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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 9:25 pm 
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Pero cuando uno de lo guardias fue a abrir la celda de Esdaleon, se percató de la flecha que estaba en el suelo, al lado de éste.
- ¿Qué ha pasado aquí?.- Exclamó.
- No perdáis el tiempo, se ha ido hacia allá, tenéis que seguirle, es una amenaza.- Comenzó a balbucear Esdal muy rápido.
- Espera, ¿me está diciendo que alguien se a colado en las mazmorras?.- Preguntó el guardia.- Eso es imposible.
- ¿Entonces de dónde a salido la flecha? nos registraron antes de entrar, no pudimos ser nosotros.- Contestó Enumanus.
- ¿Dices que se ha ido por allí?, bien, entonces está acorralado, no hay más salida que la entrada.- Dijo el rohirrim mientras habría la puerta de la celda de Esdaleon.
En el momento que abrieron su puerta Esdaleon cogió una de las antorchas de la pared y salió corriendo por donde el elfo desapareció seguido por Gwirdyon y uno de los guardias. Corrieron durante unos segundos por un pasillo con celdas vacías a los lados hasta que llegaron al final de éste.
- ¿Dónde puede estar?.- Preguntó Esdal mirando en todas direcciones cuando se paró a pensar.- Aquí el ambiente está mucho más húmedo.-
- Escuchad.- Dijo Gwirdyon. Se mantuvieron en silencio cuando se empezó a oír el sonido del paso del agua proveniente de la pared de una de las últimas celdas.
Se acercaron al lugar, Esdaleon pasó la mano por la pared hasta que uno de los ladrillos cedió, parecía que alguien los había estado moviendo últimamente, movió otros cuantos hasta que se pudo apreciar perfectamente el paso torrencial de un río subterráneo.
- Es un río que atraviesa el alcantarillado de la ciudad, debería informar para que sellen este agujero.- Dijo el guardia mirando atentamente.
- Puede que de al escondite de ese cerdo.- Dijo Esdaleon haciendo ademán de atravesar el agujero viendo que entre el río y la pared había un camino fino e improvisado cuando Gwirdyon le detuvo.
- No seas estúpido, vamos desarmados y ni siquiera sabemos si todavía estará allí, tenemos que pensar.
- Supongo que tienes razón, además, no parece la clase de persona que está más de cinco minutos en el mismo lugar.- Contestó Esdal dispuesto a volver.- Por cierto, ¿Dónde diablos estaba el pergamino.-
- El lumbreras de tu amigo Walo lo cambió por el poema de Imdralis de su equipaje en un momento de extremo aburrimiento.-
- Vaya.- Dijo Esdal pensativo mirando al suelo.- Debería pedir disculpas a Enumanus entonces.-

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NotaPublicado: Mié Jun 13, 2007 11:27 pm 
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Al volver Gwirdyon, Esdaleon y el guardia encontraron a Enumanus esperándoles de pie en el pasillo.
- Donde están Isilya y Walo? - preguntó la semielfa.
- Han ido a ver como estaba Imdralis, les dije que quería estar un rato a solas y creyeron que eso sería una buena excusa - dijo mirando a Esdaleon con indignación - Walo me ha pedido perdón por lo que a ocurrido, ya sabes, lo del pergamino.
El semielfo se adelantó hasta ponerse ante Enumanus y le tendió la mano.
- Yo también lo siento, soy un impulsivo, lo primero que pensé es que tu serias el traidor - mantuvo la mano durante unos segundos mirándole a los ojos - estaba equivocado.
Enumanus se pasó la mano por la mandíbula, como recordando los golpes que le había dado. Intentó sonreír.
- Al fin y al cabo somos compañeros de viaje, no? - dio la mano y sufrió en sus dedos un fuerte apretón.
De pronto todos parecían estar más relajados, el guardia empezó a caminar hasta la puerta.
- Debo informar del pasadizo, les pido que me acompañen - dijo.
Gwirdyon y Esdaleon le siguieron.
- No vienes? preguntó la semielfa a Enumanus que había vuelto a entrar en su celda sentándose en el camastro.
- Como les dije ante a Isilya y Walo, me gustaría estar un rato a solas, no tardaré en subir, además de aquí no puedo escapar - señaló con los brazos el resto de celdas vacías que había, todas con la puerta abierta.
- Y el pasadizo..., el asesino puede volver - replicó Esdaleon.
La cara de Enumanus se ensombreció dirigiéndose al guardia que les esperaba ansioso por irse.
- Si vuestra merced me dejáis prestada la lanza. Con mucho placer haré guardia hasta que lleguéis con refuerzos para tapar ese agujero.
El guardia titubeó, pero llegó a la conclusión de que el humano tenia razón, no iba a tardar mucho, así que le entregó la lanza.
- Yo me quedo contigo - dijo al fin Gwirdyon.
- No! Quiero estar solo, me gustaría pensar por un momento en lo ocurrido - contestó bruscamente Enumanus - Por favor...
-Está bien, no tardes.
En pocos segundos desaparecieron por la puerta no sin antes hacerle un último vistazo a la prisión.

Enumanus se levantó caminó hacia la puerta de entrada, miró por la pequeña ventanilla para ver como se alejaban escaleras arriba y volvió a su celda.
Se sentó apoyando la lanza en la pared a su lado y esperó.

-Hace mucho tiempo Enumanus - una figura oscura se acercaba por el pasillo sigilosamente.
-Sí, crei que habias muerto - se agachó y empezó a hurgarse en la escayola que le acababan de poner.
El elfo se detuvo en la puerta de la celda mirando con cierta ironía al humano.
- Al final conseguiste matar a Tserleg, tu traición no tiene límites - sacó una flecha y le apuntó.
Enumanus sentado sobre el camastro y doblado sobre el mismo seguía urgándose en la herida, las sabanas que colgaban hasta el suelo, empezaban a caer con el movimiento que le daba a la cama mientras intentaba sacarse algo de la escayola.
- Buscas esto? - Al fin con dificultad, sacó un pergamino doblado y se lo mostró al elfo.
Bajó el arco y lo miró con interés, una mueca le envolvió el rostro imitando a una sonrisa. Caminó hacia él.
-Vaya, crees que con el pergamino conseguiras salvar la vida? puedo matarte y después arrebatártelo
- Si pero entonces no tendría gracia, verdad? - dijo Enumanus mientras se levantaba con el papel en la mano esperando a que se acercara.
El elfo seguía sonriendo, sacó una pequeña daga y se plantó delante de él. Este le dio el pergamino.
- No vas a leerlo? - le preguntó - pensaba que me creías un traidor - el elfo tuvo que guardarse la daga para poder abrir el documento escrito, la luz era escasa y se lo acercó bastante a la cara.
-Cuando conociste
a elfa tan bella,
que atras deja al mar...
Que broma es esta? - miró a Enumanus con ira.
No tuvo tiempo de más, de entre las sábanas bajo el camastro salieron unas manos empuñando dos dagas que clavaron los pies del elfo al suelo haciéndolo gritar de dolor.
Se encogió para sacárselas cuando Enumanus aprovechó para darle un tremendo rodillazo en la cara. Cayó hacia atras, la nariz le sangraba.
- Maldito - consiguió decir antes de que un puntapié le partiera la mandíbula.
Walo salio rodando de debajo de la cama, el elfo le agarró pero tuvo tiempo de lanzarle su espada a Enumanus.
-Creo que te gusta cortar cabezas - sonrió y con un rápido mandoble le cortó el pescuezo.
- Suelta! suelta! gritaba Walo intentando abrir los dedos agarrotados del cadáver, que aún agarraba su brazo izquierdo.

Enumanus se sentó cerrando los ojos, apoyó su cabeza en la pared y esperó a que llegara el guardia con los refuerzos.

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Última edición por enumanus el Jue Jun 14, 2007 1:41 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Jue Jun 14, 2007 12:24 pm 
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Walo se quedó un instante mirando el cuerpo inerte del elfo. Le temblaban las manos; había temido meter la pata en algún momento del plan urdido por Enumanus. Éste miró al viejo.
- Walo, tranquilo, todo ha salido perfecto; lo has hecho muy bien.
Walo sonrió y se sintió satisfecho de sí mismo; “con esta hazaña, el incidente del pergamino pasará a un segundo plano”, pensó.
Minutos más tarde el guardia volvió con tres hombres más y se encontró con la escena.
- ¿¡este era el espía!?- preguntó señalando al cadáver.
- Así es, salió de pronto y me atacó- respondió Enumanus sereno.
- ¿Y tú de donde has salido?- dijo el guardia mirando perplejo a Walo.
- Bueno, un guerrero experimentado como yo no revela nunca sus movimientos.- fanfarroneó Walo.
El guardia titubeó un momento -entiendo señor, disculpen mi intromisión- dijo inclinándose ante ambos.
Enumanus contempló cómo Walo estaba disfrutando de la situación e intentó aguantar la risa.



Arriba, en las estancias del Rey, Gwirdyon miraba estupefacta a Isilya.
- ¿Me estás diciendo que Walo se quedó con Enumanus en el calabozo? ¿estás segura?
- Pues claro- contestó Isilya que no entendía las caras de sorpresa de ella y Esdaleon- Enumanus me dijo que tenía que hablar un momento con Walo a solas, y que confiara en él. ¿qué quieres que te diga? si nunca me entero de nada…

En ese momento apareció Enumanus y Walo junto con el guardia de la cárcel.
Éste hizo una reverencia al Rey.
- Mi Señor, estos dos guerreros han dado muerte al espía.
Isilya, Gwirdyon, Imdralis y Esdaleon los miraron sorprendidos, sin saber muy bien como había ocurrido todo.
De acuerdo, puedes retirarte- le ordenó Eomer, mientras se acercaba a Enumanus y Walo- ¡Vaya! Quien lo iba a decir; un anciano y un granjero- les dijo sonriente.
Después se volvió hacia el resto de los compañeros.
- Aunque ese espía ya no vaya a molestar más, daré la orden a mis hombres de duplicar la guardia aquí en el Abismo y alrededores; y que me informen de cualquier incidente anormal. En cuanto a vosotros, ahora que todo se ha aclarado, ¿Cuántos días os vais a quedar?
- Bueno, aún no lo hemos decidido pero no queremos retrasar mucho la salida.- contestó Esdaleon.
- De acuerdo. Podéis quedaros el tiempo que necesitéis. Enseguida os darán habitaciones para descansar si lo deseáis o podréis campar por el palacio si os place. Ahora he de dejaros; otras tareas me reclaman. Adiós.
El Rey salió por la puerta dejando a los seis compañeros en la habitación.

Tras unos segundos de silencio, Isilya se acercó a Enumanus y Walo.
- Buen trabajo Walo- le felicitó dándole una palmadita en la espalda al viejo- en cuanto a ti Enumanus, bueno, tú eres una caja de sorpresas- dijo guiñándole el ojo.

Esdaleon y Gwirdyon se acercaron a la ventana y se asomaron.
- Hemos acabado con un espía, pero pronto mandarán a otro, estoy segura.- dijo la semielfa.
- Pues tendremos que andarnos con mucho ojo.- contestó Esdaleon.

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NotaPublicado: Jue Jun 14, 2007 1:50 pm 
Arquero del Rey
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Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Imdralis miraba desde la cama a Walo con admiración. Allí de pie, con una botella de licor en la mano que debía haber sacado de su inagotable mochila, sonreía satisfecho.
Isilya hablaba animada con Enumanus y Gwirdyon y Esdaleon conversaban asomados a la ventana.
Allí tumbado viéndolos una sensación de tristeza le invadió de repente.
- Tuliere..., donde estarás - susurró.
- Quieres un trago? le gritó Walo alzando la botella.
El elfo aceptó con un gesto de la mano.

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NotaPublicado: Jue Jun 14, 2007 4:17 pm 
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Walo le pasó la botella a Imdralis y éste bebió con avidez. Ingirió tanto líquido de un trago que se atragantó y empezó a toser. Isilya se volvió y se dirigió rápidamente hacia el enfermo. Con un rápido movimiento le quitó la botella de la mano.

- ¡Eh!, devuélvemela - dijo Imdralis algo desorientado.
- Ni hablar -contestó Isilya en tono tajante.- ¿Qué crees que nos pasará si nos encuentran intentando emborrachar al hermano de la reina de Rohán que además está herido en una cama en la enfermería?
Todos callaron y miraron a Walo. El viejo se encogió de hombros y le quitó la botella de las manos a Isilya.
- En ese caso, yo me la beberé para que no haya problemas. -Y siguió bebiendo. Esdaleon se rió de la escena y Gwirdyon cabeceó en señal de desaprobación.
- ¿Qué te pasa? Ni siquiera ahora que podemos estar tranquilos te permites unos minutos de relajación? -Le preguntó Enumanus.
- ¿Tranquilos dices? -Contestó Gwirdyon.- ¿Cuántos enemigos infiltrados como ese hay más en este lugar? ¿Lo sabes tú, Enumanus? Yo no. Y éste era un elfo. A los orcos se les reconoce enseguida. De los elfos no se desconfía tan fácilmente. Pueden estar en cualquier sitio y no enterarnos.

Gwirdyon estaba visiblemente alterada y cada vez se ponía más y más nerviosa. Enumanus se quedó callado pensando en las palabras de la pelirroja. Isilya también se quedó cabizbaja. Walo echó otro trago.
- Pues entonces, lo mejor es largarnos de aquí cuanto antes.- Dijo Imdralis incorporándose en la cama. Apenas pudo aguantar unos segundos porque el dolor de la herida le obligó a echarse de nuevo.
- Estate quieto. - Se apresuró a decirle Isilya.
- Yo me marcho. -Dijo Gwirdyon.- Con o sin vosotros, no pienso darle más ventaja al enemigo. Ahora que todos estáis al tanto de la misión comprenderéis lo importante que es llegar a Minas Tirith lo antes posible. Aunque esa bestia inmunda y sus orcos y elfos secuaces nos persigan y aunque les demos esquinazo mil veces e incluso acabemos con ellos, su misión no es más que la de hacernos perder el tiempo. La verdadera guerra está en el sur de Ithilien y esa es la que hay que evitar. Si no avisamos antes de que se organicen los territorios de Rhûn y Hârath, será demasiado tarde para mucha gente.
Y dicho esto cogió su mochila y salió por la puerta.
- ¡Espera! - Esdaleon salió corriendo tras ella.
- ¿Por qué tienen tantas prisas? -Preguntó Walo, y le ofreció la botella a Enumanus. - ¿Quieres un trago compañero?
- No, gracias. Creo que la celebración se ha acabado. Qué poco dura la fiesta cuando Gwirdyon está cerca. -Contestó Enumanus. Isilya le miró e hizo un gesto de aprobación.

- Si yo pudiera aguantarme de pie, ya habría ido tras ellos dos. -Dijo Imdralis.- No sé cómo podéis permanecer ahí sentados cuando hay tanto en juego. ¿Es que habéis perdido el poco sentido común que os quedaba?
Imdralis di un grito y al momento acudió un guardia de la corte. Hizo una reverencia y se cuadró ante él.
- Asegúrate de que la chica del cabello pelirrojo y el caballero alto y moreno no salgan de este palacio bajo ninguna circunstancia. Si es preciso enciérralos en el calabozo. Y comunícale a su alteza real, osease mi hermano político que precisamos de su ayuda cuanto antes.
El guardia hizo otra reverencia y salió por la puerta.
Enumanus miró a Imdralis perplejo. Aquel muchacho que se presentó ante ellos con humildad y cortesía, ahora era todo un señor que sabía cómo hacerse respetar. Isilya no dijo palabra pero también se notaba un tanto sorprendida. Walo ya comenzaba a notar los efectos del alcohol.


Cerca de la puerta del palacio Gwirdyon se apresuraba a pedir a los guardias que abrieran las puertas para dejarle marchar. Esdaleon corría tras sus pasos. Otro guardia real los perseguía a ambos.
- ¡Alto! ¡no les dejéis salir! - Ordenó el guardia que había hablado minutos antes con Imdralis a los guardianes de la puerta. Éstos cruzaron las lanzas en la puerta y cortaron el paso de los dos semielfos. Gwirdyon se volvió contrariada e iracunda con la espada en la mano. Esdaleon la miró preocupado y sacó también su espada.
- No pienso permanecer ni un minuto más aquí sabiendo que cada segundo que pasa es crucial. - Dijo la semielfa en tono amenazante.
- Lo siento mucho. Será mejor que recojáis las espadas. Acompañadme ante mi señor Éomer. - Contestó el guardia real.
- ¿Es que no habéis oído lo que ha dicho Gwirdyon? -Contestó Esdaleon enfadado. - Ordénales que abran esas puertas.
- ¡No! ¡Guardias, apresarles! -Ordenó el guardia. Y de todas las esquinas comenzaron a salir soldados armados. Esdaleon y Gwirdyon no daban crédito a lo que veían, pues se sentían traicionados. Entre sus opciones no figuraba la de rendirse, así que comenzaron a luchar.

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Última edición por Gwirdyon el Dom Sep 23, 2007 11:15 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Jue Jun 14, 2007 5:07 pm 
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- Esto es una locura.- Pensaba Esdal mientras peleaba contra los guardias. Había una segunda gran desventaja en la pelea tras la de la notable diferencia numérica, y era el hecho de que él no quería herir a ninguno de los soldados, mucho menos matarlos, aunque no veía la misma determinación en la mirada de Gwirdyon, estaba fuera de si, parecía dispuesta a matar a todos esos padres de familia que obedecían las órdenes de su rey, así que alejó a cuatro soldados que le rodeaban a base de golpearles lo suficientemente fuerte como para turbarles con el pomo de la espada o disparando patadas, una vez les apartó tiró su espada, cargó contra dos soldados que formaban parte de círculo que rodeaba a Gwirdyon para, una vez dentro, quitarle la espada de una patada. La expresión de Gwirdyon cambió totalmente de ira a incomprensión, entonces Esdaleon la abrazó con fuerza para que no hiciera ninguna otra locura.
- Tranquilízate, esta no es manera.- Le dijo Esdaleon sujetándola con fuerza soportando sus golpes.
- ¡Cogedles!.- Ordenó el capitán de los guardias y así hicieron.
Entre cuatro guardias para cada uno les esposaron, aunque ninguno de los dos se resistió, Gwirdyon miraba a Esdaleon sin decir nada, como si se sintiera totalmente traicionada.
- Yo estoy de tu lado.- Dijo Esdal mientras se los llevaban a los calabozos.

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NotaPublicado: Jue Jun 14, 2007 11:52 pm 
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Isilya, Walo y Enumanus se habían quedado mudos después de las órdenes de Imdralis. La elfa comprendía la preocupación de Gwirdyon, aunque su forma de actuar no le había parecido la correcta.

Al cabo de unos minutos comenzaron a escuchar un gran alboroto desde la calle. Los tres compañeros se asomaron rápidamente a la ventana para ver que ocurría.
- ¿Qué demonios hacen?- gritó Enumanus estupefacto.
Imdralis se levantó de la cama y lentamente se acercó también a la ventana intrigado.
- ¡Ja! ¿Y dices que nosotros tenemos poco sentido común, Imdralis? No se yo que decirte- dijo Isilya que todo esto comenzaba a parecerle surrealista.

De pronto vieron como Esdaleon se acercó a Gwirdyon y le arrebató la espada en un intento de frenar aquella insensata pelea.
- ¿Qué hace Esdaleon?- preguntó Walo expectante.
- Evitar una lucha inútil.- dijo Imdralis con voz de desaprobación- no sería nada bueno que matara a un soldado rohirrim, por muy afamado guerrero que sea.
Imdralis se llevó la mano al costado; la herida le dolía. Se dio media vuelta y volvió a la cama.
- ¡Escuchadme! He dado órdenes de que avisen al Rey. Os pediría que fueseis con él, yo apenas puedo moverme.

- No te preocupes Imdralis, no vamos a quedarnos de brazos cruzados- dijo Isilya apresurándose hacia la puerta.- ¡Walo, Enumanus, vamos!

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NotaPublicado: Vie Jun 15, 2007 2:57 pm 
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Entre cuatro guardias para cada uno les esposaron, aunque ninguno de los dos se resistió, Gwirdyon miraba a Esdaleon sin decir nada, como si se sintiera totalmente traicionada.
- Yo estoy de tu lado.- Dijo Esdal mientras se los llevaban a los calabozos.
Gwirdyon miraba al infinito mientras trastabillaba por el pasillo camino de las celdas. Esdaleon, con la cabeza bien alta, miraba a ambos lados del pasillo por si veía algo extraño. En breves minutos se encontró de nuevo dentro de la misma celda donde había estado unas horas antes, y la celda que ocupaba Enumanus, ahora era la improvisada habitación de Gwirdyon. Ésta se desplomó sobre el catre al llegar cuando el guardia cerró la reja con llave. Esdaleon sonrió pícaramente.

- Bueno, pues ya estamos en el calabozo. ¿Te gustan las estancias de esta posada? Como ves, yo siempre tengo reservada una habitación.- Dijo Esdaleón con ironía.
Gwirdyon le miró con el rostro rojo de furia. Se levantó del catre y se acercó a la reja. Agarró los barrotes con ambas manos y dedicó a Esdaleon una mirada aviesa.

