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El Fin de la Tierra Media
Capítulo 3
La Cólera
Por Aerandir
 
Anzudhakôr, pero, seguía escondido en su refugio de Parath-Aidwahn entristecido al ver como su pueblo era humillado, maltratado y asesinado. Hacía mucho tiempo que estaba preparando las más viles hechicerías y evocaciones, capaces de crear calamidades desastrosas. Poseía un poder aterrador.
Envió un halcón mensajero a Minas Tirith con un mensaje que advertía de que si Gondor no liberaba y dejaba en paz a los Haradrim, los gondorianos tendrían que acatar consecuencias muy graves, terribles.
Nuzharghan hizo caso omiso del mensaje y mandó el halcón de vuelta a su dueño con insultos y perjurios hacia Anzudhakôr.
La ira de Señor de Harad estalló con tal ferocidad que éste causó una hecatombe en Pelargir, una de las ciudades más importantes de Gondor, donde sembró la muerte y el dolor. El cielo se levantaba claro y despejado sobre la ciudad, pero se fue cubriendo con espesas y grisáceas nubes que amenazaban con atizar una tempestad sobre la valiosa urbe. El diluvio azotó Pelargir e inundó las calles llevándose a la gente que por allí pasaba. Los rayos golpeaban los tejados de las casas, destrozándolos por completo y sepultando a familias enteras bajo las runas.
Miles de vidas se perdieron en ese arrebato colérico de Anzudhakôr que demostró su cruel poderío a Nuzharghan.
Pero la respuesta de Nuzharghan a los hechos desatados por Anzudhakôr no fue ni la retirada de sus tropas ni la paz en el Sur. Ordenó a sus hordas que cogieran a todos los niños que aún permanecían en Harad de menos de 10 años y los degollaran a todos.
Muerte y sangre por todas partes, por todas las calles, por todas las casas, las madres lloraban, al igual que los padres que maldecían con airado odio a Nuzharghan.
Anzudhakôr comprendió que si seguían con esa situación de pánico y destrucción no llegarían a ninguna parte y sólo traerían el fin de los hombres de la Tierra Media.
Decidió que marcharía a Minas Tirith disfrazado de capitán del ejército gondoriano junto con su guardia personal vestidos de soldados, para engañar a Nuzharghan y hacer que éste retirase sus tropas de Harad.
Era otoño y la Ciudad Blanca estaba más tranquila y hermosa que en cualquier otra época del año. El Sol se despedía de Gondor escondiéndose por el Oeste, detrás de las crestas de las sinuosas montañas, y con sus últimos rayos teñía el cielo con un color rojizo. Anzudhakôr llegó a los Campos de Pelennor haciendo sonar un cuerno de gondoriano que había robado anteriormente a un soldado del ejército. Los centinelas de la ciudad oyeron el aguzado sonido del instrumento de viento y abrieron las puertas de la ciudadela. Cabalgó rápido con su rápido corcel por todos los niveles de la ciudad, hasta llegar al último nivel. Allí, Nuzharghan los recibió sorprendido y ansioso por saber el motivo que llevaba a un capitán y sus soldados a abandonar tan urgentemente al batallón y dirigirse a la ciudad sin previo aviso.
Anzudhakôr se encaminó hacia el rey e hizo una pronunciada reverencia.
-Saludos mi Rey. Soy el capitán Ildorn, encargado de la división de Umbar. Traigo malas noticias desde las Tierras del Sur, señor. Los rebeldes se han sublevado y han cargado fuertemente sobre nuestras posiciones, matando a una gran cantidad de soldados, aturdidos por este repentino ataque- dijo Anzudhakôr con aire de preocupación.
-¿¡Cómo es posible!? Cuánto hace que ha acaecido tal barbarie - dijo asombrado Nuzharghan.
-Hace cinco días, mi majestad. He acudido tan rápido como me ha sido posible- respondió Anzudhakôr.
-¡¡¡Pero por Ilúvatar!!! ¡¡Sois unos incompetentes!! ¿Cuántas bajas hemos sufrido?- preguntó.
-Sólo nos quedan 200 hombres, hambrientos y heridos- dijo hábilmente Anzudhakôr.
-Que Varda nos proteja. ¡¡Será posible!! De 3000 hombres que envié, me dices que ya sólo quedan 200.- dijo Nuzharghan, desesperado.
-Sí señor, y la rebelión sigue creciendo, hasta podrían llegar a otras ciudades de Harad. Según lo que pudieron apreciar mis ojos, eran millares, rabiosos y deseosos de sangre. Nada los frenaba a matar- dijo Anzudhakôr.
-Pero qué me aconsejas ante este peligro inminente y de tal magnitud- preguntó Nuzharghan.
-Creo que deberíamos retirarnos, señor. Si la rebelión llega a otras ciudades, cada vez serán más los que se sublevarán y estaremos hablando de decenas de miles de haradrim luchando contra nosotros- dijo Anzudhakôr.
-¿¿Retirarnos ehhh??- la solución no terminaba de gustarle a Nuzharghan.
-Sí mi rey, eso es lo que creo que se debería llevar a cabo- respondió Anzudhakôr.
-¡Soldados, arrestadlo!- Gritó el rey.
En seguida cuatro soldados corrieron a detener Anzudhakôr, pero la guardia personal del mago lo evitó y mataron a los soldados, aunque rápidamente acudieron más milicianos del monarca.
-¡¡Soldados, matadlos, menos al capitán... o debería decir Anzudhakôr!!- dijo Nuzharghan con una sonrisa burleta.
El audaz plan de Anzudhakôr había sido desenmascarado y de nada habían servido las mentiras para intentar que el ejército de Gondor se retirara de Harad. En unos segundos, Anzudhakôr y su guardia se veían rodeados por más de treinta soldados armados con espadas perfectamente afiladas.
-¡Vamos, matad a su guardia y a este lo lleváis al calabozo- dijo Nuzharghan señalando a Anzudhakôr.
 
Aerandir
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 06-01-2005 Hora: 18:10
Me gusta el giro argumental, sin embargo creo que al final Anzudharkôr está muy torpe, y Nuzharghan demasiado listo... no sé, tanto tiempo encerrado planeando maldades, pues ya podría haber estado más precavido el haradrim.
Cuida los diálogos.

Fecha: 20-05-2004 Hora: 18:55
K cabrón Nuzharghan ( con todos los respetos) Un poco sangriento, pero ya va bien