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 Asunto: Rodeo a Gondolin
NotaPublicado: Sab May 29, 2004 11:21 am 
Guardián del Brandivino
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 1:09 am
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Ubicación: De mudanza. Fluyendo, vaya, como siempre.
Raza: Accidente Geografico
Se encontraba en la cumbre del Monte Taras. El mecer de las olas llegaba transportado por el viento, mientras las gaviotas chillaban en el aire buscando un refugio donde guarecerse. El horizonte estaba incendiado con la puesta de Sol, y las nubes se teñían de rojos, verdes y amarillos. Las ilfirin se mecían al son del viento, y abajo en la ladera, Vinyamar se iba quedando desierta.

Se iban a una fortaleza de la que nadie, sino sólo el Rey y unos pocos, conocían la situación. Pero Bregolbet por ahora no había de ir a Gondolin, como la llamaban. Antes tenía que cumplir lo acordado.

Bregolbet introdujo su mano en el jubón. El pergamino seguía allí. Un paso más, y dejaría Nevrast... tal vez para siempre. Delante de él, hacia el Sur, se extendía la Falas de Beleriand Oeste.

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Húmecoa eä, alassëa húmecoa yerna
ara i sundor yára amban sindava,
yassë carintë limpë varnilda
i Tilion Quen Ránassë númennë
lóme yáressë sucien sá.


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NotaPublicado: Lun May 31, 2004 5:08 am 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán

Registrado: Mar May 25, 2004 2:12 am
Mensajes: 64
Ubicación: Ithilien, Minas Tirith, Rohan...
Antes de dar un paso más de repente como de la nada recuerdos encadenados comenzaron a meterse sin permiso en su mente, recuerdos acompañados de sentidos, el olor a la mañana, la brisa en su rostro, el sonido del agua y la frescura al mojar sus pies, cerró los ojos y sintió que estaba allí otra vez, un calor inundó su cuerpo, y sintió que por dentro brillaba, un brillo de calor, de felicidad.

Al abrir los ojos de nuevo muy despacio los recuerdos comenzaron a desvanecerse y el dió su primer paso...

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"...yende arta mírion Ithilieno..."

Por Gondor...
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NotaPublicado: Mar Jun 01, 2004 3:05 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
Era la primera vez que dejaba Nevrast. Sus primeros pasos fueron inseguros, aún le faltaban fuerzas y su corazón no podía desprenderse del recuerdo de Amarien. Inconscientemente su mano seguía en el jubón acariciando el pergamino.

Allí residía su fuerza, y la esperanza de su pueblo. Pero el camino era largo. Cuando hubo avanzado unos pasos, sintió la tristeza de Amarien sobre sus espaldas. Se volvió y la vio allí, tan sola, tan blanca, parada sobre la torre azul del palacio del rey. Pudo leer su mente y sintió la opresión de su amor. No sería dichoso a su lado mientras el pergamino y lo que en el estaba escrito llegaran a destino y se cumpliera.

El manto de sus pestañas cubrió sus ojos y desgarrandose, emprendió decidido el alejamiento de Nevrast.

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Mar Jun 01, 2004 10:48 pm 
Narrador Empedernido
Narrador Empedernido
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 3:29 pm
Mensajes: 265
Ubicación: La biblioteca del Poney Pisador
El día y la noche.
Así de radical puede ser el cambio en una persona según el contexto, la situación. Ahora estaba al otro lado del monte Taras; los recuerdos hermosos habían quedado al norte, en esa cima que ahora se veia borrascosa.
El sonido del mar lo cambió por el de el viento, que ululaba frases entre colinas. Los elfos se llevan mejor con el mar... éste les hipnotiza, en parte les cuenta cosas, los acompaña. Pero el viento es distinto, el viento sólo advierte. Cuando quieres darte cuenta, el viento ya te ha hecho desconfiar de todo. Claro que no es lo mismo una ventisca, que una ventolera, que un vendaval... Este viento era seco y malhumorado, como esos granjeros que salen corriendo tras de uno cuando robas una manzana de su árbol.
Bregolbet no pudo sino echar a correr. Pocas veces el viento se equivocaba, esta no era una de ellas, desde luego, y estaba en peligro, pero no era del viento de quién tenía que escapar en esta ocasión...

