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 Asunto: Llegada a la posada
NotaPublicado: Sab Oct 31, 2009 3:29 am 
Ciudadano de Bree
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Ya la noche había caído sobre Bree, un pueblito cercano al Bosque de Chet. Las luces comenzaban a encenderse en las casas y las posadas cuando una joven extranjera llego a las puertas del pueblo montada sobre su blanco corcel. Había viajado miles de kilómetros y buscaba un posada donde descansar.
Su nombre era Irwin y parecía una mujer de Gondor, de cabellos rubios y ojos grises, pero en realidad su verdadera procedencia era Valinor, y en su rostro brillaba la luz de los Ainur.
El guardia le permitió la entrada, y sin vacilar la mujer se dirigió a El Poney Pisador, la posada de Mantecona, que ya había visitado antes por un corto plazo. Dejó su enorme corcel en la caballeriza y se presento ante el posadero.
- A simple vista podría decirse que es usted una Gondoriana – dijo el hombre -, pero qué acento tan extraño tiene, me recuerda al Señor Gandalf, a quien hace siglos que no veo.
- Es posible – respondió la joven -, pues he vivido mucho tiempo junto a alguien de su misma orden e incluso conocí a Gandalf.
- Me quedaría a charlar si tuviera tiempo, pero las cosas no se hacen solas y esta noche la posada se ha llenado de huéspedes. Tengo un cuartito libre para usted, subiendo la escalera, la octava puerta a la izquierda.
Dicho esto Mantecona desapareció en la cocina, llamando a grandes gritos a Nob para que lo ayudara con las jarras.
Sola nuevamente, Irwin subió las escaleras e ingresó al cuarto que le había sido encomendado. Era pequeño, pero acogedor y bien iluminado.
Dejó sus cosas sobre la cama y se bajó al Salón Común que, tal como le informó el posadero, estaba repleto de gente.
Entró en la sala y se sentó en un rincón; una blanca figura solitaria que observaba al resto con una expresión de tristeza en los ojos.

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Envié algunos hombres a pelear, solo uno volvio y murio esa noche. Dijo que vió a mi enemigo, dijo que lucía igual que yo...


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NotaPublicado: Sab Nov 07, 2009 10:22 am 
Arquero del Rey
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Ubicación: Girona
- Disculpa por la tardanza.
Un elfo de oscuros cabellos apareció de repente interrumpiendo sus pensamientos. Vestía de azul y aún llevaba colgado de su espalda un carcaj de cuero repleto de flechas.
Parecía nervioso y sentándose frente a la mujer sin soltar su arco continuó hablando sin dejar que ésta pudiera decir palabra.
- Me vienen siguiendo desde que abandoné Isengard, y pronto llegarán a la posada. – hizo una rápida mirada a la entrada del salón - no deben vernos juntos. Ten. – Alargó el brazo y puso sobre la mesa una pequeña cajita de madera rojiza no más grande que una taza.
- Ya sabes lo que debes hacer Ehibin. – dicho esto se levantó y desapareció a grandes zancadas por la puerta, no sin antes estar a punto de topar con Nob que iba cargado de jarras en ambas manos.
- ¡Un poco de cuidado, señor! – exclamó intentando que no se derramara la preciada cerveza.
Irwin apenas tuvo tiempo de reaccionar. La extraña y fugaz visita de aquel elfo la había sorprendido hasta tal punto que no supo qué hacer.
- Yo no soy Ehibin… - susurró sabiendo que ya era imposible alcanzar al elfo.
Entonces observó la cajita. No tenía cerradura alguna y la tapa superior parecía poder abrirse con sólo tirar de ella. Miró a su alrededor. Nadie parecía prestarle atención, pues con el bullicio de la gente, lo ocurrido había pasado desapercibido por todos.
Intentó abrir la cajita pero la tapa no cedía, parecía como si estuviera pegada, la observó con detenimiento por si había algún resorte o algo que pudiera abrirla, pero no.
Volvió a tirar de ella y entonces una extraña luz violeta recorrió toda la ranura hasta desaparecer.
- ¡Vaya! – exclamó – debe abrirse con un conjuro.
La dejó con cuidado sobre la mesa cuando Nobaapareció de repente.
- ¿Deseáis algo para beber?
Irwin negó con la cabeza y el amable hobbit iba a irse cuando le preguntó:
- Disculpa, ¿sabes si hay alguna mujer en la posada que atienda por el nombre de Ehibin?

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NotaPublicado: Dom Nov 08, 2009 1:01 am 
Ciudadano de Bree
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Registrado: Sab Oct 17, 2009 11:09 pm
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- Así es, señorita – respondió el hobbit -, pero ha partido hace unos días, estaba impaciente por algo, pero no quiso decirnos.
- ¿No sabes a dónde ha ido?- pregunto Irwin.
- No sabría decírselo – dijo Nob
- Muchas gracias igualmente.

Irwin volvió a sentarse en su asiento, observando la caja que el elfo le había dejado.
- ¿Qué voy a hacer? – se dijo para si.

Pero no tuvo tiempo para pensar más, pues las puertas de Bree habían cedido y ya un ejercito de orcos golpeaba la puerta del Poney Pisador. Era un grupo numeroso, de enormes Uruk-hai con la mano blanca como insignia.
Sin dudarlo, la Maië guardó la caja en su bolsillo y subió corriendo a su habitación. Allí recogió su espada y se dispuso para pelear.
Ya una gran cantidad de huéspedes se encontraban cercanos a la puerta, esperando a que los enemigos lograran penetrar por la entrada.
Por fin, la vieja puerta cedió, y los orcos comenzaron a entrar, espada en mano, a la posada.
Irwin buscó al elfo pero, al parecer, había huido antes de que los enemigos entraran en Bree. Ella estaba asustada, jamás en su vida había visto a tantos orcos juntos y tan poderosos, pero estaba dispuesta a defender aquella caja, que quién sabía qué cosa tan importante tendría dentro.

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NotaPublicado: Lun Nov 09, 2009 3:31 pm 
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Se detuvo antes de bajar las escaleras, espada en mano y respiró hondo. Desde la planta baja subía el ruido de las espadasal entrechocar, mezclado con gritos de dolor y lucha. Entonces, iba a continuar su camino cuando oyó a Nob tras ella con voz muy débil.
- ¿Irwin? - dijo. Sintió como si le agarrara suavemente del brazo y la zarandease.
Se volvió y allí estaba el amable hobbit, mostrándole la pequeña caja que le había dado el elfo en sus manos.
- Estaba a sus pies, bajo la mesa, se le debe de haber caído…
Antes de que acabara la frase la Maië se palpó los bolsillos como asegurándose de que lo que decia Nob era cierto. Lo observó asombrada y después pareció volverse más y más borroso.
-¿Irwin? – volvió a oír de nuevo.
Entonces abrió los ojos, se encontraba sentada en la posada con la cabeza apoyada en la mesa, sobre un brazo. Frente a ella, Nob sonreía mostrándole la cajita.
- Debe de haberse dormido, encontré esto bajo su mesa. Sin duda debe estar agotada para quedarse dormida con todo el bullicio de la gente. Tenga, guárdelo bien, pues podía haberlo perdido.
El hobbit dejó el pequeño objeto sobre la mesa y después de cerciorarse de que la mujer estaba completamente despierta se despidió.
Irwin observó el salón perpleja, acababa de tener un sueño premonitorio o simplemente era fruto del cansancio. Se preguntó.
Examinó de nuevo la caja y entonces cayó en la cuenta - ¿ Y si había sido la propia caja la que le había provocado la somnolencia? Algo de magia había en ella, eso seguro. – Se la guardó de nuevo y abandonó el salon para subir a su habitación. Allí tendría la suficiente intimidad y tranquilidad para poder confirmar sus sospechas.
Al pasar junto a la puerta dos humanos ataviados como guerreros venidos del sur hablaban con Mantecona en el pasillo.
- Buscamos una mujer, su nombre es Ehibin, ¿sabéis si está en la posada? – alcanzó a oír la maië antes de desaparecer escaleras arriba.

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NotaPublicado: Mié Nov 11, 2009 3:00 am 
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- ¡Qué diablos se supone que debo hacer! – dijo Irwin una vez que se encontró en la habitación - ¡Eru, ayúdame! – se recostó en la cama y comenzó a llorar.

Una vez que se sintió mejor, se sentó y comenzó a mirar detenidamente la caja.
- Si tan sólo pudiera encontrar a aquel elfo, o hablar con Ehibin... ¡En qué embrollo me he metido!
Pero, en ese momento, se le ocurrió una idea, hablaría con los hombres que antes de subir las escaleras había visto preguntar por la mujer.
Así lo hizo, tomo la caja y la llevo en su mano. En el Salón Común encontró a los dos guerreros, que charlaban sentados en una mesa. Se acercó a ellos y dijo:
- Disculpen...
- ¡Ehibin! – dijo uno de ellos, el más alto de los dos – El posadero dijo que ya no te encontrabas aquí. Vamos, no hay tiempo que perder. – la tomó de la mano y trato de arrastrarla hacia la puerta de salida.
Pero la vista comenzó a nublarse, e Irwin cayó desmayada en los brazos del hombre, dejando caer de su mano la extraña caja.

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NotaPublicado: Mié Nov 11, 2009 11:06 pm 
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Un murmullo recorrió todo el salon mientras el alto guerrero se sentía el blanco de todas las miradas. Levantó a la dama en brazos y cruzó la sala hacía la salida.
Su compañero le siguió haciendo gestos como si no entendiera lo que había pasado. Mantecona apareció por la puerta antes de que llegaran y viendo a la mujer traspuesta les hizo una seña para llevarlos a un pequeño reservado, lejos de las miradas indiscretas y tumbaron a Irwin sobre un largo banco de madera.
- No sé qué le ha pasado. Íbamos a salir fuera cuando cayó desplomada, suerte que pude recogerla antes de que llegara al suelo.
- Traeré un poco de agua – interrumpió Mantecona.
Los dos guerreros se quedaron solos junto la gondoriana, bastante incómodos por la situación.
- Tengo la llave… - susurró Escramdel, sonriente.
Aunque de menor estatura que Jamdor era de complexión más fuerte y la sobrevesta gris sin distintivo alguno que vestía se le ceñía demasiado a la pesada cota de malla, como si fuera a rasgarse al menor brusco movimiento; el pelo rapado le hacía la cara aniñada más redonda de lo que era, dándole un aspecto de bonachón. En cambio, su compañero era de movimientos lentos y algo torpes. Llevaba las misma vestimenta que Escramdel pero la cara alargada de rasgos duros y barba canosa le daban un aire de hombre de pocos amigos, mucho más inteligente.
- ¿Qué? – contestó asombrado – dámela, ya la guardaré yo. Y ahora larguemonos de aquí.
- Pero, ¿y ella?
- Ya no la necesitamos, su desmayo nos ha ahorrado tener que matarla. ¡Venga vamos!
Se aseguraron de que Mantecono no podía verlos y corrieron por el pasillo hasta salir al exterior. El frio de la noche les dio la bienvenida y con un resoplido corrieron hasta el establo.
Fue cuando una figura femenina por ellos conocida les salió al paso.
- ¿Ehibin? – dijeron sorprendidos.
- ¿Vosotros? – respondió la mujer casi al unísono.
Dando un paso atrás desenvainaron las espadas.
- Si buscáis la llave, no la tengo en mi poder, así que no os aconsejo luchar por nada – dijo ella mientras enarbolaba su espada frente a los dos guerreros.
- No hace fal… - Jamdor interrumpió bruscamente a Escramdel de un empujón.
- Si la tuvieras no tendriamos compasión contigo – la amenazó – has de saber que te estaremos vigilando y que tu amigo el elfo no podrá salirse con la suya.
Dicho esto, guardaron sus espadas y pasaron junto a la mujer con aire desafiante hasta los caballos. Ella esperó a que se alejaran para envainar su espada. Entonces iba a dirigirse a la entrada del Poney Pisador cuando Nob salió de entre las sombras.
-Tal vez sea la ropa y el corte de pelo… - dijo sin dejar de mirarla – pero tampoco es que se parezcan tanto. Digo yo.
- ¿Qué estás susurrando pequeño hobbit?
- Acompáñeme dentro y lo verà usted misma.

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NotaPublicado: Sab Nov 28, 2009 7:36 pm 
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Registrado: Sab Oct 17, 2009 11:09 pm
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Nob y Ehibin entraron en la habitación de donde anteriormente habían salido los dos hombres. Allí estaba Irwin, bebiendo un vaso de agua. Junto a ella, Mantecona se aseguraba de que no sufriera otra recaída.
El pequeño Hobbit se acerco a la Maië y le dijo:
- Le presento a Ehibin, mi señora.
Al ver a la mujer y escuchar el nombre, Irwin recordó lo que había sucedido y comenzó a palparse los bolsillos. Luego de no encontrar lo que buscaba dijo:
- ¡No está!
Una vez más tranquila, Irwin contó lo que había sucedido y se sintió avergonzada por haber actuado de esa forma.
- Has tenido suerte – dijo Ehibin una vez que oyó la historia completa – esos hombres te habrían matado para quitarte la caja. Suerte que te has desmayado, si no, en ese momento yo no sabría qué habría pasado, y quién sabe qué cosas tan atroces podrían haber hecho...
- Pero ahora ellos tienen la caja, ¡y yo me siento tan culpable! – dijo Irwin llevando sus manos a la cabeza.
- Todavía hay una solución – agregó Ehibin -, aún puedo detenerlos. No tienen la llave y confío en que mi amigo Delros la tiene en sus manos. Mañana por la mañana saldré en su búsqueda. No llegarán muy lejos esta noche.
- Déjame acompañarte – dijo la Maië –, al menos para compensar el mal que he hecho.
La mujer aceptó, y acordaron encontrarse en el establo en cuanto saliera el sol.
Irwin subió a su habitación y se recostó en la cama.
- Así llega a su fin mi descanso – susurro – y en qué brete me encuentro ahora...

