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 Asunto: Ladrones de Tumbas
NotaPublicado: Dom Ene 27, 2008 9:25 pm 
Señor de las Palabras
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Raza: Hobbit Albo
Acomodado entre las raíces de un árbol y bajo la suave luz del crepúsculo, el hobbit trataba de dibujar en las páginas de su libro el paisaje que ante él se extendía. Las labores de la temporada en el campo ya habían terminado así que, mientras no llegara la época de la siega, no era tan necesaria su colaboración en la granja familiar, por lo que una vez más había decidido ponerse en el Camino. No un largo viaje, sólo hasta la ciudad de Bree, donde de paso quizás pudiera comprar algunas cosillas de esas que son difíciles de encontrar por La Comarca, algo que no debía de llevarle más de 2 semanas. Los caminos eran ahora seguros, casi no se veían bandidos desde la Batalla de Delagua, haría ya muchos años atrás, cuando era sólo un niño, por lo que no había ya razón por la que un hobbit no pudiera transitarlos en soledad, si no fuera por la propia reticencia de éstos a emprender tales empresas. Y hasta él mismo empezaba a verlas con menos entusiasmo ya que, cada vez más, prefería estar de vuelta de sus caminatas a la hora de la cena. No habría hecho tal viaje si no fuera porque, como se decía a sí mismo, “lo que no se haga durante la treintena, no se hace ya nunca”, e Irdruc no era un hobbit común, le encantaba caminar, explorar y, sobre todo, conocer la naturaleza. Llevaba siempre un libro a cuestas, el que tenía ahora mismo en su regazo, en el que anotaba y dibujaba todo aquello que le maravillaba de ella, que no era poco.

En cualquier caso, allí estaba, sólo acompañado por su amado pony Wallo, que pastaba no lejos de él. Llegaba la noche, y había parado para acampar al pie de unos abedules, no lejos del Camino, en una especie de ensenada desde la que se dominaban todas las tierras al oeste. No hacía demasiado frío y los últimos rayos de sol teñían ya el horizonte de rojos y dorados. La tierra se perdía entre verdes lomas cubiertas por un ligero velo de niebla, que se hacía más espesa allá al suroeste, donde se encontraban las Quebradas de los Túmulos y, detrás de ellas, el Bosque Viejo, un lugar que aún era considerado mágico por muchos y al que nadie osaba acercarse.

Irdruc notó un escalofrío mientras las contemplaba en la lejanía y su atención se desvió a unas grullas que picoteaban entre la hierba alta al pie de donde se encontraba. Un fuego chisporroteaba a su lado. De pronto las aves emprendieron el vuelo. Algo las había asustado. El hobbit miró en dirección al Camino y vio que alguien se acercaba, algo que no esperaba que sucediese, aún cuando había encontrado restos de hogueras denunciando que era aquel un lugar frecuentado por los caminantes para descansar. Maldijo su imprudencia y echó mano a su bastón, única arma que portaba. Fuera quien fuese estaba ya demasiado cerca como para que le diera tiempo a recoger todas sus cosas, así que se asomó entre las raíces que lo parapetaban, tratando de adivinar en el rostro de aquel extraño si era o no alguien peligroso antes de desaparecer (algo a lo que se vería obligado si no le gustaba su aspecto), y dejar a su merced parte de sus pertenencias.


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NotaPublicado: Dom Ene 27, 2008 11:25 pm 
Maestro Narrador
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Irdruc observó el rostro del desconocido, un Elfo. Se extrañó de que aún caminara un Elfo por aquellas tierras. Continuó observándolo. Descubrió una cicatriz en la cara luminosa y se acordó, saltó delante de él asustándolo:

- Maese Laurefinwë, ¿qué hace usted por estos parajes?

El Elfo saltó atrás y echó mano al pomo de la espada inmediatamente, pero al ver de quien se trataba su adversario alejó la mano y se secó el sudor de la frente:

- ¡Por Eru, maese Irdruc! ¡Casi me mata de un susto!- el Hobbit se sonrió- ¿Qué haces tú tan lejos de tu hogar y tu cena?
- Voy a Bree
- ¡Excelente! Yo también. Ven, trae a tu Pony y vámonos, rápido.
- ¿Qué te sucede, Elfo? ¿Por qué tanto apuro?
- Ya te explicaré, ya te explicaré. Anda, vamos! Tú pagas la primera pinta.

Y emprendieron la marcha

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Leonard Cohen


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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2008 12:31 am 
Señor de las Palabras
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Ubicación: La Comarca
Raza: Hobbit Albo
Recorrieron el corto trecho que los separaba del Camino y, por expreso deseo del elfo, que no daba muchas explicaciones, abandonaron rápidamente el lugar a pesar de que la noche se les venía encima. Irdruc ni se paró a cuestionar la necesidad de partir de esa forma. Al fin y al cabo, era uno de los Primeros Nacidos quien se lo pedía. ¡Un Elfo! Casi no podía creerlo. ¡Él viajando en compañía de un Elfo! "En la Comarca no van a creerse esto" -pensaba. Ya era tenido por muchos como alguien bastante extravagante, con sus idas y venidas, más lo sería cuando contara esto, aunque cada vez eran más los jóvenes que, alentados por las historias que desde pequeños habían escuchado de los Cuatro Viajeros, salían por ahí a vivir sus propias aventuras. De hecho, Irdruc ya había estado fuera de La Comarca y durante mucho tiempo, pero eso es algo que en otro lugar se contará. Es precisamente a la vuelta de tal gran viaje que había conocido al elfo que ahora le acompañaba, pues como podréis haber deducido, él y el hobbit no era la primera vez que se encontraban. Se habían visto por primera vez en la Posada del Poney Pisador, donde Irdruc había podido deleitarse con la música de aquel bardo, y con el que incluso había llegado a compartir unas pocas palabras. Jamás había imaginado entonces que llegaría a caminar a su lado. Largos años sobre este mundo reflejaba su rostro y a los ojos del hobbit parecía despedir un aura mística que denotaba la gran fuerza de espíritu de quien había vivido muchas edades.

Así, ensimismado por la situación, Irdruc pareció olvidar en un principio la preocupación que mostraba el elfo y el modo en el que le había hecho recoger sus cosas y partir a toda prisa, pero al poco de llevar un rato caminando, ya bajo la luz de las estrellas, el cansancio comenzó a hacer mella en él, y volviendo a caer en esto, comenzó a interrogarlo sobre qué sucedía y a cuento de qué venía esa repentina huída. La noche era oscura y una ligera neblina cubría todo. Las sombras se extendían en el camino. Los caminantes se movían en silencio.


Última edición por Irdruc el Lun Ene 28, 2008 2:04 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2008 1:13 am 
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La noche ya estaba por culminar, y como dice el refrán: "nunca la Noche es más oscura que justo antes de amanecer", así que no se veía casi nada. Adelante, a un par de millas, el Elfo ya divisaba la colina de Bree.

- ¿Falta mucho?-preguntó el Hobbit extenuado. Laurefinwë caminaba rápido, con una antorcha en la mano y el fardo de Irdruc al hombro, que iba montado en su querido Wallo.
- No, un par de millas, nada más
- Hmmm...
- "Hmmm" qué?
- "Hmmm" que tengo hambre.
- Hobbit tenías que ser...
- ¿Podemos parar a comer?
- Hmmm... -dijo el Elfo mirando para atrás
- "Hmmm" qué?
- Silencio y fuera del camino- dijo Laurefinwë tomando las bridas de Wallo y sacándolo del camino
- ¿Qué sucede, Laurefinwë?
- Shhh, algo viene por el camino- susurró el Elfo al mismo tiempo que apagaba la antorcha-. Escóndete y llévate a Wallo contigo.
- ¿Y tú? ¿Qué harás?
- Ya veré yo que hago, tu escóndete rápido-y dicho esto el Elfo corrió a la loma desde donde había visto Bree, para poder mirar para atrás
- Señor Elfo...- gritó Irdruc- vaya, mejor me escondo.

Laurefinwë, desde lo alto de la loma, escudriñó el camino que se extendía bajo él. A menos de una milla tres jinetes galopaban con dirección a Bree, a ellos. Miró mejor, a la luz de las estrellas le pareció que iban ataviados con ropajes oscuros. Pero a la luz de las estrellas todos parecen ir ataviados con ropajes oscuros. Así que echó mano al Arco, puso una flecha y envolvió una tira de lienzo embebida en alcohol a la punta, y con las brasas de la antorcha la encendió.
Rápidamente lanzó la flecha ígnea en dirección a los Jinetes, a menos de 150 metros de donde estaba parado y más o menosa 50 m de distancia de los Roquendi, los cuales, al ver la saeta encendida en el suelo frenaron inmediatamente.
Laurefinwë se escondió en el bosque al lado del camino otra vez.

- ¿Quién está ahí?- gritó uno de los Jinetes- ¿Quién ha lanzado esta flecha?

Laurefinwë se acercó un poco más, siempre por el bosque. Pudo observar que uno de los Jinetes era una mujer, una mujer bajita... con unos pechos un tanto... ¿Llumdelest? Se acercó más para ver mejor.
Los Roquendi se apearon, espada en mano.
A unos cuantos metros de allí, Irdruc estaba escondido, tratando que Wallo no hiciera ruido. Y rezando porque a su amigo Elfo no le hubiera pasado nada.

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NotaPublicado: Vie Feb 01, 2008 11:33 pm 
Señor de las Palabras
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Después de haber podido dormir unas pocas horas durante la ausencia de Laurefinwë, y a pesar de ello, aún fatigado por la larga caminata del día anterior, el hobbit empezaba ahora a ordenar sus pensamientos. Las declaraciones que tras salir de su estado de shock había aportado aquel otro Mediano que había traído el elfo parecían dejar ya clara la historia.