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NotaPublicado: Mié Jun 02, 2004 12:50 am 
Guardián del Brandivino
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 1:09 am
Mensajes: 1297
Ubicación: De mudanza. Fluyendo, vaya, como siempre.
Raza: Accidente Geografico
Acababa de anochecer, y aprovechó las sombras para guarecerse. A pesar de ello, olía el peligro, lo oía caminar, y el sabor amargo de la tensión vibraba en su corazón, que bombeaba sin compasión. Bregolbet paró un momento. Los latidos eran tan fuertes que no le dejaban escuchar, y probablemente una Glamhoth los habría podido escuchar, periódicos, graves, lentos.

Se encontraba parapetado en una brecha en la montaña. No corría el viento, y desde allí se divisaban las amplias llanuras de Beleriand Oeste. En el margen oeste, justo en el límite que la roca le permitía ver, en el camino hacia el Nenning, lucían como luciérnagas tres aros de hogueras, típicos de los orcos. Debería pues dirigirse hacia el Falas, buscando el margen derecho del Brithon hasta la ciudad donde desembocaba, Brithombar. O bien cruzar el río en su nacimiento, buscando Eglarest y a Círdan. Sea como fuere, lo consultaría después de la cena. Por ahora, lo más seguro sería viajar de noche.

Bregolbet tocó el jubón. Afortunadamente, en la carrera no había perdido el pergamino.

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NotaPublicado: Lun Jun 14, 2004 2:50 pm 
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
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Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Bregolbet se encaminó, a través de la noche, por los intrincados senderos que conducían al nacimiento del Brithon, pues había decidido ir a Brithombar, y nada le parecía más seguro como seguir el curso del río, que desembocaba en la ciudad portuaria. Se acercaba a las escarpadas laderas donde el río nacía. Siempre quiso conocer ese lugar, se decía que el agua manaba de una roca de cristal tralúcido, y quien tuviese un fragmento de dicha piedra, no tendría dificultad para encontrar agua, incluso en las lejanas tierras del sur.

Amanecía al llegar al lugar, no sin dificultad, pues un elfo como él, estaba más acostumbrado a faenar en la mar, que subiendo peñascos, y si conocía al dedillo los aparejos de los barcos, le costó esfuerzo escalar el último promontorio del risco. Allí, al levantar la vista, descubrió un fluído chorro de agua cristalina que salía, efectivamente, a través de una roca de color blanco, piedra que la luz atravesaba con la misma facilidad con la que atravesaba el agua.

Tomó un sorbo de agua, y llenó su odre. Le pareció que el agua llegaba hasta el último miembro de su cuerpo inundándolo de un súbito frescor. Jamás había sentido sensación parecida. Se llevó la mano a la cintura y desenvainó un pequeño puñal de hermoso tallado. Atizó un golpe seco con la empuñadura en la piedra cristalina y un fragmento se resquebrajó y cayó al suelo. Bregolbet guardó su puñal y tomó el fragmento, examinándolo cuidadosamente y mirando a través de él, pero no distinguió nada muy distinto de si hubiese mirado a través de un cristal corriente. Metió la piedra en su saco de viaje, y buscó abrigo junto a una roca, para descansar hasta la llegada de la noche...

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«Ilya i harya essë ná» (Todo lo que tiene nombre existe)
«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: he visto atacar a balrogs en llamas más allá de Eregion; he visto rayos de Ithildin brillar en la oscuridad cerca de las puertas de Moria... Todos esos momentos se perderán como lágrimas en el Anduin. Es hora de morir.»


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NotaPublicado: Mar Jun 15, 2004 2:42 am 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán

Registrado: Mar May 25, 2004 2:12 am
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Ubicación: Ithilien, Minas Tirith, Rohan...
Poco a poco se hizo de noche; ya había comenzado a sentirse cómodo y tranquilo, se había dedicado a escuchar las voces del viento y el agua, y se sentía feliz al contemplar como la luz se transformaba en oscuridad y las estrellas brillaban a lo lejos dándole confianza y seguridad.

