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NotaPublicado: Mié Nov 07, 2007 1:56 pm 
Montaraz nómada
Montaraz nómada
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Registrado: Jue Oct 11, 2007 5:05 pm
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Ubicación: Cartagena
El grupo se puso en busca de Erztum, preocupados emprendieron camino adentrándose más en el oscuro bosque, nada ni nadie sabía donde ni que le podía haber ocurrido al joven elfo. El istar pidió precaución en cada paso que dieran, pues cualquier criatura podría estar al acecho, estos obedecieron y como sigilosos hobbits pisaban sobre las hojas y ramas secas de aquel oscuro lugar.

Pero… ¿Dónde estaba Erztum? Éste, tras aquellos ruidos, fue excesivamente curioso y se adentró él solo hacía el bosque, donde vio una pequeña luz blanca, la luz se alejaba pero él la seguía, tanto que cuando vino a darse cuenta de donde estaba ya no sabía por donde se había metido, casualidad o no, la luz se detuvo. Él parecía como hechizado, con los ojos casi blancos, no parecía tan siquiera ser él.
Cada vez se acercaba más y más, la luz le absorbía hacía ella, pero de repente se oyó un grito…

-¡Atrás Erztum Atrás, no des un paso más!

Era Magnus con un tono sulfurado, mientras el joven elfo parecía como despertar de un trance. El istar dirigió su báculo hacía aquella misteriosa luz y lanzó un potente rayo, pero la luz se esfumó antes de que el rayo la alcanzase. El grupo estaba cerca, a unos metros, pero a una distancia prudencial asombrados por lo que habían contemplado.

De repente Erztum se sentó en una piedra, un poco aturdido, y todos se acercaron para ver cómo estaba, el istar entonces dijo…

-Apartaos, he de hacerle unas preguntas – exclamó serio Magnus.

-Erztum dime que has visto en esa luz

-Se veía borroso, pero podía diferenciar unas figuras de formas humanas, aunque no puedo asegurarte que lo fueran, lo único que sí te puedo asegurar es que se escuchaba un sonido melodioso de belleza singular, nunca he oído nada parecido, era tan bello…

El istar miró entonces hacía el cielo y para sí mismo pensó…

-¡Oh no! Ya es la primera.

Sin querer el istar dijo de su frase “la primera”, y raudos, Esdaleon y Gwirdyon a la vez dijeron…

-¿La primera qué, Magnus?

Magnus entonces se quedó en silencio unos segundos, miró a los árboles como pidiéndoles ayuda, y volvió a mirar al grupo y con más seriedad que nunca les dijo…

-Lo que habéis visto es algo con una gran fuerza que ningún ser menor podrá vencer.

Ehuram entonces preguntó…

-¿Qué es? ¿Uno de los espíritus trolls que nos dijiste?

El istar, con voz temblorosa, le dijo que no, que era algo mucho peor, entonces saltó Isilya y le preguntó…

-Pues dinos Magnus ante qué nos hemos enfrentado hace un instante – dijo con serio tono la elfa.

El Istar no se lo pensó dos veces y contestó…

-Amigos habéis sido testigos de ver a una de las diez reliquias que la Orden del Destino desea tener.

Todos quedaron estupefactos ante aquel comentario, no se lo esperaban, el istar que vio sus caras entonces propuso partir de inmediato hacía Rivendel, en plena noche, a lo que Isilya preguntó…

-¿Y Erztum, qué? Miradle, sigue aturdido en la roca.

-Subidle a su caballo, en un par de horas volverá a ser él mismo – dijo Magnus.

El grupo marchó entonces hacía Rivendel, todos iban callados excepto Magnus, Esdaleon y Gwirdyon, que comentaban lo sucedido. Esdaleon le preguntó al istar…

-¿Por qué fue Erztum y no otro?

-Pues porque de todos los que somos, él es el más sensible de oído, y eso esta vez le ha jugado una mala pasada. – dijo sabiamente el istar.

A Gwirdyon, tras oír las palabras, se le encogió el alma, parecía como si su corazón se le volcase, y le preguntó…

-Pero Magnus… ¿qué era exactamente eso?

-No diré aquí que es exactamente, eso solo se hablará donde se tiene que hablar, en el Concilio de la Cuarta Edad. – exclamó en tono despectivo el istar.


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NotaPublicado: Mié Nov 07, 2007 8:02 pm 
Viajero Asíduo
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Registrado: Sab Oct 07, 2006 3:19 pm
Mensajes: 33
Ubicación: Solo Erü sabe donde realmente está mi alma.
Magnus estaba preocupadísimo. La primera de todas las reliquias... nunca creía que se situase en este lugar... era un lugar muy extraño... pero... ¿quién era el que la portaba...?. Quizás... la Orden del Destino ya hubiese conseguido la primera de todas las reliquias ante sus ojos... no podía ser... la primera... era... algo que un ser como ellos no podía adquirir tan fácilmente

- Amigo- dijo llamando al príncipe de Annúminas- tengo una misión para tí.

Después de esto los dos hablaron en secreto total y, más tarde, todos vieron como el príncipe partía solo con un corcel blanco y hacía el sur a toda velocidad

- ¿Dónde va?- dijo Esdaleon.
- Dentro de una semana lo sabréis.


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NotaPublicado: Mié Nov 07, 2007 8:17 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 15, 2007 1:58 pm
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Ubicación: Biblioteca de El Poney Pisador, leyendo algún libro sobre leyendas de luchadores invencibles
[OFF-TOPIC] Lo siento, mientras escribía mi acción se han publicado otras dos, y ya que no podía borrar el mensaje, he decidido notificaros esto ;) ON-TOPIC]

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No puedes pasar. Soy un servidor del Fuego Sectreto, que es el dueño de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar ¡No puedes pasar!Imagen[/url]


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NotaPublicado: Jue Nov 08, 2007 5:03 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Mar Oct 02, 2007 9:02 pm
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Ubicación: Simplemente... en todo
Mientras el viejo Nolmo se acercaba ya a Isengard. Entró en el cerco de la torre de Orthanc, que hace tiempo fue cerrada por un príncipe exento de poder llamado Imdralis que se llevó de la torre un libro oscuro. Estaba cerrada totalmente. Se acercó a un Ent y con unas palabras llenas de sabiduría y misterio le dijo:

- Estás más viejo Engoer, en tus ramas ya no florecen esas tenues aidenas rosas que solo crecían allá en el sur y en tu chepa.

- ¿Olosta?, ¿eres Olosta el soñador?- dijo el Ent abriendo los ojos y mirando asombrado al Ainur.

- No, aquí en la Tierra Media soy Nolmo el unificador- dijo levemente para ahora decir unas palabras con una voz que hacía temblar las piedras de todos los alrededores- y he venido para que los ents despierten de su largo sueño y de nuevo ayuden a la Tierra Media, no antes sin ofrecer una recompensa... que... será de vuestro agrado- todos los ents de la zona se acercaron a el con premura- he encontrado a... una colonia de ents mujeres... es muy pequeña y exactamente no se donde está, pero podría deciros su situación aproximada para que los que aún tengan fuerzas vayan en su busca.

El griterío fue tremendo, hasta en Lorien se escuchó algún que otro grito de los ents. Todos gritaban y murmuraban. Entonces Engoer mandó a callar a todos.

- ¿Qué queréis Nolmo a cambio de la mejor de todas las maravillas para un ent?

- Que salvéis este mundo que es la maravilla de tantos otros. Vuestra misión es simple, ya tenéis constancia de la reunión que se va a celebrar, pero... vosotros sois algo más que sabiduría semieterna, sois fuertes y protectores amantes del arte de Yavannah, por tanto salvad sus bosques y estad dispuestos a partir en cualquier momento.

Los ents aceptaron sin pensárselo y luego se fueron marchando para comunicar la noticia a todos. Nolmo se acerco a la puerta de Orthanc y diciendo unas leves palabras apoyó su mano y gritó:

- ¿Por qué estás cerrada, puerta de la torre maldita?. Ábrete, un discípulo de Lorien, Olostar "el soñador", te lo ordena.

Y algo que ni los más poderosos istari consiguieron en años Nolmo lo consiguió y tras entrar en la torre cerró la puerta tras de si.

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La sensación del dolor puro es algo que solo puedo imaginar.


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NotaPublicado: Mié Nov 14, 2007 2:41 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Lejos de allí, el grupo encabezado por Magnus, caminaba en silencio junto a sus monturas. Anduvieron varias horas hasta haberse alejado lo suficiente del lugar donde encontraron la misteriosa luz y decidieron acampar en un claro al lado del camino. El sueño y el cansancio les hacía moverse a trompicones mientras buscaban un buen rincón para tumbarse.
- Esta vez yo haré la guardia - dijo el istar consciente del estado somnoliento del grupo.
Nadie dijo nada, se separaron casi inconscientemente en dos grupos, Gwirdyon, Esdaleon e Isilya al abrigo de unos matorrales y Ertzum, Ibal y Ehuram junto a los caballos. Al rato ya dormían todos excepto Magnus, que sentado sobre una roca observaba las sombras con interés.

Pasó la noche sin ningún otro sobresalto y el grupo despertó encontrando al istar tal y como lo dejaron al dormirse.
- ¿No has dormido en toda la noche? - preguntó Gwirdyon asombrada.
- Podría decirse que no, al menos lo que vosotros entendéis por dormir - contestó Magnus a la vez que se levantaba apoyándose en su báculo.
- ¿Y si desayunamos? - casi gritó Ibal desde donde estaban las monturas.

Al rato estaban todos sentados alrededor de una pequeña hoguera, llenando sus estómagos.
- Llevamos ya dos noches durmiendo al raso, el viaje va a ser largo y lleno de sucesos extraños por lo que veo, espero no habernos equivocado en dirigirnos a Rivendel - dijo Ehuram ante el asombro de todos, pues durante el viaje apenas había dicho nada.
- ¡Ya lo decía yo! - añadió Ibal.
- Cualquier camino es peligroso, ahora mismo lo importante es llegar a Rivendel, necesitamos víveres y descansar en una buena cama, además los caballos nos lo agradecerán - intentó justificar Esdaleon antes de que el camino a seguir se convirtiera de nuevo en una discusión.
- Con un poco de suerte mañana ya habremos llegado - dijo Ertzum sin apartar sus ojos del enano.
Dicho esto empezaron a recoger y de nuevo tomaron camino hacia el este.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Vie Nov 16, 2007 11:02 am 
Este Huésped puede elegir título
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Isilya, que había dormido toda la noche sin interrupción, se sentía despejada, y había tenido tiempo de poner en orden sus pensamientos. En cuanto comenzaron la marcha, se acercó a Esdaleon, cruzándose en el camino de Erztum para ello.

- He estado dándole vueltas a un asunto y no le encuentro explicación. Espero que tú me la puedas dar. - Dijo la elfa al caballero dejándolo sorprendido por el comentario.
- Bueno... las mujeres siempre estáis dándole vueltas a las cosas y cuando nos preguntáis es para meternos en líos. - Contestó Esdaleon.- Pero aún así, me arriesgaré, pregunta lo que quieras.
- El otro día apareció Walo entre unos matorrales y vosotros no le invitásteis a venir con el grupo. Cuando os conocí, el anciano era tu mejor amigo, y no entendí tu actitud ni la de Gwirdyon. - Isilya se echó la melena negra hacia atrás, dejando ver mejor sus finas facciones. Erztum la miraba desde su caballo embelesado.
- Bueno... Isilya, Walo es mi amigo, pero está ya anciano, y es un borrachín, nos habría causado más problemas que beneficios...
- Me estás mintiendo, Esdal - contestó la elfa de sopetón.- No sabes mentir, y cuando lo haces te sonrojas hasta tal punto que no se te ven los ojos. Y ahora mismo, tus ojos son dos puntitos negros en medio de una mancha roja.

Esdaleon se tapó la cara con la capa. Erztum, que los observaba desde atrás, se echó a reir. Gwirdyon se acercó e interrumpió la conversación.
- ¿Interrumpo algo interesante? - Preguntó en un tono jocoso.
- No, al contrario, quizá tú puedas aclararme una duda. ¿Qué hacía Walo en Bree la otra noche? - Preguntó la elfa morena.
- Pues... - Gwirdyon se quedó callada unos momentos - Mira, tanto Esdaleon, como Walo como yo estamos en una misión secreta, que ya no lo es tanto porque te lo estoy diciendo. Te agradeceré que no preguntes nada más y, por supuesto, que no comentes nada a nadie, ni siquiera a Enumanus cuando lo veas.

Isilya se quedó de piedra.
- ¿Por qué se lo has dicho? - Le espetó Esdaleon a la semielfa - s¡e supone que no podíamos decirlo a nadie!
- Porque Isilya siempre nos ha dado suficientes razones para confiar en ella. - Contestó Gwirdyon dejando a la elfa estupefacta.
- Vaya, sí que te ha cambiado el tiempo que has estado en Rivendel. Antes no confiabas en nadie, y menos aún en mí. - Dijo Isilya. - Me alegro de estar con vosotros.

Y siguieron la marcha, bajo la atenta mirada de Erztum, que no había perdido detalle de la conversación gracias a su afinado sentido del oído. Por delante, Ibal conversaba alegremente con Ehuram, quien parecía haber hecho buenas migas con el enano. Magnus encabezaba el grupo y de vez en cuando se volvía para ver si todo seguía en orden.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Dom Nov 18, 2007 2:18 am 
Mariscal del Folde Oeste
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
En el interin:

Los dos embozados fueron introducidos en la oscura cámara, solo iluminada por la luz que emanaba de la hoguera, una cámara espartana, solo una mesa y una silla. En esa silla sentada en la penumbra una figura, solo una sombra, esperó en silencio a que los recien llegados dieran cuenta del informe y tras escucharlos les hizo una simple señal y salieron tras dejar encima de la mesa un pliego de pergaminos.
Una vez a solas la figura se alzó, dió la vuelta a la mesa y las llamas dejaron entrever una figura, vestida de Jinete masculino, con uniforme de la guardia real pero las curvas de su cuerpo denotaba una mujer. Los movimientos delataban que era bastante agil, como de algo menos de mediana edad.

Tras mirar el legajo se acercó a un rincón oscuro y tocó un ladrillo indistinto de los demas, tras esperar unos segundos se abrió la pared y le dió paso a una habitación muy iluminada, bien amueblada y sentado tras la mesa escritorio, donde habia unas cuantas carpetas con diversos documentos un hombre, de mediana edad, bien vestido. En un perchero bien colgado para evitar arrugas, la cápa verde con ribetes dorados y el casco con cimera roja.

