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Relatos Marineros
Capítulo 2
Albatros
Por [sTuKa]
 
Mientras tanto, en otro puerto de la ciudad, un hombre maduro supervisaba el trabajo que se llevaba a cabo en su buque, sus idas y venidas por el puente eran constantes y, de cuando en cuando consultaba una duda con el carpintero jefe o le sugería alguna idea...
Era un hombre curtido por años de exposición al sol, de planta imponente, sus 190 centímetros estaban acompañados de otros tantos kilos, los tablones de cubierta parecían crujir bajo sus lustrosas botas. Iba vestido con ropas caras que desvelaban su posición, además se movía por el buque como si fuera su propia casa, era Dairos, Capitán del Dama Lessith y reputado lobo de mar.
Junto a Dairos, en todo momento, se encontraba otra figura destacable no por su altura sino por su robustez, medía aproximadamente unos 170 ctms. y pesaba no menos de 80 kgs., sus brazos estaban formados por unos músculos de tamaño avasallador y su cuello también estaba muy desarrollado, adornando su cabeza lucía una barba trenzada. Este hecho reforzado por su complexión recia, contribuía a darle un aspecto de enano, cosa que él se tomaba como un agravio muy fuerte, pues siempre que bebía más de la cuenta gustaba de alardear de su origen, sito en la cuna de los mejores marinos de Gondor, Pelargir.

La curiosa pareja supervisaba que los trabajos fueran a buen ritmo, pues pretendían partir dentro de 3 días aprovechando las corrientes favorables, su destino era Linhir, donde recogerían el resto de la carga para completar sus bodegas antes de partir al Sur. Los trabajos se centraban en 3 puntos principalmente, los más afectados por la galerna:
Uno de los mástiles fue dañado por los fuertes vientos al no poder replegar las velas con la suficiente rapidez, lo que ocasionó que se astillara cerca de la base y amenazara con caerse, cosa que al final no hizo. Justo en estos momentos estaba siendo cambiado y era el centro de la actividad reparadora pues no es nada fácil su colocación.
El propio velamen del barco, prácticamente inservible en su estado actual, estaba siendo reparado o cambiado, pues quedó hecho jirones. Por último pero no menos importante, el casco del buque también sufrió daños al chocar con unos arrecifes, que sólo la pericia del timonel junto a los sabios consejos del Capitán consiguieron evitar males mayores. Una pequeña vía de agua ya fue reparada, para ello hubo que sacar el barco del agua y eso llevó varios días para pena del Capitán, que no se cansaba de repetir que el tiempo era vital en los negocios.

