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 Asunto: El anillo del rey
NotaPublicado: Dom Jun 15, 2008 9:33 pm 
Señor de las Palabras
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El anillo del rey

“De la noche la oscuridad, de la oscuridad las sombras, de las sombras el mal…”. Con esta ecuación se iba adentrando en la caverna. Un aroma pestilente le ponía nervioso, porque ese aroma, era el de la muerte.
Gilfimë, tenía la misión de encontrar el anillo del rey, tiempo atrás robado por unos trasgos, cerca de las Montañas Nubladas. Así se lo encargo su padre, Tindomë.
- Querido hijo, solo tú eres capaz de realizar esta empresa, de ti depende nuestro futuro.
- ¿Pero padre, cómo lo lograré? -dijo angustiado el muchacho- ¿Cómo lograrlo sin guía, ni apoyo para el gran camino?
- Calma hijo, el hado presagia buena fortuna para ti… -le dijo mirándolo con sus terribles ojos, que antaño, hacían huir a ejércitos enteros- Pero no puedo acompañarte, así lo dice la profecía. “Sigue el camino, caminante solitario, porque serás la luz que desgarre las tinieblas…”

Con un abrazo de por medio, se despidió, sin mas guía que el norte en sus ojos. El camino era fatigoso, siempre en ascenso y bajo un sol agobiante que lo invitaba a parar.
- Alerta a tus sentidos -recordó-, ellos te guiarán si los sabes entender. Busca pistas en los arboles, las rocas, el viento, cualquier indicio fuera de lo común, hará que sigas por la buena senda.
Una noche, después del tercer día, divisó a lo lejos una resolana inquieta, como si fuera una cortina movida por el viento. La curiosidad pudo más que él y partió a investigar. Al pasar por una pequeña colina observó a un grupo de elfos que cantaban y caminaban con semblante melancólico.
- ¿No son esos los elfos de Imladris? -se preguntó- Si es así, entonces estoy cerca del valle de Rivendel. No falta mucho, lo presiento.
Y así con una luz de tranquilidad se recostó sobre su capa, y se dejó vencer por el sueño.

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Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.


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NotaPublicado: Mar Jun 17, 2008 12:31 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Dicen que un buen sueño reparador puede llegar a ser la mejor medicina de todas. Algo así le ocurrió a Gilfimë, pues aunque fueron pocas las horas en las que sus ojos permanecieron cerrados y su mente en el mundo de los sueños, fue más que suficiente para despertarse con fuerzas renovadas y el ánimo pletórico de fuerza.

Cuando hubo abierto los ojos lo suficiente como para permitir que los primeros rayos del sol le causaran molestias, descubrió que el lugar en el que se encontraba no era el mismo que aquél en el que se había recostado la noche anterior arropado únicamente por su capa. Tampoco los arbustos parecían los mismos a la luz del sol; pudiera ser que la luz de la luna trocara la percepción de las cosas, pero no podía convertir unos arbustos de medio metro en árboles robustos de más de tres metros de alto. Se miró sus ropas, todas sus pertenencias pendían de su cuerpo, pues no poseía más que lo que llevaba puesto. No había signos de haber sido arrastrado ni tan siquiera haber sido llevado en brazos, pues quedarían marcas en la ropa de la fuerza ejercida por las manos para levantarle en el aire.

Tampoco había más huellas en el suelo que las suyas propias. ¿Pudiera ser que él mismo hubiera caminado de noche, dormido, hasta ese otro lugar del bosque? ¿O fueron los elfos, que le lanzaron algún sortilegio por el cual le obligaron a moverse hasta allí? Todas estas disquisiciones habían turbado su claridad de pensamiento hasta el punto de desear no haber abierto los ojos y volver a recostarse, cubierto con su capa roída, hasta volver a despertar y encontrarse de nuevo en el lugar donde la noche anterior había descubierto a los elfos y se había dejado llevar por la tranquilidad de la luz.

