Ir a Posada de Mantecona
 


Una Aventura No Esperada
Capítulo 1
Aventura en La cima de los vientos
Por Templeir
 
No hacia ni una hora de la llegada de muchos miembros del poney pisador cuando nos fuimos a rellenar tinajas de agua debido a unas circunstancias extrañas... por lo visto el hombre que nos suministraría el agua durante el fin de semana fue asaltado por una manada de orcos según nos dijo el posadero, al pasar por la travesía de la cima de los vientos.
Entonces todos los que estábamos allí decidimos ir hacia la fuente que estaba a unos trescientos pies del refugio para llenar algunas tinajas de agua y poder así permanecer los días que estaríamos allí.
Tras haber permanecido un largo tiempo viendo como se llenaban las tinajas de agua gota a gota... viendo impotentes como tras un largo periodo de tiempo no se había llenado ni la mitad de la primera tinaja. Entonces me levante y mire a todos los que estábamos allí diciendo así:

- Tenemos que ir hacia la travesía de la cima de los vientos, así podremos ver lo que le ocurrió al comerciante y con suerte traer las tinajas.
- Es cierto, - respondió Silon - no podremos estar muchas horas sin agua el viaje ha sido largo y agotador y con la poca agua que hay no será suficiente para toda la gente que estamos.

Mientras todos escuchaban lo que Silon y yo dijimos hubo un pequeño y breve tiempo de silencio ya que nadie se atrevía a ir hacía allí tal vez por miedo a lo que les pudiera suceder, o por otros motivos... entonces una voz surgió del grupo:

- Estoy totalmente de acuerdo, vayamos ¡sin demora! no podremos permanecer mucho tiempo así. – dijo Kajika
- Yo iré también. – se adelantó Aldor.
- ¡Y yo! – dijo Elrandu al fondo.

Entonces Silon dio el primer paso y me tendió la mano para levantarme y dirigirnos juntos hacia la cima de los vientos. Mientras Kajika encabezaba el grupo yo le seguía y tras de mí estaban Silon, Aldor y Elrandu. Todos juntos emprendimos el viaje y dejamos atrás el grupo que permanecería en la fuente viendo como se llenaban las tinajas.
Fuimos subiendo la elevada montaña; era bastante inclinada y cada tres pies podíamos ver y oler excrementos enormes de un animal, ser o criatura que mirábamos con algo de miedo pensando a qué podría pertenecer eso. Mientras andábamos podíamos observar la puesta del sol; teníamos una vista espléndida y podíamos ver los poco rayos de sol que habían tocado la cara de la montaña y a su vez la sombra que se formaba detrás de ésta. Fuimos subiendo poco a poco y todos nosotros podíamos sentir el frío, seco y fuerte viento que parecía como pequeñas y afiladas agujas de hielo que chocaban en nuestras pálidas caras y perforaban nuestros pulmones.
Tras una buena caminata llegamos a la primera zona rocosa en la cual Kajika nos esperaba algo aburrido, pues hacia tiempo que había llegado.

¡Vamos!, - dijo - No nos podemos demorar... Si no nos damos prisa posiblemente los orcos se lleven todas las tinajas.

Mientras estaba llegando a la zona rocosa y situándome frente a Kajika, me di la vuelta y pude ver que Silon ya estaba llegando a la par de Aldor, sin embargo, al fondo pude ver a Elrandu que poco a poco se alejaba más de nosotros...

- ¡Vamos! Elrandu, - gritó Aldor - no pares de subir!
- No sé si podré... – gritó una vocecilla abajo - jamás imagine que este viento me helara tanto los pulmones...

Cuando todos estuvimos allí presentes emprendimos de nuevo el camino y a medida que íbamos subiendo el frío iba aumentando considerablemente... podía ver cada vez que giraba la cabeza cómo Elrandu nos dejaba cada vez mas atrás hasta que le perdí de vista. Entonces miré a la cima y me prometí a mí mismo que llegaría hasta allí al lado de Kajika, Silon y Aldor.
A los pocos minutos de reincorporarnos nos topamos con unas piedras enormes que tendríamos que escalar con mucho cuidado. Yo pisaba firmemente mientras veía que Kajika nos sacaba una gran diferencia de distancia.
Entonces viendo que no podría alcanzarle aceleré mi ritmo apretando mi paso y subí lo más rápido que pude. De repente mis pies fallaron y pisé una piedra escurridiza metiéndome así en un oscuro agujero y entonces Silon agarró mi mano mientras yo le pedía que no me soltase. Fue subiéndome poco a poco con la ayuda de Aldor. Cuando estaba en la superficie me senté en una roca para descansar. Al poco tiempo de estar sentado sentía un dolor intenso en la parte baja de la pierna podía sentir como me ardía la piel pues al subirme el pantalón vi como parte de mi carne estaba rasgada por la cortante piedra.

- ¿Podréis seguir con el viaje? – me dijo Silon observando la herida.
- Esto no me impedirá llegar hasta las tinajas... – contesté sonriéndole.

Entonces me levanté apoyándome en la otra piedra y seguí subiendo al lado de Aldor y Silon, poco a poco fuimos subiendo y logramos alcanzar a Kajika; entonces los ojos de semi-elfo de Silon vieron algo que nosotros no pudimos distinguir a lo lejos de la montaña.

