Ir a Posada de Mantecona
 


De la Búsqueda del Grimorio y las Siete Piedras
Por Varios
 
Aventuras de El Poney Pisador:
De la Búsqueda del Grimorio y las Siete Piedras

The Quest for the Grimoire and the Seven Stones



Era entrada la noche, y los huéspedes venidos de más allá de las Montañas Nubladas se iban retirando a sus habitaciones, mientras en torno al fuego tan sólo conversaban y fumaban en pipa algunos personajes bien conocidos en la posada. Allí, en el rincón junto a la chimenea, la pipa de Akerbeltz arrojaba unas volutas de humo, que antes de desaparecer en el techo de la posada, se enredaban en los anillos que tranquilamente fabricaba AiNuR, cerca estaba Voronwë observándolos sonriente, y Derwydd y Baranduin consultaban unos envejecidos pergaminos repletos de runas. Curukambe conversaba animadamente con Saruwoman, y Nandareth acercó una bandeja con jarras de cerveza a la mesa. Akerbeltz le agradeció el gesto y la animó a compartir la mesa, ella miró a Mantecona buscando su aprobación, y pero vio que éste se acercaba a ellos con una espléndida jarra de cerveza y un vasito de Miruvor, dispuesto a compartir unos momentos de paz, tras un duro día de trabajo. Ofreció a Nandareth el vasito y se acercó a la chimenea, azuzando el fuego y arrojando un par de leños más. Se sentó y dijo:
- Oigamos ahora la historia que en estas paredes se forjó, maese Curukambe, si usted tiene el placer, me gustaría mucho escucharla.
Curukambe se disculpó ante Saruwoman y acercó más al grupo. Herumeret que yacía adormecido también se acercó, dispuesto a recoger todos los testimonios que pudiera con su pluma. Y todos se acercaron en torno al fuego del hogar, pues la noche era fría, más la historia que iba a empezar no, y en ella se narrarían hechos heroicos, y otros no tanto, y había en ella nombres que no convenía pronunciar en alto, ni siquiera en un sitio como El Poney Pisador. Curukambe apuró un trago de cerveza de su jarra y se levantó. Miró con severidad a todos para asegurarse de que estaban atentos, y empezó así:
Una tarde silenciosa, como muchas de ellas, Mantecona preparaba la cerveza y los vasos, pues sabía que por la noche su posada siempre se animaba. Ya faltaba poco para el crepúsculo y a lo lejos se escuchaban los cascos de los caballos al galope, faltaba menos para el anochecer, el posadero terminaba de limpiar las mesas con la ayuda de la camarera, Nandareth, unos minutos para el completo anochecer y los sonidos de los cascos de los caballos se acercaban más y más. La gente que estaba en la posada contenía inconscientemente el aliento. El sol se ocultó y unos caballos pararon enfrente de la posada; cuatro sombras se demoraban tras la puerta hasta que al fin entraron.

La gente comenzó a animarse, las charlas brotaron y la euforia invadió el lugar, eran las "jinetes" del elficalipsis. Saruwoman, Nariko, Mithiriel y Basandere. Siempre que las "jinetes" entraban en la posada sucedía lo mismo, la gente se agitaba, empezaba a beber y charlaban animando el ambiente.
- Jajajajajaajajaja. Muy bueno Curukambe. Me ha gustado mucho – lo interrumpió Saruwoman.
Curukambe le echó una severa mirada pero Basandere, que había estado oculta entre las sombras prosiguió:
Basandere se bajó de su caballo y dijo: -Mmmm, entremos a El Poney Pisador a beber unas pintas de cerveza!!!
Y las demás no sé en que maldita la hora la siguieron. Al entrar vio que la gente se giró y las empezó a mirar, especialmente a ella misma. Basandere se preguntaba que es lo que tenía que todo el mundo la miraba, y entonces fue cuando se dio cuenta de todo... SE HABÍA PUESTO UNA BOTA DE CADA COLOR!!... y lo que también se le puso de colores fue su cara...
AiNuR sonrió al recordar el hecho y siguió narrando:
Entonces cuando se le puso la cara de colores entro el ainu, el cual le quitó la bota y con un coscorrón en la nariz le resolvió el problema (ni carloscristo, también conocido como el gran maia, sin animo de ser vanidoso) y pidió una pinta; era admirado en la posada por ser uno de las mas viejos parroquianos, además de ser el que mantenía la fe en ese lugar tan alejado de la capital con sus poderes (de los cuales no solía hacer demostración) e invitó a una ronda a todos los parroquianos, los cuales aceptaron gratamente. AiNuR captó la atención de los presentes y empezó a narrar una historia inédita de los días antiguos:
- Bueno, queridos amigos. - comenzó el ainu - Mi historia comienza hace muchos años, cuando el mundo aún era joven y las flores se abrían como la primera vez...
- ¡Esa ya nos la has contado!- protestó Saruwoman, siempre buscando una buena discusión.
- Jajaja, - rió Akerbeltz, y mirando a Saruwoman con paciencia, prosiguió:

Cuando AiNuR fue interrumpido, soltó una maldición, y un lejano tremor se oyó en las afueras de Bree. Saruwoman empezaba a levantarse cuando la puerta se abrió con un gran estrépito... un remolino de aire y lluvia se revolvía bajo el marco de la puerta, y en su interior se adivinaba una gran silueta.
Akerbeltz se levantó e hizo una señal a Mantecona, luego se acercó al visitante tempestuoso y con un movimiento de la mano, el remolino se disipó en una suave brisa que inundó la estancia de un intenso fragor a almizcle... Bajo el dintel ahora la figura aparecía claramente a la luz de la linterna, y todos respiraron de nuevo, (o por lo menos lo aparentaron) se trataba de Derwydd.
A lo que siguió Curukambe:
- ¿Otra vez discutiendo por las historias del viejo ainu?- preguntó Derwydd observando la posición de los allí presentes. - ¿Por qué no os dejáis de contar aventuras y empezáis a vivirlas? Los orcos han salido de las Montañas Nubladas y se dirigen hacia el sudeste, por el Paso de Caradhras. Algo traman.
- En ese caso yo te acompañaré - le apoyó Akerbeltz.

Pronto se escucharon ofrecimientos para acompañar a la valiente pareja. Las cuatro "jinetes" fueron las primeras en apuntarse a la aventura. Partieron de la posada rápidamente, era un pequeño grupo bajo el nombre de "Compañía del Poney", en honor de la querida posada. El grupo lo formaban: Akerbeltz, Derwydd, Saruwoman, Basandere, Nariko, Mithiriel, Herumeret, Voronwë y Baranduin (este ultimo solucionaría los problemas entre distintas lenguas).

Cruzaron velozmente a caballo las Tierras de Bree y tardaron toda la noche en llegar. Cuando llegaron al sitio que Derwydd había indicado, los orcos, naturalmente, ya no estaban allí, sin embargo, sencilla era la tarea de seguir el rastro que las pesadas botas de acero de los orcos dejaban en la tierra.
AiNuR tomó el relevo mientras Curukambe tomaba un trago:
El ainu va rápido al galope con el hijo de Crinblanca, se acerca rápidamente hacia la expedición, ya que esta misión es una de las que ha venido a hacer en la Tierra Media y concretamente en esta posada, pero algo le espera en el camino desafiante...
En eso apareció Iacobus, que estaba en una de las habitaciones, y cuando oyó la historia corrió a contar su estelar aparición:
AiNuR agudizó su vista y consiguió ver la figura que le había salido al paso en el camino: era un licántropo. Al momento desenvainó su espada y se lanzó con toda la velocidad que le permitía su caballo, a su encuentro. Mientras se acercaba al galope hacia la bestia, ésta se limitaba a observarlo serenamente, apoyado en una enorme lanza que le sobrepasaba en altura.

-¡Este será sin duda un gran trofeo para mi colección!- dijo el ainu - ¡Tu cabeza acompañará a las del resto de alimañas a las que he dado muerte!

El licántropo, al oír esto, le dijo al AiNuR: -¡Cuánto tiempo sin vernos!

Entonces cambió de forma. Después de lanzar al aire un aullido que resonó en todas las tierras colindantes, su cuerpo comenzó a contraerse y el pelo de su cuerpo a desaparecer hasta que alcanzó el tamaño de un humano. Ahora el ainu sí que le reconoció, frenó con unas palabras a su caballo y volvió a envainar su espada:
- ¡Iacobus! ¡Vaya sorpresa!
- Sin duda, amigo mío. ¿Qué te trae por este camino?
- Busco a una compañía que partió del Poney este mismo día- dijo AiNuR con voz apresurada- ¿no les habrás visto?
- Lo cierto es que sí, y me hablaron de su misión...
Después de contarle algunos aspectos de lo que Derwydd le había contado, Iacobus se despidió del ainu y partió en dirección a la posada.

AiNuR entonces partió veloz como pocos han podido ir jamás sobre la Tierra Media, dejando atrás a sorprendidos viajeros, en busca de la compañía.
En esto siguió AiNuR:
AiNuR siguió cabalgando cual rayo veloz hacia el encuentro de la expedición, no sabría que les habría surgido, pero sabía que estaban cerca, lo presentía, y sabía que tenían problemas, y la impotencia lo abrumaba, saber que estaban cerca sin poder hacer nada.... el caso era que tenía que descansar, y dejar descansar al caballo el cual estaba agotado, y antes de dormir pensó: ¿Qué les estará pasando y qué habrán sufrido mis amigos? Y durmió en la fría noche con un sueño ligero y con el vello de punta por el miedo que le da la ignorancia.
Akerbeltz carraspeó y apuntilló esto:
Mientras tanto, a algunas millas de allí, mientras el veloz caballo de AiNuR sobrevolaba las tierras baldías, la Compañía del Poney avanzaba rápidamente en pos de los orcos. Los miembros de ella, se preguntaban sobre el destino de tal marabunta. Jamás los alcanzaremos, dijo Saruwoman. Había que hacer algo, y entonces las cuatro elfas galoparon rápidamente al norte, cruzando las tierras de Ent, en busca de las Águilas. Mientras, el resto de la Compañía llegaba a Rivendel, donde extrañamente, todo estaba silencioso y abandonado...
Cuando terminó se sirvió otra jarra de cerveza y cedió el turno a Curukambe:
Recorrieron Rivendel en busca de alguna pista que les indicaran que les había pasado a los elfos. Se acercaron a un pasillo con grandes ventanas y escucharon voces. Se asomaron a mirar y allí vieron a todos los elfos de Rivendel reunidos en concilio. Bajaron hasta aquel bello jardín donde se habían reunido los elfos y allí pidieron consejo a Elrond:

- Elrond, necesitamos tu ayuda, perseguimos a unos orcos que... - comenzó a decir Akerbeltz pero enseguida fue interrumpido por Elrond.
- Ese tema lo estamos tratando ahora mismo, nos parece extraño tal comportamiento de los orcos.
- Nosotros los estamos siguiendo y nos faltaba poco para alcanzarlos- replicó el maia.
- Pues sea así, os dejaremos caballos veloces y uno de los elfos os acompañara. Viene del bosque de Rhûn y es sabio para ayudar, porta el arco de Turgon. Él es Curukambe.
Pero Iacobus tenía ganas de hablar, y prosiguió:
Después de una breve estancia en Rivendel para aprovisionarse, las elfas regresaron después de una búsqueda infructuosa de las Águilas, y la compañía del Poney partió rauda al encuentro de la banda orca. A lo largo del camino veían como los orcos habían deshecho todo cuanto antes era bello. Se veían paisajes mancillados por su paso. Esto causó en la compañía una pena y una ira que no hizo sino apresurar su paso para encontrar a los orcos.

Avanzaron gran parte del día en la dirección que habían tomado los orcos, cuando, en medio del camino, vieron una figura que avanzaba arrastrándose en su dirección...
Fue entonces cuando Derwydd se levantó, y poniéndose ante el fuego, narró esto:
...era un dragón frío, mas parecido a una gran serpiente que a un dragón.
Derwydd se adelantó para ver sus intenciones con un conjuro de bola de fuego preparado por si acaso...
- Tu!! Bestia inmunda, que te regodeas en esta destrucción!!! Le espetó. ¿¿¿Que estás haciendo tan lejos de tu guarida??? Acaso has venido a alimentarte de los cadáveres que dejan las aullantes hordas de los orcos?
- shhhhhhhhh, Derwydd, - contestó - como siempre tenias que meter las narices en asuntos que te pillan de lejos, pero yo te quitaré las ganas...

Y acto seguido se lanzó sobre él...
Derwydd lanzó la bola de fuego, pero falló y le dio de refilón a la bestia, la cual sólo fue brevemente frenada.
- A mí la compañía!!! Acabemos con este engendro!!! - gritó mientras salmodiaba un nuevo hechizo...

AiNuR tomó un largo trago de cerveza y cogió aire, pues empezó a contar:
La batalla empezó a ser encarnizada, los poneypisadores saltaban, esquivaban, estocaban, bloqueaban, pero el duro armazón del dragón era impenetrable, sólo retrocedía antes los hechizos de Derwydd, pero eso sólo le arañaba las escamas o en todo caso las chamuscaba un poco, Aker apoyaba con sus hechizos de la naturaleza, Baranduin rodeó al dragón por su flanco hacia la retaguardia. La batalla continuó, el dragón golpeó a Derwydd, Curukambe y a Basandere con un golpe a traición con su cola, dejándolos magullados y con dificultades para levantarse, aún quedaban en pie Saruwoman, Mithiriel, Nariko, Akerbeltz y Baranduin; los cinco rodearon al dragón, él las observaba fríamente y divertido al mismo tiempo.
- Retrocede, malvado, aquél que todo lo mancilla, destructor de lo puro - gritó fervientemente Saruwoman.
El dragón respondió a Saruwoman hechizándola con sus ojos frío invernales, y en la mente de Saruwoman empezaron a aparecer incesantes imágenes horrorosas, cuerpos desmembrados y calcinados, vísceras, y funestos destinos dirigidos hacia su persona y sus familiares más queridos, su mente empezaba a derrumbarse, de repente vio de nuevo a su alrededor y se vio echa un ovillo en el suelo, Derwydd había conseguido acercarse al dragón y clavarle a la altura de las costillas una flecha de fuego. El dragón respondió con un gran alarido al mismo tiempo que mandaba a Derwydd por los aires y le echaba una ráfaga de hielo, los demás miembros de la expedición no se quedaron quietos, Basandere le hirió en un ojo con su reluciente arco, Mithiriel le hizo un corte profundo en la cola, Nariko le hizo un corte en el duro vientre, Curukambe le sacó una escama de la espalda, Akerbeltz le ató una cola con enredaderas, Baranduin golpeó vanamente su flanco, y el dragón desprendió un alarido de rabia y dolor al mismo tiempo respondiendo con un giro y arrasando con la cola a sus contendientes a la par. Sólo Basandere con arco en mano, quedó en pie, miro fríamente al dragón, y éste hinchó su pecho dispuesto a congelarla...
- Dragón!!! OBSERVA TU PERDICION!! - gritó AiNuR a lomos de su caballo recién llegado a la batalla - ¡CERRAD LOS OJOS!.
El dragón se dio la vuelta para mirar quien era el entrometido que osaba desafiarle pero justo cuando vio a un sucio hombre rubio, un destello le cegó. Al llegar a la altura del dragón, AiNuR mentalmente había transmitido la estrategia a los magos y poderosos ahí presentes, rápidamente Aker derrumbó un árbol que le cayó en el cuello al dragón, AiNuR y Baranduin metieron sus cayados en la boca del dragón al tiempo que recitaban:
- á tula nárenyanna anoro!!! De los cayados salió un fuego que calentó el frío interior del dragón, acabando así con su vida.

