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los pantalones de Sam
Capítulo 3
Por aerien
 
Aquella tarde los hermanos de Sam recibieron alborozados al muchacho, que cargaba un paquete de considerables dimensiones.
Rosa había vaciado algunos arcones de ropa de sus hijos y le había dado a Sam toda la que se podía aprovechar.
- ¿Que traes en este paquete Sam? - pregunto Bill, el mas pequeño de los seis.
- Ropa para todos – respondió él – me la ha dado la señora Rosa y está casi nueva.
Los hermanos rieron alborozados, para ellos recibir esa ropa usada era motivo de felicidad.
Cuando su madre llegó del trabajo los encontró a todos probándose la ropa entre una chillona algarabía.
- Madre – dijo Sam – la señora Rosa me la dio. Dice que sus hijos ya no la usan. También me dio algo para ti.
Sam sacó de un rincón un vestido.- Es de la señorita Elanor, dice que desde que tuvo al niño no le cabe, así que me lo ha dado para ti.
La madre sonrió, justo hacia unos días que había estado pensando que las ropas de sus hijos se estaban haciendo viejas y que no sabría como conseguir el dinero para comprarles ropa nueva.
- Da las gracias a la señora Rosa mañana – dijo – yo lo haré cuando vaya a por la ropa para lavar.
- Ya lo hice madre – contestó Sam
- Estas guapo así –dijo la mujer contemplando a su hijo mayor – pareces un señor. Pero será mejor que mañana te pongas los pantalones viejos para ir a trabajar.
- Me temo que no podré madre – dijo él – se me ha hecho un agujero enorme y la señora Rosa me ha obligado a ponerme estos.
- ¿Y donde están? Venga, tráelos que los coseré - contesto la madre.
- Se quedaron en Bolsón Cerrado, madre. La señora Rosa dijo que los cosería ella, que no me preocupara.
- No debiste dejar que lo hiciera Sam, yo podía haberlo hecho. La señora Rosa ya tiene bastante con llevar la casa. – le dijo la mujer.