- Gwirdyon, me estás asustando. Nunca en el tiempo que te conozco te había visto así. Estás como fuera de tí, descontrolada. ¿Sabes el lío en el que nos habríamos metido si matamos a uno de los guardias de la escolta real en el palacio del rey?- Esdaleon suspiró.- No hubiéramos salido nunca de esta celda.
- Cállate, - contestó la semielfa agresivamente.- Estoy harta de que de repente te hayas convertido en la voz de mi conciencia. ¿Sabes lo que hubiera ocurrido si no hubiéramos acabado en este sitio y nadie me hubiera obligado a enseñarle el pergamino? Pues que hubiera llegado en presencia del Rey Elessar y le hubiera entregado el poema de Imdralis. Me hubieran acusado de conspiración contra el reino, por acusar sin pruebas y hubiera acabado con mi cabeza separada del cuerpo.
- Lo entiendo. Y me alegro de que las cosas hayan salido así y no de otra manera, porque ahora tienes otra oportunidad para completar la misión...
- ¡Fue culpa de Walo! -Le interrumpió gritando Gwirdyon.- Llevo todo el camino desconfiando de Isilya primero y luego de Enumanus, y el borracho e inútil de Walo fue quien casi lo manda todo al traste!
- Tranquilízate, por favor. No soporto verte así. Si pudiera salir de esta celda te abrazaría para calmarte, pero como no puedo, intenta hacerlo tú...
- ¿Es que tú no escuchas cuando te hablo? -Le respondió ella. Esdaleon ya no sabía a qué atenerse.- ¡Me estoy volviendo loca! Tanto desconfiar de todo el mundo toda mi vida me está haciendo perder el juicio.

Gwirdyon se sentó en el suelo. De pronto vio algo extraño debajo de la cama. Se arrastró un poco por el suelo hasta alcanzarlo y recogió un pergamino enrollado y medio quemado.
- Esdal, mira lo que he encontrado en la celda de Enunmanus.- Gwirdyon le enseñó el pergamino enrollado a través de los barrotes.- ¿Qué guardará en su interior?

Esdaleon dio un respingo y se acercó rápidamente a los barrotes para verlo mejor. No recordaba que Enumanus hubiera perdido nada en el tiempo que estuvo allí.
- Casi no se puede leer, y lo poco que se entiende está en lengua negra.
- Entonces nunca sabremos lo que era.-Dijo Esdaleon en tono abatido.
- Quizás no. Yo aprendí esa lengua durante el tiempo que estuve con Tserleg...
- ¿Pero no dijiste que te torturó? No entiendo eso de "el tiempo que estuviste con..." -Comentó Esdaleon exaltado.
- Es una larga historia. Me torturó, sí, pero al final del todo. Al principio, cuando le conocí, era casi humano. Pero estaba podrido por dentro y eso no cambia nunca.
- Bueno, no te entretengas, ya contarás esa historia otro día, lee lo que puedas del pergamino -Le apresuró Esdaleon.
Gwirdyon desenrolló el pergamino y lo estiró. Estaba muy dañado, pues se veían visibles quemaduras. Gwirdyon hizo un gran esfuerzo para dar un sentido a los garabatos que en otro tiempo habían sido letras.
- Grupo... cinco... carreta... misión... semielfa... uhmm... mat...ar.-Gwirdyon levantó la vista y miró a Esdaleón estupefacta.
- Sólo hemos sido cinco cuando Isilya se unió a nosotros tras salir de Tharbad. Y desde entonces no han parado de atacarnos una y otra vez.- Dedujo Esdaleon.
- ¡Es un maldito traidor! - Gritó Gwirdyon.- Enumanus ha estado detrás de cada ataque desde el principio. Tserleg le crió cuando era un niño hasta su juventud y seguro que él le encargó que acabara con nosotros.
- No te apresures, no es la única persona que estuvo en esta celda. Recuerda que el elfo de cabello negro oscuro también estuvo en su interior. Se le pudo caer a él.
- O también puede pertenecer a Walo. También estuvo debajo de la cama, que es donde lo he encontrado, y después de lo que hizo con mi pergamino, me creo cualquier cosa de él. -Respondió Gwirdyon.
- Eso sí que no, Walo no es un traidor. Yo respondo por él. -Dijo Esdaleon ofendido.- Debemos hablar con el Rey lo ante posible.
- Sí, si nos quiere escuchar, después de la que hemos armado ahí abajo...
- No, después de la que has armado tú, Gwirdyon, yo tuve que quitarte la espada de las manos.
- Ya, claro. Lo de siempre. -Refunfuñó la semielfa.- Quizá sea mejor que hablemos a solas con Enumanus. No quiero alarmar a Isilya o a Imdralis.
- De acuerdo. -Contestó Esdaleon, y se sentó en el catre.

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Última edición por Gwirdyon el Dom Sep 23, 2007 11:19 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Jun 15, 2007 11:27 pm 
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Enumanus, Isilya y Walo, esperaban de pie ante Eomer la respuesta a sus súplicas. Éste, con cara de preocupación meditaba sentado en su trono, buscando la manera de ser justo sin perjudicar a nadie.
La muerte del elfo no tardó en ser tema de conversación entre los habitantes de Cuernavilla.
- Un elfo! y siervo de Sauron - exclamaban sorprendidos.
De como y donde lo mataron nada sabían pero sí que estaba relacionado con la llegada del grupo en la que el hermano de la esposa de su rey había sido herido gravemente.
Así que empezaron a exagerar los hechos y a inventarse situaciones en algunos casos cómicas como alarmantes que rozaban lo inverosímil.
Eomer consciente de la incertidumbre que ocasionaba entre su pueblo la estancia del grupo, decidió que lo mejor era que partieran cuanto antes.
Alzó la cabeza y les habló con seriedad.
- Mi gente murmura y está intranquila, las patrullas vuelven diciendo que han visto rastro de orcos en caminos y senderos donde hace tiempo que no lo había. He enviado mensajeros a Edoras e Isengard - miró al grupo - puesto que teneis la misión de entregar el pergamino, prefiero que seáis vosotros quien vayáis a Minas Tirith.
Con un gesto de la mano dio permiso a Isilya para que hablara.
- Señor, nos dais permiso para partir, mas nuestros compañeros están presos por orden suya...
Eomer se levantó lentamente.
- La semielfa ha ignorado una orden de mi guardia y, por lo tanto, mía también, pues representan mi autoridad en Rohan; ha osado alzar la espada contra quien le ha dado cobijo y alimentos. Suerte ha tenido de que solo han salido heridos en su orgullo y no ha habido ningún muerto a quien llorar. Entiendo sus motivos pero he de mantener mi autoridad. Una noche en los calabozos servirá para que se calme y espero que aprenda a no ser tan impulsiva. Respecto a Esdaleon, no puedo ocultar mi sorpresa al enterarme de su reacción, así que he dado orden de que lo liberen. En estos momentos debe estar yendo hacia las habitaciones que os he preparado. Mañana a primera hora partiréis los cinco hacia Minas Tirith.
- ¿E Imdralis?, señor - preguntó Enumanus de sopetón.
- Aún está convaleciente de su herida- se sentó de nuevo en el trono - cuando mejore el mismo decidirá que hacer, podéis retiraros, enseguida os acompañarán a vuestras estancias.
Dicho esto abandonaron la sala y un sirviente les pidió que le acompañaran.

En aquellos momentos en el calabozo, Gwirdyon se quedaba a solas viendo como acompañaban a Esdaleon a la puerta de salida. Al principio no quería abandonarla allí, pero era orden directa de Eomer y pensó que mejor seria no empeorar las cosas.
- Estaré bien! - le gritó.
- Volveré a por tí - le contestó Esdaleon.

Permaneció sentada durante largo rato manoseando el pergamino, lo abrió y intentó leerlo una y otra vez.
Hasta que se dio cuenta que la parte superior estaba doblada. La abrió y leyó claramente.
- Para Enumanus. - dijo en voz alta.

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NotaPublicado: Sab Jun 16, 2007 12:23 am 
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La semielfa dobló el pergamino de nuevo y se lo guardó en su bolsa. Al momento escuchó pasos cerca de los calabozos. Gwirdyon se levantó de la cama y se pegó todo lo que pudo a la pared para no ser vista. Los pasos se perdieron en la distancia y la semielfa volvió a quedarse a solas con sus pensamientos.

En otra ala del palacio, Esdaleon, acompañado de un guardia llegaba hasta donde estaban Walo, Isilya y Enumanus. Miró a éste último con desdén. En ese momento Éomer hizo su aparición y saludó sobriamente a Esdaleon.


- Siento mucho lo ocurrido en sus estancias - dijo Esdaleon apesadumbrado mientras hacia una reverencia.- Pero puedo asegurarle que Gwirdyon tenía una buena razón para actuar como actuó.
Los demás le miraron extrañados. A ninguno se le ocurría ninguna buena razón.
- No temas, dada la extraordinaria naturaleza de su misión, sólo pasará unas horas más en la celda.-Contestó Ëomer.
- No pretendo ser molesto, pero no veo conveniente que Gwirdyon esté en una celda, encerrada y sola a merced de cualquer enemigo o traidor. Enumanus y yo fuimos atacados por el elfo espía y de no ser por la fortuna de que aparecieran en ese momento, posiblemente hubiera acabado con nosotros. Yo me ofrezco para vigilarla hasta que usted crea conveniente, pero déjela salir de allí. -Contestó Esdaleon.
- Tu propuesta tiene bastante sentido. Tienes razón. Posee información muy importante que en manos equivocadas pueden plantear un gran problema. -Ëomer se mesó la barba- Pero por fortuna, Enumanus y Walo ya acabaron con aquel elfo que tanto peligro entrañaba para vosotros. Así que no veo razón por la que seguir alarmando a mi pueblo con la existencia de otros traidores. Así pues Gwirdyon cumplirá su condena. Mañana se reunirá con vosotros. Y ahora, debo ausentarme, pues asuntos no menos importantes en mi reino reclaman mi atención. -Éomer giró sobre sus talones y abandonó la sala.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Jun 16, 2007 6:41 pm, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Sab Jun 16, 2007 2:35 pm 
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El Rey se marchó de la habitación y el grupo se quedó completamente solo.
Isilya se acercó a Esdaleon y le contó todo lo que habían hablado minutos antes con el Rey.
- A mi también me parece bien partir mañana mismo; no tenemos tiempo que perder. En cuanto a Imdralis, bueno, me gustaría que viniera con nosotros, pero todo depende de cómo amanezca mañana- dijo Esdaleon pensativo.

Imdralis, en efecto, quería partir con el grupo, pero era consciente de su herida. Se había ido a la cama temprano, con la esperanza de recuperarse lo suficiente como para poder acompañarlos.


- Pues con el permiso de todos, yo me voy a descansar- dijo Walo bostezando- ya que vamos a salir temprano, quiero dormir todo lo posible.
El viejo salió por la puerta y la habitación se quedó un instante en silencio. Enumanus se sintió incómodo pues notaba constantemente la mirada hostil de Esdaleon, sin saber por qué motivo.
- Bueno Enumanus- dijo Isilya en tono dulce- tú y yo también nos vamos a dormir- El humano no tuvo opción de responder; la elfa le cogió del brazo y se lo llevó de la habitación

Cuando los dos se hubieron marchado Esdaleon se quedó un momento pensativo e inmediatamente salió de la estancia y se dirigió al calabozo.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó Gwirdyon sorprendida.
- Pues hacerte compañía- respondió el guerrero.
La semielfa sonrió - ¿has visto a los demás?- preguntó en voz baja.
- Sí, pero tranquila, no les he dicho nada. Aunque si por mí fuera Gwird, delataría ahora mismo a Enumanus, o mejor aún, le cortaría la cabeza y asunto arreglado.
- Paciencia Esdal, no nos precipitemos de nuevo- contestó Gwirdyon serena- No quiero protagonizar ningún altercado más bajo los dominios del Rey Eomer. Demasiados quebraderos de cabeza le hemos dado ya. Esperaremos a marcharnos de aquí, y después ya veremos.
Esdaleon se encogió de hombros y asintió con un gesto de conformidad. Se sentó en el suelo al lado de al celda de la semielfa.
- Intenta descansar, partiremos mañana- dijo.

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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2007 12:34 am 
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Walo dejó a Isilya y Enumanus y se dirigió a su cuarto. Estaba muy cansado, y le dolia terriblemente la cabeza por no haber hecho otra cosa que beber durante todo el dia para festejar su hazaña con Enumanus, ¡Qué grande le parecía ahora este! no entendía como su mejor amigo, Esdaleon, desconfiaba tanto de él, no veia razón para ello.
Llegó a su cuarto, le dio un último trago a su botella y se disponía a meterse en la cama, cuando un ruido en la ventana le puso alerta: una enorme sombra tapaba la luz de la luna y Walo del miedo fue a salir del cuarto a pedir auxilio cuando se percató que no era más que Aurë el que le visitaba


-¡Maldito pajarraco! me has dado un susto de muerte -maldijo Walo- ¿puede saberse a qué has venido? vete con tu ama, ¿o es que no la encuentras?

El pájaro ululó como si le respondiera, por lo que el viejo se rió ante la absurda idea de que le entendiera

-Bueno bueno, puedes quedarte, si no haces ruido puedes permanecer ahí toda la noche, ademas eres un buen vigilante, seguro que me avisarías si pasara algo extraño. Me pregunto donde andaras el resto del tiempo que no estas con nosotros.

De pronto Walo oyó el grito de un guardia ordenando que abrieran las puertas de la fortaleza, y se asomó a la ventana a ver que ocurria.
Entraron dos jinetes a caballo, uno de ellos llevaba un herido con el, y el otro jinete parecía también herido en el hombro. Walo pudo oír a uno de los guardias que corrió a socorrerles


-¿Que ha sucedido?¿donde esta el resto de los hombres de la expedición?
-Nos atacaron al sur, -comenzó a decir el que transportaba al herido mientras ayudaba a bajarlo del caballo- seguíamos un rastro sospechoso, sabíamos que era un grupo numeroso, pero debieron darse cuenta de que les seguíamos, nos tendieron una emboscada... eso más que una batalla, fue una masacre, no tuvimos tiempo para prepararnos, les lideraba una bestia de más de tres metros, nosotros tres escapamos de milagro.
-Hay que avisar de inmediato al rey, si lo que dices es cierto, el enemigo se encuentra en nuestras tierras, llevad a los heridos a la enfermeria, y tú, acompáñame a informar al rey de los sucedido -dijo un capitán al que acababa de relatar lo acontecido.

Walo vio como todos abandonaban el lugar y volvían a sus puestos; al poco volvió a reinar el silencio, el anciano observaba a la lechuza que había contemplado lo sucedido junto a él

-Seguro que tu acompañaste a ese grupo, no me extrañaría nada que hubieras intentado avisarles como a nosotros, lástima que no te conocieran, quizás gracias a tí no les hubieran pillado por sorpresa.
El ave miró al anciano como única respuesta. Walo rió una última vez y se metió en la cama a dormir

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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2007 9:21 pm 
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Instantes antes Enumanus agarrado del brazo, era arrastrado por Isilya a lo largo del pasillo, estaba perplejo ante la reacción de la elfa y no sabía como tomárselo.
- Disculpa – al fin le dijo haciendo que se detuviera . acabamos de pasar de largo las habitaciones.
- Y? – le contesto con una pícara sonrisa.
Enumanus la observó, realmente le tenia desconcertado aquella mujer, desde el principio había demostrado confiar en él sin esperar ninguna prueba que le diera la razón. Eso le gustaba pero al mismo tiempo le resultaba extraño.
Entornó los ojos y medio sonrió.
- Donde quieres llevarme?
Isilya le soltó y empezó a correr.
-Sígueme – le gritó.
Enumanus con la pierna aún escayolada, caminó lo deprisa que pudo hasta que al fin la perdió en un recodo del pasillo. Al doblar la esquina, vio que no había salida.
El pasillo acababa en una pared de roca, a su derecha dos puertas cerradas, a su izquierda, lo que parecía un ventanal bajo un estrecho arco sobre dos columnas.
Avanzó alerta con la espada en mano.
-Aquí! – oyó una voz que venia del exterior – Enumanus, aquí afuera.
Se asomó al ventana, que daba a una estrecha terraza, Isilya lo esperaba sentada sobre el balaustre de piedra. Tras ella el cielo estrellado sobre las Ered Nimrais.
Enumanus sorteo el obstáculo como pudo y se sentó en el suelo, a los pies de la elfa.
-Para que me has traído hasta aquí? – le preguntó
- Para hablar – le dijo seriamente – aquí estamos solos.

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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2007 11:05 pm 
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- ¿hablar?- preguntó Enumanus
- Sí, hablar- contestó Isilya.- Nunca podemos terminar una conversación tú y yo. ¿Te acuerdas anoche cuando acampamos? Me querías contar algo sobre ti y me dio la impresión de que necesitabas desahogarte, pero nos interrumpieron.-

Enumanus miró hacia otro lado nervioso. Sin duda aquello era una encerrona en toda regla. Era cierto que a veces sentía la necesidad de contarle a alguien todas las cosas que había hecho en su vida, pero a la hora de hacerlo, se echaba atrás por miedo al rechazo, por miedo a ser tachado de asesino o algo peor.

La elfa sonrió al ver al humano revolverse en el suelo.
- Pero no te preocupes hombre ¿no ves que somos amigos? Puedes confiar en mí.
- ¿Y por qué confías tú en mí?- preguntó Enumanus intentando desviar la conversación- Desde que estoy con vosotros te has puesto de mi parte y me has apoyado siempre; y eso me desconcierta.
- ¿Y por qué razón no iba a confiar en ti, si no me has dado motivos para lo contrario? También confío en Esdaleon, Gwirdyon, Walo e Imdralis. Sin olvidar a Tuliere claro- la elfa se encogió de hombros; todos a su alrededor parecían tener eternas sospechas hacia los demás y eso le había sacado de quicio en más de una ocasión- No se, quizá mi vida no haya sido tan dura como la tuya o como la de Gwirdyon y no tengo la continua necesidad de sospechar de nadie.

Isilya se levantó de la barandilla y comenzó a caminar por el balcón mirando al cielo. La luna brillaba entre las montañas y el aire estaba quieto. Abajo los centinelas hacían guardia en silencio. Se quedó pensativa unos segundos y volvió a hablar como si estuviera intentando atar cabos en voz alta.
- Gwirdyon no se fía de ti, y en cierto modo la entiendo, pues tu pasado está ligado a ese Tselerg que tanto daño le hizo…Tú por otro lado fuiste su esclavo aunque de eso hace ya tiempo, y sin embargo…-la elfa miró extrañada a Enumanus- sin embargo, vuestros caminos se han cruzado ahora que sus secuaces la persiguen, qué curioso ¿verdad?

El humano la miró angustiado; por un momento le pareció que la elfa fuera a descubrir la verdad ella sola sin necesidad de confesarle nada.
- Bueno hace un minuto me has dicho que confías en mi, ¿es que ya has cambiado de opinión?- preguntó intentando parecer sereno.

Isilya no respondió. Se sentó a su lado y le miró fijamente a los ojos.
- tú… ¿tú serías capaz de hacernos daño?- preguntó seria- ¿me harías daño a mí?
- No, claro que no- contestó Enumanus a secas.

La elfa sonrió conforme con la respuesta. Acarició el rostro del humano y se quedó mirándole sin saber muy bien qué hacer.
En ese instante, los gritos de los guardias abajo hicieron que ambos se sobresaltaran e inmediatamente se asomaran por la barandilla. Dos soldados malheridos llegaban en sus caballos.
- Mira solo vienen dos- comentó Enumanus.
- Pobres hombres. No se que vamos a hacer nosotros si el enemigo nos tiende una emboscada.- respondió Isilya temerosa.

El humano le miró con cara de preocupación pero no dijo nada.
Los dos se quedaron sentados de espaldas al balcón, en silencio, cada uno inmerso en sus pensamientos.
Al cabo de un rato, el cansancio les dominó por fin y se quedaron profundamente dormidos hasta el amanecer.

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NotaPublicado: Lun Jun 18, 2007 2:46 am 
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Cuando Isilya y Enumanus se hubieron marchado Esdaleon se quedó un momento pensativo e inmediatamente salió de la estancia y se dirigió al calabozo.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó Gwirdyon sorprendida.
- Pues hacerte compañía- respondió el guerrero.
Se sentó en el suelo al lado de al celda de la semielfa.
- Intenta descansar, partiremos mañana- dijo.

En aquellos momentos oyeron ruidos que provenían del exterior. Golpes en la puerta y voces extenuadas que pedían ayuda. Gwirdyon se levantó de un salto y sacudió los barrotes.
- Tengo que salir de aquí. Si vienen y nos atacan soy un blanco demasiado fácil. Ahora mismo están todos tan ocupados atendiendo a los recién llegados que no se darán cuenta de mi ausencia.
- ¿En qué estás pensando? No tengo llaves de la puerta. -Dijo Esdaleon preocupado.
- No, pero tienes unos brazos poderosos y no te será difícil romper esta cerradura con algo que la golpee.
- ¿Piensas fugarte de la cárcel? ¿Vas a añadir eso a tu lista de displicencias hacia el rey Éomer?
- bueno, -Gwirdyon se echó a reir.- Si me cojen aquí añadiré la muerte de mucha gente a tu conciencia. ¿me abres la puerta?
Esdaleon miró por todos lados pero no encontró nada que sirviera para golpear la puerta.
- Si tuviera aquí el martillo con el que luché contra los orcos metálicos aquellos de Isengard... -Pensó Esdaleon en voz alta.
- Si estuviera aquí Tuilere, ya habría abierto esta cerradura. -Contestó la semielfa.
- Pero no está, a saber qué vida llevará en estos momentos. -Respondió él en tono pesaroso.- Bueno, ya está. Voy a intentar hacer palanca con la espada.
Esdaleon acercó la punta de su espada a la grieta que había entre la cerradura y los barrotes e hizo palanca apoyando su espalda en la reja. En unos minutos la cerradura cedió y la reja se abrió.
Gwirdyon le abrazó.
- Vámonos de aquí cuanto antes- Le dijo Esdaleon.
- ¿por dónde? Nadie puede verme. Se supone que sigo en prisión.
- Por el pasadizo por el que apareció el elfo.- Sugirió Esdaleon.
- Pero está taponado. Los guardias lo tapiaron con adobes.
- Aún estará fresco. Un poco de fuerza bruta y en seguida caerá.

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NotaPublicado: Lun Jun 18, 2007 2:15 pm 
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Walo dormía profundamente cuando unos golpes a la puerta de su habitación le despertaron, miró a la ventana y aún era de noche, sin embargo Aurë ya no estaba ahí. Se levantó y abrió la puerta encontrándose con un guardia que se inclinó en señal de disculpa.