- ¡Mirad! Allí están los bueyes muertos y la carreta. – gritó.
- ¿Dónde? – preguntó Kajika forzando la vista hacia la lejanía.
- Ahí, Kajika – le contestó Aldor señalando con su mano el lugar.
- Vayamos hacia allá, a ver que ha ocurrido realmente y a ver si podemos llevar las tinajas. – acució Templeir.

Apenas habíamos andado trescientos pies cuando todos pudimos ver la piel de un buey abrasada por la marca de un gran mazo, era una herida superficial pero de dimensiones desproporcionadas. En estos momentos nos miramos todos y no dijimos nada, pero todos pensábamos lo mismo: obviamente eso no lo hicieron orcos...

Entonces Aldor habló:

- Esto no lo han hecho orcos...
- Creo que sé lo que puede ser... – dije.
- Yo también... – añadió Kajika.
- ¿Qué creéis que ha podido ser? – preguntó al aire Silon.

Mientras yo miraba la herida del buey pude observar que había en su carne varias heridas profundas como si las hubiera provocado una gran garra y hubiese sacado de cuajo la piel provocando una muerte agonizante al animal... entonces miré a Kajika y se lo comenté. Mientras asentía con la cabeza miró a los demás; Silon y Aldor estaban algo asustados y muy intrigados por todo esto.

- Templeir y yo creemos que es un dragón... las heridas son profundas y violentas y esta garra no puede ser de un troll ni de un orco... – explicó Kajika.
- ¿Un dragón? – se extrañó Aldor.
- Sí – afirme gravemente.
- Deberíamos ocultarnos lo más rápido posible donde pudiésemos. – susurró nerviosamente Silon.
- Bajar no podemos, parece que lo hizo adrede para cortar el agua al refugio. Deberíamos ocultarnos en la cima, ¿Quién sabe si no esta en el refugio matando a todos los que allí están? – replicó Kajika.

Mientras Kajika señalaba la cima, en ella podía verse como un pico se elevaba alto y afilado y a su vez cómo los últimos rayos de luz coronaban la cima.
Aceleramos la marcha tanto que ni siquiera mirábamos el paisaje. El viento no paraba de chocar en nuestra cara y apenas distinguíamos la hierba del oscuro suelo ni de los excrementos.
Cuando llegamos a la base de la cima pudimos observar que unos montículos de piedra se alzaban sobre nosotros. Poco a poco fuimos subiendo hasta llegar a la cima de la colina. No podíamos creerlo, estábamos en lo alto de la cima de los vientos, podíamos sentir el viento en nuestra cara, tocar con nuestras botas la piedra desnuda y ver a lo lejos un paisaje precioso a pesar de la oscuridad que ya se cernía sobre nosotros. Entonces nos miramos y comenzamos a bajar por el otro lado de la cima de los vientos para ver si podríamos pasar allí la noche.
Poco a poco fuimos bajando con mucho cuidado, pudimos ver una gran grieta que se alzaba a nuestros pies como un precipicio rocoso y resbaladizo. Entonces vimos cómo Kajika bajaba con cuidado el acantilado. Él nos decía: «tened cuidado, estas rocas no se agarran como las otras... son escurridizas y lisas». Entonces yo decidí bajar poco a poco cuando de nuevo la pierna me falló y me escurrí de nuevo hacia abajo, agarrando por los pelos una piedra para no caer al vacío. Enseguida llegaron Silon y Aldor y me ayudaron. Y al poco tiempo ya estábamos bajo la cima y pudimos descubrir una caverna excavada en la roca. Lentamente nos fuimos acercando a la caverna con excesiva cautela mientras Aldor nos susurró con voz tenue:

- Shhh, mirad el dragón... teníais razón.
- No es un dragón... es una dragona!!

Todos se quedaron perplejos al oír al medioelfo.

- Bajemos para el refugio antes de que se despierte, si no seremos pasto de la dragona. – dijo Templeir casi al tiempo que Kajika.

Entonces nos movimos sigilosamente mientras pudimos ver que en la cueva estaban todas las tinajas de agua y el comerciante... o más bien comerciante aquí y allá.
Aldor se estremeció al ver lo que quedaba de él y se adelantó a la altura de kajika. Al poco rato Silon y yo perdimos de vista a Kajika y a Aldor y nos encaminamos hacia la salida, bajando por la montaña lo más veloz que podíamos.
Al cabo de unos doscientos pies mas o menos pudimos distinguir las siluetas de dos personas que rápidamente supimos que eran Kajika y Aldor. Pasados unos cincuenta pies nos reencontramos con ellos y anduvimos ligeros y raudos mientras bajábamos y pensábamos como decir esto en la posada... estábamos sin agua y una dragona acechaba a la posada.

(este relato está basado en hechos Reales "pero no murió nadie, eh!")
 
Templeir
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 27-02-2007 Hora: 13:47
buen escrito...como siempre...haces lo mejor en el papel y la escritura...

Fecha: 15-05-2005 Hora: 18:51
XDDDDDD ¡¡¡¡bueno!!!! no lo había leído hasta ahora. Muy bien.

Un hecho real.

Un superviviente.

Fecha: 14-12-2004 Hora: 13:19
Lo que hace la marihuana XDDDDDDD ay que me da!!!! :**

Fecha: 14-12-2004 Hora: 13:12
Basado en un hecho real
No está mal para empezar muchacho, pero te exigiré más la próxima vez