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Fëanáro Ambarnáre
Capítulo 1
El Hijo del Rey
Por Elloith
 
Prólogo:
Finwë era el Rey de los noldor, los elfos profundos, más hábiles en la forja y en las obras manuales que sus hermanos Teleri o Vanyar. Sus cabellos eran mayoritariamente oscuros, y sus ojos grises, pero también habían excepciones. Los noldor fueron todos de Cuiviénen a Aman, siguiendo a su Señor, y llegaron al Reino Bendecido antes que la luz de los Árboles cayera en la oscuridad. Finwë, el Rey, conoció el amor en el Reino de los Valar, y desposó a Míriel Serindë, una noldo de cabellos oscuros y ojos grises y brillantes… y su vida se llenó de alegría y gracia, hasta…

FËANÁRO AMBARNÁRE


El cielo era oscuro, negro como la noche eterna que reposaba en el mundo, aunque infinidad de estrellas resplandecían en redes de luz en el firmamento. Las altas montañas Pélori, guardianas de la beatitud de Aman, impedían que la luz viva de los Árboles de Yavanna iluminaran el puerto de los Teleri. Alqualondë era su nombre, el Puerto de los Cisnes, y era el hogar de los Elfos del Mar. Una gran arcada de roca, tallada por los noldor, era la entrada marina al puerto, y las casas blanqueadas con cal resplandecían a la luz de infinidad de antorchas refulgentes. En el puerto, unas naves níveas en forma de cisnes se mecían en el agua. En un rincón del puerto, en una mesa baja y un taburete, un elfo de cabellos rubios trabajaba afanosamente sobre unos planos de unas nuevas embarcaciones.

Olwë era el Rey de todos los Teleri, los elfos del mar, y él daba el visto bueno para construir las embarcaciones. Últimamente tenía mucho trabajo, y la montaña de planos crecía y crecía sin cesar en su mesa. El elfo rubio levantó su mirada azur y observó el puerto. Todo era tranquilidad, unos pocos elfos cantaban en la playa cercana, acompañados por los tañidos de sus arpas, y unos marineros limpiaban las cubiertas de varios barcos-cisne. Estiró los brazos, perezosamente, y cerró los prístinos ojos azules. Como deseaba él poder descansar, estaba muy harto de trabajar, pero sus deberes como Rey lo asaltarían en cuanto dejara el puerto. Por lo menos allí podía olvidarse se esos aburridos edictos y leyes que tanto le traían de cabeza últimamente. Él nunca había querido ser rey, pero la desaparición de su hermano Elwë lo cambió todo. Pero no cambiaba la luz de Valinor y el esplendor de Alqualondë por nada del mundo.

Cuando unos niños elfos pasaron corriendo y gritando por una calle detrás de él, una sonrisa apareció en el rostro del rey Teleri. No podía añorar su niñez, no la había tenido. Él era uno de esos antiguos elfos que habían despertado en Cuiviénen, y en consecuencia, había nacido completamente adulto, aunque su mente era joven e inquisitiva como la de un niño. Pero ahora era feliz, en compañía de su hermosa esposa, y esperando la llegada al mundo de su hijo primogénito. No podía ser más feliz.

- ¡Olwë, Olwë!-

Olwë se sobresaltó al oír su propio nombre, abrió los ojos y miró atrás. Un elfo de alta figura y cabellos negros apareció corriendo de detrás de un edificio bajo, su rostro estaba perlado de sudor, cosa rara en los elfos, y corría como si lo persiguiesen los bueyes de Oromë. Atravesó a toda prisa la distancia que quedaba entre él y el Teleri.

- ¡Olwë, Olwë! ¡Te quiero!-
- ¡Fin…Finwë!-

El noldo de cabellos oscuros se lanzó casi de cabeza contra Olwë, haciendo que los dos se dieran un porrazo increíble, y que la mesa cayese, esparciendo los planos por todo el suelo.

