Ir a Posada de Mantecona
 


Mi Doncella.
Por lessien_elaness
 
Caminaba sin rumbo por la senda prohibida
Y sin notar que a su lado había tan deseada compañía.
Sus ojos eran grises, su sonrisa era blanca
Y su voz era una melodía
Que a las aves encantaba.
Sus cabellos eran finos,
A la luz del sol brillaban y su piel era tan suave que a la seda avergonzaba
Así era la doncella a la que yo acompañaba,
Y en las noches en el bosque junto a los ents la cobijaba.
Tan dulce era su risa tan amarga su mirada,
¿Quién iba a imaginar que tanta belleza tanto dolor ocultaba?
Su alma estaba herida por los orcos y sus espadas,
Y en su pesado caminar, la soledad la atormentaba.
Cada paso que daba, muchas penas cargaba y en su desesperación por desahogo,
A la hierba hablaba.
A sus relatos tan tristes con melodías acompañaba,
Y así con sus rojos labios, bellos versos pronunciaba y en cada uno de ellos
La tristeza entonaba.
Los elfos que la oían, su atención fijaban y en sus memorias guardaban estas bellas tonadas.
Las canciones hablaban del sufrimiento y la guerra,
Que reinaba en esta tierra de una oscura belleza.
Con sus pies daba brincos sobre la tierna hierba y a la vez la acariciaba
Con suma delicadeza.
Al acercarse al arrollo a beber un poco de agua, con sus labios vírgenes,
Su corriente besaba.
Por allí había un hobbit,
Que atento observaba mientras su corazón palpitaba.
El sonido de los latidos a la doncella asustaron y al verse descubierto
Sus mejillas se sonrojaron.
La bella dama le regaló una cariñosa sonrisa y con un gesto de saludo,
Emprendió la partida.
Los enanos de las tierras bajo las montañas,
Salían de sus hogares para observar a la muchacha.
La pequeña admiraba al cielo y su esplendor,
Y este la cubría como un manto acogedor.
Todos añoraban caminar junto a la muchacha, que tristemente recordaba su humilde morada.
Un día su corazón, un fuerte salto dio
Y un nuevo sentimiento su alma recorrió.
Oyó un sonido dulce, armonioso como su voz, y tan susurrante como la brisa que su rostro acarició.
Era la voz de un joven, que a lo lejos divisó,
Y una pequeña flauta acompañaba las notas que entonaba con su voz.
Era tan blanco como la nieve, sus ojos celestes como el cielo pero tan intensos como el océano, sus labios eran tersos, su cabello tan dorado.
Sus facciones eran delgadas, elegantes y finas; y sus orejas eran largas, puntiagudas
Y esbeltas.
La doncella cayó rendida ante semejante sonrisa,
Y sus blancas mejillas se encendieron cuando el elfo posó su jovial mirada en ella.
Este se acerco con mucho cuidado a mi doncella y con sus labios beso
Los de la pequeña damisela.
El calor de ambos fluyó a través de ese beso, y el elfo desapareció prometiendo un próximo encuentro.


(continuará…)
 
lessien_elaness
 
 
 

646 personas han leído este poema.


  

Comentarios al poema: