular de montaraces estaba agotada. El uno porque su pierna no le respondía con buenas palabras y el otro porque debía soportar buena parte del peso del primero, al ir caminando como un par de borrachos tras un enlace.

- Peluchico, ¿puedes explicarme de dónde viene eso de que tienes sangre dunledina? Te he oído hablar en el idioma ese alguna vez, especialmente cuando te enfadas -dijo Fehn, y añadió- ¡ah, sí, y con los hombres salvajes!

- Es cierto, nunca te lo he comentado -respondió Ardealthal y se tomó un tiempo para seguir hablando- Realmente sólo mi abuela materna era dunledina. Se unió a mi abuelo que provenía del Norte. En Gondor, a mitad de camino de la procedencia de ambos, nació mi madre fruto de esa relación. Mi abuela aún era tratada allí por los Gondorianos como si la Segunda Edad no hubiese quedado atrás. Pero de algo tenía que vivir y en el Este de Minhiriath -dijo señalando en la dirección contraria al acantilado por el que caminaban- una huérfana no tenía nada que llevarse a la boca.
- ¿Y lo de Peluchico de dónde viene?
- Eso... será mejor que me lo preguntes alguna vez en el Poney Pisador, después de que un buen puñado de pintas hayan discurrido por mi gaznate -dijo el montaraz sin disimular el tono jocoso de su respuesta.

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"La redundancia es la mayor fuente de supervivencia"
Sadrac en el horno (Robert Silverberg)


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NotaPublicado: Mar Mar 04, 2008 7:52 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim miraba al humano de hito en hito, no sabía que pensar de él, pese a ser ágil le habia sorprendido, no esperaba esa reacción. Disimulando su enojo y pesar por haberla pillado sonrió, poniendo su mejor cara inocente, que de tantos enredos la habia sacado hacia tiempo.
Sacudió sus ropajes, despues de pisar el polvo, cosa que detestaba, los acomodó, y sopesó a su interlocutor tratando de evaluar cómo escapar, en busca de quien le habia robado.
.-Creía que esataba sola, por eso mi hoguera, y mi gorro de lana ya se ha estirado, es viejo, cómo puedes ver, ...en cuanto a mí sombra...en eso sí me he despistado.- bajó la mirada un segundo, mirando hacia donde estaba su pequeña daga, calculando como recogerla.- No suponia que eras tan diestro, si no crees que te abordaria así???.- Le miró de frente, esperando con ello despistarle de su propósito.-
.-Waykim se presenta, pidiendo disculpas , si no te has llevado mi pescado.- Hizo un gracioso esbozo de reverencia.- compartiré contigo lo poco que tenga, si a cambio me dices...
Con un rápido gesto arrastó la daga hasta su pie, y agachándose la cogió en dos segundos escasos, entonces se dispuso a correr...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Mar Mar 04, 2008 8:48 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
El hombre, sin prisa, se levantó y con un seco movimiento de su mano lanzó la pequeña pieza de acero que se escondia en la manga unida a la cuerda de tendón y fue a engancharse en el fino talón de la muchacha.

Por segunda vez en pocos minutos Waykim besó el polvo del camino y su odio hacia aquel desconocido llego casi al paroxismo.

Cirus se acercó lentamente mientras recogia la cuerda y cuando llegó hasta ella empezó a desliarle el pie.

Waykim pensó que estaba entretenido y quiso descargar su odio y con rapidez de gacela se giró y su daga se dirigió cual serpiente al cuello. El dolor la extremeció de los pies a la cabeza, con un simple toque la habia dejado indefensa. Terminó de desatarla, cogió la daga, se la metió en el zurrón que llevaba al hombro y regresó a la piedra.

- Estaras una hora inmovilizada y sin poder hablar, reflexiona... cuando puedas moverte decide... cenas y vives, luchas y mueres... te aconsejo la cena.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Mié Mar 05, 2008 1:39 am 
Amigo de las Palabras
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
Mensajes: 146
Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Decidió quedarse quieta. Los pensamientos la transportaaron a otro lugar. Recordó el motivo por el cual estaba allí: ese hombre. Le parecía guapo, atractivo. Era alto, aunque de poca envergadura para un hombre, demasiado delgado. Un imbécil que la había tratado como a una niña cuando ella ya no lo era. Un desconocido, no obstante, muy... interesante.

Se había fijado en él nada más llegar éste a la aldea; una pequeña población que ni siquiera aparecía en la mayoría de los mapas, muy cerca de Lond Daer, al lado de una arboleda. Junto al resto de los chiquillos, todos ellos más pequeños que ella, estaba jugando cuando vio al forastero acercarse y preguntar por Dürsel, la panadera. Le indicaron algunos mayores y hacia allá se dirigió para desaparecer dentro de la tahona. Ella se zafó de los críos, que la tenían por modelo a seguir y se encaramó a un abrebadero desde el que fisgar en el interior del horno del pan. Así vio el abrazo enorme que la panadera daba al recién llegado, acompañadas sus mejillas de lágrimas que Waykim juzgó de alegría.

Así transcurrieron los días, un par de lunas completas es posible. El caso es que durante esos días nunca se atrevió a hablar directamente con él. Aunque eso no le impidió que se enterara, por boca de otros, de quién se trataba el personaje. Uno le contó que se llamaba Cirus, otro que era sobrino de la panadera, alguno más le dijo que estaba de paso, y también supo que casuaba furor entre las jóvenes de la aldea. Ella misma sentía un alborozo especial cada vez que lo veía o, aún siquiera, cuando recordaba su sonrisa embriagadora.

Mas una mañana en que Waykim había decidido volver a espiar al hombre de sus sueños, un chico llegó con la lengua fuera por la calle principal avisando de la llegada de caballeros de Rohan. Toda la aldea se enteró, incluido Cirus que, sin despedirse de su tía agarró un fardo que tenía preparado y salió de la tahona, dando el tiempo justo a Waykim de ocultarse sin ser vista. El hombre no siguió el camino sino que se adentró en la arboleda y la chica siguió sus pasos. Desde eso habían transcurrido cuatro días. Y ahora se encontraba allí quieta, atrapada por los sentimientos más que por las prosaicas formas del misterioso Cirus.

- ¿No te he visto yo antes? -dijo de pronto el hombre sacándola de su onirismo.
- Sí, aunque parecía no existir para tus ojos -contestó la joven.
- Por supuesto. Eres la mayor del grupo de rapaces de la aldea -dijo despejando la incógnita, Cirus.

Se quedó un momento mirándola y después le dio la espalda al comprender el tipo de sentimientos que habían llevado a la jovencita a comportarse de ese modo tan insensato, a merced de atracadores, orcos y otras bestias.

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NotaPublicado: Mié Mar 05, 2008 5:46 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Sentado en la piedra, olvidándose de la cena, Cirus se daba a todos los demonios, su misión estaba yéndose al traste por minutos, la patrulla rohirrim se había adelantado o, lo que sería más seguro, alguna de las que patrullaban sin rumbo fijo había dado por casualidad con la aldea. Naturalmente para su misión era necesario que ningún soldado de la marca lo reconociera. Y encima lo que menos deseaba… una jovencita con sentimientos encontrados.
La volvió a mirar y reconoció que no estaba nada mal para su edad, un par de años más y todos los jóvenes casaderos de la aldea irían de cabeza por ella, incluso en otras circunstancias el mismo podría caer bajo su influjo.
-Vale, ya puedes levantarte, con cuidado que….
Tarde, la chica se levantó con tanta rapidez que la cabeza le empezó a zumbar y dar vueltas y cayó por tercera vez, esta sobre sus posaderas.
-Te lo dije… tranquila, levántate, así, ¿ves? Acércate…
Cuando la tuvo a su lado vio como unos lagrimones enormes recorrían sus mejillas y de su naricilla salía una substancia liquida.
-Toma, límpiate y luego cena.- Le dio un trapo usado para secarse el sudor. -Suerte que he hecho colada esta mañana y está limpio- Pensó el joven.
Con un tirón le cogió el pañuelo y mientras se limpiaba, él vio en sus ojos que el odio se iba diluyendo dando paso a un resentimiento por haber demostrado su debilidad y que lo hubiera visto precisamente él.

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NotaPublicado: Mié Mar 05, 2008 6:06 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Tengo hambre - Se quejó el hobbit. - ¿Puedes pescar más peces, Cain?
- ¿Eeh? - Contestó Cain sorprendido - Pues..., no, ahora no. Aguanta un poco pequeño voraz. En mi vida había visto a nadie tan pequeño que comiera tanto.
- Soy un hobbit, los de mi raza realizamos siete u ocho comidas al día, si no hay nada que celebrar, - Explicó Gasteizo - Y ya llevamos una hora dando vueltas y no hemos encontrado nada. No hay ningún rastro de ninguna mujer con especias.
- Uhmmm - Rumió el enano - Olvidémonos de esa mujer y sigamos con nuestro camino. Ya hemos perdido mucho tiempo y esfuerzo con este asunto.

Histhel miró extrañada al enano.
- A mí no me parece una pérdida de tiempo si esa mujer es capaz de darme alguna información sobre Grinsel o sobre alguien que haya tenido contacto con ella. - Protestó la montaraz.
- ¡Bah, tonterías! - Cain apartó el aire con el brazo y siguió adelante sin mirar atrás. - No pienso perder ni un segundo más siguiendo a mujeres desconocidas que no se dejan ver.

Histhel lo siguió con la mirada durante unos segundos y acto seguido se escondió tras unos árboles. Hizo una señal a Gasteizo para que le imitara en silencio. El hobbit obedeció. Al poco rato el enano se volvió y encontró el camino vacío. La montaraz y el hobbit le vigilaban desde su escondite. El enano volvió sobre sus pasos hasta la mirad del camino que había recorrido a solas y torció hacia el lado contrario al acantilado. Un bosque frondoso mitigó enseguida su presencia.

- ¡Sabía que ocultaba algo! - Esclamó Histhel en voz baja - Hemos caminado en círculo durante todo este tiempo, porque Cain no quiere que encontremos a esa mujer. Este tiempo sí ha sido desperdiciado, ¡y espero que no haya sido en vano!


En la orilla del río Gwathló, Ardealthal y Fehn se disponían a cruzar al otro lado, cuando una voz atronadora les dio el alto. Los dos montaraces se volvieron asustados por el tono amenazador.
- ¡Criaturas infestas del mal! ¡Malnacidos! ¡Os voy a desgarrar las entrañas y me voy a hacer un collar con ellas! - Exclamaba en voz alta y clara Beoren desde unos cientos de metros. - ¡Habéis matado a mi oso y robado a mi asno! ¡Lo vais a pagar con vuestras vidas!

Fehn miró a Ardealthal con el rostro lívido. El montaraz no se lo pensó dos veces y disparó su arco hacia el monstruoso hombre que se acercaba a paso ligero. La flecha frenó su marcha haciéndolo caer al suelo herido en un hombro.
- ¡Larguémonos de aquí! Un oso herido es más peligroso todavía que un oso hambriento - Dijo Ardealthal mientras comenzaba a correr hacia el otro lado del río.
- ¡Pero no es un oso, es un hombre! - Rechistó Fehn.
- Es un hombre ahora, espera a que se haga de noche y verás en qué se convierte..., no..., mejor que no lo veas.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mié Mar 05, 2008 6:40 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Mientras Cirus pensaba en su situación, Waykim se guardaba lo que realmente sentía por él...era la tercera vez que le hacia besar el suelo, y para encima la había humillado !!!!.
- Me las pagarás todas juntas.- se decia.- buscando con la mirada el camino que la alejaría, pero no era capaz de orientarse, al tener casi de frente al sol de la tarde, además tenia todo el cuerpo dolorido, si hubiese podido le habria dejado sino muerto, sí bien señaladado,

No quería reconocer ahora lo que los días pasados, cuando llegó Cirus al poblado, le hacia sentir. Nunca había visto un joven tan atractivo, y mucho menos que fuera tan diestro que la ganara, a ella, que como todos sabían la había entrenado su padre antes de morir, (hacía apenas un año, de una desafortunada caída de caballo) para los torneos anuales de la fiesta de la cosecha, ya que era hija pequeña de Lönrad, un caballero de Rohan. Tenía tres hermanas más, que siempre la mantenían controlada, aunque ella sabia escaparse, escabullirse. Por eso le daba tanta rabia. Éstos que llegaban habían sido amigos de su padre, pero ella prefirió seguirle, y mientras, pescar algo, pero todo se había torcido.

Siguió las indicaciones de Cirus para poder soltarse sin tener que volver a pisar su honor cuando oyeron voces...

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Tyelpëa Taurenna


Última edición por Celebwën el Sab Feb 28, 2009 11:15 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Mar 06, 2008 2:56 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Cirus puso su dedo índice sobre sus labios mientras miraba fíjamente a Waykim. La agarró de una muñeca y la óbligó a seguirla fuera del camino, muy cerca del acantilado, donde unas resbaladizas hierbas hacían de las suyas, provocando la caída de ambos. Cirus logró asirse a una raiz saliente y Waykim al cinturón del hombre, mientras algunas piedras desaparecían bajo las olas, tras chocar con las rocas del fondo. unos suspicaces Histhel y Gasteizo anduvieron por donde momentos antes habían estado los dos que ahora colgaban como un fiambre, temiendo lo peor.

- Por aquí no ha pasado. Espera, aquí hay huellas pero no son de Cain -dijo la montaraz.
- ¿Y de quien son? -preguntó Gasteizo.
- Hay de dos individuos. Son pies no muy grandes, yo diría que son bastante pequeños ambos, posiblemente de dos mujeres. y son humanas por el tipo de calzado que deja estas marcas. Miremos por allí -señaló Histhel.

El hobbit la siguió a buen ritmo, ya que la mujer se había lanzado a la carrera hacia el camino. Cuando el posible peligro hubo pasado para Cirus, por fin habló:

- ¡Chica, trepa por mi cuerpo para salir de aquí, que pesas como un balrog!
- ¡Sí, eh, eso hago! -exclamó con dificultad la jovencilla, que de pronto, notó algo extraño en la anatomía de Cirus. No salía de su asombro.

Una vez fuera del alcance de las peligrosas olas del acantilado, y cuando consiguieron reestablecer una respiración normal, Waykim halló el momento para hablar:

- Dime, Cirus -dijo, esperando unos segundos antes de continuar- O debería llamarte de otra manera.

La cara de Cirus cambió de expresión varias veces durante un destello antes de balbucear.

- ¿Por qué dices eso? -logró pronunciar.
- Tu cuerpo no es... cómo decirlo -y mirando seriamente a la persona que tenía en frente soltó con énfasis- no es el de un hombre. ¡Eres una mujer!

Cirus, como aquí se había nombrado hasta ahora, puso una de sus manos sobre su boca temblando. Después se deshizo con la misma mano del gorro de fieltro auténtico que llevaba y una melena muy parecida a la de Histhel, la montaraz, cayó por sus hombros. Sin poder evitar que sus labios, su lengua y sus dientes se pusieran en acción, de su garganta salió la confesión que tanto tiempo había estado guarda en el fondo de su alma.

- Me llamo Grinsel -dijo cabizbaja.

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NotaPublicado: Dom Mar 09, 2008 6:23 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Hiiiiiiii - Gritó Waykim - ¡¡Te odio!!
- No más de lo que yo lo hago - Contestó Grinsel sin levantar la mirada del suelo. En ese momento la niña se lanzó contra ella y la tiró al suelo mientras le golpeaba con saña.
- ¡Eres odiosa! ¡Te has reído de mí! - Waykim la golpeaba con todas sus fuerzas. - ¡He sido vencida tres veces por... por... por una mujer!
- ¡Ya basta! - Grinsel aprovechó su superioridad física y apartó a la niña de sí de un empujón con el brazo. - ¡Vámonos!
- Yo no voy contigo a ninguna parte. - Respondió la niña
- Has descubierto mi secreto, y no puedo dejarte ir. - Le espetó Grinsel mientras se levantaba del suelo y la sujetaba fuertemente por un brazo. - De ahora en adelante no te vas a separar de mí ni medio metro. Eso te pasa por ser tan curiosa. ¡Andando!

La niña la miró y una lágrima se escurría por su cara. Grinsel empezó a caminar con Waykim a su lado, cogida del brazo, en dirección contraria a la que llevaba hasta ese momento. Se escucharon ruidos de pisadas pesadas a lo lejos. La fugitiva se escondió al momento llevando consigo a la niña que hacía lo que podía para ser escuchada. Grinsel decidió subirse a un árbol enorme entre cuyas hojas toda materia desaparecía. La niña se opuso, pero Grinsel la asió fuertemente y la obligó a subir en contra de su voluntad. Las pisadas se hacían cada vez más sonoras. En el árbol, Grinsel aprovechó la ocasión para volver a colocarse el gorro de fieltro y cambiar de nuevo su aspecto femenino por una identidad más masculina. Justo debajo del árbol vieron a Cain que, con sigilo, inspeccionaba todas las huellas.
- Vaya, vaya, qué tenemos aquí, dos huellas de pisadas distintas, pequeñas, como de niños o mujeres, y aquí otras dos huellas distintas, - Pensó Cain en voz alta - Ésta es de hobbit, no cabe la menor duda, y estas que apenas se distinguen deben ser las dos tiras de cuero que Histhel usa como calzado. Veamos hasta dónde nos llevan.

