Ir a Posada de Mantecona
 


La Búsqueda del Elegido
Capítulo 3
La Taberna de Lond Daer
Por ||tru_jas
 
Ivor dejó su caballo amarrado dentro de aquel establo medio roto, pero que parecía resistente, y, que, por lo que había visto, había resistido largos inviernos durante otros tantos años. El joven elfo salió del cochambroso establo con su espada envainada y con su arco, con su respectivo carcaj, al hombro, hasta el centro del camino por el que había llegado a Lond Daer. Cuando hubo andado unos pasos se dio cuenta que en el pueblo no había nadie en las calles, el puesto de mercado estaba vacío, las casas, a medio derruirse parecían estar vacías. En el pueblo había poca gente, o, incluso nadie. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la pequeña posada. Llegó hasta la puerta, y sobre ella encontró un cartel que ponía Posada Largo Camino, el mismo cartel estaba roto por varios sitios, y el color de las letras estaba prácticamente borrado, pero Ivor fue capaz de leerlo sin problemas.
El sindar abrió la puerta y al hacerlo las bisagras chirriaron como si hubiese tiempo que nadie habría esa puerta. Dio un paso dentro de la taberna, luego otro y otro más, la sala estaba oscura, pero él era capaz de ver bien todo a su alrededor. Había sillas tiradas en el suelo, mesas rotas de cuajo por la mitad, cristales de ventanas rotas, en el suelo, espadas melladas en el suelo y otras clavadas en las paredes. La barra de servir copas era larga, pero en ella no había nadie bebiendo como debía ser costumbre en todas las posadas, las botellas de cerveza dorada, oscura y tostada así como la de hidromiel, estaban todas rotas y el líquido derramado por el suelo, y la mayoría, seco por el paso del tiempo. Algunas columnas estaban rotas por la mitad, y el techo de la posada, que debía de ser el suelo de las habitaciones amenazaba, a primera vista, con caerse sobre el elfo. Todo indicaba a que había habido una lucha no hacia demasiado tiempo, pues las mesas no se partían por la mitad ellas solas, y las espadas no se clavaban solas en las paredes. Ivor empezó a registrar el salón, donde seguramente antes se habían pasado grandes jornadas de alegría y devoción, y donde ahora no quedaba ni un alma para contarlas. Nada, eso fue lo que encontró. Todo el salón vacío, solo manchas de sangre, armas y destrucción.
Ivor se acercó a una de las ventanas que daban al exterior, al camino por el que había entrado en el pueblo, pero cuando hubo pasado una columna de madera un silbido sonó detrás de él. Se dio la vuelta rápidamente y agarró la flecha que había pasado silbando durante todo el salón. El joven elfo, miró la flecha y al instante la rompió, pero antes de que dijese nada una voz, proveniente de las escaleras que daban al piso superior, preguntó.

- ¿ Quién eres, y que has venido a hacer a Lond Daer? Márchate o morirás aquí mismo- dijo la voz.
- Con esa puntería no matarías ni a un orco ciego –respondió Ivor, con voz imponente-. Descúbrete, pues soy amigo y no tienes nada que temer. Solo estoy, y no me quedaré en este pueblo más que lo necesario.
- Bien, por tu voz denoto que no eres orco (el salón estaba poco iluminado, recordémoslo), saldré en cuanto dejes tus armas en el suelo.
El elfo dejó en el suelo el arco, el carcaj y sus dos dagas, como símbolo de amistad y de confianza ante el individuo que se le presentaba delante. Aun desarmado, el joven elfo era un temible guerrero en el combate cuerpo a cuerpo.
De las escaleras, con ropa oscura y capucha en la cabeza, salió un joven hombre, de corta barba, ojos penetrantes, pero muy tristes a la vez.

- Un elfo- exclamo el joven hombre- la última persona que esperaba ver en este pueblo fantasma. ¿Qué haces por aquí? No soléis venir por estos parajes, raras veces he visto elfos por aquí. Sois gente tímida y rehusáis todo contacto con hombres.
- No estoy aquí por mi gusto, sino por una misión que no entenderías, pues ni yo mismo sé a que me enfrento, pero... decidme ¿qué ha pasado en este pueblo?
- Orcos y trasgos... eso es lo que ha pasado por aquí. Han matado a mucha gente de este pueblo, apenas quedamos una veintena en el pueblo, el resto se ha ido al norte, tratando de escapar. Nos quedamos aquí para darles tiempo a escapar y tratar de retener aquí a los orcos.
- ¿Orcos por estas tierras? Cosas raras me contáis en verdad. Por el sur no han podido venir, Curunir o los rohirrim los habrían detenido. Y por el paso de Carathras no se atreverían a pasar, odian la nieve.
- Pues del sur han venido, y por el sur se han ido, y volverán a acabar con nosotros.
- Cosa extraña lo que esta pasando hoy en la Tierra Media. Así que decís que hoy aparecerán por aquí no es verdad?
- Hoy no sé, pero pronto sí. Vuestro arco, y vuestras dagas nos serían de gran ayuda esta noche o dentro de un par de días.
- Yo no estoy aquí para ayudar a hombres. Lo mejor es que os vayáis lo antes posible, los orcos de noche son muy veloces y os darían caza. Aprovechad las horas de día, tenéis aún toda la tarde y parte de la mañana para huir.
- No huiremos, no hasta matar al último orco, luego de eso nos iremos de aquí. Hacednos un favor y quedaos, hasta matar a esos orcos, vuestra fuerza y agilidad nos darían ventaja.
- Está bien, me quedaré esta noche únicamente, así que más vale que esos orcos aparezcan. Pero me habéis hablado de una veintena de hombres, ¿donde esta el resto?
- Están en el piso de arriba, esperad aquí un momento que los iré a avisar.

