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NotaPublicado: Vie Jun 25, 2004 4:15 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
Pues, que me has agarrado en un día jodido

Citar:
Hola Ana:

Estoy sentada frente a esta computadora fría y apersonal. Hace horas que el ambiente se ha ido congelando de a poco. La estufa está apagada ya hace un rato y mis huesos han ido tomando la forma de la silla.
Repasé mentalmente diez veces las palabras con las que quiero contarte el sentimiento. Las busqué en el diccionario, las mastiqué y finalmente, aquí me encuentran, sin encontrar la manera de escapar.
La situación llegó a un pasillo sin salida. Todo es un tono gris y mortecino. Los días se nos van de las manos y una a una, las hojas del almanaque van formando una pila junto a mi escritorio.
Mi agenda se completa con actividades vanas: algo de gimnasio, la universidad, alguna cerveza con amigos. Y tú....¿dónde estás? ¿Acaso puedes ocupar esos espacios vacíos? Pues, yo no.
Y aquí me tienes. Arrugando hoja tras hoja de este ordenador sin papeles, y que hace que estas letras sean aún más desesperantes.
A ver si decides, coger ese maldito teléfono y escupirme unas palabras, para que yo recoja esas migajas y me llene de aquello de lo cual me has privado.

Yo.



CORRECCIÓN:

No ha utilizado los recursos explicados en el ejercicio, el tono brilla por su ausencia y aunque da al texto un tono melancólico y de reproche, no logra gritar al lector su estado de animo.

_________________
Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Vie Jun 25, 2004 8:59 pm 
La Deshacedora de Camas
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Registrado: Mié Jun 25, 2003 3:25 pm
Mensajes: 468
Ubicación: Habitación nº 13, El Poney Pisador
Querido Amigo:


Recibí tu carta.

¿Hasta que punto es fácil abrir el corazón? Estos días han sido más que confusos, aunque bueno, eso no es nada nuevo, llevo una temporada en la que no distingo muy bien si mis acciones son acertadas o no. ¿Tú que opinas? ¿Debe uno lanzarse a la aventura o temer a la pérdida? Te pregunto esto porque he pensado tanto en ello que ya ninguna de mis ideas es objetiva. Las dudas me corroen y siento como si hubiese una balanza dentro de mí, una balanza que no está quieta, que se desequilibra al mínimo movimiento. Dime qué hago, dímelo tú, porque yo no soy capaz de calmar a mi cabeza. Y si no sabes que aconsejarme (pues sé que no eres exactamente la persona con más decisión del mundo) sólo dime cómo dejar de pensar en ello sin asustarme de mi misma

Ya sabes que no me resulta fácil, que hay palabras que incluso me cuesta repetir, pues casi son tabú para mi, pero me resulta tan fácil hablar contigo... y tu anterior carta, aunque escasa de noticias tuyas, me demuestran que te importo.


Un beso (o dos):



Nenya



CORRECCIÓN:

Como en el anterior, no aprovecha los recursos para dar tono al texto, apenas hay una frase o dos que lo hagan, por lo tanto, el texto queda algo cojo en cuanto a lo que se pedía en el ejercicio.

_________________
Las palabras a menudo mienten,
los ojos nunca.
Por eso es a ellos a quien obedezco.


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NotaPublicado: Vie Jun 25, 2004 10:24 pm 
Toro de Hierro/Angbund
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 10:58 pm
Mensajes: 146
Ubicación: Siguiendo mi destino...
Aqui va el mio


Querido primo:

Después de trabajar por largo tiempo, finalmente e recibido el aumento que esperaba durante mucho tiempo. Claro que la paga no era la que yo esperaba, pero por lo menos es algo y es lo que estado esperando por mucho tiempo.
Otra cosa que quiero contarte es lo que le sucedió a mi compañero de trabajo, Rafael, que estuvo trabajando conmigo desde el primer día. Bueno lo que sucedió con el es que lo despidieron sin razón alguna, lo cual es una gran injusticia y un abuso hacia los trabajadores.
Algunos de nosotros hemos decididos terminar el abuso al hablar con los jefes sobre aquella injusticia.

Bueno eso es todo por ahora, espero que estés bien saludos.


CORRECCIÓN:

Me pregunto si leeis la lección o solo os limitais a leer el ejercicio, porque en este texto hay una falta de tono total, no existe comunicación al lector, no se le expresa ningún sentimiento del narrador.

_________________
Baruk Khazad! Khazad ai-mênu!

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NotaPublicado: Sab Jun 26, 2004 12:43 am 
Maestro del Poney
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Capítulo: La empatía - Las sensaciones


Si en general resulta dificultoso explicar con claridad y concreción cualquier idea abstracta, aún más peliagudo es expresar las sensaciones, emociones y sentimientos. En la vida real tendemos a confundir estos elementos y, por tanto, también en la escritura. Además de la dificultad que existe en aislarlos, tampoco es fácil expresarlos con palabras. Y sin embargo es algo que está a la orden del día: constantemente estamos recibiendo impulsos de los sentidos, y sintiéndonos alegres o tristes, queridos u odiados. ¿Por qué nos será tan difícil describir estos componentes cotidianos?


En primer lugar, desde pequeñitos nos han acostumbrado a ocultar el dolor, la alegría o el odio, hasta el extremo de hacernos olvidar su existencia. Por otra parte, esta materia toca nuestra fibra más sensible, con lo que nos resulta complicado tratarla con serenidad, objetivamente, y eso nos hace rehuirla. Por último, los sentimientos suelen ser bastante contradictorios, no se adhieren a la lógica que normalmente usamos para dirigir nuestras acciones, y por eso muchas veces no podemos ni acceder a ellos. Por ejemplo, a un sentimiento no le podemos preguntar «¿Por qué?»; lo máximo que podemos hacer es intentar concretarlo, aislarlo y expresarlo lo más claramente posible.

Para ello, vamos a desgranar los elementos que he mencionado más arriba (sensaciones, emociones y sentimientos):


SENSACIONES:

(Sensación: 1. Impresión producida en los sentidos por un estímulo exterior o interior. 2. Percepción mental de un hecho, con independencia de las impresiones sensoriales.)


La sensación tiene que ver, en la primera de sus acepciones, con los sentidos: la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído, tan presentes en nuestra vida cotidiana que a veces los escritores los olvidan, como si se dieran por hecho. Pero nada que no esté en el texto, aunque sea de manera elíptica o alusiva, se da por supuesto en un escrito. El sentido de la vista es el que más se utiliza a la hora de escribir, claro; es para el que está más preparado el lenguaje y nuestro vocabulario y, además, es difícil mantenernos ciegos.


Es más sencillo, sin embargos, mantenernos sordos o mudos, o insensibles a los olores y al tacto. Y, sin embargo, la expresión de estas sensaciones dotarán al texto de una humanidad que difícilmente se puede alcanzar con la explicación más detallada. Si introducimos en un escrito música, estrépitos o ruidos en el patio interior, texturas y roces, sabores, olor a gasolina o a alcanfor... estaremos creando atmósfera, pero también conseguiremos un cierto grado de empatía por parte del lector.


El gran ausente en la literatura suele ser, sobre todo, el olfato, debido posiblemente a la dificultad de expresar los olores con palabras. A nauseabundo, pestilente, hediondo, aromático y algunos adjetivos más se reduce el reino de lo olfativo, y ciertamente los que hay dicen bien poco del olor en cuestión. Es un sentido inválido, y para expresarlo tenemos que acudir a las asociaciones de ideas o pedir ayuda a los otros sentidos, como quien se apoya en muletas.


No obstante, recordad que los olores tienen una capacidad de evocación intensa y duradera, no sólo en quien escribe sino también en el lector. Un olor bien situado en un texto vale por cien imágenes.


Las emociones

Emociones: (Emoción: Estado afectivo de intensa alteración, especialmente de alegría, pesar o ansiedad.)

Este será otro factor que puede acercar un escrito al lector. Si el que narra está alegre, y esa alegría está bien expresada, el lector se sentirá automáticamente identificado en esa parcela de humanidad.

Las emociones se puede reflejar de muchas maneras, como por ejemplo diciendo directamente: me puse alegre o triste, o sentí muchísima ansiedad. No obstante, conviene reflejarlas en los actos (Me puse a dar pasos de ballet por todo el salón. Recorrí a toda prisa las calles de la ciudad fumando un cigarrillo tras otro con los dientes apretados).


SENTIMIENTOS

(Sentimiento: 1. Acción de sentir. 2. Estado afectivo que causan en el ánimo cosas espirituales. Sentir: 1. Experimentar una sensación. 2. Experimentar un estado afectivo o de ánimo. Estado de ánimo: Estado de una persona en lo relativo a sus sentimientos y a su actitud optimista o pesimista ante las cosas.)

Y aquí es donde los diccionarios empiezan a liarse e irse por las ramas, porque todavía no ha nacido la persona que pueda definir con exactitud lo que los sentimientos son.


Puestos a lanzar hipótesis al aire, yo diría que existe una gradación en el alma del ser humano: primero es la sensación, la cual provoca una emoción, que a su vez nos lleva a un sentimiento. Esta gradación no sólo es temporal, sino que también se produce -en mi opinión- en una especie de estratificación: la sensación está a flor de piel, la emoción es más cerebral y el sentimiento florece en las profundidades de la mente, alma, o como quiera llamársele.

Si es difícil convenir una definición para los sentimientos, más difícil aún es identificarlos. Y si identificarlos resulta una tarea de locos, no digo nada expresarlos con palabras.


La expresión de los sentimientos vendría a ser como una profundización racionalizada en las emociones. Decir estaba feliz o estaba triste es muy fácil; lo complicado, y lo más valioso y sincero, es expresar el sentimiento real, oscuramente contradictorio -pues proviene de una mezcla de sensación física, emoción subconsciente y razón-, que subyace bajo tierra como un león dormido.

Todos tenemos sentimientos, pero hay que marearlos mucho para conseguir expresarlos. No basta con que el escritor se emocione o sienta lo que quiere escribir: ha de saber plasmarlo sobre el papel para que el lector, que no está en su pellejo, pueda sentir, a su vez, lo mismo. Así pues, no se trata de explicar los sentimientos, sino de que quien lea el texto experimente, a su vez, lo que se ha tratado de reflejar.


EJERCICIO PRÁCTICO: (los tres grados).

- Has de hacer ahora un recorrido desde las sensaciones, pasando luego a las emociones, hasta que éstas exploten finalmente en sentimientos. Puede ser una historia de amor, una pasión escondida o un recuerdo de infancia. Puede ser algo real o ficticio. Pero no olvides, ante todo, darle una vuelta de tuerca a las emociones hasta convertirlas en sentimientos.

¡Releed la lección hasta haber entendido el ejercicio.!

Recordad: 1. Sensación 2. Emoción 3. Sentimiento.

_________________
«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Sab Jun 26, 2004 6:04 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
Elrond lo había revelado todo. Ya no existía secreto.Los largos años desde la partida de Arathorn, la crianza del futuro rey, los destinos de los hombres, la derrota de Sauron y el surgimiento del Nuevo Morgoth, quedaron de pronto a un lado de la historia.
Joshua estaba parado frente a la Cámara de Los Reyes en la Ciudadela de Gondor. Sobre el sencillo altar, lo esperaba su destino. Allí vio el Valandilmir, vio la piedra Elessar y vio su espada Amandil.
Una oleada de calor sacudió toda la estructura de su cuerpo y su rostro se cubrió de un frío y fino sudor. Con una mano nerviosa se enjugó la cara, consciente de las miradas de aquella alta asamblea. Podía sentir la respiración contenida de los otros en aquella enorme habitación. Toda su vida se le reveló de pronto y allí estaban los seres que la habían configurado. Elrond, Elladan, Elrohir, Arwen, Gandalf, Celeborn....y Aragorn. Aquel que Joshua veneraba como a un gran rey, su señor, un gran hombre. Aquel, quien desde hacía unos instantes, era .... su hermano.
Los nervios y lo inesperado de la revelación fueron superiores a sus fuerzas y debió apoyarse en una de las altas columnas de la Cámara. La librea de la Torre, lo ahogaba y deseaba desesperadamente salir corriendo del lugar. Entonces, sintió terribles deseos de llorar, de clamar al mundo por la injusticia de su pasado. Aquel abismo temporal, en el que creció creyendo que era un hijo de simples campesinos de las Tierras del Norte,húerfano y solo en el mundo. Siempre durante estos largos años había vivido creyendo que la misecordia de los Eldar lo había acogido. Y no era así, el era un hijo de reyes. Sus manos se crisparon feroces y dándose vuelta furiosamente enfrentó a la asamblea. La ira lo dominaba y sus ojos inyectados de rabia, siempre tan tristes y dulces, buscaron un destinatario para descargar la tormenta. Gandalf intentó evitarlo, pero notó en el rostro del joven dunadan, la majestad de su linaje. Y notó la transformación de ese rostro , cuando los rayos de sus ojos encontraron al destinado.
Joshua lo miró y en el instante mismo en que sus ojos vieron los del rey, en su interior la ira se trocó en bondad y la rabia en esperanza. Allí estaba, de pie frente a frente, con su rey y hermano. Y lo invadió el deseo que que Aragorn lo abrazara, de que el rey lo besara, de pasar horas interminables a su lado. De recuperar su historia, y entonces sus ojos reflejaron la ternura de antaño, sus manos recuperaron la dulzura y su cuerpo se volvió pequeño. Y sintió como todo su cuerpo se quedó sin dueño, como sus propias lágrimas calmaban el fuego de su furia, como sus mismas manos ocultaban su rostro por verguenza. Y lloró el dunadán como nunca antes lo había hecho en su vida. Y toda la angustia se borró de pronto, y toda la desesperanza se hizo añicos y tuvo deseos de cantar y de reír, de abrazar y ser abrazado, de enfrentar a todos y al mundo por aquello nuevo que le estaba destinado.
Pues todo aquello era vano frente a la gran revelación. No le importaban al joven ni los títulos, ni las coronas, ni los derechos. Joshua no negaba aquello a lo cual estaba destinado, sabía que debía cumplirse. Pero el sentimiento que explotaba su corazón, que desgarraba en pedazos su cuerpo, que le atormentaba la mente, lo había invadido todo.
Y la loca carrera a los brazos de su hermano fue el trecho más largo y doloroso de la vida del dunadán. Pues corrió hacia su destino embargado del más hermoso de los sentimientos. Y cuando sintió el calor de estos brazos iguales a los suyos, ese espejo en el que se estaba abrazando, esas lágrimas tan parecidas a las suyas, comprendió que la paz había llegado. Y amó, amó hasta el extremo.

CORRECCIÓN:

Muy bien, mejor al principio, porque luego hacia la segunda mitad va y viene entre los sentimientos y las emociones, sin fijar una frontera entre ellos.

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Lun Jun 28, 2004 9:22 pm 
Ciudadano de Bree
Ciudadano de Bree
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Registrado: Sab Jun 28, 2003 3:50 pm
Mensajes: 75
La verdad, es que esta historia daba para más y ha sido terminado un poco a trompicones..., como siempre el tiempo es mi mayor enemigo xD . Ya la continuaré más adelante...

Ejercicio:

Os hablaré de la historia de Elure e Idolea...,

Elure e Idolea nacieron y vivieron felices en la pequeña ciudad de Gueteburgo, a unos pocos de kilómetros de las montañas azules, que en el abrigo de su regazo protegían a la ciudad del mundo exterior. No eran muchos los niños que nacían en el pueblo a causa de su aislamiento, por eso cuando Elure e Idolea, años atrás, nacieron en el mismo día, todo el mundo entendió que sus destinos eran parejos, y que nada el mundo les separaría. Y así fue en verdad durante un tiempo.

Elure e Idolea recorrían los mismos caminos juntos, trepaban a los mismos árboles, reían de las mismas cosas, se entristecían por las mismas historias de incierto final y, del mismo modo, disfrutaban del olor de los pinos en las tardes de verano o de cualquiera otra cosa que incitara sus sentidos, pues la curiosidad habitaban profundamente en el corazón de ambos.

Fueron felices sin duda en esos tiempos, pero llegó el día en que ambos cambiaron. Primero fueron sus cuerpos, Elure creció rápidamente y sus brazos se hicieron fuertes y su espalda ancha, y en cara nació un incipiente vello, e Idolea, vio como su cuerpo se redondeaba, sus caderas y su pecho se ensanchaba y una herida se le abría cada luna. Este fue el principio del mal de Elure e Idolea, pues resultó los juegos con los que se entretenían antes ya no les resultaban divertidos, y sus pensamientos, se volvían cada vez más dispares, y todo en suma parecía cambiar para ellos de una manera distinta, pues ahora Elure ahora se divertía más cazando con su padre o compitiendo con los demás muchachos en ejercicios de fuerza, e Idolea prefería ahora los largos paseos, y el suave rumor de las cascadas, y siempre buscaba la soledad.

De este modo, Elure e Idolea, se distanciaron, y aunque en el pequeño pueblo se veían a menudo, sus mentes estaban separadas, de tal modo que cuando se encontraban sentían hastío el uno por el otro, quizás por causa del recuerdo de lo que tuvieron y perdieron.

Sin embargo, uno día Elure sintió nostalgia de Idolea, y decidió ir a verla al lago, donde muchas veces paseaba en soledad. Quizá por la costumbre de la caza, Elure se acercó en silencio con pasos suaves y ligeros, y al pasar la roca que separaba la entrada al lago, encontró a Idolea bañándose en soledad pero ésta no le oyó. En ese momento, Elure sintió vergüenza ante lo que veía y se escondió presto antes de que le viera; pues, aunque muchas veces se habían bañado juntos en esas aguas, esa vez sintió que era distinto y que con su presencia rompía la privacidad de un momento al que no había sido llamado. Decidió que debía irse, sin embargo su curiosidad era grande por lo que asomó su cabeza de su escondite y pudo ver como Idolea salía de las frías aguas completamente desnuda, y ante la belleza de su cuerpo, Elure se embotó de amor.

Ya nada fue lo mismo para Elure..., en su pecho nació la contradicción. Tanto era así que ansiaba ver a Idolea sobre todas las cosas, pero ante todo temía ese encuentro, prefería encontrarse aislado de su presencia, pero creía imaginarla en las formas de los abedules, el rumor de las aguas le recordaban su nombre, y en el aroma de las encinas encontraba el recuerdo del perfume de su cabello. Y cuando al final se encontraban su boca quedaba vacía de palabras aunque pasara las noches imaginando qué la diría y pensando en el adjetivo justo que describiera la firmeza de la torre de su cuello.

Así pasó el tiempo, y la enfermedad de Elure creció más y más en su corazón como un cáncer mortal, necesariamente incurable. Y aunque entendía que lo que sentía era en esencia bueno, a veces deseaba no sentir más ese desasosiego constante que sentía en su pecho hasta dejarle sin respiración, y hubiese matado a cualquiera que le privara de esa sensación.

Así andaba Elure, y todos en el pueblo conocían de su mal, salvo Idolea, que en la inconsciencia de su soledad pasaba la mayor parte del tiempo. Sin embargo, resultó que también Idolea sintió nostalgia de Elure, y deseó tenerle a su lado, así que le hizo llamar, pero Elure no se presentó. Por segunda vez le llamó, pero Elure parecía ignorarla, y al no tener respuesta, se dirigió a lo alto del monte Curias donde últimamente Elure se refugiaba, y allí le encontró llorando.

- ¿Qué te ocurre, Elure? ¿Por qué lloras tan desconsoladamente y no respondes a mis llamadas?- le preguntó mientras se acercaba. - ¿tanto nos hemos distanciado?
- ¿Eres tú, Idolea? O me engaña el viento.
- Soy yo. ¿No me reconoces?- le respondió extrañada.
- ¿Cómo puedo saberlo? Mis ojos ya no son mis ojos, mi boca ya no es mi boca, mis oídos yo no oyen sino para ti. Todo me habla de ti..., y las ilusiones no son algo nuevo para mí. Estoy enfermo, ¿entiendes?. Enfermo de amor por ti, no hay cura posible, salvo que me ames de igual manera. ¿Serías tú capaz de amarme de esta manera?
- Tú no me amas, Elure. Confundes los sentimientos, sólo echas de menos nuestra complicidad. No creo que me ames. Eres sólo un chiquillo confundido.- le dijo, mientras se ponía más y más nerviosa. ¿Cómo podía amarla? –pensaba- ¿acaso le había dado permiso?
- Te amo sobre todas las cosas, porque todas las cosas no fueron hechas sino para enaltecer mi amor. – le dijo llorando.
- No te creo- le dijo con crueldad. Si de verdad me quieres, sabrás sacar fuerzas para olvidarme, pues yo no te amo ni nunca podré amarte.
- Esta bien..., todo está dicho, dijo cesándose su llanto. Mil dones tengo para darte y sólo uno escoges. Que mi último don sea mi olvido.

Esas fueron las últimas palabras, pues al punto, Elure se levantó prestó y con un gran salto se lanzó al vació desde la altura del monte Caras hasta despeñarse con el suelo. Y aunque Idolea intentó evitarlo nada pudo hacer por impedirlo. Y cuando descendió presta hacia donde se encontraba los restos de Elure lo recogió entre sus brazos, lloró desconsoladamente, y su entendimiento se perdió entonces por siempre. Sin embargo, de cuando en cuando entre susurros repetía:

- Maldito, maldito el tiempo, que nos arrebató nuestros juegos.


CORRECCIÓN:

Preciosa historia, que recorre muy bien el camino desde la visión de la desnudez de Idolea (sensación), pasando por las emociones de Elure (amor, deseo, nostalgia, tristeza) y por fin llegando al sentimiento final, el amor transformado en rechazo, dolor y desprecio a la vida. Muy bien, como siempre, ha logrado crear una buena empatía con su trabajo.

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En el Principio era el Verbo, y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios...


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NotaPublicado: Lun Jun 28, 2004 11:31 pm 
Maestro del Poney
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Capítulo: La composición
- La escena

Nos vamos a detener ahora en la forma de estructurar el discurso narrativo para que cualquier cosa que contemos adquiera interés y relevancia. Es decir, vamos a construir un edificio sólido donde el estilo y los recursos expresivos de cada puedan sostenerse a la hora de narrar. La forma de engarzar los diferentes elementos del discurso es lo que llamaríamos la composición. Resulta una cuestión fundamental, porque la manera en que lo hagamos va a influir directamente en el sentido del texto. Las unidades narrativas más importantes que componen una historia son:


1.Escena: la escena es una parte de la narración cerrada en sí misma, sometida a unos principios de unidad (tiempo, lugar y acción) y, en la mayoría de los casos, a un mismo punto de vista. La escena, por consiguiente, exige al autor una indicación escueta o detallada del marco físico y alguna insinuación sobre el paso del tiempo (variaciones de la luz, del ruido ambiental...). Como consecuencia, los límites de la escena son muy precisos, de modo que constituyen una secuencia completa, identificable dentro de la narración. A veces en ella la voz del narrador pasa a un segundo plano y el uso del estilo directo nos permite escuchar, de primera mano, las palabras de los personajes (sus diálogos).

Como recurso de composición, la escena coloca al lector en medio de la acción dramática. Le invita a asistir a los hechos y puede tener, por eso mismo, un efecto envolvente: un suceso que oímos de boca de otro y un suceso que presenciamos no nos conmueve en la misma medida. No es lo mismo mostrar los hechos que decirlos, igual que no es lo mismo ver una película que oírla contar a un amigo.


2.Narración lineal: consiste en contar los hechos al mismo tiempo que suceden, como en la escena, pero variando en este caso los escenarios y las acciones. En la novela negra se da mucho, cuando el narrador (la cámara) va siguiendo al detective en todas sus investigaciones, le acompaña en sus idas y venidas, corre y se esconde con él en las persecuciones, etc. Es muy útil para mantener la tensión narrativa, mientras el hilo de la acción está pendiente de resolución, como cuando en las películas nos muestran a la chica realizando sus acciones cotidianas (lavarse los dientes, ponerse el pijama...) mientras nosotros sabemos que el asesino está escondido en el armario.


