Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 2
LIBRO I capitulo I
Por aerien
 
Aunque no lo he hecho en los otros casos, creo que esta historia merece una introducción.
Estaba en la tienda con Tom, estábamos fumándonos una pipa, mientras él se tomaba un descanso, cuando ha entrado una extraña mujer.
Era la mujer más vieja que he visto jamás, llevaba un largo vestido rojo y morado, y una especie de manto negro. En la espalda llevaba un cesto, hecho con unas extrañas hojas amarillas, que parecía pesar mucho.
Se trataba de una humana, aunque por lo encorvada que iba, tuvo que dirigirse al mostrador pequeño, para descargar su mercancía.
Se ve que el propietario la esperaba porque le ha dicho, que fuera sacando sus cosas, que en cuanto acabase con el cliente la atendería.
Muertos de curiosidad, hemos entrado en la tienda. La mujer había llenado el mostrador de pequeñas vasijas de cristal, que contenían líquidos y pastas de diferentes colores.
Estuve observándola, el manto se le había deslizado sobre los hombros y mostraba una enorme mata de pelo blanco con un extraño reflejo rojo, trenzado de una forma peculiar. Su piel, completamente surcada de arrugas, era blanca, pero estaba tostada por el sol, sus manos nudosas lucían unos cuantos anillos de oro y cobre. Y en sus orejas y en su cuello se podían ver otras joyas también del mismo material.
Tenia un aire misterioso, así que en voz baja pregunté a Tom quien era. La mujer debió oírme, porque se giró de repente clavando en mi unos penetrantes ojos verdes.
Jas, el dueño de la tienda, dijo: - Veamos que me habéis traído esta vez- y la mujer se volvió.
Mientras ellos discutían sobre la transacción, Tom y yo salimos a la entrada, el se puso a barrer y yo a preguntar.
Saqué en claro que esa mujer hacia unas semanas que vivía en la vieja casa de Bill Helechal, esa que había estado abandonada durante casi cien años.
Que por lo visto era la propietaria, que tenia fama de ser medio bruja, que venia del sur, pero que parecía provenir de un lugar muy lejano. Que en esas botellas que traía había perfumes y otras esencias que ella misma fabricaba y que según ella decía tenían propiedades curativas.
Cuando la mujer salió nos encontró en la puerta, y por nuestras caras adivinó que habíamos estado hablando de ella.
¿Quién soy? Has preguntado, antes allí dentro- dijo, con un acento extraño-
-Soy Ghash, ese es mi nombre
-Bob Sotomonte, a vuestro servicio- contesté, mientras me quedaba pensativo.
¿Ghash? Esa palabra me resultaba conocida...
De pronto recordé... la historia del final de la tercera edad que escribió el señor Bolsón y que tantas veces mi padre me contó, Ghash, fuego en la lengua de los orcos.
¡No podía ser!, debía ser una palabra parecida...
- Ghash, ¿eso es fuego en ...?
- Si chico- me dijo- eso significa fuego.
- En la lengua de los orcos- dije yo con un hilo de voz.
- Es que yo fui una vez un orco- contestó con una voz suave y una sonrisa.
Y se marcho.

 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 17-07-2004 Hora: 00:14
Como lo imposible entra en lo cotidiano con pasmosa facilidad... ¡Me encanta! ¿Cómo quedarnos ahora sin saber qué pasó con esta anciana?... Ummmm ¡Bruja, más que bruja! A eso se llama intrigar...

Fecha: 17-07-2004 Hora: 00:12
Como lo imposible entra en lo cotidiano con pasmosa facilidad... ¡Me encanta! ¿Cómo quedarnos ahora sin saber qué pasó con esta anciana?... Ummmm ¡Bruja, más que bruja! A eso se llama intrigar...

Fecha: 27-04-2004 Hora: 21:30
Me encanta cómo nos presentas la historia, un formato poco trabajado. La intriga la da la misma estructura del relato, y por momentos crece.