-Mi señor, el Sur vuelve a zumbar con sones de guerra.
-Gracias numero uno, nunca escarmientan.
-Otra cosa, parece que no tiene importancia pero en Fangor hay movimiento.
El hombre, tras rascarse la coronilla miró a la mujer y...
-Bueno, lo que sea sonará, otra cosa, y dejando aparte el trabajo, si no tienes nada que hacer ¿te apetece cenar conmigo dentro de una hora?
-Sera un honor Mariscal Baldor.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Dom Nov 18, 2007 3:23 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
-Matadla, ya tenemos al crio - alcanzó a oir la elfa desde el suelo mientras se frotaba el costado dolorido por el golpe.
- ¡No! - gritó haciendo ademán de levantarse. Una patada en el rostro la hizo caer hacia atrás. En pie cinco hombres se mofaban de ella a la vez que empezaron a darle puntapies sin parar, Isilya se protegió con los brazos y haciendose un ovillo intentó rodar por el suelo para esquivar los golpes. Cuando la tuvieron arrinconada contra la pared, uno de los atacantes sacó un cuchillo mirandola amenazadoramente.
- Se acabó la diversión - sonrió.
Una flecha atravesó su garganta haciéndolo caer frente a ella, los demás se volvieron justo para que el segundo de los atacantes se desplomara atravesado por otra flecha.
- ¡El tuerto! - gritó uno de ellos, blandiendo su espada sin saber que hacer, un tercero cayó antes de llegar a protegerse de los disparos.
- Vamonos no nos pagan lo suficiente para morir por un crio - gritó uno de los atacantes pateando a Isilya antes de echar a correr seguido por su compañero.
La elfa apenas pudo verlos, en su pensamiento solo existía su hijo Inzil en manos de sus desconocidos agresores.
- ¿Estas bien?
Isilya reconoció la voz de Enumanus que la incorporaba con delicadeza una vez huidos los atacantes.
- Se han llevado a Inzil - alcanzó a decir antes de desmayarse.
Cuando recobró el conocimiento, montaba a caballo junto al humano, había oscurecido y le dolía todo el cuerpo.
- ¿Donde vamos? - preguntó.
- A Bre, en el Poney cuidaran de ti - contestó Enumanus preocupado.
- ¿Y mi hijo? - dijo Isilya aturdida.
- Volveré a por él, mientras, tu debes estar fuera de peligro.
Isilya cerró los ojos deseando que todo hubiera sido una pesadilla, respiró hondo y se durmió camino de la posada.

- Esto es todo lo que recuerdo... - dijo la elfa mirándo con seriedad a Gwirdyon que montaba a su lado - tú me has contado tu secreto y es justo que tú sepas el mio.
- ¿Por qué no nos lo dijiste a Esdaelon y a mi entonces? - replicó la semielfa.
- No sabía quien nos atacaba y por qué, no quería meteros en problemas, tal vez aún haya alguien intentando matarme...- contestó mirando de reojo a los demás acompañantes.
Ertzum bajó la mirada, su fino oido le había permitido saber de la conversación de entre las dos mujeres y sentía un poco de verguenza pues su intención no era la de espiarlas.
Ehuram apareció de repente colocando su caballo entre las dos.
- Disculpad pero me gustaria hablar contigo - dijo toscamente a la elfa - según creo tu sabes donde está Enumanus, puesto que él te llevó hasta Bree.
Gwirdyon lo miró molesta por sus modales y agarró las bridas del caballo del beórnida haciendo que se detuviera junto con ella. Los demás continuaron su marcha escepto Esdaleon que se detuvo a unos metros por delante, espectante.
- ¿Te pasa algo? - preguntó malhumorada Gwirdyon.
Ehuram calló sin dejar de mirarla a los ojos.
- ¿Y a ti? - replicó.
- Tu interés por Enumanus me hace dudar de tus intenciones.
Ehuram sonrió, como si le divirtiera la situación, espoleó su caballo para alcanzar a los demás no sin antes contestar a la semielfa.
- Tal vez deberias desconfiar de tu amigo Enumanus. - le replicó.
Gwirdyon se quedó pensativa durante unos segundos - ¿en que problemas andarás metido? - se preguntó a si misma pensando en su tuerto compañero.
El sol apuntaba al medidodia cuando el grupo se detuvo para reposar.
Ertzum se acercó a Gwirdyon ofreciendole un trago de agua.
- Te veo preocupada - le dijo.

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NotaPublicado: Sab Nov 24, 2007 2:10 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
- No es nada, Erztum. - Contestó Gwirdyon evitando la mirada del elfo. Azuzó a su caballo y se colocó justo detrás de Ehuram e Isilya. Justo etaba a su altura cuando Magnus paró su caballo e hizo un gesto con el brazo a los demás para que pararan y no hicieran ruido. Todos pararon de golpe. Los caballos se quedaron quietos. Magnus giró la cabeza hacia el oeste como si pudiera escuchar mejor lo que proviniese de allí. El enano le miraba desconfiado.

- ¿Y ahora qué le pasa a su excelencia, el istar de los bosques? - Preguntó Ehuram a Ibal. El enano le miró y se encogió de hombros. Magnus alzó la cabeza y dirigió su mirada al cielo con los brazos abiertos de par en par. Isilya y Gwirdyon se miraron extrañadas. Esdaleon hizo un gesto mohíno acerca del istar y Erztum movió la cabeza afirmativamente. De repente, el elfo se quedó serio y miró hacia el oeste. También él había notado algo. En unos segundos el elfo se quedó rígido y con los ojos en blanco. Ibal, que tenia extensos conocimientos acerca de cómo curar, se acercó a él sin hacer ruido y le tomó el pulso. Isilya también se había acercado. Gwirdyon miraba a Magnus, que seguía en estado de shock, con los brazos abiertos hacia el cielo.

Esdaleon se bajó del caballo y tiró de su brida hasta ocultarlo entre los árboles que había a ambos lados del camino. Gwirdyon y Ehuram le siguieron. Ibal e Isilya se llevaron a Erztum detrás de los árboles. Los otros tres cogieron los caballos de sus compañeros y los escondieron también. Entonces Magnus volvió en sí y se volvió. No vio a ninguno de la compañía, se extrañó, y luego se acercó a los árboles donde estaban refugiados y se echó a reír al ver la escena. Se acercó a Erztum, le puso la mano en la frente y el elfo volvió en sí al instante.

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NotaPublicado: Dom Nov 25, 2007 11:33 am 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 15, 2007 1:58 pm
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Ubicación: Biblioteca de El Poney Pisador, leyendo algún libro sobre leyendas de luchadores invencibles
-¿Y ahora?¿Qué os pasa ahora?.-Gruñó el enano por lo bajo.-Yo creo que el elfo está débil, esas patitas finas y brazos delicados son en vano. Y acerca del tal Magnus... desde el principio supe que no era... hummm...-bajó el tono de voz.-del todo normal.-Si hubiésemos traído un enano en vez del elfo.-No habría habido tantos inconvenientes.
El istar interrumpió, enfadado:
-¡Pero que dices!Gusano de estercolero. ¡Inculto engendro nacido de la dura roca! Eso era o la misma u otra reliquia de las que buscan ellos .
El enano se encolerizó. Con una mano agarro su martillo y con la otra su espada corta. Se abalanzó sobre Magnus, que no se lo esperaba y cayó al suelo. Se levantó y antes de que Îbal pudiese hacer nada, le arrancó el martillo de las manos y le dio un golpe en el pecho, la cota de malla se le incrustó en la piel, haciéndolo gritar, allí se quedó agarrándose el torso esperando que alguien lo ayudase.

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NotaPublicado: Dom Nov 25, 2007 4:09 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Jue Oct 11, 2007 5:05 pm
Mensajes: 21
Ubicación: Cartagena
Ibal coge mi mano – exclamó el joven Erztum.

Todos miraron hacía el elfo como sorprendidos por aquel inesperado comentario, pues nadie esperaba que tras su reciente debilidad este se ofreciera a ayudar al enano. Seguidamente Erztum le dijo a Magnus…

-¡Parad! Os agradezco el gesto, pero creo que lo más importante sería mantener la unidad del grupo.

Erztum levantó del suelo al malherido Ibal, que sin mediar palabra se montó en su poney sin agradecerle nada al elfo, este a su vez no quiso darle importancia al hecho, pues conocía bien el carácter de los enanos.

Todos emprendieron de nuevo su camino, incluido Erztum, que parecía recobrar fuerzas de donde no las había, Ehuram como siempre estaba al final del grupo en la retaguardia y Gwirdyon, Esdaleon y Magnus guiaban al grupo, que de nuevo retomaba esa frágil unidad que demostraban durante el camino.

Por fin y tras cruzar algunas laderas posteriores al Bosque de los Trolls llegaron a Rivendel. Esto alivió al grupo en cierto modo, pues habían sufrido más de lo esperado, el comienzo del viaje fue agetreado, pero aún quedaba mucho para llegar hasta Fangorn. El rostro de Magnus era preocupante, todo lo contrario que a Gwirdyon, que miraba a Esdaleon emocionada y con lágrimas contenidas en sus bellos ojos, sus recuerdos de Rivendel tenían un valor incalculable dentro de su humilde y gran corazón.

Magnus se sentó junto a un riachuelo y miró el bello bosque de ribera que había a su alrededor, de repente Ehuram le toco el hombro con su robusta mano y le dijo…

-¿Os sucede algo?

El istar, que estaba desprevenido, contestó…

-No, solamente descansaba.

Se levantó de su sitio decidido, pero su mirada guardaba algo, y nadie de los presentes creyó en lo que Magnus acababa de decirle al fortachón Ehuram.


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NotaPublicado: Mar Nov 27, 2007 3:37 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Ehuram se encogió de hombros ante la respuesta de Magnus y decidió ir a descansar. Ibal le siguió. Acababan de llegar a Rivendel y todos intuían que no se quedarían mucho tiempo, y que por lo tanto la mejor opción sería reponer el máximo de fuerzas.

Erztum se sentó en una roca, cerca de donde acababa de estar sentado Magnus y comenzó a observar todo con emoción y curiosidad.
Hacía ya tiempo que Rivendel era solo una sombra del lugar que fue. Desde el final de la Tercera Edad la mayoría de sus importantes señores lo abandonaron, dejando el lugar mermado de sabiduría, conocimiento y cultura.
No obstante, algunos Eldar habían decidido quedarse por lealtad hacia Elladan y Elrohir, los hijos de Elrond. Y éstos habían procurado mantener a Rivendel como un enclave, no solo ideal para el descanso y el retiro, sino un lugar de entrenamiento y formación de muchos montaraces, elfos y semielfos de todo Eriador.

Nada más llegar a Rivendel dos elfos, que parecían conocer a Gwirdyon y a Esdaleon, les habían dado la bienvenida al grupo.

-Comed y descansad todo lo que necesitéis- dijo uno de ellos- también podéis ir a la forja y tomar municiones, o si lo preferís podéis relajaros en la Sala del Fuego y de paso contarnos alguna historia.

Todos se sintieron en mayor o menor medida reconfortados, y después de que Ehruam e Ibal decidieran irse a descansar, Gwirdyon comenzó a charlar alegremente con los dos elfos.

Esdaleon que no le quitaba ojo a Magnus se acercó a él con intención de hablarle.
-El invierno avanza y aún debemos atravesar las Montañas- dijo el Istar de pronto adelantándose al semielfo como si le adivinara los pensamientos.
-Eso es pan comido- replicó Esdaleon impasible-si me lo propongo, puedo atravesarlas en menos de diez días.
-Pero no vas tú solo y además- Magnus se quedó un instante pensativo- aún no hemos decidido qué camino tomar a partir de aquí.
-Esdal, Magnus- interrumpió Gwirdyon haciéndoles una señal con el brazo- vamos dentro, allí podremos hablar tranquilamente junto al fuego.

Todos se mostraron de acuerdo y les siguieron hacia el edificio principal.
Antes de entrar, Isilya se acercó titubeante a uno de los elfos y le agarró del brazo.
-Me preguntaba…- comenzó a decir en voz baja- …si algún viajero hubiera venido por aquí en estas últimas semanas, buscando cobijo o ayuda…
El elfo la miró algo sorprendido pero se encogió de hombros.
-Todos los días vienen montaraces de los alrededores buscando descanso- respondió meneando la cabeza- además no siempre estoy aquí recibiendo a los viajeros. Si buscas a alguien no sé si yo podría ayudarte.
Isilya sonrió intentando no parecer decepcionada.
-No importa, gracias de todas formas- dijo antes de entrar en la casa.

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Lun Dic 10, 2007 9:56 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Lejos de allí, Enumanus se ocultaba entre la maleza evitando ser encontrado por sus perseguidores. Partió en dos la flecha que le atravesaba el brazo izquierdo y con una tira de cuero se hizo un torniquete como pudo.
- No tenía que haber venido solo - se dijo a si mismo.
A su alrededor media docena de individuos armados hasta los dientes pateaban los matorrales buscando a su presa sin éxito alguno.

- ¡Está aquí! - gritó Ehuram con visible alegría.
- Vaya, al fin podremos tomarnos unas cervezas fresquitas - contestó Ibal antes de lanzarse a correr hacia el camuflado hostal.
Ehuram se volvió por si le seguian los demás pero no vio a nadie.
- ¡Bah! - pensó - ya vendrán más tarde.
Dicho esto se dirigió tras los pasos del enano, relamiendose pensando en una enorme jarra espumosa y helada.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mar Dic 11, 2007 6:26 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Isilya, preocupada por las palabras del elfo, había entrado en la casa dándole vueltas a la cabeza y sin poder parar de pensar en su hijo. ¿Y si Enumanus no había podido defenderle como le prometió y él también había sucumbido? Su cabeza era un hervidero de ideas que iban y venían y se entrelazaban con remordimientos y sentimientos de culpa. Se sentía un mala madre, eso que toda su vida había temido ser.

Magnus se recuperaba de su estado de shock autoinducido y lo miraba todo con aires renovados. Se sentía cansado, pues cada vez que se fundía con la naturaleza para convertirse en uno solo, sus fuerzas se veían considerablemente mermadas, aunque cada vez necesitaba menos tiempo de recuperación. Al principio se sentía algo cansado, pero luego sus poderes se veían aumentados con creces. Era un ejercicio que debía realizar de vez en cuando para conservar su capacidad de simbiosis con la naturaleza, y puesto que la misión requería tener las habilidades al límite, debía estar siempre a punto.

Ehuram no le había quitado el ojo de encima a Isilya, pues le había llamado mucho la atención su repentino cambio de humor, y pensó que podía tener algo que ver con el hecho de encontrarse en Rivendel. Así que se había convertido en su sombra.

Esdaleon y Gwirdyon habían desaparecido literalmente. El elfo que le había dado la bienvenida aprovechó un momento de despiste de los demás para hacer pasar a los dos semielfos por una abertura practicada en la pared y disimulada con hiedra para desaparecer del alcance de la vista de todos. En esos momentos se encontraban frente a un elfo anciano que los miraba con ojos escrutadores.
- Comprendo que os viérais envueltos en esta expedición y no pudierais negaros para no desvelar el verdadero motivo de vuestra estancia en Bree, pero no veo motivo para que les dejarais llegar hasta aquí. ¿De veras era necesario dejarles llegar hasta Rivendel? - Preguntó el anciano. Gwirdyon miró al suelo cabizbaja. Esdaleon se mordió los labios conteniendo la impotencia que aquella situación le hacía sentir.
- Ciertamente, no era necesario que todos vinieran hasta aquí. Tan sólo nos preocupaba que Isilya pudiera reencontrarse aquí con su hijo. Pero no supimos cómo evitar que el resto también nos acompañara sin saber lo que estaba ocurriendo. Al parecer, la vida de la elfa de pelo negro también corre peligro, así como la de su hijo... - Explicó Gwirdyon a grandes rasgos.
- Bien, - Contestó el elfo anciano, que había estado escuchando atentamente las palabras de la semielfa - considero justo que la elfa permanezca aquí bajo la protección que todavía podemos darle en este lugar, al menos hasta que se despeje el asunto de su hijo. En cuanto a los demás, aceptaré que se queden si prometen total discreción y respeto absoluto hacia las costumbres élficas de Rivendel. Cuando hayáis descansado y se hayan aprovisionado de comida y ropa, marcharán y continuarán su camino.
- ¿Marcharán? - Preguntó Esdaleon interrumpiendo la conversación. - ¿quiere decir que nosotros no les vamos a acompañar?
- Sabes perfectamente cuál es vuestro cometido. Debéis seguir adelante con lo que habéis empezado. Walo ya está preparado. Mañana descansarán aquí, pero al amanecer del día siguiente vuestros compañeros deberán abandonar Rivendel. La elfa se puede quedar si así lo desea. - dicho esto se levantó del sillón verde en el que estaba sentado y se dio media vuelta dirigiéndose a sus aposentos.

