Ir a Posada de Mantecona
 


CTMI: Los Tres Hobbits
Capítulo 1
Por Baranduin
 
El viento soplaba en las montañas. Las primeras estrellas nacían mientras el Sol tintaba las nubes de fuego. Abajo, en un claro en las lindes del bosque, en torno a las cálidas llamas de una hoguera, estaban reunidos todos ellos. Los varones reían con sus jarras de cerveza, triplicando las hazañas propias, mientras que las mujeres intercambiaban en continua conversación los últimos chascarrillos del pueblo. En otro corro, hombres y mujeres, y niños, y mayores, y mozos, y ancianos, jugaban al viejo juego de los acertijos. Chistes, carcajadas, risas, bromas. Algunos sacaron sus flautas, y comenzó el baile, mientras otros acompañaban con las palmas.

Entonces llegó Iorgolf. Era el más anciano de todos: algunos decían que tenía 120 años, y usaban una rama de roble para apoyar su cuerpo, ayudándose en el caminar. De joven, se decía, había viajado con los Hombres, y tratado con los Enanos de las Minas, y hablado con los Elfos del Bosque, y había conocido mundo, y visto y oído mucho. Sea como fuere, lo cierto era que sabía de una gran cantidad de curiosidades, y sobre todo muchas, muchas historias.

Al verlo, los niños corrieron hacia él.
- ¡Iorgolf, Iorgolf! ¡Cuéntanos una de tus historias! – Pidió una niña.
- ¡Una de elfos! – Gritó un niño rubio que soñaba con grandes barcos, que respondía al nombre de Bambrando.
- ¡No! ¡Quiero trasgos! – Dijo otro, llamado Ûrîzagar, mientras guardaba su espada de madera.
- ¡Yo quiero una de princesas! – Dijo una pequeña, mientras acababa de trenzar una corona de flores para ponérsela a continuación a Ûrîzagar, con un besito en la mejilla – Y que se llame como yo, Nilmithil, y me salve mi príncipe azul.
- ¡Qué no! ¡Trasgos y Dragones! – Insistió el chico, ruborizado por el beso.

Iorgolf se sentó en una roca, dejó su bastón a su lado, y sonriendo, suspiró. Todos, niños y mayores, se sentaron en torno a él, en silencio, atentos. Iorgolf carraspeó, y comenzó a narrar:


“Érase una vez tres hobbits, Zîrgud, Solvor, y Hîmo. Eran tres hermanos; el primero y mayor era el más trabajador y aplicado, el tercero y pequeño era el más vago y despreocupado, y el mediano era justo eso, el término medio. Vivían solos los tres, en un lugar no muy lejano de donde estamos ahora, en un smial excavado en la Colina Grande.
Un buen día, los tres hobbits se enfadaron. Hîmo había quedado al cuidado del fogón, pero se había echado a dormir, y no sólo se había quemado la comida, sino que había prendido por la cocina, y salieron los tres justo antes de que las vigas del smial ardiesen y se derrumbasen. Así que sin casa y enfadados, decidieron que cada uno se estableciese por su cuenta. Hîmo construyó una choza de paja en la Pradera Larga, Solvor un talan en el Bosque Pequeño a la manera de los Elfos, y Zîrgud comenzó a excavar un smial en los Montes Bajos.

Así pasaron algunas semanas. Pero eran tiempos sombríos, y en el Gran Bosque se había establecido una Sombra, uno de los Horrores de antaño. Y toda esa región se llenó de lobos y arañas gigantes, y ratas de cinco pies de largo y murciélagos comedores de gente, y los trasgos habitaron las montañas y los trolls los bosques.
Un día de verano, Hîmo estaba tomando el Sol, como era su costumbre, a la puerta de su choza, cuando vio, de reojo, un lobo gris llegar desde lo lejos. Así que rápidamente entró en su casa, y se encerró. El lobo ya lo había olido, y poco después rondaba la choza, buscando la manera de entrar. Husmeó en la puerta, la arañó...

Las escasas libras de paja cayeron hacia el lobo, que brincó hacia atrás, asustado por la avalancha, y se le llenaron los ojos y el hocico de espigas. Pocas veces se vio antes un Gran Lobo masticando el tallo del centeno. Aullando, se sacudió la paja, intentando desclavarse las espigas que como anzuelos se le habían clavado en las patas y el hocico. Y mientras Hîmo corrió y corrió y corrió hacia el bosque, pidiendo auxilio a Solvor, quien le tendió una escala para subir al talan. Desde allí los dos vieron al lobo acercarse.

