Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 11
Capitulo IX
Por aerien
 
Desperté a la mañana siguiente en mi cama, pero no recordaba como había llegado hasta ella. Habíamos estado cenando los dos y luego fuimos a sentarnos junto al fuego porque había refrescado. Me acuerdo que estuvimos cantando y ella saco de la alacena una botella de un vino espeso y dulce y también unas galletas que dijo le había dado la esposa de Jas para que las probara.
Debí quedarme dormido porque no recuerdo más.- Que vergüenza preguntarle a Ghash - Pensé. Pero no fue necesario, cuando entré en la cocina, después de asearme, ella me recibió con un – ¿Que tal esa resaca señor hobbit?
Yo le dije que en principio no tenia resaca, pero que me gustaría saber porque ella me preguntaba eso.
-¡Caramba con el aguante de los hobbits! – me soltó ella – te bebiste media botella de vino dulce y luego te pusiste a cantar a voz en grito hasta que te quedaste dormido.
Pensé que esta mañana tendrías una resaca de cuidado.
-¿Media botella de vino? – pregunté azorado – ¿Todo eso bebí?
-Si y no era un vino corriente - dijo ella con cierta ironía en su voz - eso era vino de palma, una especialidad de las gentes del sur.
-Pues no me dio resaca, ¡aunque tengo una sed! – conteste yo sintiendo que tenia la cabeza algo mas grande de lo que era ayer a la misma hora.
-No intentes hacerte el fuerte –me dijo ella mirándome fijamente a los ojos – tienes dolor de cabeza, tus ojillos lo están diciendo.
Creo que enrojecí, como mínimo sentí calor en mis mejillas y me senté de golpe en la silla de la cocina.
-Toma, bebe estas hierbas, te encontraras mejor después– me dijo tendiéndome un cuenco con un líquido humeante.
Yo me bebí el contenido, con un poco de aprensión, el aspecto del mejunje era raro, de un color verde intenso y olía también raro. Pero por suerte no sabía tan mal como olía.
Después empecé a dar buena cuenta del desayuno. Unas tostadas de pan negro con una loncha de queso por encima que se fundía con el calor y un bol de cereal con moras y grosellas del jardín.
Empecé a encontrarme mejor cuando mi estomago empezó a llenarse. Levanté la mirada hacia Ghash que estaba también desayunando. A su lado otro cuenco vacío, igual al mío, delataba que ella también había sucumbido a la tentación de beber demasiado de aquel vino dulce.
Cuando estaba a medio desayunar apareció mi primo Tom. Ghash lo sentó a la mesa y le sirvió un bol de cereal. Tom traía noticias sobre las consecuencias de la tormenta. Algunos árboles arrastrados por la corriente y una situación muy cómica que vivió la mujer del cordelero cuando el agua arrastro el carro con todos los cordeles y a ella en el.
Cuando ella termino su desayuno puso en la mesa una bandeja llena de deliciosos bollitos calientes y mientras nosotros dábamos buena cuenta de ellos se metió en el laboratorio.
Aproveché que estábamos solos para preguntar a Tom por mi tío. Tom me miro con cara de sorpresa y tomando un poco de mi hierba para pipa, me contó que hoy podría verlo si quería. Ya que era día de mercado y el vendría a la villa. Que traería cerveza y otras cosas a la tienda y luego se iría a la posada. Que allí podría encontrarlo dentro de un par de horas más o menos.
Ghash apareció en ese momento y le pidió a Tom que saliera al porche. Yo me quedé en la cocina lavando los cacharros del desayuno. Al rato entró todo alborozado con una moneda en la mano, pilló dos bollos de la bandeja y se despidió con un - ¡Hasta dentro de un rato! - que me dejo un poco sorprendido.
Miré por la ventana y vi que se iba a la tienda arrastrando el carrito de Ghash, cargado con un par de cestas llenas hasta los topes de tarros y botellas.
Ghash entro en ese momento, llevaba en sus manos la jofaina que usa para limpiar mi herida.
-Ale, vamos a mirar esta herida – dijo con una sonrisa – supongo que no habrás olvidado lo que te dije ayer ¿no?
Evidentemente yo no lo había olvidado, al revés, estaba impaciente porque ella había dicho que si todo iba bien, podría apoyar el pie en el suelo y andar.
