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 Asunto: ¿Qué hay en el desván, Mantecona?
NotaPublicado: Vie Jul 02, 2004 1:33 pm 
Narrador Empedernido
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 3:29 pm
Mensajes: 265
Ubicación: La biblioteca del Poney Pisador
Aquella noche Silon había bebido un poco... demasiado. ¿El aniversario de alguien? ¿algúna buena nueva? qué importaba lo que se celebrara cuando la cerveza y los licores corrían de mesa en mesa, embriagando de felicidad y compañerismo a los poneypisadores. Y así las horas habían pasado, y cuando los parroquianos decidieron desfilar hasta sus alcobas, la luna llevaba largo rato recorriendo el firmamento. Y en ese momento Silon decidió salir de la posada, y es que tanto líquido almacenado tiene que tener alguna salida. Por ello buscó un lugar en la parte trasera de la posada para... cambiar el agua al canario.
Hacía frío, y aunque su cuerpo aún resumaba el calor que sólo el alcohol puede proporcionar, lo advirtió por el humillo que se desprendía a la par que su "cascada". Esta observación le produjo una sonrisa boba ¡qué pensará Mantecona cuando encuentre el trastero un tanto húmedo!. Entonces, casi instintivamente, levantó la mirada, con la sonrisa aún en la boca, para comprobar que nadie lo observaba desde alguna de las ventanas que se abrían hacia aquél lado. Y entonces vio algo que hizo que la sonrisa se le tornara en una mueca de sorpresa: ciertamente alguien lo había estado observando, pues había visto como un hueco se cerraba, justo donde el hastial se encontraba con el tejado; pero lo sorprendente es que allí nunca había habido ventana alguna, y de hecho tal hueco parecía más bien una trampilla, una gatera, disimulada entre los sillares en lo más alto del muro.
Tras ese momento de lucidez, un escalofrío le recorrió el cuerpo (sin saber muy bien si era por el frío matinal que ya empezaba a notar o por la esperiencia cuasiparanormal vivida), y la modorra se volvió a apoderar de nuestro amigo, al que de repente le vino un bajón que lo empujó hacia la posada. Subió tambaleándose hacia su alcoba y sin siquiera desvestirse calló en su cama a la par que se dormía para no despertar hasta bien entrada la tarde siguiente.
Y cuando recuperó la conciencia su cabeza estaba siendo sometida a un martilleo constante que le hizo jurar y perjurar que no volvería a beber... hasta al menos la siguiente fiesta. Atraído por el olor del cerdo asado que de buen seguro Mantecona estaba preparando, bajó al salón conel mismo aspecto lmentable de la mayoría de los parroquianos, y se sirvió del manjar del posadero. Y hasta entonces no empezó a recordar lo ocurrido la otra noche: la gente comentaba gracias, chistes y momentos vividos hacía tan solo unas horas. Pero fue una conversación en concreto la que le hizo recordar el extraño suceso de la trampilla. Ocurrió que se levantó para ir a la cocina a rellenar su plato, cuando notó que Mantecona hablaba con un huesped, y sus palabras le llamaron la atención, y desde detrás de la puerta entreabierta, escuchó la conversación...

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Última edición por Silon el Dom Jul 04, 2004 3:32 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Jul 04, 2004 2:28 am 
Montaraz nómada
Montaraz nómada

Registrado: Vie Jun 20, 2003 10:04 am
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Ubicación: Lothlórien
El corazón aun le palpitaba con fuerza mientras se refugiaba contra la pared apartándose de la grieta justo a tiempo cruzando con fuerza los dedos bajo la capa gris. Después de aquella potente descarga de adrenalina al pensar que podía haber mandado a rodar su plan en el momento en el que a ese medioelfo, bajo los efectos de la embriaguez, le dio por hacer sus necesidades en el trastero.
El desván parecía el escondite perfecto para su misión, bajo la protección del silencio y la facilidad de obtener comida (todo hay que decirlo) nos encontrábamos en la segunda parte de un cometido que se remontaba a hacia aproximadamente dos semanas…

