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12 CARTAS
Por Hyrcania
 
12 cartas


Tras un largo día de preparativos para un nuevo viaje se dispuso a meterse en la cama pero con una gran inquietud que le invadía el corazón. Sabía perfectamente que esa noche no podría dormir así que se levantó y buscó con rapidez entre sus macutos unas hojas en blanco y algo para escribir. De repente miró por la ventana hacia el horizonte y una lágrima resbaló sobre su blanca mejilla. Sintió un escalofrío que le hizo reaccionar y, encendiendo un par de velas se puso a escribir…

Querido Yosef:

Hace ya 2 años desde que partiera de mi hogar junto a mi madre en busca de mi propio destino. Durante ese tiempo de incansables viajes nunca he tenido temor a nada y me he enfrentado a todo lo que se me presentaba con gran valentía. A todo menos a esto.
1 año después de mi marcha y en concreto…. bueno, no recuerdo que día exacto era porque hace mucho que perdí la noción del tiempo y los días como tal han perdido valor, pero sí recuerdo que era una mañana de primavera. El cielo estaba azul, el sol brillaba con su mejor cara y todo estaba en perfecta armonía. Yo me detuve a las orillas del Entaguas a dar un respiro a mi fiel caballo tras un largo viaje desde Rohan. En aquel momento toda la armonía se rompió cuando te vi aparecer. Venías caminando sujetando las riendas de tu caballo y te detuviste a unos metros de donde yo me encontraba. En aquel momento todo aquel paisaje desapareció ante mis ojos, parecía no haber nada excepto tu figura recostada bebiendo agua del río. El tiempo se detuvo. Algo me estaba sucediendo, una sensación a la que no me había enfrentado nunca. El corazón parecía como si se quisiera escapar de mi pecho y un pequeño temblor me invadía todo el cuerpo. De pronto te montaste en tu caballo y pasando a mi lado me dijiste: “Buen día mi señora. Mi nombre es Yosef”. Arriaste a tu caballo con cierta dureza y desapareciste en el horizonte antes de que yo pudiera articular palabra. Todo sucedió muy rápido y me quedé tendida en la hierba recapacitando sobre lo que me había sucedido. Ahí estaba yo, ante lo que podría llamar mi primera derrota, mi primera falta de seguridad. Sin duda tu rostro se me había clavado causándome más dolor que mil flechas de guerra. Moje mi cara, ensillé a mi caballo y seguí mi camino.
Traté de olvidar tu rostro durante mi viaje a Gondor pero todos los intentos eran en vano. Las probabilidades de volverte a ver eran nulas así que con ese pensamiento poco a poco fui ocultando tu encuentro en un rincón profundo de mis recuerdos.
A los pocos días llegué a la Ciudad Blanca, era de noche y me apresuré a buscar el hogar de una vieja amiga donde me hospedaría hasta mi partida. A la mañana siguiente busqué una herrería y cruel destino que ahí estabas tú, amartillando con fuerza una herradura al rojo vivo encima de un gran yunque. Digo bien, cruel destino porque jamás pensé en llegar hasta este momento de cobardía y sobre de todo de un amor imposible. Te aseguro que duele mucho más que todas las muertes del mundo.
Me acerqué a ti y tu mirada y la mía se encontraron durante varios minutos. Entonces dijiste: “Buenos días mi señora, ¿en que os puedo servir?” De repente reaccioné y de mi boca solo salió: “Necesito herraduras para mi montura”.
Esas dos frases parecieron convertirse en un ritual que practicábamos siempre que yo iba a herrar a mi caballo. Librábamos cada día una batalla de miradas que harían temblar al más valiente guerrero pero ambos salíamos siempre victoriosos hasta el siguiente “Buenos día mi señora” entonces la batalla comenzaba de nuevo.
Con el paso del tiempo esos temblores y ese latir de mi corazón se fueron convirtiendo en un amor intenso. ¿Por qué no tenía el valor de decirte nada? No lo se. En silencio cada día te observaba y sabía que tú también hacías lo mismo pero había que esperar a que te dijera “Necesito herrar a mi caballo” para que pudiésemos cruzar palabra.