Según avanzaban los trabajos de reparación, que ya estaban casi finalizados, a Dairos le cambiaba el humor a mejor, era como si tuviera algún tipo de vínculo con su nave y ahora que ésta presentaba un aspecto formidable el Capitán se encontraba pletórico de ilusión por partir.
De hecho tenía todos los cabos atados en lo referente a su próxima travesía, se había encargado personalmente, junto a Belegdor, su Segundo y recio acompañante, no había dejado nada sin atar: aprovisionamiento y reclutamiento ya estaban cerrados, y por supuesto también había cerrado un trato con un mercader local que si todo salía a pedir de boca, le permitiría comprar otro pequeño buque.
En lo referente a los nuevos tripulantes, el puesto a cubrir mas relevante fue el de médico de a bordo, el anterior después de surcar los mares durante más de 15 años junto a Dairos, había decidido velar por su ya delicada salud y echar raíces fuera del mar. Había montado, gracias a la ayuda económica del Capitán, una pequeña tienda y consulta en Dol Amroth.
En cuanto corrió la noticia de la vacante en el Dama Lessith, se presentaron numerosos candidatos, todos ellos fueron debidamente entrevistados por Dairos y Belegdor en un pequeño reservado en los bajos de La Luna Gris. Se presentaron desde reputados médicos locales, demasiado blandos para el desempeño, experimentados médicos de otras tripulaciones, demasiado zorros y con muchos vicios adquiridos, hasta todo tipo de oportunistas: curanderos tribales, sanadores y herboristas de dudosa procedencia y peor arte, deseosos de formar parte de tan renombrada tripulación y además hacerse valedores de un buen sueldo.
Tras varios días de infructuosa búsqueda y cuando ya sopesaban la posibilidad de pedirle al viejo médico que aplazase su retiro hasta encontrar un digno sucesor, apareció un extraño joven proveniente, según sus palabras, de la capital, Minas Tirith.
Enseguida consiguió captar la atención del Capitán y los recelos del Segundo porque no decirlo, explicó necesitar el puesto para alejarse de todo y todos, un cambio de aires. Sus atuendos indicaban noble linaje o al menos familia acaudalada y aseguró haber estudiado en casa de un conocido de Dairos, un antiguo miembro de las Casas de Curación. Decidieron contratarlo en esta travesía de prueba, pese a las indicaciones negativas de Belegdor, al que no gustaba el misterio que acompañaba al nuevo médico.
Pese a todo a Dairos le cayó en gracia el joven médico, y le recomendó que fuera a visitar a su predecesor para que le instruyera en lo que pudiera serle útil, a su Segundo lo tranquilizó diciéndole que durante la entrevista le había mirado en algunos momentos directamente a los ojos y el médico no había desviado su mirada, ello indicaba que no tenía nada que ocultar, además sus ojos eran nobles y transmitían mucha melancolía, quizás mal de amores.
Aparte del médico, se incorporaron un par de experimentados marinos, recomendados por Belegdor, provenientes de Pelargir como él, y un joven grumete de recién estrenados 16 años, hijo de un amigo de Dairos, que desde pequeño insistía en enrolarse en la tripulación y que, tras cumplir años, su padre accedió consciente de que tras comprobar la dureza de la vida en el mar, volvería con el rabo entre las piernas al negocio familiar, un próspero negocio de ebanistería. Con esta última incorporación Dairos cerró la lista de la tripulación y se ocupó de otros menesteres.
Amondil y Nimrilien después de un paseo, en el cual hablaron de muchos y variados temas, se encontraban ya en el muelle, frente al Dama Lessith. Amondil se sorprendió sobremanera, pues era uno de los buques que más captó su atención cuando pasó cerca de aquí esta misma mañana, la sola idea de zarpar en él era todo un sueño...
Era todo un buque mercante gondoriano, de unos 20 metros de eslora y con 2 castillos, uno en la proa y otro en la popa, todo ello se movía mediante 2 grandes velas cangrejas cuando el viento era propicio y sino mediante remos. En nada se podía comparar a la gabarra ribereña que lo trajo a la ciudad...
- Mira, ves aquel hombre elegante que esta cerca del castillo de popa? Es Dairos, junto a él se encuentra su Segundo, un tipo un poco huraño para mi gusto – indicó sacándolo de su ensimismamiento- Capitán, capitán!! ¿ puedo subir a bordo? – continuó chillando Nimrilien.
Dairos desvió su mirada hacia nosotros, y una gran sonrisa le iluminó el rostro:
- Claro que sí, subid ¿qué os trae por aquí pequeña joya? Un recado de vuestro padre quizás...
-No nada de eso, sonrió dulcemente ella, vengo con alguien que os busca imperiosamente, dijo señalándome con su inmaculada mano.
- Me buscáis joven? Bien ya habéis dado conmigo, en que puedo serviros? – dijo gentilmente mientras me registraba ocularmente al detalle.
- Capitán Dairos, es un honor conoceros, mi nombre es Amondil y traigo una misiva para vos, dije educadamente al tiempo que le alargaba la carta sellada.
- Bien veámos de que se trata, espero que no sean malas nuevas, la tomó y comenzó a leerla.
Mientras el Capitán abría la carta mis pulsaciones aumentaban de forma vertiginosa.. tras un breve lapso de tiempo alzó de nuevo la mirada e indicó a su Segundo:
- Vaya! Noticias de tu predecesor!! Belegdor es una especie de carta de recomendación, que os parece?
- UmmH gruñó el Segundo, ¿de verdad queréis ser grumete? Deberéis mostrarnos algo que sepáis hacer con destreza, pues por vuestras manos y vuestra apenas tostada piel deduzco que no tenéis mucha experiencia en el Mar.. ¡! Trepad a ese mástil todo lo rápido que podáis! Pero sin romperos el espinazo!!
Sin pensármelo mucho, me dirigí con presteza a la base del mástil y trepé todo lo rápido que pude hasta lo más alto, impulsado por mis ganas de zarpar en el buque y sabiendo que en aquella prueba me jugaba mis opciones. Aquella prueba fue de mi agrado, pues de joven solía trepar a las copas de los árboles y cimas de las colinas cercanas a Calembel, con la vana esperanza de poder ver desde esa altura el mar.
Cuando llegué a lo más alto, había una especie de garita o rellano donde poder descansar, pues mi corazón parecía querer salirse de su sitio debido al mayúsculo esfuerzo, cuando recobré el aliento pude disfrutar de una excelente vista de la ciudad...
- Amondil! Amondil! – me gritaron desde cubierta – decidme cuántas monedas alcanzáis a ver sobre la palma de mi mano? -Inquirió el Segundo, mientras sostenía algo pequeño en la palma de su mano.
Al mirar hacia abajo sentí un pequeño amago de mareo, pues hay que reseñar que me encontraba a una altura considerable y, nada excepto algunas cuerdas y travesaños me separaba del suelo o mar, en caso de que perdiera el equilibrio... De todos modos enfoqué mi vista al máximo y pude distinguir 3 tipos de monedas diminutas, una de cada color: una dorada, otra plateada y otra de tonalidad más ocre, quizás bronce o estaño.
Llené mis pulmones con todo el aire que pude reunir y contesté:
- 3 monedas señor!! Una dorada, otra color plata y otra más ocre, como de bronce o estaño.