De repente se sintió agobiado, creyó oir un ruido extraño que porvenía desde atrás de los árboles más cercanos, se quedó quieto un instante y luego de escuchar claramente el sonido sórdido del metal se paró en décimas de segundos y desenfundó su espada, que a la luz de la bella luna brilló en su hermoso esplendor; a un par de metros logró ver unos ojos que brillaban, rojos, siniestros y allí comenzó la lucha...

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Última edición por Rochwen el Mié Jun 16, 2004 10:24 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Jun 17, 2004 12:22 am 
Maestro del Poney
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 12:43 am
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Ubicación: El Poney Pisador
Raza: Maia de la Luna
Los dos cuerpos rodaron colina abajo en la oscuridad, tan sólo unos destellos de plata que la luna llena arrancó de las espadas anunció a la noche que se presentaba una feroz lucha. Bregolbet se dio cuenta de que su misterioso atacante no era muy superior en fuerza a él, por lo que fácilmente consiguió desasirse del abrazo mortal y separarse de su contrincante. Así guardando las distancias, podría defenderse mejor con la espada.

El asaltador se abalanzó hacia adelante con gran ímpetu pero Bregolbet hizo una finta y lo esquivó, para seguidamente contratacar con un mandoble de arriba abajo, pero ya sea por la oscuridad, o por la increíble destreza del contrario, erró el estoque y atizó de lleno a una piedra del suelo, lo cual hizo que su mano estallase de dolor y soltase la espada, momento que aprovechó el desconocido para atizarle con fuerza en la cabeza con su garrote.

Lo último que vio Bregolbet al caer al suelo fueron multiples constelaciones y el reflejo de la luna en la malévola sonrisa de su enemigo.

El atacante también cayó, de rodillas, extenuado. Tomó aliento y se arrastró hacia el yacente cuerpo de Bregolbet. Revolvió entre su ropajes y encontró una bolsa de cuero con bastantes monedas. La guardó mirando cautelosamente a su alrededor y continuó hurgando en el cuerpo hasta que sus manos tocaron el pergamino. Rápidamente lo sacó y lo abrió, sosteniendolo delante de sus ojos, pero la escasa luz le impidió ver de qué trataba, no obstante, previendo que fuera algo importante, lo plegó y lo guardó entre sus cosas.

Viéndose satisfecho, Golban, que así se llamaba el ladrón, encaminó sus pasos colina abajo, con toda la cautela de la que podía ser capaz, y gracias a la cual había sobrevivido de los hurtos durante todos estos años. En la mente, sólo un destino lo guiaba, llegar a Brithombar lo más rápido posible, hoy había "ganado" mucho dinero, y tenía ganas de juerga.

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NotaPublicado: Jue Jun 17, 2004 8:18 pm 
Este Huésped puede elegir título
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Registrado: Mié Oct 15, 2003 5:45 pm
Mensajes: 514
Ubicación: Vagando por la oscuridad
Bregolbet despertó con las primeras luces del amanecer. Esa mañana soplaba un viento suave y húmedo, que le recordaba a su querida tierra: Nevrast.

El elfo puso una mano en su cabeza, midiendo los daños que le había provocado el golpe de garrote: un buen chichón, nada grave.

Pero entonces le vino a la cabeza la razón porqué estaba allí, lejos de su hogar. Nervioso, buscó y rebuscó entre sus bolsillos. No tenía la bolsa con dinero, mas eso ahora no le importaba. El pergamino. ¿Dónde estaba el pergamino?

No estaba, así de simple. Había perdido su pergamino.

En primer lugar un miedo intenso se apoderó de él, como si se hubiera sumergido en un lago de agua helada. Pero ese terror dio paso a una rabia y un odio intenso, que le inundó el cuerpo como una gran llama, alejando de él el frío y la humedad del miedo.

Con esa rabia ciega empezó a correr ladera abajo, siguiendo el curso del río, mientras blasfemaba contra aquél que le había quitado el pergamino. Conseguiría otra vez el pergamino, no fallaría; cuando lo encontrara...

Tropezó y cayó. Y allí se quedó, tendido en el suelo. Entre sollozos juró que no descansaría hasta encontrar el pergamino o dar muerte a ése que se lo había robado.