La expedición se puso en pie y empezó a abrazarse y gritar jubilósamente, pero de repente Aker se dio cuenta de algo alarmante...
- ¿Dónde esta Derwydd?
Nadie más que Akerbeltz supo que ocurrió entonces, y se encargó de explicarlo así:
- Voy en busca de Derwydd, partid prestos en pos de los orcos, os alcanzaremos con la ayuda de las Águilas, pues sólo yo puedo encontrarlas.
Y dicho esto, dio un brinco y desapareció tras una gran colina.
El resto de la Compañía, ahora disminuida, partió siguiendo de nuevo el rastro, ahora más difícil, ya que el dragón había hecho bien su trabajo, asolando una gran franja a su paso. Al parecer, se dirigían hacia el Mar de Rhûn, donde existía una pequeña ciudad de hombres llamada Garmitting, poblada por antiguos desertores descendientes de los Rohirrim, y aunque habían olvidado las artes de la caballería, eran especialistas en lucha con lanzas. La probable unión de estas gentes con las huestes de orcos podría formar un nuevo frente del mal, desde la Guerra del Anillo.
Pero la Compañía no lo sabía, y se acercaba cada vez más a un peligro inminente, algo que podría acabar con las esperanzas de todos los pueblos libres al este de las montañas nubladas... y de más allá.

Mientras tanto, Aker, buscando el rastro de Derwydd, se hallaba sumido en oscuros pensamientos sentado sobre una roca en una cumbre a 10.000 pies. Observaba todo el horizonte en busca de una señal. Y esta se le presentó como un rayo que impactó a poca distancia de él, sin causarle ningún daño.
- Has tardado en bajar, Derwydd - espetó.
- He tenido una visión, sé lo que se proponen los orcos...
- Cuéntamelo mientras hacemos una visita a Gwaihir.
Y juntos partieron por sobre encima de las montañas, en busca del poderoso Señor de los Vientos...
Derwydd le siguió, diciendo:
- Verás... mi más antiguo aliado, - habló Derwydd. - Mientras estaba sentado en la roca, descendió sobre mi el "awen" de la visión, alguien ha logrado reunir a las diseminadas tribus de orcos bajo su égida.
Alguien lo suficientemente poderoso y estúpido como para abrir un portal al Vacío Imperecedero y traer de nuevo el mayor mal que ha conocido Arda.
- ¿Quién puede ser tan retorcido como para hacer eso? - preguntó Akerbeltz...
La lucha con el dragón me ha debilitado, por lo tanto mi estancia en los caminos del "Otro Mundo", ha sido muy breve, es demasiado pronto para hacer conjeturas, pero aun guardo algunas sorpresas.
Si quieren abrir un portal tendrán que buscar como hacerlo en un libro, El Gran Grimorio. Nuestro primer objetivo es apoderarnos de él, y creo que los ojos del pueblo de Gwaihir nos serán de gran ayuda
Entonces prosiguió Curukambe:
Akerbeltz y Derwydd se dirigieron a la morada de Gwaihir. A medio camino se encontraron con el mismo Señor de los Vientos, que venía volando hacia ellos. Cuando llegó dijo:

- Vuestros amigos se dirigen al Mar de Rhûn, van directos a un amargo fin. Agarraos a mí.

Gwaihir los enganchó por la cintura con sus poderosas garras y emprendió un veloz vuelo cuyo destino ni los sabios podrían definir, la Compañía del Poney corría peligro y el tiempo era echado en falta como nunca.

Derwydd le contó al Señor de los Vientos lo que antes le había contado a su amigo Akerbeltz. Gwaihir conocía bien la leyenda del Gran Grimorio, las Águilas eran sabias y conocían casi todas las historias. Poco pudo decirles sobre donde podría estar, pues el Grimorio se había perdido hace muchos años y nadie sabía donde estaba. Los orcos sabían quizás de alguna pista oculta, algo que no podrían encontrar solos y por eso iban en busca de los hombres del Este.

Mientras, la Compañía avanzaba con buen paso acercándose a los hombres del mar del Este. Se sentían mas seguros después del incidente del dragón, la victoria los había animado. Las "jinetes" cantaban entretejiendo una cálida melodía que con el poder de Saruwoman hacia crecer la flores al borde del camino.
- Pasemos antes por el Bosque de Rhûn - sugirió Curukambe - nos vendrá bien, allí nos aconsejaran sobre los orcos.

Las "jinetes" pararon preparadas para escuchar mejor, todos estuvieron de acuerdo y variaron ligeramente el rumbo para no llegar al mar de Rhûn antes que al bosque. Curukambe conocía perfectamente el terreno y a partir de ese momento fue el guía de la Compañía, aunque solo para llevarlos hasta su hogar. El bosque ya no estaba muy lejos, cuando avistaron una columna de humo cerca del mar de Rhûn. Aceleraron el paso hacia el bosque, ahora necesitaban el consejo mas que nunca.
Akerbeltz tomó posición delante de la chimenea y continuó:
Mientras tanto, Gwaihir sobrevolaba el Bosque Negro rumbo al Bosque de Rhûn. Pero Akerbeltz hizo una señal al Señor de los Vientos y empezó a descender en picado a gran velocidad. Se posó sobre una gran roca en los límites del Bosque, y así dijo Akerbeltz:
- Debo partir en busca de ayuda, pues la Compañía del Poney, aunque valiente, no podrá contra el ejército de orcos unido a los Hombres de Rhûn. Ve, Derwydd, y detén a la Compañía antes de que cabalguen a la muerte, y buscad el Grimorio, pues sólo tu sabes dónde puede estar... Se avecina una gran batalla, pero antes de ella, nos encontraremos.
Así habló, y se alejó dando un gran salto desde la roca, mientras Gwaihir levantaba el vuelo y partía hacia el Bosque de Rhûn.
De peñasco en peñasco, saltaba con una fuerza poderosa, pues el tiempo apremiaba, y llegó a las Llanuras de Rohan, donde siguió corriendo hacia el Sur, hasta que la Blanca Torre de Minas Tirith estuvo al alcance de su vista.
De repente, la puerta de la posada se abrió de golpe, allí estaba ella, la Dama Oscura, todos la miraron con estupor, algunos con recelo, sin embargo Akerbeltz se adelantó y dijo:
- Adelante, Saradriel, estabamos recordando viejas historias, y creo que será bueno oír tu versión...
Saradriel saludó y se despojandose de su oscura capa, se sirvió una de las jarras. Se sentó en un taburete y empezó a contar:
Akerbeltz echó una mirada alrededor. Múltiples casas se extendían frente a él, la gente caminaba temerosa... extraño... aquello no había pasado desde... el Anillo. Raras historias se contaban en el Poney desde hacía tiempo. Historias de una dama, cuyo nombre nadie sabía, que habitaba en Gondor... vagaba por numerosos bosques y lugares frecuentemente, y visitaba El Poney Pisador a veces. Se decía que muchas cosas oía y más sabía de los oscuros rumores que surgían del este, además conocía a multitud de personas, por lo que Akerbeltz pensó que le podía ser de utilidad a la hora de encontrar aliados. Caminó recorriendo la hermosa ciudad, cuando, de repente, oyó unos ruidos de cascos lejanos. Alzó la vista y vio a lo lejos un caballo negro sobre el que estaba sentado un jinete que vestía una larga túnica negra que se disponía a salir por la puerta Este. Se parecía a... ¡un nâzgul! ¿No habían desaparecido con la destrucción del anillo? Akerbeltz se acercó sigilosamente al jinete, respirando entrecortadamente... cuando... de repente...
- Curioso veros por aquí, mi señor Akerbeltz. Oscuros tiempos os ha tocado vivir, rumores de guerra corren desde el este... orcos... dragones... y una extraña compañía que se hace llamar "El Poney". ¿Acaso venís a pedirme consejo?
-¿Quién sois?- Preguntó Akerbeltz, mirando al jinete negro que le acababa de hablar. -¡Vuestra voz no parece de nâzgul!
- Soy la dama Saradriel - dijo la muchacha, tras reír sonoramente.- Poco conocido es mi nombre, pero supongo que esperabais encontrarme... habréis oído hablar de mí, yo os recuerdo de El Poney Pisador... ¿qué deseáis de mí, mi señor? Pedid, y yo trataré de complaceros.

Mientras todo esto tenía lugar en Gondor, la compañía pasaba por apuros, pues Baranduin, uno de sus miembros, acababa de partir buscando respuestas que podrían ser decisivas en la batalla. Así mismo, Derwydd apuraba el paso de la gran ave que lo portaba. El mar de Rhûn estaba cada día más cerca... ¿cuál será el destino de todos nosotros?
Fue interrumpida por Iacobus, pues su sed de narrar casi superaba a su otra sed.
- Salud, oscura dama, ¡Bien hallada seas! - dijo Akerbeltz - Sin duda tus negros conocimientos podrían ser de una gran ayuda para la aventura que ha emprendido nuestra compañía de la que, por lo que veo, has oído hablar.
- Así es Akerbeltz. No debes olvidar lo que soy, ni de lo que es capaz mi pueblo. Soy una númenóreana negra. Mi visión va mas allá de lo que ven mis ojos.

Al decir esto, Saradriel descubrió su rostro encapuchado. Akerbeltz entonces pudo ver la profundidad de sus ojos grises.
- Cierto es que no se puede olvidar a los númenóreanos, poderosos entre los Hombres, ni a tu pueblo, el de los Oscuros. No es un secreto para ti que no apruebo muchas de las cosas que hizo tu gente ni de las que has hecho tú. Tampoco tú debes olvidar que soy un Maia y mi visión no tiene nada que envidiar a la tuya.

Después de una pausa en la que ambos estuvieron midiéndose con la mirada, Saradriel habló:
- Creo que el mal al que os enfrentáis abarca un conocimiento más antiguo y oscuro de lo que yo haya oído nunca hablar, salvo en viejas historias y leyendas. Aun así, me pongo a disposición de tu compañía y será un placer ayudaros en todo lo posible.
Akerbeltz sonrió al oír esto.
- No esperaba menos de una númenóreana. Puedo prever que tu ayuda nos acerca algo más a la victoria, pero por desgracia me temo que no será suficiente...
- Eso creo yo también Akerbeltz...

Y juntos partieron de Minas Tirith con una sombra en el corazón, la sombra de la desesperanza. Tan sólo les impulsaba ahora el hecho de que la compañía corría un serio peligro, por lo que se apresuraron en alcanzarles lo antes posible.

Nada de este encuentro sabían Derwydd, que volaba a lomos de Gwaihir, ni la Compañía del Poney, que se aventuraba a un bosque lleno de peligros que les desbordaban sobremanera. Continuaban rápidamente su paso hasta que llegaron a los lindes del bosque. Curukambe, que guiaba la compañía, vio la figura de un ser que creyó tiempo atrás desaparecido. Tal era el asombro dibujado en su cara que la compañía no pudo evitar dirigirse al lugar donde el elfo había visto eso que tanto le había sorprendido.

La reacción del resto de la compañía fue idéntica...
Pero de nuevo continuó Saradriel, y mirando de reojo a Basandere, prosiguió:
Con el pelo ondeando al viento, Saradriel iba junto a Akerbeltz, que galopaba a lomos de un hermoso caballo blanco procedente de Gondor, obsequio de su compañera. De repente la númenóreana aminoró la marcha. Akerbeltz la miró extrañado:

-¿Qué hacéis? ¿Por qué os detenéis ahora? Tengo un extraño presentimiento y el corazón se me oscurece a medida que avanzamos, temo que si no llegamos en breve, la compañía se verá en serios apuros... algo les ocurre... y no sé qué es... rápido, reanudad la marcha.
- Mi señor, si me perdonáis he de partir rauda ahora mismo.- dijo Saradriel serenamente.
- No sé qué debéis de buscar, pero deduzco por vuestra mirada que es importante, dama oscura. Partid pues, cuanto antes, nos veremos en Garmitting, cercana al mar de Rhûn, venid rápido... ahora no es tiempo de perder aliados.

Dicho esto, Akerbeltz se alejó veloz. Saradriel lo vio desaparecer en la espesura, mientras meditaba que camino tomar, luego susurró algo al oído de su caballo, que comenzó a correr a gran velocidad. Se dirigió al norte velozmente, cruzó ríos y recorrió extensas tierras (entre ellas, el Bosque Negro, donde pidió nuevas a los elfos que allí habitaban) y luego fue al Antiguo Reino de Arnor, hogar de los famosos reyes donde se encontraría a un gran amigo.
Finalmente disminuyó la velocidad, casas oscuras y bajas se extendían ante ella, el pueblo parecía fantasma. Pidió a los escasos hombres que se encontró señas sobre Arvedui, descendiente de los grandes reyes a través de muchas generaciones. Y lo encontró cabalgando al poco tiempo.

Saradriel! Dichosos los ojos que te ven, ¿qué es de ti? ¡Hacía siglos que no te veía! - exclamó el joven en cuanto la vio.- Gastadas parecen tus vestiduras y sucia está tu cara, aunque no dejo de percibir en ella el sosiego de una estancia con los elfos.

- Escuchadme, mi señor Arvedui. Malos tiempos son estos, una compañía se dirige a un amargo fin... hacia el mar de Rhûn, en ella hay grandes y sabios personajes, pero insuficientes, necesitamos ayuda... por favor... partid conmigo al sur, ¡traed refuerzos! Arvedui miró detenidamente a la númenóreana, luego dijo:

- Comprendéis que arriesgado parece lo que me pedís... tendré que pensarlo, descansad mientras- dijo el joven mientras se montaba en su caballo. Saradriel bajó la cabeza e intentó recuperar aliento... dudas recorrían su cabeza... ¿y si Arvedui se negaba? El tiempo pasaba. Sacó unos lembas y se disponía a comer cuando oyó unos ruidos estremecedores...

-¿Mi señora?

Levantó la cabeza y vio a Arvedui, vestido con una armadura y un casco, sostenía su espada en la mano izquierda y el estandarte de Arnor en la derecha... tras él había una considerable multitud, tanta que sus ojos grises no alcanzaban a contarla.

- Ayudaremos a vuestra compañía, mi dama. Lucharemos a vida o muerte para combatir el mal que se avecina... es hora de que prestemos ayuda a los nuestros... Arnor irá a la batalla.