Tras el encuentro con aquellos jinetes, al parecer buenos amigos del Noldo, habían cubierto el camino que les quedaba hasta Bree en su compañía. Allí se habían dirigido al Poney Pisador, donde nada más entrar, una mujer-hobbit llorando desconsoladamente había asaltado a Laurefinwë, demandando nuevas de sus hijos. Irdruc se encontraba en ese momento demasiado cansado como para poder enterarse de nada de lo que estaba sucediendo y sintiéndose mareado y exhausto, aún con la congoja que provocaba la situación, había comido algo y luego, apabullado por el jaleo organizado y el asfixiante humo que llenaba la habitación, se había quedado dormido sobre el mismo banco en que se había sentado. Se había despertado tras varias horas de sueño al regreso de Laurefinwë, que había partido en ese tiempo, trayendo consigo a aquel tembloroso y enmudecido hobbit, hijo aparentemente de la apenada señora. Poco a poco su testimonio y el del propio elfo habían dado luz al asunto.

Por lo que Irdruc había logrado entender, los Mataseca eran una humilde familia hobbit de Bree, cuyo padre había fallecido unos años atrás, dejando a su esposa y a sus siete hijos, aún por criar, sumidos en la pobreza. De alguna desconocida forma, el hijo mayor de la familia, dio con unos antiguos mapas que señalaban a un tesoro que, según la leyenda popular, se encontraba en uno de los Túmulos de las Quebradas. (Los mapas, ahora en poder del elfo, habían sido mostrados sobre la mesa en la que se encontraban, revelando efectivamente la laberíntica construcción de un panteón que se extendía hasta tres niveles bajo el suelo). Resulta que el incauto hobbit, acusado por la necesidad, decidió ir en su busca, acompañado de otros dos de sus hermanos (uno de ellos era el hobbit que había traído Laurefinwë). La madre intentó disuadirlos, pero sus hijos, resueltos a no verla pasar hambre ni a ella ni al resto de sus hermanos, escaparon. Al descubrir su partida, ésta solicitó la ayuda del elfo, para que los buscara y trajera de vuelta.

Mientras Laurefinwë partía, los tres intrépidos y desaparecidos hobbits fueron capaces por sí mismos de dar con el panteón que buscaban y proceder a su registro. Pero su regocijo fue corto, ya que su avance a los niveles inferiores pronto se vio cortado por una inexpugnable puerta de hierro, que impedía que pudieran ir más allá. Sí que fueron a dar, anexa a ella, con una sala cuya entrada se encontraba atorada por un derrumbamiento y a la que sólo por un estrecho hueco por el que únicamente un hobbit podría caber se accedía. Uno de ellos entró y tras examinar el lugar, parece que dio con algo que puede que fuera la llave que abría la puerta que les impedía seguir avanzando, cuando ésta se abrió por sí misma y algo comenzó a arrastrarlos a las profundidades. Justo a tiempo llegó el Laurefinwë, para al menos permitir la huída del que con ellos ahora en el Poney se encontraba. En un principio el Noldo se enfrentó al tumulario que los había atacado haciéndolo retroceder, pero luego éste, haciéndose con nuevos refuerzos, lo hizo huir. Así, el elfo dejó el lugar seguido por dos de ellos, algo menos de media milla antes de que abandonaran su persecución. Aún receloso de que esto no fuera así, decidió ascender a la colina donde entonces se encontraba Irdruc para confirmarlo, forma en la que fue a dar con el hobbit.

Así, de vuelta en el Poney, el elfo parecía decidido a regresar de nuevo al lugar a rescatar a aquellos pobres Medianos, tratando de contar ahora con nuevas fuerzas. Pero resultaba que, además, había un punto en el cual necesitaba a un hobbit: la llave a los niveles inferiores había quedado en la habitación cuya entrada se encontraba ocluida, y a la que sólo uno de estos, por el reducido espacio libre, podría acceder.

- ¿Qué decís maese Hobbit? ¿Puedo contar con vuestro valor? – dijo Laurefinwë mirando a Irdruc.

Irdruc lo contempló atónito, y dejándose llevar por la compasión que le infundían las lágrimas por la pérdida de sus hijos de la pobre señora, asintió con la cabeza.

“En menudo lío me he metido” pensó.


Última edición por Irdruc el Lun Feb 11, 2008 2:35 am, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Sab Feb 02, 2008 3:45 am 
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En las sombras de la Posada, disimulando su interés en todo lo que ocurria con el Elfo, los Medianos y el Hobbit, una Maia no se perdia nada de lo que sucedia con tan singulares personajes....
Esperaré..un poco más...veremos donde van, cómo continua, cómo salen de esto el Hobbit y el Elfo pensaba mientras los miraba....

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Sab Feb 02, 2008 8:47 am 
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- ¡¡Excelente, maese Irdruc!! Prepare sus cosas, partiremos de inmediato.
- ¿Tan rápido? Recién llegamos... ¿Y la cena?
- Habrá tiempo para cenar a la vuelta. Ahora vamos! No hay tiempo que perder.

El Hobbit se bajó resignado del banco, preguntándose por qué habría accedido a tan peligrosa aventura con el Elfo.

- ¿Tiene sus cosas en su habitación?
- Eh... supongo... creo que Nob se llevó...
- Iré a por ellas. Espéreme aquí.
- Está bien- Laurefinwë dio media vuelta y se encaminó a las habitaciones. Irdruc volvió a la barra otra vez-. ¡¡Mantecona!! Me pone otra pinta, por favor- el orondo Posadero se acercó al lugar donde estaba el Hobbit y le llenó la Jarra otra vez. Cárguelo a la cuenta de Laurfinwë.
- Ja! Cargarlo a la cuenta de ese Elfo es como si se la diera gratis. Con lo que debe...

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NotaPublicado: Sab Feb 02, 2008 1:59 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Protegida por la penumbra, y su capucha subida, la Maia no perdia ripio de todo lo que acontecia, su semblante sin sonreir, tampoco estaba serío..unicamente sus ojos brillaban, estaba disfrutando al ver los apuros del Elfo por irse...
Los seguiré...sí, esto empieza a divertirme, pensaba....

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Sab Feb 02, 2008 10:35 pm 
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Irdruc apenas pudo tomar unos pocos sorbos de su cerveza. La cabeza le daba vueltas. Todo había sucedido demasiado deprisa para su gusto. Recordaba ahora todas aquellas historias que siempre le habían hecho soñar repletas de criaturas fantásticas: trolls, orcos, dragones, fantasmas, gigantes y muchos otros temibles seres, que por un momento habían dejado de gustarle. Intentaba convencerse a sí mismo de que el elfo sabía lo que hacía y que a su lado no podía correr ningún riesgo. Parece que ninguno de los conocidos del noldo se atrevería a acompañarlos, así que tendrían que ir los dos solos y él no era ni por asomo ningún gran guerrero, ni ninguna clase de hechicero, era sólo un Hobbit, Laurefinwë no podía esperar que tuviera que entrar en combate ni nada por el estilo. En su vida había peleado y, en cualquier caso, no era algo que deseara tener que hacer. Además, era a los espíritus de los Túmulos a lo que se enfrentarían, ¿qué podía hacer el acero contra ellos si no fuera esgrimido por algún poderoso elfo? Y Laurefinwë daba la apariencia de serlo.

- No seas cobarde - se decía a sí mismo - tu trabajo es bien sencillo: recuperar la llave y dársela al elfo. No puede esperar que hagas mucho más.

Sumido en sus pensamientos no reparaba en la encapuchada que, desde una oscura esquina, seguía atentamente todos sus movimientos.


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NotaPublicado: Dom Feb 03, 2008 10:53 pm 
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Mientras el Hobbit recogia y se preparaba para irse, la Maia se colocó aún más su capucha, y dejando unas monedas en el mostrador de la taberna salió, amparada en las sombras, a la gélida noche estrellada. Se acercó a unos arbustos,esperando para ver hacía dónde se dirigían, y qué conversación llevaban...quería asegurarse...

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NotaPublicado: Lun Feb 04, 2008 12:28 am 
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Laurefinwë e Irdruc salieron afuera. Antes de partir, el hobbit se acercó a los establos en compañía de Bob, a despedir a Wallo, que no los acompañaría ya que Irdruc no deseaba que corriese peligro alguno. Bob, el encargado de las cuadras, le aseguró que estaría bien a su cuidado. Tampoco era necesario llevarlo, ya que no transportaban gran cosa, sólo lo justo de comida y agua. El resto de las cosas del hobbit habían quedado a buen depósito con Mantecona. Las Quebradas se encontraban a menos de un día de marcha, así que sin paradas innecesarias esperaban llegar a la mañana siguiente.

Alcanzaron la empalizada, donde el guardia les salió al encuentro. Tras intercambiar unas pocas palabras les permitió salir. Las piernas del hobbit comenzaron a temblar nada más cruzar la puerta. Respiró profundo. La noche comenzaba a velarse por nubes. Apenas lograba a ver nada. Guiado por el elfo, que cantaba en voz baja para amenizar la marcha, se fueron adentrando en la creciente oscuridad del Camino. Habían de seguirlo durante cuatro millas y luego, yendo campo a través, tomar dirección sur hasta llegar a su destino. Al poco de haber dejado atrás Bree, las primeras gotas de lluvia cayeron sobre sus rostros.


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NotaPublicado: Mar Feb 05, 2008 1:38 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
Empezaba a llover con fuerza cuando el Hobbit y el Elfo caminaban campo a través, nada ocultaba la silueta de los dos, ante la mirada de la Maia, pese a la cortina de agua, y viento que les caía encima.
... No sí valentía no les falta, en estos parajes, ellos dos...solo falta algo de acción, de lo que nos viene detrás a todos...- pensaba ella.- dejando un instante sus verdes ojos brillar en la total oscuridad.

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Mar Feb 05, 2008 2:34 pm 
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La sombra, protegida por la capa verde y dorada de la lluvia y del viento que se habia levantado, observaba con curiosidad a la Maia, vieja amiga, que, observando a la pareja que se alejaba por el camino, no se habia dado cuenta de que era observada a su vez o al menos eso parecia ya que cuando estubo segura de hacia donde se dirigian el hobbit y el elfo sin volverse...

- Hola querido amigo.

- Hola Celebwën ¿observando la vida como siempre?