-Por favor acompáñeme, el rey solicita su presencia y la de sus compañeros.
El guardia le hizo un gesto para que saliera de la habitación y le acompañara; Walo que aun le costaba abrir los ojos, cogió sus pocas cosas y le siguió
-¿qué hora es si puede saberse? -preguntó el anciano al guardia.
-Poco pasada la medianoche, -le informó el guardia- por lo visto la llegada de un grupo de expedición ha alertado a nuestro señor; ahora se le informara de todo ello.
Walo estaba seguro que el grupo del que hablaban era el mismo que había visto desde su ventana.
Al poco llegaron a un salón donde se encontraba Eomer, que hablaba con sus consejeros, y al lado se encontraba el hombre que había llegado de la expedición. El rey hizo un gesto a Walo como saludo y siguió conversando en voz baja con sus consejeros. El anciano permaneció de pie sin que nadie le dijera nada, por lo visto esperaban a que llegaran sus compañeros. Pasó el rato y aun no se sabia nada de ellos, al poco llegaron dos guardias


-No encontramos al hombre y a la elfa, no se encuentran en sus habitaciones. -dijo uno de ellos.
-Sabes tu dónde están -preguntó Eomer a Walo.
-No... no tengo ni idea, yo les deje cuando me fui a dormir...
-¡Excelencia! -un guardia entró a todo correr en el salón, seguido por otros tres- la semielfa ha escapado del calabozo y ha reabierto el pasadizo, sospechamos que haya huido con el guerrero que la acompañaba.

Eomer miró furioso a Walo y ordenó a todos los guardias que les buscaran, que no saliera nadie de la fortaleza bajo ningún concepto

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NotaPublicado: Lun Jun 18, 2007 10:57 pm 
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Ubicación: Girona
Aurë se posó sobre el hombro de la elfa que dormía recostada en la pared, batió sus alas con suavidad hasta conseguir despertarla.
- Aurë, qué quieres - dijo mientras apartaba al ave con las manos.
El pájaro insistió nuevamente.
- Aurë, basta! - dijo abriendo los ojos.
Isilya observó a su alrededor. Enumanus que se había dormido a su lado no estaba.
Se levantó, desde el patio se oía murmullo de gente corriendo.
Se asomó para ver como la guardia iba y venia buscando algo o alguien.
- Allí! -gritó al fin uno de ellos señalándola con el dedo - prendedla!
Isilya se sorprendió, era a ella a quien señalaban y no muy amistosamente. Cogió sus cosas con rapidez y se precipitó al ventanal por donde antes había salido a la terraza.
- No hagas ruido... - dijo una voz en cuanto pisó el pasillo.
Enumanus desde las sombras observaba pegado a la pared el trajeteo de guardias que iban y venían. Isilya se acercó sigilosamente hasta él.
- Que ocurre? - preguntó con un hilo de voz.
- No lo sé exactamente, oí ruidos y me desvelé, después vi pasar a Walo custodiado por guardias, después se armó este jaleo.
Enumanus observó a Isilya, sentía su cuerpo demasiado cerca del suyo, allí ocultos en el recodo de la pared, la luz de las antorchas del pasillo prendían mechas doradas y cobrizas sobre su cabello negro.
Se miraron durante unos segundos como sin saber qué hacer.
- Nos están buscando - dijo la elfa volviendo la atención al corredor - creían que estábamos en las habitaciones y no nos han encontrado.
- Vaya! Si es solo eso no tenemos de qué preocuparnos - dijo Enumanus sonriendo.
Se separó de ella y salió al paso de los guardias que recorrían el pasillo.
- Si es a nosotros a quien queréis, que cese vuestra búsqueda - dijo levantando los brazos.
- Enumanus! Estas loco? - susurró la elfa mientras los guardias los amenazaban con sus espadas.
- Seguidnos si ofrecer resistencia. - les despojaron de sus armas y los custodiaron pasillo abajo.

No tardaron en llegar al salón donde les esperaba Eomer rodeado de sus consejeros, frente a él, con cara de sueño, Walo les miró preocupado.
En cuanto estuvieron a su lado, Eomer se dirigió al grupo desde su trono.
Su rostro reflejaba el enojo y la inquietud de quien tiene malas nuevas.
- La insolencia de vuestros compañeros no tiene límites - dijo enojado - Esdaleon en quien confiaba no ha hecho más que aprovecharse de mi buena fe para ayudar a escapar a la semielfa de su merecido castigo.
Los tres se miraron unos a otros con cara de sorprendidos.
-Puesto que son incapaces de acatar una orden, tampoco son merecedores de la ayuda de Rohan - Eomer hizo un gesto a uno de los consejeros y este se acercó entregándole algo - su imprudencia pone en peligro la misión que debían acontecer, es por este motivo que ante la posibilidad que caigan en manos enemigas, muy merecido por cierto, he dispuesto a mi escriba que haga una copia del pergamino que leí y que debe llevarse a Minas Tirith.
Se levantó y entregó el pergamino a Isilya, esta lo aceptó con una reverencia.
- Vos sois la portadora de este pergamino y os pido por el bien de la tierra media que lo entregueis cuanto antes a Elessar - retrocedió para sentarse de nuevo - para ello dispondréis de los mejores caballos y de vuestras armas. Bridgelion partirá con vosotros hasta Edoras a partir de allí el decidirá lo que mejor convenga a vuestro cometido. Podéis volver a vuestras habitaciones, por vuestro bien no salgáis de ellas pues mi paciencia se ha agotado.

Con un gesto de la mano un grupo de guardias se les acercó y dispusieron a acompañarles.

- Vaya Isilya ahora eres tan importante como Gwirdyon -dijo Walo observando el pergamino que la elfa llevaba entre las manos.
-No se si eso acaba de gustarme - contestó con recelo.
Enumanus caminaba a su lado con aire pensativo sin decir nada.

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NotaPublicado: Mar Jun 19, 2007 1:13 pm 
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A Esdaleon le bastaron unos minutos para retirar los ladrillos que cubrían el agujero del pasadizo.
- Listo. ¡Vamos Gwirdyon! dijo entrando por la abertura.

La semielfa le siguió. El túnel estaba algo oscuro, pero en seguida distinguieron el cauce del río. Se metieron y comenzaron a caminar lentamente; el agua les llegaba por la cintura y el olor no era demasiado agradable. Gwirdyon trató de no prestar demasiada atención a las ratas que se agolpaban en los bordes de la pared.
Al cabo del rato, llegaron a un estrechamiento en donde el caudal seguía por un espacio demasiado angosto.
- Por ahí es imposible continuar- dijo Esdaleon.
- ¡Mira! Ahí hay una trampilla- exclamó Gwirdyon.
Esdaleon se acercó, tiró de ella y la abrió. Le hizo una señal a la semielfa y ambos subieron a la superficie.
Estaba oscuro pero adivinaron que se encontraban en un patio. A los alrededores se escuchaba un ir y venir de guardias.
- Tenemos que ser cautelosos Esdal, ¡no pueden vernos!
- Demasiado tarde- dijo alguien detrás de ellos.
Esdaleon y Gwirdyon se dieron la vuelta sorprendidos para descubrir que era Imdralis quien había hablado. Estaba ataviado con su armadura y equipado con su espada. Su aspecto mostraba una notable mejoría.

- Imdralis por favor, no pueden detenernos de nuevo, ¡tengo que cumplir esta misión!- gritó Gwirdyon desesperada desenvainando su espada.

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NotaPublicado: Mar Jun 19, 2007 2:30 pm 
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Esdaleon miró con recelo a la semielfa que de nuevo volvía a mostrar signos de violencia. La tercera vez en poco tiempo. Había llegado un momento en que apenas reconocía a la Gwirdyon de días atrás, esa semielfa sensata y prudente, que no usaba las armas si no era completamente indispensable. Aquella semielfa noble pero consciente de sus limitaciones, que apenas podía mover el brazo izquierdo y que mostraba su vulnerabilidad sin avergonzarse de ello. La Gwirdyon que tenía delante no veía límites a sus arrogancia, no mostraba ninguna debilidad física ni moral, y no medía el peligro ni las consecuencias de sus actos. Algo había cambiado en ella desde que recuperó el verdadero pergamino, y ese cambio no le gustaba a Esdaleon.

- Recoge esa espada Gwirdyon. -Le ordenó Esdaleon.- No permitiré que luches contra Imdralis. Él está herido y tú no. Y yo no pienso participar en esta pelea salvo para evitarla.

La semielfa miró a Esdaleon con los ojos inyectados en sangre. Dio un paso atrás y se preparó para atacar con la espada.
- Si optas por no ayudarme, entonces estás en mi contra. -Respondió ella. Bajó la cabeza y miró a Imdralis como un toro a punto de dar una cornada.- Si es necesario, lucharé también contra tí Esdaleon.

Esdaleon dio un paso hacia la semielfa. Ella retrocedió otro paso. Él siguió avanzando.
- No quieres hacerlo. No sé lo que te ocurre, pero estás cambiada, y no para mejor precisamente. Bajé a la celda no sólo para hacerte compañía, sino para vigilarte, porque últimamente las decisiones que has tomado sólo nos han traído más problemas.-Esdaleon siguió avanzando hacia ella. - Te he seguido como un perrillo faldero y no te he contrariado para no desatar tu furia y que estropeara más las cosas. Rompí la cerradura de la prisión a sabiendas del delito que eso suponía, porque mi deber es defenderte y hasta destrocé el muro que habían construido para tapar el pasadizo por el que escapó el elfo, pero no permitiré que hagas daño a nadie sin ninguna razón para ello.
- Acabásteis en la cárcel -Interrumpió Imdralis- porque yo dí la orden de que os encerraran. Pensé que estaríais más seguros allí que fuera del palacio. No quería haceros daño, tan sólo protegeros. Pero Éomer no lo pensó de igual manera y quiso castigaros por vuestra insolencia.

Gwirdyon levantó la espada y su punta rozó el abdomen de Esdaleon.
- No des un paso más. Si no estás dispuesto a ayudarme seguiré yo sola el camino.
- No lo permitiré. Prometí ayudarte hasta el final y eso estoy haciendo. -Esdaleon agarró el filo de la espada con la mano y tiró de ella hasta arrancársela a la semielfa de su puño. Un chorro de sangre manó de la mano de Esdaleon. Imdralis seguía inmóvil observando la escena. Gwirdyon se mostró acorralada, dio media vuelta y echó a correr. Esdaleon la persiguió y la alcanzó enseguida. Se tiró a su espalda y la tumbó en el suelo.
- ¡¡Suéltame, déjame marchar, eres como ellos!! -gritaba la semielfa con la cara desencajada. Imdralis ayudó a Esdaleon a levantarla del suelo y entre los dos la inmovilizaron para poderla sentar en una silla.

- Ahora que ya podemos hablar contigo sin que peligre nuestra vida, quisiera decirte que desde que encontraste el pergamino auténtico y lo sacaste de mis pertenencias, yo también he notado un cambio positivo en mí. Y si ahora que está en tu posesión, eres tú quien ha experimentado un cambio negativo, quiere decir que ese pergamino afecta a quien lo posee. Deberíamos quemarlo.
- ¡Jamás! Este pergamino es auténtico, contiene las firmas de los integrantes de la Alianza, y no niego que pueda contener algo más que lo haga peligroso, pero ha de ser entregado a Elessar en persona en perfecto estado, no reducido a cenizas. -Contestó la semielfa un poco más sosegada.
- Bien, en ese caso sugiero que no lo lleves tú todo el tiempo. Te está transformando y cada vez tenemos que estar más pendiente de ti que de los enemigos. En estos momentos yo he vuelto a vestir la armadura porque me dispongo a luchar contra una banda de orcos, no se sabe cuántos, liderado por nuestro amigo el "sucesor de Tserleg". Os pediría que os uniérais a nuestra causa, pues no quiero que en Rohán ocurra lo mismo que en Isengard.
- Creo que le debemos eso a Rohán, pues nos ha brindado su ayuda desinteresadamente. Y le debemos una explicación de todo esto a Éomer. - Contestó Esdaleon. Gwirdyon asintió. - Pero ya no nos querrá escuchar, pues somos unos proscritos para él. ¿Podemos contar con tu ayuda, Imdralis?
- Claro, os debo la vida. Además, yo fui enviado para proteger a mi señora Gwirdyon y para aprender de ti, Esdaleon. Será para mí un honor poder mediar entre el marido de mi hermana y mis amigos.
- Volvamos pues dentro. Aquí ya no tenemos nada mejor que hacer. -Sugirió Esdaleon

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NotaPublicado: Mar Jun 19, 2007 11:13 pm 
Arquero del Rey
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Eomer se disponía a entrar a su habitación cuando un guardia se apresuró a llegar hasta él.
-Señor - dijo exaltado - han apresado a la pareja de medioelfos, señor.
El monarca parecía contrariado, tenia ganas de tumbarse en la cama y tener otra vez que volver al salon para enfrentarse a la testarudez de la medioelfa le parecía agotador y sin sentido.
- Que los encierren y doblen la guardia - dijo secamente.
El soldado titubeó.
- Pero, señor ha sido su cuñado, digo... - no sabía como continuar - estaba en la enfermería y ahora con la armadura puesta para combatir quiere partir con los demás miembros del grupo.
Eomer bostezó, la mitad de las palabras no las había ni siquiera oído, hizo ademan de abrir la puerta de su habitación.
- Está bien dejad que Imdralis se encargue de todo - miró fijamente al guardia - y no me molestéis más hasta mañana a primera hora.
- Si señor - el soldado se cuadró y salio corriendo a cumplir sus ordenes.

Mientras en las habitaciones, Enumanus tumbado sin desvestirse sobre su cama no podía dormir.
La noticia de la fuga de Esdaleon y Gwirdyon le habían desconcertado tanto como que Isilya fuera ahora la portadora de otro pergamino.
Levantó la pierna y golpeó con los nudillos la escayola. Cuanto tiempo llevaba metido en esa aventura?. pensó en su taller allá en Bree, cerrado apresuradamente.
Se sentó en la cama y observó la puerta, estaba cerrada por fuera y un guardia la custodiaba.
-Vaya manera de complicarlo todo - se dijo a sí mismo pensando en los dos semielfos que habían escapado.
Estiró su cuerpo hasta alcanzar con las dos manos su carcaj y su arco para acercárselos, los examinó. Estaban intactos, contó las flechas y empezó a manosear la que le habían extraído a Imdralis.
- A quien enviaréis ahora? - susurró para que nadie le oyera.
Volvió a tumbarse sobre la cama con el carcaj a su lado y el arco sobre su pecho. Cerró los ojos y esperó a dormirse.

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Cada brazo tiene su arco,
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NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 1:15 am 
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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EN EL INTERIN

La compañía de 100 jinetes recorría al trote la pradera, sus capas verdes con ribetes dorados los hacía reconocibles en toda la marca, sin necesidad de ver los estandartes con el caballo blanco al trote.
Desde hacía unos minutos, el capitán miraba preocupado a los carroñeros que a unas 4 millas revoloteaban en círculo…
Poco a poco fueron acercándose a las bajas colinas que impedían la visión directa del rio y del vado que lo atravesaba, Casco veloz empezó a relinchar por lo bajo y los demás caballos también se pusieron a corcovear, los jinetes se inquietaron pero con mano firme y palabras cariñosas los calmaron.
De golpe, uno de los jinetes de vanguardia quedo completamente quieto y agitando su lanza llamó la atención de su capitán. Este dando un pequeño toque en el cuello de su montura hizo que esta se lanzara al galope y se tragó la milla y media que le separaba de su compañero.
El clásico moreno de la piel de tomar el sol y la vida campestre se tornó cerúleo, el clásico verde de la hierba de los pastizales de la marca se había transformado en el rojo carmesí de la sangre. Así a la vista había unos treinta jinetes con sus monturas, masacrados, algunos de ellos sin desenvainar sus espadas, atravesados por las flechas negras tan familiares. Incluso algunos de los caballos, aun estando destripados relinchaban levemente.
Casco Veloz hizo intención de abalanzarse hacia sus congéneres, Baldor descabalgó sin perder tiempo y cogiendo la cabeza de su amigo le empezó a susurrar, el Meara se medio tranquilizó. En esto el resto de la compañía llegó a la altura de ellos… Baldor entregando las riendas al jinete que estaba a su lado, señaló a 5 jinetes más y estos bajando de sus caballos, se pusieron en fila al lado de Baldor, este, con tranquilidad y tapándose con su capa, desenfundó la daga y recorriendo la campiña los 6 rohirrim terminaron con el sufrimiento de las pobres monturas. Baldor de paso buscaba al jefe de los jinetes aunque por los jirones de capas y enseñas que quedaban estaba seguro de quien era.
Al cabo de un rato vio un cuerpo en el suelo y ya lo supo seguro. Zhama, el joven que junto a él defendió el Abismo de Helm, yacía delante de él con la espada rota, acribillado a flechazos… Lo que no se veían eran restos de los oponentes.
Tras un tiempo de reflexión, entre todos se dedicaron a realizar los ritos funerarios….
Cuando los 100 emprendieron camino a la residencia de Eomer, en aquella vaguada quedaban las dos pirámides con el cerco de lanzas y dos enseñas en la cima.
Era al principio de la alborada cuando la compañía estaba a la vista de los guardias, los cuernos anunciaron su llegada y un guardia fue a despertar a su rey.
Un Eomer soñoliento y algo malhumorado se presentó en la sala real. Al ver a su primo lejano se le alegro bastante el semblante. Aunque este volvió a ponerse cariacontecido al explicarle que al parecer los Orcos volvían por sus fueros y encima con más saña que antes.
El Rey mandó llamar a los “huéspedes” que le habían tenido despierto hasta altas horas de la madrugada…. Y cuando los tubo a todos delante y con cara de quitarse un peso de encima les dijo en pocas y escogidas palabras que “ buen viento les llevara”, que por el estaba todo zanjado ya que no habían matado a nadie, y que antes del mediodía, si podía ser estuvieran en camino.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 1:17 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Volvió a tumbarse sobre la cama con el carcaj a su lado y el arco sobre su pecho. Cerró los ojos y esperó a dormirse. Al despertar el alba varios golpes en la puerta obligaron a Enumanus a salir de sus pesadillas y volver al mundo real. Su arco y su carcaj seguían estando a su lado. Los recogió y abrió la puerta.

- El Rey Éomer quiere verle ahora mismo en la sala real. -Dijo tácitamente el soldado que custodiaba la puerta.

Enumanus salió al pasillo y se encontró con Isilya y Walo que habían sido despertados a la vez en las mismas circunstancias. La elfa de cabellos negros y lacios miró al humano y le sonrió. Walo bostezó y se desperezó. Enumanus devolvió la mirada a Isilya pero no la sonrisa. Uno de los soldados les hizo ademán de que le acompañaran. Los tres le siguieron. Caminaron a lo largo del interminable pasillo hasta llegar a un recodo y luego torcieron a la derecha. Puertas a ambos lados flanqueban las paredes, y al final del pasillo un enorme portal de madera noble daba la entrada al salón real.

- Pasad, el rey os espera al fondo, en la mesa de audiencias. - Señaló uno de los guardias de la puerta a Isilya.
La elfa y los dos humanos caminaron a la par hasta la susodicha mesa y se sentaron en las tres sillas que había vacantes preparadas para ellos. Alli encontraron algunas caras conocidas y otras no tanto. Imdralis, Esdaleon y Gwirdyon les esperaban sentados y charlaban amigablemente con Éomer y el tercer mariscal de la marca, como así señalaba su uniforme.

- Pasad, pasad, - les indicó Éomer.- Os presento a mi primo Baldor, Capitán de la guardia, hijo del tercer mariscal de estas tierras. Ha venido a informarme de una inesperada incursión de orcos liderados por un ser monstruoso, algo más pequeño que un trol, que podrían haber sembrado el terror en Rohán si no hubiera sido porque un eored que se encontraba de expedición les hizo frente a costa de perder las vidas de muchos valientes soldados.
- Vaya, eso explica los ruidos que escuchamos anoche. - Dijo Isilya.
- Bueno, prefiero olvidar todo lo ocurrido anoche - contestó Éomer.- Sois peor que una banda de orcos. No quiero pecar de inhospitalarios, pero creo que el ataque de los orcos está relacionado con vuestra presencia en estas tierras y la extraña misión que lleváis entre manos. Asi que debo pediros encarecidamente que partáis hacia Edoras antes del mediodía.
Como ya dije anteriormente, Bridgelion os proporcionará los mejores caballos y os acompañará personalmente hasta allí. Luego volverá y os dejará en manos de vuestro destino.

Enumanus miraba de reojo a Gwirdyon. La semielfa ni siquiera se mostraba preocupada a pesar de haber sido retirada de la misión y sustituida por Isilya. "Quizá no sepa nada de la copia del pergamino" pensó para sí mismo.

- Agradecemos infinitamente vuestra paciencia y condescendencia con nosotros - Dijo Gwirdyon.- Tomaremos con mucho gusto los caballos que nos ofrecéis a cambio de los que nosotros trajimos al llegar aquí.
- De eso nada, -Interrumpió Imdralis- yo no cambio a mi caballo.

Todos se rieron. Éomer ordenó servir vino para todos.
- Porque se trataba de Imdralis, y mi esposa jamás me hubiera perdonado que a su hermano le ocurriera algo, pero si no es por eso, ya os hubiera mandado ejecutar a todos, por suponer un riesgo para toda la Tierra Media. Habéis tenido a todos mis guardias persiguiéndoos toda la noche. Sois incontrolables. -Todos rieron ante las palabras de Éomer.- En cuanto a tí, Gwirdyon, te perdono por todo lo ocurrido, ya que he comprendido que actuabas bajo los efectos nocivos de ese pergamino.