3.Resumen: en el resumen el tiempo de la acción es mayor que el tiempo de la narración. Por poner un símil cinematográfico: es muy común que, en algunas películas, aparezcan contados varios años de noviazgo feliz entre los dos protagonistas por medio de planos difuminados (como las fotografías de boda), uno detrás de otro; en uno los dos novios pasean juntos por un parque en primavera; en el siguiente se besan en el cine sin reparar en la película; después aparece él regalándole flores a ella; y así sucesivamente. Luego vuelve la cámara a centrarse y pasa a contarnos, en una secuencia de escenas más lentas, a tiempo real, la gran catástrofe que rompe, en poco tiempo, la felicidad construida en esos años.


Cuanto más tiempo cronológico abarque la historia que queremos contar, más tendremos que acudir al resumen, como es lógico. Si queremos abarcar varios años en una narración breve, el mismo formato nos obligará a contarlo prácticamente todo en forma de resumen. Por eso, aunque no hay reglas fijas para la creatividad, conviene que si deseamos escribir algo corto no intentemos abarcar demasiado tiempo en las acciones, pues corremos el riesgo de que los resúmenes devoren la historia y, de esa forma, no tendríamos la oportunidad de acercar los personajes ni sus acciones a los ojos del lector.


La composición
- La elipsis



Continuamos hablando de la composición.


4.La elipsis: la elipsis es similar al resumen, sólo que en ella se omiten por completo los hechos ocurridos en un tiempo dado, aunque se hace referencia a ese lapso. Por ejemplo, es común encontrarla en los cuentos populares, cuando el relato abarca muchos años: «Cuando la bella muchacha cumplió quince años...». Se habla al principio del nacimiento (envuelto en profecías) y luego, en el siguiente párrafo, zas, la niña ya tiene quince años, que es cuando se pincha con la rueca, etc., etc.


5.Descripción: la descripción es el retrato estático de las personas y las cosas (paisajes, objetos, ambientes, lugares...) presentes en la narración. Es, por decirlo de alguna manera, un tiempo muerto, un paréntesis en la acción.

El tiempo de la narración es, por tanto, mayor que el tiempo de la acción. La cámara se demora en los detalles precisos de personas y objetos, recrea la vista en colores y formas... La descripción nos impresiona por sus coordenadas espaciales.


La mezcla atinada de estas unidades va a ser la clave de lo que podríamos llamar el ritmo narrativo. Imaginemos un reloj de arena con varios estrechamientos en lugar de uno sólo. La arena que va cayendo sería la historia (la línea narrativa); las partes más anchas del reloj, en las que la arena se demoraría con pereza antes de seguir su camino hacia abajo, serían las descripciones y digresiones; las partes algo más estrechas, por las que la arena empezaría a precipitarse, serían las escenas y la narración lineal; y, por último, los estrechamientos por los que la arena pasa a toda velocidad hasta caer en el siguiente nivel, serían los resúmenes y elipsis.


EJERCICIO PRÁCTICO: (un día de tu vida).

- Narra un día de tu vida de principio a fin, introduciendo las siguientes unidades narrativas: escenas, narración lineal, resumen, descripción y elipsis. Has de usarlas en su justa medida (escenas con diálogos en los momentos importantes, resúmenes para aportar informaciones necesarias pero que no requieran detalle, elipsis para señalar un lapso de tiempo, etc.). El interés del lector en lo que estás contando va a depender del ritmo narrativo que le des al discurso.

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
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NotaPublicado: Mié Jun 30, 2004 8:40 pm 
Ciudadano de Bree
Ciudadano de Bree
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Registrado: Sab Jun 28, 2003 3:50 pm
Mensajes: 75
Bueno, me ha salido un escrito muy soso..., hoy no me apetecía escribir mucho; pero, bueno, ahí está:

¿Por cierto? Yo también me pregunto qué pasa con los demás. Espero que estas magníficas clases sigan tan concurridas como hasta ahora.

:-)

Ejercicio:


Me levanto temprano, muy temprano, tanto que si quisieran yo podría encargarme de dar al botón que hace que empiece el mundo; y sin embargo, cuando salgo el mundo ya ha empezado, debe haber otro que se levante antes que yo... No hay mucha gente por las calles, pero la que hay parece que va buscando un cuarto de baño, pues siempre va con prisa y apenas repara en el resto. Ni tan siquiera en la RENFE, ese reducto de música clásica para iniciados, ni siquiera entonces la gente se relaja, bueno alguno hay que se duerme, pero con un ojo abierto mirando que nadie se acerque demasiado al bolso, y otro que se abre alternativamente cada equis estaciones. Vivimos en un mundo estresante.

Llego al trabajo:

- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿qué tal?
- De miér...coles. Pero al menos ya queda menos para el fin de semana.
- Sí, pero todavía queda un rato...
- ¿Algo nuevo?
- Lo de siempre.

Pasan ocho horas de escrituras que pasan por mis manos: “Fecha de inicio, bien, titulares, bien, tipo de salida, bien, diferencial, bien. Todo bien” Decir más de lo que hago es aburrir a las vacas. Podría decir que me dedico al maravilloso mundo de la hipoteca. Es mentira, me dedico al bien, bien, bien... Esta bien, sigamos.

Salgo sobre las cuatro,( un mundo por delante), realmente aquí empieza mi día. Si mi día se acabara a las cuatro, lo juro que no me levantaba. Sin embargo, cuando me libero del lastre de la mañana, soy otro, en los pies me crecen alas y en mi cabeza empiezan a bullir miles de ideas. Nunca tengo muy claro lo que voy a hacer, sólo que algo haré. Por costumbre, suelo dedicar un tiempo a escuchar música, casi siempre músicas del mundo, no muy conocidas pero terriblemente bellas, quien no las conozca se pierde mucho. Luego me entretengo con algo de lectura, quedar con algún amigo, algún trabajo atrasado, o cualquiera otra cosa. Casi lo único fijo del día aparte de las comidas, es lo que viene después; mis clases de tenis. Me apasionan mis clases, si los psiquiatras descubrieran el poder reparador de un buen golpe de derecha lo recetaban como rosquillas. Cuando vuelvo... tarde ya, últimamente me paseo por el Poney, hago mis ejercicios, lo más deprisa y dignamente que puedo.

Finalmente queda lo mejor del día: cuando hablo con Pal, es entonces cuando entiendo el porqué del día, el porqué de este cúmulo de sin sentidos. Cuando no hablo con ella, pienso que perdí un día, que ese día el Sol ha amanecido y se ha ocultado sin que yo me diera cuenta... ¿qué hice yo antes de conocerla? Aún no me lo explico.

Lo que queda es aire y viento: cenar, ver algo de tele y soñar que mañana será un nuevo día. Quizá mañana encuentre el sentido del día desde las seis de la mañana, de soñar nunca se murió nadie.



CORRECCIÓN:

Magnífico ejercicio. En él se aprecian todos los recursos exigidos con claridad, lo único que se echa en falta es algo más de descripción, pero lo suple con frases realmente brillantes que derrochan imaginación.

_________________
En el Principio era el Verbo, y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios...


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NotaPublicado: Mié Jun 30, 2004 9:12 pm 
Viajero Asíduo
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Registrado: Sab Abr 24, 2004 11:03 am
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Bueno, esta vez si llegué a tiempo.
La vez pasada estaba celebrando un cumpleaños y se me olvidó enviar el ejercicio.
Cuando conecté a la mañana siguiente ya estaba puesto el nuevo. Aunque la verdad lo estuve mirando y ya se que me dirian que hay demasiadas emociones, que no es una progresion valida.

Ayer

Ayer debía ser un día como otro cualquiera, solo un poco diferente, si cabe, por el hecho de que me había propuesto relatar todo lo que diesen de si esas 24 horas y porque me tocaba revisión oftalmológica, casi nada...
El día empieza a las cero horas, pero como podéis suponer, a esta hora acostumbro a estar en brazos de Morfeo así que lo empezaré en el momento en que sonó mi amado y odiado aparato despertador, que todos los días me despierta con la música de mi emisora favorita de radio.
Recuerdo que pensé que ya podrían poner otra grabación porque llevaban tres semanas enchufándonos la misma todos los martes. Y justo a las cinco sonaba una de esas músicas pegadizas de los años cincuenta que se te queda en la cabeza y la vas tarareando todo el día.
Me levanté medio zombi y después del obligatorio, pero breve, paso por el baño me dispuse a preparar el diario café con leche y el bocadillo para mi marido. Una rutina que ha cambiado de horario conforme iban cambiando los lugares de trabajo. Pero que ejecuto desde hace casi veinte años con esa celeridad que da la practica.
A las cinco y media salí con el hasta la puerta del garaje para despedirle. Después del acostumbrado ritual del abrazo y el beso, y el ve con cuidado, por favor. El salió raudo hacia la carretera y yo me quedé en la puerta del garaje con la mano levantada diciendo adiós.
No bien el se hubo ido, empecé a organizar mi día, a las seis empiezo mi jornada, así que me quedaba media hora.
Pasé al lado de la lavadora y observé que una montaña de ropa sucia esperaba pacientemente a que alguien la pusiera en su interior, así que le bajé un poco la altitud a la montaña, después los chicos podrían tenderla y poner otra hasta convertirla en una llanura.
Yo me dedico a dibujar los planos de las piezas que deben realizarse en el taller mecánico propiedad de la familia de mi esposo. Lo hago en casa, aunque a veces me toca pasar la mañana allí, atendiendo al teléfono.
Mientras bajaban los mensajes del día, me di una buena ducha y me tomé el café, negro y bien cargado y empecé a trabajar.
Más o menos a las ocho dejé por un rato el trabajo, tocaba levantar a los chicos y desayunar un poco. Los chavales comieron a toda prisa, porque tocaba ir a por las notas al instituto y eso era mucho más emocionante que ir a clase.
Cuando volví a sentarme al ordenador a lidiar con los dibujos, sobretodo con uno que me trae de cabeza desde hace unos cuantos días, mi amiga Eva ya estaba en el trabajo. Así que la llamé, necesitaba que me pasase unos enlaces para mi relato, me había prometido buscarlos mientras espera llamadas en su centralita.
Estuvimos conversando a ritmo de Messenger, pero sin desatender nuestros respectivos trabajos, que es lo que hacemos habitualmente. Por lo tanto, una conversación que podría haber durado unos 20 minutos como máximo, nos tomó una hora y media.
A las once salí disparada hacia el oftalmólogo, me tocaba revisión. Voy una vez cada seis meses, bueno eso es un decir. Esta vez hacia seis meses de mi última visita.
Y es que desde el verano pasado, estos días hizo un año, he sido asidua de su consulta.
Las vacaciones de verano de ese año fueron lo mas espeluznante que he vivido en mi vida, primero la operación en la vista, con el terror de saber que si no salía bien no volvería a ver. Y luego la larga convalecencia aguantando el calorón que nos regaló ese año el verano.
La doctora me graduó la vista. Por ahora no debo llevar gafas para leer de cerca, ¡uf! ¡Menos mal! Unos meses más sin el rollo de las lentes progresivas.
Luego me pasé mas o menos una hora en la sala de espera. Saqué la libreta y aproveché para escribir un rato mi relato, que lleva unos cuantos días aparcado, la gente me miraba, supongo porque yo hago sin querer muecas cuando escribo siguiendo el ritmo del relato.
El tiempo me pasó volando entre hobbits y orcos y llego la hora de las gotas que te ponen para dilatar el ojo.
Las malvadas pican como si estuviesen hechas de ascuas de fuego y al cabo de un momento empiezas a ver las cosas borrosas.
Unos diez minutos más tarde me hicieron pasar al consultorio. ¡Glups! Tragué saliva. Cada vez que me miran en ese aparato que ve tu retina se me pone el corazón a cien por hora. Supongo que es porque tengo miedo que me digan que vuelvo a tener la vista mal.
La doctora me hizo sentar i empezó la sesión de torturas a mis ojos. Primero algo que te manda un impacto de aire frío, luego un aparato que parece una lente donde ella va tomando medidas, no sé de que. Y por ultimo la luz esa que te hace daño en los ojos. Le llaman observación del fondo de ojo y es la cosa que mas temo.
La doctora miró primero en el ojo malo, cogió una especie de lente y se colocó un aparato en la frente por el que se mira y que emite una luz tan fuerte que te duele en el ojo.
- A ver, abre bien el ojo – dijo – a la derecha, a la izquierda, arriba, mas arriba...
Mientras. yo con el corazón acelerado. seguía las instrucciones intentando ver en su tono de voz si todo andaba bien.
Cuando hubo terminado con uno empezó con el otro y me dedicó una sonrisa mientras hacia el cambio.
La verdad es que yo no la vi, solo veía una especie de mancha borrosa que era su cara bajo esa potente luz.
Entonces repetimos el ritual de las posiciones mientras yo pensaba que ese era mi ojo bueno pero, que en cualquier momento podría dejar de serlo.
De pronto la doctora se levantó – vuelvo en un momento –dijo y salió de la habitación.
Yo me quedé allí con el corazón en un puño. Temiendo que esta vez mis miedos se vieran confirmados.
Entonces entraron tres doctores. Una de ellos era la doctora que me operó, y la otra la que me visita. Al otro doctor lo había visto por el edificio, pero no sabia quien era.
Estaba bastante asustada, bueno, la verdad es que estaba muy asustada. Tanto que no entendí lo que me decia el doctor y el pobre hombre me lo tuvo que repetir.
- ¿Que tal le va con la prótesis?¿ Le molesta mucho?- me dijo
- No, casi nada - Contesté, sintiéndome muy estúpida.
- He traído a los otros doctores para que miren en tu retina porque esta tan bien que parece imposible.- dijo mi doctora, que es muy campechana y lanzada
- A ver esa maravilla – dijo la otra doctora con una sonrisa.
Y por turno los tres doctores miraron mis ojos y se enfrascaron en una charla médica donde se notaba la satisfacción por haber conseguido que ese ojo mío, que decidió abrazar la oscuridad, volviera a ver casi como antes.
No entendí la mitad de las cosas que dijeron. Pero la verdad me contagiaron su alegría, sentí que todo estaba bien y que podía decir que esa pesadilla no volvería por el momento a enturbiar mi vida.
Al cabo de un rato se encararon conmigo y me felicitaron. La doctora me golpeo suavemente en la espalda mientras los otros me daban la mano.
Después se despidieron hasta dentro de seis meses. Esta vez deberé visitarme con la otra doctora, la que me operó.
Salí de la consulta medio cegata, pero más contenta que si me hubiesen regalado el palacio de la Moncloa con todo su contenido. Llegué al tren y lo tomé para ir a casa.
El viaje fue corto, cortísimo, porque, como todo lo que miraba me parecía borroso, cerré los ojos y me dormí. Menos mal que iba a final de trayecto y cuando el tren se paró un señor que se sentaba delante de mí me despertó.
Al llegar a casa ya eran las dos y mis crios me recibieron con una de cal y otra de arena, como siempre. El niño había pasado la ESO, un poco justito, eso si. Pero la niña había suspendido el catalán y estaba bastante mosqueada porque sabía que su padre la reñiria.
A pesar de todo habían preparado la comida, una ensalada de pasta y unas salchichas. Cosa que me fue de rechupete porque estaba acalorada y agotada después del viaje.
La tarde fue de lo más tranquilo, comimos con los niños y después de la inevitable sesión de dibujos en la televisión salimos por ahí.
Estuvimos unas tres horas fuera, pasamos por la óptica y encargamos unas gafas nuevas para mí y al final me convencieron para que comprara a la niña unas nuevas gafas de sol. Y luego nos perdimos en las galerías comerciales en busca de ropa para su salida de aventura de la semana que viene.
Al llegar a casa tuve que sentarme en el ordenador otra vez, mi marido necesitaba unos dibujos urgentemente.
Eso si, me felicitó por las buenas noticias de la doctora y prometió llevarme por ahí para celebrarlo en cuanto nos quedemos solitos la semana que viene.
Después de cenar intenté mandar este relato, pero se ve que el día no debía terminar así.
Mi hijo había estado trasteando en el Messenger. Se le ocurrió la genial idea de instalar una nueva versión sin saber como hacerlo.
Me dejo la conexión toda desconfigurada así que tuve que pasarme un buen rato arreglándola y se me hizo tarde para conectar.
Por fin, a las once, llego la camita y el final de este largo día.


CORRECCIÓN:

Muy bien, predomina la narración lineal, hay escenas, resumenes y alguna descripción, aunque las elipsis quedan un poco diluidas. Ha de vigilar la ortografía, la falta de tildes es impresionante.

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- Ghash, ¿eso es fuego en ...?
- Si chico- me dijo- eso significa fuego.
- En la lengua de los orcos- dije yo con un hilo de voz.
- Es que yo fui una vez un orco- contestó con una voz suave y una sonrisa.
Y se marcho.
( de Ghâsh)


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NotaPublicado: Jue Jul 01, 2004 12:35 am 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Mi día de ayer

Si bien los días comienzan a la medianoche, mi día comienza habitualmente a las 5.45 de la mañana, cuando la campanilla de mi reloj me anuncia alegremente que se ha acabado el baile de la sábana blanca. Trato siempre de no arrojarlo lejos, ya que debe ser mi despertador número diecisiete. Me lleva unos quince minutos salir del encantamiento y en ese tiempo me dedico a acostumbrar mis ojos a la penumbra del cuarto. Veo la forma del cuerpo amado a mi lado y siento su respiración tibia y tranquila. Es casi un rito recorrerlo suavemente con un dedo, caminando las rutas de su columna vertebral hasta que la mano amada me aparta en un gesto cariñoso.
Pronto me encuentran las sombras de la casa en la cocina, preparando el cafe, las tostadas y repasando mis actividades del día, mientras las únicas luces que cortan la oscuridad son las de la calle. Aquí en invierno, hasta las siete y media de la mañana nos gobiernan las sombras, pero quienes trabajamos temprano, ya nos hemos acostumbrado a ellas.
Tambien se ha convertido en rito, escuchar las noticias del día en la radio del coche, mientras voy rumbo al Centro. ¿Ya les había dicho que soy profesora?Que los piqueteros han cortado una ruta, que el presidente está de gira por China, que la inflación sigue igual, que el dólar y el euro cotizan en alza, que otro crimen,que.... Un rosario infinito de letanías periodísticas que lo único que consiguen es que preste aún más atención al tránsito, que por cierto ayer se presentó bastante movido.
El Centro en el que trabajo es muy bonito, aunque según mi humilde opinión le faltaría un poco más de naturaleza. Los niños concurren allí desde los tres a los diecisiete años y. como es una escuela de gestión privada, tienen varias actividades extras que no tienen en otras escuelas: religión, educación para el amor, coro, talleres,etc.
Mi mañana se escapó entre la clase de lengua al segundo de polimodal, la evaluación de las Jornadas Tolkien con mis compañeros de departamento y otras actividades varias.
Pero estando un tanto absorta en la sala de profesores, una de las secretarias se acerca para anunciarme que unos padres querían entrevistarse conmigo.

- La situación es inmanejable. Ya no tenemos control sobre el, no podemos fijarle horarios, se ha vuelto contestador y nada le cae bien...¿que deberíamos hacer?- me pregunta el padre.
Antes de contestar repaso mentalmente las anteriores entrevistas con este matrimonio. Su hijo siempre ha tenido problemas y el equipo de psicopedagogos de la escuela ha observado conductas que podrían tener que ver con el consumo de sustancias prohibidas.
- En la entrevista anterior, hablamos sobre la posibilidad de un chequeo medico y una consulta a un psicologo ¿que hubo de las mismas?- pregunto muy profesionalmente.
Y escucho, como ya lo suponía la misma respuestas. Que no tenemos dinero, que no tenemos tiempo, que no es necesario, que las cosas pueden solucionarse de otra manera.
A veces pienso que he escogido una carrera un tanto ingrata, pues son muchos los esfuerzos que hace uno y siempre busca el apoyo de las familias de sus alumnos. Pero, como dice el refrán, cada familia es un mundo, y el mundo no es color de rosas.
Como a las dos de la tarde, fui al comedor del Centro y comí un par de bocadillos junto a mis alumnos "elfos", "hobbits", "hombres" y "magos". El comedor se ha transformado en una suerte de "Poney Pisador" y nos gusta juntarnos allí, ya que los niños son de distintos cursos y pueden coincidir en el comedor. El comentario de ayer fue que en las tiendas ya podía comprarse el DVD de "El Retorno del Rey" y si nos ibamos a juntar a verla.
A las cinco y luego de seguir dando clases, volví a casa, previa pasado por la tienda a comprar algo para la noche. Estuve un rato bajando mensajes, posteando aquí en el foro.

Charlamos, perdimos un poco el tiempo, limpiamos algo de la casa y como a las ocho de la noche, partimos con el cuerpo amado rumbo a nuestras obligaciones de la noche. El deporte y el coro. ¿Quereis adivinar a cual fui yo? Pues es muy fácil, al Coro.
Mendelhsonn, algo de Guastavino, algunas obras de nuestro folclore, y obras nuevas, fueron pasando en esas dos horitas. Mucha palabra y no tanta música, pues con esto de que en septiembre nos vamos de gira a España ( a ver si nos vais a ver, que actuamos en Barcelona, y en Valencia, y en el Pais Vasco) hay mucho que organizar.
Absolutamente agotada, llegue a casa y luego de un más que rico pollo con papas al horno que mi cuerpo amado me había preparado en el corto tiempo en que me precedió en la llegada, una ducha reparadora y a la cama.
Las últimas imágenes que mi mente en sueños, recuerdan del día de ayer, fue el rostro querido muy preocupado viendo una noticia en el periódico.



CORRECCIÓN:

Muy bienm ha usado todos los recursos del ejercicio muy bien, me ha encnatado especialmente el uso de la elipsis, muy cinematográfica, y no hay nada que reprochar.

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Jue Jul 01, 2004 7:17 am 
Maestro del Poney
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Capítulo: El tratamiento del tema

Los grandes temas -y a estas alturas ya lo sabéis todos- no existen. Lo importante en el cuento es la trama, esto es, cómo se organiza artísticamente la historia en el discurso y el tratamiento que se le da a la idea.


Vamos a ver a continuación algunos aspectos del cuento que nos pueden ayudar a la hora de tratar los temas.


1.Ajuste de la forma al tema: sea cual sea el tema que escojamos para nuestro cuento, todo en éste (los recursos expresivos, el tono, los detalles...) debe estar a su servicio. No basta que el tema conmueva a quien lo escribe, sino que el autor ha de utilizar todas sus armas para que conmueva al lector.


Sin embargo, atender al tema no tiene por qué implicar un conocimiento de todo lo que ocurrirá en el cuento, sino que más bien es un punto de partida, el centro de gravitación, una chispa alrededor de la cual se irá tejiendo el relato en círculos concéntricos.


2.Brevedad: una de las características más representativas del cuento contemporáneo y que, por tanto, va a afectar al tratamiento del tema, es la brevedad. Conviene tener esto en cuenta a la hora de sentarse a escribir, pues la economía de medios es fundamental. Las largas digresiones o descripciones están reservadas a la novela. Todo lo superfluo que eliminemos en un relato irá a favor de su efectividad.


3.Unidad y esfericidad: en la misma línea, en el cuento hay que trabajar la unidad. El tema, la idea, es una chispa; al crear el relato alrededor de ella, conseguiremos que el efecto final sea unitario. Al contrario que en la novela, donde se trabaja acumulativamente, estirando de varios hilos, con temas y ramas secundarias, el cuento requiere una unidad que nos haga percibirlo como un todo, como una descarga eléctrica. Cualquier elemento que distraiga la atención del lector hacia temas circundantes hay que suprimirlo. Es preciso procurar no caer en la tentación de irse por las ramas; ése es un privilegio que, como indica Julio Cortázar, uno sólo puede permitirse en la novela.


