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 Asunto: ¡Tharbad inundado!
NotaPublicado: Sab May 29, 2004 1:28 am 
Merodeador de Tabernas
Merodeador de Tabernas

Registrado: Vie May 28, 2004 6:56 pm
Mensajes: 1
Se despertó en la hora fría que precede al alba, helado hasta los huesos por dormir en el duro suelo. Se desperezó y, seguidamente, sin desayunar, ni lavarse, subió a su caballo. No había un sólo momento que perder, pues su misión requería presteza. Presteza y sigilo.
Cabalgó durante horas, sin darse descanso ni a él ni al caballo, hasta que llegó a la ciudad de Tharbad; o a lo que tendría que haber sido Tharbad.
Unas cuantas casas, abandonadas y semiderruidas, a ambos márgenes del río eran todo lo que quedaba de la antes magnífica ciudad.
Eso cambiaba los planes. Tal vez podría encontrar lo que buscaba en Bree; en la posada de El Poney Pisador.

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Besti sum, ut non bestiae sinus.
Turin Turambar, turun ambartanen.


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NotaPublicado: Sab May 29, 2004 5:48 am 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán

Registrado: Mar May 25, 2004 2:12 am
Mensajes: 64
Ubicación: Ithilien, Minas Tirith, Rohan...
Sin poder mirar más la desolación de lo que antes había sido una magnífica ciudad le habló a su caballo- Creo que no hay más nada por hacer aquí Mäylon Busquemos si queda algún alma viva y encaminémonos a Bree...

Mäylon relinchó fuertemente y esto significaba que estaba de acuerdo.
La búsqueda no fue en vano. A las pocas personas que pudo encontrar las ayudó a acomodarse en las afueras de la ciudad; mientras, el iría en busca de una solución.

Y así se encaminó a Bree, lo más rápido que su amigo podía galopar...

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"...yende arta mírion Ithilieno..."

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NotaPublicado: Jue Jun 03, 2004 6:42 pm 
Maestro Narrador
Maestro Narrador
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Registrado: Vie Abr 09, 2004 12:25 am
Mensajes: 217
Ubicación: Montañas nubladas del noroeste
Había permanecido todo el día en labores de ayuda.
El camino a Bree se perdía en el horizonte. El jinete escrudiñó entre las nubes. Los rayos del sol casi imperceptibles se difuminaban en cascadas de mil colores ante la inminente puesta de sol.
La inundación de Tharbad le acongojaba el corazón. Las calles bulliciosas de la ciudad, por las que de niño correteaba persiguiendo a algún perro despistado, se aparecieron en su mente de modo nítido. Casi podía tocarlo y acariciarlo.
Algunos árboles caídos por la riada no entorpecían el trote suave de su corcel. El jinete melancólico espoleó a su caballo. Debería hacer un par de millas de viaje antes de que el sol se hubiese ocultado por completo. No quería pasar la noche cerca de Tharbad, pues le atenazaba el alma. Y las sospechas de que los licántropos bajasen de la llanura a aprovechar los despojos de la tragedia le inquietaba.
Ya en el camino, el caballo comenzó a encabritarse. La tenue luz que aun no había desaparecido recortaba siluetas confusas entre los arboles caidos. Se aproximaban a una curva cerrada en el camino entre unos peñascos. Un lugar ideal para una emboscada...


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NotaPublicado: Lun Jun 14, 2004 4:54 pm 
Maestro del Poney
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
Mensajes: 1345
Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Pero nadie esperaba tras las arbóreas formas. Tan sólo un niño, de pie en medio del camino, tras la curva...

El caballo, pateaba nervioso el suelo, y espumeaba por la boca, aquel niño, en aquél paraje inhóspito, era lo último que hubiese esperado ver. Faladan, que así se llamaba el jinete, desmontó de su caballo, y con temor reverencial, incluso se había llevado la mano a la empuñadura de su espada, se acercó a la criatura. Se detuvo a una distancia prudenete del niño, y lo observó atentamente.