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NotaPublicado: Dom Dic 23, 2007 2:57 am 
Amigo de las Palabras
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Registrado: Dom Oct 14, 2007 4:13 pm
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Ubicación: De camino hacia el Gwatló
A la mañana siguiente, Ibal se levantó de un salto como de costumbre y, cuando más tranquilo estaba contemplando el paisaje, Erztum, aunque involuntariamente, le amargó el día.
- ¡No están, no están! ¡Se han ido! -repetía, manoteando y moviendo los ojos como fuera de sus órbitas.
- ¿Pero qué es lo que ha desaparecido?
- ¿Qué? No. ¿Quién? O, mejor dicho, ¿quiénes? ¡Por Eru!, ¿qué vamos a hacer? Con todo ya montado y en marcha. Así no hay manera...
- ¡Erztum, cálmate! -exclamó Ibal zarandeándolo.- Cuéntame, ¿quiénes han desaparecido?
- Los más importantes, los guías, los experimentados, los que iban a hacer de esta historia una balsa de aceite: ¡Gwirdyon y Esdaleon!
Un acaloramiento que le hizo hervir las orejas le subió por todo el cuerpo a Ibal. Se sintió algo mareado y hasta las nauseas que le producían los momentos de tensión previos a una contienda le sobrevinieron de improviso. Siempre se había puesto muy nervioso ante los imprevistos, esos acontecimientos que no tenía previamente visualizados y asimilados. Tras unos instantes recobró la compostura mientras el joven Ertzum aguardaba impaciente.
- ¡Pronto, ve avisando al resto! Tenemos que reunirnos. Esto lo cambia todo. Yo voy a asearme en un momento.

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NotaPublicado: Lun Dic 24, 2007 12:57 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Ibal se encontraba en plena faena rehaciendo sus cuidadas trenzas de la barba cuando Erztum volvió más nervioso todavía que antes.
- ¡No están! ¡No están! - Gritaba asustado y muy nervioso.
- Eso ya me lo has dicho antes. - Contestó Ibal conteniendo la serenidad para no descargar su ira sobre el elfo.
- No, - Contestó Erztum, dio un paso hacia atrás tras ver la cara del enano y siguió mirando para todos lados.- Isilya no está, Ehuram no está, Magnus no está,... sólo quedamos nosotros dos!!
Ibal le miró perplejo. Esa respuesta no la esperaba. Soltó la última trenza a medio hacer y recogió sus cosas en un momento.
- Vamos, es hora de hablar seriamente con los elfos de este lugar. - Contestó el enano en tono muy serio. Erztum asintió con la cabeza y le siguió.

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NotaPublicado: Sab Dic 29, 2007 6:47 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
La bella silueta de una joven elfa caminaba cabizbaja junto a su caballo atravesando el puente sobre el rio Bruinen. A su derecha la maravillosa vista de las cataratas entre las escarpadas laderas de las montañas nubladas apenas conseguían alegrar su corazón.
- ¿Te vas así sin decir nada? - dijo Ehuram desde el inicio del puente a lomos de su caballo - ¿Ni siquiera Gwirdyon y Esdaleon se merecen saber que te vas?
Isilya se detuvo y lo miró con cara de ofendida.
- Tienen una misión que cumplir y para mi lo más urgente es encontrar a mi hijo - se dio la vuelta y continuó andando, el ruido de los cascos del caballo de Ehuram resonaba sobre las piedras del puente hasta llegar hasta ella. Volvió a detenerse.
- Donde crees que vas - dijo la elfa.
- Si encuentras a Inzil, encontrarás a Enumanus, a mi me interesa el tuerto. - contestó el beórnida con tono sarcástico.
- ¡No le llames así! - replicó Isilya - parece un insulto.
Ehuram se encogió de hombros sonriendo, la elfa montó sobre su caballo ignorándole y continuó su camino.
- Esta bien, lo siento, al menos dejame aconpañarte, el viaje es largo y puede ser peligroso.
Isilya sin volverse levantó un brazo y lo movió a modo de que le siguiera.
Ehuram rio a carcajadas.
- ¡Bien! Al fin nos movemos.

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NotaPublicado: Lun Dic 31, 2007 3:07 am 
Montaraz nómada
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Registrado: Jue Oct 11, 2007 5:05 pm
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Mientras, los solitarios Erztum e Ibal no conseguían comprender aquel aparente abandono del grupo, sus amigos desaparecieron de su lado inexplicablemente, sin decir ni una palabra al respecto. Ibal caminaba en busca de los elfos de Rivendel, pero Erztum lo detuvo y le pidió tiempo.

El elfo comenzó entonces a pensar que podía haber sucedido.
-¿Tal vez parte de la misteriosa misión?, ¿o quizás un suceso que sobrevino sobre el grupo y les apresuró a marchar de allí? – se decía así mismo esperanzado.

Ibal por su parte empezó a lanzar piedras sobre el riachuelo cristalino que tenía a su alrededor ignorando los pensamientos del elfo, este no paró de darle vueltas al suceso acontecido, hasta que le vino a la mente una idea. Entusiasmado y sonriente Erztum se acercó a Ibal.

-Ibal tenemos que marchar ya de Rivendel, es tarde, ¿no lo ves? – dijo Erztum animado.
-¿Tarde?, no comprendo, esto ha de ser cosa de estos locos elfos – pronunció el sorprendido enano.

Ibal siguió a Erztum lo más rápido que sus cortas piernas le dejaban, le costaba llevar el ritmo hasta que se paró de golpe y dijo…

-Un momento Erztum, ¿por qué no cogemos mejor nuestros caballos? – dijo el enano asfixiado.
-No nos serán muy útiles en el camino amigo, pues nos dirigimos a cruzar las Montañas Nubladas, después de cruzarlas bajaremos hasta Lórien, donde procuraré que mis estimables hermanos nos proporcionen al menos un caballo, y desde allí cabalgaremos hasta Fangorn, pues… te recuerdo que allí se celebrará un concilio al que no vamos a faltar Ibal, y además, me juego mi arco a que nuestros amigos nos esperan allí. – dijo en tono jocoso y seguro el elfo.

Una espesa niebla comenzó entonces a anegar Rivendel, pero eso no detuvo a Eztum en su camino, que acompañado de Ibal, siguió la ruta preestablecida en su mente.


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NotaPublicado: Jue Ene 03, 2008 4:31 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Dom Jul 15, 2007 1:58 pm
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Ubicación: Biblioteca de El Poney Pisador, leyendo algún libro sobre leyendas de luchadores invencibles
Las trenzas del enano no estaban del todo hechas, las preocupaciones del elfo lo habían amargado hasta tal punto que ahora ni pensar en cerveza lo alegraba. La niebla bajó hasta Rivendel como un mal augurio, pero el elfo y el enano marchaban hacia el paso hasta el otro lado de las Nubladas. El elfo rumiaba el modo de cruzar las Montañas Nubladas, bueno, más que el modo, sería los inconvenientes que podrían surgir. El enano sacó su pipa, le metió hierba del Viejo Toby y le dio una larga calada. Llevaba el yelmo atado al cinto y no iba vestido de viaje, el elfo se había apresurado demasiado.
-Mira Erztum, sé que tú...
La mirada del elfo bastó para amedrentarlo, por lo que cambió de tema:
-...quieres seguir, pero es hora de...hummm... descansar.

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No puedes pasar. Soy un servidor del Fuego Sectreto, que es el dueño de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar ¡No puedes pasar!Imagen[/url]


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NotaPublicado: Vie Ene 04, 2008 10:06 pm 
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
En las estancias de Rivendel, una pesada puerta se abrió lentamente, dejando a la vista una estrecha habitación completamente vacía excepto por la figura de un anciano elfo que observaba distraído por un gran ventanal que daba sobre el río.
- ¿Ya han partido todos? - preguntó Magnus que acababa de entrar.
El anciano se volvió y observó al istar con vehemencia - Tú también debes partir, ya sabes cual es tu cometido - contestó.
Magnus asintió y permaneció de pie frente a la puerta.
- El camino a Fangorn serà duro, y el tiempo no nos es favorable. - dijo.
- Cierto, razón de más para que no te demores. Todos han emprendido la marcha y los sucesos se encadenaran uno tras otro. Ahora, ya no puede detenerse. - dijo el anciano sin inmutarse.
Magnus inclinó la cabeza despidiéndose y se dirigió de nuevo a la puerta.
- Que Eru guíe tus pasos. - concluyó el anciano.
Una vez solo volvió a dirigir su atención al exterior.

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NotaPublicado: Sab Ene 05, 2008 3:38 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
Mensajes: 559
Ubicación: La Comarca, Eriador
La niebla se había adueñado del paisaje y apenas se podía ver más allá de tres o cuatro metros a la redonda. Una curiosa pareja de viajeros, una elfo y un enano, sentados en sendas monturas luchaban contra el frío y la oscuridad que caían sobre ellos, añadiendo una preocupación más a sus mentes.
- Insisto, deberíamos descansar. - Repitió Ibal.
- En estos momentos, no podemos parar, pues nos congelaríamos. Si no encontramos dónde resguardarnos, lo mejor es seguir adelante. - Replicó Erztum. - Pero te prometo que si encontramos un refugio seguro, pararemos para descansar y encender una hoguera.
Ibal afirmó con la cabeza y acarició la crin de su caballo, que golpeaba los cascos de sus patas cada vez con más frecuencia a causa del cansancio. El frío y la humedad se apoderaban de sus ánimos y hacían decaer las fuerzas de los caballos.
- ¡Por Eru! Soy un enano de las montañas, estoy acostumbrado a la nieve y el frío, y no voy a permitir que esta niebla me encoja el corazón. - Rugió Ibal con su voz fuerte y grave. - En peores situaciones me he visto y siempre he salido indemne de ellas. ¡Los enanos somos gente fuerte!
- Bien, amigo, me alegra ver que no pierdes el espíritu combativo que tanto caracteriza a los de tu raza. Te daré una buena noticia, mi vista de elfo me dice que al final de esta cuesta hay una cueva donde resguardarnos del frío y descansar.
- Bien, descansemos pues, pero no nos relajemos, pues la noche es amiga de los enemigos. - Añadió Ibal.

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Última edición por Gwirdyon el Sab Ene 05, 2008 8:07 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Sab Ene 05, 2008 2:43 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
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Ubicación: Sabadell
-Mi señor, mensaje desde R.
-Bien Dorias, déjalo en la mesa, dile a Numero Uno que nos reuniremos en media hora.
Una vez solo el Rohir dejó el pergamino que leía en la mesa, con una pluma estampó unos signos en un costado y lo puso en una cesta de mimbre que tenia al alcance de su mano. Su vista se posó en el pedazo de pergamino que destacaba en la limpia mesa, echó la mano a su espalda y desenvainó la espada que reposaba en el respaldo de su silla, cogió la tira y leyéndola por encima sonrió ante el galimatías de letras y símbolos…
Cogiendo una punta la centró en una de las gemas que ornaban la cruceta de la empuñadura y con cuidado fue enrollándolo a lo largo de esta, poco a poco el mensaje fue apareciendo.
-A la atención de su majestad Elessar y el Regente interino de la Marca: Los halcones han partido, las palomas van al palomar. La madera rebrotara en un mes y medio.
Lo desenrolló y cortó en varios pedazos, envainó de nuevo la espada y tras unos minutos de reflexión se levantó, ciñó su espada, se puso el manto verde y salió del aposento en dirección a la amplia balconada que permitía dar un vistazo a la extensión casi infinita de la pradera a los pies de Medusel.
Lentamente, como paseando se acercó a la mujer que miraba a lo lejos acodada en la balaustrada, él hizo lo mismo a medio metro de ella.
-Tenemos un mes para concretar todos los detalles, manda a tu mejor escuadra, pasado mañana partiré a Gondor.
-Bien mi señor, esta noche mismo estará todo en marcha.
-Maravilloso, Numero uno. ¡Ah! Y si es posible cuida de que las palomas no tropiecen con los Gavilanes.
-Se hará lo que se pueda mi señor.
Baldor se enderezó y dando media vuelta retornó a sus habitaciones.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Sab Ene 05, 2008 5:24 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Mientras Ibal y Ertzum se acomodaban en la cueva donde iban a pasar la noche, Isilya y Ehruam discutían en algún lugar perdido a los pies de las Montañas Nubladas.
Habían galopado sin descanso durante todo el día y ahora la elfa pretendía seguir sin descanso durante la noche.

-¿Y qué harás cuando los caballos hayan muerto de cansancio?- replicó Ehruam con sarcasmo. El caballo del beórnida relinchó como si le hubiera entendido.
- Esta bien, descansaremos- dijo Isilya resignada- pero mañana partiremos antes del alba; quiero cruzar las Montañas en el menor tiempo posible.
-Lo que pasa es que no quieres que nos alcancen Magnus y compañía- dijo Ehruam mientras buscaba en la oscuridad algún lugar donde guarecerse.

La elfa se adelantó y rodeando unas grandes rocas le hizo señales al beórnida; había encontrado un recodo donde pasar la noche protegidos del viento.
-No sé si habrán entendido mi decisión, y tampoco me siento con ánimos de dar explicaciones- dijo la elfa mientras improvisaba un pequeño lecho.

Ehruam ató los caballos a un árbol y se sentó cercano a Isilya. La ausencia de luna hacía aún más oscura la noche, de tal manera que a duras penas sí se veían las caras. Decidieron no encender hoguera alguna, a pesar de que el viento gélido del norte se clavaba como agujas en los cuerpos de los dos compañeros.

-No te vayas a morir de frío ¿eh?- dijo Isilya burlona.
-¿Bromeas? Estoy más que acostumbrado a este tiempo; conozco bien las Montañas Nubladas- respondió Ehruam indignado- es más, te advierto que debe estar nevando ahí arriba así que prepárate para pasar frio de verdad.