-Nang, nang, nang!!! –el melodioso repicar de las campanas irrumpió en la noche-
Alarma –pensó .
Rápidamente se levantó de su lecho y se cubrió con una capa para asomarse desde la altura de su vivienda hacia la profundidad del bosque intentando averiguar qué había sido la causa que interrumpió su sueño.
Su vista rápidamente se lo desveló, Orcos, huargos.
Una sensación de repulsión le recorrió la espalda. Parpadeó unos instantes y rápidamente recogió sus más preciadas pertenencias y alguna que otra arma y sujetándose con una fina cuerda, se deslizó utilizando la vía rápida hasta la llanura del bosque.
Sólo el firmamento y las llamas iluminaban dejando ver el horror que allí se estaba produciendo.
Parecía imposible. Les habían pillado desprevenidos. Tanto tiempo esmerándose y alardeando de poseer una de las mejores defensas. La ciudad inquebrantable, la llamaban algunos incluso. Ahora era presa de aquellos salvajes y repugnantes seres montados en los huargos que rendían su tributo a la luna con desgarrantes aullidos.
Corrió en busca de de sus compañeros, seguramente se encontraban todos reunidos en una resistencia al otro lado del río. Hacia allí se dirigió. Pero sus esperanzas fueron en vano.
Pues el horror que allí pudo contemplar se grabó en su mente, produciéndole un inmenso dolor.
Desarmados? ¿Cómo era posible?
¿Cómo habían podido capturarlos?
Parecía una pesadilla desafortunada más bien.
Pero no, ardían en piras.
Pocas desgracias se parecían a aquella entre los primeros nacidos.
Avanzó unos metros a cuclillas, con el refugio de algunos pequeños arbustos, en busca de algún superviviente. Las lágrimas cúmulo de las circunstancias les hicieron presa, rubíes del amanecer. Cuando entonces lejos de toda esperanza logró dar con Verie. Tenía un profundo corte en el hombro derecho y la sangre fluía de rojo intenso a borbotones.
Instintivamente la taponó con sus propias manos. Observó piadosamente a Verie, que aún sujetaba firmemente su espada, cuyo filo estaba cubierto de un liquido oscuro fruto de ardua batalla.
Buscó algo de calor en su cuerpo, parecía algo ido pero aun estaba consciente.
-Verie, lasto beth nîn -le murmuró al oído- ¿Qué ha pasado aquí?
Pocos segundos mas tarde el rostro de Verie empezó a mostrar expresión. Tosió varias veces antes de intentar articular palabra alguna.
-mára heri…-murmuró al reconocer su rostro- Sinome maruvan tenn’ Ambar-metta- dijo en la más antigua lengua de los elfos y entonces murió.
-Vengaré nuestro pueblo –respondió presa de cólera- Vanda sina termaruva.
Entonces se levantó y corrió trepando asta la copa mas alta de todas y usando un arco de su gente que encontró entre los restos, presa del horror , tensó la cuerda y empezó a atacar los pocos enemigos que aun moraron la zona y que después de su victoria no esperaban ningún tipo de revancha y al ver tan veloces flechas y las extrañas sombras proyectadas desde el árbol imaginaron que habían llegado al poblado algún tipo de aliados y optaron por abandonar las tierras.

Por ese entonces el sol se asomaba ya en el horizonte, cuando terminó de dar la merecida sepultura a los caídos y recogió cuanto pudo serle útil con la intención de perseguir a aquellos que les atacaron hasta el fin de uno de los dos.
Se llevaron todo el oro, por suerte pudo encontrar algo de lembas y algunas hierbas curativas que le podrían solucionar más de un apuro.
Entonces fue cuando decidió dirigirse hacia la aldea de Bree, estaba algo lejos pero al tratarse de uno de los puntos de reunión más importantes de toda la Tierra media le pareció el mejor punto de recolección de noticias acerca de lo sucedido.
A lo largo del viaje que no fue nada cansino, mas eso si, bastante largo se terminaron sus reservas de comida y el poco oro que pudo salvar. Así fue como terminó ocultándose al caer la noche del noveno día en el desván, aun tras la protección de la capa, tan sólo sobresalían unos carnosos y sugerentes labios cereza.