Enumanus, Isilya y Walo se volvieron hacia ella y la miraron.
- ¿De qué están hablando? -Preguntó Isilya.
- Ya os lo explicaremos en su momento. - Contestó Imdralis.
- Siento haberme visto obligado a desacreditarte y a retirarte de la misión, pero las circunstancias lo requerían. - Siguió explicando Éomer. - Fuiste elegida por el gobierno de Gondor para llevar a cabo una misión de seguimiento durante muchos años en las tierras del sur, y luego se te encomendó la dura tarea de traicionar a quienes habían depositado en tí su confianza durante dicho tiempo. Te encuentras en una situación muy delicada y tu sacrificio de alguna manera justifica tus acciones. Por eso retiro mis palabras y vuelvo a ofrecer la ayuda de Rohán al servicio de esta compañía, puesto que el renovado pacto de Eorl así lo estipula.

Baldor asintió con la cabeza. Gwirdyon también asintió, así como Imdralis. El resto dio muestras de no entender nada.

- En cuanto a la copia del pergamino que entregué a Isilya para que continuara la misión en tu lugar, cuando la ira nublaba mi conocimiento, te doy licencia para que tú decidas qué hacer con él. Aunque me corresponde a mí tomar esa decisión, te adjudico a tí, dama Gwirdyon, el poder decidir qué hacer con él. -Éomer bebió de su copa de vino.
- Pues decido que no se destruya. Aunque su valor es nulo, pues sólo el original contiene las firmas de los integrantes de la Alianza, nos puede servir de utilidad para engañar al enemigo una vez más. -Resolvió la semielfa con aire decidido. Isilya la miró sorprendida. No se esperaba esa respuesta.
- Bien, pues dicho todo esto, sólo quedan los preparativos para el viaje. -Éomer ordenó a uno de los lacayos que vigilaban la puerta que se acercara hasta la mesa.- Que les preparen todas las provisiones que sean capaces de cargar, flechas, espadas y todo lo que necesiten para continuar su camino. Que la suerte os acompañe.

El rey se levantó, y todos con él. El rey, acompañado de su primo Baldor, se dirigió a sus dependencias. El lacayo acompañó a la compañía hacia la sala de armas.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Oct 27, 2007 11:40 am, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 9:52 pm 
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Al rato, Enumanus esperaba al resto del grupo recostado en la pared en una de las calles que daban a la salida de Cuernavilla.
A su lado tenia un precioso caballo gris con el cuello moteado de blanco.
Observaba la bella arquitectura de la ciudad a la vez que tambien era objeto de las miradas curiosas de los habitantes del lugar.
No necesitaba de ninguna arma y la actitud de Gwirdyon y Esdaleon aquella mañana le daba mala espina.
-Que demonios! - se dijo - aquí todo huele mal.
Unos niños pasaron ante él y le peguntaron:
-¿Cómo te llamas?
-Enumanus - contestó.
Lo miraron con miedo para luego salir corriendo entre risas.
Los observó perderse calle arriba para acabar él sumido en sus recuerdos.

-Mi nombre es Slironëe – dijo con orgullo desde el suelo.
Enumanus hizo como sino le hubiera oído dándole un ligero puntapié en la pierna.
-He dicho que te levantes elfo.
Slironëe, con las manos atadas se levantó como pudo mientras Enumanus desataba la cuerda de la estaca clavada en el suelo.
-Ahora caminarás delante de mi, si intentas escapar recibirás una flecha, ya sabes que les ocurrió a tus amigos.
El elfo se le encaró.
-Eres peor que el más ruin y malvado orco que haya existido nunca, has matado a hombres como tu.
Enumanus le empujó para que caminara. Lentamente empezaron a cruzar el campamento.
-Es que no se matan entre ellos los humanos? – le contestó – acaso no fuisteis vosotros los primeros en levantar la espada contra vuestros hermanos?
Slironëe se detuvo sorprendido, el humano se acercó y lo miró con sorna.
-Que creías, que los orcos son una panda de animales que solo se preocupan en matar y comer? – volvió a empujarlo para que siguiera caminando – la mayoría si que lo son, pero algunos cuentan historias y llevo demasiado tiempo con ellos para no haberlas escuchado más de una vez. Vosotros el pueblo de la luz, de la belleza…, Ja! Teneis las manos manchadas en sangre mucho antes de pisar la Tierra Media.
Slironëe volvió a pararse con aire ofendido volviéndose hacia Enumanus que lo seguía de cerca.
-Como puedes … - llegó a decir antes de que un empujón lo hiciera continuar caminando.
-El odio de los orcos hacia vosotros es muy antiguo, no se trata solo de sobrevivir, de matar por placer – observó a su alrededor – su odio es tan viejo como el tiempo.
-Pero tú, tu eres humano, no eres como ellos – contesto el elfo – puedes elegir.
Enumanus lo detuvo de golpe estirando los dos metros de cuerda que le colgaban de las muñecas y que él sujetaba desde el otro extremo, se le acercó con la cara descompuesta.
-Crees que yo tuve alguna opción? – le preguntó casi como si intentara disculparse de ser lo que era.
El resto del camino lo hicieron en silencio, no tardaron en llegar a
una tienda apartada del resto al pie de una pared de roca.
-Entra – dijo Enumanus secamente.
El elfo hizo ademán de entrar pero antes se volvió hacia su captor.
-No me has dicho tu nombre.
-Enumanus – contestó.
El elfo lo miró fijamente.
- Enumanus, me ayudarás a escapar?
El humano le devolvió la mirada sin mover un solo músculo de su cara.
- No – contestó fríamente.

Un ruido de cascos le hizo volver al presente, el resto del grupo llegaba dispuesto a partir, se levantó, montó su caballo y se unió a ellos en silencio.

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NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 10:20 pm 
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Registrado: Mié Mar 07, 2007 1:56 pm
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Ubicación: Aquí y allá
Al fin el grupo salió de Cuernavilla, Esdaleon estaba harto de ese lugar, había terminado en prisión y cabreando a un rey por culpa de Gwirdyon, así que se le metió en la cabeza que bajo ningún motivo querría ir también a Edoras a armarla.
El grupo iba a caballo por el camino entre las montañas en dirección a Edoras cuando Esdaleon empezó a hablar.
- Escuchadme, tenemos provisiones de sobra, ¿qué os parece si abandonamos la idea de ir a Edoras y vamos directamente a Minas Tirith.- Propuso Esdaleon hablando serio para todo el grupo.
- ¿Por qué?, sera otra posada que nos perderemos y más cerveza sin beber.- Dijo Walo sin ser muy escuchado.
Imdralis se mostró de acuerdo, y Gwirdyon también, Enumanus se reservó su opinión pero Iislya parecía molesta porque quería ver Edoras. Al poco todos empezaron a discutir a voces acerca de lo que era mejor, si ahorrarse el tiempo o tomarse otro descanso hasta que Esdaleon se hartó.
-¡CALLAOS!.- Gritó Esdaleon con voz potente y que no admitía quejas hasta el punto que todos callaron al unísono.- Iislya, ¿despues de la que hemos armado en Cuernavilla sigues queriendo hacer turismo?, todo esto del pergamino es un peligro para todo el que nos rodea, doy gracias a Eru de que Gwirdyon no haya terminado incendiando todo el abismo.-
- Oye.- Contestó Gwirdyon molesta ante el último comentario, pero al darse cuenta de que tenía motivos más que de sobra para estar enfadado no dijo nada.
- He sido apresado y he rebajado mi honor como soldado ayudándote en todo momento como un perrito faldero en contra de las órdenes de un rey, y no pienso volver a hacerlo, así que por el bien de Edoras pasaremos de largo e iremos directos a Gondor, y no se hable más, no tengo un buen día precisamente.-
Dicho esto todos se callaron, Esdaleon se había pasado al hablarles así pero tenía razón, ya habían muerto muchos inocentes en Isengard por su culpa, y le habían traído muchos dolores de cabeza a un buen rey, ir a Edoras era correr el riesgo de armarla una vez más, ahora en la recta final para llegar a su destino, la compañía debería centrarse en la misión y nada más.

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NotaPublicado: Mié Jun 20, 2007 11:51 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Lejos, muy lejos de allí, la oscuridad parecía recrearse en el amplio salón alumbrado solo por pequeñas velas repartidas desordenadamente por el suelo, en el centro del recinto un altar parecía dibujarse tras la sombra de una figura que tal vez en algún tiempo pasado fue humana.
Alguien apareció portando un pequeña antorcha para pararse ante tan tenebroso sujeto.
-Señor, ha llegado un mensaje desde las tierras de Rohan - levantó la mano mostrando un pergamino
La sombra que llevaba una túnica negra que le cubría todo el cuerpo se acercó al siervo, agarró el pergamino con lentitud, dejando ver unas manos huesudas parecidas a garras, y lo abrió.
Eomer ha leído el pergamino,
el grupo de la semielfa abandona el Abismo.
Todos siguen con vida
el elfo negro ha muerto.

La oscura figura pareció revolverse debajo de su túnica mientras murmuraba algo ininteligible.
-Deberemos usar métodos más sutiles aunque sea un sacrificio para la Alianza.
Caminó sorteando los cirios hasta un pequeño escritorio de oscura roca que había en un rincón de la sala, encendió los restos de una gruesa vela y escribió con rapidez.
Una vez hecho le entrego el rollo de papel al siervo que le esperaba sin moverse de su sitio.
- Ya sabes qué debes hacer - le dijo.
Al momento éste, salio con el pergamino en su poder, y la tenebrosa figura volvió al altar para desaparecer en la oscuridad.

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NotaPublicado: Jue Jun 21, 2007 12:05 am 
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Registrado: Jue Mar 08, 2007 10:53 pm
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¡Maldito Esdaleon! pensó Walo hacia sus adentros, ya se estaba imponiendo por encima de los demás. Ni siquiera habia podido saborear la cerveza de Cuernavilla, es más, ni siquiera había podido dormir en condiciones; aun así, consideró que su amigo pensaba con sensatez así que no se opuso, él también deseaba acabar con este infierno cuanto antes... Cómo añoraba su querida y bien amada posada en Bree, le parecía que le hubieran sacado de allí hacía siglos.

Brigdelion que había escuchado la discusión sin intervenir, se acercó al semielfo y le dijo


-Veo que habéis cambiado vuestra ruta repentinamente, la misión que se me ha encomendado era acompañaros hasta Edoras, ahora bien, si decidís cambiar vuestra ruta para garantizar el éxito de vuestra empresa, no os lo discutiré.
-Me alegra que digas eso -respondió Esdaleon- como comprenderás no queremos causar mas males a personas inocentes como en Cuernavilla, sin embargo querría saber si aún nos acompañarás durante parte del trayecto al menos.
-Si, tanto si vais a Edoras como si no, os protegeré hasta los limites de Rohan, o por lo menos eso intentaré.
-Gracias Brigdelion -le agradeció Gwirdyon- tu apoyo nos sera de mucha utilidad, aunque esperemos que no tengas que llegar a desenvainar la espada -dijo en tono sombrio.
La compañía siguió cabalgando durante todo el día, no pararon para comer, ya que antes de partir comieron en gran cantidad y no lo consideraron necesario.
Walo aburrido se dirigió a Enumanus para hablar


-¿como llevas lo de la pierna? ¿cabalgas sin dificultad?
-Si, bueno, ahora ya la tengo mejor, me voy recuperando. -le respondió el hombre.- Oye Walo, antes de llegar a Cuernavilla, recuerdo que discutiste con tu amigo por que pensabas quedarte allí, sin embargo no he visto que te opusieras al partir, ¿hay algo que te haya hecho cambiar de idea?
-La verdad es que me han hablado tanto de la misión que ya me creo que soy necesario en el grupo, pero tampoco tuve tiempo para meditarlo -le respondió el anciano- En cualquier caso, ¿Qué haríais vosotros sin mi?

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NotaPublicado: Vie Jun 22, 2007 2:10 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
La compañía siguió cabalgando durante todo el día, no pararon para comer, ya que antes de partir comieron en gran cantidad y no lo consideraron necesario.

Ante ellos se presentaba una enorme sábana verde, la pradera inconmensurable que daba forma al Oestemnet, o parte oeste de Rohán. Al norte dejaban el bosque de Fangorn, y al sur las montañas blancas que les servían de refugio, por lo menos hasta que decidieran abandonar el camino hacia Edoras. El viaje no daba buenas expectativas estando tan expuestos en la pradera, pero era la única opción que les quedaba. Por ese motivo no paraban e intentaban hacer el trayecto lo más rápidamente posible.


- Esdaleon, - dijo Gwirdyon, interrumpiendo el silencio que les crucificaba desde hacía horas- no me siento a gusto sabiendo que estás enfadado conmigo.
- Ya sabes que mi honor es lo más importante que tengo y por tu culpa he estado a punto de perderlo. - Respondió Esdaleon en un tono muy tosco.
- Lo sé, y también sabes que no soy la misma desde que... ya sabes- Dijo la semielfa intentando justificarse.- Si pudiera hacer algo para compensar tu pesar, lo haría.

Esdaleon se calló durante unos segundos luego se volvió hacia Gwirdyon.
- Hay algo que me compensaría totalmente.
- Sexo no. - Contestó Gwirdyon rotundamente. Esdaleon hizo una mueca molesto.
- Quiero que dejes de portar el pergamino. Sus efectos no son beneficiosos ni para tí ni para nadie.
- ¡De eso ni hablar! - Contestó la semielfa airada. - Se me encomendó a mí y yo lo llevaré hasta el final.
- ¿ves?, ya vuelve a apoderarse de tí.
- ¿Y quién lo va a llevar, tú? - Contestó Gwirdyon cada vez más enfadada.
- Si lo llevara yo, seguramente tendrían que atarme las manos para no matar a todo el que se pusiera en mi camino. He pensado que podría llevarlo un miembro del grupo más pacífico y a quien el tema de la misión le importa poco. Te propongo que se lo pases a Walo.
Gwirdyon se quedó callada y luego bajó la mirada.
- ¿Por qué me propones esto? - Preguntó finalmente la semielfa.
- Porque debido a mi compromiso con Gondor y hacia tí como tu protector, no puedo permitir que sigas llevando algo que pone en peligro la misión y tu propia vida.
- ¿Y si Walo se transforma como me ha ocurrido a mí o a Imdralis?
- Correremos ese riesgo, y en ese caso, otro tomará el relevo. Si lo vamos pasando sus efectos serán menores, puesto que no le dará tiempo a controlarnos. - Explicó Esdaleon.
- De acuerdo. Pero sólo acepto porque te lo debo y porque no pone en peligro la misión, salvo por el detalle de que si cogen a Walo han cogido el pergamino.
- Pero nadie sospecha de él. Todos te buscan a tí, y desde luego no esperan que te deshagas del pergamino. Será una manera más de despistarles.

Los dos semielfos quedaron de acuerdo. Ahora sólo faltaba exponer a Walo la idea sin que los demás se dieran cuenta. Tarea difícil, pues no paraban de cabalgar e iban todos juntos.

De repente Bridgelion paró su caballo y se colocó de frente al resto, que también pararon los suyos.
- Os propongo que aprovechéis esta parte de la pradera que está resguardada por rocas para descansar y dejar que los caballos coman y beban agua de ese riachuelo. Y de paso podéis volver a pensar en vuestra ruta, pues yo os aconsejaría que no abandonarais la protección que os brindan las montañas blancas. No tenéis por qué cruzar Edoras si no queréis, podéis rodearlo.
Walo aprovechó para bajar de su caballo y hacer aguas menores. Momento que Esdaleon aprovechó también para abordarlo y hacerle conocedor del plan. Walo lo miró estupefacto. Cuando ambos terminaron se unieron a Gwirdyon que cepillaba su caballo. Con un discreto movimiento de mano sacó el pergamino del interior de su ropa y se lo pasó a Walo quien lo guardó a buen recaudo entre la suya. Al momento volvieron a montar a sus caballos.

- Bien, compañeros, -dijo Gwirdyon- He estado pensando y estoy de acuerdo con las palabras de Bridgelion. Propongo que no abandonemos las montañas, que las sigamos hasta Edoras pero sin entrar allí. Pues si seguimos cabalgando al claro, como hasta ahora, no podremos escondernos en ningún sitio si nos ven o nos alcanzan.
- Ya sabéis cuál es mi postura - Contestó Esdaleon.- Bajo ningún concepto quiero entrar en ninguna población en la que puedan morir inocentes por nuestra culpa. Si seguimos la ruta que nos propones, has de asegurarme que no entraremos en Edoras. Vamos, que ni siquiera la rozaremos.
- Estoy de acuerdo contigo, Esdaleon - Dijo Enumanus, que hasta el momento no se había pronunciado por ninguna opción.- También lo estoy contigo, Gwirdyon, por mi parte cabalgaré más a gusto bajo la protección de las Ered Nimrais que sobre esta pradera que aunque verde, no es segura.
- Yo también opino lo mismo que Enumanus - Contestó Isilya poniéndose al lado del humano y sonriéndole.
- Me parece una idea sensata - Añadió Imdralis. - Nos llevará más tiempo y recorreremos más distancia, pero lo haremos con más seguridad y podremos rebajar el ritmo, lo cual le dará un descanso a nuestros caballos y a nosotros mismos.
- Walo, - Dijo Enumanus - ¿qué opinas tú? No has dicho nada.

Walo se mostró nervioso. Miró a Esdaleon y a la semielfa y luego volvió la cabeza hacia Enumanus.
- Pues qué voy a pensar. Si todos estáis de acuerdo en cambiar la ruta otra vez, pues cambiémosla. Además, si pasamos cerca de Edoras quizás podamos hacer alguna escapadita para beber cerveza.
- ¿Piensas quedarte allí? - Le preguntó Enumanus. Walo se pudo todavía más nervioso.
- Ehh, no no, claro que no. Yo os acompaño hasta el final. Ahora que le he cogido gusto a esto de ir a caballo. - Contestó el viejo. Esdaleon le puso una mano en el hombro en señal de agradecimiento.
- Pues entonces, cuando estéis todos preparados continuaremos el viaje. - Concluyó Bridgelion
Todos asintieron con la cabeza y reanudaron la marcha.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Oct 27, 2007 11:50 am, editado 1 vez en total

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Cabalgaron todo el atardecer sin tener ningún percance por el camino, tan solo tuvieron que detenerse una vez pues Imdralis se dolía de su herida y Isilya tuvo que tratarle.
Se acercaba la noche cuando disminuyeron el ritmo, tanto ellos como sus monturas empezaban a sentir el cansancio de una jornada agotadora.
- Pareces preocupada - dijo Esdaleon.
Gwirdyon asintió con la cabeza.
- Pronto deberemos buscar un lugar para pasar la noche, y no ha habido ninguna desde que partimos de Bree, que no haya ocurrido nada - suspiró volviendo la cabeza para observar el resto del grupo - además la última noche apenas pudimos descansar en Cuernavilla.
Esdaleon entendió enseguida que quería decir, el grupo estaba agotado de cabalgar y le faltaba horas de sueño. Lo que significaba que la guardia de la noche seria mas difícil de llevar y el enemigo podría aprovecharse de esa situación.
- Y está el asunto de Enumanus, todavía no le has dicho nada sobre el pergamino que encontraste? - le contestó acercándose para que los demás no le oyeran.
Gwirdyon frunció el ceño, ahora lo importante era ganar tiempo y acercarse lo más posible a Minas Tirith. Miró a Esdaleon sonriendo levemente.
-Eso puede esperar - contestó

Pasó el tiempo hasta que Bridgelion les aconsejó acampar entre un grupo de árboles que había sobre un pequeño montículo desde el que se podía ver la llanura y el pie de las Ered Nimrais.
Esa noche tampoco encendieron ningún fuego, hicieron guardias cortas por parejas, escepto Imdralis al que obligaron a dormir toda la noche para poder recuperarse del todo de su herida.
Las guardias pasaron en silencio, el cansancio y la tensión habían hecho mella en la moral del grupo y no estaban para charlas.
Poco a poco llegó el amanecer.
Gwirdyon y Walo que curiosamente no tenía sueño, empezaron a despertar a los demás.
El sol que empezaba a asomar auguraba un día claro y caluroso, el grupo que al fin había descansado una noche entera sin complicaciones desayunaba plácidamente antes de emprender de nuevo el viaje.
- Comed deprisa, pues el tiempo apremia! - dijo Esdaleon.
No era una orden pero lo pareció, el resto excepto Gwirdyon le miraron con cierta aversión.
- Deprisa, deprisa - hacía burlas Walo con la boca llena gesticulando con los brazos - engulló de golpe y alzó la botella -deja que me remoje un poco más el gaznate y podemos salir disparados como una flecha, verdad Enumanus?
El humano sonrió, era un buen tipo ese Walo pensó, no sabía como se había cargado a Tserleg, pero cuando le pidió que no dijera a nadie que hablaba la lengua negra después de matar al elfo en Cuernavilla, él se encogió de hombros diciendo "que lengua negra?".
Enumanus le cogió la botella de las manos y se la llevó a la boca.
-Deja un poco para los demás - dijo después de beber un largo trago.
Todos rieron excepto la pareja de semielfos.
- En marcha - gritó Gwirdyon - a los caballos.

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NotaPublicado: Dom Jun 24, 2007 11:28 am 
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Walo terminó de dar los últimos bocados y se levantó de un salto. Enumanus lo miró sorprendido. Isilya estaba ocupada guardando sus cosas en su bolsa y preparando a su caballo. Imdralis se había quitado parte de la armadura, pues le resultaba muy pesada debido al delicado estado de salud en el que todavía se encontraba. Gwirdyon ya estaba montada en su caballo marrón con manchas blancas y Esdaleon andaba de aquí para allá buscando algo que sólo él sabía.