Mientras nos dirigíamos a la sala de estar, donde ella tenia los enseres para curarme, me preguntó otra vez por la resaca. Entonces pude constatar que su producto para quitar resacas era realmente eficaz, el dolor de cabeza se había ido y solo quedaba una especie de embotamiento general que se curaría con un poco de aire fresco en cuanto saliese al exterior.
Cuando Ghash deshizo el vendaje mi corazón aceleró, esperaba que todo estuviese bien y pudiera andar sin los bastones enseguida.
Ella sonrió al ver la cicatriz rosada que indicaba que la herida estaba cerrando bien, me volvió a untar con la crema esa de color terroso y me hizo un vendaje muy pequeño.
-De acuerdo, ponte de pie a ver si te duele – me dijo, cogiéndome de la mano y levantándome de la silla.
Yo me levanté apoyado en la mesa y puse suavemente el pie sobre el entarimado. No me dolió, así que deje que mi peso descansara sobre el. Un pequeño pinchazo me avisó de que la herida estaba aun ahí, así que cogí los bastones por si acaso.
Me puse a andar por la habitación, contento de no tener que ir pegando saltitos, aunque me apoyaba en los bastones para no cargar todo el peso sobre el pie herido.
Mientras Ghash recogía todos los pertrechos de su labor de enfermera yo me dedique a saborear el gusto de andar otra vez. Si hubiese sido por mi habría salido corriendo al jardín, olvidando los bastones para gozar de la velocidad y del viento en la cara, pero antes de que yo pudiera hacerlo, Ghash me aviso de que debía tomarme las cosas con calma.
Aproveche que ella estaba fuera de la habitación para probar de andar sin los bastones y como casi no me dolió, inicié un paso de baile. Evidentemente, éste acabó de golpe cuando la vi parada en jarras en la puerta.
-Veo que no te duele – dijo con una carcajada, que aumentó mi azoramiento y que convirtió mis mejillas en una de esas manzanas pipinas.
Ghash se había puesto el manto negro con letras doradas y un vestido azul oscuro. Unas vestiduras no muy habituales en ella. Así que supuse que iba a salir.
-¿Donde vamos? – pregunté, cogiendo mi bolsa y mi chaqueta de la silla.
-Si te atreves a andar hasta allí iremos a la tienda y luego hasta la plaza – contestó ella aun riendo – hoy es día de mercado.
Todas las semanas, en la plaza, frente a la posada, se instala el mercado. Pero ese día era especial, estábamos en Lithe y seguro que habría un montón de gente que habría venido de lugares distantes.
-Iremos primero a la tienda – anunció ella
Entonces entendí porque mi primo Tom se había llevado el carrito, así el señor Jas tendría una buena provisión de sus potingues para vender desde primera hora de la mañana.
Cuando llegamos a la tienda saludé a Tom, que se sorprendió de verme andando.
-¡eso lo tenias muy escondido! – me soltó - ¡Ah claro! Era para no tener que me invitarme a unas pintas para celebrar tu recuperación ¿verdad?
Tom no tiene remedio, siempre quiere sacar partido de todas las situaciones. Sobretodo si ello comporta comer, beber o fumar de gorra.
Se nota que esta acostumbrado a tratar con muchos tipos de gente diferente- pensé - Creo que no se apabullaría ni que entrase un troll de las cavernas por esa puerta.
-De acuerdo, tu ganas, te invitaré a un par de jarras cuando me reincorpore a mi trabajo en la posada. – le dije – Pero tu tienes que decirme algo. ¿Vino ya tío Rocco a traer las cosas?
-¡Claro que vino! ¡Me trajo a mi esta mañana! – contestó el – lo que pasa es que iba a Archet primero y me dejó en la entrada del pueblo – dijo sonriendo al ver mi desconcierto.
Ghash estaba en ese momento discutiendo con Jas el precio al que se debía vender un determinado producto. La cosa iba para largo porque el tendero se la llevó adentro, a la trastienda.
Antes de entrar ella me llamó y me entregó un paquete para que lo hiciera llegar a uno de los comerciantes del mercado.
-Ve y paseate por ahí –me dijo – creo que tardaré aun un buen rato en acabar con esto. Nos encontraremos en la posada al mediodía, creo que hoy comeremos allí.
-De acuerdo Ghash, nos veremos luego allí – contesté, contento de que me dejara ir a mi aire. Así podría encontrarme con mi tío.
