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 Asunto: El regreso de la Sombra
NotaPublicado: Vie Ene 25, 2008 10:45 pm 
Viajero Asíduo
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Año 28 de la Cuarta Edad.

Han pasado años desde la última gran aventura, los que un día fueron compañeros están ahora dispersos. Unos yacen en profundo letargo, otros cayeron por artimañas enemigas, unos pocos libran batallas propias y nuevos héroes han sido encontrados. Reyes enanos que recuperan antiguos dominios, elfos desterrados por no vivir en soledad, hombres que luchan contra su propia corrupción. Aquello que en un tiempo ostentó gloria o poder está perdido u olvidado. Nuevas eras en viejos lugares traen consigo la llave de lo que ahora desconocen.

El mundo ha cambiado...


Las verdes colinas que rodean la aldea de Bree se mostraban pálidas a la luz del invernal amanecer. En la famosa posada llamada El Poney Pisador el rechoncho posadero, Cebadilla Mantecona, daba ya la vuelta a las sillas que la noche anterior volteara para limpiar. Su hija juntaba mesas en los lugares favoritos de los huéspedes más asiduos, ya que de todos modos iban a acabar de aquella forma y dejarlas allí les ahorraría trabajo a dichos clientes. Un nuevo día empezaba para la gente de aquel lugar. La calles pronto se llenaron de transeúntes, ya que aunque era invierno los débiles rayos provenientes de la gracia de Arien conseguían arrancar el frío de los que se habían propuesto aprovechar el maravilloso tiempo que el cielo les brindaba. Sentada en un barril y apoyada contra la pared de la posada recibía también aquel calor Ithilien, la elfa leía una carta que le había enviado un viejo amigo, pocas veces le llegaban noticias sobre él de aquella forma y por eso mismo era la quinta vez que la leía. Pronto sería hora de comer, preparó pues el arco para ir de caza ya que tenía entendido que Mantecona se había empeñado en cocinar él mismo y en esos arrebatos frecuentemente se olvidaba añadir ingrediestes básicos como la sal o especias. Cuando se disponía a salir de la aldea cerca de la puerta se cruzó con Llumdelest y Baranduin, quienes charlaban animadamente sobre una fiesta que estaban organizando en la posada.

-Buenos días- saludó la auriga.

-Aiya Llum, ¿alguna noticia nueva de la fiesta que deba saber?- inquirió Ithilien, pues la idea de la fiesta había sido suya.

-Creo que tengo un buen discurso de bienvenida para los Eldar asistentes- dijo Baranduin, claramente contento con la idea.- Y quizás debiéramos también hablar esa lengua, puesto que son mayoría.

-Los Maiar no cambiarán nunca ¿verdad?- suspiraba Ithilien con paciencia- Esta claro que serán mayoría, pero los Edain o hobbits que vengan no entenderán ni una palabra. Eso sería discriminarlos ¿no crees?

-Lo cierto es que no, ya verás como acaba resultando factible, ven esta noche al Poney y lo hablamos-

Tras decir esas últimas palabras Baranduin y Llumdelest prosiguieron su camino hacia el centro de la aldea mientras que la elfa volvió a sus pensamientos, llevaba meses dándole vueltas a aquella fiesta y la ayuda que le habían ofrecido resultaba indispensable, pero aunque lo agradecía no podía quitarse esa sensación de que lo había dejado algo de lado y ya no era partícipe. Ahora no podía pensar en eso, necesitaba cazar algo o tendría que someterse a comer los platos del viejo posadero. Sonrió ligeramente ante esa perspectiva mientras se internaba en la espesura. Siempre podía ser peor.

Llegó por fin la noche, El Poney Pisador parecía abarrotado, como cada vez que se ponía el sol. Mantecona servía pintas de aquí para allá moviendose frenéticamente por toda la posada. Pese a que eso significaba trabajo extra al viejo gordinflón le encantaba tener a tanta gente en la posada, ya no solo por los beneficios, sino por el ambiente festivo que se contagiaba. Pk Lugia hacía bromas de una insensatez solo probada en él mientras que Swyesin le hacía burla desde el otro lado de la mesa, una extraña forma que tenían de demostrarse cariño. Nandarethan reía a carcajadas, pues por una vez esas "demostraciones de cariño" no se dirijían a ella. Akerbeltz se apoyaba en la barra ensimismado en pensamientos que lo alejaban de las acciones presentes. Ithilien hablaba con Baranduin sobre el tema comentado aquella misma mañana. Nuevos huéspedes se acercaban al fuego para escuchar las fantásticas historias de Silon. Era una noche tan buena como era costumbre ya en Bree, por eso la fama de aquel lugar era merecida.