No le quedó más remedio que levantarse e intentar averiguar dónde se encontraba y qué o quién le había llevado hasta allí. Se echó mano al bolsillo en busca de algo para comer, pero no encontró más que alguna piedra suelta del camino que se había colado en él y un gran vacío. Su estómago rugió y esa fue la señal que le indicó que debía encontrar algo para comer, incluso antes de buscar respuestas.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Mié Jun 25, 2008 11:56 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Dom Feb 24, 2008 11:50 pm
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Raza: medio-elfo
Por varios minutos estuvo buscando algo de alimento, tratando de no alejarse demasiado del sitio en el cual se había despertado. Pero cuando daba unos pasos, el camino que había trazado, cambiaba metro a metro, cerrándose a sus espaldas, negándole el regreso, como si lo guiara una fuerza invisible.
Cuando comenzaba a desesperarse, se tropezó con un arbusto que contenía unas pequeñas bayas de color morado. Arrancó un puñado y con algo de temor, se las metió en la boca, pensando que podían ser venenosas. Pero cuando le llegó el sabor y vio que no le producía ningún síntoma extraño, salvo una renovación acelerada de la fuerza, peló prácticamente la pequeña planta y guardó las bayas en su alforja, ya que no necesitó comer más que ese puñado.
Caminó largo rato, siguiendo el sendero que lo guiaba en línea recta, que, por lo que dedujo, lo guiaba hacia las montañas. Solo veía al sol por entre las ramas de los altos arboles, que conformaban un perfecta galería.
De repente el camino se cortó en un pequeño arroyuelo, en el cual se acercaba un pequeño bote. Gilfimë espero a que pasara frente a el, para preguntar en que sitio se encontraba y para cambiar algo por comida. Los tripulantes del botecillo lo saludaron amistosamente y se dispusieron a ir hacia la orilla, aunque les costó bastante pelear contra la corriente. Se trataba de dos hobbits, de la rama de los fuertes, que iban de pesca. Muy amigablemente saludaron a Gilfimë:
- Buenos días, caballero, me llamo Spud, y el es mi hermano Sdup -arguyó el más inquieto de los medianos- es raro encontrar gente de su raza por estos parajes.
- Buenos días amigos, yo soy Gilfimë, hijo de Timdomë, y me preguntaba si vosotros podíais prestarme ayuda.
- Por supuesto caballero, pedid lo que necesiteis y lo que esté a nuestro alcance se lo daremos -dijo con tono marcial el pequeño Spud.
- Bueno, que…
- Tenéis hambre -interrumpieron al unísono los hermanos.
- Bueno sí, per… -alcanzó a decir Gilfimë.
- No se hable más, aquí tenéis pan fresco, unas lonjas de jamón curado y un trocito de queso.

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NotaPublicado: Sab Ago 23, 2008 8:25 am 
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Registrado: Mié Ago 20, 2008 1:34 am
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Ubicación: la ciudad de Valle
Sorprendido por la amabilidad de estos pequeños extraños, Gilfimë se dispuso a saborear su pequeño festín, pero le apenaba no poder darles algo a cambio, porque nada le sobraba, así que avergonzado, comía cabizbajo.
Los hermanos lo veían sorprendidos, nunca antes habían visto a un elfo, solo tenían referencia de las viejas historias que les habían contado cuando niños.
Cuando Gilfimë, estuvo satisfecho se dispuso a continuar su viaje, aunque no estaba muy seguro hacia dónde ir. El río atravesaba de este a oeste, y en la otra orilla se extendía el bosque, pero no se veía ningún camino, pues la espesura de los arboles formaban un imponente muro.
- Yendo hacia el este, bordeando el río ¿podré llegar hasta algún vado, o algún puente? -preguntó el elfo con tono un poco melancólico.
- Por supuesto que si, nosotros te conduciremos, si no te molesta nuestra compañía -respondió Spud.
-Claro que no amigos, sería todo un placer teneros de guía -contesto Gilfimë con el corazón mas aliviado, aunque por corto que sea el trecho, iría acompañado por lo que el suponía, eran verdaderos nuevos amigos.

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Si esta noche apareces en mis sueños, a fin de cuentas recojeras tanto amor como hayas sembrado.