Se levantó...

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Alatar, Dragón Alado de Fuego

Urulócë Oficialmente Loco
Custodio del Gong


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NotaPublicado: Mar Jun 22, 2004 4:51 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
y siguió corriendo. Su cuerpo aún guardaba muchos recuerdos del desafortunado encuentro y la carrera alucinante estaba haciendo estragos en la herida de la cabeza.
Bregolbet se detuvo al borde del camino exhausto. Había perdido todo, sólo conservaba la daga de mango azul en su bota derecha que su padre. Bregolas, le había dado antes de la partida. Una sensación de angustia empezó a oprimirlo y por un momento pensó en regresar a Nevrast. Pero, ¿cómo explicar a los suyos que aguardaban ansiosos el cumplimiento de su mision, que había fracasado? La esperanza de Nevrast residía en su fuerza y en su espíritu. No, no volvería atrás.
Se acercó a un pequeño arroyo que corría con fuerza y allí lavó sus heridas y repuso fuerzas.
Recordó las palabras de su amigo Eldarion, su amigo hombre, que muchas veces lo había acopañado en sus correrías por la Tierra Media.
"La Tierra es como un espejo, todo se refleja en ella. Cuando te sientas perdido, mírate en ellas y encontrarás respuestas."
Fue así que fijando su vista en el camino alcanzó a divisar unas huellas profundas entre el fango. Corrió por el sendero que habían marcado esas huellas, durante dos días y dos noches, y por fin, al despuntar el alba del tercer día de persecución, llegó a los portales de Brithombar. Los transpuso sin problemas y allí cerca de los establos, tascando el freno divisó un caballo ruano que le resultó familiar....
Transpuso los portales sin problemas

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NotaPublicado: Jue Dic 23, 2004 11:59 am 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Lun Oct 04, 2004 11:52 am
Mensajes: 93
Ubicación: Ahora mismo en Sego-Bree
Miró alrededor indeciso sobre que hacer ahora cuando un hombre enorme se acercó a él balanceando los brazos. Apestaba y una horrible cicatriz cruzaba su rostro desde el lado derecho de la frente hasta el lado izquierdo del cuello.
- Pero que tenemos aquí –gruño arrastrando las palabras. Evidentemente estaba borracho... y buscaba pelea- Pero si es un elfito vagabundo. No pareces gran cosa... yo diría que no vales nada... mierdecilla blandengue –el hombre continuó hablando pero las palabras se perdían en los oídos de Bregolbet mientras la furia comenzaba a crecer dentro de él y sin poder dominarse un segundo más su orgullo le llevó a propinar un soberano puñetazo en la mandíbula de aquel tipo que cayó redondo al suelo, tal era la cogorza que llevaba.
Los parroquianos del local que habían estado observando esperando una pelea quedaron decepcionados y volvieron a sus asuntos ignorando al hombre caído en el suelo y a Bregolbet.
Sintió que alguien se le acercaba por detrás y se dispuso a propinarle un puñetazo pero al volverse encontró frente a él un rostro conocido.
- ¿Así saludas a los viejos amigos? –preguntó un hombre que le dio un fuerte abrazo mientras soltaba una carcajada.
- Eldarion... –dijo Bregolbet- no sabes cuando me alegro de encontrarte –dijo mientras le devolvía el abrazo sinceramente aliviado.

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Inwen Lindonar Sáralondë - Hija de Khyxthal cuyo espiritu de fuego habita en ella...


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NotaPublicado: Jue Dic 23, 2004 5:51 pm 
Guardián de los Cielos
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 12:41 pm
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Ubicación: Las montañas nubladas
Aunque poco acostumbrado al zumo de cebada, Bregolbet aceptó una cerveza de su amigo, e instalandose en una mesa bajo una de las ventanas del salón, comenzó a referir su hasta ahora breve aventura.

Eldarion siempre había sido un buen amigo de los elfos, así que no tuvo reparos en explicarle el objeto de su viaje y la importancia del pergamino
perdido en la pelea. Según iba hablando, sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia al pensar que había puesto en peligro el destino de todo su pueblo al negarse a viajar acompañado.