A la mañana siguiente despertó de golpe, cuando ya estaba amaneciendo. Había dormido muy apaciblemente, pues se encontraba muy cansada y se había acostado tarde.
Al ver que ya estaba aclarando, salió de la cama de un salto y tomó su escaso equipaje. Se lo colgó al hombro y bajó corriendo las escaleras.
- ¿Desea desayunar? – pregunto Mantecona, que iba de un lado a otro.
- Gracias, pero no tengo tiempo ahora, tengo que partir – dijo Irwin. Pagó su estadía en el Poney y partió a la carrera hacia el establo. Ehibin estaba allí, preparando un ágil caballo café. Sin perder el tiempo, la Maië ensilló a Aglaren, el blanco corcel, y se dispusieron a partir.
Dejaron atrás las puertas de Bree, avanzando al trote. Podían ser distinguidas desde lejos: Aglaren resplandecía como una estrella blanca que se había demorado durante el día, mientras que los rayos del sol se reflejaban sobre el brillante pelaje café de Crines de Fuego, el caballo de Ehibin.

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NotaPublicado: Mié Ene 27, 2010 7:12 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Apenas llevaban un par de horas cabalgando sin descanso cuando Ehibin vio unos árboles frondosos con vasto pasto bajo ellos y decidió parar allí para que los caballos descansaran unos minutos y recuperaran fuerzas con la hierba verde y lozana que crecía por los alrededores. Irwin y Ehibin bajaron de sus caballos a la vez y aprovecharon para estirar los músculos.
- Se oye agua cerca. Allá, a la derecha, detrás de estos árboles. Vayamos y veamos, si es un río podemos llevar a los caballos para que beban agua fresca -sugirió Ehibin. Irwin asintió con la cabeza y la siguió. Unos metros más allá, en la dirección que había descrito Ehibin había un riachuelo de aguas cristalinas, no demasiado profundo, pero lo suficiente para que los animales pudieran saciar su sed. Irwin se acercó con alegría y se mojó las manos y la cara con éstas. Ehibin la imitó y después se sentó en las rocas de la orilla. Irwin hizo lo propio.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? -dijo Irwin mirando a las nubes que pasaban con velocidad.
- Entonces serán dos, ya has hecho una. Dime.
- Sí, es cierto -titubeó Irwin-. Dijiste que aquellos hombres de la posada no tenían la llave, que la tenía un tal Delfos...
- Ja, ja, ja, Delros -le corrigió Ehibin divertida.
- Eso, Delros, tengo muy mala memoria para los nombres. Bueno, si ellos no tienen la llave... qué es lo que había en esa cajita para que les interesara más todavía que la llave que tiene tu amigo?
- Ja, ja, ja -volvió a reírse Ehibin-, no quisieras saberlo, te lo aseguro. Además, Delros no es mi amigo. Nos toca trabajar juntos, pero ni en sueños podría ser amigo mío. Anda, vamos, traeremos a los caballos para que se refresquen.
Irwin le miró perpleja, pues no esperaba que además de no obtener respuesta a su pregunta se burlara de ella, pero la siguió y se dirigió hacia su caballo. No tuvieron que dar muchos pasos, pues los animales, guiándose por su instinto de supervivencia ya se habían acercado hasta el lugar desde el cual manaba el rumor del agua. Relincharon para saludar a sus amas y se acercaron hasta la misma orilla del río, donde metieron las cuatro patas y la cabeza para refrescarse. El sol del mediodía estaba cerca y eso lo sabían.

Cuando los cuatro, caballos y amazonas, hubieron calmado el calor y la necesidad de hidratarse, volvieron a su senda. Apenas habían pasado unos quince o veinte minutos desde que decidieran hacer un alto en el camino y las fuerzas renovadas de los corceles se notaban gratamente.
- Ha sido una buena idea parar para descansar -le dijo Irwin a Ehibin desde los metros que separaban a un caballo de otro.
- Mi caballo me dijo que tenía sed y hambre y él es una de mis prioridades.
- ¿En serio? ¿Eres de Rohan?
- Ja, ja, ja -rió Ehibin-. Parece ser que sólo en Rohan cuidan bien de los caballos, o que todos los que cuidan de sus corceles provienen de esas tierras. Menudo tópico. No, no soy de Rohan.
- ¿y? -insistió Irwin.
- ¿Y, qué?
- Pues que si no eres de Rohan, ¿de dónde eres? -preguntó Irwin a la vez que hacía lo posible por mantener el equilibrio en su caballo mientras pasaban por un terreno bastante rocoso.
- ¿Quieres saber dónde nací, dónde me crié o de dónde venía cuando me conociste?
- Pues... no sé, supongo que un poco de todo...
- No tenemos tiempo para contarte toda mi historia. Quizá algún día, con una buena cerveza en la mano y la tranquilidad de no tener a ningún inútil siguiéndonos los talones, quizá entonces te cuente algo de mi pasado. Por ahora lo único que te interesa saber es que tú y yo nos parecemos mucho físicamente, tanto que incluso llegan a confundirnos, y eso puede traerte algún que otro problema.
- Ya... -contestó Irwin- Eso lo sé y por eso estoy aquí, contigo.
- Bien, pues disfruta del paisaje, no estaremos juntas mucho tiempo, pronto nos separaremos, pero seguiremos siendo la misma. ¡Vamos, no hay tiempo que perder!
Ehibin espoleó a su caballo y una expresión de descontento inundó el rostro de Irwin. No entendía nada de lo que había ocurrido, pero menos todavía de lo que podía ocurrir.

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NotaPublicado: Dom Ene 31, 2010 10:24 pm 
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Registrado: Sab Oct 17, 2009 11:09 pm
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Ubicación: Ithilien
Habían cabalgado largo rato mientras el sol se mantenía alto en el cielo. Estaban pasando junto a los pantanos del Moscagua cuando sintieron el sonido de otro caballo en el camino. Las dos jinetes se detuvieron. El sonido se acercaba, venia desde el sentido contrario del camino...
- ¿Qué hacemos? – preguntó Ehibin.
- Es sólo un jinete, podemos quedarnos en el camino, y veremos con qué nos enfrentamos...

Así lo hicieron, y pronto pudieron ver la silueta de un hombre a caballo que se acercaba. Aglaren, el blanco corcel de Irwin emitió un sonoro relincho. El jinete se detuvo y luego de unos instantes renovó la marcha.
- Sospecho que se trate de alguien que conozca, al menos el corcel es conocido de Aglaren...- dijo Irwin, a lo que Ehibin la miró perpleja.

Una vez que se encontraron a poca distancia el hombre se detuvo y desmontó. Era alto, e iba vestido con ropas pardas, y una capucha le cubría la cabeza, ensombreciéndole el rostro.
- ¿Quién eres y qué es lo que quieres? – gritó Ehibin finalmente.
- ¿Es que acaso no reconoces a tu compañero cuando lo ves?- el hombre se quitó la capucha y dejó ver el hermoso rostro, ensombrecido por una sombra de angustia. Era Delros.
- ¡Qué hermoso susto me has dado! – le gritó la mujer a su compañero – creí que nos estaban siguiendo... ¿qué haces aquí? ¿no deberías haber vuelto a Rivendel y esperar las noticias?
- Así es, pero una duda inundó mi corazón. – respondió el elfo – Hoy a la mañana, antes de que el sol se encontrara alto en el cielo presencié algo muy extraño:
“Yo iba cabalgando muy apaciblemente cuando dos jinetes pasaron a la velocidad del rayo junto a mi. Los seguí por un par de metros para identificarlos. Se trataba, nada más y nada menos que de Escramdel y Jamdor, que escapaban como si fueran seguidos por alguien. Pero... ¿quién es esta dama que se encuentra contigo? En horas de oscuridad podría confundirlas la una con la otra...
- Pues ya lo has hecho – dijo la Maië – Mi nombre es Irwin, y tú me confundiste con Ehibin, aquí presente, aquella noche en el Poney Pisador, cuando me entregaste aquella extraña caja...
- ¡Oh! De veras lo siento si te he causado algún problema, ¿está todo bien? ¿por qué aquellos dos mortales escapaban tan velozmente? – preguntó Delros preocupado.
- En realidad no está todo tan bien como desearíamos... – dijo la mujer – La caja se encuentra ahora en manos de aquellos dos, y lo que ahora hacemos es intentar atraparlos, antes que lleguen a Fangorn...
- ¿Cómo fue que eso sucedió? – dijo el elfo preocupado.
- Hablaremos de eso mientras continuamos...

Así que mientras avanzaban, las dos damas contaron la historia... Finalmente, una vez acabado el relato, Irwin pregunto:
- ¿Qué hay en la caja?

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NotaPublicado: Mar Feb 09, 2010 6:08 pm 
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El caballo de Escramdel se paró bruscamente y el jinete salió despedido hacia adelante dando con los huesos en el duro suelo del camino. Jamdor tiró de las riendas del suyo para que cesara de galopar. Dio media vuelta y se acercó hasta donde se encontraba Escramdel, algo malogrado por el golpe recibido. Ambos miraron hacia el corcel y lo vieron tumbado en el suelo. Jamdor bajó de su montura y se acercó hasta el animal yacente.
- Vaya, esto sí que es tener mala suerte. Ha caído en una trampa y se le ha quedado una pata enganchada. Posiblemente no se recupere. Tendremos que dejarlo aquí y continuar en el mío.
- ¡De eso nada! -contestó Escramdel furioso-. No pienso abandonarle. Ayúdame a sacar su pata de la trampa.
- ¿Estás loco? ¿Es que quieres que nos alcancen? No podemos perder más tiempo, vámonos -en un rápido movimiento desenvainó su espada y se la clavó al caballo en el corazón. Escramdel no puedo evitarlo a pesar de que saltó sobre Jamdor para que no lo hiciera. Unos segundos y el corazón del corcel dejó de latir. Jamdor guardó su arma y montó de nuevo sobre su caballo.
- No quisiste matar a la elfa en la posada, y ahora no has tenido ningún miramiento en acabar con la vida de mi caballo, ¿tienes idea de lo unido que estaba a él?
- Puedes quedarte con él si quieres, pero en el mismo estado. Si no subes ahora mismo te haré lo mismo que a tu caballo -Jamdor le miró desafiante-. Vámonos antes de que nos encuentren. Esos sicarios nos alcanzarán en pocas horas. Nos vieron en la posada y dejé que pensaran que la elfa estaba con nosotros para que se entretuvieran con ella mientras escapábamos. A estas alturas ya le habrán arrancado la piel a tiras sin obtener ninguna respuesta, pero las horas que les llevábamos de ventaja no son suficientes. Sus caballos son más rápidos y ellos son unos mercenarios que no se dejan amilanar por nada. Así que sube ahora mismo a mi caballo o te quedas aquí, como un fiambre, porque no pienso dejarte vivo para que ellos puedan interrogarte.
Escramdel obedeció y subió a lomos del animal. Una vez arriba, Jamdor lo azuzó para que corriera con toda la rapidez que le fuera posible.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Feb 20, 2010 11:55 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mié Feb 10, 2010 10:51 pm 
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Ehibin observó de reojo a Delros antes de responder a la pregunta pero éste se le adelantó.
- Una llave - dijo sonriendo -, precisamente la llave que abre la misma caja.
- No lo entiendo, - dijo Irwin cada vez más extrañada - ¿Cómo puede una llave encerrada dentro de una caja abrir la caja donde está metida?
- ¡Es que no está cerrada! - casi gritó Ehibin, queriendo llevarse el protagonismo de la conversación.

Hacía poco que habían dejado atrás la Cima de los Vientos y aún les quedaba un largo trecho hasta llegar al último puente. Pero avanzaban sin prisa siguiendo el camino del Este, con más ganas de charlar que no de encontrar a quien perseguían.

- Bueno, parece que está cerrada pero no lo está. - quiso aclarar Ehibin ante la mirada atónita de su compañera - lo que pasa es que sólo puede abrirla alguien en concreto.
- Para poder coger la llave y abrir la caja de verdad. - añadió Delros a la vez que se le escapaba una risotada.
Irwin detuvo su caballo bruscamente y con tono serio se dirigió a sus dos acompañantes.
- ¡Basta! No voy a continuar siguiéndoos si no me explicáis claramente qué ocurre con la dichosa caja y por qué parece que no tenéis prisa para alcanzar a aquellos dos maleantes.
Ehibin y Delros se miraron como dándose permiso para hablar y desmontaron de sus caballos. Irwin al verlos hizo lo mismo y empezaron a andar siguiendo el camino, unos metros tras ellos les seguían sus caballos.
- No te enfades Irwin - dijo Ehibin con calma - no tenemos prisa por alcanzar a Escrandel y Jamdor porque sabemos dónde se dirigen. Y porque a donde van no hay nadie que pueda obtener la llave de la caja. Ni siquiera nosotros podemos.
-¿Pero la caja está abierta o no? - replicó Irwin.
- La caja está abierta pero sólo puede abrirla alguien especial, esa persona puede coger la llave que hay en su interior y entonces al volver a colocar la tapa aparecerá la cerradura donde insertar la llave y abrirla.
- Entonces la caja está bajo un conjuro y contiene algo que precisamente no es la llave, ¿me equivoco?
- Veo que lo has entendido. - contestó Delros.
- Dime, ¿quién es esa persona especial que puede abrir la caja?
- Bueno, - sonrió Ehibin - ha de ser un Maia ¿conoces alguno?

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NotaPublicado: Vie Feb 12, 2010 6:53 pm 
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- ¿Conoces alguno? -preguntó Delros.
- No sé,... puede -contestó Irwin con una mirada pizpireta.

El paisaje había ido cambiando a medida que los tres avanzaban por el camino. Los árboles frondosos y con troncos cubiertos de hiedra y otras hierbas trepadoras habían dado paso a matorrales que apenas cubrían la superficie del suelo y anunciaban la llegada de una zona desértica. Un cuervo se cruzó en su camino y graznó al pasar justo delante de ellos. Un poco más adelante un animal carroñero aprovechaba lo que podía del esqueleto de un animal grande, de cuatro patas.
- Parece que han pasado por aquí y no hace mucho, la carne del caballo aún está tierna.
- Sí, y se diría que seguía vivo cuando las bestias comenzaron a comérselo... ja, ja, ja, ¡menudo festín, carne fresca de caballo! -se bajó de su corcel y husmeó el aire, señaló al norte y volvió a subir- ¡Jasfo, Rostrut, por allí!
- Pero Cuisten, tienen una montura menos, lo más seguro es que hayan ido hacia algún pueblo o ciudad para conseguir otr... -no pudo terminar la frase pues Cuisten lo asió de una pierna y lo hizo caer de su caballo.
- ¿Es que desconfías de mi olfato? -dijo el más fuerte de los tres dunlendinos- ¿acaso me llaman Cuisten "el olfateador" por nada? -le amenazó con clavarle la espada en el cuello mientras le pisaba el pecho con el pie izquierdo.
- No... -respondió Rostrut a duras penas. Su rostro enjuto y quemado por el sol parecía una gran mueca. Su cuerpo menudo y fibroso se revolvía bajo la bota de cuero de Cuisten.
- Venga, dejad ya de perder el tiempo -gritó Jasfo desde su corcel. El viento ondeó su melena rubia y sus ojos claros brillaron a la luz del sol-. No nos costará alcanzarles. Vamos, movéos.
Cuisten soltó a Rostrut y éste se limpió la capa verde que llevaba para camuflarse entre los árboles. Ambos subieron a sendos caballos y junto con Jasfo comenzaron de nuevo la marcha en la dirección que Cuisten había señalado desde el principio.