Así ocurrió que Arvedui y sus hombres se dirigieron al sur lo más rápido posible, y la compañía sufría... poco tiempo les quedaba... tenían que vencer... y el Ser encontrado empezaba a despertar...
Se hizo un silencio tenso. Curukambe se levantó y siguió la historia:
Mientras, la Compañía había llegado ya al bosque y Curukambe los conducía junto al Concilio de Rhûn. Pronto llegaron a un sitio donde había muchos elfos, algunos escondidos entre los arboles vigilando y otros andando tranquilamente ocupados en sus cosas y ajetreos. - Esperad junto a la Fuente de la Luz - indicó Curukambe.

Después de enseñarles el camino, el elfo fue en busca de algunos de los elfos más sabios del lugar para celebrar concilio. La Compañía, siguiendo las indicaciones de su guía fueron hasta el lugar donde había una fuente que manaba rayos de luz, aquel era realmente un hermoso lugar, pues no la llamaban La Fuente de la Luz sin motivo. Allí esperaron y no pasó mucho tiempo hasta que regresó Curukambe. Subieron a un árbol en el que había una especie de caseta que mas bien parecía un palacio. Allí encontraron sillas donde sentarse y celebrar la reunión.
- Hemos venido a resolver una situacion - comenzó a hablar Curukambe- he traído a mis amigos aquí para resolver dudas. Nada sabemos de nuestros enemigos desde hace mucho, salvo que sus huellas son fáciles de seguir, nuestra pregunta es... ¿Qué nos pueden decir aquí, lugar de sabios?

- Corréis un gran peligro - dijo un elfo de los que allí se encontraba y de los mas sabios- Los orcos van en busca de aliados, gente que encontrarán cerca de aquí, en el mar de Rhûn. Los hombres de por allí son muy fieros y una alianza con los orcos sería mortal, pues preveo que tienen algún motivo oculto esos orcos, sin embargo, cuál es no podría decirlo. Hasta ahí puedo deciros, mi conocimiento del tema no va mucho mas allá.

- Gran ayuda la vuestra - intervino Basandere- pues nuestro plan era cargar contra ellos donde fuera. ¿Que haremos ahora?

La compañía quedó pensativa y los elfos de allí no se atrevían a dar un consejo, pues sabían que la decisión decidiría el destino de muchos. Mientras pensaban, todos recordaron a sus amigos y los echaron en falta, quizá ellos sabrían que hacer. Akerbeltz corría al galope lo más rápido que podía ir su caballo y Derwydd se acercaba veloz a lomos de Gwaihir, Señor de las Águilas.
Baranduin, que había estado escuchando sin decir una palabra, dejó los pergaminos a un lado y se levantó, se dirigió hacia el fuego y arrojó otro leño, diciendo:
Pensando estaban cuando vieron una nube de polvo en la lejanía. Aquellos de vista más aguda dijeron que era una figura indescriptible sobre un caballo, que viajaba a gran velocidad, superior a la de un caballo normal, por los yermos desde el Anduin. Aquellos con el oído más potente dijeron que oían una voz hablando en la Lengua Olvidada de los Valar en Válinor. Más todos se alertaron, y recibieron al viajero con las espadas levantadas.

El viajero vestía una larga túnica de aquellas que utilizan los Elfos Verdes de Lórien para ocultarse de las miradas. Montaba a pelo un brioso meara gris, y colgaba del cinto una espada que muchos reconocieron como factura númenóreana. En la mano portaba un báculo, más nada de él se veía, pues una capucha ocultaba su cara.
- ¡Descubríos e identificaos! - gritó Curukambe

Entonces una risa emergió de la capucha, y a aquellos que vivieran en Válinor les fue aligerado el corazón. Largamente rió, y al fin se dirigió a Curukambe en la Noble Lengua:
- Mae Govannen, Cúrucamb! Ai na Vedui! - y el tono de la voz se hizo más serio- ¿Así es como recibes a los viejos amigos? Pues yo soy Baranduin, Protector y Guardián del Río Brandivino, allá lejos en el Oeste, que muchos conocéis. - y se quitó la capucha - Los orcos de esta región se han unido a los Hombres de Rhûn, descendientes de los Aurigas, y gran peligro corréis.
- Ninguna noticia nueva nos traéis, pues todo eso ya nos es conocido.
- Posiblemente, pues poco escapa a los ojos de los Elfos del Bosque Negro y mucho me he demorado en mi viaje. Más no todo es vano, pues os ayudaré a vencer. No en vano estuve entre ellos antes de partir a avisar de los designios de Sauron a Thranduil, Erebor y los Bëornidas, que cerrarán los pasos del norte, junto con los Hombres de Valle. Mas los Hombres de Rhûn van a enviar un destacamento a esta región, así que esto os digo que habéis de hacer:
Escondeos en los flets, mientras yo dejaré gente para que los disperse. Cuando estén perdidos, desde los flets habéis de atacarlos. Pero no matéis a Vrodda, quien no tiene piernas y usa un extraño carro para moverse. ¡No lo matéis! Registradlo, y que manos no mortales cojan una joya que portará, en forma de águila, con una piedra en medio, verde, a cuyo trasluz lo muerto revela la vida. Después encerrad a Vrodda, pues yo volveré y deseo hablar con él. Más ahora he de partir, pues asuntos urgentes me llaman al oeste de Rohan. Dentro de seis lunas, cuando la punta de Menelmacar roce el horizonte, yo estaré aquí.

- ¿Y quién hará de cebo? ¿Quién los dispersará?
Unas palabras en la Vieja Alta Lengua surgieron de sus labios, y cientos de seres salieron de los árboles.
- No ven el bien, más sí ven el mal. No os molestarán, pero servirán para dispersarlos. - y dirigiéndose a la multitud de seres dijo: Osgaro Rhûnwaith!

Dicho esto, montó en el meara y desapareció en la lejanía. Llegó la noche, y los cuernos de los orcos sonaron entre las sombras.
Saradriel continuó:
El corazón de los hombres se vio aliviado, más el estruendo de los cuernos orcos los alertó... la batalla estaba cercana. Los elfos cogían sus arcos y escogían cuidadosamente las flechas que utilizarían contra los orcos. La Compañía miraba a la lejanía, cada uno tenía algo distinto en mente... Basandere pensaba en Akerbeltz, Saruwoman respiraba hondo, buscando aquel gramo de valor que le hacía falta para vencer al enemigo, Curukambe reflexionaba sobre las serias palabras de Baranduin... de repente, todos oyeron un ruido de aleteo, alzaron los ojos y vieron al majestuoso Gwaihir, señor de las Águilas, y a Derwydd, que venía sumamente pálido y cansado. Todos se regocijaron, pues hacía tiempo que no lo veían y estaban deseosos de oír las nuevas. Lentamente, el águila descendió...

- Salud Derwydd, amigo mío.- dijo Nariko, sonriente. De repente la expresión de su cara cambió.- Si mal no recuerdo, partisteis con Akerbeltz... ¿dónde está?
- No os preocupéis, Nariko. Muchas cosas os he de contar, y por lo que veo, es necesario que pronto os ponga al corriente. Primero, habéis de saber que Akerbeltz está...

-¡Aquí mismo!- exclamó una poderosa voz cuyo eco resonó en todo el bosque.

De repente, Akerbeltz se adelantó sobre su caballo blanco. - Salve, Derwydd. Largas noches os he seguido, y me ha costado mucho ver vuestro rumbo, pues Gwaihir es muy veloz y mi caballo, a pesar de que es bueno, no puede igualarlo. Creí que iba a perderos...

-¿Dónde están los refuerzos?- preguntó Derwydd mirando a todos lados, esperando que un gran número de hombres se adelantara - ¿No lograsteis encontrar a nadie?
- Paciencia, mi amigo... están a una jornada de aquí, si no me equivoco. Logré convencer a la Dama Oscura para que participara, sin embargo, apenas habíamos partido al sur, tuvo que dejarme para ir en busca de algo o alguien importante.
- Ya veo - dijo el AiNuR impaciente- Mas por lo que pude entender, muchas cosas debéis de contarnos.

Así pues, Derwydd descendió y Akerbeltz dejó a su caballo al cuidado de los elfos. Gwaihir seguía mirándolos atentamente. El primero en hablar fue él, que les comunicó la alianza entre hombres y orcos (antes confirmada por Baranduin), luego, con voz queda aunque autoritaria, les habló del Gran Grimorio, del Vacío Imperecedero y del mal que allí se encuentra... cuando acabó de hablar las caras de la gente eran de sorpresa profunda y una sombra de tristeza se abatía sobre ellos.

-¿Qué haremos ahora?- preguntó Mithiriel.- Por vuestras palabras deduzco que la victoria es lejana y difícil. Sin embargo, el Guardián del Brandivino nos dijo que utilizáramos a estos seres para distraerlos en el primer ataque y nos escondiéramos en los flets para no perder el factor sorpresa. ¿Qué opináis vos?
- Si Baranduin lo dijo, a mucha gente ha tenido que consultar, y seguro que sus palabras han sido muy meditadas. Considero que el primer ataque nunca es demasiado fiero, pues su objetivo es encontrar el Gran Grimorio y no muchos orcos habrá disponibles para una batalla aquí. De todos modos, nos vienen refuerzos rápidamente desde el norte, si aguantamos un poco, podremos ganar este inicio de la batalla, luego nos dedicaremos a otros menesteres. Rápidos y silenciosos debemos ser... ¡aguantad, mis amigos, y seguid las instrucciones de Baranduin!- diciendo esto, Gwaihir comenzó a mover sus alas.

-¿Adónde vais, Señor de los Vientos?- preguntó Basandere - ¿No os quedáis?
- Ahora no. He de esconderme yo también, además, creo que si me arriesgo un poco podré conseguir nuevas de los animales que aquí habitan sobre los avances del enemigo. No os preocupéis, Basandere. Mi ayuda no es imprescindible por ahora. - dijo Gwaihir antes de perderse en la espesura.

Todos miraron alrededor. Tenían muchas ganas de interrogar a Derwydd y a Akerbeltz, mas tendrían que esperar y seguir las instrucciones del sabio si querían sobrevivir al preámbulo de guerra. Todos comenzaron a situarse en sus posiciones, mientras los seres de Baranduin se colocaban en sitios visibles, y a agudizar la vista, para poder distinguir a Vrodda entre los demás.

Los refuerzos estaban cada vez más cerca, y la dama oscura guiaba a Arvedui y a sus hombres a la batalla. Poco faltaba ya para su comienzo, y los hombres, así como el mismo rey, tenía ganas de vengar a su país, su honor y su gente.

Los cuernos empezaron a incrementar su poderoso sonido. Los orcos se preparaban para cargar.
- Preparaos - gritó Curukambe.- Esto acaba de empezar.
Fue interrumpida por Derwydd, que dijo esto:
- ¡¡¡Atención!!! - exclamó Derwydd, - aunque debemos contener a estas tropas no podemos olvidar nuestro objetivo, necesito que tres de vosotros me acompañen hasta Erebor, mas al norte. Creo que allí podremos encontrar algo que nos servirá para poder hallar el Gran Grimorio. El cual supongo que se halla en el Desierto del Norte, mas allá de las Montañas Grises, los demás deben presentar batalla aquí para despistar a nuestros enemigos, mas tarde pueden remontar el río hasta Esgaroth donde dejaré noticias
Y siguió Saradriel:
Todos se hallaban sumidos en oscuros pensamientos cuando Saradriel entró con Arvedui y todos sus hombres cabalgando al Bosque de Rhûn. Los cascos resonaron y se levantaron sobre los ruidos de los cuernos. Vieron a Derwydd con expresión seria, y, apenas habían descendido de los caballos, se les dijo lo que se pretendía. Llevaban un día aguantando, oyendo los cuernos, pero nadie se decidía a atacar... aquello era verdaderamente extraño. Todos meditaron largos momentos, no había tiempo para presentaciones ni dudas. La ayuda había llegado, era numerosa, y podrían aguantar fácilmente el primer ataque... mas no eran suficientes para la gran batalla. Sin el Grimorio todo estaba perdido. Finalmente, Akerbeltz habló con voz autoritaria:

- Obviamente, ahora mismo, nadie desea partir. Esta batalla, a no ser que haya una gran sorpresa, está prácticamente ganada, y nadie quiere adentrarse en el Desierto del Norte, pues está plagado de orcos y, obviamente, no es el mejor sitio del mundo. Alguien tendrá que hacerlo... creo que Derwydd es una de las personas idóneas, si no le importa. Sabe mucho sobre el Grimorio y nos sería de gran ayuda. Si Baranduin estuviera aquí, sin duda sería otra persona indispensable, mas no está... por lo tanto creo que debería ir yo. Conozco los caminos del norte como la palma de mi mano. Pero, la tercera elección es más difícil... ¿quién puede ser?
- Yo me ofrecería, mi señor. - dijo Arvedui.- Sin embargo, creo que soy más necesario aquí, dirigiendo a mis hombres. La batalla, como habéis dicho, no presenta gran dificultad, pero no debemos confiarnos. Ninguna batalla es tan sumamente fácil como para darla por ganada.

- A mi no me importaría ir.- dijo Saradriel- domino bastante bien mi espada y conozco muchas sendas, además, creo que aquí hay gente suficiente como para resistir. Pero no depende de mí la elección... sino de Akerbeltz y de Derwydd.
- Yo también puedo ir. - dijo AiNuR adelantándose - Como dijo la dama oscura, nadie aquí es indispensable, pero también es verdad lo que el joven Arvedui afirma.
- Si deseáis que parta con vosotros, lo haré- comentó firmemente Curukambe.- No tengo ningún problema, de verdad. Creo que no puedo añadir nada a lo antes dicho, ahora depende de vos, Akerbeltz, y de vos, Derwydd. ¿A quién escogéis?