Y en efecto la señora Rosa había lavado los pantalones y los había dejado colgando del tendedero. La tarde había sido cálida y ventosa y por la noche unos nubarrones de tormenta aparecieron en el horizonte.
Por esto la esposa de Sam recogió la ropa tendida y la fue colgando en los respaldos de las sillas de la cocina antes de meterse en la cama.
La tormenta estalló de madrugada y despertó a Sam Gamyi. A Sam le gustaba contemplar las tormentas desde la seguridad de su estudio en Bolsón cerrado. Así que se dirigió a la cocina para coger un vaso de leche con la intención de meterse en su estudio y ver la tormenta desde la ventana.
Cuando pasó al lado de la mesa del comedor rozó sin querer la ropa puesta a secar, haciendo trastabillar los pantalones del chico.
Sam los cogió al vuelo antes de que tocaran el suelo y cuando iba a colgarlos de nuevo su tacto le hizo recordar al chico y el aspecto que tenia con esos pantalones.
- Le van grandes – dijo para si mismo – debían ser de su padre.
Luego sonrió recordándose a si mismo, un joven hobbit con unos pantalones heredados, demasiado grandes para él.
Y es que el viejo “tío”, el padre de Sam, siempre decía que no se debía desaprovechar la buena ropa. ¿Que importaba que fuera de segunda mano si estaba en buenas condiciones?
Sam recordaba esos pantalones en particular porque habían sido del alcalde de entonces, que los usaba para salir al campo, pero que se le quedaron estrechos enseguida ya que en cuanto llegó a la alcaldía el señor Will empezó a engordar.
El padre de Sam había agradecido el regalo de la señora Pieblanco pero resultó que no cabía tampoco en los pantalones, por lo que los guardó.
Cuando Sam empezó a trabajar como aprendiz de jardinero su padre le dio los pantalones como vestimenta para el trabajo, pero como le quedaban anchos se los tenía que atar con un cinturón.
Sam miró el pantalón agujereado del muchacho y descubrió en su interior unas letras bordadas. Eran esas letras que se bordan en las prendas de ropa que se dan a lavar fuera de casa, así si se pierden se puede saber de quien son.
En el pantalón había bordadas una R y una C.
- Pues no eran de su padre, resulta que también son heredados de otra persona – murmuró el viejo hobbit, sintiéndose de pronto muy cercano al muchacho.
Sam volvió a recordar aquellos viejos pantalones.
- dejé de llevarlos enseguida – pensó – me daba vergüenza ir con ellos porque eran demasiado grandes para mí. Aunque después, unos años después, cuando empezaron a irme a la medida,eran mis favoritos para trabajar.
- El día que hicimos la maleta para salir de viaje los metí entre el equipaje, aun no se porque lo hice- recordó Sam.
Y Sam, como hacia cada vez mas a menudo en aquellos tiempos, se puso a recordar el pasado.
Recordó a los ausentes, a Frodo y a Bilbo. También a Gandalf y a los elfos. Y después al rey Elessar.
- Trancos – murmuró – ya pocos quedamos que podamos nombrarle así.
Un relámpago iluminó el cielo, seguido de un trueno que hizo retumbar las ventanas de la casa.
Esto despertó a Rosa, que encontró vació el lugar de Sam.
- Debe estar en el estudio mirando la tormenta como siempre.- murmuró para si la señora Gamyi.
Se dirigió hacia allí pero, al pasar frente a la cocina lo encontró sentado a la mesa, con los pantalones del muchacho entre las manos.
- ¿Que haces Sam? – preguntó
- Estaba recordando – contestó Sam.
- ¡Ah! los pantalones del chico – dijo la señora Rosa – ¿Sabes? Ese muchacho me recuerda a ti cuando tenías su edad.
- ¿Lo dices porque lleva unos pantalones heredados que le van demasiado grandes? – Preguntó Sam – Que vergüenza me daba que me vieras con ellos. Me hacia sentir ... ¡me hacia sentir un palurdo!
Sam sonrió con esa sonrisa tímida que no se le había quitado con los años.
Rosa asintió, recordando al joven Sam, siempre tan atento. Con sus pantalones demasiado grandes, cargando sus cestas cuando venia del mercado. Llevándole flores que dejaba en el alfeizar de la ventana...
- lo más curioso es que al final esos pantalones acabaron siendo tus preferidos – recordó ella.
- Si, me los ponía para trabajar, eran unos pantalones duros, casi indestructibles – bromeó el viejo hobbit
- Debían de serlo – contestó su esposa – si sobrevivieron a aquel viaje espantoso a la tierra del mal.
Sam se sorprendió de que su esposa supiera eso.
- ¿Quien te lo contó? seguro que fue Merry – sentenció el hobbit
- Pues no, fue el mismo rey Elessar quien me los mostró – contestó ella – ¿No recuerdas nuestro viaje a Gondor?
- ¡Ah, la urna! – Dijo Sam – se empeñaron en guardar esos viejos harapos como si fueran reliquias.
- Y lo son – sentenció Rosa – son los recuerdos de una gran hazaña.
- El que hizo lo más difícil fue el señor Frodo, yo solo me limité a estar a su lado – contestó Sam siempre modesto.
- No Sam – contestó su esposa – sabes perfectamente que sin ti no habría llegado.
Sam se puso nervioso, no le gustaba que le alabaran y menos que le trataran de héroe.
- lo que no entiendo es como fue que te los llevaste a ese viaje – dijo Rosa – el señor Frodo te equipó para el viaje. Eso lo sé de buena tinta puesto que la ropa la hizo mi prima.
- Pues no sé – contestó Sam – los vi cuando hacia el equipaje y los metí en él, fue un impulso. Aunque la verdad me resultaron muy útiles, primero perdimos nuestras ropas en las Quebradas de los túmulos y luego en aquel laberinto de rocas afiladas donde nos encontramos con Gollum los que tenía se acabaron rompiendo.
- Es curioso – dijo ella – eso no sale en la historia que escribió el señor Frodo.
- ¿Como va a salir? ¿Tu crees que eso era tan importante como para salir en el libro?- se extrañó Sam.
- Y al final los pantalones del alcalde Pieblanco acabaron por ser la ropa con la que subiste a la montaña del destino, donde el señor Frodo debía tirar el anillo. – dijo Rosa con una sonrisa.
- Y no solo eso – contestó Sam – creí que moriría con ellos puestos cuando la montaña estalló. En aquel momento creí que nunca volvería a La Comarca.
- Pero volviste, y volviste como un gran señor – contesto la mujer – ¡llevabas unas ropas tan hermosas!, ¡parecías un príncipe!
Sam volvió a ponerse nervioso, Rosa lo sabia porque cuando esto ocurría se ponía a juguetear con los botones de su chaleco. En este caso fueron los botones que cerraban el pantalón del chico.
- También me contaron que esa ropa es la que llevasteis el señor Frodo y tú el día de la fiesta cuando todos os rindieron homenaje. Antes de que os vistieran como príncipes.
- El día que cantaron por primera vez la historia de Frodo Nuevededos y el Anillo del Destino – murmuró el.
La tormenta que había arreciado mientras ellos hablaban se fue apagando. Los truenos y relámpagos de los que gustaba tanto Sam se fueron alejando hacia el oeste, en dirección al mar.
Sam se levantó y tomó de la mano a su esposa.
- Volvamos a la cama Rosa – dijo – la tormenta ya se calmó.
Rosa se levantó y le siguió hasta el dormitorio.
Sam y ella se echaron muy juntos en la cama, el brazo de él debajo del cuello de ella y su cabeza en su pecho.
- Oye Rosa ¿harás una cosa por mi mañana? – preguntó el viejo hobbit
- Si, dime, ¿que quieres que haga? – contestó ella
- Cose esos pantalones y devuélveselos al muchacho, por favor. Nunca se sabe donde pueden acabar unos pantalones heredados.
Fin
 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 07-01-2005 Hora: 12:30
Jorl, realmente bueno. Aunque como Silon, me da esa sensacion de inacabado... pero bueno! Serán así los relatos hobbits. Y es que los elfos, y más aún, la Gente Grande, somos rebuscados En fin, en otro momento leeré Gash (era así?) y ya te comentaré Hasta el próximo relato!

