Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 14
Capítulo XII
Por aerien
 
Justo después de comer Ghash me mandó al mercado, me extrañó, pero no le pedí explicaciones, sobretodo porque ella se metió en su habitación y se puso el manto negro y yo sabía lo que eso significaba: visitas. Me pidió que le llevara unas cosas al mercader de telas y un mensaje a los hermanos haradrím.
Yo salí a la calle con la cabeza repleta aún de historias sobre los orcos, recordé al Limaco y me reí yo solo en las calles desiertas en esa hora tan temprana de la tarde. También sentí como se me erizaban los pelos de la nuca cuando recordé su forma de hacerse obedecer.
Metido en mis pensamientos llegué al mercado tan deprisa que no me di cuenta de que había salido sólo con una de las muletas - Eso está perfecto- pensé- ya puedes andar casi sin ellas, mañana podrás volver al trabajo.
Busqué entre todas la tienda del vendedor de telas y la encontré no lejos del tenderete de los hermanos.
El mercader de telas resultó ser una jovencita humana muy guapa que me agradeció que le hubiese traído el preparado con una gran sonrisa. Me dijo que su padre, el comerciante de telas, había encargado ese producto a Ghash. Que se trataba de algo para el dolor de muelas. Ya que su padre llevaba unos días sufriendo por culpa de ellas.
Cuando me acerqué al tenderete de las especias vi que sólo estaba el muchacho, la afluencia de público había bajado al llegar la hora de comer y supuse que le había tocado a él hacer la guardia.
El chico me dijo que su padre estaba en el almacén y me señaló una callejuela lateral. Me sorprendió su mirada tan intensa, hasta que me acordé que Ghash había insistido en que me pusiera el pañuelo azul alrededor del cuello.
Los dos hermanos estaban en el almacén, sentados frente a una mesa, parece que estaban echando cuentas. Me saludaron cuando entré y entonces yo les di mi mensaje.
- la señora me mandó – dije – Dice que ya tiene a punto el material para que se lo lleven cuando salga la caravana. Que pueden pasar a recogerlo cuando gusten.
- Ah y también otra cosa – añadí – la señora ha preparado un paquete para vuestra esposa y vuestro hijo. Dice que le hagáis un lugar entre los bultos. Porque es bastante grande.
Absadh abrió mucho los ojos en una muda interrogación. Miró a su hermano y este asintió. Luego los dos se volvieron a mí.
- ¿sabéis lo que hay en ese paquete? – me preguntó Thalem
- Pues no lo se, sólo sé que lo ha puesto en una especie de baúl cuadrado de viaje. – contesté.
- Un arcón – murmuró Absadh – no será... – se interrumpió un momento
- Es un arcón cuadrado, de madera rojiza, tachonado de clavos de hierro y con las aristas cubiertas de cobre. De una medida así – dije yo abriendo los brazos para que ellos vieran el tamaño.
Los ojos de los dos brillaron, no sabía porqué, pero esa noticia los hacía muy felices.
De pronto Thalem se levantó y me invitó a pasar al interior del almacén. Yo le seguí, lleno de curiosidad por lo que él quería mostrarme. Atravesamos el almacén seguidos por su hermano, que se había retrasado para cerrar la puerta. Y llegamos a una portezuela.
Thalem se detuvo en el umbral, y abrió con ceremonia la puerta para que yo pasase.
- ¡Bienvenido a mi humilde casa! – exclamó inclinándose en una reverencia mientras yo cruzaba la puerta.
Al otro lado un patio interior encalado y lleno de flores me transportó a un lejano lugar, al fondo, bajo un toldo espeso, había una mujer. Dos chiquillos de mi altura más o menos llegaron corriendo desde una puerta al fondo, que supuse daba al interior de la vivienda. Estaban jugando con una especie de tela de color brillante que les seguía y que aleteaba con la carrera.
Los dos chiquillos se me quedaron mirando fijamente y Thalem tuvo que presentármelos. Se trataba de sus hijos menores. Que por lo visto sentían muchísima curiosidad de ver un hobbit de tan cerca.
Luego supe que habían llegado con la caravana y que era su primer encuentro con alguien de mi raza.
Thalem me presentó a su esposa y esta se dirigió a la cocina y nos trajo té.
Estuvimos charlando un buen rato sobre ellos y sobre su vida mientras tomábamos el té.
Así que aproveché y escribí lo que ellos me contaron en una de las libretas. Le puse por título los hermanos Haradrim.
También me enteré de unas cuantas cosas más sobre la vida de Ghash. Poco a poco voy conociéndola mejor, aunque sigue desconcertándome mucho.
Cuando me despedí de ellos me llevé una sorpresa. Absadh me había preparado un paquete bastante voluminoso. Dijo que eran cosas para mí, para honrar a la señora. El problema era que yo no podía llevarlo aunque sólo usase un bastón desde ese día.
Thalem se despidió con una reverencia, a la que yo correspondí. Luego tomó mi mano y la rozó con la punta de los dedos, sonrió levemente y se fue.