- Habla más bajo amigo, no olvides que aquí las paredes oyen.- Aconsejó Eldarion al elfo, que tenía la mirada perdida y apretaba los puños con ira.

En ese momento escucharon un ruido bajo la ventana y acto seguido unos cascos de caballo resonaron alejandose a toda velocidad...

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GRRRRRRRRR Como pille al gracioso que puso un petardo en mi nido...


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NotaPublicado: Lun Sep 05, 2005 3:44 pm 
Forero Compulsivo
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Registrado: Mar Ago 23, 2005 11:36 pm
Mensajes: 176
Ubicación: La barra, El Poney Pisador, Bree
Ambos se quedaron mirando al jinete encapuchado mientras se alejaba por la calle principal para salir por los portones de la ciudad, pero ninguno mostró el menor signo de reconocimiento, aunque no por ello se sintieron más tranquilos, sino más bien lo contrario; una sombra de temor y recelo se tendió sobre ellos, haciéndolos desconfiar de los que estaban allí en la taberna. Los dos amigos se cambiaron a la mesa mas retirada que lograron encontrar, y desde entonces la conversación entre ambos se volvió algo menos audible que un susurro.


De repente, un hombre entró en el local como una exhalación, farfullando incomprensiblemente. Iba vestido con ropas de trabajo y su rostro estaba crispado por el horror. Todos los presentes, al principio, se quedaron asombrados al verlo entrar de aquella manera. Después se fueron acercando a él. No hubo manera de tranquilizarlo, sólo repetía una y otra vez: "cadáver....... horrible...... el manantial...". Salió de la posada tan repentinamente como había entrado en ella. Todos los que allí estaban, entre ellos Bregobelt y Eldarion, lo siguieron hasta el lugar que decía el hombre. Lo que allí vieron no lo olvidarían nunca...


Era el cadáver de Golban, el ladrón que le había robado el pergamino a Bregobelt. Estaba casi desnudo, pues sus ropas estaban totalmente desgarradas, dejando al descubierto unas enormes y profundas heridas que tenían el aspecto de estar cauterizadas. ¿Qué las podía haber producido?

Bregobelt localizó la bolsa de viaje del ladrón a unos pocos pasos del cuerpo. Se agachó para recogerla y se puso a rebuscar en ella. Todas las pertenencias del ladrón parecían estar allí, sólo faltaba una cosa... El pergamino había vuelto a cambiar de manos... ¿Quién lo tendría ahora?


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NotaPublicado: Sab Ene 21, 2006 9:37 pm 
Aprendiz de Escriba
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Registrado: Lun Oct 04, 2004 11:52 am
Mensajes: 93
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Eldarion miró el rostro de su amigo e intuyó la verdad: que aquel había sido el ladrón del pergamino. Sus ojos se fijaron en algo que brillaba a unos metros de ellos y, agarrando a Bregolbet le hizo levantarse.
- Ese era el ladrón ¿verdad? -dijo en un susurro Eldarion. Brebolget no contestó, tan solo asintió con la cabeza.
Eldarion miró alrededor y vio que nadie se fijaba en ellos, todos los allí presentes tan solo tenían ojos para el cadáver. Se agachó y tomó aquello que brillaba en el suelo... era una especie de colgante con una piedra anaranjada. Sin saber muy bien porque, se lo guardó.
Bregolbet no se había dado cuenta de lo que había hecho su amigo. Continuaba con la vista fija en el cuerpo. Eldarion le dio un golpecito en el brazo a Bregolbet haciendo que se volviera a mirarle.
- Alejémonos de aquí -le susurró Eldarion a Bregolbet.
- Sí... será lo mejor... -convino Bregolbet aunque se sentía reticente a alejarse del lugar y descubrir que había sido de su pergamino.
Caminaron alejándose del lugar aunque sin poder sacar de sus mentes la imagen que acababan de contemplar. Se dirigieron a la posada y subieron a la habitación que tenía alquilada Eldarion. Allí se dejaron caer Eldarion sobre la cama y Bregolbet sobre una silla. Permanecieron en silencio intentando imaginar que era lo que podía haber sucedido... y, sobre todo, quien podía tener el pergamino.
Pero por mucho que pensaran no podían imaginar que era lo que estaba sucediendo.
Bregolbet sentía que su misión peligraba y un estremecimiento recorrió su cuerpo.
- Debo encontrar ese pergamino y cumplir mi misión Eldarion... -murmuró Bregolbet angustiado- Debo hacerlo... dependen de mí... Ellos me encomendaron esta misión... No tengo ningún derecho a fallarles...
Eldarion se levantó y posó una mano sobre el hombro de Bregolbet. Apretó la mano intentando darle ánimos.
- Lo conseguirás amigo mío... ¡¡y yo estoy aquí para ayudarte!! -calló un momento- Cuando estuvimos junto al manantial encontré esto tirado en el suelo -añadió sacando el colgante- Creo que podría ser una pista acerca del... ser que hizo lo que vimos allí...