La elfa no dijo nada; se tapó con su manta hasta la nariz y cerró los ojos intentando poner orden a su cabeza.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Lun Ene 07, 2008 2:23 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
Al despertar, Isilya descubrió que la manta de Ehuram estaba sobre la suya. Una ligera niebla lo cubría todo y el sol apenas se adivinaba en el horizonte.
- He hecho café - oyó decir al beórnida, que sentado frente a un pequeño fuego, le ofrecía una taza con su diestra.
La elfa volvió a cerrar los ojos como intentando recordar donde estaba y como había llegado allí.
- No hacía falta que me abrigaras, aunque te lo agradezco - dijo mientras se levantaba. Ehuram ni se inmutó, esperó a que se sentara junto a él y cogiera la taza para empezar a hablar.
- Esta noche hablabas en sueños y temblabas de frio, me sobraba una manta y crei que lo mejor era abrigarte - sonrió - no quiero viajar con una elfa resfriada, el viaje seria demasiado largo.
Isilya arrugó la nariz y tomó un largo sorbo de café.
- Si seguimos en linia recta llegaremos a la Cordillera de Acebeda en menos de una semana si los caballos aguantan el ritmo, aunque sin provisiones y si no mejora el tiempo..., tal vez sean dos semanas.
- Deberiamos haber tomado el camino verde saliendo de Bree, ir hasta Rivendel nos ha retrasado mucho y no se si ha servido para algo.
Ehuram apagó la hoguera cubriendola de tierra y se levantó.
- Tengo una idea, al principio puede retrasarnos pero nos ahorrará fuerzas para afrontar el último trecho.
Isilya recogió sus cosas con rapidez y montó su caballo.
- ¿A donde nos dirigimos?
Ehuram la observó durante un instante - demasiado tiempo sin ver elfos - pensó, volvió su atención hacia el oeste.
- Al Bruinen, seguiremos el rio hasta encontrar una embarcación que nos lleve hasta llegar al camino del Sur. De allí a Isengard por el paso de Rohan.
Dicho esto, espoleo su caballo y emprendieron de nuevo el viaje.

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NotaPublicado: Mar Ene 08, 2008 6:59 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
- Bien, descansemos pues, pero no nos relajemos, pues la noche es amiga de los enemigos. - Añadió Ibal. Dicho esto, recostó la espalda sobre una de las paredes de la cueva y se tapó el cuerpo con la manta que siempre llevaba encima. Erztum le observó durante un rato y luego se dejó llevar por el cansancio y el sueño. No habían pasado ni diez minutos cuando escuchó un sonido que ya había oído antes. Ibal abrió un ojo y miró a su alrededor. Lo volvió a cerrar tras comprobar que todo estaba en orden. Erztum para entonces ya se había levantado y estaba en la puerta de la cueva. Fuera hacía frío. Levantó la cabeza y vio una lechuza posada sobre una de las ramas del árbol desnudo que había al lado de la puerta.
- Yo te conozco. Reconocí ese ulular tuyo. Tú te encontraste con nosotros la noche que salimos de la posada y los medioelfos se encontraron con aquél anciano extraño. Recuerdo que Magnus e Isilya discutieron acerca de tu naturaleza.
Erztum miró fijamente a la lechuza y ésta emprendió el vuelo camino de Rivendel.
- Qué curioso, pensaría que quería decirme algo, pero no sé qué. - Se dijo para sí mismo el elfo. Acto seguido volvió al interior de la cueva y se abrigó.
- Era el pajarraco ese, ¿no? - Preguntó Ibal cuando el elfo estuvo lo suficientemente cerca como para que le oyera farfullar.- Ese que salió de la arboleda la noche de la partida.
- Sí,... ya se fue...
- Mejor... esos bichos no traen más que problemas. - Contestó Ibal y volvió a quedarse dormido.
Transcurrieron unas horas cuando un ruido seco los volvió a despertar. Esta vez se pusieron en pie a la vez y prepararon sus armas. Se colocaron cada uno a un lado de la puerta de la cueva y esperaron.

Un ruido de pasos que se arrastraban se aproximó a la cueva y unos gemidos parecidos a los de un cachorro o un animal herido se entremezclaban con las voces que se acercaban cada vez más. Ibal y Erztum se miraron y acordaron un señal. Cuando los visitantes estaban a punto de traspasar la puerta un golpe seco del hacha de Ibal acabó con uno y una estocada de la espada del elfo se incrustó en el pecho del otro. En medio, un niño atado, amordazado y con los pies despellejados por haber ido a rastras. Erztum vio cómo la vena del cuello de Ibal se hinchaba cada vez más hasta que éste no pudo contenerse y enganchó al hombre herido por la espada del cuello y lo zarandeó hasta casi arrancarle la cabeza del cuerpo.
- ¡Déjale! - Erztum se interpuso entre el humano y el enano. - Muerto no nos contará nada.
- ¡Y VIVO TAMPOCO, PORQUE LE VOY A ARRANCAR LA LENGUA! - Exclamó Ibal encolerizado. El niño aprovechó la situación para apartarse de los cuatro y esconderse en un rincón. Erztum dio un puñetazo a Ibal para que se calmara, pero fue todavía peor. El enano le respondió con un puñetazo aún más fuerte. El hombre herido, con la otra mano libre sacó su espada y se dirigió con rapidez hacia el costado del elfo. Una mano rápida que enarbolaba un hacha le hirió en una mano y el hombre soltó la espada y cayó al suelo retorciéndose de dolor, mientras sangraba abundantemente por la herida. Erztum miró a Ibal sorprendido.
- Vaya, me has salvado.
- De eso nada, no iba a permitir que él acabara contigo antes que yo. - Ibal se dirigió al humano y le levantó la cabeza agarrándolo del pelo. Erztum se dirigió hacia el chico para quitarle las ataduras y la mordaza.
El niño estaba asustado. Erztum tuvo que calmarlo para que dejara de esconderse de él. Una vez le hubo desatado y desamordazado le ofreció una manta para que entrara en calor. El niño tiritaba.

Ibal se volvió un momento para ver el estado del infante y su apresado aprovecho su descuido para levantarse de la cueva y dirigirse hacia el exterior. Erztum no se lo pensó dos veces y le lanzó una flecha que le dio de lleno en el muslo. Herido en una pierna y en ambos brazos, el hombre ya no se podía escapar y no suponía una amenaza.
- Dinos, ¿cómo te llamas? - Preguntó Erztum al niño. El niño le miró con ojos suplicantes y muerto de miedo. Finalmente, con un hilillo de voz, contestó.
- Me llamo... In...Inzil

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NotaPublicado: Mié Ene 09, 2008 2:37 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
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Ubicación: Girona
-¿Inzil? - preguntó el elfo - Acasó no seras.... - el ruido de voces y pisadas interrumpió a Ertzum.
- Hay más. Media docena al menos - exclamó el crio señalando la entrada de la cueva.
En efecto, acercándose por el pequeño sendero un grupo de siete humanos bien armados, caminaba conversando ajenos a lo que acababa de ocurrir.
- Espero que esos dos inútiles hayan atado bien al chico - dijo el más corpulento y que encabezaba al grupo - la última vez casi se nos escapa.
- Tranquilo, conozco esa cueva, solo tiene una salida y además ya dimos cuenta de nuestro perseguidor, a esta hora ya debe estar criando malvas.
Todos rieron sonoramente, entonces el humano que iba delante se volvió haciendo que los demás se detuvieran. Vestía una pesada malla de cuero oscuro y negras botas tachonadas, de su cinto colgaba una espada con empuñadora de marfil simulando una serpiente enrrollada sobre si misma. No tenía cabello pero si una espesa barba rubia que le llegaba hasta el pecho.
- Recordad, lo que ganemos por este trabajo se repartirá entre todos, guardaos bien de morir pues seremos menos a repartir entonces.
Todos rieron de nuevo y volvieron a emprender la marcha.
Mientras Ibal se había asomado al exterior confirmando lo que había dicho el crio.
- Rápido, hay que ocultarse - casi gritó.
Al agarrar al herido para alzarlo vio que habia muerto, entonces levantandolo sobre sus hombros empezó a andar - coge al otro Ertzum, espero que la cueva sea profunda.
El elfo agarró al otro cadaver y indicó a Inzil que los siguiera.
- Yo tambien amigo mio, yo tambien.

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Última edición por enumanus el Mié Ene 09, 2008 9:54 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mié Ene 09, 2008 5:52 pm 
Maestro Narrador
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Ajenos a todo, dos jinetes descendían de nuevo hacia el valle que habían dejado atrás el día anterior; solo que esta vez no irían a Rivendel sino hacia el sur, en busca del Bruinen, tal como Ehruam había planeado.

Éste marchaba primero guiando a su caballo lentamente por entre las rocas. Se habían metido en un pedregal por lo que la bajada era lenta y peligrosa, pues los cantos rodados del suelo resultaban traicioneros.

Isilya cabalgaba detrás bastante rezagada. Aquel repentino cambio de ruta le había descolocado un poco. Ella había esperado cruzar las Montañas como si tras ellas esperara encontrarse a su hijo alegremente esperándola, de la mano de Enumanus. Se empezaba a impacientar y tenía la sensación de estar dando vueltas en balde.

De pronto el sol apareció de entre los picos más altos de las montañas arrojando luz a todo el valle, que hasta ese momento dormía bajo un espeso manto de bruma.
-¡Allí está!- exclamó Ehruam señalando hacia el frente. A unas millas de distancia el Río Bruinen destellaba entre los árboles perdiéndose hacia el Sur.
Isilya espoleó entonces su caballo y comenzó a bajar a trompicones llevándose por delante todas las piedras que pisaba. Éstas comenzaron a rodar estrepitosamente provocando un pequeño desprendimiento. Ehruam se volvió alertado por el ruido y ahogó un grito al ver la nube de piedras y polvo que arrastraba la elfa. No tuvo más remedio que bajar de la misma forma desordenada que ella para no ser alcanzado por los pedruscos.

Después de un buen rato pisaron al fin tierra firme. El beórnida se bajó de su caballo y se acercó a Isilya que también se había apeado.
-¡Eres la elfa más ruidosa que he conocido!- gritó- además de una insensata por supuesto.
-Tengo prisa, nada más -respondió Isilya impasible- además no es mi culpa que nos hayas metido en un pedregal.
Ehruam cogió aire e intentó calmarse- Está bien- dijo- al menos ya estamos aquí abajo. Ahora sigamos el río; por aquí cerca debe de haber un pequeño embarcadero, o al menos eso es lo que me pareció escuchar en Rivendel.
-Ni siquiera sabemos a qué altura estamos- añadió Isilya meneando la cabeza.
-Bueno, hagamos una cosa- propuso Ehruam- yo me acercaré a la orilla a ver si veo algo y tú me esperarás aquí sin moverte ¿de acuerdo?
La elfa iba a protestar pero no le dio tiempo, pues apenas terminó de hablar, el hombre se alejó cabalgando entre los árboles hacia el río.

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NotaPublicado: Mié Ene 09, 2008 10:59 pm 
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Gondor, mediodía.
El Salón del Trono estaba en silencio aun con todos los cortesanos presentes a ambos lados del pasillo central. El Rey Elessar y la Reina Arwen sentados en sus respectivos tronos al final de la escalera de granito negro esperaban. El Chambelán abrió la puerta y con voz estentórea anunció…
-La legación de Rohan.
El eored de las capas verdes penetró hasta un cuarto del salón, 101 jinetes impolutamente vestidos, de ellos 100 se quedaron quietos, el que encabezaba la fila se despojó de su casco con la crin roja y se lo entregó a su portaestandarte, seguidamente y con paso solemne se acercó a la escalera, esperó unos momentos y tras una leve señal del Rey comenzó a subir, mientras lo hacía, lentamente desenvainó la espada y frente a Elessar puso su rodilla izquierda en el suelo, presentó la empuñadura y mientras su majestad apoyaba su mano en ella, recitó el tradicional ofrecimiento, al terminar Elessar en persona lo hizo poner en pie y se encargó de enfundar la espada que un día, tiempo atrás le entregara a cambio de la que el hombre que tenía delante le dió al rompérsele la suya.
Los dos hombres se fundieron en un abrazo, luego Baldor saludó a la reina.
-A comer todos- anunció el Rey-(y luego hablamos de cetreria)- dijo por lo bajo a Baldor.

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Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Jue Ene 10, 2008 1:06 am 
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En la cueva donde Ibal, Erztum e Inzil se encontraban se suspiraba un gran nerviosismo, pues el grupo de hombres que allí se dirigía no iba exactamente a nada bueno, por lo que Ibal decidió que todos entrasen más al interior de la cueva, incluidos los dos cadáveres que arrastraban sin cesar. Se apresuraron en entrar pues no tenían mucho tiempo, en voz baja Erztum le preguntó a Ibal si conocía bien la cueva, a lo que el enano le respondió…

-Es la primera vez que estoy en este maldito lugar, pero te aseguro que saldremos de esta elfo, recuerda, soy un enano, no hay nada mejor que se me de que las cavidades del mundo.

Erztum, un poco resignado al ver que no tenían otra alternativa, mostró su conformidad con el enano haciendo un gesto afirmativo con la cabeza.
Bajaban poco a poco a las profundidades de aquella caverna, no se oía ni el más mínimo ruido, todo era negro para los ojos, se guiaban por el tacto que palpaban con piernas y brazos para no caer por ningún posible pozo al vacío. Inzil aun tiritaba de frío y Erztum que iba a su lado se dio cuenta, preocupado, el elfo se paró e intento hacer un alto en el oscuro camino para acalorarle, y dijo…

-¡Ibal! Hemos de parar, el niño está helado.

A su vez Erztum apretó contra si a Inzil para que este captase algo de calor de su cuerpo. Ibal procuraba oír otros ruidos por si les perseguían el grupo de humanos, pero estos a su llegada a la entrada de la cueva no vieron nada en un principio, cosa que puso en alerta a su cabecilla, que nada más entrar a la cueva vio manchas de sangre.
Este se acercó a un charco de sangre próximo a él y con el dedo lo tocó, a su vez lo saboreó como si de miel dulce se tratase y de golpe gritó….

-¡Los han matado, es reciente!¿dónde están? Buscadles…
- Señor… fuera no hay ni un solo rastro de ellos…

Entonces este acarició su rubia y gruesa barba y sin quererlo dirigió su mirada hacía el fondo de la cueva y dijo…

-Si no hay nada fuera entonces… miraremos dentro – señalando la cueva.

Uno de los humanos que le acompañaban interrumpió la orden diciendo…

-Pero Señor entrar es un gran peligro, vos sabéis…
-Lo sé de sobra inepto, pero calla y obedece, al igual que yo obedezco las órdenes de quien aquí no nombraré, conozco la cueva como si fuera mía, sé que allí dentro hay criaturas de un poder descomunal, pero tenemos que cumplir la orden, así que entraremos. Vosotros dos arrancad algunas ramas secas de este seco árbol, formaremos antorchas, allí dentro nos lo vamos a pasar bien – dijo burlescamente y riéndose el cabecilla.

El grupo de humanos se dispuso entonces a adentrarse en la cueva dónde Ibal, Erztum e Inzil se hallaban, este último parecía recobrar algo de fuerza después de que el elfo le proporcionase calor.

-Ibal creo que debemos de ocultar los cadáveres, nos ralentizan mucho – dijo Erztum convencido.
-De acuerdo Erztum, pero tendremos que ocultarlos bien para no dejar pruebas – pronunció preocupado el enano.

Estos se propusieron ocultar a los muertos entre unas grandes rocas que empezaron a rodar para tapar a los difuntos humanos, pero para su sorpresa, y al arrancar una de las rocas de su lugar de origen, vieron una especie de puerta secreta. Había poca luz, pero se podía diferenciar una inscripción élfica, tal vez en sindarin, pensó Erztum. Tras observar aquella diminuta puerta pensaron entre todos como abrirla, pero Ibal fue más rápido y de un fuerte puñetazo partió la cerrada manivela, a lo que Erztum pronunció…

-Ibal yo creía que eras más torpe – dijo el elfo amistosamente y con cierta ironía.