El elfo se quedó un momento solo, pero no le importó. Mientras el joven humano de aspecto desalineado y tosco iba en busca de sus compañeros, el elfo salió de la posada, y puso rumbo hacia el camino de entrada a Lond Daer. Inspeccionó el puesto de mercado y alguna casa casi en ruinas antes de que la veintena de hombres se presentasen ante él. Los veinte hombres eran todos jóvenes, no más de treinta años, todos ellos portaban espadas poco afiladas, y apenas alguna que otra protección menor, que no los salvaría en ningún caso. Todos portaban caras de felicidad, aunque el aspecto de todos ellos era deplorable; delgados, casi sin fuerzas... A Ivor no le parecía nada bueno tener que enfrentarse a orcos, con aquel grupo de gente, probablemente pensaba que la mitad de ellos no verían el día de mañana, pero en aquel momento no le importó mucho. Y solo pensaba en salvar a los más posibles.
Uno a uno el joven humano, que resultó llamarse Trarsos, fue presentando a sus compañeros. Poco a poco, Ivor se fue imponiendo en sus ideas, y mientras él y Trarsos iban afilando las espadas y las puntas de flecha, el resto construía alguna trampa entre las calles, cortaban otras para guiar a los orcos a otras trampas... Mientras el resto construía trampas u demás, el joven Trarsos le contó todo lo que había sucedido, de como los orcos atacaron de noche, rápidos y letales, de cómo nadie pudo hacerles frente hasta que amaneció el día...
Toda la tarde había pasado fugazmente entre entrenamientos en puntería, construcción de flechas, trampas etc... Ivor repartió unas cuantas lembas a cada guerrero, para que sintiese fuerzas a la hora de combatir y luego les dijo que descansasen un rato antes de que anocheciese, pues la noche podía ser muy larga. Mientras él iría de vigilancia hasta una colina cercana. Lo último que hicieron los jóvenes antes de descansar, fue colocar antorchas en las paredes de las casas, tanto por dentro como por fuera, esto lo hicieron para poder ver en todo momento donde se encontraba el enemigo, en lo que, a la postre sería una buena táctica.
La tarde se había acabado, y la noche aparecía sobre el pueblo. Todos los aguerridos soldados, ahora en plenitud de sus fuerzas gracias a las lembas, fueron reunidos en el centro del pueblo, y distribuidos en 4 grupos de cinco. Cada grupo se distribuyó según el plan de Ivor y atendiendo al número mas o menos de orcos que habían venido los días anteriores.
Al poco tiempo, debía ser media noche, un grito a poco terreno del pueblo los hizo alertarse. Los orcos habían llegado, para no dejar a nadie con vida en ese pueblo.
 
||tru_jas
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 05-12-2003 Hora: 21:58
Alguna falta, una narración sin muchos alardes pero correcta, aunque quizás quede todo un tanto compacto (juega más con los puntos y a parte, te puede ayudar). En cuanto a la historia, he de decir que me gusta más este capítulo que los anteriores, aunque este cuente algo no muy relacionado con la trama principal. Beneficia a la historia el incluir pequeñas aventuras dentro de ella. Una duda concreta: ¿no es un poco raro que se queden en lond daer con tan pocas fuerzas si pretenden exterminar a los orcos? quizás te ha quedado un poco flojo eso. En cualquier caso te doy la enhorabuena porque esto mejora.

Fecha: 30-11-2003 Hora: 11:58
Aiya, noble... Tru_jas... Quería comentaros que he leído vuestro relado (disculpadme si he empezado por este capítulo 3... admito que es algo propio de elfas más bien garrulillas, pero cuando te pones a leer medio dormida no te das demasiada cuenta de las cosas...) En fin, quería comentaros que ahora que me he leído, por fin, los otros capítulos y me he repetido este, que está muy bien. Es una historia interesante y bien narrada...

¡Poned el capítulo siguiente lo antes posible, por favor!

Salud,

Fairë Nainië