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De Sméagol a Gollum
Por Aerandir
 
¿Por qué, por qué tuvo que llegar a mis manos mi odiado, pero a la vez mi amado tesoro, o sssíííí mi tesoro? Duros, muy duros son estos tiempos contigo mi queridísimo y preciado tessooooroooo; sin familia, sin amigos, sin nadie que me quiera ver ni oir, o sí, nosotros somos unos incomprendidos preciosidaaaaad.
A veces recuerdo cosas de mi pasado, tesoro mío, cosas buenas y cosas malas, sí eso es, nos hicieron daño, nos hicieron mucho daño, gollum, gollum.
Recuerdo que una mañana, una dulce y calurosa mañana salí con mi primo ,Déagol, a pescar, gollum, gollum, o sí, a pescar en el Rio Grande, porque yo vivía a las orillas del Anduin, sí, con mi familia de hobbits, muy acogedora y sabia. Hace más de 500 años, preciosidaaaad. Ese día era mi cumpleaños, mi maldiiiiito cumpleaños, goooollum, gollum, gollum.
-Déagol, esto es un poco aburrido, no hay peces en este río, no no , no hay-
-Paciencia Sméagol, paciencia, quiero pescar el pez más grande del río para comérnoslo esta noche- dijo Déagol
-Queridito primo, eres el mejor hobbit de este valle, sí lo eres-
-Calla, me parece que ya tenemos com...uoooo-
La fuerza de lo que fuera que arrastraba al pobrecito Déagol, hizo que la barca volcara, o sí, volcó. Yo me fui nadando hacia la orilla llena de barro, mucho barro, ya que el día anterior había llovido. Al ver que mi primo no aparecía me impacienté y me puse a gritar su nombre
-Déagol, primo, primito,¿qué has encontrado para mí? Sal del agua-
De repente salió como un pez que salta del agua para cazar una mosca, preciosidaaad. Salía escupiendo agua y se tumbó al suelo a descansar y en seguida se incorporó.
-Mira Sméagol, mira que he encontrado, ¿ no es precioso?-
Déagol me enseñó un dorado anillo, que, aunque con un poco de barro, parecía de una gran valía y muy liso, gollum.
-Primo mío, qué suerte has tenido...ooo ya sabes que hoy es mi cumpleaños querido Déagol,¿ porqué no me das esta preciosidad ?-
-Oye yo ya te he hecho un regalo y bien caro que era, este anillo me lo voy a quedar yo-
-Jejejeje, Déagol, no sé si me he expresado bien, quiero que me des ese anillo tan redondito, sí, por favor-
- Que no, lo tengo yo y mío seguirá siendo-
-¡Dámelo, es mío, hoy es mi cumpleaños, no seas egoísta!-
Me lancé encima de Déagol, intentando separar sus manos para que soltara el anillo, pero resistía mucho, sí sí, y le cogí del cuello hasta ahogarle-
-Oooooh sí, primo mío ¿ahora ya no quieres el anillo? pues me lo llevo yo. Adiós-
Y me fui a casa feliz de haberme llevado el anillo y sin ningún tipo de remordimiento por haber matado a Déagol. Estaba cegado por la belleza de ese anillo, sentía en mi interior que dependía de él.
Esa noche, mi familia y yo celebramos mi cumpleaños con una espléndida cena.
-Sméagol, ¿porque no ha venido Déagol contigo?, ya es tarde para andar pescando peces- preguntó mi tío.
-Ooh sí, Déagol... pues me ha dicho que se quedaría un rato más, pero me extraña que tarde tanto, ya conoces a mi primito, es un despistado-
-Voy a buscarlo, no puede ser que un joven hobbit ande por ahí a estas horas-
Al cabo de una hora mi tío volvió, mientras nosotros tomábamos el te de antes de irse a dormir, abriendo la puerta con un puntapié y con el cadáver de Déagol entre sus brazos. La reacción de mi familia fue espantosa, tesoro mío; se levantaron conmocionados y corrieron hacia la puerta, o síííí, a ver lo que había sucedido, así que yo también lo hice. Está claro que nadie pensaba que yo había matado a mi primo; gozaba de una muy buena reputación entre mis parientes y además era mi cumpleaños, gollum, gollum, y Déagol me había hecho un regalo estupendo. Esa noche la pasamos en vela, para mi desgracia, ya que tuve que estar, viendo el cadáver de mi primo y el continuo lloriqueo de toda mi familia, incluso hice que se me escapara alguna lágrima para no levantar sospechas, preciosidad. Pasaron los días y la pena seguía presente en el smial, pero más reducida. Una noche me puse el anillo que tanta desgracia había traído a esa familia y me dormí. Al día siguiente me levanté, y me fui al salón a desayunar. Todos estaban muy callados y yo también, tesssoro. Me senté a la silla y cogí el tenedor.
- ¡Oye abuela, mira el tenedor se mueve sólo, qué es esto,...y ahora coge un trozo de jamón!-dijo mi hermano
Se levantaron de la mesa, cogieron un mazo que había en el mármol y golpearon el tenedor. Me aplastaron la mano contra la mesa y solté un grito irreconocible hasta para mí, era un grito más grave y desagradable que cualquiera que hubiera hecho nunca.
-¡¡¡¡Pero qué hacéis, soy Sméagol!!!-
Me quité el anillo por si acaso se me hinchaba el dedo donde lo llevaba. Entonces mis parientes se quedaron boquiabiertos, gollum.
-¡¡Se puede saber qué clase de broma es esta!!- les dije asustado.