- ¿Estás buscando algo? - Le preguntó Enumanus. El semielfo levantó la cabeza desprevenido, como quien ha sido pillado haciendo algo que no quería que nadie supiera.
- No, no tiene importancia. Seguramente estará por ahí. -Contestó el semielfo con convencimiento. Se montó en su caballo y cabalgó hasta llegar a la altura de Gwirdyon.
- ¿Ocurre algo? - Le preguntó ella con discreción.
- Ha desaparecido mi navaja, la que llevo para ocasiones de excepción, cuando mis otras armas fallan o no están a mi alcance. - Esdaleon miró desde la distancia los movimientos de los miembros del resto del grupo.- Alguien me la ha robado durante la noche, porque ayer la estuve usando para afilar mi daga. Recuerdo haberla guardado en su sitio.
- ¿Te vio alguien con ella? - Preguntó Gwirdyon.
- No, creo que n... Ahora que lo pienso, Walo estaba por ahí dando vueltas toda la noche. Creo que apenas durmió. - Esdaleon fijó su mirada en el viejo que subía vigorosamente a su caballo.- ¿no creerás que ha sido él?
- Yo ya me lo creo todo. - Respondió la semielfa.- Habrá que tenerlo controlado. Ya se le notan los efectos.
- Eso es algo que no entiendo, y necesito saber qué ocurre con ese pergamino que cambia el carácter de quien lo porta. -Exigió Esdaleon a la semielfa.- A estas alturas ya deberías haberme explicado algo.
- Quizá algún día te lo explique. Por ahora no estáis preparados ninguno de vosotros. Bueno, quizá Isilya sí lo esté.

Las últimas palabras de Gwirdyon se perdieron en el aire, pues Esdaleon ya se había vuelto con el caballo hacia los demás.
- ¡Vamos, el tiempo apremia! - Gritó a los demás.

Enumanus le lanzó una mirada poco amistosa. Isilya miró a Enumanus extrañada. Walo azuzó a su caballo y en seguida se colocó a la par de los dos semielfos. Imdralis se acercó a Isilya y le pidió algo para el dolor.

- Muchacho, - Le dijo Enumanus - todavía estás muy débil. ¿Estás seguro de poder continuar el viaje a nuestro ritmo?
- Desde luego -Contestó Imdralis airado. Isilya miró a Enumanus asombrada por la pregunta. La elfa dio algo al muchacho y éste siguió con el caballo hasta donde estaban los otros tres.
- ¿A qué ha venido esa pregunta, Enumanus? - Preguntó Isilya.- El chico se está recuperando muy bien y muy rápido.
- Empiezo a cansarme de que todos sean tan amigos y a la vez sigan desconfiando de mí en cada momento.
- Yo no desconfío de ti, y nunca lo he hecho.- Le contestó la elfa mirándole con sus ojos oscuros y profundos.- Además, ¿por qué debería hacerlo? No tengo ningún motivo.
Enumanus bajó la cabeza y miró al suelo. No podía soportar la mirada sincera de Isilya.
- Dime una cosa, Isilya, ¿Por qué nos acompañas en este viaje? - Preguntó el humano volviendo a fijar su mirada en los ojos negros de la elfa.- No tienes nada que ver con la misión y podrías haber abandonado en cualquiera de las ciudades por las que hemos pasado.

La elfa se puso seria.
- Tampoco conozco las razones que tú tienes para acompañarnos. Pero aquí estás. - Contestó la elfa volviendo la cabeza. Sus manos comenzaron a moverse nerviosas entre las bridas del caballo que había comenzado ya al trote hacia el resto del grupo.- Tengo razones personales. Además, tengo que cuidar de ellos, soy la curandera, ¿recuerdas?
- Sí, lo sé. Hasta ahora has tenido que curarnos a todos, excepto a Walo y a tí misma.
- Walo tiene suerte, y yo, sé cuidarme. - Contestó Isilya y dicho esto azuzó su caballo para que fuera más deprisa, pues Esdaleon había vuelto a pedirles ligereza. Enumanus hizo lo propio con el suyo.

Cuando estuvieron reunidos los seis sobre los caballos Gwirdyon les explicó la ruta a seguir, y todos estuvieron de acuerdo. La semielfa dedicó una mirada escrutadora a Enumanus, quien se dio cuenta y se la devolvió.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Oct 27, 2007 12:00 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Jun 25, 2007 1:25 pm 
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Lejos de allí Faramir paseaba con aire preocupado junto a uno de sus capitanes, las callejuelas de Minas Tirith iban llenándose poco a poco conforme transcurría la mañana con el quehacer diario de sus habitantes.
- Estás seguro de lo que dices Duramtor - preguntó.
El militar lo miró seriamente sin dejar de andar, era bastante más alto que Faramir, el cabello largo y canoso sobre los hombros le hacían aparentar más edad que la que tenia realmente, el árbol blanco de su cota de mallas refulgía al sol bajo las hebillas que sujetaban su capa rojiza, llevaba el casco sujeto en el antebrazo con firmeza como si desfilara.
- Sino,no te hubiera dicho nada - contestó - al norte cada vez hay mas orcos y alimañas, hace pocos días conseguimos acabar con una partida de ellos y apresar a uno con vida. Le interrogamos pero apenas sabía nada.
Se detuvieron para dejar pasar un carromato lleno de botas de cerveza que iría a descargar a alguna cantina.
- están buscando algo o alguien, estoy seguro - prosiguió Duramtor - algo se cuece en la frontera con Rohan.
- Confío en tu buena intuición amigo mio, que tienes en mente.
- Dame permiso para partir, una treintena de hombres bastarán para llegar a la frontera y echar un vistazo. Dentro de cuatro días, cinco como mucho habré descubierto que es lo que ocurre de verdad.
Faramir rio a carcajadas y agarró a Duramtor por el hombro.
- Me parece que estás falto de aventura, si crees que con eso puedes dormir tranquilo tienes mi permiso - le dijo alegremente.
- No deberías informar a Elessar, tal vez sea importante.
La cara de Faramir cambió de repente.
- No - dijo - últimamente está muy inquieto, como si presintiera alguna desgracia, más vale no preocuparlo más. Al menos sin tener pruebas de nada.
- Entonces partiré ahora mismo - contestó Duramtor.
- Que? Y los hombres, deberás llamarlos a las armas - dijo Faramir sorprendido.
Duramtor contestó mientras corría hacia las puertas de la ciudad.
- Me están esperando a las puertas, sabía que no pondrías ninguna objeción a mi partida - sonrió - hasta la vuelta.
Bajo la mirada sonriente de Faramir, el capitán desapareció corriendo entre las callejuelas.

Mientras, Esdaleon y compañía pasaban de largo Edoras que poco a poco desaparecía su silueta recortada en el horizonte.
Cabalgaban en silencio como si una pesada nube de desconfianza cayera sobre el grupo, al poco rato un jinete con el estandarte de Rohan se acercaba al galope desde el oeste.
Al alcanzarles se detuvieron y él recién llegado se dirigió a Bridgelion.
- Señor, traigo un mensaje del rey Eomer - le dijo con un saludo.
- Dime soldado - contestó Bridgelion con curiosidad.
- Nuestras patrullas has descubierto que los orcos abandonan Rohan, cruzan el Entaguas hacia la otra orilla del Rio Grande, al norte de Emyn Muil - cogió aliento - nuestro rey cree que se están reagrupando para un posible ataque, así que necesita de todos sus hombres. Ha enviado mensajeros a todos los rincones del reino.
Bridgelion miró a sus acompañantes con cara de asombro, sin duda algo terrible estaba a punto de ocurrir y sospechaba que ellos tenían algo que ver al respecto.
- Debo abandonaros - sl final les dijo - mi rey necesita de mis servicios, espero que lo comprendáis, que da poco par llegar a la frontera y si es cierto que los orcos abandonan esta tierra no creo que corráis peligro.
Observó a Imdralis que permanecía en silencio.
- Confío en que una vez acabada la misión que tenéis encomendada volváis para defender la vida de vuestra hermana si fuera necesario.
Hizo una reverencia y partió al galope sin más.
El grupo observó como desaparecían en dirección al norte.
- Debemos continuar - dijo Gwirdyon - azuzando a su caballo.

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NotaPublicado: Mar Jun 26, 2007 12:15 am 
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El grupo observó como desaparecían en dirección al norte.
- Debemos continuar - dijo Gwirdyon - azuzando a su caballo.

Todos se miraron preocupados y asintieron, excepto Esdaleon que se había quedado pensativo mirando al Norte.
- ¿Qué ocurre Esdal?- preguntó Gwirdyon.
El guerrero miró a la semielfa y levantó su brazo derecho señalando al Este
- ¿Vamos a seguir bordeando las Montañas Blancas?- preguntó.
- No hay otro remedio- contestó Gwirdyon frunciendo el ceño- ya has oído al soldado rohirrim; si es cierto que los orcos se dirigen hacia las Emyn Muil entonces están lejos de aquí-
- Sí, pero me pregunto qué hacen tan al norte, si no es ganar terreno para tendernos una emboscada más adelante- contestó el guerrero con voz sombría.
El grupo se estremeció ante las palabras agoreras de Esdaleon; parecía como si hicieran lo que hicieran no tuvieran escapatoria.
- De momento no podemos tomar otro camino- dijo Gwirdyon apesadumbrada- seguiremos cabalgando durante todo el día sin descanso, es lo único que podemos hacer.

Los demás se mostraron de acuerdo y en unos minutos todo el grupo se había puesto al galope hacia el Este.


Mientras cabalgaban, Isilya observaba absorta a sus compañeros sin que éstos lo notaran. Ahora que conocía el verdadero motivo del viaje, miraba a Gwirdyon y Esdaleon con otros ojos. Ya no le parecían un guerrero imprudente y una semielfa altiva, sino dos valientes y tenaces servidores de Gondor dignos de admiración. Además de ellos, estaba el valeroso caballero Imdralis, que parecía cada vez más resuelto y maduro, conforme el viaje avanzaba. Y Walo, el viejo adorable y borrachín que parecía caerle en gracia al mismísimo Eru, pues hasta ahora había salido ileso de todos los contratiempos.
Enumanus galopaba silencioso delante de ella; aquel hombre taciturno al que Gwirdyon le había acusado de traidor en más de una ocasión, era en verdad el más enigmático a los ojos de todos. A pesar de ello Isilya no había podido evitar sentir un afecto especial por él.

De pronto la voz de Imdralis la sacó de golpe de sus pensamientos.

- Debemos alcanzar el Bosque de Firien tan pronto como podamos; en él se encuentra la frontera con Gondor y quizá entonces nuestra suerte cambie.

Isilya se estremeció. Hasta ahora Gondor había quedado muy lejos, y todas las cosas que habían ocurrido habían mantenido ocupada la mente de la elfa, pero ahora estaban a pocos días del Reino, y comenzaba a preguntarse si realmente merecería la pena llegar a Minas Tirith.

Tras el comentario de Imdralis, Gwirdyon y Esdaleon espolearon a sus caballos con fuerza y aceleraron el ritmo. Los demás los siguieron a duras penas.
El sol de mediodía brillaba alto sobre sus cabezas y una extraña quietud rodeaba la atmosfera.

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NotaPublicado: Mié Jun 27, 2007 3:21 pm 
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El sol de mediodía brillaba alto sobre sus cabezas y una extraña quietud rodeaba la atmosfera. No se escuchaban aves ni ningún ruido proveniente del entorno que les rodeaba y el nivel de humedad había ascendido considerablemente. El sol llevaba ya varias horas brillando en lo más alto y comenzaba ya a girar hacia el lugar donde se ponía. La compañía había avanzado largo trecho sin parar siquiera para dejar descansar los caballos y esto les empezaba ya a pasar factura.

- Imdralis, - Dijo Isilya en un amago de grito- Mi caballo necesita descansar. Está exhausto. Si seguimos a este ritmo se desplomará por la deshidratación.

Imdralis azuzó a su caballo y se colocó a la altura de Esdaleon y Gwirdyon, que llevaban horas cabalgando sin siquera articular palabra. Imdralis les arrancó de las garras del silencio que les atosigaba.
- Amigos, sería conveniente hacer una parada para que los caballos descansen.
- Estas bestias están acostumbrados a cosas peores, -contestó Esdaleon sin hacerle caso.
- Te equivocas, los caballos de Rohan no son bestias. -Le corrigió Imdralis.- No somos nosotros los que los montamos, sino ellos los que nos permiten que vayamos encima de sus monturas, y por tanto, debemos tratarles con el mayor respeto posible.
- Bien, en ese caso, descansemos. -Contestó Esdaleon lacónicamente. Tiró de las bridas de su caballo y lo hizo frenar en seco. El animal relinchó y levantó las patas delanteras. Gwirdyon frenó su caballo con más suavidad. Walo no se enteró de que habían parado y pasó de largo. Unos metros más adelante frenó su caballo y volvió sobre sus pasos. Isilya y Enumanus dejaron a los animales bajo la sombra de un gran árbol.

- ¿Qué camino vamos a seguir? -Preguntó Esdaleon a la semielfa. Ella le miró sobresaltada.
- ¿De veras piensas que se trata de una emboscada? - Contestó Isilya, que escuchaba sigilosamente.- Quizá los orcos saben de antemano qué camino vamos a tomar y se preparan para cogernos desprevenidos.
- No creo que puedan saberlo. -Contestó Walo, que también estaba al tanto de la conversación. Todos le miraron extrañados, pues rara vez habia participado en una conversación.- Seguramente están unificando las tropas. Como si hubieran recibido una llamada por la cual deben abandonar el lugar en el que se encuentran para acudir todos a uno común. Creo que están preparando un ataque, pero no a nosotros, sino a Minas Tirith.
Isilya se sobresaltó y un pequeño grito se escapó de su boca. Enumanus se le acercó y le tomó la mano entre las suyas.
- Sea lo que sea lo que te lleva hasta allí, poco puedes hacer mientras permanezcas en este grupo. Pero, por otra parte, en ningún otro sitio estarás más protegida que aquí. - Enumanus apretó sus manos con la de Isilya entre ellas y la elfa le miró con sus ojos profundos.
- Lo sé.

- En estos momentos sólo las montañas pueden ofrecernos cobijo.-Dijo Imdralis.- Pero no son el único camino que podemos tomar.

Todos miraron a Imdralis expectantes. El elfo se tomó su tiempo para elaborar su explicación.

- En estos momentos nos encontramos a la altura de Erech, donde el Rey de las Montañas juró fidelidad a Isildur en la roca que lleva tal nombre. Si nos desviamos por ese camino, podemos seguir por el valle del Morthond, río que nace en los Senderos de los Muertos, pasa por Erech y corre hacia el sur, al Mar. Desemboca cerca de Dol Amroth, reino al cual yo pertenezco. Allí mi padre, príncipe de Dol Amroth puede darnos cobijo y auxilio. Y aprovechando que nos encontramos cerca de la bahía de Belfalas, nos proporcionarán una embarcación con la cual llegar navegando por la desembocadura del Anduin hasta Minas Tirith.

- Eres brillante, - Contestó Esdaleon.- Y de esa manera despistaremos a nuestros perseguidores y podremos atacar desde dos frentes, pues en Dol Amroth pueden mandar ayuda a Minas Tirith.
- Eso es. - Contestó Imdralis.- Bien, ahora que hemos descansado y los caballos también, partamos rumbo a Erech.

Cada uno se acercó a su caballo y volvió a tomar asiento en su montura. Imdralis parecía satisfecho de haber sido útil al grupo. Esdaleon lo miraba y sonreía para sí mismo. Gwirdyon también sonrió e hizo un gesto de aprobación con la cabeza al elfo. Enumanus los observaba a todos y mantenía su expresión seria. Walo ya se había puesto en camino e Isilya mostraba alegría en su rostro, aunque sin saber muy bien por qué. Poco más tarde el sol comenzaba a ponerse y la oscuridad llegaría pronto.

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NotaPublicado: Mié Jun 27, 2007 10:48 pm 
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- No lo entiendo! - dijo Enumanus sentado desde su caballo.
Los demas se detuvieron mirándolo extrañados, incluso Walo que ya avanzaba se paró al oirlo. Gwirdyon entonces se le acercó enfadada.
- Que es lo que pasa? - le dijo.
- Eso dímelo tu, en Cuernavilla te morias de ganas por llegar cuanto antes a Minas Tirith llegando a enfrentarte hasta con el mismisimo Eomer. Luego cabalgamos sin parar hasta el agotamiento. Y ahora cuando estamos tan cerca de la frontera, cuando los propios Rohirrim nos han dicho que los orcos marchan hacia el otro lado del rio dejandonos el camino libre. Ahora, te decides por dar un rodeo que nos retrasará y del que no tenemos conocimiento que sea seguro.

Gwirdyon pareció confusa ante los argumentos del humano, miró a Imdralis que fue quien propuso el camino, éste encogió los hombros indicando que no tenía nada que decir.
Por un instante el silencio los envolvió.
- Traidor... - se oyó susurrar a Esdaleon - dile lo del pergamino! - gritó señalando a Enumanus.
Gwirdyon se contrarió aún más. El comentario de Esdaleon no era oportuno y puso a los otros en alerta. Enumanus la miró sonriendo.
- De que pergamino habla el semielfo?
- Ya estamos otra vez con secretos? - dijo Isilya con cara de ofendida - vaya falta de confianza que hay en este grupo.
Gwirdyon alzó la mirada y se encaró con Enumanus.
- Las cirscunstancias han cambiado, creo que el mejor camino es el propuesto por Imdralis - esperó a ver la reaccion de los demás que la miraban espectantes y continuó - avanzaremos hasta el anochecer, despues una vez hayamos acampado resolveremos todas nuestras dudas y diferencias.
Orientó a su caballo hacia el camino que llevaba a Erech y empezó a caminar lentamente, uno a uno los demás se fueron incorporando a su cola.
Esdaleon pasó ante Enumanus mirandole con desprecio - traidor - le dijo en voz baja.
Isilya que no había perdido detalle de todo lo que había ocurrido, miró por primera vez con desconfianza al humano.
Enumanus bajó la cara ante su mirada, que había querido decir el medioelfo sobre un pergamino, se preguntaba mientras avanzaban lentamente.
Pronto oscureceria y saldria de dudas.

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NotaPublicado: Jue Jun 28, 2007 9:49 pm 
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El sol ya prácticamente había abandonado la línea del horizonte para sumergirlos en una profunda oscuridad, ya que era noche de luna nueva. Todos los miembros del grupo estaban agotados y los caballos daban signos de necesitar varias horas para recuperarse. El cambio de rumbo había desbaratado considerablemente los cálculos que algunos habían hecho acerca del tiempo que les costaría llegar a Minas Tirith, pero casi todos estaban de acuerdo en que era un cambio necesario, ya que la retirada y posible reagrupamiento de las tropas orcas daba un nuevo cariz a la situación. Ya no sólo se trataba de entregar un pergamino al rey Elessar en persona, sino que debían buscar ayuda entre sus aliados. La baza de Dol Amroth era una baza segura, pues Imdralis había sido enviado por su padre para proteger a Gwirdyon en una misión secreta que ni siquera le había sido revelada a él, pero que había asumido como propia y de la que tuvo conocimiento durante su estancia en Cuernavilla. Decidieron hacer turnos de guardia. Hacía noches que no vigilaban por parejas, pues aprovechaban la seguridad que les ofrecían las montañas y así podían ahorrar fuerzas vigilando sólo uno cada vez. Pero el cambio de ruta hacia Erech les obligaba a internarse en el valle de la montaña y acampar en territorio abierto a expensas de algún otro enemigo, no sólo de orcos.

- Isilya y Walo harán la primera guardia, - Ordenó Esdaleon. Los nombrados le miraron con resignación.- Luego seguirán Gwirdyon y Enumanus y terminaremos el turno de guardias Imdralis y yo. Así nuestro casi anfitrión tendrá más tiempo para dormir antes de hacer la guardia. ¿Os parece bien?
- No. - Contestó Walo resueltamente. - Yo no quiero hacer ninguna guardia. Yo prefiero dormir toda la noche de un tirón. Que vigile Isilya con su búho.
- ¡Es una lechuza! -Contestó la elfa airada.- ¿Por qué no quieres hacer guardia conmigo?
- No es por tí, preciosa. No quiero hacer guardia, ni contigo ni sin tí. Y ya está. Y si os parece mal os aguantáis. -Contestó el viejo dejándolos a todos atónitos por su repentina y desagradable reacción. Esdaleon miró a Gwirdyon preocupado y ella le devolvió la mirada.
- Bien, Walo, yo doblaré la guardia por tí. -Contestó Gwirdyon. Enumanus la miró receloso y se le encaró.
- ¿Y por qué no te encargas tú de las guardias de todos y así descansamos los demás? Si le toca vigilar, que lo haga. Yo también quiero dormir y me aguanto.

El tono de la conversacion comenzó a subir y en un momento todos estaban discutiendo con todos. Imdralis se subió a una roca que había justo detrás del grupo y les ordenó callar. Los cinco cesaron el alboroto y se volvieron hacia él.
- Si queda un solo orco en la región que no nos haya oído es que está sordo o le han cortado las orejas. - Imdralis se irguió sobre la roca y miró hacia arriba.- Es imposible ver nada desde aquí, y la inexistente luz de la luna tampoco nos va a ayudar esta noche. Desde aquí hago un llamamiento a vuestro sentido común. Hemos recorrido un largo trecho desde que os encontré a mitad de camino, y hemos superado muchos peligros juntos, y no estoy dispuesto a morir por una estúpida discusión acerca de quien quiere o no quiere hacer guardia esta noche.

Isilya bajó la cabeza avergonzada. Enumanus miró a Imdralis con interés y Gwirdyon sonrió discretamente. Esdaleon no le perdía el ojo a Walo, que cada vez se mostraba más violento. Finalmente se acercó al viejo y le pasó el brazo por el hombro.
- Yo haré la primera guardia con mi amigo Walo, así si él se queda dormido, al menos yo vigilaré. -Propuso Esdaleon en un intento de tener vigilado al viejo.
- Me parece bien, yo haré la siguiente con Enumanus, -Contestó Isilya. El humano suspiró aliviado y aceptó con la cabeza.
- Pues está claro que la última la haremos tú y yo, Imdralis.- Concluyó Gwirdyon. El muchacho bajó de la roca y se unió al resto.
- Bien, eso está mucho mejor. Vayámonos a descansar. - Dijo Imdralis.