Todos contuvieron la respiración... ¿quién sería el elegido? Las posibilidades eran muy buenas, y difícil era escoger. Akerbeltz lo meditó y luego susurró algo al oído de Derwydd.
- Obviamente, ha de ser...
AiNuR se levantó y continuó la historia:
- Evidentemente ha de ser AiNuR, en las grandes batallas tiene poco que hacer, es mas diestro con poco contendientes, además, tengo ganas de verlo actuar a nuestro lado, siempre tan reservado en la posada...
Mientras Mantecona servía una nueva bandeja de cervezas y la depositaba en la mesa, Baranduin siguió, diciendo:
Mientras se hacía la elección, un veloz resplandor cruzó el horizonte, por las tierras del Anduin. Fue momentáneo, pero la esperanza volvió a los corazones.
Pasado algún tiempo, un cuerno de orcos sonó, y los pájaros callaron. Así pasó la noche, donde todos dormían. Al amanecer, los dos que debían hacer guardia se despertaron, y descubrieron, bajo una estaca con una cabeza de orco clavada en la punta, una bandeja de madera, rústicamente tallada, pero bella al mismo tiempo, con un par de venados y dos tinas con el Miruvor de viaje. Nadie sabía de donde había salido aquello, y los dos que debían de hacer la guardia estaban avergonzados por haberse dormido.
Mientras tanto, un silencio en el Este anunciaba que por la noche una batalla se había desarrollado. Sin embargo, aquellos con la vista más aguda aún veía tropas en la lejanía. Y la incertidumbre cundió, tanto por la inminencia de la batalla como por la extraña aparición nocturna.
Una vez hubieron bebido todos, Akerbeltz se secó los labios y continuó:
Al amanecer, Derwydd, AiNuR y Akerbeltz partieron hacia el Desierto del Norte, una tierra inhóspita, de suelo congelado y escasez de víveres y agua. La marcha era dura y Derwydd encabezaba el grupo, pensativo, ensoñado en imágenes fugaces que recorrían su mente, tratando de establecer un vínculo entre su visión y el terreno que rodeaban. El Gran AiNuR, sabedor de la importancia que esa misión encerraba, callaba, pero observaba atento a su alrededor, dispuesto al combate a la menor presencia de orcos o cualquier bestia maligna lo suficientemente estúpida como para enfrentarse a tres poderes como ellos. Akerbeltz, aunque cabizbajo, escuchaba con atención las sordas pisadas sobre el gélido suelo. Pero no eran sólo sus pisadas lo que oía. Algo se acercaba por detrás, tan imperceptiblemente, que sólo el fino oído del maia podía notarlo, tan acostumbrado a sentir la Naturaleza bajo sus sentidos. De pronto, se paró. Los otros no lo advirtieron, y siguieron caminando. Se tumbó sobre el suelo y se tapó con su blanco manto, aguardando.
Una pequeña figura se acercaba montada en un caballo a lo lejos. Iba bastante rápida, pero apenas emitía sonido alguno. Cuando pasó por encima de Akerbeltz, este dio un poderoso salto y cayó sobre la grupa del animal, que asustado, se encabritó, tirando al suelo a los dos personajes. En el suelo, la figura del caballo sacó su arco y sin que ojos humanos pudiesen verlo, disparó una flecha en dirección a su atacante, que con un gran acto reflejo, agarró la flecha al vuelo, y, quitándose el manto de la cabeza, enseñó su lustrosa cornamenta, diciendo:

- Hubo otros tiempos en que sólo besos solías lanzarme.

Basandere quedó petrificada, pues ella era la figura del caballo que los perseguía.

- ¡Cabrón! ¡Casi te ensarto! - Dijo mientras una sonrisa se dibujaba en su bello rostro.
- Efectivamente, cabrón me llamas y cabrón soy, pues he aquí que mi forma es la del macho cabrío, y es por ello que te habías distanciado de mí, pues incapaz soy de adquirir la forma que tu preferirías... pero contéstame a esto: ¿Qué haces aquí y por qué nos persigues?

Basandere bajó la mirada y dijo en voz queda:

- Tal vez tu forma no me sea del todo extraña, y es por eso que no quería verme alejada de ti de nuevo, más aún cuando creí percibir una sombra en torno a la Compañía, es posible que Saradriel no sea quien todos creen. Lo siento en las hojas.

Akerbeltz la miró pensativa. Jamás dudaría de su intuición, pero no podía volver al sur, no sin hallar el Gran Grimorio, pues un destino oscuro caería sobre todos ellos si no lo hallasen a tiempo. De todo esto hablaron mientras subían al caballo y fue en ese momento cuando un destello blanco apareció en el horizonte, galoparon rápidamente hacia el norte, en busca de una respuesta. En ello estaban cuando vieron en mitad del camino, una figura inmóvil; era AiNuR, que andaba errante y falto de sentido...a su alrededor todo estaba chamuscado, y el suelo helado, se presentaba ennegrecido.

No había rastro de Derwydd por ninguna parte...
AiNuR rió con fuerza al oír este fragmento, y siguió contando:
Basandere y Akerbeltz llegaron a donde estaba AiNuR inconsciente, rápidamente le reanimaron.
Con el rostro ennegrecido y magullado miro a la pareja con aire extraño:

- ¿Quiénes sois? ¿Dónde estoy? ¿Que hago aquí?

- AiNuR reacciona!! Que ha ocurrido!!! ¿Dónde esta Derwydd??- pregunto Akerbeltz con desesperación - Tranquilízate, algo le ha pasado- dijo vehemente Basandere.
Respondió AiNuR: -¿Qué ha ocurrido? - ¿AiNuR? ¿Es ese mi nombre? - La pareja respondió con un cabeceo de cabeza, AiNuR se puso pensativo.
- Deja de hacerte el tonto, ¿qué ha ocurrido? ¿Y Derwydd? - preguntó Akerbeltz nervioso.
- No... no..... no lo se, no se quien soy, sólo se que estoy aquí y solo recuerdo.... algo horrible, unos ojos rojos, sin rostro... vacío... negro - AiNuR decía las palabras pesadamente como si las estuviesen arrancando del corazón mismo -.
- Akerbeltz, un mal acosa la mente de AiNuR, algo horrible ha pasado aquí, debemos continuar después de auxiliar a nuestro compañero.
- Gracias... Aker...beltz y Basandere? Al parecer soy un viejo conocido vuestro, contarme cosas de mí, quiero saber quien y que soy... - Acto seguido se desmayó.
Curukambe meneó la cabeza y prosiguió:
Era hora de tomar una decisión. Por un lado, tenían la obligación de encontrar el Grimorio, y por el otro, salvar a Derwydd, su amigo. Entonces Akerbeltz habló con voz alta y tono serio:
- Por el bien de todos debemos dividirnos otra vez. Basandere, ve con AiNuR y buscad pistas sobre el Grimorio, yo iré en busca de Derwydd. Ha de ser así.

Basandere asintió y se alejó con AiNuR. El maia intentó concentrarse y buscar alguna seña que le indicara que había pasado con su amigo. El tiempo se le echaba encima, y no era momento de retrasarse mientras la Compañía corría peligro.

Ciertamente un peligro acechaba a la Compañía, sin embargo todo estaba tranquilo ahora. Todos pensaban en los enigmas surgidos en los últimos días y Curukambe disfrutaba ahora de su hogar, y se lo enseñaba a los demás. Los reunió a todos alrededor de la Fuente de la Luz, pues quería narrarles la historia de la fuente.
- Se dice que en los Días Antiguos, Ulmo visitaba esta fuente con frecuencia, gracias a él emana esta luz que ahora veis. Solo el día que Ulmo olvide el bosque la luz se irá. No obstante, no ha venido aquí desde hace muchos años.
Algunos parecían muy interesados en la historia de Curukambe y éste siguió:
- También se dice que pronunciando las palabras adecuadas Ulmo acudirá en ayuda del necesitado.
- ¿Cuáles son esas palabras? - preguntó Saruwoman con curiosidad. Curukambe dudó, pero al final respondió a la pregunta:
- Las palabras son: À, Ulmo, nénion heru, entula!.

Las Aguas de la Fuente se removieron, los temores de Curukambe tenían fundamento, una forma surgió de las aguas con un resplandor cegador que poco a poco se fue apagando. Todos se sorprendieron, algo había aparecido en la fuente.
Saradriel que hacía rato no decía nada, continuó:
La figura hermosa y bella se alzó llena de luz. Todo en él era brillante y puro. La Compañía se quedó callada... se podía oír el suave viento corriendo entre ellos. Curukambe inclinó levemente la cabeza, siendo imitado por sus compañeros... Ulmo empezó a hablar con una voz que reconfortó a todos.

- Bien hallado seáis, Curukambe... ¿qué extraña razón os lleva a perturbar mi descanso?
- Mi Señor, mucho sufrimos en estos tiempos. Baranduin no ha vuelto, y, a pesar de que mantenemos aquí a Vrodda y a su joya... no sabemos la razón. Además, algo me perturba. Siento dolor y sensaciones extrañas en lo hondo de mi ser... ¿podéis ayudarme?
- Mmmmm... – reflexionó - Algo raro pasa, cierto es. A decir verdad, no sé a qué viene la captura de Vrodda, pero he de decir que su joya me recuerda a la que le fue entregada a Aragorn por Galadriel.
- luego negó lentamente - A lo mejor me equivoco. En cuanto a lo de la compañía del norte, he de decir algo que no os va a gustar. Un extraño ser se hace pasar por uno de vosotros...

- ¿Cómo? - dijo Arvedui - ¿Qué clase de ser?
- No estoy seguro, mas quiere sembrar desconfianzas en el grupo. Ahora, se dirige junto al AiNuR en busca del Grimorio. Una cosa está clara... no debe conseguirlo.
- ¿Por quién se hace pasar? - preguntó Saruwoman interesada.
- Ahora no es el momento, pero... todo llegará.
- ¿Qué más nuevas nos podéis decir?- interrogó Curukambe.
- Derwydd corre serio peligro... si Akerbeltz no se apresura, no sé que puede pasar.
- ¿Qué podemos hacer? - preguntó la Dama Oscura. -¿Acaso el destino es ya inmutable?
- No, mi dama. Todavía no... vós y Basandere debéis de partir al norte, donde AiNuR y la amenaza cabalgan al Grimorio. Me temo que no está en condiciones óptimas... supongo que el enemigo no fue capaz de averiguar dónde se encontraba dicho Grimorio, y decidieron infiltrar a un oscuro ser.
- Contad conmigo - dijo Basandere firmemente. - Además, Arvedui y Saruwoman han de ir siguiendo a Akerbeltz... llamad a Gwaihir... os será de gran ayuda a la hora de seguir el rastro. Raudos y livianos como la niebla debéis ir.

Dicho esto, la figura se desvaneció. Basandere y la Dama Oscura llamaron a sus caballos, que habían estado al cuidado de los elfos. Cogiendo sus armas, se encaminaron veloces.

Arvedui y Saruwoman hicieron lo mismo, y se adentraron en el Bosque, hacia el norte, en busca de Gwaihir.

Curukambe los bendecía en voz baja mientras se alejaban. A pesar de saber la razón de su desasosiego, este no disminuía. El corazón le decía que aquello era el principio de algo peor... el tiempo pasaba rápidamente... y algo se acercaba desde el Mar de Rhûn...
Una leve sombra oscureció los grises ojos de Saradriel, pero Curukambe siguió contando:
Con una sombra en el corazón, Curukambe vagó por el bosque pensando en las palabras de Ulmo. Y fue al pensar en él, cuando algo le atrajo la atención. Había no muy lejos de él un charco. En el cual se había formado una cara. Era Ulmo, que lo llamaba otra vez.
- Acérquese señor elfo, algo mas queda por decir. He visto que la compañía no piensa del mismo modo. La desconfianza que el Ser intentara sembrar tendrá rápido resultado si continúan así.
- ¿Y que puedo hacer yo?, ¿Mi Señor?
- En la última esperanza la confianza recaerá en lo Oscuro, de nuevo la esperanza está en la raza de los hombres. Confía en aquella en la que todos desconfiaran. Además, preveo que los Dos Linajes tienen una pequeña esperanza de una nueva unión. Hasta aquí mis palabras. - dicho esto volvió a desaparecer y Curukambe quedó de nuevo pensativo.

Supo entonces que la conversación tendría que quedar en secreto. El ya sabía a que se referían las palabras del Vala. Tendría que actuar con mucho cuidado y desear suerte a sus compañeros.
En el calor de la historia, un nuevo huésped se acercó al fuego, se llamaba Angband, y esto fue lo que contó:
Finalizadas las palabras de Curukambe, Saruwoman y Arvedui raudos como el viento se disponían alcanzar a Akerbeltz antes de que algo oscuro comprometiera su vida. Debido al largo viaje Arvedui decidió dejar el mando de su ejército a Aerendor, gran amigo suyo y hábil en la guerra, ya que todo orco, Huargo o bestia salvaje tiembla nada más ver su arco. En el momento de la partida Aerendor mantuvo unas palabras con ambos miembros de la compañía:

- No os preocupéis, el Bosque de Rhûn estará a salvo. Nada se moverá en él sin mi permiso.

- Gratas palabras para mis oídos - replicó Saruwoman -, mas en vos confiamos. Nuestros temores se centran en el peligro que se cierne sobre todos nosotros. Partamos entonces Arvedui.

Con gran presteza ambos galoparon hacia el bosque con tal rapidez que las bestias que lo habitaban apenas distinguían dos sombras. A medida que pasaba el tiempo un sentimiento de desesperanza se cernía en sus cabezas. Pero realmente no sabían que estaban presos bajo un hechizo, una extraña criatura residía en lo más profundo del bosque.
- ¿De verdad crees que todo llegara a buen fin? - Logró decir Saruwoman entre una serie de murmullos.
Arvedui no encontró respuesta alguna a su duda, Saruwoman no podía responder a algo que ni ella misma sabría su desenlace, aun empleando su magia.

A medida que se internaban en el bosque, el aire era más pesado y casi irrespirable. Algo se notaba en el ambiente pero ninguno de los dos se atrevía a comentar nada. Poco a poco una niebla fue elevándose hasta que apenas lograban verse el uno al otro. Saruwoman debido a sus poderes podía ver mas allá que Arvedui. En ese instante logró decir:

- He aquí lo que me temía, vamos, Arvedui, desenvaina tu espada, tras largo tiempo de paz hemos de volver a luchar.
Dicho esto un grupo de Uruk-Hai se abalanzó sobre la montura del caballero y consiguió tirarlo al suelo. Su espada cayó a varios pies de su posición y se encontró indefenso ante el ataque de las bestias. Todo estaba perdido, el orco se disponía a clavarle la espada pero de la espesura de la niebla apareció una flecha, dorada como el fuego resultado de la magia de Saruwoman, que se incrustó en el abdomen del Uruk-Hai dejándolo dolorido en el suelo.

- Gracias, Saruwoman, te debo una.
- ¿Para qué están los amigos? - contestó ella.

Arvedui se levantó y logró ver su espada, clavada en un tronco, la tomó por la empuñadura y en el momento en que se daba la vuelta, consiguió rebanar el cuello a otra pestilente criatura. Una tras otra las criaturas iban cayendo, la victoria estaba próxima. Saruwoman poseía una destreza con la espada inigualable, nadie hasta ese momento había conseguido tocarla hasta que presa del hechizo, bajó la guardia un instante. De repente un huargo aparecido de la nada consiguió herirla en el brazo, eran instantes tensos pero es en esos momentos cuando los Hombres dan todo de sí y con un salto Arvedui consiguió abalanzarse sobre el huargo. La bestia se desentendió de la bella dama y como un poseso empezó a recorrer el bosque, pero nada pudo hacer cuando sintió el frío acero en su cuello. Sin control ninguno fue directamente contra un árbol, Arvedui logró saltar a tiempo pero no pudo esquivar un montón de piedras y quedó inconsciente en el suelo. El bosque estaba ahora en calma, la niebla se disipaba, Saruwoman aunque herida en un brazo podía caminar sin problemas.
– ¡¡Arvedui!! ¡¡Arvedui!! Gritaba la bella dama, pero no encontraba respuesta alguna. Ambos se encontraban en el bosque perdidos, cuando apareció...
Akerbeltz le miró complacido y prosiguió:
Basandere y Saradriel llegaron a un refugio entre las rocas y pararon para descansar las monturas. La númenóreana negra encendía un fuego con unos movimientos de manos, la elfa, que la vio, preguntó intrigada...
- ¿Dónde aprendiste esas artes?
Saradriel la miró, y sin quitarse la capucha, guardó silencio.
Esa noche, durante la guardia de la Dama Oscura, Basandere fingió permanecer en trance. Y observó en la oscuridad, gracias a su penetrante vista, cómo Saradriel sacaba algo de entre sus cosas y se alejaba unos metros en el bosque. Basandere se acercó sigilosamente, sus pisadas no hacían más ruido del que lo harían las de una hormiga. En la oscura noche sin luna, observó... observó a Saradriel, que sacó una pequeña bola oscura que en su mano brilló con una luz tenue. En ella se dibujaba una forma, una forma que empezó a dibujarse claramente, y cuando adquirió la inconfundible forma del macho cabrío, Basandere dejó escapar un grito casi inaudible. Pero la silenciosa noche la había delatado, y Saradriel volvió hacia ella sus ojos que refulgían en la oscuridad como dos brasas ardientes. Un rayo de luz escapó de su mano y alcanzó a Basandere cuando saltaba hacia atrás; el impacto no le dio de lleno, pero notó un fuerte dolor en el brazo. Corrió hacia el caballo y montó de un salto, escapando hacia el norte.

