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 Asunto: Las aguas de la Ira
NotaPublicado: Sab Jul 24, 2004 12:59 pm 
Montaraz nómada
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 11, 2004 3:12 am
Mensajes: 22
Ubicación: Las estancias de Mandos
Año 590 de la Primera Edad. Morgoth ha sido derrotado por los Ejércitos de Valinor. Beleriand se hunde.

*************************************************************
Lo primero que vio le extrañó: un suelo grisáceo moviéndose bajo sus ojos.

Luego el gris adquirió tonos marrones. La hojarasca de un bosque.

Luego su cuerpo dolorido empezó a notar el calor de una vida latiendo bajo él. Un caballo.

Luego fue la presión de unos brazos que lo sostenían sobre el animal. Fuertes, pero delicados.

No podía recordar qué hacía allí.

Su portador no tardó en advertir que había despertado y dijo algo en una lengua incomprensible. Su voz sonó fuerte y autoritaria, pero la lengua era hermosa y el tono melódico.

Eran Elfos.

El grupo detuvo su marcha. Debían ser numerosos.

Su portador lo descabalgó con facilidad, con fuerza. Todo daba vueltas. Sabía que caería al suelo redondo en el momento en que le soltaran.

Presurosa, se acercó una figura femenina, confirmando con su luz que se trataba de Elfos.

Intercambiaron palabras rápidas que no entendió.

Poco recordaba, pero nunca había visto a elfos. No sabía por qué los imaginaba rubios, más eteréos y flotantes. Jamás hubiera sospecho la contundencia de sus miradas grises ni el rotundo negro de sus cabellos.

La Elfa se dirigió a él en oestron.

- Nos alegra tu recuperación. Llevas más de tres días dudando entre partir a las Estancias que Mandos os reserva a los Segundos Nacidos o Endor. Veo que has elegido sabiamente –Le dijo con una sonrisa leve.

Entretanto examinaba sus heridas.

Era suave, hermosísima, pero en sus ojos brillaba una mezcla de desesperanza y tristeza que contagió al joven atan.

Le preguntó qué le dolía y le ayudó a dar unos pasos. Parecía complacida de su estado.

Un feroz galope los interrumpió.

Los ojos del muchacho descubrieron las facciones severas de un guerrero. Rojo era el penacho que coronaba su yelmo y el pectoral de su armadura lucía un símbolo heráldico colorido y hermoso: Una estrella de ocho puntas rodeada de llamas. Debía de ser el distintivo de alguna casa Real. El caballo paró con nerviosismo.

- ¿Mánen nárye seldo Anarsel? –Preguntó.

- Mára, Nárendur. –Contestó ella- Hilyuvarye cuina.

- A caraemme pitya este. –Sentenció el elfo y volvió a cabalgar para ponerse al frente del grupo.

Debía de ser el jefe.

¿Qué habrían dicho?

Nunca llegó a entenderlos.

La Elfa se dirigió por fin a él:

- ¿Cómo te llamas, muchacho? –Le preguntó.

Él sonrió y quiso decir su nombre... pero no lo recordaba.

Como quien ha perdido una cosa importante buscó la palabra que le daba su esencia por los bolsillos de su mente, pero no la encontró.

No supo por qué, pero un ardor en los ojos le anunció la presencia de las lágrimas y como un débil cordón deshilachado una voz rota, demasiado gutural, salió de su garganta:

- ¡No sé como me llamo!

Y su angustia salió fuera de sí en una explosión de sollozos.

Los Elfos le dejaron llorar. Contemplaron respetuosos como se doblaba sobre sí mismo y como caía al suelo, igual que un muñeco de trapo al que su identidad abandona.

La amargura le inundó la garganta y un escozor que no había vuelto a sentir desde su infancia le quemó los lacrimales.

- No te preocupes –dijo por fin su sanadora- Pronto sabrás quien eres. Los Noldor tenemos muchos nombres, compartiremos contigo esa costumbre, y mientras no recuerdes el tuyo te llamaremos Níratan, el Hombre de las Lágrimas.