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NotaPublicado: Sab Sep 20, 2008 12:29 pm 
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Registrado: Dom Feb 24, 2008 11:50 pm
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Ubicación: Mbäin
Raza: medio-elfo
Los hobbits amarraron el bote en una raíz que sobresalía hacia el rio, pensando que irían con Gilfimë en toda su travesía. Cuando emprendieron la marcha, comenzaron a contar historias de elfos, que Gilfimë corregía, hasta tal punto, que se distrajo y olvido por qué estaba en ese sitio.
Cuando llegaron al vado, los hermanos se ocultaron tras el elfo. Lo que veían sus ojos era aterrador, el bosque tomo un aspecto terrorífico, con arboles quemados, de raíces podridas, que emanaban un hedor fétido que hacia lagrimear los ojos.
- ¿Qué podría haber pasado con estos arboles? -se preguntó Gilfimë preocupado.
- Esto no es obra de la naturaleza -contestó Spud-. Nosotros pasamos muchas veces por aquí, y era un lugar hermoso.
Gilfimë titubeo un poco, luego se agachó y miró a los hermanos con los ojos un tanto humedecidos y les dijo.
- Queridos amigos, me han sido de mucha ayuda y les estoy eternamente agradecido -los hermanos lloraban-, pero tengo que seguir solo este camino y no quiero exponerlos a los peligros que puedan estar esperando mas adelante.
- Noble caballero, es nuestra decisión seguirte en tu aventura, no haremos de nosotros un estorbo -expuso Spud sacando pecho.
- Además tenemos una sorpresa mas para ti -replicó el pequeño Sdup.
Y de una gran funda que custodiaban con mucho celo, sacaron una reluciente espada, que al parecer era de fabricación enana.
- Pero, ¿de dónde salió eso? -dijo Gilfimë con los ojos bien abiertos.
- Nos la ha regalado un enano llamado Killy, que al parecer era capitán de la guardia de un gran rey llamado…Durin, sí creo que así se llamaba, y te la queremos dar.
- Este es un regalo valiosísimo -alcanzó a decir el elfo con tono festivo. Pero por dentro pensaba en la profecía. Se apartó un poco para pensar, y tras estar varios minutos en silencio tomó la decisión-. Muy bien amigos, iremos juntos. Total, el destino se lo forja uno mismo -dijo convencido.

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NotaPublicado: Mar Sep 23, 2008 4:36 pm 
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"...El hado presagia buena fortuna para ti…Alerta a tus sentidos, ellos te guiarán si los sabes entender. Busca pistas en los arboles, las rocas, el viento, cualquier indicio fuera de lo común, hará que sigas por la buena senda..." Recordó Gilfimë las palabras que su padre le había dicho antes de partir. ¿Sería su encuentro con esos dos curiosos hobbits una señal del hado que presagiaba su buena fortuna?

Spud y Sdup eran hermanos, de eso no cabía la menor duda, pues su parecido físico era indudable. De pelo hirsuto y revuelto, ambos medían apenas tres cuartas partes de un humano y lucían negros mechones negros en los pies. A primera vista hablar con uno era como hablar con el otro, pero al cabo de unas horas uno era capaz de distinguir quién era spud y quién era Sdup simplemente por la cadencia al hablar. Spud era nervioso, inquieto, imprudente, decidido y poco medidor de las consecuencias que sus actos y decisiones podían desencadenar. Sdup era el justo contrapunto. Solemne, tranquilo, discreto y reflexivo. Había observado a Gilfimë con tanto interés que dificílmente se le habría escapado ningún detalle sobre él. Sdup estudiaba cada movimiento de Spud y medía los actos de su hermano, pues sabía que luego le tocaría a él buscar solución a los problemas que Spud causara.

Gilfimë miraba el bosque con ojos temblorosos, pues lo que antes había sido un bosque lleno de vida se mostraba en esos momentos como un conjunto de troncos inertes, sin pájaros a su alrededor. Para un elfo, los árboles son seres muy importantes con los que conviven, a quienes protegen y con los que se sienten protegidos. Quien o lo que hubiera causado aquello, había hecho un afrenta muy grave contra el pueblo élfico en general.