En esos momentos, Akerbeltz seguía el rastro de Derwydd, que se internaba en una enorme grieta que se abría en medio del helado desierto. No dejaba de pensar en lo ocurrido anteriormente con Basandere, pues algo extraño sentía dentro de él, algo que aún no podía explicarse, pero la desaparición de Derwydd, y los problemas de la Compañía lo tenían sumido en un permanente estado de preocupación. Bajó ágilmente por las paredes de la grieta, pues sus pezuñas eran muy buenas para ello, cuando alcanzó el fondo, no pudo fijarse que alguien lo observaba desde la superficie.
Baranduin se dispuso a intervenir, pero antes tomó aliento y habló durante un rato:
Mientras tanto Baranduin llegó a donde estaban el resto reunidos, y pidió que le trajesen la Joya de Vrodda, y la sacó de su cofre guardada, y todos vieron una joya de deslumbrantes colores, que cambiaban constantemente pero de manera uniforme, presentando la piedra siempre de un solo pero cambiante color. Estaba engastada en un colgante de Mithril, que la hacía aún más espléndida. Baranduin entonces habló con voz grave:
- En los tiempos antiguos, cuando los Noldor construyeron la Gran Fortaleza Oculta de Gondolin, se reunieron allí los más altos orfebres de entre ellos, y crearon las Siete Piedras, Joyas poderosas. Yo estuve allí, y antes de la caída las reuní, y tras el Fin de Angband, tras la Guerra de la Cólera, tuve la oportunidad de llevarlas a Aman y allí fueron santificadas por Siete de entre los Valar. La primera y principal es la Vilyamírë, la Piedra de los Aires, santificada y guardada por Manwë en el Taniquetil. La segunda joya, la Piedra del Fuego, Narmírë, fue sagrada por Varda, que la mandó guardar en el Lejano Harad, allí donde el Sol es más fuerte. Yavanna consagró la Cuimmírë, la Joya de la Vida, que se guardó allí donde estaba Hildorien, donde los Hombres nacieron. La Cememmírë, la Piedra de la Tierra, fue tomada bajo la protección de Aulë, y se guardó cerca del Cruel Caradhras, donde el Mithril es más potente. Ulmo guardó la Nénimírë, la Piedra de las Aguas, allá donde los Eldar despertaron, en Cuivienen. La Olormírë fue tomada por Lórien, Piedra de los Sueños, y fue guardada cerca de Imladris, en un lugar secreto allí donde los Maiar de la Tierra Media nos reunimos en Alto Concilio; solo Elrond sabe de su existencia. Por último, la Nurumírë, la Piedra de la Muerte, la Piedra de Mandos, fue ocultada por él mismo, y nadie sabe donde se encuentra. Así fue dicho cuando hube de volver a la Tierra Media, y en dichos sitios oculté las piedras, antes de volver a Eregion, donde había de cumplir una última misión. Pero algunas Piedras hubieron de ser movidas de sitio, por la seguridad de la Tierra Media. Esta es la Cuimmírë, la Joya de la Vida, capaz de sanar al herido y dar esperanza al moribundo. Fueron consagradas bajo un alto poder, y ninguno que no fuese creado directamente por la Mente de Ilúvatar puede conseguir controlarlas. Esta Piedra tiene ahora una misión que cumplir, y después habrá de regresar a Aman la Bendecida, pues es nuestro último recurso para revivir los Dos Árboles. Yo me proclamo Guardián de la Piedra, como lo hice al Principio de la Segunda Edad.

El silencio había cubierto el campamento, y sin darse cuenta la noche estaba cayendo. Entonces Baranduin mandó que le trajesen a Vrodda, y así se hizo.
- ¡Urîd yakallubim, Vrodda!
- ¡Bâ kitabdahê, Shagrat! - Respondió el preso.
Entonces Baranduin lanzó una carcajada larga, y le volvió a preguntar en aquella lengua extraña para casi todos. Solo unos pocos, que aún recordaban los tiempos en que Hi-Akallabêth era Númenórë la Bella, reconocieron la Lengua natal de Númenor, el Adûnaic. Pronto todos perdieron el interés por la conversación, y fueron preparando las hogueras y la cena, así como lo necesario para la noche. Pasó el tiempo, cenaron, y se fueron a acostar, mientras Vrodda seguía siendo interrogado por Baranduin. Al amanecer, el interrogatorio proseguía, y ninguno de los dos mostraba cansancio. Al mediodía, el interrogatorio acabó, y Baranduin mandó liberar a Vrodda. Ante el espanto de todos, Baranduin aclaró:
- Todo lo que hubiese que preguntar ya está aclarado. Él no volverá a su pueblo, pues él es el único de su Pueblo. Un Pueblo más antiguo que Númenor la Caída. Su Pueblo ya luchaba contra Melkor antes de que Bëor llegase a Beleriand, es uno de los Pueblos Nobles de entre los Hombres. Y Vrodda no es su nombre, sino que se llama Eglormell, un nombre élfico en una lengua que muy pocos recuerdan. Pues su raza se mezcló con los Ilkorini que partieron de Beleriand, y aunque eligieron la vida de los Hombres, este hombre tiene 800 años más que cualquier Mortal aquí reunido. Es uno de los nuestros, aunque actuaba como agente. Consiguió recuperar la Piedra de la Vida, y ahora parte a por la Nénimírë, pues ese es su Destino. Partirá a pie, hacia el Este, más lejos de lo que ninguno de vosotros se haya atrevido antes a ir. "Sí lelya serenen, Eglormell, Eldandil altalambessë, á lelya ar turë i Nénimírë, ar tula ninna, antien so." - y dicho esto, siguió:
- Le pedí a Bëorn que os protegiese y alimentase, así que nos os asustéis ante él. Pero veo que el peligro no está afuera, sino aquí mismo. Entre vosotros, hay alguien que os hará más mal que el que os puedan hacer los orcos que acampan cerca de este lugar. Un mal que no había visto desde la Guerra de la Cólera, que no había oído desde la Destrucción del Pueblo de Moria, que no había olido desde la Batalla de Utumno, un mal intenso, un mal perverso, un mal destructor. Cuidaos de él, pues ni la Peste ni la Matanza de las Familias causaron más bajas, ni la Nirnaeth Arnoediad fue tan letal. Un mal sutil pero eficaz. Presiento una desgracia antes del final. Ahora he de partir, marchar hacia el Haradwaith, pero volveré. Mandaré ayuda, pero recordad que no llegará hasta el momento justo: no antes, quizás después de lo que creáis. No desesperéis, nunca os dejaré solos. Ahora, marcho hacia el Sur, y Vrodda hasta el Este. Por cierto, ¿donde está Akerbeltz? Un gran mal le persigue por alguna misteriosa razón, y he de avisarle, pues así se me pidió en Alto Concilio de Maiar. Namárië, elponipisannórë, namárië!

Y así partió Baranduin de nuevo, con la Piedra, sin revelar algunos secretos y dejando otras muchas preguntas. La noche cubrió la tierra, y densos nubarrones impedían divisar las estrellas. La obscuridad era más densa de lo normal. Tan densa que todos los corazones se apesadumbraron, desconfiados y desconfiantes.
Akerbeltz dejó que tomara respiro y continuó:
Mientras tanto, Akerbeltz caminaba cautelosamente por la caverna abierta en el suelo del Desierto. Parecía haberse formado recientemente, y algunas de las rocas todavía humeaban. Al cabo de un rato, llegó a una gran bóveda de hielo, cegados casi los ojos por el blanco resplandor de sus innumerables estalactitas, el maia divisó a lo lejos una superficie brillante y lisa. Se trataba de un lago helado que ocupaba la mayor parte de la bóveda. Se dirigió hacia allí, saltando ágilmente por entre las rocas de hielo. Cuando puso pie (o pezuña) en la superficie del lago, creyó ver mas o menos en la mitad de él, una especie de columna de hielo. Avanzó deprisa hacia ella y cuando estuvo lo suficientemente cerca para verla en detalle, quedó estupefacto, pues en el interior de la columna se encontraba el cuerpo de Derwydd, en perfecto estado de conservación. Akerbeltz rodeó la columna buscando una manera de liberarlo, más no pudo ver ninguna grieta. Sin embargo, se fijó que el Istar aferraba entre sus manos una especie de placa de hielo azul. Sus poderes no incluían el manejo del fuego secreto, por lo que no tenía otra elección que usar la cabeza. Y eso es lo que hizo. Se alejó unos cuantos metros de la columna, y se precipitó hacia ella con inusitada velocidad, dando un poderoso testarazo en mitad de ella, resquebrajándose lo suficiente como para permitir a Derwydd salir de su cautiverio.
Tras quitar los trozos de hielo del cuerpo de Derwydd, le dio a beber de un frasco que portaba en su cinturón, lo que reconfortó notablemente el cuerpo del Istar, que contó a Akerbeltz lo ocurrido en pocas palabras. Según él, mientras andaba con AiNuR, una piedra ardiente cayó del cielo, abriendo un gran boquete en el suelo, Derwydd cayó en la sima y de AiNuR nada más supo; Llegó a un lago subterráneo y al intentar atravesarlo, una gran figura apareció de sus aguas y lo pilló desprevenido, no estando en su elemento, las aguas del lago se congelaron de forma repentina y se vio atrapado en un gran chorro de agua surgido de las profundidades, más, que era la extraña criatura, Derwydd no lo sabía... aún.
De repente, ambos compañeros notaron que el hielo temblaba, iban a conocer pronto lo que los amenazaba.
Del otro extremo del lago, una figura colosal se acercaba rápidamente, tenía figura de hombre, más sus dimensiones excedían en todo cuanto habían conocido, su piel era hielo puro, sus crines escarcha y una tormenta de nieve lo envolvía como dos vastas alas. ;)
- Es un Helcarauco... dijo Akerbeltz
- ¡Un Demonio de Hielo! - replicó Derwydd, mientras se preparaba para la lucha - esta vez no me cogerá desprevenido...
La criatura se abalanzó sobre ellos envuelto en una furiosa tormenta de frío y maldad, Akerbeltz notaba que cada vez que se acercaba, sus miembros se entumecían rápidamente, con un frío mortal que atenazaba el corazón, y Derwydd se protegía con un escudo de calor, mientras preparaba un contraconjuro de Ardor Candente. Lanzó con furia una Lanza de Fuego hacia el Demonio, pero logró esquivarla con rapidez, sin embargo, dio de lleno en el techo de la bóveda, y ésta se resquebrajó. Akerbeltz por su parte se lanzaba contra el Helcarauco, dándole testarazos una y otra vez, aunque sentía que cada vez le costaba más, pues el frío le agarraba las entrañas como una helada garra afilada.
En esas, Derwydd siguió lanzando Llamas de Anor, dirigidas a la criatura, que se recuperaba rápidamente, pues la nieve que permanente tormentaba en torno a él, cubría con prontitud todos aquellos puntos donde sufriera daño. Entonces, Akerbeltz lanzó un nuevo y potentísimo testarazo contra el pecho del Demonio, que reculó hacia atrás del impacto, y el ainu rebotó hacia el lado opuesto, completamente aturdido, y apenas pudo levantarse cuando vio llegar de nuevo al gélido ser. La tormenta de hielo y la desesperación cubrían a Akerbeltz, que en un último esfuerzo, gritó a través de la nieve...
- La columna, Derwydd... la... columna!
El Istar apenas percibió la voz del ainu a través de la tormenta, pero no tardó en darse cuenta de las intenciones de su compañero en apuros, reunió todas sus fuerzas en una gran Bola de Fuego, que lanzó con gran ímpetu hacia lo que quedaba de la columna donde había estado atrapado... columna que sujetaba la bóveda sobre la que se encontraban...
El sonido fue estremecedor, el Demonio volvió atrás la vista en el instante en que se echaba encima de Akerbeltz, y una lluvia de estalactitas puntiagudas cayó sobre él, Derwydd actuó con presteza y sacó a Akerbeltz de allí debajo, lo envolvió en su escudo de calor y se precipitó hacia la salida de la Grieta, mientras las estalactitas seguían cayendo a pocos metros de ellos, y el Helcarauco quedaba sepultado entre la esencia de su propio cuerpo. Tal vez no cayó ahí, pero se lo pensaría mejor antes de atacar a Derwydd y Akerbeltz.
Ahora bien, los dos compañeros llegaron a la cima de la grieta, y se encontraron con algo que nunca hubiesen imaginado...
El mano a mano entre Baranduin y Akerbeltz prosiguió:
Baranduin, mientras tanto, galopaba veloz por el Sur, cuando al llegar a Khând notó que lo seguían un grupo de crebain desde Mordor. "Esto no me gusta", pensó. De modo que, lanzando un poderoso conjuro, grito:
- Ai, Varda Elentári! Ai, Manwë Súlimo! Nai i sorni tuluvar ninna! Nai tuluvar ninna i olózi Irmo!
- Lacho-en-ýl, dan i grebain!
Y las crebain cayeron una a una. Pero eso no le gustó, así que galopó más fuerte y mutó sus formas, más siempre veía Crebain tras él. Repitió el hechizo innumerables veces, pero el cansancio del viaje y de la magia lo hizo desistir, y permitió a las crebain que lo siguiesen. Hasta que una noche, simplemente desapareció. Pero las crebain siguieron en su sitio, y cada vez había más en la región, y lo mismo sucedió en el norte, donde nuestros amigos estaban...