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Náriel, hija de Maglor, nieta de Fëanor


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NotaPublicado: Lun Jul 26, 2004 10:12 am 
Señor de las Palabras
Señor de las Palabras
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Registrado: Jue Jul 15, 2004 11:02 am
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Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Minetras eso sucedía, en otro extremo de la tierra media, una dama se despertaba en un bosque sin saber donde estaba. Tenía el cuerpo magullado y dolorido, y la memoria perdida.
Miró a su alrededor y solo vió árboles.

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NotaPublicado: Lun Jul 26, 2004 3:27 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 11, 2004 3:12 am
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Ubicación: Las estancias de Mandos
Su portador hablaba poco.

Le trataba con un exquisto cuidado:
intentaba que la grupa del caballo le fuera cómoda, le sostenía cuando se dormía y vigilaba atentamente que el caballo llevara un paso sueve y no pisara terrenos abruptos.

Aún asi le dolía todo el cuerpo. La Sanadora se acercaba a veces con preocupación y le formulaba mil preguntas sobre si sentía dolor, dónde y cómo era esa molestia. Sobre la marca le cambiaba vendajes y le ponía ungüentos.

También le traía comida.

El primer día le dio un trozo de una pasta, entre pan y galletas, algo sumamente delicioso que jamás había probado antes y que nunca más le volvieron a dar para comer. Aquello le dió nuevas fuerzas y también lo animó.

Sus siguientes ágapes sin embargo se limitaron a frutos del bosque recolectados por el mismo camino, leche de yegua y queso curado.

- ¿Por qué tu comes de eso y a mi no me habeis dado más? -Preguntó a su portador.

- Son coimas, lembas les llaman los sindarin. La Massánie te las ha dado para que cobres fuerzas, pero eres un hombre mortal, no debes comerlas.

- ¿Qué es la "Massánie"? ¿Y por qué no me dais a comer? -Preguntó Níratan

- La Massánie es la Dama más noble, la que se encarga de hacer y repartir las coimas. En este caso es Anarsel, la sanadora... al menos hasta que no encontremos a la Aranel... Y tu no puedes tomarlas por que desearías la vida inmortal.

Níratan miró los ojos del elfo, grises y profundos como elmar cuando el cielo está nublado.

- ¿La "Aranel"? -Preguntó de nuevo.

- Sí... ¡Creo que la encontraremos! -Y con convicción añadió- ¡No puede ser que también ella haya muerto!

Luego el noldo volvió a hundirse en el silencio. Níratan no se atrevió ni siquiera a preguntar su nombre...

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NotaPublicado: Lun Jul 26, 2004 10:46 pm 
Huésped Charlatán
Huésped Charlatán

Registrado: Mar May 25, 2004 2:12 am
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Ubicación: Ithilien, Minas Tirith, Rohan...
Níratan se sentía tan perdido, dentro de su mente había oscuridad, una oscuridad tan profunda que le daba miedo cerrar los ojos. Sentía que si lo hacía se sumergería en ella y no sabría más de lo que quedaba de su vida. El no poder recordar nada lo atormentaba, y salvo por los momentos en que su sanadora se acercaba a él para ayudarlo, se sentía desgraciado y miserable.

Se miró las manos, las tenía muy heridas, pero parecían haber sido muy fuertes y se preguntó que habría pasado para estar en ese estado, sonde estarían el resto de las gentes parecidas a él, no podría ser que fuera el único de su especie, pero claro, no recordaba nada, y sentía pena, no quería hacerle sentir dolor a la tan amable criatura que lo había estado ayudando haciendole preguntas.

Callo su mente.

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|*|RoChWeN|*|

"...yende arta mírion Ithilieno..."

Por Gondor...
Por Rohan...

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NotaPublicado: Mar Jul 27, 2004 12:01 am 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 11, 2004 3:12 am
Mensajes: 22
Ubicación: Las estancias de Mandos
- Turcanár puedes descansar un rato -dijo Anarsel- yo me haré cargo.

Era el tercer día que llevaba con ellos, siempre según sus cálculos. Por fin paraban.

El elfo que lo estaba protegiendo inclinó la cabeza y se fue. La sanadora le ayudó a caminar unos pasos y luego a recostarse contra un árbol.

- Te veo mucho mejor -Le dijo sonriendo.- Aprovecha este descanso, que no durará mucho.

Níratan miró a la sanadora. Esta vio a través de sus pupilas una miriadad de preguntas. Muchas no tenian respuestas, otras si.