Al momento entró el muchacho del tenderete, tomó el paquete y se lo puso en la cabeza. Y sonrió esperando que yo abriera la marcha.
Absadh también se despidió, pero no de una forma tan ceremoniosa como su hermano. Parecía que estaba saludando a un viejo amigo, aunque realmente sólo nos habíamos visto un par de veces.
El camino de vuelta se me hizo muy corto, el muchacho resultó ser un charlatán, además de casi tan curioso como yo. Me contó que era el mayor de cuatro hermanos, y que me envidiaba por ser un aprendiz. Que él lo había deseado con todas sus fuerzas, pero que debía aprender el oficio porque el negocio sería suyo algún día. También me dijo que su hermano menor era aprendiz, aunque a él lo que de verdad le apasionaba era estar en la tienda, le sugerí que hiciera lo mismo que yo había hecho. Es decir cambiarse por su hermano, cosa que puso una mirada ilusionada en sus ojos.
Sin darse cuenta me contó el porqué Ghash me había mandado a un recado. Resulta que el señor de su hermano, un iniciado que había viajado con ellos, estaba en ese momento visitando a Ghash. Los dos se habían encerrado y habían mandado a sus aprendices a sendos recados.
Cuando estábamos llegando a la casa nos encontramos con su hermano, iba vestido con una túnica de color pardo y llevaba el manto azul sobre los hombros.
- ¿Qué haces aquí plantado en la esquina? – preguntó el muchacho, que dijo llamarse Ghalem, a su hermano menor.
- Esperando a que mi maestro salga – contestó el – no quiero importunar a ninguno de los dos con mi presencia.
Luego Ghalem me presentó a su hermano Alcarim. También aprovechó para contarle que yo era el aprendiz de Ghash, cosa que provocó en el hermano menor un estremecimiento y una mirada respetuosa cuando oyó el nombre de mi maestra.
Estuvimos un rato esperando y entonces pasó mi primo Tom, parecía que iba a casa de Ghash.
Se paró a charlar conmigo, aunque miraba extrañado a los dos hermanos.
Pedí que me disculparan y me puse a hablar con Tom. Quería saber si el tío le había dado algún recado para mí.
Tom se hizo de rogar, y no soltó prenda hasta que yo no le hube llenado la pipa. Y aprovechó para invitarse por el morro a merendar. Aunque me dijo que el tío le había dado buenas noticias para mi.
Los dos hermanos también hablaban entre ellos, pero lo hacían en su idioma. Vi como Tom azuzaba el oído, sabía que estaba muerto de curiosidad, así que le dije que eran hijos del comerciante de especias y que este tenía tratos con Ghash.
- ¿Qué estamos esperando? -preguntó Tom – yo no tengo todo el día. El señor Jas me dio sólo hasta las cuatro.
- Es que la señora tiene una visita y no debemos meternos –expliqué – no creo que le guste nada que irrumpan en su casa dos hobbits y dos muchachos cuando esta comerciando con alguien. Recuerda que el señor Jas siempre te manda afuera a barrer cuando tiene tratos con algún proveedor.- le recordé a mi primo.
- ¡Ah entonces se trata de eso! – dijo guiñando el ojo Tom – ¡cuestiones de dinero! Mejor no meterse o acabas con un pescozón. – sentenció.
Los demás nos pusimos a reír. Imaginamos el pescozón que debió llevarse Tom, por meterse donde no le llamaban. Yo supuse que le dolió, ya que a veces es un poco duro hacerle entender según que cosas, pero eso lo había entendido a la perfección.
Al cabo de un momento vimos a Ghash y a su visitante salir, ella lo acompañó a la puerta del jardín y se dieron las manos.
Aprovechamos para acercarnos como si estuviésemos llegando en esos momentos. Alcarim saludó a su maestro y se fue con él después de saludarnos a todos.
Entramos en la casa, Ghalem dejó el paquete en el suelo y yo le expliqué a Ghash que eso era un regalo de su padre y de su tío.
Después me llevé a Tom a la cocina a preparar la merienda, por un lado sentía que ellos dos querían estar solos y por el otro quería que Tom me dijese lo que mi tío le había dicho sobre el carro.
En la cocina Tom se metió en la boca un pastelito de la bandeja que había en la mesa. Y me anunció que tranquilo, que el tío Rocco le había dicho que no había problema con el carro y que podría disponer de él en seis días, cuando pasasen las fiestas de medio año, lo que me puso la mar de contento
Dejé a Tom cuidando del fuego donde se calentaba el agua para hacer té y devorando pastelillos de almendras de la bandeja y me fui a la sala.
Ghalem ya se iba, no sé que es lo que había hablado con Ghash pero su cara tenia la misma expresión de felicidad que la de mi primo cuando probó los pastelillos. Le pedí que se quedara a tomar el te pero me dijo que debía volver al tenderete, que su padre lo esperaba.
Cuando se hubo ido Ghash me miró con una mirada intensa.