Mientras, no muy lejos de allí unas manos manoseaban una pieza de pergamino mientras le daban vueltas... y más vueltas... y un anillo con una piedra anaranjada brillaba a la luz de unas llamas que provenían de una hoguera...

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Inwen Lindonar Sáralondë - Hija de Khyxthal cuyo espiritu de fuego habita en ella...


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NotaPublicado: Vie Feb 03, 2006 7:44 pm 
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Registrado: Mar Ago 23, 2005 11:36 pm
Mensajes: 176
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Qué frío hacía en aquella región, pensó él. De donde provenía la temperatura era mucho más cálida y la oscuridad más densa. Era una noche sin luna, y en la oscuridad se distinguía su forma negra: Alto, imponente, con unos ojos que brillaban en la penumbra. En aquel bosque no estaba cómodo en absoluto, pero a pesar de la posibilidad de poder atraer a algo o a alguien con la luz, se aventuró a encender la pequeña hoguera que ahora le calentaba los pies y las manos. Era un soldado, y como tal, acataba las órdenes que le daban sin más. Esta vez tenía la misión de interceptar al portador del pergamino que ahora guardaba a buen recaudo. Cómo había chillado aquel mequetrefe al que se lo arrebató... Lo mató porque poseía el pergamino, y, aunque dudaba que supiera algo, no podía permitir que ningún aviso llegara hasta Gondolin. Antes de morir, aquel tipo le describió al hombre al que se lo robó y le dijo que posiblemente estuviera en Brithombar. Se pasó todo el día buscándolo por la ciudad y nada más ver a aquel hombre sentado en esa posada supo que era el portador original del pergamino. Más bien lo sintió. Le habían contado cuando le encomendaron la misión además ciertas cosas que incluso a él habían llegado a inquietarle. No era un hombre cualquiera aquel. Por eso tenía la certeza de que no se equivocaba de persona.

Al día siguiente recogió lo poco que había traído consigo y se dispuso para volver a la ciudad y terminar su trabajo...

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NotaPublicado: Sab Mar 04, 2006 7:43 pm 
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Bregolbet y Eldarion continuaron estudiando el colgante durante varios días. Pero no conseguían sacar nada en claro.
-Esta pieza es muy extraña.. -murmuró Bregolbet- Me trae algo a la memoria... una intuición... algo maligno... pero no consigo recordar el qué... -añadió tristemente mientras bajaba la cabeza y se sentaba.
-Yo nunca había visto una piedra como esta -dijo Eldarion- Y eso me hace pensar que puede ser de muy lejos...
Ambos volvieron a quedar en silencio sumidos en sus pensamientos.
-Mejor será que descansemos -propuso Eldarion- Hoy he sabido que hay alguien en esta ciudad a quien conozco, un experto en piedras... y todas estas cosas... ¡¡él podrá decirnos más sobre este colgante!!
-¿De veras lo piensas...? -dijo dubitativamente Bregolbet- ...y ¿confías en él?
Eldarion sonrió y asintió con la cabeza.
-Confío en él sin dudarlo. Mañana se lo llevaré y por la tarde iremos a verle.
Bregolbet tragó saliva y asintió.
-Entonces hasta mañana... -dijo Bregolbet.
-Hasta mañana... -respondió Eldarion después se dirigió hacia la cama se tendió en ella y se quedó dormido.