- Te encontramos en los límites del Brethil, seriamente herido, entre las ruinas de un poblado. De tus gentes se debieron salvar muchos pero a ti te cayó encima una pared y te dieron por muerto. Contigo hemos atravesado el vado de Brithiach y estas tierras tristes que ves son Dimbar.

- ¿Y a donde vamos? -Preguntó él.

La Sanadora torció el gesto.

- Hacia el Este... no te puedo decir más ni se más... Buscamos a nuestra Señora, la única que queda de la Casa de Fëanor y que quizá haya muerto. En cuanto a ti, eres libre para quedarte con los primeros Atani que encontremos o para llegar al final de nuestro viaje y seguir con nosotros.

Tucanár llegó entonces. Traía varios conejos ensartados en su lanza. Algunos de los guerreros se aprestaron a hacer una hoguera para asarlos. No vendría mal una comida caliente después de tanto tiempo...

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NotaPublicado: Mar Jul 27, 2004 9:44 am 
Señor de las Palabras
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Mensajes: 391
Ubicación: Detras de tí. Buuuuuu!!!
Los elfos asaron los conejos y los repartieron, a Níratan le dieron un buen trozo de carne tierna y jugosa. El hombre la comenzó a comer saboreando cada bocado. De pronto una imagen cruzó su mente como un rayo. Vio una dama morena ofreciéndole un plato de comida. SIn duda alguna era un recuerdo, pero... de qué? QUien era esa dama? su mente se revolvió en preguntas. No recordaba más que eso, una imagen de unos segundos que le planteaba más preguntas que respuestas.
Quien era ella? La conocía de algo? Era familiar suyo? Vecina talvez? o tal vez hermana... Níratan intentó recordar más, pero la imagen de la dama no se borraba de su mente.
- Demasiado joven para ser mi madre.- pensó y siguió comiendo.


En un bosque... estaba la dama de sus recuerdos, sentada junto a otras personas. Después de mucho deambular se había encontrado con un grupo de seres. Había elfos y hombres.
- ¿Quien eres?- le preguntaron cuando la vieron acercarse.
La dama titubeó... Buscó en su mente su nombre... pero lo único que veía era oscuridad y alguna que otra imagen demasiado corta como para identificar que eran... de pronto recordó algo... una voz dulce pero dura que le decía "Huye, Leri, ya..." Ese debía ser su nombre... y si no lo era lo tomaría como suyo, ya que era el único recuerdo claro, bueno mas o menos claro, que tenía.
- Leri...- murmuró.
- ¿De donde vienes?- le volvieron a preguntar.
- No lo sé con exactitud... me desperté en el bosque hace unas horas... no sé que habrá ocurrido.

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NotaPublicado: Mar Jul 27, 2004 8:08 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
El silencio que había impuesto a su mente comenzaba a rebelarse. Cientos de imágenes lo atormentaban en cada paso. Ni siquiera la agradable compañía de los elfos, lograba abstraerlo de la nube de recuerdos. Sin embargo, la angustia de Níratan avanzaba en cada hondonada del camino. Veía formas, veía fuegos, veía espadas en la noche, sentía gritos. Pero ningún rostro.

Aranel podía percibir el dolor y la lucha del atán con su pasado, pero sabía que debía callar. Un hombre debía ser el amo de su propio destino, y no era ella quién debía revelarlo. Sabía que un simple aroma, una palabra o un gesto bastarían para que la niebla se disipara en la memoria de Níratan y frente a él se levantara como una fortaleza fantasmagórica, la desesperanza de su historia y lo impredecible de su destino.

Los días se escapaban de los dedos del atán y simplemente eran un instante en los elfos, pero la noche de aquél día marcó los caminos de aquella extraña compañia. Los elfos estaban inclinados frente a un pálido fuego bajo los cielos de Dimbar, cuando Turcanár comenzó a cantar en quenya su "Lamento por Nínatar".....

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Mar Jul 27, 2004 9:46 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 11, 2004 3:12 am
Mensajes: 22
Ubicación: Las estancias de Mandos
Palan i orni,
palan i eleni,
palan i neni,
enyaluvatye essenya,
óma amilotya,
ranku melissot,ya
henu seldotya.
Enyaluvatye lalaie
sa aurë i eldar tultaiente nin Níratan

El canto de Turcanár los puso a todos súbitamente tristes.