- ¿Se puede saber que es lo que le dijiste? – me preguntó – él me dijo que había sido idea tuya.
Yo puse cara de circunstancias. No tenia ni idea de que me estaba hablando ella. Y en aquel momento entró mi primo.
- ¡Vaya! ¡hay tormenta! – exclamó – mejor voy a la cocina a por las tazas – anunció
Los dos nos reímos ante la salida de mi primo. Supongo que se ha llevado más de una bronca por meterse en los asuntos de los demás y al final ha aprendido que lo mejor es mantenerse alejado cuando dos personas están discutiendo.
Ghash aprovechó su ausencia para decirme que tendría que explicarle luego mi conversación con el chico haradrim. Y luego me preguntó por el contenido del paquete.
- No tengo ni idea de lo que contiene – el señor Absadh lo preparó para mí, me dijo que era algo que necesitaba para... ¿a ver como dijo? ... ¡Ah si! ¡Para honrar a la señora!
- Lo abriremos después – anunció ella – creo que ya se lo que contiene.
Yo no dije nada y ella cogió el paquete y lo dejó en un rincón fuera de la vista. Luego me guiño un ojo.
- ¿Qué tal fueron tus negocios con ese señor, Ghash? – pregunté mientras Bob entraba en la sala con las tazas.
- Muy bien - contestó ella, - pero será mejor que traiga la merienda o tu primo acabará con todos los pastelitos
- Te ayudo – le dije – voy a por las cosas para poner la mesa.
Una vez estuvo todo preparado nos sentamos a merendar. Era algo temprano y yo no tenía casi nada de hambre, ya que había estado tomando té y pastas en casa del comerciante haradrim.
Tom nos hizo reír contándonos una anécdota que había sucedido en la tienda aquella mañana. Se ve que había habido una discusión. Dos parroquianos se habían peleado porque los dos querían comprar la única pala con un mango oscuro que había en la tienda, las otras eran con mango claro.
- Y al final Jas ha cogido betún y me ha ordenado pintar dos palas de las claras con él. – dijo casi sin poder respirar de la risa - Y los dos parroquianos se han ido la mar de satisfechos agarrando sus palas sin saber que se estaban poniendo perdidos de betún.
Nos hemos reído un montón y se nos ha pasado el tiempo volando. De pronto Tom ha oído un ruido afuera, el sonido de una carreta y se ha despedido a toda prisa diciendo que llegaba tarde y le reñirían.
Ghash se ha reído y le ha dicho que tranquilo que aún no eran las cuatro y él le ha respondido que a las cuatro debía estar en la tienda y se ha ido a toda prisa.
En cuanto Tom ha desfilado por la puerta, Ghash ha vuelto a atacar.
- Vale, ¿me dirás ahora qué es lo que le has dicho a ese chico para que haya tenido el valor de decirme que le pida a su padre que los cambie a él y a su hermano?
Yo la miré sorprendido, no sabía que era lo que ella quería decir, hasta que recordé la conversación con el muchacho haradrim.
- Yo sólo le conté lo que nos pasaba a mi hermano y a mí – dije –, que mi hermano es el que va a seguir con la granja y yo he vuelto a la posada a ver si algún día puedo conseguir mi sueño.
Ghash se rió, por lo visto no estaba enfadada, sólo tenia curiosidad por saber como había conseguido que el chico pusiese suficiente valor para pedir lo que de verdad deseaba.
- De todas formas – dijo – eso es lo que hay que hacer. Ese muchacho desea ser aprendiz tanto como su hermano desea llevar el negocio de especias. Y no importa quién de los dos es el mayor.
Y mientras decía eso se fue al rincón donde había dejado el paquete y lo trajo hacia la mesa.
Sacó un cuchillo y cortó el cordel con que lo habían atado y me dejó que yo hiciera los honores.
Cuando lo abrí vi que contenía un vestido de color crudo con dibujos en negro en las mangas y un manto azul. Era más o menos de mi talla. Un vestido haradrim de gala igual que el que llevaba Absadh ayer. Solté un resoplido, y una exclamación de admiración.
Ghash se rió, supongo que imaginaba lo que contenía el paquete. Levantó el vestido para mirarlo y sonrió satisfecha.
- A ver pruébatelo – dijo – vas a estar fantástico con estas ropas.
- Oye ¿cómo es que el tenía un vestido así de mi talla? - pregunté- no lo entiendo – añadí moviendo la cabeza a un lado y a otro.
- No creo que lo tuviera, creo que te lo hicieron esta mañana – dijo Ghash – la esposa de Thalem es muy buena costurera.
- ¿Lo hicieron en una mañana para mí? – pregunté sorprendido.
- Supongo que arregló uno que ya tenía, probablemente debía ser para su hijo o para Asbadh – dijo ella – ves estos bordados son demasiado grandes.
Me quité la chaqueta y la camisa y me puse la túnica. Ghash me ayudó con la capa porque era muy diferente a cualquiera que haya usado nunca.