Fecha: 06-01-2005 Hora: 17:48
Bueno, conparto lo que dicen náriel y angarato, esos son los pros de tu saber hacer. Pero ahora te diré los contras (si no no sería yo ):
Fíjate como Angarato dice "Seguiré de cerca el desenlace" ignorando que el relato ha acabado ya. y es que realmente da la sensación de que todo el relato sea una extensa introducción. Es más, me encanta que rebusque es en esos detalle, pero ¿por qué desaprovechar la base tan buena que son esos pantalones para un relato mayor?. Quizás soy demasiado ambicioso, me siento un poco Boromir... es posible que no esté ahí la clave de los relatos de hobbits... y sin embargo este relato me deja con mal sabor de boca.

Fecha: 24-07-2004 Hora: 02:35
No voy a poder leerte más o acabarán gustándome las historias de hobbits!!!!

Ahora en serio: me encanta la importancia que das a las cosas aparentemente insignificantes. Yo jamás habría pensado en los pantalones de Sam pero al leer me doy cuenta de que una prenda es algo que te cubre y te define ante los demás y que conforma algo de tu existencia.

Poético, sugerente, sencillo... Me animas a fijarme en la magia de la quotidianeidad.

Fecha: 24-07-2004 Hora: 02:32
No voy a poder leerte más o acabarán gustándome las historias de hobbits!!!!

Ahora en serio: me encanta la importancia que das a las cosas aparentemente insignificantes. Yo jamás habría pensado en los pantalones de Sam pero al leer me doy cuenta de que una prenda es algo que te cubre y te define ante los demás y que conforma algo de tu existencia.

Poético, sugerente, sencillo... Me animas a fijarme en la magia de la quotidianeidad.

Fecha: 05-06-2004 Hora: 14:39
Ohh!! q bonito! m ha gustado mucho vuestro relato xa q sigais escribiendo. salud!