El muchacho se acercó a Esdaleon y le guiñó un ojo. El semielfo le hizo una mueca.
- Ya sé lo que pretendes, Esdaleon. Quieres vigilar a Walo porque el pergamino se está adueñando de él y hace salir sus instintos más primarios. Quizá sería un buen momento para hacer un cambio de portador.
- Ya lo he pensado. ¿Y a quién se lo pasamos?
- Bueno, podemos aprovechar que Isilya tiene la copia que le dio Éomer en Cuernavilla para darle el cambiazo. La elfa tiene un carácter bastante sosegado y quizá no le afecte tanto como a Walo. Lo puede llevar un tiempo y luego volveremos a cargarlo uno de nosotros. -Propuso Imdralis.- El problema es que le toca guardia con Enumanus y no nos lo pondrá fácil.

Walo se acercó a ellos y se preparó para la primera guardia. Miró a Imdralis con desprecio y se sentó en el suelo. Esdaleon le hizo un gesto a Imdralis y el elfo se alejó. Walo le esperaba sentado.
- Ya era hora de que dejárais la conversación. Oye, este muchacho cada vez tiene más humos. No me da buena espina. -Dijo el viejo.- A propósito, ¿por qué has vuelto a llamar traidor a mi amigo Enumanus? ¿De qué pergamino hablabas antes?
- Walo, por casualidad, ¿cogiste tú mi navaja el otro día? -Contestó Esdaleon intentando desviar el tema.
- Bah, ya estás con lo de siempre, que si yo te he cogido algo a tí. Me voy a dormir. Vigila tú por mí.- El viejo se dio media vuelta y se tapó con la manta. Esdaleon esperó unos minutos y cuando se aseguró de que estuviera profundamente dormido metió la mano entre sus ropas y ecnganchó el pergamino de Gwirdyon con los dedos hasta sacarlo del todo. En un rápido movimiento lo guardó bajo su capa. Imdralis, que yacía al lado de Isilya había intentado arrebatarle la copia, pero le fue imposible. La elfa tenía un oído aguzado y al mínimo ruido se despertaba.
Horas más tardes llegó el cambio de guardia. Enumanus se despertó y miró a Isilya que dormía plácidamente. La observó durante unos segundos y en seguida ella se dio cuenta y abrió los ojos.
- Me estabas observando. ¿Por qué?
- Porque nunca me canso de tu belleza. Eres lo único que me proporciona serenidad en estos oscuros días de mi vida. -Contestó Enumanus.
- Vaya, gracias. -Contestó isilya.

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Le ofreció su mano para levantarse, y ella aceptó con una leve sonrisa. Le sorprendió la ligereza de su cuerpo.
- Está muy oscuro no? -dijo la elfa observando a su alrededor.
- Sí, no hay Luna y las nubes ocultan las estrellas. Aunque no creo que para ti sea un gran problema.
La lechuza de Isilya voló hasta su hombro sobresaltando a Enumanus.
- Tenemos guardia Aureë - dijo acariciandola - estate alerta.
Se distanciaron unos metros del grupo y el ave emprendió el vuelo.
- Que aproveche! - le dijo Isilya.
se sentaron en silencio como poniendo en orden sus pensamientos. Al rato el grito de algun pequeño roedor se oyó entre la oscuridad.
-Espero que no se indigeste - susurró Isilya - Enumanus - continuó.
- Dime.
- Que queria decir Esdaleon con lo del pergamino?
Espero la respuesta en silencio.
- No lo se - contestó - sabes, no creo que nadie me persiga. Quiero decir, que no estoy huyendo de nadie precisamente...
- Al fin! - exclamó la elfa.
- Que? - dijo Enumanus contrariado.
- Pues que ya iba siendo hora de que le dijeras la verdad a alguien.
- Ja! - rió - unos me acusan de traidor y tu insinuas que miento.
- acaso no lo haces? replicó Isilya con voz preocupada.
Enumanus sacó su daga y la miró fijamente.
- Todos tenemos secretos. Tú aún no has explicado por qué vas a Minas Tirith.
- Y yo no creo que fueras esclavo de Tserleg - contestó Isilya - me equivoco?
enumanus permaneció en silencio frotando suavemente la afilada hoja de su daga con su capa.
- No soy un traidor - dijo al fin - ni siquiera un mentiroso. Pero entiendo que desconfieis de mi, incluso tú.
Isilya le escuchaba con atención esperando una respuesta concreta. Sujetó la mano de Enumanus para que dejara de frotar la daga y este cogió aire y resopló.
- Llevo toda la vida huyendo de mi pasado. no me averguenzo de él, pues hice lo que debía para sobrevivir..., tal vez demasiado.
Enumanus observaba fijamente la oscuridad apesadumbrado como si estuviera en otro lugar. Cerró los ojos como si no quisiera estar allí en ese momento.
- Fui uno de ellos Isilya - la voz se le quebró - luché junto a Tserleg, él me enseñó todo lo que se.

-Esdaleon! - pensó Gwirdyon despertándose de golpe. Había recordado que el semielfo se había quedado con el pergamino que guardaba Walo.
Le buscó pero no estaba a su lado.

a pocos metros de allí Isilya no pudo evitar un pequeño gritó de asombro, miró a Enumanus horrorizada y fue a levantarse cuando de entre la oscuridad apareció Esdaleon con la cara desfigurada de ira.
- Traidor, te mataré - gritó.
Levantó su espada pero Aureë se le hecho a su cara impidiendo el repentino ataque.
- Aparta maldito bicho - de un manotazo lo labnzó al suelo.
Enumanus tuvo tiempo de medio incorporarse y se lanzó sobre las piernas del medioelfo haciendole perder el equilibrio. agarrandose de sus ropas se arrastró hasta estar sobre él cogió su daga y se la puso en el pescuezo.
- Estoy harto de ti Esdaleon - su voz había cambiado - vas a morir.
- Espera - gritó Isilya - sabes que no quieres hacerlo.
esdaleon forcejeo para soltarse, lo que hizo que la daga cortara la carne de este y empezara a sangrar levemente.
Enumanus le agarró la mandibula con la otra mano apretando hasta que sonó un gemido del semielfo.
- No me obligues a hacerlo -dijo.
- Enumanus, sueltalo! - la vozde Isilya sonó de nuevo esta vez con firmeza.
Con su arco le estaba apuntando, tras ella Gwirdyon, Walo y Imdralis lo observaban con ira.
- No hay salida - dijo y se dejó caer hacia un lado, quedando tumbado boca arriba.
Al fin le alcanzó su pasado, pensó.
Cerró los ojos y esperó a que acabaran con él.

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- ¡Esdaleon!- gritó Gwirdyon en el momento que Enumanus soltó por fin al semielfo. El humano se tumbó en el suelo y la semielfa se lanzó hacia él para inmovilizarle. Isilya aún seguía apuntándole con el arco.
- Rápido Imdralis ayúdame- exclamó Gwirdyon, mientras le apuntaba con la espada de Esdaleon.

Imdralis se quedó mirando la escena titubeante; Enumanus no parecía poner resistencia alguna, parecía completamente abatido. Sin embargo el repentino ataque de Esdaleon hacia Enumanus le había dejado completamente confundido y preocupado. Se preguntó cuánto había tenido que ver la posesión del pergamino con la ira del guerrero.

- No le sueltes Gwirdyon- dijo al fin- ¿estás bien Esdaleon?- dijo acercándose a él.
El semielfo se removió en el suelo e intentó levantarse a duras penas, tenía un corte superficial en el cuello, pero nada grave. Más bien estaba aturdido. Imdralis se agachó a su lado.
- Estoy bien… - el semielfo miró con ira a Enumanus- ¡maldito gusano te mataré!
- ¡Basta por favor!- exclamó Imdralis sujetando al guerrero. En ese momento de confusión y con un rápido movimiento, el caballero le arrebató a Esdaleon el pergamino. Éste no lo notó.

Esdaleon no puso resistencia a Imdralis y se quedó quieto mirando al suelo.
Se hizo entonces un incómodo silencio en el grupo. Isilya y Gwirdyon tenían acorralado a Enumanus en el suelo. Éste por su parte seguía abatido y callado, inmerso en pensamientos que solo él conocía.

Esdaleon se incorporó ágilmente para sorpresa de Imdralis. De una forma casi prodigiosa, la expresión de ira del rostro del guerrero se transformó en una de asombro y confusión. Parecía como si no estuviera seguro de lo que hubiera ocurrido.
Gwirdyon contempló atónita la escena y miró a Imdralis intentando comprender qué había pasado. Éste le sonrió y se llevó la mano a su regazo a modo de señal. La semielfa comprendió lo que había ocurrido y le devolvió la sonrisa aliviada.

- ¿Has intentado matarme?- dijo Esdaleon acercándose a Enumanus.
Éste abrió los ojos y miró al semielfo desde el suelo. - ¿Acaso no me has atacado tú primero?- dijo al fin, saliendo de sus pensamientos.
Esdaleon frunció el ceño – En realidad mereces morir. Eres un traidor, ¿Por qué no confiesas la misión que te encomendó Tselerg? Nos seguiste desde Bree y apuesto que fuiste tú quién nos robó el caballo. También empiezo a pensar que todos los ataques que hemos sufrido desde entonces tienen mucho que ver con tu presencia. Ahora bien, me pregunto que cosas se te pasarían por la cabeza cuando viste el cadáver de tu amo en el camino. Quizá tu rabia y tu odio hacia nosotros se hizo más grande y pensaste que infiltrándote entre nosotros podrías vengarte de tu señor, y cumplir por fin la misión de matarnos.-

Las palabras de Esdaleon cayeron como una losa en el grupo. Todos miraban a Enumanus esperando una respuesta. Imdralis pareció algo decepcionado ante aquella revelación e Isilya aguantaba las lágrimas como podía.
Gwirdyon observó a Esdaleon con asombro. Estaba alterado pero hablaba con firmeza y sin signos de cólera en su rostro. Miró a Enumanus. Le pareció una situación humillante la suya, pero se mantuvo todo lo firme y serena que pudo.
- No voy a permitir que nada ni nadie haga fracasar esta misión. Haré todo lo necesario para cumplirla y eso implica acabar con quien sea necesario-dijo.
- No soy un traidor- balbuceó Enumanus- nunca tuve otra opción.
- Pues nunca es tarde si la dicha es buena, amigo- dijo Walo que hasta ahora había observado todo en silencio.
Todos miraron sorprendidos al viejo, pero sobretodo la pareja de semielfos; no se esperaban esa repentina defensa hacia el humano.
- A ver Esdal, desde que se unió a nosotros no ha hecho más que ayudarnos.- continuó Walo- y ¿qué me dices del elfo espía en Cuernavilla? Quizás tenga un pasado poco grato pero no me parece un traidor. ¿Isilya tú piensas igual que yo verdad?
- No lo se Walo, no se si es un traidor- el corazón de la elfa latía fuertemente- pero lo que si se es que es un siervo del Mal, Amigo de los orcos, seguidor de Sauron…mercenario de la barbarie…¿A cuantos de mi Gente has matado a lo largo de tu vida?

La voz de la elfa se apagó. Hizo un amago de disparar al humano pero la flecha cayó sin fuerza a sus pies. Abatida por la tristeza trastabilló, y dejando escapar por fin las lágrimas se dejó caer sobre sus rodillas.
Enumanus agachó la cabeza; las palabras de Isilya sonaban a sentencia amarga, mas aún viniendo de ella.

- ¿Qué vamos a hacer?- preguntó Imdralis al cabo de unos instantes.
- Lo podemos abandonar aquí- contestó Esdaleon secamente. En el fondo, la idea de matar a aquel hombre ya no le parecía un acto tan heroico.
- ¿Estás loco?- dijo Walo consternado- ¿abandonarlos a su suerte? No sobrevivirá y menos aún con la pierna como la tiene.
- Walo lo siento pero…

Esdaleon no terminó la frase cuando Aurë salió volando de entre la oscuridad, revoloteando nerviosa entre el grupo.
- ¿Qué ocurre?- gritó Gwirdyon poniéndose en guardia.
A Isilya no le dio tiempo a contestar cuando media docena de Huargos salieron por detrás de ella de entre los árboles.

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- Isilya! - gritó Enumanus a la vez que se abalanzaba sobre ella.
La empujó a un lado justo antes de que un huargo fuera a atacarla. El humano no corrió tanta suerte, la pierna escayolada fue a parar entre las fauces de la bestia zarandeándolo hasta que pudo clavarle en el lomo la daga que aún llevaba. El animal al sentir el frio metal salió huyendo llevandose con él a su presa para perderse en la oscuridad.
Los demás no tuvieron tiempo a reaccionar para salvar a Enumanus, Esdaleon espada en mano abatia a mandobles al huargo que osó enfrentarsele, Imdralis aún herido pero no menos peligroso, se revolcaba con otra de las bestias hasta poder clavarle la espada en el corazon.
Menos suerte tuvo Walo que al echar a correr perseguido por dos de los terribles animales le habían acorralado uno frente a otro sin tener escapatoria. Gwirdyon que se había quedado absorta viendo como Enumanus desaparecía agarrado al huargo mientras iba clavandole una y otra vez su daga no reacciono hasta que Esdaleon se puso entre ella y el huargo que se disponía a embestirla.
- Reacciona Gwidyon - gritó - el traidor tiene lo que se merece.
La semielfa sacó su espada y arremetió llena de ira contra el huargo ante el asombro de Esdaleon.
Mientras Isilya, libre de cualquier peligro disparaba sus flechas contra las bestias que acorralaba a Walo.
- Imdralis! - gritó - Walo está en peligro.
Al oirla, Esdaleon se volvió de golpe para ver a su amigo a punto de ser devorado por uno de los huargos que seguia vivo.
- Ya voyyyy - gritó deseperado mientrs corria en su auxilio.
Saltó sobre el huargo y con un golpe se co le clavó du espada atravesandole el cuello.
El anciano, en cuclillas se quitó las manos de los ojos para ver a sus compañeros vivos y indemnes entre los cadaveres de las bestias.
Caminaron todos hacia él hasta detenerse a su lado.
- Estais todos bien? -preguntó levantándose.
- Sí - respondieron antes de quedar en silencio.
- Y Enumanus? - dijo el anciano observando la oscuridad.
Los demás se miraron en silencio.
Entonces oyeron el rugir de los huargos. De entre las sombras aparecieron lentamente una veintena de bestias rodeandoles.
- Preparaos - dijo Esdaleon levantando su espada, esperando la acometida.
Pero las bestias se detuvieron a pocos metros de ellos, sus ojos mostraban el ansia de sangre que les turbaba, sus fauces babeaban ante la comilona que les esperaba, aún así se detuvieron.
- Soltad las armas y vivireis - se oyó desde la oscuridad.
La figura de un gran orco montaba el mayor de los huargos que les rodeaba.
- Obedeced! - gritó.
- Nunca! - contestó Esdaleon dispuesto a la lucha.
Gwirdyon se adelantó y lanzó su espada al suelo, los demas la siguieron.
Esdaleon al entender que no había escapatoria clavó su espada sobre el huargo que yacía frente a él y se apartó.
- Portaos bien y tal vez llegueis al amanecer - volvió a hablar el orco.
Ahora ya más cerca de ellos podian ver su horrenda cara, sobre sus hombros colgaba la piel de un huaargo a modo de capa y blandia un gran latigo con su mano derecha mientras que con la izquierda se agarraba a la silla como si montara sobre un caballo.
- Ahora sois mis prisioneros - sentenció el extraño jinete.

Lejos de allí, Enumanus se dolia de la pierna que tenia escayolada, el huargo con el que había abandonado a los demás, yacía muerto a su lado. La oscuridad era total y apenas sabía donde estaba. Se arrastró durante un buen rato hasta alejarse lo suficiente de la bestia muerta.
Notaba como su pierna sangraba así que se sentó se hizo un torniquete con un trozo de su capa y esperó.
El silencio invadía la oscuridad de la noche.
Allí, herido y solo, dejó que las lágrimas de dolor y de rabia rodaran por sus mejillas mientras se dormia agarrado a su daga como si fuera su salvación.

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NotaPublicado: Lun Jul 02, 2007 2:22 am 
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El silencio invadía la oscuridad de la noche.
Y por fin amaneció. Enumanus notó cierta humedad en la cara y cuando abrió los ojos se encontro a un cervatillo que le lamía los mofletes. Le hizo gracia. Si el animal supiera que se sentía el ser más depravado de Arda no se acercaría a él con tanta tranquilidad. Lo apartó de un manotazo y el cervatillo se fue trotando. Enumanus se incorporó como pudo, pues le dolía inmensamente todo el cuerpo y se topó de bruces con el nauseabundo olor de la carne en descomposición del huargo que la noche anterior le había atacado. Entonces cayó en la cuenta. Estaba solo, con la pierna herida de nuevo y todos los miembros de su cuerpo le respondían a destiempo. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba solo. Ni rastro de los demás. ¿Podría ser que le hubieran abandonado como amenazaron hacerle cuando le descubrieron? ¿O quizá habían corrido peor suerte que él? Menuda nochecita había tenido. Después de la discusión en el grupo, el inusitado ataque de Esdaleon y la sorprendente y desagradable aparición de los huargos, Enumanus no tenía fuerzas suficientes para continuar el camino. Al menos no por el momento. Se dio media vuelta y oteó los alrededores. Con la luz del amanecer todo parecía distinto. De noche, con la luna nueva negando cualquier resquicio de luz aquel sitio tenía un ambiente tétrico, peligroso. Pero ahora le parecía una pradera maravillosa donde las amapolas se abrían paso por doquier. Comenzó a caminar orientándose por los recuerdos que tenía de la noche anterior y llegó hasta el lugar en que la compañía había sido atacada por los huargos. "Lo mejor será que busque rastros que me puedan decir qué ocurrió aquí anoche." Pensó Enumanus para sí mismo. Así que miró hacia abajo intentando ver algo, pero no distinguió gran cosa. No podía agacharse, pues la pierna le dolía inmensamente. Empezó a darle vueltas a la cabeza, pues no entendía de dónde habían aparecido aquella jauría de bestias la noche anterior. Entonces recordó que había salvado a Isilya de las fauces de uno de ellos, y recordó sus ojos negros sinceros y sosegados. Un gran pesar se apoderó de su corazón. Por fin había encontrado algo por lo que merecía la pena vivir y lo había perdido en escasos minutos sólo por revelar su pasado. ¿No podían aceptar que ya no era ese y darle una oportunidad? Una y otra vez los que le conocían pretendían hacerle pagar por lo que se había visto obligado a hacer para sobrevivir.


- Esta hierba está muy limpia, - habló para sí mismo.- Si mal no recuerdo, anoche nos atacaron media docena de huargos al menos, y aquí no hay rastros de que esta hierba haya sido pisada. Eso quiere decir que no es por aquí, Me he equivocado de camino.

Se dio media vuelta para volver hasta el lugar en el que se había despertado cuando escuchó unas voces a lo lejos. Hablaban en lengua oscura.

- ¿qué vas a hacer con ellos? -Se oyó a una voz desagradable y tosca.
- Por ahora jugaré un poco con las elfas. El guerrero es fuerte, podemos hacer buenos arcos con sus ligamentos. El anciano servirá de cena para los huargos. -Contestó el otro y soltó una sonora carcajada que retumbó en toda la pradera. El otro orco le dio una palmada en la espalda que casi le hace caer y éste se la devolvió en forma de fuerte puñetazo en la cara. En unos momentos los dos orcos se estaban zumbando y peleándose por la pradera llena de amapolas.

- Vaya, vaya, -pensó Enumanus para sí mismo.- Así que los demás han sido apresados. Supongo que por las elfas se refire a Isilya y Gwirdyon; el guerrero será Esdaleon y el borracho está claro, Walo. Pero no han dicho nada referente a Imdralis, quizá él ha conseguido escapar. Tendré que idear alguna manera de enterarme de dónde los han llevado.

Enumanus aprovechó la situación para volver donde estaban los restos del huargo que le atacó y con su daga hizo un corte a lo largo de la barriga del animal, intentando aprovechar lo máximo que se podía teniendo en cuenta las condiciones en que se encontraba el cadáver. Con la maestría de quien hace eso todos los días le arrancó la piel y la limpió por dentro para quitarle la grasa y saín que quedaban pegadas. Después volvió a cortar la piel en dos trozos más o menos simétricos y se los ató a las piernas con el fin de disimular su pierna enyesada y malherida. Ahora sus piernas estaban forradas con la piel del huargo y nadie hubiera imaginado que una de ellas tenía una profunda herida. Cuando hubo terminado la operación, cogió su arco y guardó su daga. Salió caminando de allí y se acercó hasta donde estaban los dos orcos todavía peleándose. Les apuntó con el arco y cuando estuvo a una distancia prudencial reveló su presencia.

- ¡eh, vosotros, basura!- gritó enérgicamente y con decisión mientras les apuntaba con el arco.