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NotaPublicado: Mar Jul 06, 2004 10:40 am 
Guardián de los Cielos
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 12:41 pm
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Ubicación: Las montañas nubladas
- Me parece que el desván ha dejado de ser un sitio seguro para nuestro huésped especial. Alguien de la posada ha visto una sombra en la ventana y no creo que ahora pare hasta averiguar quién o qué se oculta allí. No sé qué huésped ha sido, pero la descripción de un medioelfo bastante borracho me da en la nariz que pertenece a Maese Silon, sagaz donde los haya, así que debemos proceder con premura antes de que se despeje su cabeza y comience a indagar.-

Así hablaba el posadero a un huésped que permanecía con la capucha echada y la espada en el cinto, cosa poco habitual en la posada.
Ahora sí que se despertó la curiosidad de Silon, quien hasta ahora no estaba demasiado seguro de si la sombra que había visto ocultarse no sería fruto de los vapores etílicos que emanaban de todos los poros de su sangre. Decidió no dejar pasar el asunto de largo, y se encaminó hacia el salón común para intentar averiguar si alguien sabía algo del asunto...

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NotaPublicado: Mar Ago 10, 2004 9:18 am 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán
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Registrado: Jue Sep 18, 2003 11:51 am
Mensajes: 53
Ubicación: Lothlorien
Silón volvió hasta la barra, tomando asiento en un alto taburete que semejó encoger tres palmos entre sus largas piernas.

“No sé como habrá averiguado tan rápido que era yo el que anoche vio a su misterioso huésped, ese que no debe ser visto,... es muy espabilado este Cebadilla, pero por el abrigo de mi padre que conoceré todo su secreto antes de que repunte el próximo día”.

Antes de inquirir entre los asiduos al Poney quería reconocer el terreno, de modo que se levantó, permitiendo al taburete recuperar su estatura, saliendo de la posada sin percatarse de que traspasaba el umbral de la puerta atropellando a los que en ese momento llegaban, tan concentrado continuaba en sus pensamientos.

“Bien, salí, la puerta abre hacia el exterior y a la derecha, así que giré a la izquierda, seguro, lo contrario hubiese sido una prueba de obstáculos en mi estado. Anduve pegado a la pared unos 10 o 15 pasos, diría yo, que aún borracho tengo mis reparos, no me agradaría que me viese alguno de los huéspedes en una posición tan poco elegante. Uno..., dos..., tres..., cuatro..., cinco..., seis..., siete..., ocho..., nueve..., diez..., fin de la posada... claro, he dado pasos demasiado largos y directos, ciertamente que anoche fui más creativo en mi recorrido y caminé una distancia mucho menor”.

El medio elfo volvió sobre sus pasos, y con cada uno levantaba los ojos hacia el tejado.

“Nueve..., ocho..., siete..., seis..., cinco..., ¡ahí está!”

Su vista penetrante volvió a divisar aquella abertura vidriada pequeñísima separada apenas unas pocas pulgadas de las rojas tejas. Unos dos metros bajo ella, unas alegres cortinas decoraban una ventana con mazorcas de maíz mezcladas con frambuesas.

“Tengo que entrar en esa habitación. Desde su ventana podría alcanzar la gatera alzándome, para echar un vistazo dentro del desván. No pierdo nada. Todos los conspiradores saben ya que yo sé...”

Tomó algunos guijarros del suelo, apuntó y tiró uno contra los cristales. No hubo respuesta. Tiró otro, algo más grande. Otra vez silencio. Cuando estaba a punto para tirar el tercero, oyó girar el cierre de la ventana, así que dejó caer al suelo tras su espalda algo que ya podía merecer el calificativo de piedra. A la ventana se asomó una joven cuya negra melena despeinada acariciaba las hojas secas de las solitarias plantas que habitaban la repisa. Miró a Silon con los ojos casi cerrados, hasta que concluyó que no le conocía. El narrador empedernido vio que la muchacha movía los labios, sin llegar a escuchar lo que decía. Pero al momento se asomó a la ventana otra chica, una elfa rubia que aparecía borrosa en la mente de Silon entre la pequeña pero alborotadora multitud de la fiesta de autos. Ambas se miraron, se encogieron de hombros, y la joven morena se retiró de la ventana.

- “¿Queríais algo?, ¿por qué tirabais cantos a nuestra habitación, maese Silon? No os asustéis, yo os conozco a vos, pero vos y yo no nos conocemos. Ni conocéis a mi amiga."

Repuesto de la sorpresa, Silon respondió lo que tenía pensado:

- "Disculpad. Buscaba a alguien pero supongo que me he equivocado al contar las ventanas. Disculpad que os haya molestado."