Sin que mi primo ni Jas se dieran cuenta deslizó unas monedas en mi mano y me dijo muy bajito: - esto es parte de tu paga. ¡Gástalo como quieras en el mercado!
Dije adiós a mi primo que se quedo con las palabras en la boca y una frase a medio decir y salí de la tienda en dirección al mercado.
Encontré rápidamente el puesto del comerciante al que me había mandado Ghash y me dirigí a él para cumplir mi encargo.
-¡Buenos días! ¿Sois vos el señor Arboleda?- le dije como saludo
El asintió con la cabeza y entonces yo le saludé con una reverencia.
-¡Bob Sotomonte a vuestro servicio señor! Trabajo para la señora Ghash –le solté
-La señora me pidió que os entregara ese paquete- dije tendiéndole el envoltorio que ella me había dado.
-¿la señora? ¿Que señora? Ah! dices la curandera sureña. Esa medio bruja que prepara potingues y otros encantamientos y que tiene un genio endiablado metido en cada una de sus miles de arrugas.
El que así hablaba era un humano bajito, medio calvo y con los ojos rasgados. Que llevaba un puesto donde se vendían cacharros de loza y botes de cristal. Debía ser uno de los proveedores de ella y por lo que se ve no la tenia en gran estima. - No me extrañaría nada que hubiese intentado estafarla - pensé - por eso dice que ella tiene mal genio.
-¿No vais a abrir el paquete? – pregunté – puede que deba llevar una respuesta.
La verdad es que ella no me había dicho nada al respecto pero el hecho de hablar con alguien que la conocía me dio la idea de interrogarle a ver que sabía sobre Ghash.
El hombre abrió el envoltorio y examino a hurtadillas su contenido. Sonrió satisfecho y me miró.
-Así que trabajas para ella – me dijo – muy propio de esa mujer involucrar a uno de los medianos en sus brujerías.
-¿Porque la llamáis bruja? – pregunté – ¿De verdad la señora es una bruja? Yo solo hace unos días que trabajo para ella y nunca la vi haciendo brujerías.
-Eso dicen – me contestó – en su tierra se la considera una hechicera. ¿Sabes ese manto negro que trae todo bordado con runas doradas? Dicen que es el que llevan las brujas sureñas. También dicen que sabe hacer hechicerías y embrujos, y que es malvada. Que llegó al norte huyendo de la justicia de su país donde se la buscaba por ser una asesina.
En mi interior yo me reía de esta sarta de mentiras, que se había formado con el boca a boca de la gente. Pero algo de verdad debía haber en todo ello, así que continué preguntando al comerciante.
-¿Quien os contó todas esas cosas? Parecen cuentos de viejas o historias de borrachos de la posada. ¿Que creéis que puede haber de cierto en ellas? – pregunte, haciéndome el temeroso, al comerciante que no parecía tener muchas luces.
El tipo picó y me contó que las noticias provenían de la posada, que se las había contado un tendero, al que le había llegado el rumor por medio de un comerciante de vinos. Pero el que sabia mas de todo eso era el vendedor de especias haradrim, que parece que la conocía de antes, pero que este no soltaba prenda.
Me despedí del vendedor de cacharros, asegurándole que le contaría todo lo que pudiese averiguar sobre ese asunto y me dirigí al tenderete del vendedor de especias.
Recordaba haber oído a Ghash hablar de ese vendedor, era el que le traía ese brebaje negro tan rico.
Me acerque al puesto poniendo cara de curiosidad y husmeando el variopinto olor que emanaban los productos. Empecé a olerlos con fruición, la mezcolanza de colores y de aromas era tal que al cabo de un momento de estar allí me sentí transportado a tierras lejanas y a mundos desconocidos.
El vendedor atendía a una mujer que compraba unas especias que decían pueden conservar la carne sin que se estropee durante bastante tiempo, eran unos polvos negros y rojos que miré con curiosidad y que me hicieron estornudar cuando los olí.
El comerciante haradrim se rió, era un tipo delgado con la piel muy morena y un pelo negro y muy rizado, en su barbilla puntiaguda asomaba una perilla extremamente rasurada y bajo su nariz un fino bigote. Sus ojos negros me miraron con intensidad como si me conociera de algo.
-¿Vais a comprar algo o simplemente me mezclareis todas las especias a base de estornudos? – me preguntó.
Yo sonreí azorado, y puse esa cara de bobo que se me pone cada vez que alguien me riñe.