Su voz le pareció a Níratan preciosa y su forma de tocar una pequeña arpa la propia de un maestro. Sin embargo, a su alrededor, no parecían estar muy impresionados.

-¿Entiendes lo que ha dicho el canto? -Le preguntó Anarsel.

- No -confesó él- Nunca había conocido a un elfo.

- Y si los conociste hablaban en sindar. Las palabras de Turcanár son de la Alta Lengua. El canto es para tí y dice:

Más allá de los árboles,
Más allá de las estrellas,
Más allá de las aguas,
Recordarás tu nombre,
la voz de tu madre,
los brazos de tu amada,
los ojos de tu hijo.
Recordarás riendo
que un día los elfos te llamaron Níratan.

El hombre miró a la Sanadora.

- No lo entiendo... el canto dice cosas hermosas...¿Por qué os entristeceís?

La sanadora respondió.

- En situaciones así quien componía un canto, quien lo entonaba, era nuestro Señor, Macalaurë... o su Hija, la Aranel a quien buscamos... Nuestras heridas están recientes y los recuerdos nos embargan...

No pudieron terminar la conversación. El sonido de un cuerno los alertó.

Níratan no podía creer lo que veía:

De pronto aquellos elfos amables que cuidaban de él se plantaron brillantes cascos rematados en rojos penachos y empuñaron espadas y lanzas impresionantes. Níratan quedó en el interior de un círculo con las sanadoras y las mujeres y oensó que si no estuviera con ellos el miedo ante gentes tan imponentes lo llevaría a huír sin ni tan solo presentar batalla.

Al aire flotaron orgullosos estandartes con una estrella envuelta en llamas.

- Un grupo se acerca -Le dijo Anarsel.

Níratan no oía nada.

No veía nada.

Pero, efectivamente, poco más tarde, apareció un grupo heterogéneo, de gentes montadas y otros a pie.

Pocos iban armados.

Nárendur se puso al frente de los Noldor.

Del otro grupo salió un elfo de rubias trenzas, probablemente Sindar.

Las miradas de ambos se encontraron.

- Mae gobannen -saludó el que llegaba- Me llamo Aldarendil, soy de Doriath. Mi grupo está compuesto de elfos y hombres, vamos al Este... Si lo permitís caminaremos con vosotros.

Nárendur saludó con un leve movimiento de cabeza escrutando el grupo

- Antes de decirte que si o que no tengo preguntas que hacerte. Quiero saber si viaja con vosotros una Noldo pelirroja.

- No. No hay noldorin entre nosotros. -Respondió.

Nárendur endureció el rostro. En las caras de los niños que acompañaban a Aldarendil había miedo. Muchos de ellos lloraban.

- La siguiente pregunta que quiero hacerte -prosiguió imperturbable- es si la has visto, o si has oído de ella.

- No. No hemos oído nada de una elfa así. Lo siento. Y ahora dime, quien eres tu y dime también si aceptaís nuestra compañía. -Se atrevió a preguntar el Sinda no sin algo de desafío. No le gustaba el tono duro del Noldo.

El caballo de Nárendur se encabritó, como si notara los nervios del amo. Éste lo dominó.

- Hablas con Nárendur, de la estirpe de Nárion. Soy fiel a la Casa de Fëanor y buscamos a la Elfa de quien te hablo, descendiente de nuestros Príncipes, bisnieta de Finwë, heredera de Fëanor. Podeis seguirnos, si lo deseais pero no aminoraremos nuestro ritmo de viaje por nadie. ¿Entendido? Quien no sea capaz de seguirnos quedará atrás.

Aldarendil aceptó con una mueca áspera. No le gustaba nada aquel elfo, pero aún podían quedar orcos dispersos o lobos, o traidores, y las defensas de aquel grupo les podían venir muy bien.