La sombra dió un paso adelante y la luz de un relampago le iluminó e hizo destacarse el caballo blanco rampante bordado en la capa.

-¿Me acompañas?, mucho me temo que esos dos van de cabeza a una de esas aventuras que se les ira de las manos.

-Tengo unos dias libres... por ese tiempo soy tu hombre.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
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NotaPublicado: Mié Feb 06, 2008 5:36 pm 
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Era mediodía. Con la llegada del alba la lluvia había cesado y el sol había salido, aunque no parecía que fuera a durar mucho, pues nuevas nubes se arremolinaban al oeste. Elfo y Hobbit se encontraban en lo alto de una colina. Irdruc se había quedado dormido sobre una gran piedra lisa que la coronaba, calentado por los rayos solares que caían ahora verticalmente. Su chaqueta, su capa y la del elfo estaban puestas a su lado, extendidas para que así se secaran. Aunque ya no estaban lejos de los Túmulos era probable que no los alcanzasen hasta bien entrada la tarde. La lluvia y el propio hobbit, que no había podido mantener el ritmo del elfo, los habían retrasado más de lo que Laurefinwë hubiera deseado. Aún así habían caminado casi toda la noche y de haber sido otro mediano, que no aquel, el que lo hubiera acompañado, sin duda no habrían recorrido ni la mitad de la distancia que habían cubierto. Él se encontraba de pie, con la mirada fijada al norte. Algo le inquietaba. Despertó al hobbit.

- Tenemos compañía.

- Qu... ¿qué? - musitó Irdruc incorporándose.

- Al menos un hombre. Puede que dos. Creo haber adivinado a su lado otra sombra que, en cualquier caso, parece mimetizarse mucho mejor que él. No estoy seguro. Pensé haberles dado esquinazo anoche, pero parece que volvieron a dar con nuestro rastro. Vienen por allí - dijo Laurefinwë haciendo mirar al hobbit en la dirección en que se aproximaban.

Por supuesto Irdruc no llegó a atisbar absolutamente nada. La distancia era tal que sólo una mirada élfica podría haber visto algo. Se quedaron aguardando en aquel lugar, una posición ventajosa desde la que descubrir quién los perseguían.

- Ummm... Al menos no parecen interesados en esconderse. Se muestran abiertamente. - observó Laurefinwë, ahora que tras aparecer por la cima de una nueva loma se iban acercando más. - Pero... pero... si ése es... - y riendo corrió colina abajo a su encuentro.


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NotaPublicado: Sab Feb 09, 2008 2:20 am 
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La pareja seguidora traspuso una loma y el hombre al levantar la cabeza tubo un pequeño sobresalto, el elfo se abalanzaba sobre ellos como si de ello dependiera su vida.

-Cielos Baldor, me alegro encontrarte, tu espada, tu experiencia y sobre todo tu brazo amigo.

-Si si, pero calmate.

Laurefinwë, de pronto se quedó quieto, miró a la encapuchada y con una ceremoniosa inclinación....

-Te saludo Dama.

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NotaPublicado: Sab Feb 09, 2008 9:59 pm 
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Registrado: Vie Ene 11, 2008 3:26 am
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Irdruc tomó las cosas que a su lado se hallaban y corrió tras el elfo. Jadeando y exhausto llegó a lo alto de la cima donde se encontraban los tres, cuando éstos ya llevaban un rato hablando.

- ¡Ah, Irdruc! - exclamó Laurefinwë nada más llegar éste, al mismo tiempo que tomaba sus pertenencias de las manos del hobbit. - Éstos son Baldor y Celebwën, ya los irás conociendo mejor, pues nos acompañarán en nuestra aventura. Ahora hemos de darnos prisa. El tiempo juega en nuestra contra. ¡Rápido! A buen paso llegaremos antes de que anochezca. ¡Seguidme!

- ¿Ya? Pe... pero... - respondió entrecortadamente Irdruc, que aún no había recuperado el aliento tras la ascensión.

- Nada de peros, maese Irdruc. Rapidez es por ahora lo único que necesitamos - intervino interrumpiéndolo el elfo, a la vez que comenzaba el descenso seguido de los dos extraños.

El hobbit, con cara de agotamiento se quedó mirándolos, mientras esperaba recobrarse. La mujer se volvió en ese instante y, viendo su expresión, se echó a reír. Negado a su suerte, Irdruc salió tras ellos.


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NotaPublicado: Dom Feb 10, 2008 5:41 pm 
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Registrado: Jue Ene 31, 2008 6:40 pm
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Ubicación: En Bree...si hay brumas...
A la Maia le caía simpático el Hobbit, no le llegaba la camisa al cuello, pero seguia al lado del Elfo, al que miraba de hito en hito, sin que este se diera cuenta, tan concentrado estaba hablando con Baldor.
De pronto delante de ellos el camino se oscureció, una neblina densa, y gris les envolvió, en cuestión de segundos apenas podian ver nada...la Maia miró alternativamente a Laurefinwë y a Baldor, asintiendo ambos, .-Sí, creo que intentarán impedirnos llegar, adelantaos vosotros .- indicando al Elfo, .-me quedo con el Mediano, así deberan dividirse tambien, nos vemos en las Puertas.-musitó más que habló, mientras no dejaba de buscar con la mirada un resquicio de luz.
No terminó de hablar cuando oyeron unos graves sonidos, que involuntariamnte encogieron al Hobbit, aunque parecian lejanos, este se acercó a Baldor y a Laurefinwë mirandoles interrogante...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Jue Feb 14, 2008 4:19 pm 
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- ¿Q-qué es eso? - preguntó balbuceante.

- Los espíritus de los Túmulos han despertado - contestó Laurefinwë -
Tal vez no sea tan buena idea separarnos Celeb... ¿Celebwën?

La mujer había desaparecido de donde se encontraba hacía unos instantes. Los tres compañeros se agruparon formando un círculo y la llamaron sin obtener respuesta. Mientras, los sonidos a su alrededor se hacían cada vez más fuertes.

- No es buena idea quedarse parados. ¡Por aquí! ¡No os separéis de mí! - dijo el elfo, que era el menos atemorizado.

Así, con Laurefinwë en cabeza seguido por Irdruc y Baldor en la retaguardia, comenzaron una desesperada carrera a ciegas a través de la niebla hasta que, tras ascender la ladera de una colina, el hobbit cayó exhausto al suelo. Los lamentos parecían ahora apagarse. Una silueta se dibujó delante de ellos. El elfo rápidamente puso una flecha en su arco, pero antes de que llegara a dispararla la figura avanzó mostrando que se trataba de Celebwën.

- ¡Celebwën! ¡Por todos los dioses! - exclamó Baldor - Pensamos que os habíamos perdido. ¿Dónde os habíais metido?

- Perdí el rumbo entre la niebla - contestó la mujer.

- Ya... En cualquier caso, parece que por el momento nuestros perseguidores se han retirado - dijo el elfo, como adivinando algo que a los otros dos se les escapaba. - Y además hemos llegado a nuestro destino - concluyó señalando a un monolito que se levantaba a su lado y a cuyo pie se abría un agujero excavado en el suelo, que daba paso al panteón que buscaban.


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NotaPublicado: Lun Feb 18, 2008 12:41 pm 
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Esta niebla me ha desorientado.- murmuró ella mientras se ponían en camino, sin dejar de imitar una mueca que quería ser una sonrisa.- Está bien, entremos.- comentó mirando al Hobbit sonriendo tranquilizadora.

Con gran sigilo, los cuatro se adentraron por la abertura de la gruta, el suelo algo resbaladizo, a causa de la humedad, casi hace caer al Mediano, que aguantó bien. A medida que se adentraban, la luz que les llegaba de fuera disminuía, con lo que cogieron unas teas que estaban colocadas en las paredes, apoyadas en pequeños petriles.
Caminaba delante el Elfo, seguido del Mediano, y cerraban Baldor y la Maia, el piso se hacia más angosto a cada paso, y la humedad se notaba cada vez más, y la tenue luz hacia que todos estuviesen alertas.

No se oía nada, ni el volar de una minúscula mosca que pasase.
De repente...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Mar Feb 19, 2008 4:00 pm 
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...una bandada de murciélagos salió al vuelo, ahuyentados por su paso, provocándoles un sobresalto. El pasadizo había comenzando a descender, girando siempre hacia su izquierda, lo que indicaba que se adentraba formando una espiral en las raíces de la colina. Al fin llegaron a un punto donde éste se ensanchaba y pasando el arco de una antigua puerta desencajada entraron a una habitación, en la cual se abría un pasillo desde cada una de las tres paredes restantes.

- Éste es el primer nivel, - dijo Laurefinwë - hay otros dos más debajo nuestra. Tened cuidado, no os separéis de mí, el sitio es algo más grande de lo que aparenta. Se dice que es aquí donde fueron enterrados los principales y más grandes nobles del antiguo reino de Cardolan - continuó. - Debemos tomar el pasillo de la derecha. ¡Vamos!

Reinaba un inquietante silencio y el aire estaba demasiado cargado. A sus lados se erguían ahora, talladas en las polvorientas paredes, efigies de hombres, cuyos huesos puede que aún descansasen tras éstas. Irdruc se sentía aterrorizado. Apenas levantaba la vista del suelo y se mantenía atento a los talones del elfo. Tras recorrer un corto trecho llegaron a otra habitación que se encontraba semi-derruida. Al frente se situaban las inexpugnables puertas de hierro que debían cruzar. A la derecha, entre los escombros, un diminuto hueco daba paso a otra habitación colindante.

- Bien, maese Hobbit, su trabajo comienza ahora - enunció Laurefinwë.


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NotaPublicado: Dom Feb 24, 2008 4:08 pm 
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El Mediano miró al Elfo con ojos asustados, no obstante con sonrisa tímida, asintió y paseó su mirada alrededor de la estancia, y quienes le acompañaban. .-Espero volver con bien, y cuanto antes, no os movaís de aquí.- bromeó.- mientras se introducia por el diminuto hueco.