Sin esperar la despedida se dirigió a la puerta del Poney.

“La habitación central, orientada hacia el este”.

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Y sin embargo sabíamos
que también el odio contra la bajeza desfigura la cara,
también la ira contra la injusticia pone ronca la voz.
(B. Brecht)


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NotaPublicado: Mar Ago 10, 2004 12:02 pm 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Abr 29, 2004 2:32 pm
Mensajes: 325
Ubicación: Bahía de Belfalas
El desván era una estancia grande y poco iluminada; apenas un hueco en el tejado, no más grande que la armadura de un Enano, dejaba pasar la claridad del día. Las maderas de las paredes estaban agrietadas y llenas de fisuras y en las noches más frías de Bree, nadie, ni siquiera Nob, se atrevía a subir.
En el desván había de todo: sillas y mesas rotas por las extravagantes peleas que surgían algunas noches en el salón, platos y jarras sin abrillantar, barriles por reparar, tapices descoloridos, mantas por coser y muchas, muchas cajas de madera repletas con mil y un objetos diversos que los huéspedes, a su paso por la Posada, dejaban olvidados en las habitaciones.
Silon regresó al Salón Común. Al verlo entrar de nuevo, un grupo de parroquianos que se encontraban sentados al final de la barra, empezaron a sonreir y a hacer bromas sobre la fiesta de la noche anterior. Fue el mismo Mantecona, cuando se acercó al grupo para llenarles las tazas de té, quién le dirigió una amplia sonrisa.
-¿Ha dormido usted bien Maese Silon?-le dijo-. ¿Le apetece quizás una taza de té caliente y reconfortante?
Era evidente que Mantecona estaba conteniendo sus ganas de explotar en carcajadas. Pero no quería poner en evidencia a su huésped así que se dirigió a la cocina, desapareciendo entre las cazuelas, los cestos llenos de verduras y las bandejas con alitas de balrog que podían verse desde la barra.
Silon no estaba de buen humor. Soportó estoicamente, una y otra vez, las bromas de sus compañeros. Al fin y al cabo si no hubiese bebido tanto anoche, sería él quien se encontrase ahora mismo bromeando y riéndose con alguno de los huéspedes que estuvieron en la fiesta; igual podría recordar, con más nitidez, lo que había visto en medio de la noche...
-¿Por qué aquél encapuchado llevaba su espada atada al cinto dentro de la Posada?-pensó mientras tomaba el último sorbo de té de su taza.
Aquella era una situación confusa. Se levantó y se dirigió a la cocina para preguntar directamente a Mantecona sobre lo que estaba pasando. No quería exponerse a unas circunstancias que desconocía y mucho menos quería que la Posada se arriesgase ante peligros innecesarios.
-¡Vaya!-exclamó Mantecona-. Veo que se encuentra usted mejor mi querido Silon-. Y antes de que Silon pudiese articular palabra alguna, el posadero añadió:
-¿Me ayudaría usted a llevar estas cajas al desván?.

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NotaPublicado: Mar Ago 10, 2004 12:26 pm 
Guardián de los Cielos
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 12:41 pm
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Ubicación: Las montañas nubladas
El medioelfo decidió no hacer preguntas al posadero hasta llegar al desván. Allí tendría tiempo de sobra y quizás algunas preguntas se respondieran por si solas. Las cajas que subían apenas pesaban, lo que le hizo sospechar que simplemente eran una excusa para subir. Aún así la calva del posadero se perló de sudor ya en los primeros escalones, y sus posaderas se bamboleaban como si la caja que llevaba estuviese llena de cerveza.

Mantecona llamó suavemente a la desvencijada puerta del desván antes de que esta se abriera con un leve chirrido. Silon se sintió decepcionado al comprobar que allí solo parecía haber trastos viejos y polvorientos. Ni una sola huella revelaba que nadie pudiera haber estado allí la noche anterior. Con una sonrisa al ver la expresión del narrador, Mantecona avanzó decidido hacia un espejo de pie que estaba hecho pedazos. Empujó la luna hacia abajo y en ese momento la pared del fondo comenzó a moverse hacia un lado. Silon abrió mucho los ojos sorprendido mientras el posadero avanzaba con su caja hacia el hueco recién abierto, donde una capucha, que escondía unos largos y oscuros cabellos, comenzó a moverse...