Cain pasó de largo el árbol donde estaban subidas Grinsel y Waykim y siguió las huellas recién encontradas.


EN EL INTERIN

Fehn y Ardealthal habían conseguido cruzar el río Wathló y sacarle cierta ventaja a Beoren que, herido en un hombro, les perseguía vociferando. Al final el beórnida cayó al suelo víctima de un desmayo a consecuencia de la cantidad de sangre que había perdido. Los dos montaraces siguieron corriendo sin mirar hacia atrás. Justo a unos pocos metros, Rána llegó hasta donde el beórnida había perdido el conocimiento y el equilibrio. Su criatura no iba con ella, pues se había alejado hasta las montañas para conseguirse un desayuno digno de una bestia de su tamaño. Rána miró la herida de Beoren, abrió su bolsa, sacó unos polvos y los dejó caer sobre el agujero que la flecha había abierto en su hombro. Al poco el hombre abrió los ojos.

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NotaPublicado: Lun Mar 10, 2008 3:00 pm 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
Cirus, encaramado a la rama con el cuerpo tembloroso de Waykim prácticamente encima, denotaba en su rostro un rictus de preocupación extrema. Su cerebro era un torbellino de ideas confusas entre las que destacaba una, ¿cómo demonios podría mantener la farsa de su caracterización de Grinsel ante Waykim o quizás sería conveniente explicarle la situación? y ¿qué rayos hacia Histhel por aquellos lares, acompañada de un mediano?, naturalmente el enano dejaba claro su condición de caza recompensas.
Poco a poco el claro donde transcurrían todos estos acontecimientos volvió a la tranquilidad y Cirus, desde su posición privilegiada a través de una abertura entre dos ramas dominaba el paisaje y comprobó, en parte aliviado y en parte contrariado que los tres se alejaban de allí pero en dirección a la aldea.
Con una decisión rápida hizo descender a Waykim y el la siguió al momento, cortándole toda posibilidad de huida.
-Bueno niña, está a punto de oscurecer y evidentemente no podemos quedarnos aquí, así que doy por supuesto que aunque te robaron el pescado aun te queda más, vamos a ir a tu campamento y pasaremos la noche, mañana veré que hago contigo.
Waykim palideció de tal manera que parecía una estatua de yeso, se imaginaba ya la solución que “Grinsel” podía estar pensando para ella, le parecía sentir el frio filo de la daga en su fino cuello y casi podía jurar que estaba viviendo su última noche.
La pareja deshizo el camino que la chiquilla realizó cuando persiguió a su fantasma ladrón y regresó al lugar de la pesca.

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NotaPublicado: Mar Mar 11, 2008 2:02 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
A casi cuatro días de camino de allí, en la aldea donde Waykim había conocido a Cirus, el propio maestro del disfraz y dos niñas más habían nacido del mismo vientre años atrás. Ellas, desde luego eran como dos gotas de agua pero es que, el niño, también se parecía mucho.

Cirus siempre fue algo enfermizo y poco fuerte para un chico. Sin embargo, las niñas crecieron bastante, haciendo que los tres siempre tuvieran una complexión parecida, lo que aprovecharon en numerosas ocasiones, durante sus juegos, para mofarse del resto de los chavales de la aldea.

Esta circunstancia fue utilizada por Cirus desde el momento en que vio uno de los carteles en que se buscaba a su hermana. Sabía, aun antes de mirar el nombre en el cartel que se trataba de Grinsel. Sólo él era capaz, aparte de ellas mismas, de distinguirlas a la perfeccción, aun tratándose de un simple dibujo. Decidió poner manos -y el resto de su cuerpo- a la obra. Así es como acabó haciéndose pasar por Grinsel, con el fin de sembrar de pistas falsas todo lugar por el que pasara.

Tenía muchas incógnitas por delante aunque la única que le preocupaba realmente era por qué su hermana estaba siendo perseguida por cazarrecompensas y por los soldados de Rohan a la vez.

Histhel y Gasteizo, que sabían perfectamente que no podían fiarse del enano Cain, caminaban tras éste a cierta distancia. Habían dejado el burro enclenque atado a un árbol para que no los delatara con su característico quejido.

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NotaPublicado: Mar Mar 11, 2008 4:55 pm 
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Rána miró la herida de Beoren, abrió su bolsa, sacó unos polvos y los dejó caer sobre el agujero que la flecha había abierto en su hombro. Al poco el hombre abrió los ojos y los entornó ligeramente para evitar que los huidizos rayos de sol que se colaban entre las ramas de los frondosos árboles le dañaran las retinas.
- ¿Qué ha ocurrido, Beoren? - Preguntó Rána visiblemente preocupada.
- Esos dos, el cazarrecompensas y el truhán, mataron a mi oso y ahora pasean su piel como un trofeo. - Beoren se llevó la mano a la herida. Rána había roto la flecha en dos y había sacado el mástil de madera de su hombro. - Gracias, Rána, por ayudarme, estoy en deuda contigo.
- Tú y yo estamos en el mismo bando. - Dijo Rána y sonrió maliciosamente mientras seguía curando la herida del enano. - Esos dos maleantes no sólo han acabado con tu oso, sino que han herido gravemente a Escheron.
- ¿A Escheron? ¿Quién querría hacer daño a un animal tan manso como ese? - Contestó extrañado.
- Bien, ya veo que entiendes que podemos ayudarnos mutuamente a cazar a esos dos desgraciados.
- ¿Cazar? Sabes que odio esa palabra. Yo no quiero cazarlos, quiero matarlos, tal y como ellos hicieron a Morko. Y les arrancaré la piel a los dos y las tenderé al sol, y esparciré sus entrañas para que los huargos y las alimañas acudan y acaben con sus restos, pues ese es el final que merecen para sus vidas.

Rána se estremeció y miró a Beoren un tanto asustada. Su capacidad para contener los impulsos de los animales le había sido de gran ayuda todo este tiempo para protegerse de las bestias y conseguir todo lo deseado de Cain, y últimamente de Beoren, y se alegraba de no estar en el punto de mira del beórnida, pues sabía de lo que era capaz cuando daba rienda suelta a su ira.
- Bien, bien... - Dijo Rána con su candorosa voz tratando de calmar a Beoren. - Necesitas descansar para recuperar fuerzas. No será difícil encontrarles, tan sólo habrá que seguir sus huellas.
- Tienes razón, sabia istar, son tan torpes que no tendremos dificultades para encontrarlos.


Unos miles de metros más allá, como a medio día de camino, los dos montaraces avanzaban a paso rápido para alejarse de su perseguidor lo antes posible. Habían llegado hasta un acantilado, y sólo podían elegir entre dos caminos, desandar el que les había llevado hasta ese punto o bajar por el terreno escarpado. La primera opción la habían descartado, así que se disponían a seguir la orilla, en busca de un refugio entre las cuevas que aparecían al otro lado.

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NotaPublicado: Mié Mar 12, 2008 12:59 pm 
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El campamento estaba en las mismas condiciones en que fuera abandonado por Waykim. Era un lugar esplendido para pasar unos días pues ni agua clara para beber faltaba, un pequeño manantial daba el suficiente caudal como para satisfacer todas las necesidades, es más, a un metro de la pared y aprovechando una pequeña hondonada se embalsaba, convirtiéndose en una pileta de poco menos de un metro de profundidad y dos de largo, una piedra en el fondo servía tanto de escalón para entrar como de escabel para sentarse cómodamente y poder quitarse el polvo y el cansancio del camino. Tan a propósito parecía haber sido construida por la naturaleza que Cirus, al verla pensó inmediatamente que era obra humana, mas aun se confirmó cuando en un rincón había un conjunto de hiedra tan a punto que conformaban una auténtica caseta de baño.
La pareja llegó hasta donde la muchacha tenia escondido el pescado, Cirus arrugó la nariz al oler las especias, de pronto recordó conversaciones entre sus hermanas cuando estas creían que estaba dormido o no podía oírlas, algo de que aquellas especias marcaban el inicio del cortejo por parte de las mujeres cuando era aceptado.
-Vaya vaya, quien lo iba a creer, ¿la muchachita tiene su corazón ocupado?- Pensó para sí. En esto, mirándola la vio sucia, polvorienta…
- Waykim-la chica se sobresaltó, en sus ojos aun se veía el terror.- Supongo que tienes ropa de recambio, anda y date un baño, yo cuidare de la cena.
Extrañada ante una muestra de bondad de la que ella creía seria su verdugo, solo pudo asentir, dirigirse a la cueva y mientras lo hacia, comenzó a quitarse la ropa…
-¿Qué haces… que insensatez es esa?- espetó Cirus al ver que casi se había quitado ya la camisa.
- No me voy a bañar vestida- casi susurro ella.- Además estamos solas “dos mujeres”, le recordó.
- Piensa un poco, aquí estamos las dos pero ¿quién te dice que en el acantilado no hay un par de mirones a los cuales ibas a regalar un esplendido espectáculo?
Mientras hablaba agradecía a Eru que el color del fuego disimulara su turbación y el rojo de la vergüenza. Cirus podría ser un falso, un sinvergüenza incluso una vez y por hambre ladrón de pasteles, pero desde que recordaba, su buena madre le había inculcado que las mujeres eran sagradas, y aunque aun le faltaban un par de años Waykim era una mujer.
-Coge lo que necesites y dos toallas, vete detrás de la hiedra y allí podrás quitarte eso, usa una toalla para cubrirte y de paso te servirá para frotarte una vez en el agua… Espero que no tenga que ir yo a enseñarte a tu edad.
La chica hizo todo lo que le indicó “Grinsel”. Y a los 5 minutos casi disfrutaba del baño cual si de la chiquilla que aun era se tratase.
Cirus, entre tanto empezó a darle vueltas a un plan que quizás solucionara su “pequeño problema” de 15 años.
Como por descuido sacó un pergamino con un pequeño mapa y al hacerlo cayó otro pergamino al que se le veían tres agujeros en las puntas y una de ellas rota.
Al cabo de un rato se le unió Waykim ya limpia, Cirus le dijo que era hora de asearse también y realizó el mismo proceso que la jovencita, dando gracias de nuevo a Eru de tener un pretexto para alejarse… ¿Se estaba enamorando?, no imposible, en aquellos momentos su corazón solo pensaba en ayudar a Grinsel estuviera donde estuviese, no debía pensar en nada mas, pero poco a poco aquella carita, aquellas orejitas, la naricilla … con un movimiento de la cabeza quiso aventar todos aquellos pensamientos.
Mientras tomaba el baño oyó como ella encontraba el pasquín, al ver la cara estaba segura que era su compañera, aquel pelo, aquellas facciones… aun no sabía distinguir el cuello de una mujer del de un hombre y encima era una traidora y asesina, eso le confirmó aun más que al alba moriría, sin ponerse a pensar que ¿Por qué esperar al alba para eliminar a tan molesto testigo?.
Mirando hacia donde Cirus se bañaba creyó que estaba distraído y poco a poco se fue alejando del lugar, correría cuanto pudiera y daría la posición del campamento a los jinetes que estaban en su casa.
Media hora después Cirrus comía la merluza adobada, recordando olores de la niñez cuando su madre se la preparaba a su padre, a su regreso de las patrullas por la marca.
-Come y duerme cuando puedas- recordó el viejo dicho de su progenitor mientras le adiestraba en el uso de la espada y de otras armas.
Y sabiendo que como mínimo tenía dos días de ventaja se arropó en su manto y se durmió.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Jue Mar 13, 2008 12:08 am 
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Ardealthal sentía que su tobillo volvía a ser el de siempre, a pesar de haber bajado por terreno abrupto recientemente para acercarse a la orilla del mar. Hacía largo tiempo que habían aminorado la marcha y caminaban relajadamente. Miraba las piedras del suelo pensativo. Cada vez se veía a sí mismo más alejado del objetivo que lo había traido hasta aquel lugar. Ya no le parecía primordial dar captura a la mujer del pergamino que, a buen recaudo, se hallaba entre sus pertenencias. Eso, por no hablar de que su cuello mismo estaba ahora entre los objetivos de cierto hombre que le perseguía a él, y a su amigo Fehn, por culpa de una piel de oso.

- Creo que debemos ir hasta la aldea que hay a menos de cuatro días de camino y allí reponer fuerzas y equipo, que no tenemos de nada -dijo al fin.
- ¿Pero qué vamos a ofrecer nosotros a cambio del equipo que pretendes comprar? -preguntó un embrabecido Fehn, añadiendo- ¿No recuerdas que el enano nos quitó todo? Sólo tenemos una birria de navaja y la piel de oso -y de pronto se dio cuenta y sonrió.
- Exacto. Una buena piel vale bastante y podemos trocarla fácilmente por algo de salazón y algún arco. Sin que haga falta mencionarte que esa piel nos está dando muchos quebraderos de cabeza. Quizás así, el cuidador de osos nos deje en paz.
- Tienes razón -comentó Fehn, mirando con ojos apenados la recompensa de su hazaña- es lo mejor que podemos hacer.
- Venga, Fehn, te prometo que te recompensaré por desprenderte de ella.

Juntos caminaban en dirección sur por la orilla cuando vieron a lo lejos dos figuras que se dirigían a su encuentro.

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NotaPublicado: Vie Mar 14, 2008 12:13 am 
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El sol había llegado al punto más alto de la mañana, y el estómago de Gasteizo ya comenzaba a requerir su atención. El hobbit miró a la montaraz de reojo, pero se contuvo y no dijo nada. Siguieron caminando por el interior del bosque, dejando cada vez más atrás el acantilado. Las huellas del enano les habían llevado de nuevo hasta el árbol por el que habían pasado anteriormente, y haciendo gala de buena intuición, Histhel había decidido por los dos que lo mejor era internarse en el bosque, con el fin de poderse camuflar mejor y escapar así de sus perseguidores. Llevaba largo rato intranquila y Gasteizo lo había notado.

- ¿Sabes?, los hobbits tenemos este dicho: "hobbit preocupado, estómago descuidado".
- Pues ya veo que tú no te preocupas mucho, a juzgar por el modo en que obsequias a tu estómago. - Contestó Histhel.
- Llevas varias horas sin decir palabra, y eso es raro en tí. - Añadió Gasteizo.
- ¿No echas de menos tu casa?
- ¿Mi casa? Cuando mi tía Wolfelia murió el año pasado, dejó su finca a su sobrino predilecto y, aunque no hubiera tenido problema para seguir viviendo allí, decidí libremente imitar a mi tío Frodo y lanzarme a la aventura de conocer tierras inhóspitas. - Gasteizo apartó un mosquito con la mano - quién sabe, quizá algún día llegue a ser tan famoso como él.
- Ja, ja, ja, ja, quién sabe, quizá algún día... ¿Te has fijado en que no hemos visto ningún cartel de búsqueda de mi hermana en este bosque? Eso puede ser una pista.
- ¿Una pista? Pues yo ando despistado. No sé qué puede significar. - Gasteizo se encogió de hombros. Histhel le miró y sonrió. A veces la simplicidad del hobbit le devolvía la esperanza que tanta falta le hacía en muchas ocasiones.
- Muchas veces, cuando miro al sol, me pregunto cómo llegó allí y quién lo controla. - Reflexionó el hobbit.
- Esa es una historia muy larga que prometo contarte cuando todo esto se haya arreglado. - Propuso Histhel a Gasteizo y él asintió con la cabeza mientras se zampaba unas bayas dulces que habia encontrado por el camino.

A las dos horas de internarse por el bosque llegaron a un llano, y en la línea del horizonte se distinguía el hilillo serpenteante del humo de las chimeneas que coronaban los tejadillos de las chozas que conformaban la aldea. Un escalofrío recorrió la espalda de Histhel.

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NotaPublicado: Vie Mar 14, 2008 8:17 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Ardealthal acercó, por precaución, su mano al arma y siguió avanzando con paso seguro. Fehn, aunque no tenía la misma planta ni porte, intentaba seguir de cerca a su amigo, tanto físicamente como en actitud.

Cuando ya estuvieron algo más cerca vieron que se trataba de dos humanos. Uno llevaba un traje pintoresco lleno de colores improbables y el otro no era más que un muchacho sucio y lleno de piojos, de mirada huidiza.

- ¡Caballeros, permítanme que les cuente las maravillosas virtudes de nuestro producto sin par! -espetó sin más ni más el del atuendo extravagante.
- Ni el mismísimo Tom Bombadil se atrevería a vestir de esa guisa -susurró Ardealthal para que Fehn se riera, aunque éste no lo hizo.
- Pruébenlo señores, acabo de venir de una aldea algo más al Sur y casi no me quedan existencias. Es un maravilloso crecepelo, un fabuloso elixir que le hará lucir una melena sedosa y fuerte; aunque no hay que olvidar que sirve como colirio para los ojos, ni que regula los menudeles para ir puntualmente a evacuar cada vez que sale el Sol.