La gente que hasta hacía poco estaba atareada en cubierta, se tomó un respiro para ver divertida, la prueba a la que me estaba viendo sometido. Después de mi respuesta pude ver como Belegdor comentaba algo con Dairos, mientras tanto Nimrilien me miraba con una sonrisa de oreja a oreja. No pude oír dicho comentario, debido a la altura y a la presencia masiva de albatros que parecían querer darme la bienvenida a los cielos, volando alrededor de mí y saludándome con sus característicos sonidos.
Por fin pude apreciar como me indicaban mediante señas que descendiera, el descenso me lo tomé con mas precaución pues no veía ni conocía aún bien donde se hallaban los lugares o puntos de apoyo. Mientras bajaba, rezaba para mi interior, deseaba haber superado la prueba, nada más tocar la cubierta una fuerte mano de posó en mi hombro, al volverme ví el serio rostro del Capitán:
- Enhorabuena Amondil, el de vista aguda, te has ganado el puesto de vigía, aunque no será tu única ocupación en el navío, debes aprender muchas cosas y rápido, pero confío en tu potencial.
- Preséntate en cubierta mañana a las 8, hay cosas que preparar, pues partimos al amanecer del tercer día contando desde hoy – añadió Belegdor con voz de mando.
- Dispón del resto de la tarde libre para conocer la ciudad, tienes una guía magnífica, mañana te instruiremos más a fondo en tus tareas y obligaciones. Descansad Amondil! A partir de mañana conoceréis de primera mano el duro pero hermoso oficio de marino – señaló con autoridad Dairos.
- Gracias Capitán!! No defraudaré su confianza, aquí estaré dispuesto a aprender todo aquello que me hará falta para convertirme en un buen marino, gracias!! – dije emocionado.
- Vamos Amondil, intervino Nimrilien, aún tenemos que encontraros alojamiento y enseñaros muchas cosas de mi ciudad, desde mañana pasaréis largas horas en este barco.
- Cierto hijo, haced caso de vuestra bella anfitriona y aprovechad la tarde libre para descansar y conocer algo la ciudad.

Después de despedirnos cortésmente y dar las gracias de nuevo, nos dirigimos en pos de una cama, pues la tarde avanzaba y me encontraba ciertamente extenuado después de un día tan agotador y emotivo, aún así no creo que lograse conciliar el sueño con facilidad aquella noche...
Mientras los veía alejarse desde la cubierta, Dairos envidiaba la fuerza e ilusión de Amondil, a la vez que rememoraba tiempos pasados cuando él también había gozado de aquellos atributos. Simultáneamente Belegdor comentaba a algunos operarios que hacía muchos años que nadie superaba esa prueba, y menos de la forma en la que lo había hecho el joven grumete, sin duda ese chico goza de ojos de águila marina....

(to be continued)
 
[sTuKa]
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 05-03-2004 Hora: 16:12
Cherto, cherto, parece que en su camino solo se encuentra gente amable y simpática XD De todos modos, la narración sigue siendo excelente... aunque eso de la vista de Águila marina es un poco exagerao, mis congéneres hubieran visto hasta la fecha de acuñación de cada una de las monedas XD

Fecha: 07-06-2003 Hora: 17:10
Que pena me va a dar cuando le pasen cosas, pero en fin, el chico tiene que aprender, y la vida da palos, no? No está mal, espero ansioso el giro del argumento, ahí se demostrará mejor tu valía

Fecha: 28-05-2003 Hora: 03:30
Muy bien! Sigo de cerca las andanzas de Amondil, quizá una cosa te echaría en cara, le pasan demasiadas cosas buenas...o quizá es que me gustan demasiado las historias de perdedores...