- ¡Olwë!-
- ¡Sal de encima, loco! ¡Que me aplastas!-

El aplastado rey intentó en vano librarse del mortal abrazo de su amigo Finwë, que aun estaba encima de él.

- Ay, perdona…- dijo Finwë levantándose.
- ¿Cómo que “ay, perdona”? ¡Me has aplastado!- dijo Olwë levantándose y frotándose la espalda, que se le había incrustado en la pata del taburete.
- Uff; estoy algo nervioso…
- ¿Solo algo nervioso?- exclamó irónico el rey Teleri.- Yo de ti, me tomaría diez o doce tilas seguidas…-

Realmente el rey Noldorin estaba de lo más excitado, no paraba de retorcer las manos y no paraba de sudar.

- ¿Qué te pasa?- preguntó Olwë, mientras volvía a colocar la mesa en su posición original y empezaba a recoger los planos.

El rostro de Finwë resplandeció de alegría e intentó lanzarse otra vez hacia su amigo, que lo esquivó sin dificultad.

- ¡Para ya! ¿¡Me quieres volver a aplastar!?-
- Mi…Mi…Mi…-
- ¿Qué dices?-
- ¡Mi…Mi…Míriel va a tener un hijo!-

Olwë sonrió.

- Felicid…-

Finwë lo interrumpió abrazándolo y dando saltos de un lado a otro.

- ¡Pero para ya! ¡Me vas a marear!
- Ups…perdón… no se lo que me hago…- dijo soltándolo.
- Si, ya veo... Oye, cambiando de tema, ¿ya se han ido los últimos Vanyar de Tirion?-
- Si, se fueron hace unos diez días.- el rostro de Finwë se ensombreció- Ingwë insistió mucho en que se dieran prisa. Estaba casi desesperado por irse a Valmar.-
- Vaya…- Olwë pensó como cambiar de tema.- Me parece que tu hijo y el mío no se llevaran mucho.
- Espero que sean buenos amigos.- dijo sonriendo el Rey Noldorin.
- Eso será difícil, si tu hijo es tan impulsivo y loco como tu.- rió Olwë- Esperemos que no acabe aplastando ni ahogando a mi hijo…

El rostro del noldo se llenó de malicia, y en un rápido movimiento apresó a Olwë por la espalda y lo llevó al borde del muelle.

- ¡Tenna rato, Olwë!-
- ¿Qué…?-

El sonido del cuerpo del rey Teleri hundiéndose hizo sobresaltar a los marineros de un barco cercano, que se echaron a reír cuando Olwë emergió de las aguas, empapado y furioso.

- Eres un…-
- ¡Salve, oh Aranén!- exclamó un marinero entre risas. (Rey de las aguas)
- Anda; Olwë; mójate un poco; que estas algo seco…- comentó otro.
- Muy gracioso, Eärcarnë!- dijo al último marinero que había hablado. (Mar rojo)- Y tu, Finwë, de mi ya te acordaras…-
- Si, claro, claro…- dijo el rey Noldo, cayéndose al suelo de risa.

Olwë le lanzó una mirada asesina.


˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜˜
Año 1169 (según las medidas de los Valar) de la Segunda Edad de los Árboles de Valinor.
Año 11199 de la Segunda Edad de los Árboles de Valinor, según las medidas mortales del Sol (años normales).

El edificio blanco resplandecía dorado a las últimas luces de Laurelin, el árbol dorado. Poco a poco, la luz plateada de Telperion se abría paso a través del Calarcirya, iluminando la blanca ciudad de los noldor. La lámpara de la Mindon Eldaliéva iluminaba el mar, y pasando sobre la abandonada isla de Tol Eresëa, barría los sombríos mares.

El pasillo estaba revestido de pulido mármol negro en el suelo, y las paredes brillaban plateadas por el mármol blanco. Las ventanas abiertas de cristal élfico dejaban paso a una suave brisa procedente de Valmar, al otro lado de las montañas, aunque se notaba el aire frío de las Pélori.