Se sintieron seguros, y decidieron jugársela al lobo. Encendieron una tea, que Solvor tenía allí para cocinar, y se la lanzaron al lobo con la intención de asustarle y que se marchase. Con tan mala fortuna de que la antorcha no dio al lobo, sino que cayó sobre un matorral seco por el calor. El matorral prendió, y prendieron los matorrales que había junto a él, y las plantas junto a estos empezaron a ser consumidas por las llamas, que saltaron a otras plantas, y de estas a otras más aún. El fuego se propagó rápidamente, y el lobo pronto se vio encerrado en un círculo de fuego... y el árbol en el que estaban los dos hobbits también comenzó a arder. Las llamas empezaron, poco a poco, a subir. Cruzando de rama en rama, el fuego consumió el tronco seco, y este se quebró, arrastrando a los dos hobbits en su caída, mientras chocaba contra otros árboles. Solvor quedó enganchado por los calzones de la rama de un pino, mientras que Hîmo se agarró a la rama de un abedul, que se dobló lentamente hasta quebrarse, dejándole en el suelo de un culetazo. Y mientras el lobo intentaba salir del círculo de fuego, Solvor descendió al suelo y ambos hobbits corrieron hacia los montes, donde Zîrgud había construido su smial, pidiendo auxilio.

Zîrgud les dejó pasar sin pensarlo, y atrancó la puerta con pequeños sillares de piedra destinados a una futura chimenea, cuyos planos estaba diseñando en aquel momento. Y esperaron, sintiéndose seguros. Y el lobo llegó, con el rabo y las orejas chamuscados. Intentó romper la puerta a empellones, pero no pudo. Así que probó con otras cosas.

En la parte trasera del smial había una pequeña ventana, estrecha, un respiradero cubierto por una tela rasa que el Lobo Gris encontró. E hizo un siete en la tela, y metió por ahí la cabeza.
Pero la ventana, ¡ay!, era demasiado estrecha, y el lobo se quedó encajado. No podía sacar la cabeza, pues no tenía donde apoyarse para hacer fuerza, ni podía meter el resto del cuerpo, pues la ventana no era tan grande.

Y allí se quedó, atrapado, durante dos días, hasta que los hobbits se apiadaron de él, y pensando que ya había recibido su escarmiento, lo sacaron de ahí. El lobo no tenía fuerzas para atacarles siquiera, y creyéndolo enfermo, lo alimentaron y cuidaron hasta que se recuperó. Aquel fue el primer perro que tuviera hobbit alguno en la tierra.”


- ¡Qué bonito!
- ¡Pues yo lo habría matado! – Dijo Ûrîzagar, llevándose la mano a la empuñadura de su inseparable espada de madera.
- ¡Qué valiente que eres! – Dijo Nilmithil, dándole otro beso, y haciéndole ruborizar de nuevo.

Algunos niños comenzaron a bostezar; sus padres se los fueron llevando, y el claro se fue despejando de gente. Sólo una chica, recién salida de la veintena, Kaliyê, se quedó junto a Iorgolf.
- Eso no era un cuento, ¿verdad?
- Hay historias creíbles que son mentira.
- Y toda leyenda tiene algo de real.
- Tal vez. Es tarde ya, estoy cansado. – Dijo Iorgolf, incorporándose con ayuda del bastón y de Kaliyê.
- ¿Qué fue del lobo y los tres hobbits?
- El lobo murió, en un ataque de los trasgos de las montañas. De él, los hobbits hicieron tres zurrones. Poco después, partieron a la aventura, cada uno por su lado. No sé nada más de ellos.

Iorgolf tomó su zurrón de piel, y ayudado por la hobbit, se encaminó hacia su smial en los Montes Bajos.
 
Baranduin
 
 
 

438 personas han leído este relato.

Haz click sobre las esquinas abiertas para avanzar o retroceder de capítulo

  

Comentarios al relato:
Fecha: 25-04-2004 Hora: 22:02
El dominio de las figuras retóricas le hace poseer un poderoso elemento de expresión que hace de su narración un contundente producto que te impide dejar de leer el texto si no se le ha sacado todo su jugo.
En cuanto al argumento, simpática la adaptación terramediense (y actualización de los métodos del lobo, con ayuda de la casualidad) del famoso cuento. Encima, el segundo final hace que el cuento trascienda más allá del tradicional. Quizás cualquier otro habría aportado poco adaptando un cuento conocido por todos. felicidades

Fecha: 05-04-2004 Hora: 16:35
XDXD vaya... me ha encantado que por fin escribas algo en un tono un poco más optimista de lo que nos tienes acostumbrados, pero vaya, la historia me ha resultado vagamente familiar XD De todos modos un cuento bien narrado siempre da gusto leerlo. Esperemos que Iorgolf pronto nos deleite con más aventuras de su juventud.

Fecha: 05-04-2004 Hora: 09:27
Vaya, y yo pensaba que a mi edad los cuentos de hobbits estaban fuera de lugar pero... aún entretienen y todo! A ver si pronto vemos publicados mas historias de estas, son muy entretenidas. ¡Arriba ese escribidor!