Pensad en los buenos cuentos que habéis leído, aquellos que perduran en la memoria, y os daréis cuenta de que ninguno carece de unidad. Intentad, también, eliminar de ellos una frase, un párrafo. Comprobaréis que el relato se tambalea y pierde sentido. Este mismo ejercicio debéis hacerlo con vuestros propios cuentos una vez escritos. Si no superan la prueba, replantearos el tema y la forma en que lo habéis desarrollado. Para que esta característica de todo buen cuento no se os vaya de la cabeza, mirad cada relato que escribáis como quien mira una esfera. Ha de ser algo redondo, cerrado, cíclico.


4.Intensidad: otra noción interesante al tratar el tema es la de intensidad. No hay que confundir intensidad con efusión o con énfasis (cuidado). Sencillamente, para conseguir que el relato sea intenso, ha de importarnos de verdad, el escritor ha de meterse hasta el fondo, sumergirse a cien metros de profundidad. Es una cualidad que no ha de percibirse a simple vista, no ha de traducirse en un estilo afectado o enfático (que lo único que conseguiría sería empalagar al lector, inducirle a desconfiar de lo que le estamos contando), sino que es algo intrínseco al proceso de creación. Si el escritor vive con intensidad la historia que está contando, hay muchas probabilidades de que contagie al lector esa sensación.


5.Objetivación del tema: hay pocas cosas en que todos los escritores estén de acuerdo, pero una de ellas es que escribir es para ellos una necesidad. Para escribir hay que obsesionarse, y de esa obsesión nace la escritura. Todo escritor saca sus fantasmas de su interior, se deshace -o lo intenta- de ellos a lo largo de las páginas, en cuentos o en novelas, en poemas y artículos. Pero hay que tener cuidad, en literatura, de que a lo largo de ese proceso de liberación o exorcismo se objetive la obsesión. Ha de existir una distancia entre los temas que invaden nuestra mente en forma de pensamientos e ideas gelatinosas y su trasvase a un relato, en el que han de tomar forma de monstruos o sirenas, de hombres y mujeres que van o vienen, y que no son nosotros mismos. Es error muy común en los principiantes lanzarse a ese exorcismo desenfrenadamente, escribiendo sobre el papel directamente aquello que les preocupa: la injusticia social, que su mujer o su marido no les comprende, etc. Eso no es literatura, por muchas metáforas y metonimias que se utilicen. Los fantasmas han de atravesar la pared de nuestra mente y sentarse en el sofá del salón, y sólo entonces podrán convertirse en literatura.


EJERCICIO PRÁCTICO: (un microcuento).- Elige un tema aparentemente nimio (un grano de arroz, la caída de una hoja en otoño, una persona leyendo en el metro¿) y dale forma en no más de veinte líneas. Cuando lo hayas hecho, revísalo siguiendo las características que se han dado en esta lección y, si el texto no las cumples, corrígelo hasta conseguir que se atenga a ellas.

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Vie Jul 02, 2004 7:12 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
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Ubicación: En mi corazon, en Andunië
El ruido de la caída nos sacudió el silencio que llevaba horas oprimiendonos el pecho. La recompensa estaba depositada allí sobre la mesa. Veintisiete monedas de oro. Habíamos vendido ese silencio absurdo por veintisiete monedas. Años de historia y correrías a su lado no habían bastado para enfrentar la ira, la venganza, el miedo y el terror al Oscuro.
Veintisiete malditas monedas alcanzaron para vendernos por completo. Es curioso como el miedo paraliza. Sus enviados se rieron de nuestro miedo y clavando sus dagas en la mesa nos recordaron que aquella traición nos acompañaría el resto de nuestros días.
Solo Findel se atrevió a hablar: - Seremos malditos hasta el último hálito de nuestras vidas. - y tomando la daga se quitó la vida.
Ahora, estábamos realmente perdidos. Habíamos vendido por terror y miedo la sangre de nuestro valeroso jefe y estábamos maldecidos por la muerte de Findel.


CORRECCIÓN:

Bueno, el tema no es nada nimio, desde luego, y el texto tal vez demasiado corto, lo cual impide que podamos diferenciar partes, y queda más como el fragmento de algun relato algo más largo.

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NotaPublicado: Vie Jul 02, 2004 8:47 pm 
Ciudadano de Bree
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Dicen las gentes que en algún lugar próximo al Desfiladero de Ciervo Caído, en la frontera con las tierras ásperas se levantaba hace ya muchos años una magnífica ciudad llamada Ter-Caubet, que en la lengua de sus habitantes significa “La Ciudad Escondida”. No era ésta una ciudad singularmente grande, ni singularmente hermosa, sin embargo, poseía una cualidad que la hacía completamente distinta a todas las demás, pues una intensa niebla la rodeaba, y de este modo, permanecía siempre oculta a todas las miradas. Nadie conocía de su existencia, salvo, quizás, el Viento del Norte que siempre trataba de atravesar sus muros. Pero Canawaril, la diosa protectora de la ciudad, siempre se lo impedía diciendo:

- No son éstos tus dominios, corre hacía las montañas azules, allí tu voz podrá dejarse oír.- Y aunque el viento, siempre protestaba con fuertes rugidos, siempre obedecía a la diosa, pues grande era su poder.

Sin embargo, un día el viento del Norte receloso de que la ciudad escondida no se encontrara entre sus posesiones hizo que un pequeño pastor se encaminara hacia las fronteras de la ciudad. El joven Asgar, que así era como se llamaba, hacía ya varios días, que moraba por los lugares buscando a una pequeña oveja que se le había perdido, hasta que se encontró con el muro de niebla que rodeaba a la villa. No estaba en su ánimo entrar en tal oscuridad, pero como quería mucho a su pequeña cordera decidió arriesgarse y se adentró en la espesura de la niebla hasta llegar antes las mismas puertas de Ter-Caubet, la Ciudad Escondida. Cuando los habitantes de la ciudad lo vieron entrar en sus calles lo trataron en un principio con recelo, pues nunca antes nadie había atravesado la espesa niebla, a la que creían insondable; sin embargo, al verle completamente desfallecido por el esfuerzo de su viaje, se apiadaron de él, y como mejor pudieron le cuidaron y alimentaron hasta que sanó.

En poco tiempo la amistad de Asgar y los habitantes del pueblo creció rápidamente, de tal modo que lo tuvieron como uno más entre ellos. De este modo Asgar vivió feliz en la ciudad escondida, pero aún así no podía olvidar el placer del Sol en las tardes de Primavera, los atardeceres en el Verano y el correr del viento por las tierras despejadas. Así pues, un día Asgar les dijo a todos que quería abandonar la ciudad y volver a su tierra, pues era mucha su añoranza. Los habitantes del Ter- Caubet al principio no le entendían pues nunca antes habían visto al Sol salvo velado por las nubes, ni conocían nada de las maravillas de las que hablaba el joven pastor; sin embargo, las palabras de Asgar eran tan hermosas y su fuerza y convicción era tan grandes, que también en ellos creció el deseo de conocer esas maravillas. No obstante, no querían abandonar las tierras de sus ancestros, por lo que muchos se irritaron con su suerte y protestaron al cielo diciendo:

- ¡Oh, Canawaril, diosa que nos proteges!, ¿por qué nos has tenido engañados? Afuera nos esperan miles de maravillas por descubrir y, sin embargo, tú nos has privado de estos dones con esta niebla que nos quita el aire y que hace que nuestras cosechas sean pobres por falta de calor. ¡Canawaril! –gritaron- si, en verdad, nos amas retira este velo que nos asfixia y deja que el sol y el viento entren sin obstáculo por nuestras calles. Hazlo o nunca más escucharás nuestras oraciones.

Al principio la diosa no quiso escuchar a sus protegidos, pero como era tanta su insistencia, terminó por ceder y permitió que el viento del Norte soplara fuerte sobre los muros de la ciudad. Y éste sopló y sopló hasta que llevó la niebla hasta los confines del mundo y nunca más se conoció dónde ésta había ido a parar.

La felicidad de los habitantes de Ter-Caubet era entonces completa, pues, en esos días conocieron todas las maravillas de las que habían sido privados hasta entonces y, en verdad, dijeron que era bueno. Sin embargo, no hay felicidad eterna en esta historia, pues sucedió que la fama de la nueva ciudad llegó a oídos de mercenarios y hombres de fortuna, y sabiendo que las defensas de la ciudad eran escasas, se dirigieron hacia sus fronteras y la sitiaron para apoderarse de sus tesoros. Y aunque mucho pelearon los habitantes de la villa para defender sus tierras, sus fuerzas eran pocas y estaban mal preparados, y pronto cayó la ciudad. Entonces los lamentos de los habitantes de Ter-Caubet fueron muchos, pues entendieron que por su estupidez habían perdido el mayor don que les había sido entregado y que les había mantenido a salvo durante tantos años. No obstante, Canawaril, se apiadó de su pueblo y los protegió en la batalla, por lo que muchos sobrevivieron pese a la fuerza del envite de los enemigos.

Ahora todo aquello está perdido, y de la magnífica ciudad ya no quedan ni tan siquiera las cenizas; sin embargo, todavía se puede encontrar por los caminos algún descendiente de la ciudad escondida que aún se afana en encontrar la niebla que les fue arrebatada por el Viento del Norte, pues, según ellos entienden, sólo cuando la encuentren encontraran de nuevo su morada y podrán rehacer un nueva Ter- Caubet, la Ciudad Escondida.


CORRECCIÓN:

Aqui sí, nos encontramos con un cuento con su principio, nudo y desenlace, muy bien redactado y con un final que remata con un broche de oro, tal y como se explica en la lección, el relato forma un todo. Perfecto.

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NotaPublicado: Vie Jul 02, 2004 8:51 pm 
La Deshacedora de Camas
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Registrado: Mié Jun 25, 2003 3:25 pm
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Ubicación: Habitación nº 13, El Poney Pisador
Hacía mucho tiempo que no le escribía una carta. Por la mañana había comprado las hojas de papel reciclado más bonitas de la papelería. Me dispuse a escribirle, aunque no sabía muy bien como empezar; pero las típicas frases del tipo “¿qué tal?”, “¿cómo estás?” o “¿mucho calor?” eran un buen comienzo. Cuando al fin había conseguido escribir fluidamente, el bolígrafo empezó a quedarse sin tinta. No tenía problema, bajaría a comprar otro... ¡no! ¡Sábado! Las papelerías no abrían los sábados por la tarde.

-¡Vaya! Ahora que estaba yo inspirada- pensé.

No podía dejar que las ideas se fueran de mi cabeza, así que seguí escribiendo la carta a trompicones, con esa grimilla que da cuando no rueda la bolita de la punta. La verdad es que soy bastante chapuzas, metí la carta tal y como quedó en un sobre y la eché al buzón. Nunca más obtuve respuesta. Puede que no le llegase mi carta, o quizá la vio tan cochambrosa, que no se paró a leer el “te quiero” casi invisible de la posdata.

CORRECCIÓN:

Relato un tanto sorprendente, por la nimiedad del tema durante casi todo él, y por el remate final con esa frase devastadora, que aporta gran intensidad a la nimiedad anterior. Muy Bien.

_________________
Las palabras a menudo mienten,
los ojos nunca.
Por eso es a ellos a quien obedezco.


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NotaPublicado: Sab Jul 03, 2004 1:22 am 
Maestro del Poney
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Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Capítulo: La construcción de la escena

Un relato se compone de escenas encadenadas. Puede ser una sola escena para un relato ultrabreve, pero habitualmente son más, para permitir un planteamiento, un nudo y un desenlace. Incluso en el famoso microcuento de Augusto Monterroso, "Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", hay tres momentos: el primero, elidido pero señalado por el adverbio "todavía", sucede antes de que comience el relato (el dinosaurio estaba en el sueño del protagonista). El segundo es el momento del despertar, de ruptura con el sueño y sus habitantes oníricos. El tercero, sorpresivo, es el descubrimiento de que el dinosaurio que ha traspasado la de modo fantasmal la frontera del sueño y se ha instalado en la realidad. Ocho palabras que encierran un cuento fantástico con presentación, nudo y desenlace.


Así pues, las palabras construyen frases, que se encadenan formando escenas, y estas a su vez relatos o novelas. Y es en la construcción de las escenas en donde queremos detenernos en este capítulo, porque de algún modo constituye la unidad narrativa mínima: la que, cuando está bien edificada, nos sumerge en la lectura y nos encadena a la narración. Hay muchas maneras de hacerlo, y aquí vamos a ver una de ellas que, sin aventurar que sea la única ni la mejor, sí es, desde luego, una manera efectiva y utilizada por grandes autores de distintas épocas y tendencias.


Y lo primero que hay que decir es que una escena gira alrededor de algo, habitualmente un objeto físico tangible, y que, para que sea visible al lector, suele acumular una buena cantidad de objetos, sustantivos concretos, verbos de acción y repeticiones. Pero no uno ni dos, sino un a buena cantidad de ellos. Veamos un ejemplo para ver cómo funciona este esquema, sacado de uno de los mejores y más divertidos relatos de ciencia-ficción escritos nunca. Nos referimos al comienzo del Viaje séptimo, de Stanislaw Lem:


Cuando el lunes, día dos de abril estaba cruzando el espacio en las cercanías de Betelgeuse, un meteorito, no mayor que una semilla de habichuela, perforó el blindaje e hizo añicos el regulador de la dirección y una parte de los timones, lo que privó al cohete de la capacidad de maniobra. Me puse la escafandra, salí fuera e intenté reparar el dispositivo; pero pronto me convencí de que para atornillar el timón de reserva, que, previsor, llevaba conmigo, necesitaba la ayuda de otro hombre. Los constructores proyectaron el cohete con tan poco tino, que alguien tenía que sostener con una llave la cabeza del tornillo, mientras otro apretaba la tuerca. Al principio no me lo tomé demasiado en serio y perdí varias horas en vanos intentos de aguantar una de las dos llaves con los pies y, la otra en mano, apretar el tornillo del otro lado. Perdí la hora de la comida, pero mis esfuerzos no dieron resultado. Cuando ya, casi casi, estaba logrando mi propósito, la llave se me escapó de debajo del pie y voló en el espacio cósmico. Así pues, no solamente no arreglé nada, sino que perdí encima una herramienta valiosa que se alejaba ante mi vista y se iba achicando sobre el fondo de estrellas. Un tiempo después, la llave volvió...


En el breve fragmento que hemos trascrito no hay un objeto concreto, sino un montón de ellos (marcados en negrita): espacio, Betelgeuse, meteorito, semilla, habichuela, blindaje, dirección, timones, cohete, escafandra, llave, tornillo, tuerca, pies, mano, comida, herramienta, estrellas... Nadie puede pensar que es casual esa acumulación de elementos, porque, además, la palabra llave se repite cuatro veces (o cinco si consideramos que la herramienta que se pierde en el espacio es la llave); dos veces cohete, timón, pies, tornillo, espacio, y como objetos relacionados con la nave espacial está cohete, blindaje, timón, dirección y escafandra. ¿No resulta extraña esta acumulación de elementos? ¿Cuál es su función? Pues es evidente: mostrar de manera plástica y concreta la nave en la que viaja Ijon Tichy. Su autor sabe que no basta con decir que Tichy viaja en un cohete: el lector tiene que ver el cohete, situarse en su interior y rodearse de todos esos objetos. De esa manera ya no le cabrá duda de que está viajando con Tichy por las cercanías de Betelgeuse.

Toda la escena, por otra parte, está saturada a su vez de verbos que indican acciones o movimiento (subrayados): cruzar, perforar, hacer añicos, privar, poner, salir, reparar, atornillar, proyectar, sostener, apretar, aguantar, escapar, volar, arreglar, alejar, achicar, volver... Y de nuevo hay que decir que no ha sido por azar, sino con un propósito bien definido: atrapar al lector desde el primer párrafo. Los consejos acerca del los buenos comienzos se cumplen a rajatabla: un personaje está en conflicto con su entorno. ¿O estar solo en medio del espacio con una nave que ha perdido la dirección no es un problema? ¿Cómo saldrá Tichy del atolladero? La única solución posible es seguir leyendo.


Si conectáramos las palabras repetidas o relacionadas con líneas, veríamos que bajo la piel de las palabras existe un armazón, un esqueleto invisible que sostiene la escena. Un armazón de objetos y acciones plenamente cinematográficos. Toda la escena gira alrededor de la llave, imposible de utilizar por un solo hombre. La escena termina con la llave perdiéndose en el espacio. Las cosas no mejoran.


La siguiente escena, de la que apenas hemos trascrito las seis primeras palabras, conectan con la escena anterior, pero no de una manera simbólica, sino física: la llave que en la última frase del primer párrafo se pierde en el espacio, regresa en la primera línea del segundo. El ensamblaje es perfecto. Esa es, si no la más adecuada, sí una de las mejores formas de enlazar escenas sin que se rompa la continuidad de la historia: llevarse un objeto de un párrafo a otro (la llave, en este caso). Si la llave funciona como un hilo fino que va cosiendo las frases y los distintos planos de la primera escena (usando la terminología del cine) hasta dotarlo de un esqueleto invisible, la repetición literal del mismo objeto, que reaparece a comienzos del segundo párrafo, no hace sino coser también una escena con otra, de modo que la continuidad está asegurada.


¿Cuál es la enseñanza que podríamos sacar de todo ello? Creemos que es bastante clara: te recomendamos que construyas las escenas amueblándolas no con uno, sino con muchos objetos concretos, que escojas uno de ellos para hacer girar toda la escena a su alrededor, que no temas repetirlo de manera directa o a través de sinónimos, que introduzcas suficiente movimiento en su interior, y que te lleves un objeto, nombrado en las últimas líneas de la escena, al párrafo, escena o capítulo siguiente con el fin de asegurarte de que tu narración no discurre a saltos, sino en un continuo sin fracturas. Y ello es aplicable, y aún más necesario si cabe, en el caso en que entre una escena y la siguiente transcurran años.


Las escenas, por último, se deben enlazar a lo largo de un relato largo o de una novela con este mismo esquema: un objeto, sensación o acción se repite más allá, pero se anuncia aquí, a través de la premonición y la retrospección, las catáforas y las anáforas, las anticipaciones y los cumplimientos. Y sobre todo ese armazón concreto y visible, puedes y debes añadir los componentes abstractos, reflexivos, emocionales y filosóficos que precises: ya tienen un cuerpo físico donde alojarse y abandonar la vida de fantasma que tenían antes.


EJERCICIO PRÁCTICO: (tres escenas).- Construye un relato con tres escenas. Entre cada una de ellas ha de haber transcurrido, como mínimo, seis meses. Cuando lo tengas escrito, comprueba que se atiene a lo que se ha comentado en esta lección.

Nota: Debido a motivos personales, la siguiente lección será el VIERNES que vien, por lo que teneis una semana para hacer éste ejercicio...

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Vie Jul 09, 2004 7:17 am 
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Siento no haber podido hacer el ejercicio anterior. he estado unos dias fuera por cuestiones de trabajo y no pude conectar.
Pero en cuanto volví me puse con el siguiente.
Espero que no me haya oxidado despues de tantos dias sin escribir.
xD

El tipo bajito entró en el bar luciendo un traje vistoso de un color miel y chuleando por su nueva posición como meapilas en el banco. Avanzó por la sala repleta de personal y se plantó en la barra a base de dar un par de codazos a una fulana pintada como para una función, y con más arrugas que una sabana de lino después de una noche de lujuria. Esta esperaba hacer negocio en ese día, pero estaba más aburrida que una ostra sorbiendo su julepe de menta.
Era sábado por la noche y además del acostumbrado grupo de trabajadores del puerto, se habían añadido unos marineros que habían llegado en uno de los barcos y también un grupo de señoritos del centro que debían querer catar la sordidez de una taberna portuaria cualquiera.
Pidió en el bar una bebida y pagó haciendo alarde de llevar un buen fajo en su nueva billetera de piel de cocodrilo. Luego, se dirigió paseando hacia el fondo donde cantaba una rubicunda mujer acompañada de un pianista.
Sus ojos se clavaron en una jovencita sentada sola en una de las mesas y sintió el deseo de demostrar a todos que su nueva posición le permitía coger a una de esas pobres desgraciadas, hermanas o hijas de los trabajadores del puerto y llevársela donde él quisiera.
Pero las cosas se le torcieron, la chica, que llevaba un vestido de algodón estampado, no mostró ningún interés por él, mas bien le huyó. Y es que el tipo no había nacido muy agraciado. Esa cara redonda y esos pequeños ojos saltones, rodeada por esa mata de pelo amarillento estropajoso, no le daban para nada un aire de don Juan. Pero ese día, algo más se añadiría a su ya de por sí poco atractivo aspecto. Su nariz, esa nariz que era lo único que podía rescatarse de esa cara, acabó aplastada bajo el puño de hierro de un estibador de puerto, un palmo mas alto que el y con unos músculos que parecían pistones de locomotora. Se trataba del novio o el hermano de la chica, al que no le hicieron nada de gracia sus galanteos y que acabó golpeándole en todos los morros y dejándole kao en un asalto que duró menos de dos segundos.
Se froto la aplastada nariz de boxeador, en un gesto nervioso que se había convertido en habitual en él desde hacia un año, se alisó el terno grisáceo y se peinó para atrás su ahora cuidado pelo amarillento, antes de entrar por la puerta. Le sorprendió la poca cantidad de gente que encontró, sólo los habituales, esos que ya estaban allí, como si no se hubieran movido de sus sitios desde el año pasado.
La vieja fulana, toda pintarrajeada y sorbiendo julepe de menta, seguía en su rincón. El grupo de trabajadores de aduanas jugaba al poker en una de las mesas. Jonás, el marinero borrachín, apuraba su vaso de ron. El barman secaba vasos y los iba colocando en el estante.
Se acercó a la barra y de pronto alguien le dio una palmada en la espalda.
-¡Caramba hace tiempo que no asomabas las narices por aquí! Señor importante de una agencia de transacciones comerciales con el extranjero. – oyó que le decían.
Se volvió molesto por la alusión a su nariz y se encontró con Don, uno de sus antiguos compañeros de juergas. Este lo arrastró hasta un rincón y allí se encontró con los otros tres.
-¡Mira a quien tenemos aquí¡ – exclamo Thomas – cuanto tiempo sin que vinieras a husmear por los bajos fondos ¿no?
-¡Claro! – fue la respuesta de Jack – ahora no se quiere codear con los pobres. Olemos demasiado a grasa del puerto y a cerveza barata.
El tipo bajito bromeo con ellos sintiendo que todos le miraban y esperaban que él dijera algo. Pero no se le ocurría nada gracioso. No había sido nunca un as en rapidez de respuestas. Y en ese momento solo deseaba hacer algo, salir de allí y no volver nunca. Toda esa sordidez le recordaba su época de pobretón. De wiskie y de tabaco de contrabando. De mujeres furtivas, a las que solo se podía llegar una vez al mes, cuando la cartera se llenaba con su sueldo miserable.
Sacó la cartera de piel y pagó unas rondas, el ambiente se estaba caldeando y por un instante el tipo bajito se sintió otra vez en casa. Con sus amigos de siempre, pero fue un instante fugaz. En un abrir y cerrar de ojos la taberna se llenó de estibadores exaltados que venían a remojar el gaznate después de una larga e infructuosa jornada de protestas por sus malas condiciones laborales.
El tipo bajito se apresuró a terminar su copa y se largo. No quería acabar con la nariz sangrando otra vez bajo el puño de uno de esos energúmenos. Cuando la puerta se cerro tras de él sintió que había hecho el ridículo y que él era el motivo de todas esas risas.