Lejos de toda aquella alegría, en un bosque situado al este de la Tierra Media algo preocupaba a un singular arquero, pues una estrella se apagaba en el firmamento. Tras recuperar las flechas que atravesaban el tocón donde entrenaba, Curukambë partió raudo como el viento al único sitio donde la ayuda jamás le sería negada.

Rhûn había cambiado mucho en los últimos años, tras la visita de la Compañía del Poney, Curukambë trabajó sin cesar en la belleza de su reino. A él se le confió el cuidado de la isla situada en el mar de Rhûn, expandiendo así el área de responsabilidad de los elfos fuera del bosque. Pasado aquel tiempo se convirtió en una tierra de paz y descanso aunque desde hacía algunos meses el aire se había cargado de algo que nadie identificaba, el cielo se oscurecía por momentos y las noches eran una continua vigilancia de las estrellas. Algo pasaba en el mundo.

Tras entrar en la frontera de Eriador inmerso en sus suposiciones, el preocupado noldo vislumbró un estallido de luz en los antiguos dominios del Señor Oscuro. Según sus conocimientos nadie quedaba para dominar los secretos malditos de Angmar, al menos enemigo. Apuró pues a su corcel susurrandole al oído lo urgente de la situación, debía llegar al Poney Pisador lo antes posible, había perdido demasiado tiempo entre pensamientos. Ya estaba cerca y su caballo dejaba atrás al viento, pese a que los hechos eran alarmantes, saber que la ayuda estaba a escasos kilómetros lo relajaba.

Pasaba ya las colinas del viento cuando su caballo frenó bruscamente mientras relinchaba. Curukambë alzó la vista y a poca distancia se alzaba una forma oscura en medio del camino. Tenía forma corpórea, poco mas alta que un elfo, de oscuros ropajes y ruda figura. Emanaba un tipo de terror que helaba la sangre solo con estar cerca, estaba claro que no era un ente amistoso.

-Esta vez todo será diferente- pronunció aquel ser con voz grave- Tu y tus amigos nada podeis contra la eterna noche que se avecina.

Curukambë cojió rápidamente una de sus flechas del carcaj enganchado a la alforja pero cuando apuntó a aquella amenazante figura ya había desaparecido. "Que extraña situación" pensaba el elfo. Se puso otra vez en camino sin dejar de recordar las palabras que tanta confusión le causaban.

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NotaPublicado: Dom Feb 03, 2008 1:44 am 
Señor de las Palabras
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Ubicación: Bosque de Chet
Raza: Mujer auriga
Una quincena había pasado desde la fiesta y Llumdelest volvía a revisar las cuentas de nuevo. Nunca se le habían dado bien los números, pero dado que el tesorero oficial no había aparecido en la última semana (pues sin duda el frío del invierno sobre las aguas del Brandivino lo mantendría bastante ocupado), alguien debía hacerlo. Por suerte, la mala memoria de Mantecona era una gran ventaja ya que la mujer detestaba que le recordasen las cosas con demasiada asiduidad.
Habían tenido problemas con los silvanos traficantes del vino de Dorwinion, al aumentar el precio convenido de los barriles. No obstante, el asunto había quedado parcialmente arreglado por la propia excelencia de la bebida, ya que los asistentes no tuvieron reparo en pagar un poco más por las copas, y por los alegres efectos causados en algunos galadhrim invitados, no tan habituados a las bebidas alcohólicas como sus primos del Bosque Verde, de manera que animaron la velada, un tanto soporífera al principio gracias al discurso en sindarin de bienvenida a manos de Baranduin que, a consecuencia del cordial, pronto pasó a ser una mezcla multidialectal donde podían encontrarse palabras en quenya, adûnaic y algo parecido al oestron, entre otros idiomas de difícil reconocimiento por parte de los asistentes.
En definitiva, parecía que todos lo habían pasado bien aquella noche.