-¡Lo siento señor!, ¡por nada del mundo quisiera que se estropearan vuestros productos! Pero no pude resistir la tentación de olerlos. ¡Su olor es tan maravilloso! - le dije.
El hombre sonrió satisfecho al ver mi pasión por las especies, así que me dijo que oliera lo que quisiese mientras no estropease nada. Lo mismo, creo yo, que le habría dicho a un niño humano que se acercase a husmear por ahí.
Los humanos tienden a menudo a vernos como niños. Supongo que nuestra estatura les confunde y nos presuponen más infantiles de lo que en realidad somos.
Yo seguí husmeando entre la mezcolanza de productos que se vendían en ese tenderete esperando un momento oportuno para hablar de Ghash e indagar algo mas sobre ella.
De pronto, entre los tarros vi uno que contenía unos granos negros. Me sonaron de alguna forma pero no logré identificar de donde.
Así que pregunté al vendedor y el amablemente destapó el envase. Un olor conocido asalto mi nariz.
-Kaaffa - murmuré - no sabia que fueran unos granos tan grandes. Pero es delicioso con leche – añadí sonriendo al vendedor.
-¿Lo conocéis? – preguntó extrañado – solo las gentes originarias del sur lo compran. ¿Quien os dio a probar eso a vos?
En ese momento yo vi la oportunidad que había estado buscando desde hacia rato.
-¡oh! fue la señora Ghash – contesté – ella me lo dio a probar una mañana en el desayuno. Estos días estoy trabajando para ella – aclaré.
La reacción del comerciante fue sorprendente, de pronto deje de parecerle un niño, sus ojos se clavaron en los míos unos instantes y una expresión extraña apareció en ellos. Sentí su muda interrogación, el humano se preguntaba que tipo de relación tenía con ella. Mi corazón aceleró, de verdad ese hombre sabia de ella, sus gestos lo delataban.
Cuando me habló lo hizo en otro tono, uno muy parecido al que usa el señor Mantecona con los hobbits desconocidos que llegan a la posada.
-¿Decís que trabajáis para la señora? – me preguntó.
Mientras nombraba a Ghash vi con sorpresa que sus ojos se cerraban y que su frente iniciaba una pequeña reverencia. Evidentemente, esa muestra de respeto no estaba dedicada a mí, sino a ella. Era como cuando uno de los soldados que guardan la frontera de la comarca te habla del rey. Muchas veces hacen un gesto parecido.
-Bob Sotomonte a vuestro servicio – contesté – si, trabajo para la señora Ghash desde hace unos días, la ayudo con sus preparados.
-Que extraño que ella haya tomado un mediano como curonloler - murmuró – ¿Decís que sois su aprendiz? – me dijo dirigiéndose a mi.
-¡Oh no! Solo trabajo para ella. Es que tuve un accidente y me herí en el pie. Ella me esta curando y yo la ayudo para pagar de algún modo las molestias que se tomo por mi. – explique intentando poner en mi voz el mismo respeto que el parecía sentir por ella.
En ese momento el vendedor se relajó, creo que temía que yo fuese un aprendiz de hechicero o algo así. Llamó a un joven que estaba intimando con la florista en el tenderete de flores que había al lado y le mandó quedarse al cargo de la venta. Y me propuso ir al Poney a tomar una cerveza.
Yo acepté encantado, el pie empezaba a dolerme y la perspectiva de oír de labios de ese hombre cosas sobre Ghash era una tentación demasiado grande como para negarse.
Al llegar a la posada todos me recibieron como si llegase de un largo viaje. La posadera me estrujo entre sus brazos y me estampó un par de sonoros besos en las mejillas, Nob me sacudió la mano lo que provoco que se cayese uno de mis bastones y el señor Mantecona me dirigió unas palabras al pasar atareado de la cocina al salón común.
Pedí a Nob que nos trajera unas cervezas a la salita pequeña y nos dirigimos allí ante el desconcierto del sureño que no entendía mi familiaridad con todos ellos.
Así que tuve que explicarle que yo trabajaba allí y que lo de Ghash era solo mientras mi pie se curaba.
Nob trajo un par de jarras y unas cuantas setas de parte de la posadera y se fue dejándonos solos.
El humano pareció un momento incomodo, creo que quería sonsacarme sobre ella, lo mismo que pretendía yo a mi vez. De pronto empezó a hablar.