Finwë recorrió por enésima el pasillo, nervioso a mas no poder. Un banco descansaba en un rincón, pero no podía sentarse más de tres segundos seguidos sin que un horrible hormigueo recorriera su cuerpo, obligándole a levantarse.

- Acabaré desgastando el suelo.- murmuró Finwë, caminando pasillo abajo.

La luz plateada iluminó fugazmente su cabello oscuro y sus grises ojos, penetrantes y profundos. Para él había sido casi incomprensible el misterio de los niños hasta que los llegó a Aman por primera vez, y los Valar le explicaron mucha de su sabiduría. Él, antes de su primer viaje como embajador de los elfos a Aman, había sido como un niño, un niño curioso pero casi sin conocimiento de las cosas. Y ahora, ahora era rey de un numeroso pueblo de elfos. Como habían cambiado las cosas.

Cuando llegó al extremo del pasillo, se abrió una puerta en el otro. Una joven elfa vanyar de cabellos rubios y ojos azules asomó s cabeza dorada.

- Sillaurie…- (Brillos dorados)
- Señor, ya puede pasar.- dijo antes de volver a entrar.

El rey Noldorin se lanzó pasillo abajo, corriendo. Era puro nerviosismo, no podía aguantar mas. Sus piernas se movían rápidas y coordinadas, haciéndolo ir más rápido que el más rápido de los mortales, aun por despertar. Pero el pulido y resbaladizo suelo tenía otros planes. Pronto se encontró de espaldas al suelo, con un duro golpe en su espalda.

- A…- dijo mordiéndose el labio, para evitar soltar un grito de dolor.

Sillaurie volvió a asomarse por la puerta.

- Su esposa le espera, señor…ya dormirá después.- dijo reprimiendo la risa, antes de volver a desaparecer.
- Si, ya voy…-

Finwë se levantó rápidamente, intentando olvidar el dolor de su espalda, y caminó mas lentamente hacia la puerta abierta. Dentro había una inmaculada habitación banca, de grandes ventanales blanco-azulados y paredes repletas de simples y hermosos adornos labrados en plata. También había una hilera de varias camas confortables, y detrás de un biombo de delgada tela, se veía una camilla con ruedas. En la única cama ocupada, se veía a una noldo de oscuros cabellos que resplandecían como la plata, y brillantes ojos grises. Estaba arropada por una fina sabana blanca, y en sus brazos llevaba un bulto blanco.

- Míriel…-

Míriel abrió los cansados ojos y miró a su esposo.

- Aiya, Finwë.- dijo susurrando.

El noldo se acercó lentamente, y se arrodilló a su lado.

- Míriel, estas…estas…tan hermosa como siempre.- dijo cogiéndole una mano y besándosela con cuidado.- ¿Estas bien? ¿Necesitas algo?-
- No, no necesito nada, gracias.- dijo mirándolo con cariño.- ¿Y tu espalda?-
- ¿Mi espalda? Quien…-
- Sillaurie a entrado riéndose, diciendo que el rey se había destrozado la espalda contra el suelo de puro nerviosismo.- dijo esbozando una sonrisa tenue.
- Perdón.- Sillaurie apareció de la nada a su lado con una silla baja.- Si se quiere sentar.-

La vanya dejo la silla y se fue con otras dos elfas por una puerta lateral, dejando solos los dos noldor.

- Esta vanya…-
- No le culpes, me hubiera gustado verlo.- dijo Míriel sonriendo.
- ¿Porque te quieres reír siempre de mí?- dijo con un mohín el rey noldo, intentando poner cara de bueno.
- No me pongas esa cara…- se quejó Míriel.- Mira…-

La noldo posó suavemente el bulto blanco, y lo destapó un poco. Una cabecita de orejas puntiagudas y un mechón de pelo negro aparecieron ante la vista maravillada de Finwë.

- Es…-
- Es tu hijo.-

Finwë miró con ojos enternecidos a su primogénito, un torbellino de emociones lo asaltaron por dentro.