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NotaPublicado: Lun Feb 15, 2010 11:22 pm 
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- Saben que les estamos siguiendo... - Pensó el dunledino de rubios cabellos - ¿por qué si no, antes de llegar al Último Puente, han salido del camino en direccion al norte? Nada hay entre el camino del Este y las Montañas Nubladas. Excepto que quisieran...
- ¡Jasfo! - interrumpió Cuisten - Estás retrasándonos, espolea un poco tu montura si quieres que los alcancemos antes de que anochezca.
Dicho esto golpeo con su bota el trasero del caballo rezagado que bruscamente empezó a galopar haciendo que su jinete perdiera por completo el hilo de sus cavilaciones.
Al poco los tres desaparecieron rio arriba siguiendo el cauce del Fontegris.

Tras ellos a considerable distancia otro grupo proseguía su camino sin prisa alguna.
- ¿Vamos a Rivendel? - Preguntó Irwin intentando cambiar de tema.
- Exacto, aunque Escrandel y Jamdor no creo que se acerquen alli bajo ningún motivo. Lo más seguro es que hagan un rodeo - respondió Delros.
- Sí, eso nos dará algo de ventaja -Continuó Ehibin -. Tienen que atravesar las montañas Nubladas y se dirigiran al Paso Alto para llegar al Viejo Vado. Con un poco de suerte allí les estaremos esperando.
-¿Vaya! Yo estaba pensando en lo mismo, ja,ja - Rió el elfo con tono burlesco.
Irwin los miró con desconfianza, sin duda algo le ocultaban, aunque no dudaba de su lealtad. No le gustaba que la mantuvieran al margen de lo que planeaban.
- Bueno - se dijo -, yo tambien oculto algo. Y puede que al final les de una buena sorpresa.

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NotaPublicado: Mié Feb 17, 2010 5:34 pm 
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El camino del Este, uno de los más transitados de la zona de Eriador, pues comunica los Puertos Grises con las Montañas Nubladas, ofrece una gran cantidad de matices a lo largo de su recorrido. Pero es bien conocido por todos que a su paso por las faldas de la Cima de los Vientos su orografía se torna considerablemente peligrosa y escarpada.
- No pretenderás que vayamos hacia allí -dijo Escramdel señalando con el dedo índice hacia las montañas del Tiempo-, sería una locura...
- Pues no, no vamos a ir hacia allí. De hecho -Jamdor paró el caballo de repente y se bajó ante la mirada estupefacta de su compañero de viaje-, tú irás hasta esas montañas, y yo seguiré el camino planeado.
- ¡¿Qué?! -Escramdel no cabía en sí de indignación- ¿Estás hablando en broma, verdad? Yo no puedo ir solo hasta all...
-¡Claro que puedes! -Jamdor lo agarró de una pierna y lo tiró al suelo aligerando de ese modo al caballo de su peso. Confiado en que Escramdel tardaría más tiempo en levantarse, se entretuvo en desatar la bolsa de cuero con las pertenencias de éste último. Escramdel, haciendo uso de toda la energía que le quedaba arremetió contra Jamdor con la intención de atacarle con la daga que llevaba en la mano derecha.
- ¡Eres un malnacido y un traidor! -gritaba Escramdel mientras hacía lo imposible por herir a Jamdor, que una y otra vez esquivaba sus embates sin apenas dificultad.
- ¡Ya está bien! -dijo Jamdor y de un puñetazo en la cara tumbó a Escramdel-, me estás cansando. Te he dicho antes que nos están siguiendo esos dunlendinos. Esos sí que son unos malnacidos y unos traidores y no yo. Si no me equivoco, uno de ellos es capaz de seguirnos por el rastro de nuestro olor, así que aunque será difícil engañarle, si tiene que seguir dos ratros, deberá elegir cuál de los dos es el correcto.
- ¿Y si decide seguirme a mí porque crean que yo llevo la caja? -preguntó Escramdel preocupado.
-Bueno... es un riesgo... -sonrió al ver el rostro asustado de Escramdel-. En realidad no tendrás que llegar hasta las montañas. Tengo un amigo que suele merodear por aquí cerca y te ayudará a esconderte. Perderán tu rastro y no les quedará más remedio que volver sobre sus pasos y buscarme a mí, pero para entonces,... buah -exclamó con un gesto grandilocuente-, para entonces yo ya estaré muy lejos.
- Dime una cosa -Escramdel frunció el ceño a la vez que pensaba cuidadosamente las palabras que iba a usar-, la trampa en la que cayó mi caballo, ¿tú sabías que estaba alli, verdad? porque es muy extraño que cayera el mío y no el tuyo, que iba delante.
- Bueno... Tampoco hay que darle demasiada importancia a eso, ¿ves? ahora no vas a necesitar caballo y te has ahorrado tener que abandonarle innecesariamente. ¡Hala, procura mantenerte caliente, porque por esta zona hace mucho frío de noche y cuidado con los animales nocturnos! -hizo ademán de subir a su caballo, pero Escramdel le interrumpió.
- ¡Espera! ¿Dónde encontraré a ese amigo tuyo, cómo se llama y cómo lo reconoceré?
- ¡Bah, no te preocupes, él te encontrará a tí, no tendrá problemas para reconocerte. Tú sólo tienes que hacer lo posible por mantenerte vivo hasta entonces -y subió a su caballo y comenzó de nuevo la senda que le devolvería al Gran Camino del Este, rumbo al Último Puente. Escramdel recogió su bolsa del suelo y miró hacia el horizonte, donde un nubarrón negro amenazaba con aguar todo lo que estuviera debajo.

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Última edición por Gwirdyon el Dom Feb 21, 2010 8:43 am, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Sab Feb 20, 2010 12:33 am 
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Tras él, Jamdor prácticamente había desaparecido a galope de su caballo, entonces maldijo en silencio antes de empezar a caminar hacia el norte.
Sin duda - pensaba - los actos de su compañero estaban planeados de antemano y obedecían a ordenes de alguien, pues él era imposible que pudiera haber ideado tal estratagema.

En ese instante siguiendo el camino del Este, Irwin, Delros y Ehibin, alcanzaban una pequeña carreta tirada por una mula de color café. A su lado un joven elfo, casi un crío, caminaba indiferente a la nueva compañía. Vestía de verde oscuro y bajo la capucha le sobresalían sus negros y ensortijados cabellos. Los ojos grises se cruzaron con los de Ehibin y ésta no pudo evitar hablarle.

- Pareces muy joven para ir solo por estas tierras, mi nombre es Ehibin y nos dirigimos a Rivendel.
- Yo me dirijo al bosque negro, aunque aún no sé qué camino tomar - contestó sonriendo - mi nombre es Inzil.
- Nosotros no tenemos prisa, y si te parece bien podemos acompañarte - se ofreció Delros - síguenos hasta Rivendel y allí podrá decidir frente una buena comida y una cómoda cama. No durmiendo al raso a un lado del camino, además parece que va a llover antes de que oscurezca.
el joven elfo asintió con un gesto y su cara se iluminó al instante.
- Yo soy Irwin, veo que tienes un pequeño amiguito.. - dijo señalando con el dedo una lechuza que los observaba posada en un canto de la carreta.
- Oh! Es Aurë, siempre va conmigo. - Dijo cambiando la voz a un tono más melancólico.
- Entonces hechas las presentaciones, sigamos, pues habremos de encontrar refugio pronto, pues la tormenta està por llegar. - exclamó Delros.

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NotaPublicado: Dom Feb 21, 2010 4:08 am 
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Mientras caminaban, Irwin se volvió muy amiga del joven elfo. Muy adelante marchaban Ehibin y Delros, hablando sobre el camino y la tormenta que se acercaba, y mas atrás, la Maië y el joven charlaban animadamente:
- Veo que te gustan la aves, ¿verdad?- dijo Irwin mientras caminaba junto al carro.
- Así es – respondió el niño – él es un gran amigo, es el único que me acompaña a donde sea que vaya...
- Yo tengo un amigo plumífero también – dijo la mujer bajando la vista y recordando algo... – hace un tiempo que no lo veo, desde que dejamos Bree ha estado vagando por los cielos, y no he vuelto a verlo... – en ese instante Irwin miró el cielo y emitió un sonoro silbido.
- ¿Qué clase de ave es tu amigo? – preguntó el muchacho entrando en confianza.
- Es un halcón peregrino, si tenemos suerte escuchará mi llamado y acudirá pronto. Hace muchos años que me acompaña, es mi único amigo. Fue un obsequio de la persona que más amo, el día que nos separamos. Jamás volví a verlo... – la voz se le quebró y calló un momento. A los pocos minutos se oyó un chillido en el cielo y apareció volando un enorme halcón que se posó sobre el hombro de la Maië – este es Nailuj, mi fiel compañero, y aquel que me devuelve la esperanza...
- Dime Irwin, ¿que sucedió con aquel hombre? ¿por qué se separaron y no volvieron a verse?
- Es una historia muy larga, que nunca entenderías... eres demasiado joven y tienes toda una vida por delante, tal vez si volvemos a vernos en unos cuantos años, te contaré la historia completa.
- Está bien, pero si no me equivoco yo debo ser mayor que tú en años, o por lo menos debo tener casi la misma edad, eres una mujer joven, a no ser que tu apariencia esconda algo...

Irwin no respondió, pues en ese momento unas nubes tormentosas cubrían completamente el cielo. Más adelante Delros y Ehibin habían encontrado una especie de cueva no muy lejos del camino, que los mantendría secos durante el temporal. Se apresuraron y llegaron al refugio de piedras para explorarlo. Pero una vez adentro se llevaron una inesperada sorpresa.
Saltando como una fiera, Escramdel se abalanzó sobre ellos e intentó atacarlos.

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Envié algunos hombres a pelear, solo uno volvio y murio esa noche. Dijo que vió a mi enemigo, dijo que lucía igual que yo...


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NotaPublicado: Dom Feb 21, 2010 4:46 pm 
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Ehibin no pudo apartarse de la violenta acometida y cayó de su montura no sin dejar de afarrar a Escramdell.. Rodaron juntos sobre si mismos entre las patas del caballo de Delros para al fin detenerse a las ruedas de la pequeña carreta. Escramdell había conseguido quedar sentado sobre el vientre de la elfa y al ver quien era se detuvo sorprendido.
- ¿Ehibin? - exclamó.
No pudo decir más, pues Inzil viendo a sus nuevos compañeros en peligro no dudó en golpear la cabeza del atacante con lo que parecía la mitad de un arco que acababa de sacar de entre el equipaje de la carreta.
Escramdel cayó de bruces sin sentido al lado de la mujer.
Irwin no salía de su asombro, todo había ocurrido tan deprisa que apenas había podido reaccionar. Desmontó y viendo que su compañera estaba bien, dedicó su atención al humano que los había atacado.
- Es uno de los que se llevaron la caja. ¡Tened cuidado eran dos! Su amigo debe estar cerca. - dijo.
- ¡Jamdor no te escondas, tenemos a Escramdell! - gritó Delros adentrandose aún más en la caverna.
Pasaron unos minutos antes de que saliera solo espada en mano. Ehibin y Irwin habían llevado el cuerpo sin sentido del guerrero hasta recostarlo en una roca. Mientras que Inzil se ocupaba de los caballos.
- Pronto recuperarà el sentido - dijo la gondoriana al verlo.
El elfo se agachó junto a l cuerpo y lo observó con interés.
- Llevaba la caja... - susurró Ehibin.
-¡Ja! - no pudo evitar una risotada. - ¿La cogiste?
Ehibin negó con la cabeza.
- No, la encontró Irwin. - dijo señalándola con la cabeza.
La gondoriana al sentirse aludida, se llevó la mano a su bolsa abriendola levemente untrozo de madera rojiza.
- Está en buenas manos. - respondió.
Delros y Ehibin se miraron de soslayo. No había ningún problema en que tuviera la caja - pensaron ambos - igualmente no podría abrirla.
- Mirad ya despierta. -exclamó Inzil que volvia de atar los caballos y la mula.

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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2010 4:48 pm 
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había recorrido un largo trecho desde que dejara abandonado a Escramdel en la ladera de las montañas y Jamdor ya acusaba el cansancio acumulado del día. Dirigió su caballo hacia un claro del camino y se resguardaron tras unos árboles para descansar sin que nadie los viera. Tan sólo serían unos minutos. No había rastro de los dunlendinos, así que pensó que habían dirigido sus pasos tras Escramdel y esa idea le ayudó a respirar profundamente y coger aire en sus pulmones. Se llevó la mano dentro de la sobrevesta que llevaba bajo la capa y palpó, pero no encontró lo que buscaba.
"Demonios -pensó en voz alta-, no está... la he perdido... no puede ser... recuerdo perfectamente haberla guardado cuando Escramdel la cogió en la posada... le dije: dámela, que la guardo yo... me la dio... la guardé en mi bolsillo interior... pero ahora no está... ¡Ese maldito estúpido me la robó cuando me atacó la última vez... me despistó con la daga y me robó la caja! Y ahora no me puedo presentar sin ella... ¡Diantres! Tendré que volver a por ella y con suerte seguro que me encuentro con los dunlendinos, si ellos no me encuentran a mí antes..."
Y rumiando esos pensamientos su descanso llegó a su fin, montó de nuevo en su caballo y volvió sobre sus pasos por el camino que horas antes había recorrido.