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Última edición por Gwirdyon el Lun Jul 02, 2007 2:28 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Jul 02, 2007 1:35 pm 
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A unos quinze metros frente a él la pradera acababa en un terraplen desde donde se oian las voces. Enumanus fue acercandose despacio hasta quedar de pie sobre la pendiente.
-eh, vosotros basura! gritó apuntandoles con el arco.
Un huargo al verlo salio corriendo hacia él, los dos orcos lo miraron con curiosidad.
Enumanus bajó el arco al ver llegar al huargo, el animal se paró frente a él esperando la orden de su amo.
-Te atreveras a atacarme? - dijo con tono desafiante.
La cara de la bestia cambió de repente, el humano caminó hacia ella y le pasó la mano sobre su cuello.
-Llevame ante tu amo - le ordenó.
El huargo dobló sus patas traseras y dejó montar al humano.
Los dos orcos no daban crédito a sus ojos, se miraron sorprendidos y empezaron a caminar hacia él.
Tras ellos, Gwirdyon y compañía observaban la situacion sentados unos juntos a otros atados de pies y manos, rodeados de huargos que parecía que dormian placidamente.
Conforme avanzaba la mirada de Enumanus cambió radicalmente, parecía otra persona.
-Quien eres y como te atreves a montar uno de mis huargos – preguntó el mayor de los dos orcos.
- Son estos los prisioneros que busca Tserleg? – contestó Enumanus sin detenerse.
El orco sacó su latigo y lo agitó en el aire a modo de advertencia. Enumanus se detuvo y volvio sobre sus pasos hacia el orco.
Sonrió.
- Quieres ver como hago tragarte tu latigo? – le dijo mientras enfrentaba al huargo contra su amo. El animal rugio agresivamente.
-Quien eres? – dijo el orco de nuevo.
- Mi nombre es Enumanus, siervo de la Alianza, enviado por Tserleg para capturar al grupo de la semielfa y destruir el pegamino – dijo con voz seria.
Los orcos se miraron, parecía creible, conocía la existencia del pergamino y del grupo, además habia conseguido montar a uno de sus huargos.
- Esta bien! Que quieres hacer con ellos? Preguntó al fin el orco más pequeño.

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NotaPublicado: Lun Jul 02, 2007 5:07 pm 
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Mientras hablaban, Enumanus observaba a su alrededor y tanteaba la situación. Se encontraban en un claro, rodeados de sauces y abedules al pie de las Ered Nimrais. La cuadrilla de orcos no superaban la veintena y había otro tanto número de Huargos. Gwirdyon, Esdaleon, Walo e Isilya yacían atados en el suelo, entre dos árboles. Tal como había intuido con la conversación que escuchó de los orcos, Imdralis no estaba.

- ¡Esta bien! ¿Que quieres hacer con ellos? Preguntó al fin el orco más pequeño.

Enumanus no miró a éste, sino al orco grande que encabezaba el grupo. Sopesó sus palabras pero habló con voz firme y segura.

- Yo me haré cargo de ellos. Tengo órdenes de entregar a la semielfa con vida. Vosotros marchad hasta el Entaguas y traed refuerzos. Los rohirrin se están reagrupando por el Folde Este y no quiero pasear el pergamino ahora que es nuestro.

El grupo de Gwirdyon se removió. Con aquellas palabras de Enumanus, la esperanza de que todo fuera un plan urdido por él para salvarlos, creció entre ellos.
El orco más pequeño que antes había hablado se aproximó al humano.

- Esa es una orden extraña pues nuestro escuadrón avanza hacia el Este hacia el Río Grande. ¿Por qué piensas quedarte aquí en las montañas tu solito con el grupo?

Enumanus se volvió hacia el orco. Su mirada era tan firme y severa que el orco dio dos pasos hacia atrás.
- ¿Crees que la escoria como tú debe estar al tanto de todas las decisiones que se toman?- Enumanus se giró hacia el Jefe Orco y le miró gravemente- mientras tus secuaces entorpecen mi cometido con palabras insolentes, una compañía de Uruks avanza desde el Oeste hacia aquí, por las Montañas. Deben de estar a un par de días de nosotros, así que el pergamino se quedará aquí escondido esperándoles.

El Jefe Orco miró sorprendido al humano pero con cierto temor o respeto. Todos los Huargos se agolpaban a su alrededor mirando desafiantes a los orcos.

- De acuerdo- dijo- Entonces iremos hasta el Entaguas y traeremos más refuerzos por si los Uruks se retrasan. Pero los Huargos se quedarán contigo ¿no?
Enumanus tragó saliva y asintió.
El orco pequeño se acercó al grupo de prisioneros y se quedó mirando a Esdaleon sonriendo maliciosamente. El guerrero le fulminó con la mirada y el orco dio un paso atrás acobardado. Miró a la portadora del pergamino pero no se atrevió a acercarse. Entonces se giró hacia Isilya y la agarró del pelo.
- Ya que te quedas con la semielfa y el pergamino, al menos déjanos a los demás juguetes- dijo con voz perversa.

Inmediatamente Enumanus tiró del Huargo que montaba y éste avanzó rápidamente hacia el orco devorándole en un abrir y cerrar de ojos.
Los demás orcos retrocedieron acobardados y nerviosos.
- ¡Marchaos inmediatamente y cumplid vuestro cometido si no queréis acabar como vuestro compañero!- gritó Enumanus agresivamente.

El Jefe Orco miró contrariado a Enumanus
-Volveremos a vernos, humano- dijo. Y a una orden suya, la cuadrilla de orcos comenzó a correr rumbo hacia el Norte.

Enumanus se quedó mirando a los orcos alejándose en el horizonte. Al menos hasta ahora todo había salido bien, aunque aún quedaban los Huargos, que esperaban ansiosos órdenes suyas. Por otro lado se preguntó donde estaría Imdralis. Su cadáver no estaba por ningún sitio, y los orcos no habían comentado nada acerca de un prisionero que hubiera escapado. “No tienen conocimiento de él, entonces, pero ¿dónde estará?” pensó.

Miró de reojo a sus compañeros; Esdaleon y Gwirdyon estaban tensos, como esperando lo que tuviera que venir. Walo e Isilya buscaban sin éxito una mirada de Enumanus que les tranquilizara y les hiciera saber que todo iba a ir bien. Aunque a esas alturas ya no estaban seguros de qué lado estaba realmente el humano.
Enumanus miró hacia las montañas. La mañana estaba avanzaba y ya empezaba a hacer calor. Meditó sus planes y suspiró.

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NotaPublicado: Mar Jul 03, 2007 1:38 am 
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La cuadrilla de orcos ya había abandonado el lugar y Enumanus tenía vía libre para liberarlos. Aun no había tenido la oportunidad de intercambiar ni media palabra con los prisioneros cuando a los lejos se oyó de nuevo la voz del jefe orco.

- No dejaré que te lleves a estos prisioneros sin antes enseñarme el famoso pergamino. He de asegurarme de que lo tienen de verdad y no hay por ahí ningún otro de ellos que haya huido con él. -Dijo el jefe orco.
Enumanus resopló y estuvo a punto de ordenar a los huargos que acabaran con el orco, pero pensó que si hacía eso entonces vendrían los otros y no tendrían escapatoria. Decidió ceder y dar al orco lo que pedía.

- ¡Tú!, ¿dónde lo tienes guardado? - Se dirigió Enumanus en tono amenazador hacia Isilya. La elfa le miró compungida y con lágrimas a punto de saltar de sus ojos. Pasaron unos segundos y no contestó. El orco sacó el látigo y lo levantó en el aire. Enumanus se adelantó a él y abofeteó a Isilya.
- ¡Maldito traidor! -Gritó Esdaleon revolviéndose entre las cuerdas.- ¡Juro que te mataré en cuanto tenga oportunidad!
Enumanus le ignoró y volvió a concentrarse en la elfa de pelo largo oscuro.
- ¡Dime dónde lo tienes! - Volvió a rugir Enumanus mientras sentía cómo todo su mundo se hundía a su alrededor.
- En la capa. -Musitó Isilya mirando hacia el suelo y sin atreverse a mirar a Enumanus a los ojos. El humano metió su mano en el bolsillo interno de la capa de la elfa y sacó la copia del pergamino que Éomer entregó a Isilya en Cuernavilla. Lo desenrolló y se lo dio a leer al orco. El orco lo leyó y cuando hubo terminado se lo devolvió a Enumanus.
- Está bien, ya veo que todo lo que dices es cierto.- Se dio media vuelta y se marchó por donde había venido. Entonces el humano respiró tranquilo.

Esdaleon seguía intentando romper las cuerdas. Walo se retorcía por los vaivenes del guerrero, y Gwirdyon miraba a Enumanus con complicidad. Isilya seguía mirando al suelo y lloraba mientra apretaba los labios de rabia. Enumanus se dirigió a ella la primera para desatarla.
- Lo siento, pero si yo no te hubiera abofeteado, el orco te hubiera marcado para siempre con el látigo, y eso no me lo hubiera perdonado jamás. -Enumanus intentó alcanzar la mirada de Isilya pero ésta seguía mirando al suelo.

El siguiente en ser liberado fue Walo, quien agradeció a Enumanus su intervención y posterior liberación. Walo ayudó a Gwirdyon a quitarse sus ligaduras. Esdaleon seguía atado cuando todos estaban ya libres pero con las fuerzas disminuidas. Enumanus se dirigió hacia él para desatarle, pero tras ver la furia de su rostro dio un paso atrás.

- Esdaleon, no soy un traidor, lo que he hecho hoy pertenece a una vida antigua. - El semielfo parecía más y más enfadado.- No tuve más opción que trataros mal, pues de otra manera el jefe orco no me hubiera creído. Esas bestias no conocen otra manera de vivir que mediante la violencia y no respetan a nadie que sea menos cruel que ellos. Por desgracia esa fue la primera lección que tuve que aprender de niño.

Esdaleon se calmó un poco y dejó de moverse. Gwirdyon y Walo se acercaron a él y cortaron sus ligaduras con sus dagas. El guerrero estiró los brazos para desentumecerlos y se volvió hacia Enumanus. Justo cuando iba a decirle algo el humano no pudo soportar por más tiempo el dolor de su pierna herida y se desmayó.

- ¡Enumanus! -Gritó Gwirdyon, se agachó y levantó la cabeza del humano del suelo. Entonces Isilya dejó de mirar al terreno y reaccionó.

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NotaPublicado: Mar Jul 03, 2007 12:49 pm 
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Ubicación: Girona
Tserleg estuvo todo el dia intratable. Sabia que el elfo no podia haber escapado sin la ayuda de nadie y la mera sospecha de que habia un traidor en el campamento le enfurecia aún más.
Pronto oscurecería y la busqueda del prisionero seria mucho más dificil.
- Si descubro quien te ayudó, juro que lo mataré con mis propias manos - decia una y otra vez mirando al horizonte.
Todos le observaban con temor, incluso enumanus. Este intentaba mantenerse al margen pues en el fondo se alegraba de que Slironëe hubiera conseguido huir.

Al poco apareció un grupo de orcos al norte del campamento, llevaban al elfo atado de manos. Caminaba con dificultad,su cuerpo lleno de magulladuras y arañazos mostraba sin duda que sus captores se habían ensañado con él una vez capturado.
se detuvieron ante Tserleg que les esperaba espada en mano.
- Iba solo? - preguntó.
- - dijo uno de los orcos - se defendió con uñas y dientes, mató a dos de los nuestros antes de rendirse.
Tserleg le miró sorprendido.
- Lllevaba una daga - continuó el orco - la lanzó entre la maleza, ahora la estan buscando.tserleg apuntó con su espada al prisionero.
- Dime, quien te ayudó a escapar?
el elfo sangrando ni siquiera le miró.
- Habla o morirás - dijo Enumanus con voz seria.
Slironëe lo miró con un extraño brillo en los ojos, pero no dijo palabra.
- Habla! -gritó tserleg, esta vez apretando con la punta de su espada el pecho del elfo.
A lo lejos un orco se acercaba corriendo.
El elfo se irguió, parecía mucho más alto de lo que era. Cogió aire y escupió al medio- urukai.
Este sin pensarlo hundió su espada en el pecho del elfo de un golpe seco.
- Encontraré al traidor - dijo mientras aguantaba el cuerpo sin vida de Slironëe clavado en su espada.

Enumanus se había alejado para que no vieran su reaccion ante la muerte del elfo. Frnete a él pasó sin pararse el orco que llegaba corriendo, al cruzarse le miró con aire divertido.
- Esta era su arma -le dijo a Tserleg dandole la daga aún manchada con la sangre de los orcos.
El medio urukai observó la daga en silencio durante unos segundos mientras iba cambiando la expresión de su cara. El orco parecia sonreir cada vez más.
Lentamente alzó el arma mostrándola a los demás mientras miraba a Enumanus al fondo.
- Matadle! dijo sin inmutarse.
el humano apenas tuvo tiempo de reaccionar, él tambien había reconocido su daga y despues de esquivar la primera lanza, empezó a correr.
Corrió y corrió, esquivando flechas, saltando entre las tiendas del campamento, evitando las embestidas de los orcos, rodando por el suelo.
Corrio hasta perderse en la oscuridad de la temprana noche entre los arboles del cercano bosque. Así hasta el amanecer y despues a lo largo del dia siguiente hasta caer exhausto. Aún le parecía oir la voz de Tserleg.

- Traidor, te mataré - se desahogaba Esdaleon mientras los demás intentaban calmarlo.
- Pero no entiendes que ha sido él quien nos ha liberado? - decia Isilya
Esdaleon daba mandobles al aire con su espada bajo la mirada de los huargos que esperaban gruñendo las ordenes de su nuevo amo.

Enumanus aún no despertaba, entre sueños pareció que decia:
- No soy un traidor, no lo soy.

INTERLUDIO

Hace muchos años...

Scargol odiaba a Enumanus más que a nadie en el mundo. Desde el dia en que Tserleg lo tomó como esclavo, lo odiaba. Odiaba su habilidad con el arco, su manera de andar, su inteligencia…, la crueldad con la que luchaba, su desparpajo. Odiaba como se había ganado el miedo, casi respeto de los demás orcos. Le odiaba tanto como él se odiaba a si mismo. Por no ser como el humano, por no tener el valor de enfrentarse a él. Muchos han sido los años en que el odio ha ido consumiendo a Scargol y muchas han sido las veces que intentó acabar con la vida de Enumanus, pero la suerte y el miedo a ser descubierto pot Tserleg siempre habían impedido que lograra acabar con él.
Esta noche estaba feliz. Por fin había encontrado la manera de eliminar al humano. No sería él por supuesto, serian los demás quienes al descubrir su traición lo matarían.
Había conseguido robarle su daga y aprovechando que hacía guardia ante la tienda del elfo, llevaría a cabo su plan.
Esperó a que todos durmieran y dejó su guardia frente a la entrada para rodear la tienda. Con la daga rajó las pieles con cuidado hasta poder introducirse en su interior, el elfo dormía atado de pies y manos. Se acercó y le cortó las cuerdas sin que se despertara, despues dejó la daga a su lado y volvió a salir por donde había entrado.
Una vez fuera, cogió una pequeña piedra y se la lanzó al elfo, este despertó con un quejido.
Scargol que corrió hacia la entrada le gritó desde fuera:
-Cállate y duerme maldito elfo, mañana tendrás una muerte digna de ti.
En el interior Slironëe, se frotaba con la mano la pierna dándose cuenta de que estaba desatado, recogió la daga saliendo con cuidado de la tienda por la parte trasera.
Scargol sonreia con disimulo, pensando en la cara de Enumanus al dia siguiente, al ver que el elfo con el que había hecho amistad se había escapado con su daga y que le hechaban las culpas a él por ello.

AHORA.

- Está despertando! - gritó Walo mientras veia como Enumanus abría los ojos poco a poco.
- Animo. hombre, estás entre amigos - le dijo el anciano.

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NotaPublicado: Mié Jul 04, 2007 12:22 am 
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- Animo hombre, estás entre amigos - le dijo el anciano.

Enumanus abrió los ojos lentamente y se encontró con los rostros de sus cuatro compañeros mirándole fijamente.
- Por fin despiertas- dijo Gwirdyon aliviada- llevabas inconsciente un buen rato.
- ¿Ya estás bien?- preguntó Esdaleon impaciente.
El humano hizo el intento de levantarse pero una punzada de dolor en la pierna se lo impidió.
- Espera, te estoy preparando un buen calmante- dijo Isilya ocupada con un manojo de hierbas.

Gwirdyon miró a su alrededor; tenían la ladera de la montaña a sus espaldas y a unos escasos diez metros enfrente de ellos, se encontraba la horda de Huargos descansando bajo unos grandes sauces a la espera de nuevas órdenes. Aquella visión era tan escalofriante como inhóspita.

- A ver que hacemos con éstos- dijo Esdaleon rascándose la cabeza
- No tenemos otra que fiarnos de Enumanus; a ver qué se le ocurre para quitárnoslos de encima - contestó la semielfa- de todas formas estoy más tranquila, ahora que los orcos se han marchado. Los Huargos son listos, pero no razonan tanto como éstos.-
- ¿Y por qué no acabamos con ellos y punto? Si lo hacemos bien podríamos conseguirlo- replicó Esdaleon mientras contaba el número de Huargos que había.
- No empieces con tus temeridades Esdal- le reprendió Gwirdyon- que ya nos conocemos.

A Walo la idea de luchar le hizo acobardarse aún más de lo que estaba. Hacía un momento eran presos de los orcos, pero ahora con una veintena de Huargos mirándoles fijamente la situación no parecía mejorar. Se sentó en una roca y sacó su petaca de ron. “borracho me dolerán menos las mordeduras” pensó mientras bebía.

Isilya terminó el brebaje que había improvisado con las pocas hierbas que le quedaban, y sujetó a Enumanus haciéndole beber de él.
- Esto te calmará, ya lo verás- le dijo- demasiado esfuerzo has hecho.

Enumanus le hizo un gesto de agradecimiento y ella le miró. Comenzó a meditar acerca de todo lo que había pasado por su cabeza en aquellas últimas horas. Se había sentido profundamente decepcionada con él, y quizás aún lo estuviera algo, aunque poco a poco estaba comprendiendo al fin la desgarradora y triste historia de aquel hombre. Recordó la sensación que le dio verle por primera vez luchando en las murallas de Isengard; le impresionó su aire misterioso y su habilidad con el arco.
También pensó en todas las cosas que habían ocurrido desde entonces, tanto los buenos como los malos momentos. Y en la conversación que tuvieron aquella noche en Cuernavilla escondidos en el balcón. Isilya se sonrojó rememorando todas las cosas que había deseado que ocurrieran aquella noche y que finalmente no ocurrieron. Por último, recordó con tristeza todas las cosas que le había dicho la noche anterior, y como él, a pesar de todo, la salvó de aquel Huargo.

- ¿Te ocurre algo?- preguntó Enumanus al ver a la elfa tan ausente.
Isilya volvió al presente y se acercó despacio al humano.
- ¿Me perdonas?- le preguntó al oído.
Enumanus se quedó un momento pensativo y asintió con la cabeza.
- En realidad no tengo nada que perdonar- dijo.
- Todo lo que te dije ayer…lo siento, me costó entenderlo todo de golpe.
Enumanus sonrió –no te preocupes, suele pasar- dijo.
La elfa le devolvió la sonrisa y le besó levemente en la mejilla; gesto que el humano agradeció y le tranquilizó.

Gwirdyon, que había estado al tanto de los dos, se acercó una vez terminaron de hablar.
- ¿Te encuentras mejor?- preguntó a Enumanus.
- Sí, creo que ya puedo levantarme- respondió éste.
- Bien, porque tus Huargos te esperan- dijo la semielfa con ironía.

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NotaPublicado: Mié Jul 04, 2007 8:46 am 
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LA NOCHE ANTERIOR

Esdaleon había atacado a Enumanus y los efectos perniciosos del pergamino en su poder habían acrecentado el odio que sentía hacia el humano. Enumanus se había defendido y le hizo un corte en el cuello con su daga. En esos momentos le estaba amenazando con ella cuando Gwirdyon e Imdralis consiguieron parar la pelea. En ese momento de confusión y con un rápido movimiento, el caballero le arrebató a Esdaleon el pergamino. Éste no lo notó. Esdaleon apenas había comenzado un nuevo ataque hacia Enumanus, pero esta vez verbal, cuando de repente, apareció una manada de huargos que les atacó. Imdralis los había olido venir. Esdaleon acusaba a Enumanus de traidor e Isilya le echaba en cara las muertes de muchos de los suyos cuando Imdralis notó un olor ácido en el ambiente, como a azufre. Aprovechando la escasa visibilidad se había retirado del grupo con el pergamino escondido y había llegado hasta su caballo. A una señal suya el animal no hizo ningún ruido y comenzó a caminar, aguantando el miedo que los huargos le producían. Justo cuando las bestias atacaban el campamento él y su caballo se alejaban lentamente para no hacer ruido. Escuchó la voz de Isilya gritando su nombre.
- ¡Imdralis! ¡Walo está en peligro! -Gritó la elfa y Esdaleon rodó empujando a su amigo y clavando su espada en el animal que le atacaba.

Imdralis sintió que su alma se desgarraba al abandonar al grupo de esa manera, pero le había sido encomendada una misión, y por encima de todo, debía ser llevada a cabo. Ya no importaba que la portadora del pergamino cayera presa ni que todos los demás murieran con ella. Lo importante era que el pergamino estaba en sus manos y lejos del peligro. Cuando estuvo a suficiente distancia como para que los cascos de su caballo no fueran escuchados, le azuzó y galopó briosamente como nunca antes lo había hecho. En unas tres horas llegó al estrecho de Erech. Lugar sagrado para él y para todos los suyos. En otras circunstancias habría bajado de su caballo y hecho una reverencia a la piedra en la que el Rey de la Montaña juró fidelidad a Isildur, pero éstas no eran circunstancias normales. Ni siquiera paró para descansar. No había tiempo que perder. Le costó un tiempo pasar el sinuoso y estrecho camino que le llevaría hasta el valle de los ríos Morthond y Ringlo. De hecho, cuando llegó ya estaba amaneciendo. Su caballo comenzó a disminuir la velocidad a causa del cansancio. Imdralis paró y dejó que su montura descansara y se alimentara de la verde y fresca hierba que crecía por esos parajes. El muchacho se apoyó en el tronco de un árbol y rompió a llorar.

- No, seguro que están bien. -Se dijo a sí mismo para tranquilizarse.- Son fuertes y listos. Una pandilla de orcos y una manada de lobos salvajes no son suficiente como para acabar con ellos. Todos ellos sobrevivieron a la guerra del anillo, seguro que han salido de ésta. Pero aún así tengo que buscar refuerzos para que vayan a buscarlos.