Ardealthal parecía divertido con semejante esperpento. Era lo que menos se esperaba encontrar en esa situación, allí, en mitad de una planicie.

- Parece que te ha salido un competidor, Fehn -volvió a interrumpir Ardealthal mientras se giraba hacia él al pronto de ver a éste salir corriendo.
- ¡Sucio bastardo! -replicó nuestro chamarilero más conocido y se abalanzó sobre el discromatópsico ser que hacía, en sus vestiduras, alarde de la mayor parte de la gama cromática.

Rebozados como croquetas de Hobbiton, rodaron por el suelo mientras el mocoso le daba alpargatazos en la espalda a Fehn y Ardealthal contenía sus ganas de reír ante el espectáculo, más propio de una comedia ambulante que de una disputa seria. Aún así, después de unos segundos, reaccionó al fin y, agarrando en volandas al muchacho y apartando a Fehn con un pie, logró separar en parte a los contendientes.

- ¡Basta ya! -dijo Ardealthal- ¿Me quieres explicar por qué vampiros peleas con alguien de tu gremio?
- ¡Déjame que acabe con su infecta vida! -decía Fehn con los ojos encarnados de ira.
- ¡Fuera, fuera, quítemelo de encima! -soltaba, entre esfuerzos por zafarse, el de los colorines.
- ¡Por tu culpa me persiguen a mí, inútil tendero, estafador repelente, vil truhán, sacacuartos de viejas!
- ¿De qué estás hablando? -logró oirse de boca de Ardealthal, entre los insultos que profería Fehn.

Mientras tanto, el chaval se había soltado de la mano de Ardealthal y volvía a encontrase agarrado como un lagarto a la espalda de Fehn, dándole mamporros con la alpargata.

- Este tipo me estafó. Me hizo creer que los elixires que él vendía servían para algo. Me nombró socio e importamos de lejanas tierras un cargamento de botellas. Y cuando hubo cobrado, me dejó con la mitad del encargo y desapareció sin rastro alguno. Tuve que ingeniármelas para darle salida, hasta que le vendí uno a alguien que no debía. Ahora me persigue, con mucho menos pelo en la cabeza y mucho más enojo en su corazón.
- Después de todo sí que servía para algo. Acuérdate que nos deshicimos del pequeño huargo gracias al elixir.

De pronto, Fehn dejó de golpear al otro charlatán, aflojó el puño con el que lo tenía agarrado y quitó de enmedio al niño. Se quedó quieto durante unos instantes.

- Este es Cnobdunyo, mi antiguo maestro y este es Ardealthal, mi amigo -pronunció con voz queda Fehn, tras la tensión.
- Eh, yo... digo, este es Lembillo, mi nuevo aprendiz -dijo balbuceando Cnobdunyo, mientras se apoyaba en el muchacho para levantarse. - Explicadme eso de que os desicísteis de un huargo con el elixir de pelo multiusos.

Un rato después, los cuatro se hallaban alrededor de un fuego contando sus vidas, riendo y disfrutando de un licor del que el muchacho también bebía cuando los demás no miraban.

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NotaPublicado: Vie Mar 14, 2008 10:22 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Waykim esperó ver cómo descendia, y se bañaba en la balsa, para escapar no sin antes coger el pergamino, que tan extraño le había parecido.Trepándo por la escarpada roca pronto llegó al sendero .-Tengo que avisar, esto no me puede estar pasando...quíen.... -pensaba .-
Unas voces que hablaban de comida la alertaron, se escondió entre los arbustos .- Parece una chica, pero habla con un hobbit..hace años que no vienen por estos lares.- reflexionaba tratando de no respirar apenas.-
Asomó un poco la cabeza, cuidando de no ser descubierta, y quedó pálida.- NO..esto no puede ser...es..es el ssusto, es imposible.- Se frotó los ojos negando con la cabeza, mientras asimilaba lo que veía.

Tan silenciosa como subió volvío a bajar, encontrando a "Grinsel" durmiendo plácidamente. Sin contemplaciones empezó a zarandearle, al tiempo que le hablaba en murmullos, al oido .-despierta, vamos, explicamé ahora mismo cómo es que hay alguien que se acerca tan parecido a tí como dos gotas de agua...vas a tener que explicarme muchas cosas...o comienzo a gritar... Y no te valdrán artimañas, ahora se que eres más astuta, y al menor indicio chillaré..-Apenas levantó la voz, pero su penetrante mirada consiguió demostrarle que lo haría. "Grinsel" lentamente asíntió, exaló un largo suspiro, se encogió de hombros, y comenzó a explicar...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Sab Mar 15, 2008 7:55 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Era casi media tarde, Cain había utilizado gran parte del día en recuperarse y Rána, mientras tanto, había aprovechado para estar un ratito a solas con su mascota, Escheron.
- Parece que te vas recuperando poco a poco del daño que te hizo ese malnacido... - Decía la istar al pequeño balrog mientras le acariciaba un ala. A pesar de ser un balrog enano, pues su tamaño era mucho menor del que le correspondería para su especie, doblaba en altura a su dueña y la quintuplicaba en tamaño.

La bestia bajó la cabeza para que Rána siguiera acariciándole, cosa que le gustaba sobremanera. Rána entendió el gesto y desvió su mano del costado a la testa del animal.
- Tengo por seguro que te recuperarás perfectamente de este pequeño altercado, y que no necesitas que yo vengue lo que te han hecho, pues tú solo podrías hacerlo, pero tu corazón noble no ha querido desquitarse de la afrenta que sufrió. Sin embargo, ha sido la excusa perfecta para poder aliarme con el beórnida y con su ayuda perseguir a esos dos montaraces, pues mi obligación para con Histhel es defenderla de ellos, y tú bien sabes por qué. - El balrog levantó la cabeza y pareció que asentía el monólogo de Rána. Se sentó sobre sus patas y apoyó la enorme cabeza en el suelo.

- Beoren me da miedo, y lo sabes, pero no debe conocer nunca mis verdaderas intenciones, pues si se pusiera al corriente de la búsqueda de Grinsel, también él se apuntaría a la caza y captura por la recompensa. Tú me ayudarás, ¿verdad? - Dijo Rána mirando a su mascota a los ojos. - ¿Puedo contar con tu ayuda si las cosas se ponen feas para las gemelas? Oh, Escheron, mi fiel amigo, qué asustada estoy. Se acerca la noche y no quiero estar al lado de Beoren cuando la oscuridad nos rodee.

Escheron se puso en pie y se alejó hasta desaparecer de su vista, pues el beórnida se estaba despertando.

- ¡Me siento como nuevo! - Exclamó Beoren. - No quiero perder ni un minuto más. ¡Partamos y busquemos a esos dos montaraces de pacotilla!

Beoren se puso en pie con facilidad y sonrió a Rána. La istar le miró con recelo.
- No me temas, has oído demasiadas cosas extrañas sobre los beórnidas, y no todas son ciertas, pero lo que sí es verdad es que amamos a los animales y respetamos los tratos por encima de todo. Hice contigo un trato, nos ayudaremos mutuamente a encontrar a esos dos, y lo cumpliré. Mientras seamos aliados, no seremos enemigos. - Dejó claro Beoren. Rána afirmó con la cabeza y una mirada que denotaba seguridad, algo que hacía unos minutos tanta falta le había hecho.

Volvieron a retomar el sendero y a paso rápido encontraron de nuevo el rastro de Ardealthal y Fehn. Cada vez estaban más cerca.

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NotaPublicado: Dom Mar 16, 2008 3:39 am 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
A la mañana siguiente, Gasteizo salió temprano de una habitación en la que había dormido. En una cocina fruto de la perspicacia y la improvisación, se hallaba una mujer madura pero todavía bella vestida de panadera que se volvió al oirlo llegar.

- Buenos días. ¿Se ha levantado ya Histhel? -le preguntó con ansias el hobbit.
- Mi hija es bastante madrugadora. Creo que ha ido a recorrer la aldea. Es costumbre acercarse a saludar a todos los viejos amigos cuando uno regresa a su tierra natal. Por cierto, me he permitido preparar unas cosillas para desayunar. ¿Te apetecen huevos, tocino frito en pan y un jarro de leche recién ordeñada?
- Sí, señora Dürsel. Sería un honor para mí hacer uso de su esmero en la cocina.

Mientras tanto, un pequeño balrog jugaba con los rescoldos del fuego de una hoguera que había resguardado del frío a una istar y a un extraño hombre. Estrujaba en su mano fragmentos de carbón vegetal y les daba forma alargada. De sus ojos manaba una llama viva y del interior de su pecho brotaba el calor imparable de una furia arrolladora. Después de un buen rato, su labor empezó a tener sentido, a cobrar forma, a ser la extensión misma de la aberración que supone en sí misma una bestia como aquella, un valarauco como lo llamaban los elfos, un balrog, como lo denominaban los humanos. Y así fue como el monstruo comenzó una nueva etapa lejos de su estado larvario de bondad, con un látigo ígneo que le proporcionaba aún más poder para el mal.

Rána, que lo había visto todo, se acurrucó junto a Beoren, al que tanto había temido hasta dentro de su propia vivienda, puesto que el animal que moraba en su interior no le producía para nada el temor que le daba ahora su estimada mascota.

No muy lejos de allí, una alianza recién constituida por cuatro personas comenzaba una diatriba en la que ninguno parecía ponerse de acuerdo.

- Yo creo que debemos ir hacia el Sur -decía Fehn.
- Permíteme que discrepe, el Norte es mejor para vender productos -despotricaba Cnobdunyo sin escuchar.
- ¡Eso, eso, al Norte! -decía Lembillo para apoyar la postura de su maestro.
-¡Basta ya! -replicó Ardealthal, haciéndose con el control de la situación-. Tengo la convicción de que nos está siguiendo aquel tipo amigo de los osos y no quiero tener que acabar con él para defenderme. Al fin y al cabo sólo amaba una bestia. Sugiero firmemente ir hacia el territorio de los dunledinos. Allí nos perderá la pista y, yendo conmigo, no correréis ningún peligro. Además, no sé si os habéis fijado pero no veo desde hace un par de días ningún cartel de la fugitiva.
- Quizás ya la hayan capturado -sugirió Fehn.
- Yo apuesto a que la razón es otra -dijo por toda respuesta Ardealthal.

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NotaPublicado: Dom Mar 16, 2008 8:11 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- ¿Quieres un poco más de té? -preguntó una joven con aspecto cuidado y joven-. Veo que no has renunciado a tus dos tiras de cuero en los pies.
- Ya sabes lo que significan, y la promesa que hice. No las cambiaré por un calzado normal hasta que haya terminado -contestó Histhel acercando su taza para que la joven le sirviera un poco más de infusión-. Muchas gracias por vuestra ayuda. Al principio no pensé que habíais sido vosotros, pero luego todo encajó.
- Sí. La paloma mensajera de la vieja Murgana nos avisó de tu visita hace una semana, justo después de que aquel montaraz y su acompañante preguntaran por ti. Pero Murgana supo arreglárselas para retenerles y darte el tiempo suficiente para escapar.
- No tenía ni idea de que nos persiguiera nadie -dijo Histhel preocupada-. Tras la visita a Murgana, nos refugiamos en casa de una buena amiga mía y luego ya seguimos el camino hacia aquí.
- Tienes mucha suerte al contar con tan buenos amigos -añadió la joven-. Más aún teniendo en cuenta la cantidad de carteles que hay con tu cara, digo, con la de Grinsel por todas partes.
- Si, Esseamal, tengo mucha suerte de que Rána sea amiga mía. Su ayuda ha sido muy importante para mí. Y tengo la sensación de que sigue ayudándome aunque yo no lo sepa -Histhel dio un sorbo a su taza y se recostó en la mecedora de madera de cedro que crujió con su peso-. Dime una cosa, ¿cómo consiguísteis quitar todos los pasquines de búsqueda de mi hermana sin que os viera nadie?
- Je, je, con mucho sigilo y cuidado. La verdad es que fue un plan muy organizado que se llevó a cabo con éxito. Todos los jóvenes de la aldea colaboraron con mucho gusto -Esseamal bebió de su infusión y encendió su pipa mientras Histhel esperaba ansiosa el resto de la explicación-. Cuando los Aksanvákvet tuvieron conocimiento de la persecución de los guerreros de Rohán, organizaron la defensa y ellos mismos se encargaron de arrancar todos los carteles a varias millas a la redonda. Aprovecharon la ausencia de luna de estas últimas noches para pasar desapercibidos.

Histhel la miraba absorta. De repente, nada tenía sentido para ella.
- Espera, ¿qué tienen que ver los guerreros de Rohán con Grinsel? ¿es que tú sabes por qué ofrecen una recompensa por su cabeza?
- Hace varios años que no se sabe nada de Grinsel -contestó Esseamal-. Pero todos creemos en su inocencia. Sea cual sea el motivo por el que la persiguen, seguro que ella es inocente. Gran parte de la aldea está a su favor.
- ¿Gran parte? -Histhel tomó la pipa que le pasaba su mejor amiga y exhaló una gran bocanada de humo-. ¿Quieres decir que hay alguien que está en contra?
- Lo de siempre, ya sabes. Nunca aceptaron que tres fueseis iguales y os condenaron desde el nacimiento como a seres del mal, criaturas de la sombra.

Histhel se recostó en su hamaca y suspiró. Un escalofrío recorrió su cuerpo. De repente llegó a su mente un recuerdo que hacía tiempo que tenía olvidado.
- ¿Le... le has visto? -preguntó con miedo la montaraz-.
- Sí. Hace unos cinco días que se fue de aquí -Tomó la pipa que le pasaba Histhel y fumó-. Ayudó a los Aksanvákvet a retirar los carteles y luego se internó en el bosque con la intención de hacerse pasar por Grinsel, para protegerla y darle tiempo a escapar. Él sí está al tanto de todo, pero será muy difícil que le encuentres, no se dejará ver.
- Hace muchos, muchos años que no nos vemos, desde... desde aquello.
-Lo sé, yo estaba presente, ¿recuerdas? -se levantó y se dirigió al baúl que había en un rincón de la habitación. Lo abrió y sacó una tela de color ahumado por el tiempo. Histhel la miraba con expectación como si esperara ver salir un ser mágico del baúl. Esseamal le acercó la tela y se la dio en mano. Histhel la tomó con cuidado y la desdobló con esmero como si quisiera evitar que el daño que aún no había hecho el tiempo lo provocara un brusco movimiento de sus brazos al abrir la tela. Una lágrima se escurrió por su mejilla. Se acercó la pequeña túnica a la cara y la olió. Los recuerdos acudieron a su memoria y no pudo reprimirse por más tiempo. Un amargo llanto envolvió la habitación y Esseamal arropó a Histhel con sus brazos.
- Vamos, lo hecho, hecho está -La joven retiró la pequeña ropita de las manos de la montaraz y la volvió a guardar en el baúl-. no debí haberlo sacado. Es hora de pasar página y continuar.

Histhel se secó la cara con la esquina de su capa y miró a su amiga a los ojos. Asintió con la cabeza y se levantó de la mecedora, que volvió a crujir al ser liberada del peso. Se dirigió a la puerta y abrazó a su amiga. Luego desapareció tras la puerta.

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NotaPublicado: Lun Mar 17, 2008 3:10 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Ardealthal arrancó una rama de una planta de espita; una gran palma. Fehn y Lembillo le imitaron con sendas ramas. Con ellas borraron todas las huellas de sus pisadas en un buen trecho, barriendo el suelo con cuidado de no dejar marcas de la argucia.

Después caminaron hacia el Oeste, con el mar a la espalda, casi paralelos a la margen derecha del río Gwatló, aunque no tan al Sur. Después de un gran esfuerzo pararon a descansar a petición de Cnobdunyo.

- ¡Menos mal que habéis decidido parar! ¡Tenía ya los pies como dos trozos de carne cocida! -exclamó Cnobdunyo.
- Teniendo a éste por maestro, ahora entiendo por qué eras tan pardillo la anterior vez que nuestros caminos se cruzaron -susurró Ardealthal a Fehn, que sonrió al comprender que el comentario no era sino un retorcido cumplido-.

El muchacho sacó de nadie se fijó dónde un filete de cecina y convidó a todos, que aceptaron y comieron gustosamente.

Junto a las olas, el balrog, en un último ápice de cordura y autocontrol, se detuvo entre las sombras antes de devorar a Rána y Beoren, en un momento en que éstos caminaban preocupados al ver que se perdía el rastro de los cazadores de osos.

El beórnida se alejó un momento para mirar si se topaba con el rastro más allá de un vado. Rána se quedó por allí dando vueltas en busca de alguna pista que los llevara por el camino correcto. Fue entonces cuando la bestia la abordó de un empujón y la tiró al suelo.