Era medianoche. Harta de tanta operación aritmética, Llumdelest recogió todo y salió fuera, a la calle. Se desperezó a la vez que bostezaba. Un viento helado hizo que un escalofrío le recorriera la espalda, por lo que se arrebujó en la capa. Había pensado en estirar las piernas antes de volver a por Dicap, pero otro bostezo hizo que se lo pensara dos veces.
Mientras deliberaba las posiblidades, y de alguna manera, se quedó mirando hacia el norte y otro espasmo le recorrió la espalda; pero no era de frío. Lo había estado notando desde hacía días. Otra vez, esa sensación, idéntica a cuando contemplara las débiles llamas del Orodruin desde los desfiladeros de un valle perdido en Khand, hacía 30 años, o como aquella otra vez. Una corazonada que le indicaba la venida de un importante acontecimiento, de un peligro acechante
Al fin, se decidió por buscar su montura cuando el ruido de unos cascos en la calzada la sorprendieron. Proveniente del norte, en la misma dirección que instantes antes había clavado la mirada, un caballo se acercaba en loca carrera.


PD: si alguien tenía ya alguna idea de cómo continuar el relato y he metido la pata, avisadme :oops:

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Espíritu. En todos los idiomas de los Reinos, en la superficie y en la Antípoda Oscura, en todo tiempo y lugar, la palabra suena a fuerza y decisión. Es la fuerza del héroe, la madre de la resistencia y la armadura del pobre. No puede ser aplastado ni destruido.
Esto es lo que quiero creer.
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NotaPublicado: Dom Feb 17, 2008 1:41 pm 
Guardián del Brandivino
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Raza: Accidente Geografico
Mientras Llumdelest intentaba vislumbrar al jinete, otros cascos resonaron contra el empedrado, justo tras ella. Se volvió sobresaltada y miró fijamente a Akerbeltz. Él no la devolvió la mirada, sino que clavó sus ojos en el horizonte, y en arcana lengua susurró:
- Eskuartetsu dator.
Y su voz tenía tanta preocupación que la auriga no pudo evitar un escalofrío. Después de unos segundos de silencio, el ainu entró de nuevo en la posada, seguido de la humana. "Es como si la posada se hubiera congelado en los dos minutos que estuvo abierta la puerta", pensó. Akerbeltz debió pensar lo mismo, porque azuzó el fuego en la chimenea, casi apagado. La luz descubrió una túnica vieja, y bajo la capucha el fuego se reflejaba en dos ojos incoloros, y un artefacto en la frente. Y su portador habló:
- Lo sé, también los he oído. Ya he preparado los mensajes, pero será mejor oir las noticias antes de saber a quien convocar.

Mientras Baranduin hablaba, el repicar de los cascos cesó, y el jinete se dispuso a entrar.

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NotaPublicado: Mar Mar 11, 2008 9:36 pm 
Viajero Asíduo
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-Mi corazón se regocija al volver a veros, mas porto extrañas noticias- saludó el recién llegado cuando hubo traspasado la puerta- Esperaba encontrar la posada mas llena.-

-Tambien nosotros nos alegramos de volver a verte Curukambë, el resto sera reunido según la historia que nos traigas- Dijo Baranduin desde su comodo asiento.

La posada se iba inundando cada vez más de la luz que emanaban los ardientes leños conforme el tiempo pasaba. El elfo les relato su extraño encuentro con aquel ser que tan mala espina le daba. Los presentes compartían su misma opinión, no quedaban muchos males en el mundo y desde luego este no parecía común, pero sí conocido. Al fin y al cabo se había referido a ellos con una expresión de escalofriante familiaridad, sin duda alguna los conocía bastante bien, cosa que no sirvió para tranquilizar a nadie.

-Debemos reunirnos todos y barajar las posibles opciones que tenemos- Finalizó Akerbeltz- Pero ¿como hacerlo sin levantar sospechas? Si esta nueva amenaza sabe quienes somos sabra también donde estamos.

-¿Y si organizamos otra fiesta? Al fin y al cabo la última no resultó como esperabamos, la mitad de los invitados acabo dormida y Mantecona no nos permitió realizar las actividades previstas dentro de la posada- comentó Llumdelest acordandose de la discusión con el posadero.

