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La edad de los Telcontari
Capítulo 3
Noche, humo y estrellas
Por Elerion
 
A la mañana siguiente de llegar a la fortificacion de Dol-Arendil partimos con rumbo norte y con el viento ,el sol y una legion de hombres a nuestras espalda.

A bien caida la tarde, entramos en Rohan, hogar de los señores jinetes, tierra de Eomer Rey de Rohan. Los prados eran extensos y de un verde intenso, ya podias alzar la vista que no podrias divisar el final de aquel mar verdoso con olor a jazmin que llegaba hasta bien entradas las raices de las montañas.

Llegamos al bosque de la Alborada. Robles fresnos y enzinas se arreplegaban en una ladera dividida por un pequeño riachuelo de aguas cristalinas y refrescantes. El lugar ideal para acampar si no fuera por las huellas de orcos que parecian haber acampado en ese mismo lugar.

El Sr Imrahil me mandó rastrear la zona con un grupo de hostigadores mientras él y los soldados preparaban el campamento para pasar la noche.
Las huellas cruzaban el rio y se alejaban hasta un camino oculto en la maleza. El rastro era fresco y las huellas profundas, parecian ir equipados con pesadas armaduras, algo raro habia en ellas, tambien habia huellas de humanos. Al parecer caminaban juntas, pero no pude deducir el numero de unidades que habia.
La brisa se volvia hacer acto de presencia al anochecer mientras el sol es escondia entre las montañas. Los arboles tiritaban con el viento y mis hombres estaban pendientes de la maleza por si nos preparaban una emboscada, cosa que dudabamos.

Al llegar a una colina, desde lo alto, divisamos una pequeña aldea en llamas, habia orcos y algunos orientales saquando a los pobres habitantes de esas tierras.
Esa gente estaba a merced de los orcos, y al parecer no habia jinetes que pudieran acudir en su ayuda, por lo que lo hicimos nosotros. Nobles fueron sus actos en el pasado, grande su coraje y valía la de esas gentes de Rohan que antaño nos ayudaron. Ahora seria nuestro honor el que defendiera sus vidas.

Avanzamos con sigilo por las cercanias de la aldea, sin que el enemigo se percatara de nuestra presencia. La poca luz que habia en esas horas, favorecia nuestro movimiento. Empuñando nuestros arcos, ya cargados con flechas, rodeamos la ciudad y atacamos al enemigo desprevenido.
Las flechas empezaron a llover sobre ellos con mucha exactitud. Al mismo tiempo que nuestras punzantes aliadas, la confusion tambien los invadio y la desorganizacion hacía acto de presencia en sus filas.
Pronto liberamos la parte oeste de la aldea mientras que el enemigo se concentraba en la zona sud-este y tomaba posiciones. Sin pensarlo, empuñe mi espada y grite " seguidme hijos de gondor! que paguen por edades de sufrimiento! por el Rey! la mitad de los hombres se me unieron en carga mientras los demas nos apollaban con los arcos desde la retaguardia eliminando asi a sus arqueros.
De repente nos encontramos con una carga de frente de unos 100 o 150 enemigos gritando con ansias de sangre. Algunos orcos eran muy grandes, incluso se podia divisar algun uruk-hai con aires de caudillo. Las dos unidades chocamos en un estruendo de metal y acero mientras la sangre corria en nuestras espadas y manchaba nuestras armaduras y corazas impregnandolas de rojo carmin.
Los primeros caidos empezaron a verse entre hierba, llamas y sudor.
Con rabia avanzamos entre hedor y sangre negra mientras afilabamos nuestras espadas con la carne de esas sucias bestias de Morgoth.

En lo profundo de la batalla, pude divisar el mas grande de los uruks que habia en el terreno, grande y fuerte como un roble, se dirigia hacia mi, mientras con su espada destrozaba el brazo de uno de mis hombres, y lanzaba a otro por los aires.
Ya cara a cara, pude divisar en su rostro una cicatriz en la mejilla derecha, y en ese momento pensé que la cicatriz se la haria yo pero en sus entrañas.
Como un animal, se avalanzo sobre mi, mientras con su espada queria golpearme. Con un habil movimiento de piernas, me heché hacia un lado y me agache al instante y esquive el estocazo del caudillo apestoso. Rapidamente, sugete bien mi espada mientras lanzaba estaba vez yo, un estocazo directo a su torso, pero estupefaccion fue la mia al ver que con un habil movimiento de muñeca paraba mi golpe. Momento que aproveche para empuñar mi otra espada y clavarsela en la pierna izquierda.
La sangre brotaba por doquier, pero mi enemigo solo cojeaba, mi estocazo ni le quito la sonrisa de su oscuro y horripilante rostro.
Dispuesto asi, me lanze sobre él asestandole un golpe en el brazo mientras que con mi otra espada le logre hacer un rajon en el hombro.
Ya herido, lancé mi espada corta contra él, la qual esquivó, pero en ese mismo instante aproveché el momento para empuñar con mis dos manos mi espada larga y cargar contra él. En pocos instantes quedo empalado en mi hoja mientras se intentaba echar hacia atras. Saque mi estoque gire 360 grados y con impulso le aseste el golpe que acabo definitivamente con su vida, y con su cuello.

Agarre mi otra espada y volvi a lo profundo de la batalle mientras observaba los orcos y orientales que se retiraban en estampida hacia el norte, bien lejos de la aldea, todos desperdigados y sin arma alguna. Los arqueros en la retaguardia acabaron con ellos sin dificultad alguna.
Ya eliminado el enemigo, ayudamos a los aldeanos supervivientes y apagamos las llamas de los habitaculos del pueblo.

Dispuse a los hombres para partir cuando la gente se agolpo a nuestro lado con cierto asombro al ver nuestras vestimentas.
Un hombre pregunto, "quienes son nuestros salvadores mi señor?, podeis darme vuestros nombre?".
Elerion - conteste yo, -Elerion de Gondor-

De gondor- dijo el aldeano.
-que hacen gondorianos por estas tierras?-
-estamos aqui solo de paso y hemos venido a saldar una deuda con el pueblo de Rohan- conteste yo.

Vi emerger una sonrisa en el rostro de aquel buen hombre, mientras me confirmaba que era el alcalde del pueblo. Al momento, aparecieron un grupo de jinetes que alertados por la humareda se acerco a nosotros apresuradamente.

Nos pregunto quienes eramos y que habia pasado. Le explique lo sucedido, y le invite a él y a su compañia de jinetes a acompañarnos a nuestro campamento y asi hablar con el Rey Elessar.

Con el silencio del viento, regresabamos al campamento con la moral alta, aunque cargando con nuestros caidos, pocos, pero unicos y valientes como cientos juntos.
El campamento estaba cerca, habiamos llegado junto al Rey Elessar...

 
Elerion
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 31-12-2004 Hora: 14:23
No sé, me cuesta creer que los orcos fueran a ir a campo abierto arremetiendo contra aldeas a esas alturas. LA acción tampoco está brillanetemente contada, y el capítulo en general se me antoja soso.