Ir a Posada de Mantecona
 


La leyenda de Isilaiko
Capítulo 4
4º Parte
Por inwen_lindonar
 
Durante un tiempo permaneció Fuion en su cueva, hasta que algo le impulsó a salir. Recorrió la Tierra Media, desesperado, sin encontrar que había de dirigir su destino.
De norte a sur, de este a oeste, desde lo alto de las montañas a las profundidades de las cuevas viajó, en un viaje sin destino y sin esperanza.
Hasta que un día sus pasos le llevaron a una playa, en aquella playa se sentó bajo la luz de la luna y las estrellas y miró al cielo. Era una noche muy hermosa, sin nubes ni viento. El mundo estaba en paz. Y allí Fuion por primera vez en miles de años se sintió feliz y tranquilo.
Mientras permanecía allí sentado una luz apareció en el cielo, volando mientras se dirigía hacia la orilla, hacia aquella playa y su respiración se aceleró de la emoción aunque su cuerpo no precisaba el aire, sin conocer exactamente el motivo de aquella turbación.
La luz se posó en la orilla y así pudo ver que era producida por un hermoso animal blanco de pelo brillante con las crines y los ojos azules semejante a un caballo pero con unas hermosas y suaves alas y un brillante cuerno de cristal espiral en su frente. Sobre el caballo había montada una hermosa joven de cabellos castaños y ojos marrones que vestía un traje blanco sin mangas ni tirantes adornado con diamantes en los que brillaban las estrellas, ella misma parecía una estrella, y su vestido parecía ser una lluvia de estrellas que la rodease.
Fuion quedó maravillado en su contemplación hasta que se percató de que él conocía aquel rostro, era el rostro de la última doncella de su sueño. Pero también tenía las facciones de la dulce dama de dorados cabellos cuyo cuerpo muerto tirase al mar y la fiera y atractiva mirada de la enmascarada de ojos verdes. Entonces comprendió que las tres jóvenes eran la misma. Que la tenía delante de si. Y de que era real.
Se sonrieron mutuamente. No eran necesarias las palabras. Ambos se habían estado buscando desde que nacieron. Habían nacido para estar juntos. Se pertenecían mutuamente aunque ninguno lo supo hasta ese momento. Unieron sus manos suave y dulcemente, muy despacio. No eran necesarias las palabras. Poco a poco se fueron acercando hasta que juntaron sus labios en un prolongado beso con sabor a mar y a vida. Tras los labios se unieron sus cuerpos y allí, en la playa, bajo la luz de la una y las estrellas, unieron sus destinos para toda la eternidad, sin saberlo, en una noche mágica en la que dieron forma a su infinito amor. Con el amanecer llegó la separación de los amantes. Él marchó hacia su oscura y húmeda cueva, ella hacia algún paraje desconocido e innominado. Se despidieron con la promesa de volver a reencontrarse allí mismo justo a un año de la fecha.
Aquel año Fuion no pudo dejar de pensar en su amada, en su amante, en la bella doncella que finalmente había logrado encontrar. Cuando llegó la noche del reencuentro se dirigió a la playa con los nervios a flor de piel. Allí volvió a sentarse en el mismo lugar a esperarla. Las horas pasaban y la doncella no aparecía. Un temor y una sombra comenzaron a surgir dentro de Fuion. Miró la luna brillante y rogó con lágrimas en los ojos para que la doncella reapareciese, que acudiese a la cita. Una de sus lágrimas de sangre cayó sobre la arena, la lágrima se fundió con la arena y una luz comenzó a surgir del suelo, la luz intentó adquirir forma, la forma de la doncella que Fuion esperaba con ansiedad, pero era una forma etérea, transparente y brillante, incapaz de alcanzar la solidez de un cuerpo vivo, que con una voz muy suave habló a Fuion.
- Amor mío. Deseaba por encima de todas las cosas volver a estar contigo esta noche y decirte lo feliz que me hace haberte encontrado, sin embargo es imposible puesto que morí hace tres meses y ya no me encuentro en el mundo de los vivos. Pero no podía dejar de venir esta noche, aunque fuese de esta forma -dijo extendiendo sus etéreos brazos- para decirte que tu eres y siempre serás mi gran amor.
Fuion comenzó a llorar comprendiendo que ya no la tendría nunca más, que la había perdido para siempre. La fría muerte se la había arrebatado.
- No llores, amor mío -dijo la doncella- pues todavía hay esperanza, ten fe y confianza, pues no todo está perdido.
Y tras decir esto desapareció con un destello.
Fuion quedó desolado, pues para él ya no había esperanza alguna. Su corazón estaba destrozado con la perdida del único ser que había amado, y ya no deseaba continuar adelante. No deseaba prolongar su existencia.
Allí en la playa se tumbó en la arena esperando la salida del sol. Escuchando la rítmica melodía del mar lloró en silencio rememorando la felicidad que había alcanzado un año antes en aquel mismo lugar y que había desaparecido, muerto. El tiempo pasó sin prisa, pero tampoco sin pausa y el sol comenzó a dejarse ver en el horizonte levantándose muy lentamente tras los Montes Azules.
Fuion comenzó a sentir el calor sobre su piel y como, poco a poco, iba comenzando a quemarse. Tras la piel comenzaron a quemarse los músculos, la carne... El dolor y la agonía eran atroces, pero no mayores que el sufrimiento de continuar sin ella. Poco a poco sus huesos ardieron también, hasta convertirse en fino polvo que un soplo de viento arrastró y mezcló con el agua del mar.
Lo único que no ardió fue la luna verde que luciese en su pecho desde el día de su nacimiento. La luna verde comenzó a elevarse mientras flotaba iluminada por los rayos del sol. Aquella luna atesoraba el alma de Fuion.
Tres formas aparecieron en la orilla caminando, dos masculinas y una femenina. La femenina tenía los cabellos oscuros, y las masculinas una cabellos dorados y otra cabellos rojos. Lentamente se dirigieron hacia donde brillaba la luz de la luna verde.
- Esta debe de ser la luna que ella nos mandó a buscar ¿no creéis compañeros? -dijo la figura femenina.
- Creo que estás en lo cierto, compañera -respondió el hombre de cabellos dorados- Haz lo que debes hacer compañero -dijo dirigiéndose al otro hombre.
El hombre de cabellos rojos extendió los brazos y abrió una caja que portaba. Era una caja no mas grande que una mano realizada en mithril y con el interior forrado en suave terciopelo de color azul oscuro, como una noche de verano. La luna fue atraída hacia dentro y el hombre cerró la caja con la luna dentro. Con mucha suavidad volvió a recoger la caja entre sus vestiduras.
Los tres desconocidos partieron de la orilla y se dirigieron a una isla en medio del mar donde había un círculo de piedra. Caminaron hacia el circulo y se aproximaron a un altar sobre el que había un corazón de cristal, una estrella de zafiro, una máscara de mithril partida en dos y un escudo plateado con un pájaro de fuego. Sobre ese altar, junto a los demás objetos depositaron la caja con la luna verde que contenía el alma de Fuion.
 
inwen_lindonar
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 27-12-2004 Hora: 22:59
No entiendo por qué tuvieron que separarse durante un año los amantes. La rapidez con que está escrito todo hace que el relato pierda consistencia, y eso que tiene giros muy buenos que le dan un dramatismo conseguido.