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NotaPublicado: Mié Jul 28, 2004 3:48 pm 
Viajero de paso
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Registrado: Sab Jul 24, 2004 12:00 pm
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Ubicación: Allí donde Anar me lleve
Aldarendil se acercó a Nárendur lentamente montado en su caballo. El Noldo pudo percibir la reticencia de su gesto a medida que se acercaba, pero también la necesidad que le impulsaba. El camino era peligroso y su pequeño grupo, indefenso como estaba no sobreviviría hasta llegar a su destino.
El Sindar extendió el brazo al llegar a la altura de Nárendur, que le examinó detenidamente. Sus rubias trenzas estaban deslucidas y desilachadas, el bello rostro demacrado; en su hombro aún se podía ver la estrella de cuatro puntas bordada en plata, símbolo de Dor Iâth, Eglador, el caído Reino del que preocedía. Tras unos instantes, Nárendur aceptó su extendido brazo y se lo estrechó con fuerza. Aldarendil aceptaba sus concidiones y él le aseguraba la seguridad de su grupo.
Poco a poco, los seguidores de Aldarendil se fueron acercando al grupo de Elfos Noldor.
Níratan se arrebujó en su capa, escondiéndose entre las mujeres que le rodeaban. Observó a los nuevos refugiados, entre curioso y espectante. El miedo pasado se reflejaba en cada uno de los rostros que observó, el cansancio de las noches sin apenas descanso. Sus ojos se desorbitanban al mirar a los Elfos a los que se acercaban, temerosos y reverentes. Los niños habían dejado de llorar, el silencio se extendía entre ellos como una densa niebla. El aire se hacía más tenso con cada paso que daban, pero poco les importaba ya escepto salvar su vida y la de los suyos en un país que se desmoronaba por momentos.
La mirada de Níratan pasó de los humanos y Elfos demacrados a los brillantes ojos de los que fueran sus rescatadores. Los Noldor permanecían callados, miraban escrupulosamente a los otros, que se amedrentaban bajo sus miradas. Níratan miró a Anarsel, que se encontraba cerca de él y comprendió lo que pasaba por la cabeza de todos aquellos orgullosos Noldor: sólo toleraban a los otros refugiados por pena y solidaridad por su situación, ningún otro motivo.
Pena y solidaridad, nada más, pensó Níratan. ¿Qué sentía él por aquella gente, por aquellos que eran como él, quq estaban tan perdidos como él? Rebuscó en sus entrañas, buscando una respuesta. La halló. Comprensión, una necesidad de compartir sentimientos iguales que los Noldor no podían darle. Estaba fuera de lugar con ellos.
Níratan salió de su escondite y se quitó la capa con la que se tapaba. Se irguió y caminó con decisión entre los Noldor hacia los refugiados atani, sabiendo que ambas partes le miraban con sorpresa y fascianción.

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Aurenár Tindalotë Maitenár Galathiliel


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NotaPublicado: Lun Ago 02, 2004 12:37 am 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 11, 2004 3:12 am
Mensajes: 22
Ubicación: Las estancias de Mandos
Reticentes.

Como si no se fiaran de él.

Hombres de barbas descuidadas, mujeres flacas y harapientas. Todos llevaban pintado en la cara el espanto y la preocupación.

Uno de los hombres, que parecía cabecilla de todos ellos, se acercó a Níratan. Le preguntó quíen era, qué hacía en compañía de feänorianos, a dónde iban...

- No puedo responder a más de la mitad de tus preguntas. Sólo sé que buscan a alguien y que el trato que me han dado es bueno.

- No podremos seguir su ritmo... -Dijo con preocupación.

- ¿Cómo lo sabes? -Le recriminó una de las mujeres- Además vendrá bien, las aguas cada vez están más cerca. Si paramos a descansar todo lo que deseamos el mar nos sepultará.

- ¡Cállate Leri! -le instó el hombre.

Pero Níratan la miró intrigado. Aquella muchacha le había traído un oscuro recuerdo, algo fugaz que nació y murió en el mismo instante.

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Saludos desde Eregion.
Náriel, hija de Maglor, nieta de Fëanor