Pasados dos días, un pájaro gritó a Curukambe:
- Ai, Curucambë, aurilyar umar andë, sí i lómë tula, ar Parmelambë ifírië... Coge a tus compañeros, y escondeos en los bosques, pues esta noche pasará una compañía de Olog-Hai, y vuestras fuerzas son pequeñas. Me envía Radagast, pues un águila de Manwë le avisó por mediación de aquel que llamáis Baranduin, mas no es ese su nombre entre los elfos. Aunque esas no son cosas que deban de ser ahora reveladas. Mañana por la mañana encended grandes hogueras en este mismo sitio, pues las Crebain que llegan aquí mismo han de ser incineradas. así que reúne a los tuyos, y escondeos bien, pues Baranduin está por llegar y habéis de ser muchos.
Dicho esto, el pájaro tomó el vuelo y desapareció. Curukambe mandó reunir a todos, pero Saruwoman había desaparecido. Se escondieron en el bosque, pero no durmieron, pues fuertes tambores sonaban en el linde del bosque...
A lo que Akerbeltz contestó:
Mientras Aker y Derwydd luchaban con el Helcarauco, Basandere se aproximaba a la Gran Grieta a gran velocidad, y al llegar a sus proximidades, frenó su caballo y se apeó. Mientras lo hacía, una flecha salió volando desde detrás de unas rocas, pero Basandere la percibió y pudo esquivarla, pero con tan pérfida intención viajaba la saeta que impactó en el cuello del caballo, matándolo en el acto. La elfa apuntó el arco qué rápidamente había sacado, hacia las rocas, pero los dedos se le atenazaron en la cuerda, cuando vio lo que se le acercaba...
Sus ojos élficos no daban crédito, creyó estar soñando cuando se vio a ella misma acercándose a sí. Pero sus pensamientos no pudieron llegar a nada claro pues se vieron interrumpidos por el ataque del ser igual a sí misma, que se lanzó hacia ella con furor en la mirada y armada de dos largos cuchillos negros. Basandere saltó hacia atrás y desenfundó en el aire una delgada espada con la empuñadura de jade, parando, al caer, el embiste de su clon.
Las dos figuras se encaraban frente a la Grieta y luchaban con tesón, la victoria parecía no decantarse por nadie, pues eran prácticamente iguales en fuerza y destreza, pero he aquí que apareció por detrás AiNuR, y con un poderoso movimiento de su vara, arrojó a Basandere sobre el mismo borde del precipicio. Sus miembros quedaron paralizados, y su mente no podía creer lo que veía, ¡ AiNuR estaba con ella!
En ese instante, un sonido de cascos se acercaba por el desierto, en un brioso corcel negro y envuelta en un manto del mismo color, se acercaba Saradriel, la Dama Oscura...
Paró su caballo junto a la indefensa Basandere, mientras hacía un gesto a AiNuR y al clon de Basandere, y sin bajarse del caballo, sonrío mientras contemplaba a la elfa en el suelo.
- Vaya! Te encontraste con tu horma! Mi criatura no ha conseguido su objetivo, pero he aquí que tú lo lograrás...y con la ayuda del conjurado AiNuR, lograré someter a Akerbeltz...
- Eso nunca va a pasar...- resonó una voz desde el borde de la Grieta.
En ese instante, Derwydd y Akerbeltz asomaban por la hendidura, viendo asombrados el terrible espectáculo. Todos se pusieron en guardia, Akerbeltz levantó las cadenas invisibles que sometían a Basandere mientras Derwydd se preparaba para atacar a Saradriel, pero no contaba con AiNuR, que con un movimiento de mano arrojó a Derwydd a unos cuantos metros, momento que aprovechó Saradriel para atraer, con un movimiento de su mano, el extraño objeto que portaba, la extraña placa de hielo que Akerbeltz había visto en sus manos cuando estaba aprisionado en la columna. Basandere había recuperado su compostura y luchaba de nuevo con su doble, y Akerbeltz, viendo el extraño giro de los acontecimientos, se acercó a AiNuR, que acometía de nuevo a Derwydd, y le gritó:
AiNuR! ¡Que te ocurre! ¡Despierta! Somos amigos! Recuerda!
Pero recibió un fuerte golpe que lo derribó, mientras Saradriel reía con fuerza, incitándole a acabar con ellos...
El maia comprendió lo que ocurría y miró a la Dama Oscura, y vio que sujetaba una pequeña esfera oscura. Concentró todo su poder y dando un fuerte pisotón al suelo, este tembló con fuerza, saliendo de su pezuña una grieta que hizo encabritarse al negro corcel de Saradriel, derribándola al suelo, momento que aprovechó el maia cornamentado para recoger la extraña piedra. La examinó un instante y la apretó entre sus manos, hasta que estalló y quedó reducida a polvo. Saradriel miró el hecho horrorizada, montó de un salto en su caballo y partió entre mil tempestades, dejando un reguero de maldiciones tras de sí. Entretanto, AiNuR se encontraba de nuevo aturdido, los pensamientos confusos y vio como entre sueños a Derwydd y Akerbeltz que se le acercaban, mientras el eco de algunas palabras le resonaban en su mente...Poney...hierba para pipa... AiNuR...Mantecona...cerveza... AiNuR...
- AiNuR!! ¿Te encuentras bien?
AiNuR miró a Akerbeltz. Estaba muy serio. Sus ojos perdidos. Pero un brillo repentino refulgió en ellos, y una sonrisa empezaba a dibujarse en su rostro...
- Muy bien, estoy muy bien...amigo...
- A ver, si habéis terminado de recordar los viejos momentos en El Poney, me gustaría acabar con esto de una vez.
Así dijo Basandere mientras pasaba junto a ellos en fervorosa lucha con su doble, hasta que consiguió situarla de espaldas al precipicio, y lanzó uno de sus cuchillos contra ella, pero ésta lo atrapó con las palmas de las manos justo antes de alcanzar su pecho. Pero Basandere se lanzó hacia ella, y con una fuerte patada, le hundió la hoja hasta la empuñadura, acabando con la criatura, que cayó al precipicio y se derritió dejando una masa de barro sin forma.
Basandere la contemplaba desde el borde, y se volvió al rato hacia los tres, que la miraban con alegría. Akerbeltz se acercó a ella y la abrazó, pero al fin, dijo:
- Derwydd...no tuve tiempo de preguntarte qué era el objeto que tenías entre tus manos...
- Lo encontré en la bóveda de hielo, al parecer cayó del cielo abriendo la Gran Grieta, y despertando al Helcarauco...era un mapa, un mapa de hielo.
- ¿Un mapa? ¿de qué?
- Es el Mapa de Hielo, y en él está escrito dónde se encuentra el Grimorio, así que es preciso encontrarlo antes de que Saradriel lo use, de lo contrario estaremos perdidos...
- Partamos, entonces, viajaremos de día y noche, el resto de la Compañía puede estar en apuros...
Así de nuevo, partieron al sur, siguiendo los pasos de Saradriel, que se encaminaba de nuevo al Bosque de Rhûn, algo frustrada pero contenta, al fin y al cabo, pues portaba entre sus manos algo muy preciado, pero ella sabía que había de ser cuidadosa, pues cada paso al sur hacía aumentar la temperatura, poniendo en peligro el Mapa...
Baranduin, ya cercano el gran desenlace, siguió contando con gran detalle:
Mientras tanto en el bosque...
... Las trompas de los orcos resonaron. Tambores en la lejanía. Gritos, maléficas risas, quejidos de algún animal, silencio. Nadie en el bosque durmió esa noche, y el aire permanecía en absoluto silencio. Poco a poco salió el sol, y cuando miraron, vieron el rastro dejado por los Trolls. Árboles tronchados, piedras demolidas, y animales vilmente desmembrados. Había sangre a lo largo de todo el camino, y colgando de un árbol, los despojos de un elfo, totalmente irreconocibles. Sus ropajes pertenecían al pueblo del Reino de Thranduil, al Norte del Taur-nu-Fuin, el Bosque Negro. Observando los despojos estaban cuando una Creban se posó cerca. Entonces Curukambe recordó las palabras del pájaro y gritó:
- ¡Encended hogueras!
Y las hogueras se encendieron, y las crebain empezaron a llover del cielo, y caían fulminadas, y eran recogidas y llevadas a las hogueras. Y una aliento lóbrego y pestilente llenó el aire, pero nadie decayó en la quema de aves.

Así pasaron el día, recogiendo aves. Cuando terminaron, el Sol incendiaba el horizonte, y decidieron cenar. Estaban terminando de cenar cuando un gran bufido llenó el aire.
- ¡Cuernos orcos! ¡A las armas! ¡Nos atacan! ¡Gurth an Glamhoth!
Una horda de orcos inundó el bosque, y las flechas lloviera sobre el campamento. Aquellos con mejor vista decían que había más de cinco centenares de orcos, un gran ejercito. Hubo una gran batalla, y muchos de uno y de otro bando cayeron.
Tres Uruk-Hai acorralaron a Curukambe. Curukambe gritó un viejo linnod: "Elbereth Gilthoniel o menel palan-diriel, le nallon sí di-nguruthos!" y se abalanzó contra los orcos. Pero no pudo llegar. Un gran grito se oyó por encima del griterío:
- Naur an edraith ammen! Naur dan i 'lamhoth!
Y los tres Uruk-Hai cayeron en llamas, junto a varios otros más que se encontraban cerca. Y un poderoso y destelleante jinete blanco apareció entre las sombras, seguido de una éothed. Las espadas de todos brillaron con una luz extraña cuando el misterioso jinete gritó "Lacho calad, drego morn. Auta i lómë. I aurë tula!", y parecieron cobrar vida propia, y todos los orcos fueron masacrados. Cuando contaron las pérdidas (aparte del campamento, habían caído muchas personas, y otros muchos estaban heridos) se dieron cuanta de que el misterioso jinete había desaparecido. Entonces preguntaron a los Rohirrim:
- Éonath (pues así se llamaba el ahora capitán de los Tohir), ¿quién era aquel que os guió?
- No nos es sabido, pues surgió en el día de ayer por la mañana de entre las sombras, y habló hacia nosotros en la lengua élfica diciendo: "Dagor daur tôl. Tólo imim, a maetho 'lamhoth. Mellyn nîn fírithar nu 'lamhoth ne Thoer-e·'Rûn. Noro lim, i tûl acharn!". Por fortuna, mi hermano aquí caído había vivido largo tiempo en las Tierras de Gondor, y conocía la lengua. En lengua común, quiere decir: "Una gran batalla se acerca. Venid conmigo, y luchad la horda orca. Mis amigos morirán sino allá en los Bosques de las Tierras Orientales, que los elfos llaman Rhûn. ¡Apresuraos pues, que la venganza llega!". Y desapareció, mas una estela en el cielo nos guió en el camino, y nuestros caballos no se cansaron. Llevamos más de un día de cabalgada, sin los descansos necesarios, y a una milla media de llegar a este lugar un fuego imperioso brotó del suelo y nos guió. Así es como llegamos a este lugar, y así es como os encontramos. Siento haber llegado tarde, pero cuando menos, ¡podríais haber dejado para nosotros alguna centena más! Nuestros caballos están cansados, aunque yo y mis hombres tenemos la sangre caliente aún, después de la batalla. Mas pedimos a vos que nos dejéis dormir esta noche con vosotros, y tal vez acompañaros en esta grandiosa aventura que parece ser, y así quizás nos sea posible el aclarar ciertas dudas y preguntas sobre aquel Destello Esplendoroso.

Así es como media éothed se unió a la compañía, que crecía en número igual que en alegría. Pero cada vez se acumulaban más preguntas sin respuesta, y algunas respuestas sin preguntas.
¿Quién era aquel destello?
¿Dónde estaba Baranduin?
¿Para qué servían las Piedras?
¿Qué era el mal que los acechaba, según Baranduin?
¿Por qué había desaparecido Saruwoman?
Y la más importante:
¿Dónde estaban Akerbeltz, Derwydd, Basandere, AiNuR, y aquella númenóreana negra, Saradriel?
Akerbeltz enseguida aclaró algunas de estas dudas, prosiguiendo:

Saruwoman deambulaba por el bosque, tras el ataque de los Huargos, buscando a Arvedui. De repente, ante ella, un Viento del Norte hizo su aparición, envuelta en él, cabalgaba Saradriel.
- Hola Saruwoman...- La miró con los ojos centelleantes, y una oscura sonrisa aparecía en su rostro.

Más al norte, Akerbeltz y compañía corrían sin cesar, el tiempo apremiaba, las Águilas hallabanse en otros asuntos más al Este. Pasaron uno, dos y tres días, hasta que alcanzaron los lindes del Bosque de Rhûn. Tan ensimismados iban siguiendo las huellas de la Dama Oscura, que no se percataron de que una presencia les bloqueaba el camino...envuelta en una capa azul, Saruwoman hizo ostentación de su poder, y lanzó un hechizo de paralización hacia los cuatro caminantes. Pero su obnubilación la hizo creer que podría superar el poder de los cuatro, y AiNuR, que ya no iba a volver a caer en otro conjuro, levantó la mano y mandó por los aires a la Istar. Akerbeltz retuvo el brazo de Derwydd cuando se disponía a lanzar una terrible Bola de Fuego, y se acercó a Saruwoman. Parecía inconsciente y la levantó despacio, mientras sus ojos iban recuperando la consciencia.
Do...dónde estoy? ¿Qué... ha pasado?????- dijo entrecortadamente.
- Ya pasó, una sombra cayó sobre tí, una sombra en forma de...
- Saradriel!!! Ella me previno contra vosotros!! Me dijo que os retuviera aquí. Llegó y encontró a Arvedui, al que yo estaba buscando, y se lo llevó en su caballo.

Akerbeltz se incorporó y miró al sur, como pudiendo ver más allá del Bosque. Luego se volvió y miró a los otros, diciendo gravemente:
- Saradriel hará suyos a los Hombres de Arvedui, parece tener un poder especial de carisma. Si no llegamos a tiempo, puede haber una matanza entre hermanos. Sin embargo no creo que se detenga mucho tiempo en el bosque, el viento sopla del Sur y trae calor, lo que hará que busque un sitio más fresco para que el mapa se conserve.
- No lo creo, Akerbeltz...- dijo Saruwoman avergonzadamente
- Por qué dices eso?
- Me pidió que le enseñara un conjuro. Un conjuro de enfriamiento.
- Por Manwë, estamos perdidos, - dijo Derwydd- si encuentra el Grimorio...
- De que habláis? - dijo Saruwoman
- Es un libro muy poderoso, si cae en sus manos, es la perdición de todos.

No tardaron en salir en marcha. Al anochecer del segundo día, llegaron al claro del Bosque de Rhûn. La Fuente de Luz seguía ahí, pero ya no manaba agua, manaba sangre...roja...
Curukambe continuó contando:

Mientras los AiNuR y Basandere iban tras de Saradriel y esta se encontraba con Saruwoman, Curukambe permanecía en Rhûn, organizando a la gente y enseñándoles los secretos de aquel bosque.

Algo ocurría, lo podía notar, algo malo pasaba. Largo rato pasó pensando y algo en su interior le decía que debía estar preparado para una prueba que decidiría muchas cosas. Y en esto que Saradriel pasó por el bosque de Rhûn y Curukambe la observó, parecía tener prisa. Se paró un segundo delante de Curukambe y se marcho con Arvedui hacia el Sur.

En el tiempo que estuvo cruzando su mirada con la de Curukambe, a este le dio tiempo a fijarse en algo que nunca había notado en Saradriel, tenía un extraño brillo en los ojos, los cuales, sin explicación, parecían fríos como el hielo.

