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DE JURAMENTO
Capítulo 2
De Ahlana y Nomaar en Estolad
Por Muinthel
 
Unos meses después de abrir por ver primera los ojos, desde una canastilla a los pies de su madre que ejercía de comadrona en El Campamento, Nomaar, incapaz todavía de mantener erguida su pequeña cabeza, presenció el nacimiento de una hermosa niña, que habría de llamarse Ahlana. La madre de Nomaar la tomó en brazos envolviéndola en una suave tela blanca como la piel de la recién nacida, y mientras le daba unos tiernos cachetes se la mostró a Nomaar, que contemplaba aquella viscosa y maravillosa criatura atentamente fascinado. Jamás abandonaron los ojos de Nomaar aquel cuidado y fascinación hacia Ahlana, y como debía de ser, crecieron juntos hasta que el amor encontró un hueco en las negras pupilas de Nomaar, hasta que, cuando una mañana Nomaar tomó de la mano a Ahlana, sintió el calor del cariño en la yema de los dedos de ella, y desde entonces nadie volvió a verlos separados.
Nomaar siguió confesando sus secretos a Ahlana como cuando era niño, y cada rincón oscuro que él le mostraba, incrementaba la ansiedad de Ahlana por confortarle. Nomaar sólo abría su corazón a Ahlana, pues sentía que sólo ella podía comprenderle, y en verdad había sido ella la primera en descubrir la tristeza en el azul pálido de sus ojos, la melancolía que aplastaba su pecho, y Ahlana podía escuchar sus pensamientos sin que él siquiera moviese los labios. Por todo esto, en Nomaar el amor se convirtió en adoración, pero simultáneamente despertó en él un hambre de comprensión inabarcable para Ahlana en ocasiones que, con el tiempo y las dificultades, se hicieron cada vez más frecuentes. Así Nomaar creyó empezar a vislumbrar en Ahlana pedazos desencajados de sus deseos, que le reprochaba angustiado, debatiéndose entre la duda acerca de sus propios juicios y el enojo hacia los defectos de quien tanto admiraba. Pero el cariño de Ahlana no disminuyó, sino al contrario, pues las caricias de Nomaar eran lo que hacía latir su corazón llevando la sangre a todos sus miembros, de modo que siempre intentaba complacer a su marido, corrigiéndose en lo imposible incluso cuando Nomaar se exaltaba ante la parte siniestra de sus virtudes. Ahlana, pues, bajaba la cabeza frotando su cara contra el fuerte brazo de Nomaar hasta que de la garganta de él salían algunas palabras de reconocimiento, sentidamente hermosas, con las que ella volvía a sentirse querida. Estas concesiones, repetidas a lo largo de los años, endurecieron el carácter de Nomaar, que comenzó a rechazar sus continuas ofrendas incondicionales, tornándose muy susceptible su ánimo, torturando a Ahlana cada día al exigirle a menudo lo contrario que le había pedido la víspera. Cada año que pasaba, se tornaban más impacientes los gestos de Nomaar, más silencioso su corazón. De su familia se había distanciado tan sólo a causa de que desde muy pronto había alejado a Ahlana de sus padres, pero la ya muy anciana abuela de Nomaar, en sueños, susurraba acerca de la oscuridad del despertar en el Este, pronunciando el nombre de su nieto con temor y compasión.
A pesar de todos los desencuentros, Nomaar seguía queriendo sobre todas las cosas a Ahlana, seguía amando aquellos lagos grandes y azules en su cara, sus pupilas firmes y pequeñas bajo el Sol, y más que nada, anhelaba aquellas ocasiones en que las palabras apaciguadoras que necesitaba se deslizaban entre los labios de ella, el único lugar del cual podía esperarlas. Cada noche Nomaar y Ahlana se amaban hasta fatigarse, cuando la cabeza de ella se posaba sobre el pecho de él, que con sus dedos acababa de despeinar a su esposa antes de caer dormido. Fue sin embargo un alba fría y despejada la que envolvió la pasión de Ahlana y Nomaar hasta convertirla nueve meses después en una rosada niña, ligera como una pluma. Ahlana la llamó Linte, en recuerdo a la madre de su padre, que hasta su muerte, durante los primeros años de Ahlana, había sido la única antes de Nomaar en mirarla como si en su rostro brillase la belleza del cielo estrellado. La niña mantuvo el corazón de sus padres en un puño durante un rato, pero finalmente consintió y echó a llorar en brazos de su abuela.
En Linte veía Nomaar la hermosura estremecedora de Ahlana, la misma inocencia destilada desde sus pies trepadores, la misma curiosidad infantil, insaciable, con la que juntos habían registrado los callejones de Estolad hacía ya mucho tiempo. Porque divisaba en la pequeña también parte de él, una naturaleza libre, salvaje, veloz, y a la vez discreta. La niña creció pareciéndose a su madre, pero con mucho del carácter de su padre. Cuando éste la reprendía, jamás trataba de agradarle con caricias, sino que callaba hasta el fin de la riña y entonces desaparecía hasta que la huida calmaba su corazón. En una ocasión, cuando contaba unos seis años, Linte se desvaneció durante una noche entera. Por la mañana se presentó en su casa, sin dar una explicación de su escondite, tranquila, muda y sonriente, aunque con un profundo tajo en su rodilla izquierda cicatrizado, pero que comenzaba a infectarse. Ahlana la abrazó llorando desconsolada, mientras Nomaar, ago asustado por la actitud de Linte, pero sobre todo admirado de la entereza de su hija, despedía con los ojos empañados a los vecinos que les habían ayudado a buscarla durante la noche. Desde aquel día el amor de Nomaar a Linte creció aún más rápido, fuerte y orgulloso, y la niña, que hasta entonces había estado bajo el cuidado maternal de Ahlana, empezó a aprenderlo todo de su padre. Ahlana empezó a pasar mucho tiempo sola, y su soledad aumentó más aún poco después, a partir de que los tres emprendieron la marcha hacia Hitlum, en la caravana dirigida por Hador.


(continuará)
 
Muinthel
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 02-01-2004 Hora: 16:58
Buena continuación Muinthel, está muy bien escrito a mi parecer.Ánimo con el siguiente!

Fecha: 18-12-2003 Hora: 00:11
Una cosa que me gusta es la dulzura con la que están escritos tus relatos; se nota que los cuidas, y eso se agradece, y muchos de por aquí deberían tomar nota. Se lee tan fácil que no puede sino ser bueno, pero el argumento corre el peligro de no llenar. Quizás te ayudara alargar un poco los capítulos, porque es una historia que avanza lenta, y los capítulos cortos quizás no pegan con el tipo de relato que estás escribiendo. Pero me parece muy bueno el factor psicológico que le das. Es un terreno muy difícil, pero grtificante como ninguno.