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NotaPublicado: Mié Feb 09, 2005 2:11 am 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Abr 29, 2004 2:32 pm
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Ubicación: Bahía de Belfalas
El hueco estaba escoltado por unos viejos candelabros de pared, en los que se mantenían, a duras penas, dos velas a medio derretir. Cuando Mantecona entró, las pequeñas llamas de color azul temblaron como pedazos de hielo a punto de derretirse, y las sombras que se formaron hicieron que Silon se sintiera desconfiado.
-¿Quién estará junto a Mantecona?-pensó Silon-.
Desde su posición, el medio elfo podía distinguir una figura de largos cabellos; sin embargo, la agitación de las sombras proyectaban las imágenes de dos gigantescos cuerpos: uno grueso y calvo, como los trolls de las historias que contaban algunos parroquianos; y otro de formas gráciles y esqueléticas, como los Tumularios que había visto dibujados en los cuadernos de ciertos viajeros que llegaban a la Posada.
Silon sacudió su cabeza, de izquierda a derecha un par de veces, despertando así de sus ensoñaciones épicas. Atravesó el hueco y se dirigió hacia donde se encontraban el posadero y su extraña pareja. Sentía una curiosidad inmensa por saber de quién se trataba. Al llegar junto a ellos Mantecona se giró hacia él unos instantes, invitándolo a dejar las cajas en el suelo.
-Mi Señora-dijo Mantecona-, he venido con un buen amigo. Creo que es el más indicado para ayudaros con vuestro problema y, en cierto modo, ayudarnos a todos nosotros.
Silon se fijó en la joven que estaba de pie, junto a Mantecona. Portaba una capa larga y gris, con capucha; unos cabellos oscuros asomaban y caían por sus pechos. La joven retiró la capucha de su cabeza y Silon descubrió un rostro de tez pálida; una herida reciente recorría parte del mentón y una mirada cansada y con profundas ojeras eran signos más que evidentes, de que algo terrible y oscuro había sucedido en los últimos días en la vida de aquella joven.
–Si no os importa Maese Silon -dijo Mantecona mientras avivaba los fuegos de las pequeñas lucernas que iluminaban la estancia-, os rogaría que escucháseis lo que esta joven dama tiene que decir. Noticias como estas llegan cada vez con más frecuencia a la Posada y, desgraciadamente, ocurren cada vez más cerca de Bree-.
-¿A qué os referís Posadero?-preguntó Silon-.
-Mi Señor-susurró la joven-... ...
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NotaPublicado: Jue Jul 28, 2005 11:59 am 
Guardián de los Cielos
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Registrado: Vie Jun 13, 2003 12:41 pm
Mensajes: 463
Ubicación: Las montañas nubladas
- Antes de nada, permitidme presentarme. Mi nombre es ---- y vengo con la esperanza de encontrar respuestas y sobre todo ayuda ante el mal que nos acecha.

Silon sintió de nuevo que un escalofrío recorria su espalda mientras se le erizaba el vello de los brazos. La voz de la joven era cálida y aterciopelada, pero transmitía tanta angustia que Silón tuvo que tragar dos veces saliva para contener la emoción que le provocó escucharla.

- Hace más de dos semanas que llegué y todavía no puedo quitarme de la cabeza las horribles imágenes de lo que viví. Apenas puedo creer que saliera con vida de aquello - comenzó a relatar la joven - tras muchos años de vivir en paz, nuestro pueblo fue atacado por sorpresa. Cientos de Orcos y Uruk-Hai perfectamente armados y organizados cayeron sobre nosotros amparados en la oscuridad de la noche, atravesando con flechas y espadas cuanto se ponía a su alcance. No tuvieron piedad. Ni siquiera los niños despertaron su compasión. Fue una masacre. - La elfa se tomó un respiro para no dejar que las lágrimas volvieran a sus ojos. - Algunos niños, los que recordaban el plan de fugas, consiguieron ponerse a salvo. Pero el resto de mi pueblo plantó cara al ataque y pagamos cara nuestra valentía. No encntré a nadie con vida. Conseguí llegar a la cueva donde los niños se habían refugiado y allí esperamos a que los Orcos prosiguieran su camino. Al día siguiente partieron hacia el Este. No deben andar demasiado lejos de aquí. Vine rápidamente para informaros y buscar ayuda. Los niños están a salvo en el sótano de Mantecona, pero no nos podemos quedar aquí.-