El niño debía tener unos 7 años, el pelo largo y castaño le caía sobre los ojos, lo cual dificultaba apreciar cómo eran. Su tez era pálida pero presentaba arañazos y diversas manchas de barro. Su ropa, desgastada y rota, daba la impresión de que aquel niño había pasado sus últimos dos meses viviendo como una alimaña del bosque. Sus uñas, sucias y rotas por varios sitios, así lo demostraban. Faladan hubiese apostado su caballo a que aquel niño se había criadoen aquellas colinas, lejos del alcance de hombres, medianos y elfos.

"Sin duda, - pensó Faladan - esto va a entorpecer mi misón. No puedo dejarlo aquí a merced de cualquiera, aunque se diría que ha sabido cuidarse bien.... me pregunto si sabrá pronunciar alguna palabra..."

- Hola, chico, ¿te encuentras bien? - preguntó el hombre, dirigiéndose al niño. Pero éste permaneció inmutable. Faladan avanzó unos pasos hacia él, cuando de repente, se abalanzó sobre él, con una furia inusitada y por fin pudo apreciar los ojos del niño, unos ojos que jamás olvidaría mientras viviera...

A duras penas, consiguió reducir a la pequeña bestia, y con ayuda de una cuerda, le ató de manos y pies, y subiéndolo a la grupa de su caballo, se dirigió de nuevo hacia su destino, la ciudad de Bree. Allí tal vez encontraría un lugar donde supieran qué hacer con esa bestezuela.

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Lun Jun 14, 2004 8:43 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
La extraña creatura se debatió en la grupa del corcel, durante todo el viaje a Bree. Faladan recorría los caminos de su mente tratando de recordar donde sus ojos habían chocado contra aquellos ojos de hielo que lo escudriñaron de arriba a abajo al costado del camino.
Ensimismado en sus pensamientos arribó a Bree, y en el instante mismo en que Maylon cruzaba el camino rumbo a los portales, un grupo de jinetes pequeños se atravesó en el camino de Faladan.
Por instinto llevó su mano a la empuñadura de su espada, pero fue lo último que hizo aquel día.
Mientras caía desvanecido por un golpe de maza duro y seco, alcanzó a distinguir lleno de horror, que los jinetes tenían la misma mirada glacial de la creatura....

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Mar Jun 15, 2004 2:34 am 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán

Registrado: Mar May 25, 2004 2:12 am
Mensajes: 64
Ubicación: Ithilien, Minas Tirith, Rohan...
Cuando por fin logró poder abrir de nuevo lentamente sus ojos, sintió un dolor muy fuerte en su cabeza y poco a poco comenzó a recordar todo lo acontecido. Como un flash chocante el recuerdo de las miradas frías y penetrantes le helaron las venas y se preguntó donde estaba y que había pasado realmente, quienes eran esos seres que parecían niños y que propósitos tendrían.

Al mirar a su alrededor se dió cuenta que se encontraba en un cuarto muy pequeño y húmedo, las paredes de piedra estaban congeladas y no había ni manta, ni tarro de agua para beber, y cuánta sed tenía; la luz penetraba por una pequeña abertura en la parte superior de la pared que se enfrentaba a la puerta de entrada que era de una madera pesadídima, difícil de derribar y esa era toda la luz que tenía para poder ver aunque sentía que había algo cerca y se sintió apenado, pues lo habían desmantelado de sus pertenencias y se preguntaba que habría sido de Maylon...