Se fue a su habitación y volvió con algo en la mano. Eran un par de broches redondos. Me los engancho en los hombros para que no se me cayera y luego dio un par de pasos hacia atrás para contemplar el efecto.
- Perfecto – dijo – así podrás lucirlo en la celebración de mañana por la noche.
- ¿Mañana por la noche? – pregunté – ¿Qué es lo que se celebra? ¡No es lithe aún!
- Allá en el sur no se celebran las fiestas igual que aquí, las gentes del sur celebran su particular fiesta. La celebran siempre los días cercanos a lithe. Porque esta fiesta tiene que ver con el sol.
Hay una leyenda que cuenta que el primer día que salió el sol se pasó tantas horas en el cielo que pasaron tres días antes de que se pusiese por primera vez.
Las gentes del desierto temían que el sol secase sus ya de por si áridas tierras y pidieron ayuda a los dioses.
Entonces estos mandaron a un cazador y éste le disparó al sol. Cuando su flecha llegó a él se clavó y fue horadando en su interior.
Desde entonces, el sol debe descansar unas horas todos los días porque aún no ha podido arrancarse la flecha que lo hiere.
Pero todos los años, justo en los días de lithe el sol intenta dominar para siempre sobre la tierra y los días se hacen largos.
Por eso los hombres del desierto celebran esta fiesta, es la fiesta del cazador. Se dice que si las gentes lo llaman, él vendrá y con sus flechas volverá a dominar el sol. Su señal es una pequeña estrella que asoma por el horizonte, justo en el día señalado se posa encima de una montaña que se ve de todas partes del desierto y entonces ellos saben que ha vuelto y todo el mundo se alegra, porque eso anuncia que el sol va a empezar a ponerse antes y que llegarán las lluvias.
- Oye Ghash, ¿cómo sabéis que es ese día si estamos tan lejos del desierto?
- Porque hay otras señales que lo indican. Ha habido muchos mercaderes que han viajado hacia el norte desde las tierras del desierto y han anotado estas señales para no olvidar. De esta forma se puede saber exactamente el día aunque se esté en el lejano norte.
- ¿Y qué se hace en esta fiesta? – pregunté – no oí nunca que se celebrara aquí en Bree.
- Claro que sí – me contestó ella – lo que pasa es que como coincide con lithe la gente cree que es nuestra manera de celebrarlo.
- Claro, por eso no le dan importancia. Aquí también es un día de fiesta.- contesté – pero no respondiste a lo que te pedí –añadí – ¿qué se hace en una fiesta como esa?
- Bueno digamos que tiene una parte más ceremonial y otra más festiva. Hay una ceremonia al anochecer. Primero una persona explica la leyenda y después el jefe de la comunidad, junto con un anciano o un iniciado recitan una plegaria para que venga el cazador. Cuando por fin el sol se pone y aparece la estrella todo el mundo rompe a cantar y se inicia la fiesta. Se saca la comida y la bebida y empiezan los bailes. – explicó pacientemente Ghash – ah y la ceremonia voy a dirigirla yo, por si querías saberlo, y tú vas a ayudarme - me indicó.
- Oye y ¿dónde es? Porque no sé de ningún sitio donde se pueda hacer una fiesta así dentro de Bree. – afirmé
- Se va a celebrar en el prado, en el camino de Archet. Que es el lugar donde la caravana ha instalado sus tiendas.
- ¿Y va a venir mucha gente? – volví a preguntar.
- Creo que mucha, porque además de la gente de la caravana y de los haradrim que vinieron al mercado han invitado a todo el mundo a que asista.
Yo me asusté, no sabía como decírselo, pero eso de que yo fuera vestido de esa forma y de que ella fuese la maestra de ceremonias me parecía una idea terrible.
Ella me miró y sonrió.
- ¿Qué te ocurre? – preguntó – parece que la idea te disgusta
- Es que - balbuceé – me va a dar mucha vergüenza que las otras gentes del pueblo me vean a tu lado en esa ceremonia.
- No te va a ver nadie del pueblo – contestó ella – la parte de la ceremonia se hace en una zona cerrada. Sólo están presentes un grupo reducido de personas. Los demás solo oirán nuestras voces y luego cuando salgamos habrá un buen trecho hasta la zona de invitados. Nadie sabrá que formaste parte de ella si eso es lo que te preocupa.
Yo sonreí, sabía que Tom y mis amigos del pueblo no se iban a perder una fiesta así, como tampoco la mitad del pueblo. Eso de comer y beber de gorra no se daba muy a menudo y menos una cosa tan exótica como esa fiesta. Seguro que estaría lleno a rebosar. Tendría que dar explicaciones pero no tantas como hubiese tenido que dar si hubiesen sabido lo de ella.
Me paseé por la sala con el vestido bordado y el manto que arrastraba una de sus puntas por el suelo.
- ¿De verdad me queda bien? – pregunté.
- Claro que sí – contestó ella – aunque si coges esa punta y la pasas por encima de tu hombro o por tu cabeza será perfecto.
