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CM III: Sol de Medianoche.
Capítulo 1
Por Baranduin
 
Sol de Medianoche. Así le llaman. Puede parecer sin duda estúpido, pues la noche precisamente se caracteriza por no tener Sol. Pero es así. El Astro está semioculto por el horizonte: no llegará a desaparecer.

Desde luego, menos mal que no se ocultará. El frío es ciertamente invernal, casi lo había olvidado. “Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida”, si mal no recuerdo. Y tenía razón el Poeta: a cada paso que doy siento cien flechas que se me clavan. Saetas que me atraviesan, de parte a parte, para impedir mi avance. ¿Un aviso? Da igual, mi viaje es necesario: dentro de poco de nada servirá el Oeste.

En parte estoy traicionando a los míos. Literalmente, voy a pedir ayuda al enemigo. Como diría mi padre: voy a pedir al carnicero que me cuide el gorrino. Pero ellos ya nos han cebado lo suficiente. Y ya hay gente, como yo, que pide una solución a este problema. Y por tanto, yo traiciono a los míos, a fin de que ellos resulten beneficiados.


Ya amanece, qué cosas. Me pregunto como será aquí el “invierno”. Largo, sin duda. Y frío. Pero bueno, creo que estoy a menos de una jornada de camino, si nada ocurre. Entre los bancales de hielo y las montañas de roca blanca y espumosa se divisan pinceladas de verde y negro, signos inevitables de olvar y celvar. Aquí Yavanna sirve a Ulmo. O Ulmo a Yavanna. Desde lo alto de esta colina (si se puede llamar así a un bloque de hielo de casi 700 estadios de altura) diviso el mar. El Gran Mar, el Belegaer, el Océano Medio, que separa nuestras tierras de las de nuestros hermanos. Hacia allí, hacia el Sur, he de desviarme, para rodear la gran montaña escarpada, el risco inevitable de las rocas negras. Una granítica mole llena de acero, roja, negra, temible. Se dice que Morgoþ la levantó en su huida a Angband, para impedir que los Valar penetrasen en las Þangorodrim. La otra vez nadie se atrevió a escalarla. Es literalmente imposible.

Acabo de cazar un pequeño conejo, y tras hacer saltar la chispa con mi pedernal para encender el pequeño hornillo, y mientras se cocina, pienso en cuanto hay de camino. Cuando llegue a la cima del monte este que hay al sur, he de buscar un paso subterráneo, una pequeña cueva por el interior de la montaña que no sé siquiera si seguirá existiendo. Entonces tendré ahorrada media jornada. No será complicado. Y entonces me presentaré ante Él, y le diré...


¡Cierto! No tenía palabras preparadas. ¡Eru altísimo, soy un mentecato!. Me voy a presentar ante un Vala, y no sé que decirle. Desde luego, lo que quiero es bien claro. Quiero que nos deje en paz. A mi pueblo. Que suelte el yugo que nos oprime, que se vaya lejos, abandonando, y se dedique a cosas más prácticas que torturarnos. Que me tome a mí por los míos. Que nosotros somos de sangre caliente y espíritu de fuego. Y a quien con hierro nos viene...

... A Angband se va. No es una broma muy acertada, pero al menos me levanta el ánimo. El conejo, por otro lado, estaba algo correoso, sobre todo porque no tuvo una mano muy culinaria (es difícil cocinar sin nada más que el conejo e infinitas nieves). Correoso, como todo aquí.

El monte se eleva tranquilo, y yo tranquilamente lo subo, sin más problema que la subida y sin menos preocupaciones que las que ya tenía. Se hace harto complicado preparar un diálogo con un Ser que no se rige por ninguna regla, con un Ser que dicta él mismo las reglas de su conducta, con un Ser que es a la vez Ley, Juez, Fiscal, Abogado y Letrado. Que oprime a quien no acepta SU ley, ley del saqueo. Por ello sé que será un sacrificio. Sacrificaré mi Eternidad por mi pueblo.

La caverna parece estar en muy buenas condiciones. Hay rastros de vida animal en la entrada. Espero que no sea un oso. En todo caso, desaparecen en la entrada, y cueva a dentro no parece haber nada. Enciendo el quinqué, y me interno en la obscura frialdad subterránea. El pasillo desciende. Deberían poner un cartel: “Peligro, resbala”. Aunque no creo que esto llegue a estar nunca suficientemente transitado. Desde luego, yo no me vendría a morar aquí; preferiría vivir en las Gorgoroþ, una casita con vistas a la Dagnir Durgorþeb por el sur y la Dagnir þangorodrim por otro.

No me gusta como suenan los vientos de afuera. Chasquidos y crujidos retumban por las paredes. Pero el final de la cueva es ya visible. Corro hasta él. Y afortunadamente, soy un Elda ágil: da a parar a un acantilado. Si hubiese frenado media pulgada más tarde, ahora formaría parte de los más helados dominios de Ulmo.


¿Qué ocurrió? El monte no daba, ni mucho menos, al mar. Deshago el camino: el otro lado de la cueva (pero ni mucho menos por donde entré) también da al mar. Estoy en un bloque solitario y errático formado por dos montes de hielo. Finalmente, me ganaron la batalla. Nos la ganaron.


Me tumbo, a esperar la muerte. El llamamiento de quien quería encontrar y exigirle, y finalmente me encontró él antes. Sí, lo tengo ante mí.
- No es el Momento
- ¿Cuándo lo será entonces?
- Cuando el Hombre Inmortal llegue a Valinor. Él es quien ha de llegar, y no otro, y llegará cuando deba, y no en otro momento.
- ¿El Hombre Inmortal? – Yo había oído rumores de que las Dos Casas se habían unido-, pero parecía ser más un bulo que algo tangible. No, no lo era.
- Aquel que venga de la Tierra por el Mar para acabar en los Cielos. Tú infringiste la norma, y sufrirás mi Maldición como el resto de tus hermanos. El frío te avisó por el camino como yo os avisé en este mismo punto.
- ¿Y la Tercera Oportunidad?
- La Primera fue en Alqualondë. – Medité sus palabras; aún tenía remordimientos. - Nadie puede pisar Valinor a menos que yo le llame. Y así se hará.

Ahora espero, sentado, que el Sol sin Noche deshaga este bloque de nada, para recibir mi castigo por querer la libertad.
 
Baranduin
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 04-02-2004 Hora: 17:15
Desprende seguridad. Las frases dan la sensación de contar exactamente lo que deben. El criterio es el mismo que en los otros dos relatos de "la saga", pero cada uno da una vuelta de tuerca más a la reflexión que supone la guerra. Cada batalla supone un conflicto interno en cada ser, y exponer ese conflicto puede convertirse, bajo una pluma atrevida y segura, en una impresión mayor que la que produce la propia guerra. Es el que más me gustó de los tres.

Fecha: 03-02-2004 Hora: 17:44
... Sin palabras. Pero...¡Me encantan tus relatos! Buuf, que si me encantan...no sé porqué, siempre que los leo, me quedo Te dejan out. Son de aquellos que hacen pensar, pero no sé exactamente el qué. En fin... un por tí y que continues escribiendo mas! (por cierto, tengo el inicio de un relato que me gustaria que me comentaras a ver si te gusta... es un poco tonto, y si tienes tiempo pues te lo agradecería ^^)