El tipo bajito se miró en la nueva puerta de espejo del local, su traje de verano a rayas, su corbata de diseño, sus gafas doradas montadas sobre su nueva nariz, su pelo teñido y peinado por el estilista de moda del momento. La puerta se abrió y por un momento se vio reflejado tal cual era años atrás, con el pelo alborotado y esa nariz de boxeador, la camisa de tergal de las rebajas y el viejo saco, con los bolsillos deshilachados, colgando de su hombro.
Entró y una música estridente le golpeó los oídos. Todo era diferente pero igual, como si la taberna se hubiese hecho, como el, la cirugía. Esperó encontrar a la pelandusca de siempre apoyada en la barra esperando clientes y la encontró. Pero ahora esta tenia mas o menos unos veinte años y lucia un escaso y apretado pantalón. En la barra un par de chavales apuraban sus cervezas, pero en sus ojos brillaban las chispas del polvo de ángel. Se acercó y se encontró cara a cara con el viejo barman, con el pelo canoso y una arruga permanente en su frente, que iba llenando, con cara de resignación, vasos y vasos del nuevo combinado de moda.
Los estibadores de entonces habían sido substituidos por jóvenes musculosos, vestidos de cuero y con ostentosas cadenas y pinchos en sus brazos y en sus cuellos.
Se sintió fuera de lugar, si no hubiese sido por la cita se habría ido sin más, pero se quedó en la barra esperando que Jack apareciera.
Una muchacha se le acercó, vestida con algo que en vez de vestir desnudaba, con el sudor resbalando por su ombligo y sus nalgas.
-Invítame a algo tío – le dijo y se sentó a su lado incitadora.
El tipo bajito sacó la cartera y llamó al barman. Luego aprovecho que le servían la bebida para acercar la mano a las prietas nalgas de la chica.
De pronto se encontró en el suelo, la nariz sangrando, las gafas colgando de una de sus orejas.
Vio una cara borrosa que se acercaba a la suya.
-¿Es que no aprenderás nunca? – oyó que le decían. – con estas tías no se juega.
-Jack, dime que no lo ha hecho – gimió el tipo bajito – no me digas que me rompió la nariz.


CORRECCIÓN:
Muy bien, aunque se podrían remarcar más los saltos del tiempo.

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- Ghash, ¿eso es fuego en ...?
- Si chico- me dijo- eso significa fuego.
- En la lengua de los orcos- dije yo con un hilo de voz.
- Es que yo fui una vez un orco- contestó con una voz suave y una sonrisa.
Y se marcho.
( de Ghâsh)


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NotaPublicado: Vie Jul 09, 2004 7:54 pm 
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Ahí está...

Éjercicio:

Santa María de las Tres Cruces.

La primera vez que visité la capilla de Santa María de las Cruces fue por casualidad. Sería hace unos diez años, aunque bien pudiera ser más. Por aquéllos días yo era aún estudiante y no era raro que hiciera excursiones por los pueblos de los alrededores aprovechando el buen tiempo, a ver si descubría algo interesante que contar en la Escuela de Arte que me valiera alguna pequeña subida de nota. La mayoría de las veces sólo encontraba piedras corrompidas por el paso del tiempo, recuerdos de edificios en otro tiempo grandes; pero sólo de vez en cuando, podía hacer alguna fotografía interesante que me sirviera de muestra de nuestro arte pasado.

En cualquier caso, ese día no tenía intención de visitar esa pequeñísima capilla. De hecho sólo iba de paso hace el pueblo de al lado, donde se puede visitar un notable puente post- romano del siglo VII; pero sucedió que yendo de camino a la altura de Santa María una pequeña tormenta de verano me sorprendió; la lluvia era intensa y no llevaba nada que me protegiera así que sólo se me ocurrió refugiarme en Santa María de las Cruces. Era una pequeña construcción de una sola nave, tremendamente oscura, por la escasez de ventanas, sólo una pequeña ventana en poniente iluminaba algo la estancia. Mientras estuve allí pude ver que las paredes estaban desnudas y manchadas con multitud de excrementos de pájaros y otros animales, tan sólo en la cara norte se adivinaba lo que en otro tiempo fuera un pequeño altar, ahora derruido, de lo demás nada había que no estuviera demasiado destruido para adivinar su función primigenia. Se respiraba ese aire extraño de los lugares cerrados, mezcla de polvo y humedad, por lo que lo cierto es que sólo quería que la tormenta pasara, para poder salir de ese ambiente opresivo. Afuera la lluvia golpeaba el techo con fuerza, pero poco a poco, la ira de la tormenta se fue calmando, con lo que no tardé en poder salir a cielo abierto; sin embargo, al salir me percaté que en una de las esquinas de la cara sur, posiblemente en el lugar más oscuro de la capilla se adivinaba una figura en el capitel de una columna dórica. La curiosidad me pudo y dirigí mi linterna hacia ese punto. Pude ver una magnífica virgen románica junto a un ángel, concretamente se trataba de la escena de la Anunciación. Destacaba poderosamente la figura de la Virgen, por su pureza y perfección, como si el paso del tiempo la hubiese perdonado. También destacaba su posición, pues parecía que ignorara la figura del Arcángel, dirigiendo su mirada directamente a la única ventana de la nave, como si esperase que algo o alguien se adentrara de un momento a otro. Era sin duda, una bella representación, que inmortalicé con mi cámara lo mejor que pude, tratando de mostrar la sensación que me había causado la primera vez que la vi; pero nada dije de ella, como si entre nosotros dos hubiera nacido el juego de guardarnos el secreto, quizás porque me gustaba pensar que el único que conocía la existencia de la Virgen expectante era yo.

Sin embargo, (así es la juventud) la olvidé pronto, hasta que sólo se convirtió en un recuerdo vago de cómo me refugié una vez de una tormenta de verano, aunque en el fondo siempre supe que alguna vez regresaría a Santa María para verla, bien fuera tarde o temprano. No volví a Santa María de las Tres Cruces hasta mucho tiempo después, al menos 8 años. No obstante, en esa ocasión, mi visita no fue casual, sino que desvié mi rumbo para poder ver a esa pequeña figura que sólo yo conocía. Sucedió que era la fiesta de San José, el 19 de marzo, festividad muy cercana a los equinoccios. Pues bien, cuando entré en la pequeña capilla, casi todo seguía como lo había visto hace unos años, el mismo olor desagradable, la oscuridad casi plena, las paredes desnudas, los restos de animales muertos y el mismo ambiente opresor. Sin embargo, al desviar mi mirada hacia la imagen de la Virgen Expectante, pude ver algo maravilloso: un pequeño rayo de Sol entraba por la ventana hasta iluminar a la Dama, y ella lo recibía y con él se congraciaba. Pareciera que todo había sido dispuesto para este momento, la figura expectante, la oscuridad casi plena, el pequeño rayo de luz que atravesando la pequeña ventana iluminaba la escena de la Anunciación. Enseguida comprendí que nada era casual, todo era fruto de un milagro de ingeniería de quienes construyeron esta pequeña capilla, que conociendo los movimientos terrestres y supra-terrestres habían diseñado esta escena, que para todos había permanecido oculta, hasta que mis ojos la habían descubierto por pura casualidad.

No obstante, necesitaba pruebas, y es por eso por lo que estoy hoy aquí. En este último año, me he valido de los mejores matemáticos y astrónomos para corroborar, lo que yo ya sabía: este extraño suceso, tiene que ver con los equinoccios, de tal modo que sólo dos veces al año la Virgen expectante es iluminada, a consecuencia de la especial colocación e inclinación de la figura y la ventana de la capilla. La colocación de la Virgen nos demuestra la intencionalidad de quienes construyeron esta capilla y de sus conocimientos de los movimientos terrestres y solares, pensar cosa distinta en pensar fuera de toda lógica. En fin, la escena hablará por sí sola... Ya todo está preparado. La capilla ha sido dispuesta, si bien ésta se ha adecentado un poco, nada ha sido cambiado de su disposición original, ni tan siquiera, los cascotes de columnas derribadas han sido retirados, el altar semi- derruido se conserva tal y como lo encontré, la sempiterna oscuridad ha sido respetada. En tan sólo unos segundos podremos ver como el Sol entrará por la pequeña ventana para Iluminar la Escena de la Anunciación, y podrán ver como yo vi, hace un año, cómo la Virgen se deleita con su gracia, que no es sino signo de su divinidad. Pongan en REC sus cámaras de video, acentúen sus sentidos, en unos segundos contemplarán el milagro de Santa María de las Tres Cruces, un milagro que a partir de hoy dejará de estar olvidado para la memoria de los hombres.

Mirad, la luz llega...

CORRECCIÓN:
Nos tiene acostumbrados a buenos ejercicios, y este no es para menos, muy bien.

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En el Principio era el Verbo, y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios...


Última edición por Aldor el Sab Jul 10, 2004 11:52 am, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Sab Jul 10, 2004 11:23 am 
Maestro del Poney
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Nota: El Taller se pospone hasta el mes de Agosto. Teneis más tiempo para vuestro ejercicio.

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NotaPublicado: Lun Jul 26, 2004 8:13 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
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Bien, aquí va..

La brisa se transformó en segundos en un viento hiriente. Millones de hojas danzaban en furiosas danzas rituales a su alrededor. Los leños de la pequeña fogata cumplían su amenaza de apagarse, y sus huesos expresaban una airosa queja contra un frío hostil. Garic dió unos pasos para tratar de desentumecerse pero fue inútil. Sus hermosas pestañas no alcanzaban a cubrir a los ojos de los embates de este clima feroz. El esbelto rohirim, no comprendía las causas de aquella tormenta maldita. Hacía ya unos cuantos días que el rumbo a Edoras había decidido abandonarlo. Su sapiencia de experto rastreador quedó hecha trizas frente a este nuevo y misterioso poder de los vientos. Se sintió tan abandonado y desolado que optó por echarse a dormir en el hueco de la roca, esperando que el poder maligno decidiera darse por vencido. Terrible error...pues los lobos blancos habían olido su paso y tras ellos una inmunda manada de uruk-hai.


Había perdido la cuenta de los días. El sádico mago blanco y sus malvados captores, torturaban no sólo su cuerpo sino fundamentalmente su alma, desde hacía ya ¿cuánto?. Su pecho era un despojo de sangre y las imágenes que el mago ponía en su mente rayaban ya los límites de su honor.
Sin embargo, en Isengard aún no conocían su voz, ni escuchaban sus lamentos. El mago empezaba lentamente a perder la paciencia. Había intentado todos los métodos, y ninguno daba resultados. Esta resistencia era de esperar en un dúnadan, pero no en un hijo de la Marca.
Su cabeza retorcida intentó nuevos martirios, nuevas traiciones. Pero los labios del rohirim no se abrían, y su secreto oculto no se develaba.


Théoden lloraba frente a aquellos despojos. Los guardianes del Folde Oeste habían encontrado los restos del bienamado Garic, capitán de la Guardia Real, los últimos días del otoño. El viejo rey se conmovió mirando los rasgos y los gestos inmortalizados en aquél rostro. Estaba intacto, su carne no estaba corrompida. ¿Habrá sido el hielo del glaciar en el que lo encontraron, el que se había apiadado de tan alto hombre?
Ninguna respuesta fue suficiente. Toda la Marca lloró la muerte de su valiente hijo. Aquél que fue llorado por reyes, aquél que jamás vendió al Oscuro ni a sus súbditos, los secretos más preciados de Rohan.
Garic, el valiente, el capitán de todos. Garic, su vida a cambio del silencio. Un silencio que se quebró en los cantos fúnebres de Rohan, una tumba que se abrió para dejar de entrar al capitán y a su secreto: la entrada oculta a la fortaleza de Helm, último refugio impenetrable del pueblo de los jinetes.

CORRECCIÓN:
Bien, aunque no matiza del todo el tiempo, como se puede observar claramente en el último párrafo, podría haber pasado tan sólo una semana después...

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Dom Ago 22, 2004 6:45 am 
Maestro del Poney
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Ante todo perdón por el retraso, y continuamos con el curso, si es que aún queda alguien en pie... xD

Capítulo: El diálogo

Convertido en materia prima por el teatro y después por el cine, el diálogo suele aparecer en la narrativa actual más como un escaso objeto de lujo que como lo que es: una herramienta de trabajo fundamental para crear ficciones.

Veamos ahora las distintas funciones del diálogo en la narración:


1.Función informativa: la diferencia que más peso tiene entre el diálogo narrativo y el teatral (su antecesor) es la presencia o ausencia de narrador. En el teatro los personajes sólo se tienen a sí mismos para explicarse: sus palabras, sus gestos, sus acciones deben dar al espectador la información necesaria para comprender la historia que se cuenta.


Aunque es en el cine y en el teatro donde la función informativa del diálogo es más evidente, pues en la literatura el narrador puede hacerse dueño de ella, a veces el narrador se esconde tras sus personajes, les permite hablar, discutir, comentar, mostrarnos su historia. El narrador deja entonces de ser un dios para pasar a ser un mero ayudante de la acción que interviene sólo cuando es indispensable; nos guía hacia uno u otro lugar de la escena y cuida del decorado, pero es casi tan espectador como nosotros.


2.Avance de la acción: que la acción avance a través de los diálogos es también una importante función de éstos, sobre todo en aquellos relatos en que los hechos deben sucederse con rapidez. Las palabras han de hacer avanzar la acción, han de ser capaces de producir movimientos anímicos que modifiquen el curso de los acontecimientos en un sentido determinado. Es esta una de las funciones más importantes del diálogo.


3.Función estilística: esta función es llamada por la crítica moderna principio de los vasos comunicantes. Veamos cómo la define Vargas Llosa:

Consiste en fundir en una unidad narrativa situaciones o datos que ocurren en tiempos y/o espacios diferentes, o que son de naturaleza distinta, para que esas realidades se enriquezcan mutuamente, fundiéndose en una nueva realidad distinta de la simple suma de las partes.


Quien por primera vez utilizó esta función del diálogo fue Flaubert en Madame Bovary, en la famosa escena de la feria rural. Flaubert consigue crear un efecto hilarante al unir los ímpetus amorosos de Rodolfo y Madame Bovary con los ecos que llegan de la feria rural. Esta feria es una farsa electoral, y las promesas de Rodolfo -como se demostrará luego- son también una farsa. El lector sabe lo primero pero desconoce lo segundo. A través del trenzado de los dos diálogos Flaubert pone en aviso al lector y toma el pelo a sus enamorados.



4.Función escénica: recordemos que las escenas son esas zonas del relato en las que el narrador, una vez presentada la situación, se retira para dejar a los lectores asistir directamente, sin intermediarios, a los acontecimientos. Escuchamos entonces, en muchas ocasiones, la voz de los personajes, acompañada sólo por puntualizaciones que el narrador deberá seguir haciendo acerca del tono, los gestos, los movimientos.


La aparición de diálogos sirve para mostrar directamente a los personajes, para crear escenas a las que el lector pueda asistir directamente. Suelen emplearse en las zonas importantes del texto, en aquellos momentos que requieren una visión más detenida de los sucesos o una dramatización.

Tanto si son presentados de manera clara y directa como si aparecen insertados en el texto de modo en apariencia caótico, los diálogos suponen siempre un respiro para el lector. Además, hacen coincidir el instante de la lectura con el tiempo de la acción: escuchamos y vemos a los personajes en vivo.

A continuación, algunos trucos para construir buenos diálogos:

-El diálogo debe ser dinámico: Un diálogo no debe consistir en la alternancia monótona de preguntas y respuestas. La réplica de un personaje a otro no tiene por qué ser la respuesta a esa pregunta.


-Los diálogos no deben decirlo todo: Como nosotros en la vida real, los personajes no siempre se lo cuentan todo ni han hecho voto de absoluta sinceridad; al menos no todos los personajes. Es normal que haya reticencias entre ellos a confesar íntegramente lo que piensan. Esta falta de información de los unos acerca de los otros puede llegar a complicar muy positivamente las tramas de las historias, e incluso a completar su sentido.

-Diálogo contrapunto: A menos que estemos realizando el guión para un culebrón, debemos tener en cuenta que nos hace falta un nivel de comunicación donde no se hable del problema en sí (del amor, del odio, etc.) a través de elementos que lo reflejan. No necesitamos que los personajes hablen directamente del conflicto para que el lector sepa qué ocurre. Con este truco podremos conseguir también juegos humorísticos o satíricos (por ejemplo, una escena de cama donde la pareja hable de horticultura, consiguiendo que un segundo sentido sexual emerja de esa situación).


-El problema del dijo: Él dijo, ella contestó, él explicó... son latiguillos cuyo uso, si el diálogo es largo, debe dosificarse. Ahí van dos trucos para evitarlos: sustituir los dijo por acciones; Sustituirlos por descripciones de estados de ánimo o pensamientos de los personajes que indiquen quién habló o hablará.


EJERCICIO PRÁCTICO: (en la consulta del médico).- Escribe una escena en forma de diálogo que transcurra en la consulta de un médico. Has de conseguir que se haga dinámica, entretenida, que suene natural y que el lector no se pierda entre un cúmulo de voces.

Tenéis de tiempo hasta el martes. Ánimo, sólo quedan 3 lecciones más...

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
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NotaPublicado: Mar Ago 24, 2004 7:29 am 
Viajero Asíduo
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Registrado: Sab Abr 24, 2004 11:03 am
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Ubicación: Sabadell (Barcelona)
¡Que bien que eso continue! :-D
claro que quedamos alguno en pie, aunque nos hayamos pasado algunos dias tumbados en la playa vagueando y tomando vistas.
Tenia ganas de volver a coger el ritmo de escritura, me encantan estas clases, son siempre un reto. (Hey no penseis que he estado ociosa, echad una ojeada a relatos y vereis que hice.)
Aunque es una lástima que solo queden tres lecciones. Bueno, ¡que le vamos a hacer!
Bueno chicos, despues de ese parón tan laaaaaaaaaaargo debido al periodo vacacional vuelvo con mi ejercicio.
Queria poner mas personajes pero se ve que tengo la neurona que uso para escribir un poco atascada y se me montaba un lio de esos de miedo.
Voy a tener que visitar al doctor que desatasca neuronas, en la seccion de lubricado y engrase xD


Paciente Habitual

El hombre entra renqueando en la recepción, ayudado de su bastón. Se acerca lentamente al mostrador redondo y tiende a la recepcionista un volante de visitas.
- ¡Buenos días señor Juan! – saluda la recepcionista – ¿otra vez por aquí? ¿No vino la semana pasada?
- ¡Buenos días preciosa!, es que tenia ganas de charlar un ratito con una chica guapa. - contesta zalamero el hombre, mientras apoya el bastón en el mostrador y se quita el viejo sombrero de panamá - ¿no ves que no puedo estar muchos días sin verte? – sonríe
- Ande, ande, no me diga esas cosas que al final me las creeré – responde la cuarentona y rechoncha mujer – A ver, ¿que médico le toca hoy?- dice, mirando el volante con una sonrisa asomando en sus labios.
- Hoy toca chapa y pintura –exclama el paciente – ya vine la semana pasada para la revisión del motor y la de la presión de aceite no me toca hasta dentro de un mes.
La mujer sonríe mientras busca en el ordenador el nombre del paciente y comprueba que el día y la hora sean los correctos.
- Señor Juan, ha llegado muy temprano – le informa – no le toca hasta dentro de una hora y media.
- Es que me ha traído mi hija ¿sabes? Y como ella tenia que entrar a trabajar a las diez me ha dejado aquí de camino – responde el abuelete
- Voy a llamar a un camillero para que lo acompañe. Como estamos en obras nos han cambiado todos los boxes y esto es un lío.
- ¡Gracias preciosa! – exclama el vejete guiñando un ojo a la mujer – ¡si es que cada día estas mas guapa! Se nota que ese régimen que haces te va bien, cada vez que vengo estas mas esbelta – le suelta silbando suavemente – si sigues así voy a tener que pedir que me den mas horas de vistita para poder verte todos los días.
- No sea usted malo señor Juan – exclama la mujer – y ande vaya a la sala de espera, que ya tiene aquí a su tocayo para acompañarle.
El camillero saluda al hombre con una inclinación de cabeza y le indica la silla de ruedas.
- ¡Anda! ¡Hoy iremos en taxi! –exclama – ¡Vaya lujo!
- Lleva al señor Juan a dermatología ¡por favor! a ver si así no se nos pierde y acaba en ginecología como el otro dia – dice bajito y guiñando un ojo al camillero
- No me perdí , solo es que en esa sala había un montón de chicas guapas, al contrario de la otra donde siempre esta lleno de viejos cacharros estropeados como yo – añade con una mirada picara en sus arrugados ojillos.
- ¡Que le vaya bien señor Juan! Y pásese por aquí cuando termine. Que le pondré las visitas que le quedan en un cartoncito para que se lo de a su hija.
- ¡Gracias preciosa! Así lo haré
Mientras el paciente se ha sentado en la silla y el camillero se dispone a llevarlo a la sala de espera.
El pasillo es estrecho, se trata de un paso de servicio habilitado para acceder a las salas de espera por la parte de atrás. Ya que el edificio se encuentra en obras.
Los dos juanes con la silla de ruedas quedan atascados frente a la puerta trasera de la sala de espera de urgencias. La sala esta abarrotada y tienen que sortear a la gente que espera fuera en el pasillo.
- ¡Vaya! Habrá habido algún accidente de esos de autocar – dice el Juan de la silla de ruedas
El otro Juan sonríe. Para el abuelete, cuando hay mucha gente en urgencias, siempre ha de haber ocurrido una catástrofe.
Tres hombres y una mujer les cierran el paso frente a la puerta de urgencias. Visten de negro, y uno de ellos lleva un sombrero de ala ancha.
- ¡Zera malaje! –exclama la mujer – ¿mirá que desirnos que nos fueramo porque hasiamo demasiao jaleo?
- ¡Cayate mujé! ¡A ver si nos echan también de aquí!
- Zargamo afuera, necesito fumarme un pito – responde el tercero
Y los tres sortean la silla y se dirigen a la entrada. Tras de ellos dos mujeres mas, cargadas con un par de churumbeles cada una y dos hombres les siguen.
- ¿Quien se debe estar muriendo? – pregunta el Juan de la silla – algún pez gordo de los de ellos, supongo – se responde el solo.
- ¡Que va morirse! – le suelta el otro Juan – Estos están esperando aquí porque la nieta del jefe de la tribu va a tener a su primogénito. Llevan toda la noche acampados en urgencias y no hay forma de sacarlos.
El taxi silla de ruedas se vuelve a parar en la puerta del ascensor, un par de minutos después las puertas se abren.
En el interior un par de médicos con cara de haber dormido poco y otro camillero con una silla vacía esperan que este llegue a su piso para desocupar el cubículo cuadrado
El camillero saluda en voz baja a su compañero.
- Buen saldo te tocó, hacer de niñera de ese abuelo. el otro día tuve que ir a buscarle a ginecología. Se había metido en la sala de espera de planificación familiar con todas las jovencitas que van a por la píldora.
- Hoy no creo que se escape – responde Juan – vamos a Derma y voy a tener que pasearlo por medio hospital antes de llegar allí.
Mientras el abuelo saluda a uno de los doctores
- ¡Caramba doctor! ¡Que cara de sueño trae! ¿Es que no le dejo dormir la nena? Claro, cuando son así de chicos aunque duerman las tres horas entre toma y toma tú no descansas ¿verdad?
- Si, es verdad – responde el doctor, para el que el paciente es un completo desconocido. Mientras mira interrogativamente a su compañero
- ¿No conoces al señor Juan? – pregunta el otro doctor – es nuestro paciente mas famoso – explica – aquí todo el mundo lo conoce y por lo que se ve el conoce también a todo el mundo
- Claro que si- contesta el abuelo – ¿Verdad Juanito que aquí me conocen todos?
Cuando el ascensor se abre y los dos juanes salen aun se puede oír a los dos doctores cuchichear
- si, es muy simpático, pero se mete en cada lío
- ¿y como narices sabia que yo tengo un bebe en casa si hace justo tres semanas que trabajo aquí?
- No se preocupen por eso doctores, el hombre anda preguntando a todo quisque por su vida, seguro que algún paciente le contó.
- Si la verdad, creo que el hospital es mas o menos su segunda casa. Viene casi todas las semanas con un motivo u otro. Cuando no tiene visita viene a ver a algún paciente y sino se equivoca de día solo para charlar un rato con el primero que piílla…
En el pasillo del tercer piso se encuentran con una doctora cargada con una pila de expedientes, seguida por una de las enfermeras con otra pila en sus manos.
- ¡Vaya! menos mal que esta no me toca- exclama el abuelo – con esa cara de bulldog que tiene me pone seguro el hígado a la izquierda
- La doctora Feliu es pediatra – le informa con la risa escampando entre las comisuras de los labios
- Pobres crios. Seguro que en cuanto la ven se quedan más callados que una tumba. Con esa cara que trae podría agriar la leche.
El camillero no puede evitar soltar la carcajada aunque lo hace con el silenciador puesto, no quiere que le llamen la atención.
- Bueno ¡hemos llegado! –informa el camillero – Ahora, cuando termine me espera, que vendré a buscarle para llevarlo a la entrada - le pide al paciente, que asiente y le guiña un ojo.
- Por favor, cuando termine avísame y no le dejes salir solo, que este nos revoluciona todo el hospital – le pide a la enfermera
- Descuida, en cuanto entre llamo a un camillero para que lo traslade. Bastante jaleo tenemos hoy con el mosqueo de la doctora – le responde la mujer en un susurro
- ¡Adiós simpático! El viaje ha sido muy divertido – saluda el abuelo levantándose de la silla y sentándose en la sala de espera entre dos jovencitas con la cara llena de acné.
- Hola guapa – se le oye decir – que extraño que tu vengas a también a chapa y pintura, si estas preciosa…

CORRECCIÓN:
Muy bien, se ve que controla muy bien el diálogo y su puntación. Muy bien.

