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La Higuera
Por Aldor
 
Escuchad,

La higuera que otrora viera
a los pies de la torre de su nombre
que el sudor y la sangre de los hombres
en lo alto para defensa construyeran,
ha muerto de tristeza esta mañana
y yo con ella.

Quién sabrá decirme los nombres
de aquéllos que habitaban sus laderas
de aquéllos que buena sombra y fruta fresca
esperaban que su gracia les ofreciera.

Dónde reposarán ahora sus huesos
roídos y cansados del camino,
dónde brindarán con vino
por la dicha del sol y las estrellas.

Cómo saciará su hambre el peregrino
por faltar la carne de sus higos y sus brevas
cómo meditará sobre lo humano y lo divino
en el sueño de sus ramas de niñera.

Si en algo os conmoviera lo que digo
llorad conmigo de completas a maitines
por mi pérdida en forma de madera
Que la cuna de mis juegos infantiles
ha muerto de tristeza en su pradera
y yo con ella.

 
Aldor
 
 
 

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