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NotaPublicado: Mar Jun 15, 2004 10:14 am 
Maestro Narrador
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Registrado: Vie Abr 09, 2004 12:25 am
Mensajes: 217
Ubicación: Montañas nubladas del noroeste
Caminó en círculos pegado a la pared para medir las dimensiones exactas de la mazmorra: cinco pasos entre paredes y siete pasos de la puerta al ventanuco.
Se paró a examinar la puerta, los herrajes oxidados mantenían la hoja perfectamente fijada. Intento zarandear la puerta y solo obtuvo unos golpes secos del otro lado. A sus guardianes parecía molestarles el ruido, pero por lo menos no le daban por muerto.
Escudriñó las paredes, examinando cada uno de los resquicios y llagas que quedaban entre las piedras. Sus dedos tanteaban cada entrante y saliente casi a ciegas. No esperaba encontrar nada, pero si al menos una piedra se desprendiese,por pequeña que fuera, podría utilizarla como improvisada arma.
Tenía los dedos doloridos por la frialdad heladiza de las paredes, y cuando iba a abandonar... un pedazo de piedra se desgranó de la pared. En la esquina inferior del marco de la puerta, la humedad había desmejorado la piedra hasta el punto de agrietarla. Cogió la piedra al vuelo antes de que chocase contra el suelo alertartando a sus guardianes. Al agacharse vio un hilo rojo que colgaba de la zona donde había desprendido la piedra. Tiró cuidadosamente del hilo y a continuación cayó un bulto de cuero enrollado. Lo desenrolló cuidadosamente procurando no tocar el cuero con sus manos mojadas. Había un plano de un bosque, aunque no fue capaz de reconocerlo y una serie de runas en el borde, pero tan desgastadas que no pudo descifrarlas.
El ruido de unos pasos lo alertaron. Escondió el pedazo de cuero dentro de la bota. Los pasos que se alejaron .Buscó la zona menos húmeda de la celda, y se acurrucó. Seguir dando vueltas a aquella jaula solo le restaría energías.

Intento conciliar el sueño. Su cabeza aun estaba dolorida del fuerte golpe. Pensó en su caballo, su mejor aliado y compañero, y se maldijo por no haber escuchado a su bien amado amigo Amrod Eledhwen.

Antes de su partida, Amrod había invitado a Faladan a una divertida cacería para enseñar a sus hijos a utilizar el arco. Pensaban adentrarse en el bosque de. Un paraje amable y tranquilo donde los dos hijos de Amrod podrían corretear sin peligros, siempre bajo la atenta mirada de su padre.
Hicieron una alto para comer los víveres que Táranis Númennesë, la mujer de Amrod, les había dispuesto en una bolsa de cuero.
A la sombra de un hermoso sauce, Amrod le preguntó a Faladan
-"¿Qué es lo que tanto te inquieta?, ¿por qué ese empeño en visitar Bree?. Sabes que esta no es una buena época para viajar. Los elfos se han retirado a los bosques, los caminos están totalmente desprotegidos, y el otoño se acerca."-
-"Querido Amrod, amigo mío"- contestó Faladan-"No depende sólo de mi. Se trata de una reunión importante en Bree. Irán personalidades de todas las grandes familias de Eriador. Se tratarán temas de máxima importancia, entre ellos la creciente inseguridad de las pequeñas ciudades. Tú mismo has señalado lo peligroso que es viajar en los últimos tiempos.- Hizo una pausa para beber un trago del odre que Amrod le tendía. - Piensa en tus pequeños, es por ellos por quien hago esto. En realidad esta tarea le correspondería a mi tío Elros, o en todo caso a mi primo Lólindir, su descendiente directo. Pero mi tío es anciano y mi primo debe cuidarle.- Suspiró mientras miraba el sol entre las ramas del sauce. La luz hacía brillar el azul de sus ojos y re remarcaba las arrugas del tiempor en su piel. - Es mi misión y debo aceptarla. Además, ¡ya tenía ganas de viajar!.- Faladan levantó la vista con una amplia sonrisa. Los pequeños rodaban por la hierba empuñando palos a modo de espadas. Los mayores rieron.


Abrió los ojos con la melancolía de recordar a su amigo Amrod, la rica comida de Támaris y los juegos de los pequeños, el bosque... Por el ventanuco entraban fragancias de un bosque. La noche se había cerrado mientras Faladan estaba absorto en sus pensamientos. Tenía el cuerpo entumedecido y los músculos agarrotados como las piedras donde se había echado a descansar. Se desperezó.


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NotaPublicado: Vie Jul 16, 2004 2:02 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Oyó los pasos silenciosos de alguien que se acercaba. No parecían pertenecer a un guardia. Fuere quien fuere el que se acercaba apenas producía un susurro.