- ¡Escheron, ¿qué haces?! -preguntó chillando la istar, sorprendida de semejante puesta en escena.

La bestia se replegó sobre su cuerpo y se incorporó, con su látigo ígneo en la mano, dispuesta a desplegar su furia. Rána, echando mano de todo el valor que pudo, increpó a la bestia en un cara a cara.

- ¡Ya salió a la luz el ser maligno que traté de mantener dormido! -dijo con la templanza y la solemnidad que sólo una istar de gran poder podía mostrar y levantó su mano hacia el balrog- ¡Con el poder que los Valar me otorgaron para dominar animales y bestias te ordeno que te alejes y te refugies en lugares sombríos donde la luz del sol tema iluminar!

Algo dentro de la bestia que, desde luego, no era producto de su voluntad, la obligó a detenerse y huir.

Escheron abordó un nuevo camino en solitario. Dar caza a quien le provocó ese daño en la boca con una botella explosiva era todo lo que veía ahora.

Rána presintió en el fondo de su corazón cómo su Escheron, al que había criado como a un hijo no podía permanecer entre otros seres de luz. Debía ocultarse entre la penumbra de una existencia lúgubre, alimentado por las fuerzas del mal que conformaban su naturaleza. Una lágrima se hizo paso hasta el suelo desde los arrasados ojos de la istar, volviéndolo árido de amor con su sal, al tiempo que el beórnida regresaba sobre sus propios pasos.

- ¿Qué te ocurre? -preguntó Beoren intrigado.
- No es nada -respondió una Rána a la que algo se le había destruido dentro, y miró a la nada con la vista perdida.

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NotaPublicado: Mar Mar 18, 2008 5:55 pm 
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Gasteizo había dado buena cuenta de los huevos fritos, el tocino frito con pan y la jarra de leche recién ordeñada, y se disponía a atacar una rebanada de pan tostado en la leña cubierta de confitura de arándanos, a la que luego seguiría una ración de pudin de frutas.
- Muchacho, ¿cuánto tiempo hace que no comes en condiciones como hoy? -preguntó la señora Dürsel, como la llamaba el joven hobbit-.
- Pues,... -Gasteizo contó con los dedos de una mano, luego siguió con los de la otra, y volvió a contar de nuevo con la primera-. Si mi memoria no me falla, doce lunas blancas, enteras y una a mitad encogiéndose.
- Eso son unas cuarenta y nueve semanas,... vaya, vaya, ¿así que ese es el tiempo que llevas viajando con Histhel? -concluyó la amable mujer-.
- No, no, Ese es el tiempo que hace que murió mi tía, y desde entonces no he vuelto a comer en condiciones -aclaró Gasteizo mientras zampaba el pudin-. Apenas han pasado cuatro meses desde que decidí irme a recorrer el mundo con Histhel, ¡y tampoco he tenido oportunidad de disfrutar unas ricas viandas como éstas!
- Ja, ja, ja, ja -rió agradecida la señora Dürsel, pues hacía mucho tiempo que nadie alababa sus dotes culinarias-.
En ese momento la puerta se abrió y apareció Histhel, con el semblante muy serio.
- Termina de comer rápido, nos vamos -dijo con determinación-. Esseamal me lo ha contado todo, no es necesario que sigas ocultándome las cosas, madre, es mejor que esté al corriente de todo.
- No quería preocuparte -se excusó la señora Dürsel-. Pero, tienes razón, puedes defenderte mejor si sabes quiénes son tus enemigos.
- Pero no pensé que los tenía tan cerca -Contestó Histhel furiosa-. No sólo me persiguen varios cazarrecompensas que me confunden con mi hermana, sino que parte de los aldeanos también están en nuestra contra. ¡Deprisa Gasteizo, en marcha!
El hobbit miró a Histhel con rostro denodado, pues nunca le había tratado con tan malos modales, y tampoco era consciente de haber hecho nada que la pudiese hacer enfadar tanto. El inexperto hobbit miró a la señora Dürsel buscando un poco de comprensión.
- Vamos, cariño, Gasteizo es un hobbit adorable -medió la madre-, no tienes derecho a descargar tu enojo contra él.
- Bien -reconoció Histhel y miró al hobbit a los ojos encharcados por unas lágrimas que se resistían a quedarse dentro del párpado-, disculpa, siento un gran aprecio por ti, pero no tengo tiempo para demostrártelo. Como socios que somos, debemos irnos de aquí cuanto antes, o las cosas pueden empeorar mucho más todavía.
- Claro, lo entiendo -dijo Gasteizo a la par que se levantaba-, somos socios, así que, ¡en marcha! Ah, señora Dürsel, ¿podría prepararnos provisiones para llevar en el camino?
La madre de Histhel sonrió y asintió con la cabeza, nada le hacía más feliz que alimentar a los demás.

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NotaPublicado: Mar Mar 18, 2008 9:47 pm 
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Grinsel miró a la joven y algo en sus ojos le hizo desistir de su primer plan, o sea decirle la verdad, por lo que…
-Tengo 31 años, y nací en la aldea de donde provienes tu también…
Waykim puso ojos como huevos y …
-Los trillizos del mal.
-¿Cómo?
-Tú eres una de los trillizos endemoniados, mi padre me lo contaba ante el fuego, las noches de invierno. Me explicó que muchos creían que eso de nacer tres bebes del mismo vientre en el mismo día era señal de maleficio y aun os dejaron vivir porque uno de vosotros era chico. O sea que no hubo mayoría. Si la hubiera habido…
Aparte de eso el grupo de elfos que vive en el bosque Norte se opuso enérgicamente.
- O sea que Malak y Gorion…
-Sí. Oye donde está tu hermano.
-Con 19 años se fue. Creo que solo nuestra madre sabe dónde está y que es de su vida. ¿Y tú qué piensas de todo eso de la triada demoniaca?- La pregunta de Grinsel aunque hecha de una manera inocente marcaria las relaciones entre ambos.

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Última edición por Baldor el Mié Mar 19, 2008 1:08 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mié Mar 19, 2008 12:37 am 
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Cnobdunyo no hacía sino retrasar la pequeña expedición formada por él mismo, su aprendiz Lembillo y nuestros viejos conocidos los montaraces. Si no era una piedra en su bota, era un misterioso picor o un sonido, que solamente él había oído, lo que entorpecía el avance.

Por eso, cuando dijo haber escuchado el chasquido de una rama bajo un pie, ninguno de los otros tres le hicieron el menor caso. Y, cuando estaban asintiendo con la cabeza sin prestarle atención, un par de figuras hicieron su aparición tras ellos.

- ¡Forasteros! -gritó el muchacho.
- ¡El del oso! -dijo Fehn y echó a correr, soltando la piel de ursino.

El beórnida llegó hasta los restos de su fiel amigo el oso, se agachó y lo abrazó. Rána se quedó a su lado en silencio.

- ¡Os mataré, salvajes bestias inmundas!- lanzó en un alarido Beoren.

Y dicho esto, tensó todos sus músculos, lanzó una especie de espuma por la boca, sus uñas crecieron como anzúas, su rostro se deformó como el barro de la cerámica, adoptó la posición de un animal de cuatro patas y pareció aumentar de volumen mientras sus huesos y su carne se retorcían para adoptar nuevas posiciones. Brotó pelo por todo su cuerpo como hierba en las praderas. Sus ropas colgaban hechas jirones y su voz se tornó en un gruñido ronco.

La istar no se movió siquiera pero tampoco hizo mención de su existencia para no turbar más al monstruo en el que se había convertido Beoren: una especie de oso grande y fuerte en el que, por alguna razón, podía entreverse la mirada de un humano violento y cruel.

- ¡Cuesta abajo, corred cuesta abajo, rápido! -exclamó Ardealthal a voz en grito mientras trotaba como un perro tras un fardel.

Todos le hicieron caso menos el infortunado y melindroso Cnobdunyo, al que su bota parecía molestarle de nuevo y se paró. El oso, de un solo zarpazo le arrebató parte del rostro y de una dentellada le arrancó un brazo a la altura del hombro, para seguir tras el resto de sus huidizas capturas, dejándolo tendido.

El muchacho corría veloz e iba el primero colina abajo, escurriéndose como una anguila entre los árboles. Tras él iba Fehn, que era el que antes de todos había echado a correr. Cerrando la improvisada comitiva, Ardealthal volaba con una mano en una espada que le había prestado Cnobdunyo.

El beórnida bajaba con cuidado la colina para no perder el equilibrio, debido a una particularidad, que hace que un oso no pueda correr deprisa cuesta abajo, por ser sus patas delanteras más cortas que las traseras. Característica que Ardealthal, como buen montaraz, conocía sin duda.

Cuando la colina acabó, el camino llevó a los tres a un cerrado con el que ninguno contaba. El oso llegó con comodidad al encuentro. El muchacho blandía un palo con ambas manos, Fehn su minúscula navaja y Ardealthal se quedó inmóvil, concentrado.

El beórnida se acercó despacio aunque temerariamente. El sudor corría por la frente del chamarilero. El chico movía el palo para intentar, sin éxito, infundir temor. Y el montaraz seguía como una estatua.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca de Ardealthal, Beoren se puso en pie, en la posición de ataque de un oso y el acero de la espada nueva de Cnobdunyo se estrenó en aquel hombre-bestia. Las dos figuras permanecieron quietas durante un instante, antes de prepicipitarse al suelo. La bestia sobre el humano. Herido, el plantígrado se incorporó y huyó de allí con la espada clavada aún en un costado.

- ¡Ayudadme! -logró decir Ardealthal.
- ¡Peluchico! -gritó Fehn- ¡Ya voy!

El muchacho también ayudó. De pronto, cuando Ardealthal ya estaba de pie, el oso comenzó a lo lejos otra transformación, mientras se marchaba, esta vez inversa, para adquirir la forma de humano.

Bajo un montón de piedras recogidas por los alrededores, los tres contribuyeron a dar sepultura a Cnobdunyo el truhán, el mequetrefe, el charlatán, el chamarilero. El muchacho estaba bastante entero y apretaba en una mano un documento que, en un descuido del resto, había arrebatado de las ropas que el beórnida había perdido hechas trapos. Y Fehn tenía el rostro desencajado, pues en el fondo, había estimado bastante en su vida a aquel impertinente maestro suyo.

Desde lo alto de una rama, un cuervo lo vio todo y voló un trecho hasta la mano de su dueña: una istar que respondía al nombre de Rána y que seguía defendiendo unos ignotos intereses.

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Última edición por Peluchico el Mié Mar 19, 2008 4:01 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mié Mar 19, 2008 2:54 pm 
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La niña se quedó mirando a Grinsel dos segundos, soprendida por la pregunta, sonriendo sacudió su corto pelo .- ese no es el tema ahora...verás intentaba escapar, no, no digas nada, déjame acabar.-exclamó tapándole la boca con su pequeña mano.- estaba ya arriba cuando escondida ví a ¿¡¡¡ tú hermana!!!!! nno, nno puede ser...a qué...a qque nno?? díme que ví una visión .- esperaba expectante con sus grandes ojos fijos en su cara.- Vamos contesta, .-apuraba contenta y nerviosa.-
Empezó a recoger parte de su zurrón, sin dejar de mirarle .- No me perderia el encuentro entre vosotras, será algo único!!! ..verdad??? .- Tiró de Grinsel para levantarla, pero seguia inmovil, y pálidamente seria.-

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NotaPublicado: Mié Mar 19, 2008 6:44 pm 
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11 años atrás.

Cirus, sentado debajo del gran árbol que daba sombra al patio familiar no apartaba los ojos de su sobrino de un año, el cual cuando no dormía intentaba ya realizar sus primeras expediciones por su cada vez más amplia zona de influencia, la sangre Rohir que corría por las venas de la familia se hacía notar. Durante un momento intentó adivinar quién podría ser su padre. Histhel jamás lo había dicho, y el cariño que tenia hacia su hermana le llevaba a mantener su curiosidad bajo un férreo dominio.
Naturalmente estaba al tanto de que un grupo de aldeanos, desde que nacieron los tres les tenían maledicencia, y si hubieran podido y los pocos elfos que vivían en el bosque cercano no se hubieran opuesto,
seguramente no hubieran visto el segundo amanecer en su vida, ahora además se añadía el que nadie sabía el origen de su sobrino y tenían que mantener una férrea vigilancia.
Al ver que el chiquillo se había quedado dormido en su mantita cogió un pergamino y se puso a leerlo

-Aiya -El saludo le hizo levantar la vista y vio a Malak y Gorion, dos de los elfos más jóvenes y por tanto más cercanos a ellos que venían como siempre a hablar de velas y conchas, morsas y focas estrellas y… Bueno, de todo y nada…

Una hora estuvieron charlando y nada ocurrió, una vez solo de nuevo y su sobrino seguía dormido.

Esseamal la amiga de sus hermanas llegó con una jarra de limonada fresca, preguntando por Histhel y Grinsel. La informó que estaban en el Mercado, un poco extrañado ya que era el día semanal en que todas se encontraban allí. La muchacha, un poco nerviosa se excusó diciéndole que por cosas se había olvidado pero que por no perder el viaje se bebiera él la limonada. Agradeciéndoselo, empezaba a hacer calor, bebió un buen vaso, Esseamal se despidió y…

-CIRUS -la voz de Histhel medio lo sacó de la modorra, aunque la cabeza le estallaba- ¿DONDE ESTA MI HIJO?

-Durmiendo en su mantita -haciendo un esfuerzo abrió los ojos y vio a su hermana con cara de preocupación, además instintivamente notó que era tarde, empezaba a teñirse de rojo el horizonte.

-NO, NO LO ESTÁ, ERA TU OBLIGACIÓN TENERLO VIGILADO Y TE ENCUENTRO DURMIENDO. ¿ASI CUIDAS DE TU SOBRINO?

Cirus miró por todos lados, el crio no estaba, ni había huellas de que hubiera llegado alguien y lo cogiera. Casi de pasada notó que la jarra tampoco estaba.

-Histhel, yo…

-No digas nada y búscalo, si no lo encuentras no te presentes mas delante de mí porque te mato.

Cirus rebuscó por toda la aldea, y preguntó en todos los alrededores, nadie sabía o no quería decir nada.

Tras una semana de indagaciones y preguntando a su madre sabía que cada vez su hermana le odiaba mas y le culpaba de todo lo ocurrido. Él sospechaba lo ocurrido pero no tenía pruebas, viendo que sería imposible justificarse y con un sentimiento de culpa que le impulsaba a purgarla, se despidió de su madre diciéndole que marchaba a la Marca, a la aldea de su padre y pediría su ingreso en uno de los eoreds.

Y desapareció durante 11 años.

Época actual.

-Mira jovencita, mi hermana odia a Cirus por algo de lo que le hace responsable, no puedo andar por ahí con aspecto de Grinsel, por los cazarrecompensas y si voy de Cirus, Histhel me mata sin mediar palabra.
-Pues descubramos lo que pasó... Esa Esseamal...
-No, es la mejor amiga que teníamos, siempre nos defendía, ella imposible, pero ahora recuerdo que Pelargus también era amigo y también pasó a verme antes de caer dormido.
-Pelargus es mi padre -dejó ir la joven con cara nuevamente crispada-.
-Solo queda la opción obvia... me dormí.
-Oye se durmió tu...Vale, tu eres Cirus y tu hermana esta desaparecida, estas haciendo de cebo. Llévame contigo o se lo digo a Histhel.

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NotaPublicado: Vie Mar 21, 2008 6:43 pm 
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Waykim quedó lívida al oírle, pero se repuso al instante, no obstante no dejaba de darle vueltas a la cabeza...Tenía fijo que su padre no estaba implicado en ese rapto...Cirus estaba fijo que su amiga tampoco...pero, y sí se equivocaba???? Puede ser que la amistad que le profesa desde la infancia le impida ver claro, a no ser qué....- pensaba mientras esperaba la respuesta impaciente.-

En el poblado, mientas tanto habían quedado un par de Aksanvákvet, escondidos, durmiendo en pajares, ocultos por algún vecino, con la idea de averiguar y retrasar el avance de los Rohir que llegaran buscando a la montaraz. La señora Dürsel no estaba de acuerdo, aunque les alimentaba, por medio de algún chiquillo que siempre sabía donde estaban, ella prefería mantenerse al margen, pero no negaría el alimento a nadie, al menos mientras estuviese viva. No entendía nada..- porqué no se limitaran a seguir sus vidas sin preocuparse de las de los demás???.- pensaba, guardando dentro de la cesta dos manzanas asadas más. De pronto unas enormes manos le quitaron la cesta , ella levantó la mirada ahogando un grito...