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NotaPublicado: Mié Mar 10, 2010 10:35 pm 
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La lluvia empeoraba conforme avanzaba hasta el lugar donde se separó de Escrandel. No había tenido noticia de los dunlendinos pensó que no serían tan estúpidos de continuar el viaje con semejante aguacero que estaba cayendo.
- En cambio aquí estoy yo, calado hasta los huesos - se dijo mientras maldecía sin parar - cuando agarre a Escramdel se lo haré pagar muy caro. Pero primero tiene que entregarme la caja. Maldito malnacido...
Se detuvo y desmontó, el agua que caía empezaba a dejarle las posaderas heladas y arrugadas como una pasa. Se sacudió como pudo y envolviendose en su capa con la capucha hasta las cejas continuó caminando, asiendo a su caballo por las riendas.

Mientras en la cueva, Delros y Ehibin interrogaban a Escrandel.
- ¿Así que nos atacaste pensando que eramos unos dunlendinos que te estaban siguiendo? - preguntó el elfo.
- Exacto, desde que salimos de la posada que sabemos de sus intenciones.
- Pues nosotros no hemos visto a ningún dunlendino, ni gondoriano, ni orco, ni nada de nada - dijo Ehibin con sarcasmo - vaya excusa más ridicula..

A Irwin se le escapó una risita que no le gustó nada al prisionero. Había dejado a sus compañeros la tarea de interrogarlo pues ella no servía para esas cosas y además tenía algo más importante que hacer. Aprovechando que Inzil hacía de guardia en la entrada de la cueva. Ella había conseguido alejarse lo suficiente de las miradas indiscretas para poder observar con detenimiento la caja que tenía en su poder.

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NotaPublicado: Mar Abr 13, 2010 5:19 pm 
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Atrás había quedado el Mitheitel, o Fontegrís, y los tres jinetes continuaban su búsqueda.
- Aún no entiendo por qué nos hemos desviado del camino. ¡Si hubiéramos seguido por el río ya les habríamos cogido! -se quejó Rostrut.
- ¡Claro que no lo entiendes, porque eres un cabeza de chorlito! -contestó Cuisten- Mira que te lo hemos explicado veces, y no hay manera. Jasfro, explícaselo tú...
- Yo doy órdenes, no explicaciones -replicó el jinete de cabellos rubios.
- Hay que perseguirles, que lo sepan, pero sin atosigarles. Es un tira y afloja. Que sientan miedo, pero a la vez que tengan un respiro de vez en cuando para que nos lleven hasta el escondrijo -explicó Cuisten-. Por eso ahora estamos dejando que se confíen, sin perderles de vista, pero que crean que nos han dado esquinazo, ya sabes.
- ¡Ah! -contestó Rostrut con cara de bobo- ¿Y qué pasará si les perdemos la pista de verdad? Porque si dejamos que tiren mucho de la cuerda, a lo mejor se escapan...
- ¡Nah! Ya sabes que les vigilamos aunque no vayamos detrás de ellos -Cuisten se llevó la mano a la cabeza y se rascó el cogote.
- ¿Queréis callaros de una vez por todas!? -exclamó Jasfro enfadado-. Si todavía hay alguien que no se ha enterado de nuestra presencia es que es sordo o estúpido. ¡A callar! Sigamos el camino y poned atención en las señales, el "Pelao" se ha tomado muchas molestias en colocarlas para que no nos confundamos. No quiero ser el hazmerreir de todos cogiendo el camino equivocado.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Dom Sep 19, 2010 6:06 pm 
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- Con esta lluvia no me extrañaría que nos hayamos saltado alguna señal -replicó Cuisten - lo mejor sería buscar un lugar donde guarecernos y esperar a que amaine.
Rostrut asintió frente la mirada inquisitiva de Jasfro que no soportaba que los demás tuvieran razón.
- Esta bien - reconoció a regañadientes - desmontemos y busquemos un refugio cerca del camino mientras avanzamos.
A unos metros a su derecha no tardaron en encontrar los restos de una pequeña cabaña sin duda utilizada por leñadores años atrás. Apenas quedaba parte de las paredes y parecía como si fuera a caerse en cualquier momento, pero el tejado de madera que estaba intacto les cobijaria de la lluvia mientras durase la tormenta.
- Hemos tenido suerte. - Sonrió Jasfro satisfecho - además desde aquí se puede ver parte del camino.
- ¡Rostrut! Vigila por si aparece alguien. No quiero sorpresas con este tiempo.
El Dunlendino se envolvió en su capa verde y apoyándose en una de las paredes se dispuso a obedecer la orden. Un crujido le sobresaltó y la cabaña empezó a zarandearse lentamente de un lado a otro, instintivamente dió un salto hacia fuera rodando entre los matorrales. En el interior sus dos compañeros alarmados se quedaron inmóviles observando el techo de su refugio hasta que dejó de moverse.
- ¡Maldito imbecil! - gritó Cuisten - ¿Es que quieres matarnos a todos? ¿Acaso tienes la cabeza llena de estiercol? Pedazo de...
Jasfro le hizo callar de un puñetazo en la sien.
- Silencio... - se llevó el indice a los labios a la vez que señalaba el camino.
A lo lejos se divisaba una figura alta y delgada que bajo la lluvia llevaba por las riendas un caballo. - Si no me equivoco ese es Jamdor.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mar Dic 14, 2010 2:06 am 
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Siguieron al hombre con la mirada hasta que desapareció de su vista.
- ¿Y ahora que haremos? – pregunto Rostrut sin preocuparse demasiado
- ¿Tu que dices Jasfo? – dijo Cuisten con el seño fruncido -. Escramdel no esta con el. Imagine que se habían separado mas atrás, pero no quise deciros porque seguramente nos haría desviar del camino. Estoy seguro de que este tiene la caja.
- Te he dicho cientos de veces que no escondas información, inútil – dijo Jasfo enfadado -. Tendremos que seguirlo, pero manteniendo distancia para que no descubra que lo estamos siguiendo... Maldición, la tormenta no cesa.

Mientras tanto, Ehibin y Delros continuaban interrogando al hombre del sur...
- ¿Por qué se separaron? – pregunto la mujer bostezando
- El maldito de Jamdor me abandono contra mi voluntad... asesino a mi caballo y me abandono a mi suerte. Dijo que me encontraría con un amigo suyo...
- ¿De quien se trata? – pregunto Delros sobresaltado.
- No lo se, ya no confió en ese traidor... seguramente se trate de un asesino o algo así para acabar conmigo.

En un rincón profundo y oscuro de la cueva, Irwin examinaba la caja, asegurándose de a momentos de que nadie la vigilara. Tiro una vez mas de la tapa, la ranura fue recorrida por la luz violeta e inmediatamente se abrió. En efecto, dentro de la caja se encontraba una llave pequeña de color dorado. Pero no tuvo tiempo de tomarla, ya que una voz grave, que parecía venir de las entrañas de la tierra, hablo y sobresalto a todos.
- Valla... – dijo – parece que tenemos visitas...

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Lun Feb 07, 2011 6:08 pm 
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Una poderosa voz, que resonaba y se golpeaba contra las rocas reberberando el interior de la cueva arrolló a Irwin. La Maië, sobresaltada, miró hacia todas direcciones, pero no vio nada que le indujera a descubrir el origen de aquel sonido.
- ¿Me enseñas eso que tienes ahí, entre las manos? -le preguntó la voz. La muchacha escondió la caja dentro de uno de los pliegues de su capa y cruzó los brazos para protegerse.
- No... no... tengo nada -contestó Irwin caminando hacia atrás. Miró hacia la entrada de la puerta, pero ésta había desaparecido. Tan sólo la oscuridad le envolvía y aquella voz.
- Vamos, pequeña, los dos sabemos que eso que escondes interesa a mucha gente, a mí... también -y una figura emergió del fondo oscuro de la cueva y se acercó a la muchacha a gran velocidad, mucho más rápido de lo que los ojos de la muchacha eran capaces de controlar. En un momento la figura abrió sus brazos para rodear a Irwin y llevársela consigo, pero ella se resistió. Intentó chillar para que la oyeran, pero el miedo la tenía paralizada. La gélida mirada de aquella figura, cuyas pupilas brillantes y blanquecinas destacaban en la oscuridad y su voz profunda que le atravesaba los oídos podían controlar la voluntad de la muchacha, que quería gritar pero no podía. Irwin respiraba entrecortadamente y sucumbió a los brazos de aquel extraño que la sumieron en una gran tristeza. Incapaz de hacer nada por resistirse bajó los ojos y una lágrima se le escapó. Sintió la gota caer sobre su piel y entonces reaccionó. Y gritó, con todas sus fuerzas y el grito rebotando en las rocas casi le destruyó los tímpanos. La luz volvió al interior de la cueva y los brazos que la envolvían evitaron que cayera al suelo.
- ¡Irwin! -exclamó Inzil mientras hacia lo imposible por mantenerla con sus brazos de niño- ¡Que alguien me ayude, pesa mucho!
Al momento acudieron Ehibin y Delros y ayudaron a Inzil. Recostaron a Irwin fuera de la cueva y al momento despertó de su pesadilla.
- ¿Te has quedado dormida ahí dentro? -preguntó Ehibin- ¿Tan cansada estabas?
- No... no sé... era tan real...
- Sí, claro -repuso Ehibin y dio media vuelta.

Jasfo había seguido a la figura que habían reconocido como Jamdor. El patilargo estaba fuera de la cueva agachado y resguardado bajo el alar del tejado, examinando la tierra. Cuisten y Rostrut le observaban desde el interior de la cueva, pero ya se encontraba en un ángulo en que habían perdido la posibilidad de seguirle con la mirada desde allí. Se encontraba en un ángulo muerto. La lluvia arreciaba y caía con gran intensidad. Jasfo se disponía a asestar un golpe a Jamdor por la espalda cuando éste se levantó de repente y antes de que le diera tiempo a reaccionar un rayo le cayó encima ante los ojos impertérritos del dunledino.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Vie Feb 11, 2011 1:01 am 
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- ¿Cuando cesara de llover? – dijo Ehibin a Delros, que se encontraban en la entrada de la cueva mirando al exterior -. Hace horas que nos encontramos encerrados en este agujero sin poder salir...
- Tendremos que esperar a que se despeje – dijo su compañero -, acaba de caer un rayo muy cerca, será mejor no exponernos al peligro.

Mientras tanto, Irwin se había sentado junto a Inzil y Escramdel.
- Este lugar no me agrada – dijo -, deberíamos irnos lo antes posible. Hay algo aquí dentro, pero no puedo asegurar de que clase de criatura se trata.
- ¿De que hablas? – pregunto el joven elfo sobresaltado -. Nos diste un buen susto cuando gritaste, y cuando volvimos la vista caíste desplomada. ¿Qué fue lo que paso?
- No estoy segura... pero sentí como si alguien hubiera querido secuestrarme o quitarme algo. De quién se trataba, no lo sé, pero estoy segura que se encuentra aquí dentro.
Inzil miro los rostros de sus dos compañeros, inquieto. Irwin tenia la mirada fija en el suelo, mientras que Escramdel observaba con el seño fruncido a Ehibin y Delros.


Cuisten y Rostrut, al ver lo ocurrido corrieron hacia su compañero. Jasfo aun no salia de su asombro. Se miraron unos a otros y comenzaron a revisar el cadaver.
- ¡Lo sabia! – gritó el dunlendino de cabellos dorados una vez que se aseguraron que la caja no estaba en manos de Jamdor -. ¡Siempre te equivocas Cuisten! No debimos haberte traído con nosotros. Ahora tardaremos siglos en encontrar al compañero de éste – desenvainó la espada y la apoyó en el cuello del “olfateador”
- ¡Aguarda! – dijo este – Creo que tengo una idea de lo ocurrido con Escramdel, pero si no me sueltas no pienso decírtelo.
Jasfo lo soltó dejándolo tendido de bruces. Rostrut sonreía, bastante divertido y despreocupado.
- Fue traicionado – dijo Cuisten con una mueca.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Dom Feb 13, 2011 4:02 pm 
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- ¿Traicionado? Jajajaja -rio Jasfo estrepitosamente a sabiendas de que nadie más les escucharía-. ¡Qué va! Esos dos lo han preparado así para despistarnos y hacernos perder tiempo. Y ese rayo tan oportuno...
- ¿Que lleva en la mano? -Preguntó Rostrut- Brilla.
- ¿Eh? ¡Cuisten, "el ol-fa-te-a-dor" -dijo Jasfo pronunciando cada sílaba como paladeándolas a modo de burla- comprueba qué tiene en la mano y busca alguna pista.
Cuisten se levantó del suelo como pudo después de que Rostrut se negara a echarle una mano.

- Te oí gritar -susurró Escramdel a Irwin-. ¿Qué hay ahí dentro?
Irwin le miró sorprendida. Se levantó y se aseguró de que el prisionero estaba bien atado. Inzil se había levantado y se había adentrado en el interior de la cueva con una tea encendida.
- No... no lo sé. Quizá fue sólo un mal sueño -Irwin no quiso dar detalles. Le había quitado la caja a Escramdel cuando le capturaron y no quería que nadie supiera que la había abierto, pues se suponía cerrada e inaccesible para todos los allí presentes, pero no era así. Ya le había ocurrido otra vez, en la posada, cuando estuvo a punto de abrirla y aquella luz la recorrió unos orcos entraron en la aldea y aporrearon las puertas de la posada. Justo antes de que entraran y masacraran a todos alguien la despertó de lo que creía que era muy real, pero sólo era un sueño. Ahora había sido Inzil quien la había despertado.
Inzil llevaba ya varios metros y se había encontrado una familia de murciélagos colgados cabeza abajo, una colección de huesos roídos por algún vertebrado carnívoro y restos de una fogata de mucho tiempo atrás. El interior de la cueva le pareció bastante acogedor.
- He pensado que podríamos trasladarnos dentro de la cueva hasta que amaine -sugirió el muchacho a Ehibin y Delros-. He mirado por dentro y está vacía. Además podemos hacer una hoguera y calentarnos, ya hay restos de otra.
Ehibin y Delros se miraron y se pusieron de acuerdo. Ehibin se encargó de comunicárselo a Irwin.
- Vamos todos dentro, se está más caliente y podremos secarnos las ropas.
Irwin se revolvió como una lagartija a la que le han pisado la cola.
- ¡No, yo no puedo volver a entrar allí! -rezongó asustada mientras todos se internaban en la cueva, incluido Escramdel, guiado por Delros.
- Mira, bonita -se encaró con ella Ehibin-, no sé qué te ha pasado ahí dentro mientras los demás éramos atacados por esa escoria y nos defendíamos, pero si no quieres entrar te puedes quedar aquí fuera, sola y con esta lluvia. Por cierto, esas nubes dicen que la tormenta de verdad aún no ha llegado.
Ehibin se dio media vuelta y se metió por la boca de la cueva e Irwin se quedó fuera, mirándoles y luchando contra su miedo interno mientras su mano dentro de la capa agarraba fuertemente la caja misteriosa.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Feb 16, 2011 11:38 pm 
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- ¿Qué es? – pregunto Jasfo cuando Cuisten tomo lo que el Hombre del Sur llevaba en sus manos.
- No lo se... – respondió el rastreador extendiéndole a su líder una brillante piedra blanca, casi del tamaño de su mano.
- Parece esconder un gran poder... – los ojos celestes del dunlendino brillaron de repente – Lo guardaremos hasta averiguar de que sirve... quizá podamos utilizarlo para extorsionarlos... Yo la guardare. Ahora Cuisten, haz algo productivo y busca a Escramdel. ¡Tenemos que conseguir esa caja cueste lo que cueste!


