Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 1
PROLOGO
Por aerien
 
“Las cosas han cambiado desde el comienzo de la nueva era, el camino verde se ha vuelto la principal vía de comunicación en la tierra Media y Bree ha crecido a su sombra.
Han pasado siglos desde que se construyo, 223 años de la cuarta edad del mundo, y mañana El poney Pisador cambiara de lugar, dejaremos el viejo edificio y nos instalaremos en la nueva posada, mucho más amplia y más cómoda.
El viejo edificio, pasara a ser una especie, de local comunal, con biblioteca y aulas para actividades, creo que es lo que todos queríamos, que no lo echaran abajo...”

La joven Ilda Mantecona terminó de escribir en el libro de huéspedes de la posada, el que durante tantos años habían rellenado con sus firmas todos los huéspedes que lo habían deseado. Ella era la propietaria de El Poney Pisador, lo había recibido en herencia de su padre, y este del suyo y así durante generaciones.
-Bob, haragán ¿donde te has metido?- chilló haciendo gala del carácter Mantecona y olvidando que hacia un rato lo había mandado al sótano a acabar de vaciar unos trastos que quedaban allí.
- Como no aparezca inmediatamente ese pies peludos va a saber quien soy yo- gruño por lo bajo. Aunque la verdad no estaba enfadada con él, solo estaba nerviosa: El cambio de casa, la nueva posada, la lucha para que no la echaran abajo, los recuerdos en cada rincón, los paquetes para la mudanza...!Ugg¡, ¡Eran demasiadas cosas!
Mientras, en el sótano, Bob se sentó en una caja y se dispuso a fumarse una pipa, ajeno a la llamada de la dueña.
Bob era un hobbit, joven para los de su gente, pues solo hacia un año que había cumplido la mayoría de edad, vivía en Bree, aun que su apellido era Tuk pues su bisabuelo se había trasladado desde la comarca
Había heredado la curiosidad de los Tuks y la facilidad de meterse en problemas, escogió trabajar en la posada en vez de en el almacén de cervezas de su padre, porque decía que allí no ocurría nunca nada emocionante, en cambio en la posada siempre había algo nuevo que comentar...
Y mientras fumaba sus ojos se posaron en la última fila de botellas que había para embalar, detrás del estante, había un hueco y en el una extraña caja de metal...
Picado por la curiosidad termino de embalar rápido las botellas de vino y se dispuso a apartar el estante. La caja pesaba mucho, casi demasiado para él, pero consignó sacarla, llevaba un extraño emblema en la tapa y un par de cierres que la cerraban herméticamente, manteniendo su contenido a salvo de la humedad. Bajo ellos, alguien había gravado de forma tosca
“propiedad de Bob Sotomonte
los rosales 23
Alforzada”
¿Bob Sotomonte? ¿El tío Bob? Si, solo podía ser él, la dirección era la correcta, la casa de la abuela Tuk, la hermana de su abuelo. Si, tenia que ser el Bob Sotomonte que trabajaba como él en la posada, ese que tenia fama de raro porque se pasaba el día preguntando cosas a todos los forasteros. El Bob que como el legendario Bilbo Bolsón un día desapareció y nunca mas volvió.
Lentamente abrió los cierres y la caja emitió un soplido como un suspiro al tomar aire después de muchísimo tiempo cerrada. Levanto con cuidado la tapa con el corazón corriendo como un caballo desbocado y examino su contenido.
- Libros- musitó- docenas de libros.
En realidad no se trataba de libros sino de libretas, llenas con una apretada caligrafía, cada una de ellas tenia un titulo, parecía el nombre de alguien
- Que cosa más curiosa- pensó mientras hojeaba las libretas.
La dueña de la posada por fin se acordó de donde estaba y bajo a buscarle. Al ver que llevaba mas de diez minutos llamándole y el no se dignaba contestar.
- ¿Que es eso que miras?- preguntó
el hobbit se levanto sobresaltado, y un poco azorado trató de disculparse
-yooo... mire usted... es que encontré esta caja y...
pero la joven ya no atendía al mediano, sino que miraba con atención el contenido de la caja
- ¿De donde lo has sacado?-preguntó con un hilo de voz- tiene como mínimo cien años
-De ese hueco en la pared, detrás del estante de vinos, parece que perteneció a mi tío Bob Sotomonte, bueno, vera usted, no es mi tío, su madre era hermana de mi abuela...
empezó a decir el hobbit, que como todos los de su raza era muy aficionado a contar sus parentescos, pero la muchacha le interrumpió:
-Ayúdame, lo llevaremos a la sala, se está mejor allí que aquí abajo, hay mas luz
Entre los dos tomaron la caja y la trasladaron la sala común, donde aun brillaban las ascuas del fuego, Bob trajo una lámpara mientras Ilda ponía unos cuantos troncos para avivar las llamas.
Lentamente fueron sacando los libros de la caja y los contaron, había 24 y leyeron sorprendidos algunos de los títulos.
Bill Fornedera (historia del hobbit curioso)
Rifi (correo del rey de los enanos)
Sgratta (sureño)
Loagornd (soldado de Gondor)
...
Y en el fondo de la caja, metidos en una bolsa de cuero rojo con extraños dibujos, había tres libros mas, en sus tapas se podía leer Ghash.
Había también un cuarto libro, este sin titulo, bajo la bolsa.