-Me parece una idea perfecta, no viene mal algo alegre mientras podamos y creo que conocemos el lugar perfecto para un gran evento en el que nadie sospechará de nuestras intenciones.-

-¡Bâr Celona!- exclamaron al unísono mientras sonreían.

Baranduin y Llumdelest comenzaron de nuevo los preparativos para la nueva reunión ayudados otra vez por Ithilien ya que ella era quien tenía un contacto mas asíduo con los invitados. El tiempo se les echaba encima y había muchas cosas por preparar, pronto llegaría el momento de afrontar nuevos retos, cuanto antes empezaran a prepararse más prevenidos estarían.

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NotaPublicado: Mar Mar 11, 2008 10:01 pm 
Guardián del Brandivino
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Raza: Accidente Geografico
En dos semanas organizaron el evento, no sin pocas disensiones. Habian decidido no comentar sus sospechas con nadie, ni aun los mas cercanos colaboradores, asi que mientras Baranduin y Llumdelest organizaban todo como una buena cobertura de la operacion, Ithilien insistia en hacer una simple reunion de amigos. A pesar de todo, consiguio animar a un buen grupo a asistir, y envio invitaciones a muchas personas. Y entre esas invitaciones estaban las notas que Baranduin habia preparado, cuyo contenido se revelaria mas adelante.

Encontraron una posada, la Posada del Oso Pardo, cuyo posadero era un hombre descuidado y desagradable que gustaba de sorprender a sus huespedes con las exigencias de hospedaje a medida que iban surgiendo, sin informarles previamente; pero el lugar estaba lo suficientemente aislado de la civilizacion como para esconderlos de ojos no deseados, y cerca de la Gran Ciudad de los Puertos, lo que les permitiria recavar informacion sobre el asunto.

Sobre este particular, Baranduin actuo en solitario. Paso muchas horas de aquellos dias previos sentado aqui o alla, escuchando las conversaciones que iban y venian, en busca de algun signo extraño, alguna pista que les permitiese coger un hilo de la madeja y tirar de el. Dos dias antes del comienzo del evento llego su oportunidad; un viejo (tanto como lo puede ser uno de los primeros nacidos) arquero de la guardia del Bosque Negro hablo de extraños movimientos en el Este, o mas bien de la falta de ellos. Los Alces de las Colinas de Hierro no habian bajado hacia el Sur con el otoño, ni los Cantores de Pecho Rojo habian emigrado al norte en la primavera, ni al llegar el verano el aire se habia llenado de Moscas de los Tojos. Añadio que los Hombres del Valle probablemente tendrian que importar sus alimentos desde otras partes, porque sus cosechas se habian arruinado sin haber sequia ni inundacion, y que hablaban de una sombra, una Nueva Sombra, peor que la anterior porque se ocultaba de los ojos del mundo igual que nosotros cerramos los ojos, y cuyo poder se extendia desde Umbar hasta Gundabad, y desde el Gran Mar hasta muy lejos hacia el Este...


Y con una cosa y con otra, llego el gran dia.

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NotaPublicado: Mié Mar 12, 2008 12:59 am 
Viajero Asíduo
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Curukambe llegó por fin al puerto donde había acordado encontrarse con Llumdelest. Se dedicó a observar su alrededor, pues sus ocupaciones como Señor de Rhûn lo mantenían en el Este y no tenía muchas posibilidades de visitar tierras tan lejanas. Tan absorto en sus pensamientos estaba que no vió como la auriga llegaba hasta su lado.

-Buenos días- Saludó el noldo.

-¡Hola Curu! Baran anda por la ciudad, pero creo que tardará un poco en reunirse con nosotros, esta ocupado terminando algo. ¿Comemos algo mientras?-

-He tenido un viaje bien alimentado, pero veo que tu si deseas saciar tu hambre- rió Curukambe mientras caminaba junto a su pequeña acompañante.