- Así Ghash?- pregunté mientras hacia lo que ella me había dicho.
- Exacto, ahora vas vestido de forma correcta para la ceremonia. Luego puedes retirar el manto de la cabeza de esta forma – me indicó ella mientras me colocaba la capa sobre los hombros.
Ghash sonrió satisfecha y me indicó que lo mejor que podía hacer era guardar el vestido porque suponía que no quería que se me ensuciase para la fiesta.
- Yo también iré a cambiarme - anunció.
Cuando salía hacia la puerta, me fije en el envoltorio de tela que había contenido el vestido, debajo habían puesto una especie de tabla dura como de unas 20 pulgadas de ancho por unas quince de alto.
Pensé que era para que el vestido no se estropeara. Pero me sorprendió porque era pequeña. Además el vestido vino doblado así que me acerqué a mirar.
La tabla estaba envuelta en una tela de color negro bastante gruesa, una especie de bolsa.
La abrí y solté una exclamación.
Ghash, que estaba saliendo en ese momento se giro sorprendida.
- ¿Qué pasa? – preguntó
- Mira lo que había en el paquete – dije con un hilo de voz. Mientras le tendía el objeto
Se trataba de una especie de tablero para escribir, y no era de madera, parecía hecho con cuero y un alma de metal. Tenía una especie de pinza donde colocar el papel y otra para enganchar la pluma o el lápiz. También tenía un par de tinteros.
Pero lo más sorprendente es que todo él, estaba decorado con una filigrana de oro y cobre. Era en verdad un objeto valioso.
- El tablero de escritura de Absadh – murmuro – te lo ha regalado para que lo uses para escribir.
- No puedo aceptarlo – dije – es algo demasiado valioso. Además ya me dio una moneda de oro. ¡Me parece exagerado!
- Pues tendrás que hacerlo – me contestó ella – se sentiría muy apenado si se lo devuelves y se vería en la obligación de regalarte algo de mucho más valor.
Yo abrí mis ojos sorprendido, no entendía muy bien porque. A mí me parecía que ya había recibido muchos regalos de su parte. Y todo por hacer lo mismo que hubiera hecho si no llego a saber nada de lo importante que era ella para los de su tribu
- Ese objeto, -me explicó Ghash- es una especie de prenda. Es algo que el padrino regala al nuevo aprendiz. – me explicó ella – si tú lo devuelves quiere decir que no le aceptas como tu padrino. Absadh cree que te lo debe, que ha de ser tu padrino ya que tú ocupas el lugar de él.
- Pero ya me dio el vestido y la moneda – protesté.
- Déjame ver esa moneda – dijo ella – tendiéndome la mano.
Yo saque la moneda de mi bolsa de escribir y la puse sobre su palma morena. El círculo de oro brillaba a la luz de la lámpara.
Ghash miro la moneda por las dos caras y luego me la devolvió.
- ¿Sabes que es esta moneda, Bob? esto es un salvoconducto. Cualquier viajero de las tierras del desierto al que muestres este objeto te dará cobijo en su tienda. Todos los mercaderes de aquí al desierto conocen estas monedas.
Yo apreté la moneda en mi mano y sentí un nudo en la garganta, alguien le debió decir a Thalem que yo soñaba con viajar y él me había allanado el camino hacia el sur. De pronto me eche a llorar, no sabía porqué, o si lo sabía. Había recibido mucho de esa gente y no sabía como corresponderles.
- No llores Bob – me dijo ella – hay muchas cosas que tu puedes hacer para corresponder a su gesto.
- No se me ocurre ninguna en este momento – dije entre mis lágrimas.
- De entrada podrías ser el padrino de Ghalem. Creo que mañana será aprendiz como desea – me dijo Ghash –. Y creo que va a ser gracias a ti.
Yo sonreí entre mis lágrimas. Pensé que podría ser una buena forma de devolver el favor. Ella me revolvió el pelo y me empujó suavemente hacia mi habitación.
- Anda, ve a cambiarte – dijo – se esta haciendo tarde y aún hay que hacer muchas cosas.
- De acuerdo – dije aún con lágrimas en los ojos – vamos a trabajar un rato.
Recogí mi camisa que había quedado tirada en el suelo y me metí en la habitación a quitarme la ropa de fiesta. Cuando entré me vi reflejado en los cristales de la ventana. Me veía raro, pero la verdad esas ropas no me sentaban nada mal - Parezco un príncipe de las historias del sur que se cuentan en la posada - murmuré.
Mientras colgaba la ropa en un perchero para que no se estropeara, me puse a pensar en Ghalem y en eso de ser su padrino. De pronto atiné en que si era su padrino debería regalarle algo, algo valioso, algo como lo que su tío me regaló a mí.
Me estrujé el cerebro intentando encontrar entre mis cosas algo de suficiente valor como para dárselo, pero no lo encontré. Supuse que Ghash pensaba darme ese objeto para que yo lo regalase, pero no me pareció correcto.