Fue a la Fuente de la Luz, pero en cuanto llegó, comenzó a brotar sangre de ella. Esto preocupó mucho a Curukambe, era una difícil situación que nunca había vivido. Saradriel se había ido hacía bastante tiempo cuando llegaron por fin al bosque Akerbeltz, Derwydd, AiNuR y Basandere con Saruwoman un poco aturdida.

- Esperada esta hora, sin duda- dijo Curukambe- Pasó Saradriel por aquí pero...
- Saradriel es malvada - le interrumpió Akerbeltz.
- Tiene un gran poder y lo utiliza para confundirnos y hacernos pelear entre nosotros - añadió Basandere.
- Algo he notado, según creo ya habéis visto la fuente y aquí todo el mundo anda histérico de un lado para otro, pocos somos los que mantenemos la calma.

Rápidamente contaron al elfo la historia que cada uno había protagonizado y este meditó profundamente. Debéis ir vosotros tras Saradriel, yo debo quedarme aquí en mi hogar, pues soy necesario, además, mandaré un mensaje a las águilas para que nos traigan noticias de Baranduin. Marchad ahora, pues tengo un mal presentimiento, pero creo que necesitare ayuda aquí, ¿uno de vosotros podría quedarse aquí?.
Ciertamente, no puedo pedirle mas ayuda a los miembros del Poney que aquí se encuentran, están vigilando, pues orcos nos amenazan y ellos se preparan para una batalla. Decidid ahora si alguno puede quedarse...
Baranduin prosiguió a continuación:

Las águilas fueron en busca de Baranduin, pero regresaron sin noticias... ¿Qué había ocurrido?
Akerbeltz, AiNuR, Basandere y Derwydd persiguieron a Saradriel, pero Saruwoman se quedó. Llegó la noche y los orcos atacaron.

Hubo un momento de descanso, momento que aprovechó Mantecona para llenar de nuevo las jarras, y Akerbeltz, llenando su pipa de hierba para pipa, la encendió mientras continuaba contando entre bocanada y bocanada:

Apenas hubieron salido del Bosque cuando oyeron ruido de batalla detrás.
- Hemos de volver, nuestro amigos están en peligro - gritó Akerbeltz.
- ¡NO!, partid tú y Derwydd - replicó AiNuR - Basandere y yo volveremos y los contendremos, Saradriel no debe encontrar el Grimorio o todo estará perdido.
Akerbeltz meditó sobre ello y miró a Basandere a los ojos.
- Ten cuidado - le dijo en un susurro - si te encuentras en aprietos, no dudes en llamarme, de una forma u otra, acudiré...
- Vamos, el tiempo apremia - dijo Derwydd.
Y marcharon hacia el Mar de Rhûn, mientras el ainu y la elfa silvana deshacían sus pasos en dirección al clamor de la batalla, cuando llegaron vieron asombrados que el presentimiento de Akerbeltz había sido acertado, pues se desarrollaba una lucha entre hermanos, los Hombres de Arvedui, inducidos por Saradriel y la media éothed mandada por Baranduin. Muchos muertos hubo, pues los Hombres de Arvedui parecían cegados por una sombra fría y se arrojaban a la lucha con gran desprecio de su propia vida, pero en el calor de la batalla, aparecieron el poderoso AiNuR y la Señora del Bosque, y un gran resplandor hubo y las hojas de los árboles temblaron como movidas por las manos de los Dioses, el suelo tembló y el viento sopló con furia. El ainu se acercó a la Fuente de Sangre y metió la punta de su cayado, al tiempo que una canción profunda salió de su garganta, y el viento paró, y las hojas dejaron de temblar, y la paz volvió al bosque. Al instante, las aguas brotaron de nuevo blancas y cristalinas, y los Hombres de Arvedui cayeron al suelo y se cubrieron el rostro, avergonzados. Éonath, el Capitán, paró a sus hombres, y Curukambe y los demás miembros del Poney se acercaron en torno a la Fuente. Fue entonces cuando alguien inesperado hizo su aparición...

Más al Sur, Derwydd y Akerbeltz llegaban a un poblado abandonado en la costa del mar, pero allí las huellas se perdían. Entonces el maia echó en falta la vista de Basandere, pues creyó distinguir un punto negro en el mar distante. Sin embargo, aunque su vista no, su corazón le decía que allí iba la causa de sus males. Rápidamente, cogieron un bote que aún quedaba, más vieron que estaba destrozado, pero Derwydd usó un conjuro para hacerlo flotable y partieron en pos de la Dama Oscura. Pero muy rápido habrían de remar, pues la ventaja ya era mucha. Tal vez Akerbeltz podría hacer uso de unos viejos amigos...
Baranduin tomó el relevo:

Aquella noche, la primera despejada en algún tiempo, una estrella fugaz pasó sobre los campos de cadáveres. Y Baranduin llegó en su caballo al campamento, y abriendo sin decir una palabra un cofre, el día se hizo por un momento. Pues al momento cerró el arca, y dijo:
- Mae Govannen, elpónipisanólie! Aiya ar Namárië! Pues raudo parto hacia el corazón de la Isla del Mar de Rhûn, con malas noticias. Pues ese resplandor provenía de Seis de las Piedras. Pues una me fue enviada desde el Taniquetil, y las otras las recogieron varios amigos en diversas partes. Pero al llegar al lugar de la Séptima Piedra, la zona estaba excavada y la Piedra desaparecida. Pues no es otro que Mornolózion nuestro enemigo, que en un principio fue coevo de aquel que vosotros llamáis Mithrandir, y que estuvo al servicio de Lórien. Pero ahora se ha demostrado que él es ahora servidor del Enemigo. Veo que la Sombra os ha abandonado, pero cuidaos, pues él es capaz de crear Sueños y Fantasmas, que nublan la mente y hacen luchar a los amigos. Por ello, he de partir, antes de que peores cosas ocurran. Si veis a Akerbeltz o a Derwydd, decidles que sólo con las Piedras encontrarán el Grimorio, pues son al mismo tiempo llave y arma. Pues se ha dicho:
Cuando las Estrellas del Carro se unan, se podrá ver lo oculto, y la Luz de las Estrellas destruirá la Sombra Maligna. Sólo una vez se podrán usar, y después, habrán de viajar a las Tierras Bendecidas para ser de nuevo santificadas. Y en esta vez que se usen, la Estrella del Extremo, que los elfos llaman otso [siete], provendrá del Enemigo, y así un sirviente del Enemigo le traicionará y la sacará, y el Enemigo perecerá.
Así me dijo Mandos cuando me entregó la Última Piedra, y así os digo a vosotros. Decidle que corra al encuentro mío, pero que yo solo llegaré cuando todo parezca perdido y el Enemigo crea haber vencido. Decídselo, pues el momento se acerca. A vosotros os protegerá Faegalad, que envié en una ocasión, como espíritu ardiente que es, junto a media Éothed. Pero eso no implica el descuido, pues muchos poderes mayores que el de Faegalad van en vuestra contra.

Y así partió Baranduin, con las Seis Piedras, a cumplir una misión largamente encomendada.
Saradriel que ha rato yacía silenciosa, aunque permanecía muy atenta, continuó:
Mientras estos asuntos acontecían en el norte, en el sur, la Dama Oscura remaba ávidamente...le dolían los brazos y un frío le recorría el cuerpo, provocado por el mapa helado. Cada cierto tiempo se detenía y ponía en práctica los hechizos de Saruwoman, que eran muy efectivos.
Negó con la cabeza
- Lástima haber tenido que utilizar a tan buena muchacha... a veces es indispensable para ganar, hacer sufrir...y en este momento... es a mí a quién le toca cumplir su objetivo...- estaba exultante.

Se encontraba ensimismada cuando se dio cuenta de que Akerbeltz y Derwydd estarían siguiéndola, por lo que apuró y siguió remando. Lentamente giró y dio un rodeo hacia el este. ¿Creían que ella seguiría por el mar? ¡Qué ilusos! ¿Opinaban que sería fácil seguirla? No sabían con quién se metían...

Esquivando miradas ajenas, Saradriel remó hasta llegar a tierra firme. Una sonrisa asomó a sus labios...todo salía a la perfección...ella tendría el Grimorio y el poder. Emitió un potente silbido y su corcel acudió a ella...susurró algo en su oído y se encaminó al norte.
En eso Akerbeltz prosiguió el relato, mientras no dejaba de exhalar volutas de humo de su larga pipa.
Saradriel avanzaba hacia el lugar indicado en el Mapa de Hielo, sin temor a mirar atrás, pues su orgullo se había enardecido. Avanzó con su corcel negro hacia el Bosque de Rhûn, pero al llegar a sus lindes, viró a la derecha y continuó bordeando el Mar de Rhûn, hasta llegar a una abrupta colina, coronada por un antiguo torreón en ruinas, vigía de tiempos antiguos. La Dama Oscura descendió de su caballo y se encaminó a la cima, por senderos inhóspitos y tortuosos. Cuando llegó al último repecho, se encontró de bruces con Akerbeltz y Derwydd, que la esperaban, tranquilos.

La muchacha se quedó tan helada como el mapa, y no pudo reaccionar a tiempo, pero de haberlo hecho, no hubiese tenido opción frente a ellos.
Lentamente, Akerbeltz se acercó a Saradriel y la miró fijamente a los ojos, y con una mueca irónica, le dijo:
- Parece que el Mapa te ha indicado el camino correcto, teniendo en cuenta que fue Derwydd quién lo talló.
Saradriel enarcó las cejas y enseguida su semblante cambió y se enfureció. Arrojó el mapa al suelo y éste se partió en mil añicos.
- Derwydd, amárrala con un conjuro de los tuyos, hemos de irnos, Baranduin nos espera.- dijo el maia.

Y dicho y hecho, se encaminaron de nuevo a la costa, y al llegar a la playa, se introdujeron un trecho en el agua, y Akerbeltz entonó un cantico extraño, lleno de chirridos y cloqueos, pero profundo como el mar, y el agua a su alrededor empezó a vibrar y a arremolinarse. Y unas formas esquivas y plateadas empezaron a nadar en torno a ellos. Una de aquellas formas se apareció ante el cornamentado y mostrando su lustroso cuerpo fuera del agua, lo saludó en un extraño lenguaje. A lo que el maia respondió:
- Saludos, Tyelcangil, debes ayudarnos de nuevo, pues esta vez un amigo nos espera en la Isla de Rhûn, y hemos de llegar allí antes de que llegue la noche, pues mucho nos hemos demorado ya.

Y dicho y hecho, Akerbeltz montó en el lomo de uno de los delfines, pues delfines eran, y Derwydd y Saradriel hicieron lo propio. Y con una rapidez inusitada, por encima de las olas volaban mas que nadaban, los rápidos destellos de plata, rumbo a la Isla.

Cerca de la caída de la tarde, llegaron al extremo este de la isla. Ésta estaba formada por un gran montaña central, que fuera antiguamente un volcán, y cuya cima ahora estaba obstruida, y formaba una gran plataforma, y aunque el volcán se decía extinguido, de vez en cuando, oscuros vapores y gases se desprendían de entre las muchas fisuras de su cima.

Después de despedirse de los cetáceos, lentamente, Akerbeltz y Derwydd inspeccionaron la zona, y pronto descubrieron lo que buscaban, y se encaminaron a la cima, más Saradriel era llevada de mala gana, y caminaba cabizbaja y entorpeciendo continuamente el ascenso.
Al fin, tras una larga caminata, con la noche ya cerrada sobre sus cabezas, llegaron a la cima; nubes de vapor todo lo envolvían...
Baranduin se levantó en este preciso momento, y sabedor de la importancia de lo sucedido a continuación, dio al acto mayor solemnidad, arrojando al fuego una substancia que dio a la estancia una tonalidad purpúrea y un suave aroma a Gardenia se elevó hasta el techo de la posada. Enseguida prosiguió, hablando gravemente:

Partieron pues hacia donde Baranduin les había citado. Llegaron a un claro en el corazón del Bosque de la Isla de Rhûn. Era un tétrico lugar donde daba la impresión de que algo acechaba entre las sombras. Mas el Sol caía ya, de modo que acamparon. El viento bramaba entre los árboles, y ningún ruido se oía en millas a la redonda. Akerbeltz y Derwydd cayeron en un sueño inquieto, , no sin antes inmovilizar a Saradriel debidamente. Estaban demasiado cansados como para hacer guardias.

Una corneta orca los despertó, y cientos, miles de orcos empezaron a surgir de todas partes. Derwydd apenas tuvo tiempo para lanzar un poderoso hechizo de protección sobre el campamento, mientras Akerbeltz corneaba a aquellos orcos que conseguían atravesar la barrera. En ese momento Saradriel despertó, y consiguió librarse de sus ataduras, e hizo frente a Derwydd. No podrían aguantar mucho tiempo. La barrera tembló, y los orcos empezaron a atravesarla. Un gran Troll de los Bosques salió al claro y atacó a Akerbeltz. Ya iba a aplastarle la cabeza cuando una figura se lanzó sobre él, y de un golpe en la nuca lo derribó.
- ¡Vaya Aker, a romántico lugar me traes!
- ¡Aiya Basandere! No es El Poney Pisador a la luz de las velas y con una botella de Miruvor añejo, pero... ¡me alegro de verte!
- Traigo a algunos amigos para que se diviertan en la fiesta también.

Y media éothed y un pequeño ejercito de elfos venían encabezados por Curukambe, Saruwoman, AiNuR y demás. Pocas horas después, los orcos y demás malignas criaturas huyeron de repente. Como evaporados. La noche, como si de una tela de Ungoliant se tratase, daba la sensación de materia, y hacía el silencio más opresivo.

La tierra tembló un momento. Silencio. Otro temblor. Silencio otra vez. Nuevo temblor. Las ramas frente a ellos se apartaron y una monstruosa figura apareció ante ellos. Una corona lucía de negro fuego en su cabeza, y cuatro grandes alas membranosas surgían de su espalda. Aquellos que habían luchado en las Guerras de Beleriand susurraron con terror: "Morgoth!". Pues parecía en verdad una alada imagen reducida de lo que había sido el Señor de Angband. Una bolsa de cuero pardo era lo único que destacaba en su figura, por otro lado toda negra y de metal. Detrás de él apareció Saradriel (la cual había escapado cuando la barrera se debilitó) que a un gesto de su Señor cayó dormida a sus pies. Una gran risa resonó por el bosque.

El primero en atacar fue Derwydd. Una bola azulada de agua salió de su mano. La figura alzó una mano, extendió las alas, y una llamarada de negro fuego destruyó la bola. Entonces volvió a reír.
Akerbeltz embistió. Un gran árbol surgió de la nada en su camino, y sus cuernos quedaron atorados en el hueco tronco. Nueva risa.

- ¡Nadie más que YO le toca los cuernos a MI Aker! ¡Arqueros, disparad! ¡Eorlingas, al ataque!
Y quien había hablado se deslizó por el claro, sorteando cada obstáculo que surgía de la nada. Sacando una Daga, saltó sobre la figura... Y atravesando la nada cayó al suelo. Una nueva risa. Mas Basandere fue la única que alcanzó al Enemigo hasta el final de la batalla.