Empapada y calada hasta los huesos, Irwin aún no se decidía a entrar en la cueva. ¿Qué eran esas visiones que la atormentaban? ¿Eran reales o un simple sueño? ¿O quizás una predicción? No encontraba la respuesta.
Pero algo interrumpió sus reflexiones. Un fuerte brazo la tomo por detrás y una mano morena le tapo la boca para impedir que gritara. Sin poder hacer nada ni ver a su atacante, fue arrastrada lejos de la cueva hacia un pequeño bosque que crecía no muy lejos.
Mientras tanto, Ehibin y sus compañeros descansaban, hacían planes y contaban alguna que otra historia, sin percibir lo que había ocurrido.

- Dinos donde esta Escramdel, Ehibin – dijo uno de los tres hombres que la habían secuestrado.
- ¡Que no soy Ehibin!

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Envié algunos hombres a pelear, solo uno volvio y murio esa noche. Dijo que vió a mi enemigo, dijo que lucía igual que yo...


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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Feb 17, 2011 2:38 pm 
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- ¡Que no soy Ehibin! - Respondió enojada a la vez que golpeaba con su codo el estómago de su apresor. Éste la soltó dando un grito de sorpresa. Entonces la mujer giró sobre sí misma mientras sacaba una pequeña daga de entre las ropas y formando un arco de arriba abajo le cortó el cuello al malhechor que la tenía sujeta.
- ¡Jasfo! -gritó Cuisten sorprendido.
Ehibin salio corriendo hacia el camino inconsciente del repentino y mortal ataque que acababa de protagonizar.
- ¡Que no escape! ¡Vamos, cógela! - gritó Rostrut a su compañero mientras que postrado en el suelo intentaba cortar la hemorragia de su lider sin conseguirlo.
Cuisten parecía aturdido. No se había imaginado que aquel asunto podía llegar a matar a alguno de ellos.
- ¡Està muerto!!! - gritó inmóvil observandolos a los dos en el suelo.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Feb 17, 2011 4:06 pm 
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Rostrut apretaba la hemorragia de Jasfo, como su tía le había enseñado una vez que había que hacerse. Aquella vez en que él mismo se cayó desde un árbol y se clavó una rama en una pierna con tan mala suerte que le agujereó una arteria. "- Aprieta con fuerza -le decía su tía-, los dunlendinos somos difíciles de matar, pero esa herida puede hacerte mucho daño". Y Rostrut apretaba, vaya si lo hacía. Había oído a Cuisten decir que estaba muerto, pero sabía que hacía falta algo más que una herida de daga para matar a un dunlendino.
Del bolsillo de Jasfo se deslizó la piedra blanca que habían cogido de la mano del fallecido Jamdor. Rostrut la miró con deseo. La piedra parecía... eso, una piedra blanca, ni más ni menos. Finalmente la cogió con la mano derecha, que estaba cubierta de sangre, y la superficie de la piedra se tiñó de un rojo negruzco. Y entonces la piedra absorbió la sangre y una capa de vapor convertida en humo se desprendió de la misma. Rostrut no supo qué pensar. Eso le pasaba con frecuencia, pensar no era lo suyo.

Cuisten había salido corriendo tras Irwin, pero la muchacha era veloz y tenía miedo, lo que le hacía correr más deprisa. Se habían alejado bastante de la cueva y la lluvia ya caía con fuerza. La tormenta "de verdad" de la que le había avisado Ehibin estaba llegando. La tierra se había ablandado y sus pies se entorpecían con el barro. Una raíz de árbol se había quedado expuesta con la lluvia y como si de un imán se tratara Irwin acabó con los huesos en el suelo tras tropezar con ella. Se lastimó en un tobillo y apenas podía ya apoyar el pie en el suelo. Miró hacia atrás y vio unas hojas moverse, Cuisten se acercaba cada vez más rápido o más bien ella era cada vez más lenta. "- ¿Qué voy a hacer ahora? He atacado a su compañero, si me atrapa me matará" -pensó Irwin.

Inzil se había hecho un ovillo con su capa y estaba dormido en un rincón de la cueva, resguardado de la lluvia. Delros, asomado a la boca de la cueva miraba a todos lados con preocupación.
- Ya hace un buen rato que Ehibin salió a buscar a Irwin y no han vuelto ninguna de las dos -se dijo para sí mismo el elfo.
- La elfa es mala hierba, seguro que sobrevive -dijo Escramdel, atado con las manos a la espalda dentro de la cueva, y su intervención recordó a Delros que no estaba sólo y que le había oído.
- Las dos sobrevivirán... sin embargo tú... -le amenazó el elfo.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Vie Feb 18, 2011 1:43 pm 
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-¡Ja! - rió Escrandel - ni siquiera sabéis dónde os estais metiendo.
El elfo lo miró perspicaz y se agachó junto a él.
- ¿Que insinuas, acaso sabes algo que nosotros desconozcamos? - preguntó pensando en la caja que todos intentaban poseer.
El guerrero alzó las cejas y se encogió de hombros. Delros, entonces, iba a agarrarlo del cuello cuando un trueno ensordecedor lo detuvo.
Observó la lluvia cayendo cada vez con más fuerza y se preguntó dónde estarían sus compañeras de viaje.

No muy lejos Cuisten corría acercándose cada vez más a la gondoriana. Por su mente, la visión de Jasfro cayendo al suelo le atormentaba y le llenaba de rabia.
- Un trabajo fácil y sin riesgo - había dicho el difunto días atrás cuando los contrató a él y a Rostrut - sólo hay que seguir a unos elfos y conseguir un objeto cuando nos den la señal para hacerlo. No entiendo por qué nos pagarán tanto cuando acabemos el trato.
- Un trabajo fácil... - se dijo Cuisten a sí mismo.
Irwin apenas podía correr. Agotada y con un dolor ya insoportable veía sin esperanza alguna cómo su perseguidor iba a alcanzarla en cualquier momento. Sabiéndose perdida se detuvo dando la espalda al tronco de un gran árbol y sujetando fuertemente la daga la blandió frente a ella con tono amenazador.
-¡Déjame! - gritó.
Cuisten se detuvo a pocos metros. Cogió aire y agarró su espada del cinto sin dejar de mirarla.
-Ahora me acompañarás y pobre de ti si mi compañero está muerto, porque si es así, correrás su misma suerte.
Irwin se desplomó al suelo agotada sin soltar su daga. Tal vez podría caminar -pensó, pero tal como tenía la pierna apenas podría correr varios metros sin caer después.
En aquel instante se oyó un trueno como si el mismísimo cielo fuera a partirse en dos. Un grito de mujer lo siguió e Irwin aún sorprendida vio como Ehibin se abalanzaba sobre el guerrero haciendo que cayera al suelo. Rápidamente se sentó sobre su pecho y apoyando su rodilla sobre el brazo que sostenía su arma le puso el filo de su espada en el cuello.
- Odio tener que luchar bajo la lluvia...- dijo.
Cuisten cerró los ojos creyendo que le iban a cortar el pescuezo y soltó su espada. Él tambien estaba agotado de la carrera anterior.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Lun Feb 21, 2011 6:38 pm 
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La lluvia caía estrepitosamente. Un gruñido se oyó a las espaldas de Irwin, ésta giró la cabeza sorprendida y sus ojos toparon con los de un huargo que, asustado por la tormenta había vagado por el bosque hasta dar con algún ser que le asegurara la alimentación en ese momento. Irwin lanzó un chillido y Ehibin se volvió por el grito. Con un movimiento rápido fruto de sus buenos reflejos lanzó la daga con la que estaba pinchando el cuello de Cuisten y con gran pericia y puntería la clavó en la frente del animal, justo entre los dos ojos. Irwin respiró profundamente. Ehibin recuperó la atención que prestaba al dunlendino, pero el lugar que estaba ocupando hasta ese momento se encontraba ahora vacío. Aprovechando la oportunidad se había escapado de un enfrentamiento en el que sabía que iba a salir perdiendo.
- ¡Uff, muchas gracias por salvarme, Ehibin! -exclamó Irwin aliviada. Ehibin se acercó a ella en cuatro pasos rápidos y le soltó un sopapo que le giró la cara. Luego se agachó y recogió su daga que seguía incrustada en la cabeza del huargo.
- ¡¿Qué crees que estabas haciendo?! -le espetó Ehibin- Sabemos que tienes la caja, ¿pensabas que te íbamos a dejar ir, así, sin impedírtelo? ¡Dame la caja! ¡A partir de ahora yo la guardaré!
- No... no... -balbuceó Irwin- no pensaba huír... me secuestraron ellos...
- Pues razón de más para que a partir de ahora la guarde yo ¡dámela! -exigió la elfa.
Irwin rebuscó entre los pliegues de su capa y sacó la cajita. Se la tendió a Ehibin con la cabeza gacha y dos lágrimas asomando por sus ojos. Ehibin colocó su palma abierta sobre la parte superior para hacerse con la caja cuando una luz roja recorrió el borde de la tapa y Ehibin sintió un tremendo calor que le hizo apartar la mano violentamente. La elfa miró a Irwin con furia y se reprimió lo que iba a decir.
- Está bien, será mejor que sigas guardándola tú. Parece que la caja ya ha elegido protector -sentenció Ehibin y dio un paso atrás. Irwin, que todavía no entendía lo que había ocurrido volvió a esconder la caja dentro de su capa y se acordó de lo mucho que le dolía el tobillo.

Rostrut seguía apretando la herida de Jasfro, pero el dunlendino ya había respirado su último aliento hacía rato. Por muy fuertes que dijera su tía que eran los de su raza, a su jefe le había matado una herida de daga, una concisa y certera herida en el punto vital más débil de cualquier individuo sea de la raza que sea: el cuello. A lo lejos vio venir a Cuisten, tambaleándose mientras resollaba en vez de respirar.

- ¿Qué ha sido eso? -preguntó Inzil asustado que se había despertado por el ruido- Ha sido un gran trueno y luego un grito, de mujer, creo.
- No sé -contestó Delros lacónicamente.
- ¿Dónde están las dos chicas de pelo largo? -preguntó el niño.
- No sé -contestó el elfo nuevamente. Escramdel se rió y recibió un puñetazo en la cara como respuesta.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Feb 23, 2011 2:12 pm 
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Inzil observó la escena sin inmutarse. Puso un par de ramas secas en el fuego y se recostó dando la espalda a la pareja. Llevaba varios días de viaje solo por los caminos y apenas había conseguido dormir unas pocas horas durante la noche.
- A ver si puedo descansar tranquilo... - se dijo a sí mismo. Llegando a la conclusión de que aquel era el motivo por el cual continuaba en compañía del extraño grupo de recien conocidos. - Bueno, - pensó mientras volvía a dormirse - eso, y los ojos de Ehibin, que le recordaban demasiado a los de su madre.
- ¿Isilya? - oyó la voz de Baldor frente a la puerta - Traigo malas noticias. Siento no poder quedarme pero tengo un asunto entre manos que no puede esperar. Aunque, he hecho un alto en el camino pues creo que es mejor que no lo sepas por boca de un extraño. - el mariscal cogió aire durante unos segundos eternos - Mira, el taller de Enumanus ha ardido por completo, no queda nada del edificio, solo escombros . Y él no aparece por ningúna parte. ¿Está contigo tu hijo?
Ella, aún sorprendida asintió. Se volvió hacia la estancia donde él se encontraba y lo llamó.
- ¡Inzil!- gritó.
- ¡Inzil!
El joven elfo abrió los ojos y vio los de su madre observándole fijamente.
- Madre... - susurró.
- No Inzil, soy Ehibin. Despierta, tenemos problemas.
La elfa se incorporó, junto a ella Irwin con muy mala cara, se quejaba de su pierna. - Ahí fuera hay dos desconocidos que me atacaron, no se si habrà más...
- Debemos estar alerta. la cueva nos servirá de refugio. Así que tendremos que hacer guardia porque habremos de pasar la noche aquí - añadió Delros pensativo.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Dom Feb 27, 2011 10:07 pm 
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Rostrut y Cuisten habían abandonado el cuerpo de Jasfro entre unos matorrales. Rostrut se había empeñado en no dejarlo como comida para los animales y Cuisten no tenía ganas de discutir, le venía justo para respirar con normalidad. Vagaban sin rumbo hacia una vía y ninguno de los dos articulaba palabra. La tormenta había amainado y aunque la lluvia seguía siendo molesta se podía caminar bajo ella.
- ¿qué... qué... -tartamudeó Rostrut sin levantar la cabeza del suelo- qué haremos ahora?
- ¿Haremos? -contestó Cuisten sin vacilar- Yo perseguiré a esa perra gondoriana hasta los confines de la Tierra Media. Estuve a punto de cazarla justo cuando apareció esa otra, que parecía ella misma y escapé como pude.
- Ah... -contestó Rostrut. Se rascó la cabeza, pues estaba pensando algo pero no sabía cómo darle forma con palabras- Yo... yo... yo puedo ir contigo. Pero si no cogemos a Escramdel no nos pagarán.
- Mira, estúpido -Cuisten se paró y se giró-, ahora que Jasfro ya no está, no hay ningún motivo para seguir juntos. Le contrataron a él y él nos contrató a nosotros. Nadie nos va a pagar ya. Yo sigo mi camino y tú sigues el tuyo.
- ¿Y.. a dónde voy a ir yo?