La Maia y Baldor se miraron, valentia no le falta.-murmuró Baldor.-ambos esperaban no tener imprevistos mientras regersaba el Hobbit, o que este no los tuviera... la Dama miró alrededor de la estancia, cuando la tea chisporroteó de manera imprevista, dejando oscuridad por momentos.

Justo en ese instante...

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NotaPublicado: Lun Feb 25, 2008 2:36 am 
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- ¡¡Laurefinwë!!- gritó Irdruc desde adentro de la salita.
- ¡¿Qué sucede Irdruc?! ¡¿Estás bien?!- le preguntó nervioso el Elfo. La luz había vuelto. - ¿Irdruc?
- Ya...- parecía que el Hobbit estaba haciendo fuerza con algo- ya voy...- se oyó el ruido de algo que caía al suelo- Señor Elfo, aquí hay un gran libro... argh... ¡que pesado! Lo voy a pasar por el hueco, quizás haya algo útil en él...
- Irdruc, ¿está la llave?
- No... es... una... llave- y dicho esto el libro atravesó el hueco-. Es una especie de Palanca. Hay una mesa aquí, me subo a ella y seguro que llego.
- Tenga cuidado Señor Hobbit

Baldor desenvainó a Calmacil, su espada élfica:

- Será mejor que estemos preparados para lo que pueda salir por ahí.
- Es cierto- dijo Celebwën y puso una flecha en el arco.
- Irduc, avísanos cuando acciones la palanca- pidió el Elfo mientras desenvainaba la Hoja Dorada.- ¿Irdruc?
- Ya está.

Nada pasó. Ahí estaban los tres: Celebwën apuntando a la puerta y Baldor y Laurefinwë en guardia, el Rohir llevaba el escudo en el brazo izquierdo.

- ¿Salgo?- preguntó Irdruc desde dentro de la sala anexa- ¿Señores?
- Sí, Irdruc. Salga- le respondió Baldor mientras caminaba lentamente a la puerta. Laurefinwë lo seguía. Celebwën seguía apuntando a la puerta.- La voy a abrir, Elfo. A las tres: uno... dos... TRES!!

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NotaPublicado: Lun Feb 25, 2008 7:29 pm 
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El hombre empujó la puerta. Los goznes rechinaron y ésta se abrió. Los tres compañeros quedaron expectantes. Al otro lado se levantaba una profunda oscuridad. Laurefinwë tomó en alto la tea que portaba en la otra mano, con la que no sujetaba la espada, e iluminó el piso. Unas escaleras se abrían hacia el fondo.

Los compañeros escucharon entonces un apagado lamento desde las profundidades. De pronto, un fuerte grito sonó a sus espaldas. Era Irdruc, que salía por el agujero, y tras él una huesuda mano que trataba de atraparlo. Con un rápido movimiento de su espada, Baldor la cortó, oyéndose a continuación un fuerte aullido proveniente de la otra habitación, al que dio la impresión que otras muchas voces se sumaban desde distintos puntos, hasta que poco a poco se fueron apagando y todo quedó en silencio.

Laurefinwë se agachó junto a Irdruc, que se encontraba apoyado en la pared de enfrente del hueco. - ¿Qué demonios ha pasado ahí dentro? - le preguntó.

- Ha-ha había u-u-una tumba al fondo - balbuceó el hobbit, con los ojos salidos de sus órbitas y el corazón aún queriéndosele salir del pecho. - Iba a salir. Todo estaba m-muy oscuro. No me acerqué en un principio, pero entonces m-me volví y vi algo brillante. Estaba destapada y me asomé. Descansaban allí los huesos de un hombre, aún con una especie de armadura puesta, rodeado de joyas. Sujetaba con sus manos, sobre su pecho una hermosa piedra oscura, que parecía emitir una lejana luz desde su interior - Irdruc se detuvo un instante, tragando saliva. - Decidí salir a t-toda prisa, en-entonces, cuando estaba ya cerca del agujero, sonó un crujido a mis es-espaldas. Se levantó, me señaló con su dedo y... y salió tras de mí...

- Muy bien señores, - interrumpió Baldor - pero no creo que sea el mejor momento para entretenernos en charlas. Hemos de seguir.

- Tenéis toda la razón - dijo el elfo. - ¡Vamos!

La mujer ayudó al hobbit a incorporarse y le sonrió - Sois muy valiente, pequeño.

El hobbit se tranquilizó con su mirada y se sonrojó.

-¡Adelante Celebwën! - llamó Laurefinwë, que ya ponía sus primeros pies en la escalera, seguido por Baldor.


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NotaPublicado: Mar Feb 26, 2008 5:01 pm 
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Detrás de Baldor, se veían la figura menuda de Celebwen. Irdruc cerraba la expedición. Portaba una tea en una mano y una cuerda en la otra. Las largas vestiduras de la maia se enredaban de cuando en cuando en los pies del hobbit, que sin quererlo, refrenaba los pasos de la dama aproximándola al suelo en más de una ocasión.

Las escaleras parecían no tener fin, pero en realidad era la oscuridad quien engañaba a sus ojos y su mente. En unos minutos habían llegado a la mitad de la escalera, al final de cuyo primer tramo se accedía a una sala de dimensiones considerables carente, como el resto de las dependencias, de todo tipo de luz, a excepción de la que emanaba de las teas que llevaban Lawrefinwë e Irdruc., las cuales ya empezaban a acusar la falta de grasa animal para seguir prendiendo.

- Si mis conocimientos no me engañan, nos encontramos en la primera sala, o Sala de los Encuentros - puntualizó Lawrefinwë. - Cuenta la leyenda que cuando los viajeros llegaban hasta aquí y bajaban estas escaleras, estaban exhaustos, y lo primero que veían tras recuperar el aliento era este enorme salón, primera muestra del poder y riquezas de sus moradores.
- Parece obra de enanos, - apostilló Baldor,- tan aficionados a los grandes palacios y salones. Siempre he pensado que hacían construcciones tan grandes para compensar su pequeño tamaño.

El elfo y la maia rieron la ocurrencia del rohir, sin embargo el hobbit hizo una mueca mohína, pues su tamaño aún era más pequeño que el de los enanos, y no conocía ninguna gran construcción en La Comarca que pudiera compararse a lo que sus ojos estaban vislumbrando en aquellos momentos a la luz del fuego de las teas.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Sab Mar 01, 2008 12:25 am 
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- Bien, ¿y ahora qué? ¿Hemos de registrar todo este lugar para encontrar a esos condenados pillos? - prosiguió Baldor, volviendo a un tono más serio.

- Temo que sí. Al menos en esta oscuridad, escasas pistas alcanzo a distinguir - dijo Laurefinwë, a la par que sacaba de su bolsa el plegado pergamino con el mapa del lugar. - Esperemos que no hayan sido llevados aún más abajo, este sitio es ya de por sí grande. Aunque me conformo conque logremos encontrarlos con vida - continuó, señalándoles sobre el mapa su situación. - Como veis, al frente se abre un pasillo, que a su vez se ramifica en otros tres que dan paso a diversos panteones familiares. Por el de enfrente se termina por llegar a una sala desde la que se alcanza el último y más profundo de los niveles.

- Interesante - comentó Baldor - ¿y por dónde comenzaremos?

- Propongo que tomemos en primer lugar el corredor de la izquierda, en él se encuentran una serie de sepulcros de reducido tamaño, que podemos registrar rápidamente.

- No se hable más - concluyó Celebwën. - Presiento que no tardemos en tener compañía. Si hemos llegado hasta aquí con tanta facilidad es, precisamente, porque nos estamos situando justo donde Ellos quieren.


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NotaPublicado: Sab Mar 01, 2008 3:38 pm 
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La Maia dejó que se situara delante quien portaba la antorcha, y emprendió el descenso, al lado del Hobbit. Caminaban con paso ligero, y atentos a cualquier ruido extraño, la escasa luz apenas dejaba vislumbrar más allá de sus pisadas, mientras el techo cada vez bajaba más, la Maia miró hacia la bóveda y bajando su cabeza indicó con ello a Baldor que no levantara la vista.
En unos segundos un intenso frio recorrió a la comitiva, la escasa luz de las teas dibujaba extrañas sombras por las paredes que dejaban atras, pero Laurefinwë y Baldor se miraron, algo les habia extrañado, una vaga sensación de estar empezando a adormecerse, unido al frio, les hizo ponerse en guadia, aunque...
Celebwën envolvió al Mediano en una pequeña capa que sacó de su extraña bolsa, que nunca habian visto...

.-Baldor, no sse....- empezó a decir Laurefinwë .- aat..aten..aten..

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Dom Mar 02, 2008 10:02 pm 
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El elfo, poco a poco, fue deslizandose hacia el suelo.

El rohir, al notar los primeros síntomas de entumecimiento reurrió al viejo truco de los jinetes de guardia. Con rapido movimiento desenvainó la daga y con fuerza clavó la punta en su muslo. El dolor le hizo reaccionar, y consiguio parar el cuerpo de su compañero antes de que tocara el suelo polvoriento de la cámara. Otro ruido sordo le hizo entender que Celebwën, que como maia tenia mas aguante, habia hecho lo mismo con el hobbit.

Una vez solucionado el problema de los dormidos el jinete desenvaino su espada y, sintiendo como la adrenalina contrarestaba el anestésico del aire, miró a su amiga que tambien estaba preparada para cualquier sorpresa.

Con la mano, la muchacha, le indicó al guerrero que dos siluetas se encontraban al fondo y solo se destacaban como una oscuridad mas negra en la misma oscuridad ya que las teas se habian apagado por la falta de oxigeno.

De repente le hizo la señal rohir de cargar contra el enemigo y ...