- No tengo nada valioso para el – murmuré – no voy a poder ser su padrino.
Tomé los dos broches que ella había usado para abrochar mi manto e iba a guardarlos en un cajón. Los mire, eran de plata y cobre y tenían un dibujo de pájaros.
De pronto recordé, eso no era cobre era oro rojo. Salí con ellos al pasillo y me metí en la cocina donde Ghash limpiaba los cacharros de la merienda.
- Ghash, esto es oro rojo verdad?- le dije mostrándole los broches
- Sí, es plata con un adorno en oro rojo – contestó ella – es un broche de un vestido de ceremonia. Y como era para mí, lleva oro rojo. Si hubiese sido para un hombre hubiese llevado oro amarillo.
- Oye ¿y usáis ese oro rojo para más cosas, además de los anillos y estos broches? – pregunté.
- Pues no para muchas cosas, la mayoría son objetos valiosos que se usan para ceremonias o para simbolizar algo – contestó ella – no hay mucho de este oro.
- ¿Y como puedes diferenciarlo de un objeto hecho en cobre, Ghash? – pregunté – podrían engañarte y decirte que es oro rojo y ser cobre.
- Es muy sencillo, el cobre se oxida con el sudor y se vuelve verde. Aunque lo limpies siempre le quedan rincones donde se ve el verde. Sobretodo si el objeto tiene gravados. En cambio si es oro rojo no se oxidará y en los rincones y en los gravados se pondrá una pátina negra no verde.
Entonces una idea extraña me pasó por la cabeza. Así que cambié de tema rápidamente y le pedí a Ghash si me dejaba un par de horas para ir hasta casa. Le di la excusa de que mañana tenía que volver al trabajo y que necesitaba varias cosas de casa.
Ella estuvo de acuerdo pero me sugirió que me acercara al mercado antes, podría ser que alguno de los vecinos tuviera que volver hacia la aldea y me llevase en el carro.
- Así no te cansaras tanto – sugirió – tu pie aún no esta perfectamente curado ¿recuerdas?
Salí de la casa a toda prisa, pero cargado con un cesto lleno de bolsitas de ropa llenas de hierbas para dejar en la tienda. Ghash había decidido aprovechar que yo salía para enviar eso a Jas porque dijo que ayer se le olvidaron.
Cuando llegué a la tienda Tom me informó que el señor Cavada, nuestro vecino estaba en la herrería. Había venido hacía un momento a la tienda a ver si tenían una horquilla porque se le había roto la suya.
Se ve que no tenían y lo habían mandado al herrero a que le arreglara la vieja. Me sorprendió porque Jon el herrero de Entibo sabe mucho de esas cosas. Luego supe que había ido a casa de su suegra en Archet para celebrar lithe y que había cerrado la herrería unos días.
El señor Cavada tiene un huerto enorme y acostumbra a vender sus frutas en el mercado. Por lo que había venido con el carro. Lo que me fue de perilla porque me llevó al pueblo.
En el camino me estuvo dando charla, me contó que debía volver al cabo de media hora porque debía llevar unos cuantos barriles de manzanas a su esposa que estaba en el mercado.
También me estuvo interrogando sobre Ghash, se nota que todo el mundo tiene curiosidad por saber cosas sobre ella. Le conté de la fiesta de mañana y aproveche para decirle que me habían invitado a ir, pero que la fiesta estaba abierta a todo el mundo. Sabía que la noticia se esparciría rápidamente entre todos los habitantes de la aldea, así que mañana habría una buena representación de hobbits en la fiesta.
Cuando llegamos a casa mi hermano se sorprendió de verme. Le dije que me había traído el vecino y que no tenía mucho tiempo. Que venía a recoger varias cosas porque mañana me reincorporaba al trabajo y le comenté también lo de la fiesta.
- ¡Ostras! ¿sabes? Unos amigos de la señora me regalaron un vestido de los de ellos para que lo lleve mañana. Va a parecer que vaya disfrazado.
- ¿Y como es ese vestido?– quiso saber él.
- Pues es largo hasta casi los pies pero tiene dos aberturas por los lados. Es de color crudo con dibujos en negro y lleva una especie de capa de color azul.
- Pues será mejor que te ayude a preparar las cosas – me dijo – tendrás que ponerte los pantalones de fiesta de color claro. Si esos que hizo mama el año pasado. Y también será mejor que te lleves lo demás. Supongo que en Lithe querrás salir de fiesta, ¿no?
Yo sonreí, mi hermano pequeño es como mi madre, siempre sabe lo que hay que hacer o lo que hay que preparar para cada ocasión.
Aproveche para contarle que en una semana, cuando pasen las fiestas, saldría de viaje con Ghash y que estaría fuera unos días.
- Pásate por aquí antes y te tendré preparadas unas cuantas cosas para que te lleves - me dijo.