La muchacha y el hobbit hojearon con cuidado los libros. Bob tomó el que no llevaba nombre.
- Parece un diario- dijo- la historia de mi tío Bob..., puede que cuente porque se fue...
Y Bob empezó a leer en voz alta:
“ Diario de Bob Sotomonte y del porque de su vida”
iniciado el día10 de lithe del año 99 de la cuarta edad
En Bree. Taberna de El Poney Pisador.

Hoy he descubierto como hacer un poco realidad mi sueño de conocer otros lugares.
Desde que murió mi padre en aquel desgraciado accidente con el carromato, creí que nunca podría hacerlo, pero han pasado unos meses y mi hermano menor empieza a llevar por sí solo los campos. Así que yo he vuelto a trabajar en la posada.
Pero ellos van a necesitarme por mucho tiempo, por lo tanto nada de liar el petate y salir por ahí.
Menos mal que cuando menos te lo esperas alguien te da un buen consejo. Esta vez ha sido el gordo propietario de la tienda del pueblo, un humano enorme, con una barba negra rizada, y un tremendo vozarrón. Se hace llamar Jas, aunque en realidad se llama Jacinto, lo comprendo, pobre hombre, ese nombre no le pega.
Me ha saludado con un golpecito en la espalda cuando me ha visto en su tienda todo abatido. Estaba contando a mi primo Ted que me sentía triste por no poder conocer como era el mundo. Y él me ha dicho: ” muchacho, no necesitas ir a ver el mundo, el mundo viene hacia ti, estas en el mejor lugar. Si quieres saber cosas del exterior, solo ve y pregunta a tus parroquianos, seguro que cada uno de ellos tiene una historia que contar”.
Y esto me ha dado una idea, voy a escribir las historias de la gente que pase por la posada, voy a pedir que me las cuenten, casi me va a parecer que he visitado esos lugares lejanos y corrido sus aventuras.
He comprado una cuantas libretas y material de escritura. También he comprado una caja metálica para ponerlas, Ted dice que es de manufactura enana y que cierra herméticamente, por lo que no puede entrar la humedad.
Me ha costado todo un trimestre sin hierba para pipa. Pero vale la pena, me servirá para poner en ella mis escritos.
La he guardado en el sótano de la posada, en un hueco detrás de unas botellas de vino.
Mi madre se entristecería si los ve, tiene demasiado miedo a que me vaya.

No hay nada mas escrito, eso es todo- dijo el hobbit, cuando acabó de leer.
- Ahora sabemos que es lo que hay escrito en estas libretas, son las historias que le contaban los parroquianos.- dijo la muchacha.
¿Y esas tres?- Dijo Bob, señalando las que habían sacado de la bolsa roja- ¿Qué historia contendrán? ¿Por qué el tío Bob las puso esa bolsa, como si fueran especiales?
Eso solo lo sabremos si las leemos- respondió Ilda tomando una de las libretas.

 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 16-07-2004 Hora: 16:18
Lo mejor que puedo decir de tu relatoes que siendo de hobbits la he leído.

Parece decir poco pero es mucho, porque si leo sobre un tema que no me interesa nada solo hay una razón: la fuerza de las palabras escritas, su magnetismo, el modo sutil de suscitar la curiosidad y el interés, el no empalagar. Voy a leer el seguno y te digo... Je je je je

Fecha: 27-04-2004 Hora: 21:25
Un prólogo magnífico