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NotaPublicado: Vie Ago 20, 2004 1:40 am 
Maestro Narrador
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Registrado: Vie Abr 09, 2004 12:25 am
Mensajes: 217
Ubicación: Montañas nubladas del noroeste
Se dirigió a la puerta lo más sigilosamente que sus músculos entumecidos le permitieron, pero su cuerpo no estaba por la labor de facilitarle la tarea y tropezó con una piedra, rodó por el suelo y se estampó contra la pared provocando un estruendo ensordecedor.
Una risa contenida estalló tras el ventanuco de su prisión. Faladan se volvió de un salto justo a tiempo de ver como los barrotes de la celda se caían uno a uno.
-Venga, je je je, sal antes de que nos alcancen, je je je- dijo una voz masculina entre susurros aun entrecortados por la carcajada.
Faladan se acercó con la desconfianza pegada a la piel. ¿Quién le tendía la mano para escapar?, ¿Debía aceptar una ayuda tan poco ortodoxa?. Ojeó a su alrededor y suspiró. -Bueno- pensó- no tengo nada que perder- y extendió sus manos para alcanzar las de aquel desconocido. Las manos que asomaban por el hueco de la ventana eran viejas y callosas con marcas de mil batallas. Nudillos huesudos se perfilaban visiblemente bajo la capa de grisacea piel arrugada y más allá de las muñecas se adivinaba una capa de color oscuro.
Faladan tomó impulso y de un salto se encontraba fuera del habitáculo. Intentó identificar a su salvador, pero bajo el manto de la noche sólo pudo vislumbrar unos dientes blanquísimos que lucían en una amplía sonrisa, vagamente iluminada por los rayos de luna que escapaban entre las nubes nocturnas.
-Je je je- rió en voz baja el nuevo acompañante del hombre- Vamos, je je je. ¡Qué tropezón más tonto has tenido!, je je je. Mira hay está tu caballo. Je je je- El anciano no podía dejar de reir. -¿puedo montar en tu corcel? je je, no tengo montura.-
El hombre le observó desconfiado y tomó la peor decisión de su vida.
-Sube. Huyamos veloces-. Cogió a su corcel por las bridas y de un solo movimiento se acomodó en la silla. -Adelante- dijo el jinete mientras ayudaba al anciano a subir al caballo y ambos comenzaron la huida hacia Bree.


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NotaPublicado: Jue Dic 02, 2004 7:57 am 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
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Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Cuando se habían alejado todavía muy poco de allí, pudieron oír cascos de caballos que los seguían. Faladan miró hacia atrás y se quedó helado.
Los seguían...

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NotaPublicado: Dom Dic 12, 2004 11:33 pm 
Ciudadano de Bree
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Ubicación: En el retrete de mi habitación, leyendo la Gaceta de Bree
Detrás de ellos cabalgaban fulminantes tres vigorosos jinetes vestidos con capas pardas, y montados en corceles blancos que no cesaban de relinchar ante el constante espoleo de los caballeros.
-Je je je, parece que aquí va a haber acción, je je je – dijo el huesudo anciano al que parecía gustarle esa apurada situación.
Maylon intentaba galopar lo más rápido posible, y vio como por su lado izquierdo volaba una flecha. Los perseguidores estaban disparándoles punzantes saetas, afortunadamente para Faladan y compañía sin alcanzar objetivo, así que optó por penetrar en la espesura boscosa, consciente de que sus vidas corrían serio peligro.
No logró despistar a los hábiles jinetes, que seguían disparando flechas defectuosamente a causa de la oscuridad del bosque.
Volvieron a salir a la luz del día otra vez y abandonaron las sombras de los árboles, esta vez se encontraban en un yermo llano y al fondo, cada vez más cerca, se podía avistar un precipicio, no muy ancho, de unos tres metros de pared a pared.
- Vamos Maylon, sé que podrás hacerlo – le dijo convencido Faladan a su caballo y el corcel propició un sonoro relincho.
- No me digas que saltaremos por encima del abismo- dijo el anciano gratamente sorprendido-. Je je je, nunca me lo había pasado tan bien, je je je.
Faladan y sus perseguidores, que ya habían disparado todas sus flechas, se dirigían velozmente hacia el abismo, cada vez sus corazones palpitaban más rápido…

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A Elbereth Gilthoniel,
silivren penna míriel
o menel aglar elenath!
Na-chaered palan-díriel
o galadhremmin ennorath,
Fanuilos, le linnathon
nef aear, sí nef aearon!