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Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
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NotaPublicado: Mié Mar 05, 2008 5:26 pm 
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...estos se desvanecieron en el denso aire, tal cómo habian llegado, Baldor atónito no daba crédito a lo que pasaba.-Estoy soñando acaso??.- murmuró entre dientes con Calmancil, su espada élfica aún en la mano, daba mandobles a modo de liberar tanto su tensión, como de cortar lo que fuera habían visto. Avanzaba a tientas, despacio, pero con paso firme, seguia una pequeña corriente de aire frio que le llegaba desde su lado izquierdo.- Celebwën, creo que Laurefinwë no tardará en despertar, si no ha despertado ya, iré por alguna tea, antes que vuelvan.-Levantó la voz más para extreriorizar su rabia, que por otra cosa.- El Mediano, está bien ???.- casi gritó, resonando el eco tras él.- con la mano libre tanteaba la pared, alternaba la espada en ambas manos .- Solo faltaba que ahora tropezase con la otra escalera.- murmuró entre dientes.-

Justo en ese momento, su mano derecha tocó la urdimbre breosa de una tea.- Ya está, ahora tendremos luz, odio la oscuridad.- Baldor sonrió resoplando un taco tan soéz, que hasta él se extraño, ya que no los soltaba ni tan fuertes, ni era tan mal hablado.
Trató de rebuscar entre sus ropajes algo de yesca para encenderla, dejando la espada, un segundo en su pierna sangrante apoyada, cuando...

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Tyelpëa Taurenna


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NotaPublicado: Vie Mar 07, 2008 1:20 am 
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...oyó a escasos pasos de donde se encontraba unas pisadas.

¿Quién anda ahí? - preguntó, levantando de nuevo su espada. - ¿Celebwën?

Nadie contestó. El frío sudor se agolpaba en su frente. No comprendía cómo un hombre como él, tan acostumbrado a batallas en las que había afrontado la muerte mil y una veces, pudiera ahora sentirse asustado. Pues no era aquel el simple temor que daba la inseguridad o el desconocimiento, que era el que solía aparecer en el combate: la inquietud por quizás no regresar al hogar, por no volver a ver a los seres queridos, por perder su recuerdo y desvanecerse. Aquello era ya algo de oficio, que aun siempre presente, no impedía que vacilaran sus fuerzas. Más bien terminaba por insuflarlas y hacía que pelease aún con más arrojo, por llegar a mañana. No, aquel miedo era algo muy distinto, que mermaba su resistencia y ataba sus brazos, aquello tenía un origen y un propósito.

- ¡Celebwën! ¡Maldita sea! ¿Dónde te has metido? - volvió a llamar, dándose ahora la vuelta.

Un fuerte crujido sonó en ese instante a sus espaldas. Un largo cuchillo erraba su destino e iba a quedarse en el escudo que colgaba de su espalda. Baldor se volvió, encontrándose frente a frente con unos brillantes ojos cargados de odio, que desde la oscuridad lo contemplaban. Con gran celeridad, el jinete lanzó una ciega estocada hacia delante con su hoja élfica, desgarrando la invisible carne de su oponente, que soltó un penetrante aullido.


Última edición por Irdruc el Vie Mar 21, 2008 10:29 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Mar 14, 2008 7:19 pm 
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Tanto el Hobbit como el Elfo se habian quedado rezagados en el estrecho pasadizo, empezaban a despertar de una soporífera siesta, que ellos no habian querido, y estaban atontados. Se miraron, y pensaron ambos lo mismo... donde estaban Baldor y Celebwën??
.- Será mejor que avancemos despacio, aunque no veamos, alguien debió seguir nuestros pasos, y ni idea de quien puede ser.- comentó Laurefinwë en apenas un murmullo.- Un estruendo se dejó sentir en ese momento en todo el subsuelo, ambos se miraron, qqué...qué ha...ha sid...sido.-interrogó el Mediano, con apenas un hilo de voz.- El Elfo poniendo en su hombro con firmeza la mano derecha, le indicó que se agachara, y se tapara con su pequeña capa.- Pase lo que pase no te muevas, alguno volvera por tí, has entendido???.- El Hobbit asintió.- Le cubrió cerciorándose que quedaba bien camuflado y echó a correr...

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NotaPublicado: Mar Mar 18, 2008 5:36 pm 
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Irdruc se quedó oyendo cómo se perdían los pasos de Laurefinwë, hasta quedar todo sumido en un profundo silencio. Nada se oía ni aquí ni allá, y la oscuridad era total. Tras permanecer así un buen rato, de repente, una luz pareció verse al fondo del pasillo por donde habían venido, en dirección contraria a la que había marchado el elfo. El hobbit, nervioso y sin saber qué hacer, se incorporó.

- ¿Baldor? ¿Celebwën? ¿Sois vosotros? - llamó. Una apagada y lejana voz que pronunciaba su nombre regresó a sus oídos. - ¿Celebwën? - volvió él a preguntar, y a tientas apoyado en la pared, comenzó a avanzar. Siguió de esta manera, tras aquella llamada, hasta que se vio de vuelta en el lugar donde se separaban los corredores por el que habían pasado antes. Al llegar a éste, notó en el que ahora quedaba enfrente un resplandor.

"Deben estar ahí" - pensó el Mediano, tratando de tranquilizarse a sí mismo.

Continuó avanzando hasta descubrir que la luz provenía de una habitación, en la que, una vez hubo llegado, iluminados por la débil luz de unas antorchas colgadas en las paredes, halló la figura de dos hobbits que yacían en el suelo, vestidos de blanco y adornados con ostentosas joyas. Irdruc se acercó a ellos para comprobar si seguían con vida, al mismo tiempo que, a su espalda, dos sombras se deslizaban en el interior del habitáculo, portando unos largos cuchillos curvos.


Última edición por Irdruc el Jue Mar 20, 2008 1:51 pm, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Mar Mar 18, 2008 5:56 pm 
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Dos sordos gemidos sobresaltaron a Irdruc. Girandose rapidamente aún alcanzó a ver como dos cuerpos vestidos de negro se desplomaban mientras dos bultos del tamaño de un melón mediano rodaban en direcciones opuestas. Cuando su linea de vision se aclaró vió la figura del jinete que, con un par de mandobles habia decapitado a aquellos demoniacos seres.

-Baldor, gracias sean dadas a Eru. ayudame a sacarlos de aqui

El rohir, haciendo el sgno de que se callara, hizo que le ayudara a él a sacar los cuerpos del medio y se ocultaron en una ornacina excabada al lado de la puerta pues se oian pasos que se acercaban.

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NotaPublicado: Mié Mar 19, 2008 10:33 pm 
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Ubicación: El Norte
Mientras se apretaban en el estrecho hueco de piedra, el corazón del hobbit palpitaba tan fuerte que Baldor casi podía sentirlo golpear contra su brazo. El sonido rítmico de los pies sobre el suelo resonaba cada vez más cerca, hasta que se detuvieron en la puerta de la habitación. Ellos seguín dentro ocultos, pero sabían que si alguien entraba no tardaría en encontrarlos, a pesar de la escasa luz.
El corazón de Irdruc estaba a punto de saltar fuera de él, cuando los pasos volvieron a sonar, alejándose por el corredor. Siguieron muy quietos y en silencio hasta que el eco de las pisadas se perdió totalmente, entonces salieron y se agacharon apresuradamente sobre los cuerpecitos de los hobbits, que seguían en el suelo y no daban señales de vida.
-¿Estarán muertos? Oh no! Después de encontrarlos, no puede ser...
Baldor se inclinó sobre el más cercano y apoyó la oreja sobre el pequeño pecho.
-Tranquilo, late muy débilmente, pero está vivo.
Después hizo lo mismo con el otro.
-Y este también.
-Hay que sacarlos de aquí, deprisa.
-Espera, tenemos que pensar muy bien cómo lo vamos a hacer, ya has comprobado por ti mismo que este lugar no es muy seguro y no sabemos quienes eran esos que se han parado aquí. Además me pregunto por qué les habrán ataviado así...

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"Los años han pasado como sorbos rápidos y dulces de hidromiel blanco en las Salas de más alla del Oeste..."


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NotaPublicado: Sab Mar 22, 2008 10:38 am 
Maestro Narrador
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- ¡¿Celebwën?! ¡¿Baldor?! - gritaba el Elfo en la Oscuridad. Laurelasse refulgía dorada en la Oscuridad, había sido forjada en los talleres de Aulë, y brillaba con luz propia cada vez que el Elfo se encontraba en locaciones bastante oscuras. Y ahora si que estaba oscuro, y frío... tan frío... No parecía que alguno de sus compañeros anduviera cerca, sin embargo había algo o alguien cerca, algo o alguien que no se dejaba o no se podía ver...

- ¡¿Quién anda ahí?! - gritó a la Oscuridad - ¡¡Muéstrate!! - Se oyeron unos pasos que se acercaban a él, Laurefinwë comenzó a retroceder. Los pasos, en principio de un solo individuo, ahora parecían de más de uno. El Elfo retrocedía cada vez más rápido, con la Espada apuntando a las Sombras, sabiendo que aquélla lo protegería de cualquier ser maligno. Los pasos parecían ahora de más de cinco personas. El Elfo giró sobre sus talones y echó a correr, las Sombras lo siguieron. Cada vez más y más profundo en el Túmulo. Corrió por un pasillo amplio y largo, giró a derecha y luego a izquierda para advertir que se había metido en una cámara sin otra salida que la puerta por la que había entrado.

- ¡¡Mierda!! Al final tendré que pelear - y dicho esto envainó a Laurelasse para empuñar las Dagas de Oesternesse. Los pasos de sus persecutores ya se oían entrando en la sala de al lado.

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NotaPublicado: Sab Mar 22, 2008 4:06 pm 
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El elfo retrocedió un paso, disponiéndose en guardia, antes de que sus perseguidores llegaran a entrar en la habitación, yendo a chocar con la pared trasera y hundiendo, sin querer, una piedra que sobresalía. Entonces, al hacerlo, se abrió en el muro a sus espaldas una pequeña abertura, aún así, suficientemente grande como para que un hombre pudiese deslizarse por ella. Sin pensárselo dos veces Laurefinwë se introdujo por ella, cerrándose nada más haber pasado éste.