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El viento comenzó a soplar, lo que avivó los exiguos rescoldos que quedaban de la hoguera nocturna. El hobbit se apresuró a extinguirlos con su propio pie, encallecido por los años.
Gasteizo se sentía cada vez más incómodo al lado de Cain y sus misteriosas desapariciones al ocaso.
- Me tiene frito -le dijo a la montaraz.
- ¿Quién, Cain? -acertó en preguntar. Miró al hobbit de reojo que, con sus pelos de escarola, tenía un aire jovial y distendido, como de un trovador que diese vueltas y patadas al aire para encandilar a un público de evidente preponderancia femenina.
- Cada vez es más áspero en sus comentarios y adolece de modales en todo lo que hace. Además, estuvo dos días sin aparecer porque no pensaba perder más tiempo buscando a la desconocida de los peces y ahora va y regresa. Me pone frenético.
- Paciencia, Gasteizo. Alguno de los misterios de ese enano traicionero saldrán pronto a la luz y éste tendrá que rendir cuentas de ello. De eso me encargo yo. -aseveró Histhel.
-¿Hablábais de mí? -preguntó Cain acercándose desde la orilla de un riachuelo al que había ido a lavarse al poco rato de volver del bosque cercano, donde había pasado la noche.
- No te estimes tanto -respondió la mujer, secante.

Al Noreste de allí, el viento aún era más bravo, lo que encorvaba las figuras de dos montaraces y un chico que no le había quedado más remedio que apuntarse a dicha expedición. Llevaban ya bastante tiempo de espaldas al mar ascendiendo por el valle del Gwatló, a bastante distancia de éste. El paisaje iba tornándose más de interior, con plantas acostumbradas a noches más frías, sin la venévola brisa marina.
- Ahora, no me queda otra opción que acogerte a mi lado para enseñarte los pros y contras de toda una profesión: el arte de la chamarilería -dijo rompiendo el silencio Fehn, mirando al muchacho.
- Sí. El maestro era bueno -dijo Lembillo en susurros y haciendo un gesto con un dedo en la sien- aunque estaba un poco loco.
- Algo excéntrico sí que era. Algo de eso se me pegó a mí. Pero como vengo de una sencilla familia de hortelanos, la frivolidad no caló del todo. ¿Quieres un poco? -dijo acercando un coscurro de pan al hocico sucio del chaval.
- ¡Cómo no! -respondió con los ojos muy abiertos.
- Lo primero que debers hacer es recordar lavarte de arriba a abajo en el próximo brazo de agua que encontremos -magistró el nuevo responsable de la educación de Lembillo, mientras Ardealthal sonreía en silencio.

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Última edición por Peluchico el Mar Mar 25, 2008 7:53 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Dom Mar 23, 2008 5:23 pm 
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El oso comenzó a lo lejos otra transformación, mientras se marchaba, esta vez inversa, para adquirir la forma de humano. Desde lo alto de una rama, un cuervo lo vio todo y voló un trecho hasta la mano de su dueña: una istar que respondía al nombre de Rána y que seguía defendiendo unos ignotos intereses. La istar escuchó con atención todo lo que el cuervo le decía.
-...El joven cogió algo de las ropas del muerto... el viejo luchó contra Beoren y le hirió...el último ayudó al viejo a luchar contra el oso... -tradujo Rána. Cuando el cuervo hubo terminado, alzó el vuelo de nuevo para seguir los pasos de los dos montaraces y el chamarilero, o el montaraz y los dos chamarileros. A los pocos minutos vio aparecer la cabeza de Beoren por el horizonte de la colina y su cuerpo destrozado por la pelea. Rána, que sabía lo que había ocurrido antes de que Beoren lo pudiera contar, ya estaba preparada para curar sus heridas.
- De nuevo se han salido con la suya -dijo Rána-. ¿Cómo es posible que haya podido vencerte dos veces? Tan sólo es un montaraz...
- No, no es un montaraz cualquiera, no tenía miedo -relató Beoren-. Sus ojos eran fríos y no me temió ni siquiera un segundo. Sólo he visto ese tipo de mirada en los dunlendinos y en los medio orcos, y créeme, espero que ese montaraz no pertenezca a ninguna de las dos razas. Me arrepiento de haber matado a aquel desgraciado, pero no pude contener mi rabia y él se interpuso en mi camino. Ahora tendré que cargar esa muerte inocente sobre mis espaldas.
- Una mas...-añadió Rána y siguió curando sus heridas.
- ¿Qué quieres decir con eso? -Beoren se revolvió y le paró la mano con la suya. La miró fijamente esperando una respuesta-. Yo no mato a inocentes.
- Quizá tu no, pero tu oso sí. Cain atrapaba a incautos en las trampas y luego se los llevaba a tu oso para que diera cuenta de ellos. Tu oso ha matado más inocentes que una guerra.
- Grrrrrrr...-Gritó Beoren furioso-. Eso no lo sabía. Ya sabes que debido a su naturaleza, Cain no era aceptado ni por los enanos ni por los beórnidas. Nadie le quería, y yo le ofrecí mi protección a cambio de que cuidara de mi oso, ese fue el trato que hice con él. No puedo asumir las muertes de los inocentes que cayeron por su culpa, pero sí puedo evitar que eso vuelva a ocurrir.
- ¡Pero él no mató a tu oso! ¡A quien debes perseguir es a esos montaraces! -exclamó Rána comprendiendo demasiado tarde que se había ido de la lengua y que su plan se iba al traste por momentos-.
- Ese pobre desgraciado seguramente lo mató en defensa propia, no le puedo culpar de eso. Después de ver cómo luchan, he comprendido que no le quedó más remedio. Nuestros caminos se separan aquí. Voy a buscar a Cain y a detenerle antes de que siga haciendo daño -Beoren se incorporó -. Gracias por tus cuidados sin ellos no me habría recuperado. Eres buena, yo cuidaré de tu casa y de que nadie te moleste como pago, ya que Cain no podrá volver a hacer eso por ti, porque yo me encargaré de que así sea.

Rána le miró estupefacta. Sus planes habían dado un giro inesperado. Beoren comenzó a caminar y ella se quedó rezagada pensando. Una ardilla se acercó a ella y Rána se confesó con ella.
- Si Beoren no persigue a los montaraces, encontrarán a Histhel. Pero por otro lado, si ahora persigue a Cain, que va con ella, tendremos más oportunidades de defenderla. Creo que lo mejor será acompañarle -La ardilla le miró y acto seguido trepó a un árbol-.

Rána se levantó del suelo y corrió hasta alcanzar al beórnida.
- Te acompañaré. Está visto que me necesitas para curar tus heridas, y mientras no haya nadie cuidando de mi casa me sentiré más segura a tu lado -propuso Rána sin despejar cuáles eran sus motivaciones reales. Beoren aceptó con un simple cabeceo vertical. Comenzaron de nuevo el camino con una nueva ruta.

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NotaPublicado: Lun Mar 24, 2008 2:10 pm 
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Cain desconfiaba de la charla que tenian Histel y Gasteizo, sabía de sobra que hablaban de él... llevaban unos dias un poco ariscos, tanto ella como su congénere, quien lo diría... y eso que les había llevado pescado!!!!... para él hacerse con lo ajeno era un reto, un juego..habia empezado tiempo atras...cuanto haría...casi 12 años...sí, poco más o menos...pero se estaba convirtiendo en algo peligroso.-Será mejor que una temporada me esté quietecito.- pensaba dando brincos, saltando al recordar su última "hazaña".-, la pescadora ni cuenta se dió, pero ya está bien... es hora de darles a entender que estoy a su lado, me ganaré de nuevo su confianza.- Danzaba mirandolas de hito en hito, ajeno a toda preocupación que no fuera él mismo...

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Última edición por Celebwën el Mié Mar 26, 2008 4:42 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Mar 25, 2008 9:52 pm 
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Ardealthal llevaba la delantera cuando de pronto se paró en seco, hizo un gesto con la mano para que los otros se detuvieran también y permaneció inmóvil, como escuchando. Falsa alarma, al menos eso parecía. Un momento después, cuando ya se habían relajado tras la alerta, de pronto se vieron rodeados por una colección de curiosos y altos hombres, de dentaduras melladas y barbas negras como las noche nubladas, que les apuntaban con todos los objetos puntiagudos que uno pudiera imaginarse en un día inspirado.
- Venimos en paz -dijo con serenidad bien calculada un Ardealthal de manos abiertas y en alto, que se movía lentamente para no asustar a ninguno de sus atacantes.
- Sí, sí, en paz -añadió nervioso, Fehn.
El chico permaneció en silencio pero con más miedo en el cuerpo del que cabe en toda una marca. Los hombres, de curtida piel y aire de estar acostumbrados a las inclemencias naturales siguieron quietos hasta que abrieron un sendero entre sus cuerpos para que pasara una figura alta y fibrosa, de piel como el ébano y apariencia de hipnótico reptil; una fémina de mirada felina que hacía tiempo que no veía con sus ojos a Ardealthal.
- ¿Peluchico? ¿eres tú, no? Sí, has cambiado mucho pero sigues teniendo esa mirada de bueno pero vicioso que has tenido siempre -explicó sin esperar consentimiento alguno.
- Sí que lo soy, Wulfa. Hace tiempo que no nos revolcamos en algún lecho, mi querida medio orca. Vengo huyendo de una amenaza y tengo que encontrar a una mujer por una teórica recompensa, pero eso es otra historia -respondió Ardealthal, tomando en brazos a la sinuosa hembra mientras ésta le besaba como extrayendo su jugo vital.

Fehn y Lembillo permanecían perplejos, sin mover ni un músculo, hasta que esos hombres, que resultaron ser los dunlendinos, les empujaron y zarandearon en lo que para ellos era una muestra de cordialidad y que, para nuestros charlatanes supuso alguna que otra magulladura. En unos momentos llegaron a una villa grande y hermosa, con una fortificación a medio construir y montones de calles y cabañas, repletas de gente. Unos eran altos y hermosos, morenos de pelo. Otros eran igual de altos pero mucho más fuertes, de piel negra correosa y con aparente cara de pocos amigos. Todos parecían estar compinchados en sonreir y hacer de anfitriones para nuestros aventureros. Pronto la cerveza corrió a raudales en una fiesta improvisada de la que todo el mundo formó parte, incluido el chico, que se comportó como un aficionado nada reciente a las bebidas espirituosas. Todo el mundo excepto dos viejos amigos que celebraron de una manera más íntima y salvaje su reencuentro.

Unas horas después, Lembillo bailaba medio desnudo sobre la mesa más centrada de una taberna cuando se le ocurrió abrir la boca, con la lengua suelta por el alcohol.
- Me preguntaba si no serás un huruk-hai -le fue a preguntar al más extraño y feo de los anfitriones.
Éste lo agarró de las ropas del pecho y lo llevó en volandas hasta la puerta de la taberna, le dio una patada a ésta y con pasos firmes se encaminó a un abrevadero donde lanzó al muchacho, que quedó empapado y humillado ante las risas de todos, incluido Fehn, que se le acercó poco a poco para no caer al suelo de la risa y la falta de equilibrio que le producían la bebida.
- Nunca le recuerdes a un dunlendino algunas de sus raíces -le advirtió socarrón, Fehn.

Un par de horas más tarde, la felina amiga de Ardealthal deslizaba un dedo por el pecho de éste, que se había acomodado sobre el jergón donde se habían divertido juntos.
- Ya me has resumido lo del episodio del oso, el beórnida y la istar esa, pero no me has contado lo de la mujer de la recompensa -le dijo la gatita negra engatusando al montaraz con sus artes de seducción.
- Es una larga historia. En lo esencial, me vi en la obligación de simular ser un cazarrecompensas que perseguía a una fugitiva de los rohirrim. Gentes muy poderosas necesitaban una serie de hombres que hicieran ese trabajo sucio pero sin capturarla. Tenían que lograr acorralarla en una región.
- ¿Cuál?
- Más al Sur. al otro lado del Guathló.
- ¿Del Agua Gris?
- Sí, eso, del Agua Gris, como lo llamais por aquí.
- ¿Y por qué precisamente en esa región? -preguntó intrigada la tentadora fémina.
- Eso,... eso es algo que sólo se sabe en las altas esferas -dijo Ardealthal, pillando desprevenida a la hembra oscura y simulando un mordisco en el cuello, mientras la apretaba entre sus fuertes brazos, comenzó un nuevo y pausado encuentro, menos fogoso y fugaz, y más rico en matices.

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NotaPublicado: Mié Mar 26, 2008 5:48 pm 
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En el poblado, mientras tanto, la señora Dürsel guardaba dentro de la cesta dos manzanas asadas para los Aksanvákvet. De pronto unas enormes manos le quitaron la cesta, ella levantó la mirada ahogando un grito...
- Si no fuera porque seguro que esas manzanas ya tienen un destino asegurado, ahora mismo me las zampaba yo...-y dos brazos rodearon amorosamente la cintura de la señora Dürsel a la vez que el resto del cuerpo se le acercaba para abrazarla-.
- ¡Qué alegría me da verte otra vez! -exclamó la mujer emocionada-. Hacía tantos años que ya te daba por perdido. Te fuiste sin despedirte de nadie, y ni siquiera has dado señales de vida en todo este tiempo. ¿Cuántos años han pasado?
- Doce -Contestó el joven fornido-, y he vuelto porque no me quedaba más remedio. La paloma de la vieja Morgana me encontró, y mis compañeros del grupo de los Aksanvákvet me pusieron al corriente y me rogaron que les ayudara.
- Ohh, ¿por qué te juntas con esa gente tan problemática? -Contestó la mujer con un gesto mohíno-, un chico tan listo como tú, no deberías mezclarte en esos asuntos.
- Tía Dürsel, esos asuntos me incumben y tú lo sabes. Si mis primas tienen problemas, es como si los tuviera yo también, y sé que los tienen y muy gordos...
- ¡Ay, sí hijo sí! -dijo Dürsel invitando al joven a sentarse en una silla-. Tus primas están en apuros, y tú primo también...
- Ya sabes que lo que le ocurra a Cirus me importa muy poco, pues hace muchos años que ofendió a esta familia y a mí mismo.
- Cuéntame qué has estado haciendo todo este tiempo.
- Pues... -el chico dudó-, he estado de aquí para allá. Acabé alistándome en el ejército de Gondor, y ahora tengo un destacamento a mi cargo. Pedí un permiso para encargarme de asuntos familiares y me lo dieron. Se quedaron muy extrañados, porque todo el mundo creía que yo no tenía familia,... y casi es así...
- Nosotros siempre seremos tu familia...-dijo la señora Dürsel poniendo una mano en el hombro del joven-. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar?
- Muy poco, ya me tengo que ir -contestó el joven-.
- ¡Ay!Siempre estás yéndote -Suspiró la tía Dürsel-, os fuisteis tantos jóvenes de vez aquel verano de hace doce años. Fue como una plaga para esta aldea, eso y la desaparición del pequeño Seldo sembró la tristeza en estas tierras...
- Si, tía Dürsel, no hay día que no me acuerde de mi... sobrino -El joven bajó el semblante y disimuló el ahogo que le causaba pensar en eso-. Cada vez que pienso en eso se me pone un nudo en la garganta, y eso que en el ejército he visto atrocidades que no me ponen apenas los pelos de punta.
- Pobrecito, cómo has cambiado...-dijo la mujer con añoranza-, aún te recuerdo como un chiquillo corriendo de aquí para allá detrás de Histhel...
- Si, je, je -sonrió el joven-, llevo toda la vida detrás de ella. ¿La has visto ultimamente?
- De sobras sabes que la buscan. Tus amigos te lo habrán dicho -contesto la mujer cautelosa-, ¿crees que sería tan incauta de acercarse por aquí?, no, claro que no la he visto.
- Ya, claro, no te asustes de mí porque vista un uniforme, mi corazón está siempre con esta familia, puedes confiar en mí...-contestó el joven al darse cuenta del repentino nerviosismo de Dürsel-. Debo irme, me esperan en el bosque, están preparando algo y me necesitan, ya sabes, soy el mejor en ese tipo de asuntos...
- Sí, aún recuerdo los líos que montabas hace años, cuando casi habías dejado de ser un niño y nos volvías a todos locos con aquello... Qué buenos recuerdos...
- Sí... Pero ahora no lo voy a usar para divertir a nadie... -contestó el joven-, sino todo lo contrario. Bueno, ¿quieres que me lleve la cesta?
- Claro, así me ahorrarás el esfuerzo de tener que pedírselo a uno de los críos, que luego quieren algo a cambio, y ya se me acabaron los dulces, je, je.
- Me alegro mucho de verte -Concluyó el joven, y abrazó de nuevo a su tía. Una lágrima corrió por su mejilla y refrescó la nuca de la mujer-, no quiero que esto sea una despedida, pero si no volvemos a vernos, dile a Histhel que siempre la he querido y todos los días pienso en ella y sigo buscando a mi hi...sobrino.

Los dos cuerpos se separaron. El joven con la cabeza gacha se limpió la nariz con la manga de su blusón. Agarró la cesta con manzanas recién asadas y salió. La señora Dürsel se quedó en la puerta mirándole hasta que su imagen sólo fue un puntito y se perdió en el horizonte. Después se enjugó las lágrimas con el delantal y cerró la puerta.

