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La Búsqueda del Elegido
Capítulo 4
Capitulo 4º: Una “Dagor-nuin-Giliath” en Lond Daer
Por ||tru_jas
 
El grito en la noche estrellada, hizo que los jóvenes se alertaran y estuvieran preparados para lo inevitable, la batalla estaba cerca de producirse. Poco a poco las fuertes pisadas de los orcos, se fueron aproximando más y más al pueblo, hasta llegar a una distancia prudencial. El respirar de los orcos se seguía oyendo desde lo lejos, al igual que su insufrible hedor. Sin más, una esbelta figura en la oscuridad, salió al paso de los orcos, era Ivor. Con paso firme y decidido, el elfo se fue aproximando poco a poco a los orcos, hasta que estos pudieron vislumbrar su figura.

Un elfo –gritó uno de los orcos, con voz brusca, pero poderosa- nos da igual quien se ponga en nuestro camino, no dejaremos a nadie con la cabeza pegada al cuerpo.

Todos los orcos empezaron a reír, y a hacer vibrar sus espadas contra sus pechos, cuando un veloz y fulgurante zumbido pasó por medio de todos ellos, provocando el cese inmediato de sus risas. Un orco había caído, con una flecha en el entrecejo. El resto de la cuadrilla empezó a gruñir y a gritar, como si de dolor se tratase, pero no era dolor, sino odio hacia el elfo.

Iros y volved con vuestro amo –habló por fin Ivor
No nos hagas reír, podemos oler vuestro hedor, tu y esa cuadrilla de sucios y débiles humanos no podréis con nosotros. La ira de Saruman nos lleva, y su poder está con nosotros

Al oír esto, el elfo sintió que su corazón se oscurecía y que su valor se encogía por momentos, pero nada más de un suspiro duró este pensamiento, pues los orcos habían empezado a cargar sobre el pueblo.
Otros dos orcos cayeron sin siquiera poder llegar a blandir sus espadas contra las de los humanos. Ivor desapareció en la oscuridad del pueblo, y los orcos irrumpieron destrozando todo a su paso, aquí y allí, algunas casas ardían, los herrumbrosos carros eran destrozados y el suelo rechinaba al paso incontrolable de los orcos, que no debían ser más de treinta. Poco a poco los orcos se fueron dividiendo, y alejándose unos de otros para cubrir más terreno. Aquí y allá el vibrar de las espadas al chocar unas con otras, se oían como sonidos lejanos, en otros lugares los gritos de lamento de los orcos se empezaban a oír, cada vez con más fuerza. Las trampas empezaban a surgir efecto; tres orcos habían caído de golpe, al caerles encima un tronco con púas afiladas de madera, y, aún otro más fue herido, y luego rematado por un joven, que le seccionó la cabeza de un golpe de espada.
Las luchas a lo largo del pueblo, se empezaron a multiplicar hasta que llenaron de ruidos de metal contra metal todo el pueblo. Que, junto, con el olor a quemado y los quejidos de orcos y hombres, hacía presagiar una batalla sin igual en aquellos lugares.
En un rincón del pueblo un grupo de orcos era masacrado por las flechas los jóvenes hombres, en otro rincón dos jóvenes caían debido a ballestas orcas.
Poco a poco las llamas iban consumiendo el pueblo, provocando que los hombres tuviesen menos lugares donde esconderse y sorprender al enemigo.
Los cadáveres iban llenando los rincones del pueblo, varios hombres muertos en una esquina, una docena de orcos por otra esquina. A no mucho de empezar la batalla, tal vez una media hora, los chasquidos del choque de las espadas empezaron a disminuir drásticamente.
Tres jóvenes estaban acorralados en el centro del pueblo, luchando espalda con espalda, repartiendo estocadas, unas certeras y otras al aire. Durante un tiempo soportaron las embestidas de seis orcos, incluso una de los atacantes estaba herido de gravedad, pero poco a poco sus fuerzas fueron mermando, y cada nuevo ataque orco, era una amenaza de muerte segura, y dos de ellos recibieron cortes muy profundos en los brazos y piernas. Cayeron desplomados al suelo, malheridos, pero no de muerte. El joven que quedaba en pie, miró con desesperación a sus compañeros caídos y en un gesto de ira abatió a un orco, con un estoque preciso en el pecho. Pero luego fue golpeado por un puño orco, y se desplomó en el suelo. Cuando logró saber donde estaba y que había pasado, intentó recuperar su espada, pero esta estaba mellada a su lado. Miró hacia arriba y vio que unos orcos estaban a punto de degollar a sus amigos, cogió lo primero que puedo y lo tiró hacia los orcos, trozos de paja, piedras, e incluso su mellada espada fue lo que les tiró, pero no logró amedrentar a sus enemigos. Cuando el primero de sus amigos estaba apunto de caer, dos rápidos y veloces zumbidos, hicieron caer a dos orcos delante de sus ojos. Una figura delgada se acercó corriendo hacia el grupo con dos dagas, una en cada mano; y con un giro rápido en medio de los orcos, atónitos a raíz de lo que había pasado, hizo caer a otros dos, degollados. El último orco en pie corrió hacia la figura, que resultó ser Ivor, con la espada bien empuñada y con los ojos tornados en sangre, pero al igual que sus compañeros, calló fulminado, esta vez debido al joven que estaba en el suelo, que le clavó parte de la hoja mellada, provocando que su mano se tornara rápidamente en sangre, con lo que acabó perdiendo el sentido.
Ivor miró a su alrededor, no vio a ningún orco de pie, y se apresuró a ayudar a los dos jóvenes que yacían a su lado. Abrazó a uno por la espalda, y de un pequeño frasco le dio una bebida élfica. Luego sacó de otro zurrón pequeño unas hojas de reyes y se las puso a ambos en sus heridas. Los dos empezaron a mejorar de repente, e incluso intentaron ponerse de pie, pero rápidamente cayeron sobre el frío suelo, sin sentido. El elfo los dejó arrimados entre si, para que se dieran calor mutuamente, mientras el iba a la caza de algún orco que pudiera haber quedado vivo, y de paso, poder rescatar a algún otro joven superviviente a la masacre.