- ¿Te duele? -preguntó Ehibin a Irwin mientras le tocaba el tobillo. Irwin se retorció de dolor- Tienes suerte de que yo sea una elfa con recursos. Te pondré este ungüento y mañana podrás apoyar el pie al menos.
- Si te pregunto algo, ¿me prometes que no me volverás a pegar como antes? -dijo Irwin asustada.
- No puedo prometer nada, soy una elfa con recursos y mucho carácter.
- ¿Qué pasa con la caja?
- ¡Shhhh! ¡Calla insensata! ¡No hables de eso delante de nadie!
- Ya sabes... lo de antes... -volvió Irwin al mismo tema-yo no la quiero pero no me puedo deshacer de ella...
Ehibin miró a todos lados para asegurarse de que no había nadie cerca y habló en voz muy baja, lo suficiente para que irwin la oyera.
- No se trata de lo que tú quieras, sino de lo que está ocurriendo. Todo ha comenzado ya. Desde ahora la caja y tú estáis unidas, lo quieras o no. La caja no va a permitir que nadie se acerque a ella. Según la historia, todos los no-elegidos que hayan estado en contacto con ella serán malditos. ¡A saber cuántos antes han tenido esa caja entre sus manos!
- ¿Y qué tengo que hacer? ¿Para qué me quiere la caja? ¿Y por qué tú sabes tanto de estas cosas?
- ¡Shhh! se acerca alguien. No sé. No tengo respuestas. Todo eso lo sabe...
- ¡Estáis aquí! -gritó Inzil dando un salto de alegría- Desde que habéis vuelto no os había visto y me preocupé por Irwin, como estaba herida...
- Mucho mejor, cielo -contestó Irwin-. Pronto nos iremos de aquí. Odio esta maldita cueva

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mar Mar 08, 2011 2:08 pm 
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- Siento decepcionarte Irwin - dijo Delros saliendo de entre las sombras - Aunque la lluvia esté amainando, ya empieza a oscurecer y sería una temeridad aventurarse por los caminos en plena noche.
- Es cierto - asintió Ehibin - mejor dormir aquí, bajo la protección de la cueva que no al raso a merced de cualquier enemigo o alimaña suelta.
Irwin suspiró resignada - Teneis razón. Además, así mañana ya tendré la pierna mejor.
- Perfecto - Interrumpió Delros - entonces mejor que nos preparemos. Inzil, ¿puedes acompañarme a ver como están los caballos?¿Seguramente tambien querrás revisar el estado de tu carreta, supongo? Mientras, Irwin puede vigilar el fuego y tu Ehibin, ¿te importaría traer el prisionero hasta aquí? Así ella - dijo señalando a la gondoriana - no lo perderá de vista.
- ¡Buena idea! Después nos encontramos en la entrada. Tendremos que hacer turnos de guardia... Hay unas rocas que nos pueden servir de parapeto y desde donde podremos vigilar sin ser vistos - propuso la elfa.
- Me parece bien - respondió Delros - vamos allà.

Al cabo de un rato los caballos ya habían sido atendidos y Inzil había comprobado con satisfacción que la carga que llevaba no había sufrido ningún daño.
Escrandel dormitaba bajo la mirada inquisitiva de Irwin al calor de las llamas y en compañía del joven elfo que, habiendo acabado su tarea, descansaba
junto a la gondoriana mientras compartían la cena.

Desde la entrada llegaban murmullos de voces ininteligibles. Sin duda, la pareja de elfos estaban hablando sobre los acontecimientos ocurridos durante el dia.
- No entiendo como pudiste equivocarte de persona. La caja debías entregármela a mi.
- Lo sé. Y lo siento - respondió Delros - Tampoco os pareceis tanto Irwin y tu... Pero, te parecerá extraño. Cuando la vi en el Poney, sentí unas ganas irresistibles de darle la caja a ella.
- Entonces, fue la caja... - susurró la elfa.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Delros extrañado.
- La caja. Hay algo en la gondoriana, hasta tal punto... - se detuvo como midiendo sus palabras - No sé por qué motivo, pero la caja o lo que ella contiene ha elegido a Irwin para que sea su portadora.
Delros sonrió aliviado.
- La verdad, prefiero que sea ella y no yo. Has de saber que el poco tiempo que la tuve en mi poder no me sentía tranquilo.
- ¿Intentaste abrirla alguna vez?
- No. ¿porqué habría de hacerlo? Mi cometido era entregártela a ti antes de que cayera en malas manos.
En ese instante un ruido de pisadas los alertó. Asomaron la cabeza por entre las rocas y vieron a Inzil que se dirigía hacia ellos.
- Ya seguiremos esta conversación más adelante. - Concluyó Ehibin.
- Traigo la cena. Irwin y el prisionero se han dormido y creí que tendriais hambre.
- ¡Vaya! gracias. Empezaba a pensar que os habiais olvidado de nosotros. - Sonrió Delros mientras alcanzaba con sus manos la bandeja con las vituallas aún calientes.
- ¿Está sujeto Escrandel?. -preguntó Ehibin preocupada.
- Tranquila, Irwin lo ha bien maniatado a un saliente de la pared. Apenas puede moverse y si intentara algo, el nudo que lleva en la garganta se cerrarà como si de una soga se tratase.
- Entonces mejor que no tenga un sueño inquieto - Rió Delros con la boca llena.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Mar 16, 2011 2:34 pm 
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Escramdel, dolorido por las ataduras, presentaba un aspecto demacrado. Su calva se veía visiblemente enrojecida por los golpes recibidos y su complexión fuerte también había acusado las muchas horas que llevaba sin tomar alimento. Inzil había traído la cena para todos, incluso para él pero, al no poder usar las manos por tenerlas atadas a un saliente de la pared, se sentía más furioso.
- Muchacha, quizá en algún lugar de tu corazón queda algún rescoldo de bondad -dijo Escramdel en un tono suave que ni él mismo reconocía como propio.
- ¿Eh? -reaccionó Irwin despistada- No pienso hablar contigo. Nos atacaste. No eres de fiar.
- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Claro que no soy de fiar, nadie lo es, ni siquiera esos que llamas amigos tuyos lo son! -contestó Escramdel abandonando el tono dulce de voz anterior- Sólo te pido que me des algo de comer o voy a morir de hambre.
- La verdad... no sé por qué te mantenemos -dijo Delros, que entraba es esa parte de la estancia en ese momento-. No nos eres de ninguna utilidad y sólo nos causas molestias...
- ¡Espera, no! -gritó Escramdel, moviéndose como una lagartija provocando con ello que la cuerda que tenía en el cuello se apretase más en torno a él-Arggg... no... puedo... respirar...
Delros se rió abiertamente de la penosa situación de Escramdel. Ehibin se dio media vuelta e Irwin les miró impresionada. Inzil, con cara de preocupación se acercó a Delros.
- Me da pena, ¿no podríamos soltarle un poquito la cuerda? Sólo para que no se ahogue.
- Mira, pequeño -contestó el elfo con tono paternalista-, ese tipo es muy peligroso y aprovechará cualquier oportunidad para escapar o para matarnos a nosotros antes.
- ¡Pero si no ha hecho nada hasta ahora para defenderse siquiera! -contestó el pequeño elfo- Mi madre siempre me ha dicho que no hay que hacer daño a los demás si no es por un buen motivo.
Y se dirigió a Escramdel con la firme decisión de deshacer el nudo que le apretaba la gargante y que había cambiado el color blanco de su cara por uno más cerúleo. Llegó donde se encontraba Escramdel y el prisionero le miró con ojos asustados. El niño aflojó el nudo que le atenazaba, pues él sí sabía cómo deshacerlo, ya que él lo había hecho.
- ¡Qué hace ese mocoso! -exclamó Ehibin lanzándose sobre el muchacho. Escramdel tosió y recuperó el aliento poco a poco.
- Gracias, muchacho -dijo el prisionero con un hilo de voz ronca y se quedó quieto donde estaba.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Mar 17, 2011 2:19 pm 
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La elfa apartó a Inzil de un empujón y se quedó de pie frente a los dos.
- Te debo una...- concluyó Escrandel mientras se incorporaba para quedar de rodillas en el suelo.
El joven no respondió. agarró un tazón de caldo y se lo acercó a la boca del prisionero bajo la mirada incrédula de Delros y Ehibin.
- ja,ja - rió tímidamente Irwin - ¿No lo veis?Inzil, a pesar de su juventud os acaba de dar una buena lección. Si los elfos tratan así a sus prisioneros, prefiero ser un humano,¿qué digo? ¡un orco! Al menos no tendría que poner en duda los valores que honran a mi raza.
Ehibin entonces, al escuchar el pequeño sermón de la gondoriana, se agachó junto al joven elfo que continuaba sujetando el tazón en los labios del preso.
- Tienes razón - dijo - por muy crueles, despiadados y traicioneros que sean nuestros enemigos, jamás debemos rebajarnos a su nivel. Te pido disculpas Inzil, en mi nombre y el de Delros.
- ¿Eso significa que vais a soltarme? - interrumpió Escramdel en tono jocoso.
- ¡Oh, sí! - bromeó Delros - Te soltaremos y tedaremos la caja para que se la lleves a Edelbum.
- ¡Delros! Eres un bocazas. - recriminó Ehibin.
- ¡Qué caja? - preguntó Inzil extrañado.
- ¿Edelbum?¿Quien es Edelbum? - añadió Irwin.
Ehibin se encogió de hombros resignada a contar la verdad, cuando Delros, consciente del error que había cometido la interrumpió sin darle tiempo a hablar.
- ¡Que Escramdel cuente lo que sabe! Si no fuera por él no estariamos aquí.
-¿Yo? No tengo por qué decir nada a nadie.
- Me debes una - le respondió Inzil, harto de tanto secretismo.
- No amigo. Un tazón de caldo no vale lo que pueda contarte.
El joven elfo agarró la cuerda que rodeaba el cuello de Escramdel - ¿y esto? - preguntó.
El guerrero gruñó y observó al resto del grupo que esperaba una respuesta.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Dom Mar 20, 2011 11:50 pm 
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Hacía horas que la lluvia había cesado. La tormenta que había arrancado árboles y había roto ramas y tallos formaba ahora parte del pasado. Tras toda gran tormenta quedan testigos en forma de restos de lo que un día fue parte de algo. Bajo los restos de lo que un día fue una cabaña para pastores, una figura se removía con lentitud. Un hombre de pelo negro, patilargo y escurrido se asomó a lo que en su día fue la puerta de la cabaña en busca de un tímido rayo de sol. Se sentó sobre una losa de piedra que hizo sus veces de poyo y sacó su pipa recién llenada de tabaco. La encendió y pareció disfrutar de su sabor.
- Buen tabaco éste. El hobbit de la cuaderna que me lo vendió no me mintió cuando me dijo que era el mejor de toda la Tierra Media -volvió a fumar. Un pájaro cantó en lo alto de una rama pelada y otro le contestó. Rostrut sonrió-. Qué bien se está aquí, qué tranquilidad.
Cerró los ojos y metió su mano en el bolsillo. Apretó con fuerza la piedra blanca que había dentro y una fuerza en forma de energía subió por su palma hasta recorrerle todo el cuerpo. Se sintió reconfortado y por primera vez en mucho tiempo, no necesitó que alguien le dijera lo que tenía que hacer. Era capaz de tomar sus propias decisiones.
- Terminaré esta pipa y dormiré en esta cabaña. Mañana decidiré qué rumbo tomar.

Inzil sujetaba el extremo de la cuerda con determinación. Escramdel miraba al resto esperando cualquier oportunidad de salir bien parado de la situación, pero no la encontraba. Irwin se acercó a Escramdel. Se metió la mano en el bolsillo y sacó la caja. Todos la miraron estupefactos.
- ¿Pero qué... -no llegó a terminar la frase Ehibin.
- Bien, Escramdel. A veces uno hace cosas sin saber muy bien por qué -explicó Irwin- pero el caso es que las hace y después hay que acarrear con las consecuencias.
Irwin colocó la caja en el regazo de Escramdel. Ël la miró perplejo. Entonces la caja comenzó a temblar sobre sus muslos y un humillo apenas perceptible empezó a salir de su parte inferior.
- ¡Escramdel! -gritó Inzil señalándole con el dedo- ¡Tus pantalones tienen fuego!
- ¡Quitadme esto de aquí! ¡Agggghhh, me quema! -gritaba el prisionero mientras Delros intentaba asimilar en su cabeza lo que estaba viendo y Ehibin se contentaba con poder coordinar una respiración detrás de otra. Irwin se reía divertida. Entonces se acercó de nuevo a Escramdel y recogió la caja. El humo desapareció y la caja volvió a su sitio, a la capa de Irwin. Los pantalones de Escramdel seguían ardiendo. Delros, en un movimiento reflejo, arrojó agua sobre ellos y las llamas se apagaron.
- Bien -dijo Irwin sonriente-, y ahora, nos vas a contar todo lo que sabes sobre Edelbum, o te pongo la caja sobre los ojos.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Mar 23, 2011 12:22 am 
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- ¡Malditos sean todos ustedes! –gritó Escramdel – Edelbum es nuestro superior... – dijo luego de un prolongado silencio
- ¿ Y por qué desea la caja? – preguntó Irwin ahora seria
- ¿Para qué crees? – se burló el prisionero – Esa caja contiene un poder mayor al que jamás hayas imaginado... Con esa caja en manos de Edelbum se haría justicia contra todos ustedes...
- ¿Y cómo piensa tu jefe abrir la caja? Muy pocas personas en la Tierra Media pueden hacerlo
- ¡No te lo diré! – la gondoriana le acercó la caja para intimidarlo - ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Aleja eso de mí! Para abrir la caja no basta con sólo tener poderes especiales... sino que necesitas una “fuente de energía”, por así decirlo.
- ¿Y cual es esa fuente? – preguntó Ehibin cada vez más interesada por los conocimientos del hombre
- Tú esperas que sepa todo... pero no lo sé, esa es información que tenía Jamdor. Deberías interrogarlo a él que es el que estaba más informado. Pero quiero que me prometan que si digo todo lo que sé, me dejaran marchar libre con ustedes, no voy a traicionarlos.
- Adelante, dínoslo todo – dijo Delros -. Pero si llegas a hacer un movimiento en falso, te mataremos sin pensarlo dos veces.
- Está bien. Jamdor llevaba consigo una piedra blanca y brillante. No sé qué era, pero no dejaba que la tocara...
Delros y Ehibin se miraron preocupados.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Mar 23, 2011 2:45 pm 
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-¿Una piedra blanca?¿Qué tiene que ver con la caja? -preguntó Irwin.
Delros, consciente de que no todos sabían el motivo de por qué habían ocurrido los últimos acontecimientos, se dirigió a Escramdel con tono reconciliador.
- Espera, si quieres seguir con nosotros cuenta lo que sabes pero desde el principio.
El prisionero agachó la cabeza sopesando las opciones que tenía y a los pocos segundos empezó a hablar con un tono sombrío.
- Está bien, esto es lo que sé -dijo-. Antes de la guerra del anillo y de caer bajo la influencia de Sauron, Saruman tenía otros asuntos a los que dedicarse. Uno de ellos era conseguir abrir una pequeña caja como la que tiene Irwin. De cómo llegó hasta él, lo ignoro, pero sí sé, que por muy poderoso que fuera y grande su sabiduría, jamás pudo conseguir abrirla.
- ¿Qué hay en la caja? - preguntó Inzil.
- Nadie lo sabe. Edelbum en alguna ocasión la llamó, "la llave". Pero dejadme que siga esplicandoos.. Esto..., bien es sabido que una obsesión sustituye a otra, así que la aparición de Sauron en Mordor y el anillo único, dejaron a la caja en un segundo término.
Transcurrió la guerra y cuando los ents atacaron y destruyeron Isengard la caja inexplicablemente desapareció. Sólo "Lengua de serpiente" sabía de su existencia, mas nunca llegó a tocarla. Su curiosidad le llevó a ser indiscreto y sus preguntas siempre sin respuesta llegaron a oídos ajenos.
- ¡Apuesto a que esos oídos eran los de Edelbum! - dijo Irwin con interés.
- Exacto. En aquel entonces Edelbum era un elfo solitario apasionado por la historia de su pueblo. Admiraba y admira con devoción enfermiza a Fëanor y estaba, hasta hoy dia, obsesionado con los silmarils.
- ¡Silmarils! - interrumpió Inzil - mis abuelos me explicaban historias de pequeño, pero ya apenas las recuerdo.
- Pero ¿qué tienen que ver los Silmarils con la caja? -preguntó Ehibin.
Escramdel se movió inquieto, y empezó a sentirse incómodo. Tenía la impresión de que estaba hablando demasiado.
- No lo sé - dijo encogiéndose de hombros - Acabó la guerra y el anillo y Sauron fueron destruidos. Edelbum decidió quedarse en la Tierra Media convencido de que algún dia aparecería la caja, y así fue.
En Fangorn unos cazadores la encontraron entre los pliegues de un ent que había sido devorado por las llamas años atrás. Creyeron hallar un tesoro e intentaron abrirla incluso a golpes con un hacha. Pero su intento fue en vano. Así que la canjearon a un mercader viajero por tres barras de pan y un trozo de tocino.
- Ja, ja - rió Ehibin nerviosa.
- La caja se habría perdido de nuevo si no fuera porque a uno de los cazadores una noche entre pintas de cerveza y buena compañía se le ocurrió explicar la historia del hallazgo. Añadiendo algo que se había quedado callado hasta entonces. La caja brillaba de vez en cuando con un color violaceo y desprendía calor, a veces insoportable.
Entonces un grito se oyó desde fuera que los sobresaltó.
- ¡Hola! ¿Hay alguien ahí dentro?