- Bien, ¿hacia dónde vamos? -preguntó Spud con su voz aguda.
- Shhh, -respondió Sdup- está pensando, no le molestes.
El elfo se volvió y los miró. Sonrió. Luego dirigió su vista de nuevo al bosque y la sonrisa se borró de su cara. Levantó el brazo derecho y señaló hacia el este. Ya estaba tomada la decisión.

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NotaPublicado: Vie Nov 07, 2008 9:03 pm 
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Lejos de allí, cerca de la aldea de Mbärin, donde la compañía del Laurelin custodiaba los caminos, su comandante, el poderoso Timdomë, necesitaba noticias de su hijo.
-aunque el hado presagiaba buena fortuna, no me ha dejado de temblar el espíritu- pensaba.
Con sus ojos perdidos hacia el Este, mirando en la dirección en la que su hijo, se había ido tan solo unos días antes.

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NotaPublicado: Mié Nov 12, 2008 8:03 pm 
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El hedor que despedían las raíces podridas de los árboles obligaban a los hermanos hobbits a taparse la nariz para no vomitar. Gilfimë, acostumbrado como estaba al olor de la sangre corrompida en la batalla, apenas prestaba atención a lo que su sentido del olfato se veía obligado a sufrir. Intentaba no hacer ningún ruido, pues lo que o quien hubiera hecho eso al bosque podía estar todavía por allí cerca, pero los hobbits no tomaban tantas precauciones y de repente se pusieron a chillar. Gilfimë se volvió enfadado, pues eso no les traería más que problemas. Se volvió y no vio a los medianos. Los oía gritar, pero no los veía.
- ¡¡Aquí arriba!! ¡¡Mira arriba!!
El elfo levantó la cabeza y encontró a Spud y Sdup dentro de una trampa para animales colgando de una cuerda que pasaba por una improvisada rama de árbol-polea y acababa en una cuerda que servía de contrapeso. Gilfimë se contuvo la risa todo lo que pudo e intentó parecer serio.
- Esto os pasa por no mirar por dónde vais y ser tan ruidosos. Os bajaré con la condición que que estéis callados y seáis más cuidadosos -dijo el elfo. Los hobbits prometieron todo lo propuesto y cayeron al suelo estrepitosamente cuando Gilfimë cortó la cuerda y la piedra dejó de hacer contrapeso. Se dispuso a ayudarles a levantarse cuando algo o alguien se le abalanzó desde atrás y le dejó inmovilizado mientras otras dos figuras encapuchadas hacían lo mismo con los hobbits. Les arrastraron por el bosque y les llevaron hasta una cueva, donde les soltaron con fuerza, provocándoles grandes golpes al chocar sus cuerpos contra la roca.

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NotaPublicado: Dom Nov 30, 2008 1:17 pm 
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-¿Quienes son ustedes, y que queréis?- dijo Gilfimë angustiado, temiendo por su vida, la de sus amigos y por el fracaso de su misión.
-No esta en condiciones de hacer preguntas extraño, cierra el pico o te lo vas a ver muy negra.- amenazo el que parecia ser el lider.
Gilfimë entendiendo el mensaje no pronuncio más palabras, mientras los hermanos se escondían bajo su capa en un mar de lágrimas.
Estos individuos no parecían ser Orcos, dado por su lenguaje y por lo que se veía de su atuendo entre la penumbra. Se trataba de Hombres, tal vez unos forajidos o unos ladrones del camino.