Imdralis miró al horizonte y todo lo que vio fue una línea que dividía la franja verde de la hierba de la franja azul del cielo. En muchos kilómetros a la redonda no había nada más que hierba en un terreno abierto más que peligroso. Dejó que su caballo se saciara con las fuentes que manaban de las rocas donde nacía el Morthond. También él aprovechó para comer un pan de lembas y recuperar fuerzas y ánimo. Al cabo de un rato volvió a montar a su caballo. Cabalgó unas dos horas y el paisaje comenzó a variar a su paso, se hizo más y más arenoso. Se notaba que se dirigía a la costa, pues ya comenzó a ver alguna gaviota. De repente una flecha pasó rozando su cabeza. Imdralis se volvió y se encontró a dos soldados cubiertos con una armadura como la que él vestía cuando se encontró a la compañía por primera vez. El corazón le dio un vuelco y bajó de su caballo hincando las rodillas en el suelo.

- Saludos, amigos, qué alegría me da volver a ver a los míos. - Dijo Imdralis con la voz entrecortada. Los solddos le miraron sorprendidos, pues no consideraban de los suyos a alguien que portaba una armadura del reino de Rohán.

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NotaPublicado: Mié Jul 04, 2007 3:04 pm 
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Esdaleon sin decir nada encendio una hoquera en forma de semicirculo alrededor del grupo para mantener a raya a los huargos. Tenian un problema con los huargos porque no habia manera de alejarlos de Enumanus sin que los devorasen, por ahora tendrian que esperar, aunque no tenian mucho tiempo ya que pronto llegarian los orcos con los refuerzos. Poco a poco Enumanu fue recrobrando la consciencia.
- Donde esta Imdralis?- Pregunto mirando al grupo.- No lo he visto con vosotros, ni tampoco su cadaver.-
- Creo que huyo.- Contesto Gwirdyon.- Aunque me sorprende bastante viniesdo de el.-
- No huyo.- Contesto Esdal irrumpiendo en la conversacion.- El me quito el pergamino, esta haciendo lo que habria hecho un noble caballero de Minas Tirith.- Esdaleon, al ser tambien un guerrero de Gondor sabia que habria hecho el joven caballero.- Al ver en serio peligro la mision cogio el pergamino y se lo llevo a Minas Tirith, para el por encima de todo esta el bien de Gondor.-
- Deberiamos ir a buscarle.- Contesto Isilya.
- No estamos como para preocuparnos por el, sabra apanharselas.- Contesto Esdaleon.
- No deberia haber hecho eso.- Dijo Gwirdyon enfadada.- Somos un equipo.
- Es lo mejro que le ha psado a la mision desde que salimos, el pensaria que de esta no saldriamos con vida, probablemente ya este en Gondor, deberias admirar su valos y lealtad.- Dijo Esdaleon seriamente mirando al horizonte en direccion a Minas Tirith.
Bien, ahora ire con Enumauns a por nuestras armas y volveremos con ellas, no os alegeis del fuego.
Esdal cargo sobre su espalda a Enumanus y se acerco donde estaban las armas, las cogio como pudo envolviendolas con una manta y las llevo al grupo, seguidamente cerro el semicirculo defuego y avivo las llamas, tenian tres arcos, el de Gwirdyon, el de Iisliya y el de Enumanus que lo cogio Esdaleon a pesar de no ser el arco su arma favorita.
Los huergos no se atrevian a penetrar en el circulo de fuego y los tres arqueros comenzaon a disparar, mataron a unos 5, los demas al ver el infranqueable peligro huyeron desperdigados.
Tras asegurarse de que los huargos se habian ido Esdal apago un troco del circulo.
- Bien, problema resuelto, a por los caballos, debemos ir a Minas Tirith para asegurarnos de que Imdralis no tiene problemas.

Unos kilometros mas alla Imdralis deslumbraba a los dos incredulos centinelas con el emblema de Dol Amrod.
- Perdone nuestra estupidez Maese Imdralis pero hay que andarse con ojo, no se avecinan buenos tiempos.- Se disculpo humildemente uno de ls centinelas.
- Es de vital importancia que llegue a Minas Tirith ahora mismo.-
- Por supuesto, yo mismo le escoltare.- Ofrecio el otro centinela


PD: Perdon por la falta de acentos pero este teclado ingles no me deja ponerlos, en fin, espero que hos haya gustado mi intervencion, pasara un tiempo hasta la siguiente

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NotaPublicado: Jue Jul 05, 2007 1:57 am 
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Tras asegurarse de que los huargos se habian ido Esdal apago un troco del circulo.
- Bien, problema resuelto, a por los caballos, debemos ir a Minas Tirith para asegurarnos de que Imdralis no tiene problemas.
- Un momento, -Interrumpió Enumanus.- ¿Por qué estás tan seguro de que Imdralis ha ido a Minas Tirith directamente? Recuerda que cambiamos el rumbo de las montañas por sugerencia suya. Él tenía intención de ir a Dol Amroth para pedir ayuda en su reino.

Esdaleon se quedó pensativo por unos segundos.
- Pero ahora las circunstancias han cambiado, y él como portador del pergamino debería dirigirse lo más pronto posible a Minas Tirith.

- Esdaleon, - Interrumpió Gwirdyon- precisamente por eso, porque él es el portador del auténtico pergamino, ahora estará sufriendo los efectos del mismo. Huelga recordar qué efectos tuvo en tí en escasos minutos. Incluso a Walo le afectó. Si quería ir a Dol Amroth para ver a su familia y expresar su preocupación por el posible ataque que puede sufrir su hermana en Rohán, los efectos del pergamino acentuarán más aún esos sentimientos. Así que yo me decantaría más por ir hacia Dol Amroth.

- ¡Si es un verdadero guerrero debería ir a Minas Tirith sin preocuparse por lo que deja atrás! - Esdaleon empezaba a enfadarse de nuevo. No le gustaba que pusieran en entredicho la lealtad de Imdralis a su Rey.

- Esdaleon, todos conocemos a Imdralis, y sabemos que es un guerrero fiel, pero lo lógico sería pensar que ha ido a Dol Amroth a buscar ayuda para que nos rescaten. - Medió Isilya en la discusión.- Y a nosotros también nos vendria bien poder repostar en algún sitio, porque se están acabando mis medicinas y gran parte de la comida se perdió en el ataque de los huargos.

Aún no había terminado la frase cuando todos se enzarzaron en una discusión para dilucidar qué camino habría tomado Imdralis. Walo los miraba mientra cogía una botella de alcohol de la bolsa de Gwirdyon. Echo un trago y dejó la botella en su sitio.

- Ha ido a Dol Amroth. -Dijo Walo como quien no quiere la cosa. Todos callaron y le miraron esperando una explicación. Walo volvió a coger la botella para echar otro trago cuando ésta le fue arrebatada de las manos de malas maneras por Esdaleon. El viejo levantó la cabeza desorientado.
- ¿Que pasa? ¿Por qué te enfadas? Aun queda whiski, pensaba compartirlo. -Dijo Walo mirando a todos con los ojos medio cerrados. Esdaleon le agarró de los hombros y lo levantó del suelo.
- Dime cómo es que tú sabes dónde se dirige. - Le dijo El semielfo en un tono muy severo.
- Pues porque me lo dijo antes de que se abalanzaran los huargos. Cuando te quitó el pergamino, se acercó a mí y me dijo que no tenía ninguna intención de pasárselo a Isilya, que ahora que conocía el poder que le podía dar el pergamino se volvía a Dol Amroth para hacerse fuerte allí e intentar apoderarse de toda Arda.

Todos miraron a Walo con los ojos fuera de las órbitas. Esdaleon lo agarró del cuello y lo comenzó a zarandear mientras le gritaba.
- ¡maldito viejo mentiroso! ¡Nos has tomado el pelo!, te voy a machacar...

Gwirdyon e Isilya dejaron a los dos amigos solos y prepararon sus caballos y el de Enumanus para avanzar hacia Dol Amroth. Cuando estuvieron preparados se montaron sobre ellos y comenzaron un suave trote. Esdaleon y Walo escucharon los cascos de los caballos y pararon inmediatamente la pelea. Corrieron hacia sus corceles y en seguida los alcanzaron.

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NotaPublicado: Jue Jul 05, 2007 12:12 pm 
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Tras más de dos horas cabalgando la noche les alcanzó. Esdaleon que marchaba cerrando el grupo azuzó a su caballo hasta alcanzar a Gwirdyon que marchaba la primera.

- ¿Vamos a parar?- le preguntó.
- No, Esdal, no hasta que lleguemos a Erech, hay que aprovechar que los caballos están descansados- respondió la semielfa.

Los demás lo escucharon y se sintieron de acuerdo; todos querían pasar las Montañas Blancas de una vez por todas.
La noche estaba cálida y tranquila. Un cielo despejado y una luna creciente proporcionaba al grupo un hilo de claridad en aquel paso montañoso.
Dos o tres horas más tarde atravesaron por fin las montañas. El grupo aminoró la marcha y tantearon el terreno en la oscuridad.
- Mirad- señaló Gwirdyon adelantándose- aquella es la pierdra de Erech.
Todos se bajaron de sus monturas y miraron con atención.
- Es enorme- dijo Walo asombrado- ¿que importancia tiene?
- Sobre esta piedra juró fidelidad el Rey de las Montañas a Isildur- explicó Gwirdyon- y aquí fue donde el Rey Elessar le convocó para que cumpliera su juramento y les ayudara durante la Guerra del Anillo.
- ¿Y pensáis acampar aquí?- volvió a preguntar Walo temeroso, recordando las historias que había oído acerca del Ejercito de los Muertos.
- No te preocupes Walo, los Muertos ya se fueron hace años; al cumplir el juramento, pudieron descansar en paz por fin- dijo Isilya.
- Venga dejaros de charla y dormid lo que podáis- dijo Esdaleon- quedarán unas cuatro o cinco horas hasta el amanecer, y eso es lo que tenemos para descansar. Yo haré la primera guardia.

Montaron un improvisado campamento a unos metros de la Piedra, entre unos árboles frondosos.
Gwirdyon no paraba de dar vueltas envuelta en su manta.
- Si sigues así yo tampoco voy a pegar ojo- dijo Isilya que yacía a su lado.
- Lo siento, pero no puedo dormir- contestó la semielfa en voz baja- no paro de pensar en el pergamino. Si llegamos a Dol Amroth y no está...
- No te preocupes, tenemos que confiar en Imdralis- le consoló Isilya- no podemos hacer otra cosa de momento.
Gwirdyon miró a Isilya inquieta; pensaba en qué efectos podía ejercer sobre Imdralis el pergamino y en consecuencia qué decisiones tomaría éste. Despues de comprobar cómo había afectado a Walo y Esdaleon, ya se esperaba cualquier cosa.

- Si te sirve de consuelo, yo también estoy preocupada- continuó Isilya- no veo a Aurë desde anoche.
- Bueno seguro que está bien- dijo Gwirdyon que aquello no le parecía tan grave- ella sabe cuidarse sola.
- Esque pienso...¿Y si está con Imdralis?
La semielfa miró a Isilya con los ojos muy abiertos.
- Eso sería muy bueno- dijo- Isilya, ¿no tienes alguna forma de contactar con ella en la distancia?
- No me temo que no- respondió la elfa riéndose- pero ella siempre me encuentra esté donde esté, así que tengo la esperanza de que venga pronto a nosotros, y entonces averiguaré donde ha estado.
Esdaleon, que seguía de guardia, miró a las dos chicas.

- ¿Vais a dormiros de una vez, o queréis hacer guardia toda la noche?- dijo algo fastidiado.
- Yo haré guardia Esdal- dijo Gwirdyon levantándose- no puedo dormir así que anda, aprovecha tú y duerme lo que puedas, mañana será un día muy largo.
Esdaleon se encogió de hombros y se sentó al lado de la semielfa.
- ¿Es que no vas a dormir? - insistió Gwirdyon.
- Yo tampoco tengo sueño- respondió el guerrero- así que me quedo contigo.

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NotaPublicado: Jue Jul 05, 2007 1:08 pm 
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Ubicación: Girona
Enumanus tampoco podía dormir pero eran otros los pensamientos que turbaban su descanso. Se había apartado un poco del grupo, no sin antes haberle pedido una botella a Walo que se la entregó con un guiño.
- Que hariamos sin ti - le dijo al anciano a modo de agradecimiento.
Se había recostado sobre el tronco de un arbol y observaba como Isilya se disponía a dormir mientras Esdaleon y Gwirdyon se sentaban para hacer guardia.
Le hizo un gesto con la mano cuando la elfa lo miró, aquella noche y tal vez las siguientes deberia acostumbrarse a dormir sin la compañia de los demás.
Habían ocurrido demasiadas cosas en un corto periodo de tiempo y había que digerirlas poco a poco.
Durante más de quinze años habia ocultado su pasado y ahora todos sabían su secreto, eso le hacía sentirse incomodo. Bebió un largo trago y miró a la pareja que parecia que conversaban con interes. Volvió a beber otro interminable trago, el dolor de la pierna disminuyó y examinó la botella en su mano. Aún quedaba poco más de la mitad - no será suficiente - pensó.
Le ardía la garganta pero volvio a beber. Se preguntó que haría al dia siguiente, los demás intentaban tratarlo como siempre, bueno escepto Esdaleon, pero él se sentia desnudo ante sus miradas.
Volvió a beber, y se sorprendió por preocuparse por lo que pensaban los demás - es mi vida - se dijo - No tengo por que dar explicaciones de nada.
Observó la botella casi vacía, dio un ultimo trago y la dejó a su lado.
Esdaleon y Gwirdyon parecian discutir sobre los acontecimientos ocurridos y Walo e Isilya dormian despreocupadamente. Poco a poco se fue arrastrando hasta el anciano. Al llegar junto a él metió la mano en su mochila y sacó otra botella.
- Esta te la debo - susurró. Al darse cuenta de lo ridiculo de su situación no pudo evitar reir con sorna mientras se tapaba la boca con la mano.
Nadie le oyó.
Volvió arrastrandose hacia donde estaba y alzó la botella.
- A vuestra salud - dudó un momento - y a la de Imdralis esté donde esté.
Pasaron las horas y al cambiar la guardia con Walo y Isilya, la pareja de semielfos encontraron el cuerpo de Enumanus durmiendo entre el arbol y donde estaba el anciano. Cuatro botellas vacias marcaban el camino por donde se habia arrastrado.
- Mañana tendrá un resaca insoportable - dijo Isilya preocupada.
- Bastante insoportable es su miserable vida - contestó Esdaleon con desprecio.
Walo y Gwirdyon se miraron sin saber que decir.
El anciano y la elfa tomaron el puesto de guardia y la noche continuó el largo camino hasta el amanecer.

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NotaPublicado: Vie Jul 06, 2007 10:24 am 
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Unos kilometros mas alla, unas horas antes, Imdralis deslumbraba a los dos incredulos centinelas con el emblema de Dol Amroth.
- Perdone nuestra estupidez Maese Imdralis pero hay que andarse con ojo, no se avecinan buenos tiempos.- Se disculpo humildemente uno de ls centinelas.
- Es de vital importancia que llegue a Minas Tirith ahora mismo.-
- Por supuesto, yo mismo le escoltare.- Ofrecio el otro centinela. El guardia hizo una reverencia. Luego miró a Imdralis de arriba a abajo y continuó.- No es que quiera meterme en asuntos que no son de mi incumbencia, pero quizá le vendría bien descansar un poco y dejar que su caballo también lo haga. Se ve en sus caras que están exhaustos. Su padre el príncipe se alegrará mucho de verle.

Imdralis reflexionó unos segundos y accedió a la sugerencia del guardia. Los dos escoltas le acompañaron hasta el palacio que servía de morada a su padre y entraron con él. Imdralis sintió una gran congoja al volver a entrar en aquel patio en el que había pasado su infancia. Algo en su interior le llamaba a quedarse allí para siempre y olvidarse de la misión. Multitud de recuerdos se agolparon de repente en su cabeza. Se vio a sí mismo correteando por los jardines de palacio, con uno de sus libros en la mano, buscando un buen sitio a la sombra de los frutales. Entonces se acordó de sus libros, los que había tenido que abandonar a mitad de camino cuando la compañía decidió deshacerse de la carreta. ¿Todavía seguiría su biblioteca donde la dejó? Al pasar frente a la puerta del salón del trono, recordó uno de tantos días en que tanto su hermana como él entraban en tromba por esa puerta y se lanzaban en los brazos de su padre, haciéndole casi perder el equilibrio. Su hermana... estaba en Rohán... tenía que avisar a su padre lo antes posible.
En unos momentos había entrado en el salón del trono y se encontraba descansando en una de las sillas que había dispuestas para los invitados alrededor de las cuatro paredes del salón. Un elfo maduro, con pelo cano y larga barba, enjuto y serio, atravesó las puertas de madera noble y abrió los brazos para recibir a su hijo.

- Imdralis, hijo mío. - Imdralis se levantó de la silla y se dejó reconfortar en los brazos de su padre. Hacía mucho tiempo que no volvía a sentir aquella sensación y cada segundo le pareció interminable.
- Padre... - dijo Imdralis haciendo lo posible por mantener a raya las lágrimas que se desbocaban de sus ojos.
- ya, ya. - Dijo el príncipe volviendo a guardar la compostura.- Déjame que te vea. Te fuiste de aquí siendo un muchacho y has vuelto siendo todo un hombre. Ya no veo esa mirada perdida e ingenua que tenías cuando partiste de aquí. Tus ojos miran con seguridad. Tu rostro está curtido por el sol y tus hombros son más anchos. ¿Y de dónde has sacado esa armadura de Rohán?
- Es una larga historia. Y precisamente por eso estoy aquí. Hoy más que nunca el Reino Unificado necesita del apoyo de Dol Amroth y de todos sus aliados. Vayamos a un lugar más discreto y te pondré al corriente.
- Vaya, si hasta hablas como un guerrero de verdad. - Su padre se mesó la barba y volvió a abrir los brazos enérgicamente.- Ven aquí otra vez, hijo mío.
Imdralis y su padre volvieron a fundirse en un abrazo que les hizo más fuertes y más vulnerables a la vez.
- Este es un día para recordar durante mucho tiempo. Que organicen un gran banquete en honor a mi hijo, que ha vuelto y está vivo y está bien. Y ahora, ve a darte un buen baño y cámbiate esos ropajes. Lo que tengas que contarme podrá esperar un poco más.
- No, es muy urgente, mi hermana, tu hija, está en peligro. Ella y muchas personas inocentes más. Y mis amigos, los que han dado su vida una y otra vez por mí, también están en peligro. No puedo perder el tiempo dándome baños y disfrutando de fiestas mientras sé que cada segundo que pasa puede ser crucial para ellos. Esto no puede esperar. Y luzco esta armadura con mucho orgullo, no es la de mi reino, pero el rey Éomer demostró tal honestidad y lealtad a la causa que puedo llevar este emblema con la cabeza bien alta. Mi hermana eligió bien, y ahora debemos responder a la llamada de la sangre.
- Realmente has crecido mucho, así sea pues. Vamos a tu biblioteca y allí me pones al corriente. Luego, mientras organizamos todo, podrás darte ese merecido baño.
Imdralis aceptó. Su padre le pasó el brazo por los hombros y salieron juntos de la estancia.

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NotaPublicado: Vie Jul 06, 2007 11:45 am 
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Apenas amaneció cuando Esdaleon ya estaba en pie recogiendo en silencio el campamento. El día se presentaba más frío de lo habitual, y unas nubes amenazaban tormenta en el Este. Poco a poco el resto de sus compañeros fueron desperezándose. Walo se acercó al lugar donde dormía Enumanus y meneó la cabeza mientras recogía sus botellas vacías.
- Cuando lleguemos a Dol Amroth tendrás que invitarme a unas cuantas rondas para compensar esto, amigo- dijo.

Al oír la voz del viejo, Enumanus abrió lentamente los ojos. Le costó un rato hacerse con la luz del día y distinguir los objetos de su alrededor; estaba aturdido. Walo le miró y extendió su mano, para ayudarle a levantarse. El humano se levantó, y un tremendo dolor de cabeza le vino tan de repente que tuvo que sujetarse al viejo.

- Vaya, mira que estoy acostumbrado a las resacas, pero me temo que la tuya es impresionante, ¡te has bebido cuatro botellas!- exclamó Walo- Isilya ¿no tienes nada para aliviarle?
La elfa, que no había perdido detalle del despertar del humano, se plantó delante de él y le miró seria.
- Sí, pero no voy a malgastar las cuatro medicinas que me quedan en aliviar resacas.- dijo molesta.
- Tampoco te he pedido nada- murmuró Enumanus en voz baja.

- ¡Venga! ¿Estáis todos listos?- preguntó Gwirdyon, que ya estaba montada en su caballo.
Todos la miraron, asintieron y se apresuraron a sus monturas.
- Bien, hoy galoparemos durante el día entero. Si nada lo impide, antes del atardecer alcanzaremos el cauce del Río Ringló; su desembocadura está a unas pocas millas de Dol Amroth.
Esdaleon miró asombrado a Gwirdyon al escuchar todo lo que pretendía adelantar en un solo día pero no le dijo nada.
- ¡En marcha!- exclamó.

- ¡Esperad!- gritó de repente Isilya.

Todos la miraron con curiosidad y contemplaron con sorpresa como Aurë llegaba desde el cielo para posarse en el brazo de la elfa.
Isilya intercambió unos sonidos ininteligibles con la lechuza, y en la cara de la elfa se dibujó una amplia sonrisa.
- ¿Qué ha dicho? ¿Dónde ha estado?- preguntó Gwirdyon impaciente.
- ¡Imdralis!- exclamó Isilya – lo ha estado vigilando desde las alturas y por lo visto ayer por la noche llegó a Dol Amroth escoltado por dos soldados.

Esdaleon y Gwirdyon se miraron aliviados y contentos.
- Esa es buena señal, pero más vale que nos apresuremos- dijo la semielfa pensativa- si se dispone a llevar el pergamino a Minas Tirith puede que para cuando lleguemos nosotros a Dol Amroth, él ya haya partido.
- Pues entonces no se hable más- dijo Esdaleon- ¡Vamos!

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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