_________________
- Ghash, ¿eso es fuego en ...?
- Si chico- me dijo- eso significa fuego.
- En la lengua de los orcos- dije yo con un hilo de voz.
- Es que yo fui una vez un orco- contestó con una voz suave y una sonrisa.
Y se marcho.
( de Ghâsh)


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NotaPublicado: Mar Ago 24, 2004 6:35 pm 
Ciudadano de Bree
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Registrado: Sab Jun 28, 2003 3:50 pm
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Menos mal, al fin volvemos a estas magníficas clases. Qué pena que sólo queden tres semanas más. ¿No habría forma de ampliarlas?

Bueno, mientras tanto aquí está mi ejercicio:


- Buenos días.
- Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
- Quiero hablar con el doctor Pablo Santiaga.
- Aún no ha comenzado el horario de visitas, tendrá que esperar a las cuatro. Si quiere puedo darle hora para esta tarde.
- No, gracias, no vengo a verle en ese sentido. ¿Podría decirle al doctor que Luisa Castaño quiere verle?,...serán sólo unos minutos.
- Un momento...
- Dígale que Doña Luisa quiere verle, sólo Doña Luisa..., él entenderá.

La sala del doctor Santiaga era una sala grande y luminosa, apenas decorada por herramientas e instrumentos médicos tan extraños como inquietantes. El Señor Santiaga la esperó sentado en su sillón de piel, delante de un gran ventanal dónde a los lejos podía verse una bonita vista de la ciudad. La luz hirió los ojos de la Señora Castaño, pero está no dijo nada y se sentó en la utilitaria silla giratoria que vio más apropiada. Entonces, el doctor antes ausente entre sus papeles levantó la vista y la observó.

- Buenos días, Pablo
- Buenos días, Doña Luisa.
- Le veo a usted bien. Todo esto es muy bonito, mucho mejor que la consulta de Don Matías. Ha logrado mucho en este tiempo, le felicito.
- Gracias.- contestó con desinterés y un grado de impaciencia.
- No se merecen. Quien hubiera pensado que...
- Tenía algo que decirme, ¿no es cierto? – le interrumpió con altanería- Dígame, tengo muchos pacientes a los que atender.
- No le robaré mucho tiempo.
- Mejor, estoy muy ocupado- replicó con suficiencia.
- Escúcheme, Pablo. No olvide con quién habla. No olvide que le he visto nacer en mi casa, cuando sus padres aún estaban a mi servicio.
- Mis padres estaban bajo su yugo, no yo, y de eso hace ya mucho tiempo.
- Es cierto, ha pasado mucho tiempo. Ahora usted es un señoriíto de ciudad y yo sólo una pobre Señora de provincias que peina canas; pero aunque sólo sea porque las peino me debe usted un respeto.
- Hable o márchese – dijo sin inmutarse.
- Esta bien, lo haré en cuanto termine de hablar con usted, aunque me gustaría saber que opinaría su madre de cómo trata a su Señora.
- Mi madre ya no tiene nada que decir.
- No entiendo.
- Murió el invierno pasado.- agregó con la mirada fría.
- Lo siento, no sabía nada. – dijo calmando la voz. -De verdad que lo siento.
- Es igual, ya era muy mayor.- dijo con una cierta resignación.
- Era una buena mujer..., que lo dio todo por sus hijos, lo sabe, ¿no es cierto?- preguntó todo lo dulcemente que pudo.
- Sí. - contestó impaciente- Pero no ha venido a hablar de mi madre.
- No- corroboró. –Vengo a hablarle de Leonor.
- No he vuelto a verla, como le prometí que haría.- contestó con un hilo de enfado en su voz- No sé quien le haya podido decir lo contrario, pero miente. Eso ya acabó hace mucho tiempo.
- Lo sé. – afirmó. Eso tengo que reconocerle: sabe usted cumplir su palabra.
- ¿Entonces?
- Quiero que ayude a mi hija.
- Continúe- dijo sin que pudiera evitar que el tono de su voz delatara su sorpresa.
- Mi hija Leonor está aquí, en Madrid. Está ingresada en el San Carlos, me hubiera gustado llevarla a un hospital de pago pero ya no podemos permitírnoslo- explicó mientras abría su bolso y le entregaba un par de hojas dobladas por la mitad.-Está muy enferma..., no sé que nombre enrevesado tiene su enfermedad, pero sé lo bastante como para saber que se muere.
- Déjeme ver- dijo, mientras observaba las hojas entre sus manos temblorosas, intentando esconder sus sentimientos en un halo de profesionalidad.
- Ha desarrollado un carcinoma, cáncer para entendernos. Está muy extendido: hígado, páncreas, estómago, quizá demasiado para hacer algo. En cualquier caso, no puedo ayudarle, no soy oncólogo, no es mi especialidad.
- No he venido a pedirle que la sane, ya le he dicho que sé que no hay nada que hacer para salvarla.
- Entonces, ¿qué quiere usted de mí?¿Dinero?- preguntó extrañado.
- Quiero que le ayude a morir.
- No le entiendo.
- Pablo, conozco mis pecados, y algunos son tan graves como una losa pesada. De muchos aún no me he arrepentido, aunque me esperen las llamas del infierno, como dice el iluso de Don Tomás... Pero, de algo sí que me arrepiento, y es de no haber permitido que un pobre hijo de sirvientes como usted cortejara a mi propia hija. No me arrepiento de haberla intentado separarla de la pobreza en que vivían..., me arrepiento porque al hacerlo perdí también a mi hija. Leonor le amaba mucho más de lo que nunca me atrevería a admitir, mucho más que el amor que profesa por su padre, sus hermanos o por mí...
- Eso fue hace mucho tiempo.
- No, te equivocas. Aún le ama como el primer día a pesar de la distancia, por más que me pese, y por más que haya intentado que le olvidara. Y también sé que usted también siente algo por ella, o no hubiera mudado la altanería de tu rostro por está marmórea palidez que ahora tiene.
- Se equivoca.- dijo tratando de recuperar la compostura.
- No, no me equivoco- dijo alzando la voz.
- En cualquier caso, cómo podría ayudarle. No le entiendo. ¿Qué quiere decir con eso de que quiere que le ayude a morir?
- Quiero que hable con ella. Mi hija ha sido una hija obediente. Nunca dijo un pero, ni se quejó ante cualquier mandato de su padre o mío, por muy absurdo que este fuera. Sólo una vez me contrarió, y fue por su causa.
La señora Castaño se acomodó en su silla como para asegurarse de las bondades de sus argumentos.
- Le he pedido que se abandone..., le he pedido que deje de luchar por su vida, pero me lo ha negado. Sé que ahora en días se irá disminuyendo y al poco su dolor será insoportable. Sin embargo, sé que mi hija seguirá luchando por su vida, pues, de algún modo, aún espera poder recuperarle. Así que no me hará caso, por más que se lo pida. No, porque significará perder su última esperanza de siquiera verle una vez más.
- Entiendo.- afirmó.
- Sin embargo, si usted le hablara, si usted le pidiera que se abandonara, no se lo negaría y le habría ahorrado un dolor inmerecido.
- No sé...
- No se lo pido por mí, esta vieja señora de provincias a la que desprecia con toda Justicia. Se lo pido por ella, por Leonor, a la que hace ya diecisiete años me aseguró que amaba.
- No sé..., no puedo decirle nada ahora. Estoy confuso. Compréndalo, es demasiado lo que me pide.
- No, es sencillo. – aseguró dejando que sus nervios la dominaran. -Entre todos le arrebatamos la vida, ahora sólo le pido que me ayude a concederle la muerte... No me iré hasta que me jure que lo hará. Si es necesario me arrodillaré ante usted para que lo haga. Pero sepa que antes agotaré hasta la última sangre de mi cuerpo antes de dejar que mi hija pase por el dolor que le espera. Júrelo, si alguna vez la amó, júrelo. - gritó
- Esta bien..., lo juró.
- Conforme entonces – dijo ya más calmada.- Se lo agradeceré siempre... Muchas gracias, y Díos también sabrá agradecérselo... Ahora tengo que irme...
- Le acompaño -dijo confundido con su amabilidad ante la señora que más odiaba en el mundo.
- No es necesario... – dijo mientras abría la puerta de la sala. – Le diré a Leonor que usted vendrá a visitarla pronto. Puedo decírselo, ¿verdad doctor?
- Usted mima lo dijo. Yo siempre cumplo mis promesas...
- Quede con Dios.
- Yo siempre cumplo mis promesas..., volvió a decir sentado en su sillón después de que la Señora Castaño abandonara la sala demasiado iluminada- Yo siempre cumplo mis promesas... aunque sean una auténtica locura.

CORRECCIÓN:
Perfecto, creo que el dialogo lo controlan ustedes dos perfectamente...

_________________
En el Principio era el Verbo, y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios...


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NotaPublicado: Mar Ago 24, 2004 10:21 pm 
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
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Capítulo: El punto de vista del narrador

El punto de vista es el ángulo de visión que adopta el narrador para contarnos la historia. Por eso se habla también de focalización: el punto óptico del narrador se convierte en un foco que alumbra a los personajes y sus acciones.

Los tipos de narradores más importantes son los siguientes:


1.Narrador protagonista: el protagonista nos cuenta con sus propias palabras lo que siente, piensa, hace u observa. La acción del relato es la historia de ese personaje y todos los demás existen a través de él. Si el narrador se limita a contar aquello que ve y hace, la narración será externa y objetiva. Si además emite sus pensamientos, sentimientos y elucubraciones, la narración será interna y subjetiva.


A veces se da la situación de que el protagonista no llega a comprender lo que le pasa, mientras que el lector goza del privilegio de entender aquello para lo que el protagonista está ciego. Otras veces el personaje habla consigo mismo y la narración se convierte en un monólogo interior, lo que entrega el relato a vaivenes de la mente, desórdenes de pensamiento, espantos e ilusiones. James Joyce en su famoso Ulises lleva esta técnica hasta el extremo. El ejemplo por antonomasia de narrador protagonista sería el de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.


2.Narrador testigo: en este caso el narrador queda en los márgenes del relato, es decir, no es el protagonista sino un personaje secundario que nos cuenta las andanzas del primero. Puede ser un viejo amigo, un pariente, un vecino o un simple transeúnte. Un caso claro de narrador testigo es el Doctor Watson, que nos refiere las aventuras de Sherlock Holmes, un personaje con más peso en la narración que él. También la mayoría de la novela negra americana ha sido narrada utilizando este narrador testigo, que no es sino el detective (Philip Marlowe en las novelas de Raymond Chandler, Sam Spade en las de Dashiell Hammet, etc.) que comienza a investigar una trama y que no sabe más que el lector acerca de ella. De esta forma se sostiene la tensión narrativa, pues el lector va descubriendo e intrigándose con las mismas cosas que el detective.

Esta forma de narrar no da acceso a la vida interior del protagonista más que de una forma limitada. El narrador testigo no puede referirnos lo que piensan o sienten los personajes sino a través de sus gestos.

3.Narrador omnisciente: este tipo de narrador es Dios en el microcosmos de la historia. Lo sabe todo: el principio y el final de la narración; lo que los personajes sienten, piensan y hacen; lo que deberían haber hecho y no hicieron; lo que soñaron y no recuerdan... Es un dios que penetra en el interior de la conciencia de los habitantes del relato, desvela los escondites de su personalidad y, en ocasiones, tiene la osadía de juzgarles.


Por otra parte, esta divinidad es ubicua espacial y temporalmente; puede decirnos el pasado y el futuro y cambiar de lugar para estar en dos sitios a la vez, puede contarnos hechos que no han presenciado ninguno de los protagonistas o escondernos otros que alguno ha vivido. Selecciona a su gusto y elige la distancia con que narrar la historia.

Este tipo de narrador se usaba mucho en las novelas del siglo XIX, y ejemplos claros son las de Balzac, Tolstoi o Flaubert. Veamos un fragmento de Madame Bovary donde se puede observar la omnisciencia del narrador:


4. Narrador cuasi-omnisciente: imaginemos una cámara de cine: con ella podemos seguir a los personajes adonde vayan, observar sus gestos y sus reacciones, saber de sus lágrimas, gritos, palideces y rubores, pero será el lector quien interprete las emociones de los personajes y no el narrador. Tendremos conocimiento de sus actos, pero nunca podremos penetrar en su mente o saber lo que han soñado esa noche. Podremos presentar al personaje agitándose durante el sueño o despertándose violentamente en medio de la noche (pues el objetivo de la cámara puede penetrar en todos los espacios del relato), pero para saber el contenido de su pesadilla necesitamos que se la cuente a alguien para que el micrófono de la cámara pueda captar su voz.

El narrador cuasi-omnisciente deja de ser dios, y se diferencia del narrador testigo en que no es un personaje y, por tanto, no ha de estar presente en el desarrollo de la acción: si los personajes están dialogando en una celda, por ejemplo, el narrador testigo habría de estar encerrado en esa celda, mientra que el cuasi-omnisciente puede relatarnos lo que ocurre allí donde ningún otro hombre puede llegar.


Ejemplos de este tipo de narrador nos los da la generación de la mirada o noveau roman, una de cuyas representantes es Marguerite Duras y su famosa novela El amante, en que se mezcla un narrador protagonista (la chica) con uno cuasi-omnisciente que nos relata las acciones de forma absolutamente cinematográfica.


EJERCICIO PRÁCTICO: (cuatro puntos de vista)

.- Imagínate que vas en el metro o en el autobús y se produce un incidente. Nárralo brevemente bajo los cuatro puntos de vista que se han estudiado en esta lección: con un narrador protagonista (es decir, en el pellejo del protagonista del incidente); con un narrador testigo (o sea, con la voz de alguien que estuviera allí pero no fuera el protagonista); con un narrador omnisciente (es decir, en tercera persona, narrando los hechos de forma más o menos objetiva); con un narrador cuasiomnisciente (como si de una cámara de cine se tratara).

Dado la amplitud que puede llevar el presente ejercicio, teneis de tiempo hasta el Lunes que viene.

_________________
«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Lun Ago 30, 2004 12:15 pm 
Viajero Asíduo
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Registrado: Sab Abr 24, 2004 11:03 am
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Bueno vamos a por ello:

Narrador en primera persona protagonista de la acción

Estoy aquí, sentado con todos mis trastos en ese vagón casi vacío mientras el traqueteo del tren resuena en mis oídos y su balanceo me indica que estamos en la zona vieja, esa que sufre los embates del continuo paso de los convoyes del metro desde hace décadas y que todo el mundo parece haber olvidado. Es esa hora temprana para unos y tardía para otros, el primer tren de la mañana de un sábado.
Miro el paso de las estaciones, lentas, anónimas, todas ellas iguales bajo tierra. El trayecto es largo. Desde la universidad, donde ha subido un grupo de chavales con tanto alcohol en las venas que podrían servir de quinqué si se les pusiese una mecha y se prendiese esta, hasta Fondo. Allá en Santa Coloma.
He salido hace escasos minutos del trabajo, ¡Maldito trabajo de vigilante nocturno!, que solo da para pagar el alquiler y poca cosa más. Suerte que voy todos los días a comer a casa de mi futura suegra que me cuida como si fuera su hijo.
Los estudiantes se han echado en los asientos, dos o tres para cada uno. Están que no pueden. No creo que tarden en vomitar.
Miro la cara de uno de ellos y mis dedos corren hacia la pequeña cámara digital que llevo siempre conmigo.
La verdad es que desde que me dio la vena friki no puedo evitar la tentación de clasificar a todas las personas que veo. Ese de ahí, por ejemplo, con ese pelo largo y rizado y esa barbita incipiente seria un buen rohir. Y ese otro con esas gordas mejillas coloradotas, ese es un hobbit.
Saco la cámara sin llamar la atención - los chicos están suficientemente borrachos como para no enterarse – me digo.
De pronto el tren para y entra un nuevo grupo de personas que ocupan los asientos libres. Ahora tengo al lado a una mujer de bastante buen ver, aunque con la cara pintada hasta lo indecible y con un cierto olor a tabaco y a bebida en su aliento.
Ho creo que nadie me diga nada si tomo mi foto – susurro, como hablando para mi mismo. Mientras coloco el visor de la cámara de forma que se vea la cara dormida del rohir.
La mujer me mira, pero parece no importarle lo que yo haga o deje de hacer. Allá al fondo un hombre vestido con un mono de trabajo, que ha subido a la par que yo, me observa sin decir nada.
-Tengo que hacer esas fotos - pienso - no voy a tener una oportunidad mejor en años.
Levanto un poco la cámara y aprieto el disparador – ya tengo una – me digo – ahora a por el hobbit.
Mientras observo la rubicunda cara del muchacho, enrojecida por los efectos del acumulo de cerveza y otras bebidas etílicas, me preparo para inmortalizarle. Va a ser fácil sacar su cara – me digo – además, con esta cámara, no necesito flash. Así que puedo hacerlo sin que se dé cuenta.
Justo en el momento en que acabo de darle al disparador, un manotazo certero me arranca la cámara de las manos.
Ante mi veo una mole humana. A pocos centímetros de mi cara se esboza un pantalón de camuflaje con innumerables bolsillos y unas botas de esas de la mili.
Levanto la mirada y unos dos metros mas arriba vislumbro una cara poco amistosa, ancha, congestionada y con un pelo cortado a cepillo.
El tipo me coge de la pechera de la camisa y me levanta limpiamente.
¿Se puede saber a quien estabas echando fotos eh so maricón? – me chilla
Y de pronto me da un bofetón que me vuelve la cara del revés. Siento como las gafas me vuelan de la cara y la cámara cae al suelo y empieza a disparar en un paroxismo de flashes y clics.
También oigo voces a mi alrededor pero no sé que dicen. Alguien grita llamando al revisor, como si el metro fuese uno de esos trenes antiguos. Una voz me pregunta si estoy bien.
No se muy bien que ha pasado. Cuando consigo recuperar las gafas y la cámara, el tipo del puño de hierro ha desaparecido engullido por la puerta que da al andén.
- Pero, ¿que mosca le habrá picado? – pregunto – ¿Alguno de ustedes sabe porque me pegó?


Narrador desde el Punto de vista de un observador

Hemos subido al metro sosteniéndonos unos a otros. ¡Vaya peaso trancazo llevo encima! Creo que no debía haber catado ese ultimo sorbo directo de la botella, ahora esta viajando en mi estomago como si fuera el dragón Khan y no me extrañaría nada que me diese por potear aquí mismo. Me echo en la fila de asientos, pero la posición horizontal me provoca un amago de salida de líquidos hacia mi boca, así que me incorporo. Apoyo la cabeza en el respaldo y miro hacia atrás.
El vagón esta casi vacío a esta hora. En la fila de asientos preferenciales Juan duerme como si estuviese en el séptimo cielo, un hilillo de baba le resbala por la boca y le cae por la barbilla, donde están sus cuatro pelos, esa cosa que él llama perilla y por la que todos acostumbramos a decirle “chivito”.
El Tete dormita panza arriba en la otra fila de asientos, desde donde estoy solo se le ve la panza, hinchada de tanta cerveza. No se la de litros que habrá trajinado hoy, solo se que se ha pirado con una caja y un par de tías hacia el aparcamiento y que ha vuelto unas tres horas mas tarde con un pedo que no veas y solito.
En el otro lado de la fila se sienta un tío raro, tiene cara de yupie pero lleva una ropa que no le cuadra. ¡Joer con las camisetas horteras! ese hace propaganda de no sé que antro, ¡Anda que no le queda fatal! ¡Hostias tu, si es un segurata! Esa chaqueta verde cantona debe ser suya. ¡Joer! ¡Porque coño llevaran todos esas pintas! ¡Jo tío! ¿Viste la cara de sueño que trae?
Mis ojos se emborronan cuando el tren empieza a frenar en la estación. Lipe suelta un ¡Agur! medio dormido y se aleja tambaleante por la puerta del tren.
Un grupito de personas entran en el vagón. A mi lado se sienta una tipa cuarentona a la que se le nota el oficio a la legua. El pestazo a perfume de esos del todo a cien me tumba. Así que cambio de lugar. Ahora estoy sentado frente a frente con el segurata, con las patas del Tete en mis rodillas.
Observo al tío que parece nervioso, creo que tiene ganas de llegar a casa y meterse en el sobre. Tiene suerte el tío, yo cuando llegue a casa voy a tener que aguantar una hora de bronca de mi viejo. Ayer me deje las llaves y voy a tener que llamar. ¡Maldita sea! Mientras no me dé el achuchón y le decore la alfombra al pureta y entonces la caguemos y me dejen sin salir y sin el coche un par de meses.
¿Se puede saber que coño hace? parece un tipo de esos de las pelis. Mirando a un lado y a otro como si estuviese a punto de sacar la pipa y gritar ¡todo el mundo al suelo coño! No, parece que lo que sale de su bolsillo es otra cosa, ¡Ah una cámara! ¿Para que narices la querrá? ¡Jo tío!, le ha hecho una foto al Chivito. Debe ser uno de esos tíos viciosos que se excitan con cosas raras. Porque yo hubiese hecho la foto a la tía esa de las tetas de que se ha sentado al otro lado, que parece que van a salirse de la camiseta del cacho escote que lleva.
Ale y ahora apunta al barrigón del tete. ¡Hostias no! lo que esta fotografiando es su jeta. ¿Pa que la querrá una foto de la jeta del Tete? En cuanto se despeje un poco se lo digo. Va a estar cagandose en su p**** madre en cuanto lo sepa. ¡Ja ¡!ja!
¡Hostias, mira quien se ha levantado!, ese tipo que parece un armario que ha subido en la pasada estación. Tiene pinta de skin, ¡que narices!, tiene pinta de motorista de esos de la tele, con chupa de cuero y botas de militar. Se esta mirando al segurata, no sé que es lo que estará pensando pero lo ha pillado de la camisa. ¡Reostias! Si las patas no le tocan el suelo. ¡Vaya mojicón le ha pegao! Las gafas le han volado y han ido a parar a mi regazo. Las guardo, ese tío va a necesitarlas en cuanto el grandullón acabe de ponerle ciego a golpes.
De golpes nada, uno solo le ha pegado y el tipo ha quedado planchado en su asiento, más pálido de un cadáver de esos de la piscina de anatomía. Un tipo del fondo con un mono azul se ha acercado, parece que quiere encararse con el grandullón, pero este ha aprovechado que el metro ha parado, para pirarselas a toda mecha.
Intento levantarme para mirar de ayudar al tipo, que parece que esta entero, pero más ido que si volviera de un viaje con un par de esas amarillas. Me acerco a él. Hay uno con un mono de mecánico y una mujer que lo ayudan. Le acerco las gafas y veo la cámara a mis pies. El cacharro tiene un télele y va soltando el flash cada diez segundos.
Lo recojo y le doy las gafas y el trasto de las fotos. El tío parece ido, solo repite una y otra vez
- ¿Se puede saber porqué me ha pegado? ¿Alguno lo sabe?

