Ir a Posada de Mantecona
 


Por los Mares y más allá
Por Melkor
 
Las sombras se extienden a mis espaldas que renuncian a las cumbres montañosas. Mis pies continúan siendo bañados por la espuma y la arena se cuela entre mis dedos, el susurro de las olas se convierte en un nostálgico cántico remoto venido de occidente, hay luces allá en el horizonte, mas allá de las nieblas del mundo y los mares del cielo, donde los sonidos celestiales y Valinoreanos rompen en un lapso fantástico el muro del silencio sempiterno, hay una oscuridad absoluta en el océano, y una negrura impenetrable se cierne en los vacíos interestelares, las estrellas mismas titilan trémulamente frías y ancestrales con una lejanía taciturna. Observo aquella negra y larga trenza de un negro mas profundo que el cielo que resplandece con destellos como sangre, que cargue atada a mi espada innumerables aventuras que ahora solo retumban en mi cabeza como ecos casi marchitos…
La luna esta emergiendo a mis espaldas y su pálido rostro dibuja mi cansada figura sobre la espuma de perla y plata, caigo de rodillas y un par de frías lagrimas caen por mis mejillas marcando débiles trazos de dolor y por ultimo se pierden en el suave vaivén de las aguas, miro hacia el horizonte, allá donde el cielo se une con el mar danzan pequeñas luces de plata inmaculada y se pueden oír cantos de vírgenes doncellas de los días antiguos que ya nadie parece recordar, me recuesto sobre las aguas y dejo que mis túnicas y mis cabellos se fundan a ellas llevándome lentamente a mar adentro, lejos de la ruina, la desesperanza y las lagrimas innumerables, parto al fin hacia
El Oeste-que-fue donde me aguarda la paz eterna y los bosques siempre verdes, el agua esta tibia y desato la trenza dejando que mi espada se hunda a los suelos abismales del lecho marino, jamas necesitare una, apresó la trenza con todas mis fuerzas y miro por sobre las olas las costas que jamás volveré a pisar y en un ultimo lamento a modo de despedida mi vos demacrada se alza como un ave que en días de lluvia busca el sol
¡Dama, Dama! ¿Cuando te volveré a ver?—
Y así mi cuerpo se dirige a merced de la marea hacia el extremo occidente.
 
Melkor
 
 
 

435 personas han leído este relato.

Haz click sobre las esquinas abiertas para avanzar o retroceder de capítulo

  

Comentarios al relato:
Fecha: 21-02-2004 Hora: 13:04
Me gusta cómo describes. Además, te has currado los adjetivos a emplear. Coincido con Silon.

Fecha: 14-02-2004 Hora: 14:50
Un magnífico ejercicio de descripción.