El enano sonrió y fue el primero en entrar por aquella misteriosa puerta, al poco le siguió Erztum e Inzil, que con cuidado, también entraron sigilosamente. Comenzaron pues a bajar unas escalerillas llenas de musgos y líquenes debido a la gran humedad que había en el ambiente, pero algo no eran normal, ni siquiera esa humedad. ¿A dónde llegaría esa escalera?, pensaba Erztum. Ninguno de los tres lo sabía pero continuaron bajando por aquel siniestro y extraño pasaje.

Magnus, un tanto desesperado, aun no podía partir para seguir con su independiente compromiso pues, en Rivendel, aunque todos pensaban que ya habían marchado, aun estaban Gwirdyon y Esdaleon, ellos todavía no habían salido de allí, pues su misión, aunque estaba ligada a la de los demás, era diferente, más burocrática, pero el grupo desconocía tal información, pues de saberla, muchas cosas hubieran cambiado en sus susceptibles mentes, por lo que Gwirdyon y Esdaleon aguardaron hasta el último momento antes de que Ibal y Erztum marchasen de las tierras élficas.

Gwirdyon estaba mirando hacia el horizonte como preocupada por algo, a su lado, un bello caballo blanco con melena negruzca, el cual, la conduciría junto a Esdaleon al Río Isen, donde tenían una reunión clandestina con un viejo amigo, Nolmo.

Tras aletargarse unos instantes mirando el precioso amanecer de colores de Rivendel, la medioelfa llamó a Esdaleon.

-¡Vamos Esdaleon! Tenemos que llegar al quinto sol y hoy ya se ha cumplido el primero. – dijo comprometida Gwirdyon.
-Si Gwirdyon, pero… ¿Dónde está mi caballo? – dijo impaciente Esdal.

Un grupo de elfos se estaba acercando y con ellos un precioso y negro caballo que, idénticamente al que Gwirdyon tenía a su lado, nacieron en las tierras élficas, estos eran más veloces que los caballos de los dos semielfos, que acomodadamente se quedarían en un establo de Rivendel. Los elfos otorgaron a Esdaleon la montura del oscuro caballo y uno de ellos dijo…

-Os será leal, incluso dará la vida si es necesario, su espíritu noble no es el de un caballo de su estirpe, su valor y carácter vive conjuntamente con los poderes élficos.

Esdaleon miró casi emocionadamente a aquel majestuoso caballo e impulsivamente subió a los lomos de este en un poderoso salto, el oscuro animal se mostró agradecido por el gesto y se alzó de pie agitando sus dos patas delanteras durante unos pletóricos segundos.

-¡Venga Esdal!, no hay tiempo que perder – dijo apresuradamente Gwirdyon.

Ambos comenzaron pues a galopar rumbo sur, alejándose de las fértiles tierras de los elfos, en su marcha veloz, levantaban la tierra del camino dejando tras de si una estela de polvo y piedras, pero eso era lo de menos, estos tenían el tiempo justo para llegar al río Isen, y según las indicaciones del anciano elfo, Nolmo los esperaría a unas nueve millas del Paso de Rohan, junto a una derruida y olvidada torre de pequeño tamaño.


Última edición por Erztum el Mar Ene 15, 2008 5:51 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Mar Ene 15, 2008 12:03 am 
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Cuando Isilya llegó hasta el beórnida, éste ya se había puesto en pie y observaba de lado para otro todo lo largo del Bruinen.
- ¿Te has desorientado acaso? - preguntó.
Ehuram se volvió desconcertado y le señaló los restos de una pequeña hoguera y huellas de pisadas por todas partes.
- Un grupo numeroso estuvo aquí no hace más de un dia, iban sin caballos en dirección a Rivendel, aunque no tengo constancia de que nadie hubiera llegado allí mientras nosotros estabamos. Volvió a observar el rio, como buscando alguna otra cosa.
- Y qué, ¿igual estaban de paso y iban más al norte?
- ¿Sin caballos ni animales para llevar lo necesario para un largo viaje? Calculo que son una docena más menos, fàciles de ver si es que no les importa ser descubiertos.
Isilya se impacientaba sobre su caballo, poco le interesaban las cavilaciones del beórnida y ya se estaban retrasando de nuevo. Con un golpe de talón a su montura empezó a moverse siguiendo la orilla del rio hacía el sur.
Ehuram volvió a agacharse. En aquel lugar había unos cinco metros de tierra y piedras entre los árboles y el rio que iba estrechandose hasta que las mismas raices entraban en el agua. - Han llegado hasta aquí en barca remontando el Bruinen - se dijo.
- Aquí quedan rastros de algo - gritó Isilya - como si se hubieran borrado.
- ¡Espera!
Ehuram se acercó a toda prisa. En efecto, en el suelo había extraños surcos intermitentes que se perdían entre los árboles.
- La encontré - casi gritó ante la perplejidad de la elfa que se había apeado del caballo para ver mejor las huellas. Dicho esto desapareció en el pequeño bosque.
- ¡Isilya, aquí!
A pocos metros, oculta bajo ramas, hojas y arbustos arrancados, se hallaba una barca lo suficientemente grande para transportar una docena de hombres.
- ¡Ja! - rio la elfa - ¿como vamos a llevarla hasta el rio?
- Con los caballos, ¿tienes una cuerda?

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mar Ene 15, 2008 1:53 pm 
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Gondor. Acuartelamiento provisional del eored Dorado. Dependencia privada del Capitán. Noche anterior a la audiencia.
El solitario habitante se despojó de la capa, oropeles y demás vestiduras dispuesto a asearse y meterse en el camastro, sobrio pero confortable gracias a las pieles que lo cubrían.
La luz de las antorchas dejaba entrever un cuerpo de alguien maduro pero en buena forma, gracias a toda una vida de ejercicio, entrenamiento y confrontaciones, las cuales habían dejado su ración de cicatrices. Una vez aseado y refrescado se introdujo entre las pieles, sin olvidar la atávica costumbre de poner al alcance de la mano el ligero pero mortal puñal élfico, compañero de su espada.
Un ligero roce en la puerta precedió a que esta se abriera lentamente, instintivamente la mano aferró la empuñadura pero inmediatamente la soltó, solo una persona se atrevería a irrumpir de ese modo en sus dependencias.
La oscuridad era total, solo rota por la difusa claridad de las antorchas que iluminaban el pasillo, y estas dejaron entrever un cuerpo cubierto por una gran piel, la cual no dejaba ver si el visitante era hombre o mujer, aunque no era necesario.
-¿Estas despierto mi señor?
-Pasa y cierra.
En un movimiento fluido, se dio la vuelta dejando caer al tiempo la cobertura de su cuerpo, y cerró la puerta. Fueron segundos pero suficientes para ver que se trataba de una mujer, en plenitud de su belleza, no esa explosiva de las jóvenes recién llegadas a la primavera de sus vidas, sino más bien la serena y aposentada en la flor de su vida.
En la oscuridad se acercó a la cama, en el trayecto se despojó de lo poco que llevaba y con un felino movimiento se introdujo al lado del hombre cubriéndose con las mismas pieles, acurrucándose temblando entre los brazos de él.
-¿Tienes frio?
-No, incertidumbre y miedo, incertidumbre por el futuro y miedo a que lo nuestro no pueda ser. Tus hijos ¿Cuándo se lo dirás?
-Mañana, antes de la recepción hablare con los dos, quedamos en desayunar juntos, y tranquila, ellos te conocen y además hace un tiempo, en una plaza cercana aquí me hicieron prometer casi que empezaría de cero. Y por el futuro no te preocupes, si los planes que se han puesto en práctica se llevan a buen puerto no habrá derramamiento de sangre y no habrá viudas ni huérfanos.
A partir de entonces el silencio se adueñó de la estancia, ningún ruido rompió la paz y el sosiego, ninguno de los dos buscaba desahogo sexual, sencillamente eran dos seres humanos buscando calor y fortaleza uno del otro.
Una hora después de levantarse el Sol, en una estancia adosada, tres personas se preparaban para compartir un pequeño desayuno.
-Bueno padre- la joven le sirvió la leche- ¿Qué tal vas?
-Bien, gracias. A propósito, tengo que deciros algo. -Los dos hermanos se miraron y una sonrisita destacó en ambas caras-. Como recordareis me pedisteis que rehiciera mi vida, bien, pues hay una mujer…
-Ya lo sabemos padre, y Num… Narwin es la elección perfecta para ti, y si… tienes nuestra bendición y la de madre también.
Baldor miró a su hija con cara de -¿y tu como lo sabes?- y de pronto se giró hacia su hijo…
-Si, yo se lo dije. Ser tu portaestandarte tiene sus privilegios.
Los tres se fundieron en un abrazo.
-Después de comer tendré que decírselo a Elessar.
-Tranquilo padre que ya lo sabe, aunque disimula bien, igual que su majestad Arwen, que fue la que me pilló llorando de alegría por ti.
Baldor miró por la ventana contemplando el cielo azul con un sol radiante aunque con unas nubes oscuras en el horizonte.

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NotaPublicado: Mar Ene 15, 2008 4:45 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Magnus, un tanto desesperado, aun no podía partir para seguir con su independiente compromiso pues, en Rivendel, aunque todos pensaban que ya habían marchado, aun estaban Gwirdyon y Esdaleon. Ellos todavía no habían salido de allí, pues su misión, aunque estaba ligada a la de los demás, era diferente, más burocrática, pero el grupo desconocía tal información, pues de saberla, muchas cosas hubieran cambiado en sus susceptibles mentes, por lo que Gwirdyon y Esdaleon aguardaron hasta el último momento antes de que Ibal y Erztum marchasen de las tierras élficas.

En un salón de proporciones descomunales, donde los límites se diluían con la luz del sol que entraba directamente por los ventanales adornados con hiedras que cubrían todas las paredes, un elfo altivo, cuyo rostro denotaba drásticamente el paso de los años y la ausencia de los efectos de los anillos que habían mantenido a Rivendel al margen del paso del tiempo, daba vueltas a uno y otro lado con las manos entrelazadas por detrás, mientras un Istar soberbio e impaciente golpeaba el suelo con su báculo.
- ¡No, no y no! ¡No puedo tolerar esta pérdida de tiempo! Ya le dije a ese mago que no era buena idea contar con la ayuda de seres inferiores para hacer este trabajo!
- ¿A quién estás llamando inferior? - contestó Esdaleon airado, espada en mano.
- ¡Guarda esa espada! - Ordenó el elfo anciano. - ¡En mi casa no se desenvainan las espadas! Parece que después de dos años todavía no has aprendido esa lección.
- Lo siento, mi señor, - contestó Esdaleon haciendo una reverencia con la cabeza. - No pierdo de vista la enorme importancia de nuestra misión, pero me niego a llevarla a cabo si Magnus sigue acompañándonos.

El elfo levantó la cabeza al escuchar esas palabras. Se giró lentamente y se dirigió a Esdaleon hasta estar a un palmo de él.
- Bastantes enemigos tenemos ya. Magnus persigue una causa justa, la misma que nosotros, y aunque te pese, es nuestra mejor baza. Aprenderéis a trabajar juntos, en equipo, porque de otro modo, poca o ninguna esperanza le queda a mucha gente si esas diez reliquias caen en las manos equivocadas. - El anciano elfo se sentó en su silla de mimbre y apoyó su cabeza en su brazo derecho. - Me hago viejo, mis fuerzas se agotan, y no deseo malgastarlas intentando unir a quienes deberían estarlo, sino que quiero aprovecharlas en luchar contra quienes quieren arrebatarnos la libertad de nuevo...

El anciano calló unos segundos para recuperar fuerzas. Magnus y Esdaleon se miraron mutuamente.
- Magnus, cuida de estos dos guerreros, ponlos bajo tu protección y asegúrate de que llegan a su destino en el tiempo previsto. - El anciano se volvió a los dos semielfos - Gwi...irdyon, Es...da...leon usad los conocimientos que Magnus posee de Arda en beneficio vuestro para llevar a buen término lo que tenéis encomendado. Sus poderes, adquiridos por la observación y el estudio, están a vuestra disposición, así como vuestro coraje y buen juicio están a su servicio. Los tres juntos sois invencibles, pero por separado podéis destruiros y con ello destruir a los demás. Es la última vez que os digo esto. Ahora, marchad. El enano y el elfo ya han partido hacia las montañas nubladas. La humana y el beórnida salieron anoche en busca de alguien. Sólo ellos sabrán dónde les llevará su destino. El vuestro ha de llevaros al paso de Rohan, donde os encontraréis con Nolmo. A partir de entonces, él tomará el mando de la misión. Mientras tanto, que Eru os guarde.

Los elfos les entregaron dos caballos, uno blanco con negra crin para Gwirdyon y otro completamente azabache para Esdaleon. Apenas tuvieron tiempo para acariciarlos cuando Magnus les instó a partir cuanto antes.

- ¿Qué vas a hacer tú mientras tanto? - Preguntó Gwirdyon.
- Mi destino está decidido y tu preocupación no lo va a variar. Bajad hasta Tharbad por el río Glanduin y una vez allí coged el Viejo Camino del Sur hasta el Paso de Rohán. Disponéis de cinco amaneceres para llegar allí. - Magnus se tapó con su capucha. - Yo iré hacia las montañas nubladas, debo encontrar a ese elfo que vio la primera reliquia, pues sospecho que se encontrará con alguna más, al igual que vosotros, pues ante el temor de ser encontradas saldrán a la luz en busca de nuevas almas que las resguarden. ¡Namarië Que Eru os guíe!

Los dos semielfos comenzaron a galopar rumbo sur, alejándose de las fértiles tierras de los elfos, en su marcha veloz, levantaban la tierra del camino dejando tras de si una estela de polvo y piedras, pero eso era lo de menos, estos tenían el tiempo justo para llegar al río Isen, y según las indicaciones del anciano elfo, Nolmo los esperaría a unas nueve millas del Paso de Rohan, junto a una derruida y olvidada torre de pequeño tamaño.

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NotaPublicado: Mar Ene 15, 2008 6:49 pm 
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Tras una larga bajada, la escalera terminó de golpe dando paso a un oscuro y angosto pasadizo. Ibal se adelantó un poco palpando las rocas resbaladizas que formaban las paredes, y se volvió hacia Erztum, quien esperaba junto a Inzil al pie de la escalerilla.

-No tenemos otra alternativa que seguir adelante- susurró- quizás este túnel nos lleve a la superficie en otro lugar alejado de aquí.
-Solo espero que nuestros perseguidores no conozcan la existencia de este pasaje- contestó el elfo.
-Bueno, pues no vamos a esperar a averiguarlo-añadió el enano-¡vamos!

Inzil vaciló entonces un instante y retrocedió unos pasos. Erztum se acercó a él y le tendió la mano sonriente.
-Puedes confiar en nosotros- dijo- cuando estemos fuera de peligro podremos hablar tranquilamente. Además buscaremos la forma de que no vayas descalzo y te prometo que tendrás un buen desayuno.

Al niño le cambió la cara al escuchar la palabra desayuno; demasiados días comiendo mendrugos de pan mohoso. Además las amables palabras del elfo nada tenían que ver con los palos y las malas maneras con que aquellos hombres crueles le habían tratado desde la fatídica noche del secuestro.
Inzil le dio la mano al Erztum y salieron corriendo tras Ibal perdiéndose en la oscuridad.