-Sméagol¿ cómo...qué...cuándo....dónde?-dijo mi padre
-Se puede saber qué poderes negros habitan en tu corazón- dijo muy enfadada mi abuela, la jefa de familia- Explícanos cómo has aparecido de la nada en el salón.-
-¿Pero se puede saber de qué me estáis hablando?-les pregunté muy confuso.
-Vamos hijo, lo hemos visto todos, no nos quieras engañar, esto que has hecho no tiene ninguna gracia. Y qué te pasa en la voz, es muy desagradable- añadió mi padre con un tono muy grave.
La agitación de esa sala y los reproches hacia mi forma de entrar en el salón iban en aumento. Mi tío y mi padre, por orden de mi abuela, me cogieron cada uno por un brazo y me encerraron en mi habitación, me hicieron daño.
-¡A ver si de esta forma no nos das estos sustos de tan mal gusto, parece que seas un brujo y aquí los brujos no los queremos ver!
-¡¡¡¡¡¡Padreeeeeeeeeeee, tíoooo, abueeeeeeeela!!!!!- Grité desesperado. Me habían encerrado con llave y mi habitación no tenía ventana al exterior para poder salir. Me puse a llorar en un rincón de la sala, gollum. Nadie se había acercado hasta mi habitación para preguntarme cómo estaba ni nada de lo que había sucedido yo lo podía comprender, pobre de mí. Me dormí pronto, y a la mañana siguiente me desperté muy dolido, físicamente y mentalmente. Me levanté y me miré en el espejo. Algo me pasaba en la cara; abrí la boca y vi que mis dientes estaban un poco deformes y negros, negros como el carbón. No le di demasiada importancia y me puse el anillo en la otra mano, la que no estaba hinchada. Levanté la cabeza para volver a mirarme en el espejo y ¡sorpresa! ya no estaba, no me veía en el espejo, tesoro mío. Me puse y me quité el anillo varias veces y entonces vi que ese anillo, preciosidad, tenía el curioso don de volver invisibles a aquéllos que se atrevían a ponérselo. Y entendí todo lo que pasó el día anterior.
Me sentía poderoso con ese anillo y lo quería para hacer pagar a mí familia el daño que me habían causado dudando de mi corazón y acusándome de brujo, gollum.
Hacia las cuatro de la tarde vino mi padre y me dijo que podía salir, que los ánimos estaban más calmados y que la abuela quería oír mi versión sobre lo ocurrido en el salón. Me llevó ante ella y me quedé un poco ciego de ver la luz del sol por primera vez en un día y medio ( en mi habitación sólo tenía una lámpara). Les expliqué lo que pude, ya que algo raro me pasaba en la voz; era muy ronca y me salían escupitajos continuamente, así que dejé empapada a mi abuela de babas fétidas. Movía los dedos buscando mi anillo en el bolsillo y todo el rato soltaba una expresión absurda pero, extraña a la vez; "tesssoroooo".
Esto fue el colmo para mi abuela y el resto de mi familia, que veían que me había convertido en un babeante y estúpido brujo.
-No sé qué pasó, tessssssoroooo, no lo sé-
-Sméagol, qué te pasa, porqué te comportas de esta manera tan repugnante- mi padre empezaba a hartarse, y mi abuela ya hacía rato que ardía de cólera; llena de babas , con un nieto supuestamente maldito, y que no paraba de decir tonterías.
-¡Se acabó, no te soportó más. No aguanto que me hables así ni que me llenes de babas cada vez que abres tu fea bocaza para soltar solamente necedades, quiero que te vayas de casa y que no vuelvas jamás!- me cogió por los pelos y arrastrándome, me sacó de una patada de casa- Y ni se te ocurra volver, a bichos como tú no los queremos ver en esta tranquila familia de hobbits.- No sé porqué, pero no sentí ninguna lástima ni vergüenza, es más, me puse el anillo, cogí unas cuantas piedras y rompí todas las ventanas de ese maldito smial al que no volvería a ver nunca más.
Me alejé, crucé el río con una barca y me adentré en un mundo de penurias y soledad, pero eso sí, con mi tessssoroooo. Me convertí en un ser fantasmal que evitaba la luz y que vivía comiendo carne impura. Me encontraba más a gusto en las oscuras lagunas de las profundas cavernas. Mi piel perdió todo el pelo y se volvió negra y húmeda, y mi cuerpo delgado y desvaído. Tenía los dientes como colmillos de orco. Y así, entre oscuridad y muerte, me he convertido en lo que soy ahora, Gollum.
 
Aerandir
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 23-08-2008 Hora: 17:00
El relato se fija bien en el estilo de la película, podrían haberlo hecho.

Fecha: 18-05-2004 Hora: 14:57
Mmmmmm. Curioso relato. Me gusta la intención, y la narración (muy correcta y fácil de leer). Pero no me imagino a Gollum profundizando tanto en un pasado muy lejano y casi olvidado. Tampoco creo que la conversión fuera tan acelerada. Lo que sí es cierto es que has sabido darnos un poco de luz a esa historia, tras la escena del río que todos conocemos (por eso creo que la historia mejora conforme avanza). Pero quizás habría que contextualizar más la reflexión, y hacerla menos rápida.