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Última edición por Gwirdyon el Vie Mar 28, 2008 4:09 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Mar 27, 2008 2:17 pm 
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Cirus, se levantó, cubrió su cabellera con su gorro, se colocó bien el manto tras ceñir una espada que hizo que Waykim entrara aun más en el estado de gran excitación en que sus pocos años la sometían. El joven se puso la capa y se tapó con la capucha. A no ser que estuviera a pocos pasos de él nadie podría verle la cara.

-¿Qué haces tú con esa espada? Maldito embustero, eres un cazador, tu eres un Jinete.
-Cállate, hablas demasiado, no sabes nada y das muchas cosas por sentado.
Waykim miraba a Cirus como quien ve un fantasma, nadie la había tratado nunca de esa manera, ni siquiera su madre, siempre había sido una niña consentida, habíase salido siempre con su voluntad y ahora, un desconocido, un don nadie le marcaba el terreno y le levantaba la voz. Estaba a punto de mandarlo a hacer gárgaras con zumo de troll cuando se fijó en aquellos ojos, unos ojos que hasta hacia poco eran dulces y un poco tristes y ahora tenían el brillo acerado de la determinación y del final de la paciencia…
-Perdóname, pero es que estoy acostumbrada a ver esa espada, la llevaba mi padre y sus camaradas cuando servían en el ejercito de Rohan.
-Comprendo. Si no estorbas no tienes nada que temer por mi parte, si te pones en medio simplemente te dejo atada en un lugar seguro y mando a alguien a rescatarte.
Pasados unos minutos y recogido el campamento se pusieron en marcha hacia la aldea.
Los dos grupos iban de frente uno hacia el otro, al paso que llevaban se encontrarían casi en el desvió que se adentraba en el bosque.
Y ambos hermanos estaban destinados a encontrarse antes de que terminara el día. Waykim iba a quedar satisfecha

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Sab Mar 29, 2008 12:45 am 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Al día siguiente, en la improvisada sede de los Aksanvákvet, es decir, en el granero del padre de uno de los jóvenes cabecillas, una mezcolanza de impaciencia, humores, efluvios e ideas poco meditadas se daban cita entre una quincena de seguidores. Estaban discutiendo sobre la suerte que habría corrido Grinsel. Todos estaban conformes cuando se decía que la injusticia era el acicate de su persecución, que ella era inocente y que alguna estratagema inmunda estaba detrás de esos carteles que se habían visto obligados a arrancar. Esseamal se las había ingeniado para hablar delante de ellos, a pesar de no formar parte directa en el grupo. La acompañaban dos de sus hermanas.

Casi todos confiaban en ella, lo que le había costado unos inconmensurables esfuerzos en continuas demostraciones de buena fé. El motivo era que Esseamal era la hija de uno de los hombres que más calumnió a los trillizos cuando éstos nacieron. Pero tanto ella, como sus hermanas, la siempre sesuda y firme en sus convicciones Voronda, la excéntrica y dicharachera y sin embargo gruñona Vinga, y hasta la pequeña, la pizpireta y algo chicazo Waykim, habían estado convencidas, en cuanto tuvieron uso de razón, de lo alejados del mal que estaban los trillizos.
- He venido para deciros que si necesitáis ayuda, tanto mis hermanas Voronda y Vinga, como yo, estamos dispuestas a ofrecérosla -dijo cuando le cedieron la palabra-.
- ¿Y qué os hace pensar que podéis ayudar? -espetó un joven algo menor que Esseamal, pero con el que había jugado cuando ambos eran niños, que era sin duda el que manejaba las riendas-.
- Todos sabéis que soy amiga de las gemelas, Tuokwén -y calló durante un segundo al recordar a Grinsel, de la que no sabía nada desde hacía tanto tiempo-. También sé que lo que os mueve es la justicia y romper con los poderes establecidos; una lucha en la que la información se hace del todo imprescindible. Yo tengo bastante de esa más que necesaria información -dijo provocando el eco entre las pacas de paja y los troncos que conformaban el habitáculo.

La frase arrojó al aire el sonido de los aplausos de los más enfervorecidos colaboradores de la causa. algunos hasta metieron dos dedos entre sus labios para silbar con estruendo. Algunos pataleaban contra el suelo y otros lanzaban desde el altillo montones de paja que llovían poniendo a todos perdidos. Tuokwén tardó un buen rato en apaciguar los ánimos del grupo. Tras conseguirlo, la mañana fue muy provechosa para los Aksanvákvet.

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NotaPublicado: Sab Mar 29, 2008 2:10 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
La buena señora Dürsel salía ya de la cocina cuando se dio cuenta de la cesta…Buen Eru me ayude…qué lío!!!.- abrió la ventana, y al primer niño que pasó .-vete en busca de Vinga, es MUY urgente, corre!!!! que venga deprisa….-cogió los dulces que le quedaban y se los dió.-

Grömdal caminaba sin fijarse donde iba, pensaba en los Aksanvákvet, y en venganza, eso era lo que le había hecho alistarse con el ejercito de Gondor.- ellos han quitado los pasquines, pero los pillaré, seguro, y entonces será mi tiempo, mi hora.- Llegó a la plaza del pueblo, le extrañó no ver a casi nadie, y reparó que llevaba la cesta , sin saber donde la tenia que dejar, dando media vuelta volvió sobre sus pasos...

La reunión en el granero había acabado cuando Vinga salió acompañada de sus hermanas, al oír el recado extrañadas decidieron ir con ella .- así la ayudaremos a hacer más dulces.- comentaron animadas, pero sus sonrisas quedaron congeladas al ver venir enfrente de ellas el uniforme del ejercito enemigo, y quien lo vestía…… las hermanas palidecieron, la mayor apretó por unos segundos el brazo a modo de despedida, y dobló por la calleja derecha, .-esto debe saberlo Waykim ahora mismo, algo raro está pasando aquí, solo espero que acabe bien.- murmuraba Voronda casi corriendo camino del acantilado.-

Waykim pensaba mientras caminaba que tal vez no fuera tan buena idea que las dos hermanas se encontrasen, dudaba si su entusiasmo no haría que algo saliera mal, después de todo la buscaban, si no que otro motivo habría para que se escondiera???Su cabeza pensaba en mil excusas, pero ninguna le parecía bien, lo suficientemente buena.-Maldita sea…algo debe haber.- Sin mirar al suelo una roca mal pisada hizo que cayera con un golpe sordo, Cirus soltando un fuerte juramento se dispuso a ayudarla.- Mejor volvemos atrás, el agua del mar calmará el dolor, y ayudará a curarlo en poco tiempo.- apenas susurró ella sin atreverse a mirarle a la cara, para que no viese la alegría en sus ojos…

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NotaPublicado: Dom Mar 30, 2008 12:16 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Cain andaba ensimismado tras un tronco en la espesura del bosque. Había descubierto en una cabaña oculta entre los árboles una reunión de unos quince o veinte jóvenes y, aparte de la curiosidad que le provocaba averiguar el motivo de tal encuentro, también vio en la situación una oportunidad para hacerse con algo ajeno. De repente una mano fuerte y áspera le agarró por el cuello desde atrás.

- Dime qué haces aquí y quién eres, y podrás ver salir el sol un día más -Pronunció una voz grave y firme. La sombra que se proyectaba sobre Cain le dio la pista de que se trataba de un individuo de gran altura y corpulencia-.

- Yo...estaba cazando una liebre...-El enano tragó saliva con dificultad, pues la mano de su atacante le oprimía y le dificultaba la respiración-, por eso me escondí tras el árbol, para no asustarla... se asustan con facilidad y huyen...y entonces es muy difícil alcanzarlas...

El fornido que había descubierto a Cain le empujó con fuerza contra el tronco del árbol, haciéndole sangrar la nariz por el impacto y con un movimiento rápido lo desproveyó de su hacha. El enano estaba desarmado.
- Esas historias son creíbles para los niños, ¿sabes qué otra cosa odio más que la gente curiosa?...- Cain no contestó, pues apenas podía moverse tras la mole que le oprimía el cuerpo contra el árbol -, la gente que intenta tomarme el pelo. Puedo seguir apretando tu cuello hasta quitarte el último hálito, así que te sugiero que digas la verdad. ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Contesta!
- ¡Suéltalo, déjale en paz! -Gritó Histhel al hombretón-. Está de nuestra parte.
El forzudo le soltó y Cain se dasplomó al suelo como un saco de patatas. Su rostro, lo poco que se podía ver sin cubrir por las barbas, estaba amoratado, y la sangre de la nariz se había escurrido por su barbilla y su barba se había teñido de rojo. Se levantó con dificultad y se apoyó en el tronco del árbol. Cuando pudo ver la imagen de su atacante, soltó un suspiro aliviado.
- Vaya, parece que hasta te alegras de verme -dijo Histhel con sorna-, será mejor que te limpies.

El enano se alejó hasta un riachuelo de aguas límpidas y se miró en el reflejo.
- Si... podía haber sido peor, por un momento pensé que Beoren me había alcanzado -le explicó Cain a su reflejo en el agua-. Por suerte era uno de esos bobalicones que estaban reunidos en la cabaña perdida del bosque. Ya me vengaré de él esta noche, cuando el tamaño no sea un impedimento y mi fuerza se iguale a la suya...

- No te hubiera imaginado jamás acompañada de un enano -dijo el joven fornido-.
- Pues además de un enano, también me acompaña... un hobbit -Histhel señaló hacia atrás y Gasteizo salió de detrás de la piedra que le servía de escondite-. ven Gasteizo, te presento a Storem, un viejo amigo.
- Ja, ja, ja. ja -Rió Storem-, eres una caja de sorpresas, si alguien podía viajar con un hobbit y un enano, tenías que ser tú.
Storem abrazó a Histhel y ella desapareció entre sus brazos. Se alegraban mucho de volver a verse.
- Vamos a casa, y te pondré al corriente de todo lo que hemos hablado y decidido hoy -Sugirió Storem-.
- No, no puedo perder más tiempo. He de encontrar a mi hermana cuanto antes.
- Para eso estamos nosotros, para ayudarte. Nos han avisado de que se acerca una patrulla de Rohan y está a medio día de camino -Explicó el joven-. Te puedo asegurar que esa patrulla llegará hasta aquí, pero no volverá a salir hacia ningún destino. Para eso estamos nosotros.
- A veces me dais miedo -Contestó Histhel-. Porque os conozco y sé que vuestra lucha es pacífica, si no, pensaría que vais a matarles...
- Ja, ja, ja, ja -Volvió a reir Storem-, no si no es necesario. Nuestra lucha ha sido pacífica durante mucho tiempo, pero ya ha llegado la hora de pasar a la acción, así que no puedo prometerte nada... En todo caso, aprovechad para huir esta noche todo lo lejos que podáis.

En ese momento volvió el enano con la cara limpia y la nariz amoratada. Miró con odio al joven y recogió su hacha del suelo.
- Le pido disculpas, señor enano -dijo Storem-, no atentaría contra la integridad de un amigo de Histhel jamás, pero precisamente por defender la integridad de esta joven me vi obligado a abordarle con tan malos modales en este bosque. Espero que no me guarde rencor...
- Bueno, no le culpo por querer defender a su gente -contestó el enano y aceptó la mano que le tendía el joven. Nunca nadie se había disculpado con él y esa situación le hizo sentirse extraño-. Acepto tus disculpas.

Histhel y Storem se despidieron y el joven desapareció de nuevo. Histhel miró al enano y al hobbit y se echó a reir.

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NotaPublicado: Lun Mar 31, 2008 2:04 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Fehn llevaba toda la mañana resacoso. La cabeza le daba tumbos y cualquier sonido se le antojaba amplificado como a través de un asta de animal colocada en la oreja. La población era más grande de lo que había pensado en un principio, con numerosas viviendas y edificios públicos, aparte de una monumental muralla que estaban construyendo a su alrededor. Lembillo caminaba a su lado en la incursión, totalmente repuesto de la fiesta del día anterior.
- ¿Dónde está Ardealthal? -le inquirió a Fehn.
- Eh, esto,... negociando con los gobernantes de este lugar.
- ¿Te refieres a la mujer despampanante con la que cruzaba miradas ayer? -interrogó el chaval.
- La misma -dijo Fehn sin esmero en ocultar la verdadera razón del encuentro de Ardealthal con la mujer.
- Mucho negociarán, mucho -respondió Lembillo, que era avispado como una liebre y no dejaba escapar una. -¿Vamos a estar mucho en este poblado?
Pero Fehn no oyó esta última formulación pues su atención estaba en otro lugar. Sobre una especie de torre, unos hombre bruscos y toscos contrastaban con la hermosa pieza escultórica que estaban elaborando. Admirado por su belleza, se acercó hasta allí y reconoció al capataz de la obra.
- ¡Mendrugo, ¡tú por aquí?!
- El burdo hombre se volvió al oír que le llamaban por su apodo. Tardó un momento en reconocer a Fehn y enseguida una amplia sonrisa le iluminó el rostro.
- ¡Pero si es el chamarilero amigo de Peluchico! -escupió el grasiento artista del escoplo.
- Te imaginaba yo más al Norte terminando las estatuas para el Rey Elessar.
- Y allí estaba hasta ayer. He venido a supervisar a estos vagos. Hay que estar siempre encima de ellos si quiere uno que las faenas no queden ahogadas por la cerveza -dijo riendo-. Algunos de mi estirpe son verdaeros hombres salvajes -continuó, mofándose del apodo que recibían por parte de casi todas las demás etnias. -Por cierto, ¿no deberíais estar a estas alturas mucho más al Sur y cerca del mar?
- Es una historia algo complicada de contar.
- Unas cervecillas pueden ayudar -dijo haciendo un gesto con la cabeza para indicar dónde se hallaba la taberna más inmunda de todas las que habían pisado Fehn y Lembillo la noche anterior.

En ese mismo momento, Ardealthal se secaba con un trapo esponjoso tras un reconfortante baño compartido, en una poza de aguas termales, con Wulfa.
- Me siento otra vez vivo.
- Estas aguas tienen esa propiedad,... entre otras -respondió la mujer mirando estudiadamente de soslayo hacia cierta parte de la anatomía del montaraz.- ¡Qué lástima que tengáis que iros hacia el Sur! Yo también tengo que viajar hacia allí pero tengo que resolver antes algunas cosas por la aldea. Si me esperáis un día, me apunto, con algunos de mis hombres, a vuestra expedción al otro lado del Agua Gris.

Ardealthal selló el pacto con un beso en un hombro de piel negra, duro y bien contorneado, del que resbalaban gotas de agua.

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Última edición por Peluchico el Lun Mar 31, 2008 2:05 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Abr 01, 2008 6:26 pm 
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Había pasado apenas día y medio desde el desafortunado encuentro de Beoren con Ardealthal, Fehn y Lembillo. Rána y Beoren habían seguido el rastro de unas huellas que les habían llevado hasta una aldea. Las calles estaban llenas de gente y algunos les miraban con extrañeza. Beoren vestía unas largas pieles que le protegían del frío, atadas con una cuerda a la cintura y dejaba caer los jirones de pelo del animal despellejado por sus hombros. Su imagen resultaba tosca y poco cuidada, eso sin contar los desgarros que lucía en la piel como resultado de su altercado con el montaraz y el chamarilero. Rána era más discreta en lo que a su imagen exterior se refería. Una túnica color tierra que la cubría hasta los pies y una capa marrón para protegerse del viento, el frío y la lluvia, y también del sol, pues en esa época de año el sol quemaba con fuerza a ciertas horas del día.

Resultaban una pareja curiosa, pues Beoren eran enorme y fornido, y Rána más bien menuda. Unos niños jugaban cerca de ellos y uno que correteaba tropezó con las piernas del beórnida y cayó al suelo. Cuando Beoren se agachó para levantarle, el niño profirió un grito asustado, se levantó como por un resorte y huyó todo lo deprisa que pudo. Beoren se rió, pero en su interior se sintió dolido.

A los pocos segundos el niño asustadizo volvió acompañado de un perro fiero que en cuanto les vio comenzó a ladrar desaforadamente. Junto al niño había un joven que retenía al animal con una correa al cuello, y en un determinado momento, dio un grito y azuzó al animal contra Beoren. El perro salió corriendo hacia el beórnida y entonces Rána levantó su brazo al frente con la palma de la mano abierta. El perro frenó su carrera en seco y comenzó a gimotear a la par que volvía para esconderse tras las piernas de su amo. Aquella situación les presentó ante los aldeanos como dos seres extraños y peligrosos. Las mamás cogieron a sus hijos y los llevaron a sus casas a la fuerza, luego cerraron ventanas y puertas. En pocos minutos la aldea bulliciosa se había convertido en una aldea fantasma. Rána miró a Beoren extrañada. No quedaba nadie más en las calles excepto ellos dos.

Entonces una puerta se abrió tímidamente en una casa al fondo de la calle principal. La cabeza de una mujer se asomó por la puerta, y una paloma salió por la rendija. El ave voló hasta posarse en el hombro de Rána. La Istar la miró y descubrió que llevaba un mensaje atado a una pata. Lo desató y cuando la paloma se vio libre voló de nuevo hasta la puerta de origen. Rána miró a la casa desde la que se había asomado la mujer, pero ya no había nadie. Tras las ventanas los aldeanos les vigilaban, pero ninguno se atrevía a salir.