- Cógelo.- le dijo Míriel.
- No...yo…es muy pequeño…soy muy torpe…-
- Anda, cógelo.- le apremió su esposa.

Lentamente, Finwë alargó sus brazos temblorosos y cogió cuidadosamente su hijo.

- Es tan pequeño…- dijo maravillado.- y tan frágil.-

Míriel miró enternecida a su nervioso esposo, ahora maravillado ante su primer hijo. De pronto, el pequeño elfo abrió sus grandes ojos grises y observó atentamente al nuevo rostro que aparecía en su cortísima vida. Una sonrisita apareció en el pequeño.

- ¡Mira, se ríe!- exclamó Finwë maravillado.- ¡Se ríe! ¡Mi pequeño Curufinwë se ríe!-
- Claro que se ríe…- empezó Míriel, pero se voz perdió fuerza, y cerró los ojos, como abrumada por un dolor súbito.

Finwë miró alarmado a su esposa, sus ojos cerrados intentaban contener unas lágrimas, su expresión era firme, combatía contra un dolor súbito.

- ¿Estas bien?- preguntó Finwë, tembloroso.
- Si…claro que si. Solo estoy algo cansada.- dijo abriendo los ojos. Intentó sonreír, pero el gesto se volvió una mueca de dolor.
- No me mientas, te duele algo.- dijo Finwë serio.
- No, no…no digas tonterías.-
- ¿Seguro?-
- Seguro.- dijo haciendo un gesto de firmeza.- Ahora descansaré un poco.
- De acuerdo. Descansa…- dijo, dejando suavemente el pequeño Curufinwë en brazos de la nueva madre y besándole la mano añadió- ¿Que amilessë le pondrás? (nombre de madre)

Míriel miró pensativa a su hijo. Sus ojos grises y brillantes eran claramente los de su padre, pero había algo mas, algo que sobresalía, haciéndolo diferente. Su vista élfica alcanzó a divisar una pequeña llama, débil y errabunda, pero que no se apagaba y crecía en el interior de su pequeño.

- Fëanáro.- dijo antes de abandonarse al sueño élfico.

Finwë se inclinó sobre Míriel, y la besó tiernamente en la frente.

- Lissë olóri, herivanya Míriel…- susurró antes de salir de la habitación, sumido en sus propios pensamientos. (Dulces sueños, hermosa dama Míriel)
 
Elloith
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 14-04-2004 Hora: 19:23
WOW! me encanta!
debí empezar a leer relatos hace tiempo,
y no solamente por aburrimiento.

Sigue así

Ellohir

Fecha: 09-03-2004 Hora: 18:03
Bueno!! da gusto leer un relato con una redacción tán cuidada! me ha gustado mucho! transmites muy bien la emoción del elfo ante su próxima paternidad y ya de paso resuelves la duda de si los elfos nacen ya con las orejas puntiagudas XD
Enhorabuena!

Fecha: 04-09-2003 Hora: 03:16
Tengo que admitir que está muy bien en general.Sigue así que lo estás haciendo genial.

P.D Estas crías de hoy en dia salen escritoras...

Fecha: 02-09-2003 Hora: 00:43
Muy bueno. Es una especie de recreación histórica, una versión de como pudo ser ese momento que tantos podemos haber imaginado. El Silmarillion, con su narración generalizada, da pie a profundizar en ciertos capítulos, volviendo sobre ellos y dejando volar la imaginación para poner voz y voto a unos personajes de los que pocos detalles de su personalidad sabemos. EL hecho de saber el desenlace no le hace perder interés. Sigue escribiendo porque lo haces muy bien, y los pequeños fallos no son tal, sino más bien facetas poco dominadas aún de la narración. Pero son las menos, y centrarse en ellas es ser demasiado estricto. En definitiva, los relatos del poney están subiendo su nivel y ampliando su variedad, y con ejemplos como este da gusto que así sea.