El silencio reinó durante unos minutos en la habitación mientras Silon trataba de asimilar lo que acababa de escuchar. Mantecona, que ya estaba al corriente, servía una taza de tila a la elfa para tranquilizarla. El posadero parecía sereno aun tras escuchar por segunda vez el relato. Se secó el sudor de la frente y con voz decidida se dirigió al medioelfo

- Maese Silon, creo que no hay duda de lo que debemos hacer, si usted me entiende...-

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NotaPublicado: Lun Ago 01, 2005 12:19 am 
Señor de las Palabras
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Ubicación: Bahía de Belfalas
El débil sonido del agua de la infusión cayendo en la taza sumió a Silon en una especie de letargo momentáneo.
-¿Niños en el sótano? ¿Ataques de orcos? Esto tiene que ser una broma- pensó mientras caminaba por la habitación.
Se llevó las manos a la cara. Aún se encontraba débil y mareado por la resaca y no comprendía nada de lo que en aquella pequeña estancia secreta de la Posada estaba pasando. Sintió que le faltaba el aire, así que llevó su mano derecha al pecho y con la otra buscó un punto de apoyo en la pared, en un intento de no desplomarse sobre el suelo. Entonces sus dedos rozaron algo que hizo que dirigiera su mirada hacia ellos, y lo vio: un pasador de madera, a modo de cerrojo. Tiró de él y abrió una pequeña ala de madera que dejó al descubierto la que parecía ser la única fuente de luz natural de aquella habitación.
Silon apoyó su frente en el cristal de aquella minúscula ventana y cerrando los ojos entendió que había sido ella, la figura que, la noche anterior, había visto mientras…


La Posada estaba silenciosa. El viento abría y cerraba una puerta en algún lugar del salón que Silon no conseguía identificar. Avanzó por el pasillo y bajó las escaleras muy decidido, hasta que comenzó a notar que sus pies avanzaban por una superficie acuosa y tibia. No había mucha luz, sólo la que el fuego de la chimenea del salón, a punto de apagarse, desprendía a un ritmo entrecortado. Escuchó algo. Era como un chapoteo intenso.
Cuando descendió el último peldaño, lo que vio lo paralizó por completo.
Todo el salón se había convertido en el despojo de una cruenta batalla. Los cadáveres flotaban en densos charcos de sangre que brotaba de sus cuerpos; las capas de los parroquianos se movían despacio sobre el líquido, antes vivo, mecidas por una marea sin sentido.
Silon avanzó hasta el centro del salón, rozando con sus piernas las extremidades y torsos inertes de elfos, enanos y hombres, sin querer mirar, sin querer identificar a ninguno de sus amigos, a ninguno de los huéspedes.
Y de nuevo el sonido del chapoteo.
Allí, en medio de aquella carnicería, el medio elfo recorrió con su mirada una y otra vez el salón. Hasta que los vio. Primero unos ojos, pupilas que se movían veloces; luego, poco a poco, fueron surgiendo de la oscuridad unas figuras que se adentraban en aquel mar de sangre. Saltaban de un lado a otro, como correteando y jugando.
-¿Niños? ¡Son niños!-exclamó Silon con voz ahogada.
Silon permanecía petrificado en medio del salón mientras los pequeños se acercaban cada vez más, rodeándolo. Parecían tan inofensivos y tan seguros en el medio de la muerte…
-¡Mantecona! ¡Baranduin! ¡Voronwe! ¿Hay alguien en la posada?-gritaba Silon, indefenso ante aquella escena pueril.
Entonces los niños comenzaron a entonar una especie de cántico en una lengua extraña. Sin embargo, en el interior de Silon, algo le permitía comprender lo que decían:
-Este es el último aliento-murmuraban todos a la vez-llévanos contigo…
Los niños levantaron las manos señalando con sus blancos dedos a Silon. Estaban a punto de rozarlo cuando…


Silon abrió los ojos. Sentía molestias en la garganta y notaba su cuerpo empapado en sudor. Jamás se había sentido así. Se incorporó y apoyó su espalda en el cabezal de la cama, hecho de madera noble, e intentó llenar de aire sus pulmones, agotados por un esfuerzo que no comprendía.
En ese instante, varios golpes, suaves y cortos, se escucharon detrás de la puerta del aposento del medio elfo.

