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EL SECRETO DE LINNORÊL
Capítulo 1
Unión clandestina
Por inwen_lindonar
 
Hacia el año 1590 de la Segunda Edad entre los ríos Glanduin y Bruinen se encontraba la tierra de Eregion establecida por los Gwaith-i-Mirdain. Su principal ciudad era Ost-in-Edhil y en ella habitaban gran número de elfos, de entre ellos eran famosos los dedicados a la creación de hermosos y fascinantes objetos de orfebrería como no se han vuelto a conocer en la Tierra Media.
En aquella ciudad vivía una hermosa elfa de cabellos plateados y ojos de un azul profundo en los que parecían brillar estrellas en la oscuridad de la noche. Esta elfa se dedicaba al cuidado de la vegetación que albergaban en sus hogares los elfos de la ciudad, siendo una gran conocedora de plantas y flores. Linnorêl, pues así se llamaba, poseía el don de hacerlas sanar de sus enfermedades y de hacerlas crecer altas, fuertes y hermosas. Solía pasar el día cultivando las plantas que cultivaba y atendía las llamadas de los elfos de la ciudad que solicitaban de sus servicios para atenderlas.
Linnorêl caminaba dulcemente por toda la ciudad revoloteando entre delicados vestidos de diversas tonalidades de verde, y, mientras trabajaba, cantaba hermosas canciones. Todo en ella irradiaba hermosura, paz y felicidad. Y así vivía en aquella hermosa ciudad desde su llegada al poco de su fundación.
Sin embargo una sombra había nacido en los últimos tiempos en su corazón pues guardaba un secreto que con nadie podía compartir. Aquel secreto comenzó hacía trescientos años cuando acudió a sanar unas violetas que pertenecían al señor Celebrimbor, señor de los Gwaith-i-Mirdain
- Aiya, Linnorêl –la saludó Celebrimbor- Me alegra que hayas acudido tan pronto a mi llamada pues esas flores aportaban gran felicidad a mi hogar... y ahora que están enfermas las hecho en falta.
- No os preocupéis señor –respondió Linnorêl- Cuidaré de ellas y pronto las tendréis de nuevo en vuestro hogar. –dijo tomando la planta que le tendía Celebrimbor.
Fue entonces cuando sus ojos se posaron en el hermoso acompañante del orfebre. Era aquel un nuevo habitante de la ciudad pues no hacía mucho que había llegado, pero que había ya demostrado gran habilidad e ingenio junto a los herreros.
Cuando la dulce Linnorêl posó la mirada sobre él algo se movió en su interior, nunca supo si fueron sus finos cabellos oscuros, sus finos rasgos, sus labios rojos y sugerentes o sus brillantes ojos verdes, pero en aquel instante se enamoró perdidamente de él.
Un rubor acudió a las mejillas de la joven y, despidiéndose apresuradamente abandonó el lugar.
- ¿Quien era esa joven? –preguntó al señor Celebrimbor su amigo.
- Linnorêl, una experta en plantas y flores... –respondió Celebrimbor.
Y así pasaron toda la tarde hablando de la joven. Al día siguiente Linnorêl recibió en su hogar la visita inesperada de aquel que había conocido el día anterior y del cual su corazón se había enamorado. También acudió el día después, y al otro, y al otro....
Al cabo de treinta años de visitas continuas se convirtieron en amantes.
Aquel hecho cambiaría la vida de Linnorêl para siempre.
Solían encontrarse todas las noches, a escondidas, y estaban juntos hasta el amanecer. Durante el día apenas se miraban o se dirigían la palabra. Nadie sabía de su relación ya que él no quería que nadie lo supiera pues decía que era mejor así, pues aún se consideraba un extraño y primero quería encontrar su puesto en la ciudad antes de comprometerse públicamente con alguien y arrastrarla a su suerte pues aún entonces a él le parecía incierta.
En un principio a ella le pareció romántico... pero ya hacía trescientos años y nada había cambiado mientras el secreto iba consumiendo lentamente su antes brillante espíritu.
Una mañana, como tantas de las que habían pasado ya, la joven se levantó para ir a trabajar pero notó que algo no estaba como debía estar. Linnorêl sintió algo extraño, algo que había cambiado en ella pero no quiso darle importancia.
Pasó el tiempo y cada vez se encontraba peor. La duda y la preocupación la perseguían en todo momento... hasta que una tarde, debido a la tensión acumulada, se desmayo en el invernadero. Cuando despertó, al cabo de unas horas, decidió ir a ver a una sanadora amiga suya. Tenía que descubrir la verdad o aquella tensión terminaría matándola.
- Aiya Envinyatare –saludó a su amiga Linnorêl al llegar. Su amiga se volvió y al mirarla abrió los ojos como platos.
- ¿Qué te ocurre Linnorêl? –dijo preocupada.
- Dímelo tú... –dijo tristemente.
Envinyatare reconoció rápidamente a su amiga. La hizo sentar y se la quedó mirando fijamente a los ojos. Suspiró y finalmente le dijo:
- Estas embarazada.
Linnorêl salió de casa de su amiga y comenzó a caminar.
Por el camino de vuelta a casa mil y una dudas inundaron su mente, tan solo ansiaba llegar para refugiarse en los brazos de su amante, de su amado.
Cuando llegó a casa tan solo el silencio y la oscuridad la recibieron.
Ninguna luz iluminaba las estancias.
Ningún sonido rompía el abrumador silencio.
Se negaba a creer lo que le mostraban sus sentidos.
Sintió desfallecer su ánimo mientras sus rodillas temblaban y la hacían caer al suelo. Lloró.
Lloró durante horas sentada en el frío y duro suelo del salón envuelta en las sombras y aprisionada por el silencio que la envolvía, tan solo roto por sus propios llantos.
Allí no había nadie.
Esperó noche tras noche a que él volviera, pero no volvió.
Su corazón se fue quebrando frente al dolor y poco a poco comenzó a vérsela por la ciudad caminado como una sombra de la joven que antes fue. Cómo si de un fantasma se tratase.
Día tras día acudía a su trabajo sin ver ni sentir donde ponía los pies. Pues ya nada le importaba. Mientras, su mente se fue volviendo cada vez más consciente de su situación, pues ya no podía seguir negándose a sí misma que él la había abandonado y que estaba esperando un hijo.
No sabía que hacer.
Estaba completamente sola...
 
inwen_lindonar
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 15-12-2004 Hora: 23:38
No sé como será el relato, pero que conste que esto lo escribo antes de leerlo y que el título me parece estimulante. Voy a leer.

Bien, ya lo lei. Lo cierto es que el capítulo te deja con ganas de más información. En mala situación dejas a la pobre elfa. Lo cierto es que parece que por el momento no querías hacernos saber mucho más, y tan sólo angustiarnos un poco. Sospecho que esta no será una herida que sólo el tiempo cure... espero

Fecha: 15-12-2004 Hora: 19:19
Está bastante bien Inwen. Me intriga la identidad de ese elfo de ojos verdes, creo que puedes esconder algun pelotazo con eso (o quizas solo pretendias un cierto toque de alegato feminista...), no se, a ver si lo continuas.