El pueblo estaba prácticamente asolado por las llamas, apenas tres o cuatro casas se mantenían en pie, y a duras penas. Un profundo olor a ceniza y a muerte invadía todo el aire del pueblo, pero eso a Ivor no le importaba. Poco a poco iba pasando calles, con casas destruidas y carcomidas por el fuego, a uno y a otro lado de su camino, intentando que ningún orco estuviera con vida. A dos orcos los remató en el suelo, y a un tercero le cortó la cabeza cuando intentaba huir del pueblo, malherido. Avanzaba con los ojos desorbitados, con la mirada perdida en un mar de oscuros y terribles pensamientos, más por haberse enterado de que Saruman había hecho lazos con Sauron, que al ver tanta destrucción y muerte en un pueblo tan pequeño. A medida que se iba acercando a un grupo de cadáveres, sus pensamientos de el porque Saruman los había traicionado, cesaron de golpe, pues le pareció ver a Trarsos tirado en el suelo, ensangrentado y con un orco encima de el. Apresuró su paso, y en poco tiempo estaba al lado de él. Con mucho esfuerzo quitó el cadáver del orco, del cuerpo de su amigo, y vio un horrible panorama, Trarsos estaba ensangrentado por todo el cuerpo. De repente, el joven y valiente hombre, tosió, propinando un buen susto al elfo. Ivor le a incorporarse, y le preguntó que había pasado. Trarsos tragó un poco de la bebida que le ofreció el elfo, y con mucho esfuerzo dijo que estaba bien, que al matar a un orco, éste se le había venido encima, y con el cansancio extremo de la batalla, había perdido el conocimiento.

Hemos ganado la batalla? –preguntó el hombre, tratando de tragar un poco de saliva.
Habéis luchado con mucha fiereza, honor y valentía, y hemos ganado una dura batalla.

El hombre empezó a sonreír, pero al ver la cara seria y preocupada del elfo, cesó de golpe. Estaba a punto de formular una nueva pregunta, pero el elfo le tapo la boca, y le dijo que debía descansar y no gastar fuerzas, que mañana sería un día nuevo. Exhausto, por la batalla, Trarsos perdió la conciencia, y calló sobre los hombros de Ivor. Éste lo cogió en sus brazos y lo reunió con sus amigos, que seguían inconscientes, unos apoyados sobre los otros. Dejó allí a su joven amigo, y prosiguió su búsqueda de sobrevivientes por el pueblo adelante; solo fue capaz de encontrar a otros dos jóvenes con vida, que se venían arrastrando por el suelo, debido a sus heridas en las piernas. Los ayudó a levantarlos y los llevó con el resto, mientras pensaba que seis sobrevivientes no eran pocos para ser hombres jóvenes, sin experiencia y contra una guerrilla de treinta orcos, ardientes de sangre.
Cuando llegaron con el resto, todos estaban ya conscientes, y hablaban sobre la batalla, sobre los que habían caído, sobre los que aún lograrían sobrevivir. Ivor dejó a los otros dos, y se sentó con ellos, y los instó a dormir, y a hablar al día siguiente, pues debían guardar ánimos y fuerzas porque iba a ser un día triste y largo, y había mucho que hacer.
Así fue, que sus palabras debieron de ser como un hechizo del sueño, porque todos cayeron desplomados en un placentero y profundo sueño. Ivor los arropó con trapos que se habían salvado de la quema, y empezó a murmurar cosas en sindarin. Al acabar en también se puso a dormir, mirando a las estrellas, que más que nunca, brillaban sobre un cielo despejado de nubes...

by ||tru_jas
 
||tru_jas
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 30-12-2004 Hora: 19:02
Entretenida batalla. Repasa lo escrito que tienes varios fallos inducidos por despistes.

Fecha: 14-09-2004 Hora: 20:17
[''] espero k os guste.....

Fecha: 14-09-2004 Hora: 20:16
('') por fin el cuerto capitulo, casi...sabe dios....('')