-Perdonad que os lo pregunte así – me dijo – pero es que yo no se de rodeos y esas cosas. ¿Es verdad que vivís con ella? - Me espeto de golpe.
-Si, hace unos días – contesté – me herí en el pie y ella me curó. Como no podía andar me quedé en su casa. Luego mi madre se fue y la señora se comprometió con mi madre a atenderme si yo trabajaba con ella mientras no pueda volver a la posada.
Parecía que supiese que hablábamos de ella porque en ese momento apareció Ghash por la puerta.
El comerciante haradrim se levantó de un salto y se dirigió a ella en una actitud servil invitándola a sentarse y quedándose de pie a su lado con los ojos bajos.
-¡Que bien que hayas llegado ya Ghash! Así probaras estas setas de la posadera que están riquísimas – le dije mientras me levantaba – voy a traerte una cerveza ¿de acuerdo?
Ghash me dijo que no me molestara, que ella solo estaría un instante, que iba a ver a la posadera. Y me mostró el contenido de la bolsa que llevaba donde se alineaban sus tarros y sus potingues.
-La encontraras en la cocina o en el huerto, a esta hora estará terminando de preparar la comida. Siempre se sienta un rato afuera en el jardín antes de empezar a servirla. Dice que es para relajar la tensión porque sino le saldrán arrugas. – le conté a Ghash.
-Pues me voy volando para allá – dijo ella – guiñándome un ojo sin que lo viera el humano.
Y se fue, no sin antes saludar en su lengua al haradrim, que le respondió con una profunda reverencia.
Entonces supe que el si sabia algo, algo que ella no me contaría, aunque no sabia porque, tenia el convencimiento de que esa parte de su vida ella la guardaría para si.
En cuanto se hubo ido, el humano se sentó otra vez y tomó un sorbo de su cerveza.
-Le habláis con mucha familiaridad – me dijo - yo no podría - comentó en voz baja.
-Ella me lo pidió – contesté – me dijo que no era ninguna gran dama para que yo le hablase de vos.
-Pues os hizo un gran honor, porque si lo es – contesto el – ¿Veis ese manto negro y ese vestido azul que lleva? Eso la identifica como uno de los ancianos. Veréis, en mi tierra existen un grupo de personas que dedican su vida a la sabiduría, curan a los enfermos y aconsejan sobre las cosas importantes de la vida.
-¿Y ella es uno de ellos? – pregunté – ya decía yo que sabía muchas cosas.
-No tan solo una de ellos, es la más anciana y la más respetada – me respondió.
Yo me quedé mudo de la sorpresa, había esperado una historia de magia y brujería, uno de esos cuentos de gentes con poderes sobrenaturales que curan a los enfermos de una forma mágica. Esperaba que el dijera que era una bruja y que le tenia miedo, pero por lo visto el amaba y respetaba a Ghash.
El hombre siguió contándome cosas de ella, me contó que cuando su esposo murió, ella se fue un par de años en una especie de peregrinación hacia el norte, a Gondor y que había llegado hasta las tierras negras y humeantes de lo que había sido el reino del señor Oscuro. Que había vuelto acompañada de otra mujer, mas joven que ella que llevaba el manto morado que identifica a los iniciados. Un manto que entregan los ancianos a los que se han hecho merecedores de ser considerados como sus sucesores. Y que era substituido por el negro cuando superaban la prueba de los ancianos.
Ella le hacia de curonloler (otra vez esa palabra, tendré que preguntar a Ghash por ella) la servia y aprendía de sus artes.
Al poco tiempo ella también llevaba el manto morado. Y empezaba a ser conocida por su sabiduría en todas las tierras del Harad y al sur de el.
Me contó también que además tenia un gran conocimiento sobre la curación de heridas y otras enfermedades, que ese poder se ve que lo traía del norte cuando llego a las tierras del desierto.
Ayudó a nacer a mi padre, a mí y a mi hijo – dijo – también salvo a mi esposa cuando el parto se complicó.
-Es una mujer maravillosa – contesté – aunque algo enigmática. Parece haber vivido muchas cosas.
-Es cierto, no se sabe mucho de su pasado antes de unirse a las tribus del desierto. Solo que había sido soldado de Gondor. Y que es vieja, muy vieja puesto que eso fue hace cien años cuando cayo la sombra y llegó el rey.