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NotaPublicado: Mié Ago 04, 2004 7:10 pm 
Guardián de las Tierras Allende el Mar
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Registrado: Vie Abr 02, 2004 10:16 pm
Mensajes: 441
Ubicación: En mi corazon, en Andunië
Obedeciendo la orden que el elfo, había dado a la muchacha, Niratán continuó la marcha, pero manteniéndose cerca del grupo de los atani. Los Noldor marchaban a la cabeza del grupo, mientras que el grupo de Doriath cerraba la comitiva. Avanzaban en silencio en aquel bosque cerrado y oscuro. De tanto en tanto, una avanzada de elfos Noldor se adelantaba al grupo para comprobar el estado de los caminos.
Niratán no le perdía pisada a Leri, aunque siempre algo apartado del grupo. Sin darse cuenta se encontró canturreando suavemente aquel dulce Lamento que los elfos le habían dedicado....
En el momento en que cantaba suavemente el verso "...Recordarás tu nombre, los brazos de tu amada....", los ojos de Leri, lo transpasaron y así como antes el recuerdo había durado sólo un instante, ahora aquella mirada desesperada y feroz, le atravesó la niebla de la memoria hasta detenerse en .....

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Aquí estoy en las arenas de Mithlond, viendo la luz que se apaga en los mares.


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NotaPublicado: Mié Ago 18, 2004 10:07 pm 
Viajero de paso
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Registrado: Sab Jul 24, 2004 12:00 pm
Mensajes: 8
Ubicación: Allí donde Anar me lleve
El fuego crepitaba alegremente en el hogar. Sobre las llamas pendía un caldero que despedía un aroma tan rico que hacía que sus tripas se quejarán con estraños ruidos.

- ¿Falta mucho para que esté lista la cena?- preguntó, como preguntaba a su madre cuando era niño, poniendo un retocido mohín en la cara.

- Aun falta un poco- le contestó la joven que, dándole la espalda, estaba inclinada sobre el hogar removiendo el contenido de la olla. El negro cabello le tapaba la cara, pero él sabía que sonreía divertida.

- Al menos, déjame probar un poco del estofado, para ir calmando el hambre- dijo levantándose y acercándose a ella.

- No, cuando esté preparado.

- Por favor...- rogó él tomándola de la cintura y alargando la mano para coger el cucharon que ella sostenía.

- No.

Su negación hubera sido más creible si la risa no hubiera marcado la palabra.

- Por favor- insistió, haciéndole más cosquillas mientras ella se retorcía, alejándose del hogar en su afán.

Pero él no cedió. Continuó haciéndola reír, forcejeándo en sus brazos hasta que ella consiguió darse la vuelta. Su cara estaba cubierta por su enmarañado pelo, dejándo ver sólo un riente boca.Él la besó. El cucharon que la joven aún sostenía cayó al suelo y los tiernos brazos envolvieron su cuello. Apretó las manos que tenía en su cintura, atrayéndola contra sí. Luego la tomó en brazos y, sin dejar de besarla, la llevó a su habitación.La depositó suavemente en la cama y se tendió a su lado para,poco a poco, ir quitándole el cabello de la cara...

- Leri... mi esposa... mi amor...

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Aurenár Tindalotë Maitenár Galathiliel


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NotaPublicado: Mié Dic 29, 2004 12:15 pm 
Aprendiz de Escriba
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Mensajes: 93
Ubicación: Ahora mismo en Sego-Bree
Níratan se detuvo en seco confuso. Aquello que había acudido a su mente ¿era un recuerdo? O por el contrario ¿se trataría de una fantasía producto de la necesidad de tener recuerdos? Necesitaba reflexionar. Volvió a mirar Leri pero esta ya no le miraba.
Nárendur volvió al galope más serio que nunca y tan solo dijo una palabra. “Orcos”.
La noticia corrió como el fuego entre las hojas secas entre el grupo. Todos los que portaban armas se apresuraron a buscar su contacto formando un circulo en cuyo interior agruparon a todos aquellos que no portaban armas.
Los orcos no les hicieron esperar pues apenas habían cerrado el circulo comenzaron a lloverles encima con una furia y un odio descontrolados.
Nárendur con su espada seccionó por la mitad al primer orco que llegó frente a él y continuó enfrentándose a todos los demás al igual que todos los noldo.
Aldarendil no dudó a la hora de enfrentarse a todos aquellos orcos aunque sus fuerzas estaban menguadas. En realidad todo su grupo comenzó a luchar con una fuerza y energía nacidas de su voluntad de sobrevivir y que contrastaba con su aspecto.
Incluso Níratan sentía en su interior nacer el espíritu de luchar con aquellos orcos... de luchar por vivir.

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Inwen Lindonar Sáralondë - Hija de Khyxthal cuyo espiritu de fuego habita en ella...


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