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Abr 13, 2011 2:25 pm 
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Una cabeza desordenada por el viento y un cuerpo delgado y estirado aparecieron por la puerta de la cueva. Al verle Irwin soltó un grito ahogado y sin querer su mano aferró con fuerza la caja.
- ¡Jajajaja!, ¡qué suerte tengo! Si acabo de encontrar justo lo que buscaba -dijo el recién llegado-. ¡Ahora no te vas a escapar, maldita perra!
Un golpe por detrás le derribó e Inzil dejó caer al suelo la roca con la que le había golpeado la cabeza.
- ¿Por qué has hecho eso, jovenzuelo? -preguntó Escramdel sorprendido por la reacción del muchacho.
- Mi madre estaba equivocada. Primero hay que pegar y luego preguntar. Cuando éste despierte, ya le preguntaremos -y fue a refugiarse en los brazos de Irwin, quien le miraba con incredulidad.
- ¡Jajajaja! El muchacho aprende rápido -exclamó Escramdel y Ehibin le respondió con un puñetazo.
- ¡Nadie ha pedido tu opinión! Y ahora ¡a callar todos! este desgraciado no puede enterarse de nada de lo que hemos hablado antes -se dirigió a Inzil-. Muy bien hecho, muchacho, tu madre no lo aprobaría, pero has hecho bien.
Ehibin y Delros ataron las manos del recién llegado por detrás de su espalda y le colocaron apoyado en la pared enfrente de Escramdel. Inzil, alentado por las palabras de la elfa, les ayudó a colocarle. Irwin, algo alterada por volver a ver a su perseguidor, salió de la cueva para tomar un poco de aire fresco. A unos metros de la entrada, a su espalda, más o menos, había una piedra con forma de sillete que había servido a más de uno para encender buenas pipas. Irwin se sentó allí y respiró fuerte. Sin saber por qué se encontró a sí misma jugueteando con la caja. De pronto una luz violácea recorrió la tapa de la misma. Como si el sol hubiera bajado y si hubiera colocado frente a Irwin, una luz cegadora la envolvió y no le permitió ver nada más que la claridad. Sintió un intenso frío y quiso envolverse con su capa, pero no la encontró, ni tampoco encontró su cuerpo. Se había vuelto transparente, pero tenía sensaciones: frío, dolor. Se levantó, asustada, de un salto y al ir a poner el pie en el suelo se dio cuenta de que éste tampoco estaba. Flotaba. La luz no le permitia ver nada pero sentía el viento azotando su cuerpo transparente y lo movía a su antojo alejándola cada vez más de la montaña en la que se encontraban los demás. Entonces, el viento cesó e Irwin comenzó un inexorable descenso desde las alturas. Quiso gritar, pero su voz no salía de su garganta. Veía cómo el suelo cada vez estaba más cerca y miles de plantas espinosas le acechaban con la vana intención de amortigual su caída. Intentó nuevamente un grito desesperado, mas su voz, como su cuerpo, era transparente. Cayó. Los espinos se clavaron en su cuerpo y lo atravesaron por todas partes. Entonces se oyó su grito.
- ¿Qué te pasa? ¿estás tonta? -le increpaba Ehibin, mientras le abofeteaba la cara para que dejara de gritar-. Te vas de la cueva sin avisar, te quedas dormida en esta piedra y te pones a gritar como un nazgûl en celo. por cierto, ¿dónde te has hecho esas heridas? Estás llena de espinas por todas partes...
- ¡Entrad de una vez! -gritó Delros desde la boca de la cueva- Nuestro invitado se acaba de despertar.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Dom Dic 16, 2012 2:01 am 
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Los interrogatorios hacia el recién llegado habían comenzado. Por supuesto, se trataba de Cuisten, que observaba con un odio indescriptible a las dos mujeres del grupo.
Irwin, por su parte, se apartó del grupo hacia un rincón de la cueva para ocuparse de sus heridas y permanecer lo más alejada posible de su perseguidor, mirarlo le causaba escalofríos.
A pesar de las bofetadas y puñetazos que Cuisten recibía en su rostro, no soltaba palabra.
- Tu eres el que nos seguía, ¿No es así? – Pregunto Escramdel, a lo que recibió un golpe en la mejilla por parte de Ehibin que ya se encontraba lo bastante enfadada
- ¡Aguarda un segundo! – dijo Delros tomando a la elfa por la muñeca y evitando otro golpe – Continúa Escramdel
- ¿Dónde están tus compañeros? – dijo el hombre luego de echarle una mirada desconfiada a Ehibin.
- Ja! Quizá te gustaría saber que ha pasado con tu amigo Jamdor… Parece que han fracasado totalmente en vuestra misión… - rió el prisionero. Escramdel comenzó una lucha en vano contra sus ligaduras, con una llama de furia en su mirada.
- ¡Habla! – grito Delros, lo cual sobresalto a Irwin que en ese momento se encontraba sumida en sus propios pensamientos, resolviendo enigmas que atormentaban su mente. Se levantó y se acercó al grupo, y sacando la caja de su bolsillo la puso en contacto con el cuello de Cuisten. Este inmediatamente comenzó a gritar, hasta que la mujer retiro la caja y lo miro con una sonrisa.
- Así que esa es la caja de la que tanto nos han hablado – dijo el prisionero
- ¡Tonta! – grito Ehibin – ¿Por qué tenías que mostrarla?
- Basta de vueltas, dime que ha pasado con Jamdor – interrumpió Escramdel
Tratando de evitar el contacto de la caja que Irwin sostenía cercana a su rostro, Cuisten conto la historia de cómo el rayo había calcinado a Jamdor, así como también la muerte de Jasfro y la disolución de su propia compañía.
- ¿Y qué hay de la piedra? – preguntó Inzil inocentemente, que había permanecido en silencio escuchando no muy lejos del grupo
- ¿Qué piedra? – dijo el Dunlendino

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Ene 10, 2013 5:03 pm 
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-La piedra con la que te voy a abrir la cabeza si se te ocurre acercarte a Irwin -amenazó Delros a Cuisten.
-Irwin... bonito nombre... -se relamió Cuisten y la miró veleidosamente.
-Eres un bocazas... -susurró Ehibin a Inzil. El niño miró al suelo para que no vieran lo avergonzado que se sentía.
-Ya me has encontrado -le dijo Escramdel a Cuisten-, y como puedes ver yo no tengo la caja, estoy tan prisionero como tú y ninguno de los dos vamos a cobrar por el encargo.
-Yo ya no quiero la caja, me trae sin cuidado. He venido a vengarme de esas dos, una porque me ha dejado sin trabajo al matar a Jasfro y la otra por intentar matarme a mí.
-¡Vaya! -exclamó Escramdel- resulta que yo pensaba que quienen nos perseguían eran más inteligente que nosotros y ahora veo que eres un estúpido.
-Interesante reflexión -aportó Ehibin-, yo tengo otra: si te soltamos intentarás matarnos a mi amiga y a mí y puesto que no tienes nada que nos pueda servir, ni posees ninguna información útil, creo que lo mejor es que te dejemos como comida fresca para algún huargo descarriado como el de la otra noche.
-Cierto -corroboró Delros.
-Sí, sí -añadió Escramdel.
Irwin no había dicho nada. Había escuchado la conversación pero tenía la sensación de no estar presente, como si fuera invisible.

Inzil había aprovechado que todos estaban muy ocupados con los prisioneros y se escabulló hasta donde estaba su carreta, a unos metros de la cueva, resguardada bajo un saliente de la pared de piedra de la montaña. Acarició a la mula de color café y le desenredó el pelo de la crin y el lomo con los dedos. Al animal le gustó y volvió su cabeza para mirarle con agradecimiento. Inzil levantó la manta con la que cubría su carga y metió la cabeza dentro para comprobarla. Se sintió satisfecho. Acarició las dos mitades del arco. Aurë le esperaba en la carreta. El niño le sonrió y recordó:
>> Sólo quería ver cómo quedaría el arco una vez recompuesto. Enumanus me invitó a entrar en su taller. Me pidió que llevara la carreta a la parte de atrás y una vez allí me fue entregando cosas que él consideraba importantes. Luego cogió aquel arco tan extraño y magnífico a la vez que le habían encargado reparar y que ya habia reparado, y salió por la puerta de atrás donde yo estaba esperándole con mi carreta. Entonces encendió una tea y la echó dentro de su taller, prendiéndolo en llamas. Con el humo mi mula se asustó y salimos de allí lo antes posible. Con las prisas ni siquiera me di cuenta de que Enumanus había desaparecido y el arco con él. De esta manera borró restos de su pasado. Seguro que quedan muchos más, es un hombre muy enigmático. Me pidió que llevara todas estas cosas al Bosque Negro, pues él tenía otros asuntos mucho más importantes que tratar y no podían esperar.
>>Vamos, amiga mía -se dirigió a la mula-, es hora de marcharnos. Aquí no pintamos nada, y ha dejado de llover. Quién sabe, quizá algún día nos volvamos a encontrar con ellos.
-Ejem -se oyó una tos a sus espaldas.
-¡Irwin! ¿Llevas mucho rato ahí?
-El suficiente para saber que nos abandonas.
-Mi tiempo aquí ya ha terminado, debo avanzar en mi camino... lo comprendes, ¿verdad?
-Sí, por supuesto -asintió Irwin-. Ten cuidado. Ya sabes, si necesitas ayuda Aurë puede avisarme a mí o a Nailuj y él me buscará.
Aurë ululó desde el interior de la carreta, donde había estado resguardada durante toda la tormenta.
-Es una buena idea, gracias Irwin. ¿Puedes despedirme de los demás? -se abrazó el niño a la maië- No me gustan las despedidas.
-Claro -y despidió con la mano al niño que ya había comenzado a bajar el camino en busca de una ruta hacia el Bosque Negro.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Lun Ene 14, 2013 2:19 pm 
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Lentamente, conforme el Sol iba ocultándose tras las montañas, las sombras se habrían paso cubriendo bajo su manto gris todo cuanto había al este del Bosque Negro.
Un hombre apareció de entre la espesura para acercarse hasta su presa. Pisó fuertemente con su pie izquierdo el cuerpo sin vida del enorme uargo y estrajo de un tirón cada una de las dos flechas que había clavadas en el animal. Un hilo de oscura sangre apareció seguidamente por ambas heridas mientras que con un girón de su capa limpiaba con suavidad las letales puntas de acero.
Se sentó junto al cadáver aún caliente y observó en silencio el atardecer. Se sentía agotado y notó como el cansancio empezaba a hacerle mella sumergiéndole en una extraña melancolía que iba apoderándose de su ánimo.
Fue entonces cuando escuchó el leve caminar de unos pasos tras él.
Se alzó de un salto dándose la vuelta y blandiendo en su arco una certera flecha, para descubrir a unos pocos metros, la figura conocida de una grácil y esbelta semielfa que lo observaba sonriendo.
- No sabes lo que me ha costado encontrarte...
Él, bajó su arco lentamente sin dejar de mirarla. La repasó de arriba abajo con cierto descaro y ella se ruborizó.
- ¡Ja, ja! - rió socarronamente - ¡Menuda sorpresa!
Lejos de allí, Inzil intentaba encontrar el camino al Bosque Negro mientras la carreta avanzaba a trompicones por entre los árboles y Aurë volaba divertida a su alrededor. Ajenos los dos a la extraña carga que llevaban, pues antes de partir, Irwin había escondido entre el amasijo de bultos la pequeña y mágica caja que tantos problemas les había ocasionado.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Lun Ene 14, 2013 5:31 pm 
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Mientras tanto, en la cueva los viajeros se preparaban para partir. Delros se encontraba acomodando el equipaje cuando Irwin ingreso en la estancia.
- Buenas noticias compañera – dijo el elfo – Nos marchamos. ¿Dónde esta Inzil?
- Partió solo rumbo al Bosque Negro… - respondió la mujer mirando las piedras que había a su derecha – Me pidió que lo despidiera de ustedes…
- Oh… - se limitó a decir Delros mientras salía de la cueva para preparar a los caballos
- ¿Qué hacemos con este? – se dirigió Irwin a Ehibin que se encontraba junto a Cuisten
- Pues, ya que no nos es de utilidad… - Delros, que había vuelto a buscar lo que quedaba de la carga, asintió al oír lo dicho por la elfa. Esta sin dudarlo desenvaino su daga dispuesta a callar por siempre la voz del dunlendino.
- ¡Aguarda! – gritó este y la mano alzada de Ehibin se detuvo. Con un movimiento rápido el prisionero salto sobre la elfa con los brazos abiertos, doblando su muñeca y obligándola a soltar su arma, la cual quedo en manos del dunlendino. Mientras nadie le prestaba atención, el hombre había roto sus ataduras con una roca saliente que había en la pared de la cueva, quedando libre y esperando el momento oportuno para su escape. Al ver lo ocurrido, instantáneamente Irwin y Delros desenvainaron sus armas, pero Cuisten había tomado por los hombros a la elfa y mantenía firmemente la daga apoyada en su cuello.
- ¡Soltad las armas! – ordenó – O le rebanaré el pescuezo
Sus compañeros soltaron sus espadas, dejándolas caer estrepitosamente en el piso tras no tener otra opción. El dunlendino obligo a la elfa a retroceder hasta la entrada de la cueva.
- Volveré por mi venganza – susurro el patilargo al oído de la elfa antes de empujarla y dejarla caer de bruces. Acto seguido, corrió unos pocos pasos hacia donde se encontraban los caballos preparados para la partida. De un salto monto en el animal perteneciente a Delros y se alejó a galope tendido.