Pasaron las horas y al fin pudieron reunirse con el maia para comenzar el camino hacia la fiesta, no sin antes pararse en un par de sitios de la ciudad a inspeccionar el ambiente actual de la zona. Al caer la noche ya habían llegado a su destino. Tras haber charlado de los viejos tiempo, haber reído y que Baranduin hubiera roto una botella de miruvor, traspasaron pues la puerta de la posada donde ya los esperaban. No se hicieron esperar los saludos y la euforia, pues algunos de los presentes hacía quizás demasiado tiempo que no se veían. Empezaron entonces una alegre cena en la que Baranduin explicaba cosas sobre el origen de diversas lenguas, Baldor charlaba animadamente con aquellos situados a su alrededor, Gwirdyon reía de las bromas que cargaban lugar, Cevur escuchaba divertido todos los comentarios, Ithilien observaba en silencio su alrededor y en definitiva todos los asistentes parecían ignorar el verdadero motivo de la reunión. Mas felices serían por el momento.

Tan pronto como volvió a salir el sol nuevas charlas brotaban por las salas de la posada. Un desayuno increiblemente ligero los esperaba de modo que pronto lo hubieron acabado, cosa que les dejaba tiempo para cuestiones de mayor importancia, se habían oído extraños rumores y Lumdelest fue a investigarlos, se comentaba que un extaño personaje había llegado a la región. Por suerte la sorpresa no se hizo esperar y tras la comida el desconocido se acerco a la fiesta. Resultó ser un oso bastante familiar.

-Aiya Lodi!- saludaron tan pronto lo vieron acercarse por el camino.

Con uno más en la fiesta volvieron los cuentos de andanzas pasadas entre los presentes. Curukambë intercambiaba opiniones sobre las distintas bebidas con el oso, Ithilien rompió su silencio para saludarlo, Baranduin le sonreía sin necesidad de cambiar palabras con él y aquellos que ya lo conocían disfrutaron de su grata presencia.

Curukambë admiraba satisfecho la calidad de la tapadera, pese a que una de las personas tenía un aire melancolico, triste y solitario (cosa que le provocaba una profunda pena y compasión) todos parecían convencidos de que aquella fiesta sobrepasaba infinitamente a la anterior. Además habían conseguido reunir a aquellas personas por las que fué ideado el evento.

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NotaPublicado: Mié Mar 12, 2008 2:59 am 
Guardián del Brandivino
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 1:09 am
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Ubicación: De mudanza. Fluyendo, vaya, como siempre.
Raza: Accidente Geografico
A medida que la noche maduraba y envejecia, unos y otros fueron finalmente retirandose a sus jergones, y solo Baldor y Baranduin quedaron en pie, en una pequeña estancia a modo de despacho o cuarto de estar. Con verbo gracil pasaron las horas hablando de esto y lo otro, de lo divino y lo humano hasta que Anar empezaba a derrotar a las estrellas. Y en ese momento Baranduin se inclino y saco un pequeño pergamino, del mismo tipo que las invitaciones que dias antes habia enviado Ithilien - pero con unas tengwar estilizadas, como se usaban antaño antes de la Caida de los Noldor.
- Es el ultimo que me queda, pero queria darselo en persona. Si nuestras sospechas son fundadas, entonces Rohan sera tan necesaria y estara tan necesitada como el resto del mundo. Y cuando hay necesidad en la tierra propia es facil olvidar que la hay allende la frontera, y que tal vez si esta no estuviese la carencia seria menor.
Si nos equivocamos, si las señales del cielo son falsas, si los hijos de Yavanna andan inquietos por otras causas, si los hombres recuerdan la Sombra tal y como fue y no con rebeldia, si las amenazas que se ciernen sobre nosotros vienen del miedo y la insensatez mas que del verdadero poder, entonces habran de ser los Hombres quienes a ella se enfrenten, y con mayor razon necesitareis esta ayuda.

No le conto nada mas, ni entro en detalles; solo le tendio el pergamino, y Baldor entendio que era para el, y que cada uno habria recibido un mensaje distinto; pues la lengua en que estaba escrito era la de Rohan, y en el se daban ciertas indicaciones y disposiciones, y una fecha no muy lejana y un lugar que Baldor bien conocia.

Entre tanto, el Sol ya se habia levantado e iluminaba claro el horizonte. Los demas asistentes empezaron a llegar, poco a poco, hacia el comedor, y la actividad habitual de cada uno se recupero, como si nada hubiese pasado.