-Si lo se – dije – ella me lo dijo. me contó que tiene más de cien años y que su vida ha estado llena de extrañas circunstancias.
En aquel momento el Nob, el pequeño, entro por la puerta.
-Eh Bob, Me dijiste que te avisara cuando llegara tu tío. Pues ya esta aquí. Esta en la sala no le había visto llegar pero me acaban de mandar que le lleve un menú al comedor – me soltó de un tirón.
-Gracias Nob! Voy para allá en seguida
-¡A mandar! - contesto el con una sonrisa de oreja a oreja.

El comerciante haradrim aprovechó ese momento para levantarse y decirme que debía irse, ya que había dejado el puesto en manos de su hijo y no era lo bastante experto como para llevarlo el solo.
Hizo amago de sacar unas monedas para pagar la bebida pero yo no le dejé.
-Muchas gracias señor Sotomonte. Y pasad por mi tenderete cuando queráis y si no me encontráis preguntad por mi a cualquier comerciante haradrim que encontréis, mi nombre es Thalem todo el mundo me conoce entre el Harad y la capital del norte. –me dijo.
Pero de pronto pareció recordar algo, se quedó callado y me miró.
-Oíd, ¿Vais a estar esta tarde en casa vos y la señora?- me preguntó – es que llegó mi hermano del sur y deseaba hablar con ella.
-No lo se con seguridad pero creo que si – le dije – ¿Porque no le preguntáis a ella? esta en el jardín.
-No lo haré – contesto temeroso – dejare que las cosas sucedan como deben suceder, si el futuro dice que debemos verla esta tarde, así será.
Yo sonreí ante la extraña forma de comportarse del sureño. Mientras pensaba en las curiosas costumbres de las gentes de otros lugares.
En la puerta posterior se encontró con Ghash a la que saludó con una profunda inclinación. Marchándose después a toda prisa para su puesto en el mercado.
Ghash salía en ese momento al jardín con la posadera pegada a sus talones, esta llevaba una cara de interés que me pareció muy cómica.
Me dirigí al comedor a ver a mi tío que estaba comiendo solo en una de las mesas.
-Buenos días tío – le dije – ¿no es un poco tarde para el segundo desayuno?
-Pues si – me contesto – y un poco temprano para el almuerzo, lo se. Pero he estado descargando barriles toda la mañana y estaba muerto de hambre.- me contesto, llenando su boca con una cucharada abundante de potaje de verduras, otra de las especialidades de la posadera.- ¿Quieres un poco?
-No gracias tío, acabo de comerme unas deliciosas setas. – le dije
-Bueno ¿Y a que se debe el honor entonces? – pregunto tío Rocco – si no tienes hambre que es lo que quieres ¿eh?
-¿Porque siempre tenéis que hacer esas preguntas que me descolocan tío? ¿Ahora que tengo que hacer yo? ¿Deciros que no quiero nada?
Mi tío se rió a mandíbula batiente ante mi respuesta. El tiene la costumbre de ser muy directo, dice que con circunloquios no se llega a ninguna parte. Y que si el hubiese perdido el tiempo en galanterías nunca habría conseguido sacar adelante su casa.
-A ver, vienes a pedirme dinero, ¿no? Es para la feria seguro. Me imagino que querrás invitar a una joven al baile y como ahora no trabajas no tienes ni una triste moneda. ¿Me equivoco?
-¡Oh no tío! – respondí un poco azorado – no era eso lo que quería pediros. Ahora estoy trabajando con la señora Ghash y ella me ha dado dinero para eso que decís. Lo que yo quería pediros es otra cosa.
-Vale suéltalo ya de una vez muchacho – me dijo mi tío divertido ante mi falta de valor. Cosa rara en mí. Según el, yo soy el mas caradura de sus sobrinos,¡ exceptuando a Tom, claro!
-Bien tío – le dije – ¿Podríais desprenderos del carro pequeño durante unos días y prestármelo para hacer un viaje? Es que la señora debe ir hacia el norte y me gustaría acompañarla y aun no puedo andar mucho- le dije.
-Claro que si – me contesto – pero me temo que tendrás que esperar unos días a hacer ese viaje, ahora lo esta usando tu hermano. Pero el herrero le aseguró que tendría los ejes del viejo carro de tu padre arreglados para la semana que viene.
-¡Oh! ¡gracias tío! Prometo que lo cuidare, ahora solo me queda convencer al señor Mantecona de que me deje hacer fiesta unos días más.