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NotaPublicado: Jue Dic 23, 2004 12:01 pm 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Lun Oct 04, 2004 11:52 am
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Ubicación: Ahora mismo en Sego-Bree
... con el ritmo del caballo que corría hacia el borde del precipicio. Al llegar al borde efectuó un grácil salto llegando al otro lado y continuó escapando sin mirar atrás.
Mientras sus perseguidores frenaron en seco sus caballos al llegar al borde del precipicio y observaron como se alejaban.
- ¿Qué hacemos ahora? –preguntó el mas joven.
- Nada –contestó el que parecía estar al mando- Nada en absoluto.
- Pero... –replicó indeciso mirando como se alejaban Faladan, el anciano y el corcel.
- Pero nada –sentenció- Andando. Volvamos.
-¿Y si nos preguntan? –preguntó el tercero.
- Diremos que cayeron al precipicio... si quieren buscarlos que lo hagan, eso nos dará tiempo.
Los otros dos asintieron y callaron sin atreverse a decir nada más. Temían a su jefe pues sus hombres solían morir misteriosamente.
El extraño anciano miró atrás con satisfacción.
- Je, je, je, que divertido, je, je, je ¿Qué haremos ahora? Je, je, je.
“Eso” se dijo Faladan “¿Y ahora que? Recordó que debía ir a Bree, recordó el mapa en su bota... y se dio cuenta de que no sabía donde estaba. Frenó el caballo y miró alrededor intentando orientarse.

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Inwen Lindonar Sáralondë - Hija de Khyxthal cuyo espiritu de fuego habita en ella...


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NotaPublicado: Dom Abr 24, 2005 9:30 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
En la lejanía vio una arboleda, en el medio de aquellos árboles se erguía una columna de humo.
Cabalgó en dirección al humo y pudo ver una extraña casa.
La puerta se abrió y vio asomarse a...