Narrador omnisciente
Son las seis de la mañana de un sábado, el metro inicia su trayecto. El primero del día. El vagón esta solitario, nadie lo ocupa hasta diagonal, donde un pequeño grupo de gente se acomoda en los vacíos asientos. Un mecánico de automóviles, con su mono puesto, se coloca al fondo. En su espalda se puede leer Talleres Ramón y si pudiésemos ver como en un comic sus pensamientos, se podría leer, en un paréntesis encima de su cabeza, algunas palabras poco amistosas hacia el “cabronazo! del Ramón, que no va a dignarse a aparecer hasta las once, pero que “como los sábados hay que abrir “,le ha mandado que abriera puertas puntual a las siete.
En los bancos plegables se sienta un hombre joven, unos veintitantos. Viste medio uniforme, unos pantalones negros, de esos con la línea planchada, una camiseta de propaganda de algún local de moda y unos zapatos deportivos. A su lado, en el asiento contiguo, una bolsa de deporte medio cerrada de la que asoma una chaqueta verde pistacho con un emblema de una empresa de seguridad.
El hombre se sienta muy tieso en su asiento, va medio dormido y deseando llegar a su casa y meterse volando en la cama. Ha estado trabajando toda la noche y para colmo hoy le ha tocado guardia de paseo. Toda la noche dando vueltas por esos pasillos interminables medio a oscuras.
El metro se para en la estación de la universidad. Entran cinco jóvenes apoyándose los unos en los otros. Hay uno que parece medio ido, los otros lo colocan tendido en una de las filas, boca arriba, al momento se puede oír un ronquido que resuena entre los ruidos de las ruedas y los frenazos del vagón.
Los otros se van colocando en las filas vacías. Uno de ellos se echa en los asientos plegables del otro lado, frente a frente con el vigilante de seguridad.
El hombre lo observa y piensa que los chicos vienen de juerga. Mientras él, se ha pasado la noche currando, desea por un momento haber sido uno de ellos. Mientras en su fuero interior despotrica de la porquería de trabajo que hace y de lo poco que cobra.
De pronto su atención se centra en las caras de los dos chicos que duermen la mona. El hombre se autodenomina friki, la verdad es que lleva un tiempo obsesionado con un fancine que ha empezado, a el le encanta dibujar. Se trata de un fanfic de su novela favorita. El señor de los Anillos. Desde hace unas semanas se dedica a clasificar las caras de la gente. Mira a alguien y lo coloca entre las diferentes razas. Este es un rohir se dice, o éste serviría para enano. Por eso lleva siempre encima un bloc i un lápiz. Pero hace unos días ha descubierto que si hace una foto de las caras más interesantes luego puede utilizarlas para dibujar con más tranquilidad.
Por eso se ha comprado una pequeña cámara digital y va fotografiando a todo quisque, sin que los interesados se den cuenta, claro.
Y eso es lo que ha hecho, ha estado observando al muchacho que duerme delante de él y le ha parecido que tenía una cara interesante. Una cara de rohir, se ha dicho. Y sin dudarlo ha sacado la cámara.
Un momento antes el tren ha llegado a una estación y han entrado un nuevo grupo de personas, cuanto más se acercan al centro de la ciudad más concurridas están las estaciones. Una mujer cuarentona, con aspecto de dedicarse al oficio más viejo del mundo, se sienta al lado del joven y lo marea con el pestazo de perfume barato que echa. Por lo que el chico cambia de asiento y se coloca frente al segurata.
No se siente muy seguro mientras echa una foto al joven. Uno de sus amigos se ha sentado frente a él y le observa. El muchacho, entre los vapores del alcohol, piensa que el tipo es raro. Se acaba de dar cuenta del medio que tiene para ganarse la vida y pestañea sorprendido cuando saca la cámara y le echa una foto al joven de la perilla.
El muchacho piensa que mejor podría haberle hecho una foto a la mujer que se ha sentado al lado del de la cámara. Un poco vieja para su gusto, pero aun de buen ver, con esa camiseta apretada con un gran escote del que parecen querer salírsele dos pechos redondos y abundantes, mas o menos de una talla cien.
El hombre vuelve a observar la cámara, ahora le toca el turno al dormido borrachín que ronca con la barriga al aire y una cara rechoncha y coloradota por el efecto del alcohol.
El joven lo observa mientras piensa que a su amigo no le hará nada de gracia enterarse de que le han hecho una foto mientras dormía la mona.
Dos filas más para atrás un hombre les observa. Mas de metro noventa de estatura y unos cien quilos de peso. Viste un pantalón de esos de cazador, con manchas de camuflaje y muchos bolsillos, unas botas militares y una chaqueta de cuero bastante desgastada. Lleva el pelo cortado a cepillo y unas gafas de sol cuelgan de su bolsillo.
El hombre hace rato que observa a todos. Gruñe por lo bajo, esta enfadado. Los muchachos borrachos que están tumbados le producen una sensación de envidia a la vez que de asco. Es uno de esos que piensa que cuando él se emborracha no da la nota como ellos. ¡Panda de niñatas!- piensa, mientras retuerce un periódico del día anterior que ha encontrado abandonado en el asiento. Y ese otro- exclama para si – ¿te fijaste en sus pintas?, medio amariconado debe ser para llevar esa camiseta hortera.
De pronto se da cuenta de la maniobra del hombre. Ve como prepara la cámara y observa que es lo que esta fotografiando. Se levanta mosqueado, para él un tipo que hace fotos a un hombre es un gay. En su dura cabeza no entiende que pueda haber otro motivo para que un hombre este haciendo fotos a otro.
Se levanta enfadado y se acerca al hombre de la cámara. Lo levanta del asiento cogiendole de la pechera. Le interroga sobre las fotos, mientras lo llama maricón en su cara. El hombre no reacciona. La verdad es que no tiene tiempo, puesto que el otro le arrea un guantazo y lo tumba otra vez en el asiento.
De pronto se da cuenta de que acaba de meterse en un lío y sale por pies del vagón, aprovechando que el metro ha llegado a una estación. Mientras, la mujer chilla pidiendo a gritos al revisor y el mecánico se acerca con un par de palabrotas en su boca.
Mientras el hombre que acaba de recibir un bofetón descomunal intenta recuperarse del impacto. El otro hombre, el del mono de mecánico y la mujer de su lado lo atienden. El chico ha recibido las gafas del vigilante de seguridad en sus rodillas y se levanta para devolvérselas, la cámara se ha puesto en marcha con la caída y va soltando golpes de flash. El joven la recoge del suelo y le tiende las gafas y la cámara al pobre hombre golpeado.
El hombre aun no esta todo allí, parece perdido y desconcertado. En su cara aparecen cuatro marcas rojas, que se vuelven amoratadas por momentos. No sabe que es lo que ha ocurrido. El golpe le ha dejado aturdido. No atina a decir nada coherente hasta un par de minutos más tarde.
Los demás le observan, preocupados.
- ¿Se encuentra bien? Pregunta la mujer
Pero el hombre solo atina a preguntar con una cara desconcertada:
- ¿Porque me pegó?


Cámara de cine

Son casi las seis de la mañana y el primer metro del día se dispone a dejar la estación, el vagón esta vacío, con las puertas abiertas. Un hombre joven entra, lleva una bolsa de deporte donde asoma una chaqueta verde con una chapa que informa que es de una empresa de vigilantes. Se ha puesto una camiseta de esas de propaganda, donde se puede leer en el pecho y con letras grandes “Disco Pub La Playa”. Se sienta en los asientos preferentes, los que van plegados y miran hacia el andén. Justo detrás de él y en el último momento, entra otro hombre. Este viste un mono de mecánico. Avanza por el pasillo y pasa frente al hombre de la bolsa de deporte. En su espalda se puede leer “Talleres Ramón”. Llega al fondo del vagón y se sienta.
El hombre de la bolsa es un hombre joven, como de unos veintitantos, con el pelo negro y rizado y unas gafas metálicas de montura dorada. Lleva un pantalón de color negro, con la línea muy marcada y unos zapatos deportivos. Tiene cara de sueño y también de fastidio. Mientras el tren avanza traqueteando se le cierran los ojos y empieza una cabezadita.
El tren para en la estación de la universidad. Entran cinco jóvenes de unos veinte años más o menos. Uno de ellos se tambalea y otro va tan borracho que sus compañeros tienen que sostenerlo. Los chicos colocan a su amigo tumbado en una de las filas de asientos, boca arriba. Otro de ellos se tumba en la fila de asientos frente al hombre. Los demás se sitúan, como pueden, en otras filas todos ellos medio tumbados.
El vigilante de seguridad mira interesado al chico que duerme frente a él. Y al otro chico que muestra su incipiente barriga echado en la fila contigua.
Empieza a rebuscar en su bolsillo mientras mira a derecha e izquierda. Parece indeciso, se diría que va a hacer algo no totalmente correcto. De pronto saca una pequeña cámara, de esas digitales y se pone a hacer fotos del chaval que duerme.
Este es un chico de unos veinte años, rubio, con el pelo rizado y una incipiente perilla.
Uno de los chicos se levanta y se dirige a la puerta apoyándose en los asientos para no caerse. Está bastante borracho pero atina a decir ¡Agur! antes de salir por la puerta.
En la estación entran varias personas y van colocándose en los lugares vacíos del vagón.
Una mujer de unos cuarenta años, vestida de forma provocativa se sienta al lado de uno de los chicos. Este ha estado observando al hombre de la cámara y por el color de su cara se diría que esta mareado. Se levanta del asiento arrugando la nariz, y se sienta a los pies de su amigo dormido, casi frente al vigilante de seguridad.
Al lado de él se ha sentado una mujer, lleva un jersey apretado con un amplio escote. El hombre de la cámara la mira de reojo como si temiese que ella le dijese algo de sus fotos.
La mujer mira impasible al exterior, ajena a cualquier cosa que pueda estar sucediendo.
Unos asientos más para allá, se sienta un hombre muy alto y corpulento. Lleva un pantalón de camuflaje con un montón de bolsillos y una chaqueta de cuero. Va calzado con botas de militar y lleva el pelo cortado a cepillo.
El hombre de la cámara ha terminado de hacer la foto al joven rubio y ahora la emprende con la cara del gordito que duerme la mona. El joven le observa, con cara de no estar muy allí. Se nota que también ha bebido un montón.
El hombre del pantalón de camuflaje se levanta de su asiento, unos momentos antes, su cara se ha ido poniendo colorada. Se acerca al hombre de la cámara y la emprende con él.
Le arranca la cámara de las manos de un manotazo y coge al hombre de la pechera, mientras le increpa por el hecho de hacer fotos a un hombre dormido.
-¿Se puede saber a quien estabas echando fotos eh, so maricón? – grita, mientras le arrea un guantazo en la cara al vigilante nocturno.
Las gafas salen disparadas de su cara y vuelan por el vagón, aterrizando en las rodillas del joven. La cámara cae al suelo e inicia una serie de clics y empieza a dispararse el flash en un paroxismo de luces.
El joven golpeado cae en su asiento, pálido, mientras en su mejilla empiezan a dibujarse cuatro líneas rojas que se amoratan a ojos vista.
La mujer de al lado chilla histérica llamando al revisor. El mecánico se acerca a grandes pasos mientras el chico intenta levantarse y cae en su asiento otra vez, con el frenazo del tren al llegar a la estación.
Las puertas se abren y el grandullón, aprovecha y se escapa por allí. Su cara es de confusión a la vez de que determinación.
El mecánico y la señora atienden al hombre golpeado. Le preguntan si esta bien.
El joven se acerca, lleva las gafas en sus manos. Recoge la cámara del suelo y la apaga, luego tiende las dos cosas al hombre que parece conmocionado en su asiento.
El hombre se pone las gafas, como por inercia. Pero no ve a ninguno de los que le rodean. Solo repite como alelado – ¿porque me ha pegado?...

*******************************************************
Bueno chicos, perdón por alguna palabreja y alguna expresion de argot, es que tenia que usar un lenguaje que fuera plausible con un chaval de esa edad y medio bebido xD
lo que tiene que hacer el escritor para fabricar bien sus personajes :P

CORRECCiÓN:

1) Muy bien, ha captado con sencillez la propuesta, tan bien que...
2) ...repite aquí el mismo narrador, pues queda bastante confuso en quién es el portagonista. Imagine que el Doctor Watson hablase más de sí mismo que de Sherlock.
3) Muy bien, el estilo más sencillo y más usado, y bastante exagerado aquí.
4) Bien, aunque algo frío: parece un guión de cine.

_________________
- Ghash, ¿eso es fuego en ...?
- Si chico- me dijo- eso significa fuego.
- En la lengua de los orcos- dije yo con un hilo de voz.
- Es que yo fui una vez un orco- contestó con una voz suave y una sonrisa.
Y se marcho.
( de Ghâsh)


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NotaPublicado: Lun Ago 30, 2004 6:39 pm 
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Bueno, aquí está el ejercicio. He de decir que ha sido uno de los ejercicios más duros, al menos para mí. Bueno, si me hubiera puesto a hacerlo antes quizá hubiera resultado mejor.... :? En cualquier caso, he decidir que pensar la misma acción de cuatro maneras diferentes es complicado, sobre todo, porque te dejas influenciar por el resto de los estilos que ya has escrito y la cabeza termina hecha un lío... xD Espero haber podido desenredar todo este embrollo...

Ejercicio:

TESTIGO:

No puedo decirle mucho. Debió de montarse en la estación de Laguna o quizá en Carpetana. Me llamó la atención porque no paraba de moverse, y se levantaba y se sentaba continuamente como si no pudiera estarse quieto. Por un momento pensé que era uno de esos drogatas con el mono que piden en el metro, pero luego me di cuenta de que no podía ser..., era demasiado atractivo para eso con ese peinado a lo Richard Gere en Pretty Woman..., en realidad tenía ese aire de yupie, abogado o algo por el estilo, como en la película ¿no sé si me entiende?. Sin embargo, algo debía de preocuparle porque como le digo no paraba de moverse. Me pilló un par de veces mirándole de reojo, pero no dijo nada; sin embargo, cuando se levantó en dirección mía creí que ya me había vuelto a meter en líos; pero lo cierto es que fue muy amable y educado, y me pidió por favor que si podía entregarle algo al portero de la calle del Pez, número 5. Al principio no supe que contestar pero me miró con esos ojos color miel a lo Leonardo di Caprio en Titanic, que no supe decirle que no. Bueno el caso es que me dio esa carta que les he entregado, me dio las gracias, y se fue corriendo hacia el otro vagón como si le persiguiera el mismísimo diablo. Luego cuando vi en Madrid Directo que habían encontrado a un hombre muerto en la estación de Atocha y vi su cara en la tele, llamé aquí y me dijeron que viniera para acá a tomar declaración. Y bueno, eso es todo... Ah, la carta ya estaba abierta..., no se vaya usted a pensar..., y no la he leído, bueno sólo un poco, es que la letra era tan bonita que... Bueno, usted ya me entiende.

PROTAGONISTA.

Debo darme prisa, prisa, prisa... Debo llegar antes de que salga el tren de las 8... Venga, si me doy prisa quizá llegue, sí quizá llegue. Debería pasar por casa y avisar a Yul... no, no tengo tiempo, no puedo, ya la llamaré cuando sea, y si no al carajo, ella siempre va a su bola... Prisa, prisa, tengo prisa. Veamos, Línea 6, andén 1, Laguna, Oporto, eh, Méndez Álvaro, eso es. Apártese señora, ¿no ve que tengo prisa? Es increíble, la gente todavía no se entera que hay que dejar paso libre en las escaleras..., si no tuviera prisa se lo explicaría como se merece... Ya está. A ver, un minuto, el metro llega en un minuto, un minuto, un minuto. ¡¡Joder!! cómo me duele el pecho..., malditos cigarrillos... Está bien, ya está. Venga, ábrete... Bien ahora, calma pensemos, siéntate, respira, uno, dos, tres, bien, respira. Un momento, ¿he cogido bien la línea? A ver..., sí, línea 6, andén 1, perfecto..., sentémonos... ¿nos? ¿qué pasa que ahora somos más de uno?, je je. Está bien, no es malo reírse de uno mismo. Pero ahora tengo que pensar, pensar..., necesito ayuda..., no me durarán mucho los pocos euros que tengo en la cartera. A ver, piensa, quién me puede ayudar sin preguntar demasiado..., Pedro, no creo. Yul, desde luego que no..., leches, piensa. Ramiro, eso es..., perfecto. Ahora tengo que avisarle..., joder, cuál era su número... No lo tengo. Joder. Un momento, le daré el mío. Eso es. A ver. Aquí mismo... y ahora cómo se lo doy..., espera. ¿Porqué me mira esa mujer?, ¿tengo monos en la cara? ¿no será uno de ellos? No, no seas paranoico, ya estaba cuando subimos. ¿Mos? Je, je. Calma, no es bueno que desvaríes. Eso es, se lo daré a ella..., es sólo una carta... Vamos, pon una de tus sonrisas y si me lo propongo hago que haga el pino. Venga, vamos.

- Perdone..., ¿tiene hora?
- Son las ocho menos diez, pasadas.
- Gracias... Discúlpeme, sé que no es habitual, pero lo cierto es que tengo que entregar algo a una persona, y me va ser imposible. Verá salgo ahora mismo de la ciudad... ¿sería usted tan amable de hacérselo llegar por mí?
- No creo que...
- Por favor, me salvaría usted la vida. Es una carta, tengo que dársela al portero de la Calle Pez, número 5. ¿Sabe usted donde está?
- Sí, claro. Pero yo no...
- Hágalo, por favor. Si no lo hace me llevaré una buena bronca. ¿Lo haría usted por mí? Se lo agradecería en el alma.
- Bueno. Haré lo que pueda, pero no le prometo nada.
- Gracias, gracias, muchas gracias... es usted un ángel, mi ángel.

Bien, bien, bien..., no has perdido toque... Ahora vamos. Dijo las ocho menos diez, las ocho menos diez pasadas. Debo darme prisa. Debo darme prisa o no llegaré a tiempo. Un momento, ¿estoy bien para la salida? No, maldita sea. La salida es en la cabeza. ¿En que estaría pensando? Esta bien vamos. No será la primera vez que paso de vagón en vagón, ¿no es cierto? Vamos, así ahorraré algo de tiempo. Tiempo, tiempo, necesito ganar algo de tiempo...



CUASI-OMNISCIENTE

El paciente abandonó la clínica sobre las siete y media, y aunque iba con prisa, gastó un momento en despedirse de la recepcionista con un lacónico: <<Buenos días>>. Sus pies iban ligeros por la calle abajo esquivando a los transeúntes que se interponían a su paso y a los parapetos romperrodillas dispuestos a lo largo de la calle. Pareciera que el paciente se sintiera observado, pues de continuo se volteaba sobre sí mismo para ver si sus pasos eran seguidos, o de pronto se detenía ante algún escaparate para observar quién se detenía a su vez unos metros arriba o unos metros abajo. Al término de la calle torció hacia la derecha y se dirigió velozmente a la entrada del Metro de Laguna. Aprovechó el tumulto de la gente para escabullirse en la amalgama de sujetos, y con un breve vistazo al mapa de estaciones traspasó de un salto la canceladora. La cara del paciente, roja y llena de sudor, delataban cierto cansancio, y su respiración era dificultosa; sin embargo, no detuvo su paso, salvo porque alguna persona le interrumpiera su carrera en las escaleras con su orondo cuerpo despreocupado. Por fin, llegó al andén del tren, y allí recobró resuello mientras que llegaron los vagones casi vacíos. Poco a poco el paciente consiguió que su respiración se acercara a su ritmo normal, al tiempo que el color vivo de su cara fue desapareciendo. Parecía nervioso, pues de continuo se sentaba y se levantaba como si de un animal enjaulado se tratara. La señora de ojos negros como carbones no dejaba de mirarle con un mal disimulo desde los asientos de enfrente, hasta que su interés resultó terriblemente evidente. Un cierto temor recorrió la cara de la joven cuando el hombre de chaqueta azul marino y excelentes modales, se acercó hacia ella con paso decidido; sin embargo, no hubo sino palabras dulces y sonrisas cómplices, y con la entrega de una carta arrugada y mil gracias, llegó la despedida que a juzgar por la expresión de su rostro juvenil había resultado plenamente placentera. El paciente la abandonó en dirección a su asiento, pero no llegar a sentarse, pues un fugaz pensamiento cruzó su cara y de nuevo se vio envuelto en la prisa de sus pasos. No hubo dudas. Abrió la puerta metálica y se lanzó al vacío del vagón contiguo... La joven le siguió con la mirada hasta que se perdió en la lejanía... Esa fue la última vez que lo vio con vida.

OMNISCIENTE.

Ricardo De la Fuente abandonó con prisa la clínica García del Olmo con paso decidido. Era la primera vez que abandonaba algún sitio con tanta brusquedad y en cierto modo, se sintió culpable por ello. Pero algo era indudable, no podía aguantar ni por un momento más ese tumulto de miradas furtivas. Ni un momento más. Al tomar la calle el aire de la ciudad inundó sus pulmones, llenándole por un instante de un gozo sutil. No obstante, al instante volvió a sentir esa presión en la nuca, sabiendo como sabía, aunque sin poder demostrarlo, que le seguían. Comenzó un deambular errático a lo largo de la calle, parándose de tanto en tanto, a descubrir los fugaces ojos de rata que le miraban desde el otro lado de la calle, o la mirada aviesa que le dedicaba el quiosquero a su paso. Aceleró el ritmo y con él su ansiedad, hasta que al torcer la calle vio la boca de metro de Laguna como un punto de salvación. Se sintió bien entre la amalgama de personas que entraban y salían por las escaleras, y aprovechando su neutralidad se diluyó entre la gente como gota en el mar. Mientras corría, sin saber hacia dónde, se dio cuenta que debía abandonar la ciudad de miradas hostiles. Observó el mapa de direcciones, y al punto, encontró el destino donde debían encaminarse sus pasos. Ahora con las ideas más claras, bajó todo lo deprisa que pudo las escaleras mecánicas saturadas de personas despistadas. Fue en ese instante cuando supo que no podría aguantar por mucho tiempo ese ritmo de esfuerzo por lo que tuvo que frenar su paso. Su respiración era muy rápida y dificultosa, y su ropa, pegada a su piel por el sudor, le estorbaba sobre manera. Deseó quedarse desnudo, pero no había tiempo, no había tiempo para eso. El metro llegó puntual a las 8 menos diez. Se montó en él y trató de calmarse sentándose en los asientos del vagón. No hubo caso, la prisa le dominaba y no tenía tiempo para calmarse. Se dio cuenta de la debilidad de sus planes, debía encontrar el modo de conseguir ayuda. El vagón estaba casi vacío, apenas dos o tres personas. Sintió de nuevo los ojos de rata sobre su persona... La señorita Paula Suárez, desde los asientos de enfrente, fue quien más le sostuvo la mirada. Sin embargo, Ricardo no sintió hostilidad hacia ella. Pareciera que ya la conociera y sintió hacia ella una evidente simpatía hacia su mirada..., que como tizones ardientes le miraban sin juzgarle... quizá ella pudiera ayudarle, pensó mientras dibujaba una sonrisa de seductor en su cara, quizá...

Aldor.

CORRECCIÓN:

1) Genial, muy bien precisado el punto de vista.
2) Muy bien, no ha confusión de estilo.
3) Muy bien, perfecto el ejercicio
4) Por último, perfecto. No hay duda de que sabe captar muy bien los puntos de vista.

_________________
En el Principio era el Verbo, y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios...


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NotaPublicado: Mar Ago 31, 2004 2:16 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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HE VUELTO AKER! Y HA SIDO UN REGRESO FELIZ!