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NotaPublicado: Mié Ago 31, 2005 2:52 pm 
Guardián de los Cielos
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Ubicación: Las montañas nubladas
- Maese Silon! ¿se encuentra usted bien? - gritó Mantecona al otro lado de la puerta-
Silón se llevó las manos al corazón, que latía desbocado, y acertó a contestar:

-Sí, gracias Mantecona, solo ha sido un mal sueño!- gritó a través de la puerta -caramba, sí que ha sido raro, sí- terminó pensando para sí mismo.

Salió de la cama de un salto dejando tras de sí un amasijo de sábanas empapadas en sudor. La angustia que sentía no se la pudo quitar ni con el baño frío que se dio. No acertaba a adivinar si el sueño tendría algún significado. Absorto en sus pensamientos se dirigió al salón común, donde varios huéspedes, ajenos a lo que en la posada ocurria, desayunaban tranquilamente.

-Caray Silón, vaya ojeras os acompañan!! ¿demasiada cerveza anoche?- rió Nessornë mientras engullía una rebanada de pan con aceite.

-No lo quieras saber... he tenido la peor pesadilla desde que mi padre murió. Todavía tengo el corazón acelerado por lo que he visto en mis sueños- respondió Silón sirviéndose una rebanada y una taza de humeante café -Creo que durante un tiempo no voy a mirar a los niños de igual modo-

Nessornë abrió el pico sorprendida.

- ¿Niños? No me digas que tú también los has oído!! pensaba que era producto de mi imaginación, pero esta noche escuché el llanto de varios niños desde mi nido. Lo había olvidado, creí que solo lo había soñado! - dijo rascándose la cabeza.

Silon consciente de que tenía que guardar el secreto disimuló lo mejor que pudo.

-Pues ahora que lo dices, tiene sentido. Igual escuché esos llantos en la lejanía y se introdujeron en mi sueño, pero no recuerdo haber oído nada estando despierto...-

Continuó comiendo como si nada, pero Nessornë se quedó mirándole pensativa. Algo le estaba ocultando Silon. Normalmente contaba todos sus sueños y pocas veces reuhía contar una historia.

Un estruendoso sonido de vasos rotos sacó al águila de sus pensamientos. Mantecona intentando llevar demasiado peso en una bandeja había tropezado y ahora todo el contenido hecho añicos adornaba el suelo de la posada. Nessornë y Silon corrieron a ayudar. Silon levantó al orondo posadero como pudo mientras Nessornë intentaba colocar en la bandeja lo poco que no se había roto. Sin darse cuenta, con un ala empujó un vaso que comenzó a rodar escaleras abajo, hacia el sótano. La mirada horrorizada del posadero y el medioelfo le confirmaron que lo que pensaba que había sido un sueño estaba escondido ahí abajo...

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NotaPublicado: Mar Oct 11, 2005 11:53 pm 
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jun 12, 2003 9:46 pm
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Ubicación: Gondor´s University
... El vaso seguía rodando escaleras abajo, mientras nuestros compañeros esperaban el estruendo de los cristales contra el suelo. No fue así,... tras la sombra surgió una figura menuda, de tez blanca, cabellos dorados, puntigudas orejas y mirada impasible. Alargó su pequeño brazo y recogió el vaso en el último escalón. Nessornë se quedó atónita, y tuvo un feo pensamiento sobre Mantecona. Era imposible que una criatura así, aparentemente inofensiva, estuviese encerrada en el sótano. Silon se temía lo peor, si su sueño se hiciese realidad no tendría el tiempo necesario para poder escapar y lo que era peor, sus amigos quedarían atrapados con él.
Cada segundo que pasaba era más tenso que el anterior, el ambiente estaba cargado, pues la posada se encontraba en pleno funcionamiento. El niño que se encontraba en cuclillas con el vaso en la mano, comenzó a subir las escaleras, el sudor frío recorría el cuerpo orondo de Mantecona, y con gesto de inocencia le entregó el vaso al posadero. Sin mediar palabra, se dio media vuelta y regresó al lugar oscuro del que apareció. Nessornë apenas articulaba palabra:

- ¿P..e..ro Man...te...coona, y esssse niñ..o?