Mientras tanto, varias millas al sur, Ehruam e Isilya habían conseguido arrastrar, con ayuda de sus caballos, la pequeña embarcación hasta el río.
La elfa se subió de un salto y agarró uno de los palos que, a modo de remo, había dentro de la barca.
-Se parece a las almadías que se utilizan en el Reino del Bosque para transportar mercancías, aunque ésta es bastante más rudimentaria- dijo- No obstante creo que aguantará el peso de los caballos.
-Enseguida lo comprobaremos- contestó Ehruam.

Se acercó a la barca y le entregó a la Isilya las riendas uno de los corceles. Minutos más tarde, y no sin esfuerzo y paciencia, todos se encontraban a bordo.
-A ver lo que duramos sin darnos un chapuzón- dijo la elfa sonriendo mientras acariciaba las crines de los caballos, y les susurraba cariñosamente palabras en el oído para que se mantuvieran serenos.

Ehruam comenzó entonces a remar con suavidad y la balsa se deslizó río abajo lentamente hacia el sur.

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NotaPublicado: Dom Ene 20, 2008 11:38 am 
Montaraz nómada
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Ubicación: Biblioteca de El Poney Pisador, leyendo algún libro sobre leyendas de luchadores invencibles
A Îbal el camino le parecía raro, no era como los pasadizos enanos. Era diferente. Inzil tiritaba, y Erztum iba al lado suyo, de pronto una ráfaga de aire frío recorrió el pasadizo.
-Hay una salido cerca, elfo... s.-se corrigió a sí mismo. Una pequeña abertura apareció ante ellos, salieron sin mucha dificultad y miraron a su alrededor, parecian estar más al Este que antes, pero no estaban seguros.
-Alejémonos un poco, si los malhechores han encontrado el pasadizo no quiero que nos vean comiendo en la puerta del mismo esperándoles.
-Tienes razón, Ibal. Deberíamos de escondernos.
Los tres se dirigieron a unas rocas que había a unos cincuenta metros de allí e Ibal sacó carne salada y un poco de cram de su bolsita y le dijo a Inzil:
-Come...

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No puedes pasar. Soy un servidor del Fuego Sectreto, que es el dueño de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar ¡No puedes pasar!Imagen[/url]


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NotaPublicado: Dom Ene 20, 2008 3:53 pm 
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Ubicación: Girona
La débil luz de las improvisadas antorchas era suficiente para al menos no tropezar con los salientes ni las rocas que iban apareciendo conforme se adentraban más y más en la cueva.
El ruido de sus pasos se entremezclaba con el de la fuerte respiración de cada uno de los hombres que, después de la caminata hasta la entrada de la gruta se dispusieron a buscar a sus dos compañeros y al prisionero que custodiaban.
- Greydhem, deberíamos parar un rato - dijo uno de ellos haciendo ademán de detenerse - déjanos reponer fuerzas, llevamos todo el dia a pie.
El cabecilla inspiró profundamente, también él necesitaba reposar, al menos unos minutos. Si la caverna no tiene salida, tampoco había necesidad de apresurarse, además, no podían presentar cara a ningún enemigo sin haber recuperado fuerzas.
- Está bien, descansemos aquí.
dicho esto los seis acompañantes se dejaron caer en el suelo haciéndose bromas entre si.
- ¡Ja! Ya estaba harto de oír como arrastrabas los pies, Bareth.
- Pues yo de notar tu apestoso aliento en mi nuca, Jodoronht.
Volvieron a reír sin importarles que nadie les oyera pues tal era la confianza en si mismos o tal vez su inconciencia.
- Greydhem ten cuidado con la antorcha si no quieres quedarte sin barba.
- Ja, ja - rieron.
- Mirad, Dorian se ha dormido - dijo Bareth señalando a uno de los hombres, que, recostado sobre una pequeña roca en la oscuridad había dejado caer su cabeza hacia delante y no había dicho nada desde que se detuvieron.
Jodoronht cogió una piedra tan grande como su mano y llevándose el indice de la otra a los labios, sonrió y se la lanzó al durmiente alcanzándole en el casco. Un ruido seco se oyó para seguir de nuevo las risas. entonces enmudecieron de repente, el cuerpo fue deslizándose levemente hacia su derecha hasta que golpeó contra el suelo. La luz de las llamas mostraba claramente una flecha clavada en su costado a la altura del corazón.
- ¡A cubierto! - gritó Greydhem sobresaltado, todos se agacharon intentando ocultarse entre las rocas.
- ¡Quien anda ahí! - gritó sin obtener respuesta.
Bareth señaló hacia el exterior de la cueva, sin duda tal y como estaba sentado Dorian la flecha solo podía alcanzarle disparada desde el camino por donde habían llegado.
- Alguien nos ha seguido y está tras de nosotros oculto. - susurró.
- El tuerto - dijo Jodoronth.
- Imposible, acabamos con él le herimos de muerte y cayó al río.
- Si, es lo que dijo... - dudó unos segundos - ...Dorian, él fue quien le alcanzó y lo encontró oculto en la maleza antes que se le escapara y pudiera rematarlo.
- Estamos atrapados, no podemos salir.
- Avancemos con sigilo y apagad las antorchas, busquemos un lugar para tenderle una emboscada. - concluyó Greydhem pateando las llamas hasta que quedaron todos a oscuras.
- Ahora estamos en igual de condiciones - gritó - lamentarás habernos seguido.

En el exterior, Inzil comía con avidez bajo la mirada perpleja de su rescatadores.
- Entonces este es el hijo que busca Isilya - dijo Ibal mesándose la barba.
- Sí, en cuanto estemos lo suficientemente lejos le interrogaremos acerca de sus captores. Ahora que reponga fuerzas, hay que irse lo antes posible.

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NotaPublicado: Mar Ene 22, 2008 7:31 pm 
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Llevaban ya unas cuatro horas cabalgando cuando las monturas dieron los primeros signos de cansancio.
- Debemos parar. Hasta los mejores caballos de Rivendel se agotan con este ritmo desenfrenado. - Dijo Gwirdyon.
- No, no pararemos. - Contestó Esdaleon.- Los caballos aguantarán. Son mucho más fuertes de lo que crees, pueden estar doce horas seguidas galopando sin necesidad de parar.

La semielfa lanzó una dura mirada al caballero. Se encontraban rodeando el río Glanduin, también llamado Mitheithel, cerca de su unión con el Sonorona que una vez juntos los dos cauces daban lugar al río Gwathló. Tenían a su izquierda una basta extensión de agua, fruto de la conjunción de la anchura de ambos ríos casi en paralelo.
- Parece el mar... - Dijo Gwirdyon con nostalgia.
- Sí, tu querido mar... - Contestó Esdaleon.- ¿Tú ves allá a lo lejos una embarcación?
- Sí, y hay... ¡caballos! - Exclamó la semielfa.- Quienes quiera que sean tiene que estar muy desesperados para meter a esos animales en una barcaza.
- O están muy desesperados, - Añadió Esdaleon,- o muy locos. Vayamos hasta el cruce de los dos ríos y allí será más fácil averiguar de quiénes se trata.
- ¿Y qué más nos da? No tenemos tiempo que perder. - Contestó la semielfa con un gesto mohíno.
- Tienes razón, no podemos entretenernos. -Contestó Esdaleon.

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NotaPublicado: Mar Ene 22, 2008 10:52 pm 
Viajero de paso
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Registrado: Mar Oct 23, 2007 4:35 pm
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Ubicación: Fangorn
Todo estaba ya preparado en el bosque de Fangorn. Meord observaba estupefacto y asombrado la magnífica obra que todo el equipo de trabajo había realizado. De pronto alguien habló desde el fondo y esa voz le trajo sensaciones... que Meord ya conocía.

- Meord... te veo muy viejo amigo mio... quizás vivir con ese sentimiento de saber que todo el Concilio será en vano es demasiado fuerte para ti- dijo la voz a la vez que Meord se giraba asombrado, recordando ya quien era este misterioso y enigmático ser.

- Thindë... el justo... heraldo de Mandos... - Meord sentía incluso miedo de pronunciar su nombre- Creía que tus competencias en la Tierra Media se habían disipado, pese a que algunos te nombrasen de vez en cuando en escritos como consejero de Elrond- El elfo Thindë miró con esa cara de inexpresividad que siempre le correspondía a los ojos de Meord, el cual no parecía agradado con esta visita- Quizás Mandos se equivocase al enviarte a la Tierra Media de nuevo... quizás... .

- Veo que realmente me has olvidado, pues... ya no tengo ni sillón en esta empresa...- dijo observando la bellísima y ornamentada sala al descubierto- Pues te advierto Meord, lluvia fina, que Thindë, el justo, ha terminado su periodo de recopilación de datos y está preparado... para volver a impartir la justicia de Mandos en la Tierra Media como me ha sido encomendado. Pronto volveré a mi Rivendel donde me estableceré como señor definitivamente, según los deseos de mi amado Elrond, y formaré lo que los dos sabemos que se ha de formar.

- Este es el verdadero Thindë- dijo Meord y como si se tratase de una efímera ilusión su cara paso de agria y desagradable a amistosa. Abrazó a Thindë y le beso en la mejilla, y la cara inexpresiva de Thindë pareció dar un reflejo de felicidad que se disipó en cuestión de un abrir y cerrar de ojos.

Mientras Nolmo estaba, desde que entró en la Torre de Metal, leyendo y estudiando libros, organizando la torre, estudiando sus escondrijos. Parecía como si el mago... quisiese instalarse en aquel lugar.


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NotaPublicado: Mié Ene 23, 2008 5:31 pm 
Montaraz nómada
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Registrado: Mar Oct 02, 2007 9:02 pm
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Ubicación: Simplemente... en todo
Nolmo miró toda la sala que tenía ante él. La torre era preciosa, ahora estaba cambiada. No parecía ya una torre oscura ni austera, ahora en cada esquina parecía rebosar sabiduría más que odio. Sin embargo Nolmo no había cambiado nada en ella. Parecía como si el AINUR [Off topic /MEORD QUE SOY UN AINUR/ Off topic] hubiese traído paz y sentimiento a esa torre.

Le encantaría establecerse en Isengard, y pasear por los valles que ahora rodeaban la ciudadela, morar junto al lago que de nuevo ser erguía en ella. Dar largos paseos por la orilla del Isen y volver cabalgando a Isengard. Visitar los pueblos que ahora se asentaban en esa provincia.

En su viaje anterior, antes de ir a Isengard, había observado como en Framsburgo (una ciudad abandonada al norte) había vuelto a crecer una población y se estaba creando un nuevo reino. En el Bosque Negro, se volví a alzar Dol-Goldur, pero ahora con otro nombre y bajo el cuidado de Lorien, territorio y reino al que ahora pertenecía esa parte del bosque renombrada como Lorien del Este.

Era curioso como la Tierra Media había cambiado desde los escritos de Saruman, el caído. Todo ahora parecía más pacifico... sin embargo... ahora se avecinaba una nueva era de dolor, si no conseguían detener esta amenaza.

Una paloma se acerco a la mesa donde estaba sentado Nolmo y le miró a los ojos. Nolmo ensoñecido por la belleza del ave le devolvió la mirada y en ella descubrió un mensaje. Una partida de Elfos del Este se aproximaba hasta las tierras del Oeste. No me refiero al Este cercano como El Lago ni nada de eso, me refiero al este lejano, cerca de las montañas rojas. El Ainur le dio de comer a la paloma y la dejó partir en paz. Quedaban pocos días para recibir a los dos amigos en el río Isen.

Más tarde se echó a dormir y en sus sueños Lorien le transmitió un gran cambio en el mundo. Un nuevo reino nacería en el Norte. Se requeriría la ayuda de viejos héroes de la Edad del Anillo. Pronto podría ser testigo de una nueva pelea entre el supremo señor Elessar y su subordinado de Arnor. Las cosas no pintaban nada bien, le transmitía Lorien. Nolmo se tendría que andar con cuidado si no quería perecer, pues el Valar le había transmitido que lo veía en visiones herido y en estado casi de muerte junto a un arrollo en torno al que crecía mucho musgo y los arboles eran retorcidos.
Un gran precio tenía que pagar el Ainur para poder ser un ente visible y sentir como los hombres. Estaba sometido al deseo y al dolor, a la muerte y al infortunio, al amor y a la euforia. Tenía bastante control sobre sus sentimientos, pero su ansia por conocer los pensamientos y emociones de los seres de la Tierra Media parecía que le podría causar bastante dolor.
Lorien ya le había advertido, ahora le tocaba a el ser precavido.

De pronto alguien llamó bruscamente a la puerta. Un ent asomó la cabeza y seguidamente entró un caballero.

- Me llamo Amloth de Arnor señor y...- dijo el joven observando al Ainur con cara de sueño y como si hubiese trabajado en un pesado y duro oficio en ese instante- siento molestarle...

- No se preocupe, pase joven Amloth, ¿Qué desea?- dijo el viejo Nolmo despertando de su aturdimiento y sentándose en posición adecuada sobre la mesa. Sabía perfectamente que era un enviado de Magnus, lo veía en sus ojos pero... había algo raro en su mirada... algo que ansioso el Ainur quería descubrir.

- Magnus me ha enviado con la misión de relatarle cierto encuentro que tuvimos.. con... una de las reliquias...- dijo temeroso, como si de una blasfemia se tratase, el joven Amloth.

- ¿¡Cómo!? ¿Poseéis ya una de las reliquias?- dijo mientras que saltaba del sillón-

- No por desgracia... no pudimos... era como una lu...- le relató Amloth contándole todo lo sucedido.

Al contárselo todo Nolmo estaba aturdido...

- Si la reliquia se movía... es porque... alguien... la portaba...- dijo asustado Nolmo, mientras su labio inferior temblaba un poco.

_________________
La sensación del dolor puro es algo que solo puedo imaginar.


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NotaPublicado: Jue Ene 24, 2008 10:58 am 
Montaraz nómada
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Registrado: Jue Oct 11, 2007 5:05 pm
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Ubicación: Cartagena
-Erztum… ¿en que parte de las montañas nos encontramos? – dijo el enano un tanto desorientado.
El elfo, que aun se encontraba observando los pedregosos paisajes contestó…

-Tengo la impresión de que este pasadizo nos ha llevado a un lugar clave, no es casualidad que nos condujese hasta aquí, si no me equivoco nos hallamos en el lado Este de las montañas nubladas, con lo cual y estando a nuestra espalda Rivendel esto es…
-¡Vamos Erztum dilo! – dijo impaciente el enano mientras Inzil miraba despreocupado la escena casi terminando de comer.
-Si mis conocimientos no me fallan hemos dado un gran paso en nuestro camino… haber guardad silencio.

Todos se enmudecieron como si una fantasmagórica presencia les invadiese, tan solo el graznido de un grajo se podía escuchar a lo lejos, de pronto Erztum dijo…

-¿Oís eso? Bajemos hacia aquellos arboles.

Inzil se levantó apresuradamente mientras masticaba su último bocado. Corrían guiados por el elfo, saltaban rocas de gran magnitud rodeadas por arbustos que tan solo crecían a gran altura, montaña abajo se podían divisar aquellos árboles donde quizás comenzaba algún que otro bosque. Al llegar allí Erztum dijo…

-¡Mirad! Andaba en lo cierto, hemos dado un gran paso.
-¿Qué es esto Erztum? – preguntó intrigado el enano.
-¡Es lo que me esperaba Ibal, es el nacimiento del Río Gladio! – pronunció eufórico el elfo.