Con el escaso fulgor de su espada alcanzó a ver que unas toscas escaleras labradas en la propia roca, descendían por un estrecho y empinado hueco. El lejano ruido de unos tambores y unos cantos llegaban a sus oídos. El elfo comenzó a bajar por ellas, haciéndose cada vez más claras las voces, hasta que cuando hubo perdido la cuenta de los escalones, una luz empezó a adivinarse al fondo. Al llegar a su fin, se encontró en una especie de atalaya, parapetado por rocas, entre las cuales dominaba una amplia sala en la cual se celebraba un macabro ritual.

Una serie de figuras encapuchadas, entonaban salmos, en una desconocida lengua, sumidas en un aparente estado de catarsis. Al fondo de la sala, labrada en la pared, quedaba la efigie de un antiguo rey sentado en su trono, cuya cabeza había sido profanada, y sobre la cual se había tallado un pavoroso ojo. Frente a ella, un sacerdote y sus acólitos, todos también encapuchados, rodeaban a un hombre, éste ya a cabeza descubierta, con ropajes blancos y engalanado con joyas, que se mantenía en pie, como fuera de sí, mirando al infinito.

Los cánticos y el redoble de tambores fueron subiendo de tono, a medida que el sacerdote se colocaba enfrente del hombre, y de improvisto, introducía su mano en su pecho, para sacar su aún palpitante corazón y después de sostenerlo en alto a la vista de todos, introducirlo en una urna, que sujetaba otro de los encapuchados. Al hacer esto, el hombre cayó al suelo, para luego, en medio de un charco de sangre, volver a levantarse, con los ojos fuera de sí, y postrarse frente al sacerdote, desatando el éxtasis de la multitud.

Laurefinwë, contemplaba horrorizado, escondido desde su posición, la grotesca escena.


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NotaPublicado: Sab Mar 22, 2008 6:33 pm 
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Baldor buscó un pequeño hueco que quedaba resguardado en un recodo del camino, y los acomodó sentados contra la pared, uno frente a otro. Su cabeza no paraba de dar vueltas sobre tan extraña vestimenta. Mirando a Irdurc se repetia que no eran ropajes de La Comarca,además el Hobbit estaba más asombrado que él mismo. Acabaron y siguieron los pasos de Laurefinwë, eso esperaba Baldor.
.-Has visto a Celebwën???.- Preguntó Irdruc, sacándole de su ensimismamiento.
.-Creía que estaba contigo, al menos la última vez que la ví.- respondió mirándole con asombro.- Ahora que lo dices...es muy extraño, te has dado cuenta que estamos caminando casi sin luz, pero vemos bien el camino???...esto no me gusta nada, deberias quedarte con los tuyos, si despiertan necesitarán ayuda y que se guarden ahí ocultos.-
Baldor esperó que Irdruc razonara su propuesta, asintiendo con una tranquila sonrisa, esperando que no reflejaran sus ojos la desazón que sentía.-Todo irá bien , tranquilo, sabes que volveremos por vosotros.- comentó con tono jocoso, revolviendo su emarañado pelo.-
Ambos volvieron sobre sus pasos, pero los Medianos ya no estaban. El Hobbit quedó pálido. El humano le cogió casi a rastras y echó a correr.

Mientras Laurefinwë pensaba cómo salir en busca de Baldor y Celebwën sin que se percataran de su presencia, cuando...

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NotaPublicado: Sab Mar 22, 2008 8:34 pm 
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...cuando alguien le tapó la boca desde atrás. A pesar de sus agudos sentidos élficos no había advertido que nadie bajase por las escaleras, le pareció increíble, pero pronto comprendió por qué. Al fin y al cabo, una Maia es una Maia. Una voz dulce le susurró al oido:
-Soy Celebwen, tranquilo.- le soltó y él se volvió rapidamente, bastante aliviado.
-¿Cómo has llegado aquí? ¿Y dónde está Baldor?- le preguntó en voz muy baja, agachados los dos entre las rocas.
-Cuando os dejamos dormidos nos atacaron y le perdí en la oscuridad de los pasadizos. Después escuché pasos y me escondí, y al salir me pareció oir unas voces lejanas, las seguí y encontré la puerta por casualidad, supongo que como tú.
-Sí, y me parece que aquí abajo hay más gente de la que creíamos.- dijo señalando a los de abajo. Por un segundo pensó que la Maia se perdía muy a menudo, pero no tenía motivos para dudar de ella, y Baldor la conocía bien.- Deberíamos salir de aquí y buscar a los demás, si los pequeños hobbits están en manos de estos individuos hay que darse prisa.
-Tienes razón.- respondió ella- Si empezamos a subir despacio no se darán cuenta, están muy concentrados en lo suyo, ya lo ves.
El elfo sintió cómo se erizaba el vello en su nuca al contemplar a los encapuchados avanzar ordenadamente hacia el charco de sangre mientras cantaban en una lengua extraña. Al llegar a él se arrodillaban y apoyaban las palmas de las manos abiertas en el suelo, para después extender el pegajoso líquido por sus rostros.
-Vamos.- dijo reprimiendo una náusea-No podía imaginar que quedasen en el mundo seres capaces de realizar actos tan crueles, y pensar que los hobbits podían acabar así le llenaba de rabia y le encogía el corazón.
Comenzaron a subir por los cada vez más oscuros escalones, sin saber muy bien cómo podrían abrir la puerta desde dentro.

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NotaPublicado: Dom Mar 23, 2008 12:17 pm 
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Apenas les faltaban dos peldaños para llegar arriba, ni tiempo tuvieron casi de esconderse, cuando una pequeña abertura en la puerta dejó paso a un pálido Baldor, acompañado de un encendido Irdruc, los cuatro al ser sorprendidos intentaron sacar sus armas, pero en 5 segundos todos estaban fuera.
.-Decidnos qué habeís visto ahí dentro...han desaparecido dos Medianos, y creo que les harán participar en algún rito...extraño.- preguntó Baldor mirando alternativamente a Laurefinwë y a su amiga, cogiendo protector el hombro del Hobbit.- Los dos entendieron que lo que contaran heriría a su amigo, se miraron entre ellos dos segundos y Laurefinwë explico que no habían visto mucho, ya que estaba en penumbra, pero si vieron a unos 20, .-entre 15 ó 20 serían no Celebwën?.- les relató, modulando su voz, para no dejar ver la repulsión que le daba lo que aún retenian sus ojos de tan lúgubre cueva.
.-Debemos movernos, esta es una "puerta de atras" pueden volver en cualquier momento, tenemos que reorganizarnos para poder librar una lucha con esos seres, al menos si no en cantidad, si con mejores armas, y dejarte a salvo, mi pequeño amigo.- la Maia dulcificó su mirada hacia el crispado Irdruc.- Estoy harto !!!!.- casi gritó este.- Celebwën siempre tratas de apartarme, se que quieres evitarme cualquier daño, pero ya va siendo hora que me dejes defenderme, no se que está pasando, pero se llevan a los mios, debo luchar por mi Comarca, por la paz que siempre hemos disfrutado, no soy ningún guerrero, pero tampoco un "inocente corderito" seguro que en algo os puedo ayudar, por ejemplo mi estatura, nadie suele mirar por debajo, y eso me da ventaja...no crees???!!!!.-todos quedaron asombrados de la vehemencia y la fuerza con la que el Mediano se defendió, Baldor soltó una carcajada, y mirando a su amiga asintió.- Está bien amigo, vendrás con nosotros.- Amiga, no todos los dias un pequeño Hobbit discrepa a una Maia, por muy "permisiva" y medio amnésica que estés.- le murmuró Baldor a Celebwën apartándola de ellos, mientras Irdruc enrojecia al darse cuenta de su explosión. Laurefinwë sonriendo le miró, y los cuatro salieron de aquella estancia...

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NotaPublicado: Mar Mar 25, 2008 8:08 pm 
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Afortunadamente, no les costó demasiado volver a situarse y decidieron regresar a la habitación donde habían desaparecido los hobbits. Mientras avanzaban Irdruc se mantenía en silencio, sumido en sus propias cábalas, arrepintiéndose de las palabras que acababa de pronunciar. Demasiado osadas, para su gusto, y que quizás sus compañeros habrían fácilmente malinterpretado, haciéndoles esperar algo de él de lo que no era capaz. Sería un estorbo si las cosas se ponían feas. Estaba claro que no podía hacer nada en combate. Carecía de la mínima preparación para él, y además no portaba nada que pudiese ser usado como arma. En cualquier caso, a lo que no estaba dispuesto era a tener que volver a quedarse rezagado, solo y perdido en la oscuridad de aquel peligroso lugar, como antes le habían dejado. Sin duda, en aquellos momentos el sitio más seguro para él, estaba junto a sus compañeros.

Llegaron por fin al lugar, y Laurefinwë procedió a examinar los cuerpos de los seres que Baldor había abatido. Se inclinó sobre uno de ellos y, al retirar los ropajes que lo cubrían, descubrió que únicamente quedaba una coraza vacía, como si todo lo demás se hubiese esfumado. Lo mismo ocurría con el otro, cuya capa Baldor apartó con el pie.