- Vayámonos de aquí. Sé perfectamente cuándo no somos bienvenidos en un sitio -Propuso Beoren-.
Rána asintió con la cabeza y se alejaron por donde habían venido. Cuando estuvieron lo suficientemente alejados como para que nadie les pudiera ver, Rána desdobló el papel y lo leyó. Luego miró a Beoren con cara de sorpresa y se lo pasó a él para que también se enterara de su contenido.

- Ja, ja, ja, ja -Rió sonoramente-, parece ser que nuestra fama nos precede. Bien, acudiremos pues a ese lugar que marcan en la nota.
- ¿Y si es una trampa? -Preguntó Rána angustiada-.
- La mujer que te ha enviado el mensaje no habría tenido tanto cuidado en que los demás no la vieran ayudándonos si quisiera ponernos una trampa -Explicó el beórnida-. Además, ¿quién se va a enfrentar a nosotros? Ya has visto el miedo que nos han mostrado en esa aldea.

Rána no contestó. Hizo un ligero movimiento con la cabeza y un cuervo voló por encima de ella adelantándose al camino. La tarde comenzaba a refrescar y Beoren agradecía el contacto de las pieles en su cuerpo aún magullado.

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NotaPublicado: Mié Abr 02, 2008 8:14 pm 
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
En la taberna, Fehn, Mendrugo y el jovencito Lembillo habían dado cuenta de unas cervezas después de que el tabernero pasara un trapo, en el que no cabían más manchas, por la mayor parte de la superficie de la mesa de madera, rociando de migas a todo el que se hallaba a tiro de piedra. Una vez se despidieron del rústico encuentro, al que le desearon toda la fortuna en el arte de la escultura, pues demostraba ser todo un maestro decidieron ir al encuentro de Ardealthal, que le había contado al chamarilero dónde reunirse al día siguiente.
- Por cierto Lembillo, anoche ¿dónde te metiste? Te estuve buscando para ir a una fonda a dormir pero no te encontré. Hice que uno de los dunlendinos, que tenía la cara de ser especialmente pánfilo, perdiera su faltriquera para poder pagar el camastro. Al final me liaron estos asilvestrados hombres con sus jarras y me he pasado toda la noche en vela.
- Sé arreglármelas solo. Me metí en un pajar a roncar.
- Espero que Ardealthal haya tenido suerte en sus... negociaciones -dijo riendo Fehn, con la complicidad de Lembillo.
- Por cierto, tengo que contarte una cosa ahora que parece que eres mi nuevo maestro, pero sólo si me prometes que son mías.
- ¿Tuyas? ¿qué es lo que son tuyas?
- ¡Promételo!
- Está bien, Lembillo, suelta lo que tengas que decir.
- Poco antes de encontrarnos con vosotros en el camino, un par de días antes, el maestro de chamarilería Cnobdunyo compró un pajar en una aldea. El pajar no era más que una excusa para ocultar todo un alijo de botellas de elixir. Me hizo cavar en su interior para enterrar las botellas, que iban en cajas de madera. Estuvimos cinco días cavando sin parar para que cupieran todas. Después las cubrimos con tierra y echamos paja para disimilar bien el escondrijo. Pero esas botellas son mías. Yo era el aprendiz.
- Pero ahora eres mi aprendiz -respondió Fehn que, aunque sabía que por derecho le correspondían al chico, tenía ganas de hacerle la puñeta un rato.
- Pero sólo yo sé dónde se encuentran -contestó con sabihondez.
- ¡Ja, ja, ja! Ya veo que estás en todo. El viejo charlatán te enseñó bien. Mira, por ahí viene Ardealthal.
- Y muy bien acompañado, por cierto -dijo el muchacho, con ojos que delataban algunos pensamientos que sólo deben narrarse ante gentes de oídos curtidos.
- Hola, compañeros -dijo Ardealthal cuando éste y la medio orca llegaron a la altura del chamarilero y el aprendiz -esta es Wulfa.
- Yo soy Fehn -se adelantó éste besando la mano de ébano asida entre las suyas, sin esperar a que Ardealthal hiciera los honores- y veo que mi amigo Peluchico ha sabido encontrar la mejor de las mixturas posibles entre dos razas, de toda la Tierra Media.
- Muy adulador -contestó sin demasiado entusiasmo la hembra.- ¿Y este proyecto de macho humano quién es? -añadió con la esperanza de una contestación puesta en el propio chico-.
- Lembo me llamaron al nacer, aunque siempre contesto a Lembillo -dijo con gracia.
- Nos queda un día para preparar provisiones gracias a Wulfa que nos facilitará todo y nos acompañará, con algunos de sus hombres, a la aldea a la que pretendíamos ir cuando nos vimos obligados a cambiar de camino -interrumpió Ardealthal, recordando el asunto del beórnida.
- Ése es precisamente el destino que queríamos proponerte -contestó Fehn -pensando él en el alijo de botellas de elixir.

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NotaPublicado: Jue Abr 03, 2008 8:32 pm 
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Histhel había seguido el consejo de Storem, y tanto ella como Gasteizo y Cain habían tomado un camino por el bosque, pensando que les desviaría hacia el noreste, rumbo hacia el río Brandivino; pero aquel reducto de lo que en tiempos fue una de las reservas de árboles más grande de toda Arda, era también un auténtico laberinto para quiénes no lo conocen, y acabaron dando vueltas en el mismo trozo de tierra.
- Ya hemos pasado antes por aqui -Dijo Gasteizo aburrido-, creo que he visto esa muesca en ese tronco unas ocho veces ya.
- Yo no pienso pasar la noche en este bosque -Anticipó Cain-. Ahí os quedáis, me voy por allí.
Ante la atónita mirada del hobbit y el gesto de reproche de Histhel, el enano tomó un camino opuesto en dirección a la casa donde se reunían clandestinamente los jóvenes, con la intención de encontrar un rincón oscuro donde ocultarse durante las horas de ausencia de sol. Gasteizo iba a decirle algo cuando Histhel lo retuvo.
- Déjale, mejor que se quede ahí, ahora tendremos oportunidad de alejarnos nosotros -Histhel le guiñó un ojo al hobbit y éste abrió la boca estupefacto.
- Entonces... ¿lo de que estamos perdido era una treta? -Preguntó Gasteizo con los ojos desorbitados.
- Chsss... Calla -Ordenó Histhel-. Era la única manera de quitárnoslo de encima sin levantar sospechas... Dejemos que se confíe, y esta noche descubriremos su secreto...
- ¿Quieres decir que no vamos a huir todo lo lejos que podamos? -Preguntó Gasteizo cada vez más intrigado.
- Huiremos, lejos y muy rápido, cuando llegue el momento de hacerlo -Concluyó Histhel. Gasteizo, que le miraba ensimismado, no rechistó-. Aguantaremos un poco más aquí y cuando se ponga el sol nos dirigiremos hacia la casa de madera.

Mientras, en la aldea, unos jóvenes compartían caricias y jugueteos subidos de tono en un pajar a las afueras. La chica intentaba decirle algo a él, pero el chico ya no tenía suficiente sangre en la cabeza como para poder escuchar lo que ella balbuceaba. Las manos de los dos se movían por aquí y por allá alrededor de ambos cuerpos como si de un animal descendiente del Guardían de las Puertas de Moria se tratara.
- Uhmm... Tuokwén,... escucha...-La moza hacía lo que podía por zafarse de los brazos de su fogoso amante-, Tuok...es muy... importante...
- Bufffff... -Resopló el vigoroso joven- Vinga, no puedes interrumpirme así ahora...
- Ji ji ji ji -Vinga miró al joven por debajo de su cintura y parpadeó repetidas veces ante cierta sorpresa-, luego te compensaré, ahora escucha.
- De acuerdo, pero después de que sueltes lo que tienes que decir -El joven tomó la mano de Vinga-, vamos a elevar la temperatura de este pajar, y Eru quiera que no prenda fuego con nuestro ardor...
- Ji ji ji ji -Volvió a reir la joven-. Han visto a la cuadrilla de Rohirrim, hace ya dos días que atravesaron los Vados del Isen y ya prácticamente han cruzado el desierto de Enedwaith y están a unas horas de llegar a Lond Daer. Llevan los mejores caballos jamás vistos, y los más rápidos, así que puede que mañana por la mañana ya estén aquí.
- Entonces... no perdamos ni un segundo más -Dijo Tuokwén a la joven en tono muy serio-, amémonos antes de que sea demasiado tarde.
Y Tuokwén se abalanzó sobre la joven que se reían divertida y las briznas de paja volaban por todas partes, mientras Esseamal esperaba sentada al sol, en la puerta del pajar para vigilar y avisar cuando viniera alguien.

A la cabaña de los Aksanvákvet estaban a punto de llegar dos extraños huéspedes. Un hombre de gran tamaño y tosco aspecto, y una mujer menuda envuelta en una capa marrón. Un cuervo posado en el tejado no perdía detalle del ir y venir de jóvenes en la casa de madera.

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Pero quien estaba a punto de aparecer también por allí era otro de los personajes de esta historia: un enano que veía en el horizonte un sol cada vez más bajo.
- ¡Alto! -oyó de pronto Cain.
- No busco problemas, sólo un sitio donde ocultarme -respondió algo tembloroso el enano, pues ya no lograba controlar sus impulsos del todo.

Esseamal se puso en alerta al ver la cara desencajada del enano. Ante los gritos, los tortolitos del interior de la cabaña perdieron las ganas de estar solos, por el susto. Acomodaron sus ropas y salieron disparados al encuentro de la hermana de Vinga. El chico cogió una horca y con sus púas azuzó al enano.
- Le convido a que se largue de este lugar -dijo con voz firme el joven-.
- No quiero haceros daño. Por favor, idos de aquí, lejos de mí. No quiero haceros daño, no quiero mataros.
Tuokwén aún se embravuconó más. Sujetó con firmeza el tridente de aventar grano y dio un par de pasos hacia el enano. Vinga permanecía quieta detrás. Esseamal, sin embargo, notó algo que el enano trataba de decirles: no estaba amenazándoles sino previniéndoles.
- ¡Para, Tuo! Vámonos, rápido. Algo extraño le ocurre pero no creo que sea buena idea quedarse para averiguarlo.
Y dicho esto apretó a correr instigando a la pareja a que le siguieran con todas sus fuerzas. Cain se dirigió entre dolores hacia la cabaña. Ya allí cayó de bruces al suelo donde comenzó una transformación.
Gasteizo y Histhel que le habían seguido hasta el lugar y habían visto a tres jóvenes escapar del enano, se acercaron al ventanuco de la cabaña con sigilo, para quedarse estupefactos. Lo que había tendido en el suelo contorionándose como una cola de lagartija olvidada por su dueña durante una huida, ya no era Cain, aunque lo recordara. Mucho más pelo por toda su piel y unas formas aún más rotundas en su complexión lo dejaban claro. Cuando éste se levantó, incorporándose sobre cuatro patas, pues éstas ya no eran brazos ni piernas, un oso de grandes dimensiones y aspecto muy fiero era todo lo que quedaba del enano.

En ese momento fue cuando Beoren hizo su aparición en el umbral de la puerta.

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NotaPublicado: Dom Abr 06, 2008 5:38 pm 
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Cuando Vinga llegó a la cabaña de la señora Dürsel tenía aún arreboladas las mejillas, y su ropa delataba por algunas hebras de paja de donde provenía...detalle que no le pasó inadvertido a la buena señora, reaccionando con una severa mirada cargada de reproche que hizo sonrojar más a la joven, esta bajó la cabeza excusando su tardanza, pero la anciana hizo caso omiso, sacudiendo con la mano un inexistente mosquito. .-No sé cuando te han dado el recado, pero debes avisar que llegará una avanzada de los Rohar...es urgente, esta vez no te demores .- recalcó las palabras con una penetrante mirada, que a Vinga le hizo desear que en ese momento se la tragara la tierra.- así se hará .- murmuró Vinga saliendo casi a carreras de allí, jurando que nunca más se dejaria enredar por Tuokwén , por mucho que le gustara... :- Muchacha mira por donde vas !!!.- oyó al tiempo que tropezaba con una mole humana, que casi la hace caer al suelo.- al levantar la vista se encontró una docena de Rohirrim, que se reían del susto que tenía...

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NotaPublicado: Lun Abr 07, 2008 12:09 am 
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Así estaban las cosas: los dos jóvenes habían salido corriendo por la puerta de atrás al grito de Esseamal, a la vez que Cain se refugiaba dentro de la cabaña con toda la rapidez de la que fue capaz; Rána y Beoren acababan de llegar al pajar, lugar en el que habían sido citados, al que se supone que iba a acudir más gente; Histhel y Gasteizo miraban por una rendija de las tablas de madera clavadas, unas con otras, con las que estaba construído el pajar; Voronda hacía ya varias horas que se había ido hacia el acantilado en busca de Waykim, quien se encontraba en compañía de Cirus; los montaraces se encontraban como a un día de camino más o menos, acompañados de la medio orca peligrosa; y Vinga había ido a casa de la señora Dürsel, lugar al que debía haberse dirigido al salir de la reunión en el bosque, pero que había demorado por su repentina cita con Twokwén. Para colmo de complicaciones, tras salir de casa de la señora, la cual le había avisado de la llegada de una avanzadilla de los caballeros de Rohán, se encontró de bruces con una docena de ellos, que rieron gustosamente ante la cara de sorpresa de Vinga. El sol se acabó de esconder y la oscuridad de la noche ocupó su lugar, como preludio de lo que iba a suceder. Vinga miró a los rohirrim y guardó cuidadosamente el recuerdo de cada cara en su memoria. Uno de ellos se bajó del caballo y sacó un trozo de papel del bolsillo de su pantalón.
- ¿Has visto a esta mujer? -Preguntó amablemente-. Nos han dicho que es de esta aldea.
- No...-Balbuceó Vinga, pues no se le daba bien mentir-. No la he visto nunca.
- ¿Estás segura? -Insistió otro de los sentados a caballo. Otro de ellos, que parecía más mayor, desmontó del caballo y dio un rodeo a Vinga, que le miraba asustada y se giraba a la vez que el rohir la rodeaba.
- Te... Tengo que ir...irme -Contestó la muchacha muerta de miedo-.
- No, yo creo que no -Dijo el hombre que había bajado del caballo-. Creo que ocultas muchas cosas y nos las vas a contar.

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NotaPublicado: Lun Abr 07, 2008 10:15 pm 
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- ¿Desde cuando un Rohir avasalla a una joven y la trata de mentirosa Wriham?

El jinete se volvió cual serpiente a quien le pisan la cola con la espada medio desenvainada y se quedó clavado al ver aquella figura ensotanada con la capa de los eoreds de caza, la capucha calada y una jovencita en brazos.

-¿Quien demonios eres tu y como sabes mi nombre?

-Señora Dürsel, ¿quiere cojer a Waykim, por favor?

La mujer se acercó y con cuidado cogió a la muchacha que, con lagrimas en los ojos y aguantando el dolor de su tobillo, se abrazó a ella...

- y de paso que Vinga le acompañe, tienen que curar ese tobillo de su hermana.

-Repito ¿quien te crees que eres?

Lentamente el desconocido se quitó la capucha y soltó el enganche de las dos capas, las dejó deslizarse hasta el suelo y...

-Capitán Cirus... ¿que?, ¿como?...

-1º ya no soy capitán, me licencié con honores, 2º esta es mi aldea y 3º sigues sin responder Wriham.

La gente que se encontraba en la calle alucinaba, ¿aquel era el chiquillo que con sus hermanas habia dado tantos dolores de cabeza? La señora Dürsel sonreia por dentro, su pequeño todo un capitan Rohir. Waykim era la otra persona que no se extrañó.

Cuando iban a regresar al campamento de la playa, tras su jugarreta de hacer ver que se habia torcido el tobillo, descubrió con horror que se lo habia torcido de verdad. Cirus sin decir palabra se lo envolvió con una venda y siguiendo en silencio la tomó en brazos y con un paso de marcha que lo denunciaba como perteneciente al ejercito recorrio la mayoria del camino hasta la aldea, cuando un grupo de jinetes les adelantó.

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NotaPublicado: Mar Abr 08, 2008 1:51 pm 
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
Cuando Beoren cruzó el marco de la puerta sonreía como nunca antes le vieran hacerlo ni Rána y Cain.
- Al fin te encuentro, bastardo.
- Te estaba esperando -contestó desafiante el enano, y con una voz rugosa, de una tesitura llena de graves-.
- Ahora que te veo, tan patético, se me van las ganas de darte un escarmiento -le replicó el beórnida-.
- Mejor será que... -empezó a decir Rána, pero su voz fue sofocada por un rugido del enano transformado, que se abalanzó sobre Beoren-.

