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Oda a la montaña
Por tundra
 
Verde guardiana de la decadencia cotidiana
Templo de sueños, catarsis y aventuras de un día
Lecho que cobijó mis primeras pasiones,
Testigo silente de la primavera de mi amor.
Déjame penetrar una vez mas en tu exuberante seno vegetal
Arrástrame hasta lo mas intimo de tus entrañas
Pero está vez. No me dejes volver jamás.
Titánico monumento de la naturaleza,
Esperanza de los enemigos del asfalto,
Cuartel general de las hadas y los duendes.
Donde despierta y duerme la magia
Protégeme de los ruidos ahogados
De la vida que se me impone
Sálvame de humo y la demencia
De mis estresados conciudadanos
Enciérrame en tu inmensidad de altos y bajos
Y no me dejes volver jamás
Aliméntame con el fruto de tu amor
Sacia mi sed con el agua que corre por tus venas
Cobíjame en los pliegues de tu traje de vida
Y conviérteme en parte de ti y tu abrumadora belleza
Y jamás, jamás me dejes volver.
 
tundra
 
 
 

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