- Gracias, me va a ir de perlas porque estos días voy a trabajar un montón y no se si tendré tiempo de preparar nada. – le contesté
- Pues no te preocupes - dijo - cuando te pase el carro de tío Rocco tendrás en el varios paquetes con cosas para el viaje. Unas mantas y ropa. Y también cosas ricas para comer.
Yo abracé a mi hermano y me despedí de el. Pero antes de irme paseé por el rincón donde guardaba mis cosas más queridas y saque la vieja caja de madera que me había dado el señor Brandigamo, y me la llevé conmigo. No sin antes comprobar si aun tenía en su interior lo que yo había ido a buscar a casa.
Me despedí a toda prisa de mi hermano, la media hora había pasado y el señor Cavada esperaba impaciente por volver a Bree.
Cuando llegamos a la villa me dejó frente a la casa y se despidió a toda prisa, se ve que tenía miedo de que el herrero cerrara y se fuera a la taberna.
Era bastante tarde el sol, se ponía y Ghash estaba recogiendo la ropa tendida.
- Hoy cenaremos temprano – anunció – mañana tienes que madrugar. En la posada se empieza a trabajar cuando sale el sol.
- Sí, tengo que estar a las seis allí – a punto para los desayunos – aunque después voy a tener varias horas de descanso hasta el mediodía y otras por la tarde antes de servir la cena.
Pensé por un momento en mostrarle a Ghash lo que había ido a buscar a casa pero lo deje para después de la cena.
Después de cenar nos sentamos un rato en el porche, la noche era cálida y apetecía estar afuera al fresco.
Entonces yo saqué la caja de madera y se la mostré a Ghash.
Le conté que me la había regalado el señor Brandigamo por su cumpleaños hacia muchos años.
- En ella guardo mis mathoms – expliqué.
Ghash quiso saber que era un mathom, así que tuve que contarle que en la Comarca llamamos mathom a un objeto que se regala pero que no tiene una utilidad práctica conocida. Puede ser bello o tan solo extraño.
Ghash asintió y abrió la caja. Yo fui sacando de su interior una mezcolanza de objetos que he ido acumulando con los años:
- Tengo ahí unas bolas de cristal que usan los niños ricos de Gondor para jugar que me trajo el Thain de uno de sus viajes a la capital.
También un pedazo de tela plateada que encontré una vez en el bosque y que podría ser de la capa de un elfo.
Un pedazo de papel que estaba en el interior de un viejo libro de casa del señor Gamyi y donde se puede leer año de la comarca 1415 y por detrás una nota donde una mano diferente apuntó: "Sam acuérdate de traer un par de barriles de hierba para pipa cuando vayas al almacén".
Dos botones del chaleco del señor alcalde de Hobbiton que se le cayeron un día cuando daba un discurso y estornudó.
Las peonzas que me tallo mi padre cuando me enseñaba a lanzar la peonza.
Un par de flores raras que encontré y que sequé que están metidas en una cajita.
Y por fin, en el fondo de todo, debajo de un montón de papeles con poemas y otras cosas estaba lo que yo quería mostrarle.
Un colgante de cobre con dibujos del sol la luna y las estrellas recortados en su interior.
Saqué el colgante y se lo mostré a Ghash. Se trataba de un círculo más grande que la palma de mi mano. Hecho con un material que parecía cobre pero que no se había oxidado con el paso de los años.
Ghash abrió mucho los ojos cuando vio lo que yo le mostraba. Su boca se abrió en una exclamación de incredulidad y rápidamente lo tomó.
- ¿De dónde sacaste esto? – balbuceó.
- Me lo dio mi abuelo, dijo que era una baratija que llevaba un sureño que se había emborrachado en la posada y que se había cargado uno de sus barriles sentándose encima.
- ¿Un sureño? ¿Sabes tú cómo era ese sureño?- preguntó Ghash.
- Pues por lo que contaba el abuelo era un tipo malcarado y pendenciero. Tenía fama de ladrón y también de borracho. Se ve que un día llego a la posada y se puso a beber. Hacia ostentación de haber conseguido un buen montón de dinero de una forma no muy legal. Acabó rompiendo un montón de cosas y salió por pies de la posada.
Pero el señor Mantecona, el abuelo del actual, cogió su bolsa y se repartieron el contenido. Mi abuelo cogió también esto, pensó que me gustaría para jugar y me lo regalo el día de su cumpleaños.
- ¿Sabes qué es? Esto es un objeto de alguien de la tribu. De un anciano o de un iniciado.
- No tengo ni idea, Ghash – contesté – a mí me pareció bonito. Acostumbraba a dibujar círculos, soles, lunas y estrellas con él. También imaginaba que era un tesoro y lo escondía y luego hacia un plano y todos los amigos nos poníamos a buscarlo.
Ella sonrió. Yo me sentí un poco entupido contándole cosas sobre los juegos infantiles que inventaba.
- ¡Oye, Ghash! – le dije – ¿tú crees que esta hecho con oro rojo? Parece cobre pero no se ha oxidado y lo tengo desde que tenía 10 años.