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NotaPublicado: Mié Mar 26, 2008 9:53 pm 
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-Vaya.- exclamó el rohir mirando el bulto de tela y metal ante él- Realmente son espíritus malignos los que nos rodean, preferiría hombres de carne y hueso a los que poder matar.
-Me temo que también hay hombres malignos en estos túneles, al menos los que ví te aseguro que eran de carne y hueso, de eso no hay duda.-
Con la excusa de revisar mejor los cascos de los fantasmales guerreros, que habían rodado hasta el fondo de la estancia tras el ataque de Baldor, el elfo apartó a este de los otros dos y le contó lo que Celebwen y él vieron en la estancia inferior. Era mejor que supiesen a lo que se enfrentaban, quizá incluso el hobbit debería estar al corriente, pero Laurefinwë no quería discutir eso ahora.
Baldor sintío como las venas de su cuello se llenaban de sangre y su rostro enrojecía de rabia al escuchar al elfo.
-¡Mi corazón prisionero en una urna!- resopló casi pegado a la pared- Ni en mis peores pesadillas imaginé algo así. Hay que ponerse en marcha enseguida, en realidad no sabemos qué, quienes ni dónde nos acechan.
Entretanto la Maia distraía al mediano examinando los negros cuchillos que los espectros dejaron caer al ser derribados.
-A mí no me dan mucha confianza.- Irdruc movía la cabeza de un lado a otro mientras sostenía la hoja curva con cierta repulsión.
-Cualquier arma nos será útil.- ella balanceaba el otro por el también negro mango, comprobando su ligereza.- Los tomaremos como compensación, si no se han esfumado es porque no tienen ningún encantamiento, nos servirán bien. ¿Que os parece?
El hombre y el elfo habian vuelto a su lado y tomaron los cuchillos revisándolos con la misma expresión que el hobbit.
-Yo tampoco me fiaría mucho de un arma que ha empuñado una mano que no existe.- opinó Baldor.
-Aunque es metal no brilla ni a la luz de las antorchas. No me gusta, pero yo tengo bastante con Laurelasse. Si Irdruc y tú queréis llevarlos, confío en tu decisión, Celebwen.- y le tendió la espectral hoja a la mujer.
-Gracias Laurefinwë, así haremos.- lo guardó entre sus amplios ropajes y Baldor le entregó el otro al hobbit, quien con creciente aprensión se lo sujetó al cinturón.
-Y ahora pasemos a la acción, estamos perdiendo un tiempo precioso.- apremió el rohir.-
-Antes, cuando me extravié en la oscuridad, vi a lo lejos un intenso resplandor que parecía provenir de un corredor más amplio. Podemos empezar por ahí.- dijo Celebwen mirándoles uno a uno.
-Pues vamos.- Baldor se dirigió hacia la puerta- Tú nos guiarás, pero yo iré delante.
-Y yo cerraré la marcha detrás de ti, Irdruc.- el elfo hubiese preferido tener un plan meditado y sensato, pero el tiempo apremiaba y debían apresurarse, así que cogieron algunas antorchas de las paredes y salieron de la habitación.

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NotaPublicado: Mié Mar 26, 2008 10:11 pm 
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A ninguno de los tres les extrañó que los cuerpos hubiesen desaparecido. Laurefinwë seguía recordando lo visto en la cripta, Baldor ya se había enfrentado en otra ocasión a Ellos, Celebwën los intuyó al entrar, solo el Hobbit los desconocia, pero nada dijo...se limitó a dejarse guiar por sus acompañantes...sabían más que él. Estaba muy asustado, no comprendia como habían podido desaparecer si estaban "muertos".- Mejor será que no le de más vueltas, lo razonaré en otro momento, estamos demasiado tensos.- cavilaba siguiendo a la Maia y a Baldor pasillo adelante.- Una tenue luz iluminaba sus pasos. Al doblar un pequeño recodo Baldor miró a Laurefinwë, con un imperceptible gesto le indicó que protegiera a Irdruc, el Elfo lo comprendió, asintió y buscó sus armas...alzando la vista algo se acercaba y antes que se dieran cuenta tenian cinco sombras delante. Fue visto y no visto. Baldor espada en mano con una vuelta que dió se llevó a dos, la Maia con un colgante que quitó de su cuello en un abrir y cerrar de ojos iluminó por unos segundos la estancia, llenando con gritos escalofriantes el reducido pasillo, la daga del Elfo acabó con el que quedaba. Tan solo Irdurc por unos momentos no sabía qué pasaba, cuando todo acabó los miró con sus grandes ojos agradecido, al comprender que le habían salvado, aunque no supiera muy bien de qué...
.-Apuremos el paso, no tardaran en volver más, no es más que una escaramuza.- Apremió Baldor comprobando que Mediano y Elfo estaban bien.- Buen efecto has conseguido vieja amiga.- murmuro sonriendo a Celebwén, esta no pudo contestar, se acercaban más Sombras...

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NotaPublicado: Vie Abr 11, 2008 1:17 pm 
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Y sin embargo no les quedaba más camino que aquel que se abría ante sus ojos en la inmensa oscuridad. Dar marcha atrás hubiese sido tan sensato como adentrarse en una guarida de orcos rabiosos. No, debían avanzar e intentar encontrar un recoveco que les mantuviese apartados del enemigo el tiempo suficiente para pensar en un plan. Aunque lo que verdaderamente necesitaban era detenerse en un lugar seguro para poner en orden sus pensamientos y tratar de borrar los horrores que habían contemplado.

Al ver nuevos enemigos ante sí, Irdruc se agazapó contra la fría y húmeda roca que hacía las veces de pared. Sus piernas habían dejado de responderle desde hacía rato, y si bien seguían, no sabía muy bien como, corriendo tras sus compañeros de viaje, en este momento parecía como si todas sus fuerzas le hubiesen abandonado. No podía moverse. Estaba bloqueado, confuso y sobre todo, muy asustado.
Alzó la vista buscando consuelo, pero su mirada no podía más que distinguir siluetas borrosas, puesto que una niebla espesa comenzaba a cubrirlo todo…

El hobbit estaba tumbado en la hierba, bajo un radiante sol. Había estado paseando entre los dorados cultivos libreta en mano, en compañía de su amigo.
- ¡Hacía tiempo que no se veía un sol tan radiante! ¿verdad Wallo? ¡Tumbémonos un rato a disfrutarlo!
Y de ese modo, Irdruc se hallaba recostado entre las flores silvestres, disfrutando del dulce perfume traído por la brisa que soplaba, mientras escuchaba el suave golpeteo de los cascos de su querido pony contra la tierra.
- ¡Eh! ¡Ese pony tuyo se está comiendo mis hierbas medicinales!- Dijo una voz desde atrás.
El Mediano se sobresaltó. Habían echado a perder su mejor momento del día. De mal humor se puso en pie y miró hacia el lugar del que provenía la voz desconocida. Tuvo que esperar un rato antes de que sus pupilas se acostumbrasen a la claridad.
Lo que vio le desconcertó: A pocos metros de él, se encontraba una mujer morena, de ojos oscuros, que montaba un caballo castaño.
Ésta le volvió a espetar – Tu pony me está pisoteando las hierbas. ¡Ahora serán inservibles!
Pero Irdruc, en un arrebato de furia le increpó:
- ¡Humana! ¿Qué haces por estas tierras? Tenéis totalmente vetada la entrada a La Comarca. ¡Fuera!-
La mujer espoleó a su caballo, sin apartar su mirada de la de Irdruc, y se acercó a él.
- Deberías de vigilar más a Wallo-. Y miró hacia occidente.
Irdruc siguió su mirada desconcertado (¿cómo sabía el nombre de su pony?), para terminar viendo a su amigo dirigirse hacia una gruta que había aparecido de la nada.
-¡Wallo, regresa aquí!
Pero al ver que el pony no hacía caso y entraba en la gruta, echó a correr para alcanzarlo. Miró hacia atrás, pero la humana se había esfumado.
Cuando alcanzó la entrada no encontró a Wallo en el interior, pero sí percibió un intenso olor a azufre.
-¡Rayos! ¡Huele como el aliento de un dragón!-
Pero ya no había dragones. En su lugar, lo que vio fue un esqueleto, con una piedra negra en el pecho, que emitía una tenue luz. Éste alzó su huesuda mano, señalando la piedra, a la vez que decía, mirando al hobbit con unas luces rojas que salían de sus órbitas: “Ésta es la verdadera Estrella”. Y tras esto se deshizo en una nube de polvo.

-¡Irdruc! ¡Irdruc!, ¿qué te ocurre?- Exclamó Lawrefinwë temiendo lo peor, al ver al hobbit desvanecerse, mientras se acercaba a su pequeño cuerpo.
En su mano portaba a Laurelasse, quien emitía suaves destellos dorados, tras haber derribado de nuevo al enemigo… demasiado fácilmente esta vez.

Cuando el hobbit despertó, buscó una cara amiga con su mirada vidriosa, y pronunció unas palabras, fruto de la ensoñación que aún perduraba en su mente y que le impedía ser consciente verdaderamente de sus pensamientos:


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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 1:34 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Irdruc consiguió centrar sus pensamientos, y miró la piedra negra que todavía tenía en la mano. Le parecía que había sido tan real... Celebwen se acercó a él y el hobbit escondió su mano con la piedra dentro de su bolsillo. Por ahora no quería que nadie supiera de su existencia. Disimuló mirando a Celebwen y sonriéndole amigablemente. La maia le escrutó con la mirada en busca de esa razón por la que de repente se comportaba de manera extraña, pero no la encontró. Alargó su mano y ayudó a Irdruc a ponerse en pie.
- Probablemente disponemos de unos pocos minutos para largarnos de aquí antes de que vengan más -Vaticinó Baldor-. Os sugiero que no os separéis ni el distraigáis, pues la próxima vez que nos encuentren puede que no tengamos tanta suerte.

Revisaron en un momento sus armas recién usadas y las guardaron en sus respectivas fundas de cuero. A una señal de Baldor, todos se reagruparon y, formando una fila de uno, le siguieron. Irdruc todavía seguía pensando en los detalles de su sueño, pues le parecía que varios de esos detalles los había visto anteriormente y se esforzaba por reconocer el lugar.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 12:07 pm 
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Todos iban callados, pensando lo mismo en sus diferentes formas, Baldor se esforzaba por olvidar tantas batallas en las que había dejado parte de su "alma" al ver caer a algunos amigos. Laurefinwë buscaba la manera de evitar que se llevaran más Medianos, y Celebwën trataba de recordar situaciones parecidas, y cómo se habían resuelto...pero...
Irdruc en ese momento recordó donde había visto la gruta, quiso avisar, pero su garganta estaba muda...así que...