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NotaPublicado: Jue May 05, 2005 11:15 am 
Maestro Narrador
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Registrado: Vie Abr 09, 2004 12:25 am
Mensajes: 217
Ubicación: Montañas nubladas del noroeste
La puerta se abrió y vio asomarse... a una sencilla mujer. Su melena castaña le cubría los ojos y a través de la estrecha abertura solo se podían vislumbrar los pliegues de un vestido ajado por el tiempo.
Faladan bajo de su montura lentamente, no sabía si podría obtener las indicaciones necesarias en esa casucha, tampoco sabía si eran de fiar.
Ayudó a desmontar al anciano y con un gesto seco le tendió las riendas de su caballo. "Las aventuras te deparan sorprendentes compañeros de cama" pensó "Al fin y al cabo este viejo me ha ayudado a escapar, la cuestión es por qué".
El anciano mostraba una sonrisa atolondrada con los poco dientes que le quedaban. -"Jeje, bonita casa, jeje, bonito caballo, yo cuidaré de ti" murmuraba mientras acariciaba el lomo convulso de aque corcel agotado.
Faladan se encaminó por el mustio sendero cubierto de hojarrasca hacía la puerta y se detuvo a unos metros. "Señora-dijo con voz potente y tono humilde- Necesitamos reposo y comida para nosotros y nuestro caballo. Pagaremos lo que haga falta". Durante unos instantes dudó si decirle que estaban perdidos y que eran perseguidos, pero aun le quedaba orgullo y sensatez. Confiarle a una desconocida su precaria situación no parecía buena idea de momento.
La puerta se abrió un poco más. La mujer, joven y de cuerpo esbelto hizo una visera con su mano para observar el rostro de su interlocutor, después miró largamente al anciano y tras unos interminables segundos cerró la puerta.
Faladan se dio por enterado, su visita no era bien recibida. Volvió sobre sus pasos y con una mirada de abatimiento se dirigió al viejo y le dijo "Vamos, no somos bien recibidos". El anciano rió con carcajadas limpias y sonoras, parecía crecer por momentos. "Déjame a mi" afirmó con seguridad.
Con pasos firmes y decididos correteó tan rápido como su cansadas piernas le permitieron sobre el sendero, levantando una polvareda a su paso que lo convertía en una figura fantasmagórica. Sacó un bastón escondido en su capa y aporreó la puerta provocando mayor estruendo que una tormenta.
"¡Abre!, Mara, hija de los hombres ¡Abre te digo!" Su voz parecía venir de los cielos "¿No reconoces ya a los viejos amigos? "
La puerta se abrió repentinamente mientras el anciano seguía aporreando y gritando. Tras la puerta estaba ella, con los ojos abiertos por la sorpresa. El anciano seguía con el bastón en el aire y la joven recibió un bastonazo en la cabeza que le dejo los ojos más abiertos si cabe.
Él paró en seco cuando vió la cara de la muchacha "¡ Mara ! " exclamó con alegría. "¡Viejo bribón! ¡Cuanto has cambiado!¿Qué te trae por estos parajes?. Pasad, pasad, estareis agotados"
Faladan, sorprendido, entró en la casa. Era una vivienda modesta, de una sola habitación cuadrada y un enorme hogar en el centro. La sala estaba oscura, había una mesa y algunas sillas. Tomaron asiento mientras Mara les traía ún refrigerio.
Mara y el viejo no dejaban de parlotear mientras ella se afanaba de aquí para allá preparando un frugal almuerzo. Parecía vivir sola.
Ya sentados comodamente, y viendo que ambos parecían conocerse bien, Faladan comenzó a relatar su historia, desde su partida de Tharbad, el ataque en el bosque, el calabozo, la huida, la persecución...hasta llegar a su casa. Por supuesto no mencionó nada del mapa.
Mara escuchó atentamente el relato mientras el viejo hacía pequeño apuntes cómicos. Cuando Faladan hubo terminado, Mara y el viejo se miraron cómplices. Faladan no tenía otra opción que confiar en ellos.
"Así que este es el elegido" dijo Mara al anciano " Y ha sabido llegar hasta aquí".
Faladan estaba desconcertado, ¿elegido?....