Ghash no contestó, siguió mirando el medallón, como buscando algo en él. Luego le dio la vuelta y se lo puso delante de la cara. Miró hacia la luna que empezaba a salir y sonrió otra vez.
- Es que yo quería regalárselo a Ghalem – dije.
Ella me miró como volviendo de algún lugar muy lejano. Me hizo repetir la pregunta. Parecía que no estaba allí. De pronto pareció entender.
- ¿Es para Ghalem? ¿Un regalo para él? – preguntó.
- Dijiste que iba a ser su padrino. Pero no sé si es lo suficientemente valioso como para ser un regalo de ese tipo – expliqué.
- ¿Lo suficientemente valioso? – dijo ella – ¡si es el regalo más valioso que podrías hacerle! Aunque tiene tanto valor que podría ser hasta exagerado.
Yo tragué saliva, si Ghash hubiese sabido la de veces que ese objeto valioso se quedó enterrado en el jardín o perdido en el bosque, olvidado en cualquier rincón durante semanas, hubiese puesto el grito en el cielo.
Ghash me siguió explicando, ajena a mi turbación.
- Esto es un aparato que sirve para localizar un punto determinado del desierto por medio de la posición de las estrellas y de la luna. Es como un mapa que indica a las gentes que lo saben leer, la situación de todos los puntos de agua de la tribu. Normalmente se hace de bronce o de plata pero este es de oro rojo.
Entonces Ghash me contó que hacia unos doscientos años, un anciano recibió un regalo de un noble haradrim. Se trataba de un colgante de oro rojo que reproducía exactamente el que el llevaba en el cuello. El señor haradrim no sabia para que servia, sólo pensaba que era un adorno pero que contenía algo de magia, por eso mandó que fuera hecho exactamente como el otro al milímetro.
Ese colgante paso de mano en mano hasta que hace unos veinticinco años desapareció. El hombre que lo llevaba había viajado hacia el norte con una caravana y fue encontrado muerto flotando en el río.
- Supongo que el tipo borracho ese fue quien lo mató para robarle – dije.
- Sí, eso creo – contestó Ghash – tuvo suerte en poder escapar, porque si algún miembro de la tribu lo encuentra con eso, no lo cuenta.
- No, no escapó, lo atraparon los guardias cuando intentaba atravesar la Comarca y se lo llevaron preso a la capital.
- Es curioso – volvió a decir ella – este colgante tiene una leyenda, ¿sabes? Se dice que no se queda con la persona que lo tiene, si no le ha sido regalado. Cuando es vendido o robado cambia rápidamente de mano y a menudo vuelve a la de su primer poseedor.
- Entonces es perfecto para regalarlo a Ghalem. El va a ser aprendiz, y creo que algún día puede llegar a anciano. Este objeto le va a ser útil. Yo no creo que viaje nunca tan lejos como para poder usarlo, aunque aprendiese a hacerlo.
- ¿En serio se lo quieres dar? El oro que contiene es como diez veces más valioso que la moneda o la tabla de escribir. Pero lo es aún más su utilidad.
- ¡Claro que sí, Ghash! Para mi es un mathom, un objeto bonito pero inútil. Para él será algo que podrá usar. Y además eso que dijiste de que lo que ellos me dieron no era tan valioso, eso es según se mire.
Mira, para mi esa moneda es la puerta de salida al mundo. Me daba miedo enfrentarlo sólo, pero si sé que voy a tener ayuda de cualquier haradrim que vea esa moneda, entonces es como si viajase en compañía de alguien.
Esa moneda abrió las puertas a mi sueño. Podría unirme a una caravana y viajar con ellos. Sería tratado como uno de los suyos.
- Tienes razón Bob. El valor de un regalo no se debe mirar por su precio en el mercado. Sino por lo que significa para el que lo recibe y el que lo da. – sentenció Ghash.
- Entonces decidido. Mañana le entregaré mi regalo a mi apadrinado. Pero tendrá que ser a media mañana o por la tarde después de comer. Tengo que trabajar en la posada ¿recuerdas? – le dije.
- Entonces volando a la cama – me ordenó ella.
Yo me levanté para ir a dormir, pero antes guardé mis tesoros en la caja. Cuando iba meter también el colgante ella me detuvo.
- Préstamelo un rato más ¡por favor! – pidió – voy a limpiarlo para que este perfecto me temo que tiene algo de tierra en los dibujos.
Yo me puse un poco rojo y me esfume hacia mi habitación. Pero cuando llegaba a ella la vi entrar en el laboratorio. La seguí, iba a pedirle que no dijera nada a Ghalem del regalo. Pero me quedé en la puerta observándola, ella limpiaba con cuidado el colgante mientras murmuraba.
- Muy propio de los hobbits...
 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 27-07-2005 Hora: 22:58
Se me hace más pesado que otros al carecer de la parte evocadora de uruk que, llevándonos a otra época y casi a otra historia, con otra tensión narrativa y otro ritmo, compensa con la parte más familiar y espesa de la comarca.