Mientras tanto, dentro de la cueva, los humanos seguían en busca de sus dos amigos e Inzil.

-¡Maldita sea! ¿dónde se han metido? – dijo sulfurado Greydhem.
-Señor… he encontrado algo que será mejor que vea, son los dos cadáveres de los nuestros.
-¡Noooooooo, por el amor de…! Seas quien seas sal y da la cara – dijo dolorido Greydhem como llamando a alguna presencia o ser que pudiera estar acechándoles.

-Greydhem el niño ha huido de la cueva, he encontrado una puerta que por su enclave parecía ser secreta, está tras ese amasijo de rocas – dijo Bareth lamentando el hecho.

-¡No puede ser, es imposible, no hay salidas en esta maldita cueva! – dijo enfurecido Greydhem.

-¡Vamos, entremos, tal vez no conocías bien la cueva Greyd! – dijo burlescamente Jodoronth.

El grupo de humanos entonces comenzó a bajar por aquellas frías y húmedas escaleras del pasadizo, donde el techo casi rozaba sus sucias cabezas, con el fin de capturar al niño en su ansiada busqueda. En cambio, Inzil, junto a Ibal y Erztum respiraba tranquilo el suave aroma que arrastraba el viento en las inmediaciones del Gladio.

-¡Ibal! El plan es el siguiente, bajaremos el curso del Gladio, y en dos días podríamos llegar perfectamente a su desembocadura en el Anduin, el cual seguiríamos su curso hasta llegar a Lórien, donde tal vez tardaríamos otros cuatro días más si todo nos es favorable y no surgen imprevistos – dijo convencido Erztum.
-De acuerdo elfo, haremos eso – respaldó el enano.


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NotaPublicado: Jue Ene 24, 2008 6:45 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
Gwirdyon y Esdaleon decidieron hacer caso omiso a aquella particular embarcación, y retomaron de nuevo su camino hacia el Paso de Rohan.

Mientras tanto, el lento descenso por el río Bruinen se hacía cada vez más monótono y aburrido para sus tripulantes; Nada se veía a ambos lados pues las orillas eran elevadas y escarpadas, adornadas tan solo aquí y allá por gruesos árboles cuyas raíces descendían hasta tocar el agua.

Ehruam estaba de pie, remando en la parte delantera de la balsa. De vez en cuando echaba un vistazo atrás para comprobar que los caballos seguían tranquilos y en su sitio, y de reojo observaba a Isilya, que se había sumido en un largo silencio.
La elfa, que se encontraba sentada en la parte trasera, miraba con aire distraído todo el rato hacia las montañas y hacia el sur; tanteando el entorno, e ignorando que en realidad, el objeto de su búsqueda lo estaba dejando tras sus espaldas.

-¿Él es su padre?- preguntó de pronto Ehruam rompiendo aquel prolongado silencio.
-¿Qué? ¿Quién?
-Pues quien va a ser, Enumanus.
-No, no- respondió la elfa sonrojándose- es un amigo, un buen amigo.
-Vaya, pues menudas molestias se está tomando el tuerto contigo y con tu hijo- replicó el beórnida con desdén- me preguntó si con todos lo que se ha topado en su vida ha sido igual de cortés.
-¡No empieces otra vez Ehruam!- voceó Isilya sin moverse de su posición- lo principal ahora es encontrar a Inzil sano y salvo, y también a Enumanus. Solo entonces podrás pelearte con él si tanta ilusión te hace.

Ehruam meneó la cabeza murmurando algo para sí mismo y continuó remando.

El escarpado paisaje empezó a cambiar al cabo de una o dos horas; las orillas comenzaron a descender suavizando el terreno y cubriéndose de montones de brezos, acebos y algunos árboles. De pronto, la corriente del río creció haciendo ganar velocidad a la balsa, para desesperación de los caballos. Isilya se levantó y los sujetó.

-¿Dónde estamos?- preguntó.
-En la desembocadura del Bruinen-contestó Ehruam- agárrate fuerte, pues es normal que aquí las aguas estén más agitadas. A partir de aquí nos incorporaremos al río Mitheihel que nos llevará hasta Tharbad.

Isilya asintió y se sujetó a la barca a la vez que sujetaba las bridas de los caballos.

La junta de los dos ríos formaba un pequeño delta donde las aguas fluían de manera turbulenta. Una vez allí, la embarcación comenzó a balancearse y el sonido de la fuerte corriente se entremezcló con el relinche nervioso de los caballos. Ehruam sujetó el remo con fuerza intentando enderezarse en dirección hacia el sur, y tras varias sacudidas consiguió que la barca retomara el cauce del nuevo río.

-Por fin hemos salido - dijo Ehruam respirando hondo y volviendo la cabeza hacia atrás- aquí las aguas ya no son tan profundas ¿Estás bien?
-Sí, y los caballos también, aunque algo estresados los pobres- Isilya se sobresaltó repentinamente y levantó su brazo señalando al frente- ¡cuidado Ehruam!

El beórnida se giró rápidamente pero no le dio tiempo a esquivar una gran roca que se encontraba en mitad del río. El choque fue tan brusco que hombre, elfa y caballos cayeron como sacos al agua.

_________________
Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Jue Ene 24, 2008 11:04 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Habian pasado unos diez dias desde el accidente, Ehuram al fin se atrevió a volver a la pequeña cabaña medio oculta al borde del bosque. Le dolía la mano y se la apretaba junto al pecho envuelta en vendas. - Al menos ya no sangraba - pensó.
Un hombre alto y fornido le esperaba a un lado de la puerta abierta, cubierto con una piel de oso le observó al acercarse con aire solemne, un a pequeña sonrisa pareció dibujarsele en los labios.
Ehuram al pasar junto a él para entrar notó su enorme mano alborotándole elcabello. - te está esperando - le oyó decir.
El interior estaba oscuro escepto por la luz que desprendian las llamas de la chimenea. Sentado frente una mesa un crio de no más de 10 años le hizo un gesto para que se acercara.
- ¡Ehuram! Al fin has venido.
Caminó cabizbajo hasta él incapaz de mirarle a la cara. Ocultó la mano vendada a su espalda y con la otra buscó en su bolsillo.
- Ehuram, fue un accidente. Además, ya no me duele.
El crio se volvió señalando un parche que le tapaba el ojo izquierdo. al ver que su amigo no reaccionaba le agarró por el brazo y lo zarandeó.
- Vamos, hombre. Estoy bien... - la sonrisa se le borró de los labios al alzar Ehuram su cabeza. Las lagrimas recorrian en silencio su rostro y la boca se le torcía al intentar hablar.
- Te he traido esto - alcanzó a decir con voz trémula - perdóname.
Levantó la mano ofreciendole un trozo de tela doblado.
Genkel lo miró con ojos vidriosos y descubrió el objeto sobre la mesa. Un anillo con una enorme esmeralda estaba aún alrededor de un dedo.
Lo observó largo rato como si estuviera en un sueño acunado por los débiles sollozos de su gran amigo. Parecía estar hipnotizado.
- Y bien Genkel - se oyó la voz de su padre que desde la puerta no se habia perdido detalle - ¿que tienes que decir?
Se levantó lentamente para quedar de pie frente a Ehuram. Los dos tenian la misma altura propia de su edad, aunque Genkel era de complexion más delgada.
Se miraron en silencio y se fundieron en un fuerte abrazo.
- No tengo nada que perdonarte amigo mio.
A Ehuram la cabeza le daba vueltas de repente se sintió mareado, perdió el equilibrió y cayó al suelo.

El agua fria pareció despertarlo, se revolvió para impulsarse hacia arriba en busca de aire pero algo le aprisionaba el puño de su espada. Apenas veia nada solo el brillo del sol arriba en la superficie, pataleo con fuerza hasta que alfin pareció soltarse y salió rapidamente al exterior.
El rio no era muy profundo pero la corriente empezaba a arrastrarlo rio abajo.
- ¡Ehuram aquí! - oyó que gritaba Isilya desde la orilla.
Levantó la mano indicando que la había oido y nadó hasta ella.
Salió agarrandose de unas raices que surgian de la orilla insertandose en el agua y esperó de rodillas a teponer el aliento.
- ¿Y los caballos? - llegó a preguntar.
- Un poco más arriba, alcanzaron tierra antes que nosotros.
Isilya se acercó hasta él, aún empapada, las ropas se le ceñian al cuerpo insinuando las sinuosas curvas de su belleza elfica.
Ehuram no supo disimular su cara embobada y avergonzado bajó la cabeza.
- Mejor que vayamos a buscarlos y despues encendamos un buen fuego, la noche se acerca. - Se limitó a decir.

_________________
Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Vie Ene 25, 2008 11:51 pm 
Viajero de paso
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Registrado: Mié Ene 16, 2008 10:48 pm
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Ubicación: Donde la justicia se necesite.
Thindë se sentó en el sillón destinado para el Señor Elessar, claramente distinguido por el grabado que presentaba en su recostado. Se acomodó con gestos de desagrado por la dureza de la madera.

- Por lo visto Meord... el viejo soñador vuelve por estas tierras ¿no?- le preguntó mirando a un ent que pasaba cerca como si quisese enterarse de la conversación.

La sala estaba impresionantemente adornada, recordaba a Rivendel y Minas Tirith pero con un toque de musgo y ramificación que le daban un aspecto impresionante. La verdad esque los 500 metros cuadrados que ocupaba el palacio de cuatro plantas eran preciosos. El arte se fundía con la naturaleza haciendo uno. La zona de la reunión era un gran claustro en el centro del palacio que formaba visto desde arriva una estrella de cinco puntas. En el centro del claustro se alzaba un pilar de un metro y encima de el una pequeña mesa de marmol, estaba tan cubierto todo por raices que parecia que fuesen las raizes las que sujetasen la mesa final del pilar. En torno a esa mesa se alzaban cinco grandes sillones que claramente tenían destinado el que un Señor se sentase en ellos, algunos estaban grabados con un sello y otros no. Luego otros sillones unian a estos cinco formando un circulo dentro de la estrella de cinco puntas.

- Sí, Nolmo el heraldo de Lorien a vuelto. Trae ahora mucho más poder que antes, lo noto en sus ojos. Lo vi partir el otro día hacia el Norte con varios destinos, Frangburgo, Lorien Oriental, Bosque Viejo... ect... pero mis amigos Ents me han dicho que ahora está en Isengard, en la Torre de Hierro. Según me han contado... la ha abierto- dijo Meord tras la mirada analizadora de Thindë de la sala.

- ¿Cómo? Eso es imposible, imposible.- dijo Thindë incredulo- Tengo que partir ahora mismo para Isengard, tengo que ver eso con mis propios ojos.

Thindë salió corriendo de la sala y montó un corcel blanco que de repente salió de entre los arboles tras un silvido del elfo.

Y el Noldo partió a toda velocidad.


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NotaPublicado: Dom Feb 03, 2008 12:39 am 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
A muchos kilometros de allí, el descenso a oscuras por las escaleras del pasadizo oculto en la cueva, se hacía lento y difícil conforme iban avanzando.
Greydhem encabezaba al grupo palpando con su diestra los frios pliegues de roca que se alzaban a su derecha. Intentaban no hacer ruido para no descubrir su presencia a su desconocido perseguidor y a la vez a su presa fugada. Con razón se sentía enojado y a la vez preocupado, habían tenido demasiadas bajas para una misión que no aparentaba ninguna dificultad. - Apoderarse del crio y entregarlo en el lugar y dia convenidos. A la madre si era conveniente, matarla - Recordó con cierta amargura. No mantenía demasiada relación con sus hombres, a decir verdad no le importaba la suerte que corriera ninguno, pero sí que la misión se cumpliera. Tenia una reputación que mantener.
Escupió con fuerza a la oscuridad que se cernía frente a él y a los pocos segundos oyó el choque de su exceso de saliva contra los escalones esculpidos en la roca.
- ¿Qué ha sido eso? - se oyó susrrar tras él.
- El sonido de tus sesos contra la pared si no te callas. - contestó malhumorado Greidhem.
La estrechez de la galeria solo permitía el paso de una persona, y en el grupo se apretujaban unos contra otros para no descender en último lugar.
- ¿Quereis estaros quietos?No sabemos si nos está siguiendo y si lo hiciera seguramente está tan ciego como nosotros.
Se detuvieron unos segundos y esperaron a oir algún ruido que delatara la presencia de alquien más aparte de ellos en pasadizo. El silencio se adueñó de la oscuridad por un momento, cuando un soplo de aire fresco proveniente del fondo les alcanzó.
- Estamos cerca de la salida. - susurró Jodoronth mientras sonreia. - continuemos avanzando jefe.

Las botas y ropas de Isilya y Ehuram colgaban de un improvisado tendedero hecho de ramas, al borde de una pequeña hoguera a una docena de metros del rio.
Un enorme pato desplumado y despojado de sus entrañas rodaba sobre las llamas atravesado por un palo que iba girando con excesivo interés el beórnida. Éste llevaba puestos solo unos pantalones de tela gruesa y color grisáceo. El torso al descubierto mostraba el cuerpo de un hombre ya mayor que aún conservaba el vigor de la tan apreciada juventud. Sus ojos se volvieron de repente hacía los árboles que le rodeaban, de entre ellos apareció la elfa con los ropajes secos que llevaba bien protegidos en su montura.
Sonrió y se sentó a su lado.
- Huele bien - dijo.
- Eres precavida, si no hubieras protegido bien la ropa en tu equipaje ahora estarías como yo - se golpeó los todavía empapados pantalones.
- Puedes quitartelos, prometo no mirar - ria la elfa.
- Ja, ja, que más quisieras. - Levantó el palo en el que tenía empalado el ave - no voy a dejar que se enfrie el pato.

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NotaPublicado: Dom Feb 03, 2008 3:31 am 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Gwirdyon y Esdaleon decidieron hacer caso omiso a aquella particular embarcación, y retomaron de nuevo su camino hacia el Paso de Rohan. Todavía quedaba mucho trecho hasta llegar a ese lugar, pero cada paso que daban les acercaba.

- Has visto lo que le ha pasado a la embarcación que hemos visto en el río? - Preguntó Gwirdyon.
- No, no he prestado atención, estaba pensando. - Contestó Esdaleon mirando fijamente al horizonte.
- Pues han volcado y los caballos han caído al agua. Podríamos haberles ayudado.

Esdaleon salió de su ensimismamiento y miró a la semielfa seriamente.
- No. No podemos perder el tiempo. Cinco días con sus cinco noches apenas es tiempo suficiente para recorrer la distancia entre Rivendel y Rohan. Aún así los caballos llegarán exhaustos. - Contestó Esdaleon categóricamente.
- Caray, Esdal, te miro y no te reconozco. Hace dos años hubieras saltado del caballo y te hubieras metido al agua para sacarles y hoy me hablas de plazos y misiones. Creo que prefería al Esdaleon impulsivo de antes.
- Tú sabes que sigo siendo el de antes. Pero mientras mi amigo Walo siga estando implicado en este asunto, no puedo abandonarme a mis impulsos. Me necesita para salir de ésta.
- Sí, nos necesita a los dos, porque esta vez sí que está metido en un buen lío. Menuda la hizo recordando cosas de su pasado, mejor hubiera sido que las hubiera dejado en el olvido. - Añadió Gwirdyon. Siguieron cabalgando un buen rato hasta que el sol comenzó a decaer en el poniente.
- ¿Hacemos un descanso y buscamos un lugar donde pasar la noche? - Preguntó Gwirdyon.
- No, sguiremos cabalgando un par de horas más, hay que apurar la luz todo lo que se pueda. Y si no hay sol, cabalgaremos con luna. Ya va a terminar el primer día y no hemos recorrido ni la quinta parte del recorrido. A este paso no llegaremos a tiempo.