- ¡Era una ilusión! - gritó innecesariamente la elfa.
Todos buscaron alrededor donde estaba aquel Obscuro Señor. Todos los objetos surgidos durante la carrera de Basandere desaparecieron, así como el toco que aprisionaba los cuernos de Aker. Una terrible música empezó a sonar, traída por un cálido y pestilente viento.

'Ash Nazg Durbatulûk'. Ramas se empezaron a mover. 'Ash Nazg Gimbatul'. El viento sopló, frío e implacable. 'Ash Nazg Thrakatulûk'. Todos se apretaron en el centro del claro, esperando un ataque. 'Agh Burzum-ishi Krimpatul' Un rayo cayó a escasos metros del grupo. Otro cayó junto a Curukambe, y un tercero sobre un rohir, matándolo. El Señor Obscuro apareció sentado sobre una piedra comiéndose los desdichados restos de un desgraciado rohir caido en la Batalla con los Orcos.

Los arcos se tensaron y lanzaron sus flechas, que fueron todas a clavarse en una barrera de altos árboles que surgió de la nada.

¿Cómo se vence a un Enemigo como este?


El Sol comenzó a despuntar, y el primer rayo de sol que superó los árboles iluminó una figura gris. Algunas flechas fueron lanzadas sobre él.
- Pilindi eldava! Á lasta lambenya! Lasto bêth lamen! Dain Ýlgon!

Y las flechas cambiaron su rumbo torpemente en el aire, y fueron contra la Negra Figura, y algunas pocas se clavaron en él.
- ¡Amigos, escuchadme! Atacad la bolsa de cuero. ¡La bolsa no la puede proteger, y su contenido clama ayuda!
Y así se hizo. Los arqueros lanzaron sus flechas al punto indicado, y aunque muchas nunca alcanzaron su objetivo, otras se clavaron en el Negro Cuerpo, cada vez en mayor número.
- ¡Baranduin, pensé que no llegarías nunca!
- ¡Maese Aker, os veía tan entretenidos!
- ¿Y las Piedras?
- Donde deben. - y nada más dijo sobre ello, ni sobre dónde había estado ni la causa por la que no participó antes en la lucha.

Basandere dirigía las flechas de los arqueros elfos mediante arcanas artes sólo transmitidas por vía femenina. Mientras tanto, Akerbeltz, Derwydd, AiNuR, Saruwoman, y Baranduin realizaron un hechizo conjunto. Un cerco impidió al Señor Obscuro realizar nuevas ilusiones. Las que quedaban fueron destruidas por el menguado número de rohirrim.
Pero el enemigo era muy poderoso, y poco a poco conseguía levantar el cerco. Y una Luz comenzó a brillar tras el Señor Obscuro. Pero no era una Luz Oscura ni de Terror, sino un resplandor blanco y verde de esperanza. Y desde seis extremos del claro, formando un heptágono perfecto con el Señor Obscuro en su centro, sendas luces surgieron. Se alzaron por sobre el suelo, y se unieron mediante arcoirisados y radiantes lazos. El Enemigo clamaba de dolor, como si estuviese siendo quemado en frío. Un nuevo hechizo conjunto de fuego y hielo bastó para acabar con Él. Con un poderoso grito, el Enemigo desapareció de la vista con una llamarada, y tras él, como una Lúthien en Tol-Galen, lloraba una desolada Saradriel.

- ¿Por qué ahora que el Enemigo ha sido derrotado lloras?
- Por todo el mal que hice. Por poco no os conduzco a la Muerte. Señor Akerbeltz, le entendería si usted ahora mismo me diese fin a mis días, aunque le ruego que sea rápido, pues no era yo.
-¡Cierto, no eras tú! - Dijo Baranduin - O al menos no eras aquella dulce chiquilla que conocí hace años en Umbar. Voto a Eru que mi coevo te llenço esa negra cabeza tuya con fantasmas e ilusiones falsas. Pero ahora hemos de coger el Grimorio y salir de aquí, pues la llamarada del Fin ha prendido algunos árboles, y prontó el bosque entero arderá. Pues así está escrito, y así sucederá, y este bosque se llamará a partir de ahora Eru-in-naur, el Desierto de Fuego, y no dejará de arder hasta que en otra historia sea apagado.
- Ya tengo El Grimorio. - Dijo Derwydd, que mientras Baranduin "profetizaba" lo había cogido del lugar que las piedras marcaban. Baranduin, con un gesto, atrajo hacia sí las Piedras, y colocándolas en torno al grupo, gritó:
- Annon-i·melain, lasto bêth lamen! Gwanno o sî! Gond Gelydh, o thôl an falas!

Y el paisaje de pronto cambió.
- Este es el Poder Real de las Piedras, pero ahora ya está agotado - Dijo Baranduin, y ciertamente las piedras habían menguado su luz -. Pero ahora, Saradriel, hablas de explicar tu historia.
Saradriel miró a Akerbeltz con los ojos enrojecidos, y comenzó:
- Hace unos seis años que Él - con un vago gesto señaló la isla ahora en llamas - llegó a Umbar, donde dominó al Señor hechizándolo. Su primer decreto fue la supresión y persecución de las Viejas Tradiciones, que es lo único que nos queda de Mar-nu-Falmar...
- ...la Tierra Bajo las Olas, Númenórë hi-Akallabêth - susurraron casi inaudiblemente varios de los presentes.
- ... así pues, inicié una revolución, y Él, una noche, cayó sobre mi casa matando a mi familia y raptándome. Y poco después me dejó libre. Vagué por las Tierras largo tiempo, hasta que os encontré a vos. Entonces sentí... sentí... como si a veces no pudiese controlar mi cuerpo; mi pensamiento decía algo pero mi cuerpo actuaba de forma contraria a lo pensado. Fue entonces cuando me llegó la idea...
- ¿Qué idea?
- Pues señor Derwydd, la idea de que no conformabais suficiente número ni erais suficientemente fuertes, de que si obteníais El Grimorio... Él - nuevo gesto hacia la isla - os los arrebataría, y mi Pueblo, y tal vez toda la Tierra Media, estarían perdidos.
- Pero... ¿Por qué nos hechizaste para que atacásemos a nuestros amigos?
- ¿Cómo? AiNuR, no le entiendo.
- Tú, tú nos hechizaste a AiNuR y a mí, para que atacásemos a Aker, Basandere y a Derwydd... ¡¡Me hechizaste!! ¡Será posible! ¡Ten la decencia de admitirlo!!!!
- No se puede admitir de lo que se es culpable, Saruwoman - intervino Baranduin -. No fue ella, pues ni hombre ni elfo tiene ese poder, y muy pocos maiar lo tiene y ninguno lo utiliza. Solo hay alguien que pudiese hacerlo, cuyo maldito nombre no pronunciaré, a través de Saradriel. Pues ese Ser tiene la capacidad de hacer realidad las imaginaciones de los demás, mientras que él no tiene ninguna. Por eso Él se aprovechó de Saradriel, que imagino en su locura, diversas formas de retrasaros. Yo contaba con eso, una vez que supe contra quien nos enfrentábamos. Por eso le pedí a Bëorn que os guardase de los brýg que Él envió, por eso le pedí a mi radiante amigo que os trajese los eorlingas, por eso os pedí que encendieseis las hogueras de las Crebain y que huyeseis de los Olog. Pues yo como coevo suyo, podía comprender su pensamiento en parte. Eran todo imágenes, nada real, pero capaz de mataros. Imágenes surgidas de la alienada imaginación de esta mujer que desesperaba, creyendo hacer el bien, por retrasaros.
- De todo esto nada sabía, pero sé pedir perdón, y os lo pido.
- Y, ¿qué hacías junto al enemigo en el claro?
- Observar aterrorizada, pues mi cuerpo no respondía, y mi mente estaba oprimida. Todo cuanto pasó lo sé, pues veía por sus ojos y oía por su oído y ninguna sensación me estuvo vedada. Pero al atraparlo con aquel muro de magia, hubo de poner tantas fuerzas en levantarlo que se olvidó de mí y fui libre de su Sombra, así que le robé la Piedra por instinto, y por instinto corrí. De repente la Piedra comenzó a brillar, y me quemó las manos. El resto ya lo sabéis. - Mientras decía esto, mostró las manos, que estaban en efecto enrojecidas y con ampollas de quemadura.
- Luego curaremos eso. Al menos mereces eso por habernos salvado la vida - dijo Basandere -. Pero comprenderás que no me acaba de agradar lo que me hiciste. Si llego a estar sola, me matas.
- Sólo quería dejarte inconsciente suficiente tiempo como para que no pudiesen encontrar el Grimorio. Lo siento.
Las lágrimas volvieron a aflorar de sus ojos, y fue incapaz de pronunciar una sola palabra más.

- Bien, tenemos el Grimorio y el Enemigo está destruido. Tras un copioso desayuno, y un día de descanso, que merecido nos lo tenemos, habremos de decidir que hacer...



Akerbeltz, por fin, puso el epílogo a tamaña aventura:
Asi pues, nuestros amigos se embarcaron rumbo al oeste en una nave decorada con plateados ribetes y grandes velas resplandecientes. Akerbeltz miraba fijamente el horizonte subido en el mascarón de proa. Basandere se acercó por detrás y le preguntó en que pensaba.
- No es nada, hay algo que no acierto a comprender...¿Por qué fueron los Orcos a Garmitting? ¿Qué ha sido de los Rhûnhoth?
Baranduin se acercó a ellos y comenzó a decir:
- Los Orcos acudieron a la llamada de Mornolózion, y con malas artes creó una alianza entre orcos y hombres, pero ésta alianza era frágil, y hubo discrepancias entre ellos, al final la batalla estalló y los Hombres decentes que había fueron aniquilados, más unos pocos escaparon en un barco, éste que veis, y he aquí que fueron encontrados por la Compañía del Poney cuando se dirigía a Garmitting, gracias a lo cuál pudieron enterarse de los planes de los Orcos.
- Pero ahora Garmitting es una ciudad en ruinas...¿no?
- Supongo que lo es, pero algunos de los Hombres que liberó la Compañía en su camino al sur han pensado establecerse en ella y reconstruirla.
- Espero que lleven a buen termino esos planes. Y vos, maese Baranduin, ¿qué haréis con las Piedras?
- Debo partir a Aman, para que sean bendecidas de nuevo, no sin antes acompañaros a tomar una pinta en nuestra posada favorita...
Akerbeltz mostró un atisbo de sonrisa por primera vez desde que embarcaron. Enseguida se acercó Derwydd, que no soltaba el Grimorio de sus poderosas manos.
- Y vos, maese Derwydd - continuó Akerbeltz - ¿que destino guarda ese Libro Maldito?
- Su destino es el Fuego, para evitar desgracias, pero no de momento, en mis manos estará seguro y muchas cosas se dicen en él que requieren de abundante estudio, y como dijo el sabio Olórin, el que quiebra algo para averiguar qué es, ha abandonado el camino de la Sabiduría. Mas llegará un día en que habrá que destruirlo, y presiento que será el inicio de un gran aventura...
- Así sea - replicó el maia cornamentado. Y agarrando a Basandere de la mano, se dirigieron a la solitaria popa.

Asi pues, llegaron a la costa occidental del Mar de Rhûn y se despidieron de los Rhûnhoth, que hicieron grandes promesas y elogios a la Compañía y juraron hacer perdurar su valor en grandes canciones.

Más adelante, cerca del Anduin, se despidieron de los Rohirrim, y la Compañía continuó el resto del viaje en solitario, aunque animadamente. Y al cabo de varias semanas, tras algún incidente no reseñable, nuestros amigos llegaron por fin a las Tierras de Bree, y algunos de ellos, más dotados olfativamente, empezaron a relamerse al sentir el aroma de la oscura cerveza de Mantecona. La gente de Bree los miraba asombrados y les hacían preguntas, y se formó tal comitiva detrás de ellos que tuvieron problemas para entrar a El Poney Pisador. Pero Mantecona, que había sido avisado, y siempre previsor, había ordenado colocar unas mesas en el exterior, y mandó cubrirlas de jarras de cerveza y de viandas y pasteles de moras, para tan cansados viajeros, no obstante, la fiesta se prolongó casi toda la noche. Pasados unos días, Baranduin, emprendió el viaje de ida a Aman. Y Derwydd se instaló en una de las habitaciones y no permitió a nadie, ni siquiera a Mantecona, entrar en ella. Basandere, Nariko, Mithiriel, Saruwoman y Nandareth se tomaron unos días de descanso en el cercano Bosque de Chet, mientras los demás se debatían en animadas tertulias en la posada. Y en algún lugar, un solitario Licántropo aullaba a la Luna, pero no podía saber que alguien los contemplaba desde allí arriba a todos, y sonreía. Y no dejaba de mirar hacia el Bosque de Chet, donde una hermosa elfa, contemplaba también la pálida Luna...o...¿era tal vez sus ojos podían distinguir la silueta del cornamentado?

Cuando Akerbeltz terminó de contar esta gran historia, hubo un silencio en el salón, pero no un silencio tenso, ni desagradable. Era un silencio emotivo, ensoñador, en el cual todos los allí reunidos recordaban estos grandes hechos y un fuego se les encendía en el corazón, más grande que las crepitantes llamas del hogar, y era el deseo de poder empezar de nuevo una gran aventura, en la que reforzar esa unión que todos compartían, ahi sentados en torno a la chimenea. Pronto el silencio se rompió y uno de los parroquianos entonó un canto al que enseguida se sumaron todos, y allí, cantando y riendo, la alegría se prolongó durante casi toda la noche, hasta que la última gota de cerveza fue derramada.

FIN


Han escrito, por orden de intervención:
Curukambe
Saruwoman
Basandere
AiNuR
Akerbeltz
Iacobus
Derwydd
Saradriel
Baranduin
Angband

Personajes de la Aventura:
Akerbeltz, maia
Derwydd, istar
Saruwoman, istar
Basandere, elfa
Nariko, elfa
Mithiriel, elfa
Curukambe, elfo
Herumeret, elfo
Voronwë, elfo
Baranduin, maia
Iacobus, Licántropo
AiNuR, ainu
Saradriel, númenóreana
Arvedui, hombre

Mapa de la Aventura

 
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Comentarios al relato:
Fecha: 20-09-2004 Hora: 02:45
Muy buen relato,felicitaciones a todos ustedes tienen muy buena redacción

Fecha: 01-11-2003 Hora: 19:50
u queria a ver aparecido........

Fecha: 05-06-2003 Hora: 18:32
alaaaaa!! que historia más chula!!! jo, si hubiese llegado antes a la posada quizás hubiese podido ayudar yo en lugar de Gwaihir... en fin, para la próxima!!
un 10 a la imaginación de todos

Fecha: 19-05-2003 Hora: 12:32
Gracias a todos los que participaron en este relato, y a los que quieran participar en un relato de estos, les recuerdo que en el Foro existe una sección llamada Cuentos Inconclusos, donde poder dar rienda suelta a la imaginación.