Ehibin se incorporó en pocos segundos y montó en su caballo, comenzando la persecución ante la sorprendida mirada de sus compañeros.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Lun Ene 14, 2013 6:30 pm 
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El prisionero que ya no lo era azotaba con gran violencia al caballo con la fusta, temiendo que pudieran atraparle. No pensaba en otra cosa más que en poder despistar a sus raptores. Y se le ocurrió que tal vez si dejaba al caballo correr a sus anchas y él se tiraba al mismo tiempo que se escondía en unos matorrales podría despistarlos por algún tiempo, el suficiente para poder idear su venganza que tanto deseaba. Pero perdería así el caballo, que muy útil podría llegarle a ser.
Y de repente sin pensarlo saltó del caballo y se escondió inmediatamente en los matorrales más espesos que encontró en el tiempo preciso del que precisaba.
- Que intenten cogerme ahora. Les juro que mi venganza no tendrá cabida para la piedad.
Pero, de repente oye un extraño ruido que viene de la maleza tan espesa que se encontraba detrás de él.
- ¿Pero qué?, ¡¡arrrrrr!! - Grita el el dunlendino al tiempo que empuña una rama de abeto. Esta fue la reacción del hombre al ver ¡un licantropo! viniendo a gran velocidad contra él.

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Hay 3 tipos de admiradores de El Señor de los Anillos:
-Los Fans, chicos de 13 años que no saben leer un libro pero piensan que los Orcos son la Onda.
-Las Fans, chicas de 13 años que no saben leer un libro pero piensan que Orlando Bloom es lindo.
-Y los Devotos, que son capaces de discutir por semanas de un tema relacionado con El Señor de los Anillos.
¿De que tipo son ustedes?


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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Mié Ene 16, 2013 7:49 pm 
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Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Cuisten apenas tuvo tiempo de reaccionar. De dos zarpazos el licántropo acabó con su vida y con los deseos de venganza que le habían llevado hasta aquella horrenda muerte.
Irwin y Ehibin que salieron en persecución del dunledino al escuchar los gritos detuvieron sus caballos y desde sus monturas divisaron al licántropo.
- Maldición esa bestia está atacándolo!! - gritó la gondoriana.
Ehibín alzó su arco, pero Irwin la detuvo.
- No podemos hacer nada, espera un momento pues algo me dice que ese licántropo no ha aparecido por casualidad.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Ene 17, 2013 5:26 pm 
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En en la pequeña loma se hallaban Irwin y Ehibin. Observando detalladamente como ese enorme licántropo devoraba a Cuisten. Silenciosamente bajaron de sus caballos, y los dejaron junto aun enorme álamo. Se dirijéron lentamente y en silencio hacía un pequeño peñasco, allí se escondieron y observaron con mejor perspectiva lo que estaba sucediendo a no muy lejos de donde se encontraban.

- Vaya, jaja, ¿pero qué tengo aquí? ¿Una gondoriana y una elfa espiándome?
¡¡oooo!! Sin duda la cortesía ya no es lo que era.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Ene 17, 2013 7:11 pm 
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Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
Ehibin se levantó de un salto e Irwin simplemente se levantó como pudo porque le temblaban mucho las piernas del miedo que tenía.
-No te enfrentes a él, es mucho más grande que nosotras -le susurró Irwin al oído a la elfa.
-Saca la caja, y tírasela a la cara, con tanto pelo seguro que arde como una tea -le contestó Ehibin.
El licántropo las miraba divertido, como un gato que juega con un ratón antes de zampárselo.
-Es que... -titubeó Irwin-, no puedo lanzarle la caja. No es una buena idea.
-Tienes razón, puedes no acertar y perderla por este barranco.
-¡Ja,ja,ja! -salió una sonora carcajada de la garganta del licántropo- ¿Han decidido ya las señoritas cómo piensan escapar? Quizá han olvidado que tengo un oído muy fino y desde aquí se escucha perfectamente todo lo que dicen.
El licántropo siguió comiendo mientras Ehibin e Irwin lo miraban sin articular palabra.
-A estas alturas ya deberíamos estar muertas -le susurró Irwin a Ehibin.
-Será la caja, que nos protege -le dijo Ehibin a Irwin. Esta última hizo una mueca de descrédito y miró al suelo disimulando.
El licántropo levantó la cabeza de entre las vísceras y se dirigió a ellas de nuevo.
-Disculpen que no les invite, pero no esperaba compañía. ¡¿Qué hacéis aquí y por qué me espiais?!
-Estamos aquí por casualidad -improvisó Irwin.
-Sí, sí... eso es -apoyó Ehibin-.Tu cena nos perseguía, quería matarnos.
-Eso es... -dijo Irwin-, esto... nos hemos escondido aquí porque no queríamos molestarte mientras te alimentabas, luego pensábamos darte las gracias por acabar con él.
-oh, sí -apostilló Ehibin-, pero tú... tú... aliméntate bien, no te quedes con hambre.
¡Ja, ja, ja, ja,! -rió estentóreamente el licántropo- ¡Desde aquí puedo oler vuestro sudor del miedo que tenéis!
-Mira qué bien -le dijo Irwin a Ehibin- otro olfateador, como Cuisten. Espero que no tenga los mismos gustos.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Ene 17, 2013 7:22 pm 
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Ubicación: Ithilien
- ¿No crees que hace bastante que desaparecieron aquellas dos? – Pregunto Escramdel que se había quedado junto a Delros cuando ambas mujeres habían partido en persecución de Cuisten. Había pasado aproximadamente una hora, e incluso un poco más, y no había rastro de ellas.
- De todos modos no podemos hacer más que esperar – respondió el elfo, algo nervioso aunque no lo demostraba – No tenemos caballos y tardaríamos días en encontrarlas a pie.
- ¿A dónde pretendían ir, antes de que el dunlendino escapara?
- A Rivendel, naturalmente…

Irwin, que había tenido experiencia durante toda su larga vida tratando con animales, decidió enfrentarse en una discusión al gran lobo negro y averiguar que tramaba. Ya no había posibilidad de escapar o de luchar, de un salto el enorme animal podría acabar rápidamente con sus vidas. La maia estaba temblando de miedo, pues esas criaturas no eran su fuerte. Se acercó y el licántropo alzo la cabeza mirándola fijamente con sus brillantes ojos.

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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Jue Ene 17, 2013 7:50 pm 
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- ¡¡Ooooo!! Dónde están mis modales... No siempre como así, pero llevo bastantes días sin zampar. No por casualidad... Jajaja. En fin. Soy Erethie.
- Yo Irwin y ella, Ehibin...
- ¡Vaya! -Gritó el gran lobo con su siniestra voz ronca, e interrumpiendo a Irwin. - La primera verdad. Empezaba a creer que todo lo que me ibais a contar iban a ser una sarta de mentiras, cómo: ``estamos aquí por casualidad´´ Jajajaja.

Ciertamente los licántropos no son criaturas estúpidas, sino más bien inteligentes. Pero aquel lobo llevaba algo diferente que los demás, algo que a simple vista no se puede sentir, ni ver con los ojos. ¿Por qué el comportamiento tan extraño de esta criatura?

Había pasado largo tiempo desde que muriera Cuisten. Algo extraño se movía por las tierras donde se encontraban Ehibin, Irwin y Erethie. Pero ninguno se dio cuenta, y cuándo lo hicieron, demasiado tarde era.

De repente el enorme lobo negro giró la cabeza, como nervioso y al mismo tiempo asustado. La reacción de Erethie no fue tan exagerada como la que vendría ahora. Una sombra cruzó rápidamente el lugar, y una voz ronca de licántropo sonó.

- Erethie, ¡¡¡¡corre!!!! Están aquí. ¡¡¡¡Corre!!!!

Entonces se vio perfectamente al licántropo gris que había alertado a Erethie. Muchos aullidos sonaron como ecos en una cueva, a lo lejos, pero no tanto, si eres veloz cómo un licántropo. Erethie abandonó su cena y se dispuso a correr hacía Irwin y Ehibin, saltó sobre ellas y se alejó entre los bosques de álamos, junto con el lobo gris que había aparecido.

Poco apenas después se oyeron más aullidos y gruñidos. Otros dos licántropos blancos y negros aparecieron, pero no vieron ni a la elfa ni a la gondoriana. Entonces ellas tuvieron tiempo de correr hacía el enorme árbol donde habían dejado los caballos, pero sólo encontraron uno, y se lamentaron de no haberlos atados. Ehibin no tuvo más remedio que montar junto a Irwin con su caballo. Y de nuevo Erethie apareció, pero esta vez luchaba con un enorme licántropo blanco, un poco más pequeño que Erethie. Entonces Erethie se puso de pie, y en su lomo llevaba atada una gran espada, echa para que la empuñara un licántropo, Erethie la tomó y rápidamente saltando el enorme tocón de pino que le estorbaba cayó al suelo y le cortó el cuello con la gran espada al otro lobo blanco, más tarde tras echar una mirada a las chicas envainó el enorme mandoble en la funda que llevaba atada al lomo.

- Correr, estúpidas, o ¡¡morir!!! -Gritó Erethie mientras que se alejaba una vez más a una gran velocidad.

Ellas obedecieron y se pusieron al galope tras ver otros dos cadáveres de licántropos.

- ¡¡Por el este!! - Gritó una voz ronca pero no tan ronca como la de Erethie, era el lobo gris que había alertado a Erethie.

- Yo les detendré, maldita sea, ¡¡venga!! - Gritó de nuevo el mismo lobo momentos antes de ser embestido por otro gran lobo gris.

- ¡Noooo!, ¡¡Adaria!! - Aulló Erethie, apareciendo de la espesura, y embistiendo al lobo gris que que había mordido el cuello de Adaria.

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Hay 3 tipos de admiradores de El Señor de los Anillos:
-Los Fans, chicos de 13 años que no saben leer un libro pero piensan que los Orcos son la Onda.
-Las Fans, chicas de 13 años que no saben leer un libro pero piensan que Orlando Bloom es lindo.
-Y los Devotos, que son capaces de discutir por semanas de un tema relacionado con El Señor de los Anillos.
¿De que tipo son ustedes?


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 Asunto: Re: Llegada a la posada
NotaPublicado: Vie Ene 18, 2013 5:39 pm 
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As crines de Aglaren, el caballo de Irwin, flotaban en el viento mientras el animal corría a la máxima velocidad que le era posible, mientras a su alrededor se libraba una sangrienta batalla.
No era mucho el espacio que las separaba de sus compañeros, y la velocidad del caballo blanco era inigualable. Se encontraban a pocos metros de Delros y Escramdel cuando un enorme lobo les salió al paso. Sin vacilar, una flecha voló desde el arco del elfo, clavándose en la frente del animal mientras una segunda se hundía en su cuello.
- ¿Qué está pasando? – grito el elfo ayudándolas a desmontar
- Cuisten está muerto – respondió Ehibin – Y parece que se está librando una guerra entre lobos. Para peor, he perdido mi caballo…

El pánico apareció en el rostro de Escramdel.
- ¿Qué hacemos ahora? – gritó desesperado. Con solo un caballo se hacía imposible escapar a la carnicería.
En ese momento un chillido se escuchó en lo alto y pudieron divisar un halcón peregrino dando giros en el cielo. Inmediatamente, varios sonidos similares lo siguieron junto al poderoso batir de unas alas. Eran águilas de las Montañas Nubladas. Todos conocen la rivalidad de las Águilas con los lobos y Huargos, por lo que no dudaron en acudir tras el llamado de ayuda de Nailuj, el halcón de Irwin que había presenciado la batalla desde lejos. En pocos segundos descendieron y tomaron a los viajeros (caballo incluido) entre sus garras y emprendieron el vuelo con el pequeño halcón siguiéndolos de cerca. La cara de pánico y asombro de Escramdel era impagable.

Pronto se encontraron sobrevolando Rivendel, y luego de dar giros y más giros que hicieron que a Irwin le diera vueltas la cabeza, los depositaron en el Valle de Imladris.

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Envié algunos hombres a pelear, solo uno volvio y murio esa noche. Dijo que vió a mi enemigo, dijo que lucía igual que yo...


Última edición por Irwin48 el Sab Ene 19, 2013 6:19 pm, editado 1 vez en total

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