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Cabalgaba en silencio, observando el zig zag brillante que se acercaba desde el horizonte, amenazando tormenta. El dolor llegó y con un gesto casi imperceptible, hizo que su caballo se detuviese. Miró al cielo e invocó a Estë, la Sanadora, rogándole que le ayudara a olvidar, a borrar aquel atardecer de nubes grises,la tarde en que hundió su espada, aquella que había sido forjada con tantas esperanzas de vida, en el cuerpo de su rival, sesgándole la existencia.
Allí, en medio de la llanura, sólo era un montaraz sin destino.
Descansábamos junto a una de las orillas del Entaguas. Yo no podía dejar de mirar el profundo surco bifurcado en su pecho mientras me contaba aquella historia.
-¿Volverás a encontrarte con él?-le pregunté.
No se sintió sorprendido por mi interrogación. Se levantó y, empuñando de nuevo la espada, me dijo:
-Mis deseos de que así sea esperan a que ese día llegue-.
Entonces, me tendió la mano para que yo me levantara y seguimos con mi entrenamiento.
Y en cada aldea, cada ciudad, si debo batirme y pelear, justo antes de teñir mi espada de sangre, alzo la voz preguntando por ellos, pidiendo mi propio perdón ante la muerte inmediata.
Nadie supo decirme hacia donde se había dirigido el montaraz sin destino; tampoco si ambos se habían encontrado.
_________________ Oialë i nati úmar i seyar... queni yando
(Las cosas no son siempre lo que parecen...las personas tampoco)
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Là bas, tout est neuf, tout est savage...
© Baranduin
Última edición por Falas el Sab Sep 15, 2007 11:28 pm, editado 2 veces en total
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