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NotaPublicado: Dom Abr 13, 2008 8:16 pm 
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Registrado: Mié Feb 27, 2008 11:51 pm
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...así que no tuvo más remedio que seguir avanzando con los demás en la semipenumbra por el suelo resbaladizo. A lo lejos vieron de nuevo un resplandor, estaban totalmente desorientados y aunque no hablaban, todos dudaban entre ir hacia él o elegir las sombras. Podía ser una trampa, el lugar donde se reunían o cualquier cosa. Entonces, un rumor de agua llegó hasta ellos. Al fondo de una galería lateral más baja sonaba una corriente y el pálido reflejo de la luna parecía saltar entre sus ondas filtrándose por alguna rendija.
Mientras dudaban en la boca del túnel, un nuevo temblor del suelo y el entrechocar de acero lejano les hizo tomar una unánime decisión, se lanzaron deprisa hacia el arroyo, que resultó estar más cerca de lo que parecía. Corría paralelo al pasillo principal y se precipitaba por un hueco un poco más lejos, formando antes una pequeña sala de elevado techo, por el que se colaban los rayos de la luna llena muy por encima de ellos. Una vieja escalerilla se apoyaba en la pared, perdiéndose en las alturas.
-Parece que estamos más cerca de la superficie de lo que pensábamos.- dijo Baldor- Por aquí tenemos una vía de escape, al parecer.
-¡Pero no podemos irnos sin ellos!- Irdruc ya había recuperado el habla y le aterrorizaba irse sin los hobbits tanto como quedarse a buscarlos.
-Tranquilo.- Laurefinwë le puso una mano en el hombro- Eso ni lo dudes. ¿Verdad, Celebwen? ¿Celebwen?
En la semioscuridad, la Maia había vuelto a desaparecer.

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NotaPublicado: Mar Abr 15, 2008 4:33 pm 
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Celebwën supuso al ver la luna que esos ritos tenían algo que ver, se alejó del grupo decidida a acabar con el rito.- si es que no son muchos.- sonreía para sí, infundándose ánimos, recordando otros tiempos no muy lejanos. Su memoria aún tenia muchas lagunas, pero su mente le obedecía respondiendo de manera incorpórea…y en eso se apoyó para filtrarse en la gruta, llevando en una mano su Piedra , y en la otra ese extraño objeto que habían cogido de los no Muertos…Vivos…????.-se preguntó.-
Resguardada entre dos columnas naturales esperó que llevaran el siguiente "sacrificio", dándose cuenta en ese momento que tanto Laurefinwë como Irdruc podrían pensar...

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NotaPublicado: Mié Abr 16, 2008 4:46 pm 
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...que se burlaba de ellos con sus desapariciones o jugaba a algún macabro juego. En cualquier caso, Baldor estaba con ellos y algo mejor la conocía, él la excusaría. Él debía saber que ese extravagante comportamiento era habitual en ella. Y, por otra parte, el elfo sin duda era ya consciente de su naturaleza, con lo cual no debía de extrañarle demasiado que su actitud estuviera bastante fuera de lo común. El Mediano era quien quizás no entendiese nada. Celebwën rio para sus adentros. "Quién sabe si ni siquiera sabe qué son los Maiar o los Ainur" - pensó. Entonces, sus meditaciones fueron interrumpidas:

- Saludos - clamó una voz a sus espaldas, pero no en la Lengua Común, era aquel un dialecto que sólo unos pocos conocían, de la oscuridad de los tiempos, que sólo uno de los suyos habría sido capaz de entender. Había sido descubierta. La Maia salió de su escondite.

- Vaya, donde menos te lo esperas siempre vas a dar con alguien de tu linaje - respondió en la misma lengua a la tenebrosa figura encapuchada, ante la que se situó. - ¿Y bien? ¿De qué va todo esto?

Una siniestra risa le fue devuelta.


Mientras tanto, Laurefinwë, Baldor e Irdruc, llamaban inútilmente a su compañera en la oscuridad, perplejos por la situación.

- ¡Maldita sea! Ha vuelto a hacerlo - exclamó Baldor.

- El comportamiento de vuestra compañera, Baldor, empieza a incomodarme, aunque creo que es lo único que nos cabe esperar de alguien como ella. Los suyos son siempre algo impredecibles - puntualizó Laurefinwë.

Irdruc permaneció en silencio. No comprendía muy bien esta última afirmación de Laurefinwë y desconocía a qué se refería con eso de "los suyos". Lo cierto es que comenzaba a pensar que tal vez la mujer fuese una bruja o algo similar. O tal vez hubiese optado por abandonarles, o pretendiese traicionarles, ¡quién sabe! Desde el comienzo le había parecido alguien muy extraño. Detrás de su semblante risueño y despistado daba la sensación de ocultar algo. Sacudió su cabeza y miró al elfo, que parecía resuelto ya a proseguir la marcha.


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NotaPublicado: Jue Abr 17, 2008 9:29 pm 
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- Subiremos por la escalera. El mediano primero, y tu irás tras él. Así si resbala no caerá al vacío. Yo entretanto esperaré aquí a que lleguéis arriba, puesto que soy el más ágil de los tres. Además necesitamos que alguien defienda la que parece ser nuestra única salida.- Laurefinwë parecía resuelto a escapar de ese lugar, pero a su vez sentía un profundo pesar por estar abandonando a los pequeños hobbits a su suerte. -Cuando alcancéis la superficie, lanzaréis dos piedras. Será la señal con la que sabré que ambos estáis a salvo. Entonces os seguiré.-
Dicho y hecho. Baldor agarró al reticente Irdruc –quién tampoco quería dejar allí a sus congéneres- y lo obligó a subir por las escaleras, mientras el elfo permanecía en guardia con una flecha preparada en su arco, apuntando a la oscuridad, atento a cualquier movimiento sospechoso que pudiera producirse.

Al hobbit le estaba costando mucho trabajo avanzar. Sus pies tropezaban continuamente entre peldaño y peldaño, y por si fuera poco, no veía bien dónde apoyarse debido a las lágrimas de rabia que comenzaban a brotar por sus ojos. Estaba harto de tener que limitarse a obedecer órdenes y de no comprender nada. ¡Había traicionando a la señora Mataseca!, eso era lo único que podía entender. Pero continuó obedientemente su camino hacia la salida que se proyectaba sobre su cabeza, hasta que consiguió llegar al exterior.

Lo primero que hizo Irdruc fue asomarse por el agujero de la escalera para controlar donde se encontraban sus compañeros: A escasos metros de distancia subía Baldor, y en el fondo podía distinguirse un destello plateado, fruto del reflejo de la luz de la Luna en los cabellos del elfo. Luego miró enredendor en busca de unas piedras que tirarle a Laurefinwë para darle la señal, tal y como habían acordado. No tardó mucho en encontrarlas, ni tampoco en arrojarlas por el agujero una vez estuvo acompañado por el hombre; y el eco le devolvió el sonido de las piedras al impactar contra el suelo.
Tras cumplir su “misión” se sentó a esperar al elfo, y deslizó su mano dentro del bolsillo hasta tocar con la punta de sus dedos el frío objeto que en él se escondía. Acto seguido alzó la vista, y pudo contemplar un cielo que mostraba cientos de estrellas centelleantes, que evocaron el sueño que había tenido en la cueva. Junto a él, Baldor se ajustaba el cinto con expresión preocupada.
-Es hora de ponerse en marcha-.
-Pero tenemos que esperar a…-
-El elfo no va a venir. Él tiene algo importante que llevar a cabo ahí abajo, al igual que nosotros en la superficie. El tiempo apremia. ¡En marcha maese Irdruc!


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NotaPublicado: Vie Abr 18, 2008 5:26 pm 
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Laurefinwë volvió sobre sus pasos dispuesto tanto a saber si la Maia les había traicionado, como salvar a los Medianos que pudiese.-porqué Baldor no me contestó cuando le recriminé el comportamiento de su compañera de este viaje???...vaya dos personajes tan dispares, un humano y una Maia, uhmmm.- pensaba,tratando de encerrar las imágenes de la gruta, que volvían una y otra vez...sin darse cuenta llegó al cuarto donde encontraron la entrada secreta. Decidido, con la daga al alcance de su mano derecha, y el arco en la izquierda, entró en la cripta...
.-Preguntas para unirte, supongo.- fue la respuesta que recibió Celebwën de su congénere, esta al ser descubierta quedó frente a la entrada secreta, dejando su espalda cubierta por la columna en la que antes la guardó, así vió entrar al elfo. No dijo nada, solo asintió y se acomodó mejor su capucha sobre la cabeza...mientras le hacia señal a Laurefinwë para que esperara. Dando unos pasos acompañó al Maia hacia el atrio...
...en el centro encima de la piedra había otro Mediano. Celebwën entonces dejó caer su capa y ...

El elfo captó la seña, pero no supo bien si queria decir que esperara, o que la siguiera, estaba más oscuro que la otra vez. Miró alrededor, sus ojos se abrieron asombrados...no estaba solo!!!. Se dispuso a esperar sin dejar de mirar, dispuesto al momento oportuno...

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NotaPublicado: Jue May 01, 2008 9:33 pm 
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Laurefinwë despertó sumido en la oscuridad. Lo último que recordaba era la imagen de Celebwën frente al encapuchado. Se encontraba atado por unos grilletes que lo sujetaban por las muñecas a una húmeda pared. Su visión pronto se acomodó a la penumbra. Una mínima claridad penetraba por el resquicio de una puerta justo al frente suya, sólo lo suficiente como para que su penetrante mirada élfica llegase a distinguir vagamente lo que le rodeaba. Se percató entonces de que no estaba solo. No lejos de él reposaba en el suelo el cuerpo de alguien: una mujer. Escrutó el resto de la habitación donde estaba y las cadenas que lo sujetaban, tratando vanamente de encontrar el modo de soltarse. Frustradas sus esperanzas, llamó sin obtener respuesta a la mujer, que se encontraba de espaldas, y que no llegaba a adivinar si vivía aún o no. Recurrió pues, a lanzarle una piedra con sus pies. Al chocar contra su cuerpo con una cierta fuerza, la extraña se movió. Parecía dominada por un fuerte sopor y una cadena atada a su tobillo la mantenía sujeta a la pared, fuera de su alcance. Poco a poco, su cuerpo se fue desentumeciendo y llegó a volverse de cara a donde estaba Laurefinwë. Entonces, dijo algo en un apagado tono de voz:

- ¿D-dónde estoy? - preguntó asustada.


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