Narrador omnisciente:

La mañana despertó complicada. Las nubes habían iniciado un mitín sobre la ciudad y la radio escupía noticias duras y pesimistas. Por las calles del centro, el tráfico se complicaba. Bocinas, insultos, semáforos conformaban la típica postal de un lunes que extrañaba a su hermano, el domingo. Caras largas, mucho sueño, y un inicio de semana que dejaba entrever la amarga rutina de los días de siempre.
El micro de pasajeros que venía de los barrios del norte, circulaba por la estrecha calle, esquivando velozmente un par de autos rezagados. Un par de bocinazos advirtieron al chofer una situación de peligro inminente. Pero los reflejos del conductor perdieron la carrera contra las luces del semáforo. Y al desobedecer las reglas, se produjo el caos.
Ruidos sordos, gritos, y un fuerte olor a gasolina dominaron la escena. Luego de que la cortina de humo se retiró, el espectáculo fue desgarrador. El micro había arrollado a un pequeño auto empujándolo contra una columna de alumbrado. Muchos de los pasajeros del vehículo grande trataban lastimosamente de bajar del coche, y estallaban en gritos y llantos desgarradores al comprobar que dentro del auto, yacían ya sin vida un joven matrimonio y un pequeño bebé de apenas días de vida. La rutina exacta de áquel lunes, había sido absurdamente interrumpida por la muerte, que fría y puntual, buscaba a sus presas.

Narrador Testigo

Alvaro abrió su escaparate de Telefonía Móvil, demasiado tarde para ser un lunes. Estaba bastante enojado con el chaval que vendría a lavar los vidrios, pues llevaba ya una media hora de retraso. Resuelto y decidido la emprendió contra los fríos vidrios, dispuesto a tratar de sacarse la bronca de esa manera.
De repente, un chirriar de frenos desgastando el asfalto, lo puso al borde de una escena siempre vista a través de la tele y jamás imaginada.
Esa noche, se observó como si fuera otra persona, en el Telediario de las nueve:
"Pues si, recuerdo que estaba lavando los vidrios del negocio cuando me dí vuelta al escuchar un terrible ruido de frenos. Y pude ver el impacto...no sé, aún estoy nervioso. Recuerdo al pequeño auto siendo impactado justo por el centro, por aquel coche de transporte. Volaron unos vidrios y la carrera del micro terminó cuando incrustó al pobre auto contra aquella columna que Ud. puede ver, Señor. Fue terrible, éramos varios los que corrimos a auxiliar a la gente. Pero fue en vano, los que iban en el coche pequeño estaban todos muertos....Ay, Señor, Dios guarde a la criaturita que iba dentro. Y seguramente, deberían meter preso al conductor del micro, pues es un asesino y un irresponsable. Estoy absolutamente seguro, que ha pasado con el cambio de luces...Esto no puede ser, Señor periodista.."

Narrador Cuasi-Omnisciente

El coche devoró la esquina anterior con una rapidez impropia en su tamaño. Seguramente dentro del mismo, muchos de sus pasajeros salieron del sopor matinal, esbozando algún arqueo de cejas o reacomodándose en sus asientos. La loca carrera siguió por la calle Segura, y no pareció detenerse. Los escaparates se pasaban como una película en retroceso, por las ventanillas del micro. De repente, una desaceleración brusca y una sucesión ininterminable de lamentos, bocinas, olor a muerte invadió todo. Tratando de salir del infierno, tropecé una y dos y tres y cuatro veces con vidrios, cuerpos, pedazos de muerte y un grito enfurecido de dolor y culpa. Acercando lo poco que quedaba de mí, luego de aquella catástrofe me incliné sobre los despojos que gritaban desaforados. Miré hacia donde debía haber estado el parabrisas y lo que ví, me revolvió la vida. Muerte, horrible, ensañada, maldita. No pude más y allí lo dejé alejándome a todo correr de la culpa sin consuelo del chofer.

Narrador protagonista

-¿A qué hora paso a recogerte hoy? Recuerda que Josu, tiene su primer visita al pediátra y he pedido salir antes del trabajo...
- ¿Es que crees que acaso me he olvidado mi amor? Veremos cuanto pesa nuestro niñito hermoso....que por cierto...mira la forma de su nariz. Parece la de mi padre.
- Pues creo que estás equivocada, ese niño es un calco mío. Y ya no se discute...
- Ja, ja....eres hermoso y te amo. Y amo a este niñito ....ahh, Manuel. No olvides pagar la tarjeta de crédito, hoy es el primer vencimien....ten cuidado con la luz, ...no pases tan sobre el amarillo.
- No temas, sabes que Alonso es un poroto a mi lado. Ole, COÑO!!!! mira por dónde vas...
-Manu, que me bajo si no te comportas... por favor, piensa en el niño y saca el pie del acelerador.
-Pero si es un condenado tip.....Dios! Si que me ha pasado cerca....-
-Manuel despacio, mira aquel micro, cuidado.....la esquina, dejalo pasar...
-Maldito condenado! Es mi turno...es mi paso!
-Manuel......Dios! Ahhh......


- - - - - - -
Por Eru, hoy me he levantado más que tétrica.


CORRECCIÓN:

a) Regular, en este caso podría tratarse también de un narredor cuasi-omnisciente, todo se relata según se ve, no se da ningún indicio sobre lo que piensan las personas, o algo que no sepamos viendo la escena.
b) El narrador testigo debe limitarse a narrar lo que ve o lo que siente sobre la acción o el protagonista; meter fragmentos de su propia vida entorpece la narración y desvían el tema del ejercicio. La segunda parte está mucho mejor...
c) Parece como si hubiese intercambiado el título con "a", puesto que aquí hay indicios de narrador omnisciente. Se pueden leer perfectamente pensamientos del protagonista.
d) Bueno, poco se puede decir aquí, salvo que no hay narración, es todo diálogo... >:)

Debe revisar de nuevo la lección, comprender dónde ha fallado, ¿de acuerdo?

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Lun Sep 06, 2004 4:22 pm 
Maestro del Poney
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Bien, continuamos...

Capítulo: El personaje - La acción

Los personajes... Esas fieras de las que el escritor no puede huir por mucho que corra; esos coleópteros en los que, como en La metamorfosis, de Kafka, el narrador de historias se ve convertido una mañana, sin saber muy bien cómo ni por qué; esos imitadores lúcidos y descarados de las personas; esos invasores de la Tierra que, aprovechando la imperfección del ser humano, se hicieron con nuestra conciencia de la realidad.


Al principio dan miedo, todo escritor lo sabe. Uno se introduce en un personaje y no sabe cómo va a acabar, ni si algún día saldrá de su piel. Parece una catarsis, un viaje astral, una transubstanciación, la famosa abducción de la que los crédulos hablan, alguna de esas historias en las que uno nunca ha creído. Vivirlo en las propias carnes da vértigo, qué duda cabe. Pero sólo las primeras veces. Luego le coges el gusto, y te zambulles sin miedo en los más diversos especímenes (depravados, violentos, tiernos, amorosos, envidiables, envidiosos, estúpidos...), hasta el extremo de no querer volver a tu ser habitual, tan aburrido, tan monótono, tan cotidiano.


Pero veamos cómo se alcanza ese estado de otredad en el que el escritor se sumerge cada vez que narra una historia, y que acaba convirtiéndose en un proceso automático, casi mecánico. Conocerlo nos puede ayudar a propiciarlo cuando las cosas no funcionen cómo deberían.


Acción y personaje.- Acción y personaje están íntimamente ligados en cualquier obra literaria. La unidad del relato requiere que el personaje sea consecuente con su personalidad, por lo que no podemos atribuirle actos que él, por su propio pie, no realizaría (Don Quijote nunca podría decir: «To be or not to be, that is the question»); de la misma forma, si tenemos claro el argumento de la historia, hemos de escoger un personaje funcional que lo lleve a buen término, que nos facilite la tarea en lugar de estorbarnos (si deseamos hablar de la ruptura de una pareja por culpa de los malos tratos del marido, éste último no puede ser alguien equilibrado y encantador).


Si hacemos este primer examen y comprobamos que el personaje le viene grande a la historia (es decir, se nos va por las ramas o tiende a expandirse en toda su complejidad, más allá de las fronteras que le teníamos marcadas), quizá nos tendríamos que plantear escribir una novela o servirnos de un personaje más simple, con los rasgos imprescindibles para que el argumento funcione; de la misma forma habremos de actuar si, por el contrario, la historia le viene grande al personaje (por ejemplo, en el caso de que a un personaje plano le estemos embarcando en aventuras existenciales excesivamente complejas).


Visualización.- Después de esa primera comprobación, el siguiente paso que nos ayudará a avanzar en nuestro relato será visualizar al personaje. Él va a ser quien llevará a cabo las acciones que constituirán la historia y, si no conseguimos verlo íntegramente ante nuestros ojos, caeremos fácilmente en las trampas de la falacia, en la autocomplacencia de atribuir al personaje pensamientos o actos que corresponden al escritor. Asimismo, si nosotros no vemos al personaje, difícilmente lograremos que lo vea luego el lector. Por último, si conseguimos dar vida en nuestra mente al personaje con imágenes, como al actor de una película, nos resultará más sencillo desarrollar las acciones.


Ir visualizando la historia mientras escribimos nos permitirá captar detalles que de otra forma nos pasarían, quizá, inadvertidos. Mientras lo hacemos, estamos actuando como observadores. Y de la misma forma que mirando a alguien en el metro podremos decir bastantes cosas sobre su carácter -e incluso sobre su vida-, observando a nuestros personajes extraeremos de su físico, sus gestos o sus actitudes datos relevantes para la historia.


Identificación.- No obstante, y ahí está la mayor dificultad de narrar historias, en la mayoría de las ocasiones no basta con observar al personaje desde fuera. Tras conseguir tenerlo ante nuestros ojos y seguirlo en sus acciones (decididas o no de antemano), en muchas de nuestras historias tendremos que introducirnos también en su interior, acceder a sus pensamientos, a sus emociones y a sus sentimientos. En resumen, convertirnos en él... salvo que hemos de continuar mirándolo también desde el exterior (como narradores). Tarea complicada donde las haya: desde fuera y desde dentro, todo a la vez, como una cámara que se aleja y que se acerca hasta traspasar la piel de nuestro protagonista, en un juego continuo de zooms.

Meternos en la piel del personaje nos permitirá cubrir otra parte importante de la historia: no tanto la de los hechos y acciones, sino la de las causas, las motivaciones, las reacciones (lo que, a su vez, puede que afecte al argumento). Como veis, un relato o una novela se trata de un entramado que se desmorona si falta alguna de las piezas. Si no logramos visualizar al personaje, difícilmente podremos relatar sus acciones de una forma verosímil; si no nos identificamos con él, ¿cómo darle un sentido a esas acciones?


Comprensión.- Porque, al fin, de lo que se trata en literatura es de investigar en el alma humana, de encontrar matices y resquicios a los que no podemos acceder en nuestra vida real (demasiado compleja, demasiado caótica, demasiado real), de entender comportamientos que siempre nos habían intrigado... Ningún buen escritor escribe sobre lo que sabe de sobra; ningún lector saca más que entretenimiento de una narración que no le dice nada nuevo.

Si somos capaces de introducirnos dentro de un personaje y comprenderlo, de sentir lo que él siente y después transcribirlo en palabras, estaremos en disposición de entendernos mejor a nosotros mismos y a los que nos rodean. De la misma forma, el lector sacará lección del análisis y seguirá un proceso parecido al del escritor: verá al personaje en conexión con sus acciones, se identificará con él, llegará a comprender desde dentro y desde fuera sus motivaciones, las razones de sus cambios, y de esta forma se entenderá mejor a sí mismo y a las otras personas.


EJERCICIO PRÁCTICO: Ficha del personaje
.- Imagínate un personaje y hazle una ficha: nombre y apellidos, edad, domicilio, gustos, dónde trabaja, cómo es su casa, a qué se dedica en sus ratos de ocio, etc. Cuando creas que lo ves bien en tu mente, échalo a andar. Escribe lo que podría ser el primer capítulo de una novela con ese personaje como protagonista. Por favor, no os alargueis mucho :-| xD
Tiempo: hasta el lunes que viene, que es la última lección.

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Lun Sep 13, 2004 6:40 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Aker, me das un par de dias mas?

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NotaPublicado: Lun Sep 13, 2004 8:45 pm 
Ciudadano de Bree
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Lo cierto es que esto no es el primer capítulo de una novela, más el bien la primera escena de una obra de teatro. Pero lo cierto, es que salió así y no me di cuenta que se pedía el primer capítulo de una novela hasta cuando ya estab terminando... :? Y ya sabéis hay que obedecer a las musas. xD xD Espero que no importe demasiado.

EJERCICIO.

Personaje.

Amadeo de Casacia. Hijo de la difunta reina Juana e hijastro del Rey Reinaldo. Su carácter es un tanto despreocupado y, tendente a la vagancia y al libertinaje, aunque la maldad aún no ocupa su corazón. Ama secretamente a su prima Lorena, pero su amor no es correspondido.
De modales perfectos según las conveniencias y muy apuesto es afamado en toda la provincia por le manejo de su espada, y por ello es aclamado como el sucesor perfecto de su padrastro Reinaldo. sin embargo no ansía tanto el reinado como el poder que éste le otorgaría.



(Lucio, centinela del Rey en su puesto, el cansancio le puede tras la larga guardia. Bosteza. Sus párpados son pesados y todo su cuerpo lucha por no abandonarse al sueño. Un grupo de hombres, borrachos y entre chanzas, se acerca.)

LUCIO- ¿Quién vive?
FERNANDO- Nosotros, perros, gatos y criaturas de la noche... no más, el resto está muerto en sus ataúdes a la espera de que el día les resucite. (Se descubre el rostro) En cuanto a ti, eres fantasma entre los dos mundos por lo que veo.
LUCIO – Fernando..., hijo de mil padres... Ya creía que tenía que usar la espada. Vete a otro a molestar con tus chanzas; nada tengo que explicarte..., me gusta como el que más el buen comer, el buen beber y el buen dormir... la noche es larga, y no creo que ni a los perros ni a los gatos les importe mucho si me echo una cabezada de vez en cuando.
FERNANDO- No seré yo quien te eche a los perros.
LUCIO – Bien dices, los pecados de los otros en uno parecen menos. Pero dime, qué haces tú aquí a estas horas, te creía en Pódena con el hijastro del Rey Reinaldo.
FERNANDO- Con ese hideputa vengo. A media milla lo he dejado borracho como una cuba; nunca vi hombre, mujer o bestia a la que le gustara más brindar al cielo con una bota en la mano, mejor compañía de juegos no he podido encontrar, pero como es de alta alcurnia no tolera como nosotros las virtudes del vino, y a la mínima se doblegan sus voluntades como manteca al sol. Así son los Altos Hombres: bravos en las batallas pero apenas niños en las posadas... je je je , ... con tan sólo oler el vino el cabrón se embriaga.
LUCIO – Son de otra casta... (Ríen) Claro, el pobre truhán echará de menos a su madre; no habrán pasado ni tres lunas desde sus funerales...
FERNANDO – Mañana..., tres lunas justas. Pero no hay caso, la muerte de su madre no es más que una excusa..., su afición viene de largo..., además no creo que ni una lágrima haya rodado por su mejilla por su madre, su madre era una arpía y Amadeo lo sabía...
LUCIO- Frena tu lengua; estás hablando de la difunta esposa del Rey.
BERNANDO - ¿Eso cambia las cosas? Sabes también como yo que la reina Juana era un mal bicho como no se ha conocido en toda Calesia. Muchos murieron a causa de sus caprichos. No, no me lastimó su muerte, salvo el que no le hubiera llegado antes.
LUCIO – Está bien, no hablemos de política... ¿dónde has dejado al joven Amadeo?
FERNANDO- Con su escolta lo tengo, tan borrachos como él.
LUCIO - No debiste dejarle solo, siquiera alguno de estos mal nacidos debería haberle acompañado. Mira que si algo le sucediera...
FERNANDO. No hay cuidado. Además con éstos a su lado el mal es seguro, lo menos lo tratarían como saco de patatas. En cuanto a la escolta no habrá de entre ellos quien mueva un párpado hasta mañana. Además no es un niño del que hablamos, si no todo un hombre ya fornido cuyas gestas ya son conocidas en toda Calesia.
LUCIO – Tienes razón, que allá se las apañe..., si supo encontrar el camino a la posada sabrá encontrar la vuelta.
FERNANDO – No obstante, no es bueno dejar demasiado espacio al destino sin necesidad, así que venía para que me echaras una mano con el muerto y que me ayudaras a meterle en su cama por puerta falsa, a ser posible. Nadie en palacio tiene porqué enterarse de sus chanzas.
LUCIO – No sé...
FERNANDO – Vamos. Estoy seguro que mi amo sabrá recompensarte..., sus manos son ligeras para dar y su cabeza nunca olvida a quienes le ayudaron.
LUCIO – Esta bien..., pero si tu amo no cumple tú me pagarás la pieza, que si alguien descubriera que abandono el puesto, no menos de diez días me esperan en el calabozo, y si no trincheras.
FERNANDO- No te preocupes..., yo respondo. Pero vamos que la noche llega a su fin, y ya se oyen a los muertos retorcerse... Camina deprisa, que no nos sorprenda el alba.

(Salen, entra el Rey Reinaldo embozado y cruza la entrada al castillo ocultándose en las sombras)

REY – Valiente defensa tiene mi casa. Nadie guarda la entrada, ni siquiera ese tunante de Lucio, al que al menos borracho o dormido esperaba encontrarle aquí. Esta bien, no me quejaré..., me es afortunada esta jugada, así podré ver a Lorena sin dar explicaciones. Mucho tengo que hablar con ella, y contra menos oídos oigan y ojos vean, mejor será. Me daré prisa..., que ya oigo voces, no quisiera ser sorprendido en mal sitio a mala hora.

(Se detiene ante una ventana semiabierta. Toca con los nudillos tres veces más una.)

REY: Abrid, Lorena... abrid, tengo palabras que deciros.

(Abre)

LORENA: ¿Reinaldo?
REY: Susshhh, callad y abridme, rápido, antes que nadie nos vea.
LORENA: Pasad, mi señor. (entran)
REY: ¿Podemos hablar?
LORENA: Hablad, pero sed cauto y no alcéis la voz, Carmina duerme.
REY: ¿Quién?
LORENA: Carmina..., mi vieja aya. La conocéis bien, fue ella quien nos presentó en el día de vuestra coronación, hace ya nueve inviernos.
REY: Sí..., perdonadme, estoy distraído..., y perdonadme también que haya venido a estas horas que no son sino para el sueño; pero hace días que no duermo y como si fuese la misma cosa confundo el día y la noche, la luz y la oscuridad... y hasta que no suelte la carga de mi pecho, no descansaré...
LORENA: Me preocupáis...
REY: No hay cuidado, hoy mismo saldaré mis cuentas y todo quedará arreglado.
LORENA: Hablad.
REY: Acercaos, dejad que mis brazos os rodeen siquiera una última vez. Lorena, yo.... yo os amo.
LORENA: En verdad, así me lo hiciste creer.
REY: Lorena, os amo más de lo que mortal alguno se atrevió nunca a amar, más que a mi propia vida o cualquiera otra posesión de la que pudiera decir que es mía..., tanto que si por amar tuviera que entregar cualquiera cosa, diría “Sea”, aunque me perdiera con ello en el laberinto de la condenación...; y sin embargo, Lorena no os puedo amar...
LORENA: No os entiendo...
REY: Lorena, nuestro amor es imposible. Bien lo sabemos los dos, pero como un loco en estos meses he tratado de creer que no soy quien soy y que mis hombros no han de soportar la carga de mis deberes, pero ya no hay caso, de nuevo la razón reposa en mi cabeza, no puedo amaros.

LORENA. Pero..., Reinaldo, yo os amo.
REY: Bien lo sé, pero en este caso no es cuestión de quereres. Yo soy el Rey y tú eres la sobrina de mi difunta esposa, y por lo tanto mía propia; no hay caso ni discusión. Nuestro amor no puede ser, y no ha sido sino por el fruto de una locura que no debí permitir que madurara, por lo que esto se ha alargado mucho más de lo razonable. Como un necio me engañé a mí mismo pensando que encontraría el modo en que nuestro amor fuera comprendido y aceptado entre mi gente. Mas así como el tiempo quita también devuelve el juicio. Nuestro amor es imposible y no hay más. Me debo a la Corte e incluso a mi difunta esposa, y ellos nunca nos darían su beneplácito.
LORENA. Reinaldo (llorando).
REY. Reinaldo me llamas, y como la más bella melodía resuena en mis oídos mi nombre pronunciado en tus labios, pero bien sabes que antes que nada soy Rey.
LORENA. Tenéis razón, mi Rey. Lo nuestro ha sido una locura, un sueño fugaz del que quisiera no tener que despertar. Pero así como vuestros actos han sido para mí modelos de buen juicio, y hasta la mínima palabra: órdenes y mandatos, también en esto os haré caso, por más que me pese, porque vuestra voluntad es mi voluntad, y vuestra voluntad es la voluntad del Rey. Pero sabed que lo que menos reluce en vos es vuestra dorada corona y vuestros poderes.
REY. ¿Qué queréis decir?
LORENA. Quiero decir que también os amaría aunque no fueseis Rey.
REY. Lorena...(abrazándola) cuán triste a de ser nuestro destino. Pensará el campesino que al punto cambiaría su suerte por la mía, pero de igual manera me cambiaría yo en su puesto. Pero, lo cierto es que no soy un campesino, ni cualquiera otra persona que decida por su propia voluntad. Yo soy el Rey, y a mi condición me debo. Y por más que quisiera no podría librarme de esta sutil maldición. Soy el Rey y si quiero ser buen Rey debo renunciar a lo que más quiero, por más que me pese.
LORENA. Mis oídos os oyen y sé que hay razón en tus palabras; pero como si fuera de otro cuerpo mi corazón dice que no pueden ser justas lo que dice tu boca. No, yo os amo, y sólo de eso sabe entender mi corazón.
REY. Susshh, callemos. Oigo a tu aya retorcerse en la alcoba. Lo que iba a decir ya está dicho. Ahora debo irme antes de que sea más tarde. (Volviéndose antes de atravesar la puerta) Por favor, perdonadme...
LORENA. No os vayáis regaladme al menos unos últimos momentos...

(Afuera)
(Aparecen Lucio y Fernando cargando al gentil Amadeo que entre su hálito de alcohol entona versos de canciones antiguas)

LUCIO. Mal rayo me parta por hacerte caso. El noble Amadeo pesa como una mula, y como siga cantando así despertará a toda la Corte.
FERNANDO. No protestes y aprieta el paso. En cuanto a sus cantos, cualquiera le confundiría con el maullar de los gatos. Además ya te he dicho que no te arrepentirás. Tan generoso es para el vino como para el pago.
LUCIO. Ya veremos... (refunfuñando).
AMADEO. Fernando, Fernando...
FERNANDO. Aquí estoy, mi señor.
FERNARDO. Canta conmigo, canta conmigo. ¿Cómo era? Ah, sí. “La Tonada de los hijos de Talathgon” Canta..., yo te sigo.
FERNANDO. No conozco la letra, mi señor.
FERNARDO. Sí que sabes, canta.
FERNANDO. (Mirando a lo lejos) Lucio, para. ¿No es el mismo Rey quien sale embozado de aquella casa?
LUCIO. ¿Dónde decís?
FERNANDO. Baja la voz, mentecato, y ayúdame a llevar a Amadeo donde no puedan vernos.
AMADEO. Canta para mí...
LUCIO. Maldita la hora en que te hice caso. ¿Qué decías?
FERNANDO. Allí, en la puerta de esa casa. ¿No es acaso el mismo Rey? Claro que lo es. Reconocería ese porte aunque fuera vestido de gallina.
LUCIO. Tenéis razón., Es el Rey, y no me conviene que me encuentre sin atender la guardia.
FERNANDO. No te preocupes por eso ahora, aquí no nos verá.
LUCIO. Eso espero..., o me tocarán cadenas.
FERNANDO. El Rey está hablando con alguien, una mujer creo, por lo que puedo adivinar.
LUCÍO. No es extraño. De tal astilla tal palo.
BERNARDO ¿De quién es la casa?
LUCIO. Es la casa de la noble Lorena, la sobrina del Rey.
AMADEO. Lorena...
FERNANDO. ¿Y a qué cuento visita el Rey a su sobrina a estas horas?
LUCIO. No te metas..., lo que quiera hacer el Rey bien hecho está. Las cosas de los Grandes no están hechas para que las vean nuestros ojos ni las oigan nuestros oídos.
FERNANDO. Sí, sí claro. Pero yo por si acaso no quitaré ojo.
LUCIO. Haz lo que quieras, pero luego no quiero cuentas.
FERNANDO . Susshh, calla, ya sale. Sí verdaderamente es el Rey y ella la bella Lorena.. (Al tanto) Pardíez la besa. La ha besado..., a su propia sobrina.
LUCIO. ¿Qué ?
FERNANDO. Calla te digo. Ya se va, cubierto en su embozo. Pero yo sé lo que he visto. El Rey ha besado a la noble Lorena.
LUCIO. Será mejor que olvides lo que has visto. Para ti y para mí lo que hemos visto son fantasmas. ¿Me oyes?
FERNANDO. Fantasmas tan reales como tú o como yo.
LUCIO. Fernando...
FERNANDO. Calla, sucio malandrín, y ayúdame a llevar a Amadeo a su cama antes de que cante el gallo...
LUCIO. En serio, Fernando, hazme caso.
FERNARDO. Tú haz lo que debas hacer y yo lo que quiera.
LUCIO. (Para sí) Mal acabará la cosa.
FERNANDO. Vamos, será mejor que nos demos prisa y descansemos. Mañana será un día largo.