-No dudo que lo conseguirás - me dijo - eres el mas Tuk de toda la familia
En ese momento entro Ghash en el comedor y se dirigió hacia donde estábamos blandiendo triunfante un papel.
-Por favor tío no le digáis nada del carro, es una sorpresa para ella.
Mi tío me guiño el ojo y se levantó para recibirla.
-Buenos días señor – saludo Ghash
-Es mi tío el señor Rocco Tuk - dije yo haciendo las presentaciones – tío, ella es la señora para la que trabajo.
-Mucho gusto señora, Rocco Tuk a vuestro servicio. – dijo mi tío
-El gusto es mío – contesto ella – mi nombre es Ghash. Pero sentaos y terminad de comer por favor, sino se os enfriará la comida.
Mi tío se sentó y junto a el lo hizo ella.
-¿Os importa que comamos con vos? - Preguntó Ghash – acabo de pasar por la cocina y el olor de la comida me ha abierto el apetito. Además he visto en la plaza a algunas personas que me gustaría que conocieras Bob, antes de que comience el espectáculo y no podamos hablar con ellas.
Las palabras de Ghash sonaron crípticas, así que me apresuré a ir a la cocina a encargar un par de menús del día uno para ella y otro para mi.
Cuando la posadera supo que eran para ella saco su mejor vajilla y se empeño en traer la bandeja ella misma. Yo le sonreí y aspiré el olor a flores que ella desprendía.
-Que bien huele- exclame como si hablara para mi mismo pero con la intención de que ella me oyera.
La posadera se estiró y me sonrió. Como respuesta puso dos pastelitos en la bandeja.
Yo la seguí sonriendo mientras pensaba para mis adentros en lo fácil que debió resultarle a Ghash sacarle la receta del estofado. Evidentemente sus potingues eran mágicos, conseguían hacer sonreír a la posadera a la hora de servir las comidas, que es la hora en la que habitualmente ella esta tan gruñona como un perro guardián.
Encontré a Ghash y a mi tío hablando animadamente de cervezas, malta y otras cosas por el estilo.
La posadera nos sirvió la comida y se llevó el plato de mi tío. Volviendo enseguida con el segundo plato, un pedazo de carne de ciervo al que adornaban una buena docena de setas y sonrió al dejarlo en la mesa
-que raro – comento mi tío – ¿Que le pasará a esa mujer? Hace un momento me gruñó porque yo quería que me sirviera la comida y ella me dijo que aun no era la hora.
Ghash y yo cruzamos una mirada cómplice y nos pusimos a comer para disimular nuestras risas.
Cuando terminamos la comida mi tío se despidió, diciendo que aun tenía que ir a un par de sitios más a dejar unos barriles y que ya nos veríamos.
-Te mandaré aviso con Tom sobre eso que me pediste – me dijo al despedirme
Ghash me preguntó y yo le respondí que le había pedido que me prestara una cosa pero que no sabía que día podría tenerla y ella no preguntó más.
Cuando llegamos a la plaza nos dirigimos a un gran carromato con un toldo blanco que se ubicaba en los escalones que daban a la calle principal.
Ghash cruzo una especie de valla que habían instalado para que no se acercara la gente y yo la seguí
Pensé que nos echarían al momento cuando vi a un hombre muy corpulento, algo mas alto que Jas y como de dos veces su envergadura corporal, dirigirse hacia nosotros.
Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que cogía a Ghash, la levantaba del suelo y la hacia girar con el como si se tratase de una niña.
-¿Como esta mi bruja preferida? – le preguntó, mientras una enorme sonrisa se instalaba en su cara
-Rota en dos trozos como no me sueltes enseguida ¡bruto! – le contesto ella dándola un golpecito con el puño en su hombro.
Por toda respuesta aquel coloso la dejo en el suelo, no sin antes haber estampado un sonoro beso en su mejilla.
-¿Continuas teniendo ese genio tan vivo que te hizo famosa eh? – le dijo el.
A lo que ella le contesto volviéndole a golpear, esta vez en el pecho.
-Y tu continuas siendo tan bruto como siempre ¿eh Roken?
-Parecía que se habían olvidado de mí, cuando por detrás de los dos apareció un enano calvo y con una gran barba.