El beórnida se apartó justo a tiempo y, a voluntad, comenzó su propio cambio, una metamorfosis cruel con los cartílagos, huesos y músculos de su cuerpo, salvaje con la apariencia, brutal en su forma.

Gasteizo soltó un pequeño chillido, sofocado de inmediato por una mano de Histhel, aunque nadie en el interior de la cabaña se dio cuenta del mismo.

Un instante después, Beoren era mucho más grande y fiero, cubierto por una lustrosa piel de oso y lleno de paz en su interior. Cain se levantó de un rincón, adonde había ido a parar tras soslayarle Beoren y emprendió otro envite que fue respondido de un zarpazo con la mano abierta que dejó al enano a los pies del beórnida.
- ¡Desaparece para siempre de mi vista si no quieres que tú y tus descendientes se acuerden de este día! -exclamó con una voz poderosa y lúgubre mientras sus ojos embijados reclamaban algo que, en su interior, Beoren sabía que no podía concederles.
Cain se incorporó sobre las cuatro patas resultantes de su cambio y salió de la cabaña. Beoren sintió un gran pesar por alguien que le había defraudado después de confiarle la misión de cuidar de un oso. Volvió a mutar de forma al lado de Rána, que lo observaba serena. Cuando hubo acabado, ambos se sorprendieron de una voz que les saludaba.
- Buenas noches, Rána y... compañía.
La montaraz de las dos tiras de cuero en los pies se había deslizado en el interior seguida del hobbit Gasteizo, sin que el beórnida, ocupado en su cambio, se hubiese percatado. en la cara de Rána, sin embargo, se había bosquejado una sonrisa un momento antes pues sabía que Histhel andaba cerca.

Permanecieron un rato dentro de la cabaña, iluminados por una lámapara de aceite de la montaraz, haciendo las pertinentes presentaciones. Después, los cuatro decidieron acudir al pueblo desde las afueras, donde se encontraban. Y fue en ese momento, al abandonar el cobijo cuando, desde el tejado, una figura saltó sobre el beórnida. Un extraño oso de pelo rojizo se agarró como las semillas pegajosas que se agarran a la lana de las ovejas para expandirse. El abrazo, que hubiese sido mortal inflijido sobre casi cualquier hombre, tan sólo consiguió que Beoren se tambaleara. Con Cain aún sobre él, se volvió contra la cabaña y empujó al enano dentro, después se apoyó en una de las jambas de la puerta, titubeó antes de entrar y, finalmente avanzó dos pasos y cerró la puerta detrás de sí.

Chasquidos, gruñidos, golpes y alaridos sembraron de sonido el lugar, entre las miradas compartidas de la maia, la mujer y el mediano. Una cruenta lucha se libraba en el interior y sabían que no tenían que formar parte.

Zumbidos, crujidos y algunas astillas, salieron por las rendijas de la madera. Después solamente un incómodo silencio. El gozne giró y por la puerta solamente una figura salió. Quedaba claro que el enano no podía estar vivo. Todos comprendieron que era la única solución. Aunque al beórnida le dolió más que a ninguno la muerte, a sus manos, por segunda vez en pocos días.

El beórnida aprovechó su forma para cavar un agujero a gran velocidad y enterrar al desdichado Cain, a quien nadie había acepatdo realmente nunca. Él beórnida volvió a su estado. Más tarde se acercaron al pueblo, donde Histhel y Gasteizo se hospedaron en la primera posada que vieron. Los otros siguieron caminando por las calles de la villa.

Lejos de allí, en el territorio de los dunlendinos, Fehn y Lembillo conversaban con Ardealthal en la taberna hedionda del lugar cuando apareció por allí Wulfa, con buenas nuevas.
Ya he reunido a mis hombres, que al final son cinco, y todas las provisiones de todos, seguidme, partimos ahora mismo.
- ¿N salíamos mañana? -preguntó extrañado Ardealthal-.
- Me lo he pensado mejor y, como tengo todo organizado, nos vamos a acercar a caballo hasta el puerto fluvial.
Los dos hombres y el muchacho se encogieron de hombros y siguieron a la fémina.

En lo que se tarda en hacer una digestión frugal ya habían llegado a lomos de caballos, acompañados de un carro con todos los trastos hasta la misma orilla del Agua Gris.
- Bajamos en esas canoas de corteza de árbol. En menos de cuatro horas abremos llegado hasta la linde del bosque donde se encuentra la aldea -explicó Wulfa-.
Wulfa y Ardealthal subieron a una, con uno de los hombres, que la manejaba. Lo mismo hicieron Fehn y Lembillo, con otro de los hombres, quedando la tercera ocupada por otros tres dunlendinos. El río bajaba bastante bravo.
- Esto nos ahorra más de un día de viaje -dijo Fehn con aire triunfal-.

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Última edición por Peluchico el Mié Abr 09, 2008 12:09 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Abr 08, 2008 9:31 pm 
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Aunque Vinga quería quedarse, ahora que se sentía a salvo, el saber que su hermana estaba mal, y la severa mirada de la señora Dürsel, le hicieron escapar de allí a paso ligero...
Voronda mientras tanto no había dado con su hermana, estaba oscureciendo y decidió dar la vuelta, ya que podría haber vuelto en cuanto ella enfiló las rocosas paredes, y no queria lastimarse en tan escarpado lugar. Decidió entonces entrar por el camino que bordeaba el bosque.- Tampoco está .-pensó. Encaminó entonces sus pasos,a la vivienda de la anciana, esperando que esta supiese algo...

Waykim pasó de los brazos de Cirus al cuello de la buena mujer, que le susurró dulces palabras de cariño, tranquilizándola, consiguiendo que esta se echase a llorar, a mares, en su hombro…

Los Aksanvákvet en tanto estaban a punto de salir a recoger algunas provisiones, esperaban acabar de pulir sus espadas, y se dirigían a la cabaña vecina cuando divisaron a la mujer, al gigante…y un poco más lejos los uniformes de los rohirrim...

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NotaPublicado: Vie Abr 11, 2008 12:00 am 
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Él beórnida volvió a su estado. Más tarde se acercaron al pueblo, donde Histhel y Gasteizo se hospedaron en la primera posada que vieron. Los otros siguieron caminando por las calles de la villa.
- Hasta aquí ha llegado nuestra aventura juntos, Rána -Se aventuró a decir Beoren-. Yo ya he cumplido la primera parte de mi promesa y ahora parto hacia mi casa. Cuidaré de la tuya como te prometí. Intuyo que tú no vas a volver todavía, ¿me equivoco?
- No te equivocas -Sonrió tímidamente Rána-, mi vida ha cambiado por completo en pocos días y ya me da igual estar en un sitio que en otro. Acompañaré a mi amiga Histhel hasta donde pueda y después decidiré qué hacer con mi destino.
- Imaginaba que ibas a tomar esa decisión -Contestó el beórnida-. Suerte. Yo me marcho.

Beoren saludó a Rána por última vez antes de su partida. Dio media vuelta por donde habían entrado al pueblo y se fue en silencio. Rána se quedó, de pie, mirándo cómo se iba, en la plaza del pueblo. Luego marchó en busca de Histhel y Gasteizo. Cuando pasaba por una de las calles escuchó demasiado ruido para lo esperable en una calle como esa. Se acercó hasta la esquina del recodo que hacía la calle y se asomó. Vio a una patrulla de soldados rohirrim plantados de pie, con sus caballos al lado, vigilando todo el pueblo. Como quiera que fuera, Histhel no se había percatado de ello. A lo lejos, a bastantes metros de distancia le pareció ver una cara conocida, pero a la que hacía muchos años que no veía.
"Parece... no, creo que es... Cirus" -Pensó la istar.
Giró la cabeza y vio venir por la esquina de la calle de enfrente a un soldado con uniforme de Gondor.
"Caray, qué concurrido está hoy el pueblo" -Pensó Rána en voz alta-. "Un momento... pero... si es..."

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NotaPublicado: Vie Abr 11, 2008 1:58 pm 
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La plaza estaba en silencio, todos estaban mirando a Cirus que estaba impresionante a sus ojos, ninguno del pueblo había visto un capitán de cazadores, y por tanto no vieron como el semblante de Wriham cambiaba del estupor a la rabia, desenvainaba la espada y se lanzaba a un ataque ciego...

-Maldito estúpido usurpador, ese puesto era mio por antigüedad, pero claro, tenias que venir tu y ponernos en ridículo con tus hazañas.

Cirus no había perdido de vista al jinete y le fue fácil apartarse de su camino agarrando su muñeca y con un leve movimiento lanzarlo al suelo, el chasquido del hueso se escuchó en todo el entorno de la plaza y los espectadores comprendieron al momento que el jinete estaría una temporada rebajado de servicio.

-Llevaros a ese estúpido y entended una cosa, la mujer que buscáis no es estúpida y en el último sitio donde la encontraríais es en su pueblo, ya que sabría que es donde primero buscaríais, y ademas discurrid un poco, ¿a quien beneficia el que esa traición se le achaque a una emigrante que no es de la marca?. Cuando entendáis eso quizás podamos hablar sin las espadas.

Los rohirrim recogieron a su compañero y montando se dirigieron a la salida del pueblo. Su sentido de obediencia a un superior en el mando hacia que obedecieran sin pensar, eso le daba un poco de tiempo a Cirus.

Aun no salían de su asombro los aldeanos cuando...

-¿Como te atreves a aparecer por aquí después de lo sucedido?

Un soldado Gondoriano estaba al final de la plaza con la espada en la mano.

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NotaPublicado: Vie Abr 11, 2008 5:54 pm 
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Gasteizo estaba en pie, dentro de la habitación de Histhel, con cara de intriga y actitud inquieta. La montaraz, sentada en un camastro, afilaba un cuchillo con una esméril.
- Hay algo que no entiendo -dijo después de un rato-. Si estamos en tu aldea natal y aquí vive tu madre, que dices que es la panadera, tendrá alguna propiedad para que, al menos, tú te aposentes allí, ¿no? Entonces, ¿qué hacemos aquí, en una posada de mala muerte?
- Te lo expliqué ayer -respondió con resignación, ante las sencillas motivaciones de los pensamientos del hobbit-. Lo más probable es que alguien se vaya de la lengua si aparezco por aquí. Alguno puede pensar que soy Grinsel y tendríamos por el pueblo, en menos que canta un gallo, a una patrulla de soldados o quizás, un cazarrecompensas.
- De acuerdo, puede que tengas razón -respondió el mediano, no muy convencido, especialmente por el hecho de no llenarse la panza de alguna hogaza de pan recién horneado-.

No muy lejos de allí, tres canoas de dura corteza se deslizaban rápidamente río abajo. Los que las dirigían tenían que ser grandes expertos, puesto que esquivar los salientes de roca, no era una tarea sencilla. Aún así, los navegantes de las tres tuvieron la oportunidad de llevarse algún susto cuando la quilla se topaban con un risco y tambaleaba las pequeñas embarcaciones. De pronto, uno de los dunlendinos se puso en pie como una centella.
- ¡Ya llegamos! -gritó para que todos le oyeran.

Fehn y Lembillo se miraron con cara de satisfacción, pues eran animales de secano. Ardealthal sólo tenía ojos para la medio orca y ella, con la negra melena al viento, disfrutaba de la velocidad y el peligro de manera un tanto enfermiza.

Después de desembarcar y sacar los bártulos de las canoas se dirigieron a una posada porque estaban rendidos. La mañana siguiente les deparaba una serie de intensos acontecimientos y tenían que estar despejados. Aún no sabían que no tendrían tiempo de aplastar la paja de sus aposentos.

Una vez acordaron el precio de los cuartos, subieron por las escaleras, cruzándose con un pequeño y tímido hobbit de pelo ensortijado, que se dirigía a su cuarto con hambre de pan. El mediano se quedó parado un momento al sonarle los rasgos de uno de aquellos humanos. Sí, se trataba del falso montaraz de la posada de Bree, el mismo que Cain apresó junto a otro humano en las inmediaciones de la casa de Rána. Esperó a que cerraran las puertas para regresar por donde acababa de pasar, con el fin de poner a Histhel sobre aviso.

Dentro de uno de los cuartos, mientras Fehn se quitaba las botas aún baastante nuevas, que le martirizaban los pies desde hacía días, y Ardealthal revisaba sus nuevas armas, Lembillo daba cuenta de un trozo de cecina que nadie vio de dónde había sacado, y hablaba a los montaraces.
- Pues no sé qué pintamos en este pueblucho. A mí me gustaba la villa de los dunlendinos, con sus tiendas y sus fortificaciones.
- Mejor será que te lo explique Peluchico -dijo enseguida Fehn, para quitarse el muerto de encima.

En la habitación de Wulfa y Ardealthal, al montaraz, bajo el influjo de las curvas, se le escapaban por la boca una serie de explicaciones que intrigaban en ese instante al granuja de Lembillo.
- Quizás sea hora de que te aclare por qué yo también quería venir hasta esta aldea -dijo en voz baja para que nadie más los oyera-. Hace casi un año nos llamaron a un grupo de montaraces de Gondor y descendientes de los hombres de Oësternesse para que lleváramos a cabo una misión. No nos explicaron gran cosa pero teníamos que perseguir a una mujer por toda la Tierra Media si hiciera falta, sin apresarla ni dañarla, para conseguir que ésta regresara a su aldea natal. ¿Quién nos encargó el trabajo? No puedo decírtelo, pues juré no hacerlo y, del propósito tampoco es que pueda contar mucho más- y, agarrándola con firmeza siguió hablando- y tú, ¿por qué has venido hasta un pueblucho perdido como éste?

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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 12:57 am 
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Había pasado apenas una hora desde que Beoren emprendiera el camino de vuelta a su casa, a varios días de camino desde allí. Se sentía triste. Acabar con la vida de Cain era algo que le había causado gran pesar. A su cabeza, mientras recorría el camino, le habían venido escenas del pasado que, ahora y cómo si de gotas de agua que caen de una cascada se tratara, se agolpaban una tras otra por salir. Tiempo atrás, un beórnida se enamoró de una enana de Khazâd-Dhûm. Las mujeres enanas no son especialmente guapas, pero sí se caracterizan por ser muy fogosas. Ésta cualidad fue la que hizo que el beórnida quedara totalmente prendado de la enana. Fruto de esa pasión animal nació Cain, enano como su madre, pero con una peculiaridad: ante la ausencia de luz del sol, se transformaba en un oso, proceso de cambio que los beórnidas pueden ejecutar a su antojo, pero que en el caso del enano era incontrolable. Su madre le repudió y lo alejó de su lado al segundo día de su nacimiento. Su padre, -que ante la posibilidad de que la extraña combinación se volviera a repetr, rompió su relación con la enana-, se lo llevó con él a las montañas. Mientras era un niño, nadie se fijó en su pequeño tamaño. Era fuerte, como los beórnidas, pero un par de cabezas más bajo que ellos.

Cuando pasaron los años suficientes para que los muchachos de su edad alcanzaran su máximo desarrollo, Cain seguía siendo del tamaño de un niño, y seguía sin poder controlar su transformación en plantígrado noche tras noche, hecho éste que el pueblo beórnida veía con muy malos ojos, pues lo consideraban una enorme falta de respeto hacia su peculiar naturaleza. Durante toda su infancia, al lado de su padre, tuvo que aguantar toda clase de humillaciones y vejaciones que le hicieron un ser muy desdichado y acabó odiando a todos los demás seres. Se volvió huraño y solitario. Su padre, que no entendía por qué le trataban así, le recomendó que se alejara del poblado y, por medio de un amigo suyo, contactó con un beórnida que vivía en medio del bosque de Eryn Vornsuyo y consiguió que lo acogiera y le brindara su protección.

Al llegar allí, Cain conoció a Rána, que era una istar, pero que por encontrarse en una zona conflictiva muy frecuentada por las bestias, accedió de buen grado a ofrecerle cobijo y comida a Cain a cambio de que él se encargara de mantener alejadas a las bestias. Y así fue cómo Cain, el enano-oso, repudiado por su madre enana y por el poblado beórnida, gracias a la intervención de su padre, consiguió refugio en casa de una istar y protección frente a los otros beórnidas de mano de Beoren, con la condición de que cuidase de alimentar y mantener a su oso.

"- Todo era perfecto -Pensó Beoren en voz alta-, pero se le fue de las manos. Nunca debería haberse manchado las manos con sangre inocente."
Y así ensimismado estaba cuando no vio una roca en medio del camino que le hizo caer de bruces al suelo. Se levantó y, al alzar la vista, vio un pequeño animal alado, más grande que la más grande de las aves y más pequeño que un dragón, que más bien parecía una bestia de las profundidades, de las que se creían extinguidas tras la guerra del anillo. El animal acercaba su vuelo hacia la aldea que Beoren acababa de abandonar. Aquéllo no podía ser premonitorio de nada bueno. Titubeó durante unos segundos, y entonces dio media vuelta y, con premura, corrió de nuevo el camino que le había llevado hasta allí.

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