CORRECCIÓN:
Se me hace dificil valorar el ejercicio, por una parte, es un comienzo más que brillante de una obra de teatro con la cual me quitaría el sombrero si lo tuviera, el vocabulario es muy rico e intencionado, algunas frases parecen versos, pero el fin del ejercicio era presentarnos un personaje protagonista y desarrollar el primer capítulo de una novela o, en este caso, una obra teatral. El problema es que es difícil en este ejercicio decidir quién es el protagonista, si no fuera por la ficha del principio. El guardia, o el mismo Rey podrían serlo igualmente. Con todo, es un trabajo formidable.

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En el Principio era el Verbo, y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios...


Última edición por Aldor el Vie Oct 08, 2004 6:54 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Sep 23, 2004 12:38 pm 
Maestro del Poney
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Doy de tiempo hasta el 30 de este mes, venga, os he dado demasiado ya.

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Sab Sep 25, 2004 12:26 pm 
Viajero Asíduo
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El corredor
Abrió los ojos cuando oyó el chirrido de los frenos, se encontraba en un vagón del primer tren de la mañana. Como cada mañana había aprovechado para echar un sueñecito en la media hora larga que duraba el trayecto desde su casa hasta el centro.
- El tren de las cinco y diez - se dijo - El tren de los solitarios, y de los parias como tu - volvió a pensar.
Se estiró levemente, no le gustaba nada llamar la atención y la verdad lo conseguía. El traje gris era de lo mas común, la camisa azulada como cualquier otra camisa y la corbata discreta. Una de sus manos reposaba sobre una incipiente barriga, producto de las comidas en el bar al mediodía y la otra sostenía, aun en pleno sueño, un maletín de piel lleno de papelotes.
El tren se paró traqueteando en la vieja estación subterránea, se levantó para salir y de pronto los vio. Eran dos hombres idénticamente anodinos, como dos clones que acabasen de salir de la novela de Orwell. Habían estado sentados frente a él y ahora se encontraban a su lado, flanqueándole.
Nada podría decirse de su aspecto, se necesitaba un buen rato de observación para darse cuenta de que estaban allí, parecían confundirse con el entorno, difuminarse con la sordidez de la estación.
El hombre avanzó por el túnel en dirección a la salida, de pronto sintió que algo se salía de lo normal. El largo corredor levemente iluminado se iba transformando en un altísimo pasillo de techo abovedado. El lugar no le resultaba desconocido, había visitado ese pasillo en sueños muchas veces a lo largo de los años, ese largo corredor con un dintel al fondo cubierto por una negra cortina que brillaba bajo una extraña luz.
El hombre se dijo que estaba soñando otra vez, se repitió que se había dormido en el tren y que eso era un sueño. Azuzó el oído intentando captar el traqueteo de las ruedas pero no lo consiguió.
Dio un par de pasos por el corredor, el suelo estaba cubierto por unas curiosas baldosas, todas ellas tenían ocho lados, aunque encajaban las unas con las otras a la perfección y estaban hechas de un extraño material brillante. Miró al suelo y pudo verse reflejado en ellas. La cara redonda, las bolsas debajo de los ojos, la incipiente calvicie. Las diminutas gafas de leer colgando de la punta de su nariz.
Se miró los pies y comprobó con estupor que estaba descalzo y al momento se dio cuenta de que vestía una especie de bata de hospital, una de esas batas abiertas por detrás. Deseó con todas sus fuerzas que además de eso llevase también algo de ropa interior. Se sentía ridículo mientras avanzaba por el interminable pasillo.
Ahora estaba casi seguro de que estaba soñando, aquello no podía ser verdad. Se pellizcó en el brazo y le dolió, aun incrédulo por lo extraño de las circunstancias.
Se paró un momento y miró a su alrededor, pudo ver que a su lado seguía teniendo a esos hombres. Pero ya no eran como antes, sus ropas de trabajo azules habían sido cambiadas por unos ajustados trajes de una tela desconocida que parecía amoldarse a su cuerpo como un guante. Sus facciones, antes anodinas, se habían vuelto extrañamente hermosas, aunque no podía fijar por que razón se lo parecían.
- Vamos, adelante – oyó que le decían, aunque tampoco estaba seguro de si lo había oído en realidad o solo lo había sentido en su cabeza.
Se sentía desconcertado, perdido, pero recordó que cada vez que soñaba aquello se despertaba al llegar a la puerta, nunca podía atravesar ese negro cortinaje que la cubría.
- Bueno, soñemos pues – se dijo, avanzando un poco más hacia el interior del pasillo.
Sus pies descalzos no hacían ningún ruido al caminar, parecía que casi no rozaban el suelo. Avanzó decidido unos metros que le parecieron enormemente largos. La puerta del fondo era como una especie de motita en el horizonte. Un punto negro brillante que no parecía acercarse por mucho que él avanzase.
De pronto todo cambió, sintió como su entorno se movía, aunque sus pies seguían caminando al mismo ritmo que antes. El suelo y las paredes parecían haber acelerado. Dejó de andar, pero siguió avanzando. Parecía que era el corredor el que se movía. El suelo se deslizaba ante sus pies a toda velocidad.
Sintió un vahído y cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos todo se había parado. Ahora el corredor era diferente, seguía siendo un túnel de unos 5 o 6 m de altura con un arco de medio punto en su parte superior, pero ahora estaba flanqueado por una hilera de enormes ventanas.
Se acercó a una de ellas y vio su ciudad, su barrio, bajo la luz del sol del amanecer. Intentó abrirla y salir por ella, pero parecía formar parte de la pared, el cristal estaba sellado, no había forma de atravesarlo.
Las siguientes ventanas le mostraron varios paisajes conocidos, un prado de mañana con las flores abriéndose, una playa al mediodía de un día de verano, una tarde en el muelle con el sol poniéndose sobre el mar… las dos ultimas mostraban un cielo estrellado, sin luna, una con la negrura de la noche sobre los tejados de la ciudad y la otra con millones de estrellas iluminando un paisaje rocoso de montaña.
- Un par de pasos más y estaré en la puerta – se dijo el hombre – y entonces me despertaré.
Pero no fue así, la puerta no retrocedió cuando él avanzó, ni tampoco desapareció para encontrarse en su cama o en otro lugar más o menos cotidiano. Deseó por un momento despertar, aunque fuera en su mesa del despacho bajo los gritos del jefe, pero nada de esto ocurrió.
Había llegado frente a la puerta y entonces pudo constatar que el cortinaje que la cubría no era de tela como había creído él, si no que estaba hecho de luz, una delgada lamina de luz negra que parecía reverberar y ondularse bajo una imaginaria corriente de aire. La tocó con un dedo, cauteloso, el dedo pareció atravesar limpiamente la negra superficie.
- No tengas miedo – oyó que le decían – es solo un portal de luz, no te pasará nada si lo atraviesas.
El hombre dudó en atravesarlo, no tenia muy claro si deseaba saber lo que se encontraba en el otro lado. Uno de los hombres pasó por é y le tendió una mano para que lo siguiese, se veía extraño, con medio cuerpo saliendo del remolino de la luz negra. El hombre avanzó un paso y entró.
Allí dentro se estaba a oscuras, pero no sentía miedo, por el contrario una sensación de seguridad se iba instalando en su ánimo.
El tiempo pasaba y nada cambiaba, el hombre se aventuró a dar un paso más hacia el otro lado.
Una luz intensa le cegó. Ésta parecía llegar de muy alto e iluminaba completamente una extraña sala de planta redonda.
Se trataba de un lugar enorme, con el techo a unos veinte o treinta metros en forma de cúpula de cristal. Por él entraba una luz intensa, mucho más fuerte que la del sol.
En las paredes de esa sala había varias puertas como la que acababa de atravesar. Solo que, desde ese lado, la cortina de luz no era negra sino plateada y refulgía con todos los colores del arco iris.
En el centro de esa habitación se encontraba un escritorio de esos antiguos, uno de esos escritorios que usaban los copistas medievales para escribir y copiar sus libros.
Frente a él había un par de sillones y una mesita baja. Y sentado en uno de ellos se encontraba un hombrecillo.
Comparando su altura con la del hombre que acababa de entrar se podría decir que ese hombre era un enano, pero no tenía ninguna de las características que pudiera hacer suponer que pertenecía a esta raza.
No era paticorto, ni tenia el cuerpo robusto y una cabeza desmesurada, no llevaba barba ni tan solo tenía una gran tripa redonda.
Era como un humano normal, solo que más pequeño.
Debía medir más o menos un metro de altura, cosa que habría hecho que pareciese un niño a los ojos del hombre, pero su mirada y sus facciones decían todo lo contrario.
No era viejo, nada en él lo denotaba, su frente no estaba surcada de arrugas, sus manos no tenían los nudillos salientes y se arqueaban por la artritis, alrededor de sus ojos no había más que unas cuantas arruguitas producto de sonreír con frecuencia.
Se diría que era un adolescente, pero cuando el hombre lo miro a los ojos descubrió que era viejo, muy viejo y que además tenía un extraño e inquietante poder.
Que hombre tan extraño - pensó – parece un… - se dijo buceando en los entresijos de la memoria, buscando un nombre que no encontraba – parece un hobbit – murmuró
El hombrecillo se levantó de un salto cuando el hombre se le acercó y le saludo ceremoniosamente con una reverencia.
- En realidad no soy eso que decís – dijo como saludo – como veis no tengo pelos en los pies.
Y mostró unas altísimas botas de piel suave de un color azul intenso, tan altas que le llegaban por encima de las rodillas y adornadas en la vuelta con una complicada filigrana de espirales y círculos.
El hombre observó a su interlocutor, además de las botas vestía, como los otros hombres que lo habían llevado hasta allí, un traje ajustado de un tejido brillante y llevaba una ancha banda de cuero azul de la que colgaba algo que podría ser una espada o bien un bastón.
- En realidad no se porque os he llamado así – dijo el hombre – esa palabra me vino a la cabeza sin pensar.
- Es un término bastante famoso en estos momentos en lo que vos llamáis la realidad – respondió el hombrecillo.
- La realidad – repitió como un eco el hombre, mientras su desconcierto iba aumentando por momentos.
El hombrecillo lo vio palidecer y le mostró uno de los sillones, en el que el hombre se sentó, sin dudarlo, debido a que las piernas empezaban a flaquearle.
El seguía pensando que se encontraba soñando, pero nunca en su vida había tenido un sueño tan real y tan coherente. La verdad es que estaba terriblemente asustado.
- Se que estáis pensando que estáis en un sueño – le dijo el hombrecillo – y podríamos decir que si, pero todo esto es bastante mas complejo de lo que podáis imaginar.
El hombre asintió, sorprendido de que el hombrecillo leyera sus pensamientos. Se pregunto quien debía ser ese hombrecillo y porque él se encontraba en ese extraño lugar.
- De entrada me presentaré – oyó que decía – yo soy Roel y soy el que guarda las puertas de la realidad.
- Mi nombre es Jon Sortemo – dijo el hombre tendiéndole la mano para saludar al hombrecillo. Era un gesto mecánico, producto de infinidad de repeticiones a lo largo del tiempo.
Roel sonrió sorprendido y tendió la mano para encajar con la del hombre. Una mano pequeñita, como la de un niño de unos seis o siete años.
- Dijisteis hace un momento que no estaba soñando – dijo Jon – entonces si no sueño, ¿que hago en este extraño lugar y vestido con estas pintas? ¿Como he llegado aquí?
Jon se abstuvo de añadir, para no enojar a su interlocutor, que era lo que hacia el hablando con una versión reducida de hombre.
- todo a su tiempo – contesto Roel – primero debo comprobar que sois quien debéis ser.
El hombre se quedo muy quieto en su sillón. Aunque su cara no expresaba que la situación fuese precisamente de su agrado.
El hombrecillo se levantó de la silla y se dirigió al esriptorium, se encaramó en un taburete que había frente a él y puso las palmas de las manos en su superficie.
- Bien – se le oyó decir – Jonathan Sortemo, llamado habitualmente Jon, 48 años, raza humana terrestre. Proveniente de la realidad Z30HH1. numero de realidades en las que se encuentra presente ocho…
Roel se paró un momento y escrutó la cara del hombre. Parecía algo sorprendido por los datos que acababa de citar. Jon se encontraba a su vez estupefacto, ese hombrecillo sabía muchas cosas de él.
- ¿Como sabéis todo esto? – preguntó – no recuerdo que hayamos hablado nunca antes para que yo os haya dado estos datos.
- ¡Oh no lo sabia! – dijo el hombrecillo – el condensador de realidad acaba de darme estos datos hace solo unos instantes.
Jon se preguntó que seria eso a lo que él llamaba un “condensador de realidad”. Estaba claro que era algo que había en la mesa antigua, pero no lo preguntó. Había algo más que le preocupaba en ese momento.
- ¿Por qué habéis dicho que debíais comprobar mi identidad? –preguntó – ¿No me habéis hecho venir vos?
- Podríamos decir que si lo hice – contesto Roel – pero a veces algún ladrón de realidades se nos cuela en el sistema e intenta apropiarse de las realidades de otra persona.
- Habláis todo el rato de la realidad, pero yo no se que es lo que queréis decir con eso – dijo Jon removiéndose intranquilo en el sillón y poniendo sin querer al descubierto sus pálidos muslos, a los que raramente daba el sol.
- Un momento, dentro de nada sabréis todo – ahora he de ingresar el aspecto que tenéis en este momento. Que es el aspecto al que estáis acostumbrado en vuestro espacio de realidad. ¿Os podrías poner de pie aquí por favor?
El hombre aun entendió menos las palabras del hombrecillo, pero obedeció las indicaciones de éste y se colocó en el centro de una especie de peana redonda, unos 10 cm. levantada del suelo.
- Bien veamos – oyó que decía – altura 178 cm., peso 79 Kg.… color del pelo castaño claro, algo ondulado. Calvicie incipiente en la coronilla y en las sienes. Vientre ligeramente abultado, musculatura flácida, cicatrices tres: una en el brazo derecho, producto de un corte con un cristal. Otra en la barbilla debida a una caída cuando tenía 8 años y otra en la ingle debido a una operación de apendicitis. Talla de zapato 42. Gafas de presbicia de 1.5 dioptrías…
El hombrecillo siguió citando cosas sobre Jon, cosas que hasta él desconocía, como que había tenido que ser reanimado al nacer porque había nacido sin pulso debido al largo y difícil parto. Si hubiese estado en el lugar del hombrecillo, habría visto que además de todo lo que el decía, había una lucecita azulada que parecía recorrer todo su cuerpo.
- Venid aquí por favor – dijo Roel – ahora debéis dejar que se registre vuestra personalidad actual. Y también la memoria de vuestra vida.
- No lo haré hasta que me deis una explicación – contestó Jon enfadado – me habéis hecho venir hasta aquí, medio desnudo, no me habéis dicho para que. Sabéis de mi vida más que yo mismo y ahora me pedís que me conecte a esa cosa para pasarle mis recuerdos. ¡Ni pensarlo! ¡No antes de saber que es lo que pretendéis!
- Me extrañaba que aceptaseis tan de buen grado todo – dijo el hombrecillo sonriendo - los de vuestra raza son mas bien rebeldes y valoran sobre todas las cosas la intimidad
Jon volvió a sentirse como un cobaya al que habían colocado en un laberinto. Evidentemente ahora tocaba que le dieran su ración de pipas. Eso lo enojo aun más. Se dirigió a la puerta por la que había entrado, pero no la encontró. Mientras el hombrecillo hablaba, algo había ocurrido en la pared de la sala. Antes solo se veían en ella tres entradas, ahora había muchas, ocho contó estupefacto y todas iguales.
- De acuerdo, lo acepto – dijo el hombrecillo – me he pasado. Pero tenía mis razones.
- Quiero volver al mundo real - masculló Jon – decidme por cual de esas puertas se vuelve a casa. Ya estoy harto de que tratéis como a un sujeto de un experimento. Yo no soy uno de esos bichos que babean cuando suena una campañilla.
- Calmaos un momento por favor. Yo no estoy haciendo ningún experimento con vos. Y si os pedí que registrarais vuestra memoria en la maquina fue porque hace ya mucho tiempo que salisteis de esa realidad que vos llamáis mundo real y tuve miedo de que vuestro recuerdo se borrase. No temáis y hacedlo antes que nada ¡por favor! Si no, cuando volváis no podréis recordar nada de lo que fuisteis.
El hombre se sintió amilanado ante las palabras del hombrecillo. Dudó un momento y se dirigió al escriptorium.
- ¿Qué debo hacer? – preguntó
- Solo poner las manos en la superficie de la mesa – contestó él – ¡Ah y por cierto! ¡No temáis!, nadie más que vos podrá acceder a vuestras memorias. (A menos que hayáis muerto – pensó)
Jon colocó las manos en la pulida superficie, gastada por el paso del tiempo, sintió un cosquilleo en la punta de los dedos y seguidamente millones de imágenes pasaron fugazmente por sus ojos a una velocidad creciente. Su casa, sus padres, su infancia, Cuchi, el caniche de la vecina, la escuela, el trabajo de contable en esa multinacional que le obligaba a vivir en un horario adelantado unas cuantas horas sobre el de su país…
Las imágenes fueron acelerando hasta convertirse en una especie de torbellino de brillantes colores y de pronto se apagaron. Sintió que alguien le tomaba de la mano y lo guiaba hasta un lugar donde sentarse. Todo estaba borroso y se sentía mareado.
Cerró los ojos para contener el vahído, y cuando volvió a abrirlos vio que se encontraba sentado en el sillón frente al hombrecillo.
- Bien – dijo él – ahora estoy a punto para responder a todas vuestras preguntas.


Bueno ¡Vale mas tarde que nunca! :-D
Aunque resultó tan gratificante hacerlo que creo que va a tener continuidad xD
Mi primera incursión al mundo de la fantasia y la ciencia ficcion, ya veremos que tal sale.

CORRECCIÓN:

Muy bien, ha captado muy bien el ejercicio, aunque hubiera mejorado muchisimo si hubiese ahondado más en la personalidad del protagonista.
Le ruego que continúe este relato.

_________________
- Ghash, ¿eso es fuego en ...?
- Si chico- me dijo- eso significa fuego.
- En la lengua de los orcos- dije yo con un hilo de voz.
- Es que yo fui una vez un orco- contestó con una voz suave y una sonrisa.
Y se marcho.
( de Ghâsh)


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NotaPublicado: Vie Oct 08, 2004 4:27 pm 
Maestro del Poney
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Muy bien, doy por concluído el Taller de Literatura Creativa, espero que os haya gustado y mi agradecimiento a todos, y en especial a los pocos que llegaron al final. Seguidamente, los ejercicios que hizo cada uno y sus puntuaciones totales:

Nick Ejercicios realizados/Nota media

ArubDak 9/6
Imradiel 9/7'2
Aerien 17/7'5
Joshua 16/6'6
Nessornë 8/6'7
Baranduin 8/7'3
Nenya 10/7'2
Aldor 19/8'4
Silon 2/6'2

De lo cual tenemos el siguiente podio:

Tenemos a un gran narrador que puede llegar lejos si se dedica con intensidad a ello, hay un gran talento en este poneypisador que esperemos de rienda suelta a su imaginación. Enhorabuena Aldor.

Le va a la zaga Aerien, que tiene gran inventiva e imaginación, pero quizá debe cuidar más la técnica, escribir mucho y leer más es una gran ayuda.

Queda tercero Baranduin, que no se puede valorar con propiedad al no haber realizado muchos de los ejercicios.


De nuevo, muchas gracias a todos, nos vemos en el próximo Taller, que será en breves semanas.

_________________
«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Vie Oct 08, 2004 5:00 pm 
Guardián de los Cielos
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6'7!!! vaya, que ilusión!! ainssss si mi profe de lengua y literatura lo viera estaría orgulloso de mi!!

Gracias Aker por tan ameno y útil taller. Siento no haber llegado hasta el final como alumna, aunque como oyente estuve en todas las clases!!

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GRRRRRRRRR Como pille al gracioso que puso un petardo en mi nido...


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NotaPublicado: Lun Oct 18, 2004 11:45 am 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Sab Jun 21, 2003 9:16 am
Mensajes: 93
Ubicación: En cualquier parte donde me necesiten
Dos sencillas preguntas:

¿Para el siguiente curso es conveniente/obligatorio haber cursado el primero? En caso de ser sí la respuesta:
¿Se podría repetir este curso para gente como LocoGris que a causa de la Selectividad, matrículas, papeleos (y una enfermedad que me obligó a irme de vacaciones sin internet), los nuevos o los que ahora quieran escribir nos pongamos al día (suponiendo que algunos más quieran y usted, Aker, por supuesto también)?

PD. No quiero comprometer a nadie.

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La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco.


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NotaPublicado: Lun Oct 18, 2004 1:10 pm 
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
LocoGris escribió:
Dos sencillas preguntas:

¿Para el siguiente curso es conveniente/obligatorio haber cursado el primero? En caso de ser sí la respuesta:
¿Se podría repetir este curso para gente como LocoGris que a causa de la Selectividad, matrículas, papeleos (y una enfermedad que me obligó a irme de vacaciones sin internet), los nuevos o los que ahora quieran escribir nos pongamos al día (suponiendo que algunos más quieran y usted, Aker, por supuesto también)?

PD. No quiero comprometer a nadie.


No es obligatorio haber cursado este, en todo caso, sería indispensable NO haber participado, para dar opción a otra gente, como usted bien dice. Pero cuando me refería a otro curso, no precisamente me refería a uno de escritura. Es más, no sé cual es el plan de Baranduin aún sobre el cursillo de quenya o sindarin, así que es posible que el que tenía planeado se retrase.

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NotaPublicado: Dom Nov 21, 2004 5:30 am 
Ciudadano de Bree
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Registrado: Lun Abr 19, 2004 6:14 pm
Mensajes: 70
Ubicación: Bosque Negro
Gracias Aker porque, a pesar de que al final no hice ni la mitad de los ejercicios, ese 7,2 me ha llegado al alma.

Por problemillas que no vienen al caso, y aunque no quiero que suene a excusa, siento no haber estado al nivel haciendo todos los ejercicios. Solo espero que en el proximo taller mi participación pueda ser más continuada pues en verdad las clases han sido muy interesantes y se aprende muchisimo con ellas.

Gracias de nuevo.

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Imradiel Mailewen

Lasto beth nîn ... Tûl acharn


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