Ha pasado ya un año y me dispongo a partir. Yosef, mi Yosef. Repito tu nombre cada día, se me ha clavado como un puñal envenenado que me está consumiendo poco a poco. ¿Por qué no me has dado nunca palabras de aliento, alguna señal de que mi amor era correspondido? Tampoco tengo respuesta para eso, supongo que porque tus sentimientos no son los mismos hacia mi. Primera batalla contra el amor perdida, ¿pude hacer algo para ganarla? Tal vez si o tal vez no. Las cosas han transcurrido de esta manera y así han de terminar. Me voy querido Yosef, parto de nuevo hacia otro de mis viajes sin destino. No se que me deparará el futuro y si volveré algún día. Por fin ahora voy a dar ese paso, aunque no lo pueda hacer cara a cara. TE AMO. Siempre lo he hecho, desde el día en que te vi en el Entaguas y me dijiste tu nombre. ¿Oh mi querido Yosef!. Estas letras son lo mas difícil a lo que me he tenido que enfrentar nunca créeme por eso he de terminar ya que mis lágrimas corren por mis mejillas cual presa desbordada. Nunca te dije mi nombre, no se porque motivo. Tarde e inesperado llega pero no hay otra manera… “Syrine”


PD: Se feliz mi amado Yosef. Te dejo mi corazón.


Siempre tuya.


SYRINE




Tras esto Syrine metió la carta en un sobre y lo lacró. Secó sus lágrimas y se acostó un poco con la esperanza de que el cansancio se apoderara de ella. A la mañana siguiente, antes de que amaneciera dejó la carta debajo de la puerta de la herrería y partió veloz hacia el horizonte.

Unos día más tarde el destino quiso que, en una noche cerrada, mientras acampaba en un lugar de las llanuras de Rohan unos ladrones la asaltaran y acabaran con su vida. Dejaron el cuerpo intacto y se llevaron el poco dinero que poseía y todos los objetos de valor que traía consigo.
A la mañana siguiente un joven mensajero de Gondor que venia desde Bree divisó el cuerpo de Syrine. Se detuvo y la observó con gran pesar. El caballo había desaparecido pero la montura había quedado allí tendida. La registro para ver si encontraba algo que le pudiera decir quién era aquella joven. No encontró nada excepto unas pequeñas cartas escondidas en un bolsillo muy camuflado de la montura del caballo. El joven las abrió y leyó una de ellas.



Querida señora:
Sigo sin saber vuestro nombre y ardo en deseos de conocerlo aunque el miedo no me deja preguntaroslo. Se que me miráis con ojos de enamorada, lo se porque es la misma mirada que hay en mis ojos. ¿Por qué no me decís nada? Es la sexta carta que os escribo y no obtengo respuesta alguna. Os amo bella dama, mas que a mi vida.

PD. Seguiré intentándolo el mes próximo


CON TODO MI AMOR, YOSEF


El joven continuó leyendo las cartas y observo que todas decían prácticamente lo mismo. Las reunió todas, las 12, y las enterró junto con el cuerpo de la joven. Se quedó unos minutos delante de la aquella improvisada tumba. “Señor Yosef, ahora sabe de vuestro amor. Descanse en paz”. Montó a su caballo y se alejó galopando hacia el horizonte.


HYRCANIA
 
Hyrcania
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 04-07-2004 Hora: 18:00
Es muy triste y bonita, pero quizás demasiado evidente y con pocos alardes narrativos.

Fecha: 13-05-2004 Hora: 13:45
Enhorabuena por el relato Hyrcania, buen debut en esta sección, una historia ciertamente muy triste..
Espero poder disfrutar de más relatos surgidos de vuestra pluma

Fecha: 13-05-2004 Hora: 12:41
Hola Hycania.Pero,que bonito.Sobre todo muy bien argumentado.¡mmm!¿pero que triste no?.Me ha llamado la atención de que utilizases el tipo carta en la narración.A mi siempre me ha sido dificil ese tipo de escritura.Pero,me ha encantado.Muy bonita tu historia.Pero,muy triste.Saludos de Elfa_luna