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NotaPublicado: Dom Feb 01, 2009 1:44 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Ataron las manos de los hobbits a la espalda. Les costó trabajo conseguir que salieran de debajo de la capa de Gilfimë pero, muy a su pesar, los agarraron de los pies como si de lechones se tratara y les inmovilizaron. Gilfimë había oído hablar de los hombres de los bosques. Sabía que eran gente peligrosa, no sanguinarios, a no se que las circunstancias les obligaran, pero no hablaban en broma cuando le decían a alguien que no debería estar allí. Los hobbits sollozaban como dos niños pequeños. El elfo había estado atento a los nudos que los hombres habían hecho con las cuerdas en las muñecas de los dos hermanos. No se movió ni ofreció resistencia cuando hicieron lo mismo con él. Los hombres inspeccionaron cuidadosamente su carcaj e hicieron aprecio de sus flechas. Gilfimë cerró los dientes y ahogó unas palabras que no decían nada bueno de sus apresantes. Les abandonaron en la cueva y se fueron. El elfo y los dos hermanos hobbits se quedaron tumbados de costado en el suelo frío sufriendo la humedad de las paredes y la semioscuridad debida a la escasa luz natural que entraba en el refugio.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se fueron? -preguntó Spud.
- Horas... -respondió Sdup.
- Apenas seis minutos -puntualizó Gilfimë-. habéis perdido la noción del tiempo. Es muy importante controlar el tiempo que pasa si queréis sobrevivir. Acercáos a mí, intentaré desatar vuestros nudos con mis dientes.
Spud miró a Sdup y le hizo una señal para que se acercaran hasta el elfo, pues debían moverse los dos a la vez, porque los hombres habían usado la misma cuerda para atarlos a los dos, uno junto al otro, ni siquiera los habían puesto de espaldas para que no pudieran tocarse e intentar escapar de esa manera. Con pequeños movimientos laterales consiguieron acercarse hasta el elfo.
- ¿Y por qué no te has acercado tú a nosotros, que hubiera sido lo más sencillo? -se quejó Sdup.
- Chssss... calla, encima de que nos quiera ayudar... -contestó Spud.
- Porque ahora las normas las pongo yo y si queréis que os desate, tendréis que acercaros hasta mí. Y no quiero oír ni una sola palabra más a partir de ahora, pues bastantes problemas me habéis causado ya.

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NotaPublicado: Sab Oct 31, 2009 2:30 am 
Señor de las Palabras
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Ubicación: Mbäin
Raza: medio-elfo
Los pequeños hobbits desconsoladamente le pidieron perdón al joven elfo. Él, dandose cuenta de que su regaño había sido un poco exagerado, y recordando que sin la ayuda de los hermanos, no hubiese podido continuar con su camino, se dispuso a librarlos de sus ataduras. Con una sonrisa les daba a entender, que todo estaba bien.
Una vez librados de las cuerdas, trabajo sencillo para un elfo, siguieron la luz para poder salir de la caverna. Al llegar al umbral de la puerta se toparon con los hombres que regresaban de su patrullaje. Gilfimë, nada lento, se abalanzó contra el primero que llegaba, tomándolo del cuello.
-Le ordeno que me suelte- argullo el nuevo prisionero.
-no esta en condiciones de dar órdenes- le contesto Gilfimë con tono irónico.- ahora se invierten los roles, y exijo que me diga quienes son.
- cuando me libere se va a arrepentir- musito el hombre.
Los hobbits se asombraron al ver a su amigo en esa actitud tan avasallante, y tan arriesgada.
-es mejor que muevas el pico, o te la vas a ver muy negra- dijo Sdup dando un paso adelante- él es Gilfimë, hijo de Timdomë, grande entre los grandes hijos de los eldar.

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NotaPublicado: Sab Nov 07, 2009 4:31 am 
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Registrado: Sab Oct 17, 2009 11:09 pm
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Pero en cuanto se dejaron ver, los Hobbits fueron hechos prisioneros por los otros dos hombres que habían llegado junto al anterior, amenazando de muerte a Spud y Sdup con sus espadas, si su compañero no era liberado en ese momento.

A Gilfimë se le encogió el corazón al ver a sus dos compañeros tomados como rehenes, y no tubo mas opción que ceder a los que sus enemigos pretendían.
Así que soltó al hombre y se dispuso a pelear, derribando a los tres adversarios. Por fortuna los Hobbits salieron ilesos, pues en cuanto el Elfo los amenazo con su espada no tuvieron otro remedio que enfrentarlo.

Una vez libres y fuera de peligro continuaron su viaje por aquel sombrío bosque, caminando lentamente y con cuidado para que no sucediera lo mismo que había ocurrido minutos antes.

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Envié algunos hombres a pelear, solo uno volvio y murio esa noche. Dijo que vió a mi enemigo, dijo que lucía igual que yo...


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