-¡hola! ¿Quien eres tú? - me pregunto
Al oírle hablar pensé que era un enano muy raro porque los enanos nunca te hablan así y menos los enanos sin pelo en la parte alta de su cabeza. Cosa que indica que tienen bastantes años en su haber.
Le miré interrogativamente y le contesté que era un hobbit, pero que dudaba mucho que el fuera un enano.
Entonces ella se rió, se estiró la barba postiza y me dijo que era humana que todo era un maquillaje para el espectáculo.
-Eres muy bajita para ser humana - le dije – solo me pasas un par de pulgadas como máximo.
-Es que soy muy joven - me contesto – me llamo Iomar y solo tengo 13 años. Ese que esta ahí es mi papa.
-Mucho gusto – contesté – ¡Bob Sotomonte a tu servicio!.
-¡Tori al vuestro señor! – me dijo, poniendo voz grave y hablando como un enano.
-Los dos nos pusimos a reír, lo que provocó que Ghash y el padre de la chica se giraran y nos miraran.
-Es mi pequeño amigo Bob, ahora se ha convertido en mi ayudante en el laboratorio – lo traje para que os conociera.
Poco a poco del carromato fueron saliendo un grupo variopinto de humanos: Había una mujer que vestía unas ropas parecidas a las de Ghash pero de otro color. Un chico tan guapo que me pareció un elfo, hasta que descubrí que tenia las dos orejas diferentes, una de elfo y la otra redonda como los humanos. Una muchacha muy delgada vestida con un ajustado vestido de lentejuelas. Un hombre mayor con una gran barba y aspecto de haber visto mucho mundo y un hombre joven con los ojos rasgados y la piel de un raro color amarillento.
Ghash me los presento como un grupo de artistas ambulantes con el que había hecho un viaje maravilloso por las tierras de Gondor desde Dol Amroth hasta la capital. Actuando con ellos cada noche.
Nos hicieron quedar a ver la función, e insistieron para que Ghash saliera a actuar con ellos en un número de magia adivinatoria. Pero ella se negó, dijo que la mujer era mucho mejor que ella. Yo supongo que no debía querer mezclar las cosas. Aquí en Bree ella tenia una fama y no quería cambiarla.
El espectáculo fue muy divertido, nos reímos un montón con el enano calvo. Se nos pusieron los ojos como platos cuando el hombre alto se acerco al carromato de mi tío cargado con media docena de barriles y lo levantó del suelo sin ni siquiera un momento de duda.
La adivinadora llamó a varios del público al escenario y les adivino varias cosas. La más divertida de ellas fue que el comerciante de loza tenía almorranas. Ghash se rió, evidentemente ella conocía el problema de el, así que le pregunté.
-¿Te acuerdas del paquete que te mandé llevarle esta mañana? Pues contenía una crema para calmar el ardor que da ese problema.- me dijo entre risas.
-¿Se lo dijiste tú a la mujer? – pregunté
-No, ella lo adivinó por la forma que tiene de sentarse. – contesto Ghash – no hay nada de magia en ello solo dotes de observación.
-¿Tú le enseñaste verdad? – pregunté
-Si y ahora silencio que vienen las canciones, el viejo Andree canta muy bien y toca muchos instrumentos.
Yo me calle y seguí disfrutando del espectáculo.
Cuando el espectáculo termino salimos de la zona vallada, en la puerta estaba Iomar y a su lado un jarrón metálico muy grande. La gente pasaba y echaba unas monedas en el. Cuando pasamos por ahí Ghash tomó una moneda grande de su bolsillo y fue a echarla, pero la chica no la dejo. Cogió su mano y le dijo que su padre se enfadaría si sabia que ella había pagado por verles. Entonces Ghash le dio la moneda a ella para que la gastase en la fiesta. Le dijo que no podía despreciar un regalo de su madrina.
Mientras ella se despedía de sus amigos artistas me pidió que fuera a la posada a buscar el carrito que estaba lleno con todas las cosas que ella había comprado.
También aproveché para hablar con el posadero sobre la posibilidad de tomarme unos días de fiesta, no bien hayan pasado las fiestas del medio año. Dijo que probablemente me podría dar un par de semanas si me comprometía a trabajar duro esos días de fiestas.
Luego fui a buscar a Ghash y volvimos lentamente a casa.


 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 21-08-2004 Hora: 22:57
Este capítulo parece más el de un diario que otros, sobre todo por el final, por como se precipitan los acontecimientos bajo la mirada de bob.