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La última elfa
Por Tuilere
 
La última elfa.

Ella era la única... bagaba solitaria por la tierra media sin saber bien a donde se dirigía. Odiaba su destino, odiaba su vida, odiaba su pasado. Ser la última elfa de toda la tierra media no la consolaba en lo más absoluto. Cuando llegaba a algún pueblo, las gentes la acogían con felicidad y se sentían bendecidos con solo su presencia, pero esa compañía constante de la que gozaba no la hacía feliz. Quería acabar pronto con ese sufrimiento, morir, pero por otra parte deseaba vivir para poder contemplar el nacimiento de nuevas edades y comprobar si era cierto lo que tiempo atrás le habían dicho.
Había sido su amor al irse el que le había grabado con fuego en su memoria una triste despedida y un llanto de destino.
- Pequeña, cuando todos nos hayamos ido, - había dicho él mirándola a los ojos.- cuando quede una sola elfa en la tierra media y una sola mujer, los elfos regresaremos a reinar este mundo. Regresaremos y tendremos el control absoluto de esta tierra. %96 había besado sus manos y le había suplicado.- por favor, no te mueras. Quiero que cuando pueda regresar estés aquí esperándome. Tú decidiste quedarte aquí, por favor, espérame.
- Así lo haré.- respondió ella llorando.- no dejaré que nada, absolutamente nada, impida que yo esté aquí esperándote.
Esa promesa la aferraba a la vida. A pesar del eterno sufrimiento que padecía por estar sola, resistiría hasta que su amado regresara.
- Te prometo que te esperaré por siempre.- murmuró regresando a la realidad. Acababa de llegar a un pequeño pueblo costero. Le extrañó el hecho de que nadie saliera en su busca. Era normal que cuando ella entraba en un pueblo, todas las personas salieran a darle la bienvenida, pero esa vez no ocurrió. Caminó adentrándose en el pueblo y comprendió la razón: era un pueblo de elfos. No eran elfos noldor como ella, ni tampoco elfos sindar, teleri o silvanos... eran despreciables drow. Una posada ocupaba el centro del pueblo. Entró. No le gustaba la idea de pasar la noche en un pueblo de drows, pero estaba cansada y necesitaba comer algo.
La posada era pequeña y oscura, pero estaba abarrotada. Miró a su alrededor y descubrió que nadie le prestaba atención, excepto un robusto elfo que se encontraba cerca de la puerta. Iba encapuchado y tenía realmente mal aspecto, no parecía ser una persona en la que se pudiera confiar. El elfo noto que ella lo miraba y se escabulló en las sombras. La Noldo se acercó al posadero y con voz tímida dijo: - Me gustaría pasar la noche aquí. ¿Tiene alguna habitación libre?
El posadero la miró detenidamente y la pregunto: - ¿Cuánto dinero tiene?
- ¿Y eso qué más da? %96 preguntó la Noldo comprendiendo que la querían timar e intentaban sacarle su dinero.- ¿Cuánto me costará una habitación?
- Bueno...- dijo el posadero analizando la situación con la rapidez característica de los drow.- unas diez monedas de plata.- dijo por fin pensando que le lograría sacar con facilidad ese dinero a la elfa.
Ella lo miró enojada. A pesar de que nunca tenía que pagar hospedaje, sabía que una habitación no costaba tanto. Contó las pocas monedas que tenía. La suma llegaba solo a una moneda de oro, dos de plata y cuatro de cobre. El total no llegaba a ocho monedas de plata. %96 No tengo tanto. %96 dijo la elfa triste a pesar de saber que la querían timar.
El posadero la miró detenidamente y dijo con cara sería: - bien, pues por ocho monedas de plata te podría dar una habitación pequeña, pero no por menos.
Lo siento mucho, pero no tengo tanto dinero.- respondió la Noldor.
- Bien,- respondió el posadero con una sonrisa que le distorsionaba su horrible cara. Por un momento la elfa pensó que se iba a apiadar de ella y le iba a pedir un precio razonable, pero se equivocó.- entonces márchese.- dijo el posadero borrando su sonrisa.
- Pero...- repuso la elfa.- ¡No tengo donde pasar la noche y necesito descansar!
- Bien, ese no es mi problema.- respondió sin inmutarse y siguió atendiendo a los demás huespedes.
La Noldo se entristeció y se dirigió a la puerta cabizbaja. Cuando estaba por salir alguien le tocó el hombro y le suzurró al oido con voz suabe: - Pequeña...
- Ella se dio vuelta y vio frente a si, al drow encapuchado que la había estado observendo cuando entrara.
¿Qué quereis?- le preguntó ella intrigada sin comprender porqué la había detenido el elfo.
Bueno, según veo no teneis suficiente dinero como para pasar la noche acá.- dijo el observandola de piez a cabeza. La elfa asintió sin saber a qué quería llegar su interlocutor.- Bueno... realmente, si no teneis donde pasar la noche, podrías pasarla conmigo.- el elfo le sorió maliciosamente y sus ojos negros demostraron sus intenciones, pero a la Noldo no le importó. Por una parte, no le quedaba otra opción, aparte de pasar la noche al aire libre, cosa poco recomendable pues parecía que iba a llover; y por otra parte, por alguna extraña razón, la sonriza del elfo la cautivó. Le miró a los ojos y encogiendose de hombros le respondió: - Bien, supongo que no tengo otra opción.- El elfo asentuó aun más su sonriza.- Pero, me gustaría por lo menos saber antes quien sois vos.- El elfo la miró extrañado.- Descubríos, porfavor.- El elfo se quitó la capucha y dejó ver una cabellera brillante y plateada que cautivó aún más a la elfa. Nunca en su vida había visto un elfo tan atractivo, porque la realidad es que no era hermoso como los noldor, sino que atractivo a su manera.- Bien, creo... creo que todo está en orden.- dijo ella y siguió al elfo que la guió a su habitación.
A la mañana siguiente, todos los elfos noldor que se encontraban en las tierras impedecederas comprendieron que la elegida había fallado en su misión. Había sido seducida por un elfo traidor y asecinada a sangre fría despues de divertirse un rato. La habían estado utilizando durante toda su vida. Primero como pretexto para que sus padres sobrevivieran a una masacre sin presedentes, luego para posibilitar el reinado de los Noldor y ahora para divertirse.

 
Tuilere
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 30-12-2004 Hora: 23:18
Hay una buena idea de partida. Tan buena que sorprende un poco el rápido desenlace. Tiene su gracia que nos "engañes" con un relato en parte malicioso, con una protagonista en parte ingenua. Pero te ha quedao un poco basto, ¿no?