La semielfa miró a Esdaleon contrariada. A ambos lados del camino la hiedra crecía salvaje y fuerte debido a la humedad que recibía del río que fluía a la derecha del camino. a la izquierda de la vereda, unos árboles boscosos daban la entrada a un paisaje frondoso y lleno de vida. La ligera brisa que les había acompañado todo el día durante las horas solares daban paso a una humedad que se hacía insoportable cuanto más se adentraban en la fase del día en que el sol se esconde. La semielfa se frotó los brazos a la vez que sujetaba las bridas con fuerza. Esdaleon siguió mirando al frente ensimismado, parecía como si realmente no estuviera allí. Algo en su cabeza le atenazaba de tal modo que se había tornado su sosiego en preocupación.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Dom Feb 03, 2008 6:14 pm 
Viajero de paso
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Registrado: Mié Ene 16, 2008 10:48 pm
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Ubicación: Donde la justicia se necesite.
Thindë cabalgaba sin descanso por las colinas, sin mirar a los lados, tetrica y sobreanormalmente serio.

Porque todos codiciaban los malditos textos de esa sucia torre. Pronto... Nolmo sería una amenaza, como antaño lo fueron todos los que pasaron por la torre. No creia que por que fuese un Maia se pudiese resistir más a los encantos de esa torre oscura. Saruman, Imdralis y como ellos muchos más habían caído en los engaños de la torre... y ahora... el poderoso Nolmo... la había abierto de nuevo.


Mientras pensaba llegó a los lindes de la muralla de Orthrang... en el interior... una bola de humo zizageaba hacia el cielo. Thindë traspasó la muralla y asustado vió como el Maia había formado una gran pila donde estaba quemando muchísimos libros ayudado de los ents.


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NotaPublicado: Mar Feb 05, 2008 6:35 pm 
Maestro Narrador
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Registrado: Jue Jun 29, 2006 4:21 pm
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Ubicación: Orilla este del Lago Evendim
En algún lugar, en las alturas de las Montañas Nubladas, Magnus se afanaba en vano, en seguir el rastro de Erztum e Ibal.
Había rastreado bien las laderas occidentales y ahora se encontraba en uno de los puntos más altos de las Montañas, inmerso en mitad de una tormenta de nieve.
El Mago conocía de sobra los múltiples caminos y sendas secretas que atravesaban las Montañas, pero por aquellas tierras, a la altura de Rivendel, la única ruta conocida por la mayoría de los mortales era el lugar en el que él se encontraba; el Paso Alto.

Caminaba despacio abriéndose paso entre la nieve, inspeccionando todas las rocas y falsos senderos que se abrían en el camino. También dirigía su penetrante vista hacia los abismales precipicios que caían a un lado y a otro del sendero, y de vez en cuando se detenía en seco y cerraba los ojos, como si intentara escuchar. Pero nada. Ninguna pista que le indicara que hubieran pasado por allí.

Magnus se empezó entonces a inquietar. ¿Acaso el elfo habría encontrado alguna otra reliquia y por ello podrían haber cambiado inesperadamente de ruta? La tormenta de nieve cobró fuerza y un gélido viento le acarició la cara.
“Imposible, me habría dado cuenta mucho antes de llegar hasta aquí” pensó el Mago apretando los puños.
Magnus prosiguió entonces su camino en dirección Este, perdiéndose como una sombra entre el temporal.


A muchas millas de allí, Greydhem y los cuatro compañeros que quedaban con él alcanzaban por fin la salida de la cueva, que no era otra cosa que un agujero, más o menos redondo, que asomaba entre unas grandes rocas. El sol ya se había escondido y apenas quedaba una escasa media hora de luz.

-Bien ¿y ahora qué?- preguntó Bareth mirando a un lado y a otro con cautela. Ninguno le contestó de inmediato. Greydhem se quedó unos instantes de pie frente al agujero y se volvió a los demás.
-De momento taparemos la salida del pasadizo- dijo- a ver si así nos quitamos de una vez a esa rata de encima.

Todos rieron y en seguida se pusieron manos a la obra. Minutos después la abertura había quedado completamente taponada con rocas más o menos pesadas.
-Podríamos esperar aquí en silencio, hasta que le escuchemos al otro lado- dijo Jodoronth sonriendo maliciosamente- entonces podríamos atacarle por sorpresa y darle lo que se merece.
-¡Ni hablar! No pienso quedarme aquí sentado esperando a ese desgraciado- dijo Greydhem en tono severo- recordad que el niño se nos ha escapado y es vital para nosotros encontrarlo cuanto antes.
-Pero casi ha anochecido….-murmuró Bareth.
-No importa, esta noche no dormiremos- prosiguió el Jefe- marcharemos con cautela, con un poco de suerte no habrá ido muy lejos.


Mientras tanto, en algún lugar perdido entre los bosques de Acebeda, Ehruam terminaba con los restos de lo que parecía haber sido un pato. Isilya le miraba divertida mientras se calentaba los pies en las pocas brasas que quedaban.

-¿Qué miras?-dijo con la boca llena- que tú apenas hayas probado bocado no implica que yo vaya a hacer lo mismo.
-Pero si me he comido casi medio pato- rió Isilya- menos mal que no está Aurë aquí; le habría afectado ver cómo me he comido a uno de sus primos lejanos.

Los dos compañeros rieron a carcajadas, pero en seguida un soplo de viento bajo las ramas en que se encontraban les hizo enmudecer.
-No olvidemos que estamos en una región salvaje-dijo Ehruam mientras terminaba de apagar la lumbre- a saber quien puebla hoy día estos parajes desde el río hasta las Montañas.
-Cierto, debemos andarnos con cautela- respondió Isilya poniéndose de pie- Esta noche deberíamos hacer guardias; déjame empezar a mí, aún no tengo sueño.

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Habitaban la mayor parte del tiempo en los límites de las florestas, de donde salían a cazar o cabalgar y correr por los espacios abiertos a la luz de la luna o de los astros.


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NotaPublicado: Sab Feb 16, 2008 5:52 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
En cuanto anocheció dejaron de cabalgar para dejar a los caballos caminar a sus anchas por el oscuro sendero. Gwirdyon y Esdaleon montaban en silencio sus corceles mientras avanzaban buscando un lugar idoneo para pasar la noche.
- Deberiamos parar pronto - comentó el semielfo - los caballos necesitan descansar y nosotros reponer fuerzas.
Gwirdyon parecía distraida, sin duda algo le preocupaba, volvió la cabeza y asintió. - Si a Walo le hubiese ocurrido algo ya lo habriamos sabido... - se limitó a decir Esdaleon, tal vez para que al fin las reservas de la semielfa respecto a la misión pudiera sacarlas a la luz y deshacerse de la carga que la atormentaba.
- No es Walo lo que me preocupa, son los dichosos talismanes.
Se detuvieron y desmontaron de los caballos para seguir a pie llevandolos de las bridas. - el grupo se ha dividido y a nosotros nos a tocado lo peor - continuó.
Esdaleon se llevó una mano al zurrón y sacó un poco de pan y tras partirlo le dio un pedazo a su compañera.
- Cuando salimos de Bree ya estabas al corriente de lo que ocurriría, entonces estuviste deacuerdo.
La fria brisa pasó entre los arboles haciendo que el murmullo de las hojas fueran la respuesta.
- Apartémonos un poco del camino y acampemos. - contestó la semielfa.

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Cada brazo tiene su arco,
cada arco tiene su flecha.


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NotaPublicado: Mié Feb 20, 2008 6:36 pm 
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Registrado: Dom Ene 14, 2007 11:18 pm
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Ubicación: La Comarca, Eriador
Inzil se levantó apresuradamente mientras masticaba su último bocado. Corrían guiados por el elfo, saltaban rocas de gran magnitud rodeadas por arbustos que tan solo crecían a gran altura, montaña abajo se podían divisar aquellos árboles donde quizás comenzaba algún que otro bosque. Al llegar allí Erztum dijo…

-¡Mirad! Andaba en lo cierto, hemos dado un gran paso.
-¿Qué es esto Erztum? – preguntó intrigado el enano.
-¡Es lo que me esperaba Ibal, es el nacimiento del Río Gladio! – pronunció eufórico el elfo.
- Pues un poco de agua no nos vendrá mal,- dijo el enano terminando la última gota de agua de su cantimplora.
- Sí, doy gracias a Ulmo y a Yavanna por estas maravillas que se alzan ante nuestros ojos.- Dijo Erztum mirando al horizonte, hacia las aguas tranquilas del Gladio que nacían en aquellas montañas que estaban a punto de abandonar.
- ¿Ulmo y Yavanna?- Preguntó Inzil - ¿Quiénes son? ¿Son elfos?
Erztum miró al niño sorprendido, Ibal soltó una sonora carcajada.
- Ja, ja, ja, ja - Rió el enano - Pensé que no vería llegar el día en que uno de los primeros nacidos desconocerían el origen de aquélla que llaman la tierra de los Eldar, ja, ja, ja, ja.
- ¡Cállate Ibal, está claro que este niño carece de la educación más elemental! -Contestó Erztum ofendido.- Este viaje te va a venir muy bien para aprender todo lo que yo pueda enseñarte.
Inzil miró a Ibal asustado, luego miró a Erztum y no se sintió mejor.
- Bueno, pero vamos a bañarnos en el río, ¿verdad? - Contestó finalmente el elfito.- Tengo sed.
Erztum comenzó a canturrear una canción antigua que hablaba de las maravillas de Arda, de los bosques de Orome, y otros muchos nombres más que hicieron las delicias del niño, pues le gustaban mucho las historias de tiempos pasados. Ibal refunfuñaba, pues aunque no lo quería reconocer, el elfo se había ganado la atención del niño y se sentía celoso.
- ¡Vamos Ibal, bajemos más deprisa, quiero mojar mis pies en el río Gladio! - Gritó Inzil contento mientras saltaba grácilmente entre roca y roca.
- ¡Vamos, Señor enano, es usted muy lento! - Dijo Erztum para fastidiarle. Ibal le miró entrecerrando los ojos y bufando, se agachó, cogió un guijarro y se lo lanzó golpeándole en una pierna. El elfo aulló de dolor. Echó mano de su arco y sacó una flecha como si de un acto reflejo se tratara. Inzil se volvió y gritó:
- ¡¡No, no le hagas daño al señor enano!!- El niño corrió al regazo de Ibal. Erztum miró la flecha que estaba a punto de disparar hacia Ibal y bajó el arco.
- La eterna rivalidad entre enanos y elfos parece no tener fin, Ibal. - Contestó Erztum avergonzado. - Por el bien del niño, procuremos que ésta haya sido la última vez que nos enfrentamos el uno al otro.
- Que así sea. Espero que esta lección nos haya servido a los tres. - Contestó Ibal, mientras soltaba a Inzil de su regazo. El niño los miró con lágrimas en los ojos, pues no entendía lo que estaba ocurriendo. Siguieron bajando río abajo hacia el Anduin, con la intención de bajar por el gran río hasta Lorien y, desde allí, seguir a pie hasta Fangorn.

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"Caminé por las laderas pantanosas de Moscagua y no sufrí percance alguno, mas un día sin tu presencia puede marchitar mi frágil armadura interior"


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NotaPublicado: Dom Mar 02, 2008 11:55 pm 
Mariscal del Folde Oeste
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Registrado: Vie Abr 29, 2005 6:38 pm
Mensajes: 1089
Ubicación: Sabadell
Dos semanas antes de la fecha designada para el inicio del consejo de Fangorn dos jinetes galopaban por el campo de Pelennor, escenario en los ultimos 30 años de un par de batallas en que se jugó el destino de la Tierra Media. Ambos estuvieron alli, en la primera uno fué herido, el otro cambió la balanza, en la segunda el que fuera herido en la primera lideró una de las mas famosas cargas de caballeria ligera que vieran los tiempos, el otro ... sencillamente era el Rey, con eso se decia todo.

Ambos jinetes se detuvieron en el altozano que da fin a la inmensa pradera que se extiende delante de Gondor.

- Mi señor, veo que Orejones os lleva con alegria, a partir de ahora sera famoso entre los suyos.

- Baldor, Baldor... que te conozco, soy yo, Aragorn, no el rey sino tu amigo... ¿que pasa? ¿no encuentras padrino?

- No oso decirselo al que me gustaria que lo fuera.

- Pues acabas de hacerlo, y te lo digo... si no llego a serlo creo que no te lo perdonaria nunca.

- Pues entonces le dire a Narwin que hable con la Reina.

-Tranquilo viejo amigo, deja la ceremonia en nuestras manos, a proposito os recomiendo casaros la semana que viene el dia antes de partir hacia Fangorn. Ya se que Rohan no ha sido invitada, por eso os ruego que cuando pasemos por Medusel cambies el eored y cojas 20 hombres y vengais ambos como invitados mios en mi escolta y mientras discutimos, vosotros, con permiso de Barbol tengais la luna de miel en el bosque.

- Gracias Aragorn... sera un honor y un placer.

Los dos amigos azuzaron con cariño a sus monturas y cual saetas recorrieron el campo de regreso a la ciudad.

_________________
Un hombre puede estar solo en medio de una multitud.
Un hombre puede estar solo en la vida con una familia numerosa.
Un hombre con un amigo que le escuche jamas estará solo.
Un hombre con amigos como vosotros nunca estará solo, nunca tendrá hambre, nunca tendrá sed.


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NotaPublicado: Lun Mar 10, 2008 2:40 pm 
Arquero del Rey
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Registrado: Mar Jun 13, 2006 4:29 pm
Mensajes: 604
Ubicación: Girona
Hacía ya 9 dias que la compañía partió de Rivendel dividida en tres grupos. Gwirdyon y Esdaleon fueron los primeros en llegar a Fangorn, más decidieron acampar a orillas del Entaguas justo por donde se introducía en el frondoso bosque. Mucho más al norte, Ertzum, Ibal y el pequeño Inzil visiblemente en mejor estado que cuando lo encontraron, atravesaban el Limlight después de haberse despedido de la escolta de elfos que les habían acompañado desde Lorien. No quisieron adentrarse en el bosque y decidieron bordearlo hasta el sur en espera de encontrar alguna señal del concilio.
Ehuram e Isilya una vez decididos a atravesar las montañas por el paso del cuerno rojo, llevaban un par de dias de retraso atravesaron el Celebrant a pie de las montañas y sin separarse de ellas siguieron hacia el sur hasta entrar en el bosque de los Ents.
- ¿Por qué debemos temer nada? - preguntó Ehuram - Los ents sabrán mejor que nosotros del Concilio y seguramente nos estén esperando. En cuanto encontremos uno nos guiará hasta nuestro destino.
Así prácticamente al unisono el grupo dividido en un principio llegó donde su presencia era requerida.

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