En el momento que Mantecona abrió la boca, un gran estruendo que procedía del sótano, consiguió acallar los cantos y las risas de los clientes. Todos dirigieron la mirada hacia donde se encontraba nuestros tres compañeros. El piso de la posada comenzó a temblar. Silon reuniendo un poco de valor se acercó al agujero de las escaleras, tras el niño que habían visto antes, se alzaba...

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Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez.


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NotaPublicado: Vie Jun 02, 2006 11:56 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
Los desafortunados guardianes del secreto del desván, sintieron el terror calando sus huesos. Por el corazón y la mente de Maese Silon se proyectaron las horribles imágenes de su sueño.
No lo pensó dos veces, ni le importo que Nessorne estuviese allí, si esos niños eran el último aliento de su pueblo su deber era defenderlos hasta con su muerte si era necesario. (en definitiva, nuestra querida águila, también lo hubiese hecho, y su ayuda siempre era bienvenida).
Rápido de reflejos, cogió un cuchillo de tronchar carne de cerdo de manos de Nob, y tratando de parecer lo más amable posible (con semejante elemento en las manos), llamó al pequeño primer nacido.

- Ven pequeño....apártate de esa escalera y ven con nosotros. - dijo con voz poco firme. Su único deseo era preservar el alma de aquel niño rubio de las horrorosas imágenes que presentía que allá abajo pasaban.

El muchachito, le sonrió dulcemente, se paró a su lado y tomando la tosca mano del medioelfo, le dijo....

- Eres tú...ayer te ví en un sueño. Mi padre me dijo que te buscara, y yo sabía que lo lograría. Ayúdanos, tú eres de nuestra raza, no permitas que nos encuentren, nuestra sangre es real, es sagrada....- y diciendo estas palabras se derrumbó a los pies de Silon.

Nessorne y el posadero miraban la escena estupefactos. Pero la puerta del desván se abrió repentinamente, y el sueño de Silon...... estaba a punto de hacerse realidad.

_________________
Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Mié Jun 14, 2006 10:15 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Una docena de niños apareció de repente en tromba por la puerta, gritaban horrorizados empujándose unos a otros para poder subir por la escalera. Sus caras reflejaban a parte del cansancio de un largo y duro viaje, el terror de quien no tiene esperanza de salvarse.
Silón consiguió apartarse a un lado arrastrando con un brusco movimiento al pequeño elfo que yacía en el suelo. Mantecona no tuvo tanta suerte y cayó hacía atrás sobre sus mullidas posaderas, para ser rodeado seguidamente por el tumulto que se le había echado encima. Nessornë alzó el vuelo rápidamente manteniendose por encima de Silon.
Ningún niño se detuvo y pronto llenaron de gritos y sollozos el salón común para estupefación de los allí presentes.
-¡Que vienen, que vienen!
-¡Ayudadnos, por favor!- se lograba entender entre tanto estruendo.
Una vez recuperado del susto, Silon se incorporó, no sin antes recoger el cuchillo que había soltado y dio un paso hacía la puerta.
-Manteneos detrás de mi.-susurró.
Acto seguido acudieron tres de los huéspedes, espada en mano, que se encontraban en el salón en ese momento.
El más corpulento puso una mano sobre el hombro izquierdo de Silon.
-¿Que es lo que ocurre Silon?

Silon con semblante serio tragó saliva y tensó su cuerpo, sus ojos clavados en la oscuridad buscaban ansiosos la respuesta.
-Trasgos -susurró.
Un murmullo de gruñidos y pisadas empezó a ascender rápidamente por la escalera.
De repente apareció Nessornë, con una de las lámparas de mesa que había encendidas y la lanzó al fondo del sotano.
Al romperse contra el suelo un destello de luz descubrió una multitud de trasgos armados hasta los dientes, que subian escaleras arriba.
-¡No voy a consentir que nadie me destroze la posada! gritó Mantecona.
Apartando a Silón con un brazo se encaminó decididó hasta la puerta y la ajustó de golpe, cerrándola con llave.
-Bueno, problema solucionado.- dijo volviéndose y sacudiendo los brazos.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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