La mañana siguiente llegó como un día más y todos se preparaban para iniciar su jornada. Bregolbet y Eldarion se reunieron en el comedor de la posada dispuestos a tomar un desayuno con el que coger fuerzas para comenzar el día, despues Eldarion se dirigió a ver a su amigo con el colgante.

El oscuro desconocido se acercó a la ciudad como una sombra acechante... pero antes de llegar a ella se detuvo se quitó su oscura capa y la dio la vuelta, de tal modo que su capa parecía de color gris en lugar de negra. Se peinó y se limpió un poco... pero no demasiado, lo suficiente para dar la impresión de venir viajando desde algún lugar pero no demasiado lejos. Sabía que cuando hacía eso la gente no le miraba tanto y pasaba más desapercibido. Cuando se sintió satisfecho entró en la ciudad por fin.
Caminó entre las calles satisfecho ya que nadie le miraba siquiera... sencillamente parecía un viajero más, uno de tantos. Cosa que no era en absoluto.
De pronto a lo lejos vio al compañero de su objetivo que se dirigía a una tienda y entró en ella. Se asomó por una ventana y vio como aquel hombre sacaba algo de un bolsillo y se lo mostraba al tendero. El objeto brilló y pudo ver que era su colgante. ¡¡Su colgante!! Ni se había dado cuenta de que lo había perdido... pero si lo estudiaban podían descubrirle... saber algo.
El hombre se dirigió de nuevo a la puerta y el desconocido disimuló limpiandose las botas. Después se alejó.
¡¡Aquello era más importante que acabar con el elfo!! ¡¡Debía recuperar su colgante!!
Se dirigió a la parte de atrás e intentó encontrar una entrada... no tuvo que buscar mucho, allí estaba: una pequeña portezuela que se abrió con facilidad. Entró por ella y cerró sin hacer ruido.
Observó al dueño de la tienda dar vueltas buscando en libros y pergaminos sin cesar. Esperó hasta que el hombre se dirigió a la parte de atrás. Le aferró sin dudas y le partió el cuello. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo.
El desconocido se acercó a recoger su colgante y volcó todos los objeto que pudo lanzando infinidad de pergaminos al suelo. Así no sabrían que era lo que aquel había estado buscando.
Después se fue de allí satisfecho y se dirigió a la posada donde sabía que se alojaba su presa.

Eldarion y Bregolbet salieron después de la comida para ver al amigo de Eldarion, seguidos por el asesino que pudo comprobar como se dirigieron directamente a la tienda. El asesino sonrió satisfecho.
Dentro de la tienda Eldarion y Bregolbet contemplaron el desorden desconcertados.
-¿Pero que...? -Bregolbet camino un par de pasos y vio el cuerpo de un hombre en el suelo. -Mira... -dijo llamando a Eldarion que se acercó rapidamente.
-¡¡No...!! -exclamó horrorizado. Se agachó y le tomó el pulso- Esta muerto. Este era mi amigo... -añadió mirando con ojos tristes a Bregolbet.
-Lo lamento... -dijo posando una mano en su hombro- ¿Quién crees que ha hecho todo esto..?
-¡¡Quietos los dos!! -sonó una voz desde la puerta. Ambos se volvieron y vieron en la entrada una figura que tenía un arco y les apuntaba con una flecha- Al primero que se mueva se la clavo... asesinos...
-¡¡¡¿Nosotros?!!! -dijeron al unísono Bregolbet y Eldarion
-Creo que estas equivocado... -dijo Bregolbet.
-¡¡Silencio!! -y la figura se acercó dejando ver un hermoso rostro enmarcado por unos cabellos cortos de color dorado y en el que brillaban unos ojos grises, y su silueta, aunque con indumentaria masculina era evidentemente femenina. Todos permanecieron en silencio unos instantes mirándose amenazadoramente cuando inesperadamente esa figura cayó desplomada al suelo inconsciente y tras ella apareció una figura envuelta en una capa gris y en su cuello pudieron ver brillar la joya que habían encontrado en el bosque. Aquel que tenían ante ellos era el asesino. Y entonces...

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Inwen Lindonar Sáralondë - Hija de Khyxthal cuyo espiritu de fuego habita en ella...


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