Solo cuando todos hubieron vuelto, satisfechos, a sus respectivas casas, quedaron Llumdelest, Baranduin y Curukambe, y se sentaron al borde de unas caballerizas a comentar el encuentro. Aquellos que habian de ser invitados lo habian sido, sin que el resto llegase a sospechar nada, a otra reunion, esta vez mas privada, lejos de ojos indiscretos.
- ¿Y el Reino Verde? - pregunto el Noldo.
- Lo lei en sus ojos, supo lo que queriamos por el lugar.
- Entonces solo queda la Piedra - apostillo la Auriga.
- La Piedra ha de esperar, entonces. Mientras llega el dia, hemos de seguir con lo planeado.

Dicho esto, los tres se separaron. Cuando Baranduin llego a su refugio en el Pantano de los Juncos, mientras esperaba que hirviese la cafetera, reparo en una pequeña nota sobre su escritorio. La abrio, la leyo, retiro la cafetera del fuego y se sirvio un vaso de licor. Sentado ante el fuego echo la nota a las llamas, sonriendo, satisfecho, mientras el papel se arrugaba y crepitaba hasta hacerse cenizas.

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NotaPublicado: Mié Abr 02, 2008 1:15 am 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ya hacia unos dias que que habia regresado y seguia dandole vueltas al pergamino que el Maia le entregara aquella noche. Al principio el lugar de la reunión le chocó un poco, practicamente nadie sabia de ese lugar en los tiempos en que vivian, solo los reyes de Gondor y la Marca, y los invitados por ellos podian decir que habian estado, pero con el transcurso del tiempo y el traslado de la reliquia alli enterrada, ya nadie tenia por que acercarse a aquel lugar, lo que lo convertia en perfecto para reuniones clandestina.

El, como habitante del lugar tenia paso franco para ir y venir sin llamar la atención, naturalmente los demas contarian con toda su ayuda.

Poco a poco se acercaba la fecha y pidió permiso para hacer una expedición en solitario recorriendo los lugares donde tubieron lugar hechos puntuales de su vida, casualmente uno de ellos lo dejaba a un par de millas del lugar...

Halifirien en el bosque de Firienholt donde Cirion y Eorl cimentaron la amistad eterna entre Gondor y la Marca.

Y hacia alli se dirigió sin prisas.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Sab Ago 30, 2008 8:28 pm 
Viajero Asíduo
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Registrado: Lun Jun 23, 2003 5:32 pm
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Ubicación: Rhûn
Mientras de diferentes maneras todo se removía cada rincon de la Tierra Media unos fuegos se encendían, de nuevo las sombras comenzaban a cubrir la tierra sobre las cercanías de Angmar. Terribles criaturas aletargadas en la sombra despertaban para acudir al reclamo de su señor. La calma del mundo se desmoronaba, volvían a correr noticias por los pueblos, el temor se acrecentaba en aquellos que observaban las oscuras nubes del norte.

En el Poney Pisador Akerbeltz sostenía una pinta a media altura mientras miraba por la ventana, llevaba dias preocupado, más aun por los secretos de los que le rodeaban que por el enigma de la nueva amenaza. No había vuelto a tener noticias de Baranduin, Llumdelest viajaba de un sitio a otro rapidamente sin comentar nada a nadie y Curukambë llevaba días sin hablar, solamente se sentaba en lo alto de un arbol a las afueras de Bree, esperando algo que parecía no llegar. Sin embargo Akerbeltz no preguntaba, se contentaba con aguardar el momento en el que se le necesitara, momento para el cual siempre parecía estar preparado. Se levantó y salió de la posada, permanecer sentado tampoco era una opción, tras echar una mirada al cielo se encaró hacia el único sitio donde hallaría respuestas.

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NotaPublicado: Vie Oct 03, 2008 5:26 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Sep 02, 2004 4:36 pm
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Sin embargo, el maia encapuchado no llegó muy lejos al percibir que alguien se aproximaba. Por primera vez en muchas horas, Curukambë descendió del árbol en el que vigilaba al norte de la aldea.
- Se acerca un jinete - susurró el elfo.