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NotaPublicado: Sab Mar 25, 2006 8:37 pm 
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Registrado: Lun Oct 04, 2004 11:52 am
Mensajes: 93
Ubicación: Ahora mismo en Sego-Bree
-Je, je, je... -rió el anciano- Sí... ha sabido llegar hasta aquí... ¡¡o más bien ha sido su caballo el que lo ha traído!! Je, je, je.
-Tienes razón... tienes toda la razón... -dijo Mara mientras sonreía mirando de reojo a Faladan que escuchaba desconcertado lo que estaban diciendo de él.
-Emmm... esto... creo que estáis un poco confuso -declaró Faladan comenzando a dudar de la salud mental de su interlocutores- No se de que estáis hablando... y no creo ser el elegido para nada... de lo que estéis pensando...
Realmente Faladan estaba muy confuso con aquella situación. No sabía muy bien que temerse ni que esperar en aquel momento. Pero estaba convencido de que tenía que irse de allí. Sin embargo ahora no podía, debía esperar hasta el amanecer. Ya había terminado de cenar y creyó lo más conveniente retirarse.
-Buenas noches... -continuó hablando sintiendo como aquellos dos personajes le miraban fijamente con una extraña sonrisa en sus labios- Creo que será mejor que me retire por esta noche.
Y mientras decía todo esto se levantó de donde estaba y se dirigió a un rincón, cerca de la puerta por si acaso, donde se acurrucó en una manta y se hizo el dormido.
El anciano miró a Faladan y después con una sonrisa le guiñó el ojo a Mara. Esta se tapó la boca en un intento de contener su risa. Ambos sabían que tan solo fingía su sueño.
Ambos se levantaron y salieron al exterior del edificio. Permanercieron un rato mirando las estrellas en silencio hasta que habló Mara.
-No parece muy dispuesto a colaborar...
-Cierto. No tiene ni idea en que se ha metido, je, je, je.
La joven suspiró mientras cruzaba sus brazos pensativa.
-¿De verdad crees que es el elegido? -preguntó finalmente la joven. El anciano se rió antes de contestar.
-Lo es. No me cabe ninguna duda. He seguido todas las señales... y me han conducido a él.
-¿Y si no quiere colaborar?
-Lo hará... no te preocupes. Je, je, je. No le queda otro remedio.
Ambos volvieron a quedar en silencio nuevamente. Se escuchó a un búho en el bosque.
-¿Crees que todo esto servirá realmente para algo? -preguntó Mara.
-¿Te refieres a sí encontrar al elegido puede ayudar en algo? -inquirió el viejo. Mara asintió con la cabeza- Eso espero, je, je, je... ¡¡de lo contrario la maldición se cumplirá!!
-Eso no es motivo de risa... -le reprendió levemente Mara.
-Je, je, je... ¡¡y si no me lo tomo así...!! ¿cómo quieres que me lo tome? -respondió el anciano.
Mara se encogió de hombros. Realmente sabía a que se refería el anciano y, en cierto modo, tenía razón. Pero a ella aquello no le parecía motivo de risa... aunque mejor eso que dejarse vencer por la angustia.
-Descansemos un rato... el día será largo y nos queda mucho por hacer... -dijo Mara finalmente.
Y ambos volvieron al interior de la cabaña para recuperar fuerzas.
Faladan había puesto todo su empeño en escuchar su conversación pero no había comprendido nada... ni tenía idea de a que se estaban refiriendo. Cada vez estaba más decidido a que tenía que escapar, alejarse de aquellos dos... aquellos dos conspiradores que tenían la intención de meterle en algo que no era asunto suyo.
Sus dos compañeros se quedaron dormidos muy pronto y podía escuchar sus ronquidos en la noche... y así, sin saber como se quedó dormido.
Se escuchó nuevamente un búho en el bosque... y después otro, y después otro... y de pronto una sombra blanquecina, como una bruma, se filtró por la ranura de la puerta que permanecía cerrada. Aquella sombra voló por la habitación. Sobrevoló al anciano, después se volvió hacia Mara... y por último se dirigió hacia Faladan. Allí permaneció unos instantes hasta que comenzó a acercarse a él muy lentamente, envolviéndole muy lentamente, hasta filtrarse por su nariz, penetrando en sus pulmones hasta desaparecer. Faladan abrió los ojos y un brillo blanco les iluminó... Después les volvió a cerrar volviendo a quedar profundamente dormido.
Faladan fue el primero en despertar al día siguiente. Cuando abrió los ojos comprobó que sus dos compañeros continuaban durmiento y sin dudar decidió que aquel era el mejor momento para desaparecer. Salidó sin hacer ruido de la cabaña, ensilló su caballo y montando en él comenzó a alejarse de la cabaña. Sacó el mapa y le echó un vistazo... ¿qué significaba aquel mapa? No lo comprendía y lo volvió a guardar.
Al poco tiempo el anciano despertó y vio que Faladan no estaba en la cabaña. Salió al exterior y vio que el caballo tampoco estaba, comprendiendo que Faladan se había ido sin decir nada. Volvió a entrar en la cabaña y, acercandose a Mara, la despertó.
-Mara... -la llamó- Mara... Faladan se ha ido... ha decidido seguir su camino...
-¿Qué...? -inquirió la joven todavía adormilada- ¿Quién...?
-Mara, despiertate de una vez... Faladan no está -aquello consiguió despertarla finalmente.
-¿Cómo que no está? -el anciano se encogió de hombros. Se miraron unos instante y una flecha entró volando y se clavó en la pared. Después ambos perdieron el sentido.
Faladan sintió el impulso de mirar hacia atrás un instante y vio una columna de humo proveniente del lugar en el que estaba la cabaña. Era una columna muy gruesa... como si toda la cabaña estuviese ardiendo.

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Inwen Lindonar Sáralondë - Hija de Khyxthal cuyo espiritu de fuego habita en ella...


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