Prestos se encaminaron hacia la parte norte del Camino del Este, mas no tuvieron que avanzar mucho desde la cerca cuando el rítmico galopar de un caballo empezó a escucharse. Pronto apareció una figura en el día moribundo.
Ambos individuos se quedaron esperando la llegada del desconocido, mas éste, aún refrenando la carrera del corcel, pasó de largo, adentrándose en la aldea. No obstante, al poco la montura se detuvo, el extraño descendió y, tomando las riendas, se acercó al elfo y al maia que ya se le aproximaban.
- Ya decía yo que me sonaba esa... capucha - dijo la amazona; sintió que Akerbeltz le sonreía.
- ¿Como te va? Hacia tiempo que no... - empezó Curukambë.
- Aquí no, vamos dentro - indicó Llumdelest.
Y mientras la mujer, quien hacia semanas que no pisaba la aldea, dejaba a su caballo en el establo, el elfo y el maia la esperaban en el Salón Común. Cuando al fin entró Llumdelest, cargada con un par de conejos para que los preparase Mantecona (pues así solía pagar sus escasas deudas al posadero), descubrió a sus dos amigos sentados en un rincón oscuro de los muchos que se podían encontrar en el salón, con sendas jarras del espumoso brebaje que hacía famosa a la posada. Se acercó a la barra para entregar su caza al dueño del local y, luego, se acercó a ellos.
- ¿Tanto secreto es necesario para saber como te ha ido en tus viajes, Llum? - preguntó Curukambë, ligeramente molesto.
- Sí, ya que la conversación desembocaría en aquel asunto que trae de cabeza a más de uno en los últimos días - la auriga tomó el aguardiente aromatizado con hierbas que le acababa de traer Nob, y dio un trago -. Pero te pido perdón, pues parece que fui demasiado brusca. Supongo que no me ha ido mal, puesto que sigo viva y cuerda. Creo.
Y se llevó otra vez la jarra a los labios. Akerbeltz aún no había pronunciado palabra, esperando a que la mujer dijera algo de utilidad para tal grave asunto.
- ¿Como que crees? ¿Tan mal están las cosas por el Norte? ¿Hacia donde fuiste? - quiso saber el elfo.
- Uhm... - meditó la mujer - Tú mismo te has contestado a una de las preguntas.
>> Sí, al Norte fui, pues tengo algunos... trabajos ahí. Sin embargo, esta vez, me atreví a acercarme a Angmar - la mujer clavó la mirada en sus contertulios, como esperando alguna reacción; Curukambë alzó las cejas, algo sorprendido pero, al parecer, no demasiado; Akerbeltz seguía con el rostro oculto bajo la capucha, sin decir palabra y bebiendo de tanto en tanto de su pinta -. Otras veces me había acercado, curiosa, hasta el extinto Reino Brujo; mas, esta vez, había algo que... no sé, algo extraño... Quizá solo fuese una simple sensación, aunque nunca me había pasado. ¿Pero causada porqué? Me pregunto.
>>La tierra parecía poblada de una extraña y oscura bruma, en pleno día, aunque unas extrañas sombras parecían ocultar el Sol - "Como hace 30 años, en el sur", pensó la mujer, pero no osó decirlo en voz alta -. Y, no sé si sería eso, pero algo hacía enloquecer a cualquier criatura.
- ¿Enloquecer? - dijo el maia, al fin.
- Me costó dominar a mi caballo. Se volvió loco cuando a penas nos faltaban unas millas para llegar. Y no sólo Dicap, si no que otras criaturas tenían un comportamiento extraño. No es normal, por ejemplo, que las liebres te ataquen nada más verte. Incluso yo... No pude permanecer mucho tiempo observando la escena.
>>Tampoco pude hallar caza hasta que no llegué a Arthedain, puesto que las mismas liebres que me atacaron tenían mal sabor, como a cenizas.
Los tres permanecieron en silencio unos instantes, hasta que Llumdelest no pudo aguantar más.
- Todo esto... ¿Lo conoceis ya? Quiero decir, lo que os estoy contando, ¿había sucedido antes por esta región?
- ¿Donde está Baranduin? - preguntó de repente Curukambë, haciendo caso omiso a la petición de la mujer.
- Lo vi hace una semana, en el curso alto del Brandivino - respondió la auriga, frustrada -. Le expliqué lo que vi, pero no dijo nada sobre el asunto. Parecía preocupado, no sé si por mis "descubrimientos" o porque tenía problemas en el río; no quiso decírmelo y yo tampoco insistí.
- ¿Te dijo cuando regresaría? - quiso saber el elfo.
Llumdelest se encogió de hombros como única respuesta.

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